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Contemporáneos

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución

Rusia: de la revolución a la contrarrevolución

Ted Grant
15 Julio 2026

Índice del artículo

  • Rusia: de la revolución a la contrarrevolución
  • Prefacio
  • Introducción
  • I. Balance de Octubre
  • II. El auge del estalinismo
  • III. Del plan Quinquenal a las purgas
  • IV. El carácter del estalinismo
  • V. De la guerra a la ‘desestalinización’
  • VI. El período de estancamiento
  • VII. El significado de la perestroika
  • VIII. De la política exterior a la cuestión nacional
  • Epílogo: El colapso del estalinismo
  • Todas las páginas

Este libro de Ted Grant se publicó originalmente en 1997. Traza la evolución de la Rusia Soviética desde la victoria de los Bolcheviques en 1917 y los enormes avances conseguidos por la economía planificada, al auge del estalinismo y la contrarrevolución política, su surgimiento como super potencia tras la Segunda Guerra Mundial, la crisis del estalinismo y su colapso final en 1991.
Ted Grant basó su análisis en el de León Troski, que analizó el fenómeno del estalinismo en su libro "La revolución traicionada".
A pesar de que la contrarrevolución capitalista intente enterrar la memoria de Octubre, la nueva crisis mundial ha llevado a un auge en el interés por el marxismo y la importancia del Bolchevismo.
Ante este ambiente, publicamos una nueva edición revisada de este título, con lecciones imprescindibles para las nuevas generaciones de comunistas.

 


Prefacio

Sobre la presente obra

La presente obra se publicó por primera vez en Londres hace veinte años, en marzo de 1997. Su autor fue el veterano marxista británico Ted Grant. La caída del Muro de Berlín y el hundimiento del estalinismo habían provocado un amplio cuestionamiento del socialismo y de la Revolución de Octubre, sobre todo en la propia Rusia. El propósito de este libro era aclarar estas cuestiones y responder a la propaganda de los enemigos del socialismo, basándose en hechos, cifras y argumentos. Era una tarea pendiente desde hacía mucho tiempo.

No se trataba de un ejercicio académico, sino de una preparación para el futuro. ¿Qué era la Unión Soviética, por qué se derrumbó y hacia dónde se dirigía ahora Rusia? Ted quería arrojar luz sobre el carácter del régimen surgido de la Revolución de Octubre, analizar sus tendencias contradictorias, trazar su ascenso y caída y señalar el camino a seguir. El autor pasó la mayor parte de su vida estudiando la cuestión rusa y estaba excepcionalmente cualificado para ofrecer un análisis marxista de la misma. Seguidor activo de Trotski desde los tiempos de la Oposición de Izquierda Internacional, Ted Grant fue un destacado exponente de las ideas del trotskismo. Gran parte de la presente obra se basa en el abundante material escrito por Ted a lo largo de más de 50 años.

Sólo los marxistas eran capaces de explicar los procesos que se estaban desarrollando en Rusia, no ex post facto, sino con décadas de antelación. Por el contrario, los escritos tanto de los críticos burgueses de la URSS como de sus amigos estalinistas se caracterizaban por la más completa ausencia de toda comprensión. Desde puntos de vista diametralmente opuestos, llegaban a la misma conclusión errónea: que el régimen estalinista de la Unión Soviética era un monolito prácticamente indestructible, que podía seguir existiendo hasta donde alcanzara la vista.

Lo ocurrido en la Unión Soviética sólo puede explicarse utilizando el método marxista de análisis. Ya en las páginas del Manifiesto Comunista, Karl Marx y Federico Engels explicaron que la fuerza motriz de la historia humana es el desarrollo de las fuerzas productivas. Desde este punto de vista, la economía planificada nacionalizada en la URSS dio pruebas de la más extraordinaria vitalidad durante décadas. De hecho, tal transformación no tiene precedentes en los anales de la historia de la humanidad.

Huelga decir que el método utilizado aquí es el del marxismo, el materialismo dialéctico e histórico, porque sólo éste nos proporciona las herramientas científicas necesarias para analizar procesos complejos y contradictorios, para separar lo accidental de lo necesario, para distinguir entre lo que los hombres y las mujeres piensan y dicen sobre sí mismos y los intereses materiales que en última instancia representan. Sólo así es posible entender lo que ocurrió en la Unión Soviética y, por tanto, comprender lo que está ocurriendo ahora y, al menos provisionalmente, establecer un pronóstico para la evolución futura.

Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la mayoría de los expertos capitalistas, así como los apologistas de Stalin, no veían ninguna grieta en la armadura del régimen “ monolítico ” de Rusia, León Trotski , el líder bolchevique exiliado por Stalin, argumentó que o bien el estalinismo sería derrocado por una revolución política de la clase obrera o, bajo ciertas condiciones, podría volver al capitalismo.

La cuestión del carácter de clase de la Unión Soviética

La cuestión del carácter de clase de Rusia ha sido un tema central en el movimiento marxista durante décadas. Sólo el método dialéctico, que toma el proceso en su conjunto y analiza concretamente sus tendencias contradictorias a medida que se desarrollan, etapa por etapa, puede arrojar luz sobre la situación. Aunque Ted fue el único que predijo el colapso de la Unión Soviética ya en 1972, ni él ni nadie podría haber predicho el curso preciso de los acontecimientos que se produjeron posteriormente.

No debería sorprendernos. El poeta alemán Goethe escribió una vez: “ Gris es toda teoría, mi caro amigo, y verde el áureo árbol de la vida ” . El desarrollo real del proceso histórico es enormemente complicado, sobre todo porque implica lo que los marxistas llaman el factor subjetivo, la intervención consciente de los seres humanos. Predecir en detalle cómo se desarrolla el proceso histórico requeriría no sólo perspectivas científicas, sino una bola de cristal, algo de lo que, por desgracia, no disponemos.

Aunque había predicho el colapso del estalinismo, Ted Grant pensaba que la restauración del capitalismo en Rusia estaba descartada. De hecho, durante todo un período, estuvo descartada. La necesidad de una economía planificada se deriva directamente del callejón sin salida del capitalismo mundial. Es la única manera de resolver las contradicciones. Pero el intento de reimponer un régimen capitalista en Rusia no surgió en absoluto como una conclusión natural de la crisis del estalinismo.

La opinión de Ted estaba fuertemente influida por su convicción de que, a pesar de la brutal represión de décadas de totalitarismo estalinista, las ideas fundamentales de Lenin y de la Revolución de Octubre seguirían vivas en la Unión Soviética. No creía que la contrarrevolución capitalista fuera a triunfar. Pero todas las perspectivas tienen necesariamente un carácter condicional. En el momento en que Ted escribió este libro, el proceso de restauración capitalista en Rusia aún no había adquirido un carácter irreversible. No estaba claro si se completaría o si podría haber una marcha atrás. Era una cuestión abierta, y había que proceder con la debida cautela, mediante un proceso de aproximaciones sucesivas. Por esa razón, el análisis de Ted del proceso tenía un carácter algebraico y no aritmético.

Un elemento importante en el pensamiento de Ted era su sobreestimación del potencial para la cristalización de una facción de Reiss (una sección de la burocracia estalinista que avanzaba hacia una posición revolucionaria) y la posibilidad de una revolución política contra la burocracia. El llamado Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) había degenerado hasta tal punto que era completamente ajeno a las ideas y principios de Lenin y de la Revolución de Octubre. Aunque había un cierto elemento en la dirección del PCUS que estaba a favor de un retorno a Lenin, e incluso miraba hacia el trotskismo, esa facción era extremadamente débil y no tenía ninguna influencia en el curso de los acontecimientos. Fue el ala procapitalista de la burocracia la que resultó ser la fuerza decisiva. A la hora de la verdad, los estalinistas ni siquiera fueron capaces de defender el estalinismo.

El problema al que nos enfrentamos hace dos décadas era comparable al que se le planteó a Trotski en las décadas de 1920 y 1930, cuando tuvo que analizar el fenómeno del estalinismo. Hubo muchos puntos de inflexión en el camino de la contrarrevolución burocrática en el período 1923-36. No se trató en absoluto de un acontecimiento predestinado. La victoria final de Stalin no estaba determinada de antemano. Todavía en 1933, Trotski mantenía la posición de que era posible reformar tanto el Estado soviético como los Partidos Comunistas, una posición que le llevó a frecuentes conflictos con los ultraizquierdistas.

Trotski siguió el proceso de la contrarrevolución estalinista a través de todas sus etapas, sacando a la luz todas sus contradicciones, analizando las tendencias conflictivas tanto dentro de la sociedad soviética como dentro de la propia burocracia y mostrando la interrelación dialéctica entre los acontecimientos en la URSS y a escala mundial. Siguió minuciosamente el proceso a través de todas sus etapas, mostrando concretamente la relación entre la correlación de fuerzas de clase en Rusia, las diferentes tendencias en el Partido Comunista y su relación con las clases sociales, la evolución de la situación mundial, la economía y el factor subjetivo. Es cierto que varió su análisis en diferentes momentos.

Por ejemplo, inicialmente caracterizó el estalinismo como centrismo burocrático, una fórmula que más tarde rechazó en favor de la definición más precisa de bonapartismo proletario. Estos cambios no reflejan ninguna vacilación por parte de Trotski , sino sólo la forma en que su análisis seguía de manera precisa el proceso de degeneración burocrática en su desarollo .

Del mismo modo, la contrarrevolución capitalista se desarrolló con muchas contradicciones y contra corrientes. Su éxito no estaba en absoluto garantizado. Sólo después de algún tiempo el proceso alcanzó el punto crítico en el que la cantidad se transformó en calidad. Esto ocurrió tras el colapso económico de 1998. Un elemento muy importante fue el factor subjetivo y el papel del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR). En los años 30 Trotski se refirió a la existencia de tendencias contradictorias dentro de la burocracia estalinista (las facciones de Butenko y Reiss). Butenko era un funcionario estalinista que desertó al campo del fascismo, mientras que Ignace Reiss era un oficial de la GPU que rompió con Stalin y se declaró a favor de Trotski y de la IV Internacional antes de ser asesinado en Suiza.

Décadas de gobierno burocrático y totalitario estalinista tuvieron un efecto mucho mayor de lo que creíamos en el retroceso de la conciencia. Stalin había conseguido, más de lo que podía esperar, liquidar las tradiciones del bolchevismo. Los elementos más avanzados de la clase obrera habían sido exterminados, y como el régimen duró mucho más de lo que Trotski había previsto, el recuerdo mismo de las genuinas tradiciones de octubre había sido casi borrado de la conciencia de los trabajadores y la juventud soviéticos.

Este fue el terreno en el que se plantaron y luego prosperaron las semillas de la contrarrevolución capitalista. Pero sus causas subjetivas tenían raíces más profundas, en las contradicciones entre una economía planificada nacionalizada y un gobierno burocrático que ahogaba cada poro de la economía y la sociedad soviéticas. La forma en que se desarrolló este proceso y la compleja interacción entre factores objetivos y subjetivos se explican brillantemente en la presente obra.

Contenido del libro

La primera parte del libro trata de la Revolución Rusa y hace un balance histórico de Octubre , respondiendo a muchas de las críticas, distorsiones e ideas erróneas que la han rodeado durante décadas. A lo largo de esta sección hay una serie de capítulos en los que se expone detalladamente la teoría marxista del Estado en relación con el régimen de transición surgido de la Revolución de Octubre. Se traza el ascenso de la burocracia y la contrarrevolución política estalinista a través de todas sus etapas.

Esta parte, especialmente la crítica de la teoría del “ capitalismo de Estado ” (que incluye un valioso apéndice sobre la ley del valor en el periodo de transición) presenta más dificultades para el lector que otras partes del libro. Pero es esencial comprender estos puntos para entender el proceso en su conjunto. Hay que señalar que estas secciones se publicaron originalmente a finales de los años cuarenta en una importante obra de Ted titulada La teoría marxista del Estado. Para que este y otros materiales estuvieran disponibles en forma de libro, fue necesaria una considerable labor de edición. Cualquier variación en el estilo que el lector pueda notar se debe enteramente a esto.

A la luz de la experiencia posterior, no es necesario modificar lo que se escribió entonces sobre las razones de la crisis del estalinismo y la inevitabilidad de su colapso. Cuando se escribió el libro, el movimiento hacia el capitalismo en Rusia aún no había llegado a una conclusión definitiva, y Ted creía firmemente que podía revertirse. El movimiento hacia el capitalismo todavía tenía un carácter inacabado. Eran posibles diferentes resultados. Se podría añadir que esta opinión también era sostenida por los analistas burgueses.

Cuando uno lee hoy lo que los estrategas del capital escribían entonces, queda muy claro que la cuestión del restablecimiento del capitalismo en Rusia no estaba en absoluto resuelta de una vez por todas. Al contrario, en el período inmediatamente posterior al colapso de 1998 podría haberse revertido fácilmente. Esto lo entendieron claramente los representantes serios del capital internacional.

El Independent on Sunday del 23rd de agosto de 1998 informaba de que Marcel Cassard, antiguo funcionario del Fondo Monetario Internacional que ahora trabajaba para el Deutsche Bank en Londres, afirmaba que “ las medidas adoptadas podrían conducir a la renacionalización de los bancos . Si llegamos a ese punto, eso no es bueno ” .

El análisis más significativo aparece en el número de agosto de 1998 de la revista Transitions. Se trata de una revista que estudia los “ Cambios en las sociedades postcomunistas ” , publicada en la República Checa, pero que también reconoce el apoyo de instituciones como el General Marshall Fund de Estados Unidos. En un artículo en el que se analiza la evolución en Rusia se lee lo siguiente:

En otoño de 1997 comenzó una guerra bancaria que se convirtió en el principal elemento constitutivo de la política interior rusa. Los conflictos entre diferentes grupos financieros por propiedades atractivas, aunque se llevaran a cabo con métodos turbios y con el despliegue de materiales comprometedores y los contactos personales de los financieros, reflejaban, según se creía, el creciente poder de la burguesía rusa. Se consideraba que esta burguesía disponía de recursos suficientes no sólo para apoderarse de la propiedad, sino para mantenerla en funcionamiento, asegurando el crecimiento de la economía y la preservación del Estado.

Hoy está claro que se sobrestimó el papel de la burguesía. Los “ nuevos rusos ” y el resto de la economía viven vidas separadas. También está claro que la economía aún no ha alcanzado un punto de inflexión, lo que tendrá que hacer en un futuro próximo.

Lo más interesante del mismo artículo es una sección titulada “ De vuelta a la planificación central ” . Allí leemos lo siguiente:

El pronóstico a largo plazo para la economía rusa no parece halagüeño. Es posible que el país se vea obligado a volver al sistema que abandonó hace diez años, la planificación central.

Una economía basada en la propiedad estatal probablemente también sería muy ineficiente, como lo era antes, en la época soviética. Pero ¿existe una alternativa? Los reformadores económicos rusos creían que la propiedad privada produciría mágicamente un aumento de la eficiencia y un incremento de la producción. Pero, como hemos visto, este crecimiento no se produjo.

A pesar de estas preocupaciones, el movimiento hacia el capitalismo arrasó con todo y el régimen estalinista fue relegado al basurero de la historia. Por ello, la última parte del libro ha sido completamente revisada a la luz de los acontecimientos que se produjeron después de que la primera edición viera la luz. La evolución posterior nos ha permitido colmar muchas lagunas en nuestros conocimientos, corregir errores y emitir un juicio definitivo sobre el carácter de clase de Rusia, que en el momento de escribir el libro era todavía un proceso inacabado. Gran parte de lo escrito entonces ha quedado obsoleto y ha sido sustituido por un nuevo epílogo escrito por Alan Woods, que colaboró estrechamente con Ted Grant durante muchos años.

Hasta el día de hoy, uno buscaría en vano una explicación de las causas reales de la crisis del estalinismo en todos los escritos de los burgueses, reformistas y ex estalinistas, por no hablar de la miríada de sectas al margen del movimiento obrero. Sin embargo, fueron analizados de antemano en los documentos escritos por Ted en Perspectivas Internacionales, ya en agosto de 1972. Desgraciadamente, en aquella época este material sólo fue leído por un pequeño número. La presente obra pondrá este análisis detallado y profundo a disposición de un público más amplio. La presente obra no sólo plantea preguntas, sino que ofrece respuestas.


​Introducción

​​ ​“Independientemente de lo que se piense del bolchevismo, es innegableque la Revolución Rusa es uno de losmayoresacontecimientos de la historia humana, y el gobierno de losbolcheviques un fenómeno de importanciamundial”.

(J. Reed, Diez días que estremecieron al mundo).

Este año se cumple el centenario de la Revolución de Octubre. Los apologistas del capitalismo, y aquellos que les hacen eco fielmente en el movimiento obrero, tratan de consolarse con la idea de que el colapso de la URSS significó la desaparición del socialismo. Pero lo que fracasó en Rusia no fue el socialismo sino una caricatura del socialismo. Al contrario de las repetidas calumnias, el régimen estalinista fue la antítesis del régimen democrático establecido por los bolcheviques en 1917.

El colapso de la URSS fue presentado por los defensores del capitalismo como el equivalente a la victoria final de la “economía de libre mercado” sobre el “comunismo”. Hace 25 años esto produjo una ola de euforia entre la burguesía y sus apologistas. Se habló del fin del socialismo, del fin del comunismo e, incluso, del fin de la historia y, desde entonces, hemos presenciado una ofensiva ideológica sin precedentes contra las ideas del marxismo a escala mundial. Esta exuberancia irracional no tuvo límites.

El entonces presidente estadounidense, George Bush, anunció triunfalmente la creación de un “Nuevo Orden Mundial” bajo el dominio del imperialismo estadounidense. “La Unión Soviética ya no existe”, escribió Martin McCauley. “El gran experimento ha fracasado... El marxismo en la práctica ha fracasado en todas partes, no hay un modelo económico marxista capaz de competir con el capitalismo”. (M. McCauley: The Soviet Union 1917-1991) “¡Ganamos!” Exclamaba el editorial de The Wall Street Journal (24/5/89). Francis Fukuyama lanzaba su famosa predicción: “El período de la post-historia ha llegado... La democracia liberal ha triunfado, y la humanidad ha alcanzado su más alta sabiduría. La historia ha llegado a su fin”.

Veinticinco años más tarde no queda nada de estas imprudentes ilusiones. El capitalismo ha entrado en la crisis más grave desde la Gran Depresión. Millones de personas se enfrentan a un futuro de desempleo, pobreza, recortes y austeridad. Las guerras y los conflictos estropean todo el planeta, cuyo futuro se ve amenazado por las depredaciones causadas por la incontrolada economía de mercado. Ahora, a la fría luz del día, esas proclamas triunfalistas parecen irónicas. La crisis global del capitalismo y sus efectos han puesto en duda las confiadas predicciones. Todas las grandes promesas de leche y miel de los líderes occidentales que siguieron al colapso de la Unión Soviética se han evaporado como una gota de agua en una estufa caliente.

El sueño estadounidense de dominar el mundo está enterrado bajo las ruinas humeantes de Alepo. Todos los pronunciamientos triunfalistas de los estrategas burgueses se han demostrado falsos. La historia ha regresado para vengarse. Los mismos observadores occidentales que exageraron todos los defectos de la economía soviética están ahora luchando desesperadamente por explicar el fracaso manifiesto de la economía de mercado. Reinan el colapso económico, la inestabilidad política, la incertidumbre, las guerras y los conflictos. La euforia anterior ha dado paso al pesimismo más negro.

Es por esta razón que el centenario de la Revolución Rusa será inevitablemente la ocasión para intensificar la viciosa campaña anticomunista. La razón no es difícil de entender. La crisis mundial del capitalismo está dando lugar a un cuestionamiento general de la “economía de mercado”. Hay un renacimiento del interés en las ideas marxistas, que es alarmante para la burguesía. La nueva campaña de calumnias es reflejo, no de confianza sino de miedo.

Miedo a la revolución

La historia demuestra que no basta con que la clase dominante derrote a una revolución. Es necesario cubrirla con calumnias, ennegrecer el nombre de sus líderes y rodearla con una nube de malicia y sospecha, de tal modo que ni siquiera permanezca el recuerdo de ella para inspirar a las nuevas generaciones. No hay nada nuevo en esto. En el siglo XIX, el historiador Thomas Carlyle dijo, al escribir su libro sobre Oliver Cromwell, que antes de que pudiera comenzar tuvo que rescatar el cuerpo de Cromwell de debajo de una montaña de perros muertos.

Después de la Restauración de la monarquía en 1660, todos los recuerdos de Cromwell y la revolución burguesa inglesa tuvieron que ser borrados de la memoria colectiva. La monarquía restaurada de Carlos II fechó oficialmente su reinado desde el 30 de enero de 1649, fecha de la ejecución de Carlos I, borrando todas las referencias a la república y a sus actos revolucionarios. El arrogante Carlos II estaba tan imbuido por el espíritu de despecho, odio y venganza, que llegó a exhumar el cadáver de Oliver Cromwell, para luego colgarlo en público en Tyburn.

La misma malicia y el mismo rencor que nacen del miedo motivan los esfuerzos actuales para negar los logros y el significado revolucionario de la Revolución Rusa y oscurecer la memoria de sus líderes. La falsificación sistemática de la historia que está llevando a cabo la burguesía, aunque de forma algo más sutil que los linchamientos póstumos de los monarcas ingleses, no le otorga en absoluto más crédito moral. En última instancia, no resultará más eficaz. La locomotora del progreso humano es la verdad, no la mentira. Y la verdad no permanecerá enterrada para siempre.

Durante casi tres generaciones, los apologistas del capitalismo dieron rienda suelta a su rabia contra la Unión Soviética. No se escatimaron esfuerzos en el intento de ensombrecer la imagen de la Revolución de Octubre y de la economía nacionalizada y planificada que emanó de ella. En esta campaña, los crímenes del estalinismo fueron muy útiles. El truco era identificar el socialismo y el comunismo con el régimen totalitario burocrático que surgió del aislamiento de la revolución en un país atrasado.

El odio a la Unión Soviética compartido por todos aquellos cuyas carreras, salarios y ganancias derivan del orden existente basado en la renta, el interés y el beneficio, no es difícil de entender. No tenía nada que ver con el régimen totalitario de Stalin. Los mismos “amigos de la democracia” no tenían escrúpulos en elogiar regímenes dictatoriales cuando convenía a sus intereses hacerlo. La clase dominante “democrática” británica observaba complaciente la llegada de Hitler al poder, siempre y cuando aplastara a los trabajadores alemanes y dirigiera sus atenciones hacia el Este.

Winston Churchill y otros representantes de la clase dominante británica expresaron su ferviente admiración por Mussolini y Franco, hasta 1939. En el período posterior a 1945, las “democracias” occidentales, en primer lugar los Estados Unidos, respaldaron activamente monstruosas dictaduras, desde la de Somoza a la de Pinochet, desde la Junta argentina al carnicero indonesio Suharto que subió al poder sobre los cadáveres de un millón de personas con el apoyo activo de la CIA. Los líderes de las democracias occidentales se postran ante el régimen empapado de sangre de Arabia Saudí que tortura, asesina, azota y crucifica a sus propios ciudadanos. La lista de estas barbaridades es interminable.

Desde el punto de vista del imperialismo, estos regímenes son perfectamente aceptables, siempre que se basen en la propiedad privada de la tierra, de los bancos y de los grandes monopolios. Su hostilidad implacable hacia la Unión Soviética no se basaba entonces en ningún amor a la libertad, sino en el desnudo interés de clase. Odiaban a la URSS, no por lo que tenía de malo, sino precisamente por lo que tenía de positivo y progresista. Se oponían, no a la dictadura de Stalin (muy al contrario, los crímenes del estalinismo les convenían muy bien como un medio de manchar el nombre del socialismo en Occidente), sino a las formas de propiedad nacionalizadas que eran todo lo que quedaba de las conquistas de Octubre.

Esta reescritura de la historia recuerda a los viejos métodos de la burocracia estalinista que puso la historia del revés, convirtió a figuras importantes en no-personas, o las demonizó, como en el caso de León Trotski, y sostuvo generalmente que lo negro era blanco. Los escritos actuales de los enemigos del socialismo no son diferentes, excepto que calumnian a Lenin con el mismo odio y rencor ciegos que los estalinistas reservaban para Trotski.

Algunos de los peores casos de este tipo se encuentran en Rusia. Esto no es de extrañar, por dos razones diferentes: en primer lugar, estas personas han sido criadas en la escuela estalinista de la falsificación, que se basa en el principio de que la verdad es sólo un instrumento al servicio de la élite gobernante. Los profesores, economistas e historiadores estaban acostumbrados, con algunas honrosas excepciones, a adaptar sus escritos a la “línea” de turno. Los mismos intelectuales que cantaron las alabanzas de Trotski, fundador del Ejército Rojo y líder de la Revolución de Octubre, pocos años después no tuvieron ningún reparo en denunciarlo como un agente de Hitler. Los mismos escritores que adoraron a Joseph Stalin, el gran Líder y Maestro, pronto saltaron al otro lado cuando Nikita Kruschev descubrió el “culto a la personalidad”. Los hábitos son difíciles de cambiar. Los métodos de prostitución intelectual son los mismos. Sólo el amo ha cambiado.

Hay también otra razón completamente distinta. Muchos de los capitalistas en Rusia no hace mucho tiempo llevaban un carnet del Partido Comunista en su bolsillo y hablaban en nombre del “socialismo”. En realidad, no tenían nada que ver con el socialismo, con el comunismo ni con la clase obrera. Formaban parte de una casta gobernante parasitaria que vivía una vida de lujo a espaldas de los trabajadores soviéticos. Ahora, con el mismo cinismo que siempre ha caracterizado a estos elementos, se han pasado abiertamente al capitalismo. Pero esta transformación milagrosa no puede consumarse tan fácilmente. Estas personas sienten una necesidad imperiosa de justificar su apostasía amasando maldiciones sobre lo que profesaban creer antaño. Por estos medios intentan tirar polvo a los ojos de las masas, mientras calman sus propias conciencias –suponiendo que posean tal cosa. Incluso al peor canalla le gusta encontrar alguna justificación para sus acciones.

Los logros de la Revolución

El régimen establecido por la Revolución de Octubre no fue ni totalitario ni burocrático, sino el régimen más democrático que se haya visto hasta hoy en la tierra. La Revolución de Octubre abolió radicalmente la propiedad privada de los medios de producción. Por primera vez en la historia, se demostró la viabilidad de una economía planificada y nacionalizada, no en teoría sino en la práctica. En más de una sexta parte de la superficie terrestre, en un experimento gigantesco y sin parangón, se demostró que era posible dirigir la sociedad sin capitalistas, terratenientes ni prestamistas.

Hoy en día, está de moda atenuar los resultados alcanzados, o incluso negarlos por completo. Sin embargo, el mínimo análisis de los hechos nos lleva a una conclusión muy diferente. A pesar de todos los problemas, las deficiencias y los crímenes (que, por cierto, la historia del capitalismo nos proporciona en abundancia), la economía planificada y nacionalizada logró los avances más asombrosos en la Unión Soviética, en un espacio histórico notablemente corto. Esto es lo que provocó el miedo y el odio que caracterizó la actitud de las clases dominantes de Occidente. Esto es lo que las obliga, incluso ahora, a caer en las mentiras y calumnias más descaradas y sin precedentes sobre el pasado (por supuesto, siempre bajo el disfraz de la más exquisita “objetividad académica”).

Los burgueses tienen que enterrar de una vez por todas los ideales de la Revolución de Octubre. En consecuencia, el colapso de la URSS fue la señal de una avalancha de propaganda contra los logros de las economías planificadas de Rusia y Europa del Este. Esta ofensiva ideológica de los estrategas del capital contra el “comunismo” fue un intento calculado de negar las conquistas históricas que emanaron de la Revolución. Para estas damas y caballeros, desde 1917, la Revolución Rusa fue una aberración histórica. Para ellos, sólo puede haber una forma de sociedad. El capitalismo siempre había existido y seguiría haciéndolo. Por lo tanto, nunca se podría hablar de logros de la economía nacionalizada y planificada. Se dice que las estadísticas soviéticas eran simplemente exageraciones o falsedades.

“Los datos no pueden mentir, pero los mentirosos pueden falsear los datos”. Todos los avances colosales en alfabetización, sanidad, cobertura social, se ocultaron bajo un mar de mentiras y distorsiones destinadas a borrar los verdaderos logros del pasado. Todos los defectos de la vida soviética –y hubo muchos- se han utilizado sistemática y desproporcionadamente para “probar” que no hay alternativa al capitalismo. En lugar de avanzar, hubo declive, se dice. Más que progreso, hubo regresión. “El nivel de atraso de la URSS en los ochenta con respecto a Estados Unidos equivalía al del Imperio ruso en 1913”, escribió el historiador económico Alec Nove, quien concluía que “las revisiones estadísticas han jugado un papel político en la deslegitimación del régimen soviético...”(Alec Nove, Historia económica de la URSS).

Frente a esta campaña sin precedentes de mentiras y calumnias, es esencial que pongamos las cosas en orden. No queremos sobrecargar al lector con estadísticas. Sin embargo, es necesario demostrar sin lugar a dudas los enormes éxitos de la economía planificada. A pesar de los monstruosos crímenes de la burocracia, los avances incomparables de la Unión Soviética representan no sólo un logro histórico, sino que dan ante todo una idea de las enormes posibilidades inherentes a una economía planificada y nacionalizada, sobre todo si se desarrolla en líneas democráticas. Dichas posibilidades sobresalen si se contrastan con la crisis de las fuerzas productivas del capitalismo a escala mundial en la actualidad.

Avance sin precedentes

La revolución de octubre de 1917 provocó el mayor avance de las fuerzas productivas de cualquier país en la historia. Antes de la revolución, la Rusia zarista era una economía extremadamente atrasada y semi-feudal, cuya población era predominantemente analfabeta. De una población total de 150 millones de personas sólo había aproximadamente cuatro millones de trabajadores industriales. Eso significa que era mucho más atrasada que Pakistán en la actualidad.

Bajo la terrible situación de atraso económico, social y cultural, el régimen de democracia obrera establecido por Lenin y Trotski comenzó la titánica tarea de sacar a Rusia del atraso sobre la base de una economía planificada y nacionalizada. Los resultados no tienen precedentes en la historia económica. En el espacio de dos décadas, Rusia estableció una poderosa base industrial, desarrolló la industria, la ciencia y la tecnología y abolió el analfabetismo. Logró avances notables en los ámbitos de la salud, la cultura y la educación. Esto sucedió en un momento, en la Gran Depresión, en que el mundo occidental se sumergía en un estado de desempleo masivo y colapso económico.

La viabilidad del nuevo sistema productivo pasó una prueba severa en 1941-45, cuando la Unión Soviética fue invadida por la Alemania nazi con todos los recursos combinados de Europa a su disposición. A pesar de la pérdida de 27 millones de vidas, la URSS logró derrotar a Hitler, y siguió, después de 1945, reconstruyendo su destrozada economía en un espacio de tiempo notablemente corto, transformándose en la segunda potencia del mundo.

Tales avances asombrosos de un país merecen una reflexión. Se puede simpatizar con los ideales de la revolución bolchevique, u oponerse a ellos, pero una transformación tal en un espacio de tiempo tan corto llama la atención de cualquiera.

En un periodo de 50 años, la URSS multiplicó su producto interior bruto (PIB) por nueve. A pesar de la terrible destrucción de la Segunda Guerra Mundial, su PIB se multiplicó por cinco entre 1945 y 1979. En 1950, el PIB de la URSS era sólo el 33% del de los EEUU. Ya en el año 1979 alcanzó el 58%. A finales de la década de los 70, la Unión Soviética se había convertido en una potencia industrial formidable que en términos absolutos ya había superado al resto del mundo en toda una serie de sectores clave. La URSS era el mayor productor de petróleo, acero, cemento, asbestos, tractores y muchos bienes de equipo. La producción industrial de la URSS era la segunda después de la de EEUU.

Pero el alcance de estos logros no se expresa sólo en estas cifras. Todo esto se consiguió prácticamente sin inflación ni paro. El desempleo como el que existía en Occidente era desconocido en la Unión Soviética. De hecho, era legalmente un delito (irónicamente esta ley sigue vigente hoy en día aunque no signifique nada). Podía haber ejemplos individuales fruto de una mala administración económica o de personas que entraban en conflicto con las autoridades y se les privaba de empleo, pero estos fenómenos no se derivaban del carácter de la economía planificada y tenían un mero carácter fortuito. No tenían nada en común ni con el desempleo cíclico del capitalismo ni con el cáncer orgánico que ahora está afectando al conjunto del mundo occidental y que actualmente condena a 35 millones de personas, sólo en los países de la OCDE, a una vida de ociosidad forzosa

Además, durante la mayor parte del período posterior a la guerra, hubo poca o ninguna inflación. La burocracia aprendió la verdad de la advertencia de Trotski de que “la inflación es la sífilis de una economía planificada”. Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte del tiempo se cuidó en asegurar que la inflación se mantuviera bajo control. Este fue particularmente el caso con los precios de los artículos básicos de consumo. Antes de la Perestroika (Reconstrucción, en ruso), a mediados de los años 80, la última vez que se incrementaron los precios de la carne y de los productos lácteos fue en 1962. El precio del pan, el azúcar y la mayoría de los alimentos había aumentado la última vez en 1955. Los alquileres eran extremadamente bajos, particularmente en comparación con Occidente, donde la mayoría de los trabajadores tenían que dedicar un tercio o más de su salario al pago de la vivienda. Sólo en el último período, con el caos de la Perestroika, esto se desmoronó. En la carrera hacia una economía de mercado, tanto el desempleo como la inflación se dispararon a niveles sin precedentes.

La URSS tenía un presupuesto equilibrado e incluso un pequeño superávit cada año. Es interesante señalar que ni un solo gobierno occidental logró este resultado (como lo demuestran las condiciones de Maastricht), así como no lograron el pleno empleo ni la anulación de la inflación, cosas que sí consiguió la Unión Soviética. Los críticos occidentales de la Unión Soviética se mantuvieron muy callados acerca de esto, porque demostró las posibilidades incluso de una economía de transición, no ya socialista.

De un país atrasado, semi-feudal, principalmente analfabeto, en 1917, la URSS se convirtió en una economía moderna y desarrollada, poseía un cuarto de los científicos del mundo, un sistema de salud y educación igual o superior a cualquiera de los países de Occidente, lanzó el primer satélite espacial y puso al primer hombre en el espacio. En la década de 1980, la URSS tenía más científicos que los Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña y Alemania juntos. Sólo recientemente Occidente se vio obligado a admitir a regañadientes que el programa espacial soviético estaba muy por delante del de los Estados Unidos. El hecho de que Occidente todavía tenga que usar cohetes rusos para poner hombres y mujeres en el espacio es una prueba suficiente de esto.

Las mujeres y la Revolución de Octubre

El gran socialista utópico francés Fourier consideraba la posición de la mujer como el indicador más gráfico del progreso o no de un régimen social. El intento de introducir el capitalismo en Rusia ha tenido las consecuencias más calamitosas a este respecto. Todos los avances de la Revolución Rusa, que, por cierto, fueron iniciados por las trabajadoras textiles en el Día Internacional de la Mujer, están siendo sistemáticamente eliminados. La cara reaccionaria del capitalismo se revela gráficamente en la posición de las mujeres en Rusia.

La revolución bolchevique sentó las bases para la emancipación social de la mujer y, aunque la contrarrevolución política estalinista representó un retroceso parcial, es innegable que las mujeres de la Unión Soviética hicieron avances colosales en la lucha por la igualdad. “La Revolución de Octubre cumplió honestamente sus obligaciones en relación con la mujer”, escribió Trotski. “El joven gobierno no sólo le dio todos los derechos políticos y legales en igualdad con el hombre, sino que, lo más importante, hizo todo lo posible, y en todo caso incomparablemente más que cualquier otro gobierno, para asegurarle el acceso a todas las formas de trabajo económico y cultural”.

La Revolución de Octubre fue un hito en la lucha por la emancipación de las mujeres. Antes de eso, bajo el zarismo, las mujeres eran consideradas como meros apéndices del hogar. Las leyes zaristas permitían explícitamente a un hombre usar la violencia contra su esposa. En algunas zonas rurales, las mujeres se veían obligadas a usar el velo y se les impedía aprender a leer y escribir. Entre 1917 y 1927, se aprobó toda una serie de leyes que daban a las mujeres igualdad formal con los hombres. El programa del Partido Comunista de 1919 proclamó audazmente:

No limitándose a la igualdad formal de las mujeres, el partido se esfuerza por liberarlas de las cargas materiales del trabajo doméstico obsoleto reemplazándolo por casas comunales, comedores públicos, lavanderías, etc.

Las mujeres ya no estaban obligadas a vivir con sus maridos o acompañarlos si un cambio de trabajo significaba un cambio de casa. Se les otorgó iguales derechos para ser cabeza de familia y recibir el mismo salario. Se prestó atención al papel de las mujeres en la maternidad y se introdujeron leyes especiales de maternidad, que prohibían largas horas de trabajo nocturno, así como permisos remunerados para el parto, subsidios familiares y guarderías. El aborto fue legalizado en 1920, se simplificó el divorcio y se introdujo el registro civil del matrimonio. También se abolió el concepto de hijos ilegítimos. En palabras de Lenin: “En el sentido literal, no dejamos un solo ladrillo de las leyes despreciables que colocaban a las mujeres en un estado de inferioridad en comparación con los hombres...”.

Se realizaron avances materiales para facilitar la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social, económica y política: la provisión de comidas escolares gratuitas, leche para niños, alimentos especiales y pañales para niños necesitados, centros de consultas de embarazo, guarderías y otras instalaciones. Es cierto que la aparición del estalinismo introdujo una serie de contra-reformas en el ámbito social, que afectaron drásticamente la posición de las mujeres. Pero con la muerte de Stalin, el crecimiento económico de la posguerra permitió una mejora general constante: la jubilación a los 55 años, la no discriminación en la remuneración y las condiciones de empleo y el derecho de las mujeres embarazadas a trabajar en trabajos más ligeros con permiso de maternidad totalmente remunerada 56 días antes y 56 días después del nacimiento del niño. La nueva legislación en 1970 abolió el trabajo nocturno y el trabajo subterráneo para las mujeres. El número de mujeres en la educación superior como porcentaje del total aumentó del 28% en 1927, al 43% en 1960, y al 49% en 1970. Los únicos países del mundo donde las mujeres constituían más del 40% del total de los matriculados en la educación superior eran Finlandia, Francia y los Estados Unidos.

Hubo mejoras en la atención preescolar de los niños: en 1960, había 500.000 guarderías, pero en 1971 había aumentado a más de cinco millones. Los enormes avances de la economía planificada, con las consiguientes mejoras en la atención de la salud, se reflejaron en la duplicación de la esperanza de vida de las mujeres pasando de 30 a 74 años y en la reducción de la mortalidad infantil en un 90%. En 1975, el número de mujeres que trabajaban en educación había aumentado al 73%. En 1959, un tercio de las mujeres ocupaban puestos de trabajo donde el 70% de la mano de obra eran mujeres, pero en 1970 esa cifra había aumentado al 55%. En ese momento, el 98% de las enfermeras eran mujeres, al igual que el 75% de los profesores, el 95% de los bibliotecarios y el 75% de los médicos. En 1950, había 600 mujeres doctores en ciencias, pero en 1984 había subido a 5.600.

La restauración capitalista revirtió rápidamente los logros del pasado, llevando a las mujeres a una posición de esclavitud abyecta en el nombre hipócrita de la “familia”. La mayor parte de la carga de la crisis se está colocando sobre los hombros de las mujeres.

¿Por qué colapsó la Unión Soviética?

A pesar de estos éxitos extraordinarios, la URSS colapsó. La cuestión que debe abordarse es por qué ocurrió esto. Las explicaciones de los “expertos” capitalistas son tan predecibles, como huecas. El socialismo (o comunismo) fracasó. Fin de la historia. Sin embargo, las explicaciones de los líderes obreros, tanto del ala izquierda y como del sector más derechista, no son mucho mejores. Los reformistas de derecha como siempre, simplemente repiten los puntos de vista de la clase dominante. De los reformistas de izquierda solo obtenemos un silencio embarazoso. Los líderes de los partidos comunistas de Occidente, que ayer apoyaban de manera acrítica todos los crímenes del estalinismo, ahora tratan de distanciarse de un régimen desacreditado, pero no tienen ninguna respuesta a las preguntas de los jóvenes y trabajadores, que exigen explicaciones serias.

Los logros de la industria soviética, la ciencia y la tecnología ya se han explicado. Pero había otra cara de la moneda. El Estado obrero democrático establecido por Lenin y Trotski fue sustituido por el Estado burocrático monstruosamente deformado de Stalin. Esta fue una terrible regresión, lo que significaba la liquidación del poder político de la clase obrera, pero no de las conquistas socioeconómicas fundamentales de Octubre. Las nuevas relaciones de propiedad, que tuvieron su expresión más clara en la economía nacionalizada y planificada, se mantuvieron.

En la década de 1920 Trotski escribió un pequeño libro con el título: ¿Hacia el socialismo o el capitalismo? Esa fue siempre la cuestión decisiva para la URSS. La propaganda oficial proclamaba que la Unión Soviética se estaba moviendo inexorablemente hacia la consecución del socialismo. En la década de 1960 Jruschov se jactaba de que el socialismo ya había sido alcanzado y que en la URSS se iba a construir una sociedad plenamente comunista en veinte años. Pero la verdad era que la Unión Soviética se estaba moviendo completamente en otra dirección.

El movimiento hacia el socialismo debe significar una reducción gradual de la desigualdad. Pero en la Unión Soviética la desigualdad se incrementaba continuamente. Un abismo se abría entre las masas y los millones de funcionarios privilegiados y sus esposas y niños con sus elegantes trajes, cochazos, y apartamentos y dachas confortables. La contradicción era aún más evidente, ya que contrastaba con la propaganda oficial sobre el socialismo y el comunismo.

Desde el punto de vista de las masas, el éxito económico no puede ser reducido a la cantidad de acero, cemento o electricidad producida. Los niveles de vida dependen sobre todo de la producción de mercancías que sean de buena calidad, baratas y fácilmente disponibles: ropa, zapatos, alimentos, lavadoras, televisores y productos similares. Pero en aquellos terrenos la URSS estaba muy por detrás de Occidente. Esto no habría sido tan grave, pero el hecho era que algunas personas tenían acceso a estas cosas mientras que a la mayoría se les negaba.

La razón por la que el estalinismo pudo durar tanto tiempo a pesar de todas las patentes contradicciones que creó, fue precisamente el hecho incontestable que durante décadas la economía nacionalizada y planificada logró avances extraordinarios. Pero el control asfixiante de la burocracia dio lugar a la corrupción, a una desastrosa administración, chapuzas y despilfarro a una escala colosal. Minó las conquistas de la economía planificada. En la medida en que la URSS se desarrollaba a un nivel superior, los efectos negativos de la burocracia tenían consecuencias aún más perjudiciales.

La burocracia siempre actuó como un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero mientras que la tarea de la construcción de la industria pesada era relativamente simple, una economía moderna y sofisticada con sus complejas relaciones entre la industria ligera y pesada, la ciencia y la tecnología no se puede ejecutar por decreto burocrático sin causar gravísimas interrupciones. Los costos de mantenimiento de un enorme gasto militar así como los gastos de mantenimiento del control sobre Europa del Este impusieron nuevas presiones a la economía soviética.

