Epílogo: El colapso del estalinismo
Alan Woods
Apatía, indiferencia, latrocinio… se han convertido en un fenómeno de masas, combinados con una envidia agresiva hacia los que ganan mucho dinero. Han aparecido muchos síntomas de un tipo de degeneración física de una parte importante de nuestra población, a través del alcoholismo y la ociosidad. Finalmente, hay una falta de confianza en los objetivos y propósitos oficiales, en la propia posibilidad de una organización de la vida social y económica más racional. Claramente todo esto no se puede superar rápidamente, se necesitarán años, quizás generaciones.
Cuando las reformas de Gorbachov empezaron a tener efecto, se cayó en una crisis incluso más profunda. El zarismo durante generaciones giró de la represión a las concesiones y de nuevo a la represión. Pero una vuelta a la represión desenfrenada de la era estalinista estaba descartada; el enorme poder de la clase obrera lo hacía imposible. La burocracia se veía obligada a pisar con cautela por miedo a provocar una explosion, pero sus opciones eran extremadamente limitadas. El impasse propagó el desencanto entre la clase obrera. A finales de los 80 surgieron importantes ilusiones en el mercado entre ciertos sectores, especialmente de la burocracia y la intelectualidad, pero también incluso entre sectores obreros, pero la burocracia todavía estaba dividida.
Las reformas de Gorbachov solo abrieron el camino para una crisis incluso más profunda. De igual manera, el zarismo durante generaciones giró de la represión a las concesiones y de nuevo a la represión. Pero las opciones ante la burocracia se veían extremadamente limitadas. El viejo sistema estaba colapsando, pero sin planes de reemplazarlo. Esta situación no podía durar. La economía se hundía a una crisis más profunda. Gosplan, la agencia central de planeación del estado, advierte que, debido al colapso de planeación central, la producción podría decaer entre treinta y setenta por ciento. El impasse de la burocracia propagó el desencanto entre la clase obrera.
Durante el final de los años 80, surgieron importantes ilusiones en el mercado entre ciertos sectores, especialmente la burocracia y la intelectualidad (especialmente los economistas). Gorbachov aún no se había decidido sobre dirigirse hacia el capitalismo. Era el gobierno de la Federación Rusa bajo Yeltsin que actuaba como el filo de la pro-burguesía hacia la derecha de la burocracia. La derecha salió adelante con un programa de restauración capitalista completa. Stanislav Shatalin y Grigory Yavlinsky redactaron el llamado programa de 500 días para la transición a la economía del mercado, la cual propuso privatización masiva en un plazo de 100 días, además de la liberalización de precios y los cortes a los subsidios.
El consejo de ministros ordenó tener preparado un borrador para el 1 de mayo para lograr moverse rápidamente a la economía de mercado. Sin embargo, para finales de abril los consejos presidencial y de la Federación habían devuelto el borrador para “mayor elaboración”. Era aparente que Gorbachov y sus ministros se habían apartado de la “terapia de choque” para la economía por miedo a provocar huelgas y descontento. Estos miedos justificados, se probarán más adelante.
Cuando el texto de la nueva ley dice que “ciudadanos” tendrán el derecho a “adquirir y heredar propiedad”, no se refiere a los mineros de Kuzbass si no a la casta privilegiada de oficiales quienes estaban esperando poder tomar las propiedades del estado sovietico. Este era el motivo para seguir en la dirección del capitalismo. La burocracia estaba, sin embargo, obligada a continuar con cautela por miedo a provocar una explosion.
La iniciativa hacia el capitalismo ganó impulso durante 1989 y la primera mitad de 1990. Pero no llegó por parte de la población. De hecho, la mayoría de obreros rusos sospechaban de la idea de la economía de mercado y se opusieron a ella. Esto lo admitió tácitamente la agencia oficial de noticias TASS, cuando noto que el término “propiedad privada” había sido evitado ya que la frase tenía “gran fuerza emotiva” en la URSS, en donde la gente la asociaba con explotación. Más de cuarenta por ciento de las respuestas a una encuesta durante este tiempo dijeron que preferían regresar a una administración de la economía más centralizada y solo veinticinco por ciento querían un sistema orientado en el mercado.
En el mismo Soviet Supremo hubo una sesión tormentosa sobre la segunda lectura del documento. Pero el 1 de julio, la ley se hizo efectiva con 350 votos a favor, 3 en contra y 11 abstenciones. Pero esto fue aun en el círculo de ambigüedad calculada. Al día siguiente, el gobierno central publicó una declaración que la tierra era propiedad de las personas que vivían en ella y tenían derecho a un lote. Sin embargo, para la sorpresa de los ‘reformistas’ pro-capitalistas, la población rural no demostró interés en transformarse en dueños de pequeños lotes de tierra. La reforma de los precios era otro bloque central de la transición, pero por temor a una explosion popular el gobierno quería una “introducción a métodos del mercado paso a paso…” En anticipación de estas reformas, se propuso elevar el precio del pan el 1 de julio de 1990, con un aumento a salarios y pensiones para compensar. Este compromiso no satisfizo a nadie. El 14 de junio, el Soviet Supremo rechazó la propuesta de incrementar el precio del pan. Gorbachov tuvo que hacer un llamamiento televisado a la calma debido a las oleadas de acopio.
La paciencia de los obreros se desgastó. En julio de 1989 una ola de acción industrial tomó a la URSS, centrada en las minas de carbón en Donbass y Kuzbass. El 11 de julio, decenas de millones de mineros se declararon en huelga. 12,000 dejaron de trabajar en Mezhdurechensk y tomaron control de la ciudad. Demandaban mejores condiciones de vida, salarios más altos, aumento de vacaciones y una mejora en las condiciones de trabajo.El comité de huelgas demandaba la abolición inmediata de los privilegios para los oficiales, negociaciones directas con el gobierno central y una nueva constitución. Mientras Kuzbass volvió a trabajar, Donbass se declaró en huelga con demandas similares. El movimiento afectó las minas en Vorkuta en el norte, Rostov-on-Don en el sudoeste y Dnepropetrovsk y Chervonograd en Ucrania.
El número estimado de participantes de la huelga subió a 300,000. Gorbachev dijo que las
Las huelgas eran “la peor calamidad que haya caído sobre nuestro país en los cuatro años de perestroika”, pero añadió que demostraban la necesidad de eliminar “toda clase de obstáculos burocráticos en el camino a la reforma”. El gobierno se vio forzado a intervenir para prevenir que la huelga se expandiera. Los huelguistas accedieron a volver al trabajo luego de ciertas concesiones.
El acenso de Yeltsin
la perestroika y glasnost sirvieron solamente para abrir la caja de Pandora. La explosion de huellas amenazaba con acabar con la burocracia. Gorbachov se estaba enfrentando con ser removido, así como le sucedió a Khrushchev anteriormente. Completamente desorientado, aparentaba dirigirse en todas direcciones al mismo tiempo. Boris Yeltsin, quien había sido removido de Politburo del partido comunista en 1988, ahora emergió como una figura clave en el camino al capitalismo.
Como presidente del Soviet supremo de Rusia, Yeltsin era presidente de la federación rusa de facto. Bajo su comando, el congreso ruso adoptó una declaración sobre la soberanía de Rusia, reforzando aún más su autoridad y poder. Enfrentó repetidamente con Gorbachov hasta finalmente peticionar su renuncia públicamente mediante televisión. En el
28 Congreso del PCUS en julio Gorbachov habló del fin del “modelo estalinista de socialismo”. Admitió que “décadas de la dominación del sistema de comando administrativo había enajenado a la clase trabajadora de la propiedad y la autoridad…” Esta era una confesión de bancarrota remarcable. Pero, en lugar de proponer una alternativa leninista clara, Gorbachov, como siempre, se confinó a generalidades y ambigüedades vacías.
La ‘verdadera democracia’ estaba siendo establecida. la sobre-centralización del estado sovietico estaba en el proceso de convertirse en una unión genuina de “auto-determinación y asociación voluntaria de las personas”. Pero él aún insistió que sus planes de la economía de mercado no significaba retroceder al capitalismo: “esto significa que al movernos hacia la economía de mercado no nos estamos desviando del camino hacia el socialismo, pero estamos avanzando a una realización más plena del potencial de la sociedad.”
Yeltsin renunció al Partido Comunista, bajo la dirección del ex-ministro del extrangero Eduard Shevardnadze. Al día siguiente también lo hicieron los alcaldes “reformistas” de Moscú y Leningrado, Gavriil Popov y Anatoly Sobchak. En los seis meses anteriores 130,000 habían abandonado el PCUS, 10,000 en Moscú en julio. El ala pro-burguesa empezó a organizarse. Trescientos diputados habían establecido un grupo independiente dentro del congreso dedicado a acelerar la perestroika y “enfrentarse a la presión puesta ante el parlamento por las fuerzas conservadoras”. Su liderazgo se componía de Yeltsin, Sakharov, Afanasiev y Palm. Ellos representaban abiertamente el ala contrarrevolucionaria de la burocracia. Popov y Sobchak también representaban este grupo.
A principios de 1990, se decidió acabar con el monopolio constitucional de poder del PCUS. El partido desmoralizado fue debilitado por Las maniobras de Gorbachov. En julio el PCUS adoptó un nuevo programa, reemplazando el Marxismo-Leninismo con ‘principios Social demócratas’. Entonces, con el trazo de un bolígrafo, el Partido ‘Comunistarompió todos los vínculos con las ideas y principios de la revolución de Octubre, aunque en la práctica se habían desentendido de ellos hace mucho tiempo.
Finalmente, el 19 de octubre de 1990, el Soviet Supremo de la URSS aprobó un plan para la economía de mercado. Según The Guardian (20/10/90) el ambiente era "sombrío y desesperado". Era un programa de compromiso "con pocos detalles". Durante el mes de octubre, Gorbachov sacó una serie de decretos sobre la liberalización y los precios al por mayor y la tasa de cambio del rublo comercial (un paso hacia la convertibilidad del rublo). En noviembre, el gobierno fijó la tasa oficial de cambio en dólar = 1,80 rublos (seis años después era 1 dólar = 5.000 rublos), y permitió la propiedad extranjera de empresas (el derecho de los capitalistas extranjeros a establecerse en la URSS, y comprar acciones y propiedad). Al final del año, se organizó una conferencia entre el presidente de la URSS y EEUU. En la conferencia de prensa, el presidente estadounidense, Bush declaró que “estaba preparado para alentar a la Unión Soviética en cualquier manera” en la búsqueda de “mayor participación con la economía de mercado internacional”. Los representantes del imperialismo global usaban todo su peso para apoyar la naciente burguesía en Rusia.
Gorbachov dio el discurso de estado nación en un ambiente de crisis. La crisis alimenticia empeoró conforme la economía se deterioraba.
El nuevo Tratado de la Unión
A pesar de las conversaciones de ‘reformas’, en la primera mitad de 1991 el PNB cayó un 10%. Hubo más huelgas en los yacimientos de carbón. Los ‘reformistas’ cada vez eran más decididos y más anti-socialistas. Gorbachov intentó mantener las cosas en orden al balancear las alas rivales de la burocracia. Lo cual aumentó la tensión entre ellas. Las burocracias sólo estaban interesadas en mantener sus privilegios, posiciones y beneficios, pero la crisis había minado todo esto en la práctica. Los representantes del ala estalinista estaban alarmados y cada vez más desesperados.
La crisis del régimen sucedió ante descontentos que se incrementaron en las repúblicas. En Georgia, estalló una guerra abierta sobre la cuestión de Abkhazia. La división entre la élite dominante disparó tendencias centrífugas que se habían acumulado en la Unión Soviética por décadas. En 1991 la autoridad del centro estaba colapsando. Las repúblicas e incluso las ciudades declararon sus propios precios. El trueque entre repúblicas, regiones y empresas tomó el lugar de la planeación. Un documento de la Federación Rusa pinta una imagen tenebre sobre la situación:
"La economía se acerca a la línea de demarcación más allá de la cual ya no se puede hablar de crisis económica sino de catástrofe. La caída aguda de la producción que se está dando en la mayor parte de las empresas estatales, va acompañada de un creciente proceso inflacionario. A los directores no les interesa la producción, sino cómo encontrar los medios para pagar los salarios que les exigen sus empleados y cómo proporcionarles la comida y los bienes de consumo en los que gastarse estos salarios. Estos problemas, al igual que los de los suministros técnicos materiales, se resuelven, cada vez más, por el método arcaico del trueque (...) pero esto no puede asegurar los suministros necesarios, así que se desorganizan los vínculos económicos y la producción se detiene. El grado de descontrol de la economía ha alcanzado dimensiones catastróficas. Las instituciones de planificación están desmoralizadas por la incertidumbre de su situación hoy y en especial mañana. Falta información de la base. Órdenes de la Unión, republicanas y regionales se contradicen las unas a las otras, lo que se añade a las tensiones socio-políticas".
Gorbachov, al mismo tiempo que seguía hablando de la "planificación socialista", había abrazado el concepto del mercado como solución, aunque vacilaba continuamente, reaccionando ahora a una presión y después a otra, como una hoja muerta que se la lleva el viento. Sin planes o claridad para su dirección, había perdido el control. El nuevo Tratado de la Unión estaba creando un nuevo foco de tensión entre las diferentes alas de la burocracia. Shevardnadze, el ex-ministro de asuntos exteriores, ahora estaba firmemente con la contrarrevolución capitalista, dimitió advirtiendo del "advenimiento de una dictadura".
La tensión sobre la cuestión nacional incrementó. La crisis económica exacerba todas las contradicciones entre la burocracia de Moscú y las burocracias rivales de las repúblicas soviéticas. Cada burocracia quería obtener el control sobre ‘su propia casa’. La debilidad del centro le presentó a estos elementos una oportunidad de oro, la cual aprovecharon. Las elecciones en los países bálticos y Georgia les empujaron hacia la independencia.
Lituania hervía con protestas en contra del régimen de Moscú. La juventud en Lituania boicotearon los reclutamientos y los veteranos del ejército sovietico devolvieron sus medallas y condecoraciones.Algunas organizaciones públicas, sindicatos y asociaciones, incluyendo el Partido Comunista de Lituania, rompieron sus vínculos con Moscú. Esto fue seguido por una declaración de independencia unilateral.
La política sobre la cuestión nacional de Lenin se basaba en el principio del derecho a la autodeterminación. Cabe mencionar que la unión de los pueblos de la Unión Soviética era un desarrollo positivo que servía a los intereses de los obreros y campesinos de todas las repúblicas. Pero Lenin siempre insistió en que debería ser una unión voluntaria, libre de cualquier opresión nacional o coerción. Al rechazar el derecho del pueblo de Lituania de determinar su propio destino, la burocracia de Moscú había violado uno de los principios más básicos del leninismo, lo que impulsó a Lituania y las otras repúblicas hacia los brazos de los nacionalistas.
El intento de detener la insurrección de Lituania por la fuerza fue totalmente contraproducente. Las tropas soviéticas atacaron manifestantes desarmados en Vilnius, asesinando a 13 e hiriendo a cientos más. Esto solo tuvo el mismo efecto que echarle leña al fuego. Gorbachov se vio forzado a concluir y aceptar que la disolución de la Unión Soviética era inevitable. Este fue el contenido básico del llamado Tratado de la Unión. El Tratado, que iba a ser ratificado el 20 de agosto.
El Tratado fue el resultado de largas negociaciones, iniciadas en un primer momento como respuesta a las exigencias de los estados bálticos, Georgia y Moldavia de dejar la Unión. La decisión de Gorbachov de aceptar el Tratado añadió a la división de la Unión Soviética. Esto creó resentimiento en la burocracia y la casta militar. En esencia, el Tratado dejaría el centro solo con los poderes residuales sobre política exterior y defensa. La crisis de la URSS disparó tendencias separatistas y nacionalistas extremas. Ya habían perdido Europa Oriental. ¿Hasta dónde llegarán?
Lo que condiciona toda la situación fue la ausencia de un movimiento independiente del proletariado ruso. Es cierto que hubo muchas huelgas. Pero dada la enorme confusión y falta de alternativas, los obreros no lucharon como una fuerza independiente. Este era el elemento determinante en toda la ecuación. Ante la ausencia de un movimiento independiente de los obreros, toda la lucha se dio entre las alas rivales de la burocracia. El conflicto sólo se podía resolver mediante la lucha abierta. Ya que las alas opuestas de la burocracia estaban bastante equilibradas, una solución bonapartista era la única posible. Así, el callejón sin salida de la burocracia llevó directamente al intento de golpe de agosto de 1991.
El Intento de golpe de 1991
El momento más peligroso para un mal regimen es cuando empieza a reformarse. (Alexis de Tocqueville)
En la mañana del 19 de agosto de 1991 aparecieron tanques en las calles de Moscú y otras ciudades importantes. El golpe de Estado estaba dirigido por el vicepresidente Gennady Yanayev (seguidor de la fracción estalinista de Ligachev), el primer ministro Valentín Pavlov y el ministro de defensa Yazov. Los dirigentes del golpe anunciaron en la radio que le habían organizado "por la incapacidad de Mijail Gorbachov para llevar a cabo sus deberes por razones de salud", y se introdujo un estado de emergencia para superar "la profunda crisis, la rivalidad política, étnica y civil, el caos y la anarquía que amenazan las vidas y la seguridad de los ciudadanos de la Unión Soviética". La verdad era que Gorbachov había sido puesto bajo arresto domiciliario en Crimea después de negarse a abandonar la presidencia.
El intento de golpe representaba una acción desesperada de un sector de la burocracia para impedir la firma del Tratado de la Unión por parte de Gorbachov. Los golpistas estaban aterrorizados ante la perspectiva de la transferencia de más poder a las repúblicas, especialmente la república rusa bajo Yeltsin. El golpe no era una sorpresa. La Unión Soviética había estado llena de rumores durante meses. George Bush incluso llamó a Gorbachov para decirle que había oído rumores de un golpe militar inminente. Ya en diciembre de 1990 el grupo Soyuz de diputados parlamentarios había presionado a favor de una acción militar contra las repúblicas secesionistas, que debería de ir seguida de la declaración del estado de emergencia en todo el país.
La vieja guardia estaba intentando impedir la ruptura de la Unión Soviética y restablecer el poder de la casta militar. Sin embargo, el golpe fue un ensayo frustrado de principio a fin. Boris Yeltsin que estaba en el edificio presidencial de la república rusa (la llamada Casa Blanca) se aprovechó de la situación para agrupar a todas las fuerzas "democráticas" contra los de la línea dura. En pocos días el golpe de estado había colapsado.
Este golpe, sin embargo, no fue derrotado en las calles como algunos dijeron más tarde. La masa de los trabajadores era indiferente. Según el corresponsal moscovita del The Guardian (22/8/91): "La mayor parte de la gente estaba apática, cínica o simplemente demasiado asustada de las consecuencias como para obedecer el llamamiento a la huelga de Yeltsin". Los cinco años de perestroika habían acabado en un desastre de tiendas vacías, colas, escasez, una espiral de inflación, caos y la amenaza del hambre. Esto provocó un colapso del apoyo a Gorbachov (hasta un 14 por ciento en las encuestas) y un rechazo cada vez mayor hacia todos los políticos "reformistas".
La burocracia estaba profundamente dividida. Un sector quería mantener el status quo, o incluso volver hacia la represión, como bajo Breznev. Otro ala, representando a la burguesía naciente, quería ir hacia el capitalismo. Sin embargo, la masa de los trabajadores no veía ninguna diferencia fundamental entre los duros y los contrarrevolucionarios pro-capitalistas alrededor de Yeltsin. Su llamamiento a la huelga general contra el golpe de agosto recibió el apoyo público de Margaret Thatcher que llamó a los obreros rusos a apoyarla. Pero resultó ser un desastre total.
El corresponsal de Reuters hizo la siguiente valoración: "El llamamiento de Yeltsin a la huelga tuvo una respuesta muy desigual. En la mayor cuenca minera de la Unión Soviética, Kuzbass, cuyos mineros se habían mostrado previamente dispuestos a utilizar su fuerza industrial como arma política contra el Kremlin, sólo la mitad de los obreros pararon el trabajo. En la cuenca de Vorkuta en Siberia, sólo cinco de las minas respondieron positivamente a Yeltsin". (5)
Los obreros petroleros, un sector clave al que Yeltsin había hecho un llamamiento específico, decidieron no ir a la huelga. Lo mismo los obreros del gas. En Moscú la respuesta fue poca o nula. En Leningrado hubo unas pocas huelgas limitadas. En la ciudad natal de Yeltsin, Sverdlovsk, cinco empresas fueron a la huelga. Pero nada en los países bálticos, el Cáucaso y Asia Central. El entonces presidente del parlamento ucraniano, Leonid Kravchuk, tomó una posición ambigua con relación al golpe. El corresponsal de Reuters señaló que "Kravchuk estaba reflejando la opinión en las calles de Kiev, dónde los periodistas ucranianos informaron que mucha gente expresaba apoyo al golpe". (6)
El Banco Morgan Stanley da una versión similar en un informe que cita algunos testigos presenciales en su Review (17/9/91): "En Moscú hay un vacío de poder. No es que el centro no se mantenga. Simplemente no existe. Está de una parte. Por otra parte, no hay ninguna revolución popular. La podrida camarilla del poder se encontró con muy poca resistencia democrática, y, sin embargo, el golpe, su edificio y el aparato de poder colapsaron". Más adelante
De hecho la resistencia popular al golpe fue mínima durante la mayor parte de los primeros días (...) Estaba sorprendido en Moscú por la falta de revuelta popular". En otras palabras, la mayoría de los obreros no levantaron un dedo para resistirse al golpe. Y esto es por una razón muy buena: no confiaban en Yeltsin más que en Yanayev o Gorbachov.
