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Contemporáneos

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución  - VI. El período de estancamiento

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución - VI. El período de estancamiento

Ted Grant
15 Julio 2026

Índice del artículo

  • Rusia: de la revolución a la contrarrevolución
  • Prefacio
  • Introducción
  • I. Balance de Octubre
  • II. El auge del estalinismo
  • III. Del plan Quinquenal a las purgas
  • IV. El carácter del estalinismo
  • V. De la guerra a la ‘desestalinización’
  • VI. El período de estancamiento
  • VII. El significado de la perestroika
  • VIII. De la política exterior a la cuestión nacional
  • Epílogo: El colapso del estalinismo
  • Todas las páginas
Página 9 de 12

VI. El período de estancamiento

La caída de Kruschev

Una buena cosecha el año siguiente llegó demasiado tarde para salvar a Kruschev . La burocracia decidió que las cosas habían llegado demasiado lejos , y que las políticas del líder actual estaban poniendo a todo el sistema en peligro . Estaban aterrorizados ante la idea de que las reformas por arriba abrieran en la práctica las compuertas , tal y como Tocqueville había afirmado . Y actuaron precisamente como se supone que una burocracia amenazada actúa . Organizaron una conspiración para poner fin a la “ irresponsable aventura reformista ” .

En octubre de 1964 Kruschev fue destituido. De la manera típica, no hubo ni congreso ni explicaciones ni votaciones. El “ amado dirigente Nikita Sergeyevich ” fue apartado con un golpe organizado por sus compañeros más cercanos. En la política no hay gratitud, ¡por lo menos en el mundo de la burocracia! De la noche a la mañana, el hombre que había sido agasajado por la prensa comunista mundial se transformó súbitamente en una persona no existente. Sin un murmullo, sin preguntas, los dirigentes de los partidos comunistas aceptaron inmediatamente la nueva línea. Esto nos recuerda algo que escribió Gorki:

Pregunta: ¿Qué es lo que haces cuando ves a un hombre cayendo?

Respuesta: Darle un empujón.

La burocracia esperaba que el cambio por arriba llevara a tiempos mejores. Leonidas Breznev subió al poder. Inmediatamente culpó a Kruschev por los fracasos del pasado, dio la vuelta a una serie de reformas, e incluso fue tan lejos como para esconder las estadísticas de 1964 porque eran demasiado favorables. Pero bajo Breznev la crisis del estalinismo se intensificó, con un declive sostenido de la tasa de crecimiento hasta alcanzar el 3 por ciento o menos. Se necesitaban nuevas medidas para darle la vuelta a esta ralentización.

Para empezar, Breznev se vio obligado a abandonar en la práctica la utopía reaccionaria de la autarquía económica ( “ socialismo en un sólo país ” ). En un intento desesperado de estimular la economía, la burocracia decidió participar en el mercado mundial. De hecho, sorprendentemente, esto quedó registrado en el texto de la constitución de Breznev . ¡La primera vez en la historia que se ha elevado la participación en el comercio mundial a la categoría de principio constitucional! Probablemente este hecho reflejaba las contradicciones internas en el seno de la élite dominante.

Lenin y Trotski defendieron la participación de la Unión Soviética en el comercio mundial, pero no lo consideraban como una panacea, sino sólo como un medio para obtener un respiro temporal hasta que la victoria de los obreros en los países capitalistas avanzados acudiesen a la ayuda de la URSS. En aquel entonces la Unión Soviética era un país muy atrasado. Trotski predijo que, en la medida en que la economía soviética se desarrollase se vería obligada a abandonar la autarquía y participar cada vez más en la economía mundial. Pero precisamente por eso, la crisis en occidente tendría un efecto mayor que en el pasado, aunque pequeño en términos de caída de la producción. Sin embargo, las consecuencias políticas eran mucho más graves. Lenin insistió, correctamente, en la necesidad de integrar la economía soviética tanto como fuera posible en la economía mundial, para sacar el máximo beneficio de la división internacional del trabajo. La burocracia estalinista, miope, al final se vio obligada, bajo Breznev, a abandonar la autarquía y embarcarse por lo menos en una participación limitada en el mercado mundial.

La participación en los mercados mundiales podía haber proporcionado parcialmente un control sobre la burocracia irresponsable y descontrolada. Bajo el sistema capitalista, el funcionamiento de la ley del valor a través del mercado proporciona hasta cierto punto un control. Es cierto que los grandes monopolios distorsionan y manipulan el funcionamiento del mercado en su propio interés. Las 500 empresas más grandes, que actualmente representan más o menos el 90 por ciento del comercio mundial, utilizan sus enormes stocks estratégicos, movimientos especulativos de capitales, presión política y corrupción abierta para conseguir una parte mayor del trabajo de la clase obrera de lo que sería “ normal ” debido al funcionamiento de la ley del valor. Sin embargo, en última instancia, incluso estas compañías se ven obligadas a operar sobre la base de la ley del valor.

Desde un punto de vista marxista, la participación de la Unión Soviética en la economía mundial no sólo era inevitable sino progresista. Ya en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels explicaron que el capitalismo desarrolla la economía mundial como una única entidad interdependiente. Es imposible aislar una de sus partes componentes sin introducir distorsiones importantes. La experiencia de la URSS durante medio siglo es suficiente para demostrar esta afirmación. Participando en el mercado mundial, la economía soviética se podría haber beneficiado de la división mundial del trabajo. Sus científicos y técnicos hubieran podido tener acceso a las tecnologías e ideas más modernas. Pero por la misma regla de tres, se vio obligada a compararse con las economías más avanzadas del mundo, y en este espejo se vio obligada a ver como todos sus defectos aparecían de la manera más cruel.

El movimiento total de mercancías de la URSS a finales de los 70 era de 123.000 millones de dólares, un aumento importante, pero todavía insuficiente en comparación con el tamaño de la economía soviética. Si tenemos en cuenta que la cifra equivalente para Holanda (aunque es verdad que esta dedica una proporción excepcionalmente alta de su PIB a la exportación) era de 132.000 millones de dólares, enseguida se ve la diferencia. En los años 60 y 70, el comercio exterior de la URSS aumentó del 4 al 9 por ciento del PIB. Sin embargo, ya que el comercio mundial crecía todavía más rápidamente en ese período, su participación sobre el total del comercio mundial disminuyó del 4,3 al 3,8 por ciento. Este era el porcentaje de la URSS en el comercio mundial y el de otros países:

1979 porcentaje del total del comercio mundial:

URSS 3,8>

Gran Bretaña 6,0

Alemania Occidental 10,1

Holanda 4,1

Francia 6,4

EEUU 12,3

Italia 4,6

Japón 6,5

Otros 46,2

Habría que añadir que aunque los EEUU tenían un 12,3 por ciento del mercado mundial esto representaba sólo el 6 por ciento de su PIB. Sin embargo, esta situación cambió más adelante. Con el ataque a los niveles de vida y la reducción consiguiente del mercado interno, los EEUU adoptaron una política agresiva para aumentar sus exportaciones a costa de sus rivales, en primer lugar Japón. En los años 80 aumentó la parte del PIB dedicada al comercio mundial del 6 al 13 por ciento, y tiene planes para aumentarlo hasta un asombroso 20 por ciento para el año 2000. Esto equivale a una declaración de guerra (por lo menos de guerra comercial) contra sus principales rivales, que también están igualmente decididos a aumentar su participación en el mercado mundial. No hace falta decir que en este contexto, las perspectivas para el régimen capitalista ruso no parecen muy brillantes. Pero volveremos al tema más adelante.

En el propio bloque soviético había un potencial enorme, si se hubiese organizado como un conjunto armónicamente integrado. El COMECON era una unidad de 450 millones de personas, con una industria desarrollada, una gran cantidad de científicos y técnicos, una superficie agrícola muy extensa, y acceso a recursos naturales casi ilimitados. La población del COMECON superaba en 180 millones la de la Comunidad Económica Europea de aquel entonces. Si a esto añadimos mil millones de chinos, inmediatamente queda claro el enorme potencial para el desarrollo económico. Pero la condición previa era la formación de una federación socialista de la URSS, Europa del Este y China.

El único obstáculo para hacerlo eran los estrechos intereses nacionales de cada burocracia empeñada en la defensa de sus fronteras contra sus “ vecinos ” socialistas. De hecho, el grado de integración económica entre los países del COMECON era incluso menor que la que existía entre los Estados miembros de la CEE. Así, la búsqueda del socialismo en un sólo país retrasaba materialmente el progreso de todos estos países. En lugar de poner en común todos sus recursos de manera racional, cada burocracia nacional insistía en construir su propia industria pesada (incluyendo a la minúscula Albania), con los resultados desastrosos que eran de esperar. La bancarrota final fue el espectáculo de las tropas chinas y soviéticas matándose las unas a las otras por una frontera artificial e irracional trazada en el siglo XIX por el zar ruso y el emperador chino.

La Unión Soviética se queda atrás

Los avances importantes en términos absolutos no agotan la cuestión. En términos relativos, aunque hubo un progreso, la diferencia entre los países capitalistas más avanzados seguía existiendo como demuestran los siguientes datos:

PIB percapita 1979 ( en dólares )

Alemania Occidental 11.730

Gran Bretaña 6.320

URSS 4.110

EEUU 10.630

Italia 5.250

Hungría 3.850

Francia 9.950

Alemania del Este 6.430

Polonia 3.830

Japón 8.810

Checoslovaquia 5.290

Bulgaria 3.690

(Fuente: World Bank, World Developmente Report 1981, p. 135)

Sin embargo, si la URSS hubiese mantenido la tasa media de crecimiento del 10 por ciento, esta diferencia se podía haber eliminado fácilmente. Incluso si hubiera mantenido una tasa de crecimiento del 3 por ciento anual en 1990 hubiera llegado al nivel en que se encontraba la CEE y Japón en 1980. Esto, en sí mismo hubiera sido un éxito destacable. Indudablemente hubiera sido suficiente para impedir la ruptura de la URSS y el desastre consiguiente que ha caído sobre los pueblos de la ex Unión Soviética. Sólo hubiera sido necesario alcanzar por lo menos las tasas de crecimiento medias de occidente en aquel tiempo. Dado el potencial de la economía planificada, esto tenía que haber sido fácilmente posible. De hecho, ese objetivo esta muy por debajo de las posibilidades reales, tal y como demostraron gráficamente las décadas de los años 50 y 60. Sin embargo, la burocracia de manera vergonzosa y criminal fue incapaz de alcanzar ni siquiera este miserable objetivo.

En los años 60 las tasas de crecimiento habían empezado a caer, y con ellas el crecimiento del nivel de vida. En el período de 1951-60, el crecimiento de la producción industrial fue de más del 10 por ciento, y la media de la década fue alrededor del 12 por ciento al año. Pero en 1963 y 1964 las tasas oficiales de crecimiento de la producción industrial cayeron por debajo del 8 por ciento, las cifras más bajas en tiempo de paz excepto 1933. No es por casualidad que en 1961 se reintrodujo la pena de muerte para toda una serie de crímenes económicos. Sólo en 1967 la producción industrial creció por encima del 10 por ciento, mientras que la media de crecimiento anual durante la década cayó al 8,5 por ciento.

La caída del crecimiento de la economía soviética no era el resultado de la falta de nuevas inversiones. En un artículo escrito en octubre de 1966 por el economista soviético V. Kudrov, éste revela las colosales inversiones que se hicieron: “ Por lo que se refiere a las inversiones globales, la URSS se acerca al nivel de los EEUU (aproximadamente un 90 por ciento) y en inversión productiva y acumulación total ya ha conseguido una superioridad destacable. Pero debido a que esta superioridad se da en condiciones en que el ingreso nacional es sólo el 62 por ciento del de los EEUU , esto pone ciertas tensiones sobre la economía soviética ” . A pesar de los esfuerzos, esta enorme inversión no dio aumentos comparables en la productividad del trabajo.

Y continúa diciendo: “ Durante el Plan de Siete Años se pusieron en funcionamiento más de un millón de máquinas-herramienta de cortar metal, más de 200 forjas y prensas, y muchas líneas automáticas y de flujo continuo, pero su productividad fue, por regla general, bastante baja. La edad de los bienes de equipo en la URSS es por regla general menor que en los EEUU , pero son de un diseño más viejo (…). Como consecuencia, la URSS está alcanzando el nivel de los EEUU en volumen de capital invertido por trabajador mucho más rápidamente que en su productividad real. ” En el terreno de la agricultura las cosas eran mucho peores: “ La producción industrial depende considerablemente del equipo técnico y de la productividad del trabajo ” , afirma Kudrov. “ En este aspecto la Unión Soviética todavía está bastante por detrás de los Estados Unidos. En la URSS tenemos 13,7 tractores por cada 1.000 hectáreas de tierra cultivada comparado con 40,9 en los EEUU ; las cifras para cosechadoras son de 3,9 y 15,7 respectivamente ” . (World Marxist Review, October 1966. Citado por R. Black, Stalinism in Britain, pp. 383-5).