Con todos los recursos colosales que disponía, la poderosa base industrial y el ejército de técnicos cualificados y científicos, la burocracia fue incapaz de lograr los mismos resultados que Occidente. En los campos vitales de la productividad y los niveles de vida, la Unión Soviética se quedó atrás. La razón principal fue la carga colosal impuesta a la economía soviética por la burocracia –los millones de funcionarios codiciosos y corruptos que administraban la Unión Soviética sin ningún control por parte de la clase obrera.

Como resultado de esto, la Unión Soviética se estaba quedando atrás de Occidente. Mientras las fuerzas productivas en la URSS continuaban desarrollándose, la tendencia pro-capitalista era insignificante. Pero el estancamiento del estalinismo transformó por completo la situación. A mediados de la década de 1960, el sistema de economía planificada burocráticamente controlada llegó a su límite. Esto se expresaba gráficamente por una fuerte caída en la tasa de crecimiento en la URSS, que disminuyó continuamente durante la década de 1970, cercanos a cero bajo Breznev. Una vez que la Unión Soviética fue incapaz de obtener mejores resultados que el capitalismo, esto selló su destino.

Fue en este punto que Ted Grant llegó a la conclusión de que la caída del estalinismo era inevitable, una brillante predicción que hizo ya en 1972. Desde un punto de vista marxista, tal perspectiva era ineludible. El marxismo explica que en última instancia la viabilidad de un sistema socioeconómico determinado depende de su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas. ​​Este libro explica todo el proceso con gran detalle, y muestra cómo en el período posterior a 1965, la tasa de crecimiento de la economía soviética comenzó a disminuir. Entre 1965 y 1970, la tasa de crecimiento fue del 5,4 por ciento. Durante el próximo período de siete años, entre 1971 y 1978, la tasa media de crecimiento fue sólo del 3,7 por ciento.

Esto era comparable al promedio de 3,5 por ciento para las economías capitalistas avanzadas de la OCDE. En otras palabras, la tasa de crecimiento de la Unión Soviética ya no era mucho más alta que el alcanzado en el capitalismo, una situación desastrosa. Como resultado, la contribución de la URSS a la producción mundial total disminuyó de hecho ligeramente, del 12,5 por ciento en 1960 al 12,3 por ciento en 1979. En el mismo periodo, Japón aumentó su participación del 4,7 por ciento al 9,2 por ciento. Toda la palabrería de Kruschev sobre alcanzar y adelantar al imperialismo americano se evaporó en el aire. Posteriormente, la tasa de crecimiento en la Unión Soviética continuó cayendo hasta que al final del período de Brezhnev, (el “período de estancamiento”, como fue bautizado por Gorbachov) se redujo a cero.

Una vez llegado a esta etapa, la burocracia dejó de jugar el todavía relativamente papel progresista que había desempeñado en el pasado. Esta es la razón por la cual el régimen soviético entró en crisis. Ted Grant fue el único marxista que llegó a esta lógica conclusión. Explicó que una vez que la Unión Soviética no podía obtener mejores resultados que el capitalismo, el régimen estaba condenado. Por el contrario, todas las otras tendencias, desde la burguesía a los estalinistas, daban por sentado que los regímenes aparentemente monolíticos en Rusia, China y Europa del Este iban a durar casi indefinidamente.

La contrarrevolución política llevada a cabo por la burocracia estalinista en Rusia liquidó por completo el régimen de democracia soviética de los trabajadores, pero no destruyó las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre. La burocracia gobernante se basaba en la economía nacionalizada y planificada y jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque tres veces al costo del capitalismo, con tremendo despilfarro, corrupción y mala gestión, como Trotski señaló incluso antes de la guerra, cuando la economía estaba avanzando un 20 por ciento al año.

Pero a pesar de sus éxitos, el estalinismo no logró resolver los problemas de la sociedad. En realidad, representaba una monstruosa anomalía histórica, el resultado de una concatenación histórica peculiar de circunstancias. La Unión Soviética de Stalin se basaba en una contradicción fundamental. La economía nacionalizada y planificada estaba en contradicción con el Estado burocrático. Incluso en la época de los primeros planes quinquenales, el régimen burocrático era responsable de pérdidas colosales. Esta contradicción no desapareció con el desarrollo de la economía, sino que, por el contrario, ésta se hacía cada vez más insoportable hasta que finalmente el sistema se derrumbó por completo.

Esto es asumido por todo el mundo. Sin embargo, ser sabios sobre el pasado es relativamente fácil. No es tan fácil predecir los procesos históricos de antemano, pero esto fue ciertamente el caso en los notables escritos de Ted Grant sobre Rusia, que trazaron con precisión gráfica la caída del estalinismo y predijeron su resultado. Sólo en estos escritos nos encontramos con un análisis exhaustivo de las causas de la crisis del régimen burocrático, que aún hoy en día sigue siendo un libro sellado con siete sellos para todos los otros comentaristas de los acontecimientos de la antigua URSS.

El análisis de Trotski

El punto de partida ​​del presente libro fue el brillante análisis realizado por León Trotski en su obra maestra La revolución traicionada, escrita en 1936, que aún hoy en día conserva todo su vigor y relevancia original. Nadie que seriamente quiera entender lo que ha sucedido en Rusia puede pasar por alto este gran trabajo de análisis marxista. Sin embargo, por razones comprensibles, Trotski no proporcionó un análisis acabado, de una vez y para siempre de la naturaleza de clase del estado soviético, pero dejó abierta la cuestión de qué dirección tomaría finalmente.

El gran marxista ruso entendió que el destino de la Unión Soviética estaría determinado por la lucha de las fuerzas vivas, que estaban a su vez inseparablemente conectadas con los movimientos a escala mundial: tales acontecimientos no se podían predecir de manera precisa. De hecho, la forma peculiar en que la Segunda Guerra Mundial se desarrolló tuvo un efecto decisivo en el destino de la Unión Soviética, que nadie anticipó. Trotski escribió:

“Es imposible en la actualidad responder final e irrevocablemente la pregunta de en qué dirección las contradicciones económicas y sociales de los antagonismos de la sociedad soviética se desarrollarán en el transcurso de los próximos tres, cinco o diez años. El resultado depende de la lucha de las fuerzas sociales –no a nivel nacional, sino más bien a nivel internacional. En cada nueva etapa, por lo tanto, un análisis concreto es necesario de las relaciones reales y tendencias en su conexión e interacción continua” (Trotski, La revolución traicionada, p. 49).

Trotski tuvo la precaución de colocar un signo de interrogación sobre el futuro del Estado soviético. Su predicción fue que la burocracia estalinista con el fin de preservar sus privilegios, “inevitablemente, en las etapas futuras para asegurar su posición, restablecería las relaciones capitalistas de propiedad”, se demostró que fue absolutamente correcta. El espectáculo repugnante de líderes, gerentes y funcionarios de toda la vida del Partido Comunista, rompiendo su carnet del partido para transformarse abiertamente en “empresarios”, con la misma facilidad que un hombre pasa de un compartimento de un tren a otro, muestra hasta qué punto el régimen estalinista era ajeno al genuino socialismo.

Trotski no esperaba que el régimen estalinista durará tanto como lo hizo. Es cierto que en su última obra, Stalin, sí sugirió que el régimen podría durar décadas en su forma actual, pero el libro estaba sin terminar en el momento de su asesinato, y no pudo desarrollar esta idea. La Unión Soviética emergió fortalecida enormemente de la Segunda Guerra Mundial. El régimen estalinista, que Trotski consideraba como una aberración histórica temporal, sobrevivió durante décadas. Esto tuvo un efecto profundo, sobre todo, sobre la conciencia de las masas y de la propia burocracia.

Trotski tenía la esperanza que el régimen estalinista sería derrocado por una revolución política de la clase obrera. Pero si esto no sucedía, se planteó la posibilidad en una cierta etapa que el proceso de contrarrevolución burocrática conduciría a la destrucción de las relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre:

“La contrarrevolución se pone enfuncionamientocuando el motor de las conquistassocialesprogresistas se empieza a desmontar. Parece que no hay finaestedesmontaje. Sin embargo, unaparte de las conquistas de la revoluciónsiempre se conserva. Por lo tanto, a pesar de las distorsionesburocráticasmonstruosas, la base de clase de la URSS siguesiendoproletaria. Pero debemostenerencuentaque el proceso de desmontajeaún no se ha completado, y el futuro de Europa y del mundodurante las próximasdécadas, todavía no se ha decidido. El Termidorruso, sin duda, abriríaunanueva era de dominaciónburguesa, siesta no se hubiesedemostrado obsoleta entodo el mundo. En cualquiercaso, la lucha contra la igualdad y el establecimiento de diferenciacionessocialesmuyprofundas, hasta ahora, ha sidoincapaz de eliminar la concienciasocialista de las masas o la nacionalización de losmedios de producción y de la tierra, queeran las conquistassocialistasbásicas de la revolución. A pesar de menospreciarestoslogros, la burocraciaaún no se ha aventurado a recurrir a la restauración de la propiedadprivada de losmedios de producción”. (Ibid., Pp. 405-6)

La perspectiva de la restauración capitalista en Rusia y sus repercusiones fue explicado con una notable previsión por Trotski en 1936:

“Un colapso del régimen soviético provocaría inevitablemente el colapso de la economía planificada, y por lo tanto la abolición de la propiedad estatal. El lazo obligado entre los trusts y las fábricas en el seno de los primeros, se rompería. Las empresas más exitosas tendrían éxito en su camino de independencia. Podrían convertirse en sociedades por acciones, o podrían encontrar cualquiera otra forma de transición de la propiedad tal como en la que los trabajadores participan en las ganancias. Las granjas colectivas se desintegrarían al mismo tiempo y con mucha más facilidad. La caída de la dictadura burocrática actual, si no se sustituye por un nuevo poder socialista, significaría por lo tanto un retorno a las relaciones capitalistas con una caída catastrófica de la economía y de la cultura”. (León Trotski, La revolución traicionada, pp. 250-1)

Lo que sorprende es la forma brillante en la que Trotski anticipó las principales líneas de lo que realmente ocurrió en Rusia. En completo contraste con la claridad del enfoque de Trotski vemos la quiebra teórica y práctica de la teoría del “capitalismo de Estado”, que en diferentes formas ha ocupado las mentes de diferentes sectas ultraizquierdistas durante décadas. Después de la Segunda Guerra Mundial Ted Grant desarrolló y extendió el análisis del bonapartismo proletario de Trotski, en particular La teoría marxista del Estado, la cual demolió totalmente la idea del capitalismo de Estado en Rusia.

De acuerdo con esta “teoría”, el régimen de la URSS ya era capitalista hace mucho tiempo ¿Por qué, entonces, debían los trabajadores molestarse en defender las viejas formas de propiedad estatal (capitalismo de Estado) contra la burguesía naciente, ya que no hay diferencia entre ellos? Esta línea de argumentación, que desarma completamente a la clase obrera frente a la contrarrevolución capitalista, es un claro ejemplo de cómo una teoría falsa conduce inevitablemente a un desastre en la práctica.

La crisis del estalinismo no tenía nada en común con la crisis del capitalismo (o “capitalismo de estado”). Esto último es el resultado de la anarquía del mercado y de la propiedad privada. Pero no había nada parecido a una crisis de sobreproducción en el caso de la URSS, que se basaba en una economía nacionalizada y planificada, aunque afligida con todos los males de la burocracia, la corrupción y la mala administración.

A esto hay que añadir el carácter limitativo del Estado-nación, que ha sobrevivido a su utilidad y se ha convertido en una traba gigantesca para el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto explica por qué todos los países, incluso la mayor superpotencia, están obligados a participar en el mercado mundial. Esto fue predicho por anticipado por Marx. Es también la razón por la cual la idea del socialismo en un solo país es una utopía reaccionaria.

Caricatura de socialismo

Lo que fracasó en Rusia y Europa del Este no fue el comunismo ni el socialismo, de la manera entendida por Marx o Lenin, sino una caricatura burocrática y totalitaria. Lenin explicó que el movimiento hacia el socialismo requiere el control democrático de la industria, la sociedad y el Estado por parte del proletariado. El verdadero socialismo es incompatible con el gobierno de una élite burocrática privilegiada, lo que inevitablemente se acompaña de colosal corrupción, nepotismo, despilfarro, mala gestión y caos.

Las economías nacionalizadas y planificadas de la URSS y Europa del Este lograron resultados sorprendentes en los campos de la industria, la ciencia, la salud y la educación. Pero, como Trotski predijo ya en 1936, el régimen burocrático en última instancia, socavó la economía nacionalizada y planificada y preparó el camino para su colapso y el retorno del capitalismo.

¿Cuál es el balance de la revolución de octubre y el gran experimento de la economía planificada que le siguió? ¿Qué implicaciones tienen para el futuro de la humanidad? ¿Y qué conclusiones pueden extraerse de éstas? La primera observación debe ser evidente por sí misma. Tanto como si se está a favor o en contra de la Revolución de Octubre, no puede haber ninguna duda de que este único acontecimiento cambió el curso de la historia del mundo en una forma sin precedentes, todo el siglo XX estuvo dominado por sus consecuencias. Este hecho es reconocido incluso por los comentaristas más conservadores y quienes son hostiles a la Revolución de Octubre.

Huelga decir que el autor de estas líneas es un firme defensor de la revolución de octubre. Lo considero como el mayor acontecimiento único en la historia humana. ¿Por qué digo esto? Porque aquí por primera vez, si excluimos a ese evento glorioso, pero efímero, que fue la Comuna de París, millones de hombres y mujeres comunes derrocaron a sus explotadores, tomó su destino en sus propias manos, y por lo menos comenzaron la tarea de transformar la sociedad.

Que esta tarea, en condiciones específicas, se desvió a través de canales imprevistos por los líderes de la revolución, no invalida las ideas de la Revolución de Octubre, ni disminuye la importancia de las conquistas colosales hechas por la URSS durante los 70 años que siguieron.

Los enemigos del socialismo responderán con desprecio que el experimento terminó en un fracaso. Contestamos con las palabras de ese gran filósofo, Spinoza, que nuestra tarea no es ni llorar ni reír, sino entender. Sin embargo, uno puede buscar en vano en todos los escritos de los enemigos burgueses del socialismo, una explicación seria de lo que ocurrió en la Unión Soviética. Sus llamados análisis carecen de toda base científica porque están motivados por el odio ciego que refleja claramente los intereses de clase.

No fue la burguesía degenerada de Rusia, que fue arrojada al basurero de la historia en octubre de 1917, sino la economía nacionalizada y planificada lo que condujo a Rusia a la era moderna, a la construcción de fábricas, carreteras y escuelas, a la educación de los hombres y las mujeres, creando brillantes científicos, edificaciones, el ejército que derrotó a Hitler y puso al primer hombre en el espacio.

A pesar de los crímenes de la burocracia, la Unión Soviética se transformó rápidamente de una economía atrasada semifeudal en una nación industrial avanzada, moderna. Al final, sin embargo, la burocracia no estaba satisfecha con la colosal riqueza y los privilegios que había obtenido a través del saqueo del Estado soviético. Como predijo Trotski, la burocracia se pasó al campo de la restauración capitalista, transformándose de una casta parasitaria a una clase dominante.

El movimiento hacia el capitalismo ha significado un gigantesco paso atrás para el pueblo de Rusia y las antiguas repúblicas de la URSS. La sociedad retrocedió hacia un abismo y tuvo que aprender todas las ventajas de la civilización capitalista: el fanatismo religioso, la prostitución, las drogas, y todas las otras “bondades” del capitalismo. Por el momento, el régimen de Putin ha logrado consolidarse. Pero su aspecto de fortaleza es ilusorio. El capitalismo ruso, al igual que la cabaña en el cuento de hadas ruso, está construido sobre patas de gallina.

El talón de Aquiles del capitalismo ruso es que ahora está vinculado por un cordón umbilical a la suerte del capitalismo mundial. Está sujeto a todas las tormentas y tensiones de un sistema que se encuentra en una crisis terminal. Esto tendrá un impacto profundo en Rusia, tanto económica como políticamente. Tarde o temprano, los trabajadores rusos se recuperarán de los efectos de la derrota y pasarán a la acción. Cuando esto suceda se volverán a descubrir rápidamente las tradiciones de la Revolución de Octubre y las ideas genuinas del bolchevismo. Ese es el único camino a seguir por los trabajadores de Rusia y de todo el mundo.

Alan Woods,

Londres 7 de enero de 2017

 


I. Balance de Octubre

Miré al futuro, tan lejos como alcanza el ojo humano. Vi la Visión del mundo, y todas las maravillas que serían. (Alfred Tennyson)

Los avances de la economía planificada

La Revolución Rusa de 1917 fue uno de los acontecimientos más grandes de la historia. Por primera vez, si dejamos aparte el episodio heroico de la Comuna de París, millones de obreros y campesinos oprimidos tomaron el poder político en sus propias manos, barriendo la dominación despótica de los capitalistas y los terratenientes, y empezaron la creación de un orden socialista mundial. Destruyendo el viejo régimen zarista que había dominado durante mil años, conquistaron una sexta parte de la superficie del planeta. El ancienrégime fue sustituido por el gobierno de un nuevo sistema estatal democrático: el Sóviet de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Marcaba el inicio de la revolución mundial, inspirando los sueños y aspiraciones de millones de personas en todo el mundo que habían soportado la pesadilla de la Primera Guerra Mundial. A pesar del terrible atraso de Rusia, la nueva República Socialista Soviética representaba una amenaza decisiva para el orden capitalista mundial. Sembró el pánico en los círculos burgueses, que correctamente la consideraban como una amenaza para su poder y sus privilegios, pero se consolaban con la noción de que el régimen bolchevique sólo iba a durar unas cuantas semanas. Las relaciones de propiedad nacionalizada que surgieron de la revolución, cimientos de un sistema social totalmente nuevo, entraban en conflicto directo con la forma capitalista de sociedad. A pesar del surgimiento del estalinismo, este antagonismo fundamental se mantuvo hasta el colapso de la Unión Soviética. Incluso en el momento actual, los acontecimientos en Rusia siguen conjurando la política mundial, cual fantasma de Banquo que ensombrece continuamente los festejos de la clase capitalista.

Para poder apreciar en su totalidad el alcance de estos logros, es necesario recordar el punto de partida. En su afán por desacreditar las ideas del auténtico socialismo, los voceros del “libre mercado” se olvidan convenientemente de unos pocos detalles. En 1917, la Rusia zarista era en la práctica mucho más atrasada que la India actual. Estaba muy por detrás de Occidente. Era la tierra bárbara del arado medieval de madera, utilizado por campesinos que sólo hacía dos generaciones que habían conseguido emanciparse de la servidumbre. Rusia había sido dominada por el despotismo zarista durante siglos. La clase obrera industrial era una pequeña minoría, menos de cuatro millones de un total de 150 millones de habitantes. El 70% de la población no sabía leer ni escribir. El capitalismo ruso era extremadamente débil y se apoyaba en las muletas del capital extranjero: los franceses, británicos, alemanes, belgas y otras potencias occidentales controlaban el 90% de las minas rusas, el 50% de su industria química, más del 40% de la metalúrgica y el 42% de las acciones bancarias. La Revolución de Octubre intento transformar todo esto, mostrando una salida a los trabajadores de todos los países y preparando el camino para la revolución socialista mundial. A pesar de los enormes obstáculos y problemas, la economía planificada revolucionó las fuerzas productivas en la URSS y sentó las bases para una economía moderna. El periodo entre las dos guerras mundiales vio el desarrollo de la industria pesada en una serie de Planes Quinquenales y puso los cimientos para el desarrollo de los años de la posguerra.

En 1936 Trotski escribió: “El mérito imperecedero del régimen de los sóviets estriba en la lucha tan ruda, y generalmente eficaz, contra una barbarie secular (…) El régimen soviético está pasando por una fase preparatoria en la que importa, asimila, se apodera de las conquistas técnicas y culturales de Occidente.” (L. Trotski, La Revolución Traicionada, p. 61). Desde entonces, la economía soviética avanzó con botas de siete leguas. En los cincuenta años que van de 1913 (el punto álgido de la producción de preguerra) a 1963, a pesar de dos guerras mundiales, la intervención extranjera y la guerra civil, entre otras calamidades, la producción industrial total creció más de 52 veces. La cifra correspondiente para los EEUU fue menos de seis veces, mientras que Gran Bretaña a duras penas duplicó su producción. En otras palabras, en unas pocas décadas, gracias a la economía planificada, la Unión Soviética se transformó de una economía agrícola atrasada en la segunda potencia más importante del globo, con una poderosa base industrial, un alto nivel cultural y más científicos que EEUU y Japón juntos.

Desde un punto de vista marxista, la función de la técnica es economizar trabajo humano. En el periodo de cincuenta años que va de 1913 a 1963, el crecimiento de la productividad del trabajo en la industria, el índice clave del desarrollo económico, creció un 73% en Gran Bretaña y el 332% en los EEUU. En la URSS, la productividad del trabajo en el mismo periodo creció en un 1.310%, aunque partía de una base muy inferior. Los periodos de tremendo avance económico en Rusia coincidieron en general con periodos de crisis o estancamiento en el Occidente capitalista. Las zancadas adelante de la industria soviética en los años 30 coincidieron con la gran crisis y depresión en el mundo capitalista, acompañada por paro masivo y pobreza crónica. Entre 1929 y 1933 la producción industrial americana cayó un 48,7%. La American National Research League estimaba el numero de parados en marzo de 1933 en 17.920.000. En Alemania había más de seis. Estas comparaciones por sí solas nos muestran gráficamente la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía de la producción capitalista.

En la antigua URSS, en una población que creció un 15 por ciento, el número de técnicos se multiplicó por 55; el número de estudiantes a tiempo completo, por seis; el número de libros publicados, por 13; las camas de hospital casi por diez; los niños atendidos en guarderías, por 1.385. El número de médicos por 100.000 habitantes era de 205, comparado con 170 en Italia y Austria, 150 en EEUU, 144 en Alemania Occidental, 110 en Gran Bretaña, Francia y Holanda y 101 en Suecia. La esperanza de vida se duplicó y la mortalidad infantil se redujo a una novena parte. Entre 1955 y 1959, el suelo urbano edificado (estatal y cooperativo) más que se duplicó, mientras que el sector privado se multiplicó por tres. En 1972, el número de médicos había aumentado desde 135.000 a 484.000 y el número de camas de hospital de 791.000 a 2.224.000.

A pesar del duro golpe que representó para la agricultura la colectivización forzosa de Stalin en los años 30, del que nunca se recuperó completamente, también hubo progreso en este terreno, permitiendo a Rusia alimentar adecuadamente a su población. Un avance económico de estas características, en un espacio de tiempo tan breve, no tiene ningún parangón en ninguna parte del mundo. Estos logros contrastan brutalmente con la situación extrema de las masas en la India, Pakistán y el resto del Tercer Mundo. Este avance de la economía soviética es todavía más increíble dado el atraso crónico que caracterizaba su punto de partida. La vieja economía zarista, un país semifeudal con algunos islotes de economía moderna, principalmente en manos de capital extranjero, quedó hecha añicos en la Primera Guerra Mundial. Después de ella hubo dos revoluciones, la guerra civil, el bloqueo imperialista y la intervención extranjera y una hambruna en la que murieron seis millones de personas. A esto hay que añadir los millones de trabajadores, campesinos, técnicos y científicos que murieron, primero en el periodo de colectivización forzosa y luego en las grandes purgas de los años 30. La planificación burocrática empujó la economía hacia adelante, pero a un coste tres veces mayor comparado con la revolución industrial en Occidente. El peso muerto de la mala gestión, el despilfarro, la corrupción y la burocracia asfixiaba la economía hasta llegar a detenerla completamente.

La Segunda Guerra Mundial en Europa fue un nuevo testimonio de los logros de la economía planificada. En realidad, la guerra había quedado reducida a una batalla titánica entre la URSS y la Alemania nazi, con Gran Bretaña y los EEUU como meros espectadores. El coste para la URSS se calcula en 27 millones de muertos. Un millón de personas murió solamente en el asedio de Leningrado. Vastas extensiones de Rusia fueron anexionadas por Hitler o completamente destruidas por la política de tierra quemada de los nazis. Casi el 50% del espacio urbano edificado en el territorio ocupado (1,2 millones de casas) fue destruido, así como 3,5 millones de viviendas en las zonas rurales. “Muchas ciudades están en ruinas. Miles de pueblos fueron arrasados. La gente vivía en agujeros en el suelo. Gran parte de las fábricas, presas, puentes, construidos con gran esfuerzo en el periodo del primer Plan Quinquenal, ahora tenían que ser reconstruidos”, declaraba el historiador Alec Nove (An Economic History of the USSR, p. 292).

En el periodo de la posguerra, sin ningún Plan Marshall de ayuda, la URSS hizo avances colosales en todos los frentes. Gracias a la economía nacionalizada y a la planificación, la Unión Soviética rápidamente reconstruyó sus industrias devastadas, con tasas de crecimiento de más del 10%. Junto con EEUU, la URSS surgió de la guerra como superpotencia mundial. “La historia del mundo no conoce nada parecido”, declara Alec Nove. Ya en 1953, la URSS había construido un stock de 1,3 millones de máquinas-herramientas de todo tipo, el doble de las que tenía antes de la guerra. Entre 1945 y 1960, la producción de acero pasó de 12,25 a 65 millones de toneladas; la de petróleo, de 19,4 a 148; y la de carbón, de 149,3 a 513. Entre 1945 y 1964, el ingreso nacional soviético creció un 570%, comparado con el 55% en los EEUU. No olvidemos que EEUU salió de la guerra con todas sus industrias intactas y dos tercios del oro del mundo en sus cajas fuertes. De hecho, se había beneficiado enormemente del esfuerzo de guerra, y como resultado fueron capaces de imponer su dominación en todo el mundo capitalista.

Antes de la guerra, la Unión Soviética aún se encontraba muy por detrás no sólo de EEUU, sino también de Gran Bretaña y Europa. Sorprendentemente, a mediados de los años 80 la URSS había superado a Gran Bretaña y a la mayoría de las demás economías capitalistas, con la excepción de los EEUU. Por lo menos en términos absolutos, la URSS ocupaba la primera posición en sectores clave de la producción: acero, hierro, carbón, petróleo, gas, cemento, tractores, algodón, muchas herramientas de acero… La Massachussets Cambridge Engineering Research Association describía la industria del gas natural soviética, que duplicó su producción en menos de diez años, como una “espectacular historia de éxito” (Financial Times, 1/11/85). Incluso en el campo de los ordenadores, donde en los años 70 se decía que Rusia estaba diez años por detrás de Occidente, el diferencial se había reducido hasta el punto de que los expertos occidentales reconocieron que sólo era de unos 2 ó 3 años. La prueba más espectacular de la superioridad de la economía planificada, donde se gestionaba bien, era el programa espacial soviético. Desde 1957, Rusia había estado a la cabeza de la carrera espacial. Mientras los americanos aterrizaban en la Luna, los rusos estaban construyendo una estación espacial que les llevaría a los confines más remotos del sistema solar. Como resultado secundario, la Unión Soviética estaba vendiendo cohetes Protón, baratos y fiables, en el mercado mundial a precios 10 millones de dólares más baratos que el programa espacial europeo Ariadne.

Todavía en 1940, dos tercios de la población vivían en condiciones de atraso rural. Ahora, toda la situación ha cambiado. Dos tercios viven en las ciudades y sólo un tercio en el campo; en otras palabras, hemos visto los mismos procesos que vimos en Occidente en los últimos 50 años, es decir, el desarrollo de la industria, provocando un enorme fortalecimiento del proletariado a costa del campesinado y las capas medias de la sociedad. Sin embargo, en la URSS, este proceso de proletarización se ha llevado hasta extremos impensables, con la concentración de la fuerza de trabajo en enormes plantas industriales de 100.000 trabajadores o más. El proletariado soviético actual, lejos de ser atrasado y débil, es la clase obrera más poderosa del planeta. La situación de la educación se ha transformado completamente. Este fue uno de los logros históricos más importantes de la Revolución de Octubre. En la URSS, uno de cada tres trabajadores era cualificado, y una gran proporción de hijos de trabajadores tenían acceso a la universidad. El número total de estudiantes de educación técnica, media y superior se cuadruplicó entre 1940 y 1964. En 1970 había 4,6 millones de estudiantes, con 257.000 ingenieros titulados. En comparación, en los EEUU había 50.000 graduados en este campo. En Rusia se gastaba cuatro veces más en educación por habitante que en Gran Bretaña. Un simple vistazo superficial a los datos indica la superioridad de la economía planificada sobre las necias excusas de los dirigentes reformistas de Occidente, que han aceptado la necesidad de recortar drásticamente el gasto en educación, sanidad y los gastos sociales en general.

El crecimiento de la economía conllevó una mejora sostenida del nivel de vida. La inmensa mayoría de los rusos en el periodo anterior tenían televisores, frigoríficos y lavadoras. Todo esto se consiguió sin paro ni inflación. Los alquileres estaban fijados alrededor del 6% de los ingresos mensuales y aumentaron por última vez en 1928. Un pequeño piso en Moscú, hasta hace poco, costaba unas 2.000 ptas. al mes, incluyendo gas, electricidad, teléfono y agua caliente. El kilo de pan costaba unas 40 ptas. y, al igual que el azúcar y la mayor parte de los productos alimentarios, aumentó de precio por última vez en 1955. Los precios de la carne y los derivados de la leche habían aumentado por última vez en 1962. Con el movimiento hacia el capitalismo en los años 80, esta situación ha cambiado radicalmente, desde el recorte de los subsidios a la abolición de los controles de precios. En 1993, la inflación llegó al 2.600%, y si bien desde entonces ha disminuido, sigue siendo muy alta.

Las ventajas colosales creadas por una sociedad que había abolido el capitalismo y el feudalismo fueron evidenciadas, al menos en líneas generales, por este crecimiento sin precedentes. Sin embargo, los avances de la economía soviética en los primeros sesenta años fueron extremadamente desiguales y contradictorios. Estaban lejos de la visión idílica pintada por los amigos de la URSS. Sin duda, un régimen de democracia obrera hubiese sobrepasado largamente lo conseguido bajo el estalinismo, con toda su corrupción y mala gestión. En este desarrollo contradictorio de la economía soviética reside la clave para comprender el colapso del estalinismo a finales de los años 80 y el movimiento hacia la restauración capitalista.

Las leyes del desarrollo del capitalismo como sistema socioeconómico fueron analizadas brillantemente por Marx en los tres volúmenes de El Capital. Sin embargo, el desarrollo de la economía planificada y nacionalizada, que es el requisito previo para la construcción del socialismo, se da de una manera totalmente diferente. Las leyes del capitalismo se expresan en el juego ciego de las fuerzas del mercado, a través de las cuales el crecimiento de las fuerzas productivas es automático. La ley del valor, expresada a través del mecanismo de la oferta y la demanda, redistribuye los recursos de un sector a otro. No hay planificación ni intervención consciente. Este no puede ser el caso cuando el Estado centraliza la economía en sus manos. El Estado obrero juega el mismo papel respecto al conjunto de la economía, que un capitalista individual en el marco de una sola fábrica.

Por eso, las acciones del gobierno soviético en las últimas siete décadas han jugado un papel decisivo, para bien o para mal, en el desarrollo económico. “No hay ningún otro gobierno en el mundo”, señaló Trotski, “que tenga concentrado hasta ese punto el destino de todo el país… El carácter centralizado de la economía nacional hace que el poder estatal se convierta en un factor enormemente significativo”. En estas condiciones, la política del régimen era decisiva. El callejón sin salida de la gestión burocrática fue lo que llevó los fuegos artificiales del avance económico a un parón súbito. A diferencia del desarrollo del capitalismo, que se basa en el mercado para la distribución de los recursos, una economía nacionalizada necesita una planificación y dirección conscientes. Esto no lo pueden hacer con éxito un puñado de burócratas en Moscú, ni siquiera si fueran Marx, Engels, Lenin y Trotski; requiere la participación de las masas en la gestión de la industria y el Estado. Sólo un régimen de democracia obrera sería capaz de canalizar el talento y la iniciativa de la sociedad. Un régimen de despilfarro burocrático inevitablemente llevaría a un frenazo de la economía a medida que se hacía más sofisticada y avanzada tecnológicamente. Hacia los años 70, la economía soviética había llegado a un completo impasse. Pero las razones para ello son el tema de un capítulo posterior.

Baste con decir que, a pesar de la asfixia burocrática del estalinismo, los éxitos de la economía planificada se demostraron no en las páginas de El Capital, sino en un terreno industrial que abarcaba una sexta parte de la superficie de la tierra; no en el lenguaje de la dialéctica, sino en el del acero, el cemento y la electricidad. Como explicó Trotski:

Aun en el caso de que la URSS, por culpa de sus dirigentes, sucumbiera a los golpes del exterior – cosa que esperamos firmemente no ver – quedaría, como prenda del porvenir, el hecho indestructible de que la revolución proletaria fue lo único que permitió a un país atrasado obtener en menos de veinte años resultados sin precedentes en la historia. (L. Trotski, La Revolución Traicionada, p. 53).

¿Fue la Revolución de Octubre un golpe de Estado?

En el intento de desacreditar a los bolcheviques no se han escatimado falsificaciones del registro histórico. El truco más común es el de describir la Revolución de Octubre como un golpe de Estado sangriento, es decir, un movimiento dirigido por una pequeña minoría utilizando métodos conspirativos a espaldas de la mayoría. Los bolcheviques, se nos dice, arrebataron el poder al gobierno provisional que surgió de la Revolución de Febrero y que, supuestamente, representaba la voluntad democrática del pueblo. Si la “conspiración” de Lenin no hubiese prosperado, sigue la historia, Rusia hubiese entrado en el camino de la democracia parlamentaria occidental y vivido felizmente por el resto de sus días. Este cuento de hadas se ha repetido tantas veces, que muchos lo han aceptado acríticamente. Y al igual que todos los cuentos de hadas, su objetivo es el de adormecer los sentidos…. pero sólo convencen a niños muy pequeños.

La primera cosa que se nos ocurre es: si el gobierno provisional realmente representaba a la aplastante mayoría y los bolcheviques sólo eran un grupo insignificante de conspiradores, ¿cómo consiguieron derrocarlo? Después de todo, el gobierno provisional tenía, por lo menos sobre el papel, toda la fuerza del aparato del Estado, el ejército, la policía y los cosacos, mientras que los bolcheviques eran un pequeño partido que al inicio de la Revolución de Febrero sólo tenía unos 8.000 miembros en toda Rusia. ¿Cómo fue posible que esta minoría minúscula venciese a un Estado tan poderoso? Si aceptamos el argumento de que fue un golpe de Estado, entonces tenemos que asumir que Lenin y Trotski poseían poderes mágicos. ¡Esto es precisamente lo que pasa en los cuentos de hadas! Por desgracia no pasa en la vida real, o en la historia.

En realidad, la teoría conspirativa de la historia no explica nada. Simplemente da por supuesto lo que tiene que demostrar. Un método de razonamiento tan superficial, que imagina que cada huelga está provocada por “agitadores” y no por el descontento acumulado en una fábrica, es típica de la mentalidad policíaca. Pero cuando la defienden seriamente supuestos académicos como explicación para grandes acontecimientos históricos, uno sólo se puede rascar la cabeza atónito o suponer que hay algún motivo más. El motivo del policía que trata de atribuir una huelga a las actividades de agitadores invisibles está bastante claro. Y este modo de razonamiento no es realmente diferente. La idea central es que la clase obrera es incapaz de entender sus propios intereses (que, por supuesto, son idénticos a los de los empresarios). Por lo tanto, si se ponen en movimiento para tomar su destino en sus propias manos, la única explicación posible es que han sido manipulados por demagogos sin escrúpulos.

Este argumento, que por cierto se puede utilizar contra la democracia en general, también pierde de vista la cuestión central. ¿Cómo pudieron Lenin y Trotski “engañar” a la mayoría decisiva de la sociedad de tal manera que, en el breve espacio de nueve meses, el Partido Bolchevique pasó de ser una minoría insignificante a ganar la mayoría en los sóviets, los únicos órganos realmente representativos de la sociedad, y tomar el poder? Sólo porque la bancarrota completa del Gobierno Provisional burgués quedó al descubierto. Sólo porque fue incapaz de resolver ni una sola de las tareas de la revolución democrático-burguesa. Y eso se puede demostrar muy fácilmente con un solo hecho: el Partido Bolchevique tomó el poder en octubre con un programa de “pan, paz y tierra”. Esta es la demostración más clara de que el Gobierno Provisional había sido incapaz de asegurar ni una sola de las necesidades más candentes del pueblo ruso. Esto, y sólo esto, explica el éxito de los bolcheviques en octubre.

Lo más sorprendente de 1917 es precisamente la participación activa de las masas en cada una de las etapas. Este fenómeno, de hecho, es la esencia de una revolución. En periodos normales, la mayoría de las personas están dispuestos a aceptar que las decisiones más importantes que afectan a sus vidas las tomen otra gente, “los que saben – políticos, funcionarios, jueces, “expertos” – pero en los momentos críticos, la gente normal y corriente empieza a cuestionarlo todo. Ya no se conforman con dejar que sean otros los que decidan por ellos. Quieren pensar y actuar por sí mismos. Esto es precisamente una revolución. Y se pueden ver elementos de este proceso en cada huelga. Los trabajadores empiezan a participar activamente, hablar, juzgar, criticar – en una palabra, decidir su propio destino. Para el burócrata y el policía (y algunos historiadores cuyos procesos mentales funcionan en la misma longitud de onda) esto les parece una locura extraña y amenazadora. De hecho, es precisamente lo contrario. En situaciones de este tipo, los hombres y mujeres dejan de actuar como autómatas y empiezan a comportarse como auténticos seres humanos con una mente y una voluntad. Su estatura se eleva ante sus propios ojos. Rápidamente se hacen conscientes de su propia condición y de sus propios intereses, y. buscan conscientemente un partido y un programa que refleje sus aspiraciones y rechazan los demás. Una revolución siempre se caracteriza por un trepidante auge y declive de partidos, individuos y programas, en el que el ala más radical tiende a ganar.

En todos los escritos y discursos de Lenin de este periodo vemos una fe ardiente en la capacidad de las masas para cambiar la sociedad. Lejos de adoptar métodos conspirativos, se basó en los llamamientos a la iniciativa revolucionaria de los trabajadores, campesinos pobres y soldados. En Las tesis de abril, Lenin declara:

No queremos que las masas simplemente acepten nuestra palabra. No somos charlatanes. Queremos que las masas superen sus errores a través de la experiencia. (Lenin, Collected Works, vol. 36, p. 439).

Más tarde dijo:

La insurrección no se puede basar en una conspiración ni en un partido, sino en la clase avanzada (…) La insurrección se tiene que basar en un auge revolucionario del pueblo. (Lenin, Collected Works, vol. 26, p. 22).

El hecho de que Lenin contraponga las masas al Partido no es un accidente. Aunque el Partido Bolchevique jugó un papel fundamental, la revolución no fue un simple proceso lineal unidireccional, sino un proceso dialéctico. Lenin explicó muchas veces que las masas están cien veces más a la izquierda que el partido más revolucionario. Es una ley el que, durante una revolución, el partido revolucionario y su dirección están sometidos a presiones de clases ajenas. Hemos visto este proceso muchas veces en la historia. Un sector de la dirección en estos momentos empieza a dudar y vacilar. Es necesaria una lucha interna para superar estas vacilaciones. Esto sucedió en el Partido Bolchevique después del retorno de Lenin a Rusia, cuando los dirigentes bolcheviques en Petrogrado (principalmente Zinoviev, Kámenev y Stalin) adoptaron una actitud conciliadora hacia el Gobierno Provisional e incluso consideraron la fusión con los mencheviques. La línea del partido sólo cambió después de una aguda lucha interna en la que Lenin y Trotski unieron sus fuerzas para luchar por una segunda revolución en la que la clase obrera tomase el poder en sus propias manos.

En esta lucha, Lenin hizo un llamamiento directo a los obreros más avanzados por encima de las cabezas del Comité Central: “los obreros y los campesinos pobres (…) están mil veces más a la izquierda que los Chernovs y Tseretelis, y cien veces más a la izquierda que nosotros” (Lenin, Collected Works, vol. 24, p. 364). La fuerza motriz de la revolución en cada etapa fue el movimiento de las masas. La tarea de los bolcheviques era dar una expresión política y organizativa clara a este movimiento y asegurarse que se concentraba en el momento adecuado para la toma del poder, evitando levantamientos prematuros que hubiesen llevado a una derrota. Durante un tiempo, eso en la práctica quiso decir contener a las masas. El Comité de Vyborg, que jugó un papel clave en Petrogrado, declaró en junio: “Tenemos que jugar el papel de apagafuegos” (citado en M. Liebman, Leninism under Lenin, ​​pág. 200). Podvoisky admitió en el 6º Congreso del Partido, en agosto: “Nos vimos obligados a pasar la mitad del tiempo calmando a las masas” (Ibid., pág. 200).

Movilización permanente

Numerosos testigos de todos los partidos dan fe del extraordinario grado de participación de las masas. En palabras de Marc Ferro: “Los ciudadanos de la nueva Rusia, habiendo derrocado el capitalismo, estaban en un estado de movilización permanente.” (Ibid, p. 201). El destacado menchevique Nikolai Sujanov recuerda que “toda Rusia… estaba constantemente manifestándose en esos días. Todas las provincias se habían acostumbrado a las manifestaciones callejeras” (Ibid, p. 201). Nadezha Krúpskaya, la esposa de Lenin, recuerda:

Aquellos días, las calles presentaban un aspecto interesante, en todas partes se reunían los grupos y discutían acaloradamente la situación política y los acontecimientos. Solía internarme en la multitud y escuchar. Una vez estuve caminando más de tres horas desde la calle Shirokaya hasta la mansión de Kshesinsky, de tan interesantes que eran las conversaciones. Había un patio trasero en casa y, desde allí, con la ventana abierta por la noche, oíamos excitadas discusiones; era un viejo soldado que se sentaba allí y hablaba con la cocinera, y las sirvientas de las casas vecinas. A la una de la madrugada aún se oían palabras sueltas: bolcheviques, mencheviques… A las tres: Miliukov, bolcheviques… A las cinco, lo mismo: política y asambleas. Las blancas noches de Petrogrado se asocian ahora con estas reuniones nocturnas. (N. Krúpskaya, Mi vida con Lenin, pp. 289-90).

