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Contemporáneos

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución  - III. Del plan Quinquenal a las purgas

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución - III. Del plan Quinquenal a las purgas

Ted Grant
15 Julio 2026

Índice del artículo

  • Rusia: de la revolución a la contrarrevolución
  • Prefacio
  • Introducción
  • I. Balance de Octubre
  • II. El auge del estalinismo
  • III. Del plan Quinquenal a las purgas
  • IV. El carácter del estalinismo
  • V. De la guerra a la ‘desestalinización’
  • VI. El período de estancamiento
  • VII. El significado de la perestroika
  • VIII. De la política exterior a la cuestión nacional
  • Epílogo: El colapso del estalinismo
  • Todas las páginas
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III. Del plan Quinquenal a las purgas

Colectivización forzosa

Después de años de hacer el juego a los kulaks, a la dirección de Stalin-Bujarin le pilló totalmente por sorpresa la crisis de 1927-28. Todas las advertencias de la Oposición de Izquierdas demostraron ser correctas. A Stalin le entró el pánico y ordenó un giro de 180º. Después de eliminar a la Oposición de Izquierdas, Stalin se apoyó en los obreros para lanzar una serie de golpes contra la Oposición de Derechas. Ya en 1930 Stalin había expulsado de la dirección del partido a los dirigentes de la Oposición de Derechas, Bujarin , Tomski y Rykov, que a pesar de ser el dirigente de la Internacional Comunista, el cabeza del gobierno soviético y el líder de los sindicatos rusos, ¡fueron denunciados como agentes de la contrarrevolución! Apropiándose de algunos de los puntos del programa de la Oposición de Izquierdas pero de manera distorsionada y burocrática, Stalin giró hacia el ultraizquierdismo. De no ser por la campaña de la Oposición de Izquierdas, Stalin hubiera continuado con su política prokulak , llevando a la liquidación de todas las conquistas de la Revolución de Octubre.

En palabras de Trotski :

“Sin la crítica implacable de la Oposición y sin el miedo de la burocracia a la Oposición, el curso de Stalin-Bujarinhacia el kulak hubieraacabadoen el renacimiento del capitalismo. Bajo el látigo de la Oposición, la burocracia se vioobligada a tomarprestados puntos importantes de nuestraplataforma. Los leninistas no podíansalvar el régimensoviético del proceso de degeneración y las dificultades del régimen personal. Pero lo salvaron de la disolución completa, cerrando el paso a la restauracióncapitalista. Las reformasprogresistas de la burocraciafueronproductossecundarios de la lucha revolucionaria de la Oposición. Para nosotros es demasiado poco. Pero es algo”. (Trotski, Escritos 1935-36, p. 179).

Lenin siempre había abogado por la colectivización de la agricultura de manera gradual y voluntariamente . Pero desde luego nunca se le ocurrió la loca idea de la colectivización forzosa a punta de pistola de millones de propiedades campesinas dispersas . La colectivización se tenía que hacer a través del ejemplo , convenciendo pacientemente al campesino a través de las granjas-modelo colectivas y la introducción de tecnología más avanzada , tractores , fertilizantes , electricidad , escuelas , etc. Esta perspectiva estaba obviamente vinculada al desarrollo de una industria moderna a través de planes quinquenales . La idea de colectivizar con arados de madera era un sinsentido evidente . Como Trotski explicó : “ Esta consideración histórica general no resolvía , sin embargo, el problema . Las posibilidades reales de la colectivización no estaban determinadas por la situación sin salida de los cultivadores , ni por la energía administrativa del gobierno ; lo estaban ante todo por los recursos productivos dados, es decir , por la medida en que la industria podía proporcionar herramientas a la gran explotación agrícola . Estos datos materiales hacían falta ; los koljoses fueron organizados frecuentemente con unos útiles que sólo convenían a las parcelas . En estas condiciones , la colectivización exageradamente apresurada se transformaba en una aventura ” . ( Trotski , La revolución Traicionada , p. 74).

Para salvaguardar su situación dominante como casta privilegiada, la burocracia estalinista se vio obligada a apoyarse en los obreros para aplastar a la incipiente contrarrevolución burguesa. Se enviaron destacamentos armados al campo para confiscar las reservas de grano y así alimentar a las ciudades. Los estalinistas pasaron del oportunismo al ultraizquierdismo, lo que llevó a la descabellada política de la “ liquidación de los kulaks como clase ” y la colectivización completa de la agricultura “ lo antes posible ” . Como resultado, la proporción de granjas colectivas aumentó en 1929 de 1,7% al 3,9%; en 1930 subió espectacularmente al 23,6%; en 1931, al 52,7%; en 1932, al 61,5%; en 1933, al 64,4%; en 1934, al 71,4%; en 1935, al 83,2%; y en 1936, al 89,6%. El porcentaje de superficie cultivada colectivizada aumentó del 33,6% en 1930 al 94,1% en 1935.

Los métodos utilizados por Stalin para colectivizar no tenían nada en común con las ideas de Lenin. “ No solamente se colectivizaban los caballos, las vacas, los corderos, los cerdos, sino hasta los polluelos ” (Ibid., p. 74). En 1932 la producción de grano cayó en casi 250 millones de quintales; la de azúcar, a la mitad; el número de caballos y de cerdos, un 55%; el de ovejas, un 66%; y el ganado vacuno, un 40%. “ En Gremyachy Log se sacrificaban reses todas las noches. Apenas había caído la noche se empezaban a oír los balidos apagados de las ovejas, los chillidos de muerte de los cerdos o los mugidos de los becerros, ” escribe Shokolov en Virgin soil upturn . “ Tanto los que se habían unido al koljós como los granjeros individuales trajeron sus reses. Toros, ovejas, cerdos e incluso vacas fueron sacrificados, al igual que el ganado para cría. El ganado astado de Gremyachy quedó reducido a la mitad en dos noches ” . ( Citado en A. Nove, An Economic History of the USSR, p. 174).

Las consecuencias humanas y económicas fueron espantosas. Millones de personas murieron en la hambruna resultante. El número de muertos del periodo 1931-33 se calcula en unos siete millones. A diferencia de 1921, no había ayuda para los hambrientos. De hecho la existencia de la hambruna fue negada oficialmente. Víctor Kravchenko, por aquel entonces oficial de la GPU*, recuerda la situación:

*El nombre de la policía secreta de Stalin cambió varias veces, GPU, OGPU, NKVD, etc. Para simplificar hemos utilizado GPU en todo el texto, hasta el periodo más reciente, en que se denomina KGB.

“No voy a contaros sobre los muertos’, dijo ella. ‘Estoy segura que lo sabéis. Los medio muertos, los casi muertos son incluso peor. Hay cientos de personas en Petrovo hinchadas por el hambre. No sé cuantas mueren cada día. Muchas están tan débiles que ya no salen de sus casas. De vez en cuando pasa un carro para recoger los cadáveres. Hemos comido cualquier cosa que pudiéramos agarrar: gatos, perros, ratones, pájaros; cuando se haga de día mañana verás que los árboles han perdido la corteza, también nos la hemos comido. También hemos comido estiércol de caballo’. Mi expresión tiene que haber sido de sorpresa e incredulidad. ‘Sí, el estiércol de caballo. Nos hemos peleado por él. Algunas veces puedes encontrar granos enteros dentro”. (Víctor Kravchenko, I choosefreedom, p. 67).

Parte de esta loca colectivización fueron las medidas para “ liquidar a los kulaks como clase ” . Según N. Ivnitsky, aproximadamente unas 300.000 familias kulaks fueron deportadas (citado por A. Nove, op . cit., p. 167). La agricultura quedó en un estado de crisis aguda. La burocracia se vio obligada a tocar a retirada desordenadamente. Como consecuencia se vieron obligados a dar a los campesinos, además de las granjas colectivas, pequeñas parcelas personales. Sin embargo, la agricultura soviética nunca llegó a recuperarse completamente de esta debacle. Estas fueron las terribles consecuencias del dirigismo del régimen estalinista.

Zigzags económicos

En el terreno industrial, Stalin también ordenó un cambio total de política . Se abandonó la política de crecimiento lento y cauteloso que él mismo , junto con Bujarin , había propugnado y se puso la industrialización en el orden del día. Había que conseguir un crecimiento a velocidad de vértigo . En diciembre de 1929, un congreso de las “ brigadas de choque ” aprobó un llamamiento para realizar el Plan Quinquenal en cuatro años . El 4 de febrero de 1931 Stalin habló de completar el Plan en tres años en todas las ramas básicas y decisivas de la industria . En el mismo discurso declaró : “ A veces se nos pregunta si es posible ralentizar de alguna manera el ritmo . No, camaradas , no es posible . ¡No se debe reducir el ritmo ! Al contrario , hay que acelerarlo (…) ” Como dijo Trotski : “ Todos los viejos valores fueron derribados . Los signos más y menos se invertían ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada , p. 72).

Esta giro dramático hacia la izquierda creó confusión entre un sector de las dispersas fuerzas de la Oposición de Izquierdas . Desde 1928, los dirigentes de la Oposición habían quedado aislados entre sí por enormes distancias , debido al exilio . Entre un sector de los antiguos oposicionistas se empezó a desarrollar un ambiente de conciliación y capitulación . En primer lugar , Zinoviev y Kámenev se retractaron de sus “ errores ” , y otros , como Radek y Preobazhenski , les siguieron . Trotski condenó estas acciones como una traición , ya que no podían servir a la causa de la reforma del Partido y de la Unión Soviética . Comentando estas capitulaciones hizo la siguiente observación : “ la Revolución es una gran devoradora de personas ” . Una capa se había quemado en los turbulentos acontecimientos de la década anterior, o incluso antes. Trotski se mantuvo firme : “ La capitulación de la Oposición significaría : a) autocondenarnos a llevar una vida vegetal zinovievista -la naturaleza no conoce un estado más vergonzoso - y b) un inmediato viraje a la derecha de los estalinistas ” . ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 184). De todas formas, esta capitulación de los antiguos oposicionistas no les salvó . La mayoría de ellos fueron acusados en falso y fusilados por Stalin entre 1936 y 1938 como “ enemigos de la Unión Soviética ” .

Haciendo una valoración de lo que había pasado , Trotski comentó : “ La burocracia no sólo ha vencido a la Oposición de Izquierda, ha vencido también al partido bolchevique . Ha vencido al programa de Lenin (…) no por medio de argumentos y de ideas, sino aplastándolo bajo su propio peso social. El último vagón fue más pesado que la cabeza de la Revolución . Tal es la explicación del Termidor soviético ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 113). Con una confianza suprema en la clase obrera , concluía : “ No rechazamos nada ni lamentamos nada. Vivimos con las mismas ideas y actitudes que en Octubre de 1917. Podemos ver más allá de estas dificultades circunstanciales , pues , por más virajes que haga el río , siempre va a parar al océano ” . ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 511).

El 5 de setiembre de 1929 se introdujo el principio de la dirección unipersonal en las empresas. Las organizaciones del partido en las fábricas recibieron instrucciones de no interferir en los poderes de los directores. Al mismo tiempo, los sindicatos iban a ser “ los organizadores enérgicos de la actividad productiva y de la iniciativa de las masas trabajadoras ” . Entre 1930 y 1933 se aprobaron una serie de decretos castigando el absentismo con el despido y el desahucio de la vivienda de la empresa. El 21 de noviembre se prolongó la jornada laboral, lo que eliminó el domingo como día de descanso regular. Se desviaron los recursos del consumo hacia la inversión en la industria pesada. Los que se opusieron a las normas salvajemente exageradas de producción fueron denunciados como saboteadores mencheviques. A finales de 1930 y principios de 1931 se celebraron dos grandes juicios, basados en confesiones falsas, por sabotaje económico y actividades de destrucción. Gran número de acusados fueron fusilados.

El nuevo zigzag ultraizquierdista llevó al aventurerismo económico, y un empuje en los años 30 por la construcción del “ comunismo ” dentro de las fronteras de la URSS. Se utilizaron métodos draconianos para alcanzar lo antes posible a Occidente. Stalin declaró: “ Estamos cincuenta o cien años por detrás de los países avanzados. Tenemos que cubrir esta distancia en diez años ” . Este objetivo aventurero causó estragos en la economía.

En enero de 1931, Stalin declaró que el Plan Quinquenal se había cumplido en cuatro años y tres meses. Pero el empuje del crecimiento entró en una crisis profunda en 1933, en la medida en que se alcanzaban límites y cuellos de botella en todos los sectores de la economía. La producción agrícola había alcanzado su punto más bajo. Como resultado, el nivel de vida también se resintió. En 1934 las cosas empezaron a recuperarse parcialmente. A pesar de la dislocación, durante el primer Plan Quinquenal se construyeron unas 1.500 grandes empresas, como el Dneproges , los complejos metalúrgicos de Magnitogorsk y Kuznetsk , la fábrica de maquinaria de los Urales, la planta de maquinaria agrícola de Rostov, las fábricas de tractores de Chelyabinsk , Stalingrado y Jarkov y las de automóviles de Moscú y Somovo , el complejo químico de los Urales, la fábrica de maquinaria pesada Kramator , etc.

“ Sea cual sea la validez de ciertas afirmaciones oficiales ” , dice Alec Nove, “ lo que es cierto más allá de toda duda es que el periodo del segundo Plan Quinquenal fue de logros impresionantes ” . (A. Nove, op . cit., p. 231). En 1932 se importaron máquinas-herramienta por valor de 338 millones de rublos, que representaban el 78% de todas las instaladas ese año, pero cinco años más tarde todas las herramientas básicas de la industrialización y de la producción de armamento estaban fabricadas en la URSS. El crecimiento económico entre 1935-36 fue considerable. En 1934, el producto industrial bruto creció un 19%; en 1935, un 23%; y en 1936, un 29%. La producción agrícola también se recuperó de manera constante.

Se crearon nuevos sectores industriales que nunca habían existido, como los de motores, máquinas-herramienta, automóviles y tractores, turbinas y generadores, aviones, acero de alta calidad, aleaciones de hierro, goma sintética, fibras artificiales, nitrógeno, la industria química y otros. Se construyeron cientos de miles de kilómetros de líneas férreas y canales. La parte oriental del país se convirtió en el segundo centro metalúrgico y petrolero de la industria soviética. Se fundaron cientos de nuevas ciudades y asentamientos. En los años siguientes, mientras el mundo capitalista estaba paralizado por la peor depresión de su historia, la URSS dio gigantescos pasos adelante.

El régimen de Stalin introdujo el trabajo a destajo y su corolario, las brigadas de choque del movimiento stajanovista, para aumentar la productividad del trabajo. En todas partes se implantaron nuevas y más exigentes normas de producción. A principios de 1936 se aumentaron las normas bruscamente un 30-40% en el sector del metal, un 34% en la química, un 51% en la generación de electricidad, un 26% en la minería de carbón y un 25-29% en la producción de petróleo. Al mismo tiempo, el régimen de Stalin proclamó “ el triunfo final e irrevocable del socialismo ” . ¡El trabajo a destajo, descrito por Marx como “ el más adecuado de los métodos capitalistas de producción ” , fue aclamado como destajo socialista! Se aplicó de la manera más brutal, provocando un resentimiento amargo en la clase obrera rusa.

“ La propiedad estatal de los medios de producción no transforma el estiércol en oro y no rodea de una aureola de santidad el sweating system - sistema del sudor- que agota la principal fuerza productiva : el hombre. En cuanto a la preparación de la ‘ transición del socialismo al comunismo ’, comienza exactamente a la inversa , es decir , no por la introducción del trabajo a destajo , sino por la abolición de este trabajo considerado como una herencia de la barbarie ” . ( Trotski , La revolución Traicionada , p. 105).

Sólo durante el segundo Plan Quinquenal los salarios reales empezaron a aumentar. El 1 de enero de 1935 se abolió el racionamiento del pan, y en octubre el de la carne, grasas, pescado, azúcar y patatas. En enero de 1936 se acabó el de los productos industriales de consumo general. Se restauraron las relaciones monetarias después de un periodo de inflación crónica. También en 1935 el sistema de distribución planificada dejó paso al comercio. Los precios del pan y la harina también se redujeron. En 1937, el precio medio de los productos no alimentarios cayó un 3,8%. Según Malafeyev, el índice de precios al consumo aumentó un 80% entre 1932 y 1937, mientras que los salarios medios aumentaron un 113%. Teniendo en cuenta los servicios, Malafeyev llega a la conclusión que los salarios reales en este periodo aumentaron “ por lo menos un 20% ” .

Alec Nove piensa que el aumento fue incluso mayor, dada la mayor disponibilidad de bienes y mejores arreglos comerciales. Sin embargo, aunque la vida mejoró, seguía siendo bastante austera, con unos salarios reales que estaban por detrás de los de 1928. Los comentarios de Stalin, “ la vida es más fácil, la vida es más feliz y cuando la vida es feliz el trabajo se hace más deprisa ” , eran obviamente una visión exagerada de la vida soviética. Sin embargo, al contrario que en el Occidente capitalista, el paro había sido abolido. De hecho, el avance económico provocó una escasez de mano de obra que sólo se superó mediante la incorporación de millones de campesinos a la industria rusa.

Divisiones sociales crecientes

El estalinismo representaba la destrucción de los derechos básicos de los trabajadores ( huelga , organización , libertad de expresión , etc.) que existen en las “ democracias ” del Occidente capitalista . Aunque la contrarrevolución política ya había empezado en 1924, con las intrigas de Stalin y su dominación del aparato del partido y del Estado, fue un proceso prolongado . Los viejos cuadros de la Revolución fueron eliminados gradualmente y sustituidos por burócratas omnipotentes . A principios de 1930, la derrota de las oposiciones de izquierdas y de derechas había dejado el camino libre para la dominación completa de la fracción estalinista . “ Los jacobinos han sido expulsados por los termidorianos y bonapartistas ” , escribió Trotski , “ los bolcheviques han sido suplantados por los estalinistas ” .

De 1932 a 1947 no se celebró ningún congreso sindical en la URSS. Los sindicatos se convirtieron en meros apéndices del Estado. Los sóviets se habían transformado hacía tiempo en órganos de dominio burocrático. Stalin elaboró una nueva constitución en 1936, presentándola como la “ más democrática del mundo ” . En vísperas de las elecciones generales de 1937, Stalin declaró: “ ¡El mundo nunca ha visto -no, realmente nunca- unas elecciones tan completamente libres y verdaderamente democráticas! La Historia no registra ningún otro ejemplo parecido ” . (J. Stalin, Speeches at Pre-election Meetings of the Stalin Election District in Moscow Province, 11th December 1937 and 9th February 1946 (Russian), Moscow 1946, p.5. Citado por T. Cliff, State Capitalism in Russia , p. 121). Sin embargo, esta constitución “ democrática ” no impidió la manipulación de las elecciones, y todos los candidatos del PC sacaron un 99,9% de los votos. En unas elecciones a sóviets locales el 21 de diciembre de 1947, Stalin consiguió 2.122 votos, ¡a pesar de que la circunscripción sólo tenía 1.617 electores! Esto fue explicado por Pravda el día siguiente: “ Las papeletas electorales de más fueron introducidas en las urnas por ciudadanos de circunscripciones vecinas ansiosos por aprovechar la oportunidad de expresar su gratitud a sus líderes ” (!) (Ibid., p. 121).

