V. De la guerra a la ‘desestalinización’
Una vez más: las ventajas de la economía planificada
La segunda guerra mundial fue una continuación de la primera guerra imperialista. El imperialismo alemán necesitaba llevar a cabo una redistribución del mundo. En palabras de Clausewitz: la guerra es la continuación de la política por otros medios (violentos). Ya en 1931, Trotski había predicho que si Hitler llegaba al poder Alemania declararía la guerra a la Unión Soviética. A pesar de haberse unido a la Liga de las Naciones (una ‘cocina de ladrones’ para utilizar las palabras de Lenin), los esfuerzos diplomáticos de Stalin para llegar a un acuerdo con las ‘democracias’ occidentales no tuvieron ningún resultado. Después del pacto de Munich de 1938 y con una fuerza mínima, Hitler llevó a cabo el Anschluss (fusión)con Austria, se anexionó los Sudetes y en marzo de 1939 ocupó Checoslovaquia. En un intento desesperado por evitar la guerra con Alemania, Stalin dio un giro de 180 grados y firmó un Pacto de No-Agresión con Hitler el 23 de agosto de 1939. El comisario de asuntos exteriores, Maxim Litvinov (que era judío) fue sustituido por Vyacheslav Molotov.
“ De hecho, ” declaró Trotski , “ la firma del tratado con Hitler nos proporciona sólo un indicador adicional con el que medir el grado de degeneración de la burocracia soviética, y su desprecio por la clase obrera mundial, incluyendo la Comintern ” ( Trotski , In Defence of Marxism, pp. 4-5). Además del Pacto existía un “ Protocolo Secreto Adicional ” por el cual Polonia quedaba dividida en esferas de influencia alemana y soviética y dejaba de existir como país unificado. Esta política hubiera resultado embarazosa para el Partido Comunista Polaco. Afortunadamente para Stalin, el PC polaco había sido disuelto en 1938, ¡con el pretexto de que había sido infiltrado por fascistas! Prácticamente todos sus dirigentes, exiliados en Moscú, fueron fusilados. El 9 de septiembre de 1939, el ministro de exteriores soviético envió el siguiente mensaje al embajador nazi en Moscú: “ He recibido su comunicación en relación a la entrada de tropas alemanas en Varsovia. Por favor envíe mis saludos y felicitaciones al gobierno alemán del Reich. Molotov ” . Gran Bretaña y Francia estaban dispuestas a aceptar la agresión alemana mientras los intereses del imperialismo alemán se dirigiesen hacia el Este. Sin embargo, el ataque a Polonia provocó la guerra con estas potencias imperialistas. Trotski había predicho que la segunda guerra mundial decidiría el destino de la Unión Soviética: llevaría o bien a una revolución política triunfante contra el régimen de Stalin o a la victoria de la contrarrevolución capitalista. La primera variante surgiría de los levantamientos revolucionarios como resultado de la guerra, al igual que sucedió en 1917. La segunda era probable si las potencias capitalistas conseguían conquistar Rusia. Esta predicción fue falsificada por los acontecimientos imprevistos de la guerra, que acabó con la victoria del Ejército Rojo. El proceso de la revolución había sido mucho más complicado de lo que incluso el genio de Trotski había previsto. La oleada revolucionaria que siguió a la guerra fue descarrilada por los dirigentes estalinistas y reformistas.
A pesar de las calumnias contra Trotski por parte de la prensa estalinista, que le acusaba a él y a sus seguidores de ser agentes fascistas, Trotski no tenía en absoluto una postura neutral ante la guerra imperialista. Al mismo tiempo que defendía una revolución política para derrocar a la burocracia estalinista, Trotski defendía la necesidad de una defensa incondicional de la URSS ante el ataque imperialista. Algunos dirigentes de los Trotski stas americanos, especialmente los defensores de la teoría del “ colectivismo burocrático ” , Max Shachtman y James Burnham, se pronunciaron contra la defensa de la Unión Soviética. Reflejaban las presiones de la opinión pública pequeñoburguesa que había girado contra el estalinismo después de la firma del pacto Hitler-Stalin. Burnham abandonó poco después el movimiento Trotski sta, proclamando en su libro The Managerial Revolution, que el mundo estaba evolucionando hacia una nueva forma de sociedad dirigida por una élite de managers, de la cual el estalinismo, el nazismo y el New Deal eran simplemente ‘diferentes estadios de crecimiento ” de “ ideologías de gestión ” ( “ managerial ideologies ” ).
El 25 de septiembre de 1939, un mes después de la firma del Pacto, y del inicio de la segunda guerra mundial, Trotski dejo su postura totalmente clara:
Supongamos que Hitler gira sus armas hacia el este e invade territorios ocupados por el Ejército Rojo. En estas condiciones, los partidarios de la Cuarta Internacional, sin cambiar en absoluto su actitud hacia la oligarquía del Kremlin, pondrán en primer lugar, como tarea más urgente del momento, la resistencia militar contra Hitler. Los obreros dirán: ‘No podemos ceder a Hitler el derrocamiento de Stalin; esa es nuestra propia tarea’. Durante la lucha militar contra Hitler, los obreros revolucionarios se esforzarán por entrar en relaciones lo más estrechas posibles y de camaradería con los combatientes de base del Ejército Rojo. Al mismo tiempo que le asestan golpes con armas en la mano a Hitler, los bolcheviques leninistas llevarán a cabo propaganda contra Stalin preparando su derrocamiento como el paso siguiente y quizás muy cercano (…) Tenemos que formular nuestras consignas de tal manera que los obreros vean claramente qué es lo que defendemos en la URSS (la propiedad estatal y la economía planificada), y contra quién estamos llevando una lucha despiadada (la burocracia parasitaria y su Comintern). No tenemos que perder de vista ni un sólo momento el hecho de que la cuestión del derrocamiento de la burocracia soviética, para nosotros está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS” (Trotski, In Defence ofMarxism, pp. 20-1).
El Pacto Hitler-Stalin, que Trotski ya había anticipado en 1934, fue indudablemente una traición a la clase obrera mundial. Pero la indignación de los gobiernos de Londres y París era completamente hipócrita. Cualquiera que estudie los documentos diplomáticos de este periodo verá enseguida que la política del imperialismo francés y británico consistía en aislar la Unión Soviética y hacer concesiones a Hitler en el este (Checoslovaquia) con la esperanza de que se olvidaría de ellos y atacaría a Rusia. Soñaban con una situación en la que Alemania y la URSS se agotaran mutuamente, tras lo cual podrían liquidarlos a ambos. Stalin simplemente les tomó la delantera firmando un acuerdo con Berlín, dejándole a Hitler las manos libres para girar hacia occidente.
Como regla general, incluso un estado obrero tendría que maniobrar con los regímenes capitalistas, utilizando hábilmente las contradicciones entre ellos. Para evitar una guerra, podría ser necesario firmar un acuerdo incluso con el régimen más reaccionario, apoyando y animando el movimiento para derrocarlo al mismo tiempo. Esto es lo que sucedió por ejemplo con el Pacto de Brest- Litovsk en 1918. Pero en primer lugar, fue la política de Stalin lo que permitió a Hitler llegar al poder, colocando a la URSS en grave peligro. En segundo lugar, la manera en que Stalin aplicó esta política no tenía absolutamente nada que ver con los métodos internacionalistas de Lenin. Una vez más, se sacrificó la clase obrera mundial en beneficio de los estrechos intereses nacionalistas de la burocracia rusa. Es más, como veremos, esta táctica no salvó a la Unión Soviética sino que agravó el peligro.
Ilya Ehrenburg en sus memorias recuerda su asombro e indignación cuando, al volver a Moscú desde Francia, descubrió que se censuraba cualquier referencia crítica a los nazis, y que se le pedía que diese conferencias en los locales de la embajada alemana. Ni una palabra de las atrocidades de los nazis. El comercio con Alemania iba viento en popa, y se daba a entender que las relaciones con Berlín eran buenas y amistosas. (Ver A. Nove, Stalinism and After, p. 81). Desde el otoño de 1939 se paró totalmente la propaganda antifascista en la URSS. Francia y Gran Bretaña se convirtieron en el enemigo.
Como dijo Molotov:
“Durante los últimos meses conceptos como ‘agresión’ y ‘agresor’ han adquirido un nuevo contenido concreto, tienen otra significación … Hoy… es Alemania quien lucha por un rápido fin de la guerra, por la paz, mientras que Inglaterra y Francia, que ayer mismo estaban haciendo campaña contra la agresión, están hoy por la continuación de la guerra y contra la conclusión de una paz. Los papeles, como podéis ver, se han cambiado… La ideología del hitlerismo, como cualquier otro sistema ideológico, puede aceptarse o rechazarse: todo depende del punto de vista político de cada cual. Pero cualquiera puede ver que una ideología no puede ser destruida por la fuerza… Así es que no tiene sentido alguno, es criminal, el querer explicar esta guerra como una guerra para la ‘destrucción del hitlerismo’ bajo la falsa bandera de una lucha en pro de la democracia” (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 474).
Stalin y su camarilla llegaron hasta extremos increíbles para congraciarse con Berlín. El siguiente extracto del diario de un diplomático alemán describiendo el banquete con el que se celebró la firma del Pacto demuestra hasta dónde Stalin estaba dispuesto a ir para conciliarse con Hitler:
Brindis: en el transcurso de la conversación Herr Stalin espontáneamente propuso uno por Hitler, de esta manera: ‘Sé hasta qué punto la nación alemana ama a su Führer; y por lo tanto me gustaría beber a su salud’. Herr Molotov bebió a la salud del Ministro de Exteriores del Reich y del Embajador, el conde Vonder Schulenburg. Herr Molotov levantó su vaso por Stalin, resaltando que había sido Stalin – a través de su discurso de marzo de este año, que había sido bien entendido en Alemania – el que había traído el cambio en las relaciones políticas. Herren Molotov y Stalin bebieron repetidamente por el Pacto de No Agresión, la nueva era de relaciones alemano-soviéticas y la nación alemana. El Ministro de Asuntos Exteriores del Reich (Ribentropp) en su turno propuso un brindis por Herr Stalin, un brindis por el gobierno soviético, y por un desarrollo favorable de las relaciones entre Alemania y la Unión Soviética… Moscú, 24 de agosto de 1939. Hencke. (Un diplomático nazi).” (Nazi-Soviet relations, pp 75-6, reproducido en Robert Balck, Stalinism in Britain, p. 130).
Esto va mucho más allá de lo que sería permisible para un auténtico gobierno leninista en sus relaciones con un régimen extranjero reaccionario con el objetivo de la defensa propia. Pero lo peor todavía estaba por venir. Para demostrar su “ buena voluntad ” Stalin entregó a Alemania a luchadores antifascistas, judíos y comunistas dejándolos a merced de la Gestapo. Por lo menos uno de ellos, Margaret Buber-Neumann, sobrevivió por algún milagro, para escribir libros comparando los campos de concentración de Stalin con los de Hitler. ¡Lavrenty Beria, el jefe de Interior, incluso ordenó a la administración del gulag que prohibiese a los guardianes de los campos llamar fascistas a los prisioneros políticos! Esta orden sólo se suprimió después de la invasión de la URSS por parte de Hitler en 1941. Todo esto no era la manera de preparar al pueblo soviético y a los obreros del mundo para el terrible conflicto que se avecinaba.
En lo que claramente era un movimiento defensivo para proteger sus fronteras occidentales, la Unión Soviética se incorporó rápidamente Estonia, Letonia, Lituania, Besarabia y Bukovina del Norte. Pero fracasó en su intento de ocupar Finlandia en una campaña desastrosa que demostró a todo el mundo el debilitamiento del Ejército Rojo debido a las purgas. Hitler tomó buena nota de este hecho que comentó a sus generales. Ya se estaba preparando para atacar a Rusia. Pero Stalin se negaba a reconocerlo ni siquiera como posibilidad y seguía confabulándose con Alemania. Cuando Hitler invadió Yugoslavia, Stalin cerró las embajadas de Yugoslavia, Grecia y Bélgica, como señal de aprobación hacia las autoridades alemanas.
Cuando Alemania invadió Francia en 1940, Stalin estaba convencido de que sus maniobras habían inducido a Hitler a avanzar hacia el Oeste en lugar de atacar a la Unión Soviética . ¡Molotov incluso le envió un mensaje de felicitación al Führer! Se ordenó a todas las secciones de la Comintern que siguieran la misma línea . Esta política llevó a los dirigentes del Partido Comunista Francés a poner sus esperanzas en una existencia legal y la publicación de L’Humanité en la Francia ocupada . Estas sólo se disiparon cuando los militantes de base del PC fueron detenidos y fusilados en masa. Mientras , Pravda citaba declaraciones de la prensa nazi diciendo que el acuerdo con Rusia había permitido “ el desarrollo con éxito de la ofensiva [ alemana ] en occidente ” . (Pravda, 26/8/1940).
Los dueños del Kremlin pensaban realmente que iban a poder quedarse sentados disfrutando del espectáculo de Alemania y Gran Bretaña aporreándose mutuamente. Habiendo abandonado cualquier semblanza de una perspectiva revolucionaria internacionalista, estaban borrachos de ilusiones, mientras Hitler estaba preparando un golpe devastador contra ellos. Esto fue lo que desarmó a la Unión Soviética ante uno de sus enemigos más temibles. Desde el inicio de la segunda guerra mundial hasta junio de 1941, cuando Hitler atacó a Rusia, la Alemania nazi recibió un importante aumento de las exportaciones de la URSS. Entre 1938 y 1940, las exportaciones a Alemania aumentaron de 85,9 millones de rublos a 735,5 millones de rublos, lo que ayudó enormemente los esfuerzos de guerra de Hitler.
Consecuencias de las purgas
En contraste, en 1941, la URSS estaba en un estado lamentable para la guerra. Las purgas habían exterminado la mayor parte del Estado Mayor, incluyendo los oficiales de mayor talento. El perjuicio provocado por las purgas de Stalin no se limitaba solamente al potencial militar de la URSS. También representaron un golpe terrible a la economía. Esto lo reconocen hoy incluso aquellos que ayer justificaban las purgas y todo lo que hizo Stalin. En un estudio publicado por la Universidad de Yale, en aquel tiempo se llamaba la atención sobre los efectos dañinos de las purgas en la economía soviética. En el periódico del PC británico se informó de esto sin comentario a mediados de los años 80:
‘Es más, en las purgas de 1937-38 fueron encarcelados o ejecutados muchos de los administradores y científicos de la industria química más capaces’, escribe Robert Amann, ‘Para aquellos que no las sufrieron directamente, las purgas tuvieron un efecto entumecedor. Las penas por un fracaso eran tan extremas que se evitaban a toda costa las decisiones que implicaban riesgo, novedad e iniciativa personal’
‘Sería difícil exagerar hasta que punto las secuelas de estas actitudes han tenido un efecto nocivo sobre el desarrollo a largo plazo de la industria química, y sobre otras industrias soviéticas’. La industria de defensa tampoco quedó inmune: ‘A pesar de todo lo que la política de Stalin había desarrollado el potencial militar e industrial soviético, las purgas y la represión de los años 30 debilitaron enormemente la capacidad defensiva de la Unión Soviética’, escribe David Holloway. (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).