Un observador ruso escribiendo en la misma publicación hablaba de una conversación en un autobús de Moscú el 19 de agosto: "Un hombre de edad madura dijo en voz alta que él estaba contento de la restauración del orden. Nadie le apoyó u objetó. Abatimiento y miedo, y quizás ecuanimidad y resignación colgaban sobre la gente". Este tipo de ejemplos se pueden repetir a voluntad y muestran gráficamente el ambiente en el momento del golpe.
Este punto de vista queda reforzado por el informe de la misma fuente que escribió que: "parece que la mayor parte del público habría aceptado silenciosamente la junta si hubiese triunfado el golpe (...) Por demagógica que fuera, su promesa de una mejora económica rápida le podría haber dado a la junta una oportunidad. Los sentimientos de frustración, desesperación y cinismo sobre el estado de la economía estaban tan generalizados que ninguno de los dirigentes que parecían capaces de conseguir algún progreso [es decir, hacia el capitalismo] podía esperar encontrar apoyo popular. No estoy seguro en absoluto que las amplias masas de la población entiendan y acepten la idea de que no existe ninguna alternativa a la terapia de choque".
El ambiente de la población quedó resumido por el corresponsal de la BBC Martin Sixsmith:
"El papel del pueblo soviético también estaba bajo escrutinio esa tarde: aquellos que fueron al parlamento o se manifestaron en las calles habían hecho su propia elección decidida en favor de la democracia. Pero, para decir la verdad, no había muchos: cincuenta mil en una ciudad de diez millones no es un porcentaje aplastante. Muchos más quizás se han opuesto al golpe en sus corazones, pero hicieron muy poco o nada para plasmar esa emoción concretamente. Hubo huelgas esporádicas, pero la mayoría de las empresas siguieron funcionando y había suficientes trabajadores del transporte dispuestos a trabajar como para mantener el funcionamiento de los autobuses y del metro. En este momento del golpe, Yeltsin no sólo se enfrentaba a los tanques del Kremlin sino también a la apatía de grandes sectores de la población.
"Incluso más desafiante fue el sentimiento, expresado por una cantidad considerable de soviéticos de a pie, de que se debería dar una oportunidad a los dirigentes del golpe, que difícilmente podían hacerlo peor que los que ya había en el poder y que por lo menos podía ser que restaurasen la ley y el orden. Especialmente atractivas para mucha gente eran las promesas de los golpistas de acabar con el auge del crimen, la espiral de conflictos étnicos que estaban azotando al país y los intentos de las repúblicas independentistas de romper la Unión". (7)
Según la información del The Sunday Times (25/8/91), los que se agruparon alrededor de Yeltsin eran "los que habían experimentado de primera mano los beneficios de la perestroika, que miraban más allá de la promesa de pan barato y mayores salarios y que no iban a volver a ser tratados fácilmente como ovejas". Este estrato se componía de millones de gente cualificada, estudiantes, ingenieros, especuladores y estraperlistas que veían en el movimiento hacia el capitalismo la posibilidad de ganar poder, riqueza y cargos. Estos componían la intelectualidad "reformista", en la que la mayoría de los obreros soviéticos no confiaba. Décadas de estalinismo monstruoso totalitario habían tenido el efecto de atrasar la conciencia de una manera que no se podía haber anticipado.
¿Podría haber triunfado el golpe?
El partido del Orden demostró,... que no sabía cómo gobernar ni cómo servir; cómo vivir ni cómo morir; cómo sufrir la república ni cómo derrocarla; cómo mantener la Constitución ni cómo tirarla por la borda; cómo cooperar con el presidente ni cómo tratar con él". (4)
El resultado de la revolución y la contrarrevolución nunca está predeterminado. En ambos casos se decide por la lucha de fuerzas vivas en las que el factor subjetivo - la calidad de la dirección- juega un papel importante y frecuentemente decisivo. La pasividad de la clase obrera pudo ser suficiente para asegurar el éxito del golpe, si se hubiera llevado a cabo con suficiente convicción. Esto lo admitió Francis Fukuyama, un destacado estratega del capital y asesor de la Rand Corporation en Washington, en un artículo en The Independent on Sunday (25/8/91):
“A pesar de la división de lealtades en el ejército y la policía, los golpistas podían haber triunfado a corto plazo si hubieran sido más competentes y decididos, como lo fue el régimen de Deng en la plaza de Tiananmen. Tenían una cantidad suficiente de miembros de la KGB y del Ministerio del Interior para detener o matar a Yeltsin, cerrar la prensa e imponer el toque de queda. Pero los golpistas adolecían de falta de confianza en ellos mismos y su causa”
El golpe de Moscú fracasó debido a la patética incapacidad de sus organizadores para tratar a la oposición de manera implacable y despiadada. El no arrestar a Yeltsin le permitió a la oposición tener un punto de referencia y dejó al descubierto ante los ojos de sectores decisivos de los mandos del ejército, la policía y la KGB, que el golpe era una operación chapucera. Tras una postura inicial de esperar y ver, estos sectores finalmente decidieron distanciarse. Los organizadores se encontraron suspendidos en el aire.
El golpe colapsó debido a sus propias contradicciones y debilidades internas. esto lo entendieron los observadores occidentales: “Así que ¿Por qué no triunfó?” se preguntaba Martin McCauley. “Sorprendentemente, porque estaba mal preparado y ejecutado”. (M. McCauley, The Soviet Union 1917-1991, p. 368.)
Esta opinión la compartían los estrategas del capital.
Evaluaciones preliminares de analistas de inteligencia en Gran Bretaña y Estados Unidos sugirieron que el golpe fue organizado apresuradamente por un pequeño grupo de personas que juzgaron fatalmente mal el estado de ánimo de las organizaciones que controlaban. No hay evidencia de ningún ensayo previo al golpe por parte de ninguna fuerza de seguridad. (The Sunday Times, 25/8/91.)
El Sunday Times declaró:
En la primera parte de la semana pasada no hubo signos de ninguna movilización significativa. "Esta no fue una revolución que fracasó debido al poder popular", dijo una fuente de inteligencia occidental. "Había menos gente en las calles de lo que los conspiradores podrían haber esperado. Fracasó porque no pusieron suficientes tropas sobre el terreno ni las utilizaron de manera eficaz”.
La reacción de pánico de los altos burócratas al Tratado de la Unión demostró su total falta de capacidad de acción decisiva. El líder del grupo de Gorbachov en el Kremlin, Valentin Karayev, más tarde describió cómo comenzaron a reaccionar, una vez que se dieron cuenta de que los líderes golpistas no estaban actuando: "Para el 20 estaba claro que no había pasado nada. Ni arrestos, nada.”
( Wall Street Journal, 29/8/91.)
En el documento se hacía la siguiente observación:
Pero los detalles que están surgiendo ahora indican que el colapso del golpe de estado en realidad debe mucho a los propios golpistas, algunos de los cuales se resfriaron desde el principio.
Uno, el primer ministro Valentin Pavlov, comenzó a dar marcha atrás a las pocas horas del anuncio del lunes por la mañana de la toma del poder. Un segundo, el ministro de defensa Yazov, tenía dudas tempranas sobre las que más tarde actuó. El propio Sr. Yanayev admitió que la toma del poder era ilegal a las pocas horas de haber depuesto al Sr. Gorbachev... El golpe se destruyó a sí mismo. (The Wall Street Journal, 29/8/91.)
Sin embargo, la extraña falta de decisión por parte de los líderes golpistas no explica nada, ya que tiene que ser explicada. Los burócratas que lo dirigían no tenían otra perspectiva o programa que el mantenimiento del statu quo, es decir, el mantenimiento de un sistema desacreditado que había perdido el apoyo de las masas y en el que ellas mismas habían dejado de creer. En el momento de la verdad, como el Zar en febrero de 1917, se encontraron moviendo ejércitos fantasmas. Su poder, que parecía invencible, se derrumbó como un castillo de naipes.
La caída de Gorbachov
El balance de fuerzas fue alterado radicalmente por estos eventos. La rivalidad de poder entre Yeltsin, el presidente de Rusia, y Gorbachov, el presidente de la Unión Soviética, se había acabado. Hasta ahora Gorbachov había logrado mantenerse al balancearse entre las facciones opuestas de la burocracia. Cuando Gorbachov regresó a Moscú el 22 de agosto luego del colapso del golpe, su poder se había ido.
Gorbachov fue ignominiosamente forzado a renunciar como Secretario General del PCUS. El comité central se disolvió de manera voluntaria. En cuestión de días, fue forzado a prohibir (suspender) el partido ‘Comunista’. Sus propiedades, publicaciones y activos fueron confiscados por la república de Yeltsin, la cual creó un decreto para prohibir al PCUS. El Komsomol se separó de manera ‘voluntaria’. El partido comunista no mostró ninguna resistencia.
Una ofensiva ideológica feroz fue dirigida en contra de la Revolución de octubre y la economía planeada. En un mes, Yeltsin había prohibido toda actividad política en los lugares de trabajo, una medida dirigida directamente al partido comunista. Los Yeltsinistas saquearon la oficina central del PC, confiscaron sus documentos e inculparon al partido por el golpe. Pravda fue suspendido y sus empleados reemplazados. Una vez el golpe falló, la KGB publicó una declaración: “Miembros de la KGB no tuvieron nada que ver con los actos ilegales de ese grupo de aventureros”. Este acto subordinado no bastó para salvarse. El temido organismo de opresión fue tomado por Yeltsin . El Soviet Supremo selló el despido de todo el gobierno.
Todas las noches la televisión rusa mostraba un número telefónico para quienes quisieran reportar a vecinos o compañeros de trabajo que apoyaran el golpe. La televisión y la radio oficial fueron removidas de las manos del PC. Pravda eventualmente reapareció, pero ya no era parte del (disuelto) comité central. Esto desató un diluvio de propaganda en contra de los estalinistas.
Los imperialistas acumularon la presión de la disolución de la URSS y la transición al capitalismo. Tomando la oportunidad, una tras otra república declaró su independencia. Los países Bálticos, Armenia Y Georgia ya lo habían hecho, en agosto se les unió Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Azerbaiyán, luego Uzbekistán y Kirguizia. La disolución de la Unión dejó a Gorbachov con poca voz y poder. Le había abierto la puerta a la restauración capitalista y ahora estaba siendo empujado a un lado por los poderes que él había conjurado. Dado el colapso del golpe, la iniciativa cayó sobre Yeltsin y aquellos a favor de moverse rápidamente a la restauración capitalista.
El Soviet Supremo le otorgó a Yeltsin poder extraordinario por decretos. Parecía que el camino al capitalismo estaba abierto. El mes siguiente, el Soviet Supremo ratificó la decisión de cambiar el nombre de Leningrado a su nombre pre-revolucionario de San Petersburgo. Sverdlovsk se volvió Yekaterinburg, su nombre original. En diciembre, en el Kremlin, la bandera soviética fue simbólicamente reemplazada por la bandera rusa antigua. El alcalde de Moscú, Popov, concentró todas las estatuas comunistas en el Parque Gorky y las declaró reliquias históricas.
Estas fueron las movidas para erradicar la herencia de octubre. El péndulo de la historia se había columpiado tan lejos que el viejo régimen zarista estaba siendo presentado en la luz más favorable. La contrarrevolución se manifestó en la aparición de las insignias zaristas, la protección de grupos fascistas, la idea de la ‘Madre Rusia’ y la restauración de la Iglesia Ortodoxa, la religión oficial del estado zarista.
La desintegración de la URSS creó nuevos problemas para los estados ‘independientes’. ¿Qué relación podrían tener ahora? Antes de que pudieran responder, Yeltsin anunció que aquellas repúblicas fronterizas con Rusia serán sometidas a nuevas fronteras, ya que tenían una población rusa muy grande que serían protegidas por el estado ruso. Ahora se había tornado en contra de la idea de independencia por las implicaciones económicas y las minorías intranquilas en las fronteras de Rusia. En diciembre de 1991, bajo la iniciativa de Yeltsin, Rusia, Ucrania y Bielorrusia formaron la Comunidad de Estados Independientes, al final del mes ocho repúblicas más se habían unido.
Gorbachov se quedó sin nada. Renunció a la presidencia. Silenciosamente, avergonzado, este elemento accidental dejó el escenario de la historia por la puerta trasera, habiendo jugado el papel del pretexto de restauración capitalista. En las elecciones presidenciales que se llevaron a cabo cuatro años más tarde, la gente de Rusia pasó un devastador y bien merecido veredicto sobre este individuo. Aún más importante es el hecho que luego de siete décadas de los esfuerzos más grandes y la transformación más remarcable de la historia, la URSS había desaparecido.
Hacia la privatización
El ala de Yeltsin defendía un movimiento rápido hacia el capitalismo. Este ala representaba los intereses de la naciente burguesía rusa—estraperlistas, mafiosos, especuladores y escoria variada—que había salido a la superficie sobre la base del movimiento hacia el capitalismo. También estaban los agentes del imperialismo a los que no importaba sacrificar los intereses de Rusia en su propio interés. El otro ala representaba en general los intereses de la vieja nomenclatura, los burócratas cuyo poder, privilegios e ingresos dependían de su control de las grandes empresas nacionalizadas y las granjas colectivas. Esta última estaba subdividida a su vez en varias fracciones, que reflejaban las diferentes capas de la burocracia y constituían una agrupación social extremadamente amplia y heterogénea.
El gobierno se embarcó en un programa de privatizaciones masivas con la emisión de vales de privatización. Se esperaba que el 25 por ciento de las industrias estatales estarían vendidas para finales de 1992. También se iba a privatizar la tierra. Sin embargo, la presión del complejo militar-industrial forzó concesiones por parte del gobierno en forma de subsidios cada vez mayores. Se pusieron más recursos para la producción agrícola, subvenciones a la comida, y para la vivienda de las fuerzas armadas. Contra la oposición de Yeltsin y Gaidar, el parlamento ruso votó créditos a la industria por valor de 200 billones de rublos. El suministro de dinero estaba efectivamente fuera de control y la inflación se iba convirtiendo en hiperinflación.
El 2 de enero de 1992 el gobierno abolió el control estatal de los precios, lo que provocó que algunos precios se multiplicaran por tres o hasta por treinta. En la práctica, los precios aumentaron entre un 300-350 por ciento. La tarifa para el metro de Moscú aumentó de 15 a 50 kopeks. Los otros diez miembros de la CEI se vieron obligados (alarmados), a seguir el ejemplo y aumentar sus precios, ya que de otra manera los rusos simplemente iban a comprar productos a precios subvencionados en las repúblicas vecinas. En marzo se aumentó el precio del pan, la leche y otros productos básicos.
La reacción fue intensa. Hubo manifestaciones masivas ante la Casa Blanca, el edificio del Soviet Supremo ruso, contra estos aumentos de precios. Para contener el ambiente de protesta, el gobierno se vio obligado a aumentar el salario mínimo en un 100 por ciento y también a aumentar las pensiones. Esta política de "libre mercado" no resolvió nada y simplemente agravó la crisis. Las reservas de comida alcanzaron un nivel crítico, con reservas sólo para 20-40 días.
La vieja guardia entabló una lucha feroz contra Yeltsin y su gobierno. Como comentaba The Economist (20/6/92): "Después de seis meses de ‘terapia de choque’, los directores industriales de Rusia han encontrado su voz política. Alarmados por la rapidez y la dirección de las reformas económicas del gobierno ruso bajo el presidente Boris Yeltsin, los directores industriales de Rusia están exigiendo un papel mayor en la dirección del país". En el parlamento se formó una nueva alianza anti-Yeltsin entre ex-estalinistas y nacionalistas llamada Unidad Rusa.
En abril de 1992, la lucha era tan intensa que Yeltsin se vio obligado a retroceder parcialmente. El intento de aplicar una transición rápida al "mercado" y una "economía sólida" iba a la deriva. El Congreso de Diputados del Pueblo exigía la cabeza de Gaidar. Como consecuencia, Yeltsin se vio obligado a cesarlo como ministro de finanzas pero le mantuvo como uno de sus lugartenientes. Yeltsin también anunció que habría una suavización de las "reformas" y más créditos para la industria hambrienta de dinero. El Congreso seguía presionando y exigió una mayor protección social. Las huelgas de maestros y trabajadores de hospitales consiguieron más concesiones por parte del gobierno.
La petición de Yeltsin a Occidente de ayuda e inversión no había tenido los resultados esperados. La ayuda que le habían dado era patéticamente baja: 6.000 millones de dólares para ayudar a estabilizar el rublo y un préstamo de 24.000 millones de dólares del FMI. Sin embargo, según los expertos económicos occidentales, la cantidad de financiación que necesitaba el plan de reformas de Yeltsin para tener alguna posibilidad de aplicarse era entre 76.000 y 176.000 millones de dólares cada año durante 15 años. Y esta cifra no incluía ni el dinero necesario para apoyar la convertibilidad del rublo (estimado de 7.000 a 10.000 millones de dólares) o el coste cada vez mayor de limpiar el medio ambiente, de por sí una tarea urgente.
Rusia acabó en el peor de los mundos: todas las desventajas de la chapucería burocrática y la mala gestión, y todas las desventajas de un capitalismo corrupto y mafioso. Miles de empresas seguían produciendo enormes cantidades de bienes inútiles y de mala calidad que nadie quería. Estos se acumulaban o se entregaban a los trabajadores en lugar de salarios. Otras empresas estaban ociosas, faltas de materias primas y recursos, los trabajadores se presentaban, no trabajaban y sólo recibían promesas de salarios. El resultado fue un aumento colosal en los atrasos de salarios y la deuda interempresarial.
Durante todo 1992 la lucha abierta entre Yeltsin y el parlamento asumió un carácter cada vez más agudo. Ambas alas de la burocracia apelaban demagógicamente a las masas a que les apoyasen. "Los directores de empresas de Rusia también han unido sus fuerzas a las de los obreros para ralentizar el ritmo de la reforma", informaba The Economist (20/6/92). "Con la economía en convulsión, tanto directores como obreros de las empresas estatales se sienten amenazados ante la perspectiva de más cambio". Bajo esta presión, el gobierno se vio obligado a prometer otros 200.000 millones de rublos (2.400 millones de dólares) de créditos baratos para la industria, y más 120.000 millones para la industria petrolera. También tuvo que posponer el aumento de los precios de la energía. Según el mismo artículo, "el gobierno del Sr. Yeltsin no ha abandonado la reforma, sólo ha retrocedido algunos pasos".
En 1992 hubo un intenso ir y venir de numerosos borradores y más borradores de constituciones revisadas, reflejando el intento de cada bando por conseguir la supremacía. Después de una sesión extraordinaria de cuatro días del parlamento ruso, Yeltsin se enfrentó a una derrota humillante. Los defensores de la línea dura y sus aliados centristas en el Congreso votaron una reducción mayor de los poderes del presidente, derrotando su intento de introducir el gobierno por decreto, destituyendo a sus representantes en las provincias, y exigiendo la formación de un nuevo gobierno de "acuerdo nacional". Yeltsin finalmente esperaba romper este punto muerto con la convocatoria de un referéndum sobre sus propuestas para abril de 1993. Su idea era utilizar el referéndum como un voto de confianza, a favor o contra Yeltsin. Este era el método del plebiscito, el método clásico de los políticos bonapartistas tratando de conseguir el poder absoluto.
las Maniobras de Yeltsin
En Occidente se presentó a Yeltsin como el gran salvador de la "democracia", el hombre que se puso encima de un tanque para defender los derechos del parlamento. Ahora este mismo parlamento se convertía en su peor enemigo. Aquellos que se levantaban contra él no eran partidos políticos sino una coalición de grupos e intereses rivales. Yeltsin sólo tenía dos alternativas: o ganarse una mayoría decisiva del Congreso o eliminarlo totalmente. Y el Congreso no podía tolerar esto. Era una lucha a muerte. Todas las diferentes fracciones del parlamento estaban de acuerdo en una cosa: había que detener a Yeltsin. Los directores de fábricas querían detener el programa de reformas. Los burócratas regionales, que dirigían sus repúblicas como barones feudales, quería más autonomía y un centro débil, no un dictador. La casta militar quería recuperar su prestigio perdido y posiciones privilegiadas, y se quejaba amargamente de la ruptura de la Unión Soviética, la pérdida de Europa del Este y la humillante dependencia del imperialismo de EE.UU. en la arena mundial en general. La lucha entre Yeltsin y el Congreso era una ilustración gráfica de las contradicciones insoportables de la sociedad.
La lucha llegó a su punto álgido en diciembre de 1992, cuando el Congreso forzó la dimisión del archireformista Gaidar como primer ministro. Yeltsin maniobró para ganar tiempo, sustituyendo a Gaidar por Chernomyrdin mientras preparaba un contragolpe. Se llegó a un compromiso inestable, por el cual Yeltsin aceptaba la pérdida de su lugarteniente, mientras que el Congreso aceptaba la celebración de un referéndum en la primavera. Un acuerdo es sólo un pedazo de papel que refleja el balance de fuerzas en un momento dado. El objetivo del referéndum era, en teoría, elaborar una nueva constitución. La que estaba en vigor, heredada del período de Gorbachov, ya había sido enmendada 300 veces y estaba llena de contradicciones. En la práctica nadie le prestaba la menor atención. Lo que importaba era la fuerza relativa de los grupos contendientes. Y eso sólo se podía medir en la lucha real, no en los comités constitucionales, aunque estos últimos pueden ser—y fueron—utilizados como armas arrojadizas en la lucha.
Inmediatamente después de llegar al acuerdo de diciembre, ambos bandos empezaron a maniobrar. En marzo elaboró un decreto sobre el gobierno de emergencia, pero el tribunal constitucional lo declaró inconstitucional. Jasbulatov, el presidente del parlamento ruso, se había propuesto minar a Yeltsin eliminando sus poderes uno por uno, y dejándole como un presidente de papel, para quitarle de en medio a la menor oportunidad.
