IV. El carácter del estalinismo
La controversia sobre el carácter de clase de la URSS
Según Lenin, el Estado:
siempre ha sido un cierto aparato que se separaba de la sociedad y consistía en un grupo de gente dedicada única, o casi únicamente, o principalmente, a gobernar. La gente se divide en gobernados y los especialistas en gobernar. Los que se elevan por encima de la sociedad son conocidos como gobernantes, representantes del Estado.
Este aparato, este grupo de gente que gobierna a otros, siempre se pone al mando de un cierto aparato de coerción, de fuerza física, independientemente de sí esta coerción de la gente se expresa en el palo primitivo o ¾ en la época del esclavismo – en tipos de armas más perfeccionadas, o en las armas de fuego que aparecieron en la Edad Media, o, finalmente, en las armas modernas que, en el siglo veinte, son maravillas de la técnica y se basan totalmente en los últimos logros de la tecnología moderna.
Los métodos de coerción cambiaron, pero siempre que había un Estado existía en todas las sociedades un grupo de gente que gobernaba, que dirigía, que dominaba y que, para poder mantener su poder, poseían un aparato de coerción física, un aparato de violencia, con aquellas armas que mejor correspondían al nivel técnico de una época dada. Y examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué no existía el Estado cuando no existían las clases, cuando no había explotadores ni explotados, y por qué surgió cuando surgieron las clases, sólo de esta manera podemos encontrar una respuesta definitiva a la cuestión de la esencia del Estado y su significado.
El Estado es una maquinaria para mantener el dominio de una clase sobre otra. (Lenin, Collected Works, ElEstado, vol. 29, p. 477).
¿Por qué razón afirmó Marx que la clase obrera no puede tomar control de la maquinaria estatal capitalista tal como es y utilizarla para sus propios fines? No por motivos místicos, sino debido a ciertos hechos muy concretos. En el Estado moderno todas las posiciones clave están en manos de gente que está bajo el control de la clase dominante: han sido seleccionados especialmente por educación, puntos de vista, y condiciones de vida, para servir a los intereses de la burguesía. Las ideas y puntos de vista de los oficiales del ejército, especialmente los de mayor graduación, los altos funcionarios del Estado, y los técnicos más importantes, son moldeadas para servir a los intereses de la clase capitalista. Todos los cargos de dirección en la sociedad son ocupados por gente en la que la clase capitalista pueda confiar. Por este motivo la maquinaria del Estado es una herramienta en manos de los capitalistas que no puede ser utilizada por la clase obrera y debe ser aplastada y apartada por ésta. Ahora, ¿qué quiere decir aplastar la maquinaria del Estado?
Es posible que cuando la clase obrera llegue al poder utilice a muchos , quizás incluso a la mayoría de los funcionarios del Estado capitalista . Pero estarán subordinados a comités y organizaciones obreras . Por ejemplo en la Unión Soviética , al principio, después de la disolución del ejército zarista , el Ejército Rojo se vio obligado a utilizar los servicios de ex- oficiales zaristas , bajo el control de comisarios políticos . Igualmente , en el aparato estatal soviético había una proporción considerable de ex- funcionarios zaristas . Debido a los factores históricos desfavorables esto posteriormente jugó un papel importante en la degeneración del régimen ruso . No es casualidad que Lenin dijera que el Estado soviético era “ una maquinaria burguesa zarista … levemente barnizada con socialismo ” .
El proletariado, según el concepto clásico, aplasta la vieja maquinaria del Estado y procede a crear un semi-estado . Sin embargo, se ve obligado a utilizar los viejos técnicos. Pero el Estado, incluso en las mejores condiciones, por ejemplo en un país avanzado con un proletariado educado, sigue siendo una reliquia de la sociedad clasista, y con él está implícita la posibilidad de degeneración. Por ese motivo, los marxistas insisten en el control de las masas, para asegurar que el Estado no se desarrolla como una fuerza independiente. Tan rápidamente como sea posible debería disolverse en la sociedad. Por las razones explicadas más arriba, el Estado puede ganar cierta independencia de la base que representaba en un principio. Engels explicaba que a pesar de que la superestructura – Estado e ideología – depende de la base económica, sin embargo tiene un movimiento propio independiente. Durante un período bastante prolongado, puede haber un conflicto entre el Estado y la clase que éste Estado representa. Por ese motivo, Engels habla de que el Estado normalmente o en períodos típicos representa directamente a la clase dominante. Sólo se puede entender la sociedad clasista si se tiene en cuenta la interdependencia y antagonismos multifacéticos y dialécticos entre todos los factores dentro de ella.
Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad, hay que considerar a la economía como el factor dominante. La superestructura que se desarrolla sobre esta base económica se separa de ésta y se convierte en su antagonista. Al fin y al cabo, la esencia de la teoría marxista de la revolución es que los cambios graduales en la producción, llegados a cierto punto, entran en conflicto con la vieja forma de la superestructura tanto de la propiedad como del Estado. Según Marx: “ De formas de desarrollo de las fuerzas productivas estas relaciones se convierten en sus frenos ” . Se desarrolla una contradicción profunda que sólo se puede resolver aboliendo la superestructura y reorganizando la sociedad sobre la base del nuevo modo de producción que se ha desarrollado dentro del viejo.
A largo plazo la economía y las relaciones de propiedad son decisivas, aunque no agotan la cuestión del carácter de clase del Estado, que en momentos diferentes se define de maneras diferentes. Debido a esto, tal y como todos los maestros marxistas se esforzaron en explicar, en última instancia la superestructura tiene que corresponderse con éstas. “ Con el cambio del cimiento económico, toda la enorme superestructura se transforma más o menos rápidamente ” en palabras de Marx. Si se abandona este criterio, se puede llegar a todo tipo de construcciones arbitrarias y superficiales. Uno se perdería inevitablemente en el laberinto de la historia, al igual que Perseo en la mitología de la antigua Grecia estaba perdido en el Palacio de Minos, pero sin un hilo para poder salir. El hilo de la historia es la estructura económica básica de la sociedad, o la forma de propiedad, que es su reflejo legal. En palabras de Engels: “ Consideramos las condiciones económicas como las que en última instancia condicionan el desarrollo histórico ” . (MESW, Engels a W. Borgius in Breslau, Vol. 3, p. 502).
En 1793 los jacobinos franceses tomaron el poder. Tal como Marx y Engels señalaron, fueron más allá del marco de las relaciones burguesas y completaron en unos pocos meses lo que la burguesía hubiera tardado décadas conseguir: la limpieza de Francia de toda traza de feudalismo. Sin embargo este régimen permaneció enraizado en las formas de propiedad burguesas. A éste le siguió el Termidor francés y el gobierno del Directorio, seguido por la dictadura clásica de Napoleón Bonaparte. Napoleón reintrodujo muchas formas feudales, se coronó Emperador y concentró el poder supremo en sus manos. Sin embargo, todavía podemos clasificar este régimen como burgués. Con la restauración de Luís XVIII el régimen siguió siendo capitalista. Y después tuvimos no una sino dos revoluciones, 1830 y 1848. Estas revoluciones tuvieron consecuencias sociales importantes. Provocaron cambios significativos incluso en el personal del propio Estado. Sin embargo las calificamos a ambas como revoluciones políticas burguesas en las que no se dio ningún cambio en la clase que detentaba el poder: la burguesía.
Vayamos más allá. Después de la Comuna de París de 1871 y la sacudida a las relaciones sociales que ésta representó, tuvimos la organización de la Tercera República con una democracia burguesa que se prolongó por décadas. A esta le siguieron los regímenes de Petain y posteriormente De Gaulle, y después toda una serie de gobiernos hasta nuestros días. Consideremos por un momento la sorprendente diversidad de estos regímenes. Para alguien que no fuera marxista parecería absurdo definir en la misma categoría, por ejemplo, a los regímenes de Robespierre y el de De Gaulle o Chirac. Sin embargo los marxistas los definimos fundamentalmente de la misma manera: regímenes capitalistas. ¿Cuál es el criterio? Uno sólo: las formas de propiedad, la propiedad privada de los medios de producción. Tomemos, de manera similar, la diversidad de regímenes en tiempos más modernos para ver las diferencias extremas de superestructuras que corresponden a la misma base económica. Por ejemplo, comparemos el régimen de la Alemania nazi con el de la democracia parlamentaria británica. Son superestructuras tan fundamentalmente diferentes que muchos teóricos de la escuela no marxista o ex-marxista han considerado al fascismo como una nueva estructura de clases y un sistema de sociedad totalmente nuevo. ¿Por qué decimos que representan la misma clase y el mismo régimen? La respuesta es: a pesar de la diferencia en la superestructura, la base económica de estas sociedades sigue siendo la misma.
El Estado transicional después de Octubre
Tal y como hemos visto, es imposible pasar directamente del capitalismo al socialismo, Incluso en una sociedad avanzada, sería necesario un período de transición en el que el Estado continuaría existiendo temporalmente junto al dinero y la ley del valor. Pero, como explica Marx, la clase obrera no necesitaría el tipo de Estado monstruoso que existe bajo el capitalismo, sino un Estado muy simple, un Estado obrero, que empezaría a desaparecer desde el primer día. Dos meses antes de la toma del poder, Lenin escribía en El Estado y la revolución:
El proletariado necesita el Estado, repiten todos los oportunistas, socialchovinistas y kautskianos asegurando que ésta es la única doctrina de Marx y ‘olvidándose’ de añadir que, según Marx, el proletariado sólo necesita un Estado que se extinga, es decir, organizado de tal modo, que comience a extinguirse inmediatamente y que no pueda por menos de extinguirse”. (Lenin, El Estado y la Revolución, p.23)
Un Estado transicional tiene inevitablemente un carácter contradictorio. El régimen soviético se basaba en las nuevas relaciones de propiedad que surgió de la Revolución de Octubre, pero todavía tenía muchos elementos tomados de la vieja sociedad burguesa. La nacionalización de los medios de producción es el requisito previo para el movimiento hacia el socialismo, pero la posibilidad real de llevar a la sociedad a un estado superior de desarrollo humano depende del nivel de las fuerzas productivas. El socialismo presupone un nivel mayor de tecnología, productividad del trabajo y cultura que incluso en la sociedad capitalista más desarrollada. Es imposible construir el socialismo sobre la base del atraso.
En La Revolución Traicionada, Trotski explica el carácter dual del Estado transicional:
Las normas burguesas de reparto, al precipitar el crecimiento del poder material, deben servir a fines socialistas. Pero el Estado adquiere inmediatamente un doble carácter: socialista en la medida en que defiende la propiedad colectiva de los medios de producción; burgués en la medida en que el reparto de los bienes se lleva a cabo por medio de medidas capitalistas de valor, con todas las consecuencias que se derivan de este hecho. Una definición tan contradictoria asustará, probablemente, a los escolásticos y a los dogmáticos; no podemos hacer otra cosa que lamentarlo. (Trotski, La Revolución Traicionada, p. 85).
Sólo la victoria de la revolución en Europa Occidental, especialmente en Alemania, podía haber cambiado esa situación. La unión de la industria y tecnología alemanas con los enormes recursos naturales y humanos de Rusia en una Federación Socialista hubiera creado las condiciones materiales para la reducción de la jornada laboral, el requisito previo para la participación de la clase obrera en la gestión de la industria y el Estado. Pero la traición de la socialdemocracia hizo naufragar a la revolución alemana y condenó a la revolución rusa al aislamiento en un país atrasado. La victoria de la burocracia fue el resultado directo de esta situación. Desde 1920 en adelante, la burocracia, legal o ilegalmente, absorbió parte de la plusvalía producida por la clase obrera.