El impás de la burocracia se reflejaba gráficamente en las cifras de crecimiento económico de la Unión Soviética. Antes de la guerra, en los primeros Planes Quinquenales, Rusia tenía una tasa de crecimiento anual que alcanzaba un asombroso 20 por ciento. Incluso en los años 50 y principios de los 60, la tasa de crecimiento estaba alrededor del 10-11 por ciento. Esta cifra seguía siendo muy superior a la de las principales potencias capitalistas. Aunque es cierto que Japón, en algunos casos, alcanzó cifras del 13 por ciento, esto era una excepción. El crecimiento de la Unión Soviética en el período en consideración fue una tasa de crecimiento constante, todos los años, ininterrumpida por recesiones. Las principales economías capitalistas alcanzaban a lo sumo un 5-6 por ciento (la tasa de Gran Bretaña, ya en declive era mucho menor), pero no todos los años. Japón fue capaz de conseguir una tasa mayor principalmente porque, bajo el escudo nuclear americano, gastaba muy poco en armamento (el uno por ciento de su PIB), y podía dedicar la mayor parte de su superávit en la inversión.

A todos los demás problemas hay que añadir la carga monstruosa del gasto en armamento. Se dedicaba un 11-13 por ciento del PIB soviético a armamento, comparado con un 8 por ciento en los EEUU . Así, una enorme proporción de la riqueza producida por la clase obrera en ambos países se desperdiciaba en lo que en realidad era lo mismo que la producción de chatarra. Esto también estaba determinado por el hecho de que la URSS era incapaz de aislarse del resto del mundo y crear una entidad autónoma y autosuficiente. En estos datos se revela cruelmente la bancarrota del socialismo en un sólo país.

Avance tecnológico

En los años 30, cuando la economía todavía era relativamente primitiva y las tareas en relación a la construcción de la industria pesada relativamente simples, el método de dirigismo autocrático desde arriba todavía podía conseguir resultados, aunque a un coste terrible. Sin embargo, más adelante, cuando en la URSS se producían un millón de productos diferentes, y con todas las interrelaciones sensibles de una economía moderna compleja, el método insensible del control burocrático, sin la participación de las masas, llevó a un caos absoluto. Las leyes del funcionamiento del capitalismo son fundamentalmente diferentes de las de una economía planificada nacionalizada. Bajo el capitalismo, por lo menos en el pasado, el mecanismo del mercado servía como control aproximado de la ineficacia (aunque hoy en día los grandes monopolios pueden manipular el mercado en su propio interés, distorsionando todo el proceso). Pero en una sociedad en la que toda la economía está en manos del Estado, el mecanismo automático del mercado ya no es aplicable. El único control posible es el control consciente de las masas en cada fase de la elaboración y aplicación del plan.

Trotski explicó que una economía planificada necesita la democracia tanto como el cuerpo humano necesita oxígeno. Sin control y gestión de los trabajadores, sin sindicatos libres y el derecho de discutir y criticar sin miedo, habría inevitablemente corrupción, despilfarro y nepotismo desenfrenados. El robo y la estafa florecieron a un nivel inimaginable. La Unión Soviética era un subcontinente, con una cantidad enorme de empresas. Bajo Stalin, todas las decisiones económicas, desde la más importante a la más insignificante, las tomaban 15 ministerios en Moscú. Incluso en estos ministerios hubieran sido todos genios, se producirían inevitablemente todo tipo de chapucerías y mala gestión, sin el control necesario de la democracia obrera. Mientras la economía fue más o menos primitiva los problemas provocados por la burocracia se podían tolerar porque la economía avanzaba a un ritmo muy rápido.

Una economía moderna y sofisticada como lo era la URSS ya en este período, es un mecanismo muy delicado. No se pueden establecer las relaciones precisas entre la industria pesada, la agricultura, la ciencia y la técnica mediante el dictado administrativo. Ante la ausencia de competencia, la única manera de evitar chapuzas y corrupción es a través del control consciente de la sociedad, mediante la administración democrática de la clase obrera. La crisis de la URSS y Europa del Este no era del mismo tipo que la del capitalismo en occidente, que es básicamente una crisis de sobreproducción que se manifiesta en una crisis de sobre capacidad, inherente al sistema capitalista de producción. La crisis del estalinismo era una crisis del sistema burocrático de control y planificación, que estaba minando las ventajas de la economía planificada. En occidente, las fuerzas productivas se estrellan contra la barrera de la propiedad privada y el Estado nacional, mientras que en Rusia y Europa del Este, las fuerzas productivas estaban aprisionadas por la camisa de fuerza del Estado nacional junto con el control burocrático. Esto quedaba de manifiesto de forma clara en el terreno clave de la tecnología. Así, para el socialismo, la democracia no es un “ extra ” opcional, sino una precondición fundamental. Ya se habían alcanzado los límites de la planificación burocrática. Este hecho se manifestaba en una caída sostenida de la tasa de crecimiento, no sólo en la URSS sino en toda Europa del Este:

(6.3) Tasa de Crecimiento

1950-55

1956-60

1961-65

1966-70

USSR

11.3%

9.2%

6.3%

4.0%

Czechoslovakia

8.0%

7.1%

1.8%

3.4%

Poland

8.6%

6.6%

5.9%

6.7%

Bulgaria

12.2%

9.7%

6.5%

4.5%

En los años 70 el crecimiento cayó todavía más, y ya en 1979 la economía de la URSS sólo creció un 3,6 por ciento. Esto significaba que el papel relativamente progresista que la burocracia había jugado en desarrollar las fuerzas productivas en la Unión Soviética se había agotado. La burocracia se había convertido en un freno absoluto para el desarrollo de la economía. La media de crecimiento anual de la productividad del trabajo todavía seguía aumentando en los años 60 y principios de los 70. Pero de 1975 a 1980 esta cayó al 3,4 por ciento y en 1982 era del 2,5 por ciento al año. En 1979, el PIB creció sólo un 0,9 por ciento, y en 1980 un 1,5 por ciento. Los avances que se habían conseguido como consecuencia de la economía nacionalizada y el plan, se veían anulados por el estrangulamiento burocrático. La tasa de crecimiento – que había llegado a ser la mayor del mundo – ya no era muy diferente de las tasas raquíticas del occidente capitalista.

En la época de los primeros Planes Quinquenales el capitalismo demostró ser un freno absoluto sobre las fuerzas productivas, con paro masivo y la gran depresión. La URSS era un faro de esperanza para millones. No sólo los obreros sino también los mejores intelectuales se sentían atraídos por la Unión Soviética. Pero en los años 70 la situación era diferente, por lo menos en relación a los países capitalistas avanzados. El sistema burocrático totalitario con su economía esclerótica no era atractivo para las masas en Europa occidental, EEUU y Japón. ¿Cómo podía serlo, si estaba desarrollando las fuerzas productivas a un ritmo menor que el capitalismo en períodos de boom como en los años 80?

Hoy en día está de moda negar que la URSS hubiese conseguido nada que valiese la pena en el terreno de la tecnología. Eso es una mentira. Los científicos e ingenieros de la URSS eran tan buenos como los de occidente, si no mejores. Esto se demostró no sólo en el programa espacial y armamentístico, sino en la ingeniería, especialmente en proyectos a gran escala, difíciles. El Financial Times (18/2/86) escribió que: “ el desarrollo de la tierra yerma y con un clima espantoso de Siberia en los últimos 15 años es un logro de ingeniería que iguala en escala y dificultad la construcción del Canal de Panamá. ” (énfasis mío). Había numerosos proyectos por el estilo. Los científicos y técnicos soviéticos hicieron una cantidad asombrosa de inventos y descubrimientos, un terreno en el que alcanzaron a los EEUU , y superaron a Japón, Gran Bretaña y Francia.

“La Unión Soviética y los EEUU están a la par a la hora de patentarinvenciones, registrandounas 80.000 cada uno al año, muypordelante de las 50.000 registradasenJapón, y muypordelante de las 10.000 de Gran Bretaña y Francia. Actualmenteexistenmás de 20.000 patentessoviéticasregistradasen el extranjero, y el paísganaunos 100 millones de dólares al año de licenciasextranjeras. Esta cantidadvaaaumentarbruscamentecuando la nuevageneración de inventossoviéticosesté disponible. Este mes, parecenhaberperfeccionadosulínea de transmisióneléctrica de 1.500 kilovatios, la máspotente del mundo”. (The Guardian, 19/11/86.)

Pero la enorme promesa de la ciencia y la tecnología soviética nunca pudo realizarse. Al igual que en la agricultura, donde no podían conseguir los mismos resultados que en occidente aunque la inversión era mayor, así tampoco podían utilizar plenamente todas las innovaciones y la tecnología a su disposición. El sistema burocrático actuaba como un enorme freno a todos los niveles. A principios de los años 80, la economía soviética era un organismo altamente complejo, con 50.000 fábricas que producían 20 millones de productos diferentes. Los viejos métodos de control burocrático estaban estrangulando la producción. En un estudio de 526 páginas producido en 1982, destacados académicos soviéticos trataban de analizar los problemas de la economía, basándose en estudios modelo de ocho industrias soviéticas, incluyendo la química, bienes de equipo, control de procesos industriales y ramas de la industria de defensa:

Concentran la atención en las estructuras y procedimientos de planificación y gestión demasiado rígidas, y en los problemas provocados por la separación de la ciencia de la industria, su burocratización y su fragmentación organizativa. Hablan de conservadurismo e inercia ampliamente extendidos que ven la innovación como un problema mayor que lo que vale, la ausencia de elementos competitivos, la existencia de un ‘mercado de vendedores’ y la falta de relaciones a largo plazo entre productores y consumidores. (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).

El académico Vadim Trapeznikov, vicepresidente de la Comisión Estatal para la Ciencia y la Tecnología, escribiendo en Pravda, hacia la observación que:

Las plantas soviéticas a veces pueden salir mejor paradas continuando la producción de productos viejos con máquinas viejas, que no instalando nueva maquinaria y lanzando nuevos productos. La innovación – la aplicación rápida en los talleres de los últimos logros de la investigación – hoy en día es el asunto clave al que se enfrentan los planificadores y gestores soviéticos y se discute ampliamente en la prensa soviética. La Unión Soviética tiene más científicos e ingenieros que cualquier otro país del mundo, y está al frente en muchos terrenos de investigación teórica, con logros importantes en relación a su aplicación práctica en toda una serie de campos. Pero el nivel general de la tecnología soviética y la tasa de absorción de los nuevos avances, va por detrás de la mayoría de los países capitalistas, y la mayor parte de productos soviéticos todavía no pueden competir en los mercados de exportación con los mejores que puede ofrecer el capitalismo. (Citado en Morning Star, 5/8/82.)

Lo mismo era cierto en relación a otros campos de tecnología avanzada, como por ejemplo robots industriales. En 1980, en el COMECON sólo operaban un 3,6 por ciento de los 14.000 robots industriales del mundo, comparado con un 9,3 en Alemania Occidental y un 43 por ciento en Japón. Sin embargo, el COMECON había previsto la instalación de más de 200.000 robots industriales en el período de cinco años hasta 1990, de los cuales más de la mitad en la Unión Soviética. Había otros planes para la producción masiva de microprocesadores, micro y macro ordenadores y también el desarrollo de nuevos campos de la electrónica, la robótica, la ingeniería atómica y otras áreas de nueva tecnología.

No había ninguna razón objetiva por la que no se pudiesen alcanzar esos objetivos. Pero no se alcanzaron. A pesar del número impresionante de científicos y técnicos en la Unión Soviética y Europa del Este, no podían conseguir los mismos resultados que en occidente. En todo este período, la diferencia entre occidente y el este siguió creciendo en toda una serie de campos como ordenadores. A estas observaciones hay que añadir otra. El movimiento hacia el capitalismo, lejos de ayudar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en Rusia, ha tenido el efecto más desastroso. Baste con dar un ejemplo de la joya de la corona de las conquistas tecnológicas soviéticas: el programa espacial. En este terreno, la superioridad de la URSS no estaba en duda. Dirigía al resto del mundo. Pero ya no es así. Aunque el destacable programa Mir con sus estaciones espaciales sigue siendo una prueba elocuente de los logros del pasado, el movimiento hacia el capitalismo ha significado la introducción de enormes recortes que han minado de forma vergonzosa una gran historia de éxito soviético. En 1996, por falta de fondos, sólo despegaron 11 de los 26 lanzamientos espaciales previstos. Ahora, Rusia ocupa el puesto 19 en la tabla mundial de presupuesto para programas espaciales.