John Reed nos presenta la misma imagen:

En el frente los soldados peleaban con sus oficiales y aprendían a autogobernarse a través de sus comités. En las fábricas adquirían experiencia y fuerza y la comprensión de su misión histórica en la lucha contra el viejo orden los comités de empresa, organizaciones rusas sin parangón. Toda Rusia aprendía a leer y efectivamente leía libros de política, economía e historia, leía porque la gente quería saber… En cada ciudad, en la mayoría de las ciudades inmediatas al frente cada partido político sacaba su periódico y a veces varios. Miles de organizaciones imprimían miles de folletos políticos, inundando con ellos las trincheras y aldeas, las fábricas y las calles de las ciudades. La sed de instrucción tanto tiempo frenadaabrióse paso al mismo tiempo que la revolución con fuerza espontánea. En los primeros seis meses de la revolución tan sólo del Instituto Smolny se enviaba a todos los confines del país toneladas, camiones y trenes de publicaciones. Rusia se tragaba el material impreso con la misma insaciabilidad con que la arena seca absorbe el agua. Y todo aquello no eran fábulas, no era la historia falsificada, diluida por la religión, no era maculatura, barata y corruptora, sino teorías sociales y económicas, filosofía, obras de Tolstói, Gógol y Gorki…

Luego la palabra. Rusia vióse inundada de tal torrente de discursos que, en comparación, ‘la avalancha de locuacidad francesa’, de que habla Carlyle, no pasa de ser un arroyuelo. Conferencias, controversias, discursos en los teatros, circos, escuelas, clubes, salas de los sóviets, locales sindicales, cuarteles… Mítines en las trincheras del frente, en las plazuelas aldeanas, en los patios de las fábricas. ¡Qué asombroso espectáculo ofrece la fábrica Putílov cuando de sus muros salen cuarenta mil obreros para oír a los socialdemócratas, eseristas, anarquistas, a quien sea, hable de lo que hable y por mucho tiempo que hable! Durante meses enteros, cada encrucijada de Petrogrado y otras ciudades rusas era una constante tribuna pública. Surgían discusiones y mítines espontáneos en los trenes, en los tranvías, en todas partes… (J. Reed, Diez días que estremecieron el mundo, pp. 42-3).

La sed de ideas se reflejaba en un interés enorme por la palabra escrita. John Reed describe la situación con los soldados en el frente:

Llegamos al frente, al XII Ejército, que se hallaba cerca de Riga, donde los hombres descalzos y extenuados se morían de hambre y enfermedades entre la inmundicia de las trincheras. Al vernos se levantaron a nuestro encuentro. Tenían los rostros demacrados; a través de los agujeros de la ropa azuleaban las carnes. Y la primera pregunta fue: “¿Han traído algo para leer?” (Ibid., p. 43, énfasis en el original).

El Partido Bolchevique ganó porque defendía el único programa que mostraba una salida a la situación. La famosa consigna de Lenin era: “¡Explicar pacientemente!”. Las masas fueron capaces de poner a prueba los programas de los mencheviques y de los eseristas, y los dejaron de lado. Los votos de los candidatos bolcheviques a los sóviets aumentaron de manera sostenida hasta el punto que, en septiembre, habían ganado la mayoría en Petrogrado, Moscú, Kiev, Odessa y las demás ciudades principales. En ese momento, la cuestión de la transferencia del poder del desprestigiado Gobierno Provisional, que sólo se representaba a sí mismo, a los sóviets, los organismos democráticos de las masas de obreros y soldados (aplastantemente de extracción campesina), era una necesidad imperiosa. El crecimiento del Partido Bolchevique en este periodo es algo sin precedentes en la historia de los partidos políticos: de unos 8.000 miembros en febrero, pasó a 177.000 en el 6º Congreso, cinco meses más tarde. Es más, hay que recordar que esto se consiguió a pesar de tener un aparato extremadamente débil y en condiciones de severa represión. Krúpskaya escribe:

No cabía duda del aumento de la influencia bolchevique, particularmente en el ejército, y el 6º Congreso contribuyó todavía más a una concentración de fuerzas. El congreso publicó un manifiesto en el que se llamaba la atención sobre la posición contrarrevolucionaria adoptada por el Gobierno Provisional. ‘La revolución mundial y la lucha de clases son inminentes’, afirmaba el manifiesto. (N. Krúpskaya, Mi vida con Lenin, p. 303).

El crecimiento numérico del Partido sólo reflejaba parcialmente el rápido crecimiento de su influencia de masas, sobre todo en los sóviets de obreros y soldados. Marcel Liebman describe de esta manera su progreso:

Durante todo el año 1917, el partido de Lenin registró éxitos electorales destacables y casi constantes. Mientras que al principio de la revolución sólo tenía una pequeña representación en el sóviet de Petrogrado, en mayo, el grupo bolchevique en la sección obrera de esa institución tenía una mayoría casi absoluta. Un mes más tarde, durante la 1ª Conferencia de comités de fábrica de Petrogrado, tres cuartas partes de los 568 delegados expresaron su apoyo a las tesis bolcheviques. Sin embargo, fue a finales del verano cuando los leninistas cosecharon el fruto completo de su política de oposición al Gobierno Provisional. En las elecciones municipales de Petrogrado, en junio, los bolcheviques recibieron entre el 20 y el 21% de los votos; en agosto, cuando el partido todavía estaba sufriendo las consecuencias de las Jornadas de Julio, recibieron el 33%. En Moscú, en junio, recibieron poco más del 12%; en septiembre obtuvieron mayoría absoluta, con el 51% de los votos. Con el incremento de su representación en las conferencias de los comités de fábrica, queda claro que su influencia era especialmente fuerte entre la clase obrera. En Petrogrado, en septiembre, ya no quedaban ni mencheviques ni eseristas presentes en las reuniones regionales de estos organismos, habiendo sido ocupados sus puestos por los bolcheviques. (Liebman, op. cit., p. 206).

Daremos la última palabra sobre este tema a un destacado oponente del bolchevismo, que también fue testigo presencial e historiador de la Revolución Rusa, el menchevique Sujanov. Describiendo la situación en los últimos días de septiembre, escribe:

Los bolcheviques estaban trabajando obstinadamente sin descanso. Estaban entre las masas, en las fábricas, todos los días, sin pausa. Decenas de oradores, grandes y pequeños, estaban hablando en Petersburgo, en las fábricas y en los cuarteles, todos y cada uno de los días. Para las masas se habían convertido en su propia gente porque siempre estaban allí, tomando la iniciativa en los pequeños detalles al igual que en los asuntos más importantes de la fábrica o el cuartel. Se habían convertido en la única esperanza… Las masas vivían y respiraban al unísono con los bolcheviques. (Ibid., p. 207).

Partido y clase

La Revolución Rusa se desarrolló a lo largo de nueve meses. Durante ese periodo, el Partido bolchevique, utilizando los métodos más democráticos, ganó la mayoría decisiva entre los obreros y campesinos pobres. El hecho de que consiguiese superar la resistencia de las fuerzas de Kerensky tan fácilmente sólo se puede explicar por este motivo. Es más, como veremos, los bolcheviques no se hubiesen podido mantener en el poder sin el apoyo de la aplastante mayoría de la sociedad. En todas las etapas, la intervención de las masas jugó un papel decisivo. Esto es lo que marca el carácter de todo el proceso. La clase dominante y sus representantes políticos y militares podían rechinar los dientes, pero eran incapaces de evitar que el poder se les escapase de las manos. Es cierto que organizaron una y otra vez conspiraciones contra la revolución, incluyendo el levantamiento armado del general Kornilov, con el objetivo de derrocar a Kerensky y establecer una dictadura militar, pero todas ellas se estrellaron contra el movimiento de las masas.

El hecho de que las masas apoyasen a los bolcheviques era aceptado por todo el mundo en aquel entonces, incluyendo los enemigos más acérrimos de la revolución. Naturalmente que ellos lo atribuían a todo tipo de influencias malignas, “demagogia”, la inmadurez de los obreros y campesinos, su supuesta ignorancia y todos los demás argumentos que están esencialmente dirigidos contra la propia democracia. Por qué las masas sólo empezaron a ser ignorantes e inmaduras cuando dejaron de apoyar al Gobierno Provisional debe de ser uno de los mayores misterios desde que San Pablo se cayó del caballo camino de Damasco. Dejando de lado el rencor, la malicia y la rabia impotente que lo inspira, podemos ver en el siguiente pasaje de un periódico de derechas la admisión de que realmente los bolcheviques gozaban del apoyo de las masas. El Russkaya Volya del 28 de octubre escribía lo siguiente:

¿Qué probabilidades de éxito tienen los bolcheviques? Es difícil responder a esta pregunta, pues el recurso fundamental de los bolcheviques es… la ignorancia de las masas populares. Especulan con esta ignorancia, la utilizan para una incesante demagogia… (citado por John Reed, op. cit., p. 345).

Es imposible entender lo que pasó en 1917 sin entender el papel fundamental de las masas. Lo mismo es cierto con relación a la Revolución Francesa de 1789-94, un hecho que los historiadores a menudo no consiguen comprender (hay excepciones, como el anarquista Kropotkin y, en nuestros tiempos, George Rudé). Pero aquí, por primera vez en la historia, si excluimos el breve pero glorioso episodio de la Comuna de París, la clase obrera consiguió tomar el poder y, por lo menos, empezar la transformación socialista de la sociedad. Precisamente por eso los enemigos del socialismo se ven obligados a mentir sobre la Revolución de Octubre y calumniarla. No pueden perdonarle a Lenin y los bolcheviques haber conseguido dirigir la primera revolución socialista triunfante, haber demostrado que es posible y, de esa manera, haber señalado el camino a las generaciones futuras. ¡Un precedente de este tipo es peligroso! Por lo tanto, es necesario “demostrar” (con la ayuda de la pandilla habitual de académicos “objetivos”) que todo eso fue un asunto muy feo y no hay que repetirlo.

A menudo se justifica la afirmación de que la Revolución de Octubre sólo fue un golpe señalando la cantidad relativamente reducida de gente que participó físicamente en la propia insurrección. Este argumento aparentemente profundo no resiste el análisis más superficial. En primer lugar, confunde la insurrección armada con la revolución, es decir, confunde la parte con el todo. En realidad, la insurrección sólo es una parte de la revolución – aunque ciertamente una parte muy importante. Trotski la compara con la cresta de la ola. En realidad hubo muy pocos combates en Petrogrado; se podría afirmar que la revolución fue incruenta. Y la razón fue que las nueve décimas partes de las tareas revolucionarias ya se habían completado de antemano, ganando a la mayoría decisiva de los obreros y soldados. Fue necesario utilizar la fuerza armada para vencer la resistencia del viejo orden porque ninguna clase dominante ha entregado nunca el poder sin luchar. Pero la resistencia fue mínima. El gobierno colapsó como un castillo de naipes porque nadie estaba dispuesto a defenderlo.

En Moscú, principalmente por los errores de los bolcheviques locales, que no actuaron con suficiente decisión, en un primer momento los junkers contrarrevolucionarios pasaron a la ofensiva y llevaron a cabo una masacre. A pesar de esto, increíblemente, se les puso en libertad a cambio de dar su palabra de que no participarían en ningún otro acto de violencia contra el poder soviético. Este tipo de actuaciones eran bastante típicas de los primeros días de la revolución, que se caracterizaba por una cierta ingenuidad por parte de las masas, que todavía tenían que comprender de qué violencia terrible eran capaces los defensores del viejo orden. Lejos de ser un régimen de terror sediento de sangre, la revolución fue un asunto bastante benigno, hasta que la contrarrevolución mostró su auténtica faz. El general blanco P. Krasnov fue uno de los primeros en dirigir una insurrección armada contra los bolcheviques, al frente de los cosacos. Fue derrotado por los Guardias Rojos y entregado por sus propios hombres, pero también en esta ocasión fue liberado bajo palabra. Sobre esto, Víctor Serge escribe correctamente:

La revolución cometió el error de mostrarse magnánima con el dirigente del ataque cosaco. Tendría que haber sido fusilado en el acto. Al cabo de pocos días recuperó su libertad, después de haber dado su palabra de honor de no volver nunca a tomar las armas contra la revolución. Pero, ¿qué valor tiene la palabra de honor dada a los enemigos de la patria y la propiedad? Se fue hacia la región del Don, a someterla a sangre y fuego. (V. Serge, Year One ofthe Russian Revolution, p. 87).

¿Acaso el hecho de que sólo un pequeño número de gente estuvo implicada en la práctica en el combate significa que el derrocamiento de Octubre fue un golpe de Estado? Existen muchos parecidos entre la lucha de clases y la guerra entre las naciones. También en esta última normalmente sólo una pequeña minoría de la población está en las fuerzas armadas. Y sólo una pequeña minoría del ejército está en el frente. De esta última, incluso en el transcurso de una batalla importante, normalmente sólo una parte de las tropas están luchando en un momento dado. Los soldados experimentados saben que se pasa mucho tiempo esperando sin hacer nada, incluso en el transcurso de una batalla. Muy a menudo, las fuerzas de reserva nunca entran en acción. Pero sin éstas, ningún general responsable ordenaría un avance. Es más, no es posible combatir con éxito en una guerra sin el apoyo entusiasta de la población en la retaguardia, aunque no participe directamente en la lucha. Esta lección se le quedó grabada en la frente al Pentágono en las últimas etapas de la guerra del Vietnam.

El argumento de que los bolcheviques fueron capaces de tomar el poder sin las masas (golpe de Estado) generalmente se vincula a la idea de que fue un partido, no la clase obrera, la que tomó el poder. De nuevo esta argumentación es totalmente falsa. Sin organización (los sindicatos y el partido), la clase obrera no es más que materia prima para la explotación. Marx ya lo señaló hace tiempo. Es cierto que el proletariado tiene una fuerza enorme. Sin su permiso no gira una rueda ni se enciende una luz. Pero sin organización, este poder sigue siendo sólo potencial, de la misma manera que el vapor es una fuerza colosal pero sin un pistón se disipa impotente en el aire. Para que la fuerza de la clase obrera deje de ser meramente potencial y se convierta en una realidad, tiene que organizarse y concentrarse en un solo punto. Esto únicamente se puede conseguir a través de un partido político con una dirección decidida, una orientación a largo plazo y un programa correcto. El Partido Bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotski era precisamente este tipo de partido. Basándose en el movimiento de las masas – un movimiento magnífico que representaba todo lo vivo, progresista y vibrante que había en la sociedad rusa –, le dieron forma, objetivo y una voz. Este era su pecado capital desde el punto de vista de la clase dominante y sus voceros en el movimiento obrero. Esto es lo que está detrás de su odio y abominación por el bolchevismo, su actitud vitriólica y sañosa hacia éste, que condiciona completamente su actitud incluso al cabo de tres generaciones.

Sin el Partido Bolchevique, sin la dirección de Lenin y Trotski, los obreros rusos nunca hubiesen tomado el poder en 1917, a pesar de todo su heroísmo. El partido revolucionario no se puede improvisar sobre la marcha, de la misma manera que no se puede improvisar un estado mayor cuando estalla la guerra. Hay que prepararlo sistemáticamente durante décadas. Esta lección ha sido demostrada por toda la historia, especialmente la del siglo XX. Rosa Luxemburgo, la gran revolucionaria y mártir de la clase obrera, siempre ponía énfasis en la iniciativa revolucionaria de las masas como fuerza motriz de la revolución. En esto tenía toda la razón. En el curso de la revolución, las masas aprenden muy rápidamente. Pero una situación revolucionaria, por su propio carácter, no puede durar mucho tiempo. La sociedad no puede mantenerse en un estado permanente de fermento, ni la clase obrera en un estado de activismo candente. O se señala una salida a tiempo o se pierde la oportunidad. No hay suficiente tiempo para experimentar o para que los obreros aprendan a través de pruebas y errores. ¡En una situación de vida o muerte, los errores se pagan muy caros! Por lo tanto, es necesario combinar el movimiento “espontáneo” de las masas con organización, programa, perspectivas, estrategia y táctica – en una palabra, con un partido revolucionario dirigido por cuadros experimentados. No existe ninguna otra manera.

Es necesario añadir que en todas las etapas los bolcheviques tenían en todo momento ante ellos la perspectiva de la revolución internacional. Nunca pensaron que podrían mantenerse en el poder solamente en Rusia. El hecho de que a pesar de todas las vicisitudes, de todos los crímenes del estalinismo y la terrible destrucción de la Segunda Guerra Mundial, las conquistas básicas de la revolución se mantuvieron durante tanto tiempo, incluso cuando la revolución, aislada de la ayuda del resto del mundo, tuvo que depender solamente de sus propios recursos, es una demostración brillante de la vitalidad de la Revolución de Octubre. Incluso en el último periodo, el colapso del estalinismo no fue el resultado de ningún defecto inherente de la economía planificada y nacionalizada, sino que fue el resultado de la traición de la burocracia, que tal y como Trotski había anticipado brillantemente, buscó reforzar sus privilegios vendiéndose al capitalismo.

‘¡Todo el poder a los sóviets!’

Como corolario de todas las calumnias contra Octubre, tenemos el intento de pintar la Revolución de Febrero de color de rosa. El “democrático” régimen de Kerensky, se nos dice, hubiese llevado Rusia a un futuro glorioso de prosperidad, de no haber sido por el estropicio de los bolcheviques. ¡Ay!, la idealización de la Revolución de Febrero no soporta el más mínimo análisis. Febrero – que derrocó al viejo régimen zarista – no había resuelto ni una de las tareas de la revolución democrático-nacional: la reforma agraria, una república democrática, la cuestión nacional. Ni siquiera fue capaz de conseguir la reivindicación más elemental de las masas: el fin de la matanza imperialista y la firma de una paz democrática. En una palabra, el régimen de Kerensky, en el transcurso de nueve meses, dio amplias muestras de su incapacidad para satisfacer las necesidades más básicas del pueblo ruso. Fue este hecho, y sólo este hecho, lo que permitió a los bolcheviques llegar al poder con el apoyo de la mayoría decisiva de la sociedad.

Saliendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial, la Rusia zarista era una semicolonia, especialmente de Francia, Alemania y Gran Bretaña. Rusia poseía menos del 3% de la producción industrial del mundo. No podía competir a escala mundial. Por cada 100 kilómetros cuadrados de tierra, sólo había 0,4 kilómetros de línea férrea. Alrededor del 80% de la población a duras penas sobrevivía en el campo, que estaba fragmentado en millones de pequeñas parcelas. La burguesía rusa había entrado en la escena de la historia demasiado tarde; no había sido capaz de llevar adelante ninguna de las tareas de la revolución democrático-burguesa, que habían sido resueltas en Gran Bretaña y Francia en los siglos XVI y XVIII. Por el contrario, los capitalistas rusos se apoyaban en el imperialismo, por un lado, y en la autocracia zarista, por el otro. Estaban vinculados por miles de hilos a los viejos terratenientes y aristócratas. Horrorizados por la revolución de 1905, la burguesía se había vuelto más conservadora y suspicaz hacia los trabajadores. No tenía ningún papel revolucionario que jugar. “Y si ésta, en los albores de la historia, no había alcanzado el grado necesario de madurez para acometer la reforma del Estado, cuando las circunstancias le depararon la ocasión de ponerse al frente de la revolución, demostró que llegaba ya tarde.” (Trotski, Historia de la Revolución Rusa, tomo 1, p. 14).

La única clase revolucionaria en Rusia era el joven y pequeño, pero altamente concentrado, proletariado. Partiendo de la ley del desarrollo desigual y combinado, un país atrasado asimila las conquistas materiales e intelectuales de los países avanzados. No reproduce fielmente todas las etapas del pasado, sino que salta por encima de toda una serie de estadios intermedios. Esto da lugar a un desarrollo contradictorio, en el que los rasgos más avanzados se sobreponen a condiciones extremadamente atrasadas. La inversión extranjera supuso la creación de fábricas e industrias altamente avanzadas y concentradas en Rusia. Los campesinos abandonaban el campo, se lanzaban a la industria y eran proletarizados de la noche a la mañana. A este joven proletariado – que no tenía ninguna de las tradiciones conservadoras de sus equivalentes en Occidente – le correspondió la tarea de sacar la sociedad rusa del impasse. El intento de contraponer el régimen de Febrero a Octubre no se sostiene. Si los bolcheviques no hubiesen tomado el poder, el futuro al que se enfrentaba Rusia no era el de una democracia capitalista próspera, sino el de la barbarie fascista bajo la bota de Kornilov o algún otro general blanco. Un desarrollo de este tipo no hubiese significado un avance, sino una terrible regresión.

En la Revolución de Octubre, el proletariado victorioso tuvo que solucionar primero los problemas de la revolución democrático-nacional, y después pasó, sin interrupción, a las tareas socialistas. Esta era la esencia de la revolución permanente. El capitalismo se había roto por el eslabón más débil, tal y como Lenin explicó. La Revolución de Octubre representó el principio de la revolución socialista mundial. La Revolución de Febrero había creado espontáneamente comités de obreros y soldados, al igual que la revolución de 1905. Los comités, o sóviets, pasaron de ser comités de huelga ampliados a instrumentos políticos de la clase obrera en la lucha por el poder y, más adelante, a organismos administrativos del nuevo Estado obrero. Estos eran mucho más democráticos y flexibles que los órganos elegidos territorialmente de la democracia burguesa. Parafraseando a Marx, la democracia capitalista permite a los obreros elegir cada cinco años a partidos que mal representan sus intereses. En Rusia, con su implantación en el campo, abarcaron a la aplastante mayoría de la población.

En los nueve meses que van de febrero a octubre, los sóviets representaron un poder rival al del Estado capitalista. Fue el periodo de “doble poder”. Una de las reivindicaciones clave de los bolcheviques en todo este periodo fue: “¡Todo el poder a los sóviets!”. Meses de explicación paciente y la dura experiencia de los acontecimientos ganaron a la mayoría de los obreros y campesinos pobres al bolchevismo. La Revolución de Octubre llevó al poder a un nuevo gobierno revolucionario, que tomó su autoridad del Congreso de los Sóviets. Al contrario de lo que normalmente se piensa, no era un régimen de partido único, sino, en un principio, un gobierno de coalición de los bolcheviques y los eseristas de izquierda. La tarea urgente a la que se enfrentaba ese gobierno era extender la autoridad del poder soviético – el gobierno de la clase obrera – a toda Rusia. El 5 de enero de 1918, el gobierno aprobó una directiva que declaraba que desde aquel entonces los sóviets locales quedaban investidos de todos los poderes que tenía la vieja administración, y añadía: “Todo el país tiene que quedar cubierto por una red de nuevos sóviets”.

El sistema de sóviets no era, como alegan los reformistas, un fenómeno exclusivamente ruso. La revolución alemana de noviembre de 1918 creó organismos similares de manera espontánea. Daban cuerpo a la autoorganización obrera en cada puerto, ciudad y cuartel; esos consejos de obreros, soldados y marineros detentaban el poder político real. También se formaron sóviets en Baviera y durante la Revolución Húngara de 1919. Igualmente, en 1920 se formaron en Gran Bretaña Comités de Acción, descritos por Lenin como “sóviets a los que sólo falta el nombre”, y también durante la Huelga General de 1926 (comités de fábrica y consejos sindicales). Aunque los estalinistas y reformistas intentaron impedir la reaparición de sóviets, resurgieron en la Revolución Húngara de 1956, con la creación del Consejo Obrero de Budapest.

En sus orígenes, el sóviet – la forma de representación popular más democrática y flexible que nunca se haya inventado – era simplemente un comité de huelga ampliado. Nacidos en la lucha de masas, los sóviets (o consejos obreros) asumieron un alcance mucho mayor y finalmente se convirtieron en organismos de gobierno revolucionario directo. Además de los sóviets locales, elegidos en cada ciudad y pueblo, en todas las grandes ciudades también había sóviets de barrio (raionny) y también de distrito o provinciales (oblastny o gubiernsky), y finalmente también se elegían delegados al Comité Ejecutivo Central Panrruso de los Sóviets, en Petrogrado. Los delegados se elegían en cada centro de trabajo a los Sóviets de Diputados de Obreros, Soldados y Campesinos, y estaban sujetos a revocación inmediata. No había ninguna élite burocrática. Ningún diputado o funcionario recibía un sueldo superior al salario de un obrero cualificado.

El gobierno soviético dictó una serie de decretos económicos, políticos, administrativos y culturales inmediatamente después de la revolución. Por la base había un florecimiento de la organización soviética. En todas partes se intentaba acabar con la distinción entre funciones legislativas y ejecutivas y permitir a los individuos participar directamente en la aplicación de las decisiones que ellos tomaban. Como consecuencia, las masas empezaban a tomar sus destinos en sus propias manos. En noviembre de 1917, Lenin escribió un llamamiento en Pravda: “¡Camaradas trabajadores! Recuerden que ahora ustedes mismos administran el Estado. Si ustedes mismos no se unen y no toman en sus manos todos los asuntos del Estado, nadie les ayudará. (…) Pongan manos a la obra desde abajo, sin esperar a nadie.” (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 68). Estaba ansioso por que las masas se implicasen en el funcionamiento de la industria y el Estado.

En diciembre de 1917, Lenin escribió:

Una de las tareas más importantes, si no la más importante, de la hora presente consiste en desarrollar con la mayor amplitud esa libre iniciativa de los obreros y de todos los trabajadores y explotados en general en su obra creadora de organización. Hay que desvanecer a toda costa el viejo prejuicio absurdo, salvaje, infame y odioso de que sólo las llamadas ‘clases superiores’, sólo los ricos o los que han cursado la escuela de las clases ricas, pueden administrar el Estado, dirigir la estructura orgánica de la sociedad capitalista. (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 209).

El mito de la Asamblea Constituyente

Entre las numerosas leyendas que se han puesto en circulación para presentar la Revolución de Octubre bajo una luz desfavorable, quizás el de la Asamblea Constituyente sea el más persistente. Según esta leyenda, los bolcheviques antes de la revolución habían defendido un parlamento democráticamente elegido (la Asamblea Constituyente), pero después de la revolución, debido a que estaban en minoría, lo disolvieron y recurrieron a la dictadura. Este argumento deja de lado una serie de cuestiones fundamentales. En primer lugar, la reivindicación de una Asamblea Constituyente – que sin duda jugó un papel progresista a la hora de movilizar a las masas, especialmente el campesinado, contra la autocracia zarista – fue sólo una de toda una serie de reivindicaciones democráticas revolucionarias, y no necesariamente la más importante. Las masas fueron ganadas a la revolución gracias a otras reivindicaciones, la más destacable “paz, pan y tierra”. Éstas, a su vez, se convirtieron en una realidad únicamente porque estaban vinculadas a otra reivindicación: todo el poder a los sóviets.

La Revolución de Febrero fracasó precisamente porque no fue capaz de satisfacer estas necesidades acuciantes de la población. La completa impotencia del régimen de Kerensky no era accidental. Reflejaba el carácter reaccionario de la burguesía rusa. La clase capitalista de Rusia era una clase muy débil, atada de pies y manos a los terratenientes y subordinada al imperialismo mundial. Sólo la transferencia revolucionaria del poder a la parte más decididamente revolucionaria de la sociedad – la clase obrera – posibilitó el fin de la guerra y la distribución de la tierra a los campesinos. Esta fue la función de la Revolución de Octubre.

La convocatoria de las elecciones a la Asamblea Constituyente el año siguiente fue casi una idea tardía. Los bolcheviques intentaban utilizarlas para movilizar a la mayoría del campesinado e integrarlos en la vida política. Pero, sobre todo para el campesinado, la democracia parlamentaria formal es peor que inútil si no lleva a la práctica una política que resuelva sus necesidades más acuciantes. Bajo ciertas circunstancias, la Asamblea Constituyente hubiese podido jugar un papel progresista. Pero en la práctica quedó claro que la Asamblea Constituyente sólo podía ser un obstáculo y un punto de agrupamiento para la contrarrevolución. Aquí, el lento mecanismo de las elecciones parlamentarias iba muy por detrás de la rápida corriente de la revolución. La auténtica actitud del campesinado quedó de manifiesto en la guerra civil, cuando los eseristas de derechas y la mayor parte de los mencheviques colaboraron con los blancos.

En el momento de la Revolución de Octubre, los Sóviets de Diputados de Obreros y Soldados representaban todo lo que era dinámico y vivo en la sociedad rusa. La clase obrera votó por los bolcheviques en los sóviets, que eran mucho más democráticos que ningún parlamento. Al mismo tiempo, los soldados, de los cuales una gran mayoría eran campesinos, también votaron mayoritariamente por los bolcheviques:

Resultados de las elecciones de los Sóviets en junio y septiembre de 1917

VOTOS

PORCENTAJE %

Partido

junio

septiembre

junio

septiembre

Eseristas

974.885

54.375

58

14

Mencheviques

76.407

15.887

12

4

Kadetes

168.781

101.106

17

26

Bolcheviques

75.409

198.230

12

51

Estas cifras demuestran, por un lado, una creciente polarización entre las clases, hacia la derecha (aumento del voto del partido burgués kadete) y hacia la izquierda, y un colapso de los partidos de “centro”, mencheviques y eseristas. Pero lo más sorprendente es el enorme empuje de los bolcheviques, que pasaron de un 12% en junio a tener la mayoría absoluta. Esto demuestra que los bolcheviques tenían el apoyo de la aplastante mayoría de los obreros y también de un sector importante de los campesinos. En noviembre de 1917, el propio dirigente menchevique Y.O. Martov tuvo que admitir que “casi la totalidad del proletariado apoya a Lenin” (citado en Liebman, op. cit., p. 218). Precisamente sobre esta base, los bolcheviques fueron capaces de derrocar el desprestigiado Gobierno Provisional y tomar el poder sin apenas encontrar resistencia. Estos hechos por sí solos destruyen el mito de que la Revolución de Octubre fue un golpe.

La legitimidad democrática de octubre estaba claramente establecida. Pero esto no se reflejó en las elecciones a la Asamblea Constituyente, cuando los bolcheviques sólo consiguieron el 23,9% de los votos (a los que hay que añadir los votos de los eseristas de izquierda):

TABLE HERE

A pesar de esto, los bolcheviques se mantuvieron firmemente en el poder. ¿Por qué? Los eseristas de derechas habían dirigido a los campesinos tradicionalmente, remontándose a los tiempos de los narodniks a la vuelta del siglo. Estos elementos de capas medias eran la aristocracia tradicional de los pueblos, maestros, abogados, y los “picos de oro”. Durante la Primera Guerra Mundial muchos de ellos se hicieron oficiales del ejército. Durante la Revolución de Febrero, estos revolucionarios democráticos ejercieron una influencia considerable entre los soldados de origen campesino. Su “revolucionarismo” amorfo se correspondía con los primeros movimientos en la conciencia del campesinado. Pero la marea de la revolución fluye rápidamente. Poco después de la Revolución de Febrero, los eseristas de derecha traicionaron al campesinado, abandonando el programa de la paz y la lucha por la tierra.

¿Adónde podían dirigirse los campesinos en uniforme en busca de apoyo? Habiendo despertado a la vida política, las masas campesinas, especialmente el sector más activo en el ejército, cuya experiencia de la guerra les había elevado a un nivel de comprensión superior al de sus hermanos en los pueblos, pronto entendieron la necesidad de un cambio revolucionario para poder conquistar la paz, el pan y la tierra. Esto sólo se podía conseguir mediante una alianza revolucionaria con el proletariado. La comprensión de este hecho quedó registrada en las elecciones a los sóviets, que registran un brusco giro hacia la izquierda. Ya en otoño de 1917, los viejos dirigentes de derechas de los eseristas habían perdido su base entre los soldados, que se pasaron en masa a los eseristas de izquierda y sus aliados bolcheviques.

Las elecciones a la Asamblea Constituyente se organizaron apresuradamente después de las elecciones, con el censo electoral de antes de Octubre. El campesinado no había tenido tiempo de entender los procesos que se estaban desarrollando. Todavía no se había dado la escisión entre los eseristas de derechas e izquierdas. No había tiempo para que el campesinado en su conjunto entendiese el significado de la Revolución de Octubre y el poder soviético, especialmente en los terrenos clave de la reforma agraria y la paz. La dinámica de una revolución no se puede trasladar fácilmente al pesado mecanismo del parlamentarismo. En las elecciones a la Asamblea Constituyente, las masas inertes del campo atrasado entraron en la ecuación. Aplastadas por el lastre de mil años de esclavitud, los pueblos iban por detrás de las ciudades.

Estos eseristas de derechas no eran los representantes políticos, sino los explotadores políticos del campesinado. Implacablemente hostiles a Octubre, hubieran devuelto el poder a los terratenientes y capitalistas con el mismo tipo de contrarrevolución democrática que robó el poder a la clase obrera alemana en noviembre de 1918. Había dos centros de poder mutuamente excluyentes. Los reaccionarios se agruparon alrededor de la consigna: “Todo el poder a la Asamblea Constituyente”. Enfrentados a esta situación, los bolcheviques, con el apoyo de los eseristas de izquierda, no vacilaron en poner los intereses de la revolución por encima de delicadezas constitucionales. Basándose en los sóviets, los bolcheviques disolvieron la Asamblea Constituyente. No hubo resistencia. Este incidente ahora provoca una reacción indignada en algunos sectores. Y sin embargo nos encontramos con una contradicción evidente. Si la Asamblea Constituyente realmente representaba la voluntad de las masas, ¿por que nadie la defendió? No se levantó un solo dedo en su defensa precisamente porque era un anacronismo que no representaba a nadie. La razón para esto fue muy bien explicada por el famoso historiador inglés de la Revolución Rusa, E. H. Carr:

Los eseristas habían ido a las elecciones como partido, presentando una sola lista de candidatos. Su manifiesto estaba lleno de principios y propósitos elevados pero, aunque fue publicado el día después de la Revolución de Octubre, había sido redactado antes de ese acontecimiento y no definía la actitud del partido hacia él. Ahora, tres días después de las elecciones, un amplio sector del partido había hecho una coalición con los bolcheviques y se había escindido formalmente del otro sector que mantuvo su lucha amarga contra los bolcheviques. La proporción entre eseristas de derechas y de izquierdas en la Asamblea Constituyente – 370 a 40 – era fortuita. Era totalmente diferente de la proporción correspondiente en la composición del congreso campesino, y no representaba necesariamente los puntos de vista de los electores en un punto vital sobre el que no se les había consultado. ‘La gente’, dijo Lenin, ‘votó por un partido que ya no existía’. Revisando todo el asunto dos años más tarde, Lenin encontró otro argumento que era más convincente de lo que parecía a primera vista. Lenin señaló que en las grandes ciudades industriales los bolcheviques habían quedado prácticamente en todas partes por delante de los demás partidos. Se aseguraron una mayoría absoluta en las dos capitales en su conjunto, donde los kadetes habían quedado en segundo lugar y los eseristas en un pobre tercer puesto. Pero en asuntos de revolución se aplica el principio bien conocido de: ‘la ciudad dirige al campo; el campo inevitablemente sigue a la ciudad’. Las elecciones a la Asamblea Constituyente, si bien no registraron la victoria de los bolcheviques, habían señalado claramente el camino para los que tuvieran ojos para verlo” (E. H. Carr, The Bolshevik revolution, 1917-1923, vol. 1, pp. 121-2).

Kerensky también lo admitió sucintamente al escribir lo siguiente en sus memorias:

La apertura de la Asamblea Constituyente acabó en una farsa trágica. No sucedió nada que le diese la calidad de último bastión memorable en defensa de la libertad. (Alexander Kerensky, The Kerensky Memoirs. Russia and History’sTurning-Point, p. 470).

El campesinado y los sóviets

La Revolución de Octubre fue prácticamente pacífica porque ninguna clase estaba dispuesta a defender el viejo orden, ni el gobierno provisional ni la Asamblea Constituyente, tal y como el propio Kerensky reconoce. Los campesinos no estaban dispuestos a luchar para defender la Asamblea Constituyente. En contraste, en la guerra civil que vino a continuación, la mayoría de los campesinos se agruparon alrededor de los bolcheviques tan pronto como experimentaron el papel de los Guardias Blancos y vieron el papel de los eseristas de derechas y los mencheviques, que invariablemente prepararon el camino para la contrarrevolución blanca. Bajo la dictadura de los diferentes generales blancos, los viejos terratenientes volvieron. Los campesinos quizás no entendían mucho de política, pero entendieron que los bolcheviques eran los únicos que estaban dispuestos a darles la tierra, lo que hicieron por decreto el día después de la Revolución, mientras que los llamados partidos campesinos simplemente eran una fachada para encubrir la vuelta de los viejos esclavistas. Y eso fue suficiente para decidir el asunto.

En su libro de reciente aparición – A people’s tragedy . The Russian Revolution , 1891-1924 (La tragedia de un pueblo. La revolución rusa 1891-1924) – que, por algún motivo desconocido, se presenta como un estudio serio de la revolución rusa, Orlando Figes no pierde oportunidad para mostrar una hostilidad especialmente venenosa hacia el bolchevismo. Esto es típico del nuevo estilo, casi podríamos llamarlo un genero , de historias “ académicas ” cuya única intención es calumniar a Lenin e identificar a la Revolución de Octubre con el estalinismo. Pero incluso este autor se ve obligado a admitir:

Había una indiferencia incluso más profunda entre el campesinado, la base tradicional de apoyo del partido eserista. La intelectualidad eserista siempre se había equivocado en su creencia de que los campesinos compartían su veneración por la Asamblea Constituyente. Para los campesinos educados, o aquellos que habían estado influidos suficientemente por la propaganda de los eseristas, la Asamblea era quizás un símbolo político de ‘la revolución’. Pero, para la mayoría de los campesinos, cuyo punto de vista político se circunscribía a los límites de su propia aldea y campos, sólo era una cosa lejana en la ciudad, dominada por los ‘jefes’ de los diferentes partidos, que ellos no entendían y que era bastante diferente a sus propias organizaciones políticas. Era un parlamento nacional, anhelado durante mucho tiempo por la intelectualidad, pero los campesinos no compartían la concepción que tenía la intelectualidad de la nación política, su lenguaje de ‘Estado ‘, ‘democracia’, ‘derechos y deberes civiles’ les era ajeno, y cuando utilizaban esta retórica urbana le adjuntaban un significado específicamente ‘campesino’ para ajustarse a las necesidades de sus propias comunidades. Los sóviets campesinos se aproximaban mucho más a los ideales políticos de las masas rurales, siendo a todos los efectos, ni más ni menos, sus tradicionales asambleas de aldea pero con una forma más revolucionaria. A través de los sóviets de aldea y de volost (provincia), los campesinos ya estaban llevando a cabo su propia revolución en la tierra, y no necesitaban la sanción de un decreto de la Asamblea Constituyente (ni siquiera del propio gobierno soviético) para completarla. Los eseristas de derechas no podían entender este hecho fundamental: que la autonomía de los campesinos a través de sus sóviets de aldea, desde su punto de vista, había reducido el significado de cualquier parlamento nacional, ya que ellos ya habían conseguido su volia, el viejo ideal campesino de autogobierno. La masa de los campesinos, por costumbre o por respeto a los ancianos de su aldea, iban a votar por los eseristas en las elecciones a la Asamblea Constituyente, seguro. Pero muy pocos estaban dispuestos a luchar en la batalla de los eseristas por su restauración, tal y como la miserable caída de Komuch iba a demostrar en el verano de 1918. Prácticamente todas las resoluciones de las aldeas sobre este tema dejaban claro que no querían la restauración de la Asamblea como ‘el amo político de la tierra rusa’, en palabras de una de ellas, con una autoridad superior a la de los sóviets locales. (O. Figes, A people’stragedy – The Russian Revolution, 1891-1924, pp. 518-9).

Y como ilustración de este hecho, Figes cita las palabras del eserista de derechas Boris Sokolov, que conocía de cerca las opiniones de los campesinos por su trabajo como agitador en el ejército:

La Asamblea Constituyente era algo totalmente desconocido y poco claro para las masas de soldados en la primera línea del frente; era sin duda terraincognita. Sus simpatías estaban claramente con los sóviets. Estas eran las instituciones que tenían cerca y las apreciaban, les recordaban sus propias asambleas de aldea… Yo mismo tuve ocasión de oír a los soldados en más de una ocasión, a veces incluso los más inteligentes de ellos, poner objeciones a la Asamblea Constituyente. Para la mayoría de ellos estaba asociada a la Duma Estatal, una institución que les era remota: “¿Para qué necesitamos ninguna Asamblea Constituyente, cuando ya tenemos nuestros sóviets, donde nuestros propios diputados pueden reunirse y decidirlo todo?” (Ibid., p. 519).

Por cierto que las protestas indignadas de los historiadores burgueses sobre este tema revelan o bien una ignorancia completa de la historia, o una memoria altamente selectiva. El dirigente de la revolución inglesa, Oliver Cromwell, utilizó su Ejército Modelo para disolver el parlamento por razones muy parecidas a las que convencieron a los bolcheviques para clausurar la Asamblea Constituyente. Los moderados presbiterianos que dominaban el parlamento representaban los primeros despertares incoherentes y poco claros de la revolución. Llegados a cierto punto, se transformaron en una fuerza conservadora, bloqueando el paso a las masas pequeño-burguesas radicalizadas, que querían ir más allá. No hay duda que la eliminación de ese obstáculo fue fundamental para la victoria de los roundheads .

En la Revolución Francesa se dio un proceso análogo, cuando la tendencia más consecuentemente revolucionaria, los jacobinos, purgó repetidamente la Convención Nacional y enviaron a sus oponentes a la guillotina. De nuevo, está claro que sin una acción decidida de ese tipo la revolución nunca hubiera podido triunfar contra los poderosos enemigos que se levantaban contra ella dentro y fuera de las fronteras de Francia. Se han lanzado todo tipo de argumentos morales y legales contra los jacobinos. Pero todos pierden de vista lo principal: la esencia de una revolución es la ruptura decisiva con el viejo orden; la resistencia feroz de las viejas clases poseedoras a veces obliga a la revolución a tomar medidas drásticas para su propia salvación. Pero nadie ha explicado todavía cómo Cromwell o Robespierre podían haber conseguido llevar adelante la revolución si hubiesen actuado de otra manera. Después de disolver el Parlamento Largo, Cromwell comentó: “ No hubo ni siquiera el ladrido de un perro ni ninguna aflicción general y visible por ello ” (Sir Charles Firth, Oliver Cromwell, p. 319). Lo mismo se podría decir de la reacción de las masas ante la disolución de la Asamblea Constituyente. En cualquier caso, la revolución bolchevique, hasta que se dio la intervención imperialista, fue infinitamente más pacífica que ninguna de sus dos precursoras.

En el Tercer Congreso Panrruso de los Sóviets, en enero de 1918, Lenin dijo:

Se envía con mucha frecuencia al gobierno delegaciones de obreros y campesinos que preguntan cómo deben proceder, por ejemplo, con estas o aquellas tierras. Y yo mismo me he encontrado con situaciones embarazosas al ver que no tenían un punto de vista muy definido. Y yo les decía: ustedes son el poder, hagan lo que deseen hacer, tomen todo lo que les haga falta, les apoyaremos(…) (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 285).

En el XVII Congreso del Partido, unos pocos meses después, puso énfasis en que: “ (…) una minoría, el Partido, no puede implantar el socialismo. Podrán implantarlo decenas de millones de seres cuando aprendan a hacerlo ellos mismos ” (Lenin, Obras Completas, vol. 36, p. 57).