Hasta cierto punto, este hubiera sido el caso incluso en un Estado obrero sano. Los funcionarios y directores recibirían una parte de la plusvalía, pero sólo les correspondería lo que Marx llamó “ el salario de superintendencia ” . Entonces tendríamos un “ Estado burgués sin burguesía ” , en palabras de Lenin, o en la expresión de Trotski , un Estado sin mandarines, un cuartel general sin samurais . En un Estado de ese tipo, los funcionarios no tendrían privilegios especiales. Pero dado el nivel extremadamente bajo de las fuerzas productivas y la cultura en Rusia, la clase obrera era incapaz de dirigir el Estado sin la ayuda de los viejos funcionarios y oficiales del ejército zaristas que desde el principio exigieron, y recibieron, salarios mucho más altos que la media. Esto era inevitable debido al aislamiento de la revolución en un país atrasado. Esta fue la razón fundamental por la que el proletariado no pudo mantener su control del poder. Después del fin de la guerra civil, gradualmente, los funcionarios arribistas, que se sentían indispensables para la gestión de la sociedad, fueron empujando a los obreros a un lado.
Lenin y Trotski no preveían una situación en la que la revolución pudiera sobrevivir durante mucho tiempo sin una victoria de los obreros de los países capitalistas avanzados. Ellos asumían que en esas condiciones, los elementos capitalistas liquidarían las conquistas de Octubre . Eso no sucedió aunque hubiera podido suceder en los años 20, especialmente en el período de la NEP, cuando los bolcheviques se vieron obligados a hacer concesiones importantes a los campesinos ricos y la naciente burguesía. Poco antes de su última enfermedad, Lenin hizo un bloque con Trotski para luchar contra la burocracia, de la que temía que estuviese creando las condiciones para la victoria de la contrarrevolución burguesa abierta.
En enero de 1921, Lenin escribió:
Declaré que ‘nuestro Estado no es en realidad un Estado obrero sino un Estado obrero y campesino’ (…) Leyendo el informe de la discusión, me doy cuenta de que me equivocaba (…) debería haber dicho: ‘El Estado obrero es una abstracción. En realidad tenemos un Estado obrero con las siguientes características peculiares: (1) los campesinos y no los obreros predominan en la población, y (2) es un Estado obrero con deformaciones burocráticas. (Lenin, Collected Works, vol. 32, p. 48).
La cuestión del carácter de clase de Rusia siguió ocupando la atención de Trotski hasta su muerte. ¿Cómo se podía desarrollar ese tipo de reacción sobre la base de una revolución proletaria? Poco antes de su expulsión de la Unión Soviética, Trotski analizó la cuestión:
Tenemos que decir clara y distintamente: los cinco años después de la muerte de Lenin fueron años de reacción social y política. La dirección del partido después de Lenin se convirtió en una expresión inconsciente, pero por ello más eficaz, de esta reacción, así como en su instrumento.
Los períodos de reacción, a diferencia de los de contrarrevolución, surgen sin cambiar la clase dominante. El absolutismo feudal conoció períodos de reforma ‘liberal’ y períodos de contrarrevolución fortaleciendo la servidumbre. El dominio de la burguesía, iniciando la época de las grandes revoluciones, conoció períodos alternos de avance turbulento y períodos de regresión. Esto entre otras cosas determinaba la sucesión de diferentes partidos en el poder durante varios períodos de dominación de la misma clase capitalista.
No sólo la teoría, sino también la experiencia viva de los últimos 11 años demuestra que el dominio del proletariado puede pasar por un período de reacción política y social, además de a través de un período de avance turbulento. Naturalmente, no se trata de reacción ‘en general’ sino de reacción sobre la base de una revolución proletaria triunfante, que se levanta en oposición al mundo capitalista. La alternancia de estos períodos está determinada por el desarrollo de la lucha de clases. Los períodos de reacción no cambian la base de la dominación de clase – es decir, no significan la transferencia del poder de una clase a otra (eso significaría una contrarrevolución) – sino que significan que hay un cambio en la correlación de las fuerzas de clase y un reagrupamiento de los elementos dentro de la clase. En nuestro país, el período de reacción que siguió al período de potente avance revolucionario, se produjo principalmente por el hecho de que las antiguas clases propietarias, derrotadas, rechazadas o aterrorizadas, pudieron, gracias a las condiciones objetivas y a los errores cometidos por la dirección revolucionaria, reagrupar sus fuerzas y pasar gradualmente a la ofensiva, utilizando principalmente el aparato burocrático.
Por otra parte, la clase victoriosa, el proletariado, sin apoyo externo, se encontró con nuevos obstáculos y dificultades; perdió la fuerza y el espíritu de los primeros días; se afianzó la diferenciación, con el surgimiento de una burocracia por arriba que actuaba cada vez más en su propio interés, y con la ruptura de los elementos agotados o completamente desesperados por abajo. El aumento de la actividad de las clases burguesas, sobre todo de aquel sector de la pequeña burguesía que luchaba por el avance de las viejas formas de explotación, fue correlativo a la disminución de la actividad del proletariado” (Trotski, The Challengeofthe Left Opposition 1928-29, pp. 304-5)
Termidor y bonapartismo
Existen amplios parecidos entre los procesos que ocurren en revoluciones, incluso cuando su carácter de clase es diferente. Las comparaciones entre la Revolución Rusa y la Gran revolución Francesa de 1789-94 pueden arrojar luz sobre algunos de los procesos fundamentales dentro de ciertos límites. Esto se aplica a la utilización de términos como “ termidor ” que se refiere al episodio del 27 de julio (9 termidor en el viejo calendario revolucionario) de 1794, cuando el ala de derechas de los jacobinos se alió con el centro (el ‘pantano’) para derrocar a Robespierre, iniciando así el camino de la reacción política que acabó con la dictadura bonapartista de Napoleón. Representó el fin del período de ascenso revolucionario y el inicio de la caída. Esto se reflejó en el hecho de que mientras en el período de ascenso (1789-94) el Terror se dirigía casi totalmente contra los enemigos de la revolución y los que querían un compromiso con la reacción, después de termidor, se dirigía contra el ala revolucionaria.
Por extensión, se puede considerar termidor como aquel punto en una revolución en que empieza a notarse cierto cansancio, reflejándose en una retirada que prepara el camino para la reacción abierta. En Francia esto sucedió cuando un sector de la “ montaña ” (el ala revolucionaria de la Convención Nacional) se cansó del terror y de las convulsiones de la revolución en general. La escisión en la “ montaña ” llevó a la reacción termidoriana . De la misma manera se pueden achacar los orígenes de la reacción estalinista en Rusia a un estado de ánimo difuso entre los funcionarios soviéticos y la pequeña burguesía al final de la guerra civil de que ya era hora de parar las innovaciones revolucionarias y ponerse a “ restablecer el orden ” . La teoría del socialismo en un sólo país resumía este estado de ánimo de reacción. Por supuesto que como cualquier analogía histórica, la utilización del término termidor era sólo una aproximación, y como tal tenía un carácter condicional. En sus artículos de 1929 Trotski explica la situación de la siguiente manera:
Me refiero principalmente al problema del termidor y, por esa misma razón, al carácter de clase del Estado soviético. La fórmula del termidor es, desde luego, como toda analogía histórica, condicional. (…) El termidor señala la primera etapa victoriosa de la contrarrevolución, es decir, la transferencia directa de poder de manos de una clase a otra: esta transferencia, aunque viene acompañada inexorablemente de guerra civil, queda, no obstante, oculta políticamente por el hecho de que la lucha se libra entre dos fracciones de un partido que hasta ayer estaba unido. (…) Indica el pasaje directo del poder a manos de otra clase, tras lo cual la clase revolucionaria sólo puede recuperar el poder mediante una insurrección armada. Esta, a su vez, exige una nueva situación revolucionaria, cuyo comienzo depende de un complejo de causas locales e internacionales. (Trotski, Escritos 1929-30, pp.386-7).
Unos años más tarde, en un artículo llamado El Estado obrero, termidor y bonapartismo, Trotski volvió a evaluar esta posición sobre el termidor. Explicó que la analogía del termidor había estado abierta a malas interpretaciones. El grupo ultraizquierdista del difunto Vladimir Smirnov, el grupo Centralismo Democrático, en oposición a la Oposición de Izquierdas, había declarado en 1926 que el proletariado ya había perdido el poder y se había restaurado el capitalismo en Rusia. Para Trotski esto era totalmente falso y era como enterrar la revolución mientras seguía viva. Sin analogías históricas no podemos aprender de la historia. Pero también tenemos que entender sus límites, sus similitudes y sus diferencias. Ese era el caso con el termidor.
“El Termidor de 1974 produjo el traspaso del poder de algunos grupos de la Convención a otros, de uno a otro sector del ‘pueblo’ victorioso. ¿Fue contrarrevolucionario? La respuesta depende de la extensión que le demos, en cada caso concreto, al concepto de ‘contrarrevolución’. El cambio social que se dio entre 1789 y 1793 fue de carácter burgués. En esencia se redujo a la sustitución de la propiedad feudal fija por la ‘libre’ propiedad burguesa. La contrarrevolución ‘correspondiente’ a esta revolución tendría que haber significado el restablecimiento de la propiedad feudal. Pero el Termidor ni siquiera intentó tomar esa dirección. Robespierre buscó apoyo entre los artesanos, el Directorio entre la burguesía mediana. Bonaparte se alió con los banqueros. Todos estos cambios, que por supuesto no sólo tenían un sentido político sino también un sentido social, se dieron sin embargo sobre la base de la nueva sociedad y el nuevo Estado de la burguesía. El Termidor fue la reacción actuando sobre los fundamentos sociales de la Revolución.
De las mismas características fue el Dieciocho Brumario de Bonaparte [esta es la nueva fecha para el 9 de noviembre de 1799, cuando Napoleón tomo el poder y creó una dictadura militar], la siguiente etapa importante en el avance de la reacción. En ninguno de los dos casos se trataba de restaurar las viejas formas de propiedad o el poder de los antiguos sectores dominantes, sino de dividir las ganancias del nuevo régimen social entre los distintos sectores del victorioso ‘Tercer Estado’. La burguesía se fue haciendo dueña de mayores posesiones y de más poder (ya sea directa e inmediatamente o a través de agentes especiales como Bonaparte), pero no atentó en lo más mínimo contra las conquistas sociales de la Revolución; por el contrario, solícitamente trató de fortalecerlas, organizarlas y estabilizarlas. Napoleón protegió la propiedad burguesa, incluida la de los campesinos, tanto contra la ‘chusma’ como contra los plañideros expropiados. La Europa feudal odiaba a Napoleón como la representación viva de la Revolución, y desde su punto de vista tenía razón” (Trotski, Escritos 1933-34, pp. 259-60).
Aquí de lo que se trata es de una serie de contrarrevoluciones políticas sobre las mismas relaciones de propiedad burguesas. Utilizando esta analogía por comparación, Trotski revela el carácter y la dinámica del estalinismo, no como un sistema de explotación de una nueva clase, sino como parasitismo social en el Estado obrero. La clase obrera había perdido el poder político, pero la contrarrevolución no había restaurado la burguesía. La propia burocracia estalinista había usurpado el poder político. Era un producto de las contradicciones sociales que surgían de un Estado obrero aislado en condiciones de atraso crónico.
La contrarrevolución política de la burocracia liquidó completamente el régimen de democracia obrera soviética, pero no destruyó las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre. La burocracia, elevándose por encima de los trabajadores, intentó regular estas contradicciones en su propio interés. Se basaba en la economía nacionalizada y planificada y jugaba un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque, en palabras de Trotski , a tres veces el coste del capitalismo, con un enorme desperdicio, corrupción y mala gestión. Lejos de erradicar estas contradicciones sociales, la burocracia acumulaba nuevas contradicciones. Al final se elevó por encima del proletariado y estableció un régimen de absolutismo burocrático, en el que se había expropiado a la clase obrera de sus derechos y su voz en la dirección de la sociedad.
¿Qué es el bonapartismo?