Lenin explicó muchas veces que el futuro de la Unión Soviética no se podía separar de la situación del capitalismo mundial, y especialmente de sus países más avanzados empezando por los EEUU . A pesar de los extraordinarios avances, la URSS siguió siendo relativamente atrasada en relación a los EEUU , en toda una serie de terrenos. Por ejemplo, la red de ferrocarril de los EEUU , a pesar de estar en una superficie mucho más pequeña era dos veces y media más grande que la de Rusia. La URSS iba mucho más atrasada en relación a ordenadores y equipos automatizados. Un libro publicado por Medvedev en 1972 señalaba que:

“La energía eléctrica y la producción de electricidad en los EEUU es todavía el doble que la de la URSS. Los Estados Unidos producen dentro de sus fronteras casi una vez y media más petróleo y tres veces más gas natural que la Unión Soviética. A finales de los años 60 la Unión Soviética manufacturaba una cuarta parte de la cantidad de camiones producidos en Estados Unidos y Japón. Producimos muchos menos vagones de pasajeros que países como Italia, Francia, Japón y Alemania del Este. Los Estados Unidos producen casi 20 veces más que nosotros.

“Nosotros fabricamos la mitad de radios que los Estados Unidos y una cuarta parte de los de Japón. Por lo que se refiere a neveras, estamos más o menos al nivel de los EEUU en 1950. En la producción de resinas sintéticas y plásticos seguimos por detrás de casi todos los países europeos, incluyendo Italia; los EEUU producen seis veces más que nosotros. En 1970, Japón produjo cinco veces más fibra sintética que nosotros y los EEUU diez veces más”. (R. Medvedev, OnSocialistDemocracy, págs. 5-6).

La principal debilidad era la incapacidad para elevar suficientemente la productividad del trabajo. Marx explicó que en último análisis, el éxito de un sistema económico dado se puede reducir a la productividad del trabajo, o la economización del tiempo de trabajo. La productividad se incrementó, pero la diferencia con la economía capitalista más avanzada – EEUU – seguía siendo muy grande. La diferencia entre los dos países se acortó considerablemente como resultado de los éxitos de los Planes Quinquenales. Hay que recordar que antes de la Revolución, la Rusia zarista estaba al nivel de una economía tercermundista de hoy en día, y no de las más desarrolladas. En 1913, la productividad de la industria rusa se calculaba en un 25 por ciento de la americana. En 1937-39 había aumentado a un 40 por ciento de la de los Estados Unidos.

Aunque la productividad del trabajo aumentó, en el período de posguerra la tasa de crecimiento cada vez era más lenta; entre 1956 y 1960, la media anual de crecimiento de la productividad industrial era del 6,5 por ciento; entre 1961 y 1965 había bajado a 4,6 por ciento. En 1980 un obrero industrial americano producía lo mismo que 2,8 obreros rusos, es decir, la productividad global del trabajo en la URSS era más o menos un tercio de la de los EEUU . Estas cifras, mucho más que las del volumen total de la producción, nos muestran la diferencia real entre el nivel de desarrollo económico alcanzado, y por lo tanto tienen una importancia crucial. Para la burocracia, el hecho de ir por detrás de occidente, especialmente en el terreno vital de la productividad del trabajo, seguía siendo la cuestión clave. Con una clase obrera mayor, con más del doble de técnicos e ingenieros, la URSS producía sólo el 65 por ciento de la producción americana a mediados de los años 60. Dos terceras partes de los obreros no eran capaces de trabajar eficazmente, y como mínimo un tercio de la producción se perdía por mala gestión, estafa, sabotaje y robo.

La agricultura, el talón de Aquiles

La situación en la agricultura era mucho peor. Bajo Breznev, se necesitaban cuatro obreros agrícolas para conseguir los mismos resultados que un granjero americano. La agricultura soviética todavía no se había recuperado de la colectivización forzosa de los años 30, cuando los campesinos destruyeron las cosechas y mataron a los animales. El número de caballos y cerdos cayó un 55 por ciento, el de ovejas un 66 por ciento, etc. Entre 1930 y 1955, la producción agrícola per cápita (excluyendo las cosechas técnicas) y el número de animales de granja per cápita (para cerdos sólo se aplica a 1953) era menor que en 1916, y para animales astados y vacas, la cifra no había alcanzado el nivel de 1913 ni el de 1928. La productividad de la tierra siguió siendo muy baja. Según un informe de 1982, un obrero agrícola alimentaba a seis personas en la URSS, comparado con 40 en los EEUU . A pesar de todas las inversiones y recursos, la economía soviética era incapaz de aprovecharse de esos factores. Tampoco Breznev fue capaz de solucionar los problemas de la agricultura soviética. Al contrario, estos empeoraron continuamente. La agricultura seguía siendo el talón de Aquiles.

Esto tenía consecuencias directas sobre los niveles de vida. Las siguientes cifras sobre la dieta ilustran la diferencia entre los niveles de vida en EEUU y la Unión Soviética. En la URSS el 48 por ciento de las calorías se derivaban de granos (principalmente pan), comparado con un 22 por ciento en los EEUU . Por otra parte sólo el 8 por ciento se obtenían de la carne y el pescado, contra un 20 por ciento en los EEUU . Los ciudadanos soviéticos consumían la mitad de la carne que en los EEUU , y menos que en Polonia. Incluso a este nivel elemental, Rusia iba por detrás. La URSS tenía que importar grano. Esto costó 6.500 millones de dólares sólo en 1984. Sin embargo, potencialmente, la agricultura soviética podría alimentar al mundo.

La agricultura es más complicada que la industria porque aquí se trata de los elementos, naturales y humanos. Sólo hay dos manera de conseguir una mejora duradera de la productividad en la agricultura: o la aplicación general de mejoras técnicas y maquinaria, o asegurando una mayor motivación de la fuerza de trabajo. De hecho, las dos cosas van juntas. Incluso si hay maquinaria moderna disponible, si los obreros rurales no están motivados para trabajar adecuadamente y conseguir los mejores resultados de los instrumentos a su disposición, no es posible conseguir los resultados deseados. Esta motivación humana sólo se puede garantizar de dos maneras: o el campesino o proletario rural está moralmente inspirado y convencido de la necesidad del socialismo, o por incentivos materiales. La burocracia rusa era incapaz de conseguir ninguna de las dos. Sobre bases socialistas, el problema se podría resolver fácilmente. Pero la tarea de introducir una conciencia diferente en el campesinado significa cambiar su relación con la sociedad, contactar con otros productores, participación en la sociedad, democracia, cooperativas, etc. Esto es imposible sobre la base de un régimen burocrático.

En las condiciones extremas del “ comunismo de guerra ” , los bolcheviques se vieron obligados a recurrir a las requisas de grano para poder alimentar a los obreros hambrientos de las ciudades, en un momento en el que el colapso de la industria significaba que era imposible darles a los campesinos mercancías a cambio de sus productos. Pero esto siempre se consideró como una medida temporal a la que el Estado obrero se había visto obligado a recurrir en una situación excepcional cuando la existencia de la revolución estaba en peligro. Pronto se abandonó esta política en favor del libre mercado de grano y la Nueva Política Económica. Lenin y Trotski estaban a favor de la colectivización gradual a través del ejemplo, y mientras tanto, favorecieron las cooperativas. Pero nunca contemplaron la posibilidad de obligar a los campesinos a entrar en los colectivos a punta de pistola, tal y como hizo Stalin en los años 30. Esta política monstruosa provocó el colapso de la agricultura soviética, una hambruna terrible y la muerte de millones de personas. La agricultura soviética nunca se recuperó de esta política loca y criminal de Stalin.

En ninguna parte se notaba más el peso muerto que representaba la burocracia. Intentaron culpar al clima. Es cierto que el invierno ruso presenta problemas desconocidos en climas más benignos, pero con tecnología moderna se podía haber superado en gran medida este factor. El problema no era el tiempo sino la actitud hostil de la población rural. Incluso en los sitios donde se construyeron silos, a menudo se dejaba el grano bajo la lluvia para que se pudriese. A un tractorista se le pagaba por superficie arada, de tal manera que le era mucho más rentable arar superficialmente. Todos los defectos de un régimen burocrático se multiplicaban por ciento – mala gestión, estafas, condiciones de transporte caóticas – combinadas con las condiciones todavía atrasadas del campo ruso – todo se combinaba para provocar el sabotaje a gran escala.

En el pasado se había dejado de lado la agricultura, pero ese ya no era el caso. El problema no era la falta de inversión. La burocracia estaba invirtiendo grandes cantidades en la agricultura, que en este momento llegaba a un tercio de toda la inversión civil. Sin embargo, no podía conseguir los resultados deseados. Los EEUU , por ejemplo, sólo dedicaban el 5 por ciento de su PIB a la agricultura pero obtenían resultados mucho mejores. A pesar de la inversión a gran escala y la producción de tractores en las granjas colectivas, la productividad oficial del trabajo agrícola era una cuarta parte de la de los EEUU . Con casi una tercera parte de la población (27 millones) trabajando todavía en la agricultura, seis veces más que en los EEUU , la Unión Soviética tenía 20 veces más obreros agrícolas por tractor que ellos. Los ingresos medios de un granjero colectivo ruso eran la mitad de los de un obrero industrial. Los jóvenes abandonaban las aldeas a un ritmo de dos millones al año. La agricultura estaba enormemente subvencionada, recibiendo un 27 por ciento de la inversión total.

La URSS era el mayor productor de tractores del mundo. Su superficie de cosecha era dos tercios mayor que la de los EEUU . Sin embargo, debido a la baja calidad y reparaciones poco eficaces, la vida media de un tractor soviético era sólo de cinco o seis años. Esto significaba que cada año había que sustituir 300.000 tractores. A pesar del aumento del número de tractores, el rendimiento anual por tractor en las granjas colectivas en los años 60 disminuyó – en el período de 1960-67 bajó un 17 por ciento ¾ . La Unión Soviética era un vasto subcontinente. Sin embargo sólo se utilizaba un tercio de los camiones que se utilizaban en los EEUU en la agricultura.

“Actualmente” escribió Medvedev en 1972, “un obrero agrícola en los EEUU en la práctica está tan bien equipado con los medios de producción como un obrero industrial, y en algunos terrenos incluso le supera. En 1960, cada obrero agrícola americano tenía 39 caballos de potencia a su disposición, comparado con 5,4 para su equivalente soviético. En 1967, el suministro de potencia a un obrero agrícola en los EEUU había aumentado a 78 caballos, se había duplicado exactamente. La cifra equivalente para la URSS en el mismo período era de sólo 8,8, un aumento del 65 por ciento”. (Roy Medvedev, op. cit., p. 12).

Entre 1966 y 1970, se entregaron 1,5 millones de tractores a las granjas colectivas, pero se eliminaron 1.150.000 del stock existente. También se entregaron medio millón de cosechadoras, pero se deshicieron de más de 350.000. Esto explica el tono preocupado del discurso de Breznev en el 23 Congreso del Partido en 1966:

El Comité Central considera necesario llamar la atención también sobre otro problema, el de la utilización de la maquinaria en las granjas colectivas y estatales. El campo está recibiendo constantemente un número cada vez mayor de tractores, camiones, cosechadoras y otra maquinaria. El trabajo está adquiriendo las características del trabajo industrial. Sin embargo, en los últimos años, ha habido una caída en muchos de los indicios clave de utilización de la flota de máquinas y tractores. Los operadores de las máquinas tienden a abandonar sus puestos de trabajo, provocando fluidez en la fuerza laboral. Todo esto crea dificultades. Hay que ampliar hasta el máximo los centros de reparación de maquinaria agrícola, hay que suministrar a las granjas colectivas y estatales y a las fábricas Selkhoztehnika con equipos modernos y hay que dar mejor formación y mayores incentivos materiales a los operadores de la maquinaria”, etc. (Reportofthe 23rd Congress CPSU, pp. 89-90).