Estas declaraciones de Lenin, que se pueden multiplicar a voluntad, reflejan su confianza profundamente arraigada en la capacidad de los trabajadores para decidir su propio destino. Esta contrasta agudamente con las mentiras de los historiadores burgueses, que han intentado ensuciar las ideas democráticas del leninismo con los crímenes del estalinismo. Esta “ dictadura del proletariado ” era en todos los sentidos una auténtica democracia obrera, a diferencia del posterior régimen totalitario de Stalin. El poder político estaba en manos de las masas, representadas a través de los sóviets. Al principio incluso los partidos burgueses (aparte de las Centurias Negras ultrarreaccionarias y antisemitas) tenían libertad para organizarse. Fueron sólo las exigencias de la guerra civil subsiguiente y las peligrosas actividades de los saboteadores y contrarrevolucionarios, las que forzaron a los bolcheviques a prohibir los demás partidos, como medida temporal. Por ejemplo, los eseristas de izquierda pasaron a la oposición y amenazaron con sabotear la revolución asesinando al embajador alemán, el conde Mirbach , para empujar a Rusia a la guerra con Alemania. Los eseristas de izquierda también llevaron a cabo un intento fallido de asesinato contra Lenin en 1918, que al final acabó por acortar su vida seis años después.

Tan pronto como los obreros y campesinos tomaron el poder, se tuvieron que enfrentar a la intervención imperialista armada para derrocar el poder soviético. A principios de 1918, fuerzas navales francesas y británicas ocuparon Murmansk y Arcángel, en el norte de Rusia. En pocos días, sus fuerzas marchaban hacia Petrogrado. En abril, los japoneses entraron en Vladivostok y se estableció un “ Gobierno Panrruso ” en Omsk. Al cabo de dos meses, este gobierno fue derrocado por un golpe que colocó al almirante Kolchak como dictador. Mientras tanto, el imperialismo alemán ocupaba Polonia, Lituania, Letonia y Ucrania en colaboración con los generales blancos Krasnov y Wrangel . El pretexto que utilizaron fue el de “ ayudar a la población en lucha contra la tiranía bolchevique ” . Una ofensiva envolvente amenazó con tomar Petrogrado en el otoño de 1919. “ Estábamos entre la espada y la pared ” , escribió Trotski .

Mucho se ha dicho sobre el llamado Terror Rojo y los medios violentos utilizados por la Revolución para defenderse. Pero lo que convenientemente se olvida es que la Revolución de Octubre en sí misma fue prácticamente pacífica. El auténtico baño de sangre se produjo durante la guerra civil, cuando la República Soviética fue invadida por veintiún ejércitos extranjeros. Los bolcheviques heredaron un país arruinado y un ejército hecho añicos. Inmediatamente se enfrentaron a una rebelión armada por parte de Kerensky y los oficiales blancos, y más tarde por parte de los ejércitos de intervención extranjera. En un momento dado, el poder soviético quedó reducido a sólo dos provincias, el equivalente al antiguo principado de Moscú. Sin embargo, los bolcheviques consiguieron rechazar la contrarrevolución. Incluso si aceptamos (incorrectamente) que Lenin y Trotski se las arreglaron de alguna manera para tomar el poder a la cabeza de un pequeño grupo de conspiradores sin el respaldo de las masas, la idea de que pudieron derrotar a las fuerzas combinadas de los guardias blancos y los ejércitos extranjeros con tan escaso apoyo es francamente absurda.

La guerra necesariamente implica violencia, y la guerra civil más que ninguna otra. El Estado obrero, débil y atrincherado, se vio obligado a defenderse con las armas en la mano o rendirse a los ejércitos blancos, que como todos los ejércitos contrarrevolucionarios de la historia utilizaron los métodos más bestiales y sangrientos para aterrorizar a los obreros y campesinos. Si hubiesen triunfado, hubiese significado un océano de sangre. No hay nada más cómico que la afirmación de que, si los bolcheviques no hubiesen tomado el poder, Rusia hubiera avanzado por el camino de una próspera democracia burguesa. ¿Cómo encaja esta idea con los hechos? Ya en el verano de 1917, el levantamiento del general Kornilov demostró que el régimen inestable de doble poder que se había establecido en febrero se estaba resquebrajando. La única duda era en saber quién conseguiría establecer una dictadura: Kerensky o Kornilov.

A todos los ataques hipócritas contra los bolcheviques por el llamado Terror Rojo hay una respuesta muy simple. Incluso el gobierno capitalista más democrático del mundo no toleraría nunca la existencia de grupos armados que intentasen derrocar el orden existente por medios violentos. Tales grupos serían inmediatamente puestos fuera de la ley y los dirigentes encarcelados o ejecutados. Esto se considera perfectamente normal, legal y aceptable. Y, sin embargo, no se aplican los mismos criterios al sitiado gobierno bolchevique, luchando por su supervivencia y atacado por sus enemigos por todos los flancos. La hipocresía es todavía más nauseabunda si tenemos en cuenta el hecho de que precisamente estos gobiernos occidentales “ democráticos ” organizaron la mayor parte de las ofensivas militares contra los bolcheviques en ese periodo.

En la Conferencia de Paz de Versalles, los gobiernos victoriosos de los Aliados ya se estaban preparando para derrocar a los bolcheviques: “ Bullit , en su declaración ante el comité de relaciones extranjeras del Senado, describió de esta manera el ambiente general en la conferencia de París, en abril de 1919: ‘Kolchak realizó un avance de 100 millas e inmediatamente toda la prensa de París estaba rugiendo y chillando sobre el asunto, anunciando que Kolchak estaría en Moscú en dos semanas; y por lo tanto todo el mundo en París, incluyendo, lamento decir, miembros de la comisión americana, se volvió cada vez más tibio respecto a la paz en Rusia, porque pensaban que Kolchak llegaría a Moscú y eliminaría el gobierno soviético ” (E. H. Carr , The Bolshevik Revolution , 1917-23, vol. 3, p. 121, nota al pie nº 1).

El carácter antidemocrático de la burguesía rusa era evidente incluso antes de la Revolución de Octubre, cuando clamaban por un Napoleón que restaurase el “ orden ” . Según el gran capitalista Stepan Georgevitch Lianozov:

La revolución es una enfermedad. Tarde o temprano las potencias extranjeras tendrán que intervenir en nuestros asuntos como intervienen los médicos para curar a un niño enfermo y ponerlo en pie (…) El transporte se ha venido abajo, se cierran las fábricas y los alemanes avanzan. Tal vez el hambre y la derrota despierten el sentido común en el pueblo ruso” (J. Reed, Diez días que estremecieron el mundo, p. 36).

A propósito, la calumnia repugnante de que Lenin era un “ agente alemán ” , que increíblemente todavía está en circulación, no casa con los hechos. No fue Lenin, sino la burguesía rusa la que era pro alemana y quería vender Rusia al enemigo, tal y como demuestran los comentarios de Lianozov . Esto no era una excepción, sino la regla en Octubre . Estos “ patriotas ” en la práctica anhelaban la llegada del ejército alemán. Preferían la bota extranjera al gobierno de los obreros y campesinos rusos. Este ambiente pro alemán estaba muy extendido entre las clases poseedoras. Louise Bryant recuerda una conversación en la casa de una familia rusa acomodada:

En la mesa, la conversación derivó hacia la política. Todos empezaron a maldecir a los bolsheviki. Decían que sería maravilloso si los alemanes viniesen y tomasen el control… Siguió una conversación sobre los alemanes y la mayor parte de los presentes se declaró a favor de una invasión alemana. Sólo para probarles pedí que votaran sobre lo que preferirían en realidad: el gobierno de los soldados y obreros o el del Káiser. Todos menos uno votaron por el Káiser” (Louise Bryant, Six Red Months in Russia, pp. 126 y 131).

Reacción brutal

En la guerra civil que siguió a Octubre , los generales reaccionarios se sucedieron unos a otros. Pero la idea de que las bayonetas de la Guardia blanca hubiesen implantado la democracia en suelo ruso es un auténtico disparate. Detrás de las líneas de los blancos, la vuelta de los viejos terratenientes y capitalistas marcó la venganza contra los obreros y campesinos. La gran mayoría de éstos no eran socialistas, aunque simpatizaban con los bolcheviques por su programa agrario revolucionario. Pero cuando se dieron cuenta de que los ejércitos blancos estaban del lado de los terratenientes, cualquier apoyo que hubieran podido tener se evaporó. Los generales blancos representaban la reacción zarista en su forma más brutal. Eran una anticipación del fascismo, aunque carecían de la base de masas de éste. Pero esto no hubiera hecho su dominio ni una pizca más placentero. En revancha por el susto que habían sufrido y para dar una lección a las masas, hubieran desencadenado un régimen de terror a gran escala. Los trabajadores y campesinos rusos hubieran sido sometidos a la pesadilla de un régimen totalitario burgués durante años, o décadas, similares a los de Franco o Pinochet. Hubiera sido un régimen de declive social, cultural y económico terrible.

Las horribles atrocidades de los ejércitos blancos de A.I. Denikin, A.V. Kolchak, N. Yudenich , P.N. Wrangel y otros reflejaban el pánico de una élite condenada. Wrangel se vanagloriaba de que, después de fusilar a un prisionero rojo, les daría a los otros la oportunidad de demostrar su “ patriotismo ” y “ purgar sus pecados ” en la batalla. Los prisioneros eran torturados hasta la muerte, los campesinos rebeldes ahorcados y se organizaban progromos monstruosos contra los judíos en las zonas ocupadas. En todas las zonas blancas se restauraba el poder de los terratenientes. Como medida de autodefensa, los bolcheviques recurrieron a la toma de rehenes. Víctor Serge recuerda:

Desde las primeras masacres de prisioneros rojos por parte de los blancos, los asesinatos de Volodarsky y Uritsky y el atentado contra Lenin (en el verano de 1918), la costumbre de arrestar y, a menudo, ejecutar rehenes se había generalizado y legalizado. La Cheka (La Comisión Extraordinaria para la Represión de la Contrarrevolución, Especulación y Deserción), que llevaba a cabo detenciones masivas de sospechosos, ya tendía a determinar su suerte de manera independiente, bajo el control formal del Partido, pero en realidad sin que nadie lo supiera. Se estaba convirtiendo en un Estado dentro del Estado, protegida por el secreto militar y los procedimientos in camera. El Partido se esforzaba en poner a su cabeza a hombres incorruptibles, como el ex convicto Dzerzhinsky , un idealista sincero, despiadado pero caballeroso… (V. Serge, Memoirs of a Revolutionary , p. 80).

La táctica de la toma de rehenes fue dictada por la extrema debilidad de las fuerzas armadas de la revolución en comparación con las fuerzas contrarrevolucionarias. La revolución estaba luchando desesperadamente por su propia supervivencia. En una situación de este tipo, los excesos eran inevitables, aunque Lenin y Dzerzhinsky hicieron todo lo posible para evitarlos. Las atrocidades de los blancos provocaron una reacción feroz:

Sin embargo, las masacres en Munich reforzaron el estado mental terrorista, y las atrocidades cometidas en Ufa por las tropas del almirante Kolchak, que quemaron vivos a los prisioneros rojos, últimamente habían permitido a los chekistas prevalecer por encima de aquellos miembros del partido que esperaban un mayor grado de humanidad. (Ibid., p. 83).

Después de la derrota de Kolchak, los bolcheviques trataron de normalizar la situación. En enero de 1920, con la aprobación de Lenin y Trotski , Dzerzhinsky propuso la abolición de la pena de muerte en todo el país, excepto aquellos distritos en los que todavía hubiera operaciones militares. El 17 de enero, el gobierno aprobó el decreto, firmado por Lenin como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero al cabo de tres meses la situación cambió de nuevo. El régimen polaco reaccionario de Pilsudski , con el apoyo de Gran Bretaña y Francia, atacó la Rusia soviética. Los polacos tomaron Kiev. La revolución corría peligro mortal. Se reimplantó la pena de muerte y se ampliaron los poderes de la Cheka . Aquí, otra vez más, vemos cómo la intervención extranjera que pretendía restaurar por la fuerza el viejo orden en Rusia obligó a la Revolución a utilizar métodos violentos para defenderse.

Sólo un hipócrita negaría el derecho de un pueblo a defenderse contra la amenaza de una contrarrevolución sangrienta por todos los medios a su alcance. Por supuesto que si uno considera que lo mejor para las masas es simplemente poner la otra mejilla y aceptar dócilmente la opresión, entonces tiene que condenar los métodos de los bolcheviques. Una filosofía de este tipo sólo puede significar la aceptación permanente de todos y cada uno de los regímenes reaccionarios que han existido en la historia. De hecho significaría la imposibilidad del progreso social en general. El auténtico motivo de los que calumnian la Revolución de Octubre no es la moralidad ni el amor a la humanidad, sino solamente la defensa cobarde del status quo.

Sólo los bolcheviques evitaron esta catástrofe, organizando al pueblo revolucionario en armas. Partiendo prácticamente de la nada, León Trotski creó el Ejército Rojo, que rápidamente se transformó en una fuerza combatiente revolucionaria de más de cinco millones de soldados. Bajo la inspirada dirección de Trotski , los restos hechos añicos del viejo ejército fueron cohesionados rápidamente en una nueva fuerza impresionante. Que el Ejército Rojo se crease con tanta rapidez a partir de la nada es una demostración suficiente de la base de masas de la revolución. En un primer momento muy pocos hubieran apostado por la supervivencia del nuevo régimen. Contra todo pronóstico, el Ejército Rojo hizo retroceder al enemigo en todos los frentes.

Incluso los enemigos de la revolución reconocieron los destacables logros de Trotski , como demuestran las siguientes citas de oficiales y diplomáticos alemanes:

Max Bauer más tarde rindió tributo a Trotski como ‘organizador y dirigente militar nato,’ y añadió:

‘La manera en que creó un ejército nuevo a partir de la nada en medio de grandes batallas y después lo organizó y entrenó, es absolutamente napoleónico’.

Y Hoffman emitió el mismo veredicto:

Incluso desde un punto de vista puramente militar resulta asombroso que las tropas rojas recién reclutadas fuera capaces de aplastar a las fuerzas, en algún momento todavía fuertes, de los generales blancos y eliminarlas totalmente” (E. H. Carr, The BolshevikRevolution, 1917-23, vol. 3, p. 326).

La victoria de los oprimidos en lucha abierta contra sus antiguos amos es sin duda uno de los episodios más inspiradores en los anales de la historia, tan rica en revueltas derrotadas de los oprimidos. Una vez más, tenemos derecho a preguntar a los calumniadores de Octubre: ¿Cómo pudo este pequeño grupo de conspiradores conseguir derrotar a los poderosos ejércitos de los guardias blancos apoyados por veintiún ejércitos extranjeros? Semejante gesta sólo se puede concebir si admitimos que los bolcheviques tenían el apoyo activo no sólo de la clase obrera, sino también de sectores amplios de los campesinos medios y pobres. Llegados a este punto, todo el mito de la conspiración de una minoría colapsa por su propio peso. La revolución bolchevique no fue un golpe, sino la revolución más popular de la historia. Sólo así se puede entender que los bolcheviques fueran capaces, contra todo pronóstico, no sólo de tomar el poder, sino de conservarlo firmemente. Todo esto se hizo sobre la base de la democracia obrera, un régimen que da a la clase obrera derechos mucho más amplios que el régimen burgués más democrático.

El internacionalismo de Lenin

La principal defensa de la Revolución residía en la política de internacionalismo revolucionario de los bolcheviques. Su propaganda revolucionaria estaba teniendo un efecto en las tropas de los ejércitos imperialistas, cansadas de la guerra. El descontento y los motines en las filas de los ejércitos de intervención obligaron a los imperialistas a retirarse. La solidaridad internacionalista de la clase obrera salvó la Revolución Rusa. El siguiente extracto nos da una idea general de la situación:

Motines importantes en los primeros meses de 1919 en la flota y en unidades terrestres francesas apostadas en Odessa y otros puertos del Mar Negro llevaron a su evacuación forzosa a principios de abril. El director de operaciones militares en el Ministerio de la Guerra informaba de que la moral de las tropas de diferentes nacionalidades bajo mando británico en el frente de Arcangel era ‘tan baja que las hacía víctimas de la activa e insidiosa propaganda bolchevique que el enemigo está llevando a cabo con creciente energía y habilidad’. Los detalles se hicieron públicos mucho más tarde a través de informes oficiales americanos. El 1 de marzo de 1919 estalló un motín entre las tropas francesas a las que se había ordenado marchar al frente; algunos días antes, una compañía de infantería británica ‘se negó a ir al frente’ y poco después una compañía americana ‘se negó temporalmente a volver a su deber en el frente ” (E. H. Carr , The Bolshevik Revolution , 1917-23, vol. 3, p. 134).

Lo que derrotó a los generales blancos no fue su inferioridad militar , sino la deserción en masa, los motines y las constantes sublevaciones en las zonas ocupadas . El conde Kidovstev , uno de los generales blancos , bien podía ofrecer poco a las masas : “ Para empezar , está claro que necesitáis una dictadura militar , y más adelante quizás se podría combinar con un elemento empresarial ” .

Una oleada revolucionaria recorría toda Europa. En noviembre de 1918, la revolución alemana barrió a la dinastía de los Hohenzollern, obligando al káiser Guillermo a buscar refugio en Holanda. La revolución puso fin a la Primera Guerra Mundial, con la formación de sóviets en toda Alemania. El general Golovin informaba así acerca de sus negociaciones con Churchill, en mayo de 1919, sobre la continuación de la intervención militar británica: “ La cuestión de prestar apoyo armado era para él la más difícil; la razón era la oposición de la clase obrera británica a la intervención armada… ” . Los motines en la flota francesa en Odessa y en los demás ejércitos aliados finalmente sellaron el destino de nuevas expediciones militares a Rusia. En 1920, los estibadores de East India Docks en Londres se negaron a cargar el Jolly George con un cargamento secreto de municiones hacia Polonia, para utilizarlas contra la Rusia soviética.

El primer ministro británico Lloyd George, en un memorándum secreto a Clemenceau durante la Conferencia de Paz de Versalles, escribió: “ Toda Europa está llena del espíritu de la revolución. Hay un sentimiento profundo no sólo de descontento, sino de rabia y rebelión entre los trabajadores contra las condiciones existentes antes de la guerra. De un extremo de Europa al otro, las masas de la población están cuestionando todo el orden social existente, en sus aspectos políticos, sociales y económicos ” (E. H. Carr , The Bolshevik Revolution , 1917-23, vol. 3, p. 135-6).

Con el fin de la intervención extranjera, el Ejército Rojo liquidó rápidamente los restos de los ejércitos blancos. Las noticias de la revolución en Europa llevaron al bolchevique Karl Radek a declarar: “ Ha llegado la revolución mundial. Las masas de la población oyeron su paso de hierro. Se acabó nuestro aislamiento ” . Trágicamente, resultó ser prematuro. La primera oleada revolucionaria entregó el poder a los dirigentes de la socialdemocracia, que descarrilaron y traicionaron el movimiento. Lenin vio la derrota de la primera ola de la revolución europea como un golpe terrible que servía para aislar la república soviética por un periodo. Esto no era algo secundario, sino una cuestión de vida o muerte para la revolución. Lenin y los bolcheviques habían dejado muy claro una y otra vez que, si la revolución no se extendía hacia Occidente, estaban condenados. El 7 de marzo de 1918, Lenin sopesaba la situación de esta manera:

Si examinamos la situación a escala histórica mundial, no cabe la menor duda de que si nuestra revolución se quedase sola, si no existiese un movimiento revolucionario en otros países, no existiría ninguna esperanza de que llegase a alcanzar el triunfo final. Si el Partido Bolchevique se ha hecho cargo de todo, lo ha hecho convencido de que la revolución madura en todos los países y que a la larga – y no a la corta – cualesquiera que fuesen las dificultades que hubiéramos de atravesar, cualesquiera que fuesen las derrotas que tuviésemos deparadas, la revolución socialista internacional tiene que venir, pues ya viene, tiene que madurar, pues ya madura y llegará a madurar del todo. Nuestra salvación de todas estas dificultades – repito – está en la revolución europea” (Lenin, Obras Completas, vol. 36, p. 12).

Y concluía: “ Pero, de todos modos, y con todas las peripecias posibles imaginables, si la revolución alemana no estalla, estamos perdidos ” (Ibid., p. 16). Semanas después repitió la misma idea: “ Nuestro atraso nos ha hecho avanzar y pereceremos si no sabemos sostenernos hasta que encontremos el poderoso apoyo de los obreros sublevados de otros países ” (Ibid., p. 243).

La tarea principal era mantenerse en el poder tanto como fuera posible . Lenin nunca contempló la posibilidad de un aislamiento prolongado del Estado soviético . O se rompía el aislamiento o el régimen soviético estaría condenado . Todo dependía de la revolución mundial . Su retraso provocó enormes dificultades que iban a tener consecuencias profundas . En vez de la disolución del Estado, se dio el proceso opuesto . Sobre la base de la miseria agravada por la guerra civil y el bloqueo económico , la “ lucha por la supervivencia individual ” , en la frase de Marx, no desapareció ni se suavizó , sino que en los años posteriores adquirió una ferocidad sin precedentes . Más que construir sobre las bases del capitalismo más avanzado , el régimen soviético estaba intentando superar problemas pre socialistas y pre capitalistas . La tarea era “ alcanzar el nivel de Europa y América ” . Esto quedaba muy lejos del “ estadio inferior del comunismo ” al que se había referido Marx. Los bolcheviques se vieron obligados a enfrentarse a problemas económicos y culturales que ya habían sido resueltos tiempo atrás en Occidente. Lenin declaró en una ocasión , para ilustrar la tarea básica a resolver, que el socialismo era “ poder soviético más electrificación ” .

Esto no era una receta para la “ vía rusa al socialismo ” , todo lo contrario. Siempre estaba vinculada a la perspectiva de la revolución mundial. Lenin estaba intentando solucionar los problemas surgidos del aislamiento de un Estado obrero rodeado de potencias capitalistas hostiles.

No sería difícil establecer, más allá de cualquier duda, la postura de Lenin sobre la necesidad de la revolución mundial. De hecho, él pensaba que, a menos que el Estado soviético consiguiese romper su aislamiento, la Revolución no podría sobrevivir mucho tiempo. Esta idea se repite una y otra vez en los escritos y discursos de Lenin. Los siguientes son sólo unos cuantos ejemplos, que se podrían multiplicar a voluntad:

24 de enero de 1918:

Estamos lejos incluso de haber terminado el período de transición del capitalismo al socialismo. Jamás nos hemos dejado engañar por la esperanza de que podríamos terminarlo sin la ayuda del proletariado internacional. Jamás nos hemos equivocado en esta cuestión (…) Naturalmente, la victoria definitiva del socialismo en un sólo país es imposible. Nuestro destacamento de obreros y campesinos, que apoya al Poder soviético, es uno de los destacamentos del ejército universal fraccionado hoy por la guerra mundial; pero este ejército tiende a la unificación, (…) y ahora vemos claro cuán lejos irá el desarrollo de la revolución; ha comenzado la obra el ruso, la llevarán a cabo el alemán, el francés y el inglés, y triunfará el socialismo” (Lenin, Obras Completas, vol. 36, pp. 281-89).

8 de marzo de 1918:

El Congreso considera que la garantía más firme del afianzamiento de la revolución socialista victoriosa en Rusia consiste únicamente en su transformación en revolución obrera internacional” (Ibid., Resolución sobre la guerra y la paz, vol. 36, p. 40).

23 de abril 1918:

Alcanzaremos la victoria definitiva sólo cuando logremos vencer, por fin, definitivamente al imperialismo internacional, que se apoya en la grandiosa fuerza de la técnica y de la disciplina. Pero alcanzaremos la victoria únicamente con todos los obreros de los demás países, del mundo entero”. (Ibid., vol. 36, p. 241).

14 de mayo 1918:

Esperar a que las clases trabajadoras hagan la revolución a escala internacional equivale a quedar inmovilizados en la espera (…) Después de comenzar con brillante éxito en un país, es posible que atraviese períodos penosos, pues sólo se puede vencer definitivamente a escala internacional y con los esfuerzos mancomunados de los obreros de todos los países. (Ibid., vol. 26, p. 345).

29 julio 1918:

Nunca nos hemos hecho ilusiones de que las fuerzas del proletariado y el pueblo revolucionario en un solo país, independientemente de lo heroicos, organizados y disciplinados que pudieran ser, podrían derrocar al imperialismo internacional. Eso sólo se puede hacer con los esfuerzos conjuntos de los obreros del mundo (…) Nunca nos engañamos pensando que se podría hacer con los esfuerzos de un solo país. Sabíamos que nuestros esfuerzos llevaban inevitablemente a una revolución mundial, y que la guerra desatada por los gobiernos imperialistas no se podía detener con los esfuerzos de esos mismos gobiernos. Sólo se puede detener mediante los esfuerzos de los obreros; y cuando llegamos al poder, nuestra tarea (…) era la de mantener ese poder, esa antorcha del socialismo, de tal manera que extendiese tantas chispas como fuera posible para aumentar las llamas crecientes de la revolución socialista. (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 24-5).

8 de noviembre 1918:

Desde el principio de la Revolución de Octubre, nuestra política exterior y de relaciones internacionales ha sido la principal cuestión a la que nos hemos enfrentado. No simplemente porque desde ahora en adelante todos los Estados del mundo están siendo firmemente atados por el imperialismo en una sola masa sucia y sangrienta, sino porque la victoria completa de la revolución socialista en un solo país es inconcebible y exige la cooperación más activa de por lo menos varios países avanzados, lo que no incluye a Rusia (…) Nunca hemos estado tan cerca de la revolución proletaria mundial de lo que estamos ahora. Hemos demostrado que no estábamos equivocados al confiar en la revolución proletaria mundial (…) Incluso si aplastan a un país, nunca podrán aplastar la revolución proletaria mundial, sólo añadirán combustible a las llamas que les consumirán a todos. (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 151-64).

20 de noviembre 1918:

La transformación de nuestra revolución rusa en una revolución socialista no fue una aventura dudosa, sino una necesidad, ya que no había otra alternativa: el imperialismo anglo-francés y americano destruirán inevitablemente la independencia y libertad de Rusia si la revolución socialista mundial, el bolchevismo mundial no triunfa. (Lenin, Collected Works, vol. 28, pp. 188).

15 de marzo 1919:

La victoria final y completa a escala mundial no se puede conseguir sólo en Rusia; sólo se puede conseguir cuando el proletariado venza en todos los países avanzados, o, en cualquier caso, en algunos de los países avanzados más grandes. Sólo entonces podremos decir con plena confianza que la causa del proletariado ha triunfado, que nuestro primer objetivo – el derrocamiento del capitalismo – ha sido conseguido. Hemos conseguido este objetivo en un país, y esto nos enfrenta a otra tarea. Ahora que se ha establecido el poder soviético, ahora que la burguesía ha sido derrotada en un país, la segunda tarea es lanzar una lucha a escala mundial, en un plano diferente, la lucha del Estado proletario rodeado por Estados capitalistas” (Lenin, Obras Completas vol. 38, pp. 47).

5 de diciembre 1919:

Tanto antes de Octubre como durante la Revolución de Octubre, siempre hemos dicho que nos consideramos y sólo podemos considerarnos como uno de los contingentes del ejército proletario internacional (…) Siempre hemos dicho por lo tanto que la victoria de la revolución socialista sólo se puede considerar final cuando se convierte en la victoria del proletariado por lo menos en varios países avanzados” (Lenin, Collected Works, vol. 30, pp. 207-8).

20 de noviembre de 1920:

Los mencheviques afirman que nos hemos comprometido a derrotar a la burguesía mundial nosotros solos. Sin embargo, nosotros siempre hemos dicho que sólo somos un eslabón en la cadena de la revolución mundial, y nunca nos hemos marcado el objetivo de conseguir la victoria con nuestros propios medios.” (Lenin, Collected Works, vol. 31, p. 431).

Finales de febrero de 1922:

Pero no hemos acabado ni siquiera la construcción de los cimientos de la economía socialista y los poderes hostiles del capitalismo moribundo todavía nos lo pueden impedir. Tenemos que apreciar esto y admitirlo francamente; porque no hay nada más peligroso que las ilusiones… Y no hay nada en absoluto (…) terrible en admitir esta verdad amarga; ya que siempre hemos insistido y reiterado esta verdad elemental del marxismo: que se necesitan los esfuerzos conjuntos de los obreros de varios países avanzados para la victoria del socialismo. (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 206).

El internacionalismo intransigente de Lenin no era el resultado de un utopismo sentimental, sino, por el contrario, de una evaluación realista de la situación. Lenin sabía que en Rusia no existían las condiciones materiales para el socialismo, pero sí que existían a escala mundial. La revolución socialista mundial impediría el resurgimiento de aquellos aspectos bárbaros de la sociedad clasista, a los que Marx se refería como “ toda la vieja basura ” , garantizando desde su principio un desarrollo superior al capitalismo. Este era el motivo por el que Lenin ponía tanto énfasis en la perspectiva de la revolución internacional y por el que dedicaba tanto tiempo y energía a la construcción de la Internacional Comunista.

Un plan mundial de producción y una nueva división internacional del trabajo daría bastante rápidamente un impulso poderoso a las fuerzas productivas. La ciencia y la técnica modernas se utilizarían para dominar la naturaleza y convertir los desiertos en llanuras fértiles. Se pondría fin a la destrucción del medio ambiente y al espantoso derroche del capitalismo. En el transcurso de aproximadamente una generación se sentarían las bases materiales para el socialismo. Con el tiempo, el tremendo crecimiento de la producción eliminaría todas las desigualdades materiales y permitiría tal superabundancia que elevaría universalmente la calidad de vida hasta niveles sin precedentes. Todas las necesidades humanas básicas serían satisfechas por una economía mundial planificada. Como consecuencia, las clases se disolverían en la sociedad, junto con los últimos vestigios de la sociedad de clases, el dinero y el Estado. Esto daría lugar al auténtico comunismo y la sustitución de la dominación del hombre por el hombre por la “ administración de las cosas ” , por utilizar la expresión de Engels.

Sin embargo, el derrocamiento del capitalismo no siguió estas premisas. En lugar de la toma del poder por parte de la clase obrera en los países capitalistas avanzados, el capitalismo se rompió, en palabras de Lenin, “ por su eslabón más débil ” . El débil capitalismo ruso pagó el precio de la bancarrota del capitalismo mundial. La burguesía rusa había entrado en la escena de la historia demasiado tarde y era incapaz de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático-nacional, que en Occidente ya hacía tiempo que se habían solucionado. Sin embargo, por la ley del desarrollo desigual y combinado*, el capital extranjero había establecido las industrias más grandes y modernas en las ciudades de Rusia, desarraigando al campesinado y creando un proletariado de la noche a la mañana. Esta nueva clase obrera, a través de su experiencia, buscaría las más modernas ideas del movimiento obrero que reflejasen sus necesidades, el marxismo, y fue el primer proletariado en llevar la revolución socialista hasta el final.

* La historia no se desarrolla en línea recta, sino según las leyes del desarrollo desigual y combinado. Un país atrasado asimila las conquistas materiales e intelectuales de los países desarrollados, no como una copia a carbón, sino de manera contradictoria (dialéctica). El injerto de la técnica y la cultura más avanzadas en formaciones pre capitalistas lleva a una combinación peculiar de diferentes estadios económicos en el proceso histórico. Su desarrollo en su conjunto adquiere un carácter combinado, no lineal.

El carácter atrasado del país no hubiera sido un problema de hacer sido la Revolución Rusa el preludio de una revolución socialista mundial victoriosa. Ése era el objetivo del partido bolchevique bajo Lenin y Trotski . El internacionalismo no era una postura sentimental, sino que estaba enraizado en el carácter internacional del capitalismo y la lucha de clases. En palabras de Trotski : “ el socialismo es la organización de una producción social y armónica para la satisfacción de las necesidades humanas. La propiedad colectiva de los medios de producción no es todavía socialismo, sino sólo su premisa legal. No se puede abstraer el problema de una sociedad socialista del problema de las fuerzas productivas, que en el estadio actual del desarrollo humano son mundiales en su propia esencia ” (L. Trotski , History of the Russian Revolution , p. 1237, este apéndice no está disponible en ninguna de las ediciones españolas consultadas). Se consideraba la Revolución de Octubre como el inicio del nuevo orden socialista mundial.

El precio del aislamiento

Todo lo anterior es suficiente para demostrar que Lenin y el Partido Bolchevique nunca vieron la Revolución Rusa como un acto autosuficiente, sino como el principio de la revolución socialista mundial. La Revolución Rusa fue una inspiración para los obreros de todo el mundo. En especial dio un ímpetu poderoso a la revolución alemana. Pero la cobardía de los dirigentes socialdemócratas en Europa occidental llevó a la derrota en Alemania, Italia y otros países y al aislamiento de la Revolución Rusa en condiciones de atraso espantoso. En estas circunstancias, la contrarrevolución política estalinista se hizo inevitable. La degeneración burocrática de la Revolución Rusa no surgió de ningún fallo teórico del bolchevismo, sino de su acuciante atraso.

El terrible atraso de Rusia, junto al aislamiento de la revolución, empezó a pesar como una losa sobre los hombros de la clase obrera soviética. La guerra civil, el hambre y el agotamiento físico de los trabajadores provocaron la apatía política y dieron lugar a deformaciones burocráticas crecientes en el Estado y el partido. La ayuda internacional era vital para asegurar la supervivencia de la joven república soviética. Todo lo que los bolcheviques podían hacer era mantenerse en el poder, contra todo pronóstico, tanto como les fuera posible hasta que llegase la ayuda de Occidente. “ La historia no regala nada, ” escribía Trotski en 1923, “ si hace un descuento en algo, en el plano político, lo recuperará por otra parte, en el plano cultural. Tan fácil (relativamente, se entiende) le ha resultado al proletariado ruso hacer la revolución, como difícil le será realizar la construcción socialista ” (L. Trotski , Sobre la vida cotidiana, p. 18).

La solidaridad internacional de la clase obrera había salvado la joven república soviética, pero el aislamiento provocaba enormes costes y sufrimiento. La clase obrera rusa estuvo sometida a una tensión límite. Físicamente exhausta y numéricamente debilitada, se enfrentaba a obstáculos culturales, económicos y sociales insuperables. Fueron necesarios esfuerzos hercúleos simplemente para resistir el asedio imperialista.

Lenin tenía una actitud realista y honesta hacia los problemas a los que se enfrentaba el proletariado ruso como consecuencia del aislamiento y el atraso. En enero de 1919, en un discurso a los sindicatos rusos, explicó: “ Los obreros nunca estuvieron separados por una Gran Muralla china de la vieja sociedad. Y han mantenido una parte importante de la mentalidad tradicional de la sociedad capitalista. Los obreros están construyendo una nueva sociedad sin haberse convertido ellos mismos en gente nueva, ni haberse limpiado de la basura del viejo mundo; esa basura todavía les llega hasta las rodillas. Sólo podemos soñar con limpiar esa basura. Sería totalmente utópico pensar que eso se puede hacer de una sola vez. Sería tan utópico que en la práctica sólo aplazaría el socialismo al reino del futuro ” (Obras completas, tomo 25, pp. 424-5).

Como consecuencia de la guerra civil y del sabotaje por parte de los capitalistas rusos, el gobierno soviético se vio obligado a un cambio brusco de política. En un primer momento, los bolcheviques tenían la intención de dejar la mayor parte de la industria en manos privadas hasta que la pequeña clase obrera rusa hubiese aprendido a gestionar la industria por sí sola. Esto tardaría un tiempo. Dado el atraso cultural de Rusia, se pensaba que a través del control obrero el proletariado adquiriría el conocimiento necesario y al final tomaría completo control de la gestión de la industria y el Estado. Mientras, el Estado obrero se vio obligado a esperar el momento propicio, mantener la industria privada bajo control obrero y basarse en gran medida en la vieja burocracia para gestionar el Estado. Se esperaba que esto se mantuviese hasta que los trabajadores de Occidente pudiesen ayudarles. Los obreros rusos fueron capaces de tomar el poder, pero no podían mantenerlo indefinidamente: todo dependía de la revolución mundial. Incluso en un país capitalista avanzado hubiera sido difícil en aquel momento introducir inmediatamente el control y la gestión obreras de la industria y el Estado. Si esto era así, ¿acaso no lo era mucho más en la atrasada Rusia?

La defensa militar de la revolución era lo principal. Había que alimentar a los millones de soldados que se habían alistado en el Ejército Rojo. Las requisas eran vitales para la supervivencia de obreros y soldados. El conjunto de la sociedad soviética se puso en pie de guerra. El llamado comunismo de guerra representaba un intento desesperado y heroico de defender la revolución. Pero el sabotaje de los empresarios, que miraban hacia la contrarrevolución para restaurar su posición, la presión de los propios obreros y las necesidades de la guerra civil forzaron a los bolcheviques a llevar a cabo la nacionalización masiva de los sectores clave de la economía antes de lo que querían. Entre julio y diciembre de 1918, un total de 1.208 empresas (la industria pesada, la base decisiva de la economía rusa) pasaron a propiedad estatal.

Los primeros años del poder soviético se caracterizaron por dificultades económicas agudas, en parte como consecuencia de la guerra y la guerra civil, en parte como consecuencia de la escasez de materiales y mano de obra cualificada, y en parte por la oposición de los pequeños propietarios campesinos a las medidas de socialización. Nueve millones de personas murieron de hambre, enfermedades y frío durante la guerra civil. La economía estaba en ruinas y al borde del colapso. Para poner cortar este declive catastrófico se introdujeron drásticas medidas a fin de poner la industria en movimiento, alimentar a los obreros hambrientos y acabar con la migración de la ciudad al campo. Durante un periodo temporal, esto significó la militarización del trabajo. Los críticos de Octubre apuntan con el dedo acusador al bolchevismo por esta política. Como si hubiese otra alternativa en condiciones de guerra y hambruna. La auténtica responsabilidad por esta situación la tiene el imperialismo que con su intervención armada infligió horrores inenarrables al pueblo ruso.

No existe distorsión más monstruosa que el intento de calumniar la memoria de Lenin y Trotski intentando vincular la política del comunismo de guerra y las severas medidas necesarias en ese momento para defender la revolución, con el régimen totalitario de Stalin. De hecho, incluso los gobiernos burgueses más democráticos restringen los derechos democráticos en épocas bélicas. Durante la Segunda Guerra Mundial, los trabajadores británicos aceptaron temporalmente todo tipo de restricciones a sus derechos, y en su mayoría lo hicieron de buena gana, en la creencia de que estaban luchando contra el nazismo, para “ defender la democracia ” . Los obreros rusos, en un grado mucho mayor, aceptaron la necesidad de una firme disciplina para derrotar a los ejércitos blancos. El poder estaba en manos de los sóviets obreros. Incluso en las condiciones más terribles de guerra civil, había más democracia que en cualquier otro periodo de la historia. A pesar de todas las dificultades y peligros, el Partido Comunista y la Tercera Internacional celebraron congresos anuales. Una simple lectura superficial de las actas de dichos congresos nos facilitará abundantes pruebas de la absoluta libertad de debate, discusión y crítica. Nada podría estar más lejos de un régimen totalitario que la atmósfera de libertad que caracterizó al Estado obrero durante los cinco primeros años de su existencia. Sin embargo, en última instancia, la posibilidad de mantener y profundizar la democracia soviética dependía de las condiciones materiales.

Una cuestión clave era la relación entre la industria y la agricultura. Esto era sólo otra manera de expresar las relaciones del proletariado con el campesinado. Las masas campesinas apoyaron la toma del poder por parte de los bolcheviques como medio para obtener la tierra. Pero después de la revolución, la actitud de los campesinos hacia el régimen soviético estaba determinada cada vez más por la capacidad de éste de suministrar a las aldeas mercancías baratas a cambio de los productos agrícolas. Normalmente, el excedente de comida y grano de los campesinos se intercambiaría por los productos de la industria. Pero con el colapso de la producción, no había bienes elaborados para este intercambio. Para impedir la hambruna en las ciudades, se enviaron destacamentos armados para requisar el grano necesario para mantener la industria de guerra en funcionamiento. No había otra alternativa. Éste era el significado esencial del comunismo de guerra. A pesar de estas medidas, el periodo se caracterizó por la dislocación económica y la caída de la producción. Las relaciones con el campesinado estaban siendo sometidas a una dura prueba. Este sistema de regimentación, basado en la centralización estricta y la introducción de medidas semimilitares en todos los ámbitos de la vida, se derivaba de las dificultadas de la revolución aislada en un país atrasado, destrozado por la guerra y en condiciones de guerra civil e intervención extranjera.

Esta situación, junto a la inflación crónica del periodo, prácticamente llevaron a una paralización del comercio entre el campo y la ciudad, lo que en muchas zonas llevó el hambre a los obreros urbanos. Las espantosas condiciones urbanas provocaron un éxodo masivo hacia el campo, en busca de comida. Ya en 1919, el número de obreros industriales había caído al 76% del nivel de 1917, mientras que el de obreros de la construcción había caído al 66 por ciento, y el de ferroviarios al 63%. La cifra global de obreros industriales cayó a menos de la mitad, de 3.000.000 en 1917 a 1.240.000 en 1920. La población de Petrogrado descendió de 2.400.000 en 1917 a 574.000 en agosto de 1920.

Colapso sin precedentes

Ese mismo año, la producción de mineral de hierro y de hierro fundido cayó a sólo el 1,6% y 2,4% respectivamente de sus niveles de 1913. El carbón, al 17%; la producción general de bienes manufacturados al 12,9%. La producción agrícola cayó un 16% en dos años (1917-19), y las caídas más fuertes correspondían a aquellos productos que las aldeas exportaban a las ciudades: el cáñamo cayó un 26 por ciento, el lino un 32 por ciento y el forraje un 40%. Los mejores resultados fueron los del petróleo, que se mantuvo en el 41% de su nivel de 1913. Lenin caracterizó el periodo del comunismo de guerra como “ comunismo en una fortaleza asediada ” . En estos años hubo un colapso sin precedentes de la industria y la agricultura. La inflación se disparó en una espiral incontrolable. La cosecha en 1921 fue de sólo 37,6 millones de toneladas, un 43% de la media de preguerra. Como consecuencia, millones de personas perecieron de inanición y enfermedades. Según Pierre Sorlin:

Las epidemias se extendían fácilmente. Enfermedades contagiosas que no se habían llegado a controlar totalmente a principios del siglo se extendieron de nuevo rápidamente. Entre 1917 y 1922, unos 22 millones de personas contrajeron el tifus; en 1918-19, la mortalidad oficial por esta enfermedad fue de 1,5 millones, y el censo estaba probablemente incompleto. El cólera y la escarlatina provocaron menos muertes, pero afectaron a 7 u 8 millones de rusos. La tasa de mortalidad era astronómica (…) y en el país en su conjunto (…) se duplicó. Por otra parte, la tasa de nacimientos cayó considerablemente, alcanzando apenas el 13 por mil en las ciudades importantes y el 22 por mil en el campo. Entre el final de 1918 y el principio de 1920, las epidemias, el hambre y el frío habían matado a 7,5 millones de rusos; la guerra mundial se había cobrado 4 millones de víctimas. (citado por M. Liebman, Leninismunder Lenin, p. 346).

En julio de 1918, Lenin dijo: ‘El pueblo está como un hombre al que se le ha golpeado casi hasta la muerte’. En enero de 1919: ‘Las masas hambrientas están exhaustas y [su] agotamiento es a veces más que lo que la resistencia humana puede soportar’. En diciembre de 1919: ‘Estamos sufriendo una crisis desesperada, un [nuevo] flagelo nos azota, los piojos, y el tifus está acribillando a nuestras tropas… ¡O los piojos derrotan al socialismo, o el socialismo derrotará a los piojos!’. En diciembre de 1920 habló de ‘condiciones espantosas’; en abril de 1921, de ‘la situación desesperada’. En junio de 1921 dijo: ‘Ningún país ha sido tan devastado como el nuestro ” (Ibid., p. 214, énfasis en el original).