Trotski , basándose en los acontecimientos, fue capaz de extender y profundizar todavía más su análisis del carácter de clase de la URSS, precisando más sus definiciones. En 1935 ya había abandonado el término centrismo para describir a la burocracia, y adoptó la definición más apropiado de su carácter: una forma de bonapartismo proletario. Para poder entender el razonamiento de Trotski , primero es necesario enunciar de nuevo la teoría marxista del Estado. El Estado se puede definir de muchas maneras. Una de las más comunes para los marxistas es referirse al Estado como “ cuerpos de hombres armados en defensa de la propiedad privada ” . En última instancia, todas las formas de Estado se reducen a esto. Pero en la práctica, el Estado es mucho más que el ejército y la policía. El Estado moderno, incluso bajo el capitalismo, es un monstruo burocrático, un ejército de funcionarios que absorbe una enorme cantidad de la plusvalía producida por la clase obrera. Desde ese punto de vista, hay un germen de verdad en los argumentos de los monetaristas cuyas exigencias de recortar el Estado son un eco moderno de la exigencia de los liberales del siglo XIX de “ un gobierno barato ” . Por supuesto que, como Marx explica en La Guerra Civil en Francia, la única manera de conseguir un gobierno barato es mediante la abolición revolucionaria del Estado burgués, y el establecimiento de un Estado obrero, o un semi-estado , como la Comuna de París.
Marx, Engels y Lenin explicaron que el Estado es un poder especial, que se sitúa por encima de la sociedad y cada vez se aliena más de ésta. Como proposición general podemos aceptar que todos los Estados reflejan los intereses de una clase dominante en concreto. En realidad, la burocracia estatal tiene sus propios intereses, que no se corresponden necesariamente y en todo momento con los de la clase dominante, e incluso pueden entrar en conflicto abierto con ésta. El Estado, en último análisis, como explicaron Marx y Lenin, se compone de cuerpos de hombres armados y sus apéndices. Esta es la esencia de la definición marxista. Sin embargo, hay que ir con cuidado a la hora de utilizar generalizaciones marxistas, que indudablemente son correctas, en un sentido absoluto. La verdad es siempre concreta y si no se analizan las ramificaciones particulares y las circunstancias concretas, inevitablemente se cae en abstracciones y errores. Observemos la manera tan cautelosa con la que Engels trata la cuestión, incluso generalizando. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels escribe:
Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortizar el choque, a mantenerlo en los límites del ‘orden’. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado.
Y más adelante añade:
Y si no examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que ésta amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo (…)” (Op. cit., p. 320)
Engels continua, explicando que una vez que ha surgido el estado, dentro de ciertos límites, éste desarrolla un movimiento propio independiente y que eso es necesario bajo ciertas condiciones: “ Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar impuestos – dice Engels – , los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de esta.
“(…) Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo para ello los medios para la represión y la explotación de la clase oprimida (…) Sin embargo, por excepción, hay períodos en los que las clases en lucha están tan equilibradas, que el Poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra (…)” (énfasis mío)
Y de nuevo Engels dice:
El vínculo central en la sociedad civilizada es el estado, que en todos los períodos normales es sin excepción el Estado de la clase dominante, y que en todos los casos sigue siendo esencialmente una maquinaria de dominación de la clase oprimida y explotada (…)” (énfasis mío) (C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en dos tomos, t. II, pp. 318-22)
Démonos cuenta de la manera extremadamente cuidadosa y científica en la que se expresa Engels. “En todos los períodos normales” , “es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa” , etc. Engels entendía claramente que había situaciones anormales en las que este principio general de la teoría marxista no se podía aplicar. Marx desarrolló esta aproximación dialéctica a la cuestión del Estado en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde explica el fenómeno del bonapartismo, en el que la relación entre el Estado y la clase dominante no se corresponde a la norma. Marx señaló cómo los soldados borrachos de Luis Bonaparte, en nombre de “ la ley, el orden y la familia ” , fusilaron a la burguesía a la que presumiblemente representaban. ¿Era la burguesía la clase dominante bajo Luis Bonaparte? Para responder a esta pregunta no se requiere un conocimiento muy profundo del marxismo. La mera generalización “ cuerpos de hombres armados ” no tiene en cuenta ni el bonapartismo burgués ni el proletario. Si tomamos la historia moderna, podemos ver muchos ejemplos en los que se expropia a la burguesía de su poder político pero ésta sigue siendo la clase dominante. Esto es lo que llamamos bonapartismo, o, en palabras de Marx, “ el gobierno desnudo de la espada sobre la sociedad ” . Veamos algunos ejemplos.
En China, en 1927, después de que Chiang Kai- shek hubiera aplastado a la clase obrera de Shanghai con la ayuda de la chusma de las bandas de Shanghai , los banqueros organizaron banquetes en su honor, y le aplaudieron como benefactor y salvador de la humanidad. Pero Chiang quería algo más material que las alabanzas de sus dueños y sin contemplaciones, envió a todos los empresarios ricos y banqueros de Shanghai a la cárcel consiguiendo millones en rescates antes de liberarlos. Había hecho el trabajo para ellos y ahora exigía sus honorarios. Él no había aplastado a los obreros de Shanghai para beneficio de los capitalistas, sino por lo que significaba en poder e ingresos para él y su banda de ladrones. A pesar de eso ¿quién se atrevería a decir que los banqueros que estaban en la cárcel no seguían siendo la clase dominante aunque no tenían el poder político? La burguesía china tuvo tiempo de reflexionar amargamente sobre la complejidad de una sociedad en la que una gran parte del botín de la plusvalía extraída a los obreros tenía que ir a parar a sus perros guardianes y en la que muchos de los miembros de su clase languidecían en la cárcel.
La burguesía en esas condiciones es expropiada políticamente, la fuerza bruta domina la sociedad. Los militares y funcionarios consumen una parte considerable de la plusvalía. Pero estos burócratas están interesados en la continuación de la explotación capitalista de los obreros, y por lo tanto, aunque tratarán de exprimir a la burguesía todo lo que puedan, van a defender la propiedad privada. Por eso la burguesía sigue siendo la clase dominante, aunque ha perdido el poder político directo. En esto reside la respuesta a aquellos defensores del capitalismo de Estado que aseguran que es un sofisma afirmar que Rusia era un Estado obrero deformado, y que la clase obrera pudiera ser la clase dominante cuando estaba bajo la bota de Stalin y una parte de ésta estaba en campos de trabajo. Si no nos guiamos por las formas básicas de propiedad de una sociedad perdemos totalmente el Norte.
Se pueden dar muchos ejemplos de la historia de cómo un sector de la clase dominante ha atacado a otro y de cómo el Estado se ha elevado por encima de la sociedad. Por ejemplo, en la “ guerra de las Rosas ” en Gran Bretaña, las dos fracciones de los barones dominantes se exterminaron los unos a los otros. En varios momentos grandes sectores de la clase dominante estaban en la cárcel o habían sido ejecutados, y el trono estaba ocupado por aventureros de uno u otro bando. Finalmente surgió una nueva dinastía, la de los Tudores, que se equilibró entre las clases para establecer un régimen absolutista. En otros países ocurrieron procesos análogos. ¿Cuál es el carácter de clase del absolutismo? Estos monarcas absolutos, en un intento de consolidarse como un poder por encima de la sociedad, y alienándose cada vez más de ella, frecuentemente se apoyaron en la burguesía naciente para asestar golpes a la nobleza feudal. Pero el carácter de clase del régimen seguía siendo feudal. Estaba determinado por las relaciones de propiedad existentes, no por la configuración política del gobierno. En el período de declive de la sociedad esclavista existía una situación parecida. Los emperadores romanos se elevaron por encima de la sociedad y oprimieron cruelmente a la clase dominante, los dueños de esclavos, que fueron saqueados por impuestos, encarcelados, torturados y asesinados por los emperadores, que eran “ elegidos ” por la guardia pretoriana. De hecho, Marx originalmente utilizó el término “ cesarismo ” para describir este fenómeno. Pero este hecho no cambiaba un ápice el carácter de clase del Estado romano como un Estado esclavista. Y los dueños de esclavos seguían siendo la clase dominante incluso bajo el talón de hierro del cesarismo.
Tal y como Trotski explica, siguiendo el análisis clásico de Marx, Engels y Lenin: “ El cesarismo o su forma burguesa, el bonapartismo entra en escena en la historia cuando la áspera lucha de dos adversarios parece elevar el poder sobre la nación, y asegura a los gobernantes una independencia aparente con relación a las clases; cuando en realidad no les deja más que la libertad que necesitan para defender a los privilegiados ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 238).
En éste siglo, en el período de declive capitalista, hemos visto el fenómeno del fascismo, que se diferencia del bonapartismo en sus orígenes, pero que tiene muchas cosas en común con éste. Un régimen fascista, a diferencia del bonapartismo, llega al poder apoyándose en un movimiento de masas compuesto por la pequeña burguesía enfurecida y el lumpemproletariado. Sin embargo, en cuanto llega al poder, enseguida pierde su base de masas y se convierte en un régimen bonapartista, apoyándose en el ejército y la policía. Trotski comparó la burocracia nazi en Alemania con “ el viejo del mar ” que se sienta sobre las espaldas de la burguesía y, a cambio de guiarla por el camino seguro, al mismo tiempo abusa de ella, escupiendo en su calva y clavándole las espuelas en los costados.
En En defensa del marxismo, Trotski explica las diferencias entre bonapartismo y fascismo:
El elemento que el fascismo tiene en común con el viejo bonapartismo es que utilizaba los antagonismos de clases para dar al poder del Estado la mayor independencia. Pero nosotros siempre hemos subrayado que el viejo bonapartismo existió en la época de ascenso de la sociedad burguesa, mientras que el fascismo es un poder estatal de la sociedad burguesa en declive”. (Trotski, In Defence ofMarxism, p. 227).
No hay más que considerar el tratamiento de Hitler a sus oponentes capitalistas. Los nazis, que defendieron las relaciones de propiedad capitalistas, no sólo robaron a la burguesía y confiscaron sus propiedades, sino que ocasionalmente les ejecutaron. Por supuesto que no hay duda de que el carácter de clase del Estado nazi era burgués. Pero, por otra parte, la burguesía alemana perdió el control del Estado, que cayó en manos de los aventureros criminales e irresponsables de Hitler, que lo utilizaron en su propio beneficio. Aquí la relación entre el Estado y la clase dominante es dialéctica y contradictoria. De hecho, en 1943, los intereses de la clase dominante en Alemania estaban en conflicto abierto con los del Estado. En ese momento, Alemania ya había perdido la guerra. A la clase dominante le interesaba llegar a una paz con Gran Bretaña y EEUU para poder mantener la guerra con la Unión Soviética. Pero la rendición hubiera sido una sentencia de muerta para la camarilla nazi que controlaba el Estado. La burguesía alemana intentó, y fracasó, eliminar a Hitler mediante un golpe militar (el complot de los generales). Hitler combatió en la guerra hasta un final amargo y Alemania pagó el precio con la pérdida de su mitad oriental ante la Rusia estalinista.
Estalinismo: una forma de bonapartismo
Al analizar el papel del Estado, la pregunta más importante a la que hay que responder es ésta: ¿a qué clase representa? El Estado tiene que ser el instrumento de una clase, ¿a qué clase representaba en Rusia? No podía representar a la clase capitalista ya que ésta fue expropiada en 1917. No se puede defender que representaba los intereses del campesinado, o de los pequeños propietarios en las ciudades. Claramente representaba los intereses de la burocracia estalinista. Pero como forma especial de bonapartismo proletario, en última instancia, representaba a la clase obrera en la medida en que defendía la nacionalización de los medios de producción, la planificación y el monopolio del comercio exterior.
Bajo un régimen fascista o bonapartista, como hemos visto, incluso a pesar de que los gángsters puedan tener a la burguesía agarrada por el cuello, sigue existiendo una clase capitalista en cuyos intereses opera la economía en su conjunto y de la que cuelga esta excrecencia parásita. Algunos formalistas dicen que la burocracia soviética constituía una nueva clase dominante en Rusia. Pero si analizamos esta afirmación seriamente veremos que esto no era así. Lo que están diciendo es que el Estado es una clase. La burocracia “ poseía ” el Estado; el Estado “ poseía ” los medios de producción ” , por lo tanto la burocracia “ poseía ” los medios de producción y por lo tanto era una clase dominante. Pero esto es manipular la cuestión. La premisa es falsa. La burocracia no posee el Estado. En la práctica lo que están diciendo es que el Estado posee el Estado. Así, el intento de resolver el asunto mediante el método de la lógica formal acaba en una pura tautología, que no resuelve nada en absoluto.