Leyendo este informe entre líneas, vemos un panorama de granjas colectivas equipadas con maquinaria vieja, o máquinas de poca calidad que se estropean continuamente, y una fuerza de trabajo poco cualificada, sin motivación que no cuida ni repara esta maquinaria, y a la que hay que sobornar con más incentivos materiales para que lleve a cabo las tareas más básicas. La situación había cambiado poco desde que Trotski escribió:

“El tractor es el orgullo de la industria soviética. Pero el coeficiente de utilización efectiva de éstos es muy bajo. Durante el último ejercicio económico, el 81 % de los tractores tuvo que someterse a reparaciones importantes y muchas de estas máquinas se inutilizaron durante las labores del campo.” (Trotski, La revolución traicionada, pág. 56)

En los años 50, como consecuencia de las reformas de Kruschev, la producción agrícola aumentó. Pero bajo Breznev, la posición volvió a empeorar. En los años 50 la tasa de crecimiento anual de la producción agrícola fue del 4,9 por ciento. En los años 60, cayó de nuevo al 3 por ciento, y más adelante a un miserable 2 por ciento. Y en los años 70 hubo un declive real en la productividad agrícola. Sin embargo, la inversión en la agricultura había aumentado enormemente. La agricultura absorbía el 20 por ciento del total de la inversión nacional, el doble del nivel de preguerra. La producción de fertilizantes también aumentó. Sin embargo el producto agrícola neto se mantuvo obstinadamente bajo. Esto era parcialmente el resultado de la emigración de la juventud de las aldeas, y la consiguiente falta de mano de obra. En 1980 sólo el 20 por ciento de la población trabajaba en el campo, y eran principalmente gente mayor. Pero eso no puede explicar todos los problemas. En Europa occidental se dio una emigración todavía mayor del campo a la ciudad, y sin embargo, la productividad del trabajo en la agricultura aumentó enormemente.

La causa real era la resistencia pasiva y el sabotaje de una mano de obra agrícola alienada, sumada al enorme despilfarro, mala gestión, ineficacia y corrupción del sistema burocrático. Breznev intentó aumentar la motivación de la mano de obra rural autorizando pequeñas parcelas de tierra en los koljoses. De hecho lo incluyó en el artículo 13 de la nueva constitución. Una medida de ese tipo no era incorrecta, dada la situación. Hasta que el desarrollo de los medios de producción es suficiente como para garantizar a la población rural un nivel de vida decente, hasta que las granjas colectivas, equipadas adecuadamente con maquinaria moderna, hayan demostrado en la práctica su superioridad sobre la producción individual a pequeña escala, es necesario hacer concesiones a los pequeños negocios, tanto en las ciudades, como especialmente en el campo. Bajo Breznev las pequeñas parcelas sólo representaban el 3 por ciento del total, pero producían un tercio de la carne, leche y verduras, más de un tercio de los huevos y sorprendentemente, casi una quinta parte de la lana.

Las autoridades estaban preocupadas por la gravedad de los problemas en el campo porque existe un vínculo directo entre la agricultura y la producción de bienes de consumo, y por lo tanto el nivel de vida. En su informe económico al Congreso del Partido en 1966, Alexei Kosygin señaló la ralentización en la tasa de crecimiento de los ingresos reales, que él vinculó en parte a la baja productividad del trabajo, pero también a la agricultura:

Como resultado del retraso en la agricultura, la comida y las industrias ligeras quedaron por debajo de sus objetivos y esto ralentizó el crecimiento del ingreso nacional y de la prosperidad de la nación”. (Reportofthe 23rd Congress CPSU, pp. 175).

Una serie de malas cosechas acabaron en el desastre de 1972. En marzo de 1974 el régimen aclamó un gran vuelco en la situación con la producción de 225 millones de toneladas. Sin embargo, debido a la escasez de sitios de almacenamiento, sólo se pudieron salvar 180 millones de toneladas. Esta catástrofe estaba vinculada directamente a la mala gestión burocrática, el flagelo de la agricultura soviética. Por falta de silos, dislocación del transporte o simplemente por chapucería se dejaba que se pudriese el grano al aire libre. Más tarde, diferentes dirigentes soviéticos intentaron superar los problemas de la agricultura pero sin éxito. El problema era inherente al propio régimen burocrático.

Niveles de vida en los años 70

Antes de la guerra, cuando Stalin anunció el amanecer “ de una vida feliz ” Trotski señaló que en la Unión Soviética sólo había medio par de zapatos por cada obrero. Bajo Breznev la situación era diferente. En 1979, la URSS producía más zapatos que ningún otro país y había cinco pares de zapatos por persona. Durante un período de 30 años después de la muerte de Stalin la tasa de consumo creció una media de 3,6 por ciento por año. El nivel de vida se multiplicó por más de dos. Es cierto que el nivel de vida en la URSS en los años 70 seguía estando bastante por detrás de los de occidente. Sin embargo el consumo siguió aumentando bajo Breznev como demuestra la siguiente tabla:

Nivel de vida soviético

Año 1965

Año 1978

Salario mensual

l 96,5 Rbs

159,9 Rbs

Número de médicos

554.000

929.000

Familias con TV

24 %

82%

Familias con nevera

11%

78%

Espacio habitable por persona (áreas urbanas)

10 m2

12,7 m2

Consumo de carne/productos cárnicos por persona

41 kg

57 kg.

Consumo de verduras por persona

72 kg

90 kg

Consumo de patatas por persona

142 kg

120 kg

Consumo de pan/grano por persona

156 kg

140 kg.

(Fuente: TheGuardian, 17/8/81. Citado en F. Halliday, The Making of the Second Cold War, p. 139).

Sin embargo el crecimiento del nivel de vida se ralentizó gradualmente en los años 70, como demuestran las cifras siguientes:

Aumento del consumo 1966-78

1966-70

1971-75

1976-78

5%

2,9%

2,1%

Aumento del consumo de comida 1966-78

1966-70

1971-75

1976-78

4,2%

1,7%

0,6%

Marx dio por supuesto que el punto de partida de un movimiento en dirección al socialismo sería un alto nivel de vida. Sólo satisfaciendo completamente las aspiraciones materiales de hombres y mujeres será posible llegar a un nivel en que esas aspiraciones dejen de dominar las vidas y pensamientos de las personas, preparando el camino para un nivel cualitativamente superior de civilización humana. Mientras exista la escasez, y con ella la lucha humillante por las cosas materiales, nunca se podrá superar la barbarie clasista, y todos los males que la acompañan. La visión de una sociedad sin clases seguirá siendo un fantasma que no se puede alcanzar, como el horizonte que se aleja cada vez más a medida que te vas acercando. Esto explica el estado de ánimo de escepticismo e incluso cinismo entre capas de la sociedad soviética en relación a los discursos hipócritas de los burócratas que vivían rodeados de lujo mientras los ciudadanos soviéticos normales y corrientes tenían que esperar en colas interminables para conseguir productos que escaseaban.

Sin embargo no cabe duda que los niveles de vida de la población soviética experimentaron una mejora en comparación al pasado. Según un informe en el The Guardian a mediados de los 80:

Ahoracasitodas las casas tienen TV y nevera. El setentaporciento de loshogaresdisponen de lavadora, y un 40 porcientotienenaspiradora y alrededor del 15 porcientotienencoche. Casi la mitadtienen moto o motocicleta”. (The Guardian, 7/2/86).

Es más, estas cifras no nos cuentan toda la historia. El crecimiento de los niveles de vida se consiguió prácticamente sin inflación. Y por encima de todo, los precios de los productos básicos se mantuvieron bajos. El pan era tan barato que los campesinos se lo daban a los animales en lugar de grano. Un logro especialmente importante fueron los alquileres bajos. Mientras que un obrero en occidente se gasta entre un tercio y la mitad de su salario en alquiler, la situación en la URSS era totalmente diferente. De cada 200 rublos mensuales de salario, sólo 10 rublos al mes iban para el alquiler que incluía agua caliente, calefacción central, y, por lo menos en Moscú, llamadas telefónicas locales gratis. La educación y la sanidad eran completamente gratuitas, no había paro y todo el mundo disfrutaba de un mes de vacaciones gratis en centros gestionados por los sindicatos. La Unión Soviética tenía probablemente el mejor sistema de transporte público del mundo, con precios increíblemente baratos: cinco kopeks para cualquier distancia en el metro de Moscú por ejemplo.

Sin embargo, a pesar de todas estas mejoras, los niveles de vida todavía iban por detrás de por lo menos los de los países capitalistas más avanzados. La falta de viviendas seguía siendo un problema grave. Las condiciones de alojamiento para la mayoría todavía eran muy apretadas y en muchos casos intolerablemente malas. Una cuarta parte de las familias compartían baño y/o cocina. Los obreros ya no sufrían las privaciones del período anterior. No había escasez real, por lo menos de los productos básicos. Por supuesto que había colas, pero al final la gente conseguía lo que quería. Pero la calidad de los productos producidos bajo el sistema burocrático era harina de otro costal. Trotski ya había señalado antes de la guerra que la calidad eludía a la burocracia como un fantasma fugaz. Como regla general, cuanto más cerca estaba un producto del consumidor, peor era su calidad. La falta de control democrático se revelaba de la manera más obvia en el terreno de los bienes de consumo. Sobre todo en una sociedad que decía haber construido el “ socialismo ” , el bienestar material de la población no se podía medir solamente en términos de cuánto pan y cuántas patatas se consumían, ni siquiera cuánta carne y mantequilla.

Existe un vínculo estrecho entre el crecimiento económico y el nivel de vida. Por encima de todo, la correlación correcta entre la industria pesada y la industria ligera, y entre la industria y la agricultura, son cuestiones clave. En 1971 el Ministerio de la Industria Ligera recibió quejas sobre 7,6 millones de pares de zapatos, 1,5 millones de pares de calcetines, 1,7 millones de piezas de géneros de punto, y 170.000 de trajes. En la primera mitad de 1971, la red de tiendas al por menor de Moscú rechazó bienes industriales por valor de 33 millones de rublos. En el mismo año, las pérdidas por productos industriales rechazados se estimaron en 600 millones de rublos, pero la revista Finansy USSR comentaba que “ las pérdidas en realidad eran mucho mayores ” . En 1970 y 1971, el 50 por ciento de los productos inspeccionados por la Inspección del Ministerio de Comercio de la República Soviética Rusa no cumplían los criterios oficiales mínimos. Esto provocó un aumento de los stocks de productos no vendidos en los almacenes de año en año. De 1968 a 1971, el excedente de productos no vendidos representaba el 32-52 por ciento de las ventas. A principios de 1972, este excedente alcanzaba el valor de 3.400 millones de rublos.

Aquí vemos el principal defecto de la planificación burocrática. Sin el control democrático y la participación de la clase obrera, esta lleva inevitablemente a un florecimiento descontrolado de despilfarro, corrupción y mala gestión. Esto siempre era cierto – incluso en el mejor período de la URSS – , pero en una economía moderna y sofisticada que producía un millón de productos diferentes cada año, se convirtió en una pesadilla. La prensa soviética del periodo al que nos referimos estaba llena de los ejemplos más escandalosos de chapucería burocrática. El siguiente es un ejemplo típico:

¡Cuanto más caro es el material, menos tela se necesita para cumplir el plan! (…) Cuanto más barato es el modelo, hay que producir más coches para cumplir el plan, y eso requeriría capacidad y mano de obra adicional (…) Un ingeniero de energía una vez me alabó por dejar la luz encendida: ‘¡Muy bien! ¡Cuanta más energía consumáis, mayor será nuestra paga!’ El director de la planta electromecánica de Riga comentaba: ‘Cualquier índice cuantitativo que se utilice para planificar y evaluar, inevitablemente será unilateral y en última instancia dañino. Si se mide por toneladas, la producción se hará más pesada. Si se mide por rublos, entonces se hará más cara. Si se utilizase como base la satisfacción del consumidor, entonces ciertamente el volumen de producción nunca sería la medida. (Directores de empresa citados en LiteraturnayaGazeta, Noviembre 1976).

El punto de vista puramente cuantitativo de la planificación inevitablemente provocaba las distorsiones más grotescas ante la ausencia de la participación y el control democráticos de la clase obrera:

Si el director puede salir adelante produciendo sólo unos pocos modelos de zapatos, entonces tendrá producción a gran escala y podrá recortar los costos. Si puede desviar su producción hacia zapatos de tallas pequeñas y dejar de lado las grandes, puede ahorrarse piel. Finalmente, aunque el Estado marca el precio de sus zapatos, diferentes modelos le darán diferentes márgenes de beneficio. El director puede intentar especializarse en aquellos modelos que le reporten un mayor beneficio.

Hasta dónde puede llegar el director depende de lo fuerte que sea su posición a la hora de regatear. En el pasado, esta posición ha sido de hecho buena. Siempre se ha producido menos que lo que los consumidores iban a comprar. Así, has sido muy fácil tratar con los mayoristas; ya que podían vender cualquier cosa, ¿para que pelearse con el productor en un mercado de vendedores? Sólo el consumidor final se quejaba amargamente sobre los resultados de este sistema. (David Granick, The Red Executivo, p. 34)

Trotski señaló que presentar el crecimiento económico puramente en términos de volumen es como tratar de demostrar la fuerza de un hombre sólo sobre la base de su anchura de pecho. El punto de vista puramente cuantitativo de los objetivos lleva a la producción de los vehículos más pesados e incómodos, para que se llegue al objetivo en toneladas; o a que se produzcan miles de zapatos pero todos del pie izquierdo. Por supuesto, los obreros detectaron estos “ errores ” , pero ante la ausencia de la libertad de expresión y de sindicatos libres, no había manera de denunciarlos. Las críticas demasiado abiertas sólo conducían a problemas, despidos, encarcelamientos y encierro en hospitales siquiátricos. Era mejor mantener la cabeza gacha y la boca cerrada, recibir la paga a final de mes y esperar que las cosas mejorasen, lo que parecía estar sucediendo en muchos casos.