El principal factor que minó la capacidad de combate del Ejército Rojo al principio de la guerra fue la destrucción de sus mejores generales y cuadros en las purgas. La Revolución de Octubre había sacado a la luz a toda una capa de jóvenes oficiales de talento, algunos de ellos, como Tujachevski, Yakir y Gamir, eran estrategas militares brillantes. No es del conocimiento general que la teoría del Blitzkrieg ( “ guerra relámpago ” ) no fue una invención alemana. La Wehrmacht la copió de los rusos. Mucho antes de la guerra, cuando los jefes de los ejércitos británicos y franceses todavía estaban convencidos que la siguiente guerra sería una guerra de posiciones, como la primera guerra mundial, el genio de Tujachevski le llevó a la conclusión de que en la segunda guerra mundial se combatiría con tanques y aviones. Cuando Tujachevski y sus camaradas fueron asesinados en las purgas, ocuparon sus puestos los compinches de Stalin como Voroshilov , Timoshenko y Budyonny, ¡que pensaban que en la próxima guerra se iba a combatir con la caballería! Se puso al mando del Comisariado de Defensa al inepto y segundón Voroshilov , rodeado de otros del mismo jaez. Se promovió a estos compinches de Stalin a puestos clave no por sus habilidades personales sino por su lealtad servil a la camarilla dominante.
El antiguo general Grigorienko que sirvió en ese tiempo como profesor en la academia militar central soviética, recuerda el efecto desastroso de las purgas en la calidad de la formación militar: “ La academia acababa de dar los primeros pasos renqueantes cuando los juicios farsa de Tujachevski, Uborevich , Yakir y otros sembró la sospecha sobre todas las cosas planificadas por Tujachevski. Stalin veía la academia como un ‘centro militar anti-estalinista ’ y empezaron los pogroms. Las detenciones empezaron en el invierno de 1936 y se intensificaron en 1937. El personal instructor altamente cualificado reunido por Tujachevski fue casi completamente aniquilado.
“ Gente sin experiencia ni talento ocupaban las posiciones. A su vez, algunos de los nuevos profesores fueron arrestados, lo que asustó a los demás dejándolos con poco entusiasmo por sus nuevos empleos. Ya no se podían utilizar textos que habían sido escritos por ‘enemigos del pueblo’, los primeros profesores. Los nuevos profesores escribían apresuradamente resúmenes de sus clases, pero temerosos de ser acusados de tener puntos de vista contrarios a Stalin, llenaban sus lecciones de dogmas caprichosos ” . Y añade: “ Se dejó de lado la teoría de batalla en profundidad desarrollada ampliamente por Tujachevski, Yegorov, Uborevich y Yakir ” . (Grigorienko, op . cit., pp. 91-2).
Todo esto lo admitió Kruschev en 1956:
La aniquilación por parte de Stalin de muchos mandos militares y trabajadores políticos durante 1937-41 debido a su suspicacia y a través de acusaciones calumniantes, tuvo consecuencias muy graves, especialmente en relación al inicio de la guerra. Durante esos años, se instituyó represión contra ciertos sectores de los cuadros militares, empezando literalmente al nivel de jefe de batallón y compañía y extendiéndose hasta los centros militares más altos; durante este tiempo, cuadros dirigentes que habían conseguido experiencia militar en España y en el Lejano Oriente, fueron casi completamente eliminados.
La política de represión a gran escala contra los cuadros militares también minó la disciplina militar, ya que durante varios años se enseñó a oficiales de todos los rangos e incluso soldados en las células del partido y del Kómsomol a ‘desenmascarar’ a sus superiores como enemigos ocultos. (Movimiento en la sala). Es normal que esto provocase una influencia negativa en el estado de la disciplina militar en el primer período de la guerra.
Y, como vosotros sabéis, antes de la guerra teníamos cuadros militares excelentes que sin duda eran leales al Partido y a la Patria. Baste con decir que aquellos que consiguieron sobrevivir, a pesar de las fuertes torturas a las que fueron sometidos en las cárceles, demostraron ser auténticos patriotas desde los primeros días de la guerra y combatieron heroicamente por la gloria de la Patria; tengo en mente a camaradas como Rokossovsky (que como sabéis fue encarcelado), Gorbatov, Maretskov (que es delegado a este congreso), Podlas (fue un excelente comandante que murió en el frente), y muchos, muchos otros. Sin embargo, muchos de esos comandantes perecieron en los campos y prisiones y el ejército nunca volvió a verles. Todo esto provocó la situación que existía al inicio de la guerra y que era una gran amenaza a nuestra Patria. (Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).
Todavía existen muchas concepciones equivocadas en relación a la segunda guerra mundial, especialmente en lo que se refiere al papel de Stalin. Según Alec Nove (normalmente un comentarista bastante agudo sobre Rusia):
“el poder colosal de Alemania era superior al de Rusia y tenía a su disposición las industrias de la Europa ocupada. Sus ejércitos estaban bien equipados, y su equipo había sido probado en el campo de batalla. A pesar de sus enormes esfuerzos y sacrificios en la década anterior, la Unión Soviética se encontraba en desventaja económica y militar” (Alec Nove, AnEconomicHistoryofthe USSR, p. 273).
La verdad es que, en el momento del ataque nazi a la Unión Soviética, la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de la Wehrmacht. Sin embargo, las fuerzas soviéticas fueron rápidamente cercadas y diezmadas. Esta catástrofe sin precedentes no fue el resultado de la debilidad objetiva sino de la mala dirección. Habiendo destruido los mejores cuadros del Ejército Rojo, Stalin puso una confianza ciega tal en su “ astuta ” maniobra con Hitler, que ignoró los numerosos informes de que los alemanes estaban preparando un ataque. La zona fortificada de Minsk, una potente línea defensiva que se había construido en la frontera occidental de la URSS en previsión de un ataque alemán, fue demolida por orden de Stalin, presumiblemente como gesto de buena voluntad hacia Berlín. Grigorenko, que había trabajado antes de la guerra en la construcción de estas fortificaciones, describe sus sentimientos de indignación cuando fueron demolidas:
[Estas] fortificaciones tenían que haber protegido el despliegue de grupos de asalto e impedir cualquier intento del enemigo por romper su despliegue. Cuando el ejército atacase, las áreas fortificadas tenían que apoyar las tropas con fuego. En lugar de eso, nuestras zonas fortificadas occidentales no cumplieron ninguna de esas tareas. Fueron voladas sin haber disparado ni una sola vez contra el enemigo.
No sé cómo los historiadores del futuro explicarán este crimen contra nuestro pueblo. Los historiadores contemporáneos lo ignoran. Yo mismo no puedo dar ninguna explicación. El gobierno soviético exprimió miles de millones de rublos (según mis cálculos no menos de 120 mil millones) del pueblo para construir fortificaciones inexpugnables a lo largo de toda la frontera occidental, del mar Báltico al mar Negro. Entonces, justo antes de la guerra en la primavera de 1941, tronaron enormes explosiones a lo largo de los 1.200 kilómetros de estas fortificaciones. Siguiendo órdenes personales de Stalin se volaron por los aires búnquers y semibunquers de cemento, fortificaciones con una, dos o tres aspilleras, puestos de mando y de observación – decenas de miles de fortificaciones permanentes. No se podía haber hecho un regalo mayor al plan Barbarossa de Hitler.” (Grigorenko, op. cit., énfasis en el original).
Si no hubiese sido por las acciones criminales de Stalin, el ataque alemán no hubiese pillado a la URSS por sorpresa, tal y como explicó Kruschev:
¿Teníamos tiempo y capacidad para tales preparativos? Sí, teníamos el tiempo y la capacidad. Nuestra industria ya estaba tan desarrollada que era capaz de suministrar completamente al ejército soviético todo lo que necesitaba. Esto queda demostrado por el hecho de que, aunque durante la guerra perdimos casi la mitad de nuestra industria y zonas importantes para la producción industrial y alimentaria como resultado de la ocupación enemiga de Ucrania, el norte del Cáucaso y otras partes occidentales del país, la nación soviética todavía era capaz de organizar la producción del equipo militar necesario en las partes orientales del país, instalar allí el equipo sacado de las zonas industriales occidentales y suministrar a nuestras fuerzas armadas todo lo que era necesario para destruir al enemigo.
Si se hubiese movilizado correctamente y a tiempo a nuestra industria para suministrar al ejército el material necesario, nuestras pérdidas en la guerra hubieran sido decididamente mucho menores. Pero esa movilización no había empezado a tiempo. Y ya en los primeros días de la guerra quedó claro que nuestro ejército estaba mal armado, no tenía artillería, tanques y aviones suficientes como para repeler al enemigo.
La ciencia y la tecnología soviéticas produjeron modelos de tanques y piezas de artillería excelentes antes de la guerra. Pero no se organizó su producción en masa, y, de hecho, empezamos a modernizar nuestro equipo de guerra sólo en su víspera. Como resultado, cuando el enemigo invadió la tierra soviética no teníamos cantidades suficientes ni de la vieja maquinaria que ya no se utilizaba para la producción de armamento, ni de la nueva maquinaria que habíamos planificado introducir en la producción de armamento.
La situación en relación a la artillería antiaérea era especialmente mala; no organizamos la producción de munición antitanque. Muchas regiones fortificadas demostraron ser indefendibles tan pronto como fueron atacadas, porque se habían retirado las viejas armas y las nuevas todavía no estaban disponibles. Esto se aplicaba, por desgracia, no sólo a los tanques, artillería y aviones. En el momento de estallar la guerra no teníamos suficientes rifles para armar al potencial humano movilizado. Recuerdo que en aquellos días llamé al camarada Malenkov desde Kiev y le dije: ‘La gente se presenta voluntaria para el nuevo ejército y exigen armas. Tenéis que mandarnos armas’.
Malenkov me respondió: ‘No podemos enviaros armas. Estamos enviando todos nuestros rifles a Leningrado y tenéis que armaros vosotros mismos’. (Movimientos en la sala).
Esa era la situación del armamento. (Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).
A pesar del hecho de que la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de los alemanes, las purgas la habían desarbolado. Este fue el elemento decisivo que convenció a Hitler para atacar en 1941. En el juicio de Nuremberg, el mariscal Keitel testificó que muchos generales alemanes habían advertido a Hitler que no atacase a Rusia, argumentando que era un adversario formidable. Rechazando estas advertencias, Hitler dio a Keitel su principal razón – “ Los oficiales de alto rango y de primera clase fueron barridos por Stalin en 1937, y la nueva generación aún no puede proporcionarle los cerebros indispensables ” . El 9 de enero de 1941, Hitler dijo en una reunión de generales nazis planeando el ataque a la URSS: “ No tienen buenos generales ” . (Medvedev,op . cit., p. 242).
“ Nuestra derrota inicial ” , escribe Grigorenko, “ fue provocada por aquellos [que estaban] en las posiciones más altas. Miles de mandos capaces del ejército habían sido purgados, nuestros aeródromos fronterizos estaban pobremente desarrollados, teníamos defensas antiaéreas totalmente inadecuadas, nuestros tanques y defensas antitanques habían sido reducidas drásticamente (por capricho de Stalin) inmediatamente antes de la guerra, nuestras zonas fortificadas habían sido voladas, y nuestras tropas habían sido entrenadas sobre la base de una época de paz. No estábamos preparados. Pagamos por esta criminal falta de preparación durante y después de la guerra. Yo señalé a Stalin como principal culpable, pero también mencioné a Voroshilov, Timoshenko, Golokov y Zhukov. No se podía culpar de nuestros fracasos a los fascistas, sino a nosotros mismos ” (Grigorenko, op . cit., p. 332).
‘Para los archivos’
A mediados de junio de 1941 Hitler había concentrado enormes cantidades de recursos militares en la frontera soviética. Se desplazaron cuatro millones de tropas alemanas en la frontera preparadas para invadir. También había 3.500 tanques, unos 4.000 aviones y 50.000 cañones y morteros. Se intentó mantener todos estos preparativos en secreto, pero dado su tamaño, se enviaron al gobierno soviético numerosos informes de unidades fronterizas por los servicios de inteligencia soviéticos e incluso de oficiales de los gobiernos de los EEUU y británico. Stalin se negó a actuar sobre la base de estos informes; en lugar de eso escribió sobre ellos “ para los archivos ” , y “ para archivar ” . Todo esto lo confirmó el general Zhukov en sus Reminiscencias y reflexiones. Cuando el mando militar soviético pidió permiso para poner las tropas soviéticas en alerta, Stalin se negó. Se negaba a creer que Hitler invadiría. “ Cada vez más aeroplanos entraban en el espacio aéreo soviético ” , informa el mariscal del aire A. Novikov, “ pero no se nos permitía detenerlos ” . (Citado en Medvedev, Que juzgue la historia, p. 332).
En su discurso al 20 Congreso del PCUS, Kruschev señaló que el 3 de abril de 1941, Churchill, a través de su embajador en la URSS, el ministro británico Stafford Cripps, advirtió personalmente a Stalin que los alemanes habían empezado a reagrupar sus unidades armadas con la intención de atacar a la Unión Soviética. Churchill afirmó en sus escritos que trató de “ advertir a Stalin y llamarle la atención sobre el peligro que le amenazaba. ” Churchill insistió repetidamente en sus comunicaciones del 18 de abril y de los días siguientes.
“Sin embargo”, dijo Kruschev, “Stalin no tomó en cuenta estas advertencias. Es más, Stalin ordenó que no había que dar credibilidad a información de este tipo, para no provocar el inicio de las operaciones militares.
“Tenemos que afirmar que información de este tipo en relación a la amenaza de una invasión armada alemana del territorio soviético estaba llegando también desde nuestras propias fuentes diplomáticas y militares; sin embargo, debido a que la dirección estaba condicionada contra este tipo de información, estos datos eran enviados con miedo y valorados con reserva.
“Así, por ejemplo, información enviada desde Berlín el 6 de mayo de 1941, por parte del agregado militar soviético, capitán Vorontsov, decía: ‘el ciudadano soviético Bozer… comunicó al viceagregado naval que, según una declaración de cierto oficial alemán del cuartel general de Hitler, Alemania se está preparando para invadir la URSS el 14 de mayo a través de Finlandia, los países bálticos y Letonia. Al mismo tiempo, Moscú y Leningrado serán bombardeadas severamente y se enviarán paracaidistas a las ciudades fronterizas…’
“En su informe del 22 de mayo, 1941, el viceagregado militar en Berlín, Khlopov comunicó que: ‘… se informa que el ataque del ejército está planificado para el 15 de junio, pero es posible que empiece en los primeros días de junio…’
“Un telegrama de la Embajada de Londres fechado el 18 de junio, 1941, declaraba: ‘Ahora Cripps estaba profundamente convencido de la inevitabilidad de un conflicto armado entre Alemania y la URSS, que empezará antes de mediados de junio. Según Cripps, los alemanes actualmente han concentrado 147 divisiones (incluyendo fuerza aérea y unidades de servicio) a lo largo de las fronteras soviéticas…’
“A pesar de estas advertencias especialmente graves, no se tomaron los pasos necesarios para preparar adecuadamente al país para la defensa e impedir que se le tomase por sorpresa”
Y de nuevo:
“En relación a esto, no podemos olvidar, por ejemplo, el siguiente hecho: Poco antes de la invasión de la Unión Soviética por el ejército de Hitler, Kirponos, que era el jefe del Distrito Militar Especial de Kiev (más tarde murió en el frente), escribió a Stalin que los ejércitos alemanes estaban en el río Bug, donde estaban preparando un ataque frontal y que en un futuro próximo probablemente empezarían su ofensiva. En relación a esto, Kirponos propuso que se organizase una fuerte defensa, que se evacuase a 300.000 personas de las zonas fronterizas y que se organizaran varios puntos fuertes: búnquers antitanque, trincheras para los soldados, etc.