Entonces ¿era la burocracia la clase dominante en la sociedad soviética? Este argumento, claramente, carece de fundamento. En una sociedad capitalista, o en cualquier sociedad clasista, no importa lo privilegiados que puedan ser los funcionarios de más alto rango, ellos esgrimen el instrumento para proteger la clase dominante que tiene una relación directa con los medios de producción, porque es su propietaria. Sabemos a quien representaba Napoleón. Sabemos a quienes representaban Luis Bonaparte, Chiang Kai- shek , Hitler, Churchill y De Gaulle. Pero ¿a quién representaban los burócratas estalinistas? ¿A ellos mismos? Esto es claramente falso. El Estado, por su propio carácter se compone de funcionarios, oficiales, generales, jefes de policía, etc. Pero estos individuos no constituyen una clase dominante, son un instrumento de una clase incluso aunque puedan estar enfrentados a ella. La burocracia consiste en millones de individuos a diferentes niveles en el aparato del Estado. Está el pequeño jefe local y están los dignatarios de alto rango. Así pues, ¿qué sector de la burocracia “ posee ” el Estado? No pueden ser todos los burócratas, ya que estos (la propia burocracia) están divididos jerárquicamente. El pequeño funcionario es tan parte de la burocracia como el gran burócrata.
En su libro Alemania, el único camino, Trotski analiza de esta manera la cuestión del bonapartismo:
En su momento, nosotros caracterizamos al gobierno de Brüning como bonapartista (‘una caricatura de bonapartismo’), es decir, un régimen de dictadura policíaco-militar. Tan pronto como la lucha entre los dos estratos sociales – los poseedores y los desposeídos, los explotadores y los explotados – llega a su máxima tensión, las condiciones están dadas para el gobierno de la burocracia, la policía y los soldados. El gobierno se hace ‘independiente’ de la sociedad. Recordemos una vez más: si se pinchan dos tenedores simétricamente en un tapón de corcho, éste se puede aguantar de pie incluso en sobre la punta de una aguja. Ese es precisamente el esquema del bonapartismo. Seguro, este gobierno no deja de ser el servidor de los propietarios. Pero el servidor se sienta sobre la espalda del jefe, le restriega el cuello hasta dejárselo pelado, e incluso a veces no duda en hundirle las botas en la cara.
Se podía haber asumido que Brüning se mantendría hasta la solución final. Sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos, apareció un nuevo eslabón: el gobierno Papen. Para ser precisos, nosotros deberíamos de haber introducido una rectificación en nuestra antigua denominación: el gobierno Brüning era un gobierno pre-bonapartista. Brüning sólo era un precursor. En una forma perfecta, el bonapartismo entró en escena con el gobierno Papen-Scheicher”. (Trotski, Germany, theOnly Road, p. 276).
El bonapartismo en la época de declive y crisis es diferente del bonapartismo en la juventud del capitalismo. Puede adoptar muchas formar, implicando diferentes combinaciones, dependiendo de las condiciones concretas. El gobierno de Napoleón o de Oliver Cromwell – bonapartismo clásico – se basaban en el surgimiento de la sociedad burguesa. El bonapartismo en la etapa de auge del capitalismo es fuerte y confiado. En condiciones de un desarrollo poderoso de las fuerzas productivas, adquiere una cierta estabilidad. Pero el bonapartismo del declive capitalista se ve afectado por su senilidad. Surge de la crisis de la sociedad capitalista y no puede resolver ninguno de los problemas a los que se enfrenta. La crisis del período de entre guerras dio lugar a toda una serie de regímenes bonapartistas, intentando equilibrarse entre las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución. En el mundo ex colonial, debido a la debilidad de la democracia burguesa, también muchos de los regímenes son de carácter bonapartista. Vemos como períodos de gobierno parlamentario débil dejan paso a dictaduras militares.
En contraste, el gobierno fascista significa la expropiación total de la burguesía. Se aplastan todos los derechos democráticos. La clase capitalista entrega el poder a los advenedizos fascistas que utilizan las fuerzas de masas de la pequeña burguesía enloquecida como fuerza de choque contra la clase obrera. Bajo el gobierno fascista el proletariado queda totalmente atomizado.
“En el fascismo hay un elemento de bonapartismo”, declara Trotski. “Sin este elemento, es decir, el levantamiento del poder estatal por encima de la sociedad debido a una agudización extrema de la lucha de clases, el fascismo hubiera sido imposible. Pero nosotros señalamos desde el principio que se trataba primariamente de una cuestión de bonapartismo en la época de declive imperialista, que es cualitativamente diferente del bonapartismo de la época de auge burgués (…) Los ministros de Brüning, Schleicher y la presidencia de Hindenburg en Alemania, el gobierno de Petain en Francia – todos ellos han sido, o tienen que ser, inestables. En la época de declive imperialista un bonapartismo puramente bonapartista es completamente inadecuado; el imperialismo encuentra indispensable movilizar a la pequeña burguesía y aplastar al proletariado bajo su peso”. (Trotski, Writings 1939-40, p. 410).
Se podrían dar innumerables referencias para demostrar que un Estado capitalista presupone la propiedad privada – la posesión individual de los medios de producción ¾ . El Estado es el aparato de dominación, no puede ser él mismo la clase dominante. La burocracia es simplemente parte del aparato del Estado. Puede “ poseer ” el Estado, en el sentido de que se eleva por encima de la sociedad y se independiza relativamente de la clase económicamente dominante, es decir, la clase dirigente. Este fue el caso en la Alemania nazi, donde la burocracia dictaba a los capitalistas qué debían producir, cómo, etc., para mantener la guerra. Lo mismo sucedía con la economía de guerra en Gran Bretaña, EEUU y en todas partes: el Estado dictaba a los capitalistas qué y cómo tenían que producir. Esto no le convertía en clase dominante. ¿Por qué? Porque estas medidas eran en defensa de la propiedad privada y de los intereses de la clase capitalista en su conjunto.
Claramente, la burocracia dirige y planifica la industria. Pero, ¿de quién es la industria que ellos dirigen y planifican? En la sociedad capitalista, los directores planifican y dirigen la industria en las empresas y trusts individuales. Pero esto no les convierte en propietarios de esas empresas. Por ejemplo, las empresas nacionalizadas en Gran Bretaña eran dirigidas por una burocracia de gerentes, pero éstos no eran los propietarios de estas industrias. Eran propiedad del Estado – el Estado capitalista – y dirigidas en interés de la economía capitalista en su conjunto. La burocracia en la URSS dirigía toda la industria. En ese sentido es verdad que tienen más independencia de su base económica que otra burocracia o maquinaria estatal haya tenido en toda la historia humana. Pero como Engels subrayó y debemos subrayar de nuevo, en última instancia las bases económicas son decisivas.
Los sociólogos burgueses recurren a definiciones arbitrarias para caracterizar todo tipo de grupos y subgrupos sociales, oscureciendo la auténtica base de clases de la sociedad. Por el contrario, el marxismo define una clase en términos de relaciones de propiedad. Defender que su función como directores de alguna manera convierte a los burócratas en una clase dominante no tiene ni pies ni cabeza. Y ciertamente no tiene nada en común con la definición marxista de una clase capitalista. La burocracia, en su papel como estrato gerente, jugaba un papel en la producción, de la misma manera que los directores de empresas capitalistas. Pero hay una diferencia fundamental. Los directores de empresas en occidente trabajan para los propietarios privados de la industria (o para el Estado burgués, que opera como asistente del sector privado). No son propietarios de la industria y no constituyen una clase social aparte.
Como directores , les corresponde lo que Marx llamó “ el salario de superintendencia ” , y nada más . Esto también se aplica a los directores en un Estado obrero , incluyendo por cierto un Estado obrero sano , donde en el período transicional seguiría habiendo un diferencial entre los salarios para el trabajo cualificado y no cualificado . Pero lo que caracterizaba a la burocracia estalinista era que devoraba una parte enorme de la riqueza producida por la clase obrera . Esto no tenía nada que ver con sus funciones de dirección , o el “ salario de superintendencia ” .
Si se toman más , lo hacen de la misma manera en que la burocracia fascista o bonapartista consume una parte de la plusvalía producida por los obreros . Pero no son una clase en el sentido marxista de la palabra, sino una casta parásita. “ Por la función de reguladora y de intermediaria , por el cuidado que tiene en mantener la jerarquía social, por la explotación , con estos mismos fines, del aparato del Estado, la burocracia soviética se parece a cualquier otra y, sobretodo , a la del fascismo. Pero también se distingue de ésta en caracteres de una extrema importancia . Bajo ningún otro régimen , la burocracia alcanza semejante independencia ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 218).
Los privilegios de la burocracia estalinista empezaban precisamente donde acababan sus funciones productivas. De hecho no surgían en absoluto de la esfera de la producción, sino de la esfera de la distribución. En condiciones de pobreza generalizada, era necesario decidir quién recibía qué. Trotski lo compara a una cola en una panadería. Si hay escasez de pan, y la cola es muy larga, se puede hacer ingobernable. Es necesario poner a un policía para mantener el orden en la cola y asegurarse que todo el mundo recibe su parte. Sucede a menudo que en el proceso el policía se lleva más que nadie. Esto no creará una actitud muy favorable hacia el policía. ¡Pero en modo alguno le convierte en una clase dominante en el sentido marxista de la palabra!
La burocracia estalinista no era una nueva clase dominante tal y como afirmaron J. Burnham, M. Shachtman, M. Djilas, J. Kuron y T. Cliff (y con ellos la burguesía y la derecha del movimiento obrero), sino una casta parásita, que no juega ningún papel necesario en el proceso productivo. Precisamente por esta razón se pueden descartar reformas significativas por arriba. Los ignorantes intelectuales “ disidentes ” polacos pensaban, argumentaban que, si era posible tener sindicatos libres bajo el capitalismo, ¿por qué no deberían de ser permitidos bajo el “ capitalismo de Estado ” ? Es cierto que para los capitalistas, en circunstancias normales, la “ democracia ” burguesa (es decir democracia formal, en la que se conceden ciertos derechos a los trabajadores, pero los bancos y monopolios deciden en última instancia lo que sucede) es la forma más económica y segura de gobierno, preferible al monstruoso saqueo y despilfarro del Estado que se da bajo el fascismo o el bonapartismo. Pero bajo el estalinismo, los derechos democráticos amenazaban inmediatamente la posición de la burocracia. La democracia formal y el estalinismo son incompatibles.
Trotski se mantuvo firme en su consideración de que la burocracia no era una nueva clase dominante. En una polémica con un seguidor francés, Yvan Craipeau en 1937, explicaba:
“Esta vez deduce su extraordinaria prueba de una frase de La Revolución Traicionada en el sentido de que ‘todos los medios de producción pertenecen al Estado y el Estado pertenece, hasta cierto punto, a la burocracia’ (el énfasis es mío). Craipeau está jubiloso. Si los medios de producción pertenecen al Estado, y el Estado a la burocracia, ésta se torna en el propietario colectivo de los medios de producción, y por eso solamente, en la clase poseedora y explotadora. El resto del argumento de Craipeau es casi de carácter puramente literario. Nos dice una vez más, con aire de polemizar contra mí, que la burocracia termidoriana es mala, rapaz, reaccionaria, sedienta de sangre, etc. ¡Una verdadera revelación! ¡Sin embargo nunca dijimos que burocracia estalinista fuera virtuosa! Solamente le negamos la calidad de clase en el sentido marxista, es decir, con respecto a la propiedad de los medios de producción” (Trotski, Escritos 1937-38, pp. 49-51).