En un discurso al Congreso del Partido en 1986, Gorbachov describió la situación de la industria ligera:

El año pasado se devolvieron a las fábricas o fueron marcados como bienes de grado inferior millones de metros de tela y millones de pares de calzado de piel y otros bienes de consumo. Las pérdidas fueron importantes: materias primas derrochados y el trabajo de cientos de miles de obreros desperdiciado”. Y añadió: “La burocracia hoy en día es un obstáculo importante (…) Las distorsiones burocráticas se manifiestas más fuertemente en aquellos sitios en los que la gente tiene que rendir menos cuentas de lo que hace. (The Times, 27/2/86).

Libre de todo control por parte de la población, la burocracia se comportaba de una manera totalmente irresponsable. Mostraban la misma miopía, el mismo desinterés criminal por los intereses generales de la sociedad que los grandes monopolios. En general fueron igual de malos que la burguesía en relación al medio ambiente. Esto quedó demostrado con el desastre nuclear de Chernobyl , la destrucción del mar de Aral, el envenenamiento del mar Caspio y el lago Baikal y el hundimiento de buques nucleares en el Océano Ártico.

Un indicio del caos y la desorganización absoluta era la loca proliferación de ministerios de todo tipo. Sólo en el sector de la máquina-herramienta había no menos de 11 ministerios diferentes – el Ministerio de Construcción de Maquinaria General, el Ministerio de Construcción de Maquinaria Pesada, etc. ¾ . En el transporte había cinco ministerios, etc. Había muchos ejemplos de los problemas creados por esta situación. Por ejemplo, se descubrió gas natural en Asia Central. Pero para empezar la explotación se tenían que conseguir las firmas de 27 ministerios y departamentos diferentes. Se tardó siete años en conseguirlas, pero para entonces el gas ya se había perdido.

El problema de la calidad

La calidad de los bienes de consumo soviéticos no era tan mala como alega ahora la prensa pro-burguesa . En cualquier caso, no había ninguna razón en principio para que la calidad de esos bienes tuviera que ser peor que la de los bienes de consumo producidos en occidente. En aquellos sectores en que se prestaba la atención necesaria a la calidad, se producían productos muy buenos. Esta era la situación en la industria de defensa, donde los generales insistían en alta calidad y la conseguían. Lo mismo se aplicaba al programa espacial. Pero no sólo eso. Un artículo en The Guardian (19/11/86) revelaba datos sorprendentes sobre el éxito de ciertas exportaciones soviéticas a occidente:

Cuando pensamos en tecnología soviética, estamos acostumbrados a sus logros en el espacio, y a la alta calidad de muchos de sus productos militares. La coraza de titanio del helicóptero de combate Hind, o el casco de titanio de sus nuevos submarinos, por ejemplo, de los que se dice que están muy por delante de la técnica metalúrgica occidental.

Pero de alguna manera el material militar puede distorsionar nuestra apreciación de la capacidad tecnológica soviética. Podemos clasificarlo todo bajo el título general de superpotencia militar, y continuar con nuestra creencia cómoda y complaciente en la superioridad general de occidente en las cosas que realmente importan, como ordenadores, coches y bienes de consumo.

Quizás tendríamos que pensarlo dos veces. En los primeros seis meses del año pasado, Gran Bretaña importó 30.000 neveras Snowcap y 32.000 tubos de imagen de TV de la Unión Soviética. Bélgica compró maquinillas de afeitar eléctricas y televisores, y Francia compró molinillos de café, planchas eléctricas y aparatos de aire acondicionado. Los holandeses compraron 60.000 cámaras y maquinillas de cortar el pelo eléctricas, e incluso los japoneses compraron televisores soviéticos. En el tercer mundo, las máquinas de coser Chaika y los ventiladores eléctricos Orbita están ocupando cada vez más mercados tradicionalmente occidentales y japoneses.

De hecho, la situación era contradictoria. Por ejemplo el sonido grabado de los LPs soviéticos era muy bueno – tan bueno como en occidente o mejor – pero tenían un prensado deficiente. En un artículo en Pravda (28/11/95), un comentarista ruso señalaba la mayor durabilidad de ciertos productos soviéticos comparados con sus equivalentes occidentales. El autor correctamente explicaba la diferencia por el contraste entre la economía planificada, basada esencialmente en la producción para las necesidades, y la economía de mercado basada en el beneficio, que incluye fenómenos como el “ consumo conspicuo ” , publicidad, y todo tipo e despilfarro:

Lo que nuestra economía producía como producto final estaba adaptado a la sociedad soviética y era absolutamente inadecuado en principio para los mercados occidentales, para la “sociedad de consumo”. Por ejemplo, se dirigían los esfuerzos para conseguir una vida más larga del producto más que un buen diseño. El mercado, por el contrario trata de reducir la vida del producto, forzando de esta manera a la gente a ‘consumir’ bienes y servicios.

Y continúa:

Observemos la diferencia entre dos coches de la misma clase: uno producido para una economía frugal y el otro para una economía crematística. En un Zhiguli, todos los componentes principales del motor donde normalmente surgen problemas están situados de tal manera que son accesibles sin necesidad de la ayuda de un taller. se puede utilizar el coche durante una década sin ir al mecánico, te arreglas los problemas tú mismo. En un Citroen – un coche de la misma clase – los mismos componentes son completamente inaccesibles. Tienes que pagar para un servicio por cualquier minucia. Si necesitas cambiar los contactos del freno te cuesta 80 dólares; si se gasta un cepillo del generador, tienes que gastarte 300 dólares en un nuevo generador; si tienes que cambiar una correa de la bomba, tienes que sacar todo el motor.

Es de conocimiento general que la mitad del esfuerzo y del coste en la producción de bienes de consumo en occidente se dedica al empaquetamiento (también parte del diseño). ¿Qué es lo que significa crear industrias en Rusia capaces de competir en el ‘mercado’? Significa crear una producción orientada a criterios de extranjeros, gente con un estilo de vida diferente, lo que de por sí es ridículo (o significa convertir a Rusia conscientemente en una colonia). Sin duda, el 90 por ciento de la población preferiría traer sus propias bolsas para comprar azúcar y sus propias botellas para comprar aceite no embotellado antes que comprar un producto ‘competitivo’ al doble de su precio debido al empaquetamiento.

Sin embargo, no cabe duda de que el nivel general de calidad estaba muy por detrás de los estándares occidentales. Había que reparar los televisores en color una media de dos veces en su primer año de vida. También tenían tendencia a explotar. Por alguna razón, los zapatos eran de una calidad especialmente mala, etc. Para los funcionarios privilegiados, que tenían acceso a tiendas especiales, esto no era un problema. La calidad de los bienes destinados a los obreros les era indiferente, mientras que a los directores de las fábricas sólo les interesaba cumplir los objetivos del plan en términos de volumen. Si eso significaba recortar en calidad, pues así sea.

En otros sentidos, las condiciones de vida dejaban mucho que desear. Incluso en Moscú había escasez de sitios de ocio, como bares, cafés y restaurantes decentes. En todos ellos había colas, lo que en realidad agravaba el problema del alcoholismo. Era normal ver a gente bebiendo en las calles. La situación en las provincias era todavía peor. En Nizhnevartovsk , en Siberia, una ciudad de 200.000 habitantes, a principios de los años 80 no había ni un solo cine. Los planificadores de ciudades no prestaban mucha atención a las necesidades de ocio de la gente normal y corriente. Por supuesto los funcionarios no tenían ese problema.

No se podía separar la situación en la URSS de la que existía a escala mundial. La noción reaccionaria del socialismo en un sólo país estaba condenada al fracaso. A pesar de los esfuerzos por aislar a la población soviética del resto del mundo, inevitablemente iban a descubrir los niveles de vida de occidente, y los iban a comparar con su propia situación. Esto fue lo que Lenin advirtió cuando dijo que el futuro de la URSS se decidiría en última instancia a escala mundial ( “ ¿Quién prevalecerá? ” ). En la medida en que la gente se diese cuenta de que los consumidores occidentales tenían acceso a productos de mejor calidad a precios más bajos, el descontento aumentaría inevitablemente. La diferencia quedaba subrayada por el hecho de que la gente con acceso a divisas occidentales podía comprar bienes occidentales superiores, sin tener que hacer colas, en las llamadas tiendas diplomáticas (diplo , aticheskye magaziny)

Las cifras oficiales de los niveles de vida, en realidad, esconden casi tanto como cuentan. No nos dicen nada de los diferentes niveles salariales de los diferentes sectores de la población. En general las estadísticas soviéticas siempre eran muy reservadas sobre esta cuestión. Las medias en general pueden ser muy engañosas. Nos recuerdan la historia de dos campesinos, uno con nueva vacas y el otro con una. ¡Tienen cinco vacas cada uno “ de media ” ! En la práctica el crecimiento de la economía soviética, que en un estado obrero sano hubiera significado una reducción sostenida de las diferencias salariales y los privilegios, en este caso significaba justo lo contrario.

En lugar de disminuir, bajo Kruschev y Breznev, el diferencial siguió aumentando. Mientras es indudable que los niveles de vida de las masas aumentaron, el aumento de las prebendas e ingresos de la burocracia (legales e ilegales) aumentó todavía más rápidamente. Esto era cierto sobre todo en relación a la élite superior. Breznev era bien conocido por su tren de vida lujoso y su inclinación por los coches caros. Cuando Nixon, que se supone que tenía una existencia razonablemente próspera, fue a visitar Moscú, declaró estar atónito ante la ostentación de lujo del estilo de vida de Breznev, con una piscina en el sótano de su casa, etc.

En un estudio de la caída de Nixon del poder, The Final Days de Woodward y Bernstein, se da una pequeña idea del estilo de vida de Breznev y los burócratas superiores:

“El Presidente [Nixon] tenía su regalo habitual para Breznev: un auto americano para la extensa colección del secretario. Las dos primeras cumbres, en 1972 y 1973, le habían reportado dos modelos de 10.000 dólares, una limosina Cadillac y un Lincoln Continental. Esta vez fue un Chevrolet Monte Carlo de 5.578 dólares, poco impresionante en un garaje que ya tenía un coche de carreras Citroen-Maserita, Sedans, Rolls Royce y Mercedes, y el favorito de Breznev, un nuevo Mercedes 300SL. Pero Breznev había oído que el Monte Carlo había sido declarado ‘Coche del Año’ por la revista Motor Trend, y había dejado caer que le apetecía uno”.

Según Jan Sejna, un alto burócrata checo, que se pasó a occidente y publicó sus memorias Os enterraremos, escribe:

“A Breznev le gustamucho el vodka, y la cerveza pilsner, que le solíamosenviar a éldirectamente a Moscú. También le gustan la ropa occidental… Cada vezquevenía a Praga, el director de la tienda de nuestroPolitburó – donde la élite podíacomprarbienes de lujo fuera del alcance de los hombres menores – teníaqueira Italia y Alemania Occidental antes de sullegada, para comprarun stock especial para él”.

Lo mismo era cierto en relación a los dirigentes burocráticos de Europa del Este. Escribiendo sobre su propio predecesor, Alexei Cepija, Sejna escribe:

“Tenía una fortuna enorme, por valor de millones de dólares, de la que nunca dio explicaciones, y que gastaba en magníficos lujos – villas, coches, joyería – para él mismo y sus amigos. Su mujer, por ejemplo, tenía 17 abrigos de piel de visón”.

La prensa soviética estaba llena de ejemplos y crímenes económicos. Pero eso era sólo la punta del iceberg. Aparte de los salarios exageradamente inflados, los funcionarios del Partido y del Estado a todos los niveles saqueaban los recursos del Estado. En 1974, Furtseva , la ministra de Cultura, fue cesada por apropiación indebida de bienes del Estado. En julio de 1976, según el Finansy USSR, se hicieron investigaciones en 300 empresas estatales. Estas revelaron que en Belan “ un grupo de ladrones que controlaban los grandes almacenes de la ciudad, dirigidos por antiguos gerentes ” habían robado 116.500 rublos. En Tomsk habían desaparecido 463.000 rublos. En Georgia se descubrieron “ ladrones en cargos de dirección ” . Cuando la policía entró en la casa de un funcionario ” (..) encontraron entre sus propiedades 12 coches, 47 grabadoras y televisores en color y 3.000 botellas de vino y coñac. Tenía tres coches Volga, 23 servicios de comida para 380 comensales, 74 trajes y 149 pares de zapatos. ‘Había escondido algunas cosas para las emergencias’, informó Radio Moscú, ‘incluyendo 735.000 rublos en metálico (100.000 millones de pesetas), 18.300 rublos en bonos al 3 por ciento, 450 monedas de oro y 39 relojes con correa de oro ” .