El fraude electoral escandaloso se reveló claramente en el referéndum en Lituania, el 12 de julio de 1940 sobre su unión con la URSS. ¡Debido a un error, Moscú anunció los resultados después del primer día de un referéndum que duraba dos! Como dijo un comentarista: “ Fue un desliz desafortunado, por el cual un periódico londinense publicó los resultados oficiales de una agencia de noticias rusa veinticuatro horas antes del cierre oficial de las urnas ” . (Ibid., p. 122).

La burocracia, con Stalin a su cabeza, estaba consolidando su control del poder. A mediados de los años 30, ya se había asegurado una posición de poder y privilegios mucho mayor que cualquier otra burocracia en la Historia. Utilizando el látigo del dirigismo burocrático y su auxiliar, el movimiento stajanovista, la productividad del trabajo creció sustancialmente durante esos años, lo que desarrolló la industria, pero también proporcionó mayores privilegios a los burócratas. El aumento de la producción “ gracias a la circulación de mercancías, significa también un aumento de la desigualdad ” , observaba Trotski . “ El aumento del bienestar de las capas dirigentes comienza a sobrepasar sensiblemente al del bienestar de las masas. Mientras el Estado se enriquece, la sociedad se diferencia ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 127). Al tiempo que se abolía el racionamiento y que aumentaban los salarios de la mayoría, los privilegios de la burocracia aumentaron enormemente. El crecimiento económico conllevó no una mayor igualdad, sino una división social creciente, tanto entre la clase obrera y la burocracia, como entre los trabajadores mejor y peor pagados.

Los salarios y prebendas de los funcionarios más altos aumentaban mucho más rápidamente que los salarios reales de los obreros . Algunos burócratas tenían varios cargos , y por lo tanto cobraban varios salarios . También se introdujo un sistema de subsidios para funcionarios de presidente de sóviet local para arriba . Como Marx explicó , debido a la “ necesidad generalizada ” , la lucha por la existencia amenaza con hacer resurgir “ toda la vieja basura ” . Bajo el régimen de Stalin, el proceso adoptó una forma perversa . “ Siempre y en cualquier régimen ” , observa Trotski , “ la burocracia devora una parte no pequeña de la plusvalía ” .

La regla que impedía que los funcionarios del Partido Comunista recibiesen un salario mayor al de un obrero cualificado, el máximo del partido, fue abolida formalmente el 8 de febrero de 1932. La burocracia estaba ansiosa por apropiarse de la creciente plusvalía producida por el trabajo de la clase obrera rusa. Devoraba, despilfarraba y malversaba una porción considerable de los ingresos nacionales. Un pequeño grupo de altos cargos ya estaban recibiendo privilegios desde el primer Plan Quinquenal, mediante la creación de un sistema de tiendas, centros de distribución y comedores especiales, en los que, en un periodo de gran inflación, podían comprar a precios fijos. Progresivamente se introdujeron otros privilegios: hospitales especiales, centros vacacionales, dachas , etc. Los funcionarios del Partido también recibían prebendas por conferencias, congresos y demás. La burocracia, como parásitos, quería una parte cada vez mayor de la riqueza nacional. Para impedir el colapso, y así defender el bienestar de la casta burocrática en su conjunto, hubo que recortar o limitar la corrupción. Ese era el papel del árbitro supremo, Stalin.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Trotski calculó que la burocracia soviética -compuesta por los funcionarios de los aparatos del Estado, el partido, los sindicatos, las cooperativas y el complejo militar industrial, junto a sus familias y dependientes- contabilizaban unos 20-25 millones de personas, un 12-15% de la población. Sin embargo, la burocracia no era una formación social homogénea, a diferencia del proletariado. La casta dominante, en el sentido estricto de la palabra, se componía probablemente de unas 500.000 personas, que se apoyaban en “ una pesada pirámide administrativa con unos cimientos amplios y polifacéticos ” . Era un grupo heterogéneo que iba desde dignatarios del Kremlin hasta funcionarios locales del partido y del Estado. Trotski tuvo mucho cuidado en no describir ese estrato parasitario como una nueva clase social.

Exilado a Alma-Ata y después expulsado de la URSS, León Trotski emprendió la tarea de organizar una Oposición de Izquierdas Internacional para continuar la defensa de las ideas y tradiciones del bolchevismo. Para derrotar al estalinismo era esencial definir y comprender el carácter de la reacción burocrática dentro de la Unión Soviética. Con la degeneración de la Comintern (la Internacional Comunista), Trotski dedicó el resto de su vida a organizar y rearmar teóricamente a los jóvenes cuadros revolucionarios del movimiento marxista. En un momento en que el mundo estaba hipnotizado por los asombrosos avances de los primeros planes quinquenales de la URSS, Trotski fue el único en proporcionar un análisis científico exhaustivo del estalinismo. Este logro por sí solo garantizaría su lugar en la Historia como uno de los grandes pioneros del pensamiento marxista. Sin embargo, Trotski no llegó inmediatamente a una conclusión acabada. Esto se debe al propio carácter del fenómeno. La degeneración burocrática no se produjo de la noche a la mañana. Fue un proceso contradictorio que se desarrolló durante un periodo de más de una década. Esto explica el carácter prolongado de la evaluación que Trotski hizo del estalinismo. Siguiendo escrupulosamente el método dialéctico, fue siguiendo todos los giros y recovecos, revelando en cada etapa las tendencias contradictorias y señalando el desarrollo más probable del proceso.

En su campaña contra el trotskismo, desde 1924 en adelante, los estalinistas pusieron en marcha, en nombre de la “ bolchevización ” , una purga de todos los partidos comunistas. Estos métodos organizativos provocaron escisiones y divisiones en todas las secciones nacionales, lo que llevó a que una capa de militante y ex militantes de los partidos comunistas que se oponían al estalinismo evolucionasen en todo tipo de direcciones políticas: algunos se acercaban al menchevismo y aceptaban que el capitalismo había sido restaurado en Rusia; otros definieron el régimen como de capitalismo de Estado o como algún nuevo tipo de sociedad explotadora, lo que para ellos significaba la erradicación completa del sistema soviético; otros simplemente abandonaron totalmente el movimiento revolucionario. Trotski arremetió contra estas “ nuevas ” teorías que consideraban que la URSS ya no era un Estado obrero. Todas esas ideas empezaron a tener un eco incluso dentro de la propia Oposición de Izquierdas, reflejando el ambiente dominante de pesimismo y desesperación ante el avance aparentemente irresistible de la contrarrevolución política estalinista. En un artículo escrito en 1929, titulado La defensa de la República Soviética y la Oposición, Trotski se enfrentó contundentemente a un dirigente de la Oposición alemana, Hugo Urbahns, que distorsionaba su punto de vista sobre el carácter de clase del Estado soviético asegurando que se había completado la contrarrevolución capitalista y que todo estaba perdido. Trotski argumentó que, aunque se había dado una degeneración, las conquistas básicas de la revolución seguían intactas:

Luchamos en contra de la política estalinistas. Pero la Unión Soviética es algo muy distinto de Stalin. A pesar de toda la degeneración, que combatimos y seguiremos combatiendo de la manera más decidida, mientras los obreros conscientes estén armados la Rusia soviética seguirá siendo un Estado proletario, al que defenderemos incondicionalmente en aras de nuestros propios intereses, tanto en la guerra como en la paz, a pesar de Stalin y precisamente para derrotar a Stalin, que es incapaz de defenderla con su política. El que no se mantenga absolutamente firme sobre el problema del carácter proletario de la Rusia soviética perjudica al proletariado, perjudica a la revolución, perjudica a la Oposición de Izquierda Comunista. ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 394).

En aquel entonces , Trotski describía la burocracia soviética como una forma de centrismo burocrático , reflejando el giro de Stalin de la izquierda a la derecha y al revés . Esto era una expresión de los intentos de la burocracia de regular los antagonismos dentro de la sociedad soviética , entre el Estado obrero y el imperialismo mundial , pero de una manera cada vez más bonapartista . Para Trotski , la tarea a la que se enfrentaba la Oposición de Izquierdas no era la de formar un nuevo partido , sino luchar por la reforma del Partido Comunista actuando en su seno como fracción ; y luchar no por una nueva revolución , sino por la reforma de la URSS. La Oposición de Izquierdas Internacional defendió a toda costa esta posición hasta 1933, cuando los acontecimientos en Alemania obligaron a Trotski a reconsiderar su postura , al considerar la catástrofe de Alemania, que culminó con la victoria de Hitler, como el equivalente histórico de la traición de la socialdemocracia en agosto de 1914. Esta vez el papel jugado por los dirigentes del Partido Comunista Alemán y la Comintern fue incluso más desastroso . Con su descabellada política del socialfascismo y del llamado “ frente único desde abajo ” , los dirigentes comunistas alemanes , junto con el papel miserable jugado por los dirigentes socialdemócratas , escindieron el movimiento de la clase obrera y lo entregaron sin lucha a las manos del fascismo. La teoría del socialfascismo argumentaba que todos los partidos políticos , con la excepción del Partido Comunista , eran fascistas . Esta idea se resumía en la famosa frase de Stalin: “ objetivamente la socialdemocracia y el fascismo no son opuestos , sino gemelos ” .

La política exterior soviética

“En todas partes llamamos a la revolución obrera mundial (…) Rusia será poderosa y abundante si abandona todo desánimo y fraseología, si, con los dientes apretados, reúne todas sus fuerzas y tensa todos los nervios y músculos, si se da cuenta de que la salvación sólo se encuentra en el camino de la revolución socialista mundial, de la que hemos dado el pistoletazo de salida” (Lenin, Obras Completas, vol. 27, pp. 160-1).

“Howard: ¿Acaso esta declaración suya quiere decir que la Unión Soviética ha abandonada en alguna medida sus planes e intenciones para efectuar una revolución mundial?

Stalin: Nunca tuvimos tales planes o intenciones.

Howard: Sin duda se dará cuenta, señor Stalin, de que el mundo durante mucho tiempo ha tenido una idea diferente.

Stalin: Eso es el resultado de un malentendido.

Howard: ¿Un malentendido trágico?

Stalin: No, cómico. O quizás tragicómico…”

Roy Howard y Stalin (entrevista Howard-Stalin, marzo-abril, Communist International, 1936)

“Fuerzas de derechas y de propaganda en los EEUU presentan nuestro interés en América Latina como una intención de provocar una serie de revoluciones socialistas allí. ¡Eso es una tontería! La manera en que nos hemos comportado durante décadas demuestra que no estamos planificando nada parecido”. (Mijail Gorbachov, Perestroika - Un nuevo pensamiento para nuestro país y el mundo, pp. 187-8).

La política exterior es la continuación de la política interior. Cuando los bolcheviques llegaron al poder, toda su perspectiva se basaba en la revolución mundial. El tema clave era aguantar tanto como fuera posible mientras promovían la revolución socialista en el extranjero. El gobierno soviético publicó inmediatamente un decreto por una paz sin anexiones. Este llamamiento, en palabras de Lenin, “ debe dirigirse tanto a los gobiernos como a los pueblos. No podemos dejar de lado a los gobiernos, porque eso alejaría la posibilidad de concertar la paz, y un gobierno del pueblo no puede exponerse a eso ” (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 16), y añadía “ Nuestra propuesta de armisticio tampoco debe tener carácter de ultimátum, pues no daremos a nuestros enemigos la posibilidad de ocultar la verdad entera a los pueblos, escudándose en nuestra intransigencia ” (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 21).

Como consecuencia, la Revolución Rusa provocó una oleada de fervor revolucionario en las filas de la clase obrera de todo el mundo. Para las masas, cansadas de la guerra, desilusionadas y amargadas, fue un mensaje de esperanza, inspiración y coraje, mostrando un camino de salida del caos sangriento en el que el capitalismo había sumido la sociedad.

Pero la Rusia soviética estaba rodeada por potencias hostiles, y se vio obligada a firmar una paz humillante con el imperialismo alemán en Brest- Litovsk . Poco después, la república soviética se enfrentaba a la guerra civil y la intervención extranjera enviada para aplastarla. Sin embargo, en noviembre de 1918 estallaba la revolución en Alemania. El gobierno soviético recibió el siguiente mensaje: “ Saludos de paz y libertad a todos. Berlín y los distritos colindantes están en manos del Comité de Diputados de Obreros y Soldados… ” . Tan pronto como las noticias de la revolución alemana llegaron a Rusia hubo manifestaciones espontáneas, descritas de esta manera por Karl Radek:

“De todos los rincones de la ciudad salieron manifestaciones hacia el sóviet de Moscú… Decenas de miles de obreros estallaron en aplausos salvajes. Nunca he vuelto a ver nada igual. Obreros y soldados del Ejército Rojo desfilaron hasta tarde. Había llegado la revolución”.(Karl Radek, The German Revolution and the Debate on Soviet Power, p. 35).

Lenin escribió a Trotski y Sverdlov que

“la revolución internacional se ha acercado tanto en una semana que hay que considerarla una cuestión de los próximos días (…) Estamos dispuestos a morir para ayudar a los obreros alemanes a avanzar en la revolución que ha empezado en Alemania. En conclusión: 1) Hay que hacer un esfuerzo diez veces mayor para asegurarnos el grano (vaciar todas las reservas para nosotros y para los obreros alemanes). 2) Multiplicar por diez los alistamientos en el ejército. En la primavera tenemos que tener un ejército de tres millones para ayudar a la revolución obrera internacional”. (Lenin, Obras Completas, vol. 28, pp. 364-5).

El colapso del imperialismo y del capitalismo fue señalado por revoluciones en Alemania, Austria, Hungría y por situaciones revolucionarias en Italia, Francia e incluso Gran Bretaña. Desgraciadamente, la revolución alemana fue descarrilada por los dirigentes socialdemócratas, que conspiraron con los junkers y los capitalistas para destruir la revolución y devolver el poder a los capitalistas. Fue una derrota sangrienta para los obreros alemanes, que vieron a dos de sus mejores representantes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, asesinados. En Baviera y Hungría se proclamaron sendas repúblicas soviéticas, pero fueron derrotadas por la contrarrevolución. La socialdemocracia salvó al capitalismo. Las poderosas burocracias sindicales y socialistas se pusieron a la cabeza del levantamiento de las masas para desviarlo por canales inocuos.

Pero precisamente debido al colapso del socialismo de la Segunda Internacional, que había traicionado al marxismo, en marzo de 1919 se formó la Tercera Internacional, compuesta por grupos que apoyaban la revolución bolchevique. Sus objetivos e intenciones eran el derrocamiento del capitalismo mundial y la construcción de una cadena mundial de Repúblicas Socialistas Soviéticas unidas a la URSS, que no se concebía como una entidad independiente, sino simplemente como una base para la revolución mundial. La oleada revolucionaria que barrió Europa levantó enormes expectativas. El fantasma de la revolución recorría toda Europa. Las autobiografías y escritos de prácticamente todos los políticos capitalistas de ese momento reflejan la desesperación y la falta de confianza de la burguesía ante el desarrollo de la revolución. En Italia, en 1920, los obreros habían ocupado las fábricas. En lugar de dirigir a los obreros a la conquista del poder, el Partido Socialista les ordenó que abandonaran ese proceder “ inconstitucional ” . La situación se repetía en toda Europa.

El fracaso de la revolución fuera de Rusia se debió principalmente a las traiciones de los viejos dirigentes y también a la debilidad de los partidos y grupos comunistas existentes. Sólo en 1920, después de la formación de la Tercera Internacional, surgieron partidos comunistas de masas en Alemania, Francia, Italia y Checoslovaquia, a través de escisiones y convulsiones en las organizaciones de masas tradicionales. Sin embargo, comparado con el ruso, esos partidos eran muy jóvenes e inexpertos, lo que llevó a errores trágicos en el periodo 1920-23. Muchos de estos recién formados partidos adolecían de ultraizquierdismo y sectarismo. En 1920, Lenin se vio obligado a plantear el tema de estas enfermedades “ infantiles ” en el 2º Congreso de la Comintern y escribió su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.

Las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, entre 1919 y 1922, son un conjunto de tácticas y estrategia para guiar al movimiento comunista. El éxito de la revolución mundial parecía asegurado por la marcha de los acontecimientos. Todo estaba en su lugar para la oleada revolucionaria que se estaba desencadenando. Sin embargo, las posiciones correctas de Lenin fueron socavadas por Zinoviev y Stalin. Sus métodos burocráticos tuvieron un efecto particularmente desastroso en Alemania, donde la dirección del Partido Comunista quedó desorientada tras el asesinato en 1919 de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Paul Levy fue el primero en ponerse a la dirección. Levy mostró toda una serie de tendencias oportunistas que fueron duramente criticadas por el ala ultraizquierdista del partido (Ruth Fischer y Arkady Maslow). Lenin y Trotski también eran críticos con Levy, pero lo defendieron contra los “ izquierdistas ” . Nunca siguieron la política de apartar burocráticamente a dirigentes, aunque cometieran errores. En una ocasión, Lenin advirtió a Bujarin: “ Si quieres obediencia, obtendrás tontos obedientes ” . Preferían educar a la militancia a través de la explicación paciente, la discusión y la crítica amistosa.

Cuando, contra el consejo de Lenin, los “ izquierdistas ” finalmente apartaron a Levy y éste más tarde evolucionó hacia la derecha, Lenin comentó: “ Bien, perdió la cabeza. Pero tenía una cabeza para perder ” . Pronto su escepticismo respecto a la nueva dirección “ izquierdista ” demostró ser correcto. En marzo de 1921, bajo la dirección de Fischer y Maslow, el inexperto Partido Comunista Alemán se embarcó en una insurrección mal preparada, sin apoyo de masas, que acabó en una grave derrota para los comunistas. La ofensiva revolucionaria de la llamada Acción de marzo llevó a la perdida de 200.000 afiliados y al aislamiento del partido. Como resultado de este desastre, Lenin y Trotski tuvieron que abrir una dura lucha contra los ultraizquierdistas que defendían esa aventura, ya que si se permitía la continuación de semejantes actividades el movimiento comunista se habría roto. En lugar de la impaciencia y el aventurerismo, los comunistas necesitaban “ explicar pacientemente ” y ganar a la mayoría de la clase obrera para su causa. Siguiendo sus métodos habituales, Zinoviev hizo apartar a Fischer y Maslow y los sustituyó por los “ derechistas ” Brandler y Thalheimer. En lugar de intentar reeducar el partido y la dirección en el transcurso de la acción y la discusión común, estos métodos zinovievistas (maniobras utilizando el aparato para “ resolver ” las disputas internas del partido) tuvieron un efecto desmoralizador sobre sectores de la militancia y desorientaron a la dirección.