La guerra, el hambre y las enfermedades aniquilaron a millones. En 1920 se informó de casos de canibalismo. En total, la pequeña clase obrera se redujo al 43% de su tamaño. Pero ni siquiera estas cifras nos dan una visión completa de la catástrofe, ya que dejan de lado el declive de la productividad del trabajo de aquellos obreros andrajosos medio muertos de hambre que se quedaron en las fábricas. “ El proletariado industrial (…) ” , dijo Lenin, “ debido a la guerra y la pobreza y ruina desesperadas se ha desclasado, es decir, ha sido desalojado de su rutina de clase, ha dejado de existir como proletariado. El proletariado es la clase que participa en la producción de bienes materiales en la industria capitalista a gran escala. En la medida en que la industria a gran escala ha sido destruida, en la medida en que las fábricas están paradas, el proletariado ha desaparecido. A veces aparece en las estadísticas, pero no se ha mantenido unido económicamente ” (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 65).

Esta situación sin paralelo en la que la clase obrera como clase casi había “ dejado de existir ” tuvo consecuencias extremadamente graves para las posibilidades de establecer un régimen viable de democracia obrera. El Estado obrero se apoyaba en una clase obrera atomizada. Sectores enteros de los obreros más avanzados, los cimientos de la revolución, habían perecido en los frentes de la guerra civil y las hambrunas. Muchos obreros se vieron obligados a vagar por el campo en busca de comida. Esto provocó un problema político crónico. Las estructuras soviéticas simplemente dejaron de funcionar. Los sóviets, como órganos de poder obrero, cayeron en desuso. No podía ser de otra manera dadas las condiciones económicas y sociales prevalecientes.

El Congreso Panrruso de los Sóviets, la máxima autoridad de la República, sólo se reunió una vez al año entre noviembre de 1918 y diciembre de 1922. El Comité Ejecutivo de los Sóviets también tuvo una regularidad menor y su poder pasó a un pequeño presidium . El control obrero desapareció cuando las fábricas dejaron de funcionar. El poder se concentraba y centralizaba cada vez más en manos del gobierno y el aparato del partido, que a su vez se enredaba más en el aparato del Estado. Las condiciones del proletariado no le permitían mantener en sus manos las palancas del poder político. Y esto no lo podía cambiar ningún decreto gubernamental. Lenin reconoció los peligros y tomó medidas, por lo menos para aliviar parcialmente la situación. Pero no había ninguna solución que no fuese la revolución mundial.

“ El país, y el gobierno con él, estaban al mismísimo borde del abismo ” , declara Trotski . El destino de la revolución se encontraba de nuevo en la cuerda floja. Las insurrecciones campesinas en Tambov y otros lugares llevaron las cosas a una situación límite. Ya no se podía continuar más tiempo de esa manera. Con el final de la guerra civil, la necesidad de un cambio político drástico era cada vez más evidente. Lo más importante para los bolcheviques era resistir tanto como fuera posible hasta que llegase la ayuda de Occidente.

La rebelión de la guarnición naval de Kronstadt, en 1921, creó una situación muy grave. Sobre este acontecimiento se han escrito tantas falsificaciones, que se ha convertido prácticamente en un mito. El propósito es, como siempre, desprestigiar a Lenin y Trotski y demostrar que el bolchevismo y el estalinismo son iguales. Resulta llamativo que todo el vocerío de indignación sobre Kronstadt une a los burgueses y socialdemócratas que se opusieron a Octubre con los anarquistas y ultraizquierdistas. Pero estas alegaciones no tienen nada que ver con la verdad.

La primera mentira es identificar a los amotinados de Kronstadt con los heroicos marineros rojos de 1917. No tienen nada en común. Los marineros de Kronstadt en 1917 eran obreros y bolcheviques. Jugaron un papel vital en la Revolución, junto a los obreros de la cercana Petrogrado. Pero prácticamente toda la guarnición de Kronstadt se presentó voluntaria para combatir en las filas del ejército rojo durante la guerra civil. Fueron dispersados por los diferentes frentes; la mayoría no volvieron. La guarnición de Kronstadt en 1921 se componía principalmente de levas de campesinos inexpertos de la Flota del Mar Negro. Una mirada superficial a los apellidos de los amotinados demuestra inmediatamente que casi todos ellos eran ucranianos.

Otra mentira se refiere al papel de Trotski en el episodio. En realidad, no jugó ningún papel directo, aunque como Comisario de Guerra y miembro del gobierno soviético aceptó plena responsabilidad por ésta y otras acciones gubernamentales. La toma de la fortaleza de Kronstadt por parte de los amotinados puso al Estado soviético en grave peligro, dado que acababa de salir de una guerra civil sangrienta. Es cierto que la delegación negociadora bolchevique, dirigida por Kalinin, llevó mal las negociaciones con la fortaleza, lo que inflamó una situación ya de por sí grave. Pero cuando los amotinados habían tomado la base naval más importante de Rusia, no quedaba margen para los compromisos.

El principal peligro era que Gran Bretaña y Francia utilizaran sus armadas para ocupar Kronstadt, con el motín como excusa. Esto hubiera puesto Petrogrado a su merced, ya que controlar Kronstadt significaba controlar Petrogrado. El único resultado posible era la contrarrevolución capitalista. La consigna “ sóviets sin bolcheviques ” demuestra que, de hecho, había elementos contrarrevolucionarios entre los marineros. A los bolcheviques sólo les quedaba una posibilidad: había que hacerse con la fortaleza militarmente. Estos acontecimientos se desarrollaron durante el X Congreso del Partido, que interrumpió sus sesiones para permitir que los delegados participasen en el ataque. Es interesante destacar que miembros de la Oposición Obrera, una tendencia semi anarco-sindicalista presente en el Congreso, también se unieron a las fuerzas atacantes. Esto pone fin a otra de las mentiras: la que intenta establecer una amalgama chapucera entre Kronstadt, anarquismo y Oposición Obrera, tres cosas que no tienen absolutamente nada en común.

Víctor Serge, que tenía muchas simpatías por el anarquismo, se opuso implacablemente a los amotinados de Kronstadt, como demuestra el pasaje siguiente:

La contrarrevolución popular transformó la reivindicación de sóviets elegidos libremente por la de ‘sóviets sin comunistas’. Si la dictadura bolchevique caía, era sólo un paso muy corto hacia el caos y, a través del caos, a la insurrección campesina, la masacre de los comunistas, el retorno de los emigrados y, al final, por la fuerza imparable de los acontecimientos, otra dictadura, esta vez anti-proletaria. Los despachos de prensa de Estocolmo y Tallin demostraron que los emigrados tenían en mente precisamente esta perspectiva (despachos que, por cierto, reforzaron la intención de los dirigentes bolcheviques de tomar Krondstadt rápidamente y a toda costa). No estábamos razonando en abstracto. Sabíamos que sólo en la Rusia europea había por lo menos cincuenta focos de insurrección campesina. Al sur de Moscú, en la región de Tambov, el maestro de escuela eserista de derechas Antonov, que proclamó la abolición del sistema soviético y el restablecimiento de la Asamblea Constituyente, tenía a sus órdenes un ejército campesino sobreviamente organizado de decenas de miles. Estaba en negociaciones con los blancos. (Tujachevsky suprimió esta Vendée a mediados de 1921)” (Víctor Serge, Memoirsof a revolutionary 1901-1944, pp. 128-9).

La Nueva Política Económica (NEP)

Lejos de representar los intereses de la clase obrera, los amotinados de Kronstadt reflejaban las presiones del campesinado, que estaba cada vez más descontento debido a las requisas constantes y a las colectas forzosas de grano, a cambio del cual no recibían bienes manufacturados. Esto se puede demostrar fácilmente. Entre las reivindicaciones de los amotinados figuraba la de un mercado libre para el grano. Después de la supresión del motín, Lenin sacó conclusiones y tocó a retirada. La introducción de la Nueva Política Económica (NEP) permitía a los campesinos vender su grano en el mercado, a cambio de un impuesto para el Estado. Después de esta medida, no hubo más Kronstadts ni Tambovs . Los campesinos habían logrado lo que querían.

¿Fue la NEP un paso adelante para la clase obrera y la revolución? En absoluto. Los bolcheviques se vieron obligados a dar marcha atrás debido a la situación potencialmente peligrosa que se derivaba de la oposición del campesinado. Tambov, Kronstadt y otros levantamientos en las zonas rurales eran sólo parte de ésta. Pero en la práctica, la NEP sirvió para fortalecer a los campesinos ricos (kulaks) y a los NEPistas (especuladores capitalistas) en detrimento del proletariado. Fue un gran paso atrás, aunque no había alternativa dado el retraso de la revolución europea. La NEP, junto a la derrota de la revolución alemana de 1923, fue realmente el origen de la degeneración de la Revolución Rusa. Stalin, Zinoviev y Kámenev se basaron en los kulaks y los NEPistas para golpear a Trotski y a la Oposición de Izquierdas. Pero la NEP, apaciguando a los campesinos, dio un respiro a la revolución.

Enfrentados a la implacable oposición de las masas campesinas, agotadas después de años de guerra civil y requisas, Lenin y Trotski explicaron la necesidad de dar un paso atrás respecto al comunismo de guerra y la necesidad de restaurar el mercado para poder cicatrizar la separación entre el campo y la ciudad. En la práctica esto significaba, en la medida de lo posible, el desarrollo de una relación estable con el campesinado, que era el 80% de la población. “ Durante 1920 y 1921 ” , informó Trotski en el XII Congreso del Partido, “ a nosotros nos quedó total y absolutamente claro que la Unión de Repúblicas Soviéticas tendría que continuar existiendo, quizás por bastante tiempo, en medio de un cerco capitalista. No recibiríamos mañana ninguna ayuda directa e inmediata de un proletariado organizado en un Estado, un Estado de un tipo muy superior al nuestro y con un poderío económico mayor que el nuestro. Eso es lo que nos dijimos a nosotros mismos en 1920. No sabíamos si sería cuestión de uno, dos, tres o diez años, pero sabíamos que estábamos al inicio de una época de preparación seria y prolongada.

“ La conclusión básica de esto era que, mientras esperábamos un cambio en la correlación de fuerzas en Occidente, teníamos que fijarnos mucho más aguda y atentamente en la correlación de fuerzas en nuestro propio país, en la Unión Soviética ” ( Trotski , León Trotski Speaks, p. 137).

La Nueva Política Económica había nacido, introduciendo relaciones de mercado entre la ciudad, el campo y el Estado. Se abolieron las requisas de grano y se sustituyeron por un impuesto en especie. Se permitió a los campesinos disponer libremente de su propio excedente. La NEP favoreció a los elementos agrarios más ricos y permitió la compraventa y cierta acumulación de capital. Se restauró el mercado para animar un cierto comercio privado y promover la producción. Sin embargo, los pilares fundamentales de la economía seguían en manos estatales. El comercio establecería el vínculo esencial entre la masa de los campesinos y las industrias nacionalizadas.

Lenin caracterizaba esto como una retirada ante la acumulación de dificultades. Sin embargo, esta retirada impuesta al régimen soviético siempre fue descrita por Lenin como una situación temporal, como un “ respiro ” antes de la siguiente oleada de desarrollo de la revolución socialista internacional. Sin embargo, era extremadamente consciente de los peligros que había en ese camino, especialmente el del resurgimiento de elementos burgueses y pequeño-burgueses , que podrían ser la base para una contrarrevolución. Lenin también comprendió los otros peligros de una revolución proletaria aislada en un país atrasado.

En el IX Congreso de los Sóviets, en diciembre de 1921, Lenin recalcaba:

Perdonen que les diga: ¿Qué es el proletariado? Es la clase ocupada en la gran industria ¿Y dónde está la gran industria? ¿Qué proletariado es éste? ¿Dónde está su industria? ¿Por qué está paralizada?” (Lenin, OC, vol. 44, p. 336).

En un discurso al XI Congreso del Partido, en marzo de 1922, Lenin señaló que el carácter de clase de muchos de los que trabajaban en las fábricas en ese momento no era proletario; que muchos eran prófugos del servicio militar, campesinos y elementos desclasados:

Durante la guerra, gentes que de ninguna manera eran proletarias fueron a las fábricas; fueron a las fábricas para escaparse de la guerra. ¿Existen hoy condiciones sociales y económicas en nuestro país para inducir a auténticos proletarios a ir a las fábricas? No. Sería cierto según Marx; pero Marx no escribió sobre Rusia; él escribió sobre el capitalismo en su conjunto, empezando por el siglo XV. Fue cierto durante un período de seiscientos años. Pero no es cierto en la Rusia actual. Muy a menudo, los que están en las fábricas no son proletarios; son elementos informales de todo tipo. (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 299).

Es imposible comprender la política de Lenin y Trotski en este periodo sin tener en cuenta la situación real de Rusia, descrita más arriba. Teniendo en cuenta la catástrofe económica, el nivel cultural extremadamente bajo de las masas, la atomización del proletariado, y la decadencia de los sóviets – todo ello como consecuencia del retraso de la revolución internacional – , ¿cómo se podía proteger el Estado obrero? Las presiones del capitalismo mundial, expresadas a través de las masas pequeño-burguesas , se redoblaron en el periodo de la NEP. Esto explica el temor de Lenin de que presiones de clases ajenas pudieran provocar una escisión en el Partido Comunista, lo que llevaría inevitablemente a la caída del Estado soviético y a una contrarrevolución capitalista. Por esta razón, Lenin defendió una prohibición temporal del derecho a fracción dentro del partido, como medida excepcional.

Las relaciones entre el Estado soviético y las masas campesinas alcanzaron su punto más bajo en el momento de la rebelión de Kronstadt. El Estado obrero no existía en el vacío, estaba sujeto a las presiones de fuerzas de clase ajenas que se expresaban a través de agrupaciones en el Partido. Era este peligro, agudizado por el monopolio político del Partido Bolchevique, lo que llevó al 10 Congreso del Partido a principios de 1921 a prohibir temporalmente las fracciones dentro del propio partido. Esto era una medida temporal que se introdujo para solucionar una situación excepcional, tal y como Lenin dejó claro:

La prohibición de la oposición en el Partido”, dijo, “se deriva de la lógica política del momento actual… Ahora mismo podemos pasarnos sin oposición, camaradas, ¡Ahora no es el momento para ello!… Esto lo exige el momento objetivo, y no sirve de nada quejarse… El momento actual es uno en el que las masas sin partido están sujetas a un tipo de vacilación pequeño-burguesa que en la situación económica actual de Rusia es inevitable. Tenemos que recordar que el peligro interno es en cierto sentido mayor que el que nos amenazaba con Denikin y Yudenich*, y tenemos que mostrar unidad, no de una manera nominal, sino de una forma mucho más profunda. Para crear tal unidad no podemos prescindir de una resolución como ésta” (citado por Roy Medvedev, OnSocialistDemocracy, pp. 62-3, énfasis en el original).

Nota: *generales blancos durante la guerra civil.

Es más, Lenin estaba a favor de una interpretación flexible de esta regla y rechazó todos los intentos de darle una aplicación más rígida. Cuando Riazanov propuso que se prohibiesen las actividades fraccionales en los procesos pre congresuales del partido, Lenin se opuso: “ Sin embargo, creo que la propuesta del compañero Riazanov es desafortunada y puede ser inaplicable… Este Congreso no puede tomar decisiones vinculantes que afectarían a las elecciones al próximo congreso. Si las circunstancias provocan desacuerdos fundamentales, ¿cómo se puede prohibir su presentación para la consideración del partido en su conjunto? ¡No podemos! ” (Ibid., p. 63, énfasis en el original).

En la práctica, a pesar de su prohibición formal, las fracciones siguieron operando en el partido después del X Congreso. El propio Lenin rompió las reglas, tal y como A.I. Mikoyan recuerda en sus memorias, en las que menciona un incidente en ese congreso al organizar Lenin una reunión estrictamente conspirativa para la que se imprimieron invitaciones privadas. Irónicamente, fue Stalin el que expresó el temor de que la oposición se enterase y los acusase de fraccionalismo, a lo que Lenin contestó con su habitual buen humor: “ ¿Qué es esto que oigo de un viejo zorro fraccionalista ? ” (Ibid., nota 16, p. 351).

Como hemos visto, inmediatamente después de la toma del poder el único partido político que fue suprimido por parte de los bolcheviques fueron las Centurias Negras, precursoras del fascismo. Ni siquiera el partido burgués kadete fue ilegalizado. El propio gobierno soviético era una coalición de bolcheviques y eseristas de izquierda. Pero, bajo las presiones de la guerra civil, se dio una aguda polarización de clases, y mencheviques y eseristas se pasaron al campo contrarrevolucionario. Contra su deseo, los bolcheviques se vieron obligados a implantar el partido único. Este monopolio, considerado como temporal y extraordinario, creaba enormes peligros en una situación en la que la vanguardia proletaria estaba sometida a presiones crecientes por parte de clases ajenas.

Lenin tenía miedo de que, al existir sólo el Partido Comunista, esas presiones llegasen a manifestarse en su seno, a través de fracciones, y acabar provocando una escisión. Esto hubiera significado el derrocamiento de la Revolución, ya que, dada la atomización parcial de la clase obrera, el Partido Comunista era el único que garantizaba la existencia del Estado obrero. Sin embargo, bajo esas circunstancias, esta medida de emergencia que limitaba los derechos democráticos de los miembros del partido aumentó las insanas tendencias burocráticas. Se consideraba como un “ mal necesario ” impuesto al partido por la dura realidad. Los derechos democráticos plenos se restaurarían tan pronto como las condiciones mejorasen. Pero en la práctica, después de la muerte de Lenin, lo que pretendía ser una medida temporal se convirtió en permanente a través de las maniobras del triunvirato de Stalin, Kámenev y Zinoviev , como parte de su lucha contra Trotski , violando toda la tradición histórica del bolchevismo, que estaba siempre impregnada de espíritu democrático.

Al cabo de poco tiempo, la industria empezó a revitalizarse. La producción se duplicó entre 1922 y 1923, aunque partiendo de niveles bajos, y en 1926 consiguió recuperar las cotas de antes de la guerra. Las cosechas también iban en aumento, aunque más modestamente. La NEP dio un respiro, pero el mercado había creado una creciente diferenciación social. Así, además del incremento de la producción, la NEP también tuvo efectos secundarios, dando lugar a peligros restauracionistas por el enriquecimiento de elementos hostiles al socialismo, tanto urbanos como agrarios ( NEPistas y kulaks). Junto al resurgimiento de las divisiones de clase, la creciente burocracia en el Estado y el partido empezó a flexionar sus músculos, esperando consolidar y extender su posición e influencia. En estas condiciones, el crecimiento de estas clases ajenas y de los elementos burocráticos que implicaban, representaba un peligro mortal para la revolución. El peligro de una degeneración burocrática interna surgió del aislamiento continuado del Estado obrero.


II. El auge del estalinismo

La teoría marxista del estado

Ahora vamos a avanzar hacia la construcción, por encima del espacio que hemos barrido de inmundicias históricas, del edificio aireado e imponente de la sociedad socialista (Lenin, 8 de noviembre 1917)

Para poder comprender la evolución de la URSS y lo que está pasando hoy en día, es menester entender antes que nada la teoría de Carlos Marx y cómo el gobierno bolchevique trató de seguirla. A diferencia de las ideas socialistas utópicas de gente como Robert Owen, Saint- Simon o Fourier, el marxismo se basa en una visión científica del socialismo. El marxismo explica que la clave del desarrollo de cualquier sociedad es el desarrollo de las fuerzas productivas: fuerza de trabajo, industria, agricultura, técnica y ciencia. Cada nuevo sistema social (esclavitud, feudalismo y capitalismo) ha servido para impulsar la sociedad humana hacia delante, a través del desarrollo de las fuerzas productivas.

El periodo prolongado de comunismo primitivo, la primera fase de desarrollo de la humanidad, donde no existían clases ni propiedad privada ni Estado, dio paso a la sociedad clasista tan pronto como la población fue capaz de producir un excedente por encima de las necesidades de la supervivencia diaria. En ese momento, la división de la sociedad en clases se convirtió en una posibilidad económica. En la amplia escala de la Historia, el surgimiento de una sociedad clasista fue un fenómeno revolucionario, en el sentido de que liberó a un sector privilegiado de la población, una clase dominante, del peso directo del trabajo, permitiéndole el tiempo necesario para desarrollar el arte, la ciencia y la cultura. La sociedad de clases, a pesar de su explotación despiadada y desigualdad, era el camino por el que la humanidad tenía que pasar para poder crear los prerrequisitos materiales para una futura sociedad sin clases.

En cierto sentido, la sociedad socialista es una vuelta al comunismo primitivo pero a un nivel productivo inmensamente superior. Antes de que pueda plantearse una sociedad sin clases, todos los rasgos característicos de una sociedad clasista, especialmente la desigualdad y la escasez, tendrán que ser abolidos. Sería absurdo hablar de la abolición de las clases si la desigualdad, la escasez y la lucha por la existencia siguieran prevaleciendo. Sería una contradicción en sí misma. El socialismo sólo puede aparecer en un estadio determinado de la evolución de la sociedad humana, con un cierto desarrollo de las fuerzas productivas.

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. (Marx, Prologo a la Contribución a la crítica de la economía política, p. 65).

A diferencia de los socialistas utópicos de principios del siglo XIX, que consideraban el socialismo como una cuestión moral, algo que podía haber sido introducido por personas ilustradas en cualquier momento de la Historia, Marx y Engels consideraban que estaba enraizado en el desarrollo de la sociedad. La condición previa para el desarrollo de una sociedad sin clases es el desarrollo de las fuerzas productivas, con el cual se hace posible la superabundancia. Para Marx y Engels, ésta es la tarea de la planificación económica socialista. Para el marxismo, la tarea histórica del capitalismo, el estadio superior de la sociedad clasista, era sentar las bases materiales mundialmente para el socialismo y la abolición de las clases. El socialismo no era simplemente una buena idea, sino que era el siguiente estadio para la sociedad humana.

La tarea histórica del capitalismo era la supresión de la división territorial feudal, el desarrollo de una economía industrial moderna y la creación de un mercado mundial con una nueva división mundial del trabajo. Al hacerlo crearía sus propios enterradores, el proletariado moderno. Marx y Engels bosquejaron este escenario hace 150 años en las páginas de El Manifiesto Comunista. El desarrollo del capitalismo actual confirma esa perspectiva. Con la concentración del capital en manos de un grupo reducido de capitalistas, el campesinado ha sido en gran medida eliminado, mientras que la clase obrera ha adquirido proporciones colosales, convirtiéndose en la mayoría de la población en los países avanzados e incluso en muchos países en desarrollo. De la misma manera, el capitalismo ha creado un mercado mundial al que todos los países están inextricablemente atados. En realidad, las bases materiales para una sociedad socialista, legadas por el capitalismo, han existido a escala mundial desde el estallido de la Primera Guerra Mundial. Si las grandes fábricas e industrias, que se han convertido en corporaciones multinacionales, fueran de propiedad pública y estuvieran democráticamente planificadas a escala nacional e internacional, podrían crear un mundo de superabundancia.

Actualmente, la concentración de capital a escala mundial se refleja en el hecho de que apenas 500 multinacionales dominan el 90% del comercio mundial. Una sola compañía, ICI, tiene capacidad suficiente para producir toda la demanda mundial de productos químicos. En muchos otros sectores la situación es similar. Sin embargo, el capitalismo ha alcanzado sus límites como sistema progresista. La propiedad privada y el Estado nacional actúan como camisas de fuerza que constriñen las fuerzas productivas e impiden el avance de la sociedad. Dos guerras mundiales que llevaron a la humanidad al borde de la extinción, el paro masivo orgánico y las periódicas crisis de sobreproducción son testimonios de este impasse. El capitalismo, como sistema económico, en el pasado revolucionó las fuerzas productivas; pero ahora actúa como un gigantesco freno al progreso. En su ansia de beneficios, amenaza con arrasar los recursos naturales del mundo e incluso con destruir el planeta. Sólo la planificación internacional de las fuerzas productivas puede sacar a la sociedad de este callejón sin salida. Marx creía que las tareas de la revolución socialista recaerían primero sobre las espaldas de la clase obrera de los países cultural y económicamente avanzados de Europa occidental. En palabras de Trotski :

Marx esperaba, por otra parte, que los franceses comenzarían la revolución socialista, que los alemanes continuarían y que terminarían los ingleses. En cuanto a los rusos, quedaban en la lejana retaguardia. (L. Trotski, La Revolución Traicionada, p. 80).

No es posible que una sociedad salte directamente del capitalismo a una sociedad sin clases. La herencia cultural y material del capitalismo es demasiado inadecuada para eso. Hay demasiada escasez y desigualdades que no se pueden superar inmediatamente. Después de la revolución socialista tiene que haber un periodo transitorio que prepare las condiciones necesarias para la superabundancia y la sociedad sin clases. Marx le llamó a esta primera etapa de la nueva sociedad estadio inferior del comunismo, en oposición al estadio superior, en el que los últimos residuos de desigualdad material desaparecerían. En este sentido, se ha equiparado socialismo y comunismo a los estadios inferior y superior de la nueva sociedad. Describiendo el estadio inferior del comunismo, Marx escribe:

De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede. (citado en Lenin, El Estado y la Revolución, p. 87)

Sin embargo, para Marx, y éste es un punto crucial, el estadio inferior del comunismo desde su inicio estaría a un nivel superior, en términos de su desarrollo económico, que el capitalismo más desarrollado y avanzado. ¿Por qué era esto tan importante? Porque sin un desarrollo masivo de las fuerzas productivas prevalecería la escasez, y con ella la lucha por la existencia. Tal y como Marx explicó, esta situación provocaría el peligro de degeneración:

Este desarrollo de las fuerzas productivas es una premisa práctica absolutamente necesaria [del comunismo], ya que sin éste se generaliza la necesidad, y con la necesidad la lucha por las necesidades empieza de nuevo, y eso significa un resurgimiento de toda la vieja basura. (Marx and Engels Selected Works, The German Ideology, vol. 1, p. 37, énfasis del autor)

El carácter internacional del socialismo se deriva exclusivamente del carácter internacional del propio sistema capitalista. Ningún país tiene por sí solo las bases materiales para una nueva sociedad sin clases, ni puede garantizar la eliminación completa de la escasez y la necesidad heredadas del capitalismo. Incluso unos EEUU soviéticos, a pesar de su enorme potencial económico, no podría completar inmediatamente el salto a una sociedad socialista. No podría proporcionar a todo el mundo todo lo que necesitase. Sería necesario un régimen transitorio, un Estado obrero democrático, cuya tarea central sería acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas y eliminar los vestigios de la sociedad clasista.

Marx describió este Estado obrero como una dictadura del proletariado. Este término de Marx y Engels, tan denostado, significaba simplemente un gobierno democrático de la mayoría, que tomaría las medidas necesarias para superar la resistencia de una minoría de explotadores. Se basaba en una analogía histórica con la dictadura de la antigua Roma, cuando durante un periodo temporal (en tiempo de guerra) la República daba poderes excepcionales al gobierno. Después de la experiencia de Hitler y Stalin, la palabra “ dictadura ” ha quedado desacreditada. En la conciencia de los pueblos se identifica con el totalitarismo, algo que estaba muy lejos de las mentes de Marx y Engels. En la época de Marx, el término estaba libre de estas connotaciones y era sinónimo de gobierno de la clase obrera. De hecho, desde un punto de vista marxista, la dictadura del proletariado es sinónimo de democracia obrera.

“ Entre la sociedad capitalista y la comunista ” , escribe Marx, “ existe un periodo de transformación revolucionaria de la una en la otra. A éste corresponde también un periodo de transición política en el que el Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado ” . Como han explicado todos los grandes teóricos marxistas, la tarea de la revolución socialista es la de la toma del poder de la clase obrera mediante la destrucción de la vieja maquinaria estatal capitalista, que es el instrumento represivo destinado a mantener la dominación sobre la clase obrera. Marx explicó que el Estado capitalista y su burocracia no pueden servir a los intereses del nuevo poder. Hay que eliminarlo. Sin embargo, el nuevo Estado creado por parte de la clase obrera será diferente de todos los demás que le han precedido en la Historia.

El semi-Estado

El Estado, como instrumento de dominación de clase, surgió con el nacimiento de la sociedad dividida en clases. Su génesis fue claramente explicada por Engels en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. En circunstancias normales, el Estado sirve a los intereses de la clase dominante en la sociedad. Ha sido fortalecido y perfeccionado como un organismo de dominación de clase para mantener el poder y los intereses de la clase dominante. El Estado sirve para mantener a la mayoría sujeta a la minoría. Sin embargo, un nuevo Estado obrero, a diferencia de los anteriores, no trata de aplastar a la mayoría de la población, sino solamente mantener bajo control un puñado minúsculo de ex capitalistas y ex terratenientes. Para este propósito no se requiere una potente maquinaria estatal. Al contrario, el Estado obrero sirve a los intereses de la mayoría de la población y en realidad no es más que un semi-Estado.

En la medida en que se van eliminando las clases y la desigualdad, el semi-Estado también empieza a disolverse en la sociedad. “ Es necesario todavía un aparato especial, una máquina especial para la represión: el ‘Estado’. Pero es ya un Estado de transición, no es ya un Estado en el sentido estricto de la palabra (…) Y ello es compatible con la extensión de la democracia a una mayoría tan aplastante de la población, que la necesidad de una máquina especial para la represión comienza a desaparecer ” (Lenin, El Estado y la Revolución, p. 85). El Estado es una reliquia de la sociedad clasista y “ empieza a desaparecer ” en la medida en que aparece la sociedad sin clases. Por lo tanto, el interés del proletariado es el de disolver estos restos del capitalismo tan rápido como sea posible. Esto sucede tan pronto como las fuerzas productivas alcanzan un nivel que permite eliminar la necesidad y garantizar a todo el mundo sus necesidades.

En el Anti- Dühring , Engels escribe:

“Cuando, junto con la dominación de clase y la lucha por la existencia individual creadapor la actual anarquíaen la producción, esosconflictos y excesosqueresultan de esta lucha desaparezcan, enadelante no habrá nada quesuprimirninecesidad de un instrumento especial de supresión, el Estado”. Para que el Estado desaparezca, “la dominación de clase y la lucha por la existencia individual”tienenquedesaparecer. La sociedadhabrállegado a unasituaciónenquepuedegarantizar“de cada uno segúnsucapacidad, a cada uno según sus necesidades”.

El Estado obrero empieza a desaparecer desde su aparición. A pesar de los deseos de los anarquistas, el Estado, el dinero y la familia burguesa no se puede abolir de la noche a la mañana. Sólo se pueden enviar al “ museo de las antigüedades ” , como dice Engels, cuando las condiciones materiales están suficientemente desarrolladas. Tienen que agotar su misión histórica. No se pueden abolir administrativamente. La tarea del Estado obrero es la de crear estas condiciones. En primer lugar, el Estado obrero no puede permitir a cada uno trabajar “ según su capacidad ” , por mucho que alguien quiera, ni tampoco puede dar a cada uno “ según sus necesidades ” , independientemente del trabajo que haga.

Para empezar, el Estado obrero actúa como una poderosa palanca para estimular el crecimiento de la producción. Esto sólo puede hacerse con la aplicación de los métodos del trabajo asalariado desarrollados por el capitalismo. Ya que no se pueden satisfacer inmediatamente todas las necesidades y seguirá existiendo escasez por un periodo de tiempo, la gente recibirá su parte de la producción en función de los salarios que ganen. En otras palabras, el Estado obrero inicialmente se verá obligado a defender las desigualdades del trabajo asalariado, es decir, las normas burguesas de distribución. Después de destinar una parte a la inversión y los servicios sociales, el resto será compartido por la población, en forma de salarios. En este punto, Marx corrigió el error de Lassalle de que la nueva sociedad garantizaría desde el principio “ la igualdad de derechos para todos a un producto igual del trabajo ” . Marx dijo que “ el derecho igual ” es en realidad una violación de la igualdad y una injusticia reminiscente de una situación de escasez, de la sociedad clasista: “ …Por lo que se refiere a la distribución de éstos [medios de consumo] entre los productores individuales, prevalece el mismo principio que en el cambio de mercancías equivalentes: una cantidad de trabajo dada en una forma se cambia por una cantidad igual de trabajo en otra forma. De ahí que la igualdad de derechos aquí sea todavía, en principio, derecho burgués ” . (MESW, Critique of the Gotha Programme , Marx, vol. 3, p. 18).

La primera fase de la nueva sociedad todavía no puede proporcionar una igualdad completa: seguirán existiendo diferencias de ingresos, aunque la diferencia entre los salarios más altos y los más bajos se reducirá drásticamente. “ Un hombre es superior a otro física o mentalmente ” , escribe Marx, “ y por lo tanto proporciona más trabajo en el mismo tiempo, o puede trabajar durante más tiempo; y el trabajo, para que pueda servir como medida, tiene que estar definido por su duración o intensidad; si no, deja de ser un patrón de medida. Este derecho igual es un derecho desigual para trabajo desigual. No reconoce diferencias de clase porque cada uno es un obrero al igual que todos los demás; pero reconoce tácitamente dotaciones individuales desiguales y por lo tanto capacidades productivas desiguales como privilegios naturales. Por lo tanto, es un derecho de desigualdad, en su contenido, al igual que cualquier otro derecho. El derecho por su propia naturaleza sólo puede consistir en la aplicación de un patrón igual… ” (Ibid., vol. 3, p. 18, énfasis en el original).

En otras palabras, el esfuerzo de los trabajadores se recompensa con el salario que ganan sin tener en cuenta sus diferentes necesidades. Marx explica a continuación las diferencias entre un trabajador y otro: “ Un obrero está casado, el otro no; uno tiene más hijos que el otro, etc., etc. De esta manera, con un rendimiento igual de trabajo y por lo tanto con una participación igual en el fondo social de consumo, en la práctica uno esta recibiendo más que el otro, uno será más rico que el otro, etc. Para evitar estos defectos, el derecho en lugar de ser igual debería ser desigual.

“ Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho nunca puede ser superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado ” . (Ibid., vol. 3, pp. 18-9, énfasis del autor). En otras palabras, la primera etapa del comunismo (socialismo), todavía no puede proporcionar justicia e igualdad completas: durante un periodo seguirán existiendo diferencias, y diferencias injustas, de riqueza e ingresos, aunque el nivel de vida general aumentará enormemente. El Estado obrero supervisará las relaciones entre estas dos características antagónicas, asegurando la dominación final de las tendencias socialistas y la liquidación del Estado.

De esta manera, este nuevo Estado asume un carácter dual: socialista en la medida en que defiende las relaciones de propiedad nacionalizadas y burgués en la medida en que la distribución de bienes y servicios se realiza con los métodos capitalistas del trabajo asalariado. Sin embargo, utilizando normas de distribución burguesas, se impulsarán las fuerzas productivas hacia delante, sirviendo en última instancia intereses socialistas. Pero, tal y como Lenin señala, la explotación del hombre por el hombre será imposible debido a que los medios de producción seguirán siendo propiedad social. Este hecho por sí solo no puede eliminar los defectos de distribución y las desigualdades de la ley burguesa. La abolición del capitalismo no proporciona inmediatamente las bases materiales para una sociedad sin clases. Es un medio para un fin. El propio Estado, aunque sólo es un semi-Estado, asume la defensa de esta ley burguesa, que todavía santifica una cierta desigualdad en la sociedad. Con un mayor desarrollo de las fuerzas productivas y el triunfo del comunismo, el Estado y los otros vestigios del capitalismo desaparecerán. “ Mientras existe el Estado, no hay libertad ” , dice Lenin. “ Cuando haya libertad, no habrá Estado ” . (Lenin, El Estado y la revolución, p. 90).

Marx explicó a continuación como la ley burguesa desaparece en el estadio superior del comunismo: “ Cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo y, con ella, la división entre trabajo intelectual y manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y fluyan con todo su caudal los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el horizonte estrecho del derecho burgués y la sociedad podrá inscribir en su banderas: ¡De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades! ” (MESW, Critique of the Ghota Programme , vol. 3, p. 19).

Lenin, que comentó estas observaciones en su obra clásica El Estado y la revolución, añadió relativo al periodo de transición: “ El derecho burgués respecto a la distribución de los artículos de consumo presupone también inevitablemente, como es natural, un Estado burgués, pues el derecho no es nada sin un aparato capaz de obligar a respetar las normas de derecho. Resulta, pues, que bajo el comunismo no sólo subsiste durante cierto tiempo el derecho burgués, sino que subsiste incluso el Estado burgués ¡sin burguesía! ” (Lenin, El Estado y la revolución, p. 93).

Esto parece un comentario increíble. Ciertamente horroriza a aquellos que tienen una concepción idealista del Estado obrero. Marx, que sólo disponía de la experiencia limitada de la Comuna de París, únicamente pudo anticipar en sus rasgos más generales la forma del futuro Estado obrero. Lenin desarrolló las concepciones de Marx en este terreno, pero no estudió detalladamente los procesos que podrían tener lugar si el Estado obrero ruso se quedase aislado en condiciones de atraso extremo. En muchas ocasiones, Lenin dejó claro que sin la ayuda de los trabajadores de los países capitalistas desarrollados no esperaba que la revolución sobreviviese. Sin embargo, esperaba con confianza que la victoria de la revolución socialista mundial reduciría la duración de esta etapa inicial a un periodo de tiempo muy corto. Le correspondió a Trotski analizar este fenómeno más en detalle, sobre la base de la creciente burocratización del régimen soviético y el surgimiento del estalinismo.

Lo que está claro es que cuanto más pobre sea la sociedad que surja de una revolución, más crudas, burocráticas y primitivas serán las formas del Estado de transición y mayor será el peligro de que el poder se escape de las manos de los trabajadores. Esto tuvo un peso importante en el Estado que surgió de la revolución rusa. En palabras de Trotski : “ Para defender el ‘derecho burgués’, el Estado obrero se ve obligado a formar un órgano de corte ‘burgués’, o dicho brevemente, se ve obligado a volver al gendarme, aunque dándole un nuevo uniforme ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 87).

Lenin era consciente de los peligros de una situación de este tipo. Explicó que el Estado es una reliquia de la sociedad clasista y puede degenerar bajo ciertas condiciones, y que por lo tanto tiene que estar permanentemente bajo el control y la supervisión democráticas de la clase obrera. Por este motivo, una de las medidas fundamentales para Lenin era la reducción de la jornada laboral, para dar tiempo a las masas a participar en la gestión de la industria y el Estado. No por motivos sentimentales, sino como defensa para impedir que el nuevo Estado soviético se elevase por encima y se divorciase de la clase obrera. En otras palabras: para impedir su degeneración. Para combatirla, Lenin propuso una serie de medidas destinadas a luchar contra la burocratización. Entre ellas: elección y revocabilidad de todos los funcionarios, supresión del ejército permanente, limitación del salario de los funcionarios a un máximo no superior al sueldo de un obrero cualificado y rotación en cargos y responsabilidades. Para que “ todo el mundo pueda convertirse en ‘burócrata’ durante algún tiempo, y de este modo nadie pueda convertirse en ‘burócrata ” , concluía Lenin. (Lenin, op . cit., p. 103).

La vieja maquinaria estatal

Lenin, siguiendo los pasos de Marx y Engels, trataba continuamente de resolver los tácticos y estratégicos de la revolución, al igual que los de la construcción socialista en un país atrasado. El volumen 53 de sus Obras Completas (en la edición rusa) es un testimonio de la profundidad de su contribución al marxismo a lo largo de toda su vida. Siempre planteó las cosas de manera honesta y se negó a adormecer a los obreros rusos con ilusiones “ oficiales ” y pronunciamientos fariseos. Por encima de todo, basaba toda su posición en el triunfo de la revolución internacional. Lenin explicó que el derrocamiento del capitalismo y la consolidación de la democracia proletaria en un país avanzado sería ya de por sí difícil, pero para la Rusia atrasada era una tarea imposible sin la ayuda inmediata de Occidente. Su absoluta confianza en la capacidad de los trabajadores para transformar la sociedad y su honradez laten en todos los escritos de Lenin, y especialmente en los de este periodo. Siempre dijo abiertamente la verdad, por amarga que fuese, con plena confianza en que la clase obrera la entendería y aceptaría la necesidad de los mayores sacrificios, siempre y cuando se le explicaran los motivos franca y sinceramente. La intención de los argumentos de Lenin no era la de atontar a los obreros soviéticos con opio “ socialista ” , sino templarles para las luchas que se avecinaban, para la lucha contra el atraso y la burocracia en Rusia y para la lucha contra el capitalismo y por la revolución socialista mundial.

Utilizando el mismo método escrupuloso, Lenin volvió una y otra vez a la discusión de las deficiencias crónicas del Estado soviético y la difícil situación a la que se enfrentaban los obreros rusos. El atraso objetivo de Rusia, con sus altas tasas de analfabetismo y la debilidad de la clase obrera, obligaron al gobierno soviético a basarse en gran medida en los servicios de cientos de miles de burócratas antiguos funcionarios zaristas, que de mil maneras diferentes saboteaban los esfuerzos del nuevo régimen. Esto no era una cuestión secundaria, sino que amenazaba con una degeneración interna de toda la revolución. Marx ya había explicado la existencia del peligro de degeneración debido al atraso material; sin embargo, nunca desarrolló este punto, creyendo que el problema se resolvería a través de la revolución en los países capitalistas avanzados. En la atrasada Rusia, la cosa era diferente.

Marx y Engels eran conscientes del peligro de la burocracia en un Estado obrero y propusieron algunos métodos para combatirla. Basándose en la experiencia de la Comuna de París, Engels había escrito: “ para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene que (…) precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento ” . Para asegurarse que el Estado no se transformase “ de servidores de la sociedad en señores de ella, transformación inevitable en todos los Estados anteriores, empleó la Comuna dos remedios infalibles. En primer lugar, cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar, todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores. El sueldo máximo abonado por la Comuna era de 6.000 francos. Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos, y esto sin contar con los mandatos imperativos que, por añadidura, introdujo la Comuna para los diputados a cargos representativos ” (Engels, Introducción a La Guerra Civil en Francia de Carlos Marx, pp. 18-19).

Tomando como punto de partida el análisis de Marx y Engels sobre la Comuna de París, Lenin formuló en 1917 cuatro condiciones para luchar contra la burocracia en un Estado obrero:

1) Elecciones libres y democráticas a todos los cargos del Estado soviético.

2) Revocabilidad de todos los cargos públicos.

3) Que ningún cargo público recibiese un salario superior al de un obrero cualificado.

4) Quetodas las tareas de gestión de la sociedad las asumiesegradualmentetodo el mundo de manerarotativa, o en palabras de Lenin: “cualquier cocinero deberíapoder ser primer ministro”.

“Reduzcamos el papel de los funcionarios públicos,” escribió Lenin, “al de simples ejecutores de nuestras directrices, al papel de ‘inspectores y contables’ responsables, revocables y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de los técnicos de todos los géneros, tipos y grados): ésa es nuestra tarea proletaria, por ahí se puede y se debe empezar cuando se lleve a cabo la revolución proletaria” (Lenin, op. cit., p.47).