Y el mismo artículo continúa:

“El viceministro de pesca fue ejecutado en 1982 por su implicación en una estafa por la cual se exportaba caviar de la Unión Soviética en latas de arenque salado (…) Él había tratado con más de 30 casos en los que se habían robado bienes por valor de tres millones de rublos por parte de 100 directores de personal de las tiendas más conocidas de la capital. Declaró que había funcionarios que habían recibido un millón de rublos en sobornos ‘y pagado tres cuartas partes de esta cantidad en sobornos ellos mismos’ (…) Se descubrió que en 156 de 193 compras había habido estafas. Los beneficios se pasaban hacia arriba en la cadena de manera sistemática”. (Financial Times, 2/7/86).

El mismo estilo de vida era compartido por los hijos de Breznev, y por la élite dirigente en general. En 1980, después de la detención de 300 burócratas en el escándalo del “ caviar Sochi ” , la familia de Breznev fue investigada por corrupción. Una enorme cantidad de la riqueza creada por los obreros soviéticos se malgastaba de esta manera. Un burócrata del sector del textil había llegado a acumular la asombrosa cantidad de siete millones de libras esterlinas (1. 050 millones de pesetas), aunque ahora estas cantidades se quedan insignificantes en comparación con los miles de billones robados del Estado por parte de la burguesía naciente. El parasitismo de la burocracia estaba minando las propias bases de la economía planificada. Simultáneamente la abismo entre la burocracia y las masas era cada vez mayor. Se estaba transformando toda la sicología de la clase dominante. Las consecuencias iban a hacerse notar en la fase siguiente.

El Estado bajo Breznev

Cuando Breznev introdujo la nueva constitución de la URSS en 1978, rechazó (al igual que había hecho Stalin) las insinuaciones de que el Estado no se estaba disolviendo. Al contrario, insistió en que “ nuestro Estado se está transformando gradualmente en autogobierno comunista. Esto, por supuesto, es un largo proceso, pero se está desarrollando de manera sostenida. Estamos convencidos que la nueva constitución soviética contribuirá efectivamente a la consecución de este importante logro de la construcción comunista ” . Pero detrás de toda esta retórica no había un Estado en transición hacia el comunismo, sino un enorme aparato burocrático que dominaba todos los aspectos de la vida. Lejos de “ disolverse ” , cada vez era más poderoso y grotesco, no la “ dictadura del proletariado ” , sino la dictadura sobre el proletariado por parte de un enorme aparato burocrático represivo.

Lenin había previsto que, en la medida en que la capacidad productiva de la sociedad aumentaba, y con ella los niveles de vida y culturales de la población, las funciones de la dirección del Estado y la sociedad gradualmente las realizaría la clase obrera de manera rotativa. Así, el Estado quedaría cada vez más absorbido en la sociedad. En lugar de eso, la monstruosidad totalitaria que era el Estado bajo Breznev se fue haciendo cada vez más opresiva, corrupta y divorciada de la masa de la población.

Este hecho no se puede explicar por el “ cerco imperialista ” o por la existencia de “ restos del viejo régimen ” (las excusas habituales de los defensores del estalinismo). El Estado obrero débil y sitiado bajo Lenin y Trotski , invadido por 21 ejércitos de intervención, mantuvo un régimen escrupulosamente democrático que protegía todos los derechos de los trabajadores. A finales de los años 60, la URSS era el segundo país más poderoso del mundo, con una economía moderna y un potente ejército. Sin embargo el régimen no podía permitirse ni siquiera la más mínima concesión a los derechos democráticos. Esto no era consecuencia de la amenaza exterior, sino porque la burocracia estaba en guerra contra su propio pueblo.

En relación a la otra excusa, ¿de qué restos estamos hablando aquí? Medio siglo después de la revolución de octubre hablar de la amenaza de “ restos capitalistas ” era totalmente absurdo. Estas habían desaparecido, en gran medida absorbidas en la propia maquinaria burocrática. ¡En la práctica, los herederos del viejo Estado zarista controlaban Rusia! La experiencia posterior ha demostrado que el auténtico peligro para las conquistas de Octubre no venía de este lado sino precisamente de la casta voraz que había minado la economía planificada a través de su mala administración, robos y estafas, un sector de la cual se esfuerza en convertirse en una nueva clase de opresores capitalistas mafiosos.

Bajo Lenin y Trotski , el atraso extremo y el carácter primitivo del estado y la economía, la intervención imperialista y la amenaza de la contrarrevolución capitalista hacían necesaria una cierta represión contra los enemigos de clase. La propia debilidad del Estado obrero significaba que a veces la lucha tenía que adquirir formas muy duras. Hoy, como parte de la campaña para desprestigiar al bolchevismo, escritores sin escrúpulos exageran esta represión e intentan vincularla a los horrores de las purgas de Stalin. Pero incluso en esas condiciones, se dio un florecimiento sin precedentes de democracia obrera, que sólo fue destruida durante la lucha de Stalin contra la Oposición de Izquierdas, que defendía las ideas de Lenin de democracia e internacionalismo.

En lugar de la democracia y la libertad de la que disfrutó la clase obrera en el período inmediatamente posterior a la Revolución de Octubre, había un sistema de elecciones fraudulentas, en la que todo estaba decidido por arriba de antemano, es decir, por la élite privilegiada dominante. Lenin previó la disolución gradual del Estado desde el inicio del poder obrero. En lugar de eso, se dio un enorme crecimiento de la maquinaria estatal. Esto tenía una base material. Los nuevos “ zares ” protegían celosamente sus privilegios y su botín. Al mismo tiempo que hablaban de “ construir el comunismo ” y del “ nuevo hombre soviético ” , aplastaban todas las formas de disidencia y la libertad de expresión.

La represión estatal adquirió formas nuevas y más refinadas (aunque no por eso menos crueles). Bajo Breznev, el código criminal, ya de por si bastante draconiano, fue endurecido todavía más para combatir la disidencia. La adición de las secciones 193-1 y 193-3 multiplicaban las posibilidades de represión. Las detenciones ya no tenían que estar vinculadas a un intento de subvertir el gobierno soviético. Las manifestaciones (aunque el artículo no utilizaba esta palabra) y la distribución de cualquier forma de material con el objetivo de sabotear el Estado podían ser castigadas con tres años de cárcel y tres años de campo de trabajo, respectivamente.

Esta medida se enfrentó a las protestas, entre otros, del famoso compositor Dimitri Shostakovich, y un grupo de viejos bolcheviques. En vano. Las protestas no obtuvieron respuesta alguna y el decreto quedó confirmado por el Soviet Supremo en diciembre de 1966. En enero de 1967 se llevó a cabo una oleada de arrestos contra escritores disidentes que fueron juzgados en tribunales-farsa y enviados a campos de trabajo. Aquellos que protestaron contra estos juicios perdieron su empleo y fueron perseguidos. A los académicos se les privó de sus graduaciones y títulos.

Se consideraba cada manifestación de pensamiento libre e independiente como sospechosa. No se permitía a los autores publicar nada sin la permiso de las autoridades. Cualquier intento de hacerlo podía ser castigado con largos períodos de encarcelamiento con trabajos forzados (entre cinco y siete años en un campo de régimen severo). La imagen horrorosa que de estos campos nos pinta Anatoly Marchenko en su Testigo, demuestra que aunque en ciertos aspectos, la situación en los campos era mejor que en la época de Stalin, en otros era incluso peor.

Al llegar a un campo, los prisioneros a menudo se encontraban conque se habían alargado sus condenas por algunos años, y al final del período se les informaba de que se habían presentado nuevos cargos y que si se negaban a confesar serían condenados a otros siete o diez años. De esta manera, los prisioneros eran enterrados vivos en los campos, sin ninguna perspectiva de salir con vida.

Mucho peor que eso era la práctica de encarcelar a prisioneros políticos en manicomios. En un intento de evitar críticas en occidente empezaron a enviar a los disidentes a hospitales mentales. Entre otras ventajas, eso significaba que no tenían que ser juzgados. De esta manera se encerraba a gente totalmente sana, simplemente sobre la base de las firmas de dos médicos. ¡Por supuesto cualquiera que se quejase del ‘paraíso socialista’ tenía que estar loco! Entre otros, el ex general Petro Grigorenko y Zhores Medvedev fueron sometidos a este tratamiento inhumano que ensució el nombre del socialismo en todo el mundo. Este fenómeno ya había existido bajo Stalin, pero fue desarrollado y perfeccionado en la era de Breznev, cuando se hizo general. Grigorenko que se pasó años en estos lugares espantosos, recuerda:

Se abrió un nuevo hospital siquiátrico en Sychyovka, en la provincia de Smolensk. Y después otro en Chernyakhovsk. Las cosas se movían muy rápido. A finales de los años 60 y 70 los hospitales siquiátricos especiales brotaron como setas después de la lluvia. Yo sé de más de diez: Kazán, Leningrado, Sychyovka, Chernyakkosvsk, Dnepropetrovsk, Oryol, Sverdlovsk, Blagoveshchensk, Alma-Ata, y un ‘sanatorio siquiátrico especial’ en la zona de Poltava-Kiev. Además, se crearon departamentos para tratamiento forzoso en todos los hospitales siquiátricos provinciales. Así se crearon amplias oportunidades para dispersar a presos políticos mentalmente estables entre una masa de pacientes gravemente enfermos. (Grigorenko, op. cit., pp. 408-9).

Y da un destello de las condiciones de pesadilla en estos agujeros infernales:

Este es el horror de nuestro sistema inhumano de tratamiento forzoso. Una persona cuerda encerrada entre los locos sabe que con el tiempo se puede convertir en uno de los que ve sufriendo a su alrededor. Esto es especialmente espantoso para la gente con mentes sensibles, que sufren de insomnio, que son incapaces de aislarse de los sonidos de un hospital.

El Hospital Siquiátrico Especial está situado en el edificio de una antigua prisión de mujeres, junto a la famosa ‘Kresty’ – la principal prisión para presos políticos de Leningrado¾ . Aquí, al igual que en las prisiones regulares, sólo hay una división normal en los techos de las celdas. El centro del edificio es hueco. Desde el corredor de la primera planta puedes ver el techo de cristal sobre la quinta planta. Los sonidos se intensifican y reverberan a medida que viajan arriba y abajo. Durante los tiempos de Stalin se utilizaba este hecho para llevar a cabo tortura sicológica.

Por suerte yo era capaz de ignorar la mayor parte de lo que pasaba en el hospital. Podía acostumbrarme y no darme cuenta del zapateo incesante sobre mi cabeza durante días enteros, con interrupciones sólo cuando el bailarín de claqué cayó en un estado de insensibilidad total. Lo que no puedo olvidar y que a veces me desvelaba por la noche era un aullido nocturno salvaje, mezclado con el sonido de cristal roto. Durante el sueño evidentemente los nervios no están protegidos de esos estímulos. Sólo me puedo imaginar los sufrimientos de una persona cuyo sistema nervioso capta todo lo que sucede a su alrededor. Un paciente en un Hospital Siquiátrico Especial no tiene ni siquiera los miserables derechos de un preso. No tiene derecho alguno. El doctor puede hacer lo que le parezca y nadie se interpondrá en su camino, nadie le defenderá. Ninguna de sus quejas saldrán nunca del hospital. Sólo le queda una esperanza, la honestidad de los médicos. (Ibid, p. 295).

Algunos médicos eran de hecho honestos, e intentaban proteger a los pacientes de los peores abusos. Pero ya que todo el sistema estaba bajo el control de la KGB, y los principales médicos como el tristemente famoso profesor Lunts , eran de hecho oficiales de la KGB en activo, tales intentos estaban condenados a la impotencia. Toda la concepción del sistema privaba al preso de sus derechos. “ Estaban totalmente a merced del personal de estos ‘hospitales’ ” . (Ibid., p. 407).