La Revolución Alemana de 1923

La guerra mundial no había resuelto ninguno de los problemas del capitalismo mundial. De hecho los había agravado. El capitalismo se había roto por su eslabón más débil. Los intentos de destruir la joven República Soviética mediante guerras de intervención habían fracasado completamente. El capitalismo alemán, el más poderoso de Europa, se encontró desposeído de sus bienes y recursos, de parte de su territorio, cargando con el peso de enormes indemnizaciones de guerra y en general en una situación imposible. Los imperialistas británicos y franceses, los “ vencedores ” de la guerra, no estaban en esencia en mejor situación. Las masas coloniales y semicoloniales, animadas por la revolución rusa, estaban a punto de rebelarse; las de las metrópolis estaban descontentas, y la situación económica del imperialismo anglo-francés había empeorado considerablemente en comparación con el capitalismo japonés y norteamericano. Fue en esta situación internacional cuando estalló la crisis alemana de 1923. Alemania, con su alta capacidad productiva, tenía las alas cortadas por las restricciones impuestas por Versalles y se había convertido en el eslabón más débil de la cadena del capitalismo mundial. El impago de las indemnizaciones por parte de Alemania llevó a los capitalistas franceses a marchar sobre el Ruhr, lo que ayudó a completar el colapso de la economía alemana. La burguesía alemana se esforzó en descargar el peso de la crisis sobre las espaldas de la clase obrera y las capas medias, provocando una crisis aguda y una situación cada vez más revolucionaria en todo el país.

En esta situación, el colapso del marco alemán y la toma de las tierras del Rin por parte de los ejércitos del imperialismo francés en 1923 provocaron la revolución. Si Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht no hubieran sido asesinados en 1919, hay pocas dudas de que hubieran proporcionado la dirección necesaria para asegurar la victoria de la clase obrera. Esta afirmación puede parecer paradójica, dado el hecho objetivo de que Rosa Luxemburgo siempre había insistido en el papel central de la iniciativa espontánea del proletariado en la revolución, pero en realidad no hay contradicción. Incluso el movimiento de masas más turbulento necesita organización y dirección para poder vencer el poder del Estado burgués y transformar la sociedad. Los acontecimientos de 1923 son la prueba más clara de esto. Ante la ausencia de Luxemburgo y Liebknecht, el partido alemán sufrió una crisis de dirección. Los cambios subsiguientes, en los que la Internacional Comunista, bajo la inspiración de Zinoviev , jugó un papel altamente pernicioso, descabezaron al partido. La política de eliminar a dirigentes que no estuviesen a favor de Moscú sentó un precedente muy negativo, que más tarde fue utilizado para estalinizar la Internacional Comunista y, en última instancia, para destruirla. Era un método totalmente ajeno al bolchevismo. Los obreros no tenían la posibilidad de aprender mediante la experiencia, debatir los problemas y decidir por sí mismos qué dirigentes valían y cuáles no. Este proceso es necesariamente lento. Se tardan décadas en desarrollar los cuadros que permiten el surgimiento de una dirección auténticamente revolucionaria. Pero no hay atajos. El Partido Bolchevique se desarrolló precisamente así durante un largo periodo preparatorio antes de 1917. También cometieron todo tipo de errores. Pero a través de los errores, siempre que se admitan honestamente y se evalúen, se aprende y se avanza. Con maniobras burocráticas y el intento de establecer la infalibilidad de la dirección, no se puede construir un auténtico partido revolucionario ni en mil años.

Con estos métodos, Zinoviev y sus seguidores minaron completamente la dirección alemana. El resultado fue que, cuando estalló la oleada revolucionaria en 1923, estaban desorientados. Brandler se fue a Moscú a buscar consejos sobre qué hacer. Aquí el accidente jugó un papel. Tanto Lenin como Trotski estaban enfermos y no pudieron recibirlo. En lugar de eso se encontró con Stalin y Zinoviev , que le dieron orientaciones totalmente equivocadas. Repitiendo su error de octubre de 1917, cuando él y Kámenev se opusieron a la insurrección, Zinoviev expresó abiertamente su escepticismo sobre las perspectivas revolucionarias en Alemania. Como siempre, el radicalismo verbal de la gente con tendencias burocráticas no es más que la otra cara de su conservadurismo innato y su falta de confianza en las masas. Zinoviev urgió cautela, y en la práctica aconsejó a los alemanes que no hicieron nada. Stalin fue todavía más crudamente oportunista. Su postura difería de la de Zinoviev sólo en que él ni siquiera estaba interesado en los problemas de la revolución alemana, que no eran más que una distracción de sus maniobras en el aparato. De mente estrecha y provinciano, tenía un arraigado desprecio por los obreros de Europa occidental, de los que pensaba que nunca iban a realizar una revolución. Con su oportunismo orgánico, Stalin aconsejó al partido alemán que no acometiese ninguna acción. Su consejo a los dirigentes alemanes fue sorprendente: “ Dejad que los fascistas lo intenten primero ” (!).

El éxito de la revolución no depende exclusivamente de la existencia de las condiciones objetivas en un país en un momento dado. También depende crucialmente de la existencia de lo que los marxistas denominamos el factor subjetivo, un partido revolucionario de masas con una dirección decidida y con una orientación clara. El viejo Engels ya explicó hace tiempo que, unas veces, pasan veinte años y parece que pasó un día, y otras, en 24 horas parece que pasaron veinte años. Esto quiere decir que una situación revolucionaria puede tardar años en desarrollarse, pero la oportunidad se puede perder en unos pocos días, a no ser que haya una dirección revolucionaria preparada que sepa aprovechar el momento. Si no es así, la oportunidad puede tardar décadas en volver a presentarse. Hay razones importantes para que las cosas sean así, como entenderá cualquiera que se pare a pensar un momento. ¿Cómo puede ser que un pequeño puñado de capitalistas puedan imponer su dominio sobre millones de hombres y mujeres? El sistema capitalista no recurre normalmente a la violencia para mantenerse (aunque utilizará los métodos más brutales si son necesarios). El secreto consiste en la enorme fuerza del hábito y la rutina que predomina en períodos “ normales ” . Las masas se acostumbran a una vida de esclavitud y sumisión a sus “ superiores ” desde el momento de su nacimiento. Esta “ normalidad ” es santificada por la religión, la moralidad, las leyes y las costumbres, y no es cuestionada por la inmensa mayoría, que la considera como algo eterno y natural. Sólo en ciertos momentos críticos, cuando los grandes acontecimientos sacuden a las masas de su sopor, sólo entonces empiezan a liberarse del peso muerto de las costumbres y empiezan a buscar una salida por caminos nuevos y no probados. Estos periodos son excepcionales por su propio carácter.

Por este motivo es necesario preparar el partido revolucionario por adelantado. No se puede improvisar al calor de los acontecimientos. Este, en esencia, es el mensaje del libro de Trotski Lecciones de Octubre, escrito en 1924 para dar a conocer a los cuadros de los jóvenes partidos comunistas, especialmente del partido alemán, la experiencia real del bolchevismo en 1917. La Revolución Rusa no era una excepción. Es cierto que, al igual que cualquier revolución, tenía ciertas peculiaridades concretas y que tuvo lugar en un país atrasado muy diferente de las industrializadas Alemania y Gran Bretaña. Pero hay muchas características que son comunes a todas las revoluciones, y por eso se pueden trazar paralelismos y extraer lecciones. Si la Revolución Rusa demuestra de manera positiva la corrección del bolchevismo, los acontecimientos alemanes de 1923 demuestran lo mismo, sólo que de manera negativa. En ambos casos la dirección jugó un papel decisivo. Pero mientras que la dirección de Lenin y Trotski condujo a los obreros rusos a la victoria, los dirigentes del PC alemán, siguiendo los consejos de Stalin y Zinoviev , llevaron la revolución a la derrota.

Las direcciones de la Internacional y del partido alemán no estuvieron a la altura de las circunstancias y fueron incapaces de aprovechar la oportunidad. Un triunfo en Alemania hubiera llevado inevitablemente a la victoria en toda Europa. Pero al igual que en Rusia en 1917, en Alemania en 1923 secciones de la dirección vacilaron. Brandler y la dirección alemana en la práctica fueron frenados por Stalin, Radek y Zinoviev , que descartaron la propuesta de Trotski de un plan para la insurrección y se encontraron con una tentativa de toma del poder furtiva y chapucera que acabó en un fiasco. Alarmado y escandalizado, Trotski escribió Lecciones de Octubre en un intento de que los dirigentes de los partidos comunistas sacaran las conclusiones necesarias de los acontecimientos alemanes. Pero la camarilla de Stalin, Zinoviev y Kámenev, a escondidas, estaban apostando por el poder y no podían aceptar una discusión honesta de los acontecimientos alemanes, que hubiera dañado su prestigio. El trabajo de Trotski fue el punto de partida de un ataque furioso contra el supuesto trotskismo, y su mensaje central quedó sepultado bajo una montaña de mentiras y calumnias. Ya se estaban sustituyendo los métodos de Lenin por los métodos propios de una burocracia dirigista que exige la aceptación acrítica de lo emanado de una dirección omnisciente e infalible como el Papa.

“Socialismo en un solo país”

Esta derrota reforzó la reacción burocrática en Rusia. Con Lenin moribundo, Stalin, Zinoviev y Kámenev empezaron a intrigar contra Trotski . Estos movimientos simplemente sirvieron para reforzar la posición de Stalin y fortalecer el poder de la burocracia. Stalin, que nunca se había interesado especialmente por las perspectivas internacionales, cada vez era más escéptico sobre la revolución internacional. Este escepticismo empezó a manifestarse en la Unión Soviética con la teoría del socialismo en un solo país, el giro hacia la derecha en la política económica y el apoyo a los kulaks y los nepmen . Esta “ teoría ” surgió directamente de la derrota que la revolución había sufrido en Alemania. Indicaba un alejamiento de los principios del internacionalismo revolucionario en los que se había basado la Revolución Rusa y sobre los que se había fundado la Tercera Internacional.

En ese momento, Stalin no tenía la más mínima noción de adónde iba a llevar esa teoría a la Unión Soviética y la Comintern. La transición de la política de la revolución mundial a la del socialismo en un solo país expresaba un brusco giro hacia la derecha en la Comintern. Los dirigentes jóvenes e inmaduros de la Internacional cayeron rápidamente bajo el control de la camarilla de Stalin en el Kremlin, que los utilizó cínicamente como agentes de su política exterior. Aquellos que se resistían eran purgados.

En 1928, León Trotski predijo que si la Internacional Comunista aceptaba la teoría del socialismo en un solo país, sería el inicio de un proceso que culminaría inevitablemente en la degeneración nacional-reformista de todos y cada uno de los partidos comunistas del mundo, estuvieran o no en el poder. En una predicción brillante, Trotski advirtió a los dirigentes de los partidos comunistas:

“Si es posible, en general, realizar el socialismoen un solo país, debemosadmitirestatesis no solamentedespués de la toma del poder, sino también antes. Si el socialismo es realizable en el marconacional de la URSS atrasada, con mayor razón lo seráen la Alemania avanzada. Mañana, losresponsables del Partido Comunista Alemán desarrollaránestateoría. El proyecto de programa les da ese derecho. Pasadomañanavendrá el turno del Partido Comunista Francés. Este será el comienzo de la disgregación de la Internacional Comunistasiguiendo la línea del socialpatriotismo”. (Trotski, La Internacional Comunistadespués de Lenin, Akal editor, p. 152).

La política exterior pasó a estar dominada por Stalin, que había perdido completamente la confianza en la clase obrera internacional y estaba desesperadamente buscando aliados para “ defender a la Unión Soviética de un ataque ” . La Comintern estaba quedando reducida al papel de guarda-fronteras e instrumento pasivo de la política exterior de Moscú. En la Revolución China de 1925-27, donde millones de personas entraron en acción, la Comintern, en lugar de basarse en los obreros y campesinos para llevar adelante la revolución, como siempre había sido la política de Lenin en Rusia, prefirió subordinarse a los capitalistas y generales chinos que rodeaban a Chiang Kai- shek en el partido nacionalista Kuomintang*. Stalin describió el Kuomintang como un “ bloque revolucionario de cuatro clases ” , que a principios de 1926 fue admitido como miembro de la Internacional Comunista. Chiang fue elegido, con el único voto en contra de Trotski , como miembro honorífico del Comité Ejecutivo de la Internacional. La Oposición de Izquierdas advirtió de las consecuencias de esta política menchevique. El Partido Comunista Chino era el único partido obrero y tenía una influencia mayoritaria entre los trabajadores; el campesinado estaba mirando el ejemplo de Rusia, buscando en la toma de la tierra una salida a siglos de sufrimiento a manos de los terratenientes.

* La ortografía moderna de Kuomintang es Guomindang. Sin embargo, en todo el libro se utiliza tanto la ortografía moderna como la antigua.

Bajo las órdenes de Stalin, y por miedo a incomodar a los capitalistas y terratenientes del Kuomintang, se impidió a los comunistas chinos ponerse a la cabeza de la revolución agraria. La Comintern se negó obstinadamente a adoptar la política de independencia de clase en la que Lenin tanto había insistido como requisito previo para la política comunista ante las revoluciones democráticas y antiimperialistas en Oriente. El 20 de marzo de 1926, la dirección del Kuomintang, bajo la dirección de Chiang Kai- shek , organizó un golpe de Estado contrarrevolucionario. Inmediatamente, se procedió a arrestar a los dirigentes comunistas y sindicales. Chiang también masacró a los obreros comunistas del baluarte revolucionario de Shanghai . Para proteger la autoridad de Stalin, se suprimieron todas las noticias sobre este golpe de Estado de derechas en la Unión Soviética. Inprecor (el periódico de la Internacional) descalificó las informaciones sobre el golpe como “ una invención de los imperialistas ” . Sólo cuando la derrota de la revolución era ya completa, Stalin ordenó una insurrección sangrienta en Cantón, una auténtica aventura, que descabezó la vanguardia proletaria. Stalin sacó la conclusión de que “ el golpe de Chiang Kai- shek es uno de esos zigzags en el curso de la Revolución China, necesario para limpiar la revolución de escoria e impulsarla hacia adelante… ” . (Stalin, Obras Completas, vol. 9, p. 265).

Mientras tanto, en Gran Bretaña, donde las masas estaban pasando por un proceso de intensa radicalización, se seguía una política igualmente oportunista. Como una manera de combatir el peligro de intervención contra la Unión Soviética, los sindicatos rusos establecieron un acuerdo de cooperación con el Comité General del Trade Union Council (TUC), el llamado Comité Anglo-ruso. El sesgo revolucionario de los acontecimientos en Gran Bretaña se puede ver en el hecho de que un millón de afiliados, una cuarta parte de la militancia sindical total, estaban organizados en el Movimiento Minoritario, organizado por los comunistas. Trotski , analizando la situación en Gran Bretaña, había predicho el estallido de una huelga general. La tarea del Partido y de la Internacional comunistas tenía que haber sido la de preparar a los obreros para la traición inevitable de los dirigentes sindicales. En lugar de eso, sembraron ilusiones, especialmente permitiendo a los burócratas sindicales británicos cubrirse con el prestigio del Comité Anglo-ruso. Después de la traición a la huelga general de 1926 por parte de la burocracia sindical, Trotski exigió que los sindicatos rusos rompieran relaciones con el TUC británico. Pero Stalin y la Comintern se negaron a hacerlo. Después de utilizar el Comité Anglo-ruso tanto como lo necesitaron, más de un año después de la huelga general, los dirigentes sindicales británicos tomaron la iniciativa y rompieron relaciones. La Comintern se quejó de que había sido traicionada. El joven Partido Comunista Británico debería haber aumentado masivamente su militancia e influencia como resultado de estos grandes acontecimientos. Desgraciadamente, siguiendo la línea de la Internacional, fue dando tumbos detrás de los “ izquierdistas ” del Consejo General del TUC, que a su vez iban dando tumbos detrás de dirigentes de derechas como Citrine y Thomas. El PC quedó desorientado por esta política oportunista de la Internacional y fue incapaz de aprovecharse de las oportunidades que se habían abierto. Su punto de vista queda resumido en estas declaraciones de J. T. Murphy, miembro del Comité Central, que en vísperas de la huelga escribió:

“Nuestro partido no tiene posiciones dirigentes en los sindicatos. No lleva a cabo negociaciones con los empresarios ni con el gobierno. Sólo puede aconsejar y poner sus fuerzas al servicio de los obreros dirigidos por otros…. Hacerse ideas exageradas sobre las posibilidades revolucionarias de esta crisis y visiones del ‘surgimiento espontáneo durante la lucha’ de una nueva dirección, etc., es una fantasía…”.(Citadoen The History of Communism in Britain, Brian Pearce and Michael Woodhouse, p. 99, London, 1995).

Estas derrotas de la Internacional Comunista en China y Gran Bretaña, debidas directamente a la política de Stalin y de la burocracia, paradójicamente aumentaron el poder de ésta en la Unión Soviética. La Oposición de Izquierdas, dirigida por Trotski , que había analizado correctamente y previsto estos acontecimientos, fue expulsada del Partido Comunista y de la Internacional.

El ‘tercer periodo’

Stalin se había quemado los dedos en su intento de apoyarse en los elementos capitalistas en China y de conciliarse con la burocracia sindical en Gran Bretaña y decidió orientar la Comintern bruscamente en dirección contraria. Violando los estatutos de la Internacional, no se había celebrado ningún congreso en cuatro años. Se convocó uno en 1928, que introdujo oficialmente el programa del socialismo en un solo país en el programa de la Internacional Comunista. También proclamó el fin de la estabilidad capitalista y el inicio de lo que se denominó el tercer periodo. A diferencia del periodo de levantamientos revolucionarios que siguió a 1917 (el primer periodo) y el de relativa estabilidad capitalista después de 1923 (el segundo periodo), este llamado tercer periodo supuestamente iba a anunciar el colapso del capitalismo mundial. Al mismo tiempo, la socialdemocracia, según la famosa teoría de Stalin (hoy muerta y enterrada), supuestamente se había transformado en socialfascismo . No había ninguna posibilidad de acuerdo entre los comunistas y los socialfascistas , que representaban el principal peligro al que se enfrentaba la clase obrera.

Precisamente en este periodo el mundo capitalista se vio afectado por la recesión sin precedentes de 1929-33. Alemania fue particularmente golpeada. El nivel de vida colapsó. Los obreros alemanes se enfrentaban a la degradación y la miseria, mientras que las capas medias también estaban arruinadas. Las cifras del paro en Alemania aumentaban constantemente, llegando a alcanzar un máximo de 6 millones. Las capas medias, que no habían recibido nada de la revolución de 1918, desmoralizadas por la incapacidad de los comunistas de tomar el poder en 1923, ahora, desesperadas y angustiadas, empezaban a buscar una solución a sus problemas en otra dirección. Financiados y apoyados por los capitalistas, los nazis empezaron a asegurarse una base de masas en Alemania. En las elecciones de septiembre de 1930 consiguieron casi seis millones y medio de votos. La política de Stalin había tenido un efecto desastroso en la Internacional Comunista. El bandazo a la izquierda en la URSS, expresado en la política de colectivización forzosa y la locura del “ Plan Quinquenal en cuatro años ” , encontró su reflejo en el terreno internacional en la teoría ultraizquierdista del tercer periodo y el socialfascismo . Esta política tuvo sus consecuencias más terribles en Alemania, donde fue directamente responsable de la división de la clase obrera y de permitir la llegada de Hitler al poder sin lucha.