Bajo Lenin, el diferencial de salarios máximo se mantuvo en una ratio de 1 a 4, que él honestamente describió como un “ diferencial capitalista ” . La necesidad de semejante diferencial se derivaba de la escasez de personal cualificado necesario para la gestión de la industria y el Estado en un país en el que el nivel cultural de las masas era extremadamente bajo. Como señala el disidente e historiador soviético Roy Medvedev:

La primera escala salarial soviética establecía una ratio de 1 a 2,1 entre los ingresos más bajos y los más altos. A principios de 1919, la diferencia entre los dos extremos se había reducido incluso más, y pasó a ser de 1 a 1,75. Esto continuó hasta el principio de la NEP, en otoño de 1921; con la aprobación del Comité Ejecutivo y del Comité Central del Partido, el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó una resolución declarando: ‘Al establecer las tasas salariales para trabajadores de diferentes cualificaciones, personal de oficina, técnicos de grado medio y personal administrativo de alto rango, hay que abandonar todo pensamiento de igualdad’. La nueva escala salarial contenía diferenciales amplios según las cualificaciones, y dividía al personal en cuatro grupos: aprendices, trabajadores con diferente grado de cualificaciones, contables y trabajadores de oficina, y personal técnico y administrativo. La ratio entre el nivel más bajo y el más alto (categoría 18) se fijó en 1 a 8.

La cuestión del pago a los empleados de los organismos estatales se trató de manera diferente. En los primeros meses después de Octubre, el salario mínimo de subsistencia, basado en la tasa de cambio y el nivel de precios, se calculó en ocho rublos al día; esto fue confirmado por un nuevo decreto el 16 de enero de 1918. (Medvedev, OnSocialistDemocracy, pp. 221).

Más o menos al mismo tiempo, Lenin redactó una ley “ Sobre salarios del personal de alto rango y funcionarios ” , que fue aprobada por el Consejo de Funcionarios del Pueblo con algunas enmiendas secundarias. El texto era el siguiente:

Puesto que se considera necesario adoptar las medidas más enérgicas para reducir los salarios de los funcionarios en todas las instituciones y empresas estatales, comunales y privadas, sin excepción, el Consejo de Comisarios del Pueblo decreta:

1. Habrá un límite máximo al salario de un Comisario del Pueblo de 500 rublos al mes, con una asignación de 100 rublos por cada hijo; el tamaño de los apartamentos quedará limitado a una habitación por miembro de la familia.

2. Se pide a todos los Diputados Obreros, Soldados y Campesinos de Sóviets locales que preparen y apliquen medidas revolucionarias para los impuestos especiales al personal de alto rango.

3. El Ministro de Finanzas y todos los comisarios individuales harán un estudio inmediato de las cuentas de los ministerios y reducirán todos los salarios y pensiones excesivamente altos.

Durante los primeros meses de gobierno soviético, el salario de un Comisario del Pueblo (incluyendo el propio Lenin) era sólo dos veces el salario mínimo de subsistencia de un ciudadano ordinario. En los años siguientes, los precios y el valor del rublo cambiaron a menudo rápidamente y los salarios variaron proporcionalmente. En algunos casos las cifras eran sorprendentes, cientos de miles e incluso millones de rublos. Pero incluso en esas condiciones Lenin aseguró que la ratio entre los salarios más bajos y los más altos en las organizaciones estatales nunca superase el límite fijado, y mientras vivió aparentemente el diferencial nunca superó el 1 a 5. Por supuesto que, en condiciones de atraso, había que hacer muchas excepciones que representaban un retroceso respecto a los principios de la Comuna de París. Para poder convencer a los “ especialistas burgueses ( spetsy ) para que trabajasen para el Estado soviético, era necesario pagarles salarios muy altos. Este tipo de medidas eran necesarias hasta que la clase obrera pudiera crear su propia intelectualidad. Además se pagaban ciertas tasas especiales para “ trabajadores de choque ” en determinadas categorías laborales de oficinas e industrias, etc. Hablando en la VII Conferencia Provincial del Partido de Moscú, el 29 de octubre de 1921, Lenin lo explicaba honestamente:

Ya entonces tuvimos que retroceder en una serie de puntos. Por ejemplo, en marzo y abril de 1918 surgió el problema de las remuneraciones a los especialistas según escalas que correspondían a relaciones burguesas, no socialistas, o sea, que no concordaban con las dificultades ni con las condiciones particularmente duras del trabajo, sino con las costumbres burguesas y con las condiciones imperantes en la sociedad burguesa. Al principio, estas remuneraciones para los especialistas, excepcionalmente elevadas, de tipo burgués, no figuraban en los planes del Poder soviético e incluso se contraponían a una serie de decretos promulgados a fines de 1917. Pero a comienzos de 1918 nuestro Partido indicó claramente que debíamos dar un paso atrás en ese punto y aceptar cierto ‘compromiso’ (empleo el término que entonces se utilizaba). (Lenin, Obras Escogidas, vol. 44, pp. 206-7).

Debido al aislamiento de la revolución y a la necesidad de utilizar especialistas y técnicos burgueses, se aumentó el diferencial para estos trabajadores, permitiéndoseles ganar un salario un 50% mayor que el de los miembros del gobierno. Lenin denunció esta medida como una “ concesión burguesa ” que tenía que reducirse lo antes posible. Sin embargo, semejantes concesiones no se aplicaban a los comunistas, que tenían estrictamente prohibido recibir un salario mayor que el de un trabajador cualificado. Cualquier ingreso que recibieran por encima de esta cifra tenía que ser entregado al Partido. El presidente del Consejo de Diputados del Pueblo recibía 500 rublos, comparable a los ingresos de un obrero cualificado. Cuando un jefe de oficina del Consejo de Diputados del Pueblo, V. D. Bonch-Bruevich pagó de más a Lenin en mayo de 1918, fue “ severamente reprendido ” por Lenin, que describió el aumento como “ ilegal ” .

En palabras de Roy Medvedev: “ En relación con los comunistas, incluso los que ocupaban los cargos más altos, Lenin exigía moderación. Se preocupaba por su salud y comida y sus condiciones de alojamiento, pero insistía en que sus salarios, incluyendo el suyo propio, tenían que mantenerse dentro de ciertos límites. No se permitían lujos ” . En abril de 1918, Lenin caracterizó la introducción de incentivos materiales como “ un paso atrás por parte de nuestro poder estatal socialista, que desde el principio proclamó y aplicó una política de reducción de los salarios altos al nivel del salario medio de un obrero ” (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 249). Medvedev continúa diciendo: “ En general, Lenin se oponía tanto a la igualdad de salarios como a los salarios excesivamente altos, especialmente para los miembros del partido. Esta política desembocó en el llamado máximo del partido, un tope salarial para todos los comunistas. Lenin consideraba la excesiva desigualdad en la paga o las condiciones de vida como ‘una fuente de corrupción dentro del partido y un factor que reducía la autoridad de los comunistas ” . (Medvedev, Let History Judge, p. 841).

Hay muchos ejemplos que demuestran las condiciones de vida de los dirigentes del Estado obrero. Escribiendo sobre el periodo de la guerra civil, Victor Serge recuerda las condiciones de vida del vicepresidente de la Cheka :

Todo este tiempo, Bakayev, de la Cheka, iba por ahí con agujeros en las botas. A pesar de mis raciones especiales como funcionario del gobierno, me hubiese muerto de hambre a no ser por las sórdidas manipulaciones del mercado negro, donde comerciábamos con las mezquinas posesiones que habíamos traído de Francia. El hijo mayor de mi amigo Yonov, cuñado de Lenin, miembro de la Ejecutiva del Sóviet y fundador y director de la Biblioteca del Estado, murió de hambre ante nuestros propios ojos. Todo esto mientras cuidábamos almacenes considerables, incluso ricos, pero en nombre del Estado y bajo control riguroso. Nuestros salarios se limitaban al máximo comunista, igual al salario medio de un obrero cualificado”. (Victor Serge, Memoirsof a Revolutionary 1901-1941, p. 79).

El escritor inglés Arthur Ransome, buen conocedor de Rusia, a donde realizó varios viajes en esa época, describe un incidente del que fue testigo mientras formaba parte de una delegación oficial, junto con Radek y Larin, a la ciudad de Yaroslav, en 1921. La prisión de Yaroslav fue un sitio infame bajo Stalin, pero antes los bolcheviques se habían tomado en serio la reforma del sistema penitenciario y trataron de mejorar las condiciones de los reclusos. ¡En una situación en la que había una escasez terrible de comida, la alimentación en la prisión de Yaroslav era mejor que la que estaba a disposición de la dirección del sóviet local!

“Ocurre, explica Rostopchin, que el oficial a cargo de la alimentación en la prisión es un tipo muy enérgico, que había ocupado el mismo cargo en el viejo ejército, y las comidas que se sirven a los prisioneros son tan superiores a las que se sirven en los locales del Sóviet, que los miembros del Comité Ejecutivo han tomado por costumbre dar un paseo hasta la prisión para comer. Nos invitaron a nosotros a hacer lo mismo. Larin no se sentía como para dar un paseo, así que se quedó en la Casa del Sóviet para comer una comida inferior, mientras que Radek y yo, con Rostopchin y otros tres miembros del comité local, dimos un paseo hasta la prisión” (Arthur Ransome, The Crisis in Russia, p. 56).

El espacio de las viviendas a disposición de los ministros o comisarios del gobierno se limitaba a una habitación por persona en la familia. La oficina de Lenin tenía pocos muebles, sólo los esenciales. Según Karl Idman, un miembro del gobierno finlandés que se reunió con Lenin en diciembre de 1917: “ Lenin nos recibió cordialmente, disculpándose por habernos hecho esperar. La habitación en la que nos encontramos estaba dividida en dos por una partición hecha de tablas… La habitación no era en absoluto diferente de ninguna otra de las del Smolny . Era tan simple como las demás. Las paredes estaban pintadas de blanco, había una mesa de madera y unas pocas sillas ” . Esta política estaba en completo contraste con los privilegios exorbitantes y los estilos de vida lujuriosos de los dueños del Kremlin bajo Stalin y sus sucesores. Esto también lo confirma Victor Serge:

En el Kremlin, [Lenin] todavía ocupaba un pequeño apartamento construido para un sirviente del palacio. En el último invierno él, al igual que todos los demás, no tenía calefacción. Cuando iba al barbero se ponía a la cola, pensando que sería impropio que nadie le dejase colarse”. (Victor Serge, Memoirsof a Revolutionary 1901-1941, p. 101).

Lo mismo se aplicaba a Trotski , que en la práctica era el lugarteniente de Lenin:

Durante los primeros días de la revuelta bolchevique solía ir todas las mañanas al Smolny para conseguir las últimas noticias. Trotski y su diminuta y atractiva esposa, que casi nunca habló otra cosa que francés, vivían en una habitación en el último piso. La habitación estaba dividida por una partición como el ático de un artista pobre. En un lado había dos catres y un armario pequeño y barato y en el otro una mesa de trabajo junto a dos o tres sillas baratas de madera. No había ni un solo cuadro ni indicios de confort por ninguna parte. Trotski ocupó esta oficina durante todo el tiempo en que fue Ministro de Asuntos Exteriores y muchos dignatarios se vieron obligados a visitarle allí (…) A la puerta había dos guardias rojos en vigilancia constante. Parecían bastante amenazadores, pero eran muy amistosos. Siempre era posible conseguir una audiencia con Trotski. (Louise Bryant, op. cit., p. 103).

Esto no era una excepción. Los dirigentes bolcheviques siempre estaban accesibles y cerca de las masas. Caminaban por las calles sin escolta. Un asesino eserista de izquierdas pudo disparar y herir gravemente a Lenin precisamente por eso. Cuando consideramos las condiciones de lujo y los privilegios de la burocracia bajo Stalin y sus sucesores, aislada de la población soviética detrás de altos muros o corriendo a gran velocidad en enormes limusinas acompañados por ejércitos de guardaespaldas, vemos la distancia enorme que separa el régimen democrático de Lenin del que lo sustituyó. Y es necesario hacer hincapié en que Lenin consideraba incluso los diferenciales relativamente pequeños de aquel periodo como diferenciales capitalistas inaceptables que se reducirían gradualmente a medida que la sociedad avanzase hacia el socialismo.

Las raíces de la burocracia

En febrero de 1917, el partido bolchevique no tenía más de 8.000 militantes en toda Rusia. En el punto álgido de la guerra civil, cuando la militancia en el partido comportaba un riesgo personal, se abrieron las puertas del partido de par en par para los obreros, lo que aumentó la militancia a 200.000. Pero cuando la guerra civil ya se estaba acabando, la militancia del partido se triplicó, reflejando un flujo de arribistas y elementos de clases y partidos hostiles. Había que limpiar el partido de estos elementos. La necesaria “ purga ” , iniciada por Lenin en 1921, no tenía nada en común con las monstruosas purgas de Stalin; no había policía, ni juicios ni campos de concentración. Se trataba de defender las ideas y tradiciones de Octubre frente a los efectos nocivos de la reacción pequeño-burguesa y menchevique. A principios de 1922, se habían producido unas 200.000 expulsiones (una tercera parte de la militancia).

A finales de 1920, el número de funcionarios del Estado había pasado de poco más de 100.000 a un sorprendente 5.880.000. Esta cifra sobrepasaba cinco veces la cantidad de obreros industriales. La escasez de personal militar cualificado era tal, que en el Ejército Rojo se alistaba a antiguos oficiales zaristas para luchar contra los ejércitos blancos. En agosto de 1920, 48.409 antiguos oficiales zaristas se habían alistado como especialistas militares. Estas capas no tenían una lealtad firme al Estado soviético. Con el fin de persuadirles que prestasen sus servicios y no se pasasen al otro bando, el gobierno bolchevique se vio obligado a concederles privilegios considerables. Para supervisar la lealtad de estos oficiales y tener un instrumento esencial de control obrero sobre ellas, se nombraron comisarios políticos.

Lenin tenía la intención de implicar gradualmente al conjunto de la clase obrera en las tareas de la gestión del Estado. “ Nuestro objetivo es el de implicar al conjunto de los pobres en el trabajo práctico de la administración, (…) asegurarse de que todos los trabajadores, al acabar su ‘tarea’ de ocho horas en el trabajo productivo, lleve a cabo sus deberes estatales sin paga ” (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 273). Pero en las condiciones generales de atraso, fue imposible. El joven Estado soviético se vio obligado a aprovechar todo lo que pudo de entre los restos del viejo aparato del Estado. En marzo de 1918, Lenin declaró ante el Congreso del Partido que “ los ladrillos de los que se compondrá el socialismo todavía no están hechos ” (Lenin, Collected Works, vol. 27, p. 148).

Dado el bajo nivel cultural, había que utilizar cualquier palanca, cualquier resquicio para hacer avanzar la revolución. Como hemos visto, el analfabetismo general obligó a los bolcheviques a basarse en la vieja burocracia zarista “ ungida ligeramente con el óleo soviético ” , administradores, funcionarios gubernamentales, mandos militares y gerentes. Esto resultaba inevitable, por lo menos hasta que llegase ayuda de Occidente. Más adelante iba a tener consecuencias más profundas, pero en aquel momento no había otra alternativa. Cuando Lenin preguntó a Trotski durante la guerra civil si no sería mejor sustituir a los viejos oficiales zaristas, que estaban controlados por comisarios políticos, por otros comunistas, Trotski respondió:

‘¿Pero sabes cuántos de ellos hay en el ejército ahora?’

‘No’.

‘¿Ni siquiera aproximadamente?’

‘No lo sé’.

‘No menos de treinta mil’.

‘¿Qué?’

‘No menos de treinta mil. Por cada traidor hay cien en los que se puede confiar; por cada uno que deserta hay dos o tres que mueren en el frente. ¿Cómo podemos sustituirles a todos?”

Pocos días después, Lenin estaba dando una charla sobre los problemas de la construcción del socialismo. Esto es lo que dijo:

“Cuando hace poco tiempo el camarada Trotski hubo de decirme, concisamente, que el número de oficiales que servían en el departamento de Guerra ascendía a varias docenas de millares, comprendí, de un modo concreto, dónde está el secreto de poner al servicio de nuestra causa al enemigo… y cómo es necesario construir el comunismo utilizando los propios ladrillos que el capitalismo tenía preparados contra nosotros” (citado en L. Trotski, Mi Vida, p. 468).

Sobre el Estado, Lenin dijo al IV Congreso de la Internacional Comunista:

“Tomamos posesión de la vieja maquinaria estatal y ésa fue nuestra mala suerte. Tenemos un amplio ejército de empleados gubernamentales. Pero nos faltan las fuerzas educadas para ejercer un control real sobre ellos (…) En la cúspide tenemos, no sé cuántos, pero en cualquier caso no menos de unos cuantos miles (…) Por abajo hay cientos de miles de viejos funcionarios que recibimos del Zar y de la sociedad burguesa (…)”. (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 430).

Como siempre, Lenin explicó la dura realidad sobre el aparato estatal soviético. Nunca tuvo ninguna visión idealizada de este pésimo organismo en gran medida heredado del pasado. Era una maquinaria burocrática pintada con un ligero barniz socialista. Lenin entendía perfectamente que esta burocracia no era simplemente una cuestión de comportamiento burocrático, excesivo papeleo, etc. Este punto de vista no tiene nada en común con el método marxista. El marxismo explica la burocracia como un fenómeno social que surge por razones materiales concretas.

Lenin explicó su surgimiento como un tumor capitalista y parásito en el cuerpo del Estado obrero. La Revolución de Octubre había derrocado el viejo orden y suprimido y purgado sin piedad el Estado zarista, pero en condiciones de atraso económico y cultural crónico los elementos del anterior régimen en todas partes volvían furtivamente a las posiciones de poder y privilegio, a medida que la oleada revolucionaria retrocedía con las derrotas de la revolución internacional. Existía el peligro real de que la revolución sufriese una degeneración burocrática. En consecuencia, Lenin denunció la amenaza de la burocratización creciente y exigió una lucha sin cuartel:

Echamos a los viejos burócratas, pero han vuelto (…) Llevan una cinta roja en sus ojales sin botones y se arrastran por los rincones calientes. ¿Qué hacemos con ellos? Tenemos que combatir a esta escoria una y otra vez, y si la escoria vuelve arrastrándose tenemos que limpiarla una y otra vez, perseguirla, mantenerla bajo supervisión de obreros y campesinos comunistas a los que conozcamos por más de un mes y más de un día. (Lenin, Collected Works, vol. 29, pp. 22-3).

Engels explicó que en toda sociedad en que el arte, la ciencia y el gobierno son el reducto de una minoría privilegiada, esa minoría siempre utiliza y abusa de sus posiciones en su propio interés. Y esta situación es inevitable mientras la inmensa mayoría de la gente se vea obligada a trabajar durante largas horas en la industria y en la agricultura para atender las necesidades básicas de la vida. Después de la revolución, por el grado de destrucción de la industria, la jornada laboral se prolongó. Los obreros trabajan diez, doce o más horas al día a cambio de raciones de subsistencia; muchos trabajaban voluntariamente los fines de semana, sin paga. Pero, como Trotski explicó, las masas sólo pueden sacrificar su hoy por su mañana hasta un límite muy definido.

La clase obrera se vio inevitablemente minada moral y numéricamente por el cansancio de la Primera Guerra Mundial, de la revolución, de cuatro años de guerra civil y de una hambruna en la que millones de personas murieron. La desintegración de la clase obrera, la pérdida de muchos de los elementos más avanzados en la guerra civil, el influjo de elementos atrasados del campo, y la desmoralización y agotamiento de las masas era una cara de la situación. En la otra, las fuerzas de la reacción, aquellos elementos pequeño-burgueses y burgueses que habían quedado temporalmente desmoralizados y apartados por el triunfo de la revolución, todos empezaron a recuperar la confianza, a salir a la superficie y a aprovecharse de la situación para introducirse en cualquier resquicio de los organismos dirigentes de la industria, el Estado e incluso del partido.

Victor Serge recuerda su impresión del aparato soviético incluso en los primeros años:

Enseguida me formé la peor impresión posible de este aparato, que parecía funcionar en gran medida en el vacío, desperdiciando tres cuartas partes de su tiempo en proyectos irrealizables. En medio de la miseria general, ya estaba nutriendo a una multitud de burócratas que eran responsables de mucho ruido y poco trabajo honesto. En las oficinas de los comisariados te encontrabas con señores bien vestidos, tipógrafas atractivas irreprochablemente empolvadas, uniformes elegantes sobrecargados de adornos; y todo el mundo en este ambiente presuntuoso, en contraste con la población hambrienta en las calles, te mandaba de arriba a abajo, de una oficina a otra por la cosa más nimia y sin el más mínimo resultado. (Victor Serge, Memoirsof a Revolutionary, 1901-1941, p. 74).

La lucha de Lenin contra Stalin

Ya en 1920, Trotski criticó el funcionamiento del Rabkrin , que de ser un instrumento de lucha contra la burocracia se estaba convirtiendo él mismo en su semillero. Inicialmente Lenin defendió al Rabkrin de las críticas de Trotski , pero más tarde aceptó su punto de vista: “ Esta idea la sugirió el camarada Trotski , parece ser, hace tiempo. En ese momento yo estaba en contra (…) Pero, después de examinar el asunto más de cerca, me di cuenta de que contiene una idea correcta (…) ” . En un primer momento, la enfermedad de Lenin le impidió apreciar lo que estaba sucediendo a sus espaldas en el Estado y en el partido. En 1922 se dio cuenta claramente de la situación: “ La burocracia nos está sofocando ” , se quejaba. Para él, el problema surgía del atraso económico y cultural del país.

¿Cómo había que combatir esa situación? Lenin resaltó la importancia de la organización de los obreros para mantener a raya la amenaza de la burocracia:

“El Programa de nuestro Partido – un documento que el autor del ABC del comunismo [Nikolai Bujarin] conoce muy bien – muestra que el nuestro es un Estado obrero con una deformación burocrática (…) Ahora tenemos un Estado con el que el proletariado masivamente organizado tiene que defenderse, mientras que nosotros, por nuestra parte, debemos utilizar las organizaciones obreras para proteger a los obreros de su Estado, y conseguir que protejan el nuestro…” (Lenin, Collected Works, vol. 32, pp. 24-25).

Lenin defendió, dialécticamente, que los sindicatos en un Estado obrero tienen que ser independientes, para que la clase obrera pueda defenderse contra él y a la vez defender el propio Estado obrero. Lenin hizo mucho hincapié en este punto porque vio el peligro de que el Estado se elevase por encima de la clase y se separase de ésta. Los obreros, por sí mismos, a través de sus organizaciones, podían ejercer un control sobre el aparato del Estado y sobre la burocracia. Sin embargo, por su atomización hacia el final de la guerra civil, la clase obrera era incapaz de combatir con efectividad la creciente burocratización estatal. Esa amenaza ocupó la atención de Lenin durante todo ese año. En el XI Congreso del Partido, en marzo- abril de 1922, el último en el que pudo participar, su principal preocupación fue la burocratización. Lenin trató primero las relaciones económicas del Estado obrero como una forma de “ capitalismo de Estado ” . En esas relaciones se basaba la NEP. Se permitía el mercado, al mismo tiempo que los sectores clave de la economía seguían en manos estatales. Lenin dijo que el capitalismo de Estado tradicional se aplicaba al sector nacionalizado minoritario en un Estado capitalista. Pero él utilizó el término de otra manera para describir la NEP:

Por esomuchagenteestáconfundidapor el términocapitalismo de Estado. Para evitarlotenemosquerecordarque lo fundamental del capitalismo de Estado en la forma que lo tenemosaquí no se explicaenningunateoríanienningúnlibro, por la simple razónquetodoslosconceptoscomunesconectadosaestetérminoestánasociados al dominioburguésen la sociedadcapitalista. Nuestra sociedad ha dejadolosraíles del capitalismo, perotodavía no tieneunosnuevos. El Estado enestasociedad no es dominadopor la burguesía, sinopor el proletariado. Nos negamos a comprenderquecuando decimos ‘Estado’ nosreferimos a nosotrosmismos, el proletariado, la vanguardia de la claseobrera. El capitalismo de Estado es un capitalismoquetenemosque ser capaces de contener y cuyoslímitesdebemos ser capaces de fijar. Este capitalismo de Estado estáconectado con el Estado, y el Estado son losobreros, el sector avanzado de losobreros, la vanguardia. Nosotrossomos el Estado”. Y entoncesexplicaqueestecapitalismoqueexiste junto al Estado obrero es esencial“para satisfacer las necesidades del campesinado (…) sin él la existencia es imposible”.

Lenin pasa entonces a explicar el quid de la cuestión:

“Bien, hemos vivido un año, el Estado está en nuestras manos; pero, ¿ha aplicado la Nueva Política Económica de la manera que nosotros queríamos en el transcurso del último año? No. Pero nos negamos a reconocerlo. ¿Cómo se aplicó? La maquinaria se negó a obedecer la mano que le guiaba. Era como un coche que iba no en la dirección que quería el conductor, sino en la dirección que otro quería; como si fuese conducido por alguna mano misteriosa, sin leyes, Dios sabe de quién, quizás un estraperlista, o un capitalista privado, o ambos. Sea como fuere, el coche no va en la dirección que el hombre al volante se imagina, y a menudo va en una dirección totalmente diferente”. (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 179).

“Entonces, ¿qué es lo que falta?”, se preguntaba Lenin, “(…) Si tomamos Moscú con sus 4.700 comunistas en cargos de responsabilidad, y si tomamos la enorme maquinaria burocrática, esa mole enorme, tenemos que preguntarnos: ¿quién dirige a quien? Dudo mucho que se pueda decir sinceramente que los comunistas están dirigiéndola. A decir verdad no están dirigiendo, sino siendo dirigidos”. (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 288).

Lejos de ser el “ semi-Estado ” que Lenin se había imaginado en su libro El Estado y la Revolución, el aparato del Estado estaba deformado burocráticamente y profundamente infectado por el punto de vista de clase ajeno del viejo régimen. En el mismo congreso, Lenin explicó, con un lenguaje muy claro y poco ambiguo, la posibilidad de la degeneración de la revolución como consecuencia de las presiones de clases ajenas. Lenin comparó la relación de los obreros soviéticos con la burocracia y los elementos pro capitalistas a la relación entre una nación conquistadora y una conquistada. La Historia ha demostrado repetidamente que el hecho que una nación derrote y conquiste a otra por la fuerza de las armas no es, por sí mismo, una garantía suficiente de victoria. Dado el bajo nivel cultural de la clase obrera rusa, rodeada por un mar de pequeños propietarios, las presiones eran enormes. Y se reflejaban no sólo en el Estado, sino inevitablemente en el propio partido, que se convirtió en el centro de una lucha de intereses de clase en conflicto.

“ A veces una nación conquista a otra, la nación que conquista es la conquistadora y la nación que es dominada es la nación conquistada. Esto es simple e inteligible para todos. ¿Pero qué pasa con la cultura de estas naciones? Aquí las cosas no son tan simples ” , declaró Lenin. “ Si la nación conquistadora es más culta que la nación dominada, la primera impone su cultura sobre la última; pero si es al contrario, la nación dominada impone su cultura sobre el conquistador. ¿Acaso no ha sucedido algo similar en la capital de la RSFSR*? ¿Acaso los 4.700 comunistas (casi una división de ejército, y todos ellos de los mejores) han caído bajo la influencia de una cultura ajena? ” Lenin pregunta: “ ¿Se darán cuenta los comunistas responsables de la RSFSR y del Partido que no pueden administrar; que sólo se imaginan que están dirigiendo, pero que en realidad están siendo dirigidos? ”

*Antes de la creación de la URSS, la Federación era conocida como la República Socialista Federal Soviética Rusa (RSFSR)

Ya en aquella época, los sectores más perspicaces de la burguesía en el exilio, el grupo Smena Vej, de Ustryalov , estaban poniendo sus esperanzas abiertamente en las tendencias burocráticas que se manifestaban en la sociedad soviética, como un paso hacia la restauración capitalista. El mismo grupo más adelante aplaudió y animó a los estalinistas en su lucha contra el trotskismo. El grupo Smena Vej, al que Lenin le reconocía su agudo punto de vista de clase, comprendió correctamente la lucha entre Stalin y Trotski , no en términos de “ personalidades ” , sino como una cuestión de clase, como un paso atrás respecto a las tradiciones revolucionarias de Octubre .

“ La maquina ya no obedecía al conductor ” – el Estado ya no estaba bajo el control de los comunistas, de los obreros, sino que se elevaba cada vez más por encima de la sociedad. Refiriéndose a las opiniones de Smena Vej, Lenin dijo: “ Tenemos que decir francamente que las cosas de las que habla Ustryalov son posibles, la Historia conoce todo tipo de transformaciones. Basarse en la firmeza de convicciones, lealtad y otras espléndidas cualidades morales es cualquier cosa menos una actitud seria en la política. Unas cuantas personas pueden estar dotadas de cualidades morales espléndidas, pero las cuestiones históricas las deciden las masas más amplias, que, si esta gente no les conviene, pueden tratarlos no muy amablemente ” (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 287). En otras palabras, a los comunistas el poder estatal se les estaba escapando de las manos no debido a sus errores personales o peculiaridades psicológicas, sino por las enormes presiones del atraso, la burocracia y las fuerzas de clases ajenas, que pesaban como una losa y aplastaban al puñado de obreros socialistas avanzados.

La correspondencia y los escritos de Lenin de esta época, cuando la enfermedad le impedía cada vez más intervenir en la lucha, indican claramente su alarma ante el avance de la burocracia soviética, los arribistas insolentes en cada esquina del aparato del Estado. Lenin era consciente de los peligros de degeneración del Estado obrero rodeado por el capitalismo. Después del XI Congreso del Partido, en 1922, la salud de Lenin se deterioró y en mayo de ese año sufrió su primer ataque de apoplejía. Se recuperó hacia julio y volvió oficialmente al trabajo en octubre. A su vuelta quedó profundamente consternado por el creciente tumor burocrático que estaba royendo el Estado y el partido: “ Nuestro burocratismo es algo monstruoso ” , le comentó Lenin a Trotski . “ Estaba aterrado cuando volví al trabajo (…) ” . Fue la primera vez que le ofreció a Trotski la formación de un bloque contra la burocracia y en especial contra el Buró de Organización. Lenin también concentró su atención sobre el problema de la dirección del Partido en su conjunto. Los choques con Stalin sobre la cuestión georgiana y otros temas revelaban cada vez más el papel de Stalin. Lenin empezó a conformar su Testamento.

El 30 de diciembre de 1922 dictó la siguiente nota:

Se nos dice que hace falta un aparato estatal unificado. ¿De dónde procede esa afirmación? ¿Acaso no procede de ese mismo aparato ruso que, como indicaba ya en una de las anteriores secciones de mi diario, hemos tomado del zarismo, habiéndonos limitado a ungirlo ligeramente con el óleo soviético?”, se preguntaba Lenin.

“Es indudable que se debería demorar la aplicación de esta medida hasta que pudiéramos decir que respondemos de nuestra administración como de algo propio. Pero ahora, poniéndonos la mano en el pecho, debemos confesar lo contrario, el aparato que reclamamos como nuestro en realidad aún no tiene nada en común con nosotros y constituye un batiburrillo burgués y zarista que no ha habido posibilidad alguna de transformar en cinco años sin la ayuda de otros países y en unos momentos en que predominaban las ‘ocupaciones’ militares y la lucha contra la hambruna”. (Lenin, Obras Completas, Contribución al problema de las naciones o sobre la ‘autonomización’, vol. 45).

Lenin sólo fue plenamente consciente de la reacción burocrática dentro del partido hacia finales de 1922, cuando descubrió la verdad sobre el papel de Stalin en las relaciones con los dirigentes bolcheviques georgianos. El rol central de Stalin en toda esa maraña burocrática salió a la luz. Sin el conocimiento de Lenin ni del Politburó (el organismo más alto del partido), Stalin, junto a su secuaces Dzerzhinsky y Ordzhonikidze, habían llevado a cabo un golpe de Estado en el partido georgiano. Los mejores cuadros del bolchevismo georgiano fueron purgados y a los dirigentes se les negó el acceso a Lenin, al que Stalin alimentaba con una sarta de mentiras. Cuando finalmente se dio cuenta de lo que estaba pasando, Lenin se enfureció. Ya enfermo, desde su lecho dictó una serie de notas a su secretaria sobre la “ famosa cuestión de la autonomía, que parece ser se llama oficialmente la cuestión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ” . Las notas de Lenin son una acusación demoledora contra la arrogancia chovinista de Stalin y su camarilla. Pero Lenin no trató ese incidente como un fenómeno accidental, un “ error lamentable ” , sino como la expresión del nacionalismo reaccionario y podrido de la burocracia soviética. Lenin alzó la voz:

“No cabe duda de que el insignificante número de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en este mar de inmundicia chovinista gran rusa como las moscas en la leche” (Ibid).

Después del asunto georgiano, Lenin puso todo el peso de su autoridad en la lucha para eliminar a Stalin de la secretaría general del Partido, que había ocupado por un corto periodo de tiempo después de la muerte de Sverdlov. Sin embargo, el principal temor de Lenin, ahora más que nunca, era que una escisión abierta en la dirección, en las condiciones existentes, llevase a una ruptura del partido en líneas de clase. Como consecuencia, trató de limitar la lucha a la dirección, y sus notas y otros materiales no se hicieron públicos. Lenin escribió en secreto a los bolcheviques georgianos (enviando copias a Trotski y Kámenev) defendiendo “ de todo corazón ” su causa contra Stalin. Ya que era incapaz de seguir el asunto personalmente, escribió a Trotski pidiéndole que se encargase de la defensa de los georgianos en el Comité Central. En los últimos meses de su vida política, debilitado por la enfermedad, Lenin se dirigió repetidamente a Trotski pidiéndole apoyo en su lucha contra Stalin y la burocracia. En la cuestión del monopolio del comercio exterior, en la cuestión georgiana y finalmente en la lucha para desalojar a Stalin de la dirección, Lenin formó un bloque con Trotski , el único dirigente en quien podía confiar.

La lucha de Lenin contra Stalin estaba directamente vinculada a su lucha decidida contra la burocracia dentro del propio Partido Bolchevique. En Más vale poco, pero bueno, escrito poco antes que su testamento, Lenin comenta: “ Digamos entre paréntesis que tenemos burócratas en nuestras oficinas del partido al igual que en las oficinas soviéticas ” . En el mismo trabajo, lanzó un ataque feroz contra el Rabkrin , claramente dirigido contra Stalin: “ Digamos francamente que el Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza actualmente de la menor autoridad. Todo el mundo sabe que no hay instituciones peor organizadas que las de nuestra Inspección Obrera y Campesina y que bajo las condiciones actuales no se puede esperar nada de este comisariado ” . (Lenin, Collected Works, vol. 33, p. 490).

Lenin empezó a escribir su Testamento el 25 de diciembre de 1922. En él hace una valoración crítica de las cualidades de la dirección bolchevique y recoge sus recomendaciones finales. “ El camarada Stalin, llegado a secretario general, ha concentrado en sus manos un poder inmenso , y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia ” . Después pasa a comentar las cualidades de Trotski : “ Por otra parte , el camarada Trotski , según demuestra su lucha contra el Comité Central con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación , no se distingue únicamente por dotes relevantes . Personalmente , quizás sea el hombre más cualificado del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y se deja llevar demasiado por el aspecto puramente administrativo de los asuntos ” . Sobre otros : “ Recordaré sólo que el episodio de Zinoviev y Kámenev en Octubre no fue , naturalmente , una casualidad , pero de eso se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de su pasado no bolchevique ” .

Sin embargo, nuevas y alarmantes manifestaciones de los abusos de poder de Stalin obligaron a Lenin a escribir un apéndice diez días más tarde, fechado el 4 de enero de 1923, dedicado totalmente a Stalin. Esta vez era directo y brutal:

“Stalin es demasiado grosero, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc.”. (Lenin, Obras Completas, Carta al Congreso, vol. 45).

Dos meses más tarde, Lenin rompió relaciones políticas y personales con Stalin después que éste insultase verbalmente a su mujer, Krúpskaya . Dos días antes de su ataque de apoplejía final, escribió a Stalin, con copia a Kámenev y Zinoviev : “ No tengo intención de olvidar tan fácilmente lo que se ha hecho contra mí, y no hace falta decir que considero lo que se ha hecho contra mi mujer como un ataque también contra mí ” (citado en Liebman, op . cit., p. 423). El 6 de marzo, Krúpskaya le dijo a Kámenev que Lenin había decidió “ aplastar políticamente a Stalin ” (Ibid., p. 424). Lenin le dijo a Krúpskaya que el Testamento tenía que mantenerse en secreto hasta después de su muerte, y entonces darlo a conocer a la base del partido. Sin embargo, Lenin quedó gravemente paralizado por un tercer ataque de apoplejía el 9 de marzo de 1923. En la práctica el poder pasó a manos del triunvirato Zinoviev , Kámenev y Stalin. Nueve meses después, el 21 de enero de 1924, Lenin murió. La situación era ventajosa para Stalin. El triunvirato estaba decidido a mantener a Trotski alejado de la dirección y por lo tanto mantuvo oculto el Testamento. Ni que decir tiene que las pruebas documentales de la última lucha de Lenin contra Stalin fueron suprimidas durante décadas y denunciadas como falsificaciones por los dirigentes de todos los partidos comunistas del mundo. El Testamento, a pesar de las protestas de su viuda, no se leyó en el Congreso y permaneció oculto hasta 1956, cuando Kruschev y compañía lo sacaron a relucir, junto con algunos otros escritos, como parte de su campaña para culpar a Stalin de todo lo que había pasado en los 30 años precedentes. Con la muerte de Lenin, la lucha contra la creciente reacción burocrática pasó a manos de Trotski y la Oposición de Izquierdas.

La reacción burocrática

Con cada derrota internacional de la clase obrera, por la desesperación y desánimo que provocaba en el proletariado ruso, la reacción burocrática en la Unión Soviética asumía formas cada vez más amenazadoras. El terrible atraso y el bajo nivel cultural de las masas se convirtieron en un obstáculo insuperable para el proletariado ruso, debilitado, aplastado y exhausto por años de guerra civil, privaciones y desmoralización. La burocracia alimentó ese estado de ánimo de cansancio y escepticismo crecientes, especialmente entre la vieja generación. La nueva casta, compuesta en gran medida de los restos de la maquinaria estatal zarista empezó a flexionar sus músculos y a sentirse más consciente de su independencia, importancia y poder.

La caída de la participación de las masas en la vida política reforzó el proceso . Pronto la burocracia reveló sus propias ideas, sentimientos e intereses . Ansiaba la estabilidad y el abandono de la revolución internacional . “ Las masas fueron apartadas poco a poco de la participación efectiva del poder . La reacción en el seno del proletariado hizo nacer grandes esperanzas y gran seguridad en la pequeña burguesía de las ciudades y del campo que , llamada por la NEP a una vida nueva , se hacía cada vez más audaz . La joven burocracia , formada originalmente con el fin de servir al proletariado , se sintió el árbitro entre las clases . Adquirió una autonomía creciente . La situación internacional obraba poderosamente en el mismo sentido . La burocracia soviética adquiría más seguridad a medida que las derrotas de la clase obrera internacional eran más terribles. Entre estos dos hechos la relación no es solamente cronológica , es causal; y lo es en los dos sentidos : la dirección burocrática del movimiento contribuía a las derrotas ; las derrotas afianzaban a la burocracia ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada , pp.110-11).

La derrota de la revolución alemana de 1923, seguida por las de Bulgaria y Estonia, fue un nuevo golpe a la moral del proletariado ruso. Condenaba al Estado soviético a un periodo de mayor aislamiento político y económico. Dentro del Partido Comunista la iniciativa y la independencia de la base quedaban cada vez más ahogadas por el dirigismo burocrático a todos los niveles. Una jerarquía de cargos nombrados a dedo sustituyó a los representantes electos. Trotski , que había instado a Lenin a organizar la lucha contra la burocracia, formó la Oposición de Izquierdas para llevar adelante esa tarea. Sus reivindicaciones se centraban en la restauración de la democracia obrera dentro del Partido y la coordinación de la industria y la agricultura en un plan nacional. Estas ideas se enfrentaron inmediatamente con una furiosa oposición por parte de la fracción mayoritaria de Zinoviev-Kámenev- Stalin. La defensa del bolchevismo por parte de Trotski recibió insultos y ridiculizaciones del aparato dirigente.

A principios de 1924, la muerte de Lenin asestó un nuevo golpe a la moral de los obreros rusos. Algunos historiadores han sugerido que si Lenin hubiese vivido por más tiempo el desarrollo de Rusia hubiera sido totalmente diferente. Pero incluso si Lenin hubiese vivido no hubiese significado una diferencia fundamental. El enorme prestigio personal de Lenin por sí solo no hubiera sido suficiente para impedir la contrarrevolución política. Ya en 1926, la viuda de Lenin, Krúpskaya , en una reunión de la Oposición de Izquierdas, declaró: “ Si Illich [Lenin] estuviera vivo, probablemente ya estaría encarcelado ” . En ese momento era probablemente una exageración. Si Lenin hubiese vivido unos cuantos años más, el proceso de degeneración podría haberse retrasado modificando el curso de los acontecimientos. Pero mientras la revolución se hubiese mantenido aislada en condiciones de atraso espantoso, el proceso fundamental hubiera sido el mismo. Sin duda Lenin hubiera luchado incansablemente contra la burocracia, pero eso por sí solo no hubiera sido suficiente para derrotar la reacción. Solamente se hubiera podido parar el avance de la burocracia con el triunfo de la revolución en otros países, lo que habría roto el aislamiento y renovado el entusiasmo revolucionario de las masas rusas. Pero Lenin no sobrevivió a su tercer ataque, que lo dejó totalmente incapacitado durante los nueve meses previos a su muerte.

¿Acaso esto significa que la lucha contra el estalinismo estaba condenada al fracaso? Plantear la cuestión en estos términos sería abstracto, esquemático y fatalista. El auge del estalinismo era una lucha entre fuerzas vivas, cuyo resultado no se podía determinar de antemano. Trotski y la Oposición de Izquierdas ciertamente se dieron cuenta de que había poderosas fuerzas objetivas del lado de la burocracia estalinista. Sin embargo, su actitud no tenía nada de fatalista. Tal y como explicó Trotski : “ El desarrollo de la lucha ha demostrado, sin lugar a dudas , que los bolchevique-leninistas no hubieran sido capaces de conseguir una victoria completa en la URSS – es decir, conquistar el poder y cauterizar la úlcera burocrática – sin el apoyo de la revolución mundial ” ( Trotski , Writings , 1935-36, p. 178). Por eso la Oposición luchó por una política marxista correcta en Gran Bretaña, China y todas partes.

La grave enfermedad y la subsiguiente muerte de Lenin depositaron el poder efectivo en manos de la troika formada por Stalin, Zinoviev y Kámenev. En realidad, las palancas centrales del poder seguían en manos de Stalin, dada su dominación total del aparato como secretario general del Partido. La troika conspiró para impedir que Trotski fuese el sucesor de Lenin. Suprimieron deliberadamente el Testamento, que llamaba directamente a la destitución de Stalin. Otro factor fue la apertura del partido a una marea de nuevos miembros sin experiencia, el llamado reemplazo Lenin, a la muerte de éste, que ahogó el núcleo revolucionario del partido en una ciénaga de elementos políticos atrasados que fueron moldeados por los hombres del aparato, elegidos a dedo por la maquinaria de Stalin. El debilitamiento y el aislamiento de la vieja guardia era la precondición necesaria para la victoria del aparato. Baste con decir que el 75-80% de la militancia se había afiliado después de 1923. El número de miembros del partido afiliados antes de la revolución era menos del 1%.