Todos estos horrores se dieron en un momento en que el gobierno de la URSS todavía proclamaba que estaba “ construyendo el comunismo ” , es decir, la forma superior de la civilización humana, una sociedad sin clases en la que el Estado se ha disuelto y la necesidad de la coerción ha sido sustituida por una cooperación libre y voluntaria entre los miembros de la sociedad. Los dirigentes de los Partidos Comunistas ahora se rasgan las vestiduras y expresan su crítica tardía ante todos estos horrores de los que parece que ellos eran los únicos que no sabían nada. Pero en ninguna parte se nos da una explicación de cómo podían ocurrir tales monstruosidades bajo el “ socialismo real ” . Así, toda la cuestión queda mistificada y se nos presenta simplemente como acciones arbitrarias por parte de algunos individuos. Pero eso los relega a la categoría de accidentes (es decir, algo que no se puede explicar). Y eso significa que ese tipo de cosas pueden suceder en cualquier sociedad, incluyendo una sociedad socialista. ¡Un buen anuncio para el socialismo! De hecho, un marxista lo puede explicar fácilmente como medidas mediante las cuales la casta dominante trataba de defender su poder y riqueza contra la mayoría de la sociedad. Una vez que se entiende este hecho, no tiene nada de misterioso ni accidental. Simplemente reproduce un esquema de comportamiento que es muy familiar a cualquier estudiante de historia serio que sabe que, utilizando las palabras de Engels, en cualquier sociedad en la que el arte, la ciencia y el gobierno son el monopolio de una minoría, esa minoría utilizará y abusará de su posición en su propio interés.

Los capitalistas son necesarios para el capitalismo. Son “ depositarios de los medios de producción ” . El sistema capitalista no puede funcionar sin beneficio privado – la única fuente del fondo de inversión ¾ . El afán por la plusvalía es por lo tanto la fuerza motriz del sistema. Los obreros lo consideran normal. Un obrero puede exigir una parte mayor de la plusvalía que se deriva de su trabajo, pero nunca se le ocurriría exigir que los empresarios no reciban nada de beneficio. ¿Pero de dónde viene la riqueza material de la burocracia? Todo lo que les corresponde desde un punto de vista económico es lo que Marx llamó el salario de superintendencia. Cualquier cosa que reciban por encima de eso, no lo reciben como agentes productivos, sino como ladrones, gángsters y parásitos.

Por lo tanto, era demasiado peligroso conceder incluso el más básico de los derechos democráticos, ya que el primer punto que se habría planteado hubiera sido el de recortar los privilegios. No obstante desde un punto de vista económico esto hubiera sido absolutamente correcto. Pero desde el punto de vista de casta de la burocracia, era el beso de la muerte. Esta es la auténtica base material del régimen totalitario.

Lejos de simplificarse la administración con la participación cada vez mayor de las masas, se había consolidado una monstruosa maquinaria burocrática, con un ratio de funcionarios en relación a los trabajadores mucho mayor que en cualquier país capitalista. Comparado con ésta, incluso el Estado americano con su enorme complejo militar-industrial se quedaba pequeño. Lejos de ayudar al movimiento hacia el socialismo, esta masa de ministerios, departamentos y subdepartamentos y su enorme montaña de papeleo, directivas y burocracia constituía uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las fuerzas productivas. La política no se determinaba en base a los intereses de la sociedad y la clase obrera sino de los intereses creados de un abultado ejército de funcionarios.

Lo más criminal de todo es que, bajo Breznev, en la Unión Soviética existían las condiciones materiales para por lo menos iniciar el movimiento hacia el socialismo. La división de la sociedad en clases está determinada históricamente por la división del trabajo, por encima de todo, por la división entre el trabajo manual e intelectual. Pero ahora existían las bases para abolir esta división. En 1917, sólo había cuatro millones de obreros en Rusia. En la Unión Soviética en 1980 había 120 millones de obreros. Esta era la mayor clase obrera y probablemente la más educada del mundo.

Sobre la base del desarrollo masivo de la industria, la ciencia y la tecnología, no había ninguna razón por la que no debería de haber el florecimiento más pleno de la democracia obrera. La precondición necesaria para esto era que la dirección de la industria y el Estado estuviera en manos de la clase obrera. Tendría que haber habido plenos derechos para que todos los partidos y tendencias defendieran sus opiniones, incluso para los pocos nostálgicos que quisieran volver al capitalismo. Un régimen de democracia obrera de este tipo hubiera sido la preparación para el inicio del movimiento hacia el socialismo. Pero la precondición necesaria era el derrocamiento de la burocracia, que estaba decidida a mantenerse en el poder por todos los medios a su alcance.

Esta contradicción se hizo cada vez más clara, más obvia y más insoportable , a medida que la Unión Soviética superaba su atraso y desarrollaba una economía moderna. El dominio de la burocracia seguía siendo un obstáculo insuperable que bloqueaba el camino hacia el socialismo. Por eso aumentó el nivel de represión en lugar de disminuir como Lenin había previsto, y como tendría que haber sucedido con la desaparición de las bases materiales para el conflicto social. De hecho, la Unión Soviética se estaba alejando cada vez más del socialismo, las diferencias crecían cada vez más, los antagonismos sociales se agudizaban, el dominio de la burocracia era cada vez más intolerable. El Estado totalitario era sólo la manifestación más palpable de este hecho, no su causa.

Arte y ciencia

Estoy sorprendido de que estéis sorprendidos de que un poeta hable contra la burocracia porque las palabras poeta y burócrata son mutuamente excluyentes. (Yevgeny Yevtushenko).

La Revolución de Octubre tuvo una influencia tremendamente liberadora sobre el arte y la cultura. Una nueva generación de artistas, poetas y músicos fueron inspirados por la revolución. Pero esta inspiración no sobrevivió al reflujo de la revolución y la atmósfera sofocante de represión artística y espiritual que acompañó al régimen estalinista. El arte y la ciencia, más que ninguna otra esfera de la vida social, necesitan libertad para estirar sus alas. Florecen en un atmósfera de pensamiento, discusión y controversia libres. Pero se marchitarán bajo la mano muerta del conformismo, la rutina y la rigidez burocrática.

La actitud estalinista hacia el arte no se puede separar del modelo de funcionamiento del Estado totalitario en general. Esto se aplica tanto al fascismo como al estalinismo, aunque la base socioeconómica de ambos es totalmente diferente. Sin duda alguna, una caricatura burocrática del marxismo es preferible al veneno del racismo, de la raza superior y la esencia destilada del imperialismo que forma la base de la ideología fascista, de la misma manera que el régimen de nacionalización y planificación es preferible al dominio de los bancos y los monopolios. Sin embargo, en su trato del arte y la ciencia, hay similitudes claras que no son accidentales. Un Estado totalitario no puede aceptar ningún área de la vida social que no controle totalmente. Hitler no sólo prohibió los partidos comunista y socialista y los sindicatos, sino que incluso cerró los clubes de ajedrez de los obreros.

La burocracia estalinista mantuvo a los artistas y escritores bajo el control más estricto ya que, ante la ausencia de partidos y sindicatos, la oposición de los obreros e intelectuales se podía expresar de otra manera. La literatura era especialmente peligrosa. Pero las artes pictóricas e incluso la música, también se podían utilizar para fines subversivos. De ahí el celo con el que los mercenarios a sueldo del Estado en la dirección de los “ Sindicatos ” de escritores y músicos perseguían todas y cada una de las desviaciones de las normas oficialmente aprobadas del “ realismo socialista ” . Sólo hay que comparar el caldero hirviendo de vida artística en los años 20, con sus múltiples y variopintas escuelas de pensamiento y estilo: futurismo, acmeísmo , simbolismo, imaginismo, constructivismo, y muchos otros “ ismos ” , con el conformismo desalmado de décadas posteriores, con esta atmósfera sofocante, para ver qué gran oportunidad se había perdido.

El gran poeta ruso Vladimir Mayakovsky fue uno de los pocos escritores conocidos que simpatizaba activamente con los bolcheviques desde antes de la Revolución (Gorki era otro). Mientras que otros poetas famosos, como Serguei Yesenin y Alexander Blok simpatizaban con la revolución como compañeros de viaje (el término fue inventado por Trotski en los años 20), Mayakovsky se identificaba con ella de alma y corazón, y esto se reflejaba en su poesía, que le valió el apodo de “ tamborilero de la revolución ” . Años más tarde, sus poesías y obras de teatro contenían punzantes ataques satíricos contra la burocracia soviética. En 1930 se suicidó, casi seguramente como forma de protesta contra el deslizamiento hacia la reacción burocrática.

Muchos otros no se quitaron la vida pero fueron barridos por las purgas y perecieron en los campos de Stalin. Este fue el destino de otro gran poeta ruso, Osip Mandelshtam . Desde 1932 en adelante, el régimen exigió una sumisión completa de escritores y artistas. Boris Pasternak dejó de escribir por un período de diez años. Durante la guerra publicó algo de poesía, pero volvió a caer en el silencio en protesta contra las purgas de Zhdanov y no escribió nada más hasta la publicación de Doctor Zivago que recibió el premio Nobel en Suecia, y fue inmediatamente prohibido en Rusia.

En el campo de la música, grandes compositores soviéticos, como Shostakovich y Prokofiev fueron humillados en público y sus obras denunciadas por funcionarios ignorantes como Zhdanov, el equivalente de Vyshinsky en el mundo de la cultura. Al igual que en los juicios de las purgas, se vieron obligados a confesar ritualmente. Incluso entonces, algunas de sus mejores obras fueron prohibidas. Este fue el destino de la ópera de Shostakovich, Lady Macbeth de Mtsensk, y de la sexta sinfonía de Prokofiev , ambas prohibidas por Stalin y no interpretadas en la Unión Soviética hasta al cabo de muchos años.

Bajo Stalin, la ciencia estaba en manos de la burocracia que decidía qué teorías eran aceptables para la élite dominante y cuáles eran anatemas. Así, en el terreno de la genética, la investigación soviética quedó atrasada durante años debido a la aceptación de las falsas teorías de Lysenko que estaba protegido por Stalin. En el terreno de la lingüística existía una situación similar, donde se impusieron durante años las falsas teorías de Marr a todos los estudiosos, hasta que el Jefe , poco antes de morir, intervino por sorpresa en el terreno de la lingüística, imponiendo un giro de 180 grados de la noche a la mañana.

La situación fue todavía peor en una ciencia clave como la cibernética que fue denunciada como un absurdo reaccionario burgués y prácticamente prohibida. Este paso, por sí sólo retrasó las investigaciones en un campo tan vital como los ordenadores durante muchos años. Lo mismo, por razones poco claras, pasó en la física con la teoría de la resonancia. También se admiraba a Einstein con suspicacia, aunque en general los físicos salieron bien parados, ya que Stalin estaba ansioso por conseguir la bomba atómica lo antes posible. Sólo las matemáticas puras parecían tener carta blanca, ¡posiblemente porque los burócratas eran incapaces de entenderlas en absoluto! Los que se atrevían a protestar eran marginados, ignorados a la hora de los ascensos o incluso detenidos. En un clima de este tipo, nadie se atrevía a dar un paso sin antes mirar por encima del hombro. Este tipo de atmósfera no es exactamente la más apropiada para animar un modo de pensamiento audaz e innovador que produce grandes avances científicos. Si a esto añadimos el hecho de que los científicos soviéticos estaban en gran medida aislados de la mayoría de corrientes avanzadas del pensamiento científico a nivel mundial, excepto por la lectura de los resúmenes que se les proporcionaba, tenemos una imagen poco halagüeña. Esto explica porqué , a pesar de la gran cantidad de buenos científicos que había, eran incapaces de conseguir los mismos resultados que en occidente. La libertad de crítica, de experimentación, de cometer errores, es esencial para el progreso de la ciencia.

La misma situación existía en la filosofía. Dice mucho de la incapacidad del régimen estalinista el que en setenta años no se produjo en la Unión Soviética ni un sólo trabajo original en el terreno de la filosofía o la economía marxista. Con todos los recursos de un subcontinente a su disposición no fueron capaces de igualar los logros de un sólo hombre sentado en la sala de lectura del Museo Británico. Esto por sí sólo es suficiente comentario del llamado Marxismo-Leninismo del régimen estalinista. No es extraño que los dogmas rígidos y sin vida que se hizo tragar a generaciones de estudiantes bajo este título provocaran rechazo y sólo sirvieran para desacreditar las ideas del marxismo ante los ojos de una gran cantidad de intelectuales y jóvenes serios.

No es por casualidad que los primeros movimientos de la revuelta contra la burocracia en Europa del Este se dieran entre los intelectuales. La intelectualidad no es capaz de jugar un papel independiente en la sociedad, pero es un barómetro extremadamente sensible que puede reflejar muy rápidamente las tensiones que se están acumulando en las profundidades de la sociedad. Esto a veces da lugar a la ilusión de que los estudiantes pueden provocar el movimiento revolucionario, cuando en realidad simplemente actúan como la chispa que enciende el material combustible acumulado en el período anterior. Esto fue lo que sucedió en Francia en 1968, y también con el Círculo Torcido en Polonia y el Círculo Pëtofi en Hungría en 1956.