“Moscú respondió a esta propuesta con la afirmación que esto sería una provocación, que no se debía de realizar ningún trabajo defensivo preparatorio en las fronteras, que no se tenía que dar ningún pretexto a los alemanes para iniciar una acción militar contra nosotros. Así, nuestras fronteras estaban insuficientemente preparadas para repeler al enemigo. Cuando los ejércitos fascistas invadieron el territorio soviético y empezaron las operaciones militares, Moscú ordenó no responder al fuego alemán. ¿Por qué? Porque Stalin, a pesar de los hechos evidentes, pensaba que la guerra no había empezado todavía, que eso era sólo una acción provocadora por parte de sectores indisciplinados del ejército alemán, y que una reacción podría servir a los alemanes para empezar la guerra.
“También conocemos el siguiente hecho: En la víspera de la invasión del territorio de la Unión Soviética por parte del ejército de Hitler, un cierto ciudadano alemán cruzó la frontera y declaró que los ejércitos alemanes habían recibido la orden de empezar la ofensiva contra la Unión Soviética en la noche del 22 de junio a las 3 en punto. Stalin fue informado de esto, pero incluso esta advertencia fue ignorada.
“Como veis, todo fue ignorado: avisos de ciertos mandos del ejército, declaraciones de desertores del ejército enemigo, e incluso la hostilidad abierta del enemigo. ¿Es esto un ejemplo del estado de alerta del jefe del Partido y del Estado en este momento histórico particularmente significativo? Y, ¿cuáles fueron los resultados de esta actitud descuidada, de este desprecio hacia hechos claros? El resultado fue que, ya en las primeras horas y días, el enemigo había destruido en nuestras regiones fronterizas gran parte de nuestras Fuerzas Aéreas, artillería y otro equipo militar; aniquiló gran cantidad de nuestros cuadros militares y desorganizó nuestra dirección militar; como consecuencia no pudimos impedir que el enemigo se adentrase profundamente en el país.”(Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).
Increíblemente no había planes de defensa preparados para el caso de un ataque alemán. Muchos tanques soviéticos estaban sin personal. Incluso cuando Hitler ya había lanzado la ofensiva, Stalin ordenó al Ejército Rojo que no se resistiera. Así, las poderosas fuerzas armadas soviéticas quedaron paralizadas las primeras 48 críticas horas. La Fuerza Aérea Roja fue destruida en tierra. Debido a esta confusión y parálisis por arriba, se perdieron enormes superficies de territorio en las primeras semanas. Millones de soldados soviéticos fueron capturados sin apenas resistencia. No hay duda de que, con una dirección adecuada, se hubiera podido rechazar a los invasores alemanes hacia Polonia al inicio de la guerra. Se habría infligido una derrota decisiva a Hitler ya en 1941. La guerra se hubiera podido acabar mucho antes, evitando las horribles pérdidas sufridas por Bielorrusia, Rusia occidental y Ucrania. La pesadilla que sufrieron los pueblos de la URSS fue el resultado directo de la política irresponsable de Stalin y su camarilla.
Stalin temía la guerra con Alemania porque tenía miedo que podía llevar a su derrocamiento. Estaba especialmente temeroso del ejército. Después de la desastrosa campaña de Finlandia en 1939-40, ordenó la liberación de miles de oficiales que habían sido encarcelados durante las purgas, pero Medvedev resalta que incluso en “ 1942, ordenó que en los campos de reclusión fuesen fusilados nutridos grupos de oficiales de alta graduación; los consideraba una amenaza para sí mismo, en el caso de que se produjesen acontecimientos desfavorables en el frente germano-soviético ” (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 342).
Después de la guerra se hicieron arduos esfuerzos en el Kremlin para extender el mito de Stalin como el “ gran líder en la guerra ” . Esto no resiste el más mínimo examen. Ya hemos visto cómo la política de Stalin dejó a la URSS a merced de Hitler. Cuando Hitler invadió, los dirigentes soviéticos estaban totalmente desorganizados. Stalin inicialmente entró en pánico y se escondió. Sus acciones equivalen a una capitulación total. A pesar de esto se concedió el título de ‘generalísimo’ y embelleció su papel en la Gran Guerra Patria. Pero Kruschev reveló la auténtica situación en los siguientes términos:
“Sería incorrecto olvidar que, después del primer desastre importante y derrota en el frente, Stalin pensó que eso era el fin. En uno de sus discursos en esos días dijo: ‘Todo lo que Lenin creó lo hemos perdido para siempre’. Después de esto Stalin no dirigió las operaciones militares durante un largo período de tiempo y dejó de hacer nada en absoluto. Volvió a la dirección activa sólo cuando algunos miembros del Bureau Político le visitaron y le dijeron que era necesario tomar algunos pasos inmediatamente para mejorar la situación en el frente.
“Por lo tanto, el peligro amenazante que se cernía sobre nuestra Patria en el primer período de la guerra se debió en gran medida a los métodos erróneos de dirección de la nación y el partido por parte del propio Stalin. Sin embargo, no hablamos sólo del momento en que empezó la guerra, que llevó a una importante desorganización de nuestro ejército y nos infligió pérdidas graves. Incluso después del inicio de la guerra, el nerviosismo y la histeria demostrados por Stalin, interfirieron con las operaciones militares, causando un daño importante a nuestro ejército.
“Stalin estaba muy lejos de entender la situación real que se estaba desarrollando en el frente. Esto era natural ya que, durante toda la Guerra Patria, nunca visitó ningún sector del frente ni ninguna ciudad liberada excepto un breve viaje por la autopista de Mozhaisk durante un período de estabilización del frente. A este incidente se dedicaron muchas obras literarias llenas de fantasías de todo tipo y muchos cuadros. Simultáneamente, Stalin interfería en las operaciones, sacando órdenes que no tenían en consideración la situación real en el frente y que no ayudaban sino que provocaban enormes pérdidas de personal.
“En relación a esto me permitiré mencionar un hecho característico que ilustra cómo Stalin dirigía las operaciones en los frentes. En este congreso está presente el mariscal Bagramian, que fue el jefe de operaciones en los cuarteles generales del frente sur-occidental y que puede corroborar lo que voy a deciros.
“En 1942, cuando se desarrolló una situación excepcionalmente grave para nuestro ejército en la región de Kharkov, nosotros habíamos decidido correctamente abandonar una operación cuyo objetivo era el de cercar Kharkov, porque la situación real en aquel momento hubiera puesto en peligro nuestro ejército con consecuencias fatales si continuábamos con la operación. Le comunicamos esto a Stalin, declarando que la situación exigía cambios en los planes de operaciones de tal manera que se pudiera impedir al enemigo liquidar una concentración importante de nuestro ejército. Pero contra todo sentido común, Stalin rechazó nuestra sugerencia y publicó la orden de continuar con la operación de cercar Kharkov, a pesar de que en ese momento muchas concentraciones del ejército estaban bajo peligro de ser rodeadas y liquidadas ellas mismas.
“Llamé a Vasilevsky y le supliqué: ‘Alexander Mijailovich, toma un mapa’ – Vasilevsky está presente aquí – ‘y muéstrale al camarada Stalin la situación que se ha desarrollado’. Tenemos que hacer notar que Stalin planificaba las operaciones en un globo terrestre. (Animación en la sala). Sí, camaradas, solía tomar el globo y trazar en él la línea del frente.”(Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).
Cientos de miles de soldados soviéticos fueron capturados en los primeros días de la guerra. Las pérdidas que sufrió más tarde el ejército soviético fueron mucho peores debido a la insistencia de Stalin en ataques frontales, independientemente del coste en vidas. Cuando el Ejército Rojo contraatacó a finales de 1941, en lugar de tratar de sobrepasar al enemigo por los flancos con maniobras tácticas, Stalin exigió la toma de una ciudad tras otra. “ Debido a esto, ” explicó Kruschev, “ pagamos con grandes pérdidas, hasta que nuestros generales, sobre cuyas espaldas descansaba todo el peso de la dirección de la guerra, consiguieron dar la vuelta a la situación cambiando a operaciones flexibles de maniobra, lo que inmediatamente produjo cambios importantes en el frente a nuestro favor ” . (Ibid.)
A finales de noviembre de 1941 la retirada soviética había provocado la pérdida de un territorio que contenía el 63 por ciento de toda la producción de carbón, el 68 por ciento del hierro, el 58 por ciento de acero, el 60 por ciento de aluminio, el 41 por ciento de las líneas férreas, el 84 por ciento del azúcar, el 38 por ciento del grano, y el 60 por ciento de los cerdos. Algunos centros importantes, especialmente Leningrado estaban aislados en la práctica. Enormes suministros de materiales básicos y equipamiento fueron cortados, y muchos otros fueron puestos en peligro por el raudo avance alemán. Enfrentado a la perspectiva de una derrota y derrocamiento inminente, Stalin, muy a su pesar, sustituyó a sus marionetas sin talento e incompetentes por otros mandos más capaces, algunos de ellos sacados de la cárcel con ese objetivo:
Después de temer por su vida y estar amenazado con una pérdida total de poder, comprendió que necesitaba especialistas para dirigir una guerra con éxito, y en su búsqueda incluso recurrió a aquellos que habían sido detenidos. Se liberó a hombres de la cárcel para enviarlos a altos puestos de mando, Rokosovsky y Gorbatov entre otros; pero esto, por supuesto, no solucionó todo el problema. Era imposible rellenar con ladrillos individuales el enorme agujero que la loca actividad terrorista de Stalin había dejado en la dirección de las fuerzas armadas. (Grigorenko, op. cit., p. 221)
Cambia la marea
En condiciones de guerra, se desarrolló rápidamente un nuevo alto mando. La nueva generación de oficiales soviéticos se formó bajo el fuego. Estos salieron de entre los oficiales más jóvenes que habían sido formados en las tradiciones de la Revolución de Octubre y la guerra civil. Los Voroshilovs y Budyonnys fueron apartados discretamente. Se liberó a hombres que habían sido encarcelados durante las purgas para tomar el mando del Ejército Rojo. Estos oficiales de talento eran el resultado de la escuela revolucionaria del genio militar de Tujachevski. Ellos dirigieron el Ejército Rojo en el avance más espectacular en la historia de la guerra. Así, no sólo en la esfera económica, sino también en el terreno del talento militar, la Revolución demostró lo que era capaz de hacer. Basta con comparar el comportamiento del Ejército Rojo con el de las fuerzas zaristas en 1914-17 para ver la diferencia. La brillante victoria de Rusia en la guerra fue, en sí misma, la confirmación más destacada de la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía capitalista.
Después de arrastrar los pies en un primer momento, el gobierno soviético evacuó recursos humanos y materiales a escala gigantesca. De julio a noviembre de 1941, se sacaron y desplazaron físicamente de las zonas amenazadas más de 1.523 fábricas industriales, de las cuales 1.360 fueron descritas como a gran escala. Esto fue una gesta increíble, sin igual en la historia de la guerra. Con el avance alemán, decenas de millones de personas se desplazaron hacia el Este. La economía soviética sin embargo sufrió duros golpes. Para noviembre de 1941 más de trescientas fábricas de armamento habían sido tomadas por los alemanes. En el mismo año 1941, la producción industrial fue sólo un 51,7 por ciento de la de noviembre de 1940. Entre 1940 y 1942 se produjo una caída masiva en la producción. La producción de hierro cayó (en millones de toneladas) de 14,9 a 4,8; la de acero de 18,3 a 8,1; los productos de tren de laminado de 13,1 a 5,4; el carbón de 165,9 a 75,5; la de petróleo de 31,1 a 22; y la electricidad (en miles de millones de kw /h) de 48,3 a 29,1. En 1942 los alemanes habían ocupado el norte del Cáucaso y la cuenca del Don lo que le costó a la URSS las mejores zonas de grano que le quedaban y los yacimientos petrolíferos de Maikop, y durante un período se detuvo el suministro vital de petróleo de Baku . Las cosechas quedaron devastadas. Sólo en marzo de 1942 ¾ a pesar de la continuación de las derrotas y retiradas – empezó a recuperarse la producción de manera sostenida.
Engels en una ocasión explicó que en una economía sitiada, las leyes del capitalismo ya no se aplican. Enfrentada a un dilema de vida o muerte, la burguesía recurrirá a medidas de planificación, centralización y nacionalización. Este hecho por sí sólo es una respuesta aplastante a todos aquellos que proclaman a los cuatro vientos la supuesta superioridad del mercado. Por cierto, durante la segunda guerra mundial los niveles de vida aumentaron en Gran Bretaña y los EEUU , a pesar de la enorme cantidad de la producción que se dedicó a la economía de guerra. Así, incluso en occidente, no se dudaba de las ventajas de la planificación centralizada durante la guerra (parcial, por supuesto, ya que la auténtica planificación no es posible en una economía capitalista). Pero en el caso de la Unión Soviética, la superioridad abrumadora de la economía planificada quedó demostrada contundentemente, especialmente cuando se la sometió a la prueba más dura de todas, la sangrienta ecuación de la guerra.
Se dio la vuelta a la situación de manera espectacular, lo que fue la clave para la victoria. Se reorganizó la industria de guerra y se puso sobre unos cimientos más sólidos. Se liberó a especialistas de los campos de trabajo de Stalin para trabajar en las industrias de guerra. En 1940 se dedicaba el 15 por ciento de la renta nacional a gastos militares. En 1942 la cifra había aumentado hasta el 55 por ciento. Según Nove, “ quizás la más alta que nunca se haya alcanzado en ninguna parte ” . La economía nacionalizada fue la que lo hizo posible. Tal y como Nove explica: “ Sin duda la experiencia de la planificación centralizada en los diez años anteriores fue de gran ayuda. En el proceso de controlar más de cerca los recursos, el gobierno recurrió a planes trimestrales e incluso mensuales, mucho más detallados que en tiempo de paz.
“La práctica de balances materiales se utilizó con éxito para distribuir los materiales y combustible disponibles para usos alternativos de acuerdo con las decisiones del todo poderoso Comité Estatal de Defensa. En agosto de 1941 se adoptó un plan de guerra de emergencia que cubría el resto de ese año y 1942. A partir de entonces hubo planes económicos militares anuales, junto a algunos planes a más largo plazo, incluyendo uno para la región de los Urales que cubría los años 1943-47”. (Nove. op. cit., pp 278-9). Estos pocos hechos son suficientes para demostrar la enorme superioridad de la economía soviética.