Al mismo tiempo se abrió una campaña de calumnias y falsificaciones contra Trotski , que se vió precipitada por la publicación de sus Lecciones de Octubre, en las que explicaba las razones de la derrota de la revolución alemana de 1923, haciendo hincapié en la especial responsabilidad de la dirección. Al hacerlo, Trotski trazaba paralelos con lo que había pasado en Octubre de 1917 en Rusia y las vacilaciones del ala de derechas de Zinoviev y Kámenev, que se habían pronunciado contra la insurrección (aunque no se mencionaba sus nombres). Estas importantes lecciones quedaron enterradas por la campaña contra el “ trotskismo ” . Todas las viejas calumnias sobre el pasado no bolchevique de Trotski (que Lenin había refutado en su Testamento), sobre la “ revolución permanente ” , Brest- Litovsk , etc., fueron desenterradas por la fracción dirigente para desacreditar a Trotski y apartarlo de la dirección. Se imprimió un torrente de publicaciones contra Trotski , reforzando la idea de una vieja guardia leninista compuesta por Stalin, Zinoviev y Kámenev: Trotskismo o leninismo (Stalin), Leninismo o trotskismo (Kámenev) y Bolchevismo o trotskismo ( Zinoviev ). A continuación, Trotski fue cesado de su cargo como Comisario del Pueblo de Guerra en enero de 1925. La campaña contra el trotskismo se extendió a los partidos comunistas de todo el mundo, a los que se exigió votaciones a favor de la mayoría dirigente del partido ruso.

El materialismo dialéctico no tiene nada que ver con el punto de vista mecanicista, que ve la Historia como un simple proceso lineal. Este punto de vista tiene más en común con filosofías religiosas, como el calvinismo y su teoría fatalista de la predestinación. Los accidentes juegan un papel en la Historia, al igual que en la naturaleza porque, tal y como Hegel explicó brillantemente, la necesidad a menudo se expresa a través del accidente. Los esfuerzos de Trotski por sí solos fueron insuficientes para cambiar el rumbo del partido. Contra él se alineaban la vieja guardia de Zinoviev , Kámenev, Bujarin y Stalin. Esto jugó un cierto papel en la ecuación. El marxismo no niega el papel del individuo; al contrario, las personas pueden jugar un papel muy importante, para bien o para mal. Kámenev y especialmente Zinoviev jugaron un papel muy importante en el giro hacia la reacción después de la muerte de Lenin. Aquí los motivos personales tuvieron su peso. Habiendo trabajado con Lenin muchos años, Zinoviev consideraba que él tenía que heredar su manto. Era ambicioso y estaba celoso de Trotski . Como consecuencia, organizó una dirección paralela, incluso antes de la muerte de Lenin, compuesta por todos los miembros del Politburó excepto Trotski . Utilizando métodos totalmente ajenos al bolchevismo, recurrió a maniobras e intrigas para desacreditar a Trotski y meter una cuña entre éste y el leninismo.

Inventando el mito del trotskismo después de la muerte de Lenin, Zinoviev y Kámenev jugaron un papel pernicioso que profundizó la desmoralización y aumentó la desorientación de los trabajadores. Se imaginaban que estaban utilizando a Stalin, cuando en realidad era éste el que lo hacía. De esta manera, sin darse cuenta, Kámenev y Zinoviev pusieron las bases para la victoria de Stalin sobre el Partido Bolchevique y sobre ellos mismos. Se sentían superiores a Stalin, y en un sentido moral e intelectual tenían razón. Pero la fuerza de Stalin residía no en su intelecto, sino en el hecho de que reflejaba las presiones y los intereses de millones de funcionarios sedientos de poder. En esta lucha, Kámenev y Zinoviev estaban en desventaja debido a las mismas cualidades que anteriormente habían representado su fortaleza: su fe en la revolución y su lealtad a la causa de la clase obrera. Cuando Stalin rompió con ellos, no tenía ninguna de estas cualidades. Estaba motivada únicamente por la ambición personal, pero a diferencia de Kámenev y Zinoviev no le pesaban los principios. Se basó ansiosamente en la burocracia, primero la del partido, el apparat , que él controlaba, y más tarde se convirtió en el representante de millones de antiguos funcionarios zaristas que seguían cumpliendo sus funciones bajo el Estado soviético.

Este proceso acabó con la masacre de los viejos bolcheviques, que no podían aceptar la destrucción de la revolución y del partido de Lenin. De esta manera, Stalin jugó el papel de verdugo del Partido Bolchevique. Pero es necesario entender que si Stalin no hubiera existido, o si se hubiese negado a actuar a favor de los intereses de la burocracia, simplemente hubiese sido sustituido por otra persona. En las condiciones concretas, eso hubiera significado seguramente la victoria de la fracción de Bujarin , lo que incluso en ese momento podría haber llevado a la victoria de la restauración capitalista. Más adelante, en una reacción de pánico, Stalin se vio obligado a adoptar de manera caricaturesca muchas de las políticas de la Oposición de Izquierdas. Sin eso, la presión de los kulaks en el campo y de los hombres de la NEP en las ciudades indudablemente hubiera llevado al derrocamiento del régimen. La nueva política fue recibida con entusiasmo por la clase obrera, que pese a todo se mantuvo en gran medida pasiva, pero se aplicó de manera brutal por parte de la burocracia, que al mismo tiempo se cubría las espaldas con ataques a la Oposición de Izquierdas.

Kámenev y Zinoviev , en el periodo de su alianza con Stalin, no eran conscientes de los procesos que realmente estaban en marcha en el Estado soviético. Actuaron como instigadores inconscientes de procesos que estaban fuera de su control y más allá de su comprensión. No se daban cuenta de adónde les iban a llevar sus ataques a Trotski y al trotskismo. Tampoco Stalin se daba cuenta en aquel entonces. Pero al intentar introducir una cuña entre el trotskismo y el leninismo, pusieron en marcha toda la maquinaria de falsificación de la Historia y persecución burocrática que marcó el primer paso decisivo del alejamiento de las ideas y tradiciones de Octubre en dirección al monstruoso Estado policial y burocrático.

Stalin tampoco tenía un plan consciente de hacia dónde se dirigía. Estaba totalmente ciego ante los procesos que se estaban desarrollando. Trotski llegó a hacer el siguiente comentario : “ Si Stalin hubiera podido prever a dónde le llevaría su lucha contra el ‘ trotskismo ’ , es indudable que no la hubiera llevado a cabo a pesar de la perspectiva de triunfar sobre sus adversarios. Pero no previó nada. ” ( Trotski , Escritos, 1937) Stalin, con su estrecha mentalidad administrativa, reflejó las presiones de la creciente burocracia soviética, aquella capa de funcionarios del Estado, la industria y cada vez más del partido que habían mejorado su situación con la revolución y estaban ansiosos por poner fin a un periodo tormentoso y de tensiones, y seguir con el trabajo de organizar la sociedad, con ellos mismos instalados confortablemente en puestos de dirección.

Para este sector, la idea de la revolución socialista mundial era irrelevante e irritante. No tenían ninguna confianza en la clase obrera rusa, ni mucho menos en la alemana o la británica. Stalin, en privado, compartía su punto de vista, aunque nunca se hubiera atrevido a declararlo en público en vida de Lenin. La teoría antimarxista del socialismo en un solo país, que Stalin anunció por primera vez en el otoño de 1924, iba contra todo lo que habían defendido los bolcheviques y la Internacional Comunista. ¿Cómo era posible construir un socialismo nacional en un solo país, y más si era extremadamente atrasado como Rusia? Esa idea nunca se le pasó por la cabeza a ningún bolchevique, ni siquiera a Stalin hasta 1924. En abril de ese año, en un discurso ante los estudiantes de la Universidad Sverdlov publicado más tarde con el título de Fundamentos del leninismo, Stalin declaró:

El derrocamiento del poder de la burguesía y el establecimiento de un gobierno proletario en un solo país todavía no garantiza la victoria completa del socialismo. La principal tarea del socialismo, la organización de la producción socialista, todavía está por delante. ¿Se puede conseguir esta tarea, puede lograrse la victoria del socialismo en un solo país, sin el esfuerzo conjunto del proletariado de varios países avanzados? No, eso es imposible (…) Para la victoria final del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, especialmente de un país campesino como Rusia, son insuficientes”. (Stalin, Lenin and Leninism, p.40).

Aquí, sin duda, se expresa la posición general del Partido Bolchevique de manera correcta. Sin embargo, en la segunda edición, publicada unos meses más tarde, se eliminaron estas líneas y en su lugar apareció justo lo contrario:

Pero el derrocamiento del poder de la burguesía y el establecimiento del poder del proletariado en un solo país no significa todavía que la victoria completa del socialismo haya sido asegurada. Después de consolidar su poder y poniéndose a la cabeza del campesinado, el proletariado del país victorioso puede y debe construir una sociedad socialista (…)”. (Stalin, Collected Works, vol. 6, p. 110, énfasis del autor).

La Oposición Unificada

Zinoviev y Kámenev, ya preocupados por el creciente poder de Stalin, su rudeza y su deslealtad, quedaron profundamente sorprendidos por la evolución de los acontecimientos. En el plazo de un año rompieron con Stalin y se unieron a la Oposición de Izquierdas. Este realineamiento en la dirección del partido fue el resultado de las presiones crecientes de los obreros de Leningrado, alarmados por la política de enriquecimiento de los kulaks y los NEPistas . Zinoviev y Kámenev confesaron más adelante que el mito del trotskismo había sido inventado deliberadamente para desacreditar a Trotski . En un comportamiento típicamente bonapartista, Stalin pasó a apoyarse en el ala de derechas de Bujarin y Tomsky para atacar a la Oposición de Izquierdas, que libró una batalla heroica por mantener las ideas de Octubre ante la creciente reacción burocrática dentro del partido. No sólo lucharon por la restauración de la democracia partidaria, sino también por un plan económico que pudiera poner a trabajar el potencial productivo de la economía soviética. La Oposición había entendido desde el principio que la industria no podía continuar apoyándose en la infraestructura heredada del pasado, sino que tendría que basarse en la “ acumulación socialista ” para expandirse a través de la planificación nacional. Un plan de ese tipo requería de un aumento del ritmo de la producción mucho más rápido que en el Occidente capitalista. Pero la dirección estalinista eligió moverse con gran cautela, acusando a los dirigentes de la Oposición de superindustrializadores .

La respuesta intempestiva de Stalin a las propuestas de la Oposición fue un pesimista borrador de Plan Quinquenal publicado en 1927. ¡Se hacía una proyección de caída de la producción industrial desde el 9% al 4 %! Bajo la dura crítica de la Oposición, finalmente se revisó el plan al alza, hasta una tasa de crecimiento anual del 9 por ciento, que todavía estaba muy por debajo de las previsiones de la Oposición de un crecimiento del 15-18%. Stalin continuó atacando a Trotski y la Oposición como superindustrializadores . Tan tarde como en abril de 1927, en el Comité Central argumentó que la construcción de la central hidroeléctrica de Dnieperstroy ¡sería lo mismo que pedirle a un campesino que comprase un gramófono en lugar de una vaca! La política del grupo dirigente de apoyo al kulak y de basarse en el mercado estaba llevando a una diferenciación creciente tanto en la ciudad como en el campo. El poder e influencia crecientes de los NEPistas y kulaks estaba alcanzando proporciones alarmantes. La marea creciente de capitalismo era visible en todas partes. Estas presiones de clases ajenas habían abierto anteriormente una lucha en la dirección del Partido Comunista. Los derechistas (Bujarin, Rikov y Tomsky) querían hacer todavía más concesiones a los kulaks. Stalin se balanceaba entre las diferentes fracciones del Politburó, prefiriendo adoptar una posición centrista sobre las diferentes cuestiones, apoyándose ora en la derecha, ora en la izquierda. En su lucha contra la Oposición de Izquierdas se apoyó en la derecha de Bujarin. En 1925, Stalin incluso empezó a prepararse para la desnacionalización de la tierra. Bujarin, que en abril de 1925 animaba al campesinado a “ enriquecerse ” , pensaba que estos kulaks ricos estaban “ creciendo hacia el socialismo ” . Hablaba de “ cabalgar hacia el socialismo montado en el rocín campesino ” . Esta política, que hubiera significado la restauración del capitalismo en Rusia, se enfrentó a la amarga oposición de Trotski y la Oposición de Izquierdas, que abogó por una política de colectivización voluntaria de la agricultura y la planificación industrial.

A pesar de las esperanzas de la dirección, los kulaks no se orientaron hacia el socialismo, sino hacia la contrarrevolución capitalista. En la primavera de 1926, casi el 60% del grano a la venta estaba en manos del 6% de los kulaks. Y a principios de 1928, con el acaparamiento del grano, el espectro del hambre en las ciudades se convirtió en una seria amenaza. Según Alec Nove: “ El déficit de obtención de grano se puede ver en el hecho de que en enero de 1928 el Estado había conseguido comprar sólo 300 millones de puds , comparado con 428 millones en la misma fecha del año anterior ” . (Alec Nove, An Economic History of the USSR, p. 149). Todo el régimen fue sacudido hasta los cimientos por la crisis que se avecinaba. Cada ciudad y cada pueblo se enfrentaban a un bloqueo alimentario. Los kulaks habían conseguido un enorme poder y estaban decididos a utilizarlo para derrocar el régimen.

El 7 de noviembre de 1927, el X aniversario de la Revolución, la Oposición Unificada* intervino en las manifestaciones con pancartas proclamando: “ ¡Aplastad al kulak, el NEPista y el burócrata! ” , “ ¡Aplicad el Testamento de Lenin! ” y “ ¡Abajo el oportunismo! ” . Trotski y los demás dirigentes de la Oposición fueron muy bien recibidos por los obreros de Leningrado, que expresaron su descontento con la dirección burocrática. Los obreros y jóvenes simpatizaban con la Oposición, pero estaban exhaustos y abatidos. Tal y como Trotski advirtió al impresionista Zinoviev , que se lo tomó como un signo de que la situación había cambiado, esta simpatía no significaba que las masas estuvieran dispuestas a pasar a la acción. Al contrario, esta manifestación convenció al grupo dirigente de la necesidad de tomar medidas inmediatas contra la Oposición. Una semana más tarde, después de una campaña feroz de ataques, Trotski , Zinoviev , Kámenev, Rakovsky, Smilga y Yevdokimov fueron expulsados del Comité Central. En diciembre, la Oposición de Izquierdas en su conjunto fue expulsada del Partido Comunista. Como resultado, todos aquellos que no tenían perspectivas políticas ni espíritu combativo capitularon. Los zinovievistas abandonaron la oposición. Desmoralizados y desorientados, Zinoviev y Kámenev se rindieron ante Stalin. En contraste, los trotskistas se negaron a someterse.

* La Oposición Unificada fue formada en 1926 por la Oposición de Izquierdas de Trotski y los seguidores de Zinoviev y Kámenev.

Decenas de miles de Oposicionistas de Izquierdas fueron despedidos de sus empleos, enviados al exilio y sus familias perseguidas. La represión contra la Oposición empezó en serio. Después de su ruptura con Stalin, Kámenev, que lo conocía muy bien, había advertido a Trotski : “ Nota, esta cita es de un artículo de Trotski llamado “ Un episodio significativo ” de diciembre de 1936, en el tomo VIII de los escritos, uno que yo no tengo. Buscadlo vosotros mismos ” En el XV congreso, Stalin proclamó la “ liquidación ” de la Oposición. Trotski y su familia fueron exilados a Alma-Ata y posteriormente deportados a Turquía. Fue un punto de inflexión en la consolidación del poder de la burocracia estalinista.

¿Por qué Trotski no tomó el poder?

Bastantes escritores han planteado esta cuestión: “ ¿Por qué Trotski no utilizó su posición, especialmente su autoridad en el Ejército Rojo, para tomar el poder en ese momento? ” . En un reciente libro encontramos la siguiente valoración: “ Trotski ha sido atacado por no ser un político. Como hemos explicado más arriba, hay un elemento de verdad en esta acusación (…) La segunda acusación contra Trotski es que se hizo una idea equivocada del carácter del nuevo régimen bajo Stalin. Ésta y la acusación de que no era un político están vinculadas, en el sentido en que hubiera sido su deber arrebatarle el poder a Stalin si hubiese entendido el carácter de la contrarrevolución que iba a ocurrir (…) fue incapaz de entender el auténtico carácter de la bestia en los años cruciales, cuando podía haber impedido su auge ” . (H. Ticktin y M. Cox., The Ideas of Leon Trotski , pp. 13-6).

Todo se reduce a la lucha entre individuos y a sus cualidades particulares. Estos argumentos son simplemente un eco de los argumentos de los historiadores E. H. Carr , Richard B. Day, Moshe Lewin y Issac Deutscher, que también veían la lucha en gran medida en términos de personalidades. Carr dice que Trotski “ no fue capaz en absoluto de entender que la cuestión de la lucha no estaba determinada por la disponibilidad de argumentos, sino por el control y la manipulación de las palancas del poder ” . Más adelante argumenta: “ No tenía estómago para una lucha cuyo carácter le aturdía y se le escapaba. Cuando fue atacado, se retiró de la arena porque instintivamente sintió que la retirada le ofrecía la mejor oportunidad para la supervivencia ” . (E. H. Carr , Socialism in One Country, vol. 2, p. 43). Moshe Lewin hace de nuevo la misma crítica: “ [ Trotski ] también tenía la debilidad de un hombre que era demasiado altivo y, en cierto sentido, idealista como para implicarse en las maquinaciones políticas dentro del pequeño grupo de dirigentes. Su pasado no bolchevique y su estilo le impidieron actuar cuando llegó el momento, y para él sólo llegó una vez, con la decisión necesaria ” . (M. Lewin, Lenin´s Last Struggle , p. 140).

En realidad la lucha no era una cuestión de poder personal de Trotski contra Stalin, sino una lucha de fuerzas vivas. Aquellos que argumentan que Trotski sólo tenía que utilizar el Ejército Rojo para tomar el poder demuestran una falta de comprensión absoluta del carácter del propio poder. El poder no es el producto de la voluntad de “ grandes hombres ” individuales, tal y como se imaginaban Nietzsche y otros, anticipando la ideología del fascismo. Es un reflejo de la correlación de fuerzas entre las clases en la sociedad. Utilizar el ejército como una fuerza política inevitablemente lleva al bonapartismo. Esto es abecé para un marxista. El bonapartismo sólo puede existir bajo ciertas condiciones, normalmente cuando las clases contendientes en la sociedad llegan a un punto muerto. Esto crea condiciones en las que el aparato del Estado se eleva por encima de la sociedad y adquiere un cierto grado de independencia. Trotski , al igual que Lenin, siempre puso sus esperanzas en la clase obrera. Los obreros simpatizaban con las posturas de la Oposición, pero estaban demasiado agotados y desanimados para hacer nada. Se mantuvieron pasivos. El veterano comunista yugoslavo y oposicionista Ante Cilliga , que estuvo en Rusia a mitad de los años 20, comenta el ambiente entre los obreros en aquel momento:

La impresión que me dieron esas reuniones y conversaciones privadas en general era favorable, pero lo que me sorprendió fue la actitud pasiva de muchos de los obreros. Sentía que no tenían ni interés ni entusiasmo, sino, al contrario, una actitud gélida, una reticencia exagerada. Era deprimente. Con su silencio los obreros parecían estar diciendo: sí, está todo muy bien, pero ¿qué es lo que significa para nosotros? Tenía que perseguir a la gente para sacarles una palabra”. (A. Cilliga, The Russian Enigma, p. 21).

Tal y como Trotski explicó en uno de sus últimos escritos : “ Del lado de la Oposición estaba la juventud y una porción considerable de la base; pero del lado de Stalin y del Comité Central estaban en primer lugar todos los políticos especialmente entrenados y disciplinados que estaban ligados más de cerca a la maquinaria política del secretario general. Concedo que mi enfermedad y consiguiente no participación en la lucha fue un factor de cierta importancia ; sin embargo no hay que exagerarla . En última instancia no fue más que un episodio . Lo más importante fue el hecho que los obreros estaban cansados . Los que apoyaban a la Oposición no estaban espoleados por una esperanza de cambios decisivos e importantes . Por otra parte la burocracia luchó con una ferocidad extraordinaria ” .

El apoyo pasivo y la simpatía no eran suficientes para impedir el avance de la burocracia. Por supuesto que una victoria de la revolución, por ejemplo en China, hubiese transformado completamente la situación, reavivando el espíritu de los obreros rusos y deteniendo el avance de la contrarrevolución burocrática. Pero en lugar de victorias hubo nuevas derrotas, como consecuencia directa de las políticas de la dirección de Stalin y Bujarin .

Ticktin y Cox afirman: “ Tenemos que sospechar que en un primer momento Trotski no estaba dispuesto a dirigir. Más tarde, por supuesto, se negó a tomar el poder. Era el dirigente del Ejército Rojo y, en 1924, Antonov-Ovseenko, comisario político en jefe del Ejército Rojo, le propuso un golpe ” . ( Ticktin y Cox, op . cit., p. 13). Este es el típico punto de vista superficial de la Historia, que la reduce a una lucha entre personalidades. En general, si haces la pregunta correcta tienes muchas posibilidades de conseguir la respuesta correcta. Si haces la pregunta incorrecta inevitablemente conseguirás la respuesta incorrecta. Los señores Ticktin y Cox ni siquiera saben qué pregunta hacerse para empezar, y por lo tanto acaban liados. La Oposición de Izquierdas no era bonapartista, sino marxista revolucionaria. Por lo tanto no podía buscar soluciones al problema en el ejército. Se basaba en la clase obrera, no por motivos arbitrarios o sentimentales, sino porque solamente la clase obrera puede llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. Basarse en cualquier otra clase o grupo social puede conseguir un cambio en la sociedad, pero nunca en la dirección de un Estado obrero sano.

La gente como Ticktin y Cox se creen superiores a Trotski , que, según se deduce de sus palabras, era demasiado estúpido o demasiado cobarde para tomar el poder, mientras que Stalin, uno debe suponer, era más inteligente y más valiente . Estos académicos “ tan sabios ” escriben prolíficamente sobre “ la cuestión del poder ” y al mismo tiempo demuestran no tener ni la más remota idea de qué es el poder. Trotski explicó que “ el poder no es un premio que consigue el más ‘hábil’. El poder es una relación entre individuos, en última instancia entre clases ” ( Trotski , Writings , 1935-36, p. 177).

Ante la ausencia de la participación activa de los obreros, existían de hecho condiciones para el bonapartismo en Rusia. Pero la utilización del ejército en política no es algo de lo que uno se pueda deshacer como el que devuelve una espada a su funda. Apoyarse en el Ejército Rojo para la toma del poder, en las condiciones dadas, no hubiera impedido la contrarrevolución política, sino que la hubiera acelerado enormemente. La única diferencia hubiera sido que en lugar de una burocracia civil, la casta militar hubiera estado en el poder. El hecho de que Trotski estuviera a la cabeza no hubiese significado nada. O bien se sometería a la casta de oficiales (lo cual naturalmente estaba descartado) o hubiese sido sustituido por alguien que estuviese dispuesto a someterse. En esa etapa, el movimiento hacia la reacción todavía no había adquirido un carácter definitivo. La burocracia todavía estaba comprobando sus fuerzas. Esto se reflejaba en la cautelosa política de Stalin. Un golpe militar hubiera llevado muy rápidamente a la consolidación del bonapartismo proletario. Las caras hubieran cambiado, pero la esencia hubiera sido la misma. Todo el proceso de degeneración se hubiera acelerado enormemente.

El papel del individuo

El papel del individuo, con todos sus puntos fuertes y débiles, es importante, pero sólo se puede entender en el contexto de la lucha de fuerzas sociales. El papel del individuo en la Historia no es más decisivo que las condiciones objetivas en las que viven, aunque las habilidades personales, el carácter y el intelecto de los individuos ciertamente influyen en el proceso histórico y, en puntos críticos, pueden ser decisivos. Sin Lenin y Trotski , la Revolución de Octubre nunca hubiera tenido lugar. Esto es un hecho concreto. No puede caber duda de que las políticas de Zinoviev , Kámenev y Stalin hubieran llevado a la derrota y al triunfo de la reacción en 1917, después de lo cual se nos hubiera presentado una gran cantidad de tesis doctorales “ demostrando ” sin lugar a dudas que la idea de una revolución socialista en Rusia era completamente utópica.

El materialismo histórico no niega en absoluto el papel del individuo en la Historia. Simplemente explica que los individuos no son agentes absolutamente libres, como imaginan los idealistas, sino que tienen que operar en función de las condiciones económicas y sociales dadas que ellos mismos no han elegido, y además operar según leyes creadas independientemente de la voluntad de hombres y mujeres. En la medida en que entendemos esas leyes, estamos en condiciones de llegar a un análisis científico del alcance y el significado de las acciones del actor individual en la escena de la Historia. Los mismos Lenin y Trotski , que dirigieron a los obreros rusos a la victoria en 1917, habían estado aislados e impotentes durante las décadas precedentes. A pesar de todas sus habilidades personales y conocimiento teórico, no estaban por encima de las condiciones generales de la sociedad. De la misma manera que Lenin y Trotski imprimieron su sello en la Revolución de Octubre y el régimen que surgió de ésta, la contrarrevolución burocrática ha quedado tan estrechamente vinculada al nombre de Stalin que los dos se han convertido en sinónimos. Pero, por supuesto, la contrarrevolución política en la URSS no dependía de una sola persona. Eso sería una interpretación mecanicista de la Historia. Con o sin Stalin, más pronto o más tarde, de una u otra manera, la reacción era inevitable por el aislamiento de la revolución en un país atrasado. Sin embargo esto no agota la cuestión. En política, al igual que en la guerra, la cuestión de “ más pronto o más tarde ” y “ de una u otra manera ” no es en absoluto secundaria, y puede ser decisiva.

En el primer periodo, Stalin no tenía idea de a dónde se dirigía. No quería la derrota de los obreros chinos en 1927 o de los obreros alemanes en 1923 o 1933. Sin embargo su política garantizó la derrota en todos los casos. Estas derrotas, a su vez, agudizaron el aislamiento de la revolución en Rusia, que era la base material para la victoria de la contrarrevolución burocrática que Stalin inicialmente no había anticipado ni deseado. Es más, la forma monstruosa que tomó la contrarrevolución estaba relacionada con el carácter personal y la psicología de Stalin. Helvetius hizo la observación hace tiempo: “ Cada periodo tiene sus grandes hombres, y si no, se los inventa ” . El aparato estaba descubriendo que Stalin era carne de su carne. Con su psicología y forma de ser, personificaba los puntos de vista y las aspiraciones de la capa de funcionarios y administradores en auge en las oficinas del Estado, los sindicatos e incluso el Partido Comunista.

Esa gente se había visto favorecida por la revolución y gozaba de ciertos privilegios que, aunque modestos en comparación con el estilo de vida posterior de la casta dominante, en las condiciones generales de miseria absoluta eran lo suficientemente importantes como para separarlos de las masas. Esos funcionarios, muchos de ellos reclutados entre los enemigos del bolchevismo (mencheviques, elementos sin partido y no pocos funcionarios zaristas) gravitaron automáticamente hacia aquellos miembros del partido que estaban más cercanos a su manera de ver el mundo. En las filas del bolchevismo había muchos elementos que, aun estando sinceramente dedicados a la causa del socialismo, no estaban suficientemente empapados de las ideas y principios del marxismo. Eran los “ hombres de comité ” , los organizadores, los “ prácticos ” del partido, con su tradicional desprecio hacia la teoría, su impaciencia por las amplias generalizaciones y su inclinación hacia las soluciones administrativas.

Después de la revolución había una urgente necesidad de administradores capacitados para gestionar el Estado. Se empujó a mucha gente a cargos de responsabilidad sin que tuviesen la preparación necesaria. Muchos de los mejores elementos murieron durante la guerra civil y fueron sustituidos por gente menos capacitada. Colocados en cargos de responsabilidad, entraban en contacto con los viejos funcionarios zaristas, que se conocían todas los trucos . A menudo era difícil saber quién dirigía a quién, como Lenin resaltó amargamente. La desmovilización del Ejército Rojo después de la guerra civil agravó el problema. A pesar de que el Ejército Rojo había sido democratizado a fondo, el bajo nivel cultural de la masa de soldados campesinos significaba que muchos de los oficiales y suboficiales se habían acostumbrado al método de ordeno y mando. En las condiciones generales de colapso industrial y de atomización parcial del proletariado, la clase obrera ya no era capaz de ejercer el mismo nivel de control. Gradualmente, el aparato del Estado se le iba escapando de las manos.

“ Sería ingenuo creer que Stalin, desconocido por las masas , surgió repentinamente de entre bastidores armado de un plan estratégico completamente elaborado . No. Antes de que él hubiera previsto su camino, la burocracia lo había adivinado ; Stalin le daba todas las garantías deseables : el prestigio del viejo bolchevique , un carácter firme , un espíritu estrecho , una relación indisoluble con las oficinas , única fuente de su influencia personal. Al principio, Stalin se sorprendió con su propio éxito . Era la aprobación unánime de una nueva capa dirigente que trataba de liberarse de los viejos principios , así como del control de las masas , y que necesitaba un árbitro seguro en sus asuntos interiores . Figura de segundo plano ante las masas y ante la revolución , Stalin se reveló como el jefe indiscutido de la burocracia termidoriana , el primero entre los termidorianos ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 112).

Aquí lo decisivo fue el cambio en la correlación de las fuerzas de clase. La clase obrera estaba agotada y debilitada por años de guerra, revolución y guerra civil. El retraso de la revolución internacional tuvo un efecto deprimente en los obreros rusos. Por otra parte, la capa de burócratas ascendente se sentía dueña de la situación. La teoría del socialismo en un sólo país era simplemente la expresión ideológica de la reacción pequeño-burguesa contra Octubre , que surgía del anhelo general de estos elementos de poner fin al periodo tormentoso y de tensiones de la revolución y sustituirlo por un orden que les permitiese seguir con las tareas de la administración de la sociedad, desde arriba. Cuando un obrero de vez en cuando protestaba contra el comportamiento arrogante de los funcionarios, se le respondía irónicamente: “ ¿En qué año piensas que vives? ¿En 1919? ” .

Incluso si Lenin hubiese seguido con vida , no hubiese significado una diferencia fundamental. Se necesitaba un cambio favorable en la situación objetiva para cambiar la correlación de fuerzas dentro del partido . Es totalmente falso , superficial y, de hecho , estúpido pensar que una transformación histórica tan profunda se puede explicar en términos de la supuesta inteligencia o no de intrigantes por arriba . Esto no es más que una variante de la teoría de la conspiración de la Historia, que no tiene nada en común con el marxismo , que la interpreta en términos de lucha entre las clases . Como explicó el propio Trotski : “ Una lucha de la Oposición de Izquierdas , una organización marxista revolucionaria , por el poder sólo podía concebirse en las condiciones de un auge revolucionario . En tales momentos la estrategia se basa en la agresión , en el llamamiento directo a las masas , en el ataque frontal contra el gobierno . Algunos miembros de la Oposición de Izquierdas habían tomado no escasa parte en tal lucha y tenían conocimiento directo de cómo efectuarla . Pero durante los primeros años del segundo decenio , y más tarde , no hubo auge revolucionario alguno en Rusia, sino todo lo contrario . En tales circunstancias no había que pensar en emprender una campaña por el poder ” . ( Trotski , Stalin, pp. 282-3).


III. Del plan Quinquenal a las purgas

Colectivización forzosa

Después de años de hacer el juego a los kulaks, a la dirección de Stalin-Bujarin le pilló totalmente por sorpresa la crisis de 1927-28. Todas las advertencias de la Oposición de Izquierdas demostraron ser correctas. A Stalin le entró el pánico y ordenó un giro de 180º. Después de eliminar a la Oposición de Izquierdas, Stalin se apoyó en los obreros para lanzar una serie de golpes contra la Oposición de Derechas. Ya en 1930 Stalin había expulsado de la dirección del partido a los dirigentes de la Oposición de Derechas, Bujarin , Tomski y Rykov, que a pesar de ser el dirigente de la Internacional Comunista, el cabeza del gobierno soviético y el líder de los sindicatos rusos, ¡fueron denunciados como agentes de la contrarrevolución! Apropiándose de algunos de los puntos del programa de la Oposición de Izquierdas pero de manera distorsionada y burocrática, Stalin giró hacia el ultraizquierdismo. De no ser por la campaña de la Oposición de Izquierdas, Stalin hubiera continuado con su política prokulak , llevando a la liquidación de todas las conquistas de la Revolución de Octubre.

En palabras de Trotski :

“Sin la crítica implacable de la Oposición y sin el miedo de la burocracia a la Oposición, el curso de Stalin-Bujarinhacia el kulak hubieraacabadoen el renacimiento del capitalismo. Bajo el látigo de la Oposición, la burocracia se vioobligada a tomarprestados puntos importantes de nuestraplataforma. Los leninistas no podíansalvar el régimensoviético del proceso de degeneración y las dificultades del régimen personal. Pero lo salvaron de la disolución completa, cerrando el paso a la restauracióncapitalista. Las reformasprogresistas de la burocraciafueronproductossecundarios de la lucha revolucionaria de la Oposición. Para nosotros es demasiado poco. Pero es algo”. (Trotski, Escritos 1935-36, p. 179).

Lenin siempre había abogado por la colectivización de la agricultura de manera gradual y voluntariamente . Pero desde luego nunca se le ocurrió la loca idea de la colectivización forzosa a punta de pistola de millones de propiedades campesinas dispersas . La colectivización se tenía que hacer a través del ejemplo , convenciendo pacientemente al campesino a través de las granjas-modelo colectivas y la introducción de tecnología más avanzada , tractores , fertilizantes , electricidad , escuelas , etc. Esta perspectiva estaba obviamente vinculada al desarrollo de una industria moderna a través de planes quinquenales . La idea de colectivizar con arados de madera era un sinsentido evidente . Como Trotski explicó : “ Esta consideración histórica general no resolvía , sin embargo, el problema . Las posibilidades reales de la colectivización no estaban determinadas por la situación sin salida de los cultivadores , ni por la energía administrativa del gobierno ; lo estaban ante todo por los recursos productivos dados, es decir , por la medida en que la industria podía proporcionar herramientas a la gran explotación agrícola . Estos datos materiales hacían falta ; los koljoses fueron organizados frecuentemente con unos útiles que sólo convenían a las parcelas . En estas condiciones , la colectivización exageradamente apresurada se transformaba en una aventura ” . ( Trotski , La revolución Traicionada , p. 74).

Para salvaguardar su situación dominante como casta privilegiada, la burocracia estalinista se vio obligada a apoyarse en los obreros para aplastar a la incipiente contrarrevolución burguesa. Se enviaron destacamentos armados al campo para confiscar las reservas de grano y así alimentar a las ciudades. Los estalinistas pasaron del oportunismo al ultraizquierdismo, lo que llevó a la descabellada política de la “ liquidación de los kulaks como clase ” y la colectivización completa de la agricultura “ lo antes posible ” . Como resultado, la proporción de granjas colectivas aumentó en 1929 de 1,7% al 3,9%; en 1930 subió espectacularmente al 23,6%; en 1931, al 52,7%; en 1932, al 61,5%; en 1933, al 64,4%; en 1934, al 71,4%; en 1935, al 83,2%; y en 1936, al 89,6%. El porcentaje de superficie cultivada colectivizada aumentó del 33,6% en 1930 al 94,1% en 1935.

Los métodos utilizados por Stalin para colectivizar no tenían nada en común con las ideas de Lenin. “ No solamente se colectivizaban los caballos, las vacas, los corderos, los cerdos, sino hasta los polluelos ” (Ibid., p. 74). En 1932 la producción de grano cayó en casi 250 millones de quintales; la de azúcar, a la mitad; el número de caballos y de cerdos, un 55%; el de ovejas, un 66%; y el ganado vacuno, un 40%. “ En Gremyachy Log se sacrificaban reses todas las noches. Apenas había caído la noche se empezaban a oír los balidos apagados de las ovejas, los chillidos de muerte de los cerdos o los mugidos de los becerros, ” escribe Shokolov en Virgin soil upturn . “ Tanto los que se habían unido al koljós como los granjeros individuales trajeron sus reses. Toros, ovejas, cerdos e incluso vacas fueron sacrificados, al igual que el ganado para cría. El ganado astado de Gremyachy quedó reducido a la mitad en dos noches ” . ( Citado en A. Nove, An Economic History of the USSR, p. 174).

Las consecuencias humanas y económicas fueron espantosas. Millones de personas murieron en la hambruna resultante. El número de muertos del periodo 1931-33 se calcula en unos siete millones. A diferencia de 1921, no había ayuda para los hambrientos. De hecho la existencia de la hambruna fue negada oficialmente. Víctor Kravchenko, por aquel entonces oficial de la GPU*, recuerda la situación:

*El nombre de la policía secreta de Stalin cambió varias veces, GPU, OGPU, NKVD, etc. Para simplificar hemos utilizado GPU en todo el texto, hasta el periodo más reciente, en que se denomina KGB.

“No voy a contaros sobre los muertos’, dijo ella. ‘Estoy segura que lo sabéis. Los medio muertos, los casi muertos son incluso peor. Hay cientos de personas en Petrovo hinchadas por el hambre. No sé cuantas mueren cada día. Muchas están tan débiles que ya no salen de sus casas. De vez en cuando pasa un carro para recoger los cadáveres. Hemos comido cualquier cosa que pudiéramos agarrar: gatos, perros, ratones, pájaros; cuando se haga de día mañana verás que los árboles han perdido la corteza, también nos la hemos comido. También hemos comido estiércol de caballo’. Mi expresión tiene que haber sido de sorpresa e incredulidad. ‘Sí, el estiércol de caballo. Nos hemos peleado por él. Algunas veces puedes encontrar granos enteros dentro”. (Víctor Kravchenko, I choosefreedom, p. 67).

Parte de esta loca colectivización fueron las medidas para “ liquidar a los kulaks como clase ” . Según N. Ivnitsky, aproximadamente unas 300.000 familias kulaks fueron deportadas (citado por A. Nove, op . cit., p. 167). La agricultura quedó en un estado de crisis aguda. La burocracia se vio obligada a tocar a retirada desordenadamente. Como consecuencia se vieron obligados a dar a los campesinos, además de las granjas colectivas, pequeñas parcelas personales. Sin embargo, la agricultura soviética nunca llegó a recuperarse completamente de esta debacle. Estas fueron las terribles consecuencias del dirigismo del régimen estalinista.

Zigzags económicos

En el terreno industrial, Stalin también ordenó un cambio total de política . Se abandonó la política de crecimiento lento y cauteloso que él mismo , junto con Bujarin , había propugnado y se puso la industrialización en el orden del día. Había que conseguir un crecimiento a velocidad de vértigo . En diciembre de 1929, un congreso de las “ brigadas de choque ” aprobó un llamamiento para realizar el Plan Quinquenal en cuatro años . El 4 de febrero de 1931 Stalin habló de completar el Plan en tres años en todas las ramas básicas y decisivas de la industria . En el mismo discurso declaró : “ A veces se nos pregunta si es posible ralentizar de alguna manera el ritmo . No, camaradas , no es posible . ¡No se debe reducir el ritmo ! Al contrario , hay que acelerarlo (…) ” Como dijo Trotski : “ Todos los viejos valores fueron derribados . Los signos más y menos se invertían ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada , p. 72).

Esta giro dramático hacia la izquierda creó confusión entre un sector de las dispersas fuerzas de la Oposición de Izquierdas . Desde 1928, los dirigentes de la Oposición habían quedado aislados entre sí por enormes distancias , debido al exilio . Entre un sector de los antiguos oposicionistas se empezó a desarrollar un ambiente de conciliación y capitulación . En primer lugar , Zinoviev y Kámenev se retractaron de sus “ errores ” , y otros , como Radek y Preobazhenski , les siguieron . Trotski condenó estas acciones como una traición , ya que no podían servir a la causa de la reforma del Partido y de la Unión Soviética . Comentando estas capitulaciones hizo la siguiente observación : “ la Revolución es una gran devoradora de personas ” . Una capa se había quemado en los turbulentos acontecimientos de la década anterior, o incluso antes. Trotski se mantuvo firme : “ La capitulación de la Oposición significaría : a) autocondenarnos a llevar una vida vegetal zinovievista -la naturaleza no conoce un estado más vergonzoso - y b) un inmediato viraje a la derecha de los estalinistas ” . ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 184). De todas formas, esta capitulación de los antiguos oposicionistas no les salvó . La mayoría de ellos fueron acusados en falso y fusilados por Stalin entre 1936 y 1938 como “ enemigos de la Unión Soviética ” .

Haciendo una valoración de lo que había pasado , Trotski comentó : “ La burocracia no sólo ha vencido a la Oposición de Izquierda, ha vencido también al partido bolchevique . Ha vencido al programa de Lenin (…) no por medio de argumentos y de ideas, sino aplastándolo bajo su propio peso social. El último vagón fue más pesado que la cabeza de la Revolución . Tal es la explicación del Termidor soviético ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 113). Con una confianza suprema en la clase obrera , concluía : “ No rechazamos nada ni lamentamos nada. Vivimos con las mismas ideas y actitudes que en Octubre de 1917. Podemos ver más allá de estas dificultades circunstanciales , pues , por más virajes que haga el río , siempre va a parar al océano ” . ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 511).

El 5 de setiembre de 1929 se introdujo el principio de la dirección unipersonal en las empresas. Las organizaciones del partido en las fábricas recibieron instrucciones de no interferir en los poderes de los directores. Al mismo tiempo, los sindicatos iban a ser “ los organizadores enérgicos de la actividad productiva y de la iniciativa de las masas trabajadoras ” . Entre 1930 y 1933 se aprobaron una serie de decretos castigando el absentismo con el despido y el desahucio de la vivienda de la empresa. El 21 de noviembre se prolongó la jornada laboral, lo que eliminó el domingo como día de descanso regular. Se desviaron los recursos del consumo hacia la inversión en la industria pesada. Los que se opusieron a las normas salvajemente exageradas de producción fueron denunciados como saboteadores mencheviques. A finales de 1930 y principios de 1931 se celebraron dos grandes juicios, basados en confesiones falsas, por sabotaje económico y actividades de destrucción. Gran número de acusados fueron fusilados.

El nuevo zigzag ultraizquierdista llevó al aventurerismo económico, y un empuje en los años 30 por la construcción del “ comunismo ” dentro de las fronteras de la URSS. Se utilizaron métodos draconianos para alcanzar lo antes posible a Occidente. Stalin declaró: “ Estamos cincuenta o cien años por detrás de los países avanzados. Tenemos que cubrir esta distancia en diez años ” . Este objetivo aventurero causó estragos en la economía.