A finales del Congreso de marzo, Yeltsin sólo evitó la moción de censura por 72 votos de un total de 1.003. Yeltsin abandonó el parlamento pero sólo le siguieron unos pocos diputados. A partir de entonces concentró todos sus esfuerzos en conseguir una mayoría en el referéndum de abril y la celebración de nuevas elecciones en octubre. El Congreso votó ir adelante con el referéndum pero añadió dos preguntas propias, "a favor o en contra de las reformas económicas de Yeltsin", y también "a favor o en contra de elecciones al parlamento y a la presidencia". Además, fijó la norma de que el referéndum tenía que conseguir una participación de más del 50 por ciento del total de los votantes para ser válido. Yeltsin consiguió que el tribunal constitucional anulara esta última condición para sus preguntas.
En un intento descarado de potenciar a Yeltsin, Clinton acordó una cumbre EEUU-Rusia en la que anunció un paquete de ayudas de 1.600 millones de dólares por parte de EEUU, y presionó al grupo de los 7 para que anunciase otro paquete de ayuda diez días más tarde. En abril de 1993, el G7 acordó ayudas por valor de 42.000 millones de dólares. Sobre estas bases, Yeltsin prometió aumentos para los obreros y jubilados y un aumento del salario mínimo como soborno para el referéndum. Al final, hubo una participación del 64 por ciento. Se anunció que un 53 por ciento habían apoyado al presidente y casi un 53 por ciento habían apoyado su programa económico. Hubo muchos informes que apuntaban a una manipulación del voto del referéndum por parte de Yeltsin, dándole una mayoría estrecha. Sin duda esto era cierto.
Hoy esto suena irónico comparado con las protestas de los medios americanos sobre las supuestas interferencias de Vladimir Putin para ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones presidenciales de 2016. Pero el imperialismo americano nunca ha dudado en interferir en asuntos políticos en otros países incluyendo derrocar y asesinar a sus líderes, así como la gente de Chile, Guatemala y otros países pueden testificar.
Al final, hubo una participación del 64 por ciento. Se anunció que un 53 por ciento habían apoyado al presidente y casi un 53 por ciento habían apoyado su programa económico. Hubo muchos informes que apuntaban a una manipulación del voto del referéndum por parte de Yeltsin, dándole una mayoría estrecha. Sin duda esto era cierto. Rustkoi inmediatamente rechazó el resultado: "Hay 105 millones de votantes en el censo", dijo, "unos 32 millones apoyaron al presidente y su política. Así que entre 71 y 72 millones votaron en contra o no participaron en el referéndum (...) No se puede hablar de apoyo popular".
Pero Yeltsin entonces intentó utilizar su victoria para cambiar la constitución, neutralizar el Congreso e incrementar sus poderes presidenciales. Después de una dura lucha el borrador de constitución fue aprobado por la Conferencia Constitucional. Yeltsin no perdió tiempo en tomar medidas contra sus oponentes. Pero esto no era una tarea fácil. En mayo fue humillado cuando el juicio contra los golpistas de 1991 colapsó. Las cosas se estaban acercando rápidamente a un punto crítico.
En septiembre de 1993, después de algunas vacilaciones, Yeltsin se decidió y suspendió el parlamento por decreto, convocando elecciones para una nueva Duma estatal en diciembre.
Yeltsin había concentrado todo el poder en sus manos. Al igual que todos los dictadores, prometió elecciones en el futuro bajo una nueva constitución elaborada por él mismo. Actuó como juez, jurado y verdugo. Inmediatamente Rustkoi denunció el decreto como un "golpe abierto", y el Congreso votó una moción de censura contra Yeltsin, su cese y confirmó a Rutskoi como presidente. Esto equivalía a una declaración de guerra civil. Jasbulatov, el presidente del parlamento, hizo un llamamiento a todos los jefes militares y de las fuerzas de seguridad a desobedecer todos los decretos y órdenes "criminales" de Yeltsin.
Los imperialistas occidentales se apresuraron a salir en defensa de Yeltsin. Clinton declaró que sus acciones eran "en última instancia consecuentes con el curso de reforma y democracia que se había fijado". Los imperialistas por supuesto no estaban preocupados por la "democracia" sino sólo por sus intereses materiales y estratégicos. No estaban preocupados por la suspensión ilegal del parlamento. Esto contrastaba agudamente con sus aullidos de protesta cuando la "democracia" fue atacada en el intento de golpe dos años antes, en agosto de 1991. Pero entonces se trataba de los intereses de la naciente burguesía que estaban en peligro de ser aplastados o amenazados. Sólo sus intereses de clase dictan su política interior y exterior. ¡Imaginémonos la indignación internacional si hubieran sido los de la línea dura los que se hubieran comportado de esta manera!
Había llegado el momento de tratar con el Congreso por la fuerza. En un acto de desafío abierto, Gaidar fue nombrado de nuevo viceprimer ministro y ministro de economía. La escena estaba preparada para un nuevo enfrentamiento. No había vuelta atrás.
Sin embargo, el control de Yeltsin sobre las fuerzas armadas era muy tenue. Gran parte de la casta de oficiales era abiertamente hostil al régimen de Yeltsin, humillada por el colapso de la Unión Soviética y el servilismo hacia Occidente. Muchos soldados no habían recibido sus salarios durante meses, y había informes de la región del Pacífico de soldados que pasaban hambre. Habían sido cesados 80.000 oficiales del ejército quedándose sin casas ni empleos a dónde ir. Sólo el 14 por ciento de los reclutas respondían al llamamiento a filas. El general Pavel Grachev, ministro de defensa, que en un principio era ambivalente hacia Yeltsin, al ser amenazado de cese por el parlamento, se colocó del lado del presidente.
La oposición a Yeltsin también venía de las regiones. Cuando el 18 de setiembre se reunió con los miembros del Consejo Federal y les pidió suplantar al Congreso hasta las nuevas elecciones, 148 de los 176 dirigentes regionales se negaron a apoyar la propuesta. Incluso el ayuntamiento de San Petersburgo condenó el decreto de Yeltsin después de rechazar un llamamiento del alcalde de la ciudad, Sobchak, un seguidor de Yeltsin. Este ni siquiera consiguió el apoyo de las regiones para una nueva constitución con un sistema bicameral, donde las regiones formarían la Cámara Alta. En lugar de esta propuesta, las regiones insistieron en la constitución vigente. Las propuestas de Yeltsin eran vistas como una trampa que en la práctica recortaría el poder de las regiones, concentrando el poder en manos de la presidencia. Las regiones defendían sus propios intereses, que en este momento entraban en conflicto con Yeltsin.
Asalto a la Casa Blanca
Estaba claro que el punto muerto entre el presidente y el parlamento no podía durar. La escisión abierta en el estado planteaba la posibilidad de una desintegración de la propia Rusia. Durante muchos meses, tanto Yeltsin como sus contrincantes habían estado luchando por el poder. Tal y como Yeltsin comenta en sus memorias: "El objetivo que había fijado ante el gobierno era hacer la reforma irreversible" (15) Pero eso seguía siendo un objetivo. Para convertirlo en realidad primero tenía que eliminar el obstáculo del Congreso y aplastar a los de la línea dura. Se empezaron a hacer planes. La intención era ocupar la Casa Blanca en un domingo cuando el edificio estuviera vacío y simplemente anunciar su disolución. Este elemento de sorpresa quedó frustrado cuando las noticias del ataque se filtraron al Congreso. Inmediatamente se tomaron medidas para defender el edificio, empezando de esta manera el sitio de la Casa Blanca.
Incluso después del decreto de Yeltsin del 21 de setiembre, el resultado de la lucha por el destino del parlamento no estaba decidido. Ambos bandos hicieron un llamamiento a las masas. Jasbulatov y Rustkoi incluso hicieron llamamientos a la huelga. Pero, como todo obrero sabe, para organizar una huelga no basta con hacer manifiestos. Durante dos semanas, los diputados simplemente se sentaron en la Casa Blanca esperando que las masas fuesen en su ayuda. Si, en lugar de eso, hubieran mandado representantes a las fábricas para levantar a los obreros, explicando el significado concreto del programa de Yeltsin y planteando una alternativa—incluso de una manera estalinista caricaturesca—hubiesen conseguido una respuesta. Pero eran incapaces de explicar el ataque a los derechos de los obreros que representaba Yeltsin, y se limitaron a hacer llamamientos a "defender la constitución".
Sin la costumbre de basarse en las masas, fueron incapaces de apelar de manera concreta a la clase obrera, por ende fueron incapaces de llamar a las masas a la acción, a pesar del descontento hacia Yeltsin. Esta incompetencia no fue un accidente. Ambos lados estaban aterrorizados de que la confrontación armada iniciará una intervención de las masas con consecuencias impredecibles. En una situación tan crítica, la acción energética y determinada es esencial. Sin embargo, los líderes del congreso demostraron no estar preparados. Dudaron, mostraron pasividad, esperaron en la Casa Blanca sin plan para la acción, hasta que Yeltsin cortó la electricidad, el agua, y la calefacción.
El ambiente general entre las masas era "que la peste caiga sobre vuestras respectivas casas", aunque esto estaba cambiando hacia el final, con la participación de un sector de los obreros más activos en las manifestaciones ante la Casa Blanca. Esta fue una de las razones que forzaron a Yeltsin a organizar el asalto armado al parlamento. Un indicio del carácter totalmente degenerado y corrupto de la burocracia fue el hecho de que muchos de los diputados aceptaron la oferta de Yeltsin de abandonar la Casa Blanca ¡a cambio de un finiquito y el permiso para quedarse con sus apartamentos del gobierno! Al final sólo unos 100 diputados de la "línea dura" se quedaron.
A pesar de la inactividad del parlamento, estaba claro que su apoyo estaba empezando a crecer. El 3 y 4 de octubre decenas de miles de manifestantes rompieron las líneas de la policía para llegar a la Casa Blanca. Es probable que Rustkoi y Jasbulatov se imaginaran equivocadamente que esto era un movimiento de las masas y decidieron "ir a por ellos". Como insurrectos aficionados que eran, cometieron todos los errores posibles. Sin haber previsto ni preparado nada, reaccionaron pasivamente a la agresión inicial de Yeltsin, pero finalmente les entró pánico e intentaron tomar el poder sin ningún plan ni perspectiva. Entonces tuvimos el espectáculo patético de las llamadas de teléfono frenéticas de Rustkoi, después del inicio del asalto, pidiendo apoyo e intervención a los embajadores occidentales. ¡Cómo pedir ayuda a Satanás contra Belcebú! Los embajadores de las potencias occidentales, reflejando la política de sus gobiernos apoyaron a Yeltsin totalmente.
En lugar de organizar un movimiento de masas para derrocar a Yeltsin, Rustkoi y Jasbulatov, en la práctica, intentaron organizar un putsch con el apoyo de una minoría. Pero debido a la debilidad de la posición de Yeltsin, los rebeldes estuvieron a punto de ganar. Ante la ausencia de un movimiento de las masas, en momentos como éste el ejército se convierte en el elemento clave de la ecuación. La posición de Yeltsin fue extremadamente débil hasta el último momento. Después de la caída del Congreso se descubrió que los mandos del ejército sólo decidieron intervenir para salvar a Yeltsin al final. Yeltsin estaba en un estado de pánico. Cuando el presidente hizo un llamamiento a las tropas para asaltar el edificio del parlamento estas permanecieron pasivas.
Esto demuestra claramente el escaso apoyo que tenía Yeltsin. Los dirigentes del Congreso tenían puntos de apoyo importantes en las fuerzas armadas, a través de la Unión de Oficiales. Sin embargo, fueron incapaces de hacer agitación entre los oficiales de más bajo rango, por no hablar de los soldados. Dirigieron sus llamamientos a la alta jerarquía del ejército. La mayoría de los generales se quedaron en la barrera hasta el último momento, esperando a ver quien ganaba. Yeltsin sólo podía contar con el apoyo de una pequeña minoría de unidades escogidas. E incluso éstas, como se ha demostrado, no eran firmes en su apoyo. Sin embargo, ante la ausencia de participación de masas, la acción de una minoría del ejército y de la KGB fue suficiente para llevar la balanza en favor de Yeltsin.
La gravedad de la posición la confirmó el propio Yeltsin: "Para decirlo de manera suave", recuerda en sus memorias, "la imagen era lúgubre. El ejército, con un total de dos millones y medio de hombres, no podía proporcionar ni mil soldados; no se podía encontrar un sólo regimiento que fuera a Moscú para defender la ciudad". (16) Cuando entró en la reunión en el ministerio de defensa, recuerda: "En general, tengo que decir que la expresión de los generales era ceñuda, y muchos tenían la cabeza gacha. Obviamente entendían lo delicada que era la situación: el gobierno legal colgaba de un hilo pero el ejército no podía defenderlo: algunos soldados estaban recogiendo patatas y a otros no les apetecía luchar". (17)
Yeltsin también confirmó en sus memorias las dificultades que se encontró para que sus tropas de élite controlaran la Casa Blanca. Se vio obligado a suplicar personalmente a sus oficiales: "Decidiéndome a tomar el toro por los cuernos grité: ‘¿Estáis dispuestos a cumplir una orden del presidente?’ La única respuesta fue el silencio, un terrible e inexplicable silencio proviniendo de esta unidad militar presidencial de élite. Esperé un minuto pero nadie dijo una palabra. Finalmente gruñí: ‘Entonces lo diré de otra manera: ¿os estáis negando a obedecer una orden del presidente?’ De nuevo la respuesta fue el silencio. Pasé mi vista por encima de ellos, todos tipos fuertes, fornidos y apuestos. Sin decir adiós di la vuelta sobre mis talones y me dirigí hacia la puerta diciéndoles a Barsukov y Zaitsev, los comandantes de Alpha, que había que obedecer las órdenes. Subsiguientemente tanto Alpha como Vympel (las unidades de élite) se negaron a participar en la operación". (18)
Incluso en el momento decisivo, sólo un pequeño número de tropas "leales" participaron en el aplastamiento del parlamento. El Daily Express (7/10/93) informó que: "Los jefes militares estaban poco dispuestos a cumplir las órdenes de disparar contra el parlamento. Finalmente se tuvo que improvisar una fuerza de asalto con personal del ejército, el ministerio del interior y sectores de la KGB y de la policía". Según un informe del historiador burgués Alec Nove, sólo se pudieron encontrar ocho oficiales para dirigir el asalto, a cambio de una cantidad importante de dinero, a pagar en dólares. De estos, al cabo de dos meses, dos ya habían sido asesinados y los otros seis estaban escondidos.
Es natural que Yeltsin en sus memorias intente presentarse como un dirigente enérgico controlando la situación por completo. Pero la verdad es muy diferente. Cuando las fuerzas rebeldes tomaron el centro de la televisión, Yeltsin quedó paralizado. En los momentos decisivos del intento de golpe, cuando el destino de su régimen, y de toda Rusia estaba en la balanza, Yeltsin desapareció. Algunos informes de prensa occidentales le describen en un estado de pánico, probablemente borracho, gritando incoherentemente a su personal. ¡Esto dista mucho de la imagen de un conspirador brillante que consiguió arrinconar a sus enemigos con una astuta estratagema! A pesar de su autobombo y sus bravatas, Yeltsin nunca fue más que un advenedizo y un aventurero político. Aunque tenía cierta astucia animal y a veces era capaz de un cierto grado de audacia (a menudo íntimamente vinculada con la necesidad de salvar su pellejo), no tiene la menor comprensión ni perspectiva.
Finalmente se tomó la Casa Blanca y los dirigentes del golpe de Octubre, Jasbulatov, Rustkoi, Mkashov y Achalov, fueron detenidos. Parecía que el punto muerto entre las dos fuerzas mutuamente antagónicas—la naciente burguesía mafiosa representada por Yeltsin y la vieja nomenclatura representada por el parlamento—había sido resuelto en favor de la primera. Se había dado un potente estímulo al proceso de restauración capitalista. Pero ni siquiera la victoria de los seguidores de Yeltsin había conseguido dar una solución definitiva.
En cuestión de meses, la lucha se abrió de nuevo con las elecciones a la Duma. Un nuevo golpe vino cuando los golpistas de agosto de 1991 y los dirigentes de la rebelión del parlamento de octubre de 1993 fueron amnistiados sin juicio por parte del parlamento en febrero de 1994. En un comentario irónico, Yeltsin dice: "Ahora todos ellos han sido liberados, escriben poesía, participan en manifestaciones, y son elegidos para la Duma estatal, el nuevo parlamento. Sus celdas en la prisión de Lefortovo han sido ocupadas por otra gente, demostrando de esta manera que el poder de la democracia es, desgraciadamente, inestable". (19)
Esto no impidió a este gran "demócrata" prohibir inmediatamente todos los periódicos de oposición, suspender ayuntamientos locales, y poner fuera de la ley a partidos de oposición. Esto a pesar de que ya tenía un control total sobre la radio y la TV. También cesó a gobernadores regionales y concejales municipales y suspendió el Tribunal Constitucional. No hubo la más mínima pretensión de democracia. Yeltsin avanzó todavía más por el camino de una dictadura bonapartista con una fachada pseudoparlamentaria. Las elecciones a la Duma simplemente le iban a dar una hoja de parra parlamentaria.
La posición precaria de Yeltsin quedó de manifiesto en las elecciones de diciembre de 1993, justo después del aplastamiento del parlamento. Se suponía que su victoria sobre el parlamento había saldado las cuentas. Por ese motivo las potencias imperialistas se apresuraron a apoyarle. La Segunda Internacional también añadió su voz al coro de apoyo a Yeltsin, al mismo tiempo que hacían la referencia obligatoria a la "democracia".
Yeltsin consideraba las nuevas elecciones como una formalidad. Su compinche Gaidar ya estaba organizando las celebraciones de la victoria. Su intención era la de conseguir una victoria decisiva para los partidos reformistas y poder impulsar un movimiento rápido hacia el capitalismo. Sin embargo, el campo reformista apareció dividido e impotente: Gaidar, Yavlinski, Sobchak, Popov, Shakra, todos se presentaron en nombre de diferentes partidos y bloques, cada uno de ellos con denuncias vociferantes de los demás.
Los imperialistas estaban convencidos de que después del aplastamiento de la Casa Blanca, el movimiento hacia el capitalismo sería coser y cantar. Sin embargo, el ala dominante de los imperialistas había decidido seguir recetando la misma medicina. El órgano del capital financiero británico, el Financial Times, exigía "Más choque, más terapia". Después de las elecciones de diciembre de 1993, publicó una editorial con el título: "No hay vuelta atrás para Rusia", exigiendo el mantenimiento del programa de reformas, independientemente de los costes sociales.
Ilusiones Occidentales
Los políticos de Occidente se engañaron a sí mismos pensando que una Rusia capitalista sería débil y dividida, y fácilmente dominable por Occidente. Ahora todos sus planes quedaban hechos añicos. En cualquier caso, la idea de que Rusia sería una semi-colonia siempre fue una crasa estupidez. Ted Grant explicó que si se completara el movimiento hacia el capitalismo en Rusia, no acabaría en un régimen semicolonial débil, sino en un imperialismo poderoso y agresivo, con una base industrial considerable y un ejército potente. Eventos han confirmado esta predicción completamente.
A corto plazo, sin embargo, bajo el comando de Yeltsin, Kiriyenko, Chubais y Nemstov, Rusia se redujo al papel auxiliar de Occidente. El grupo dominante de ‘reformistas’ había intentado desesperadamente empujar hacia adelante, siguiendo las instrucciones del FMI y el Banco Mundial. Pero mientras la crisis se desarrollaba, se abrió una división entre diferentes alas de la oligarquía rusa. Los capitalistas rusos, quienes eran dueños de los bancos y grandes monopolios, tenían sus propios intereses, los cuales no necesariamente coinciden con los intereses de Occidente.
Estos antiguos burócratas, quienes se convirtieron en magnates y millonarios al saquear los activos del estado, eran igualmente reaccionarios y corruptos como los del otro bando. Pero no querían que Rusia se transformara en una semicolonia del imperialismo americano y no querían aceptar mandatos del FMI, lo cual, en conjunto a otras cosas, demandaba la clausura de los bancos antieconómicos, restricciones del capitalismo clientelista y el régimen de impuestos en el cual los grandes monopolios serían forzados a pagarle al estado.
La introducción del capitalismo causó el colapso de la base productiva de Rusia. Con la excepción del boom especulativo en finanzas y servicios en Moscú, y hasta cierto punto, San Petersburgo, el resto de Rusia estaba colapsando. Las inversiones habían colapsado y la hemorragia del capital continuaba con un flujo anual de al menos 20 billones hacia el Occidente. El rublo, el cual ya había sido devaluado 50% , estaba por caer aún más bajo.
Esto era de total indiferencia para los feroces empresarios rusos, quienes sólo estaban interesados en enriquecerse a costillas de la población rusa, no les interesaba la producción. La única inversión productiva que continuó hasta cierto nivel estaba en las inversiones extractivas como las de petróleo y níquel, en las cuales Occidente estaba interesado.
Russia ahora estaba firmemente atada al mercado mundial. La falta de inversión en agricultura y la consecuente caída de la producción significó que al menos 25% de la comida en Rusia era importada de Occidente. El colapso de la producción se manifestó en una severa dependencia en importación, no solo en bienes manufacturados, sino en comida y otros productos de consumo básicos. Los mercados estaban llenos de bienes occidentales: cerveza alemana, jabón holandes, perfumes franceses, relojes suizos y salchichas polacas.
Para los rusos ordinarios, las salchichas son una de las medidas más reveladoras del declive post-sovietico. Pregúntale a un minero cuánto ha decaído su estándar de vida desde que Boris Yeltsin se mudo al Kremlin hace siete años, y te dirá cuántas salchichas comía su familia cada semana y que tan pocas comen ahora.