La clase obrera alemana era una de las más poderosas del mundo, con fuertes organizaciones obreras y cientos de miles de obreros organizados en milicias comunistas y socialistas. El Partido Comunista Alemán, junto con la socialdemocracia, constituía la fuerza más poderosa de Alemania. En el momento del primer avance electoral importante de Hitler, en 1930, el Partido Comunista tenía cuatro millones y medio de votos y la socialdemocracia ocho millones y medio, que sumados eran más del doble que los nazis. A pesar de su expulsión de la Internacional Comunista, Trotski y sus seguidores todavía se consideraban parte de ésta y exigían insistentemente su readmisión. Al mismo tiempo sometían la política suicida adoptada por la Comintern a una crítica implacable. Exigían la vuelta a la política leninista de frente único de comunistas y socialdemócratas, como una manera de ganar para el comunismo a las masas socialistas en la acción y a través de su propia experiencia. Con la victoria de Hitler en las elecciones, Trotski hizo sonar las alarmas. En un documento titulado El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania lanzó la consigna para una campaña de tres años por parte de la Oposición de Izquierdas Internacional de la Comintern, como los trotskistas se consideraban a sí mismos. En Alemania, Francia, EEUU , Gran Bretaña, en la lejana Sudáfrica, en todos los países donde tenían grupos, los trotskistas hicieron campaña exigiendo que el Partido Comunista Alemán lanzase una campaña por el frente único con los socialdemócratas para impedir que Hitler llegase al poder.

Las fuerzas conjuntas de los comunistas y los socialdemócratas eran más que suficientes para derrotar a los fascistas, si se hubiesen unido con un programa serio de lucha. Sin embargo, en 1933, Hitler pudo vanagloriarse de haber llegado al poder “ sin romper ni un cristal ” . Esta situación monstruosa se derivaba de la parálisis del proletariado alemán como consecuencia de la política de los dirigentes socialdemócratas y estalinistas. En 1931, los estalinistas llegaron a formar un frente único no declarado con los nazis para derrocar el gobierno socialdemócrata en Prusia (en el llamado Referéndum Rojo). Llegaron a plantear la consigna de “ golpear a los pequeños Scheidemanns en el patio de la escuela ” , una invitación a los hijos de los comunistas a atacar a los de los socialdemócratas. Jan Valtin, un activista del Partido Comunista en aquel entonces, recuerda su experiencia:

Era una alianza muy grotesca, nunca proclamada o reconocida oficialmente por las burocracias roja o marrón, pero a pesar de eso un hecho terrible. Muchos de los miembros ordinarios del partido se resistieron tozudamente; demasiado disciplinados para denunciar al Comité Central abiertamente, se embarcaron en una campaña silenciosa de resistencia pasiva, por no decir sabotaje. Sin embargo, los elementos comunistas más activos y leales, entre ellos yo mismo, nos lanzamos enérgicamente a la acción para transformar esta última Parteibefehl [orden del partido] en realidad. Se acordó una tregua temporal y una combinación de las fuerzas entre los seguidores de Stalin y de Hitler en cuanto veían una oportunidad para atacar y reventar actos y manifestaciones del frente democrático. Sólo en 1931 participé en docenas de acciones terroristas de este tipo junto a los elementos más pendencieros de los nazis. Yo y mis camaradas simplemente seguíamos órdenes del partido. Voy a describir algunas de estas acciones, que son características de la alianza Dimitrov-Hitler, para ilustrar lo que estaba pasando en toda Alemania en ese periodo.

En la primavera de 1931, el Sindicato del Transporte y General socialista había convocado una conferencia de delegados de la marina y estibadores de todos los puertos más importantes de Alemania occidental. La conferencia se celebró en la Casa Obrera de Bremen. Era un acto público y los obreros estaban invitados a seguir los debates. El Partido Comunista envió un correo a los locales del Partido Nazi, con una petición de colaboración para reventar la conferencia sindical. Los nazis estuvieron de acuerdo, como siempre en esos casos. Yo era el responsable de operaciones por el Partido Comunista y un dirigente de las tropas de asalto llamado Walter Tidow lo era por los nazis. En menos de dos minutos, acordamos un plan de acción. Nada más empezar la conferencia de los socialdemócratas, me levanté y lancé una arenga desde la galería. En otra parte de la sala Tidow hizo lo mismo. Los delegados sindicales al principio se quedaron sin habla. Entonces el presidente ordenó la expulsión de los dos provocadores, Tidow y yo, de la sala. Nos sentamos tranquilamente, mirando desafiantemente a los dos grupos de sindicalistas fornidos que avanzaban hacia nosotros con la intención de echarnos de la sala. Nos negamos. En cuanto el primer delegado sindical nos tocó, nuestros seguidores se levantaron y se armó un cisco. Se rompieron los muebles, se golpeó a los participantes y en toda la sala reinó la confusión. Conseguimos llegar a la calle y nos dispersamos antes de que llegasen las ambulancias y los rollkomandos de la policía. Al día siguiente los periódicos nazis y la prensa de nuestro propio partido publicaban artículos en la portada sobre cómo los obreros “socialistas”, irritados por la “traición” de sus propios dirigentes corruptos, les habían dado una buena “lección proletaria”. (Jan Valtin, Outofthe Night, pp. 252-3).

Con estos métodos se entregó a la poderosa clase obrera alemana atada de pies y manos a los nazis. Las organizaciones obreras fueron destruidas. Comunistas y socialdemócratas sin distinción acabaron en los campos de concentración de Hitler. La URSS quedó en una situación terriblemente peligrosa. Este fue el resultado de la política del socialfascismo .

La victoria de Hitler

Siguiendo instrucciones directas de Stalin y la Comintern, el Partido Comunista Alemán denunció la política de frente único defendida por la Oposición de Izquierdas como socialfascista y contrarrevolucionaria, e insistió en considerar a la socialdemocracia como el principal enemigo de la clase obrera y argumentó que no había ninguna diferencia entre la democracia y el fascismo. En septiembre de 1930, el órgano del Partido Comunista Alemán, el Rote Fahne, proclamó: “ La pasado noche fue el día del señor Hitler, pero la llamada victoria electoral de los nazis es el principio del fin ” . Durante todos estos años, la Comintern siguió con esa política criminal. Incluso en mayo de 1932, el periódico comunista británico Daily Worker atacaba orgullosamente la política de los trotskistas en Alemania de esta manera: “ Es significativo que Trotski se haya pronunciado por un frente único entre los partidos comunista y socialdemócrata contra el fascismo. En un momento como el actual no se podía haber dado una dirección de clase más contrarrevolucionaria y obstruccionista ” . Mientras, Trotski había escrito cuatro documentos y decenas de artículos y manifiestos, y en todas partes los trotskistas aprovechaban el menor resquicio para presionar a la Comintern para que cambiase su política. En vano. En enero de 1933, Hitler pudo tomar el poder sin ningún tipo de oposición en el país con la clase obrera más organizada y el Partido Comunista más grande fuera de la Unión Soviética. Por primera vez en la Historia, se permitía a la reacción tomar el poder sin ninguna resistencia por parte de los trabajadores.

Con esta traición, el Partido Comunista Alemán quedaba condenado. Pero la Comintern, lejos de reconocer la catástrofe, ratificó solemnemente la política del Partido Comunista Alemán y de la Internacional como perfectamente correctas. En lugar de reconocer el episodio como una importante derrota para los obreros alemanes, la Comintern lo declaró una victoria con la consigna “ ¡después de Hitler nos toca a nosotros! ” . La degeneración de los partidos de la Internacional Comunista había llegado hasta tal punto que no hubo ni un murmullo de protesta u oposición en sus filas. La única conclusión que cabía sacar, al igual que con la Segunda Internacional en 1914, era que la Tercera Internacional (Comunista) estaba muerta políticamente y ya no se podía considerar como un instrumento para la revolución socialista. En marzo de 1933, Trotski cambió su perspectiva de reforma de los partidos comunistas y de la URSS: en vez de luchar por la reforma del Partido Comunista Alemán, ahora hizo una llamada a la construcción de un nuevo partido. En julio, Trotski escribía:

Con la impotenciacadavez mayor de la Comintern, con la parálisis de la vanguardiaproletariainternacional y, enestascondiciones, con el avance inevitable del fascismo mundial, el triunfo de la contrarrevoluciónsería inevitable en la URSS. Naturalmente, losbolchevique-leninistasseguirántrabajandoen la URSS pese a las condicionesimperantes. Pero lo únicoquepuedesalvar al Estado obreroserá la intervención del movimientorevolucionariomundial. Nunca en la Historia las condicionesobjetivas para estaregeneraciónhansido tan favorablescomoahora. Lo quefalta es el partidorevolucionario. La camarilla estalinistasólopuedegobernardestruyendo el partido, tanto en la URSS comoen el resto del mundo. Sólo se puedesalir de estecírculoviciosorompiendo con la burocraciaestalinista. Hay queconstruir un nuevo partido, bajo unabanderalimpia”. (Trotski, Escritos 1933-34, pp. 26-7)

Una organización que no puede aprender de las lecciones de la Historia está condenada. Como fuerza para el socialismo mundial, la Internacional Comunista estaba muerta. La Oposición Internacional de Izquierdas rompió con ella y proclamó la necesidad de una nueva Internacional. Pero lo que estaba claro para la vanguardia que había abandonado el intento de reformar la Comintern no estaba claro para las masas. Sólo grandes acontecimientos podían enseñarles. Sobre la base de estos acontecimientos Trotski llegó a la conclusión de que había que construir nuevos partidos y una Cuarta Internacional. Esta fue la tarea a la que se dedicó hasta su asesinato por un agente de Stalin en agosto de 1940.

En la Unión Soviética estaba claro que la burocracia se había independizado cada vez más de la clase obrera. Los últimos vestigios de control obrero habían sido eliminados. Stalin se había vanagloriado de que los “ cuadros sólo podrían ser apartados mediante una guerra civil ” . La cantidad se había transformado en calidad. Esto llevó a Trotski a la conclusión de que la contrarrevolución estalinista había alcanzado un nuevo punto de inflexión y que se necesitaba una revolución adicional (una revolución política) para desplazar a la burocracia y restablecer un régimen de auténtica democracia obrera.

“ Luego de las experiencias de los últimos años sería infantil suponer que se puede eliminar a la burocracia estalinista a través de un congreso del partido o de los sóviets ” , escribía Trotski . “ En realidad, el último congreso del Partido Bolchevique, el duodécimo, tuvo lugar a comienzos de 1923. Todos los posteriores fueron mascaradas burocráticas. Y hoy hasta éstos quedaron descartados. No quedan caminos ‘constitucionales’ normales para eliminar a la camarilla dominante. Sólo por la fuerza se podrá obligar a la burocracia a dejar el poder en manos de la vanguardia proletaria ” . Y concluía diciendo: “ De todos modos, no se tratará de una insurrección armada contra la dictadura del proletariado, sino de la extirpación de una maligna excrecencia de ésta ” . ( Trotski , Escritos 1933-34, pp. 179-80). La posición anterior de reforma del partido y del Estado soviético había quedado obsoleta. Este análisis iba a ser confirmado en breve por la experiencia sangrienta de las purgas.

La Internacional Comunista siguió aplicando esta falsa política hasta 1934. Cuando los fascistas en Francia, envalentonados por los éxitos del fascismo en Austria y en Alemania, organizaron manifestaciones armadas por derrocar al gobierno liberal y el parlamento, el Partido Comunista ordenó a sus militantes manifestarse con ellos. Pero ahora el peligro que Hitler representaba para la Unión Soviética era evidente para todo el mundo. Stalin y la burocracia estaban aterrorizados. Despreciando cínicamente la capacidad de la Comintern como instrumento de la revolución mundial, Stalin la convirtió más abiertamente en un instrumento de la política exterior rusa. En una sociedad clasista, una organización que deja de representar a la clase obrera cae inevitablemente bajo la presión e influencia de la burguesía. Stalin, en su búsqueda de aliados, se orientó a la burguesía de Gran Bretaña y Francia. La política de frente popular fue iniciada y aprobada en el que iba a ser el séptimo y último congreso de la Internacional, celebrado en 1935. Lenin había combatido toda su vida contra esta política de coalición con los capitalistas liberales. Representaba una nueva etapa en la degeneración de la Comintern y del primer Estado obrero del mundo.

Frentepopulismo

A pesar de que los años 30 vieron la consolidación del poder personal de Stalin, el régimen burocrático no era estable. El bonapartismo, por su propia naturaleza, es un régimen de crisis social. Stalin se obsesionó con la seguridad interna y por lo tanto intentó establecer relaciones diplomáticas normales con las potencias capitalistas. Después de 1933, Stalin esperaba establecer relaciones diplomáticas más cercanas con la Alemania de Hitler. “ Por supuesto que estamos muy lejos de ser entusiastas del régimen fascista en Alemania ” , declaró Stalin, “ Pero aquí no se trata del fascismo, aunque sea solamente por el hecho de que el fascismo en Italia, por ejemplo, no ha impedido a la URSS establecer las mejores relaciones con ese país ” . Pero después de ser desairado por Hitler, y alarmado por el rápido rearme de Alemania, Stalin empezó a buscar otros aliados. Enseguida se unió a la Liga de Naciones, previamente denunciada por Lenin como una “ cocina de ladrones ” . Para contrarrestar la amenaza militar, se urgió a la Comintern a promover la llamada política de “ seguridad colectiva ” . Esto formaba parte de un cambio brusco de política anunciado en el 7º Congreso de la Internacional: la política de frente popular. En 1943, en un nuevo gesto hacia sus aliados imperialistas, Stalin disolvió completamente la Comintern.

La política de frente popular se basaba en alianzas entre partidos obreros y partidos burgueses. Esto era totalmente ajeno al método de Lenin y Marx, que siempre habían insistido en una política de independencia de clase. La concepción de que es posible llegar a un acuerdo entre la clase obrera y la llamada ala democrática de la burguesía es falsa hasta la médula. ¡Este tipo de “ unidad ” es como la unidad entre caballero y caballo! Pasa por alto el conflicto entre el trabajo asalariado y el capital. La política de los capitalistas, ya sean de corte liberal o conservador, siempre está dictada por sus intereses económicos. En tiempos de crisis, la burguesía puede tratar de apoyarse en los dirigentes obreros para mantener a los trabajadores bajo control, pero sólo para darles en los dientes cuando ya han servido a sus propósitos.

El frente popular era simplemente una mera resurrección de la vieja política “ liberal-laborista ” de colaboración de clases, criticada implacablemente por Marx y todavía más por Lenin, que combatió toda su vida contra las ilusiones en la burguesía liberal. Mientras que en ciertas condiciones pudiera ser aceptable conformar alianzas temporales con los liberales con objetivos prácticos, toda la historia del movimiento obrero demuestra que las lianzas programáticas acaban en desastre. En los escritos de Marx y Engels, y especialmente en los de Lenin, siempre se caracteriza a la burguesía liberal como una clase cobarde y reaccionaria, incapaz de llevar adelante las tareas de la revolución democrático-burguesa.

Ya Marx y Engels habían entendido y explicado el carácter contrarrevolucionario de la burguesía en 1948-49, en escritos como Revolución y contrarrevolución en Alemania. En 1906, en su libro Resultados y perspectivas, Trotski señaló que la burguesía en países atrasados y semifeudales como la Rusia zarista había llegado a la escena de la Historia demasiado tarde para llevar adelante su misión histórica. Atada a los bancos por una parte y vinculada por miles de hilos a la clase terrateniente y al imperialismo por otra, era orgánicamente incapaz de luchar contra la monarquía y el feudalismo. Los capitalistas invertían en la tierra y los terratenientes en la industria. De esta manera formaban un bloque reaccionario contra el progreso. Independientemente de las diferencias que pudieran existir entre ellos (y los liberales rusos se enfrentaron con la autocracia frecuentemente, hasta 1905-06), siempre cerrarían filas cuando estuvieran amenazados por un movimiento revolucionario de obreros y campesinos. Lo esencial del argumento de Lenin era que la democracia en Rusia no la conseguirían los liberales, sino solamente la unidad revolucionaria del proletariado y los campesinos pobres contra los liberales, al igual que contra la autocracia. Esto quedó claro en 1905-06, cuando los liberales traicionaron la revolución y llegaron a un acuerdo con la autocracia a costa de los obreros y campesinos.

Incluso en el periodo en que Lenin no creía que pudiera haber una revolución socialista en Rusia antes que en Europa Occidental, siempre se opuso ferozmente a acuerdos o alianzas con la burguesía (excepto temporalmente sobre temas secundarios). La idea de cualquier tipo de bloque programático con los liberales era un anatema para él. Sabía que éstos iban a traicionar la lucha inevitablemente, un hecho que ha sido ampliamente corroborado no sólo por la experiencia de la Revolución Rusa, sino también por el papel de la burguesía nacional en la revolución colonial en todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. La idea de entrar en un gobierno de coalición con la burguesía liberal no era la política de Lenin, sino de los mencheviques. La oposición a esta política constituyó el punto central de diferencia entre bolchevismo y menchevismo desde 1904 en adelante, y alcanzó su expresión más clara con el Gobierno Provisional de 1917.

Este Gobierno Provisional era un ejemplo clásico de frente popular, en el que la clase dominante, a través de sus representantes de “ izquierdas ” (Kerensky), se apoya, a través de una coalición, en los dirigentes de las organizaciones obreras para poder descabezar la revolución. Detrás de la fachada del frente popular, la reacción reagrupa sus fuerzas y prepara un contragolpe, una vez que las masas hayan sido desmoralizadas por la experiencia del frente popular, que, dejando intacto el sistema básico de explotación, pasa de las reformas a las contrarreformas. Lenin sometió a los dirigentes mencheviques y eseristas a una crítica demoledora por haber entrado en el Gobierno Provisional, exigiendo la ruptura con los diez ministros capitalistas y la formación de un gobierno obrero independiente basado en los sóviets. Esta fue la base sobre la que se preparó la Revolución de Octubre.

En esencia, la política adoptada por la Comintern en 1935 fue, para citar a Trotski , “ una caricatura maliciosa del menchevismo ” . Los gobiernos de frente popular formados en Francia y España, supuestamente para impedir el peligro del fascismo, tuvieron el efecto contrario. En condiciones de crisis social y económica extrema, sólo el derrocamiento del capitalismo y los terratenientes y la transformación radical de la sociedad podía mostrar una salida. La alianza con la burguesía era una receta acabada para el desastre. En todos los casos, bajo la presión de los grandes monopolios y de sus aliados liberales, se atacaron los niveles de vida de los obreros, campesinos y capas medias. Las promesas de reforma se convirtieron rápidamente en su contrario, preparando el terreno para la reacción. El ejemplo más terrible fue lo que sucedió en España.

La Revolución española

En julio de 1936 el heroico proletariado español se levantó contra el golpe fascista del general Franco. En Cataluña y el resto del país, los obreros tomaron el poder en sus propias manos. El Estado colapsó, con la mayor parte de la casta de oficiales del ejército pasándose al bando de Franco. Los obreros españoles trataron una y otra vez de tomar el poder. En Barcelona, los obreros del sindicato anarquista CNT y del partido de izquierdas POUM asaltaron los cuarteles armados solamente con cuchillos de cocina, palos y viejos rifles de caza. Aplastaron a los fascistas y el poder quedó en manos de la clase obrera. Esto hubiera sido posible en toda España, de no ser por la política de los dirigentes de las organizaciones obreras, que se aferraron a su alianza con los republicanos burgueses.