El Estado es un instrumento de la clase dominante, de coerción, un policía glorificado. Pero el policía no es la clase dominante. La policía puede convertirse en infrenable , puede convertirse en bandidos, pero no se convierte en una clase capitalista, feudal o esclavista. El carácter parasitario de la burocracia se demuestra por el hecho de que se ven obligados a pretender que no existen como capa privilegiada. En palabras de Trotski : “ Su apropiación de una parte enorme del ingreso nacional tiene carácter de parasitismo social ” Goza de sus privilegios bajo la forma de abuso del poder. Esconde sus ingresos. “ Los departamentos más grandes, el bistec más jugoso y los Rolls Royce no bastan para transformar a la burocracia en una clase dominante independiente ” ( Trotski , Escritos 1933-34, p. 172).
La democracia obrera bajo Lenin y Trotski fue sustituida por el régimen burocrático de Stalin. Aunque las formas políticas eran radicalmente diferentes de las de los primeros años de la revolución, lo que se mantuvo fueron las relaciones de propiedad nacionalizadas. Este hecho, la existencia de una economía nacionalizada y planificada, era el que definía el carácter de clase básico de la Unión Soviética. Era un Estado obrero que había quedado horriblemente deformado por una contrarrevolución burocrática. “ Un tumor puede adquirir un tamaño enorme e incluso estrangular al organismo vivo, pero un tumor nunca se puede convertir en un organismo independiente ” resaltó Trotski .
La burocracia soviética era similar a otras burocracias, especialmente la burocracia fascista, con una diferencia importante. La burocracia fascista se basaba en la propiedad privada de los medios de producción, y era la expresión más monstruosa de un régimen en declive. La burocracia estalinista se basaba en las nuevas formas de propiedad establecidas por la revolución, que durante todo un período demostraron una vitalidad colosal. Hasta recientemente, la burocracia rusa se veía obligada a defender la propiedad estatal como fuente de su poder e ingresos. Este hecho por sí solo le permitió jugar un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, incluso en el mejor período, seguía siendo una excrecencia parásita en el Estado obrero, la fuente de un despilfarro, corrupción e ineficacia sin fin. Tenía todos los vicios pero ninguna de las virtudes históricas de una clase dominante.
En palabras de Trotski “ Si la maraña bonapartista es una clase esto significa que no es un aborto sino un hijo viable de la historia. Si su parasitismo merodeante es ‘explotación’ en el sentido científico del término, esto significa que la burocracia tiene un futuro histórico como clase dominante indispensable en un sistema económico dado ” ( Trotski , In Defence of Marxism, p. 24). Este claramente no es el caso. La economía soviética, sin duda, ha dado enormes pasos adelantes, pero este impulso no fue debido a la burocracia en sí, sino debido a la economía nacionalizada y planificada. La burocracia se convirtió en un freno enorme para el desarrollo cultural y técnico de Rusia. Como mucho, la burocracia soviética jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de la industria pesada, pero con un despilfarro tremendo.
El Estado bajo Stalin no tenía nada en común con el de Octubre, aparte de la propiedad estatal y la planificación. Todos los logros de la revolución en la introducción del control y administración obreras de la industria y el Estado quedaron abolidos. La burocracia tenía un control absoluto. Las llamadas elecciones eran una farsa, en la que los candidatos de un partido único eran elegidos regularmente con el 99 por ciento de los votos, algo imposible incluso desde un punto de vista técnico (a veces la gente se muda de vivienda e incluso mueren). La clase obrera estaba a merced de la burocracia, sujeta a despidos arbitrarios, exilio, encarcelamientos, encierro en hospitales mentales, y todos los demás métodos con los cuales un Estado totalitario mantiene al pueblo en un Estado de miedo omnipresente. Además de los órganos de represión normales, la burocracia tenía a su servicio un ejército de espías, informadores y gente de confianza, en todas las fábricas, oficinas, clases o bloques de casas.
Es cierto que en los últimos años, especialmente después de la muerte de Stalin, se introdujeron grandes reformas que llevaron a un aumento de los niveles de vida, mejores servicios sociales, etc. Pero en todo momento el control siguió firme en manos de la burocracia. Las reformas que se introdujeron, siempre venían de arriba y no modificaban de manera fundamental la relación entre la clase obrera y la casta dominante. No existía ningún elemento de democracia obrera en absoluto.
‘Colectivismo burocrático’?
¿Acaso la Rusia estalinista representaba una nueva forma de sociedad no prevista por Marx o Lenin? Claramente si el estalinismo no es socialismo, una sociedad basada en la satisfacción armoniosa de las necesidades humanas, ¿qué representaba? Algunos han observado la Unión Soviética, y han sido repelidos por los juicios-purga, los campos de trabajo, y en general el carácter totalitario del régimen y han sacado la conclusión de que el estalinismo era una nueva sociedad explotadora con su propia clase dominante burocrática. A esta conclusión se la ha dado diferentes descripciones, desde “ colectivismo burocrático ” (Bruno Rizzi y Max Shachtman) hasta “ capitalismo de Estado ” (Tony Cliff). En realidad estas concepciones son falsas de principio a fin.
La teoría del capitalismo de Estado se basaba en la idea de que la contrarrevolución política estalinista en Rusia significaba una nueva etapa en el capitalismo. Este no se diferenciaba en ningún punto fundamental del capitalismo “ normal ” . La burocracia era supuestamente una nueva clase dominante. Supuestamente la economía soviética seguía las leyes normales del capitalismo, etc. Sin embargo, un argumento de este tipo queda inmediatamente enmarañado de contradicciones. Sin ir más lejos, tenemos que señalar que si la Unión Soviética era capitalista (o capitalista de Estado, no representa ninguna diferencia fundamental para la sustancia del argumento), entonces tendría que haber tenido la misma ley del movimiento que el capitalismo: es decir booms y recesiones. Por más que mires y remires no encontrarás un fenómeno de este tipo. Así la adopción de una teoría falsa lleva necesariamente al abandono del punto de vista básico del marxismo. He aquí un tipo de capitalismo que ha conseguido eliminar la contradicción fundamental de la economía de mercado: un capitalismo sin paro, capaz de desarrollar las fuerzas productivas a velocidades sin precedentes y no interrumpidas por crisis de sobreproducción.
Esta conclusión nos llevaría inevitablemente a revisar los postulados básicos del marxismo, de ser cierta. Pero no lo es. Toda la concepción se basa en una incomprensión total de la teoría marxista del Estado, el carácter de clase de la sociedad y el período de transición. El esquema general de Marx y Lenin de cómo se desarrollará la transición del capitalismo al socialismo es indudablemente correcto, en general. Pero la verdad es siempre concreta. No se pueden entender fenómenos sociales complejos y contradictorios sólo sobre la base de generalizaciones teóricas. Éstas pueden servirnos de marco de referencia y punto de partida útil, pero sólo se puede entender el carácter de la cosa en sí mediante un análisis cuidadoso de todos los hechos y procesos, de manera completa, sacando a la luz todas las tendencias contradictorias. Por el contrario, el intento de ordenar los hechos para justificar una definición preconcebida acaba inevitablemente en un aborto.
Lo que sorprende de la teoría del capitalismo de Estado en todas sus variantes es su carácter completamente arbitrario. Lejos de resolver nada, nos lleva a una nueva maraña de contradicciones. La explicación de Trotski del estalinismo como Estado obrero deformado, una forma de bonapartismo proletario, mucho más simple y completamente de acuerdo con la teoría marxista, se corresponde con todo lo que hemos visto en la URSS desde la muerte de Lenin hasta la caída del muro de Berlín. Aceptando este punto de vista no necesitamos revisar las ideas básicas del marxismo que son las únicas que nos dan una comprensión científica y una guía para la acción en la nueva situación.
Es imposible comprender un proceso vivo, en desarrollo, mediante definiciones abstractas y lógica formal. Como Trotski explicó:
“El principal vicio del pensamiento vulgar radica en el hecho de que quiere contentarse con fotografías inertes de una realidad que consiste en eterno movimiento. El pensamiento dialéctico da a los conceptos – por medio de aproximaciones sucesivas, correcciones, concreciones – riqueza de contenido y flexibilidad; diría incluso, hasta cierta suculencia que en cierta medida los aproxima al fenómeno viviente. No hay un capitalismo en general, sino un capitalismo dado, en una etapa de desarrollo. No hay un Estado obrero en general, sino un Estado obrero dado, en un país atrasado, dentro de un cerco imperialista, etc.” (Trotski, En Defensa del Marxismo, p. 57)
Las teorías del capitalismo de Estado en Rusia se remontan bastante en el tiempo. La teoría del colectivismo burocrático para describir la URSS la plantearon Bruno Rizzi y Max Shachtman hace más de 50 años. En su libro La Bureaucratisation du Monde, Bruno Rizzi explica: “ En nuestra opinión, la URSS representa un nuevo tipo de sociedad dirigida por una nueva clase social: esa es nuestra conclusión. La propiedad colectivizada de hecho pertenece a esta clase que ha introducido un sistema de explotación nuevo y superior. Se transfiere la explotación del individuo a la clase. ” (B. Rizzi, La Bureaucratisation du Monde, p. 31)
De nuevo: “ En nuestra opinión , en la URSS, los propietarios son los burócratas ya que ellos tienen la fuerza en sus manos. Son ellos los que dirigen la economía tal y como era normal entre la burguesía ; son ellos los que se apropian de los beneficios , tal y como era normal en todas las clases explotadoras , y son ellos los que fijan los salarios y los precios de las mercancías : una vez más son los burócratas . ” (Ibid., p. 56) Rizzi concluye : “ La explotación se da exactamente de la misma manera que en una sociedad basada en la esclavitud (…) La clase obrera rusa ya no son proletarios ; son simplemente esclavos . Es una clase de esclavos en su sustancia económica y en sus manifestaciones sociales . ” (Ibid., pp. 72-4.). Irónicamente más adelante llega a la conclusión de que sobre la base del aumento del desarrollo productivo este colectivismo burocrático acabará en una “ sociedad sin clases y el socialismo ” .
Para acabar de arreglarlo, también incluye la Alemania de Hitler como colectivismo burocrático. El argumento de Bruno Rizzi es completamente acientífico. Los burócratas soviéticos no eran propietarios en el sentido de poseer los medios de producción. No eran propietarios de acciones. Tampoco podían pasar ninguna propiedad mediante herencia. Ciertamente no poseían la clase obrera como los esclavistas romanos poseían sus esclavos. Cómo una sociedad clasista de ese tipo iba a desarrollarse en socialismo sigue siendo un misterio. Sin embargo estas ideas descabelladas fueron recogidas por James Burnham, que alcanzó notoriedad como autor de La Revolución Directorial, en que se equiparaba el estalinismo con el fascismo y el New Deal. Burnham también se hizo famoso por su defensa abierta de la guerra nuclear contra la Unión Soviética. En el fondo, todo esto reflejaba el profundo pesimismo y desesperación de una capa de intelectuales de capas medias como consecuencia de las derrotas de la clase obrera. La noción del colectivismo burocrático era más que una teoría, era la expresión del Estado de ánimo de este sector, impresionado por la visión de un futuro de pesadilla en las páginas del libro de George Orwell 1984.
Max Shachtman también adoptó la teoría del colectivismo burocrático después de romper con el movimiento Trotski sta en 1940. “ Es cruel darse cuenta del cumplimiento de la predicción de todos los grandes socialistas científicos, de Marx y Engels en adelante, de que el capitalismo tiene que colapsar por su incapacidad para resolver sus propias contradicciones y que las alternativas a las que se enfrenta la humanidad no son tanto capitalismo o socialismo, sino: socialismo o barbarie. El estalinismo es esa nueva barbarie, ” declara Shachtman (M. Shachtman, The Bureaucratic Revolution, p. 32). Shachtman también llegó a mantener que los obreros de la URSS no eran en absoluto obreros, sino esclavos del Estado burocrático. A pesar de eso, en ese momento, él consideraba este colectivismo burocrático más progresista que el capitalismo.