No sólo la industria soviética fue capaz de producir una enorme cantidad de equipos militares, sino que los tanques, aviones y cañones eran de gran calidad, y se podían comparar favorablemente con sus equivalentes alemanes. Esto, junto a la determinación de la clase obrera soviética de defender los logros de la Revolución, fue lo que determinó el resultado del conflicto, y en última instancia de la segunda guerra mundial en Europa, que fue en la práctica un duelo titánico entre la URSS y la Alemania nazi. Aunque Hitler tenía una gran ventaja al inicio de la guerra y tenía todos los recursos de la Europa ocupada a su disposición, fue derrotado. Ante los atónitos ojos del mundo, el Ejército Rojo se recuperó de lo que para cualquier otro país hubiera sido un golpe mortal, se reagrupó, y contraatacó, empujando al ejército alemán hasta Berlín.
Aunque la marea militar empezó a cambiar muy a finales de 1942, el territorio recuperado muchas veces añadía poco a la potencia económica soviética. Los nazis aplicaban una política de tierra quemada. Así, en 1943, el producto industrial bruto de la Ucrania soviética era sólo el 1,2 por ciento del de 1940. A pesar de eso, las masas soviéticas estaban combatiendo en una guerra de liberación contra los invasores nazis. Si los ejércitos nazis ganaban, hubiera sido un resultado horroroso para el pueblo ruso. Esto fue lo que le dio al Ejército Rojo la moral de combate para derrotar a Hitler. El ejército alemán fue finalmente detenido en Stalingrado. La batalla de Kurks marcó el punto de inflexión en el frente oriental. Esta fue sin duda la batalla más decisiva de la guerra. En una lucha titánica con más de 10.000 tanques por bando, el Ejército Rojo salió victorioso.
A propósito, durante todo este tiempo el ejército británico estaba estacionado en Persia, justo en la frontera de la URSS. Stalin le pidió a Churchill enviar las tropas británicas que no estaban haciendo nada a ayudar al Ejército Rojo en el Frente Oriental. Su ‘aliado’ británico amablemente contrapropuso al generalísimo que las tropas rusas que estaban frente a las suyas al otro lado de la frontera se retirasen del frente, mientras el ejército británico muy amablemente les guardaría la frontera en su lugar. En realidad, Churchill estaba esperando la derrota del Ejército Rojo, para poder ordenar al ejército británico la toma de Baku con su riqueza en petróleo, siguiendo la misma política que cuando el ejército británico invadió el Cáucaso durante la guerra civil. ¡Incluso Stalin podía entenderlo!
El resultado final fue que ambos bandos se mantuvieron en sus posiciones, mientras que las batallas más decisivas de la guerra se libraban en suelo soviético. Desgraciadamente para Churchill, la batalla acabó con la victoria del Ejército Rojo que avanzó rápidamente hacia el corazón de Europa. Los alemanes fueron repelidos, aunque, como consecuencia de la política loca de Stalin, las pérdidas rusas fueron aterradoras. La explicación para esto es más política que militar. Si la Unión Soviética hubiera tenido una política internacionalista, haciendo un llamamiento a los obreros alemanes a derrocar a Hitler, esto hubiera tenido repercusiones importantes, especialmente después de las primeras derrotas alemanas. La perspectiva de una Alemania socialista unida en una federación con la Rusia soviética indudablemente hubiera encontrado un eco en las mentes y corazones de los obreros y soldados alemanes.
De esta manera hubiera sido posible evitar los costes terribles que sufrió el Ejército Rojo en su avance hacia Berlín. La victoria se podía haber conseguido antes y con un coste mucho menor. Pero Stalin siguió una política de carácter totalmente chovinista. Reflejando esta política, Ilya Ehrenburg declaró que “ si los obreros alemanes nos reciben con banderas rojas, ellos serán los primeros en ser fusilados ” . Una política de este tipo garantizaba que el ejército alemán lucharía desesperadamente por cada palmo de terreno. Esto explica las horribles pérdidas humanas en ambos bandos.
Como consecuencia de un error de cálculo enorme de las potencias occidentales, fueron los rusos y no los aliados los primeros en llegar a Berlín. Trotski explicó que el principal peligro para la economía planificada y nacionalizada no era tanto una derrota militar como los bienes de consumo baratos que llegarían en el tren del equipaje de un ejército imperialista. Lo que pasó fue que los ejércitos de Hitler no trajeron bienes de consumo baratos sino cámaras de gas. Como resultado, no sólo la clase obrera, sino también los campesinos lucharon como tigres para defender la Unión Soviética. La victoria de la URSS en la guerra fue uno de los principales factores que permitió la supervivencia del régimen estalinista durante décadas después de 1945. Para los obreros de Rusia y del mundo, parecía que la burocracia estaba jugando un papel progresista, no sólo defendiendo la economía planificada contra Hitler, sino extendiendo las formas de propiedad nacionalizadas a Europa del Este, y, más tarde, a China. En realidad, estas revoluciones empezaron donde la Revolución Rusa había acabado: como regímenes de bonapartismo proletario monstruosamente deformados. La creación de estos regímenes, lejos de debilitar a la burocracia de Moscú, la fortaleció enormemente durante todo un período histórico.
Las maniobras de Stalin
Los planes de los poderes imperialistas les habían salido al revés. Churchill había cometido un grave error de cálculo, pero también Stalin, Hitler y Roosevelt. Hitler pensó que podría romper fácilmente la resistencia soviética. El general Halder, jefe del Estado Mayor alemán, esperaba que la URSS sería derrotada en cuatro semanas. Von Ribbentrop, el ministro de exteriores alemán, pensaba que lo sería en ocho semanas, y el Departamento de Estado de EEUU le daba entre 4 y 12 semanas. Los militares británicos le concedían seis semanas como máximo. Sin embargo la guerra – a pesar del régimen de Stalin y de los terribles sacrificios – demostró, más allá de toda duda, la viabilidad de las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la Revolución de Octubre.
La victoria de la URSS hizo añicos las perspectivas de los Aliados que en un primer momento habían pensado que la Alemania nazi y la Rusia de Stalin se aporrearían mutuamente hasta quedar agotadas. Entonces ellos entrarían en escena para llevarse el botín. En palabras de Harry Truman: “ Si vemos a Alemania ganar la guerra, deberíamos ayudar a Rusia, y si vemos que Rusia va ganando, deberíamos ayudar a Alemania, y de esa manera dejarles que maten a cuantos más mejor ” (Citado en, The Free World Colossus, por D. Horowitz, p. 61).
El primero de mayo de 1945 la bandera roja ondeaba sobre el Reichstag en Berlín. Pocos días más tarde, el Alto Mando alemán se rendía. Pero los imperialistas ya estaban maniobrando contra la URSS. El lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki por parte de los americanos, en un momento en que Japón ya estaba claramente derrotado y buscando la paz, no jugaba ningún papel militar, era una clara advertencia para la URSS de parte de sus ‘aliados’.
Stalin intentó llegar a un acuerdo con los poderes imperialistas entre 1944 y 1945 en las “ Conferencias de los Tres Grandes ” en Teherán, Moscú, Yalta y Postdam . Churchill anotó su conversación con Stalin en octubre de 1944:
El momento era bueno para hacer tratos así que dije: ‘vamos a solucionar las cosas en los Balcanes. Sus ejércitos están en Rumanía y Bulgaria. Nosotros tenemos intereses, misiones y agentes ahí. No nos peleemos por pequeñeces. Así que por lo que se refiere a Gran Bretaña y Rusia, ¿que le parecería si ustedes se quedan con el control del 90 por ciento de Rumanía, para nosotros un 90 por ciento de control digamos en Grecia y vamos al 50-50 en Yugoslavia?’ Mientras esto se traducía escribí en un trozo de papel:
Rumanía: Rusia 90 por ciento
Los otros 10 por ciento
Grecia: Gran Bretaña (de acuerdo con EEUU) 90 por ciento
Rusia 10 por ciento
Yugoslavia: 50-50 por ciento
Hungría: 50-50 por ciento
Bulgaria: Rusia 75 por ciento
Los otros 25 por ciento
Lo empujé hacia Stalin, que para entonces ya había oído la traducción. Hubo una pequeña pausa. Entonces cogió su lápiz azul y hizo una marca sobre él, y nos lo pasó de vuelta. Todo había quedado arreglado en menos tiempo que el que se tarda para escribirlo… Después de eso hubo un largo silencio. El papel con la marca estaba en el centro de la mesa. Al final dije: ‘¿acaso no se pensaría que es un poco cínico si parece que hemos determinado estos temas, el destino de millones de personas, de una manera tan ligera? Quememos el papel’. “No quédatelo tú’, dijo Stalin. (W. Churchill, Triumph and Tragedy, pp. 227-8).
De esta manera ciertos países caían bajo la esfera de influencia del estalinismo o de los imperialistas. Stalin se lavó las manos de la revolución en Grecia. Al líder partisano yugoslavo Milovan Djilas le dijo: “ El levantamiento revolucionario de Grecia tendrá que replegarse… hay que detenerlo, y lo antes posible ” . (M Djilas , Conversaciones con Stalin, p. 140-1). Y según Churchill, “ Stalin se adhirió estricta y fielmente a nuestro acuerdo de octubre y en todas las largas semanas de combatir a los comunistas en las calles de Atenas no hubo ni una sola palabra de reproche en Pravda o Izvestia” . Stalin quería que Mao llegase a un modus vivendi con Chiang Kai- shek . En Yugoslavia Stalin estaba a favor de la restauración de la monarquía del rey Pedro.
Tal y como Trotski había anticipado, la guerra acabó en una oleada revolucionaria, con los obreros de los países avanzados orientándose hacia el socialismo y el impresionante despertar de las masas coloniales. Pero este poderoso movimiento de millones fue descabezado, en el continente europeo por los estalinistas y en Gran Bretaña por el gobierno laborista. En muchas partes de la Europa ocupada, los partidos comunistas habían ganado un apoyo de masas como resultado del papel heroico de los obreros de los partidos comunistas en la resistencia contra los nazis después de 1941.
Las masas miraban hacia los partidos comunistas buscando una salida revolucionaria después de las lecciones sangrientas de la guerra. Pero Stalin tenía otras ideas. Siguiendo instrucciones de Moscú, los dirigentes de los partidos comunistas entraron en gobiernos de coalición burgueses en Francia, Italia, Bélgica y Finlandia para bloquear el movimiento revolucionario de los obreros. El hecho de que la clase obrera en los países capitalistas avanzados no tomase el poder, fue la premisa política para la recuperación subsiguiente y el auge de la posguerra. También moldeó y predeterminó el destino de las revoluciones que se dieron en los países coloniales.
Europa del Este después de la guerra
Como Trotski había sugerido de manera tentativa en su último trabajo, el régimen de bonapartismo proletario en Rusia se prolongó durante décadas. Este fue el resultado, en primer lugar, de la victoria de la URSS en la segunda guerra mundial, un acontecimiento que cambió radicalmente la correlación de fuerzas a escala mundial. En segundo lugar, la extensión de la revolución a Europa del Este con métodos bonapartistas significó el establecimiento, no de Estados obreros sanos como el de octubre de 1917, sino Estados obreros monstruosamente deformados a imagen y semejanza del Moscú de Stalin.
En Europa, la victoria de Rusia en la guerra y el levantamiento de las masas después de la derrota del fascismo italo -alemán también provocó una enorme oleada revolucionaria que amenazaba con barrer el capitalismo en todo el continente. Sin embargo, la victoria de Rusia en la guerra tuvo consecuencias complejas y contradictorias. Temporalmente, pero durante todo un período histórico, el estalinismo había salido enormemente fortalecido. La destrucción terrible y el derramamiento de sangre al que había sido sometida la URSS la dejaron agotada y debilitada, mientras que la economía de los EEUU estaba intacta y de hecho, América había alcanzado el punto álgido de su poderío militar y económico. Pero debido al estado de ánimo de los pueblos y la correlación de fuerzas de clase a escala mundial, los imperialistas eran incapaces de empezar una nueva guerra contra Rusia.
La intervención a una escala similar a la que siguió a la primer guerra mundial era imposible. Al contrario, los Aliados se vieron obligados a tragarse la hegemonía rusa en Europa del Este y en partes de Asia, cosa que no hubieran estado dispuestos a conceder ni siquiera al zarismo reaccionario. La burocracia rusa había conseguido la dominación sobre un territorio mucho mayor que los sueños más descabellados de la Rusia de los zares.
El proceso por el cual se derrocó al capitalismo en Europa del Este, y por el que se extendió el estalinismo, se desarrolló de una manera peculiar, tal y como explicó el autor de la presente obra en documentos publicados en aquel entonces. Las fuerzas conquistadoras del Ejército Rojo llenaron el vacío del poder estatal en Europa del Este después de la derrota de los nazis y sus colaboradores. La débil burguesía de estas áreas había sido exterminada en gran parte, absorbida como colaboradores por el imperialismo alemán o reducida a socios de segunda categoría de los nazis durante los años de la guerra. La burguesía había sido relativamente débil en Europa del Este incluso antes de la guerra, ya que los estados de esta región eran en gran medida semi-colonias de las grandes potencias de manera similar a los estados Suramericanos . Los regímenes de preguerra sufrían una crisis crónica debido a la balcanización de la zona y la incapacidad de la clase dominante para resolver los problemas de la revolución democrático burguesa . Casi todos ellos eran dictaduras policíaco-militares débiles sin raíces reales entre las masas.
La victoria de Rusia durante la guerra provocó indudablemente un levantamiento entre las masas, rápidamente en unos países, más tarde en otros. La revolución socialista estaba a la orden del día. Esto era peligroso no sólo para la burguesía sino también para el Kremlin, que veía cualquier movimiento independiente de los obreros como una amenaza. Para impedir que los obreros llevasen a cabo la revolución socialista en las líneas de Octubre , sus agentes proclamaban que la situación no estaba madura para la revolución socialista. En lugar de eso proclamaron el establecimiento de Democracias Populares. La burocracia consiguió sus objetivos maniobrando entre las clases y manipulándolas de manera típicamente bonapartista. El truco era formar un frente popular entre las clases y organizar un gobierno de ‘concentración nacional’. Sin embargo este frente popular tenía una base diferente y objetivos diferentes que los frentes populares del pasado.
En España el objetivo del frente popular era destruir el poder de los obreros y el estado obrero embrionario, mediante la liquidación de la revolución obrera. Esto se conseguía haciendo una alianza con la burguesía, o más correctamente con la sombra de la burguesía, estrangulando el control que los obreros habían establecido en las fábricas y las milicias obreras armadas, y restableciendo el Estado capitalista bajo el control de la burguesía. Como consecuencia de esta política, hacia finales de la guerra había una dictadura policíaco-militar a ambos lados de las líneas.
El objetivo de la coalición con la burguesía aplastada, o con su sombra, en Europa del Este no era el de devolver el control a la clase capitalista. En los frentes populares anteriores el poder real del Estado – cuerpos de hombres armados, policía y aparato del Estado – estaba firmemente en manos de la burguesía con los partidos obreros actuando como apéndices. En Europa del Este, con una variación importante u otra, el poder real, es decir, el control de los cuerpos de hombres armados y el aparato del Estado, estaba en manos de los estalinistas. La burguesía ocupaba la posición de apéndice sin poder real. ¿Por qué entonces la coalición? Servía como cobertura bajo la cual se podía construir y consolidar una fuerte maquinaria estatal siguiendo el modelo de Moscú.