La salchicha soviética, dice, estaba llena de carne local, pero su sucesora rusa contiene cartílago y grasa Occidental. La salchicha también es una lección básica en economía impartida ayer por Mikhail Abramian, un carnicero de Moscú, quien le dio a sus clientes las malas noticias, “He tenido que incrementar los precios de mis salchichas porque están hechas de carne importada. No es mi culpa” comentó. “Rusia ya no produce carne. Compramos ingredientes en el extranjero y los compramos en dólares”.
“La gente no puede y no va a poder pagar treinta por ciento más por su comida,” dijo Henryk Kasparian, un importador de comida. “Va haber sublevación, tiene que haber”.
La caída del rublo también significaba un gran incremento en el costo de saldar las deudas. Esto no solo incrementó lo endeudado que estaba el estado ruso, lo cual representaba gran parte del presupuesto, pagar los intereses de los préstamos extranjeros, pero también representaba una amenaza de bancarrota para gran parte de los bancos de Rusia.
El lunes 24 de agosto, el cambio del dólar con el rublo era de siete a uno. Dos días más tarde su valor se había partido a la mitad. Se estaban formando largas filas afuera de los bancos, mientras los rusos empezaban a vaciar sus cuentas de ahorro y cambiarlos a monedas extranjeras lo antes posible. Este colapso en la confianza amenazaba con colapsar el sistema financiero en general.
Los estrategas del capital estaban aterrizando a conclusiones muy pesimistas. “El mercado está muerto”, dice Al Breach, un joven economista liberal en Moscú quien había visto el caos causado por la división de Asia y Rusia el año anterior. Estas eran palabras problemáticas, que venían de un admirador de Margaret Thatcher. Breach no se refería a la bolsa, sino a las nociones de mecanismos del mercado triunfando ante la adversidad, central a los enclaves de consejeros occidentales y reformistas rusos a lo largo de siete años ya no eran aplicables. “Una vez se llega a esta etapa es imposible traerlo de vuelta al mercado,” dijo Breach.
La misma burguesía rusa tenía poca confianza en el futuro en esos momentos. Andrew Ipkendanz de el Crédito Suizo, de acuerdo al Financial Times, admitió: “Las élites rusas han desplomado el capital del país y han dirigido las ganancias hacia afuera”.
Un regimen de declive
El socialista francés del siglo XVIII Proudhon inventó la célebre frase: “Toda propiedad es robo”. Desde un punto de vista estrictamente científico eso es incorrecto, pero en la Rusia de hoy en día se acerca a la verdad. Un estratega financiero del Occidente, volviendo de Moscú, confesó que estaba “entristecido por la sordidez y la decadencia, la corrupción desenfrenada que se disfraza de capitalismo… me fui con un presentimiento fatídico” añadiendo que “eventos siniestros estaban por suceder”. Esto fue cuestión de meses antes del sangriento asalto de Yeltsin a la Casa Blanca y la destrucción del parlamento en noviembre de 1993.
Moscú hoy es una metrópolis en manos de gangsters, drogas y proxenetas. Una sociedad donde el estado mandaba a través del miedo y el comercio era un crimen, ha sido reemplazada por una jungla donde el comercio se manda con miedo y sicarios armados se encargan de quienes acusen a criminales. Mientras tanto, los salarios del pecado son suficientemente buenos para los nuevos ricos de Rusia; en una noche larga de entresemana en el Teatro Grill… los hombres jóvenes en chaquetas deportivas de diseñador blandean sus teléfonos móviles como los matamoscas de los déspotas orientales piden langosta canadiense y champán francés… Comparten la mesa con guardaespaldas corpulentos en chaquetas de cuero. La acompañante también está allí… la vista cínica es que el retroceso moral y social de Rusia hizo a la mafia no sólo inevitable, sino también necesaria. Es la mentalidad dedicada a las ganancias individuales que la hacen una fuerza armada y letal contra quienes deseen restaurar el colectivismo.
La restauración del capitalismo trajo consigo a las peores características de la sociedad burguesa: destitución, desempleo, falta de vivienda, crímenes violentos y un incremento en el alcoholismo, mientras se destruyen los servicios de bienestar. Los recortes salvajes a los fondos dejaron al servicio de salud moviéndose de una crisis a otra. El alcoholismo, que fue un flagelo bajo el antiguo régimen, se convirtió en una epidemia. El consumo de vodka aumentó drásticamente desde que se borraron los límites a las bebidas en 1991, seguido por la liberalización del comercio.
Durante el periodo de ‘reforma’, los salarios reales cayeron por la mitad. Millones de rusos se enfrentaron a la malnutrición, incluso a la hambruna. Según el reporte anual del Comité de Estadística del Estado, casi 32 millones de personas estaban recibiendo menos que lo que el gobierno delimitó como el ingreso mínimo para sustenencia, de aproximadamente US$75 al mes a finales de 1996. La gran mayoría estaba dedicando cada hora a buscar como sobrevivir.
Una trágica imagen de Rusia la ilustra el periodista Neil MacKay:
En el invierno de 1993, más de 1,000 personas tuvieron suerte. El gobierno finalmente notó su existencia - cuando limpiaron sus cuerpos congelados de las aceras… la ruptura del imperio sovietico movio a Rusia hasta la base, la red de bienestar social colapso y creó ‘los nuevos pobres’... Miles de ex-prisioneros pasaron a la vagabundancia al ser liberados de ‘las zonas’ - colonias penales rusas - y se encuentran en el crepúsculo de un mundo de degradación. Los ex-convictos están temblando en las esquinas, tomando vodka con refugiados de la guerra de Afganistan, niños fugados y descabellados y enfermizos. (The big Issue in Scotland, 8-21/12/95)
Pero este era solo un lado del panorama. La posición desesperada de las masas presentaba un contraste drástico a la riqueza ostentosa de la burguesía naciente y sus seguidores. La transición a la economía de mercado había creado una élite de capitalistas super ricos, reclutados de la vieja nomenclatura Comunista, la cual se enriqueció a través de la corrupción, extorsión, y saqueo de las industrias estatales. Las flotillas de Mercedes color crema, las brillantes casas de moda se postraban en contraste a la mayoría que intentaba sobrevivir.
De acuerdo a un reporte del banco mundial, un tercio de la población estaba viviendo en pobreza mientras la distribución de ingresos era tan desigual como en Argentina o Filipinas. La caída de 43 por ciento en salarios reales entre 1991 y 1993, combinada con la liberalización de precios significó un aumento en las personas que no podían pagar la canasta básica, estimada en Noviembre 1994 en alrededor de $30 al mes.
La nueva clase de capitalistas rusos estaba emocionada por consolidar su poder, los privilegios e ingresos a través de amenazas de muerte y asesinatos para eliminar a sus rivales.
A la cima del mercado, supermercados brillantes venden langostas vivas y champán caro para los nuevos ricos del país. Ya hay compradores para vestidos de $2,000 en Rusia y sus nuevas boutiques de moda, los autos Mercedes de último modelo y limosinas ahora navegan las calles de Moscú.
Los observadores occidentales más inteligentes notaron las consecuencias:
La distancia entre los ricos y pobres es más sorprendente para los ojos rusos que los occidentales porque han reemplazando un orden comunista en el cual la posición social era más poder político que el dinero y las elites enmascaraba sus privilegios con cuidado y adulando las virtudes de la clase obrera.
Por estas razones, la división creciente entre los ganadores y los perdedores creada en los últimos 3 años por la traumática transformación económica y política de Rusia, emerge como el factor más importante detrás del sufrimiento del país para determinar cómo seguir adelante.
El gobierno ruso estimaba que aparte de cuentas bancarias extranjeras y propiedad, pueden haber hasta $20 mil millones en dólares estadounidenses apartados. Reflejando esta nueva cultura burguesa, Moscú ahora tiene la mayor concentración de casinos en Europa.
En 1996, el PIB tuvo una caída adicional de 1996. La producción industrial cayó un 5 por ciento y la producción agrícola un siete por ciento. La producción en manufacturas decayó veintiocho por ciento y la industria de materiales de construcción veinticinco por ciento. La producción química y petroquímica declinó por 11 por ciento y la construcción de nuevas viviendas por diez por ciento. La cosecha de granos en Rusia en 1996 fue la tercera más pequeña en treinta años. Rusia no era el peor de los casos. En cinco años hasta 1994, la economía de las ex-repúblicas de la Unión Soviética se desplomó hasta, en el caso de Georgia, un sorprendente ochenta y tres por ciento.
Anthony Robinson escribió en el Financial Times (11/11/94): “El dolor es más grande de lo originalmente imaginado.” Sin embargo, esto no previno que este órgano de capital financiero causara más dolor en su editorial el mes anterior (7/10/94): “No hay intermedio - la única opción entre el Big Bang de estabilización y el colapso económico… tarde o temprano, ellos tendrían que demandar el tipo de sacrificios de su gente los cuales no han tenido que hacer aún.”
La dureza de la transición produjo furia. En las regiones mineras del norte de Rusia, hombres en las minas pasaron meses sin que les pagarán al inicio del año. Muchos pagos para pensiones también estaban atrasados. Si el capitalismo no representaba pago decente por un día de trabajo decente - o el compromiso con los retirados - “entonces que representaba?” pregunta una ardida Lyudmila Sakharova. La crisis económica estaba acompañada con un tenebroso colapso en los estándares de vida. Una gran porción de la población tuvo sus condiciones de vida reducidas a condiciones de pobreza no vistas desde la guerra. Los salarios no fueron pagados por meses, como resultado de grandes deudas acumuladas por las empresas del estado y el colapso del planeamiento central.
Desde la Edad Media, luego del colapso del Imperio romano, Europa no había visto tal nivel de catástrofe económica en tiempos de paz. El colapso de la producción en Rusia se parecía a los efectos de una masiva derrota en guerra, o mejor dicho, en dos guerras. No tiene paralelo en la historia moderna. Desde 1990 a 1995 la producción se desplomó alrededor de 60 por ciento. Solo podría describirse como una limpia histórica de técnicas productivas e industria. La caída en picada de la producción americana del 30 por ciento durante la Gran Depresión de 1929-33 es relativamente menor por comparación. Cada año de vida en Rusia es equivalente a la depresión más profunda que occidente había experimentado.
La contrarrevolución capitalista y la mujer
El colapso de los servicios sociales y el incremento del desempleo significó que los beneficios de la economía planeada para la mujer fueron eliminados de manera sistemática. El crecimiento del desempleo sentenció a muchos a la pobreza en Rusia más que en occidente porque muchos de los beneficios los proveía directamente los lugares de trabajo.
Como The Economist (11/12/93) noto en ese momento:
El desempleo aún trae un profundo estigma en Rusia. Solo en 1991 dejó de ser un crimen. Para aquellos sin empleo, la pobreza absoluta les amenaza. Los beneficios de desempleo se comparan al salario mínimo de 14,620 rublos al mes, un tercio del nivel oficial de sustento y un séptimo del salario promedio. Los desempleados están usualmente peor de lo que indican estas figuras porque los servicios sociales más básicos - salud, escuelas y transporte son proveídos por compañías y no el gobierno local, por ende solo son accesibles para quienes trabajan.
Las víctimas principales fueron las mujeres. Ellas fueron las primeras en ser despedidas para evitar pagar beneficios, como beneficios de niños y maternidad. Dado que las mujeres formaban 51 por ciento de la fuerza laboral rusa unos años atrás, y que 90 por ciento de las mujeres trabajaban, el crecimiento del desempleo significaba que el número de mujeres excluidas de la fuerza laboral se incrementó.
Bajo el antiguo régimen,las mujeres recibían el 70 por ciento de los salarios de los hombres. La cifra en 1997 era del 40 por ciento. Mantener a la familia con un salario era difícil en la vieja URSS. Ahora, con el incremento dramático de la pobreza, se volvió virtualmente imposible. El 10 de febrero 1993, el entonces ministro de trabajo, J. Melikyan anunció la solución del gobierno para el desempleo. En un idioma que le daría crédito a cualquier político burgués de derecha en occidente, dijo que no veía la necesidad de ayudar a las mujeres a regresar al trabajo. “Por qué deberíamos intentar encontrar trabajo a las mujeres cuando los hombres están ociosos y en beneficios de desempleo?” pregunto. “Dejen al hombre trabajar y a la mujer cuidar del hogar y sus hijos.”
Tal lenguaje, el cual era impensable en el pasado, ahora evidentemente es tomado como normal y aceptable. El intento del gobierno de implementar una política del “regreso al hogar” se reflejó en varios borradores de las nuevas leyes que estaban en consideración. El primer borrador tenia el potencial de anular el derecho al aborto y le prohibia a las mujeres con hijos menores de 14 a no trabajar mas de 35 horas a la semana. Tras protestas, las cláusulas más controversiales fueron removidas. La ley ahora se encargaba de retirar la obligación del gobierno de proveer guarderías para los hijos de mujeres trabajadoras. Como compensación, las mujeres con tres o más hijos fueron ofrecidas beneficios para quedarse en casa y cuidar de ellos.
La prostitucion incrementó enormemente, ya que las mujeres intentan sobrevivir con vender sus cuerpos a quienes tenían el dinero para comprarlos - mayormente los despreciables ‘nuevos ricos’ y extranjeros ricos. Mujeres de países de la antigua Unión Soviética fueron exportadas a países occidentales como prostitutas. En esta humillante esclavitud de la mujer en la que las reducen a comodidades, estaba encapsulada como la humillacion de la tierra que estaba sometida a la explotacion en su forma mas desnuda y descarada.
Aqui, mas claro que en cualquier otro lugar, se ve la verdadera cara de la contrarrevolución capitalista - cruel, brutal e ignorante - una reversión a los días de la exclavitud zarista en donde los esclavos tenían poder sobre sus esposas e hijos como compensación por su propia condición degradante. La posición de la mujer en Rusia retrocede más de setenta años.
El Capitalismo causa serios daños a la salud
Como corolario directo del colapso de los estándares de vida, hubo un agudo declive en la salud de la población. Newsweek describió la expectativa de vida como el “último indicador de la salud económica de la nación”. Aun en la altura de la crisis del antiguo régimen en 1987, la expectativa de vida para la URSS aún era un promedio de 65.1 para los hombres y 73.8 para las mujeres. En Gran Bretaña, por comparación, en 1996 la expectativa para los hombres era de 74 años.
El Financial Times (14/2/94) llevó un artículo de primera plana titulado ‘Rusia se enfrenta a una crisis poblacional mientras la tasa de mortalidad se eleva’. El artículo explicó que:
En el año pasado, la tasa de mortalidad se ha elevado un 20 por ciento, o 360,000 muertes más que en 1992. Los investigadores ahora creen que la edad promedio para la mortalidad en hombres se ha hundido a 59 - mucho más bajo que el promedio en el mundo industrializado y el más bajo de Rusia desde principios de los años 60s.
Para muchos europeos del oriente, el tiempo de libertad se torna en el peor de los tiempos desde la segunda guerra mundial. Europa oriental se enfrenta a una crisis de salud de proporciones terribles: demógrafos y oficiales de salud reportan que las figuras de mortalidad y falta de hijos se encuentran en una escala vista en tiempos de guerra. Enfermedades del cuerpo y mente se acercaban a magnitudes epidémicas. En varios países, incluyendo Rusia, la población está, de hecho, reduciéndose. “La caída es catastrófica”, dice Regine Hildebrandt, ministro en el gobierno estatal de Brandenburg, “es como la guerra”.
En Rusia, Estonia y Alemania Oriental, las muertes están sobrepasando los nacimientos, en algunas áreas de 2 a 1. La expectativa de vida en casi todas partes del este está cayendo, en especial en los hombres, al mismo tiempo aun los países más pobres del tercer mundo están reportando un incremento estable. En Hungría, el promedio es de 65 para los hombres y 74 para las mujeres, en contraste a 67.3 y 75 en 1975 y 73.4 y 81.8 para los hombres y mujeres en Francia hoy en día.
La tasa de mortalidad en Rusia incrementó 30 por ciento después de 1989, con los hombres llevando la carga, dice el demógrafo Murray Feshbach de la Universidad de Georgetown. Según sus cálculos, la expectativa de vida para los hombres rusos cayó a 59, aproximadamente la misma que en Pakistán.
Nicholas Eberstadt, un investigador del Instituto Americano de Empresas en Washington, comentó: “En el pasado, choques tan abruptos solo se veían en países industriales en tiempos de guerra.” Estas figuras son aún más aterradoras cuando se toma en cuenta que la Unión Soviética había obtenido niveles de salud y expectativa de vida, al mismo nivel que muchos países capitalistas avanzados.
La enfermedad, el suicido, la violencia, comida inadecuada y la desesperación en combinación con la destrucción de los servicios de salud redujeron los niveles de salud en Rusia a un nivel ‘tercermundista’. De acuerdo a Rabochaya Tribuna:
La mayoría de rusos sufren de desnutrición crónica. El déficit de proteínas de alta calidad es de 25 por ciento y vitaminas hasta 50 por ciento. El déficit de energía es de alrededor del 20 por ciento.
La tasa de mortalidad para los hombres rusos estaba relacionada al suicidio, asesinato, mala comida y malas condiciones y también la falta general de perspectivas y la perdida de la esperanza por el futuro.
Bajo el antiguo sistema, los trabajadores tenían al menos servicios de salud gratuitos y condiciones relativamente estables. La actitud de los trabajadores se reportó en varios medios. Julika Lukacs, un jubilado hungaro, dijo: “La sociedad no estaba dividida bajo los comunistas. No había crimen ni pobreza y vivíamos felices.” Podría ser un recuerdo indulgente, pero lo compartían muchos. Un minero de Vorkuta dijo que estaba votando por Zyuganov, porque se sentía más a salvo bajo los comunistas”. Otra persona rusa, quien fue entrevistada sobre democracia, revelando la psicologia de millones, dio la siguiente respuesta.
Libertad? Si, la tenemos. Pero libertad de que? De morir de apendicitis? Comprar un anorak occidental por 200 marcos alemanes, cuando el salario promedio es de 5 marcos alemanes a la semana. La libertad de sobornar maestros con $1000 al año para enseñarle a nuestros hijos o pagar $50 para ver un doctor decente
Desde entonces, la situación ha mejorado (era casi imposible que empeorara). Pero las consecuencias negativas de la restauración capitalista las confirmó recientemente el Reporte de Transición 2016-17, el cual nos informa que las personas que nacieron en la ‘zona de transición’ (países post-comunistas en Europa) son un centímetro más bajos que sus padres como resultado del estrés y malnutrición. El índice de felicidad también es más bajo. Es comparable al de personas que nacieron en zonas de guerra. (Ver Reuters world news, 3 de Noviembre del 2016)
El nuevo reporte de Transición cita una encuesta de 51,000 hogares en 34 países que se condujo en 2006, 2010 y 2016, preguntando a los participantes que marcaran de 1 a 5 que tan de acuerdo estaban con la frase ‘Con todas las cosas en consideración, estoy satisfecho con mi vida’. “La concentración de riqueza excesiva (entre los ricos) … puede tener un impacto negativo en la igualdad de oportunidad y causar repercusiones contra instituciones políticas y económicas clave en la economía de mercado”, el reporte advirtió que llevaría a un crecimiento más débil a largo plazo.
Naturalmente, la experiencia de crecimiento difería entre los individuos,la diferencia marcaba su posición en la escalera de ingresos. Solo aquellos en el 27% en la cima de la distribución de ingreso habían experimentado el promedio o mayor al promedio de crecimiento de ingresos. Un 23 por ciento estaban en peores condiciones que en 1989, mientras 33 por ciento había experimentado crecimiento de ingresos bajo el promedio de la G7.
Los trabajadores reaccionan
Luego de seis o siete años de caos, la clase obrera se había cansado. Estaban buscando soluciones inmediatas a los problemas más grandes, empezando con los atrasos de los salarios que se habían acumulado. Las drásticas caídas en los estándares de vida y la constante provocación en contra de las masas habían alcanzado un punto crítico. La indignación de las masas se había derramado. El enojo de los trabajadores estaba expresado en movimientos militantes de mineros y otros sectores.
El 11 de junio de 1998 mineros de toda Rusia se plantaron en piquetes fuera de la Casa Blanca. No eran solo los mineros, sino muchas otras secciones se incorporaron al movimiento. Esto representaba un gran peligro para el régimen.
The Economist describió la escena el 22 de agosto 1998:
Afuera del parlamento los sindicatos están demandando que se paguen los salarios pendientes de alrededor 78 mil millones de rubios ($10 mil millones a la nueva tasa de cambio) deben ajustar para compensar por el 20% de devaluación vista esta semana. Han convocado una huelga para el 7 de Octubre. Protestas laboristas, aunque disruptivas, aún no se cristalizan como huelgas nacionales, pero se volveran mas virulentas si la economía se deteriora.
Los siguientes extractos del material publicado por el sindicato de mineros nos da una clara indicación que el periodo de ‘pasividad’ para la clase obrera se había acabado.
Los carros de tren del norte de Rusia descienden a Moscú el 11 de junio cargando 150 mineros de carbón descontentos, quienes hacen este viaje de 40 horas hacia la capital para protestar en contra del retraso en los salarios. Llegaron a Moscú con el apoyo de todo Vorkuta, maestros, doctores, jubilados, todos contribuyeron lo que pudieran a los fondos para pagar el viaje de los mineros.
Se mantienen allí ahora. Vinieron preparados para una vigilancia larga. En una conferencia de prensa, los líderes de los sindicatos dijeron que la acción duraría lo que los mineros durarán y que los mineros llegaron a Moscú sin boleto de regreso y por el momento no tenían fondos para los boletos de vuelta!