Incluso los dirigentes del PC tuvieron que admitir que el movimiento revolucionario ya había ido mucho más allá de los límites de la república burguesa:

Tal y como observara José Díaz, ya se había logrado la destrucción del viejo orden gobernante. La revolución social no se había limitado a ‘defender la República instaurada el 14 de abril y revivida el pasado 16 de febrero’, como había afirmado el partido comunista al comenzar la guerra. Militantes comunistas en la primera línea de frente en torno a Madrid, como Miguel Nuñez, un miliciano de la enseñanza, eran muy conscientes de la profundidad de la expresión popular.

‘Era una revolución a fondo. El pueblo estaba luchando para conseguir todas aquellas cosas de las cuales las fuerzas reaccionarias de este país les había privado durante tanto tiempo. Tierra y libertad, el fin de la explotación, el derrocamiento del capitalismo. El pueblo no luchaba por una democracia burguesa, que eso quede bien claro…”. (Ronald Fraser, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Historia oral de la guerra civil española, vol. 2, p. 30).

En última instancia, el poder son destacamentos de hombres armados. Quien los controla tiene el poder. Pero en julio de 1936, los obreros de España se levantaron contra los fascistas en respuesta al alzamiento militar de Franco. El viejo ejército en la práctica quedó destruido y fue reemplazado por milicias obreras. Éstas eran las únicas fuerzas armadas que existían en el territorio de la República. Lo único que impidió la toma del poder por parte de la clase obrera fue la dirección de sus propias organizaciones. Habían aplastado la reacción fascista, pero los dirigentes de todos los partidos obreros -anarquistas, socialistas, comunistas e incluso el POUM- entraron en el gobierno burgués del frente popular y se convirtieron en el principal obstáculo para la revolución.

De una manera u otra traicionaron la heroica reacción espontánea contra el levantamiento fascista. Bloquearon el movimiento de los obreros colaborando con los podridos dirigentes burgueses republicanos, que en ese momento no representaban a nadie sino a sí mismos. De hecho, esta no era una alianza con la burguesía sino con la sombra de la burguesía. La gran mayoría de los terratenientes y los capitalistas apoyaban a Franco y habían huido a zona fascista. Pero los republicanos actuaron como un freno reaccionario para el movimiento de las masas. Tenían mucho más miedo de los obreros y los campesinos que de los fascistas, ante los que estaban bastante dispuestos a capitular.

En aquel entonces, la mayor parte de los dirigentes de los partidos de la Internacional Comunista se habían convertido en agentes de la política exterior de la burocracia rusa. Aplicaban las instrucciones de Stalin sin cuestionarlas. Éste estaba aterrorizado de que una revolución socialista triunfante en España, o en cualquier otro país de Europa Occidental, minara el poder de la burocracia y llevase a su derrocamiento. Los obreros de Rusia estaban entusiasmados con la revolución en España, que les sacudió mucho más que ningún otro acontecimiento desde la usurpación del poder por parte de Stalin. En un intento de mantenerse en el poder, la burocracia se vio obligada a lanzar el equivalente moderno de una caza de brujas medieval, para aniquilar a casi todos los dirigentes de la revolución y a los viejos bolcheviques, asesinando a centenares de miles de militantes del Partido Comunista. Esto se debió en parte a las repercusiones de la revolución en España. La victoria de la revolución en España hubiera sido el tañido de muerte para la burocracia de Moscú.

Además de esto, a los burócratas no les importaba la diplomacia revolucionaria, como en los tiempos de Lenin, sino que se guiaban por consideraciones puramente nacionalistas. En ese momento querían aplacar a los capitalistas de Gran Bretaña y Francia, para llegar a una alianza contra Alemania. No querían echar por tierra sus planes con un enfrentamiento revolucionario que se hubiera extendido a Francia y destruido totalmente el equilibrio político y social del mundo. Pero, destruyendo la revolución española, aseguraron la victoria de Franco, y con ello la Segunda Guerra Mundial se hizo inevitable. Por su parte, las llamadas democracias de Gran Bretaña y Francia hicieron todo lo que pudieron por ayudar a Franco, escondiéndose bajo la bandera hipócrita de la “ no intervención ” . La política contrarrevolucionaria de Stalin en España no convenció a los imperialistas británicos y franceses para convertirse en aliados de la Unión Soviética, todo lo contrario.

Un militante de base del partido comunista declaraba: “Luchando y muriendo, a veces pensábamos: ‘Todo esto… ¿y para qué?’ ¿Era para volver a lo de antes? Si así era, no valía la pena luchar por ello. Aquella forma vergonzante de hacer la revolución desmoralizó al pueblo, que no la entendía. Pienso que el partido comunista fue el que mejor entendió de qué iba la guerra…”. (Ibid. p. 36).

Los obreros de España hicieron todo lo posible una y otra vez, durante siete años, de 1931 a 1937, para tomar el poder en sus manos, pero en cada momento se encontraron bloqueados por sus propias organizaciones. La última oportunidad fue en mayo de 1937. Los estalinistas, actuando como fuerzas de choque de la contrarrevolución, intentaron tomar el edificio de la Telefónica en Barcelona, que estaba bajo control de la CNT. En respuesta a esta traición, los obreros anarquistas y del POUM organizaron una insurrección en los primeros días de mayo de 1937. Este movimiento contaba con el apoyo mayoritario de los obreros de Barcelona, incluso los comunistas y socialistas de base. Durante cuatro días el poder estuvo en las manos de los obreros. Pero una vez más, el POUM y la CNT se negaron a tomar el poder.

A pesar de la propaganda estalinista, el POUM no era una organización trotskista, aunque tenía militantes que habían sido trotskistas, como Nin y Andrade. En seis semanas, el POUM había crecido rápidamente, de 1.000 a 70.000 militantes, gracias a la imagen izquierdista y las declaraciones radicalizadas de sus dirigentes. Tenía su propia emisora de radio y un periódico diario. Pero Trotski advirtió que, sin una política correcta, una política de clase dirigida contra los republicanos burgueses, todos los logros del POUM se convertirían en polvo. Esta brillante predicción pronto demostró ser correcta. En el momento decisivo llevaron a los obreros a la derrota. Ante la falta de una política revolucionaria consistente, los dirigentes de la CNT y el POUM exigieron a los obreros que abandonasen la lucha y volviesen al trabajo. Lo consiguieron, pero no les salvó y fue desastroso para la revolución. Al cabo de seis semanas, los dirigentes del POUM fueron asesinados en las mazmorras de la GPU. Se ilegalizó al POUM y se desarmó a la CNT. El camino estaba libre para el aburguesamiento de las fuerzas armadas y la reconstrucción del Estado bajo dirección de la burguesía.

En marzo de 1937, José Díaz, secretario general del PCE, llamó a la exterminación de todos los ‘agentes del fascismo, trotskistas disfrazados de poumistas ’, repitiendo las acusaciones lanzadas en los juicios-farsa de Moscú. Pero la fuerza real de la purga en España fue la GPU de Stalin, que estaba presente en todos los organismos dirigentes del Partido Comunista de España. Por ejemplo, el tristemente famoso estalinista húngaro Ernö Gerö, uno de los agentes de Stalin, siempre asistía a las reuniones de la dirección del PSUC. Sin embargo, los dirigentes del Partido Comunista y del PSUC participaron activamente en estas actividades. Pere Ardiaca, editor del periódico del PSUC Treball , aunque niega la participación del partido en el asesinato de Andrés Nin, confiesa que el partido apoyó la persecución contra el POUM:

Aunque no tuvimos arte ni parte en la persecución contra el POUM, la vimos con buenos ojos. Más adelante, al celebrarse el juicio contra los poumistas, nos quedamos estupefactos ante las declaraciones que allí se hicieron, pero, al mismo tiempo, en ningún momento se nos ocurrió protestar ya que compartíamos la opinión de la parte acusadora…”. (Ibid. p. 125).

Ardiaca y sus compañeros estaban “ estupefactos ” porque sabían perfectamente que todas las acusaciones que se lanzaban contra los militantes del POUM eran falsas, como él mismo reconoce: “ Antes de ingresar en el partido comunista, yo había sido del BOC [uno de los dos partidos que se unieron para formar el POUM], por lo que sabía que sus militantes eran honrados y sinceros en sus creencias revolucionarias, aunque estas fueran distintas de las nuestras ” . ( Ibid p. 124). No es extraño que Ardiaca describa el asesinato de Nin como “ una herencia harto pesada ” . Pero nada puede cambiar el hecho de que los dirigentes catalanes y españoles eran, por lo menos, cómplices activos de la GPU de Stalin en España.

La liquidación de la revolución llevó inevitablemente al desastre que Trotski había predicho. Los estalinistas apoyaron el llamado gobierno de la victoria de Negrín, un socialista de derechas que en la práctica presidió la más terrible de las derrotas, inevitable tras el triunfo de la contrarrevolución burguesa detrás de las líneas republicanas. La clase obrera estaba desilusionada y desmoralizada. En la revolución, incluso más que en la guerra, la moral es el factor decisivo. En términos puramente militares, la revolución nunca puede triunfar contra un ejército profesional con oficiales formados y expertos militares. El único factor que da a las masas ventaja es su entusiasmo revolucionario. Sin éste, la victoria de la reacción es inevitable. La precondición para la victoria en España era política: la confianza de las masas en la causa por la que estaban luchando.

Esta afirmación se puede demostrar con muchos ejemplos históricos. La victoria de los bolcheviques en Rusia se debió sobre todo a factores políticos. El poder estaba en manos de los trabajadores, que lo defendieron ferozmente. De la misma manera, en el campo los campesinos luchaban por la tierra que habían ganado gracias a la Revolución de Octubre. Unos años más tarde en China, Mao Tse -Tung llevó adelante una guerra semirrevolucionaria contra el Kuomintang. En la guerra civil china, las fuerzas de Mao eran insignificantes comparadas con el ejército de Chiang Kai- shek , armado por los EEUU . Basándose en una consigna revolucionaria simple ( “ la tierra para los campesinos ” ), Mao consiguió ganarse a las masas rurales. Incluso ofreció parcelas de tierra a los soldados del ejército de Chiang. Divisiones enteras se pasaron a los rojos y las fuerzas de la reacción simplemente se diluyeron. En España hubiera sido posible un resultado similar, pero eso habría requerido una auténtica política revolucionaria.

La Revolución Española representaba una amenaza mortal para Stalin y la burocracia. La clase obrera soviética, cada vez mayor en número, entusiasmada por los éxitos del Plan Quinquenal, empezó de nuevo a sentir los efectos de la revolución mundial y a resistirse a los abusos de la burocracia. El movimiento espontáneo hacia la revolución socialista en España empezó a reavivar la llama de la revolución internacional en los corazones de la clase obrera soviética. Stalin estaba aterrorizado ante la perspectiva de que una oleada revolucionaria en Occidente pudiera agitar el espíritu revolucionario de las masas soviéticas. Temiendo el éxito y la extensión de la revolución en España, y buscando un acuerdo con las “ democracias ” occidentales, Stalin, por primera vez, deliberadamente la estranguló. Esto no fue así ni en Alemania en 1930-33 ni en China en 1925-27. Es cierto que la política de Stalin también llevó a la derrota en esos casos, pero esa no era su intención. Al contrario, Stalin en ese momento necesitaba éxitos en el ámbito internacional. Pero ahora era diferente. En 1936, la nueva casta dominante se había consolidado y estaba ansiosa por defender sus privilegios contra cualquier amenaza, real o imaginaria. La revolución española era vista como una amenaza muy real para la camarilla dominante. Stalin pensaba que una revolución triunfante daría lugar a una nueva oposición dentro del Partido Comunista alrededor de aquellas figuras que todavía tenían vínculos directos con Octubre , y eso hubiera significado el fin del régimen estalinista. Por lo tanto se marcó la tarea de eliminar esa amenaza, acusando falsamente de crímenes contrarrevolucionarios a los viejos bolcheviques.

Lanzando las purgas

“El primer Plan Quinquenal y las grandes conmociones que precedieron a la subida de Hitler (1931-33) amenazaban una vez más el dominio de la burocracia. Finalmente, ¿podemos dudar por un instante de que si la revolución española hubiese triunfado y los trabajadores franceses hubiesen sido capaces de desarrollar la ofensiva de mayo y junio de 1936 hasta su conclusión, el proletariado ruso habría recobrado su valor y combatividad y derrocado a los termidorianos con un mínimo de esfuerzo?”. (Trotski, escritos 1937-38, pp. 56-7).

Los juicios de Moscú fueron la falsificación más grande de la Historia. La excusa inicial fue el asesinato de Serguei Kirov, el jefe del partido en Leningrado, por parte de un joven comunista, el 1 de diciembre de 1934, que en realidad fue una provocación organizada por el propio Stalin. Había murmullos de descontento contra Stalin dentro de la camarilla dirigente, y Kirov, un estalinista destacado, era visto como posible sustituto. Después del montaje del asesinato de Kirov, se puso en escena una serie de juicios y confesiones repugnantes. En sus informes al 20º y 22º congresos , Kruschev reveló que el asesinato había sido obra de Stalin y preparado al más alto nivel:

Las represalias masivas empezaron después del asesinato de Kirov. Todavía son necesarios grandes esfuerzos para descubrir quién fue realmente culpable de su muerte. Cuanto más profundamente estudiamos los materiales relativos a la muerte de Kirov, surgen más preguntas. Vale la pena tener en cuenta el hecho de que el asesino de Kirov había sido detenido dos veces anteriormente por parte de chekistas (agentes de seguridad) cerca del Smolny y que se le habían incautado armas. Pero en ambas ocasiones fue liberado siguiendo instrucciones de alguien. Inmediatamente este hombre se encuentra en el Smolny, armado, en el pasillo por el que normalmente pasaba Kirov. Y por alguna razón en el momento del asesinato el guardaespaldas de Kirov se encontraba bastante detrás de él, aunque sus instrucciones no le autorizaban a situarse tan lejos de Kirov.

Hay otro hecho igualmente extraño: cuando el guardaespaldas de Kirov era llevado al interrogatorio bajo escolta -e iba a ser interrogado por Stalin, Molotov y Voroshilov- el vehículo, como el conductor declaró posteriormente, fue deliberadamente implicado en un accidente por parte de los que lo conducían. Dijeron que murió como resultado del accidente, aunque en realidad fue asesinado por los que lo escoltaban.

De esta manera, el hombre que protegía a Kirov fue asesinado. Más tarde, los que lo asesinaron fueron fusilados. Esto, aparentemente, no fue ningún accidente, sino un crimen cuidadosamente planificado. ¿Quién podía haberlo cometido? Se está haciendo una investigación detallada sobre las circunstancias de este complicado caso”.(The Road to Communism. Report to the 22nd Congress of the Communist Party of the Sóviet Union, p. 111).

Trotski describió los juicios de Moscú como una “ guerra civil unilateral ” contra la vanguardia de la clase obrera . En agosto de 1936 declaró que “ la actual purga traza no sólo una línea de sangre entre el bolchevismo y el estalinismo , sino todo un río de sangre . La aniquilación de toda la generación de los viejos bolcheviques , de una parte importante de la generación intermedia, que participó en la guerra civil, y de la parte de la juventud que asumió seriamente las tradiciones bolcheviques demuestra que existe una incompatibilidad total entre el bolchevismo y el estalinismo no sólo política , sino también físicamente ” . ( Trotski , Escritos 1936-37, p. 423).

Se aniquiló a una generación entera de viejos bolcheviques. El viejo aparato estatal zarista, contra el que Lenin había advertido repetidamente, manifestó su supremacía a través de las purgas, cuyo objetivo era exterminar a los revolucionarios y borrar por completo la herencia del bolchevismo. Tener vínculos con Octubre se convirtió en la práctica en una sentencia de muerte. Esto se aplicaba a todo el mundo, no sólo a los trotskistas, aunque éstos fueron las víctimas principales. Pero pronto los seguidores de Bujarin se les unieron en los campos de concentración, seguidos por cualquiera que tuviera un vínculo con el pasado, incluyendo a muchos estalinistas. Fue una guerra civil unilateral contra el bolchevismo, lanzada por la élite dominante, por dos razones principales:

En primer lugar, para consolidar el dominio del Jefe ( Vozhd , en ruso, que, por cierto, es una traducción exacta de “ Führer ” o “ Duce ” ). Stalin quería echar tierra sobre su bastante insignificante papel en la Revolución, un hecho bien conocido en los círculos del Partido. Incluso miembros de su propia fracción dirigente, como Sergo Ordzhonikidze, no podían tomarse en serio la idea de Stalin como Gran Dirigente y Maestro, y por este crimen fueron asesinados o empujados al suicidio. Stalin no quería testigos incómodos. Ya en esa época Stalin mostraba signos de megalomanía, pero sería erróneo verlo como un fenómeno personal o psicológico. Las desviaciones psicológicas no pueden explicar una masacre de tan enorme tamaño, que dislocó la economía, provocó tremendas convulsiones sociales e incluso puso en peligro la existencia de la URSS, especialmente cuando se extendió al ejército.

El carácter peculiar de la burocracia como casta dominante usurpadora dio lugar a todo tipo de contradicciones. La burocracia, que había expropiado políticamente a la clase obrera, sin embargo se basaba en las formas de propiedad nacionalizada establecidas por la Revolución. Se veía obligada a hablar en nombre del bolchevismo, aunque al mismo tiempo pisoteaba una y otra vez todas sus tradiciones. No es la primera vez que se da un fenómeno de este tipo. Después de 1794, los dirigentes de la reacción termidoriana en Francia seguían hablando en nombre de la Revolución, al mismo tiempo que perseguían a los jacobinos y restauraban las costumbres y privilegios del viejo régimen. Para silenciar toda crítica era esencial eliminar a todos aquellos que pudieran señalar con el dedo acusador y recordar a las masas, o a los propios burócratas, cómo eran las cosas antes.

El carácter usurpador de la casta dominante, la naturaleza ilegítima de sus privilegios y prebendas, la contradicción evidente entre las proclamas “ socialistas ” y la desigualdad creciente, todo esto hacía que los burócratas advenedizos se sintiesen inseguros. Su inseguridad y miedo a las masas les empujaban a buscar seguridad a la sombra de un hombre fuerte que silenciase a la oposición. No se podía poner en duda al hombre fuerte (el Vozhd ), ya que poner en duda al jefe era poner en duda a la propia burocracia. Así, la eliminación física de toda oposición, real o potencial, y la implantación de un régimen totalitario eran las precondiciones para la consolidación de la burocracia. Las peculiaridades psicológicas de Stalin, su megalomanía y crueldad psicópata pueden explicar el carácter monstruosamente grotesco que impuso a las purgas, pero no el fenómeno en sí.

El exterminio de los viejos bolcheviques

¡Te damos las gracias, Stalin!
¡Dieciséis bribones,
Dieciséis carniceros de la Patria
Se han reunido con sus antepasados!