Según la resolución aprobada en la Convención de 1941 de su organización, el Partido Obrero: “ Desde el punto del socialismo, el Estado colectivista burocrático es un orden social reaccionario; en relación al mundo capitalista, está en un plano históricamente más progresista. ” Esto era realmente un intento por parte de Shachtman de justificar su adaptación a la opinión pública pequeñoburguesa americana que había girado hacia un antiestalinismo feroz después de 1939. Eventualmente, Shachtman giró más a la derecha acabando por defender la política exterior de los EEUU . Subsiguientemente la teoría del colectivismo burocrático cayó en desuso como descripción de la URSS.
Por otra parte, algunos sectores siguieron defendiendo la teoría del capitalismo de Estado. El exponente contemporáneo más reciente es Tony Cliff en su libro Rusia: un análisis marxista (1964), republicado como Capitalismo de Estado en Rusia (1974). Este trabajo se basa en una versión anterior llamada El Carácter de la Rusia Estalinista publicada en junio de 1948. Debido a su debilidad teórica, y la crítica que nosotros hicimos a este trabajo en ese tiempo, más adelante se modificaron los argumentos. Inicialmente, Cliff planteó que la URSS había sufrido una transformación en 1928, el primer año de los Planes Quinquenales, pasando de ser un Estado obrero deformado a capitalismo de Estado porque se podía afirmar de manera concluyente “ que con la introducción de los Planes Quinquenales, los ingresos de la burocracia consistían en gran medida en plusvalía ” . (T. Cliff, El Carácter de la Rusia Estalinista, p. 45).
Sin embargo, este argumento clave fue abandonado cuando se le clarificó a Cliff que desde 1920 en adelante, la burocracia había consumido una gran parte de la plusvalía producida por la clase obrera, legítima e ilegítimamente. Tal y como Marx había explicado correctamente, en un Estado obrero en el período transicional, la producción de plusvalía se utilizaría para acelerar la construcción de la industria, preparando de esta manera el camino para la transición más rápida posible hacia la igualdad y después hacia el comunismo completo. Ningún marxista podría mantener que por este motivo el carácter de clase del Estado soviético había cambiado. Tony Cliff abandonó sin contemplaciones este argumento sin explicación y posteriormente desarrolló nuevos argumentos en un intento de reforzar la teoría del capitalismo de Estado. Este hecho resume su tratamiento ecléctico de esta cuestión durante los últimos 40 años.
Trotski sobre el ‘capitalismo de Estado’
Trotski ya había demolido las teorías del colectivismo burocrático y el capitalismo de Estado en los años 30. La cuestión más importante para Trotski a la hora de comprender el estalinismo era el método marxista. Lejos de ser rígido y formalista, como Cliff afirmaba, Trotski era escrupulosamente dialéctico en su análisis del estalinismo, examinando meticulosamente las características contradictorias del proceso tal y como se iban desarrollando en cada etapa. Para él, el proceso no era simplemente blanco o negro, sino mucho más complicado y complejo. No estaba buscando categorías pulcras y bonitas para satisfacer las leyes de la lógica formal, sino que buscaba la realidad contradictoria de lo que estaba pasando en realidad en la Unión Soviética.
El método de Cliff era totalmente diferente. Examinaba de la manera más superficial las características aparentes del estalinismo en Rusia y entonces elaboraba una analogía superficial con ciertos aspectos del capitalismo, sin entender el auténtico carácter de la Unión Soviética y los procesos contradictorios que se estaban dando en ésta. Sin duda había similitudes con el capitalismo, pero también había diferencias fundamentales. “ En Rusia los horrores de la industrialización forzada, de la colectivización brutal del campesinado, la supresión de los derechos de los trabajadores a organizarse en sindicatos o ir a la huelga, el terror policíaco, todo esto eran productos secundarios de una tasa sin precedentes de acumulación de capital ” , declara Cliff (Binns, Cliff y Harman, Rusia: de Estado obrero a capitalismo de Estado, p. 11). Estas características del estalinismo existían, pero no eran consecuencia de la acumulación primitiva de una supuesta sociedad de capitalismo de Estado.
Trotski explicó este desarrollo, no como el resultado del funcionamiento de leyes económicas capitalistas, sino de las acciones de la burocracia estalinista en su intento de consolidar su posición privilegiada, alcanzando a Occidente. Otras burocracias habían actuado de manera igualmente despiadada, por ejemplo, la burocracia nazi que intentó dominar el mundo. Dado su punto de vista fundamentalmente diferente de Cliff, llega correctamente a la conclusión de que: “ Nuestro análisis sobre el carácter de clase de Rusia bajo Stalin, y hoy, difiere del que hizo León Trotski ” . (Ibid., p. 12). La cuestión es que el método y análisis de Trotski eran correctos, y los de Cliff incorrectos.
Tony Cliff afirma que la burocracia estalinista es una nueva clase dominante, pero no podemos encontrar en ningún lugar de sus escritos un auténtico análisis, o pruebas de por qué y cómo tal clase se constituye en clase capitalista. Esto no es accidental. Proviene de su método. Empezando con la idea preconcebida del capitalismo de Estado, todo se ajusta artificialmente a esa concepción. En vez de aplicar el método teórico del marxismo a la sociedad rusa en su proceso de desarrollo y movimiento, él ha recorrido rápidamente el trabajo de los grandes marxistas recogiendo citas e intentando comprimirlas en una nueva teoría.
El criterio principal para los marxistas al analizar un sistema social es: ¿la nueva formación conduce al desarrollo de las fuerzas productivas?. Cliff da un rodeo a la pregunta con comparaciones falsas de las tasas de crecimiento de capitalistas individuales y con el hecho de que la producción industrial del mundo, en realidad, ha caído desde 1891. Pero lo que hay que comparar es la tasa de crecimiento de la Unión Soviética con la del resto del mundo capitalista. La teoría del marxismo se basa en el desarrollo material de las fuerzas productivas como fuerza motriz del progreso histórico. La transición de un sistema a otro no se decide subjetivamente, está basada en las necesidades de la propia producción. Es sobre estas bases y sólo sobre éstas bases en las que la superestructura se erige: el Estado, la ideología, el arte, la ciencia y el gobierno. Es verdad que la superestructura tiene un importante efecto secundario sobre la producción, e incluso dentro de ciertos límites, como Engels explicó, adquiere su propio movimiento independiente. Pero en última instancia, el desarrollo de la producción es lo decisivo.
Marx explicó que la justificación histórica para el capitalismo (a pesar de los horrores de la revolución industrial, a pesar de la esclavitud de los negros en Africa , a pesar del trabajo infantil en las fábricas, las guerras de conquista a través del planeta, etc.), se basaba en que era una etapa necesaria en el desarrollo de las fuerzas productivas. Marx demostró que sin la esclavitud no sólo la antigua esclavitud, sino la esclavitud en la primera época del desarrollo capitalista, el desarrollo moderno de la producción habría sido imposible. Sin éstas bases, las del socialismo nunca podrían haber sido preparadas. En una carta a P. V. Annenkov Marx escribió:
La esclavitud directa es el pilar de la industria burguesa de la misma manera en que lo son la maquinaria, los créditos, etc. Sin esclavitud no habría algodón; sin algodón no habría industria moderna. La esclavitud ha dado su valor a las colonias, las colonias han creado el comercio universal, el comercio universal es la condición necesaria de la gran industria. Por tanto, la esclavitud es una categoría económica de la más alta importancia.
Sin esclavitud, América del Norte, el país de más rápido progreso, se transformaría en un país patriarcal. Borrad Norteamérica del mapa del mundo y tendríais la anarquía, la decadencia completa del comercio y de la civilización moderna. (MESW, Letter¾ Marx to P.V. Annenkov in París, Vol. 1, pp. 523-4.)
Desde luego, la actitud de Marx hacia los horrores de la esclavitud y la revolución industrial es bien conocida. Sería una brutal distorsión de la posición de Marx, argumentar que porque él escribió lo antes mencionado, entonces estaba a favor de la esclavitud y del trabajo infantil. De la misma manera, tampoco se puede argumentar hoy contra los marxistas que porque apoyan la propiedad estatal en la URSS, entonces justifican los campos de concentración y otros crímenes del régimen de Stalin. El apoyo de Marx a Bismarck en la guerra franco-prusiana estaba dictado por consideraciones similares. A pesar de la política de ‘hierro y sangre’ de Bismarck, y la naturaleza reaccionaria de su régimen, Marx dio un apoyo crítico a la guerra de Prusia contra Francia debido a que la unificación nacional de Alemania facilitaría el desarrollo de las fuerzas productivas. El criterio básico era el desarrollo de las fuerzas productivas. A largo plazo, todo lo demás se deriva de esto.
Cualquier análisis de la sociedad rusa debe partir de esas bases. Ya que Cliff admite que mientras el capitalismo está declinando y decayendo a escala mundial, todavía mantiene un papel progresista en Rusia en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, entonces, lógicamente, tendría que decir que el capitalismo de Estado es la próxima etapa de la sociedad, al menos para los países atrasados. Contradictoriamente, muestra que la burguesía rusa no es capaz de cumplir el papel que cumplió la burguesía en Occidente y consecuentemente la revolución proletaria es inevitable.
Si decimos capitalismo de Estado en Rusia (introducido mediante una revolución proletaria), entonces está claro que la crisis del capitalismo no es insoluble, sino sólo los dolores del parto de una nueva y más alta etapa del capitalismo (capitalismo de Estado). La cita que nos da el propio Cliff de Marx – que ninguna sociedad desaparece de la escena hasta que han sido agotadas todas las posibilidades inherentes en ella – indicaría que si su argumento es correcto, una nueva época, la época del capitalismo de Estado se abre ante nosotros. La idea de Lenin de que el imperialismo era la fase superior del capitalismo sería falsa. Habría que revisar por completo el marxismo.
‘Un sindicato en el poder’
Al tratar con el “ capitalismo de Estado ” , vemos el tipo de fetichismo del que Marx hablaba y que puede afectar incluso al movimiento revolucionario, ¡cámbiale el nombre a una cosa y le cambias la esencia! Trotski describió este fenómeno como radicalismo ideológico. Pero ponerle etiquetas al fenómeno del estalinismo no cambia el carácter del régimen. De hecho, si la idea del capitalismo de Estado o el colectivismo burocrático fuera correcta, toda la teoría de Marx se convertiría en una utopía. Vamos a partir de proposiciones fundamentales. Según la teoría de Marx, ninguna sociedad desaparece de la escena de la historia hasta que ha agotado todo el potencial inherente a ella. Durante todo un período histórico, el régimen soviético dio enormes pasos adelantes, mucho mayores que nada de lo que hemos visto en Occidente. Según los defensores del capitalismo de Estado, tenemos el absurdo de una nueva revolución, la revolución proletaria de 1917, transformando la economía en capitalismo de Estado. Tal y como Trotski explicó: “ se ha tratado de disfrazar el enigma soviético con el término capitalismo de Estado, que presenta la ventaja de no ofrecerle a nadie un significado preciso ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 216).
Mientras que Trotski encontró la prueba de un Estado obrero en la transformación de las formas de propiedad, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado encuentran prueba de lo contrario. Ellos pueden argumentar que a no ser que la clase obrera tenga el control directo del Estado, no puede haber un Estado obrero. En ese caso, tendrían que rechazar la idea de que nunca hubo un Estado obrero en Rusia, con la única posible excepción de los primeros meses después de Octubre . Incluso aquí es necesario reiterar que la dictadura del proletariado se realizó a través del instrumento de la vanguardia de la clase, es decir, el Partido, y en el Partido a través de la dirección del Partido. Bajo las mejores condiciones esto será efectuado con la mayor democracia dentro del Estado y dentro del Partido. Pero la existencia de la dictadura, su necesidad para lograr el cambio en el sistema social, es ya una prueba de las profundas contradicciones sociales que pueden encontrar, en circunstancias históricas desfavorables, un reflejo dentro del Estado y dentro del Partido. Ni el Partido, ni el Estado, pueden automática y directamente reflejar los intereses de la clase. No es por casualidad que Lenin pensaba que los sindicatos eran un factor necesario para la defensa de los trabajadores contra su Estado, así como un baluarte para la defensa del Estado.