Esta vez los mineros vinieron con demandas politicas asi como demandas por los salarios no pagados. Sus demandas estaban claras en las pancartas de piquetes que leian “Abajo al presidente!”; “Yeltsin, devuélvenos nuestro dinero!” y “Yelstin, te pusimos arriba, te traeremos hacia abajo!”
Pero aparte de pagar los salarios, “virtualmente todos los mineros rusos” ahora demandan “la renuncia del presidente y adelantar las elecciones presidenciales” en las palabras de Aleksandr Sergeev, el presidente del sindicato.
Rápidamente a los mineros de Vorkuta se les unieron hasta 400 otros del yacimiento de carbón de Kuznetsk, y la región de Rostov. Otros se unieron a la protesta en varias ocasiones, incluyendo mineros de la isla de Sakhalin, Chelyabinsk, los Urales, Norilsk, Kemerovo, Tura y Rostov. Una pequeña delegación de nueve trabajadores representando al gigante manufacturante de autos AvtoVAZ en Togliatti se unió a la protesta. Científicos, estudiantes y trabajadores del metro de Moscú se unieron a la protesta varias veces.
Aunque fueron mayormente ignorados por el gobierno, los manifestantes no pasaron desapercibidos para el resto de la ciudad, los manifestantes aceptaron ofertas de las fábricas en la ciudad y residentes simpáticos, la mayoría repartía comida y apoyaba en los piquetes.
Los mineros en el piquete frente a la Casa Blanca no era un incidente aislado, reportes de otras áreas demostraron:
En la mañana del 31 de julio, prácticamente toda la población adulta de Partizansk [conocida como la capital minera del Territorio Marítimo en el Este de Rusia] y las ciudades satélite de los mineros asistieron a las reuniones cerca de las minas de Avangard y Uglekamenskaya y tomaron la decisión unánime de adoptar demandas políticas, incluyendo el llamado a la renuncia del Presidente Boris Yelstin y el gabinete de Ministros.
En la ciudad en sí, hay frecuentes mítines que incluyen a toda la población. Las esposas de los mineros recientemente dijeron que si los salarios siguen sin pagar, organizarían una ‘rebelión de mujeres’. Las situaciones se tornan más explosivas día con día. Los mineros de carbón dicen que ya no creen en promesas. Reportes dicen que la mayoría de las familias no tienen ni las comidas más básicas. En conjunción con sus esposas, los mineros amenazaron con ‘horcas y barras de cuervo’ para forzar el pago de los salarios atrasados.
La participación de la mujer no puede resaltar lo suficiente. Cuando las mujeres se involucran a este nivel, siempre es un síntoma de un profundo despertar de toda la clase obrera. Debemos recordar que la revolución rusa inició precisamente con el movimiento de mujeres obreras en febrero de 1917. El piquete de los mineros se estableció en los cuarteles del puente Gorbaty en Moscú y publicaron material en el boletín del Sindicato de Mineros Independientes. El traductor del material del 16 de julio hizo el siguiente comentario:
Creo que estos materiales dan una imagen verdadera del presente fervor en el naciente movimiento laborista en Rusia. Personalmente, estoy especialmente fascinado por el resurgimiento de la tradición de la democracia plebeya en Rusia y el activismo de base recordativo de 1905 y 1917, la cual parecía haberse perdido.
El reporto el discurso de Vyacheslav Revuzov, “la cabeza de la delegación de la ciudad de Tula, hogar de la ametralladora Kalashnikov y el centro de producción de armas tradicional.”
Cuando le preguntaron a Vyacheslav Revuzov: “Tienen mujeres entre ellos ¿Lo hace más difícil?” Su respuesta fue:
Al contrario, no tienes idea de la clase de mujeres que son. Algunas no las cambiaria por ningún hombre. Una de estas mujeres es Yevmenenko. Ella es la presidenta del comité de huelga de la planta militar ‘Shtamp’. Iría en cualquier misión peligrosa con ella. No pudieron encontrar a ningún hombre para dirigir el movimiento laborista aquí. Entonces, ella tomó las riendas y ha logrado mucho: despedir a un director, fijar a otro. De hecho, han tomado control completo sobre la planta, la cual actualmente tiene alrededor de tres mil trabajadores. Han convocado a su comité a los jefes de ingeniería, mecánica, energia y les preguntaron ¿por qué se había estancado la producción? Pueden despedirlos en cualquier momento y convocar a otros especialistas. Esto es lo que hace el poder obrero en una empresa.
Embriones de soviets
Lo que fue significativo fue el desarrollo de embriones de soviets. De hecho, en su discurso, Vyacheslav Revuzov explica que él es el “Presidente de la ciudad soviética de trabajadores, especialistas y sirvientes estatales. El Soviet incluye representantes de las nueve empresas más grandes de Tula. Ahora incorporamos representantes regionales a nuestro soviet regional. Principalmente comités de huelga.”
Como dice la cita anterior de Vyacheslav Revuzov, el fenómeno de ocupaciones de fábricas se estaba expandiendo. Los trabajadores estaban tomando las fábricas y operandolas a través de sus comités electos. Por ejemplo en Vyborg, históricamente un fuerte de los Bolcheviques durante la revolución de 1917, los trabajadores en una fábrica de papel tomaron el mando. Sacaron a los dueños tras una lucha con el OMON, la policía especial, los trabajadores estaban de hecho operando la fábrica.
Rápidamente el movimiento huelguista puso eslogans políticos. Al centro de las demandas de los mineros, estaba la renuncia del gobierno. En una reunión de protesta de mineros en conjunción con ingenieros de electricidad en Vladivostok, demandaron despedir al gabinete.A la reunión asistieron delegados de todas las empresas afiliadas a las sociedades anónimas regionales Primorskugol y Dalenergo que dirigían las operaciones de minería y energía en el territorio del Lejano Oriente ruso.
Consejos de obreros organizados espontáneamente están tomando sobre las funciones del gobierno local y posan un verdadero reto a las autoridades regionales y de igual manera a los líderes de sindicatos. Los ‘comités de salvación’ son esencialmente la misma idea que los soviets de trabajadores y soldados que se extendieron a través de Rusia durante las revoluciones de 1905 y 1917. [Ellos] se han propagado a todas las comunidades principales de la región de Kuzbass…y su confianza aumenta. (Hindustan Times 4/12/96)
Los mineros de la explotación al aire libre de Neryungri en Yakutia del Sur, que se considera la mayor empresa minera del Extremo Oriente ruso, dejaron de suministrar carbón a sus consumidores, pero se aseguraban las necesidades de sus propios pueblos. En esta decisión tenemos elementos potenciales de control obrero. Los obreros llegaron a la conclusión de que tenían que empezar a tomar el control de la distribución. Este es un desarrollo muy importante que en algunas zonas, lógicamente, llevó al establecimiento de comités de huelga electos (en la práctica embriones de soviets)
Un informe en The Guardian (18/12/96) declaró que: "En un movimiento reminiscente de la creación de soviets de obreros y soldados que precedió a la revolución de 1917, han formado un ‘comité de salvación’ para coordinar las protestas y tomar la iniciativa sustituyendo a las ineficaces autoridades locales.
"‘Es tal y como dijo Lenin: si las autoridades no pueden gobernar de una manera nueva , y las masas no quieren vivir de la vieja manera, aparece una tercera fuerza’, dijo Valery Zuyev, de 42 años, un minero electricista que dirige el comité de salvación.
"El movimiento de los comités, que empezó en setiembre, se ha extendido a otras ciudades en la región del Kuzbass. Se han hecho llamamientos a la compra de armas y Moscú está preocupado. A diferencia de las huelgas de mineros y maestros impagados, los comités unen a trabajadores de todos los sectores. ‘Si te empujan a una esquina, si tus hijos tienen hambre, si no se respeta la constitución, lo único que nos queda es exigir que cambie el gobierno’ dijo Mr. Zuyev. ‘Y si no lo puedes conseguir pacíficamente, lo haces por la fuerza’".
Los obreros no los llamaron soviets, pero esto es lo que realmente eran. Este es un hecho de primer orden de importancia. Demuestra que las tradiciones del pasado revolucionario, a pesar de todo, están vivas en las mentes y corazones del proletariado ruso, que está buscando activamente una salida, confiando en su propia fuerza y sus propios métodos. Sin embargo, la victoria de la clase obrera requiere más que las condiciones objetivas favorables, fuerza en números o incluso la voluntad de las masas para luchar por un cambio en la sociedad. El factor subjetivo es indispensable. Sin la dirección de Lenin y Trotsky, la revolución de Octubre jamás hubiera ocurrido.
El problema con el que se enfrenta la clase obrera rusa, entonces, se puede resumir en una palabra - dirección. Hubo grandes huelgas y protestas de los trabajadores. Pero les faltó organización y dirección y sus metas eran confusas y contradictorias. Sin dirección del Partido Comunista, los sindicatos, o ningún lado, establecieron comités electos en Kuzbass y otras áreas. Pero la ausencia de dirección y la falta de programas o perspectivas, se volvió un fenómeno efímero.
El colapso
En 1997, el crecimiento económico de Rusia fue positivo por primera vez desde la formación de la Federación Rusa en 1991. Sin embargo, la situación aún era muy frágil. No se podía argumentar que en Rusia existía una economía de mercado funcional en ese momento. Seguramente, observadores occidentales se mantienen escépticos y sus miedos se incrementaron con los eventos de 1998. La crisis que inició en Asia y sacudió al mercado financiero mundial afectó a Rusia de inmediato. El 13 de agosto de 1998, la bolsa, el mercado de bonos y la moneda rusa colapsaron como resultado del miedo a la devaluación del rublo y la deuda doméstica. Los rendimientos anuales de los bonos en rublos incrementaron hasta 200%. Hubo caídas en picada en la bolsa.
A esto le siguió lo que se puede describir como una desintegración financiera y económica. En septiembre del mismo año el banco central de Rusia decidió permitirle al rublo flotar libremente. Se hundió como una piedra. El resultado inmediato de la depreciación drástica fue el aumento de los precios. La inflación llegó a 27.6% en 1998 y 85.7% en 1999. Como resultado del aumento en el precio de la comida, el disgusto social creció y la gente comenzó a demostrarlo en las calles de varias ciudades. En Noviembre, el Ministro de finanzas Mikhail Kasyanov declaró que el país seria capaz de pagar menos de 10 mil millones de dólares de su deuda externa de 17 mil millones. En las semanas siguientes, hubo una corrida en los bancos cuando los depositantes alarmados hicieron cola para retirar sus ahorros.
La economía rusa se contrajo 5.3% en 1998. El PIB per cápita alcanzó el nivel más bajo desde la formación de la Federación Rusa en 1991. El FMI estaba cargado de presión, presionando por movimiento más rápido en dirección al capitalismo, mientras intentaban exprimir a la gente de Rusia por pagos en efectivo. El 23 de junio, el gobierno le presentó a la cámara baja del Duma un plan anticrisis de emergencia para incrementar los impuestos, pero el El FMI se mantuvo implacable. Retuvo el pago del siguiente tramo de su préstamo para Rusia, diciendo que el gobierno no estaba haciendo lo suficiente para cobrar impuestos.
El gobierno ruso le pidió al FMI de 10 a 15 mil millones de dólares adicionales para evitar el colapso financiero, por lo tanto exponiendo al mundo entero su humillante dependencia al imperialismo y los banqueros occidentales. Por sus acciones, los banqueros estaban empujando a Rusia hacia el abismo. El resultado fue una conclusión olvidada. El 25 y 26 de agosto, el rublo cayó en picada, perdiendo 40% de su valor en comparación al marco alemán. El cambio de moneda tuvo que suspenderse.
En una declaración, EEUU dijo que Washington apreciaba la ‘dificultad’ de la situación que enfrentaba Rusia. Pero casi en la misma oración, el gobierno de los Estados Unidos llamó a Rusia a la acción para restaurar la confianza e implementar todas las reformas económicas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por tanto complicando la situación. En 1998, a lo largo de seis meses, la moneda perdió más de 70 por ciento de su valor. La inflación despegó, los ingresos se desplomaron, bancos y empresas alrededor del país colapsaron y los rusos se quedaron sin empleo.
La reestructuración de la deuda soberana tuvo lugar en 1999 y 2000. Un acuerdo del FMI de 4.5 mil millones de dólares estadounidenses concluyó en julio de 1999 para ayudar a Rusia a recuperar acceso al mercado financiero internacional. Sin embargo, las acusaciones de irregularidades en el sector bancario volvieron a tener un impacto negativo en el acceso al mercado financiero del país y los rendimientos de los bonos del gobierno se mantuvieron altos. Fue una catástrofe social y política sin precedentes y condujo a una reacción masiva contra el capitalismo.
El Factor subjetivo
No había nada inevitable sobre la victoria de la restauración capitalista, pero aquí el factor subjetivo jugó un papel dominante. Es un aplastante comentario sobre la degeneración de la casta dominante estalinista que, ochenta años después de octubre, prefirieron empujar la Unión Soviética de vuelta al capitalismo que devolverle el poder a la clase obrera. Yeltsin sintió confianza en el apoyo decisivo de la mayoría de la burocracia la cual estaba impaciente por tomar la propiedad de la gente. Detrás de esta facción estaba la fuerza del imperialismo global.
Es verdad que había profundas contradicciones dentro de la burocracia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky habló de las facciones de Butenko y Reiss dentro de la burocracia. A lo que se refería Trotsky era que dentro de los rangos de la burocracia, había todo un rango de tendencias, desde declarados contrarrevolucionarios como Butenko hasta Leninistas genuinos como Ignace Reiss. Trotsky también añadió que los primeros eran mucho más numerosos que los segundas, en especial en los rangos superiores.
Pero ni siquiera Trotsky pudo haber previsto los espantosos niveles de degeneración de la burocracia estalinista luego de décadas de asumir el poder. La prolongación del régimen burocrático de casi tres generaciones tuvo efectos profundos en todas las clases y niveles de la sociedad soviética. La degeneración de las capas superiores - ahora los nietos de los burócratas ‘nacidos en el morado’, como solían decir de los emperadores Bizantinos - iban más allá de lo que Trotsky, o nosotros, pudimos haber pensado.
Décadas de totalitarismo estalinista monstruoso había tenido el efecto de atrasar la consciencia. La exterminación física de los viejos Bolcheviques logró cortar el cordón umbilical que conecta a las nuevas generaciones con las tradiciones de la Revolución. Los mismos logros de la economía planeada trajeron consigo cambios en la composición del proletariado. Una gran parte de antiguos campesinos emigraron a las ciudades para ser absorbidos por el crecimiento de la industria. En general, esto significó un enorme refuerzo para la clase obrera. Sin embargo, la conciencia de la nueva generación de trabajadores soviéticos no era la misma de la generación de 1917. Su percepción de revolución y del socialismo y comunismo estaba teñida por la experiencia de la vida bajo el régimen estalinista.
La ausencia de un movimiento obrero independiente fue el factor decisivo que condiciona la situación desde entonces. Para Ted Grant esta situación era de esperarse. A él le costaba creer que no había quedado nada de las tradiciones del Bolchevismo-Leninismo en Rusia. Es imposible negar el hecho que la conciencia de las masas en Rusia fue empujada mucho más atrás por la pesadilla del régimen totalitario. Aun entre los mineros en ese entonces, entre sus líderes en particular, habían ilusiones en el capitalismo. Algunos de los dirigentes de los mineros imaginaban que les ayudaría a vender su carbón al mercado mundial. Aún no habían gozado las alegrías de la economía de mercado.
Sin embargo, es completamente falso decir que la demanda por el regreso del capitalismo vino de la clase obrera. Al contrario, a lo largo de este periodo hubo un creciente descontento en la población ante la economía de mercado. El movimiento en contra del capitalismo se estaba volviendo más fuerte, incluso antes del colapso de 1998. El descontento se reflejaba en encuestas de opinión y en las protestas de la clase obrera. Las encuestas demostraban una gran mayoría en contra de la economía de mercado. Como hemos visto, una encuesta de opinión en 1994 vio que el apoyo a las reformas cayó de 40 a 35 por ciento cinco años más tarde. La misma encuesta encontró que la mayoría cree que la privatización era “robo legalizado para el beneficio de la nomenclatura y criminales”. Otra encuesta de opinión conducida por la Fundación Internacional de Sistemas Electorales de EE.UU. en 1995 encontró que tres cuartos estaban profundamente insatisfechos con la situación. Solo el veinte por ciento pensaba que la economía mejoraría en los próximos dos o tres años. Y significativamente, más de la mitad querían restablecer el control del estado sobre la economía. (Fuente: Financial Times, 29/11/95.)
Tres meses antes, una encuesta por el Centro de Opinión Pública en Rusia y la Universidad de Strathclyde reproducido en el Financial Times (17/8/95), reveló que dos tercios pensaban positivamente del periodo pre-perestroika, comparado con solo 50 por ciento en 1992. Un tercio quería volver al régimen estalinista, mientras que el diez por ciento dijo que regresar al zarismo sería mejor. En una encuesta Rusa publicada en Segodnya (24/1/97), cuarenta y ocho por ciento de los encuestados estaban de acuerdo o estaban inclinados a estar de acuerdo con la proposición que el “socialismo es preferible que el capitalismo para el sistema ruso.”
Aquellos en desacuerdo, un veintisiete por ciento, mientras el resto tomó una posición intermedia. Cuarenta y tres por ciento estaban de acuerdo o inclinados a estar de acuerdo con que la economía de Rusia debería desarrollarse principalmente basada en el estado, no en la propiedad privada, mientras diecinueve por ciento tomaron la posición opuesta.
Tras experiencias similares en Lituania, Ucrania, Polonia, Hungría, Rumania y Alemania Oriental, en diciembre de 1995 las elecciones de Duma en Rusia, los partidos que apoyaban reformas fueron humillados. Fue un enorme triunfo para el Partido Comunista y sus aliados, posicionando a los nacionalistas en segundo lugar.
Pero el colapso económico de 1998 había creado un cambio cualitativo en la mentalidad de millones de personas. Muchas capas anteriormente privilegiadas que se habían beneficiado inicialmente del crecimiento de la economía de mercado ahora se encuentran sin empleo y sin perspectivas. Hubo una reacción furiosa en contra del capitalismo de parte de la clase media. El campo no pudo haber sido más favorable para advocar por políticas anticapitalistas.
El papel del ‘Partido Comunista’
Si hubo un momento para que el Partido Comunista detuviera el movimiento hacia el capitalismo fue este. La clase obrera se estaba recuperando rápidamente de la desorientación y el trauma que causó el colapso del estalinismo y el movimiento en dirección al capitalismo. Estaba sacando sus propias conclusiones del tenebroso colapso de la economía, estándares de vida y la cultura que había como resultado. En este caso, los estalinistas jugaron un papel criminal. En comparación con el comportamiento de los estalinistas rusos, la traición de los líderes Social-Democratas de 1914 era juego de niños.
Si hubiera existido un partido bolchevique genuino, hubieran estado en la víspera de tomar el poder. Pero no había tal partido. Luego de incesantes purgas, el contenido del partido comunista antiguo se había transformado al punto en que no tenía nada en común con el partido Bolchevique más que el nombre. No era un partido en absoluto, sino un organismo del estado compuesto de 19 millones de miembros, quienes entre ellos había una honesta capa de obreros sin duda, pero la mayoría consistía de un ejército de oportunistas, ladrones y chiflados de todo tipo. Esto no tenía nada en común con el partido de Lenin y Trotsky, el cual fue destruido en las purgas.
El proceso de convertir el partido en una herramienta burocrática empezó tras la muerte de Lenin, como resalta Edward Crankshaw:
Inmediatamente tras la muerte de Lenin se aceleró este proceso. En este proceso la construcción de su propia posición y llenar el partido con quienes contar, Stalin, como Primer Secretario y en el puño de Trotsky, proclamó la llamada inscripción Lenin. Esto fue una inscripción en masa de nuevos miembros para inundar los oponentes de Stalin. Entonces, en el doceavo congreso del partido en 1923 la membresía era de 386,000; un año más tarde, en el treceavo congreso, había subido a 735,881. Para 1929, con Stalin supremo y preparándose para liquidar a sus colegas mayores, esta figura se había duplicado: había 1,551,288 miembros del Partido.
El siguiente acontecimiento fue un cambio muy sorprendente en la composición de los miembros. Entre 1930 y 1934 el Partido dejó de ser una organización obrera.En 1930 los trabajadores reales constituían casi el 49 por ciento de la membresía; en 1934 esta proporción, como se refirió en el Congreso del Partido, había disminuido al 9,3 por ciento. De la mano de esto fue el monopolio virtual del Partido por la clase patronal en ascenso. Entonces, en 1923 sólo el 23 por ciento de todos los directores de fábricas de la Unión Soviética eran miembros del Partido. En 1936, la cifra estaba cerca del 100 por ciento. Y así continuó hasta que, en el año de la invasión alemana de Rusia, había casi tres millones de miembros del Partido, la mayoría de ellos dedicados a la administración de uno u otro tipo. (Edward Crankshaw, op. cit., pp. 63-4.)
Y el autor concluye correctamente:
Cuando recordamos que el viejo Partido casi había sido aniquilado por Stalin durante los años de la purga a mediados de los años treinta, los funcionarios del Partido fueron utilizados regular y deliberadamente como chivos expiatorios de los errores y excesos de la dirección superior, está claro que el Partido de la posguerra era muy diferente del cuerpo a través del cual Stalin subió a la supremacía y no tenía el más leve parecido con el Partido original de Lenin. (Ibid., p. 64, mi énfasis.)