Introduciendo la reforma agraria y expropiando a la clase de los terratenientes, se habían asegurado por un tiempo el apoyo o condescendencia de los campesinos. Una vez construido y consolidado un Estado fuerte bajo su control, entonces pasaron a la siguiente etapa. Movilizando a los obreros se volvieron hacia la burguesía, a la que ya no necesitaban para hacer de contrapeso a los obreros y campesinos, y paso a paso la expropiaron. La burguesía, sin el apoyo externo del imperialismo era incapaz de ofrecer ninguna resistencia seria. Se introdujo un régimen totalitario que cada vez se acercaba más al modelo de Moscú. Después de la eliminación de la burguesía, y el inicio de la industrialización a gran escala, la burocracia se volvió contra los campesinos y empezó la colectivización de la agricultura.
El establecimiento de estados obreros burocráticamente deformados en Europa del Este y poco después en China, tuvo el efecto de fortalecer el estalinismo a escala mundial por todo un período histórico. El fortalecimiento de la URSS y el debilitamiento del capitalismo europeo creaban una situación peligrosa para el imperialismo americano, que se vio obligado a reflotar y sacar del apuro a las potencias europeas, Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña y también Japón. En 1947 se proclamó el Plan Marshall para reconstruir el capitalismo europeo. El precio a pagar por esta ayuda era la dominación del imperialismo americano dentro de la Alianza Occidental. El desarrollo de las relaciones internacionales quedó dominado por las dos superpotencias, el imperialismo americano por una parte y la burocracia rusa por la otra. En marzo de 1946 en Fulton, EEUU , Churchill habló de un Telón de Acero que se extendía del Báltico al Adriático. Era el inicio de una intensa rivalidad diplomática, política y estratégica entre los dos sistemas sociales: la guerra fría. Los estalinistas fueron expulsados sin contemplaciones de los gobiernos de Francia e Italia en 1947, y en dos años se formaba la OTAN y Alemania había quedado divida entre el Este y el Oeste.
Victoria en China
Cuando Mao tomó el poder en China a la cabeza de un ejército campesino en 1949 se desarrolló un proceso análogo. Hasta la revolución rusa incluso Lenin había negado la posibilidad de la victoria de una revolución proletaria en un país atrasado. La Revolución China de 1944-49 no siguió el modelo de la de 1917 o de la revolución china de 1925-27. Fue una guerra campesina, que tuvo lugar precisamente por la incapacidad total de la burguesía de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa – acabar con el feudalismo, conseguir la unificación nacional y la expulsión del imperialismo –, y acabó en la victoria de los estalinistas chinos. Ese fue un enorme paso adelante para el pueblo chino y para los obreros y campesinos oprimidos de todo el mundo. De hecho, después de la revolución rusa, la revolución en China representa el segundo acontecimiento más importante en la historia de la humanidad. Una nación imponente de 800 millones de personas, que habían sido tratadas por sus amos extranjeros como animales de carga, de repente se puso en primera fila de la historia, un lugar que todavía ocupa.
Pero aunque sacudió al mundo, la revolución de 1949 no fue en absoluto como la Revolución de Octubre. El programa de los estalinistas chinos en 1949 no era fundamentalmente diferente del de Castro una década más tarde en Cuba: 50 ó 100 años de capitalismo nacional y una alianza con la burguesía nacional. De ahí la creencia de muchos burgueses americanos de que eran “ reformadores agrarios ” . Sólo la tendencia marxista en Gran Bretaña se posicionó contra los estalinistas y otros cuando explicamos no sólo la inevitabilidad de la victoria de Mao y el establecimiento de un Estado obrero deformado, sino también la inevitabilidad de una escisión entre la burocracia china y la de Moscú en un momento determinado. Esta era en una etapa en que Mao y el Partido Comunista Chino tenían un programa de capitalismo y ‘democracia nacional’.
Se conquistó el poder mediante una guerra campesina entregando la tierra a los soldados del ejército de Chiang Kai- shek . Entonces, cuando se consiguió la victoria militar, se abolió el capitalismo y el feudalismo, pero de una manera peculiar, bonapartista, sin la participación consciente de la clase obrera. Esto fue posteriormente aceptado como algo normal e incluso se tomó como modelo para la revolución en los países coloniales. Pero estaba completamente alejado de las concepciones de Marx y Lenin. Nunca antes en la historia se había planteado ni siquiera teóricamente que una guerra campesina clásica pudiera llevar a un Estado obrero, por muy deformado que fuera.
Los obreros de China se mantuvieron pasivos a lo largo de toda la guerra civil por razones en las que no vamos a entrar aquí. De hecho, lo que tenemos aquí es un ejemplo perfecto de una clase: los campesinos en forma de Ejército Rojo, que lleva a cabo las tareas de otra: la clase obrera. No es la primera vez que sucede en la historia. Los Junkers alemanes llevaron a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa en Alemania, y las mismas tareas fueron llevadas a cabo por el régimen feudal en Japón. Pero cuando una clase lleva a cabo las tareas históricas de otra, surgen distorsiones inevitables. De este hecho fluyen ciertas consecuencias.
En el pasado, el ejército campesino era el instrumento clásico, no de la revolución socialista, sino del bonapartismo (burgués). De manera típicamente bonapartista, basándose en el Ejército Rojo, Mao se equilibró entre las clases para consolidarse en el poder. Se apoyó en los obreros y campesinos para perfeccionar un estado a imagen y semejanza de Moscú, después de lo cual pudo librarse de la burguesía sin ningún problema. En palabras de Trotski , para matar un león necesitas un rifle, ¡para matar una pulga, te basta con el dedo meñique! Habiéndose equilibrado entre la burguesía, los obreros y el campesinado para impedir la toma del poder por parte de los obreros, Mao y la dirección estalinista pudieron expropiar a la burguesía antes de volverse contra los obreros y campesinos para aplastar cualquier elemento de democracia obrera que pudiera haberse desarrollado.
A continuación, la burocracia desarrolló una dictadura totalitaria de partido único, alrededor de la dictadura bonapartista de un sólo individuo: Mao. Por supuesto, semejante régimen no tenía nada en común con un Estado obrero sano, por no hablar del socialismo. No tenía nada en común con los métodos de la revolución proletaria en Rusia en 1917, donde el poder estaba en manos del proletariado a través de soviets electos de obreros y soldados. El régimen maoísta estaba deformado desde el principio, en la forma de un horrible Estado totalitario de partido único. La Revolución China de 1949 empezó donde la Revolución Rusa había acabado.
La revuelta campesina china que acabó en la guerra campesina de 1944-49 dirigida por Mao Tse -Tung, en cierto sentido se derivaba de la revolución fracasada de 1925-27, pero era totalmente diferente a ella en relación al papel de la clase obrera. Era una guerra campesina llevada a cabo primero en la forma de guerra de guerrillas y culminando en la conquista de las ciudades por parte de los ejércitos campesinos. La revolución socialista en contraste con todas las revoluciones anteriores requiere la participación consciente y el control de la clase obrera. Sin esta, no puede haber revolución que lleve a la dictadura del proletariado en el sentido que le dieron Marx y Lenin, ni tampoco puede haber una transición hacia el socialismo.
Una revolución en la que la fuerza principal es el campesinado no puede elevarse a la altura de las tareas planteadas por la historia. El campesinado no puede jugar un papel independiente: o apoya a la burguesía, o apoya al proletariado. Cuando el proletariado no juega un papel dirigente en la revolución, el ejército campesino, con el impás de la sociedad burguesa, se puede utilizar, especialmente con la existencia de modelos anteriores, para la expropiación de la sociedad burguesa, en las maniobras bonapartistas entre las clases y la construcción de un Estado siguiendo el modelo de la Rusia estalinista. Este fue el caso en China, Yugoslavia, y más tarde Cuba, Vietnam , Birmania y en los otros países de bonapartismo proletario.
No es por casualidad que la teoría marxista ha adjudicado la tarea de la revolución socialista y la transición al socialismo a la clase obrera. ¡La emancipación de la clase obrera es la tarea de los propios obreros! Esta no es una afirmación arbitraria. Es producto del papel único que el proletariado juega en la producción, que le da una conciencia específica colectiva que no tiene ninguna otra clase. Y menos que ninguna otra, la clase del pequeño propietario campesino. Una revolución basada en esa clase por su propio carácter estaría condenada a la degeneración y al bonapartismo. La dictadura bonapartista proletaria tuvo éxito en tantos países subdesarrollados en el período de la posguerra precisamente porque protege los intereses de la élite del Estado, el ejército, la industria y los intelectuales del arte y la ciencia.
Desde un punto de vista marxista, pensar que un proceso de ese tipo es normal es una aberración. Sólo se puede explicar por el impás del capitalismo en China, la parálisis del imperialismo, la existencia de un poderoso Estado bonapartista deformado en la Rusia estalinista y, lo más importante, el retraso de la victoria de los obreros en los países industrialmente avanzados. Los países coloniales no podían esperar. Los problemas eran demasiado acuciantes. No había ninguna salida sobre la base del capitalismo. De ahí las aberraciones peculiares en los países coloniales. Pero el precio de esto era, como en la Unión Soviética, la necesidad de una segunda revolución, una revolución política, para poner el control de la sociedad, la industria y el Estado en manos del proletariado. Sólo de esta manera se podría empezar una auténtica transición, o más bien dar los primeros pasos hacia el socialismo.
En Cuba, más tarde, se dio un proceso similar cuando Castro llegó al poder sobre la base de una guerra de guerrillas. El amplio apoyo al “ socialismo ” no sólo entre la clase obrera, sino también entre los campesinos y amplios sectores de la pequeña burguesía en las ciudades de los países coloniales era la expresión del callejón sin salida del feudalismo y del capitalismo en los países ex-coloniales de la época moderna. También fue el resultado de las revoluciones rusa y china y sus logros a la hora de desarrollar la industria y la economía. Estos factores sentaron las bases para el desarrollo del bonapartismo proletario. En última instancia, el Estado se puede reducir a cuerpos de hombres armados. Con la derrota y la destrucción de la policía y del ejército de Chiang Kai- shek , con la destrucción del ejército de Batista en Cuba, el poder estaba en manos de Mao y Castro respectivamente. El hecho de que nominalmente Mao fuese un “ comunista ” y Castro, en un primer momento, un demócrata burgués no cambiaba nada.
El dominio de la burocracia rusa hubiese quedado rápidamente minado con la llegada al poder de los obreros en líneas clásicas en estos países. Pero en Europa del Este y en China, el viejo Estado burgués fue destruido, y sustituido por un régimen de bonapartismo proletario. El establecimiento de regímenes de este tipo no representaba ninguna amenaza para Moscú. Al contrario, fortalecieron el dominio de la burocracia por todo un período.
El ejército de campesinos descalzos de Vietnam infringió la primera derrota militar real en la historia de los EEUU . Los obreros y campesinos argelinos consiguieron, después de una lucha larga y sangrienta, forzar al imperialismo francés a abandonar la dominación directa. La incapacidad del imperialismo para aplastar estas revoluciones de las antiguas colonias fue el resultado en gran medida de la oposición de las masas en Europa y EEUU . Cuando un ejército ya está cansado de luchar y los obreros unánimemente dicen “ no ” , no hay poder en la tierra que pueda moverlos. Este hecho explica la concesión de la independencia a la India y la incapacidad de los EEUU de enviar tropas para luchar del lado de Chiang Kai- shek , aunque enviaron gran cantidad de armamento, la mayor parte del cual acabó en manos del Ejército Rojo.
La victoria de la Revolución China, a la que Stalin se opuso inicialmente, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este, cambiaron radicalmente la correlación de fuerzas a nivel mundial, desventajosamente para el imperialismo. Al mismo tiempo, estas revoluciones no tuvieron el mismo efecto que la Revolución de Octubre de 1917 que provocó una oleada de radicalización revolucionaria en los países avanzados. En cada caso, el capitalismo fue derrocado, pero de manera bonapartista distorsionada, con los obreros jugando un papel subordinado. En cada caso los regímenes que se formaron lo hicieron siguiendo de cerca el modelo de la Rusia estalinista: con todas las deformaciones burocráticas monstruosas, el terror policíaco, las desigualdades y la falta de libertad. Semejantes regímenes no tenían ningún atractivo fundamental para los obreros de los países capitalistas avanzados, aunque sí lo tuvieron para las masas oprimidas de Africa , Asia y América Latina.
De Stalin a Kruschev
La victoria de la Rusia estalinista en la guerra, seguida por la Revolución China de 1949, y el establecimiento de nuevos regímenes estalinistas en Europa del Este, significó un fortalecimiento del régimen por todo un período histórico. Embriagados de éxito, los estalinistas pudieron presentar su sistema como “ la única forma de socialismo posible ” . Sin embargo, la principal razón del aguante de la burocracia estalinista fue que, durante todo este período, consiguió desarrollar las fuerzas productivas. Rusia pasó de ser un país atrasado y campesino a convertirse en la segunda potencia industrial de la tierra y en la primera potencia militar.
Durante un largo período estuvo de moda hablar del “ milagro alemán ” y del “ milagro japonés ” después de 1945. Pero esos logros, indudablemente reales, palidecen por su insignificancia comparados con los avances colosales de la Unión Soviética en el período de reconstrucción de la posguerra. Ningún otro país había sufrido una devastación igual. Veintiséis millones de muertos, y la destrucción a gran escala de su industria e infraestructura; éste fue el balance de cuatro años y medio de guerra sangrienta en suelo soviético. Además, a diferencia de Alemania y Japón, la URSS no se benefició del Plan Marshall. Sin embargo superó la devastación de la guerra en cinco años, no con ayuda exterior, sino mediante la utilización planificada de los recursos, y los esfuerzos colosales de la población.
Como ex-oficial de la Inteligencia Británica en Moscú, el escritor Edward Crankshaw no puede ser considerado en modo alguno como un simpatizante de la Unión Soviética. Por lo tanto su evaluación de los logros de la economía soviética se puede considerar como bastante objetiva. Es más, los observadores occidentales en ese tiempo comparten ampliamente su punto de vista. Sólo ahora, en su indecente precipitación para enterrar la memoria de Octubre , recurren a la falsificación escandalosa de la historia para demostrar que realmente no se consiguió nada con la economía planificada. Las siguientes cifras citadas por Crankshaw en su libro La Rusia de Kruschev, ilustran gráficamente la situación:
En vísperas del primer Plan Quinquenal, en 1928, la producción de acero era de 4,3 millones de toneladas; de carbón de 35,5 millones; de petróleo 11,5 millones; de electricidad de 1,9 millones de kilovatios. Al final del primer Plan, en 1934, la producción había aumentado de la siguiente manera: acero 9,7 millones de toneladas; carbón 93,9 millones de toneladas; petróleo 24,2 millones de toneladas; electricidad 6,3 millones de kilovatios.
En 1940, justo antes de la invasión alemana de la Unión Soviética, la producción era la siguiente: acero 18,3 millones de toneladas; carbón 166 millones de toneladas; petróleo 31 millones de toneladas; electricidad 11,3 millones de kilovatios. Al final de la guerra, en 1945 la producción había caído de la siguiente manera: acero 11,2 millones de toneladas; carbón 149,3 millones de toneladas; petróleo 19,4 millones de toneladas; electricidad 10,7 millones de kilovatios. Esto a pesar del hecho de que gran parte de la industria pesada había sido trasladada al Este, y que tenía una prioridad absoluta.