Aquí vemos de nuevo los resultados de sustituir el pensamiento formal por un análisis dialéctico. Los defensores de esta teoría se basan en puras abstracciones: un Estado obrero en general, en oposición a un Estado obrero formado en condiciones de atraso espantoso, pobreza y analfabetismo. Un materialista estudia el tema de una manera totalmente diferente. Aunque el proletariado es la clase más homogénea en la sociedad, no es totalmente homogénea. Existen diferencias importantes entre diferentes sectores de la clase: cualificados y no cualificados, atrasados y avanzados, organizados y no organizados, etc. Los mismos procesos que se dan en otras clases pueden darse en la clase obrera, en condiciones concretas.
La historia de las organizaciones obreras bajo el capitalismo, que bajo ciertas condiciones pueden experimentar un proceso de burocratización, especialmente cuando los trabajadores no participan activamente, es una analogía útil. Trotski , en última instancia comparó el Estado obrero a un sindicato que hubiese tomado el poder. Después de una huelga prolongada, en la que no se ve posibilidad de victoria, los obreros tienden a caer en la inactividad y la apatía, empezando por los elementos más atrasados. De la misma manera, en Rusia, después de años de guerra, revolución y guerra civil, los obreros estaban agotados. Gradualmente cayeron en la inactividad. Como consecuencia y a lo largo de un período de tiempo, los soviets, los sindicatos y otros organismos de poder obrero se burocratizaron. Podemos ver un proceso parecido en la revolución Francesa , aunque con un contenido de clase diferente. Si fue posible que un partido de la clase obrera (la socialdemocracia), especialmente a través de su dirección, degenerase bajo las presiones ajenas del capitalismo, ¿por qué es imposible que el Estado formado por los trabajadores siga un camino similar? ¿Por qué es imposible que el Estado gane independencia de la clase, y al mismo tiempo (en su propio interés) defienda las nuevas formas económicas creadas por la revolución? En realidad, la transición de una sociedad a la otra resultó ser mucho más compleja que lo que podía haber sido previsto por los fundadores del socialismo científico.
Al proletariado le ha sido dado el privilegio, no más que a cualquier otra clase o formación social, de tener inevitablemente un viaje tranquilo en la transición a su dominación, y posteriormente su desaparición sosegada e indolora en la sociedad: el socialismo. Era una variante posible. Pero la degeneración tanto de la socialdemocracia como del Estado soviético en determinadas condiciones no era en absoluto accidental. Representaba en un sentido las relaciones complejas entre una clase, sus representantes y el Estado, que más de una vez en la historia dieron motivo de lamentaciones a la clase dominante, burguesa, feudal o esclavista. Refleja, en otras palabras, la multiplicidad de factores históricos que son la base para el factor decisivo: el económico.
Contrastemos el amplio punto de vista de Lenin, con el mecanicista de los defensores del capitalismo de Estado. Lenin insistía una y otra vez en la necesidad de estudiar los períodos de transición de las épocas pasadas, especialmente del feudalismo al capitalismo, para entender las leyes de la transición en Rusia. Él habría rechazado la concepción de que el Estado surgido en Octubre tendría que seguir una norma preconcebida, o si no dejaría de ser un Estado obrero. Lenin sabía bien que el proletariado, su partido y dirección, no tenían un poder divino que les llevara suavemente, sin contradicciones, hacia el socialismo una vez que el capitalismo había sido derrocado. Esta es necesariamente la única conclusión que se puede extraer de las normas kantianas categóricamente afirmadas por los que proponen la teoría del capitalismo de Estado. Por eso Lenin subrayó por adelantado que la dictadura del proletariado cambiaría tremendamente en diferentes países y bajo diferentes condiciones.
Sin embargo, Lenin insistía constantemente en el punto, de que en la transición del feudalismo al capitalismo, la dictadura de la burguesía ascendente estaba reflejada en la dictadura de un hombre. Una clase podría gobernar a través del dominio personal de un hombre. Cliff es bastante complaciente al aceptar esta concepción para aplicarla a la burguesía. Pero se podría sacar la conclusión de sus argumentos, que tal cosa sería imposible en el caso del proletariado. El dominio de un hombre implica absolutismo, dictadura arbitraria conferida en un único individuo, sin derechos políticos para la clase dominante a cuyos intereses, en última instancia, él representa. Pero Lenin sólo hizo este comentario para demostrar que bajo determinadas condiciones la dictadura del proletariado podría ser realizada también a través de la dictadura de un sólo hombre. Lenin no desarrolló esta concepción. Pero hoy a la luz de la experiencia de Rusia y Europa del Este, China, Cuba y los otros Estados obreros deformados, podemos profundizar y entender no sólo el desarrollo presente de la sociedad sino también los acontecimientos del pasado.
Bajo ciertas circunstancias la dictadura del proletariado puede ser realizada a través de la dictadura de un hombre. No estamos hablando de un Estado obrero sano, sino de una distorsión que pueden surgir de la separación del Estado de la clase a la que representa. Esto significa que el aparato casi inevitablemente tenderá a hacerse independiente de su base y así adquirirá intereses creados propios, hostiles y ajenos a la clase que representa como en el caso de la Rusia estalinista. Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad burguesa, vemos que la autocracia de un individuo, con las determinadas contradicciones sociales, servía a las necesidades del desarrollo de esa sociedad. Está claramente demostrado en el dominio de Cromwell y Napoleón. Pero aunque ambos mantenían una base burguesa, en un estadio determinado de la autocracia burguesa, se convierte, de un factor favorable para el desarrollo de la sociedad capitalista, en un obstáculo para el pleno y libre desarrollo de la producción burguesa.
Sin embargo, entonces, el régimen dictatorial no se diluye sin dolor. En Francia e Inglaterra fueron necesarias revoluciones políticas adicionales antes de poder cambiar la autocracia burguesa en democracia burguesa. Pero sin la democracia burguesa habría sido imposible el desarrollo libre y pleno de las fuerzas productivas hasta sus límites bajo el capitalismo. ¿Si esto se aplica a la evolución histórica de la burguesía, cómo no aplicarlo al proletariado en un país atrasado y aislado donde la dictadura del proletariado ha degenerado en la dictadura de Stalin, de un hombre?.
Para que el proletariado pudiera tomar el camino del socialismo, se necesitaba una nueva revolución, una revolución política, para transformar el Estado bonapartista proletario en una democracia obrera. Tal concepción coincide con la experiencia del pasado. De la misma manera en que el capitalismo ha pasado a través de muchas fases, contradictorias y turbulentas (y están lejos de haberse acabado como demuestra nuestra época), en condiciones determinadas históricas el dominio del proletariado también pasó por ellas en Rusia. Y también por una reacción mutua, Europa del Este y China pasaron por esta fase de bonapartismo proletario
La noción peculiar de que un Estado obrero siempre nace tan inmaculado como la Virgen María y en todas las circunstancias tiene que aparecer en la forma clásica de una democracia obrera perfecta, o de lo contrario hay que condenarlo como un “ nuevo Estado clasista ” , es una idea mística que no tiene nada en absoluto que ver con el método materialista del marxismo. Es el producto de pensar en categorías abstractas, formales. De hecho, encontramos la explicación de la degeneración estalinista en las interrelaciones entre la clase y su Estado en condiciones históricas concretas, no en abstracciones suprahistóricas .
De hecho, incluso hoy, el carácter de clase del Estado ruso no ha sido determinado de manera decisiva. Pero los protagonistas de la teoría vacía y superficial del capitalismo de Estado son los menos capaces de echar luz sobre los procesos que se están desarrollando en la antigua Unión Soviética. Si el actual movimiento hacia la restauración capitalista no tiene éxito, a largo plazo, el factor económico (las relaciones de propiedad), después de muchas convulsiones y catástrofes, será el decisivo. Se trata de qué relaciones de propiedad prevalecerán en última instancia: nacionalización o propiedad privada. Esta lucha todavía se está desarrollando, pero el resultado no está decidido. Por supuesto que si aceptamos que Rusia ha sido capitalista (incluso si es “ capitalista de Estado ” ) en los últimos 60 o 70 años, entonces esto es sólo un pequeño detalle del cual no tendríamos que preocuparnos mucho.
La clase obrera rusa, a través de una experiencia dolorosa, ha entendido que hay una diferencia fundamental entre la economía nacionalizada y planificada y el capitalismo. En el momento de escribir estas líneas los mineros rusos están en huelga contra el gobierno burgués de Moscú. Cada vez hay más obreros que entienden la necesidad de defender lo que queda de la industria nacionalizada contra los depredadores de la naciente clase capitalista. ¿Significa eso algún tipo de capitulación ante la burocracia? En absoluto. Los obreros rusos combatirán contra la burguesía naciente con sus propios métodos: huelgas, manifestaciones, huelgas generales. Al hacerlo, pronto redescubrirán las grandes tradiciones revolucionarias del pasado. Pero la condición previa es una lucha abierta contra la amenaza inmediata de la contrarrevolución capitalista.
Habiendo bloqueada el camino a la contrarrevolución capitalista mediante la lucha, se darán cuenta de su propia fuerza y adquirirán la conciencia necesaria que les permitirá derrocar a la burocracia y organizar una democracia obrera sana a un nivel superior. Este desarrollo no será una vuelta a la situación del Estado soviético, débil y empobrecido de 1917. Sobre la base del desarrollo tecnológico y científico que la economía nacionalizada y planificada hizo posible en el pasado, podrán decretar inmediatamente una reducción general de la jornada laboral. Con uno, o a lo sumo, dos planes quinquenales, con la participación y control democrático de las masas, toda la situación se transformará. Dado el nivel de desarrollo actual, sería posible introducir rápidamente la semana laboral de 32 horas, seguida por una reducción mayor de horas de trabajo y un aumento general de los niveles de vida y cultura. Entonces el Estado obrero se corresponderá, más o menos, con la norma ideal desarrollada por Marx y Lenin.
La teoría del ‘capitalismo de Estado’ hoy
El debate sobre el carácter de clase de la URSS no es un ejercicio académico, sino que tiene importantes consecuencias prácticas. Trotski ya había advertido de que la tendencia que adoptó la teoría falsa del capitalismo de Estado se arriesga a convertirse en “ el instrumento pasivo del imperialismo ” . Pero en el momento en que se da un movimiento hacia la restauración del capitalismo en Rusia y Europa del Este, las teorías del capitalismo de Estado juegan el papel más pernicioso imaginable. La ligereza y falta total de comprensión teórica de Cliff y sus seguidores se demuestra por su completa incapacidad a la hora de explicar los procesos que se están dando en Rusia ante nuestros ojos. Se le resta importancia al asunto con la frase alucinante de que la burocracia simplemente “ se quitó de en medio ” (¡!), que por supuesto no explica nada sobre el régimen social en Rusia ni antes ni después. No nos dice nada sobre las relaciones de producción, el carácter de clase del Estado, o el contenido social de la contrarrevolución que está teniendo lugar. Esto es lógico. Después de haber negado el significado revolucionario de la propiedad estatal, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, en la práctica, ¡se ven obligados a negar que se esté dando una contrarrevolución! Así, el concepto de capitalismo de Estado en el momento de la verdad resulta ser no sólo una bancarrota teórica, sino también un desastre en la práctica.
Al defender su postura, Cliff descalificó el análisis de Trotski del carácter de clase de la Unión Soviética como “ contradictorio ” con el marxismo. Según él, el análisis de Trotski “ sufría una seria limitación, un apego conservador al formalismo, que por su propio carácter es contradictorio con el marxismo que subordina la forma al contenido ” (Cliff, Russia : A Marxist Analysis, p. 145). Este punto de vista lo comparte otro destacado compañero de Cliff, Duncan Hallas, que afirma: “ El análisis de Trotski de la lucha de clases en la URSS después de 1927 ha demostrado claramente ser erróneo ” . (T. Cliff and others, The Fourth International, Stalinism and the Origins of the International Socialists, p. 8.) Y de nuevo, “ no hay duda de que en 1928 una nueva clase había tomado el poder en Rusia (…) ” , dice otro defensor de la teoría de Cliff, Chris Harman. “ La Oposición de Izquierdas estaba lejos de tener claro lo que estaba combatiendo. Trotski , hasta el día de su muerte, creyó que el aparato que iba a perseguirle y asesinarle, era un Estado obrero degenerado. ” (Binns, Cliff and Harman, op . cit., p. 35). Trotski y sus seguidores resistieron al estalinismo, pero, según Harman, sus “ propias teorías sobre Rusia hicieron esta tarea más difícil ” . (Ibid., p 36.)