Hoy el cielo es azul
¡Tú nos has compensado por las tristezas de muchos años!

¿Pero por qué sólo dieciséis?
Danos cuarenta,
Danos cientos,
Miles;
Haz un puente sobre el río Moscú.
Un puente sin torres ni arcos,
Un puente de carroña soviética-
¡Y añade tu carcasa a las demás! ”

Estas líneas fueron publicadas el 29 de agosto de 1938 en el Vozrozhdenye , el periódico parisino de los guardias blancos, siguiendo al anuncio de las ejecuciones después del primer juicio. Los enemigos de Octubre tenían buenas razones para regocijarse. Todos los principales acusados en los juicios eran compañeros cercanos de Lenin antes, durante y después de la Revolución de Octubre. Los acusados lo habían sido inicialmente de intento de restauración del capitalismo en Rusia, acusación que fue abandonada en el juicio de 1936 y sustituida por “ ansia de poder ” y organización de un plan terrorista para exterminar a Stalin y a otros dirigentes soviéticos.

Una de las calumnias más sucias que ahora se lanzan contra Lenin y Trotski es que las purgas de Stalin fueron sólo la continuación del Terror Rojo organizado por los bolcheviques después de la Revolución. Aparte del hecho de que es imposible comparar los métodos monstruosos que utilizó Stalin con los que utilizó el gobierno obrero asediado para defenderse contra enemigos potentes y despiadados, este argumento pasa por alto la cuestión más importante: ¿contra quién se utilizó el terror rojo y por qué motivo? De la misma manera hipócrita, los fariseos se echan las manos a la cabeza con horror ante el Terror en la Revolución Francesa. Pero, desgraciadamente, la Historia demuestra que una clase o casta dominante normalmente no abandona su poder y privilegios sin luchar.

Desde un punto de vista revolucionario es imposible considerar la violencia en abstracto. Por supuesto que cualquier persona en su sano juicio aborrece la violencia e intentará evitarla. Pero cuando uno es atacado y corre el peligro de ser asesinado, la mayoría de la gente luchará para defenderse. El Terror revolucionario, tanto en Francia como en Rusia, era la respuesta a la violencia de la reacción. Sin las medidas más decididas de autodefensa, en ambos casos la revolución hubiese sido ahogada en sangre. ¿Cómo se pueden condenar seriamente tales medidas de autodefensa de la revolución contra los que quieren destruirla? La situación es totalmente diferente en el caso de la violencia de la reacción. Después del termidor, se utilizó una violencia terrible contra los jacobinos, pero de ésta casi no se habla. Los fariseos enmudecen o nos dan lecciones hipócritas de moralidad sobre “ la revolución devorando a sus propios hijos ” y demás. Pero la violencia de la Revolución Francesa en su periodo ascendente estaba dirigida contra la contrarrevolución: aristócratas, curas, especuladores y gente de esa calaña. El terror termidoriano y bonapartista se dirigía contra los revolucionarios. Hay una diferencia cualitativa entre ambos. El que no la vea, no entiende nada.

En 1922, los dirigentes eseristas fueron juzgados acusados de actos de terrorismo contra los dirigentes del Estado soviético, pero nada en común hay entre aquellos procesos y las falsas acusaciones de Stalin. La primera diferencia es que los eseristas eran culpables de los crímenes de los que se les acusaba. No sólo los confesaron, sino que proclamaban orgullosamente sus acciones. Eso no es sorprendente. A diferencia de los marxistas rusos, que siempre se opusieron implacablemente al terrorismo individual, los eseristas (de derechas y de izquierdas) eran herederos de las tradiciones del partido Narodnaya Volya, que había adoptado abiertamente el método del terrorismo. No había la menor duda de que eran responsables de los asesinatos de dirigentes bolcheviques, como Uritsky y Volodarsky, y del intento de asesinato de Lenin. No tuvieron que ser obligados a confesar, ya que consideraban que sus acciones eran correctas y legítimas. En los tiempos del Zar, a menudo se entregaban ellos mismos a las autoridades después de cometer un asesinato. Había todavía otra diferencia fundamental. No sólo se permitió a los dirigentes eseristas tener una defensa legal, sino que pudieron utilizar a abogados extranjeros, entre ellos el dirigente socialdemócrata belga Emile Vandervelde, que era un abogado de renombre. Los crímenes eran castigados con la pensa de muerte, pero se suspendieron las sentencias. Ninguno de los acusados fue ejecutado (aunque algunos fueron fusilados más tarde por Stalin). No se les exigió renunciar a sus puntos de vista y mucho menos calumniarse a sí mismos ante el tribunal.

En los juicios de Stalin las cosas eran diferentes. Se obligaba a los acusados a confesar los crímenes más monstruosos, que nunca habían cometido, y antes de entregarlos al verdugo tenían que arrojarse basura sobre sí mismos. Sólo uno de los acusados, Krestinski, intentó repudiar su confesión en el tribunal. Fue enviado de nuevo a los torturadores de la GPU y cuando volvió, al cabo de 24 horas, lo confesó todo. Bujarin intentó escapar de las acusaciones más atroces, como la idea fantástica de que había intentado asesinar a Lenin. Fue ayudado por un eserista , Boris Kamkov, que cuando fue llamado como testigo de la acusación se negó a justificar la acusación. Indudablemente pagó un precio terrible por este desafío. Bujarin dejó su defensa para la posteridad, haciendo que su mujer, Anna Larina, se aprendiese de memoria su última carta para transmitirla a futuras generaciones. Ella la repitió cada día durante 20 años, “ como una plegaria ” , en los campos de concentración de Stalin, a los que sobrevivió por un milagro.

En esta carta, Bujarin señala la diferencia fundamental entre la vieja Cheka revolucionaria de Dzerzhinsky y la GPU de Stalin:

“A UNA FUTURA GENERACION DE DIRIGENTES DEL PARTIDO”

“Dejo la vida. Inclino la cabeza, pero no ante la guadaña proletaria, que es correctamente despiadada pero también casta. En lugar de eso, soy impotente ante una maquinaria infernal que parece utilizar métodos medievales, pero que posee un poder gigantesco, fabrica calumnias, actúa decididamente y con confianza.

“Dzerzhinsky [el dirigente de la policía secreta, o Cheka, bajo Lenin] ya no existe; las maravillosas tradiciones de la Cheka han ido quedando gradualmente en el pasado, esas tradiciones por las cuales la idea revolucionaria gobernaba todas sus acciones, justificaba la crueldad contra los enemigos, salvaguardaba al Estado contra cualquier contrarrevolución. Por esta razón los organismos de la Cheka se ganaron una confianza especial, un honor especial, una autoridad y un respeto. Ahora, los llamados organismos de la GPU son principalmente una organización degenerada de funcionarios sin principios, disolutos y bien cuidados que, gozando de la autoridad previa de la Cheka, buscando satisfacer la suspicacia patológica de Stalin (temo decir más), persiguiendo rango y gloria, llevan a cabo sus actos obscenos sin entender que simultáneamente se están destruyendo a ellos mismos: ¡la Historia no tolera testigo de actos sucios!

“Estos organismos que ‘funcionan de maravilla’ pueden hacer trizas a cualquier miembro del Comité Central, a cualquier miembro del partido, convertirlo en polvo, transformarlo en un terrorista traidor, saboteador, espía. Si Stalin dudara de sí mismo, instantáneamente tendría una confirmación.

“Nubes de tormenta se agitan por encima del Partido. Mi muerte, culpable de nada, por sí sola implicará a otros miles de inocentes. Porque, después de todo, hay que crear una organización, una organización bujarinista que en realidad no sólo no existe ahora, cuando llevo ya siete años sin una sombra de desacuerdo con el Partido, sino que no existió entonces, en los años de la Oposición de Derechas. Nunca supe nada de organizaciones secretas en Ryutin y Uglanov. Junto a Rykov y Tomski, expuse mis puntos de vista abiertamente.

“Desde los 18 años he estado en el Partido, y el objetivo de mi vida siempre ha sido la lucha por los intereses de la clase obrera, por la victoria del socialismo. Estos días el periódico con el nombre sagrado, Pravda, imprime la mentira más despreciable, que yo, Nicolás Bujarin, quería destruir la conquista de Octubre para restaurar el capitalismo. Esta es una obscenidad sin precedentes. Es una mentira cuya obscenidad sólo puede ser comparada con la historia de que [el zar] Nicolás Romanov dedicó su vida a la lucha contra el capitalismo y la monarquía, a la lucha por el triunfo de la revolución proletaria”. (Citado en Anna Larina, This I cannotforget, p. 343-4).

Recordemos al leer estas líneas que Lenin había descrito al hombre que las escribió como “ el favorito del Partido ” y uno de sus principales teóricos. Es cierto que Bujarin cometió muchos errores, algunos de ellos graves, pero era un revolucionario honesto, a diferencia de los que lo asesinaron. El principal objetivo de las purgas era trazar una línea de sangre entre la burocracia y las auténticas tradiciones del marxismo y el leninismo. Era necesario romper el nudo de la Historia, destruir totalmente las tradiciones de la democracia obrera y el internacionalismo, no dejar nada que pudiera recordar a las futuras generaciones el auténtico significado de Octubre . Así, no bastaba con torturar y asesinar a los viejos bolcheviques. Tenían que cubrirse de lodo ellos mismos, renunciar públicamente a sus crímenes y cantar loas a Stalin. Zinoviev , Kámenev, Bujarin, Rykov, Rakovski y muchos otros revolucionarios confesaron haber sido agentes imperialistas toda la vida. Su acusador, el fiscal general Vychinski, era un antiguo abogado menchevique que había colaborado con la contrarrevolución blanca.

Prácticamente toda la vieja guardia bolchevique fue exterminada. Entre las víctimas estaba A. V. Shotman , un viejo miembro del partido que se encargó de proteger la vida de Lenin cuando se vio obligado a pasar a la clandestinidad después de las Jornadas de Julio de 1917. En 1918, Lenin escribió: “ Shotman es un viejo camarada del Partido al que conozco muy bien. Merece confianza absoluta ” . Sin embargo fue detenido y murió en 1939. Muchos comunistas extranjeros también murieron. Fritz Platten, el revolucionario suizo que había colaborado con Lenin y organizado el famoso tren sellado que le llevó de Suiza a Rusia en 1917 y que había sobrevivido a las prisiones zaristas, alemanas y rumanas, murió en uno de los campos de Stalin. Toda la dirección del Partido Comunista Polaco fue liquidada, incluyendo a I. S. Ganetsky, al que Lenin había recomendado personalmente para la militancia en el partido ruso.

Las purgas en la práctica liquidaron lo que quedaba del Partido Comunista Soviético. Entre 1939 y 1952 no se celebró ni un solo congreso del Partido, aunque incluso durante el periodo más difícil de la guerra civil este organismo supremo se había reunido anualmente. A principios de 1939, de los 139 miembros del Comité Central elegido en el 17º Congreso, en el que Stalin celebró su victoria sobre la Oposición, 110 habían sido detenidos. Del Comité Central del Partido Bolchevique de Octubre de 1917, sólo dos sobrevivieron: Alejandra Kollontai, que fue enviada como embajadora a Suecia, y el propio Stalin. De toda la militancia del partido, sólo quedaron unos pocos protegidos de Stalin, cuidadosamente elegidos, y sus matones: los Molotovs , Kaganovitchs , Mikoyans y Voroshilovs .

Se reescribió la historia del partido. La tristemente famosa Historia del PCUS (Bolchevique) Curso Breve la redujo a una serie de mentiras y leyendas, diseñadas para glorificar a Stalin. Los Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, que había sido alabado por Lenin como una versión veraz de la Revolución, fue prohibido. No sólo se borró el nombre de Trotski y se eliminó su imagen de las fotos, sino que incluso figuras como Krasin, Noguin, Chicherin y Lunacharski fueron borradas. Finalmente, se completó la transformación del partido de la vanguardia de los obreros revolucionarios en una palanca del aparato burocrático. Ésta es la respuesta definitiva a todos los calumniadores de Lenin y Trotski . Aquellos que intentan demostrar que el bolchevismo y el estalinismo son el mismo fenómeno todavía tienen que explicar como puede ser que, para poder triunfar, el régimen totalitario burocrático se viera obligado a aniquilar al Partido Bolchevique, arrancar de raíz cualquier vestigio de leninismo, reescribir la Historia y enterrar las viejas tradiciones de democracia obrera e internacionalismo bajo una montaña de cadáveres.

Si Stalin y Lenin fueran iguales, ¿no hubiese sido posible llegar a un compromiso? Esto no sólo hubiera sido racional, sino mucho más económico. Los enemigos de Octubre no tienen respuesta a esta pregunta, excepto los rancios clichés de costumbre sobre “ revoluciones devorando a sus hijos ” que no explican nada en absoluto. Sin embargo la respuesta es clara e innegable para cualquier observador auténticamente objetivo: el bolchevismo y el estalinismo son tan incompatibles como revolución y contrarrevolución. Para los que son incapaces de distinguir entre ambas, realmente no tenemos nada más que decir.

Familias aniquiladas

El abismo que separaba al estalinismo del bolchevismo era tan profundo, tan grande la necesidad de Stalin de eliminar todos los vestigios del pasado y todos los testigos, que la matanza se extendió mucho más allá de las filas de los oposicionistas activos. La larga y sangrienta pesadilla no sólo afectó a gente políticamente activa. Stalin hizo extensiva su venganza rencorosa a las familias de sus víctimas, sus esposas, hijos y nietos, e incluso a sus vecinos. Los hijos de los oposicionistas detenidos eran enviados a orfanatos especiales, donde muchos desaparecieron. En los campos de concentración no se permitía a los prisioneros tener fotografías de sus hijos. El hijo de la mujer de Bujarin, Anna Larina, fue apartado de su madre cuando sólo tenía un año y no se le permitió verla de nuevo hasta 20 años después. Su supervivencia y el reencuentro con su hijo fue una excepción.

Sverdlov escapó al verdugo al morir de muerte natural en 1919, pero su hermano fue asesinado. Sergo Ordzhonikidze había sido durante años un cercano colaborador de Stalin, pero a pesar de ser un aliado del secretario general estaba horrorizado por las purgas y trató de proteger a alguna de las víctimas. Empujado por Stalin, se suicidó en 1937:

“Un hermano mayor de éste, Papulia, fue encarcelado y ejecutado después de indecibles torturas; luego se mandó a Sergo un acta falsificada. Varios de sus amigos y conocidos fueron fusilados, mientras que algunos de los principales funcionarios de la industria pesada nombrados por Ordzhonikidze fueron detenidos. Stalin le mandó una serie de falsas declaraciones de los arrestados, obtenidas mediante torturas, con el comentario: ‘Camarada Sergo, mira lo que se dice de ti”. (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 221).

Ordzhonikidze sabía demasiado sobre Stalin. Al igual que otras víctimas, su crimen era el recuerdo del pasado. Muchos otros estalinistas perecieron por la misma razón.

En toda la historia del movimiento obrero internacional, no hay nada parecido a la persecución que sufrieron Trotski y sus seguidores. Toda la familia de Trotski fue aniquilada en este terror asesino. Sus dos yernos, Platón Volkov y Nevilson , fueron detenidos por oposicionistas en los años 20. Después de la deportación de Trotski a Alma-Ata, se privó a sus dos hijas, Nina y Zinaida, de toda ayuda, aunque Nina estaba gravemente enferma de tuberculosis. La persecución de su padre y el encarcelamiento de su marido precipitaron su muerte, a la edad de 26 años, en junio de 1928. Los maridos de Nina y Zinaida fueron fusilados más tarde. La primera mujer de Trotski , Alejandra Sokolovskaya, se hizo cargo de la hija de Nina, Volina, nacida en 1925. Pero cuando Sokolovskaya fue detenida, la criatura fue tomada en custodia y desapareció sin dejar rastro. La hija mayor de Trotski , Zinaida, que también estaba enferma de tuberculosis y profundamente deprimida por la detención de su marido y la muerte de su hermana, pidió permiso para reunirse con su padre en Prinkipo , junto a su hijo pequeño, Esteban Volkov, que estaba enfermo. Se le concedió pero, estando fuera del país, el gobierno de Stalin le retiró traicioneramente la ciudadanía, privándola de cualquier perspectiva de volver a ver nunca más a su marido y a su hija, lo que acabó por desequilibrar la mente de esta infeliz mujer que ya estaba en tratamiento por depresión profunda. Zinaida se suicidó.

El destino de su madre, Sokolovskaya, fue especialmente trágico. A pesar de todo el sufrimiento y la adversidad, se mantuvo firme en su actividad revolucionaria y pagó el precio. Exiliada a Siberia en 1935, donde la esperanza media de vida era de 2 a 3 años, murió habiendo perdido no sólo a sus hijos, sino también sus nietos. La hija de Zinaida, Alejandra, a la que había dejado en la URSS, fue enviada a un campo de concentración tan pronto como tuvo la suficiente edad. Milagrosamente, Alejandra sobrevivió muchos años en los campos, aunque con su salud minada, y murió en 1989. Solo queda Esteban Volkov, que vive en México, después de haber sobrevivido a un intento de asesinato. El hijo mayor de Trotski , León Sedov, que jugó un papel crucial en la Oposición de Izquierdas Internacional, fue asesinado por agentes de Stalin en París, mientras se recuperaba de una operación, en febrero de 1938, en vísperas del juicio de Bujarin. Pero el golpe más duro para Trotski fue la detención de su hijo menor, Serguei, que no era un activista político y se quedó en la URSS cuando su padre fue al exilio. Se negó a condenar a su padre y fue fusilado en 1937, aunque nadie lo supo en aquel entonces.

Trotski tenía dos hermanas, una murió de muerte natural en 1924. La otra, Olga Kamenova, la esposa de Kámenev, primero fue exiliada después de la detención de su esposo, detenida de nuevo en 1935 y enviada a prisión y luego a un campo de concentración. Junto a miles de otros oposicionistas fue fusilada por órdenes de Stalin en 1941. La persecución de la familia Trotski no se detuvo aquí. Sus sobrinos, Boris Bronstein y Yuri y Alexander Kámenev, fueron fusilados. Su hermano mayor, Alexander, fue otra de las víctimas de Stalin. La reciente biografía de Trotski de Dimitri Volgokonov está escrita desde un punto de vista abiertamente antirrevolucionario y en general carece de mucho valor. Sin embargo, Volgokonov tuvo acceso a materiales de los archivos de la KGB y a otras fuentes no disponibles anteriormente que sirven para confirmar todo lo que Trotski y la Oposición de Izquierdas escribieron sobre las purgas. Vale la pena citar lo que dice:

El hermano mayor de Trotski, Alexander, trabajó durante los años 20 y 30 como agrónomo en el molino de azúcar de Novokislyaevsk en la provincia de Voronezh. Tal y como me dijo un habitante del distrito, A. K. Mironov, Alexander era un experto educado que se había ganado el respeto de los aldeanos. Aparentemente viajaba en un faetón tirado por dos hermosos caballos. Cuando empezaron los ataques contra Trotski, Alexander fue expulsado del partido, exiliado y se le obligó a repudiar públicamente a su hermano. Experimentó un cambio muy marcado, replegándose sobre sí mismo como si le pesase la conciencia. Sin embargo, el retractarse no le ayudó, y en el verano de 1936 fue súbitamente detenido por la noche y fusilado al año siguiente en la prisión de Kursk como ‘trotskista activo y no desarmado’. La larga mano de Stalin les había alcanzado a todos, excepto a los principales objetivos: su mujer y sus dos hijos.