En 1946 Stalin estableció nuevos objetivos. En primer lugar había que restaurar el país, extender rápidamente la economía, para que la Unión Soviética, en sus palabras, estuviera “a prueba de todo accidente”. Él diseñó una serie de por lo menos tres Planes Quinquenales. Y sus nuevos objetivos para 1960 como muy temprano, eran: acero 60 millones de toneladas; carbón 500 millones de toneladas; petróleo 60 millones de toneladas. Esto era lo más lejos que podía llegar la imaginación de Stalin. No sólo a los observadores extranjeros sino también a los rusos y al propio Stalin, les parecía que conseguir esos objetivos en 15 años, iba a significar por lo menos otros 15 años de privaciones y trabajo sin recompensa para el pueblo soviético.
Y cuando se alcanzase el objetivo en 1960, la Unión Soviética todavía estaría muy por detrás de la producción americana de 1950: acero 90 millones de toneladas; carbón 700 millones de toneladas; petróleo 250 millones de toneladas.
¿Qué es lo que sucedió? En todos los casos, los objetivos de Stalin para 1960 fueron superados: en 1958 la producción de acero sólo estaba 2 toneladas por debajo del total para 1960; la cifra para carbón de 1960 se alcanzó; la cifra de 1960 de petróleo casi se duplicó, 113 millones de toneladas.
Así que podemos ver que aunque la fanfarronada de Dimitri Yermeshov fue un poco exagerada (la Unión Soviética estaba produciendo bastante menos que 60 millones de toneladas de acero en 1956, y de hecho está previsto que produzca bastante menos que las 100 toneladas de Yermeshov ¾ 86-91 millones de toneladas¾ en 1965), las cosas se mueven muy rápidamente. Y, todavía más importante, se están moviendo en un contexto de aumento del bienestar en todo el país, de aumento de la libertad de pensamiento sobre todo en la esfera económica.
La presentación del nuevo Plan de Seis años en enero de 1959 fue un canto triunfal de confianza que, tal y como lo expresó Kruschev se puede resumir en boom o fracaso. Los nuevos objetivos hacen que los sueños de posguerra de Stalin parezcan raídos y pasados de moda: acero 91 millones de toneladas; carbón 609 millones de toneladas; petróleo 240 millones de toneladas”. Y añade: “Esto se llama pisar los talones a América ¡y tanto!”. (Crankshaw, Khruschev’sRussia, pp. 25-7)
Otro comentarista, Leonard Schapiro, del que tampoco se puede sospechar remotamente que sea un amigo de la Unión Soviética, llega a la siguiente conclusión:
“En 1948 el país había llegado de nuevo al punto en que estaba empezando a superar la destrucción de la guerra. La recuperación después de 1947 fue de hecho destacable. En 1947 la producción industrial global todavía no había alcanzado el nivel de 1940. En 1948 ya la había superado y el último año de vida de Stalin, 1952, la superaba en dos veces y cuarto. Según la política bien establecida, el principal avance se dio en la producción de medios de producción; así, en 1952, la producción en esta categoría era dos veces y media la de 1940, mientras que la producción de bienes de consumo sólo había aumentado un poco más que una vez y media.” (L Schapiro, op. cit., p. 510). ¿Pueden estas cifras ser el resultado de estadísticas manipuladas? El mismo escritor añade en una nota a pie de página: “Las cifras oficiales pueden ser exageradas [y refiere al lector a otro estudio que hace ‘pequeñas críticas’] pero todos los expertos occidentales están de acuerdo en que la tasa de recuperación industrial después de 1947 fue destacable.” (Ibid, p. 511, énfasis mío).
Es cierto que los niveles de vida siguieron siendo bajos. La política de la dirección era la de concentrarse en la industria pesada a costa de los bienes de consumo, aunque eso era inevitable hasta cierto punto debido a la destrucción masiva provocada por la guerra. Pero mientras las fuerzas productivas se desarrollaban, los obreros sentían que la sociedad iba hacia adelante. El país desbordaba alegría y triunfalismo militar por el enorme golpe asestado al fascismo, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este y China. Hubo nuevos avances en la sanidad y la educación. Dentro de la URSS surgió toda una nueva correlación de fuerzas, con el avance de la economía y la eliminación en la práctica del analfabetismo. Sin embargo, la parte del león de la riqueza creada por los obreros se la llevó la burocracia, mientras que la clase obrera no tenía ni voz ni voto sobre cómo distribuir los recursos de la URSS.
A pesar de los bajos niveles de vida y de las dificultades materiales (el problema de la vivienda era especialmente grave), había un ambiente general de optimismo. Esto contrasta bruscamente con la situación actual, cuando el colapso del nivel de vida asociado al movimiento en dirección al capitalismo no provoca ningún optimismo, sino sólo miedo y falta de confianza en el futuro. Esto se puede demostrar fácilmente en relación a la tasa de crecimiento de la población. Después de la guerra, la tasa de nacimientos creció rápidamente. En los últimos cinco años, la tasa de nacimientos se ha desplomado, no sólo en Rusia, sino en toda Europa del Este. Esta respuesta humana elemental nos dice mucho más sobre la auténtica actitud de la gente hacia la sociedad que ninguna estadística electoral.
Con estos éxitos interiores y exteriores, la burocracia miraba hacia el futuro con gran optimismo. Su poder y prestigio aumentaba paralelamente a los de la Unión Soviética. La casta dominante tenía la perspectiva de continuar su ‘misión histórica’ durante siglos. Al mismo tiempo, la distancia entre los funcionarios privilegiados y las masas siguió creciendo mucho más rápidamente que el crecimiento de la producción.
Después de la guerra los diferenciales siguieron aumentando . Se introdujeron sobornos directos , bajo el nombre de pakety ( paquetes ), en las instituciones superiores del Partido y el Estado. Cada mes , los funcionarios superiores recibían un paquete con una gran cantidad de dinero además de su salario . Estos eran pagos especiales que se hacían por un canal especial, no pagaban impuestos , y se mantenían totalmente en secreto . “ Por lo que se refiere a los miembros del Politburó y el propio Stalin ” , escribe Medvedev, “ el coste de su mantenimiento no se somete a cálculo . Las numerosas dachas y apartamentos , el enorme personal doméstico , los gastos de su personal y guardias sumaban millones de rublos cada año . Por lo que se refiere al coste de mantener a Stalin, eso casi desafía el cálculo ” . (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 843). El ingreso de la burocracia se consigue por medios “ legales ” e “ ilegales ” .
“ Los privilegios de la burocracia son abusos de poder ” , dijo Trotski . “ Oculta sus privilegios y finge no existir como grupo social. Su apropiación de una inmensa parte de la renta nacional es un hecho de parasitismo social ” . ( Trotski , La revolución traicionada, pág . 219.) Este hecho no contradice las numerosas campañas demagógicas por parte de Stalin y otros dirigentes soviéticos contra la “ burocracia ” , que se llevaban a cabo para cortar periódicamente los excesos de la casta. No tenían la intención de debilitar a la élite burocrática , sino de fortalecerla .
En los años de la posguerra, la ratio entre los salarios reales de un obrero industrial y el salario del funcionario más alto llegaron a una diferencia increíble. El diferencial salarial entre obreros y gerentes era en general incluso mayor que en el occidente capitalista.
“En un pequeño instituto de investigación que se dedicaba a los problemas de la formación de obreros manuales y profesionales en el que trabajé durante 10 años,” recuerda Roy Medvedev, “la diferencia entre el salario más bajo para un auxiliar de investigación, 60 o 70 rublos al mes, y el del jefe de sección mejor pagado era de 1 a 13. En los institutos más grandes de la academia de las ciencias la ratio entre el salario de un auxiliar de laboratorio o un investigador nuevo sin grado y el de un académico importante responsable de un departamento es de 1 a 15 o de 1 a 20.
“En los ministerios soviéticos y las instituciones militares importantes la ratio entre los salarios más altos y los más bajos también es de 1 a 20 o incluso de 1 a 30, pero si tenemos en cuenta la gran cantidad de servicios a disposición de los oficiales a cargo del público (cupones de comida, tratamiento médico, vacaciones, transporte personal, etc.) el valor total trasladado a términos monetarios haría que la ratio fuese de 1 a 50 o a veces incluso de 1 a 100”. (Medvedev, OnSocialistDemocracy, p. 224-5).
Esta situación no podía continuar indefinidamente. La clase obrera está dispuesta a hacer sacrificios bajo ciertas circunstancias, especialmente cuando está convencida de que está luchando para transformar la sociedad en líneas socialistas. Pero la condición previa para esa convicción es que tiene que haber igualdad de sacrificios. Pero cuando se abusa de los sacrificios y esfuerzos de los obreros para crear privilegios monstruosos para unos pocos, más pronto o más tarde el fraude provocará una explosión. Esto es más cierto todavía en una sociedad que pretende hablar en nombre del socialismo y el comunismo.
La última purga de Stalin
“ El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente ” , escribió Lord Acton en una frase célebre. Ciertamente los regímenes totalitarios de todo tipo parecen tener ese efecto. Difuminando la diferencia entre la realidad y la voluntad de un individuo, un régimen de poder absoluto, en el que se prohibe toda crítica, sirve con el tiempo para desequilibrar la mente. Es casi seguro que esto es lo que sucedió con Hitler. Y hacia el final, la mente de Stalin estaba claramente trastornada. Ante la ausencia de cualquier control se creía omnipotente. El miedo a las masas llevó a la burocracia a cerrar filas incluso más fervientemente alrededor del Líder que garantizaba sus privilegios. El crecimiento de la economía iba en paralelo con un aumento brusco en la represión y el culto a Stalin. En el 19 Congreso del Partido, el culto al Líder alcanzó su expresión más grotesca. He aquí unos pocos ejemplos del discurso de clausura de Malenkov :
El trabajo del camarada Stalin recién publicado Problemas económicos del socialismo en la URSS, es de importancia cardinal para la teoría marxista-leninista y para toda nuestra actividad práctica (fuertes y prolongados aplausos)…
Así, los planes del Partido para el futuro, definiendo las perspectivas y los caminos de nuestro avance, están basados en un conocimiento de las leyes económicas, de la ciencia de la construcción de la sociedad comunista elaborada por el camarada Stalin. (fuertes y prolongados aplausos continuados)…
Una contribución importantísima a la economía política marxista es el descubrimiento por parte del camarada Stalin de la ley básica del capitalismo moderno y la ley económica básica del socialismo (¡!) …
El descubrimiento del camarada Stalin (…) el camarada Stalin demuestra (…) el camarada Stalin nos ha demostrado (…) el camarada Stalin descubrió (…) el camarada Stalin ha revelado (…)
Los trabajos del camarada Stalin son un testimonio gráfico de la importancia capital que nuestro Partido da a la teoría (…) el camarada Stalin avanza constantemente la teoría marxista (…) el camarada Stalin ha descubierto la función del lenguaje como instrumento de desarrollo social, y ha indicado las perspectivas para el desarrollo futuro de las culturas y lenguas nacionales (…)
Y finalmente después de numerosas interrupciones por “ aplausos ” , “ aplausos prolongados ” , y “ fuertes , largos y continuos aplausos ” :
¡Bajo la bandera inmortal de Lenin, bajo la sabia dirección del gran Stalin, adelante hacia la victoria del Comunismo! …(Al concluir el informe todos los delegados se levantaron y saludaron al camarada Stalin con gritos fuertes y prolongados. Hubo gritos desde todas partes de la sala: ‘¡Larga vida al gran Stalin!’, ‘¡Hurra por nuestro querido Stalin!’, ‘¡Larga vida a nuestro amado líder y maestro, el camarada Stalin’). (Reportof 19 Congress ofthe CPSU, pp. 134-44)
No satisfecho con esto, Stalin se estaba preparando para lanzar toda una serie de nuevas y sangrientas purgas en las líneas de 1936-38. Ya no confiaba en nadie. Estalinistas de toda la vida fueron encarcelados. En 1952, Stalin acusó a sus fieles marionetas Voroshilov y Molotov de ser espías británicos, y les prohibió asistir a reuniones de la dirección. ¡ Mikoyan fue denunciado como espía turco e incluso se le prohibió a Beria estar en presencia de Stalin! En el 22 Congreso Kruschev describió la atmósfera paranoica que reinaba en el círculo dirigente de Stalin: “ Stalin podía mirar a un camarada que se sentaba en la misma mesa con él y decir: ‘Tienes una mirada furtiva hoy’. Se podía dar por sentado que ese camarada, cuya mirada era supuestamente furtiva, estaría bajo sospecha ” (The Road to Communism – Report on the 22nd Congress CPSU, p. 111)
En enero de 1953, Pravda anunció el llamado complot de los doctores, un “ grupo de doctores-saboteadores ” que habían sido arrestados por asesinato e intento de “ liquidar los cuadros dirigentes de la URSS ” . La mayoría eran judíos y estaban acusados de vínculos con la organización judía Joint, que estaba bajo la dirección del imperialismo de EEUU . Tres de los detenidos fueron acusados de trabajar para los servicios secretos británicos. Se lanzó una campaña contra los judíos bajo el disfraz de ‘cosmopolitismo y sionismo’. Pravda empezó a lanzar una campaña contra la amenaza de la “ contrarrevolución ” . Parecía el preludio de otra purga masiva que provocó un escalofrío a través del círculo dominante. No hay duda que Stalin intentaba liquidarlos a todos. “ Todo anunciaba otro 1937 ” declara Medvedev (ibid., Que juzgue la historia, p. 588).
Las acciones de Stalin estaban poniendo en peligro la situación de la burocracia en su conjunto. No era solamente el hecho de que amenazaba con asesinar al estrato dirigente. La Unión Soviética sólo se estaba recuperando de la devastación de la guerra. Hundirla de nuevo en el caos y la locura de otra purga hubiera tenido los efectos más catastróficos. Sin embargo, el 5 de marzo de 1953, Stalin murió súbitamente. Incluso si no fue asesinado – y todas las pruebas sugieren que lo fue – su muerte no podía llegar en un momento más oportuno. Poco después se declaró que el complot de los doctores era un montaje. Lejos de una purga sangrienta que hubiera amenazado toda la base del régimen, se necesitaban reformas por arriba para mantener intacto el control de la burocracia.
La muerte de Stalin provocó una lucha de poder dentro de la burocracia. Esta se vio obligada a aflojar su control. Ya había habido protestas masivas en Alemania del Este. Se habían dado levantamientos en los campos de trabajo, suprimidas sangrientamente. El fermento entre los obreros e intelectuales alcanzaba un nuevo punto álgido. Los partidarios de la “ reforma ” encabezados por Kruschev, consiguieron tomar las riendas del poder. Como explica el propio Kruschev en sus memorias, la burocracia estaba aterrorizada del movimiento que el “ deshielo ” podría provocar. Pero no tenían otra alternativa.