Ya en 1936, Trotski , en una deducción brillante, predijo que la burocracia inevitablemente buscaría la propiedad individual de los medios de producción, si los obreros no tomaban el poder. ¿Y los defensores del capitalismo de Estado? El intento de restaurar la propiedad individual pilló a estas damas y caballeros totalmente por sorpresa. ¿Qué alternativa podían ofrecer a la desnacionalización de la industria y la abolición del plan? Esta no es una cuestión simplemente teórica, sino que es vital para los intereses de la clase obrera rusa. Es necesario dar una respuesta concreta. ¿Cómo cuadra esto con el capitalismo de Estado?
A pesar del hecho de que los comentaristas burgueses en Occidente y la prensa burguesa están apoyando abiertamente la restauración capitalista , Chris Harman afirma que : “ el movimiento de la economía dirigida al mercado no es ni un paso atrás ni un paso adelante , sino un paso hacia un lado , de una forma de organización de la explotación capitalista a otra ” (C. Harman and E. Mandel, The Fallacies of State Capitalism, p. 79)( ¡!). Para Tony Cliff, “ la privatización es una cuestión irrelevante ” .
La posición, por supuesto, es bastante lógica si aceptas que la contrarrevolución capitalista ya tuvo lugar hace décadas. Ahora tratan de decir que se oponen a las privatizaciones en los Estados ex-estalinistas de la misma manera que se oponen a las privatizaciones en Occidente, aunque los motivos para hacerlo siguen siendo un misterio. ¿Acaso el ‘‘capitalismo de Estado ” es progresista después de todo? ¡De esta manera, los defensores de esta postura van de mal en peor! Las contradicciones en las que incurren como consecuencia, no pasan inadvertidas por lo menos para algunos de ellos. Un orador destacado en su escuela de verano de 1990 declaró que Trotski “ hacia un fetiche de la economía nacionalizada ” . De hecho, su postura pone en cuestión la propia noción de una economía nacionalizada como condición previa para un movimiento hacia el socialismo. ¿Pero que conclusiones tenemos que sacar de esto?
Si la nacionalización es “ irrelevante ” y lo que ha sucedido en Rusia es sólo un “ paso hacia un lado ” , ¿entonces porque hay que oponerse? ¿Acaso no tendría que sernos indiferente si la burguesía naciente toma control del capitalismo de Estado? ¡Por supuesto que para los trabajadores amenazados con la privatización, las cosas no parecen tan simples! Pero desde el punto de vista de la teoría del capitalismo de Estado, no hay absolutamente nada que escoger entre ambos, y por lo tanto la única postura coherente sería la neutralidad completa. (Esto también se aplicaría a la cuestión de la privatización en Occidente). ¡Sin embargo, lo última de lo que se puede acusar a los defensores de esta teoría es de coherencia!
Ya sea en el Este o en Occidente, el deber elemental de cualquier obrero con conciencia de clase es el de defender las conquistas del pasado. Los únicos logros históricos que quedan de la Revolución Rusa es la economía nacionalizada y planificada. El gobierno pro-burgués de Yeltsin, apoyado y promovido por el imperialismo occidental, está intentando destruir la economía nacionalizada, despedazarla y venderla a través de la privatización. Si lo logran, esto representará la eliminación completa de las conquistas de la Revolución de Octubre. Significará la destrucción completa del Estado obrero deformado y el establecimiento de un nuevo Estado capitalista. Después de todo esa es la intención de la burguesía naciente en Rusia y de los imperialistas occidentales. La situación no podría ser más clara. Y sin embargo los defensores de la teoría del capitalismo de Estado se las arreglan para poner la situación boca abajo y sembrar la máxima confusión.
Desde el triunfo de la Revolución de Octubre, los marxistas han defendido consistentemente los derechos de propiedad nacionalizada surgidos de la Revolución. No apoyamos la reacción estalinista ni la política del régimen estalinista. Esta política, lejos de defender la revolución, ayudaba a debilitarla y minarla. En un momento u otro, tal y como había previsto Trotski , la burocracia trataría de consolidar su posición mediante la restauración capitalista. Eso es lo que ha estado sucediendo en los últimos seis años más o menos en Rusia y Europa del Este. Para Cliff y sus seguidores , el capitalismo de Estado no sólo existía en la URSS, Europa del Este, y otros Estados estalinistas dónde se había abolido la propiedad privada, sino que aparentemente también estaba muy extendido en Asia, África y América Latina en los años 30, 40 y 50. En palabras de Harman, “ la intervención estatal fue más lejos en muchos de los llamados países en desarrollado, dónde los grupos capitalistas individuales eran demasiado débiles como para impedir que el Estado dominase el sector industrial de la economía ” . Harman da como ejemplos a Egipto, Siria, Brasil, Argentina, España, Irlanda, y Corea del Sur como diferentes formas de capitalismo de Estado.
“ Éste [el Estado] se comportaba en gran medida como los Estados de Europa del Este (…) ” escribe Harman. “ Era una expresión de una tendencia internacional, desde los años 30 a mediados de los 70, de recurrir a intervenciones administrativas, capitalistas de Estado, en economías propensas a la crisis. Sin embargo, esa fase de la historia capitalista está llegando a su fin. El Estado todavía interviene, pero con una eficacia cada vez menor. En Occidente esto ha llevado a un retorno a la recesión clásica; y en el Este significa que para las burocracias cada vez es más difícil no ir por el mismo camino ” . (C. Harman, Class Struggles in Eastern Europe 1945-83, p. 327).
Harman retuerce tortuosamente los hechos para que encajen en la teoría del capitalismo de Estado. Países como Argentina bajo Perón y el Egipto de Nasser, no eran nuevas sociedades de capitalismo de Estado, sino que eran economías capitalistas que utilizaban la intervención estatal, lo cual es característico de todos los países capitalistas en la época del imperialismo, para proteger los intereses de la burguesía nacional contra la competencia de las grandes potencias imperialistas. Dado el alcance de la intervención estatal, siguiendo la lógica de Harman, ¡el sistema del capitalismo de Estado sería prácticamente universal! Parece ser que la guerra fría y las relaciones hostiles entre la URSS y Occidente fueron sólo un gran malentendido, en lugar de un antagonismo fundamental entre dos sistemas sociales, ya que los países capitalistas de Estado estaban en ambos lados del telón de acero. Si eran básicamente lo mismo, ¿por qué tanto ruido, tensiones militares y diplomáticas y la carrera de armamentos?
“ ¿Cómo tenemos que ver el fin de la guerra fría, el colapso de la URSS y la orientación inicial de Rusia hacia los EEUU ? ” se pregunta Dave Crouch, el seguidor de Cliff en Moscú. Según él, el colapso del estalinismo no fue una victoria para el imperialismo americano, a pesar de lo que dijeron los comentaristas burgueses internacionalmente. “ No hubo ninguna ‘capitulación’ a los americanos. Cuando la clase dominante rusa dejó de tambalearse por las derrotas que le infringió la población después de 1989 pasó a fortalecer su posición tanto interior como exterior. El gran show de la amistad entre Rusia y los EEUU convenía a ambas partes. El Kremlin necesitaba convencer a su pueblo de que los malos días del pasado se habían acabado y que la reforma les llevaría a un futuro de mercado opulento ” . (International Socialism, no. 66, Spring 1995, pp. 12-4)
¿Acaso se puede embrollar todavía más? ¡Según Dave Crouch el colapso del estalinismo ha resultado en el fortalecimiento del capitalismo de Estado, “ en el interior y en el exterior ” ! Crouch, a pesar de estar en Moscú evidentemente vive en otro planeta. No ve el colapso de las fuerzas productivas, el caos, la miseria de las masas, las convulsiones políticas, y la catástrofe militar que afecta al pueblo ruso. No. No sólo no ha habido ningún cambio real, sino que por algún medio misterioso que sólo Dave Crouch entiende, ¡el antiguo régimen se ha fortalecido! Aquí abandonamos totalmente el marxismo y entramos en el reino de la ciencia-ficción.
Aparentemente, los ‘capitalistas de Estado’ en Rusia y Europa del Este, en un intento de solucionar sus problemas, se vieron obligados a ir hacia una forma más convencional de capitalismo de mercado. En otras palabras, las convulsiones en Rusia y Europa del Este son simplemente problemas ‘tácticos’ que los diferentes sectores de la clase capitalista tratan de solucionar. La privatización, elemento clave de la contrarrevolución burguesa, es considerada como algún tipo de truco porque la propiedad realmente no está siendo transferida en absoluto; ¡la venta de acciones era simplemente un ‘mecanismo’ mediante el cual los capitalistas de Estado conseguirían beneficios! Según estos caballeros, los socialistas no deben defender una forma de capitalismo contra otra. A principios de los años 50 esta posición hizo que Tony Cliff se mantuviera neutral durante la guerra de Corea, cuando el Estado obrero deformado del Norte estaba siendo atacado por el imperialismo. Pero en la guerra de Vietnam, debido a la presión de los estudiantes y pequeñoburgueses en sus filas, estaba de moda apoyar al ‘capitalista de Estado’ Vietnam del Norte contra el imperialismo americano. Hoy no está de moda defender la economía planificada de la antigua URSS y Europa del Este contra la contrarrevolución pero sí estaba de moda apoyar las reivindicaciones de los estudiantes rumanos por la restauración del capitalismo.
La vida siempre se toma su venganza de una teoría falsa. Toda la construcción artificial del capitalismo de Estado estaba en ruinas. Sin embargo, en lugar de admitir honestamente su error, intentan agarrarse con la punta de los dedos al naufragio. Ahora intentan argumentar que no ha habido ningún cambio real. Esto les lleva inmediatamente a un pequeño error: ¡el de ser incapaces de distinguir entre revolución y contrarrevolución! Según la teoría de Tony Cliff y otros, la contrarrevolución capitalista hoy en día en Rusia es imposible. Ya que la burocracia ‘poseía el Estado’ y jugaba el mismo papel que la clase capitalista, ¿dónde está la diferencia? ¡Desde este punto de vista, da lo mismo si la propiedad estatal es privatizada o no porque todo es ‘capitalismo’! Así, la llamada teoría del capitalismo de Estado, si fuera aceptada por los obreros rusos de hoy en día, les desarmaría totalmente ante la naciente burguesía. Este hecho por sí solo es suficiente para subrayar la importancia de la teoría, que, más pronto o más tarde, tiene que aplicarse en la práctica.
Trotski dejó su postura clara en el Manifiesto de la Cuarta Internacional:
“Sin duda, la nacionalización de los medios de producción en un sólo país, y un país atrasado, no garantiza la construcción del socialismo. Pero es capaz de imponer los prerrequisitos para ella, a saber: el desarrollo planificado de las fuerzas productivas. Desentenderse de la nacionalización de los medios de producción alegando que ésta, en sí y por sí, no crea el bienestar de las masas, es tanto como criticar la construcción de cimientos de granito porque no se puede vivir sin paredes ni techo. El obrero consciente sabe que una lucha victoriosa por su liberación total es impensable sin defender las conquistas ya alcanzadas, por modestas que sean. Tanto más obligatoria es, por tanto, la defensa de una conquista tan colosal como la de la economía planificada frente a la restauración de las relaciones capitalistas. Quienes no saben defender las posiciones ganadas, no podrán conquistar otras nuevas.” (Trotski, Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial, en El Programa de Transición, p. 148)