Después de las muertes de Nina y Zina había un temor real por la seguridad de los hijos de Trotski, especialmente Serguei. Él no quería dejar el país con su padre, prefiriendo dedicarse a sus actividades científicas. Sin interés por la política, Serguei primero había querido ser artista de circo, pero después se interesó por la tecnología, acabando la Politécnica, donde se convirtió en profesor antes de los 30 años. Se caso dos veces y la hija de su segundo matrimonio, Julia, sigue viva en los EEUU. Su primera esposa, Olga Grebner, una mujer mayor inteligente y vivaracha cuando hablé con ella en 1989, soportó los campos estalinistas y el exilio. Recordaba a Serguei sólo de manera parcial: había sido un muchacho travieso y un hombre divertido y con talento. Claramente, en la familia era el chico mayor, Lev, el favorito. Olga y Serguei se habían casado cuando él tenía 20 años y ella 19.

Cuando la familia fue expulsada del Kremlin hacia la calle Granovsky”, recordaba ella, “no teníamos ningún sitio dónde vivir. Nos refugiábamos en cualquier esquina que podíamos encontrar. Lev Davidovich era siempre hospitalario. Yo estaba especialmente impresionada por sus ojos azules, vivaces e inteligentes. Exteriormente, Natalia Ivanovna no era una mujer interesante. Era baja, gorda y poco atractiva. Pero estaba claro lo mucho que representaban el uno para el otro. Como dije, Serguei tenía talento, lograba cualquier cosa que se propusiese. Cuando deportaron a Trotski, Natalia Ivanovna me dijo: ‘Cuida a Seryosha’. A él lo detuvieron el 4 de marzo de 1935. Parecía una tragedia. Llegaron cinco de ellos. El registro se prolongó durante horas. Se llevaron los libros de Serguei y un retrato de su padre. Se llevaron a mi marido a la Lubyanka. Estuvo allí unos dos o tres meses. Le dijeron las acusaciones: espionaje, ayudar e instigar a su padre y sabotaje. En cualquier caso, lo enviaron a Siberia. Estaba condenado.

En enero de 1937, Pravda publicó un artículo con el título ‘Serguei Sedov, el hijo de Trotski intenta envenenar a trabajadores con un escape de gas. En una reunión en la metalurgia de Krasnoyarsk, un encargado llamado Levedev declaró: ‘Tenemos trabajando aquí como ingeniero al hijo de Trotski, Serguei Sedov. Este digno descendiente de un padre que se ha vendido al fascismo intentó envenenar a gran cantidad de obreros de esta fábrica con gas’. La reunión también discutió sobre el sobrino de Zinoviev, Saks, y el gerente de la fábrica, Subbotin, que supuestamente protegía a ambos. Los tres fueron condenados. “Enseguida condenaron a Serguei”, recordaba Olga Grebner. “Durante aquel verano recibí una postal que de alguna manera había conseguido enviarme. Decía: ‘Me llevan al norte. Por mucho tiempo. Adiós. Un abrazo.’ Hubo rumores de que había sido fusilado en 1941 en alguna parte de Kolyma, pero Olga Grebner no estaba segura. De hecho, había sido ejecutado el 29 de octubre de 1937. (D. Volkogonov, Trotski, pp. 354-5).

La masacre del Estado mayor

Cada asesinato tenía que ser tapado con otros diez. Los propios carniceros estalinistas Yagoda y Yezhov fueron purgados. Había que encontrar cabezas de turco por cada chapuza económica, y éstas eran inevitables sin el control democrático de los obreros. Cada día se presentaba a un nuevo grupo de funcionarios como contrarrevolucionarios a sueldo. En el baño de sangre perecían por igual obreros bolcheviques y burócratas de dedos ligeros. Figuras queridas, como el escritor Máximo Gorki, cuyos constantes alegatos a favor de víctimas de las purgas eran inconvenientes para Stalin, murieron misteriosamente. Más tarde hubo gente acusada de haberlo envenenado, con lo cual podemos suponer sin miedo a equivocarnos que su muerte no fue natural. La literatura (especialmente el drama en condiciones de analfabetismo masivo), que había jugado un importante papel en la comunicación de masas desde la revolución, fue brutalmente suprimida. Cualquiera que tuviera la más tenue conexión con Octubre fue liquidado, incluso algunos de los lugartenientes y cómplices de Stalin, como fue el caso de Ordzhonikidze.

Se potenciaron las denuncias e informadores, y todos los amigos o parientes de sospechosos de oposicionistas fueron encarcelados. En medio de la paranoia masiva, cualquier policía celoso encontraba tantas víctimas como podía fabricar, para evitar que le denunciasen a él. Se animaba a los niños a que denunciaran a sus padres. El general Petro Grigorienko recuerda como casi fue denunciado por su propia esposa. El alcance de la represión fue enorme. Nadie puede decir cuánta gente murió. Según una estimación, uno de cada cinco habitantes de Leningrado fue asesinado, encarcelado o enviado al exilio. En los juicios no se presentó una sola carta o documento auténticos, ni una sola prueba impecable. Las únicas “ pruebas ” eran las confesiones de los acusados, extraídas bajo tortura. Kámenev y Zinoviev , ya moralmente rotos por la capitulación, llegaron a pedir su propia ejecución porque se les había prometido que serían perdonados. Pero Stalin les traicionó y fueron los primeros en ser fusilados.

Ese tipo de métodos para destruir personas y obligarles a admitir los crímenes más espantosos, de los cuales eran totalmente inocentes, no se habían utilizado desde las cazas de brujas medievales y la Inquisición española. En su autobiografía, el antiguo general y disidente Petro G. Grigorienko detalla el tipo de torturas que se utilizaban sobre los que caían en manos de la GPU, basándose en el testimonio de su propio hermano:

Habló de falsas acusaciones de sabotaje, terrorismo y espionaje, de las biografías que los ‘enemigos’ se veían obligados a escribir y las torturas que se utilizaban: apaleamientos, aplastamiento de dedos y órganos sexuales, quemaduras de cigarrillos en cara y cuerpo, obligar a permanecer de pie, luces cegadoras y sed.

Y de nuevo:

La tortura de permanecer de pie consistía en obligar a un hombre a mantenerse en pie durante largo tiempo en una celda especial en la que no podía girarse ni cambiar de postura. Gradualmente, debido a la falta de aire y el cansancio, el prisionero perdería la consciencia y se hundiría. Entonces se le sacaría de la celda, se le reanimaría y se le encerraría de nuevo. Al estar de pie durante tanto tiempo, la circulación en sus piernas se interrumpía y se hinchaban por la sangre estancada. Este hombre tenía las piernas horriblemente hinchadas. Hablaba en un susurro. ‘No estéis asustados de la gente que está aquí. Sé lo que estáis pensando: «Ellos son todos fascistas, enemigos del pueblo, y yo llegué aquí por accidente, por error» … Yo también lo pensé. Pero ahora lo sé: no hay enemigos aquí. Alguien nos está obligando a llamarnos a nosotros mismos «enemigos del pueblo»’. Le contó a Iván su interrogatorio. Era un ingeniero de la metalúrgica de Zaporozhe; subsiguientemente firmó una confesión diciendo que había estado planificando poner una bomba en la fábrica. Después de otro interrogatorio, el hombre le dijo a Iván: ‘Todavía no te están torturando. Eso quiere decir que te podrían liberar. Te necesitan por algún motivo también. Si te dejan salir, intenta no olvidar nada de lo que has visto aquí”. (P. G. Grigorenko, Memoirs, p. 96).

Los métodos que Stalin utilizó en los juicios, según el informe de Kruschev en el 20º Congreso, eran los siguientes: “ Stalin personalmente llamaba al juez investigador, le daba instrucciones, le aconsejaba sobre los métodos de investigación que había que utilizar; esos métodos eran muy simples: golpear, golpear y golpear de nuevo ” . Y continuaba: “ Las confesiones de culpabilidad de muchos de los detenidos y acusados fueron obtenidas con la ayuda de torturas crueles e inhumanas ” . En su informe al 22º Congreso, Kruschev se refiere a los métodos que se utilizaban para conseguir confesiones de los dirigentes del Ejército Rojo:

Muchos excelentes comandantes y comisarios políticos del Ejército Rojo fueron destruidos. Hay compañeros entre los delegados presentes -no quiero dar sus nombres para no causarles dolor- que pasaron muchos años en la cárcel. Fueron ‘convencidos’, convencidos con ciertos métodos, de que eran espías alemanes, británicos o de otros países. Y algunos de ellos ‘confesaron’. Incluso cuando se les decía que las acusaciones de espionaje contra ellos habían sido retiradas, insistieron en sus declaraciones previas ya que pensaban que sería mejor mantener sus declaraciones falsas para escapar a la tortura, para morir más rápidamente”.(The Road to Communism. Report of the 22nd Congress CPSU, p. 113).

Las purgas, que afectaron a todos los niveles de la vida , causaron estragos en la medida en que se eliminaba a cuadros dirigentes del partido , oficiales del ejército , técnicos , estadísticos , planificadores , gerentes y trabajadores . Se desencadenó una histeria contra lo que Stalin denominó “ enemigos del pueblo ” . Después de los éxitos iniciales de los planes quinquenales , se denominó al 17º Congreso del Partido, en enero de 1934, con el que Stalin pretendía consolidar su poder , Congreso de los Vencedores. Años más tarde , en su famoso “ discurso secreto ” , Kruschev señaló que de los 1.966 delegados a ese congreso , ¡ por lo menos 1.180 fueron más tarde acusados de crímenes contrarrevolucionarios ! En palabras de Kruschev, Stalin “ escogió el camino de la represión y de la aniquilación física ” .

Justo antes de la guerra , todo el Estado Mayor fue arrestado , y estrategas militares brillantes como Tujachevski, Yakir, Gamarnik , de los días de la guerra civil, fueron ejecutados por Stalin, que evidentemente temía la posibilidad de un golpe de Estado. Cientos de miles fueron fusilados y millones de personas enviadas a los campos de concentración , todos ellos condenados solemnemente por espías , saboteadores , asesinos y, lo peor de todo , “ trotsko-fascistas ” .

Las purgas diezmaron al Ejército Rojo. Entre 1937 y 1938 se liquidó entre 20 y 35.000 oficiales del Ejército Rojo. El 90% de los generales y el 80% de todos los coroneles fueron asesinados por la GPU. Tres mariscales, 13 comandantes, 57 comandantes de cuerpo, 111 comandantes de división, 220 comandantes de brigada y todos los comandantes de los distritos militares fueron fusilados por los pelotones de ejecución de la GPU. El número de detenciones en este periodo incluye tres de los cinco mariscales; tres de los cuatro altos jefes del ejército; 60 de los 67 comandantes de cuerpo; 136 de 199 jefes de división; y 221 de los 397 jefes de brigada; los dos almirantes de primer rango y los dos almirantes de segundo rango de la flota; los seis almirantes de primer rango y nueve de los 15 de segundo; los 2 comisarios de primer rango de la flota, los 15 de segundo rango, 25 de los 28 comisarios de cuerpo, todos los comisarios de división y 34 de los 36 comisarios de brigada. También hubo pérdidas importantes entre los suboficiales y oficiales de campo.

De todo esto Roy Medvedev comenta:

La verdad, aunque nos choque, fue muy sencilla. Nunca los mandos de ningún ejército sufrieron tanto en tiempo de guerra como en la paz sufrió el Ejército Rojo.

Años enteros dedicados a formar los cuadros militares se redujeron a nada. La base del partido en las Fuerzas Armadas se vio drásticamente reducida. En 1940 la relación otoñal del inspector general de Infantería mostraba que entre los 225 jefes de regimiento que permanecían en activo durante el verano de aquel año, ninguno había salido de una academia militar, 25 habían completado su formación en una escuela militar y los 200 restantes habían realizado cursos para jóvenes tenientes. A comienzos de 1940, más del 70% de los comandantes de división, cerca del 70% de los jefes de regimiento y el 60% de los comisarios militares y jefes de las divisiones políticas hacía sólo un año que ocupaban sus puestos. Y todo esto ocurría precisamente antes de la guerra más cruel de la Historia. (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 242).

Un número incontable de gente desapareció sin dejar rastro en las prisiones de la GPU, muertos por tortura o fusilados. De hecho, hubo mucha más gente que murió sin confesar que los que lo hicieron. Millones de personas perecieron en los campos de Stalin por hambre, frío o fusilados. La ración de comida en los campos se limitaba siempre a niveles de hambre, en algunos casos sólo 400 gramos de pan al día, y no todos los días. Con esas raciones se ponía a los prisioneros a trabajar en la construcción y la minería en las condiciones extremas del Ártico. Esta es una descripción de uno de los campos:

No voy a repetir las cosas que he oído pero no he visto yo mismo. Sólo relataré cómo gente murió ante mis propios ojos, cada día, por docenas, se les ‘enviaba a la colina’, muriéndose en las tiendas, congelándose y apiñándose ante las estufas de acero, cayendo por hambre y frío, de disentería y malnutrición…

La alta tasa de enfermedades y muerte en Adal se debía al hecho de que cuando llegó la gente de Vorkuta no sólo las tiendas no estaban preparadas -de tal manera que la gente pilló resfriados por dormir en el suelo congelado a cielo descubierto- sino que tampoco había comida y no había cocina, panadería ni casa de baños. Desesperada, la gente se precipitaba sobre patatas congeladas que se pudrían al aire libre. Al estar podridas provocaban disentería y diarrea a todos los que las comían, después de lo cual los más débiles empezaron a caer como moscas. Se hervía una especie de bacalao apestoso, una parte del cual se había congelado y otra se había congelado y deshelado de nuevo, en calderas sobre fuegos abiertos y después se servía directamente sobre las manos sucias de la gente. No había pan. En lugar de eso hervían unos terrones de pasta en las mismas calderas sobre fuegos abiertos. A cada persona se le daba uno, medio húmedo e hirviendo, y le tenía que durar todo el día. La gente medio muerta de hambre se lanzaba sobre ellos avariciosamente e inmediatamente se retorcín por el dolor de estómago. (George Saunders (editor) Samizdat: Memoirs of a Bolshevik-Leninist, p. 170.)

Incluso en estos sitios infernales, los trotskistas mantuvieron su organización y su fe revolucionaria. Tenían discusiones políticas e intentaban seguir los acontecimientos de la URSS y el mundo. Finalmente, bajo presiones intolerables, en octubre de 1936, se declararon en huelga de hambre, algo sin precedentes en los campos de trabajo.. En las barracas ocupadas por los trotskistas la huelga fue sólida al 100%. Incluso los ordenanzas se declararon en huelga. Unos mil prisioneros participaron en la huelga en las minas de Vorkuta , que duró más de cuatro meses y sólo terminó en marzo de 1937, cuando los huelguistas recibieron un cable del cuartel general de la GPU concediendo todas sus reivindicaciones. Pero, más tarde, el régimen carcelario empeoró. Finalmente, en marzo de 1938, los trotskistas de Vorkuta fueron llevados a la tundra en grupos y fusilados:

Las ejecuciones en la tundra se prolongaron durante todo el mes de abril y parte de mayo. Normalmente, un día de cada dos o un día de cada tres, se llamaba de 30 a 40 prisioneros. Es necesario destacar que, cada vez, se incluía a algunos criminales comunes reincidentes.

La GPU, con objeto de aterrorizar a los prisioneros, hacía pública de vez en cuando la lista de los fusilados por medio de la radio local. Habitualmente las emisiones empezaban así: ‘Por agitación contrarrevolucionaria, sabotaje, bandidaje en los campos, negativa a trabajar, intentos de fuga, han sido fusilados los siguientes…’ seguido de una lista de nombres de presos políticos mezclados con un grupo de criminales comunes.

En cierta ocasión, un grupo de casi cien presos, compuesto mayoritariamente por trotskistas fue conducido fuera de los barracones para ser fusilados. Mientras marchaban, los condenados cantaban La Internacional, coreada por los cientos de prisioneros que se quedaban en el campo.

A principios de mayo, un grupo de mujeres fueron fusiladas. Entre ellas se encontraba la comunista ucraniana Chumskaya, esposa de I. N. Smirnov, bolchevique desde 1898 y ex comisario del pueblo (la hija de Smirnov, Olga, una joven apolítica, apasionada por la música, había sido fusilada un año antes en Moscú); las esposas de Kosior, Melnais, etc. (…) Una de estas mujeres tenía que caminar con muletas. Cuando se ejecutaba a un preso, su esposa -también presa- era automáticamente condenada a la pena capital; y cuando se trataba de miembros conocidos de la Oposición, esta regla se aplicaba igualmente a todos sus hijos de más de 12 años de edad”. (Ibid., pp. 215-6).

‘La marca de Caín’

El horror de las purgas fue tal, que la clase obrera soviética quedó aturdida. Todos los viejos bolcheviques dirigentes, los compañeros de armas de Lenin, fueron acusados de haber sido agentes de la Gestapo. De esta manera, todos los vínculos vivos con Octubre se habían roto, lo que más adelante preparó el terreno para la reacción. Los dirigentes de los partidos comunistas del mundo jugaron un papel especialmente pernicioso. A pesar del carácter monstruoso de las acusaciones y la historia de los acusados, los dirigentes “ comunistas ” no perdieron el tiempo a la hora de condenar a los acusados y apoyar al verdugo. Estaban tan estalinizados que ni un sólo dirigente de los partidos comunistas del mundo habló contra los horrores de las purgas. Se habían convertido en obedientes lacayos de Moscú. La complicidad de estos dirigentes “ comunistas ” en los crímenes de Stalin es uno de los episodios más vergonzosos de la historia del movimiento obrero mundial. Participaron en todos y cada uno de los zigzags de la política de Moscú, justificando el asesinato de los viejos bolcheviques y alabando a Stalin, preparando así, y teniendo por tanto gran parte de responsabilidad en la catástrofe actual, el camino para el colapso de la URSS décadas más tarde.

Como manifestó el estalinista inglés Andrew Rothstein en un libro escrito cuando Stalin todavía vivía, “ Los ciudadanos de la Unión Soviética sintieron la fuerza de su país, durante esos años, de una manera que no habían sentido nunca antes ” . Y seguía:

“A finales de la primavera de 1936, una serie de detenciones de agentes nazis y conspiradores trotskistas reveló la existencia de una organización mucho más amplia -un comité central terrorista que incluía no sólo Zinoviev y Kámenev, sino también a varios destacados trotskistas. Las investigaciones preliminares y las pruebas presentadas en el juicio revelaron que, a través de alemanes que habían sido enviados a la URSS por el propio Trotski, la organización estaba en contacto cercano con la Gestapo alemana. Zinoviev, Kámenev y sus asociados fueron sentenciados a muerte”. (A. Rothstein, A Historyofthe USSR, pp. 239-42).