El PCUS era una red gigantesca de clientelismo y un brazo del estado. El Partido era responsable de la designación de 600,000 puestos clave y un millón de puestos de reserva adicionales en el estado y la industria. La membresía del Partido era un camino necesario para una carrera exitosa. En los primeros días de la Unión Soviética, el acceso a posiciones prominentes en el estado todavía estaba abierto a los hijos talentosos de las familias de la clase trabajadora. Esta fue una gran diferencia con Occidente. Pero a medida que pasaba el tiempo, este fue cada vez menos el caso. Los mejores trabajos estaban reservados a los hijos de los burócratas. Un síntoma de la decadencia senil del estalinismo, una especie de arteriosclerosis progresiva. En la cima estaba la élite soviética, cada vez más divorciada de la realidad de la vida de la clase obrera en la sociedad.
Estos elementos se mantuvieron unidos, no por convicción o ideología, sino por el vínculo del Partido con la bolsa de alimentación del Estado. Una vez que este eslabón fue destruido, se desintegró de la noche a la mañana. Como brazo político de la burocracia, fue destrozado por estos acontecimientos. Bandas enteras de "comunistas" desertaron del Partido para formar grupos abiertamente burgueses o nacionalistas, mientras las ratas pululaban en un barco que se hundía.
El PCRF, que había surgido de los escombros del PCUS, estaba en una posición fuerte para dar una ventaja, pero esa ventaja nunca llegó y nunca podría venir de la boca de personas que hace mucho tiempo habían abandonado cualquier concepción de la lucha por el socialismo. A pesar de sus enormes recursos, el PCFR, en el momento de la verdad, fue incapaz de conectarse con una amplia capa de la población, que estaba buscando una alternativa socialista democrática genuina. Su política consistía en maniobras e intrigas en los "corredores del poder" para formar un gobierno de coalición con los representantes de la oligarquía. A pesar de todo, el PCFR aún conservaba una base poderosa, como señalaron Kolganov y Buzgalin:
Con sus 500.000 miembros, el PCRF era el partido político más grande de Rusia. Pero como demostró la campaña electoral, el burocratismo del partido, junto con su orientación hacia la "gente del pasado" y los burócratas de mente pragmática insatisfechos con Yeltsin, lo convirtieron en una organización débil, incapaz de idear ninguna respuesta efectiva a la propaganda y los "trucos sucios" de las autoridades. En circunstancias en que los medios de comunicación estaban monopolizados por Yeltsin, la idea de llevar a cabo la agitación "de puerta en puerta" no era en sí mala, pero los miembros del PCRF no pudieron implementarla en la práctica. No tenían idea de cómo realizar tal trabajo, y no podían encontrar un camino hacia los corazones de la gente, excepto los corazones de las personas que ya estaban inclinadas a apoyar a Zyuganov. La experiencia de las elecciones demostró que Zyuganov no tiene nada que se parezca ni remotamente a una ‘Guardia de Lenin’.
Las fortalezas, incluyendo su tamaño masivo y la presencia dentro de su membresía de cuadros experimentados y probados del Partido Comunista Soviético, se convirtieron en debilidades. El rango disciplinado y los "guerreros de partido" resultaron ser de poca utilidad en las condiciones de un sistema multipartidista marcado por la lucha entre varias ideologías e intereses. Mientras tanto, los cuadros experimentados sólo tenían experiencia de doblegamiento burocrático, no de trabajo de propaganda política.
Eso fue un eufemismo. Aunque había elementos en la dirección del Partido Comunista Soviético que estaban a favor de un "regreso a Lenin", el "ala Reiss" era tan pequeña que era prácticamente insignificante. No jugó ningún papel en los acontecimientos decisivos que condujeron al colapso de la Unión Soviética. El ala estalinista que quería mantener el viejo sistema – un sistema que estaba colapsando manifiestamente – se mostró débil, indeciso y completamente en bancarrota frente a la embestida del ala pro-capitalista.
La verdad es que el PCFR era un partido comunista sólo de nombre. Zyuganov no tuvo ninguna disputa con la economía de mercado. No quería volver al viejo sistema de burocracia planificada, porque sabía que no podía mantener la línea. Los trabajadores inevitablemente, cuestionarían los privilegios de la burocracia y se movilizan para tomar el control.
Si el PCFR hubiera seguido algo parecido a una verdadera política leninista, toda la perspectiva habría sido diferente. Pero la dirección del CPRF fracasó en organizar una oposición seria porque no querían hacer nada que despertara a los trabajadores fuera del parlamento. Después de décadas de métodos totalitarios y burocráticos, los dirigentes del Partido no tenían idea de cómo atraer a las masas, incluso si lo hubieran deseado. Y no quisieron hacerlo.
Como los líderes de los PC alrededor del mundo ‘explicaron’ el colapso de la URSS
La Tercera Internacional (Comunista) que llegó a ser una fuerza poderosa, fue disuelta por Stalin en 1943 en un gesto de buena voluntad hacia los imperialistas !Gorbachov incluso sugirió que debería de haber celebraciones conjuntas entre el Partido "Comunista" Soviético y los socialdemócratas de Alemania Occidental para celebrar el aniversario de la Segunda Internacional! Esto significaba que la burocracia rusa consideraba que ya no había diferencias entre ella y los partidos reformistas de occidente. Evidentemente, para ellos, todo lo que Lenin había dicho y escrito era absurdo, ¡y toda la historia del movimiento comunista desde 1914 era el resultado de un pequeño malentendido! En eso acabaron décadas de abandono de las ideas del marxismo por parte de los estalinistas.
Después de décadas de políticas oportunistas, y con las enormes presiones del capitalismo en el auge de la posguerra, el proceso de degeneración nacionalista y reformista de los Partidos Comunistas se había completado. Se convirtieron simplemente en otra organización reformista. Al romper con Moscú se vieron cada vez más bajo la presión de su propia clase capitalista y la opinión pública burguesa. Este es el auténtico significado del llamado eurocomunismo. Con la caída del estalinismo después de 1989 este proceso se ha intensificado cada vez más. Como consecuencia, el Partido Comunista en Bélgica, Gran Bretaña y Noruega ha colapsado prácticamente. En Gran Bretaña, el antiguo "teórico" del Partido Comunista ha capitulado completamente al capitalismo y está más a la derecha que la izquierda laborista. La bancarrota ideológica del PC quedó resumida por Chris Myant, secretario internacional del PC británico (CPGB), cuando declaró que la Revolución de Octubre fue un "error de proporciones históricas". El Partido Comunista británico ha acabado en un fiasco completo, escindido en cuatro pequeños grupos. El Partido Comunista español, que podía haber tomado el poder en 1976-77, ha quedado reducido a una sombra de sí mismo.
Desde el colapso del estalinismo, que provocó una crisis internacional en los partidos comunistas, la mayor parte de ellos se han pasado abierta y formalmente al reformismo eliminando el comunismo de sus nombres y objetivos. Pero esto fue sólo un reconocimiento de lo que ya había sucedido mucho tiempo atrás. En ese sentido se han convertido en partidos reformistas poco diferentes de los partidos reformistas de la Segunda Internacional. Son lo que Lenin llamó partidos socialpatriotas. Muchos de sus dirigentes han degenerado completamente y no tienen ninguna intención de ir hacia la revolución socialista—aunque la mayor parte de su militancia de base tiene un actitud totalmente diferente
Con la caída del estalinismo luego de 1898, este proceso se intensificó. El colapso del estalinismo le envió olas de choque a los rangos de los Partidos Comunistas, causando descontento, cuestionamiento y discusiones. Naturalmente, el ala estalinista del movimiento obrero escondió deliberadamente durante décadas la auténtica situación en Rusia, escondiéndose detrás de frases mendaces sobre la supuesta "construcción del socialismo".
Esta misma gente imprimían sin comentario muchos de los crímenes de la burocracia revelados en la prensa soviética. Durante décadas mintieron y engañaron a la base de sus partidos, en las cuales se contaban una gran cantidad de los luchadores de clase más combativos y valientes. Sus dirigentes abusaron vergonzosamente de su comprensible lealtad a la Revolución de Octubre y a la URSS. Ahora, estos dirigentes, los que quedan de ellos, se mantienen un silencio cadavérico sobre su propio papel.
Las preguntas y protestas de la base se quedan sin respuesta. En realidad, los dirigentes de los PCs. no tienen respuesta. Habiendo abandonado el marxismo y el leninismo hace décadas, ahora también han abandonado el estalinismo, cuyos crímenes defendieron entusiásticamente, pero sólo para pasarse al reformismo y a la socialdemocracia. En muchos casos incluso han abandonado el nombre de comunismo totalmente, argumentando que está desacreditado. En realidad no es el comunismo el que ha quedado desacreditado, sino una caricatura monstruosa llamada estalinismo. Y estos mismos dirigentes son los responsables de haber ensuciado la bandera de Octubre. Este es un crimen que no se puede olvidar ni perdonar.
Es realmente sorprendente que las publicaciones de los partidos comunistas, incluso hoy en día, sigan describiendo los regímenes estalinistas en Rusia y Europa del Este como "socialismo" o "socialismo real". En otras palabras, no han aprendido nada sobre el auténtico carácter de estos regímenes. Mostrando la confusión más increíble, hablan de la necesidad de "más democracia"—¡como su fuera posible mezclar democracia y totalitarismo! Este tipo de declaración demuestra que no tienen la más mínima idea del carácter del problema. No han entendido el hecho elemental de que los regímenes totalitarios en estos países iban de la mano necesariamente con el dominio de una casta burocrática privilegiada, y eran absolutamente necesarios para mantener su dominación.
Vamos a reproducir algunas declaraciones escogidas al azar de declaraciones recientes de Congresos y Comités Centrales de diferentes Partidos Comunistas (el énfasis es mío):
Partido Comunista de la India:
"Los reveses sufridos por el socialismo en la Unión Soviética y anteriormente en Europa del Este han alterado el equilibrio mundial de fuerzas en favor del imperialismo por ahora. El proceso de restauración del capitalismo en los países de Europa del Este, el curso de desmantelamiento del socialismo en la Unión Soviética y la ruptura de la URSS en su antigua forma van acompañadas de una nueva ofensiva imperialista. Esto tiene repercusiones graves para los países socialistas y el movimiento comunista (...)". (Declaración del Partido Comunista de la India (Marxista). de Documents of the 14th Congress of the CPI(M), Madras, 3-9 de enero 1992)
Partido Comunista Francés:
"Aunque las fuerzas imperialistas están utilizando las convulsiones en la URSS y otros países socialistas de Europa para su beneficio, intentando reforzar la dominación política y militar sobre el resto del mundo (...) El Partido Comunista de Francia ha expresado su divergencia fundamental con el concepto de socialismo que predominaba en la URSS, y ha sacado las lecciones para sí mismo de esta experiencia poco feliz, la crisis y los retrocesos que se han dado". (Declaración del CC del PCF, enero 1992)
Partido Comunista de Sri Lanka:
"Ese es especialmente el caso a la vista del retroceso importante que el socialismo ha sufrido en la Unión Soviética y Europa del Este. El equilibrio de fuerzas a nivel mundial ha cambiado a favor del imperialismo. Estos acontecimientos tienen consecuencias adversas sobre los demás países socialistas y para las fuerzas de la paz y la democracia, especialmente en los países del tercer mundo". (Declaración del CC, enero 1992)
Partido Comunista Portugués:
"En la nueva situación internacional marcada por el desmantelamiento de la URSS, después del colapso de los estados socialistas de Europa central y del Este, nuevas dificultades se presentarán para los comunistas y otros revolucionarios en su lucha por el progreso social y el socialismo". (CC del PCP, enero de 1992)
Esta es la condena por décadas de oportunismo. Los dirigentes son incapaces de explicar el colapso del estalinismo a sus miembros. Hasta el día de hoy esperamos una explicación de esta gente de lo que pasó en Rusia y por qué. Durante décadas pusieron a la Unión Soviética por las nubes y negaron indignamente los crímenes del estalinismo. Ahora pasan en silencio sobre este tema.
¿Simplemente un malentendido?
Algunos de ellos por lo menos hacen un intento de explicar las cosas. Así, el fallecido Joe Slovo, que fue secretario general del Partido Comunista Sudafricano (SACP) hasta su muerte, escribió en un folleto:
"El dirigismo y los métodos burocrática que se enraizaron en la época de Stalin afectaron a los Partidos Comunistas en todo el mundo, incluyendo el nuestro. No podemos librarnos de nuestra parte de la responsabilidad por extender el culto a la personalidad y la adopción mecánica de la política interior y exterior soviética, parte de la cual desacreditó la causa del socialismo". (Joe Slovo, Has Socialism Failed?, p. 24 (1990) énfasis en el original)
El folleto de Joe Slovo está escrito en respuesta al "dramático colapso de la mayor parte de los gobiernos de los Partidos Comunistas de Europa del Este" en 1989. Su caída, admite, "fue provocada por levantamientos masivos que tenían no sólo el apoyo de la mayoría de la clase obrera sino también de gran parte de la militancia de los propios partidos gobernantes. Estas fueron revueltas populares contra regímenes impopulares; si los socialistas no son capaces de enfrentarse a esta realidad, el futuro del socialismo es de hecho sombrío". (Ibid., p. 1) En este punto por lo menos podemos estar de acuerdo con el camarada Slovo. Pero la cuestión es: ¿cómo fue posible que después de décadas de este "socialismo" la mayoría de la clase obrera se viese implicada en revueltas populares (en las palabras del propio Joe Slovo) contra el régimen? Algo iba mal claramente. Pero, ¿qué?
Joe Slovo nos dice que "el dirigismo y los métodos burocrática que se enraizaron en la época de Stalin", pero ¿de dónde venían estos "métodos"? ¿Qué reflejaban? ¿Qué intereses de clase representaban? Para estas cuestiones no hay respuesta. Tampoco se nos da ninguna razón por la cual este terrible fenómeno que apareció misteriosamente "en la época de Stalin" tendría que haber continuado existiendo durante décadas después de la muerte de Stalin, y llegó hasta el punto en que llevó a "revueltas populares" apoyadas por la mayoría de la clase obrera. Estos acontecimientos no se pueden considerar pequeñas desviaciones insignificantes ("manchas en el sol" como alguien dijo) sino que tienen que ser el producto de diferencias de intereses profundas e irreconciliables entre diferentes grupos sociales. ¿Qué grupos? De nuevo nos quedamos sin respuesta.
Slovo declara que: "las distorsiones fundamentales que existen en la práctica del socialismo real no se pueden trazar hasta los principios esenciales de la ciencia del marxismo revolucionario. Si buscamos culpables, tenemos que mirarnos a nosotros mismos y no a los fundadores del marxismo". Sin embargo, en todo el panfleto persiste en describir estos regímenes como "socialistas".
Estas líneas son una mejora sobre la posición anterior que la dirección del SACP había mantenido durante décadas que, al igual que la de otros Partidos Comunistas internacionalmente, era de apoyo acrítico hacia la burocracia rusa. Por ejemplo, recordemos el informe de Yusuf Dadoo (presidente nacional) y Moses Mabhida (secretario general) del SACP de su visita al 26 Congreso del PCUS en 1981:
"La sala del congreso estaba repleta de delegados que, con su trabajo honesto por el bien común, se habían ganado merecidamente los más altos honores y distinciones con las que el PCUS y el gobierno soviético podía honrarles. Estos delegados no eran teóricos de sofá. Eran la vida y la sangre del heroico pueblo soviético (...)
"Aquí estaban los herederos de los grandes bolcheviques, igual de fervientes en su compromiso para crear una vida mejor, no sólo para su propio pueblo, sino para toda la humanidad. Ningún otro partido ha producido comunistas tan entregados, devotos y disciplinados, luchadores tan tenaces por la paz, la libertad y el socialismo". (African Communist, 3rd Quarter, 1981, p. 48, énfasis mío)
Como hemos visto, ya en este momento la burocracia había dejado de jugar un papel progresista. Había problemas económicos. La corrupción de la burocracia era de conocimiento general. Sin embargo estos delegados fraternales no vieron nada, no oyeron nada y no sabían nada. Como nos dice Joe Slovo, ya se estaban poniendo las condiciones para crisis sociales masivas—¡incluyendo revueltas populares!
De vez en cuando los dirigentes del Partido Comunista criticaban a la "burocracia" de los antiguos regímenes de Europa del Este y Rusia, pero su propia crítica nos demuestra que no saben lo que es la burocracia. La confunden con el simple papeleo—es decir, la manifestación más trivial y superficial de la burocracia—cuando en realidad era una monstruosa casta dirigente de funcionarios privilegiados, implicados en el saqueo del estado, que se imponía despóticamente sobre la clase obrera. Una casta dominante de este tipo necesita un régimen totalitario opresivo, con una policía secreta y la negación completa de los derechos de los obreros, y no puede existir bajo ninguna otra base.
"En algunos casos", escribe Slovo, "las deformaciones experimentadas por los estados de socialismo real eran el resultado de distorsiones burocráticas que se racionalizaban en el nivel ideológico mediante una invocación mecánica y fuera de contexto del dogma marxista (...) en otros casos eran el resultado de una trágica mala aplicación, pero con buena intención, de la teoría socialista en las nuevas realidades que no habían sido previstas por los fundadores del marxismo". (Slovo, op. cit., mi énfasis)
¡Así que eso es todo! Todo fue un error trágico, fruto de un pequeño malentendido por gente sincera pero equivocada. No es por casualidad que ninguno de estos partidos haya propuesto una vuelta a Lenin. El mismo Lenin que elaboró las famosas cuatro condiciones que son la precondición necesaria, no para el comunismo o el socialismo, sino para el estadio inicial del poder obrero—es decir, un estado obrero sano desde su inicio. Tampoco han entendido la relación causal entre la degeneración burocrática de la revolución rusa y la teoría del socialismo en un sólo país, que siguen aceptando. Todavía no han entendido que esta idea era una expresión de los intereses de la burocracia, no de la clase obrera.
La postura falsa de los dirigentes oficiales de los Partidos Comunistas en relación al estalinismo es sólo la otra cara de la moneda de su abandono del marxismo y su actitud hacia el capitalismo y el estado burgués, y todo lo que fluye de ello. Una cosa se deriva de la otra. Habiendo aceptado acríticamente en el pasado todos los crímenes del régimen estalinista, con el colapso del estalinismo, han abandonado el camino revolucionario completamente. Este es por lo menos el caso de la mayoría de los viejos dirigentes.
La humillación de Rusia
Después de la caída de la URSS, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia del mundo. Con inmenso poder vino la inmensa arrogancia. Se suponía que la "doctrina Bush" iba arrogarse a los Estados Unidos del derecho a intervenir en cualquier parte del mundo, a interferir en los asuntos internos de Estados supuestamente soberanos, a espiar, a derribar gobiernos, a bombardear, a asesinar y, si fuera necesario, a invadir impunemente. El colapso de la Unión Soviética permitió que el imperialismo estadounidense interviniera en lo que antes eran esferas de influencia soviéticas. Trajeron a Polonia y otros estados de Europa del Este y del Báltico a la OTAN y luego fijaron sus miras en las antiguas Repúblicas de la Unión Soviética.
El imperialismo norteamericano lo aprovechó para comenzar a apoderarse de los Balcanes, Yugoslavia e Irak -ex esferas de interés soviéticas- que no se habrían atrevido a tocar en el pasado. La desintegración de Yugoslavia y el bombardeo de Serbia contribuyeron a la sensación de que Rusia estaba rodeada y sitiada. Junto con el colapso económico y el empobrecimiento general, esto produjo una profunda sensación de humillación nacional.
Moscú fue invadida por un ejército de empresarios extranjeros, especuladores y escoria humana similar. Estas personas actuaban como si fueran dueños del lugar, lo que en parte hicieron. El gobierno de Yeltsin consistía en los agentes locales del imperialismo, ansiosos de lamer las botas de sus pagadores extranjeros. Al colapso económico y a la pobreza insoportable se añadió una sensación aún más insoportable de humillación nacional. Un pueblo orgulloso que había trabajado y sacrificado para construir la Unión Soviética la encontró gobernada por un payaso borracho y una pandilla de ladrones en los bolsillos de los banqueros extranjeros.
Tanto el estalinismo como el capitalismo fracasaron por completo en resolver la cuestión nacional en Rusia y la antigua Unión Soviética. Sólo garantizando la igualdad de derechos a todos los pueblos podrá establecerse una unión fraterna duradera. Pero esto es imposible bajo el estalinismo o el capitalismo. Sólo un retorno a la democracia obrera ofrece una salida para la clase obrera y las nacionalidades oprimidas. Ese régimen volvería a la política de Lenin de emancipación nacional y relaciones fraternales entre los pueblos, con todos los derechos para las minorías nacionales.
La Revolución de Octubre dio grandes pasos adelante en el tratamiento de la cuestión nacional, que como señaló Lenin, en última instancia, es una cuestión de pan. Sobre la base del desarrollo de las fuerzas productivas y de la sociedad que avanzaba, la cuestión nacional retrocedió. Fue esta política la que impidió la desintegración de Rusia después de la Revolución de Octubre, pero Stalin la traicionó cínicamente. Dentro de las fronteras de la URSS había 15 repúblicas, con 100 nacionalidades y 400 grupos étnicos. Sesenta millones de personas viven en repúblicas distintas de las de su origen étnico.
El régimen estalinista se inclinó fuertemente hacia el chovinismo del Gran Ruso, pero se vio obligado a hablar de boca en boca del internacionalismo proletario. La oligarquía capitalista que la reemplazó no está limitada por ninguna de estas consideraciones. No disfraza sus objetivos reaccionarios, sino que abraza abiertamente el nacionalismo ruso en sus formas más repulsivas. El chauvinismo, la Iglesia Ortodoxa, el antisemitismo, el racismo y la brutal opresión de pequeñas naciones como Chechenia son sus acciones en el comercio. Su política es una mezcla sucia de los peores rasgos del estalinismo y el zarismo, mezclados con el veneno de la demagogia de los Cien Negros.