Este fermento entre los intelectuales también existía en la Unión Soviética. Desde la muerte de Stalin, un sector de los escritores soviéticos, de manera cautelosa al principio, empezaron a afirmar sus derechos contra la mano paralizante de la censura oficial. La literatura oficial soviética se estaba muriendo. La poetisa Vera Inber declaró con gran valentía que nadie leía la poesía soviética y que nadie la leería mientras fuese sobre la “ misma vieja presa, y la misma pala excavadora de vapor ” . En una obra de teatro publicada durante el llamado deshielo, el dramaturgo Zorin describe el conflicto entre un viejo revolucionario veterano, Kirpichev, y su hijo, el carrerista y burócrata del partido, Pyotr:

‘El país se ha fortalecido’, dice el viejo Kirpichev, ‘y la gente es más rica. Pero junto a los trabajadores voluntariosos y los burros de carga han aparecido, imperceptiblemente, pero ahora en gran número, gente como tú: aristócratas de cuello blanco, avariciosos y engreídos, alejados del pueblo’.

(…) ‘yo simplemente trabajé al lado de los grandes trabajadores de nuestras tierras’, exclama el viejo Kirpichev. ‘Trabajé. Y no conocí el sabor del poder. Pero tú has conocido su sabor desde la infancia; y te ha envenenado’. (Citado en Edward Crankshaw, op. cit., p. 108).

La obra de Zorin fue demasiado para las autoridades. El Sovietskaya Kultura protestó:

Sólo alguien completamente ignorante de los hechos de la vida, y cerrando intencionadamente los ojos ante lo que pasa cada día ante nosotros, podría decir tales absurdos perniciosos. ¿Quién no conoce que el objetivo y el contenido de toda la actividad de los organismos soviéticos – ministerios, departamentos y todo lo demás¾ es la preocupación diaria por los intereses vitales de la clase trabajadora, y que la misma palabra ‘poder’ se ha convertido aquí, debido a esto, en algo lustroso, de lo que nos enorgullecemos, la personificación de las más altas esperanzas y aspiraciones de cualquier hombre y mujer soviéticos, y que nuestro pueblo considera su poder popular con confianza y cariño y amor filial inquebrantable?

No era suficiente que el artista o el escritor aceptase el Estado totalitario. Había que mirarlo con “ confianza inquebrantable ” y “ cariño y amor filial ” . En otras palabras, se exigía al artista que se prostituyese, que cantase alabanzas al Estado y a la burocracia, y además, que lo hiciese sinceramente, de todo corazón, o si no sería condenado como traidor que se dedicaba a “ absurdos perniciosos ” . ¿Acaso puede sorprendernos que un régimen de este tipo alienase a los mejores intelectuales y artistas? Los llamados “ Sindicatos ” de escritores, compositores y artistas no eran más que brazos auxiliares de la policía, dirigidos por gente de confianza y agentes de la burocracia, como el viejo estalinista Fadeyev, presidente del Sindicato de Escritores.

Zorin cayó en desgracia, y en el verano de 1954, todas las principales revistas literarias fueron severamente censuradas y los editores de tres de ellas cesados. La reacción del régimen no estaba dictada por consideraciones literarias. Tenían miedo que la oposición de los intelectuales pudiera convertirse en un punto de referencia para el descontento acumulado de las masas. Y tenían razón. La aparición de la novela de Dudintev No sólo de pan, provocó una nueva oleada de críticas y oposición entre la juventud que se extendió a las fábricas:

Las autoridades estaban alarmadas. En toda Rusia estudiantes de universidad y escuelas técnicas lanzaban periódicos murales y manifiestos fotocopiados expresando y exigiendo rebelión, no contra el propio régimen soviético, sino contra la corrupción el filisteísmo, y las convenciones monótonas y opresivas del establishment. Cuando este estado de ánimo empezó a extenderse a las fábricas, cuando en los cuarteles de marina de Krondstadt y Vladivostok empezaron a aparecer periódicos murales y los agitadores oficiales empezaron a ser abucheados en asambleas de fábrica, la situación era claramente grave. (Crankshaw, op. cit., pp. 115-6).

El joven poeta Yevgenii Yevtushenko era hostil a la burocracia, pero siempre defendió la revolución. En octubre de 1956, se atrevió a publicar unos versos en los que cuestionaba la campaña de desestalinización:

Ciertamente ha habido cambios; pero detrás de los discursos
Se está jugando algún juego lóbrego.
Todos hablamos y hablamos sobre cosas que no mencionábamos ayer;
No decimos nada de las cosas que nosotros mismos hicimos.

Yevtushenko fue expulsado del Kómsomol (la Unión de Juventudes Comunistas) en 1957, cuando el gobierno reprimió a los estudiantes que simpatizaban con la Revolución Húngara. Con gran valentía devolvió el golpe con un poema que de alguna manera vio la luz en Novy Mir:

Qué terrible nunca aprender
Arrogarse el derecho de juzgar a otros
Acusar a jóvenes puros de corazón, rebeldes
De objetivos impuros.
No hay virtud en el fanatismo de la sospecha.
Jueces ciegos no sirven al pueblo.

Juicios a escritores

Años más tarde, en 1988, Yevtushenko hizo un valiente discurso contra la burocracia en el Sindicato de Escritores, citado al principio del capítulo anterior, en el que denunció los privilegios de la élite del Partido. Bajo Breznev, la situación de artistas y escritores empeoró de manera continua. Por lo menos bajo Kruschev, la campaña de “ desestalinización ” dejaba la ventana de la expresión artística medio abierta. Pero por motivos que ya hemos explicado, un régimen totalitario no puede tolerar la más mínima concesión a la libertad de expresión. Los experimentos de Kruschev demostraron a la casta dominante que éste era un terreno peligroso. Se cerró de golpe la ventana. Una serie de tristemente famosos juicios contra escritores como Sinyavsky y Daniel fueron una sombría advertencia al conjunto de la comunidad artística para que no se saliera de la línea. Una vez más se vieron obligados a apretar los dientes o mantener la cabeza gacha – o cargar con las consecuencias ¾ . El resultado de esta persecución fue empujar a un sector de los artistas e intelectuales a actitudes antisoviéticas, minando todavía más el sistema.

De manera escandalosa, los lacayos del partido intentaron atribuir a Lenin la doctrina de que los escritores sólo podían plantear ideas que reflejasen la “ Línea General ” . Esto era falso de principio a fin. Incluso una mirada superficial a los artículos de Lenin demuestra que han sido sacados completamente fuera de contexto. Lenin se refería a la prensa del partido, que es totalmente diferente a la literatura en general. Un partido es una unión voluntaria. A nadie se le obliga a afiliarse. Pero es razonable esperar que los artículos publicados en la prensa pública del partido reflejen en general las ideas de este. Pero Lenin nunca soñó en aplicar este principio al Estado.

De hecho Lenin, absorbido por otras tareas, escribió muy poco sobre arte y literatura. Sus gustos literarios eran en general un tanto conservadores, inclinándose principalmente hacia los clásicos. Por ejemplo, no le gustaba la poesía de Mayakovsky, que era demasiado moderna para su gusto. En una ocasión, después de la revolución cuando había una gran escasez de papel, estaba escandalizado al descubrir que los versos de Mayakovsky iban a publicarse con una gran tirada, pero nunca se le ocurrió utilizar su influencia personal para impedirlo. Bajo Lenin y Trotski , los escritores gozaban de la más amplia libertad de trabajo y experimentación. Esto explica el extraordinario florecimiento del arte y la literatura en el primer período del poder soviético.

El totalitarismo de Stalin tuvo un efecto funesto sobre el arte y la literatura. Consiguió empujar a un sector de la intelectualidad en manos de la reacción pro-capitalista . La reivindicación de “ libertad ” tocó una cuerda sensible. Pero el movimiento hacia la economía de mercado ha significado que el mundo de la cultura rusa ha pasado de la sartén al fuego. En el mundo de la jungla, la cultura no tiene lugar. Los estafadores, los mafiosos y los mercaderes del enriquecimiento rápido no son menos filisteos que los viejos burócratas. El recorte salvaje del gasto público en educación y cultura ha adquirido el carácter de vandalismo abierto. Los efectos han sido inmediatos y predecibles.

El paro y la pobreza afecta a la intelectualidad al igual que a los obreros. Instituciones nacionales como el teatro Bolshoi han visto como sus estándares artísticos se desplomaban. Jóvenes músicos prometedores se han visto obligados a emigrar al extranjero para encontrar un sustento en orquestas provinciales de segundo rango en España e Irlanda. Incluso es posible ver profesores de conservatorios ucranianos tocando por unos pocos francos en las calles de París. En lugar de las viejas cadenas, el mundo de la cultura se encuentra atado rápidamente con otras nuevas. Pues resulta igual de fácil esclavizar, oprimir y silenciar a los individuos utilizando el monopolio de la riqueza como lo es hacerlo a través del control del Estado. No es más que el cambio de una esclavitud por otra. Eso es todo.

Mientras tanto, una nueva generación de trepadores y mafiosos culturales satisfacen los gustos de los capitalistas y los nuevos ricos. Algunos se han convertido en millonarios, como el escultor georgiano Zural Tseretelli que por razones oscuras parece tener el monopolio de los contratos de esculturas monumentales en plazas públicas de Moscú. Su trabajo es de tan dudoso valor que los responsables de un parque decidieron esconderlo calladamente en un rincón donde nadie lo pudiera ver. Tseretelli ahora vive en lo que era la embajada alemana. Por este camino no hay ningún futuro real para el arte, la ciencia y la literatura. Sólo un auténtico régimen de democracia socialista ofrece un terreno fértil para el libre florecimiento de la cultura. Trotski definió una vez el socialismo como “ las relaciones humanas sin avaricia, la amistad sin envidia ni intrigas, el amor sin cálculo ” . La lucha por semejante sociedad es un objetivo digno para hombres y mujeres que han dedicado sus vidas a la búsqueda de la armonía, la verdad y la belleza.

Trotski , a diferencia de Lenin, escribió bastante sobre arte y literatura. De alguna manera encontró tiempo para participar en los vivos debates entre las diferentes escuelas de literatura en los años 20. Sus escritos, que defienden una actitud marxista, de clase, hacia el arte, aparecieron bajo el título Literatura y Revolución. Pero al mismo tiempo que expresaba sus opiniones sobre cada escuela desde un punto de vista marxista, nunca intentó imponer sus puntos de vista, o los del Partido Bolchevique sobre los artistas, ni mucho menos exigir de ellos “ amor filial ” y “ confianza inquebrantable ” . El amor y la confianza se tienen que ganar, no se pueden exigir o imponer.

Años más tarde, cuando Trotski estaba en el exilio en México tratando de reagrupar las fuerzas del bolchevismo-leninismo, no olvidó a la intelectualidad creativa. En una carta fechada el 1 de junio de 1938, escribió lo siguiente:

La dictadura de la burocracia reaccionaria ha asfixiado y prostituido la actividad intelectual de toda una generación. Es imposible observar sin repugnancia física las reproducciones de pinturas y esculturas soviéticas, en las que funcionarios armados de pinceles, bajo la vigilancia de funcionarios armados con rifles, glorifican a sus jefes como a “grandes” hombres y “genios”, cuando en realidad no poseen el menor brillo de genialidad o grandeza. El arte de la época estalinista pasará a la historia como la expresión más espectacular del más profundo retroceso que la revolución proletaria haya sufrido jamás.

Tan sólo un nuevo auge del movimiento revolucionario puede enriquecer el arte con nuevas perspectivas y posibilidades. La Cuarta Internacional, obviamente, no puede tomar la tarea de dirigir el arte, es decir, dar órdenes o prescribir métodos. Tal actitud hacia el arte sólo puede caber en las mentes de los burócratas de Moscú, embriagados de omnipotencia. El arte y la ciencia no encuentran su esencia fundamental a través de patrones; el arte, por su propia naturaleza, los rechaza. La actividad creativa revolucionaria tiene sus propias leyes internas aun cuando conscientemente sirve al desarrollo social. El arte revolucionario es incompatible con la falsedad, la hipocresía y el espíritu de servilismo. Poetas, artistas, escultores y músicos encontrarán por sí mismos su camino y sus métodos, si el movimiento revolucionario de masas disipa las nubes de escepticismo y pesimismo que oscurecen hoy el horizonte de la humanidad. La nueva generación de creadores debe estar convencida de que el rostro de las anteriores internacionales representa el pasado de la humanidad y no su futuro”.(Trotski, Escritos 1937-38, pág. 512.)

 

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