En un libro publicado en 1939, otro miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña ridiculizó la idea de que se había utilizado tortura para extraer falsas confesiones. J. R. Campbell cita un pasaje de la transcripción oficial del juicio del trotskista y héroe de la guerra civil Muralov:

Vychinski: ‘¿Fue usted maltratado?’

Muralov: ‘Se me privó de mi libertad’.

Vychinski: ‘¿Pero quizás se utilizaron métodos bruscos contra usted?’

Muralov: ‘No. No se utilizaron este tipo de medidas. Y tengo que decir que en Novosibirsk y aquí fui tratado decente y educadamente”. (J. R. Campbell, El juicio del centro trotskista antisoviético, pp. 231-2).

Esto era en el periodo en que las medidas represivas de las cárceles de Stalin adquirieron su expresión más cruel. Con la sustitución de Yagoda por Yezhov a la cabeza de la GPU, por primera vez se permitió la tortura durante el interrogatorio. Sin embargo, Campbell escribía:

Trotski nos pide que creamos que uno de sus seguidores más destacados, un hombre que nunca hizo la paz con el Partido Comunista de la Unión Soviética, no sólo confesó crímenes de los que no era culpable, sino que también declaró falsamente que había sido tratado de la manera más educada”. (Campbell, Soviet Policy and itsCritics, p. 250).

En otra parte describe los comentarios de Trotski sobre el caso de Muralov como “ una hipótesis desde una celda acolchada ” . (Ibid., p. 252). Campbell dice: “ Algunas de estas actividades fueron realizadas siguiendo instrucciones directas de los servicios secretos alemanes ” . (Ibid., p. 220). Y de nuevo: “ Es desafortunado que esta gente estuviera en posiciones importantes, pero no que aquellos que eran traidores hayan sido ejecutados y los que eran degenerados e ineficaces, sustituidos. Los traidores trotskistas también creían en una purga, una purga posible sólo sobre la base de una victoria fascista (…) La purga es la respuesta final y aplastante a esta fantasía. Revela no el triunfo de la burocracia, sino el triunfo de la Democracia Socialista. Revela que el pueblo de la Unión Soviética está en contra de los cobardes, renegados y desertores ” . (Ibid., p. 236).

La pérfida acusación de que revolucionarios destacados colaboraron con Hitler para derrocar la Unión Soviética fue contestada decisivamente cuando se abrieron los archivos alemanes después de la guerra:

“La enorme cantidad de material nuevo que ha surgido desde la derrota de Alemania en 1945 ha sacado a la luz algunas pruebas de conspiración entre la NKVD y la Gestapo, pero ninguna de contactos entre los alemanes y los oposicionistas. Finalmente, en los casos en que las pruebas presentadas en el juicio se referían a acontecimientos pasados, cualquiera que tenga acceso a las fuentes a disposición de un historiador puede demostrar fácilmente que esos acontecimientos fueron falsificados y distorsionados por la acusación”.(L. Schapiro, The Communist Party of the Sóviet Union, p. 424, énfasis del autor).

El periódico del Partido Comunista británico, Daily Worker, publicó una serie de artículos exigiendo la ejecución de los acusados, con consignas como “ ¡Fusilad a los reptiles! ” . Durante la Segunda Guerra Mundial, el PC publicó un panfleto contra los trotskistas británicos con el título de “ Los agentes secretos de Hitler ” . Incluso exigieron su ilegalización. Esto es sólo una muestra de los métodos gangsteriles habituales de los estalinistas en el movimiento obrero internacional de aquella época. Sin embargo, las acusaciones no tenían ningún fundamento en absoluto. Todas y cada una de las víctimas eran inocentes de los cargos de los que se les acusaba. Esto fue uno de los crímenes más viles cometidos en toda la Historia. Y los que lo perpetraron y aquellos que les aplaudieron desde la barrera llevarán para siempre la marca de Caín.

No se puede alegar ignorancia. Durante todo este periodo, León Trotski y su hijo, León Sedov, publicaron una enorme cantidad de material demostrando de manera concluyente que las acusaciones eran falsas. Los dirigentes del PC tenían acceso a ese material. En uno de los juicios se puso gran énfasis en una supuesta reunión de Trotski con uno de los acusados, que se suponía que había volado a Noruega. Trotski demostró que ningún avión había aterrizado en el aeropuerto en cuestión en la fecha citada ni en ninguna fecha cercana. Había gran cantidad de contradicciones por el estilo. En 1937, una Comisión Internacional de Investigación imparcial, dirigida por el filósofo americano John Dewey, investigó las acusaciones que el Kremlin lanzaba contra León Trotski y su hijo. Después de un análisis exhaustivo de las pruebas presentadas, la Comisión llegó a la conclusión de que los juicios de Moscú eran un montaje y que Trotski y Sedov no eran culpables de 18 acusaciones concretas presentadas por el fiscal. En 1956, en la sesión secreta del 20º Congreso del PCUS, Kruschev reconoció que los juicios eran un montaje y que los fusilados eran inocentes de los crímenes que se les imputaban.

Kruschev intentó poner la responsabilidad de estos crímenes contra el socialismo en las espaldas de un hombre (Stalin), ¡como si un solo hombre pudiera ser responsable de un régimen tan monstruoso! Leopold Trepper, que llegó a ser el dirigente de la red de espionaje soviético en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, refuta esta idea. “ ¿Cómo pudieron aceptar que se condenara sin pruebas a sus camaradas de combate? ” , se pregunta Trepper. “ Después del 20º Congreso del partido comunista celebrado en 1956, todos esos dirigentes fingieron quedar estupefactos. Según decían, el informe de Kruschev era para ellos una verdadera revelación. Pero, en realidad, habían sido cómplices conscientes de la liquidación de numerosos militantes e incluso miembros de sus propios partidos ” . Y continúa: “ De aquel sombrío período he conservado unos recuerdos que aún no se han borrado de mi mente (…) el temor al mañana y la angustia de vivir quizás nuestras últimas horas de libertad determinaban nuestros actos. Y además el miedo, que se había convertido en nuestra segunda piel, nos incitaba a la prudencia, a la sumisión. Yo sabía que mis amigos habían sido detenidos y, no obstante, me callaba. ¿Por qué a ellos los habían detenido? ¿Y por qué no a mí? Aguardaba mi turno y me preparaba para aquél epílogo ” . (Leopold Trepper, El gran juego, p. 66-7).

A pesar de las revelaciones de Kruschev, se rehabilitó a muy pocas de las víctimas de las purgas. Con la llegada al poder de Gorbachov, se realizó algún progreso, como parte de la glasnost (apertura). En julio de 1987 se tomó la decisión de rehabilitar a Bujarin y Rykov, fusilados en 1938. En febrero de 1988, el Tribunal Supremo Soviético cambió la decisión de su Colegio Militar en el caso del bloque trotskista de derechas de 1938. Sin embargo se dejaron en suspenso los juicios de 1935, 1936 y 1937, al igual que otros juicios-farsa anteriores, de 1928 a 1932. Gorbachov tenía un claro interés en rehabilitar a Bujarin, ya que se había acercado a toda una serie de sus ideas, especialmente la necesidad de restaurar el mercado. Así, en noviembre de 1987, Gorbachov denunciaba a Trotski como un “ político astuto ” y al trotskismo como “ una corriente, cuyas ideologías (…) en esencia ocupaban posiciones capitalistas ” , mientras que “ el centro político del Partido, encabezado por Stalin, defendió lealmente el leninismo en esta lucha ideológica ” contra la oposición trotskista.

Aunque los juicios-purga quedaron al descubierto como un montaje, Trotski no sólo no fue rehabilitado, sino que hubo nuevos intentos de demonizarlo. Esto demostró que la élite dominante todavía temía sus ideas, las ideas del auténtico bolchevismo-leninismo. Incluso en octubre de 1988, Pravda publicó un artículo sobre Trotski con el título de El demonio de la revolución, en el que se acusaba a Trotski de provocar la oleada de terror en la URSS con sus actividades propagandísticas fuera del país (!).

“ Específicamente con relación a León Trotski ” , dice Medvedev, “ sus actividades y trágico destino requieren una evaluación política y legal cuidadosamente sopesada ” . Sin embargo, Medvedev afirma: “ Trotski nunca fue un espía de la Gestapo. Y tenemos que recordar que las sentencias de muerte dictadas contra Trotski en los tres principales juicios de Moscú no se quedaron en papel mojado. El ‘veredicto’ fue llevado a la práctica en 1940 en México por un grupo de la NKVD ‘para misiones especiales en el extranjero ” . (Medvedev, Que juzgue la Historia, pp. 18-9).

Daremos la última palabra a un hombre que, aunque nunca fue trotskista, estaba bien situado para juzgar lo que sucedió, a la luz de su propia vida trágica. Examinando su conciencia décadas más tarde, Leopold Trepper recordó su angustiosa experiencia en la universidad de Moscú en la época de las purgas:

Yugoslavos, polacos, lituanos, checos, todos desaparecían. En 1937 ya no era posible encontrar ni siquiera a uno de los principales dirigentes del Partido Comunista Alemán, excepto Wilhelm Pieck y Walter Ulbricht. La locura represiva carecía de límites: la sección coreana estaba diezmada, los delegados indios habían desaparecido, los representantes del Partido Comunista Chino se hallaban encarcelados (…) Los fulgores de Octubre iban extinguiéndose en los corpúsculos carcelarios. La revolución degenerada había engendrado un sistema de terror y horror, en el que eran escarnecidos los ideales socialistas en nombre de un dogma fosilizado que los verdugos aun tenían la desfachatez de llamar marxismo.

Y sin embargo, desgarrados pero dóciles, nos había seguido triturando el engranaje que habíamos puesto en marcha con nuestras propias manos. Cual ruedas del mecanismo, aterrorizados hasta el extravío, nos habíamos convertido en instrumentos de nuestra propia sumisión. Todos los que no se alzaron contra la máquina estalinista son responsables, colectivamente responsables. Tampoco yo me libro de este veredicto.

Pero, ¿quién protestó en aquella época? ¿Quién se levantó para gritar su hastío?

Los trotskistas pueden reivindicar ese honor. A semejanza de su líder, que pagó su obstinación con un pioletazo, los trotskistas combatieron totalmente el estalinismo, y fueron los únicos que lo hicieron. En la época de las grandes purgas, ya sólo podían gritar su rebeldía en las inmensidades heladas a las que los habían conducido para mejor exterminarlos. En los campos de concentración su conducta fue siempre digna e incluso ejemplar. Pero sus voces se perdieron en la tundra siberiana.

Hoy día los trotskistas tienen el derecho de acusar a quienes antaño corearon los aullidos de muerte de los lobos. Que no olviden, sin embargo, que poseían sobre nosotros la inmensa ventaja de disponer de un sistema político coherente, susceptible de sustituir el estalinismo, y al que podían agarrarse en medio de la profunda miseria de la revolución traicionada. Los trotskistas no ‘confesaban’ porque sabían que sus confesiones no servirían ni al partido ni al socialismo. (Trepper, op. cit., pp. 67-8, énfasis del autor).

El fin de la Comintern

En sus mejores días, la Internacional Comunista movilizaba por millones. Si dejamos de lado a los primeros cristianos que dirigieron a las masas oprimidas contra el Imperio Romano y al Islam que levantó a la nación árabe, éste fue el mayor movimiento revolucionario en la Historia de la humanidad. Lenin y Trotski habían previsto que a la Revolución Rusa le seguiría una oleada de revoluciones que pondría fin al aislamiento del Estado obrero. Con este objetivo establecieron la Internacional Comunista. Sus cuatro primeros congresos fueron un compendio extraordinario de teoría revolucionaria, con el fin de educar a los partidos comunistas de Europa Occidental, EEUU y Asia, recién creados e inexpertos. Esos escritos siguen siendo hoy en día una mina rebosante de ideas y teoría marxista.

Si la Internacional Comunista se hubiera mantenido en esa línea, sin duda hubiera conseguido la victoria en uno o varios países, cambiando de esa manera la correlación de fuerzas. Pero la reacción estalinista representó un cambio decisivo no sólo en Rusia, sino en todos los partidos comunistas. Aquí vemos la superioridad del método marxista sobre el empirismo. Ya en 1928, en un momento en el que los dirigentes comunistas estaban realmente intentando actuar como una internacional marxista revolucionaria, Trotski predijo que, si la Internacional adoptaba la teoría del socialismo en un solo país, eso sería inevitablemente el inicio de un proceso que sólo podía acabar con la degeneración nacional-reformista de todos los partidos comunistas del mundo. La predicción de Trotski fue recibida con desprecio, pero ahora la Historia se ha tomado su cruel revancha. Setenta años más tarde, la poderosa Internacional Comunista ya no existe y los partidos comunistas de todo el mundo han degenerado hacia posiciones nacionalistas y reformistas, tal y como Trotski predijo.

Este proceso no empezó ayer . Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, bajo la influencia perniciosa de Stalin, los partidos de la Comitern se habían empapado de oportunismo de la peor especie . Los zigzags eran continuos : de la conciliación con los socialdemócratas a la locura ultraizquierdista del tercer periodo . Hoy, los dirigentes de los partidos comunistas no defienden ni una sola de las ideas básicas del marxismo-leninismo . Antes de la guerra , los partidos comunistas desarrollaron la alianza “ antifascista ” entre la Unión Soviética y las llamadas democracias occidentales . Bajo esta bandera , en 1936 traicionaron la revolución en España y en Francia, cuando la clase obrera hubiera podido tomar el poder . Siguiendo servilmente los dictados de la política exterior de Stalin, había que sacrificar la revolución en el altar de la “ alianza ” .

Con el auge de Hitler, de nuevo como consecuencia de las políticas de Stalin, se incrementó todavía más el dominio de la burocracia en la URSS. La casta burocrática se elevaba cada vez más por encima de las masas soviéticas, aumentando su poder. Pero esa progresiva degeneración implicó cambios cualitativos. De no ser capaz de asegurar otra cosa que derrotas para la clase obrera mundial, el estalinismo empezó a oponerse a la revolución obrera en otros países. Los juicios de Moscú, el asesinato de los viejos bolcheviques, las purgas, el asesinato y el exilio de la flor y nata de los obreros comunistas rusos completaron la contrarrevolución estalinista en la Unión Soviética.

Los acontecimientos en Francia y en España estaban frescos en la conciencia de todos los revolucionarios. La Comintern jugó un papel decisivo a la hora de evitar la revolución. De hecho se destapó como la punta de lanza de la contrarrevolución. Las derrotas de la clase obrera llevaron inevitablemente a una nueva guerra. Irónicamente, la Segunda Guerra Mundial se precipitó por un acuerdo entre Hitler y Stalin. De esta manera, Stalin asestaba nuevos golpes a la clase obrera mundial y a la Comintern. En una nueva pirueta, lanzó una campaña por la paz que beneficiaba a Hitler, hábilmente disfrazada de política “ revolucionaria ” . Como Trotski anticipó al predecir el pacto Hitler-Stalin en un artículo escrito en marzo de 1939:

El principal rasgo de la política internacional de Stalin en los recientes años ha sido éste: comercia con el movimiento obrero como si comerciase con petróleo, manganeso u otras mercancías”. En esta frase no hay ni pizca de exageración. Stalin consideraba las secciones de la Comitern en los diferentes países y la lucha de liberación nacional de las naciones oprimidas como calderilla para sus pactos con las potencias imperialistas.

Cuando requiere la ayuda de Francia, subordina al proletariado francés a la burguesía radical. Cuando tiene que apoyar a China frente a Japón, subordina al proletariado chino al Kuomintang. ¿Qué haría en el caso de un acuerdo con Hitler? Hitler, claro está, no necesita particularmente la ayuda de Stalin para estrangular al Partido Comunista Alemán. El papel secundario de éste está motivado por toda su política anterior. Pero es muy probable que Stalin acordaría suprimir toda ayuda financiera para el trabajo ilegal en Alemania. Esta es una de las más pequeñas concesiones que tendría que hacer, y estaría bastante deseoso de hacerla.

Uno debería también asumir que la ruidosa, histérica y más aparente que real campaña contra el fascismo que la Comitern ha estado impulsando en los últimos años será diluida disimuladamente”. (L. Trosky, Writings 1938-39, p. 202-3).

Estas líneas proféticas fueron brillantemente confirmadas por el pacto Hitler-Stalin.

Después de cinco años de exigencias vociferantes de un pacto entre la Unión Soviética y las “ democracias ” occidentales, Stalin dio un giro de 180º y pactó con Hitler en el otoño 1939. Trotski advirtió que esto prepararía el camino para importantes victorias del fascismo, al desorientar a los obreros de Gran Bretaña, Francia y otros países. El acuerdo precipitó la Segunda Guerra Mundial, que Stalin creía que podía evitar con ese truco diplomático de cambio de alianzas. Los partidos comunistas, como consecuencia, cambiaron su política de “ seguridad colectiva ” y empezaron a atacar a los “ aliados traficantes de guerra ” . El periódico del PC británico, Daily Worker, por ejemplo, en la llamada guerra-farsa de 1939-40, estaba exigiendo una paz con las condiciones de Hitler. Incluso el ilegal Partido Comunista Alemán tenía esa misma postura. Después de la invasión alemana de Francia, el Partido Comunista Francés (PCF) envió una delegación a los alemanes pidiéndoles permiso para publicar su periódico, L´Humanité , legalmente bajo la ocupación nazi. Fueron fusilados. Sin embargo, en Noruega, también ocupada, se permitió al PC publicar legalmente su periódico durante algunos meses, pidiendo “ paz ” , etc., a la par que se suprimían los periódicos socialdemócratas. Naturalmente, una vez hecho el trabajo sucio, fueron prohibidos, cuando Hitler preparaba su invasión de Rusia.

Esta política de Stalin y el “ cadáver putrefacto ” de la Comintern colapsó irreparablemente cuando los nazis invadieron la Unión Soviética en 1941. Después de esto, la línea política de la Internacional Comunista tuvo que efectuar un nuevo giro para convertirse otra vez en el felpudo de Roosvelt y el imperialismo británico, movilizando a los partidos comunistas para apoyar a las “ democracias ” en su “ guerra contra el fascismo ” . El británico Daily Worker publicó un titular de dos pulgadas con las palabras: “ El único alemán bueno es el alemán muerto ” . Pero con la creciente dependencia de Stalin del imperialismo americano y británico, se dio también una presión creciente por parte de los aliados imperialistas. Especialmente EEUU exigía la disolución de la Comintern, como última garantía contra el peligro de revolución social en Europa después de la caída de Hitler.

La deseada pretensión se materializó en 1943. Stalin disolvió la degenerada Comintern en un intento de ganarse la “ buena voluntad ” de los imperialistas. Esta política criminal no tuvo el efecto que Stalin quería. Los comunistas de base desplegaron una heroica resistencia en toda la Europa ocupada. Pero cuando los partidos comunistas tuvieron la posibilidad de tomar el poder en Francia, Italia, Bélgica, etc., en lugar de eso entraron en gobiernos de coalición. Después, cuando el capitalismo se sintió a salvo, fueron expulsados sin contemplaciones. Esto dio paso a la guerra fría, un periodo de tensiones y rivalidad entre el estalinismo y Occidente.

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