“Nosotros en la dirección”, declara Kruschev, “estábamos conscientemente a favor del deshielo, yo incluido (…) Estábamos asustados, realmente asustados. Teníamos miedo de que el deshielo podía desencadenar una inundación, que no seríamos capaces de controlar y que podría ahogarnos a nosotros. ¿Cómo podía ahogarnos? Podía haber desbordado las orillas del río soviético, formando un maremoto que se hubiera llevado por delante todas las barreras y muros de contención de nuestra sociedad. Desde el punto de vista de la dirección, esto hubiera sido un acontecimiento desfavorable. Queríamos guiar el proceso de deshielo de tal manera que estimulase solamente aquellas fuerzas creativas que contribuirían a fortalecer el socialismo” (Kruschev, Khruschev Remembers: The Last Testament, pp. 78-9).
En lugar de “ socialismo ” hay que leer “ dominio de la burocracia ” . Como consecuencia se llevó adelante una purga de estalinistas de la línea dura en la dirección. Se sometió a control a la policía secreta del estado y se fusiló a Beria. Se abolieron las leyes más draconianas y después de las huelgas y revueltas de los prisioneros en Vorkuta y otros campos se redujo el número de campos de trabajos forzados. Se decretó una amnistía general, menos para los presos políticos.
Los desequilibrios de la economía soviética, en la que se sacrificaba todo a la construcción de la industria pesada, se corrigieron parcialmente en favor de la producción de bienes de consumo. Kruschev introdujo toda una serie de reformas de los precios y medidas para aumentar la producción. Se hicieron concesiones generales a los obreros. Se suavizó el régimen en las fábricas. Los salarios medios aumentaron de 715 rublos al mes en 1955 a 778 en 1958. El índice de precios oficial prácticamente no cambió entre 1954 y 1980. Muchos precios disminuyeron. En 1957 empezó una campaña para alcanzar a los EEUU en la producción de carne, leche y mantequilla. Los ingresos combinados en dinero y en especies del trabajo colectivo aumentaron de 47.500 millones en 1952 a 83.800 millones en 1957. El consumo real per capita aumentó un 66 por ciento entre 1950 y 1958, alcanzando un nivel tres veces el de 1944.
La URSS ya no era la economía primitiva del pasado, sino que estaba surgiendo como la segunda superpotencia mundial. Alrededor de la mitad de la población vivía en las ciudades. El número de obreros aumentó drásticamente de 3,8 millones en 1928 a 17,4 millones en 1955. En comparación el número de obreros en EEUU sólo aumentó un tercio en el mismo período. La clase obrera industrial soviética en 1928 era más o menos un tercio de la de los EEUU ; en 1955 era un poco mayor. El proletariado soviético había crecido cada año desde la segunda guerra mundial en unos dos o tres millones al año. Había una concentración masiva del proletariado en fábricas que dejaban pequeñas a las de occidente. Por ejemplo, había 200.000 trabajadores en la fábrica de coches de Gorki. En la fábrica Togliatti había unos 170.000 obreros. Era la clase obrera mayor y más poderosa del mundo.
Se introdujeron jornadas más cortas sin pérdida de salario para los obreros jóvenes, más vacaciones, una reducción de la semana laboral en dos horas, con más reducciones posteriormente, y la introducción por etapas de la jornada de siete horas; la extensión de la baja pagada por maternidad a 112 días, aumento en las pensiones y subsidios por incapacidad – que aumentaron la pensión media en un 81 por ciento ¾ . Se empezó un enorme programa de construcción de viviendas. En los veinte años que van de 1950 a 1970 el consumo soviético de comida per capita se duplicó, el ingreso disponible se cuadriplicó, y las compras de artículos de consumo duraderos aumentó 12 veces. ( Citado por F. Halliday, en The Making of the Second Cold War, pp. 148-9)
En 1956, en el 20 Congreso del Partido, Kruschev pronunció su famoso discurso de “ desestalinización ” . Todos los crímenes se cargaron a Stalin. El problema, supuestamente, era “ el culto a la personalidad ” . Se hizo a Stalin responsable de los juicios farsa, los asesinatos, las persecuciones, los campos de concentración, y los otros crímenes horribles contra la clase obrera soviética y las minorías nacionales. Pero ¿cómo podía haber llevado a cabo todos estos crímenes un sólo individuo? Este tipo de postura no tiene nada que ver con el marxismo, que no explica la historia en base a “ grandes individuos ” . La concepción materialista de la historia explica que, si se lanza una idea (incluso una idea incorrecta) que consigue un apoyo de masas, entonces esa idea tiene que representar los intereses de alguna clase o grupo dentro de la sociedad. Así que si Stalin no representaba al proletariado, ¿a quién representaba? ¿A él mismo? No. Stalin representaba a la casta burocrática, los millones de funcionarios privilegiados que dominaban el Partido y el gobierno, y que gestionaban la industria, la sociedad y el Estado en su propio interés.
Después de castigar a Stalin, Kruschev se dirigió al “ camarada ” Beria, a quien describió como un “ abyecto provocador y un vil enemigo (…) que asesinó a miles de comunistas y gente soviética leal (…) Ahora se ha demostrado que este villano había subido en el escalafón del gobierno sobre un número no declarado de cadáveres ” . Esto era cierto, pero se aplicaba no sólo a Beria, sino también a todos los demás burócratas que participaron ávidamente en los crímenes de Stalin como manera de avanzar sus carreras y llenar sus bolsillos.
¿Imperialismo soviético?
No es correcto afirmar, como hace la burguesía y los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, que la relación entre la Unión Soviética y Europa del Este era de tipo imperialista. En general no se conoce que, aparte el período inicial después de la guerra en que Moscú desangró a Europa del Este, los términos del comercio eran en realidad extremadamente favorables a los países de Europa del Este. Como regla, Rusia compraba sus productos a precios más altos que los niveles del mercado mundial, y a cambio les vendía petróleo y gas natural a precios por debajo del mercado mundial. En realidad, Europa del Este estaba recibiendo subsidios por parte de la URSS; justo lo contrario de una relación imperialista.
Es cierto que en el período inmediatamente después de la guerra, la burocracia rusa saqueó Europa del Este. Desmantelaron industrias enteras y las enviaron a Rusia, no sólo de Alemania y Hungría, sino incluso de Yugoslavia. Después de la guerra, Milovan Djilas, en ese momento dirigente destacado de la Liga de los Comunistas Yugoslavos, fue enviado a Moscú para negociar, entre otras cosas, la vuelta a Yugoslavia de vagones de trenes que se había enviado a Rusia. En sus memoria , Djilas reproduce su conversación con A. I. Mikoyan , el ministro soviético de comercio exterior:
Mikoyan nos recibió fríamente, dejando entrever su impaciencia. Entre nuestras peticiones estaba la de que los soviets entregasen los vagones de ferrocarril de su zona de ocupación, como ya nos habían prometido, ya que muchos de esos vagones habían sido sacados de Yugoslavia, y los rusos no podían utilizarlos porque su ancho de vía era mayor que el nuestro.
‘¿Y que queréis decir conque os los demos, bajo qué condiciones, a qué precio?’ Nos preguntó Mikoyan fríamente.
Yo respondí: ‘Que nos los deis como regalos’
El respondió secamente: ‘Mi negocio no es el de dar regalos sino el comercio’” (M. Djilas, op. cit., p. 130).
Mucho más que cualquier estadística este pequeño incidente nos muestra la actitud altanera y despótica de la burocracia de Moscú hacia sus ‘hermanos’ de Europa del Este. Sin embargo las relaciones no eran en absoluto imperialistas, en el sentido marxista de la palabra. Esto quedó claro más tarde cuando se dio la vuelta a la relación.
La introducción del régimen de nacionalización y planificación permitió a las economías de estos países registrar altas tasas de crecimiento, transformándose de economías agrícolas atrasadas en países modernos desarrollados. En la Unión Soviética encontraron un mercado amplio para sus productos, garantizado contra los giros bruscos de la economía capitalista mundial y una fuente de materias primas baratas.
Lejos de explotar Europa del Este como una potencia imperialista explota sus colonias, si excluimos este período inmediatamente posterior a la guerra, la URSS en realidad les dio subsidios durante décadas. El nivel de vida en la Unión Soviética era en general más bajo que en los países de Europa del Este. En el período que estamos considerando, hubo un desplazamiento del comercio de la URSS de Europa del Este hacia el resto del mundo. En 1960 el 52 por ciento de su comercio era con Europa del Este. En 1979, la cifra era del 44 por ciento, todavía muy alta.
El petróleo soviético se vendía a Europa del Este en ese período a un precio un 17 por ciento inferior al del mercado mundial. En el período anterior el descuento había sido todavía mayor, pero esto representaba aún una enorme ventaja, especialmente si tenemos en cuenta que todo el mundo occidental se estaba tambaleando por el aumento súbito de los precios del petróleo después de la guerra de los seis días entre Israel y Egipto. Este descuento en el precio del petróleo por sí sólo representaba un subsidio de 2.900 millones de dólares al año. Además de esto, la URSS pagaba sus importaciones a precios por encima de los del mercado mundial a sus socios del COMECON (el equivalente de la Unión Europea en Europa del Este).
Tan sólo Cuba recibió un subsidio de 1 millón de dólares al día desde los años 60 hasta el colapso de la URSS. En 1978, por ejemplo , la URSS compraba azúcar cubano a 40 centavos la libra, cuando los precios mundiales eran sólo de 18 centavos la libra. En 1977, Cuba compraba petróleo ruso a 7,4 dólares el barril , cuando los precios mundiales estaban a 20,5 dólares por barril – ¡un descuento de más del 60 por ciento!¾ . En el período de 1966-78, la ayuda soviética fue de un total de 13.000 millones de dólares , una cantidad considerable para una pequeña isla . Esto incluía préstamos libres de interés , en contraste con la sangría a la que occidente somete al tercer mundo a través de la “ ayuda ” – préstamos con tasas de interés exorbitantes – y que ha llevado a una transferencia masiva de riqueza de las antiguas colonias a los países capitalistas ricos en las últimas décadas . Sólo hay que comparar los dos casos para ver la falsedad total de la descripción de la URSS como potencia “ imperialista ” .
Por supuesto, eso no significa que no hubiese opresión nacional. Robespierre en una ocasión hizo la profunda observación de que nadie da la bienvenida a misioneros con bayonetas. La larga historia de supresión de, por ejemplo, la libertad polaca y húngara a manos de la Rusia zarista, significaba que había que tratar las relaciones entre la Unión Soviética y estos países con mucho tacto, tal y como Lenin siempre había abogado en relación a Georgia y otros pueblos no rusos de la URSS. En lugar de eso, la burocracia rusa trató sin miramientos las aspiraciones nacionales de los pueblos de Europa del Este. En todas partes, Moscú implantó un régimen a su propia imagen y semejanza. Se impusieron gobiernos títeres, que llevaban a cabo servilmente las exigencias del Kremlin. No se toleraba ninguna disidencia. Se purgó sin piedad las direcciones de los partidos comunistas, con juicios farsa que seguían el modelo de los infames juicios del Moscú de preguerra.
Junto al poder absoluto llegó la paranoia. Viendo enemigos en todas partes, Stalin lanzó una purga sangrienta en los partidos comunistas de Europa del Este, que provocó directamente la escisión con Yugoslavia. En su lucha contra Tito, Stalin organizó una serie de juicios farsa contra titoístas imaginarios en toda Europa del Este. Fue el período del juicio de Slansky en Checoslovaquia, el juicio Rajk en Hungría, y el juicio Kostov en Bulgaria. Slansky y otros diez fueron declarados culpables de “ espionaje y sabotaje ” y fusilados. En 1963, el Tribunal Supremo de Praga anuló los veredictos. Rajk y sus camaradas fueron colgados por el régimen como agentes de la Gestapo. Fueron rehabilitados en 1956, siendo los cargos rechazados como falsos. Traicho Kostov fue acusado de sabotear el comercio búlgaro-soviético y ejecutado. Georgi Dimitrov, que había considerado formar un bloque con Tito para crear una Federación Balcánica, también fue probablemente asesinado por la GPU. Todo esto fue acumulando frustración y resentimiento que finalmente explotaron en los levantamientos de 1953 y 1956.
En el verano de 1953, poco después de la muerte de Stalin, hubo un movimiento revolucionario de los obreros de Alemania del Este. Empezó con una huelga espontánea de los obreros de la construcción en Berlín que protestaban contra las condiciones intolerables y las normas de producción imposiblemente altas. Abandonaron las herramientas y marcharon a lo largo de la Stalinhallee , gritando consignas que pronto se convirtieron en políticas. La manifestación provocó un movimiento de masas que podía haber llevado al derrocamiento del régimen estalinista en Alemania del Este. El régimen era impotente. Pero Moscú no podía tolerar un desarrollo de ese tipo, y envió los tanques para aplastar la revuelta.
En 1956 el movimiento estalló de nuevo, esta vez en Polonia, empezando una lucha prolongada de la clase obrera polaca para liberarse del dominio burocrático. Una y otra vez en las siguientes tres décadas, las masas polacas entraron en acción para sacarse de encima el yugo estalinista, que era mucho más duro de soportar porque se identificaba con la opresión histórica del pueblo polaco por parte de Rusia. Aunque de manera confusa, el proletariado polaco estaba luchando por un régimen de democracia obrera, que les permitiese vivir con honor y dignidad, como dueños de su propia casa, no esclavos de una dominación extranjera odiada.
Tal y como la burocracia había temido, la denuncia de los crímenes de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso fue la chispa inmediata que hizo estallar la situación. El “ deshielo ” había abierto las compuertas. En junio de 1956, aprovechándose de la confusión en Moscú, las masas polacas se levantaron. Una huelga general en Poznan se extendió a todo el país. Se formaron comités obreros en las fábricas, embriones de soviets que podían haber representado la transferencia del poder a los obreros. Pero el movimiento fue secuestrado por el Partido Comunista, que bajo la dirección de Wladyslaw Gomulka (que había estado encarcelado por Stalin) proclamó la reforma y la independencia.
La llamada “ vía polaca al socialismo ” sirvió como hoja de parra para la continuación del dominio de la burocracia. Pero temporalmente consiguió descarrilar el movimiento en líneas nacionalistas. Se manifestaron 800.000 personas declarando su apoyo a Gomulka, el representante de la burocracia polaca, que en la práctica se estaba apoyando en las masas polacas para conseguir concesiones de Moscú. Dándose cuenta de que una invasión significaría un baño de sangre, Kruschev se resignó a lo inevitable y llegó a un compromiso con Gomulka, seguro de que la “ fraternal ” burocracia polaca mantendría la línea, e impediría que la clase obrera llegase al poder.
La Revolución húngara
Inmediatamente después de la denuncia de Stalin por Kruschev, estalló la Revolución Húngara de octubre de 1956. Esto fue un intento de la clase obrera de convertir Hungría en un Estado obrero sano. Los obreros organizaron comités revolucionarios a los que no llamaron soviets porque el dominio estalinista había hecho que la palabra apestara. Sin embargo, de manera instintiva trataron de volver a las ideas de Lenin y Trotski . El triunfo de la Revolución Húngara hubiese significado el colapso del régimen burocrático en Rusia. Por este motivo, Kruschev lo ahogó en sangre. La prensa estalinista denunció el movimiento de la clase obrera húngara como “ fascista ” y “ contrarrevolucionario ” . Sin embargo, los soldados rusos estacionados en Hungría vieron la revolución con simpatía y confraternizaron con la población. Un sector se pasó de bando y se unió a la lucha contra la odiada AVO (policía secreta). Si hubiese habido una dirección revolucionaria consciente con un programa internacionalista, hubiera podido ser el punto de partida de una transformación completa de toda Europa del Este y Rusia. El mismo año hubo la huelga general en Polonia y la propia Rusia estaba en un estado de fermento después de la denuncia de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso del PCUS.