La desintegración de la URSS no benefició a ninguno de los pueblos. La vinculación de las economías de las Repúblicas tiene sentido y redunda en interés de todos los pueblos. Por el contrario, la ruptura de la Unión, y el loco intento de cortar los lazos económicos naturales entre las Repúblicas, tuvo resultados catastróficos. Por consiguiente, los nuevos Estados independientes dependían en gran medida del comercio con Rusia. Rusia puede dominar fácilmente a los otros estados utilizando su fuerza económica, particularmente el suministro de petróleo y gas. Si eso falla, puede utilizar su poderoso ejército, como pronto descubrieron Georgia y Ucrania.
Hace dos décadas Ted Grant escribió:
En el caso del restablecimiento del capitalismo en Rusia, veríamos el surgimiento de una feroz potencia imperialista. Rusia no puede ser democrática y capitalista al mismo tiempo. Una dictadura militar en Rusia inevitablemente se embarcaría en una política agresiva de expansión, en las líneas del zarismo en el pasado. Aparte de Ucrania, que también podría terminar bajo el dominio de una dictadura militar, la "independencia" de los antiguos estados de la CEI sería en gran medida ficticia. Inevitablemente caerían bajo el control del imperialismo ruso, por un medio u otro. (Ted Grant, Rusia de la revolución a la contrarrevolución, págs. 408-9)
Sin embargo, esto es precisamente lo que ha ocurrido. Contrariamente al estúpido argumento de que la Rusia capitalista sería un país semicolonial débil dominado por Occidente -una opinión que Ted rechazó enérgicamente desde el principio- Rusia se ha convertido en un poderoso competidor imperialista de los Estados Unidos. La política de Yeltsin de subordinar servilmente a Rusia a Estados Unidos ha sido reemplazada por una política exterior agresiva bajo Putin, que se ha movido para reafirmar el control de Rusia sobre todas las antiguas Repúblicas de la Unión Soviética. Ya nadie habla de la hermandad de las naciones y del derecho a la libre determinación.
El movimiento hacia el capitalismo en la ex Unión Soviética invirtió la cuestión nacional con dimensiones explosivas, lo que sumió a una región tras otra en un caos sangriento. Todo el horror de la situación se puso de manifiesto en el siguiente informe:
Casi 9 millones de personas se han movido dentro o entre los 12 países de la Comunidad de Estados Independientes de la ex Unión Soviética desde 1989 en lo que un informe publicado hoy describe como "los movimientos de población más grandes, más complejos y potencialmente más desestabilizadores" en cualquier región desde la Segunda Guerra Mundial. 1 de cada 30 de la población total de la CEI se ha visto afectada por esta migración mayormente involuntaria y continua, dice el informe. En las 1ª repúblicas de Asia central, 1 de cada 12 habitantes se ha trasladado desde 1989.
…Cerca de 3 millones de personas tienen siete distritos rojos en los países de la CEI desde 1988, cuando Armenia y Azerbaiyán entraron en guerra por el enclave de Nagorno-Karabaj. El último conflicto, en la región separatista de Chechenia, ha desplazado a unas 500.000 personas. La desintegración de la Unión Soviética en 15 estados separados dejó entre 54 millones y 64 millones de personas -un tercio de la población total de la CEI- fuera de sus territorios "de origen". Más de 3 millones de estas personas han "regresado", en su mayoría a Rusia. Entre 1936 y 1952, Stalin deportó a más de 3 millones de personas, incluyendo a
creadas. Entre ellos había alemanes del Volga, tártaros de Crimea y mesjetianos de Georgia. (Financial Times, 23/5/96.)
El Cáucaso es un área vital para Rusia por razones tanto económicas como estratégicas. La camarilla gobernante chechena bajo el difunto general Dudayev se aprovechó de la confusión general tras la disolución de la URSS en 1991 para tomar el control y declarar la independencia. Estaba claro desde el principio que Moscú nunca permitiría esto.
Con el pretexto de una amenaza a la unidad de Rusia, Yeltsin ordenó la invasión de la república chechena para derrocar al "régimen gángster" de Dudayev. Sin duda, el régimen de Dudayev estaba muy involucrado en el tráfico de drogas y en el comercio ilegal de armas, además de tener vínculos con la Mafia en Rusia. Pero eso nunca afectó la perspectiva de Yeltsin en el pasado. Sin embargo, los rusos obtuvieron más de lo que esperaban en Chechenia. Los chechenos resistieron y Yeltsin se vio empantanado en una sangrienta guerra de guerrillas.
La humillación del ejército ruso en Chechenia es un indicio sorprendente del grado de caos y desmoralización que afecta a las fuerzas armadas. Un artículo en The Sunday Times (14/4/96) pintó una imagen asombrosa de un ejército en un estado de virtual desintegración, con las tropas al borde del motín:
La desesperación de los padres rusos y de sus hijos por eludir el reclutamiento sólo se compensa con la determinación de los centros de reclutamiento de cumplir sus cuotas. Necesitan entregar 200.000 hombres para finales de junio... Kovtun estimó que alrededor del 60 por ciento de los reclutas potenciales que ve, padecen enfermedades crónicas, muchas de ellas trastornos psicológicos y nerviosos, que los hacen unidos para el servicio militar. "Lo peor es que muchos de los padres de niños enfermos se niegan a que sus hijos reciban tratamiento", dijo Kovtun.
En ese momento, Ted Grant escribió:
Yeltsin se vio obligado a retirar el ejército ruso de Chechenia e intentó llegar a algún tipo de compromiso. Esta retirada fue el resultado de la debilidad del esfuerzo militar ruso en Chechenia, y la resistencia obstinada de los chechenos. Pero no se trata de que Moscú permita la verdadera independencia de Chechenia […]
En vista de la enorme importancia económica y estratégica de la región para Rusia, los generales nunca podrían permitir que esto suceda. Esto significa que el conflicto es inevitable en el futuro y la opinión pública rusa puede ser manipulada fácilmente provocando un incidente en el que los ciudadanos rusos son atacados. Este método se utilizará no sólo en Chechenia, sino también en otras Repúblicas si Moscú lo considera necesario. (Ted Grant, op. cit. p. 410-11)
¡Y eso es exactamente lo que pasó!
El ascenso de Putin al Poder
Después del colapso económico de agosto de 1998, la situación en Rusia fue realmente sombría. Las grandes esperanzas de los reformadores del mercado han sido frustradas. La extrema impopularidad del capitalismo se vio parcialmente reflejada en un gran aumento del apoyo al PCRF, pero las políticas pro-capitalistas de Zyuganov y los líderes del PCRF rápidamente condujeron al desencanto. Las huelgas y manifestaciones que sacudieron al gobierno en la primera mitad de 1998 dieron paso a una asidua aquiescencia. El régimen estaba en un estado de completa postración, pero los trabajadores no podían ver otra alternativa.
En septiembre de 1999, una serie de devastadores bombardeos en distritos de la clase obrera de Moscú y otras ciudades rusas mataron a trescientas personas e hirieron a cientos de otras. Los bombardeos fueron atribuidos a los rebeldes chechenos y utilizados como pretexto para una sangrienta segunda guerra contra Chechenia, una república de la Federación Rusa. También fueron cruciales para promover la toma de la presidencia rusa por Vladimir Putin como sucesor ungido de Yeltsin.
No cabe duda de que estas atrocidades sangrientas fueron obra de elementos del régimen o de las propias fuerzas de seguridad del Estado, o de cualquier otra combinación de los mismos elementos. La matanza de personas inocentes causó una ola de furia que fue hábilmente manipulada por los medios de comunicación y el gobierno para azuzar la fiebre de la guerra. Esta no es la primera vez en la historia de Rusia que un régimen en crisis ha intentado salvarse a sí mismo a través de una "pequeña guerra victoriosa".
Pero nada podía salvar al régimen. En la primavera de 1999, la salud de Boris de Yeltsin – un alcohólico crónico – estaba disminuyendo rápidamente. Su popularidad había disminuido aún más rápidamente y había una fuerte posibilidad de que su frente político Yedinstvo (‘Unidad’) perdiera las elecciones parlamentarias y presidenciales. Su séquito (incluyendo su hija Tatyana Dyachenko, el consejero de Yeltsin Valentín Yumashev – que más tarde se casó con Tatyana – el oligarca Boris Berezovsky, y Aleksandr Voloshin, jefe de la administración presidencial) estaba en crisis. Yeltsin y sus dos hijas fueron acusadas de acumular grandes cantidades de dinero en cuentas bancarias secretas en el extranjero a través de transacciones ilegales con una empresa de construcción suiza llamada Mabetex. Berezovsky estaba bajo investigación por malversación de fondos cuando dirigía Aeroflot.
Finalmente, el régimen de Yeltsin cayó como una manzana sobremadurada llena de gusanos. Yeltsin fue persuadido a renunciar a favor de Vladimir Putin, un ex jefe de la KGB (ahora renombrado FSB) a cambio de inmunidad de cargos de corrupción y una jubilación más que cómoda. El domingo 7 de mayo, Putin fue investido Presidente de Rusia con toda la pompa y ceremonia de un zar. No faltaba nada: un saludo de veintiún pistolas, soldados pisando gansos con uniformes que parecían haber sido prestados de un musical de Hollywood, e incluso el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
El contraste entre el recién llegado afilado, enérgico y (relativamente) coherente y el viejo alcohólico torpe que reemplazó difícilmente podría ser mayor. Por el momento, además, Putin disfrutó del lujo de ser una cantidad desconocida. Los medios de comunicación – ahora en manos de la oligarquía – lanzaron una campaña ensordecedora para impulsar la imagen personal del nuevo presidente. Se le mostró practicando artes marciales en el gimnasio, y siempre endurecía a un oponente más grande, o revisaba a las tropas en traje de batalla en el frente.
Sin embargo, la razón principal del éxito de Vladimir Putin fue la mejora de la economía después de la crisis. Ninguna economía puede seguir cayendo para siempre. Tarde o temprano, la producción comienza a recuperarse y eso es lo que ocurrió en Rusia, particularmente después de la crisis y la devaluación del rublo en 1998. Lenin explicó hace mucho tiempo que el capitalismo puede recuperarse incluso de la crisis más profunda. A menos y hasta que sea derrocado por el movimiento consciente de la clase obrera, esa predicción conserva toda su validez. Los líderes del llamado Partido Comunista de la Federación Rusa traicionaron el movimiento de la clase obrera y, por lo tanto, sentaron las bases para la recuperación del capitalismo ruso.
Esta recuperación, paradójicamente, fue asistida por la propia crisis. La fuerte depreciación del rublo, que siguió disminuyendo en 1999, haciendo que los bienes extranjeros fueran inaccesibles para la mayoría de los rusos, creó una enorme demanda de productos de producción nacional, estimulando así el crecimiento de la industria rusa. Las industrias nacionales, como el procesamiento de alimentos, se beneficiaron de la devaluación. Esto, junto con un aumento de los precios internacionales del petróleo, creó las condiciones para una recuperación de la economía rusa, que creció un 6.4% en 1999, un 10% en 2000 y un 5.3% en 2001.
Después de eso, la economía de Rusia siguió mejorando hasta la crisis financiera mundial de 2008, en gran medida debido al auge del capitalismo mundial en ese momento y la consiguiente demanda de petróleo y gas rusos. Rusia registró un gran superávit comercial en 1999 y 2000. El INR se redujo del 85,7% en 1999 al 20,8% en 2000 y al 21,5% en 2001. La tasa de desempleo, que era del 13% en 1998 y en 1999, disminuyó al 9% en 2001.
Además, puesto que la economía rusa operaba en gran medida mediante trueque y otros medios de intercambio no monetarios, el colapso financiero no tuvo un impacto tan grande en muchos productores como podría haber tenido en una economía dependiente del sistema bancario. Finalmente, la economía fue ayudada por una infusión de efectivo. A medida que las empresas pudieron pagar sus deudas en salarios atrasados e impuestos, la demanda de bienes y servicios producidos por la industria rusa comenzó a entrar en una espiral ascendente.
En el período 1993-1999, el ingreso disponible del ruso medio había disminuido en un 20% a un 15% en términos reales. Ahora el gobierno pregonaba el éxito. El PIB crecía de nuevo después de diez años de declive, y la industria crecía hasta un ocho por ciento en un año. Incluso teniendo en cuenta la exageración oficial, sin duda se había producido alguna mejora y se habían reducido los atrasos salariales. Un informe publicado en junio de 2009, Economic Performance and Policies and Their Implications for the United States (Resultados y políticas económicas de Rusia y sus implicaciones para los Estados Unidos), resume muy bien la posición. Su autor, William H. Cooper, es especialista en comercio internacional y finanzas:
Rusia ha experimentado un fuerte crecimiento económico en los últimos 10 años (1999-2008), durante los cuales su PIB real ha aumentado un 6.9% por término medio al año, en contraste con un descenso medio anual del PIB del 6.8% durante los siete años anteriores (1992-1998). Las tendencias positivas del PIB se reflejan en otras mediciones que apuntan a una mejora del nivel de vida de Rusia a lo largo del período. Los salarios reales medios en Rusia aumentaron un 10,5% anual entre 1999 y 2008. Además, el ingreso real disponible (el ingreso que el residente ruso promedio tiene disponible de todas las fuentes después de impuestos) creció un 7.9% de 1999 a 2008.
Esta recuperación económica dio a la gente por primera vez un cierto grado de esperanza para el futuro. Era un elemento muy importante en la ecuación. Sin duda, fue un factor de no poca importancia en la configuración de la actitud de muchos trabajadores que adoptaron una mentalidad de "esperar y ver". El trabajador es siempre un realista. Si nadie ofrece ninguna alternativa, y las cosas no están tan mal, ¿por qué no esperar a ver si algo sale de todas las promesas? La gente diría: tal vez las cosas no son demasiado buenas, pero sin duda son mejores que antes. Al menos los salarios y las pensiones se están pagando ahora. Tal vez algún bien vendrá del nuevo hombre en el Kremlin...
Por supuesto, Putin no representaba ni representa los intereses del pueblo ruso y menos aún de la clase obrera. Representa un ala de la oligarquía rusa que desplazó a otra ala. Sin embargo, el cambio de poder de un ala de la oligarquía a la otra tuvo un gran significado, a nivel nacional e internacional.
Chechenia
El ala de Putin representa los intereses de los oligarcas rusos, quienes no están listos para compartir su motín con inversionistas extranjeros. Tampoco están listos para aceptar la subordinación ante el imperialismo norteamericano. La meta de Putin es muy simple: reconstruir las fuerzas militares de Rusia, retomar el control - lo más posible - de las antiguas repúblicas de la URSS y sus antiguos satélites, y forzar al Oeste a reconocer a Rusia como un jugador importante en la política mundial.
La guerra de Kosovo fue un punto crucial para Rusia porque reveló cruelmente que tan bajo había caído Rusia a comparación de Estados Unidos, solo en el tema militar. ¿Cómo podría ser diferente? Diez años de colapso económico significaron la destrucción de gran parte de la base industrial y tecnológica de Rusia. Sin la inversión productiva necesaria, Rusia fue incapaz de mantener su poderosa maquinaria militar. Y ahora se encontraba bajo amenaza Estados Unidos y el aumento de poder global nunca antes visto. La codicia y la ignorancia del imperialismo norteamericano se reflejaba no solo por avanzar la OTAN a la frontera de Rusia, o el cruel bombardeo de Irak y Yugoslavia, sino también por la constante manipulación en el Cáucaso - un área vital desde el punto de vista de Rusia.
La guerra en Chechenia tuvo un número de causas diferentes, no todas relacionadas a las consideraciones globales ni estratégicas. Sin embargo, el deseo de la elite militar rusa de mandarle una señal a Washington - ¡hasta ahora, y no más! - fue ciertamente uno de los elementos en la situación. La lucha por control sobre el Cáucaso y Asia Central jugo un papel importante en determinar la relación entre América y Rusia.
Con el apoyo de los medios, Putin usó la cuestión Chechena para agitar los sentimientos nacionalistas. El ejército ruso ocupó Grozni y otras ciudades. Pero el uso brutal de artillería y bombardeo aéreo, y la torpe manera de tratar con la población cayó en manos de los rebeldes, quienes lanzaron una guerrilla que se prolongó por mucho tiempo, tomando las vidas de muchas víctimas rusas y chechenas.
Este tratamiento brutal de la población le proporcionó a los rebeldes chechenos un suministro constante de reclutas, se les suministró armamento y dinero por parte de Arabia Saudita y apoyados por mercenarios de Afganistán. Al final, Rusia fue exitosa en imponer su voluntad en un país roto y dividido, pero ambos Rusia y Chechenia tuvieron que pagar un alto precio.
Georgia y Ucrania
En el momento en que Gorbachov intentaba llegar a un acuerdo amistoso con Washington, el presidente Reagan le prometió que si Rusia terminaba con el Pacto de Varsovia, Estados Unidos respondería disolviendo la OTAN. Gorbachov se deshizo obedientemente del Pacto de Varsovia, pero la OTAN, lejos de disolverse, comenzó su implacable marcha hacia el este.
Siguiendo los planes del imperialismo norteamericano, la OTAN avanzó hasta las fronteras de Rusia. Primero se incorporaron los Estados balcánicos a la OTAN, y luego Polonia se unió. Estas fueron provocaciones flagrantes que enfurecieron a la élite militar en Moscú. Bajo Putin las cosas inmediatamente comenzaron a cambiar. La primera preocupación del Kremlin (es decir, de la oligarquía gobernante) era y es reafirmar el dominio de Rusia sobre sus viejas esferas de influencia, comenzando con las antiguas repúblicas soviéticas que se encuentran en sus fronteras.
El avance del ejército ruso a través de Chechenia lo llevó hasta la frontera de Georgia. Los expertos de Washington habían decidido que el Cáucaso sería la Arabia Saudita del próximo siglo. Querían mucho tener en sus manos el petróleo y otros recursos naturales que el área tiene en abundancia, pero había un problema: Rusia tenía el norte del Cáucaso y tenía importantes puntos de apoyo en todos los demás estados.
Los norteamericanos tuvieron la idea de construir un oleoducto a través de Azerbaiyán, Georgia y Turquía sin pasar por Rusia. Esto eliminaría efectivamente a Rusia del panorama, al tiempo que compensaría a Turquía, un aliado de Estados Unidos, por la pérdida de petróleo iraquí. Tal plan significaba inevitablemente la guerra. Una parte importante de la estrategia estadounidense era instalar un gobierno prooccidental en Tbilisi y conseguir que Georgia se uniera a la OTAN. Desde el punto de vista de Moscú, se trataba de un paso demasiado lejano.
En la guerra de 2008 en Georgia, Moscú no dudó en utilizar su poder militar para trazar una línea roja en la arena. Los americanos recibieron una patada en los dientes. El ejército ruso fue enviado y Georgia fue rápidamente aplastada. Ahora era el turno de los estadounidenses de ser humillados, ya que los rusos se apoderaron de grandes cantidades de armas y equipo proporcionado a la camarilla gobernante georgiana por Washington, incluso los asientos del inodoro.
Eso mostró las limitaciones del poder del imperialismo estadounidense y el creciente poder y dominio de la camarilla gobernante rusa. Era una clara advertencia para los americanos. Pero los círculos gobernantes estadounidenses eran – y son – ciegos, sordos y mudos. Continuaron con la intriga en Ucrania, con la esperanza de alejarla de Rusia y acercarla más a la UE y la OTAN.
En el momento de la caída de la Unión Soviética, Ucrania era un país de 52 millones de personas, con un PIB del tamaño de Bélgica y el tercer ejército más grande de Europa. Alcanzó la independencia formal, pero todavía estaba vinculada a Rusia por factores económicos y tenía una minoría de habla rusa significativa (21 por ciento ) dentro de sus fronteras. Pero el regreso al capitalismo fue una catástrofe aún mayor para el pueblo de Ucrania que para Rusia.
Después del colapso de la Unión Soviética, la economía ucraniana pronto se encontró en un lío peor que la de Rusia. El nivel de vida se derrumbó y el pueblo de Ucrania se encontró bajo el dominio de oligarcas corruptos que imitaban a sus contrapartes en Rusia de una manera aún más rapaz y repugnante, si eso era posible. La desesperación de un sector de las masas, particularmente en el oeste de Ucrania, se expresó en el deseo de unirse a la Unión Europea, una aspiración que no tenía ninguna base en la realidad, pero que fue deliberadamente alentada por los imperialistas y las fuerzas nacionalistas reaccionarias en Ucrania.
El resultado de estas intrigas imperialistas fue un golpe de derecha en Kiev, respaldado por fuerzas nacionalistas y fascistas extremistas, que logró derrocar al gobierno de Yanukóvich, pero al hacerlo sumió a Ucrania en un abismo de colapso económico y guerra civil. Después del golpe de Estado que supuestamente liberaría a Ucrania del dominio oligárquico, el país sigue dominado por oligarcas, sólo una camarilla diferente. Además, esto provocó inmediatamente un conflicto con Moscú. La idea de que Putin aceptaría silenciosamente la pérdida de Ucrania fue una estupidez extrema. Fue aún más tonto esperar que aceptara la pérdida de Crimea, donde la armada rusa tiene una gran base en Sebastopol.
La naturaleza reaccionaria de Putin es clara, y también lo son los verdaderos objetivos de su política exterior. Putin defiende los intereses de la oligarquía rusa. No está más interesado en la causa de los trabajadores de Donbass que en la de la clase obrera de la propia Federación Rusa. Pero también es necesario entender que, para muchos trabajadores rusos, esto no está de ninguna manera claro. En comparación con la humillante subordinación de Yeltsin a Occidente, Putin parece estar enfrentándose al imperialismo estadounidense.
El hecho de que el gobierno de Kiev se basara en el apoyo de elementos abiertamente fascistas, como los banderistas, que respaldaron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, provocó la comprensible indignación de los trabajadores. Su chovinismo rabioso y los intentos de discriminar a la población de habla rusa de Ucrania avivaron la insurrección que condujo a una insurrección en la región del Donbass y la ruptura de Crimea, que tiene una mayoría de la población rusa. Allí Putin fue visto como un libertador.
Por lo tanto, los intentos de los imperialistas de atacar a Putin en este frente han tenido precisamente el efecto opuesto al que se pretendía. Fue capaz de montar en una ola de sentimiento patriótico y antiamericano. Gorbachov señaló que su calificación de aprobación ahora era del 82% y advirtió que si Occidente continuaba su táctica de atacar a Rusia, aumentaría al 120%. Por supuesto, esto es una exageración. Tarde o temprano la niebla del nacionalismo se dispersará, preparando el camino para un nuevo y aún más poderoso movimiento de la clase obrera rusa.
Los nacionalistas de derecha ahora en el poder en Kiev prometieron todo y no han entregado nada más que desastres para el pueblo de Ucrania. El país está ahora económicamente destrozado y su población dividida como nunca antes. Ha perdido Crimea, posiblemente para siempre, y ha perdido el control de la importante región del Donbass. Occidente, previsiblemente, no ha cumplido ninguna de sus promesas al Pueblo ucraniano.
Tampoco han hecho nada para enfrentar a Rusia, a pesar de todos sus primeros temblores y amenazas. Sobre una base capitalista, la independencia de Ucrania ha resultado ser un desastre.
Antes de la guerra, Trotsky entendía el problema de la unidad ucraniana y las aspiraciones del pueblo ucraniano a un estado propio. Stalin unió a Ucrania burocráticamente, bajo la bota de la burocracia moscovita. Lo que falta es democracia y autonomía genuina para el pueblo ucraniano. Es por eso que Trotsky propuso la consigna de una Ucrania socialista soviética independiente como un paso hacia la auténtica unificación de todos los pueblos de la URSS sobre la base de la democracia obrera. Es la única manera de avanzar.
La naturaleza del régimen de Putin
Rusia es un estado capitalista gobernado por una oligarquía parásita y rapaz. La política exterior de la oligarquía rusa, como la de cualquier otro estado capitalista, está determinada por los intereses y los objetivos cínicos de la burguesía rusa. Y dado que la política exterior es la extensión de la política interna, Putin no se detiene en ningún medio violento para imponer su voluntad fuera de las fronteras de Rusia siempre que lo considere necesario para proteger los intereses de los oligarcas rusos, y los suyos, por supuesto.
La oligarquía posee grandes empresas y bancos que fueron saqueados de la economía nacionalizada. Estos monopolios gigantes están estrechamente vinculados al estado -un estado burgués- que se dirige en interés de los oligarcas. Estos últimos necesitan un hombre fuerte en el Kremlin, en parte porque temen a las masas, en parte para resolver las muchas disputas entre diferentes oligarcas por la división del botín.
Todas estas características se ajustan muy estrechamente a lo que Lenin describió como capitalismo monopolista de estado. La única diferencia con las democracias burguesas más antiguas de Occidente es que los Mafiosos occidentales (que también controlan el estado en interés de los grandes bancos y monopolios) han tenido tiempo suficiente para disfrazar su dictadura bajo una hoja de higo de democracia formal; los parvularios rusos no se sienten suficientemente confiados para permitir tales lujos. En Estados Unidos y Gran Bretaña, un velo discreto se arroja sobre la dictadura del capital; en Rusia, se presenta en su forma desnuda y más obvia. Por supuesto que en la actualidad la voluntad de los hijos es más importante que la de los padres, a diferencia de los días pasados.
Vladimir Putin sirve a los intereses de la oligarquía manteniendo el orden, aplastando toda disidencia y crítica de la configuración actual, y creando condiciones favorables para que sus amigos de negocios prosperen y se hagan ricos. Naturalmente, estos servicios no son gratuitos. Putin y sus compinches han acumulado enormes riquezas a expensas del pueblo ruso.
Como ex burócrata de la KGB, la idea de Putin de un estado fuerte es bastante clara. Ha aumentado la presión de la policía secreta sobre las organizaciones de izquierda y disidentes, arrestado y encarcelado a opositores y rivales, castrado a los partidos de oposición y amordazado lo poco que había de una "prensa libre". Esto sólo puede caracterizarse como un régimen de bonapartismo burgués. Un régimen bonapartista es un régimen de crisis en el que las contradicciones de la sociedad no pueden resolverse dentro del funcionamiento "normal" de la democracia burguesa.
El estado tiende a elevarse por encima de la sociedad en la persona de un "hombre fuerte", que afirma estar por encima de las clases y los partidos, representando a "la Nación". Putin se basa principalmente en las fuerzas armadas, la policía y el brazo ejecutivo del estado, pero también se equilibra entre las clases, utilizando la retórica demagógica y nacionalista. Y como todo bonapartista de la historia, intenta proyectar una imagen de fuerza participando en aventuras militares extranjeras (Chechenia, Georgia, Ucrania y Siria).
La participación de Rusia en la economía mundial capitalista es limitada, principalmente relacionada con el comercio de petróleo y gas. Pero está interviniendo activamente fuera de sus fronteras, tanto militar como diplomáticamente, y esta
constantemente entrando en conflicto con Estados Unidos, que a veces amenaza con convertirse en una confrontación militar directa. Sin embargo, los objetivos del imperialismo ruso son limitados y dictados principalmente por consideraciones estratégicas y militares. Hay pocas perspectivas de ganancia económica de, digamos, hacerse cargo del arruinado Donbass. Incluso la perspectiva futura del petróleo sirio parece más que dudosa y, en cualquier caso, los rusos tienen mucho petróleo propio.
Del mismo modo, la lucha en Ucrania no era sobre los mercados. Los rusos tomaron Crimea, no por los mercados (Crimea no es un gran mercado), sino por consideraciones militares estratégicas. No podían permitir que su gran base naval en Sebastopol cayera en manos de los nacionalistas ucranianos (es decir, de la OTAN). Putin no quiere realmente el Donbass, lo que representaría un drenaje colosal de los recursos de Rusia. Eso, también, es por consideraciones geopolíticas. Sin embargo, sigue siendo una lucha entre el imperialismo estadounidense y el imperialismo ruso por el control de estas áreas.
Aunque ni de lejos tan poderoso como el imperialismo estadounidense, Rusia logró sacar provecho tanto de los errores de los imperialistas estadounidenses al estirar demasiado sus fuerzas como de las fuerzas superiores de Rusia sobre el terreno a nivel regional. En efecto, los rusos ganaron en el conflicto ucraniano. Los americanos soplaban fríos y calientes pero no hacían nada. Se impusieron sanciones, pero el único resultado fue impulsar el apoyo de Putin hasta alrededor del 82 por ciento. Respondió interviniendo en Siria. Los imperialistas estadounidenses no estaban muy contentos con ello, pero se vieron obligados a aceptarlo.
La intervención en Siria fue prueba tanto del poderío militar de Rusia como del debilitamiento del imperialismo estadounidense. Comentando esto, The Economist (14/5/2016) afirma:
Hoy en día, Rusia difícilmente se parece a la mera "potencia regional" que Barack Obama una vez la llamó. Cualquier camino hacia la paz en Siria pasa ahora por Moscú. "Solo Rusia y los Estados Unidos de América están en condiciones de detener la guerra en Siria, a pesar de que tienen diferentes intereses y objetivos políticos", escribió Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor de Rusia, en un artículo reciente.
La intervención de Rusia en Siria cambió decisivamente la situación militar. En Siria, es Moscú quien decide y los estadounidenses se han visto obligados a aceptarlo. Sin embargo, la intervención de Rusia a escala mundial es limitada en sus objetivos, que son principalmente de carácter militar-diplomático. Su objetivo principal es impedir que Estados Unidos intervenga en lo que considera sus esferas de influencia y obligar a los estadounidenses a reconocerlo como una potencia mundial que no debe darse por sentada.
Las contradicciones de un régimen oligarca
Cuando la gente pregunta cómo es posible que un hombre como Vladimir Putin llegue al poder y lo mantenga durante tanto tiempo, es necesario considerar la situación objetiva a la que se enfrenta el pueblo ruso antes y después de 1998. Bajo Yeltsin Rusia experimentó el colapso económico más catastrófico en tiempos de paz. Para conseguir un paralelo adecuado habría que mirar, no al Wall Street Crash [la caída de la bolsa] de 1929, sino a una derrota devastadora en la guerra. Rusia no fue derrotada en la guerra, sino la orgullosa nación que derrotó a los ejércitos de Adolf Hitler fue subyugada al imperialismo de la manera más humillante imaginable.
Ahora, en el frente político y militar, Rusia se ha convertido en un poderoso rival del imperialismo estadounidense. La ofensiva militar de Moscú en Siria ha tenido éxito en apuntalar a su aliado sirio Assad y Occidente no pudo hacer nada al respecto. Como resultado, Rusia es ahora el árbitro del destino de Siria. La imposición de sanciones a Rusia no ha debilitado al régimen.
Putin se ha beneficiado de sus éxitos extranjeros y, incluso si permitimos cierta cantidad de manipulación de las encuestas de opinión, todos los comentaristas burgueses tienen que admitir que sigue siendo popular, especialmente entre los trabajadores. Por supuesto, entendemos que esto se convertirá en su contrario en una cierta etapa, pero por el momento, la política de Putin de patear a los estadounidenses es popular en Rusia. Le está yendo bastante bien al confrontar al imperialismo estadounidense.
Aunque realmente no tiene la fuerza económica o militar para desafiar a Estados Unidos en la arena mundial, Rusia busca tener su propia política exterior independiente y quiere negociar con Estados Unidos desde una posición de fuerza. Huelga decir que esta confrontación no contiene un átomo de contenido progresivo. Es tarea de los trabajadores de Rusia restablecer las ideas genuinas del internacionalismo socialista como la única solución a sus problemas. Sólo un retorno a los principios genuinos del leninismo puede señalar el camino hacia una solución justa y duradera sobre la base de una unión libre de los pueblos dentro de una federación socialista.
Putin ha logrado temporalmente ganar apoyo jugando la carta nacionalista, pero esto no puede durar para siempre. Rusia está gobernada por una irresponsable y degenerada camarilla de oligarcas dueños de los bancos y grandes monopolios. Pero el dominio oligárquico está corrompido por su propia naturaleza, mientras que el capitalismo monopolista conduce al derroche y la ineficiencia, tanto como el estalinismo burocrático o incluso más. Las contradicciones se acumularán, lo que eventualmente conducirá a una crisis.
Como siempre, la clave de la situación está en la economía y aquí hay contradicciones que lloran. Aunque los precios más altos del petróleo condujeron a un aumento en los niveles de vida después de 1998, la desigualdad ha aumentado enormemente desde que Vladimir Putin tomó el poder. Rusia está ahora estrechamente vinculada a la economía mundial y es vulnerable a los giros de los precios en los mercados mundiales. La economía rusa se benefició de la exportación de materias primas como el petróleo y el gas. Durante los años de auge del petróleo se derramó suficiente riqueza para aumentar el tamaño de la clase media, que es particularmente numerosa en Petersburgo y Moscú. Aun así, la mayoría de las provincias siguen sumidas en la pobreza extrema. Y los precios del petróleo han caído fuertemente en el período reciente.
La caída de los precios del crudo tuvo un grave efecto en Rusia, agravado por la imposición de sanciones. Es cierto que la economía -después de dos años de desaceleración- está saliendo de la recesión, pero las masas no sienten los beneficios de esta recuperación. Los salarios del sector público se han congelado desde 2015. En el otro extremo, un pequeño grupo de oligarcas increíblemente ricos se están enriqueciendo mientras millones de rusos languidecen en la pobreza.
Una de las críticas principales en contra del antiguo régimen era su carácter corrupto, pero la corrupción de la burocracia estalinista parece insignificante a comparación del régimen actual. Rusia está controlada y apropiada por un grupo de oligarcas orgánicamente atados al estado. De la misma manera que la burocracia necesitaba un hombre fuerte - Stalin- para defender sus intereses, lo mismo necesita la oligarquía actual, los servicios de un hombre en el Kremlin.
Rusia es la economía principal más desigual en el mundo, con casi dos tercios de su riqueza controlada por millonarios. Sesenta y dos por ciento de la riqueza de Rusia la tienen millonarios de dólar estadounidense y veintiséis por ciento de su riqueza la tienen billonarios, según un reporte de New World Wealth [Nueva Riqueza Mundial] de 2016.
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Proporción de riqueza apropiada por millonarios |
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Rusia |
62% |
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India |
54% |
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Reino Unido |
35% |
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EE.UU. |
32% |
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Australia |
28% |
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Japón |
22% |
El 10 por ciento de los rusos más ricos controlan ochenta y siete por ciento de toda la riqueza del hogar del país, una parte “significativamente más alta” que en cualquier otra potencia mundial, según el Reporte de Riqueza mundial (2015) por el Crédito Suizo (Credit Suisse Group AG). Mientras que el Banco Mundial predice que el índice de pobreza va a incrementar a 14.2 por ciento en 2016 del 13.4 por ciento en 2015, regresando a niveles no vistos desde 2007. El número de rusos considerados pobres ha crecido por 3.1 millones a 19.2 millones el año pasado, la cifra más alta desde 2006.
Por ahora, Putin ha distraído a las masas exitosamente al jugar la carta nacionalista, pero esta tactica tiene valor limitado. El nacionalismo y ondear las banderas no pone pan en la mesa. Los trabajadores van a cansarse del espectáculo de chovinismo sin fin y van a resentir tener que pagar por las aventuras extranjeras de Putin.
Recordemos que en 1914 el régimen zarista fue temporalmente exitoso en evitar una revolución al crear una atmósfera de fervor por la guerra y de chovinismo. También debemos recordar que tres años más tarde los mismos trabajadores y campesinos que marcharon a la batalla cantando canciones de patriotismo se volvieron contra el régimen y llevaron a cabo una revolución. La historia tiende a repetirse.
¡Hacia un nuevo octubre!
El colapso de la Unión Soviética es ahora un triunfante ejemplo para los enemigos del socialismo como la prueba que nacionalizar y planear no funciona y que, consecuentemente, la raza humana debe hacer las paces con la dominación eterna de las leyes del ‘mercado’, por los siglos de los siglos, amén. Esto es, en esencia, el mensaje del célebre ‘Fin de la Historia’ de Francis Fukuyama. Pero la historia, en el sentido marxista, no ha finalizado para nada, y el futuro del capitalismo no es más seguro de lo que era antes de la caída del muro de Berlín. De hecho, es infinitamente más inestable.
Los capitalistas argumentaron que la caída de la URSS demostró la superioridad de la democracia y la "economía de libre mercado" sobre el "comunismo". En realidad, lo que colapsó en Rusia no fue el socialismo o el comunismo, sino una caricatura burocrática y totalitaria del socialismo llamada estalinismo. ¿Qué pasó después? La prisa por una economía de mercado ha hecho que un puñado de personas sean muy ricas, pero causó el mayor desastre económico de la historia. Ahora hay una pobreza generalizada y espantosa en Rusia, que no era el caso antes.
Se suponía que el colapso del estalinismo marcaría el comienzo de una época de paz, prosperidad y democracia en todo el mundo. No hay tal. En cambio, existe un cuadro de inestabilidad general y turbulencias a todos los niveles: económico, social, político y militar. Hay guerra tras guerra y el terrorismo se está extendiendo como una epidemia incontrolable. Se suponía que habría un "dividendo de paz", pero ahora los Estados Unidos gastan más de 500 000 millones de dólares al año en armas. La bárbara guerra en Irak le costó al Tesoro de Estados Unidos cerca de mil millones de dólares a la semana y terminó en un desastre. Irak, Afganistán, Ucrania y Siria muestran las limitaciones del poder del imperialismo estadounidense.
La crisis orgánica del capitalismo mundial está expuesta por una profunda crisis económica, inestabilidad social y política, guerras, terrorismo y un estado de ánimo omnipresente de pesimismo en todos los niveles de la sociedad. La vieja sociedad se está desmoronando. Está en un estado de desintegración terminal. Este es el contexto histórico en el que la restauración capitalista ha tenido lugar en Rusia. Y Rusia no escapará del colapso general. A pesar de su éxito temporal, el capitalismo oligárquico está podrido hasta la médula. No ofrece ningún futuro para el pueblo de Rusia ni para ningún otro país.
En 1940 tuvo lugar una conversación entre un oficial del ejército francés y un oficial del ejército alemán que acababa de entrar en París en triunfo. El alemán estaba naturalmente exultante, pero el francés respondió con calma: "La rueda de la historia ha girado. Volverá a girar ". Y así fue.
No se necesita una tremenda perspicacia para ver que el sistema actual está en un callejón sin salida. Los estrategas del capital que, hace 20 años, estaban cantando sobre el colapso de la Unión Soviética, ahora están llenos de temor por el futuro. Desde su punto de vista de clase entienden lo que entendemos. Pueden ver la creciente inestabilidad que se está extendiendo por todo el mundo, el descontento y la frustración masivos que socavan la vieja estabilidad y perturban las viejas certezas.
A escala mundial, el capitalismo se encuentra ahora en una profunda crisis. Los ataques demagógicos contra el socialismo, el marxismo y el comunismo tienen un anillo cada vez más hueco, porque se hacen en un contexto de la crisis cada vez más profunda del capitalismo mundial. La caída de las tasas de crecimiento, el desempleo masivo permanente, los ataques a los niveles de vida, los recortes despiadados, los ataques al estado del bienestar – esta es la realidad del capitalismo en los países avanzados en el centenario de la Revolución Bolchevique.
Contrariamente a lo que Trotsky había anticipado, el ala burguesa de la burocracia logró llevar a cabo la contrarrevolución de una manera relativamente "fría". En Europa del Este, el régimen estalinista colapsó sin lloriquear. Los regímenes estalinistas parecían ser monolíticos, poderosos e invencibles. Pocas personas se habrían atrevido a adivinar que estos mismos regímenes caerían como dominos en
la cara de un poderoso movimiento de masas. Pero eso es lo que ocurrió. Y puede volver a pasar.
La razón de esta aparente paradoja no es difícil de ver. Una vez que un sistema socioeconómico dado se ha agotado, ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas, y por lo tanto avanzar en la causa de la civilización humana, comienza a desmoronarse y colapsar desde el interior. En tales circunstancias, solo se requiere un solo empujón para derrumbar toda la edición. La historia ofrece muchos ejemplos de cómo un régimen aparentemente sólido puede colapsar de la noche a la mañana bajo ciertas condiciones, como vimos en Europa del Este a finales de la década de 1980. Este ejemplo histórico no puede proporcionar a los capitalistas y a sus apologistas una sola miga de consuelo, todo lo contrario.
Hace un cuarto de siglo Ted Grant predijo que cuando se ve en retrospectiva la caída del estalinismo sería visto como simplemente el preludio de un drama histórico aún mayor: la crisis terminal del capitalismo. Veintiún años después, esas palabras proféticas se han hecho realidad. Entonces fueron los regímenes estalinistas de Rusia y Europa del Este los que habían agotado su potencial y estaban listos para el derrocamiento. Ahora el sistema capitalista se encuentra en una situación análoga.
A escala mundial, ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas como lo hizo en el pasado. Desde un punto de vista histórico, se trata de un sistema que desde hace mucho tiempo ha agotado su potencial y se ha convertido en un obstáculo monstruoso en el camino del progreso humano. Lo que se requiere es el desarrollo de un movimiento de masas lo suficientemente fuerte como para proporcionar un impulso decisivo. Ese movimiento tarde o temprano va a llegar a existir.
De la misma manera que los regímenes estalinistas fueron fácilmente derrocados una vez que las masas se movieron, es posible que un régimen burgués en Rusia y Occidente pueda colapsar cuando se enfrente a un movimiento masivo de la clase obrera, atrayendo detrás de él a un gran sector de la clase media. Ese es un pensamiento que debe mantener a los estrategas del capital despiertos por la noche, incluso ahora.
Nadie puede romper la voluntad instintiva de la clase obrera de cambiar la sociedad. Toda la historia de Rusia en el siglo XX es prueba viviente de esta afirmación. El proletariado ruso tiene una larga y gloriosa tradición revolucionaria. Lo redescubrirán en el curso de la lucha. Por supuesto, este proceso sería mucho más rápido y efectivo si estuviera presente una auténtica corriente leninista de masas. Pero de todos modos aprenderán. El proletariado ruso fue el primero en establecer soviets sobre la base de la Revolución de 1905. Nunca debemos olvidar que los soviets no fueron la invención de los bolcheviques o de cualquier otro partido, sino la invención espontánea de la clase obrera.
Es cierto que en la actualidad las fuerzas del marxismo en Rusia son débiles y aisladas. Pero el estudiante de historia sabe que esta no es la primera vez que tal situación ha existido. Desde el establecimiento de los primeros pequeños círculos de propaganda de los marxistas hasta la Revolución de 1905, pasaron veinte años. Desde el periodo de reacción que siguió a la derrota de la primera revolución hubo un lapso de diez años hasta el nuevo despertar. En este tiempo, el movimiento obrero conoció momentos de amarga desesperación, pero inevitablemente la situación cambió. El periodo actual no es diferente. A pesar de todas las dificultades, a pesar de la terrible confusión y desorientación, que son el resultado inevitable de seis décadas de reacción totalitaria, el proletariado ruso se levantará de nuevo.
En la mitología griega, hay un gigante llamado Anteus quien luchó contra Heracles. Muchas veces cayó al suelo, pero cada vez se levantaba y con más fuerza, extraída de su madre, la tierra. La clase obrera es como ese gigante. No importa cuantas veces es derrotada, siempre vuelve a luchar porque no hay otra alternativa.
Londres, 7 de enero 2017