Debido a que no podían confiar en las tropas soviéticas en Hungría, Moscú tuvo que retirarlas y sustituirlas por tropas atrasadas del Extremo Oriente soviético a las que se les dijo que estaban siendo enviados a aplastar una revuelta fascista en Berlín. Se les hizo entrar directamente en acción en tanques, sin posibilidad de hablar y confraternizar con la población.
A pesar de todo, los obreros húngaros combatieron como tigres, organizando dos huelgas generales y dos insurrecciones armadas, antes y después de la invasión rusa. ¡Estas no son las armas propias del fascismo! Años más tarde, un oficial ruso que había servido en la segunda guerra mundial dijo a Alan Woods que nunca había visto una resistencia tan feroz, ni siquiera en la toma de Berlín en 1945. Pero, inevitablemente, sin una dirección internacionalista capaz de ganarse a las tropas rusas, los obreros húngaros fueron derrotados.
Se pueden sacar muchas lecciones del levantamiento húngaro de 1956. En primer lugar, como Trotski había previsto, enfrentada a un levantamiento general del proletariado, la burocracia se escindió. Sólo un puñado minúsculo de los elementos más corruptos y degenerados, principalmente los que estaban conectados a la AVO, estaban dispuestos a resistir. Miles de miembros de base del Partido Comunista rompieron sus carnés y se unieron a la revolución. El gobierno de Imre Nagy quedó suspendido en el aire. Todo el poder estaba en manos de los consejos obreros, especialmente el consejo obrero de Budapest, formado exclusivamente por delegados elegidos en las fábricas. El programa de los consejos obreros era similar en líneas generales a los cuatro puntos que Lenin elaboró en 1917 como condición previa para el poder obrero. A todos estos puntos, significativamente, los húngaros añadieron uno nuevo: ¡el fin del estado de partido único! Después de la experiencia del totalitarismo estalinista, la clase obrera nunca más va a confiar el poder a un sólo partido.
“ Hoy, 14 de noviembre de 1956, los delegados de los Consejos Obreros de Distrito formaron el Consejo Obrero Central del Gran Budapest ” , dice la declaración del Consejo. “ Se le ha dado poder al Consejo Central Obrero para negociar en nombre de los obreros de todas las fábricas de Budapest, y decidir sobre la continuación de la huelga o la vuelta al trabajo. Declaramos nuestra lealtad inquebrantable a los principios del socialismo. Consideramos los medios de producción como propiedad colectiva que estamos dispuestos a defender en todo momento ” . (Citado en Eyewitness in Hungary, Bill Lomax (editor), p. 177).
En poco tiempo los obreros aprendieron muy rápidamente. Esto se demuestra por el hecho de que el primer comunicado de radio Budapest fue un llamamiento pidiendo ayuda a las Naciones Unidas, pero el último fue un llamamiento a los obreros del mundo. Éste fue un episodio heroico similar a la Comuna de París. Demostró lo que podía haber pasado en Rusia, si hubiese existido una dirección consciente, como la del partido bolchevique en 1917. Desde el primer momento habrían lanzado un llamamiento revolucionario a los obreros de Polonia, de toda Europa del Este y sobre todo a los obreros de la URSS. O la victoria más grande o la derrota más grande. No había otra alternativa para los obreros húngaros en 1956.
El retraso de la revolución política en Rusia, y el hecho de que el régimen durase otros 35 años, tuvieron un efecto muy negativo en la conciencia de las masas. Ha significado que el impás del estalinismo haya llevado, por lo menos por el momento, a un movimiento en dirección al capitalismo. La lección es clara. Nada puede sustituir al partido y a la dirección revolucionaria. No existe un mecanismo automático que permita pasar las lecciones de una generación a la siguiente. Sin el partido, cada generación tiene que aprender dolorosamente las lecciones del pasado a través de su propia experiencia. Por eso Lenin siempre insistió en la necesidad de un partido de vanguardia formado por cuadros, como memoria de la clase. Toda la historia posterior, la de 1956 incluida, ha demostrado que esto es absolutamente necesario. Desgraciadamente la clase obrera de Europa del Este y Rusia tendrá que aprender todas las lecciones de nuevo. Pero las aprenderán, de eso no cabe duda.
El 4 de octubre de 1957 Rusia lanzó el primer Sputnik, al que seguiría el primer hombre en el espacio en 1967. El programa espacial soviético empleaba al doble de personal que el americano. La confianza de la burocracia era tal , que en el 21 Congreso del PCUS se proclamó el objetivo de “ construir el comunismo ” (¡!) en 20 años . En octubre de 1961, en el 22 Congreso Kruschev anunció la intención de Rusia de sobrepasar a EEUU en 1980. De acuerdo con ese objetivo , “ la productividad del trabajo de la industria soviética sobrepasará el nivel actual de productividad en los EEUU más o menos en un 100 por ciento ” (The Road to Communism – Report of the 22nd Congress of the CPSU, p. 515). Kruschev anunció : “ Vamos a enterraros ” .
Hoy en día se descalifica irónicamente esta afirmación como una fanfarronada vacía. Al contrario. Sobre la base de unas tasas de crecimiento soviético del 10 por ciento, el objetivo de superar a EEUU en 20 años hubiera sido totalmente posible. Eso, por supuesto, no hubiera significado la construcción del socialismo en la URSS, y menos el comunismo, una sociedad sin clases, en la que la desigualdad, el Estado y el dinero se convierten en reliquias de un pasado distante, y las leyes y la coerción son substituidas por una asociación libre de productores. Sin embargo, bajo la economía planificada, la Rusia atrasada había desarrollado la industria, la ciencia y la tecnología hasta el punto en que existían ya las bases materiales para el inicio del movimiento hacia el socialismo, que, como explicó Marx, requiere un nivel de desarrollo por lo menos igual al del país capitalista más avanzado. Ahora, la Unión Soviética se situaba a una distancia de América que le daría una posibilidad real de alcanzarla. Sólo la burocracia se interponía en el camino. Y la burocracia había demostrado en Hungría que no tenía intención de desaparecer de la escena.
A pesar de lo que hoy dicen, el avance meteórico de la economía soviética preocupó seriamente a la clase dominante de occidente. La producción industrial soviética había alcanzado un 75 por ciento de la de los EEUU durante los años 60. La burocracia creía que podría gobernar para siempre. Parecía que el régimen estalinista pensaba que las cosas sólo podían ir hacia adelante. Nada podía interponerse en su camino. La alta tasa de crecimiento continuo sirve para explicar la estabilidad de la que disfrutó el régimen burocrático en el último período. Bajo Stalin, la burocracia gobernaba mediante el terror abierto. Pero en las últimas tres décadas o más, pudo mantener su dominación principalmente debido a la inercia de la clase obrera. Esto a su vez, se puede explicar por dos factores: por un lado, el miedo a una intervención imperialista, y por otro porque las masas sentían que la burocracia, a pesar de todo, todavía era capaz de hacer avanzar la sociedad. Pero entonces, todos los factores que habían posibilitado a la burocracia sobrevivir por tanto tiempo, dialécticamente se convirtieron en su contrario.
La agricultura seguía siendo el punto más débil del régimen. La escasez de comida y el aumento de los precios eran motivo importante de descontento. La cosecha de grano de 1963 fue mala, y Rusia se vio obligada a importar grandes cantidades de trigo de occidente. Había dificultades en el suministro de pan, y especialmente de harina. El descontento crecía. La política de Kruschev había sido la de llevar a cabo una reforma controlada desde arriba, para evitar una explosión social desde abajo. Los acontecimientos en Hungría sirvieron de advertencia para el régimen de lo que le podía pasar. No obstante, esta política también tenía sus riesgos. El historiador-sociólogo francés Alexis de Tocqueville en su clásico estudio El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa, señala que el momento más peligroso para una autocracia es precisamente cuando intenta aflojar las tuercas después de un largo período de represión. Esto quedó demostrado en un episodio sobre el que generalmente se ha pasado en silencio: los acontecimientos de Novocherkassk .
El levantamiento de Novocherkassk
El 2 de junio de 1962 el ejército abrió fuego sobre los huelguistas y habitantes de la ciudad de Novocherkassk en el sur de Rusia durante una concentración masiva en la plaza de la ciudad. Un número desconocido pero considerable de hombres, mujeres y niños murieron. Incluso en ese momento, las noticias de la rebelión, fueron suprimidas tan a fondo que ni siquiera la radio local informó de ella. Sólo años más tarde, durante el período de la glasnost los supervivientes de los campos empezaron a circular informaciones. Incluso entonces no siempre se les creía. Tal es el poder de un estado totalitario a la hora de suprimir la información para impedir la extensión de un movimiento.
La brutalidad de la represión y la supresión total de la información demuestra que las autoridades estaban muy preocupadas por estos acontecimientos. Esta huelga formaba parte de un movimiento de protesta más amplio contra las subidas de precios anunciadas por el gobierno ese mismo mes. Había habido otros movimientos, en Karganda , Temirtau , Alexandrov, Murom y otras ciudades. Pero ninguno de ellos alcanzó las proporciones del de Novocherkassk . Aquí estaban presentes todos los elementos de una revolución política en forma embrionaria.
El informe presencial más detallado lo escribió uno de los participantes , Piotr Siuda, obrero e hijo de un viejo bolchevique que había perecido como tantos otros en las purgas de Stalin. Después de varios años en prisiones de la KGB y campos de trabajo , Siuda recolectó en un proceso lleno de dificultades toda la información disponible que fue publicada en la prensa clandestina (samizdat) en los años 80. Aunque al final de su vida Siuda se inclinó hacia el anarquismo , en el momento de los acontecimientos y durante la mayor parte de su vida se consideró un leninista y un “ bolchevique sin partido ” .
En su informe queda claro que la huelga tuvo un carácter completamente espontáneo. ¿Cómo podía ser de otra forma cuando se negaba a los obreros todo derecho de organizarse fuera del Partido Comunista y los sindicatos oficiales del Estado, que defendían a la dirección y no a los trabajadores? El 1 de enero hubo un recorte de salarios de entre el 30 y el 35 por ciento en la gigantesca planta electrolocomotriz de Novocherkassk (NEVZ). El mismo día, el gobierno anunció que el precio de la carne y los productos lácteos subiría un 35 por ciento. Esto fue la gota que colmó el vaso para los obreros, que tenían muchas otras quejas, especialmente escasez de vivienda. La estupidez y falta de tacto de la dirección al enfrentarse a las quejas de los obreros añadió combustible a las llamas. Siuda recuerda como:
No hubo necesidad de hacer campaña a favor de la huelga entre los obreros de la planta. La aparición del grupo que llamaba a la huelga era suficiente para que el trabajo se detuviese inmediatamente. La masa de huelguistas iba creciendo como una avalancha. En ese momento había unos 14 mil obreros en la planta. Los obreros salieron al recinto exterior de la fábrica y llenaron la plaza cercana a la oficina de la dirección de la planta. Todos los huelguistas no cabían en la plaza.” (Russian LabourReview, no. 2, 1993, p. 45).
Las reivindicaciones inmediatas eran de carácter económico. Aparecieron consignas como: “ ¡Dadnos carne y mantequilla! ” y “ ¡Necesitamos pisos! ” El movimiento se extendió pero mantuvo un carácter disciplinado. Instintivamente los obreros confraternizaron con los soldados. La guarnición local simpatizaba con el movimiento y no se podía utilizar en su contra:
Al final de la jornada laboral llegaron a la plaza los primeros destacamentos de la guarnición de Novocherkassk pero no iban armados. Al acercarse a la gente, los soldados fueron inmediatamente absorbidos por la multitud. Los soldados y los obreros empezaron a confraternizar inmediatamente, a abrazarse y besarse los unos a los otros. Si, se besaban los unos a los otros. Fue difícil para el oficial separar a los soldados de la gente, reagruparlos y llevárselos lejos de los huelguistas. (Ibid. p. 46).
Al igual que en Hungría, Moscú tuvo que enviar tropas campesinas atrasadas (en este caso del Cáucaso) para utilizarlas contra los obreros. La rabia de los huelguistas se dirigía cada vez más contra el gobierno. Se lanzó la consigna de la toma de las oficinas gubernamentales. Después de la liberación de los huelguistas detenidos. El movimiento seguía creciendo:
Las columnas de manifestantes convergían sobre la ciudad desde todas partes y aparecieron banderas rojas y retratos de Lenin. Los manifestantes cantaban canciones revolucionarias. Todos estábamos excitados, llenos de confianza en nuestro poder y en la justicia de nuestras reivindicaciones. La columna de manifestantes era cada vez mayor.
Mientras nos acercábamos al puente sobre la línea de ferrocarril y el río Toozlov, los manifestantes se dieron cuenta de que había un cordón con dos tanques y soldados armados en el puente. La columna aflojó el paso hasta detenerse y las canciones revolucionarias se fueron apagando. Entonces la densa masa de gente se movió lentamente hacia adelante. Se oyeron gritos: ‘¡Paso a la clase obrera!’ Entonces los gritos se unieron en un canto unificado y potente. Los soldados y los tanquistas no sólo no intentaron detener la columna de manifestantes sino que ayudaron a la gente a pasar por encima de los tanques. La marea de gente fluía a ambos lados del cordón del puente. Cada vez estábamos más excitados. Las canciones revolucionarias se hicieron más fuertes, más armoniosas y más potentes”. (Ibid. p. 48).
Finalmente, los huelguistas apartaron a los soldados de enmedio y ocuparon el edificio del comité del PCUS. En ese momento, se dio la orden de abrir fuego sobre los manifestantes. Incluso en este momento había vacilaciones entre las tropas. Un oficial se suicidó antes que dar la orden:
Varios testigos informaron que el oficial a quién se había ordenado abrir fuego, se negó a dar la orden a los soldados y se disparó a sí mismo delante de la formación. Sin embargo los soldados abrieron fuego. Primero hacia arriba, a los árboles, a los niños que cayeron, asesinados, heridos, asustados. De esta manera, el Partido, el Estado, el Ejército estaban erradicando diferentes tendencias de pensamiento, reafirmando la unidad del partido y el pueblo, demostrando el carácter democrático del Estado socialista. Entonces las ametralladoras apuntaron a la multitud. (Ibid. p.49).
En los juicios secretos que se celebraron a continuación, siete personas fueron acusadas de ‘bandidaje’ y ‘amotinamiento masivo’ y condenadas a muerte. No se conoce el número de gente que fue enviada a campos de trabajo por 10 ó 15 años, al igual que se desconoce el número de muertos y mutilados. A los detenidos se les prohibió todo contacto con el mundo exterior. En Novocherkassk se instauró el toque de queda. Se suprimieron estrictamente todas las informaciones sobre la rebelión. El Kremlin se tomó los acontecimientos muy en serio, lo que demuestra el hecho del envío del número dos de Kruschev, A. I. Mikoyan , a la ciudad. Ante la ausencia de una dirección y de un plan de acción claro, el levantamiento no podía triunfar. Pero sin duda jugó un papel importante en acelerar el derrocamiento de Kruschev.