En enero de 1931, Stalin declaró que el Plan Quinquenal se había cumplido en cuatro años y tres meses. Pero el empuje del crecimiento entró en una crisis profunda en 1933, en la medida en que se alcanzaban límites y cuellos de botella en todos los sectores de la economía. La producción agrícola había alcanzado su punto más bajo. Como resultado, el nivel de vida también se resintió. En 1934 las cosas empezaron a recuperarse parcialmente. A pesar de la dislocación, durante el primer Plan Quinquenal se construyeron unas 1.500 grandes empresas, como el Dneproges , los complejos metalúrgicos de Magnitogorsk y Kuznetsk , la fábrica de maquinaria de los Urales, la planta de maquinaria agrícola de Rostov, las fábricas de tractores de Chelyabinsk , Stalingrado y Jarkov y las de automóviles de Moscú y Somovo , el complejo químico de los Urales, la fábrica de maquinaria pesada Kramator , etc.

“ Sea cual sea la validez de ciertas afirmaciones oficiales ” , dice Alec Nove, “ lo que es cierto más allá de toda duda es que el periodo del segundo Plan Quinquenal fue de logros impresionantes ” . (A. Nove, op . cit., p. 231). En 1932 se importaron máquinas-herramienta por valor de 338 millones de rublos, que representaban el 78% de todas las instaladas ese año, pero cinco años más tarde todas las herramientas básicas de la industrialización y de la producción de armamento estaban fabricadas en la URSS. El crecimiento económico entre 1935-36 fue considerable. En 1934, el producto industrial bruto creció un 19%; en 1935, un 23%; y en 1936, un 29%. La producción agrícola también se recuperó de manera constante.

Se crearon nuevos sectores industriales que nunca habían existido, como los de motores, máquinas-herramienta, automóviles y tractores, turbinas y generadores, aviones, acero de alta calidad, aleaciones de hierro, goma sintética, fibras artificiales, nitrógeno, la industria química y otros. Se construyeron cientos de miles de kilómetros de líneas férreas y canales. La parte oriental del país se convirtió en el segundo centro metalúrgico y petrolero de la industria soviética. Se fundaron cientos de nuevas ciudades y asentamientos. En los años siguientes, mientras el mundo capitalista estaba paralizado por la peor depresión de su historia, la URSS dio gigantescos pasos adelante.

El régimen de Stalin introdujo el trabajo a destajo y su corolario, las brigadas de choque del movimiento stajanovista, para aumentar la productividad del trabajo. En todas partes se implantaron nuevas y más exigentes normas de producción. A principios de 1936 se aumentaron las normas bruscamente un 30-40% en el sector del metal, un 34% en la química, un 51% en la generación de electricidad, un 26% en la minería de carbón y un 25-29% en la producción de petróleo. Al mismo tiempo, el régimen de Stalin proclamó “ el triunfo final e irrevocable del socialismo ” . ¡El trabajo a destajo, descrito por Marx como “ el más adecuado de los métodos capitalistas de producción ” , fue aclamado como destajo socialista! Se aplicó de la manera más brutal, provocando un resentimiento amargo en la clase obrera rusa.

“ La propiedad estatal de los medios de producción no transforma el estiércol en oro y no rodea de una aureola de santidad el sweating system - sistema del sudor- que agota la principal fuerza productiva : el hombre. En cuanto a la preparación de la ‘ transición del socialismo al comunismo ’, comienza exactamente a la inversa , es decir , no por la introducción del trabajo a destajo , sino por la abolición de este trabajo considerado como una herencia de la barbarie ” . ( Trotski , La revolución Traicionada , p. 105).

Sólo durante el segundo Plan Quinquenal los salarios reales empezaron a aumentar. El 1 de enero de 1935 se abolió el racionamiento del pan, y en octubre el de la carne, grasas, pescado, azúcar y patatas. En enero de 1936 se acabó el de los productos industriales de consumo general. Se restauraron las relaciones monetarias después de un periodo de inflación crónica. También en 1935 el sistema de distribución planificada dejó paso al comercio. Los precios del pan y la harina también se redujeron. En 1937, el precio medio de los productos no alimentarios cayó un 3,8%. Según Malafeyev, el índice de precios al consumo aumentó un 80% entre 1932 y 1937, mientras que los salarios medios aumentaron un 113%. Teniendo en cuenta los servicios, Malafeyev llega a la conclusión que los salarios reales en este periodo aumentaron “ por lo menos un 20% ” .

Alec Nove piensa que el aumento fue incluso mayor, dada la mayor disponibilidad de bienes y mejores arreglos comerciales. Sin embargo, aunque la vida mejoró, seguía siendo bastante austera, con unos salarios reales que estaban por detrás de los de 1928. Los comentarios de Stalin, “ la vida es más fácil, la vida es más feliz y cuando la vida es feliz el trabajo se hace más deprisa ” , eran obviamente una visión exagerada de la vida soviética. Sin embargo, al contrario que en el Occidente capitalista, el paro había sido abolido. De hecho, el avance económico provocó una escasez de mano de obra que sólo se superó mediante la incorporación de millones de campesinos a la industria rusa.

Divisiones sociales crecientes

El estalinismo representaba la destrucción de los derechos básicos de los trabajadores ( huelga , organización , libertad de expresión , etc.) que existen en las “ democracias ” del Occidente capitalista . Aunque la contrarrevolución política ya había empezado en 1924, con las intrigas de Stalin y su dominación del aparato del partido y del Estado, fue un proceso prolongado . Los viejos cuadros de la Revolución fueron eliminados gradualmente y sustituidos por burócratas omnipotentes . A principios de 1930, la derrota de las oposiciones de izquierdas y de derechas había dejado el camino libre para la dominación completa de la fracción estalinista . “ Los jacobinos han sido expulsados por los termidorianos y bonapartistas ” , escribió Trotski , “ los bolcheviques han sido suplantados por los estalinistas ” .

De 1932 a 1947 no se celebró ningún congreso sindical en la URSS. Los sindicatos se convirtieron en meros apéndices del Estado. Los sóviets se habían transformado hacía tiempo en órganos de dominio burocrático. Stalin elaboró una nueva constitución en 1936, presentándola como la “ más democrática del mundo ” . En vísperas de las elecciones generales de 1937, Stalin declaró: “ ¡El mundo nunca ha visto -no, realmente nunca- unas elecciones tan completamente libres y verdaderamente democráticas! La Historia no registra ningún otro ejemplo parecido ” . (J. Stalin, Speeches at Pre-election Meetings of the Stalin Election District in Moscow Province, 11th December 1937 and 9th February 1946 (Russian), Moscow 1946, p.5. Citado por T. Cliff, State Capitalism in Russia , p. 121). Sin embargo, esta constitución “ democrática ” no impidió la manipulación de las elecciones, y todos los candidatos del PC sacaron un 99,9% de los votos. En unas elecciones a sóviets locales el 21 de diciembre de 1947, Stalin consiguió 2.122 votos, ¡a pesar de que la circunscripción sólo tenía 1.617 electores! Esto fue explicado por Pravda el día siguiente: “ Las papeletas electorales de más fueron introducidas en las urnas por ciudadanos de circunscripciones vecinas ansiosos por aprovechar la oportunidad de expresar su gratitud a sus líderes ” (!) (Ibid., p. 121).

El fraude electoral escandaloso se reveló claramente en el referéndum en Lituania, el 12 de julio de 1940 sobre su unión con la URSS. ¡Debido a un error, Moscú anunció los resultados después del primer día de un referéndum que duraba dos! Como dijo un comentarista: “ Fue un desliz desafortunado, por el cual un periódico londinense publicó los resultados oficiales de una agencia de noticias rusa veinticuatro horas antes del cierre oficial de las urnas ” . (Ibid., p. 122).

La burocracia, con Stalin a su cabeza, estaba consolidando su control del poder. A mediados de los años 30, ya se había asegurado una posición de poder y privilegios mucho mayor que cualquier otra burocracia en la Historia. Utilizando el látigo del dirigismo burocrático y su auxiliar, el movimiento stajanovista, la productividad del trabajo creció sustancialmente durante esos años, lo que desarrolló la industria, pero también proporcionó mayores privilegios a los burócratas. El aumento de la producción “ gracias a la circulación de mercancías, significa también un aumento de la desigualdad ” , observaba Trotski . “ El aumento del bienestar de las capas dirigentes comienza a sobrepasar sensiblemente al del bienestar de las masas. Mientras el Estado se enriquece, la sociedad se diferencia ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 127). Al tiempo que se abolía el racionamiento y que aumentaban los salarios de la mayoría, los privilegios de la burocracia aumentaron enormemente. El crecimiento económico conllevó no una mayor igualdad, sino una división social creciente, tanto entre la clase obrera y la burocracia, como entre los trabajadores mejor y peor pagados.

Los salarios y prebendas de los funcionarios más altos aumentaban mucho más rápidamente que los salarios reales de los obreros . Algunos burócratas tenían varios cargos , y por lo tanto cobraban varios salarios . También se introdujo un sistema de subsidios para funcionarios de presidente de sóviet local para arriba . Como Marx explicó , debido a la “ necesidad generalizada ” , la lucha por la existencia amenaza con hacer resurgir “ toda la vieja basura ” . Bajo el régimen de Stalin, el proceso adoptó una forma perversa . “ Siempre y en cualquier régimen ” , observa Trotski , “ la burocracia devora una parte no pequeña de la plusvalía ” .

La regla que impedía que los funcionarios del Partido Comunista recibiesen un salario mayor al de un obrero cualificado, el máximo del partido, fue abolida formalmente el 8 de febrero de 1932. La burocracia estaba ansiosa por apropiarse de la creciente plusvalía producida por el trabajo de la clase obrera rusa. Devoraba, despilfarraba y malversaba una porción considerable de los ingresos nacionales. Un pequeño grupo de altos cargos ya estaban recibiendo privilegios desde el primer Plan Quinquenal, mediante la creación de un sistema de tiendas, centros de distribución y comedores especiales, en los que, en un periodo de gran inflación, podían comprar a precios fijos. Progresivamente se introdujeron otros privilegios: hospitales especiales, centros vacacionales, dachas , etc. Los funcionarios del Partido también recibían prebendas por conferencias, congresos y demás. La burocracia, como parásitos, quería una parte cada vez mayor de la riqueza nacional. Para impedir el colapso, y así defender el bienestar de la casta burocrática en su conjunto, hubo que recortar o limitar la corrupción. Ese era el papel del árbitro supremo, Stalin.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Trotski calculó que la burocracia soviética -compuesta por los funcionarios de los aparatos del Estado, el partido, los sindicatos, las cooperativas y el complejo militar industrial, junto a sus familias y dependientes- contabilizaban unos 20-25 millones de personas, un 12-15% de la población. Sin embargo, la burocracia no era una formación social homogénea, a diferencia del proletariado. La casta dominante, en el sentido estricto de la palabra, se componía probablemente de unas 500.000 personas, que se apoyaban en “ una pesada pirámide administrativa con unos cimientos amplios y polifacéticos ” . Era un grupo heterogéneo que iba desde dignatarios del Kremlin hasta funcionarios locales del partido y del Estado. Trotski tuvo mucho cuidado en no describir ese estrato parasitario como una nueva clase social.

Exilado a Alma-Ata y después expulsado de la URSS, León Trotski emprendió la tarea de organizar una Oposición de Izquierdas Internacional para continuar la defensa de las ideas y tradiciones del bolchevismo. Para derrotar al estalinismo era esencial definir y comprender el carácter de la reacción burocrática dentro de la Unión Soviética. Con la degeneración de la Comintern (la Internacional Comunista), Trotski dedicó el resto de su vida a organizar y rearmar teóricamente a los jóvenes cuadros revolucionarios del movimiento marxista. En un momento en que el mundo estaba hipnotizado por los asombrosos avances de los primeros planes quinquenales de la URSS, Trotski fue el único en proporcionar un análisis científico exhaustivo del estalinismo. Este logro por sí solo garantizaría su lugar en la Historia como uno de los grandes pioneros del pensamiento marxista. Sin embargo, Trotski no llegó inmediatamente a una conclusión acabada. Esto se debe al propio carácter del fenómeno. La degeneración burocrática no se produjo de la noche a la mañana. Fue un proceso contradictorio que se desarrolló durante un periodo de más de una década. Esto explica el carácter prolongado de la evaluación que Trotski hizo del estalinismo. Siguiendo escrupulosamente el método dialéctico, fue siguiendo todos los giros y recovecos, revelando en cada etapa las tendencias contradictorias y señalando el desarrollo más probable del proceso.

En su campaña contra el trotskismo, desde 1924 en adelante, los estalinistas pusieron en marcha, en nombre de la “ bolchevización ” , una purga de todos los partidos comunistas. Estos métodos organizativos provocaron escisiones y divisiones en todas las secciones nacionales, lo que llevó a que una capa de militante y ex militantes de los partidos comunistas que se oponían al estalinismo evolucionasen en todo tipo de direcciones políticas: algunos se acercaban al menchevismo y aceptaban que el capitalismo había sido restaurado en Rusia; otros definieron el régimen como de capitalismo de Estado o como algún nuevo tipo de sociedad explotadora, lo que para ellos significaba la erradicación completa del sistema soviético; otros simplemente abandonaron totalmente el movimiento revolucionario. Trotski arremetió contra estas “ nuevas ” teorías que consideraban que la URSS ya no era un Estado obrero. Todas esas ideas empezaron a tener un eco incluso dentro de la propia Oposición de Izquierdas, reflejando el ambiente dominante de pesimismo y desesperación ante el avance aparentemente irresistible de la contrarrevolución política estalinista. En un artículo escrito en 1929, titulado La defensa de la República Soviética y la Oposición, Trotski se enfrentó contundentemente a un dirigente de la Oposición alemana, Hugo Urbahns, que distorsionaba su punto de vista sobre el carácter de clase del Estado soviético asegurando que se había completado la contrarrevolución capitalista y que todo estaba perdido. Trotski argumentó que, aunque se había dado una degeneración, las conquistas básicas de la revolución seguían intactas:

Luchamos en contra de la política estalinistas. Pero la Unión Soviética es algo muy distinto de Stalin. A pesar de toda la degeneración, que combatimos y seguiremos combatiendo de la manera más decidida, mientras los obreros conscientes estén armados la Rusia soviética seguirá siendo un Estado proletario, al que defenderemos incondicionalmente en aras de nuestros propios intereses, tanto en la guerra como en la paz, a pesar de Stalin y precisamente para derrotar a Stalin, que es incapaz de defenderla con su política. El que no se mantenga absolutamente firme sobre el problema del carácter proletario de la Rusia soviética perjudica al proletariado, perjudica a la revolución, perjudica a la Oposición de Izquierda Comunista. ( Trotski , Escritos 1929-30, p. 394).

En aquel entonces , Trotski describía la burocracia soviética como una forma de centrismo burocrático , reflejando el giro de Stalin de la izquierda a la derecha y al revés . Esto era una expresión de los intentos de la burocracia de regular los antagonismos dentro de la sociedad soviética , entre el Estado obrero y el imperialismo mundial , pero de una manera cada vez más bonapartista . Para Trotski , la tarea a la que se enfrentaba la Oposición de Izquierdas no era la de formar un nuevo partido , sino luchar por la reforma del Partido Comunista actuando en su seno como fracción ; y luchar no por una nueva revolución , sino por la reforma de la URSS. La Oposición de Izquierdas Internacional defendió a toda costa esta posición hasta 1933, cuando los acontecimientos en Alemania obligaron a Trotski a reconsiderar su postura , al considerar la catástrofe de Alemania, que culminó con la victoria de Hitler, como el equivalente histórico de la traición de la socialdemocracia en agosto de 1914. Esta vez el papel jugado por los dirigentes del Partido Comunista Alemán y la Comintern fue incluso más desastroso . Con su descabellada política del socialfascismo y del llamado “ frente único desde abajo ” , los dirigentes comunistas alemanes , junto con el papel miserable jugado por los dirigentes socialdemócratas , escindieron el movimiento de la clase obrera y lo entregaron sin lucha a las manos del fascismo. La teoría del socialfascismo argumentaba que todos los partidos políticos , con la excepción del Partido Comunista , eran fascistas . Esta idea se resumía en la famosa frase de Stalin: “ objetivamente la socialdemocracia y el fascismo no son opuestos , sino gemelos ” .

La política exterior soviética

“En todas partes llamamos a la revolución obrera mundial (…) Rusia será poderosa y abundante si abandona todo desánimo y fraseología, si, con los dientes apretados, reúne todas sus fuerzas y tensa todos los nervios y músculos, si se da cuenta de que la salvación sólo se encuentra en el camino de la revolución socialista mundial, de la que hemos dado el pistoletazo de salida” (Lenin, Obras Completas, vol. 27, pp. 160-1).

“Howard: ¿Acaso esta declaración suya quiere decir que la Unión Soviética ha abandonada en alguna medida sus planes e intenciones para efectuar una revolución mundial?

Stalin: Nunca tuvimos tales planes o intenciones.

Howard: Sin duda se dará cuenta, señor Stalin, de que el mundo durante mucho tiempo ha tenido una idea diferente.

Stalin: Eso es el resultado de un malentendido.

Howard: ¿Un malentendido trágico?

Stalin: No, cómico. O quizás tragicómico…”

Roy Howard y Stalin (entrevista Howard-Stalin, marzo-abril, Communist International, 1936)

“Fuerzas de derechas y de propaganda en los EEUU presentan nuestro interés en América Latina como una intención de provocar una serie de revoluciones socialistas allí. ¡Eso es una tontería! La manera en que nos hemos comportado durante décadas demuestra que no estamos planificando nada parecido”. (Mijail Gorbachov, Perestroika - Un nuevo pensamiento para nuestro país y el mundo, pp. 187-8).

La política exterior es la continuación de la política interior. Cuando los bolcheviques llegaron al poder, toda su perspectiva se basaba en la revolución mundial. El tema clave era aguantar tanto como fuera posible mientras promovían la revolución socialista en el extranjero. El gobierno soviético publicó inmediatamente un decreto por una paz sin anexiones. Este llamamiento, en palabras de Lenin, “ debe dirigirse tanto a los gobiernos como a los pueblos. No podemos dejar de lado a los gobiernos, porque eso alejaría la posibilidad de concertar la paz, y un gobierno del pueblo no puede exponerse a eso ” (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 16), y añadía “ Nuestra propuesta de armisticio tampoco debe tener carácter de ultimátum, pues no daremos a nuestros enemigos la posibilidad de ocultar la verdad entera a los pueblos, escudándose en nuestra intransigencia ” (Lenin, Obras Completas, vol. 35, p. 21).

Como consecuencia, la Revolución Rusa provocó una oleada de fervor revolucionario en las filas de la clase obrera de todo el mundo. Para las masas, cansadas de la guerra, desilusionadas y amargadas, fue un mensaje de esperanza, inspiración y coraje, mostrando un camino de salida del caos sangriento en el que el capitalismo había sumido la sociedad.

Pero la Rusia soviética estaba rodeada por potencias hostiles, y se vio obligada a firmar una paz humillante con el imperialismo alemán en Brest- Litovsk . Poco después, la república soviética se enfrentaba a la guerra civil y la intervención extranjera enviada para aplastarla. Sin embargo, en noviembre de 1918 estallaba la revolución en Alemania. El gobierno soviético recibió el siguiente mensaje: “ Saludos de paz y libertad a todos. Berlín y los distritos colindantes están en manos del Comité de Diputados de Obreros y Soldados… ” . Tan pronto como las noticias de la revolución alemana llegaron a Rusia hubo manifestaciones espontáneas, descritas de esta manera por Karl Radek:

“De todos los rincones de la ciudad salieron manifestaciones hacia el sóviet de Moscú… Decenas de miles de obreros estallaron en aplausos salvajes. Nunca he vuelto a ver nada igual. Obreros y soldados del Ejército Rojo desfilaron hasta tarde. Había llegado la revolución”.(Karl Radek, The German Revolution and the Debate on Soviet Power, p. 35).

Lenin escribió a Trotski y Sverdlov que

“la revolución internacional se ha acercado tanto en una semana que hay que considerarla una cuestión de los próximos días (…) Estamos dispuestos a morir para ayudar a los obreros alemanes a avanzar en la revolución que ha empezado en Alemania. En conclusión: 1) Hay que hacer un esfuerzo diez veces mayor para asegurarnos el grano (vaciar todas las reservas para nosotros y para los obreros alemanes). 2) Multiplicar por diez los alistamientos en el ejército. En la primavera tenemos que tener un ejército de tres millones para ayudar a la revolución obrera internacional”. (Lenin, Obras Completas, vol. 28, pp. 364-5).

El colapso del imperialismo y del capitalismo fue señalado por revoluciones en Alemania, Austria, Hungría y por situaciones revolucionarias en Italia, Francia e incluso Gran Bretaña. Desgraciadamente, la revolución alemana fue descarrilada por los dirigentes socialdemócratas, que conspiraron con los junkers y los capitalistas para destruir la revolución y devolver el poder a los capitalistas. Fue una derrota sangrienta para los obreros alemanes, que vieron a dos de sus mejores representantes, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, asesinados. En Baviera y Hungría se proclamaron sendas repúblicas soviéticas, pero fueron derrotadas por la contrarrevolución. La socialdemocracia salvó al capitalismo. Las poderosas burocracias sindicales y socialistas se pusieron a la cabeza del levantamiento de las masas para desviarlo por canales inocuos.

Pero precisamente debido al colapso del socialismo de la Segunda Internacional, que había traicionado al marxismo, en marzo de 1919 se formó la Tercera Internacional, compuesta por grupos que apoyaban la revolución bolchevique. Sus objetivos e intenciones eran el derrocamiento del capitalismo mundial y la construcción de una cadena mundial de Repúblicas Socialistas Soviéticas unidas a la URSS, que no se concebía como una entidad independiente, sino simplemente como una base para la revolución mundial. La oleada revolucionaria que barrió Europa levantó enormes expectativas. El fantasma de la revolución recorría toda Europa. Las autobiografías y escritos de prácticamente todos los políticos capitalistas de ese momento reflejan la desesperación y la falta de confianza de la burguesía ante el desarrollo de la revolución. En Italia, en 1920, los obreros habían ocupado las fábricas. En lugar de dirigir a los obreros a la conquista del poder, el Partido Socialista les ordenó que abandonaran ese proceder “ inconstitucional ” . La situación se repetía en toda Europa.

El fracaso de la revolución fuera de Rusia se debió principalmente a las traiciones de los viejos dirigentes y también a la debilidad de los partidos y grupos comunistas existentes. Sólo en 1920, después de la formación de la Tercera Internacional, surgieron partidos comunistas de masas en Alemania, Francia, Italia y Checoslovaquia, a través de escisiones y convulsiones en las organizaciones de masas tradicionales. Sin embargo, comparado con el ruso, esos partidos eran muy jóvenes e inexpertos, lo que llevó a errores trágicos en el periodo 1920-23. Muchos de estos recién formados partidos adolecían de ultraizquierdismo y sectarismo. En 1920, Lenin se vio obligado a plantear el tema de estas enfermedades “ infantiles ” en el 2º Congreso de la Comintern y escribió su obra El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.

Las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, entre 1919 y 1922, son un conjunto de tácticas y estrategia para guiar al movimiento comunista. El éxito de la revolución mundial parecía asegurado por la marcha de los acontecimientos. Todo estaba en su lugar para la oleada revolucionaria que se estaba desencadenando. Sin embargo, las posiciones correctas de Lenin fueron socavadas por Zinoviev y Stalin. Sus métodos burocráticos tuvieron un efecto particularmente desastroso en Alemania, donde la dirección del Partido Comunista quedó desorientada tras el asesinato en 1919 de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Paul Levy fue el primero en ponerse a la dirección. Levy mostró toda una serie de tendencias oportunistas que fueron duramente criticadas por el ala ultraizquierdista del partido (Ruth Fischer y Arkady Maslow). Lenin y Trotski también eran críticos con Levy, pero lo defendieron contra los “ izquierdistas ” . Nunca siguieron la política de apartar burocráticamente a dirigentes, aunque cometieran errores. En una ocasión, Lenin advirtió a Bujarin: “ Si quieres obediencia, obtendrás tontos obedientes ” . Preferían educar a la militancia a través de la explicación paciente, la discusión y la crítica amistosa.

Cuando, contra el consejo de Lenin, los “ izquierdistas ” finalmente apartaron a Levy y éste más tarde evolucionó hacia la derecha, Lenin comentó: “ Bien, perdió la cabeza. Pero tenía una cabeza para perder ” . Pronto su escepticismo respecto a la nueva dirección “ izquierdista ” demostró ser correcto. En marzo de 1921, bajo la dirección de Fischer y Maslow, el inexperto Partido Comunista Alemán se embarcó en una insurrección mal preparada, sin apoyo de masas, que acabó en una grave derrota para los comunistas. La ofensiva revolucionaria de la llamada Acción de marzo llevó a la perdida de 200.000 afiliados y al aislamiento del partido. Como resultado de este desastre, Lenin y Trotski tuvieron que abrir una dura lucha contra los ultraizquierdistas que defendían esa aventura, ya que si se permitía la continuación de semejantes actividades el movimiento comunista se habría roto. En lugar de la impaciencia y el aventurerismo, los comunistas necesitaban “ explicar pacientemente ” y ganar a la mayoría de la clase obrera para su causa. Siguiendo sus métodos habituales, Zinoviev hizo apartar a Fischer y Maslow y los sustituyó por los “ derechistas ” Brandler y Thalheimer. En lugar de intentar reeducar el partido y la dirección en el transcurso de la acción y la discusión común, estos métodos zinovievistas (maniobras utilizando el aparato para “ resolver ” las disputas internas del partido) tuvieron un efecto desmoralizador sobre sectores de la militancia y desorientaron a la dirección.

La Revolución Alemana de 1923

La guerra mundial no había resuelto ninguno de los problemas del capitalismo mundial. De hecho los había agravado. El capitalismo se había roto por su eslabón más débil. Los intentos de destruir la joven República Soviética mediante guerras de intervención habían fracasado completamente. El capitalismo alemán, el más poderoso de Europa, se encontró desposeído de sus bienes y recursos, de parte de su territorio, cargando con el peso de enormes indemnizaciones de guerra y en general en una situación imposible. Los imperialistas británicos y franceses, los “ vencedores ” de la guerra, no estaban en esencia en mejor situación. Las masas coloniales y semicoloniales, animadas por la revolución rusa, estaban a punto de rebelarse; las de las metrópolis estaban descontentas, y la situación económica del imperialismo anglo-francés había empeorado considerablemente en comparación con el capitalismo japonés y norteamericano. Fue en esta situación internacional cuando estalló la crisis alemana de 1923. Alemania, con su alta capacidad productiva, tenía las alas cortadas por las restricciones impuestas por Versalles y se había convertido en el eslabón más débil de la cadena del capitalismo mundial. El impago de las indemnizaciones por parte de Alemania llevó a los capitalistas franceses a marchar sobre el Ruhr, lo que ayudó a completar el colapso de la economía alemana. La burguesía alemana se esforzó en descargar el peso de la crisis sobre las espaldas de la clase obrera y las capas medias, provocando una crisis aguda y una situación cada vez más revolucionaria en todo el país.

En esta situación, el colapso del marco alemán y la toma de las tierras del Rin por parte de los ejércitos del imperialismo francés en 1923 provocaron la revolución. Si Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht no hubieran sido asesinados en 1919, hay pocas dudas de que hubieran proporcionado la dirección necesaria para asegurar la victoria de la clase obrera. Esta afirmación puede parecer paradójica, dado el hecho objetivo de que Rosa Luxemburgo siempre había insistido en el papel central de la iniciativa espontánea del proletariado en la revolución, pero en realidad no hay contradicción. Incluso el movimiento de masas más turbulento necesita organización y dirección para poder vencer el poder del Estado burgués y transformar la sociedad. Los acontecimientos de 1923 son la prueba más clara de esto. Ante la ausencia de Luxemburgo y Liebknecht, el partido alemán sufrió una crisis de dirección. Los cambios subsiguientes, en los que la Internacional Comunista, bajo la inspiración de Zinoviev , jugó un papel altamente pernicioso, descabezaron al partido. La política de eliminar a dirigentes que no estuviesen a favor de Moscú sentó un precedente muy negativo, que más tarde fue utilizado para estalinizar la Internacional Comunista y, en última instancia, para destruirla. Era un método totalmente ajeno al bolchevismo. Los obreros no tenían la posibilidad de aprender mediante la experiencia, debatir los problemas y decidir por sí mismos qué dirigentes valían y cuáles no. Este proceso es necesariamente lento. Se tardan décadas en desarrollar los cuadros que permiten el surgimiento de una dirección auténticamente revolucionaria. Pero no hay atajos. El Partido Bolchevique se desarrolló precisamente así durante un largo periodo preparatorio antes de 1917. También cometieron todo tipo de errores. Pero a través de los errores, siempre que se admitan honestamente y se evalúen, se aprende y se avanza. Con maniobras burocráticas y el intento de establecer la infalibilidad de la dirección, no se puede construir un auténtico partido revolucionario ni en mil años.

Con estos métodos, Zinoviev y sus seguidores minaron completamente la dirección alemana. El resultado fue que, cuando estalló la oleada revolucionaria en 1923, estaban desorientados. Brandler se fue a Moscú a buscar consejos sobre qué hacer. Aquí el accidente jugó un papel. Tanto Lenin como Trotski estaban enfermos y no pudieron recibirlo. En lugar de eso se encontró con Stalin y Zinoviev , que le dieron orientaciones totalmente equivocadas. Repitiendo su error de octubre de 1917, cuando él y Kámenev se opusieron a la insurrección, Zinoviev expresó abiertamente su escepticismo sobre las perspectivas revolucionarias en Alemania. Como siempre, el radicalismo verbal de la gente con tendencias burocráticas no es más que la otra cara de su conservadurismo innato y su falta de confianza en las masas. Zinoviev urgió cautela, y en la práctica aconsejó a los alemanes que no hicieron nada. Stalin fue todavía más crudamente oportunista. Su postura difería de la de Zinoviev sólo en que él ni siquiera estaba interesado en los problemas de la revolución alemana, que no eran más que una distracción de sus maniobras en el aparato. De mente estrecha y provinciano, tenía un arraigado desprecio por los obreros de Europa occidental, de los que pensaba que nunca iban a realizar una revolución. Con su oportunismo orgánico, Stalin aconsejó al partido alemán que no acometiese ninguna acción. Su consejo a los dirigentes alemanes fue sorprendente: “ Dejad que los fascistas lo intenten primero ” (!).

El éxito de la revolución no depende exclusivamente de la existencia de las condiciones objetivas en un país en un momento dado. También depende crucialmente de la existencia de lo que los marxistas denominamos el factor subjetivo, un partido revolucionario de masas con una dirección decidida y con una orientación clara. El viejo Engels ya explicó hace tiempo que, unas veces, pasan veinte años y parece que pasó un día, y otras, en 24 horas parece que pasaron veinte años. Esto quiere decir que una situación revolucionaria puede tardar años en desarrollarse, pero la oportunidad se puede perder en unos pocos días, a no ser que haya una dirección revolucionaria preparada que sepa aprovechar el momento. Si no es así, la oportunidad puede tardar décadas en volver a presentarse. Hay razones importantes para que las cosas sean así, como entenderá cualquiera que se pare a pensar un momento. ¿Cómo puede ser que un pequeño puñado de capitalistas puedan imponer su dominio sobre millones de hombres y mujeres? El sistema capitalista no recurre normalmente a la violencia para mantenerse (aunque utilizará los métodos más brutales si son necesarios). El secreto consiste en la enorme fuerza del hábito y la rutina que predomina en períodos “ normales ” . Las masas se acostumbran a una vida de esclavitud y sumisión a sus “ superiores ” desde el momento de su nacimiento. Esta “ normalidad ” es santificada por la religión, la moralidad, las leyes y las costumbres, y no es cuestionada por la inmensa mayoría, que la considera como algo eterno y natural. Sólo en ciertos momentos críticos, cuando los grandes acontecimientos sacuden a las masas de su sopor, sólo entonces empiezan a liberarse del peso muerto de las costumbres y empiezan a buscar una salida por caminos nuevos y no probados. Estos periodos son excepcionales por su propio carácter.

Por este motivo es necesario preparar el partido revolucionario por adelantado. No se puede improvisar al calor de los acontecimientos. Este, en esencia, es el mensaje del libro de Trotski Lecciones de Octubre, escrito en 1924 para dar a conocer a los cuadros de los jóvenes partidos comunistas, especialmente del partido alemán, la experiencia real del bolchevismo en 1917. La Revolución Rusa no era una excepción. Es cierto que, al igual que cualquier revolución, tenía ciertas peculiaridades concretas y que tuvo lugar en un país atrasado muy diferente de las industrializadas Alemania y Gran Bretaña. Pero hay muchas características que son comunes a todas las revoluciones, y por eso se pueden trazar paralelismos y extraer lecciones. Si la Revolución Rusa demuestra de manera positiva la corrección del bolchevismo, los acontecimientos alemanes de 1923 demuestran lo mismo, sólo que de manera negativa. En ambos casos la dirección jugó un papel decisivo. Pero mientras que la dirección de Lenin y Trotski condujo a los obreros rusos a la victoria, los dirigentes del PC alemán, siguiendo los consejos de Stalin y Zinoviev , llevaron la revolución a la derrota.

Las direcciones de la Internacional y del partido alemán no estuvieron a la altura de las circunstancias y fueron incapaces de aprovechar la oportunidad. Un triunfo en Alemania hubiera llevado inevitablemente a la victoria en toda Europa. Pero al igual que en Rusia en 1917, en Alemania en 1923 secciones de la dirección vacilaron. Brandler y la dirección alemana en la práctica fueron frenados por Stalin, Radek y Zinoviev , que descartaron la propuesta de Trotski de un plan para la insurrección y se encontraron con una tentativa de toma del poder furtiva y chapucera que acabó en un fiasco. Alarmado y escandalizado, Trotski escribió Lecciones de Octubre en un intento de que los dirigentes de los partidos comunistas sacaran las conclusiones necesarias de los acontecimientos alemanes. Pero la camarilla de Stalin, Zinoviev y Kámenev, a escondidas, estaban apostando por el poder y no podían aceptar una discusión honesta de los acontecimientos alemanes, que hubiera dañado su prestigio. El trabajo de Trotski fue el punto de partida de un ataque furioso contra el supuesto trotskismo, y su mensaje central quedó sepultado bajo una montaña de mentiras y calumnias. Ya se estaban sustituyendo los métodos de Lenin por los métodos propios de una burocracia dirigista que exige la aceptación acrítica de lo emanado de una dirección omnisciente e infalible como el Papa.

“Socialismo en un solo país”

Esta derrota reforzó la reacción burocrática en Rusia. Con Lenin moribundo, Stalin, Zinoviev y Kámenev empezaron a intrigar contra Trotski . Estos movimientos simplemente sirvieron para reforzar la posición de Stalin y fortalecer el poder de la burocracia. Stalin, que nunca se había interesado especialmente por las perspectivas internacionales, cada vez era más escéptico sobre la revolución internacional. Este escepticismo empezó a manifestarse en la Unión Soviética con la teoría del socialismo en un solo país, el giro hacia la derecha en la política económica y el apoyo a los kulaks y los nepmen . Esta “ teoría ” surgió directamente de la derrota que la revolución había sufrido en Alemania. Indicaba un alejamiento de los principios del internacionalismo revolucionario en los que se había basado la Revolución Rusa y sobre los que se había fundado la Tercera Internacional.

En ese momento, Stalin no tenía la más mínima noción de adónde iba a llevar esa teoría a la Unión Soviética y la Comintern. La transición de la política de la revolución mundial a la del socialismo en un solo país expresaba un brusco giro hacia la derecha en la Comintern. Los dirigentes jóvenes e inmaduros de la Internacional cayeron rápidamente bajo el control de la camarilla de Stalin en el Kremlin, que los utilizó cínicamente como agentes de su política exterior. Aquellos que se resistían eran purgados.

En 1928, León Trotski predijo que si la Internacional Comunista aceptaba la teoría del socialismo en un solo país, sería el inicio de un proceso que culminaría inevitablemente en la degeneración nacional-reformista de todos y cada uno de los partidos comunistas del mundo, estuvieran o no en el poder. En una predicción brillante, Trotski advirtió a los dirigentes de los partidos comunistas:

“Si es posible, en general, realizar el socialismoen un solo país, debemosadmitirestatesis no solamentedespués de la toma del poder, sino también antes. Si el socialismo es realizable en el marconacional de la URSS atrasada, con mayor razón lo seráen la Alemania avanzada. Mañana, losresponsables del Partido Comunista Alemán desarrollaránestateoría. El proyecto de programa les da ese derecho. Pasadomañanavendrá el turno del Partido Comunista Francés. Este será el comienzo de la disgregación de la Internacional Comunistasiguiendo la línea del socialpatriotismo”. (Trotski, La Internacional Comunistadespués de Lenin, Akal editor, p. 152).

La política exterior pasó a estar dominada por Stalin, que había perdido completamente la confianza en la clase obrera internacional y estaba desesperadamente buscando aliados para “ defender a la Unión Soviética de un ataque ” . La Comintern estaba quedando reducida al papel de guarda-fronteras e instrumento pasivo de la política exterior de Moscú. En la Revolución China de 1925-27, donde millones de personas entraron en acción, la Comintern, en lugar de basarse en los obreros y campesinos para llevar adelante la revolución, como siempre había sido la política de Lenin en Rusia, prefirió subordinarse a los capitalistas y generales chinos que rodeaban a Chiang Kai- shek en el partido nacionalista Kuomintang*. Stalin describió el Kuomintang como un “ bloque revolucionario de cuatro clases ” , que a principios de 1926 fue admitido como miembro de la Internacional Comunista. Chiang fue elegido, con el único voto en contra de Trotski , como miembro honorífico del Comité Ejecutivo de la Internacional. La Oposición de Izquierdas advirtió de las consecuencias de esta política menchevique. El Partido Comunista Chino era el único partido obrero y tenía una influencia mayoritaria entre los trabajadores; el campesinado estaba mirando el ejemplo de Rusia, buscando en la toma de la tierra una salida a siglos de sufrimiento a manos de los terratenientes.

* La ortografía moderna de Kuomintang es Guomindang. Sin embargo, en todo el libro se utiliza tanto la ortografía moderna como la antigua.

Bajo las órdenes de Stalin, y por miedo a incomodar a los capitalistas y terratenientes del Kuomintang, se impidió a los comunistas chinos ponerse a la cabeza de la revolución agraria. La Comintern se negó obstinadamente a adoptar la política de independencia de clase en la que Lenin tanto había insistido como requisito previo para la política comunista ante las revoluciones democráticas y antiimperialistas en Oriente. El 20 de marzo de 1926, la dirección del Kuomintang, bajo la dirección de Chiang Kai- shek , organizó un golpe de Estado contrarrevolucionario. Inmediatamente, se procedió a arrestar a los dirigentes comunistas y sindicales. Chiang también masacró a los obreros comunistas del baluarte revolucionario de Shanghai . Para proteger la autoridad de Stalin, se suprimieron todas las noticias sobre este golpe de Estado de derechas en la Unión Soviética. Inprecor (el periódico de la Internacional) descalificó las informaciones sobre el golpe como “ una invención de los imperialistas ” . Sólo cuando la derrota de la revolución era ya completa, Stalin ordenó una insurrección sangrienta en Cantón, una auténtica aventura, que descabezó la vanguardia proletaria. Stalin sacó la conclusión de que “ el golpe de Chiang Kai- shek es uno de esos zigzags en el curso de la Revolución China, necesario para limpiar la revolución de escoria e impulsarla hacia adelante… ” . (Stalin, Obras Completas, vol. 9, p. 265).

Mientras tanto, en Gran Bretaña, donde las masas estaban pasando por un proceso de intensa radicalización, se seguía una política igualmente oportunista. Como una manera de combatir el peligro de intervención contra la Unión Soviética, los sindicatos rusos establecieron un acuerdo de cooperación con el Comité General del Trade Union Council (TUC), el llamado Comité Anglo-ruso. El sesgo revolucionario de los acontecimientos en Gran Bretaña se puede ver en el hecho de que un millón de afiliados, una cuarta parte de la militancia sindical total, estaban organizados en el Movimiento Minoritario, organizado por los comunistas. Trotski , analizando la situación en Gran Bretaña, había predicho el estallido de una huelga general. La tarea del Partido y de la Internacional comunistas tenía que haber sido la de preparar a los obreros para la traición inevitable de los dirigentes sindicales. En lugar de eso, sembraron ilusiones, especialmente permitiendo a los burócratas sindicales británicos cubrirse con el prestigio del Comité Anglo-ruso. Después de la traición a la huelga general de 1926 por parte de la burocracia sindical, Trotski exigió que los sindicatos rusos rompieran relaciones con el TUC británico. Pero Stalin y la Comintern se negaron a hacerlo. Después de utilizar el Comité Anglo-ruso tanto como lo necesitaron, más de un año después de la huelga general, los dirigentes sindicales británicos tomaron la iniciativa y rompieron relaciones. La Comintern se quejó de que había sido traicionada. El joven Partido Comunista Británico debería haber aumentado masivamente su militancia e influencia como resultado de estos grandes acontecimientos. Desgraciadamente, siguiendo la línea de la Internacional, fue dando tumbos detrás de los “ izquierdistas ” del Consejo General del TUC, que a su vez iban dando tumbos detrás de dirigentes de derechas como Citrine y Thomas. El PC quedó desorientado por esta política oportunista de la Internacional y fue incapaz de aprovecharse de las oportunidades que se habían abierto. Su punto de vista queda resumido en estas declaraciones de J. T. Murphy, miembro del Comité Central, que en vísperas de la huelga escribió:

“Nuestro partido no tiene posiciones dirigentes en los sindicatos. No lleva a cabo negociaciones con los empresarios ni con el gobierno. Sólo puede aconsejar y poner sus fuerzas al servicio de los obreros dirigidos por otros…. Hacerse ideas exageradas sobre las posibilidades revolucionarias de esta crisis y visiones del ‘surgimiento espontáneo durante la lucha’ de una nueva dirección, etc., es una fantasía…”.(Citadoen The History of Communism in Britain, Brian Pearce and Michael Woodhouse, p. 99, London, 1995).

Estas derrotas de la Internacional Comunista en China y Gran Bretaña, debidas directamente a la política de Stalin y de la burocracia, paradójicamente aumentaron el poder de ésta en la Unión Soviética. La Oposición de Izquierdas, dirigida por Trotski , que había analizado correctamente y previsto estos acontecimientos, fue expulsada del Partido Comunista y de la Internacional.

El ‘tercer periodo’

Stalin se había quemado los dedos en su intento de apoyarse en los elementos capitalistas en China y de conciliarse con la burocracia sindical en Gran Bretaña y decidió orientar la Comintern bruscamente en dirección contraria. Violando los estatutos de la Internacional, no se había celebrado ningún congreso en cuatro años. Se convocó uno en 1928, que introdujo oficialmente el programa del socialismo en un solo país en el programa de la Internacional Comunista. También proclamó el fin de la estabilidad capitalista y el inicio de lo que se denominó el tercer periodo. A diferencia del periodo de levantamientos revolucionarios que siguió a 1917 (el primer periodo) y el de relativa estabilidad capitalista después de 1923 (el segundo periodo), este llamado tercer periodo supuestamente iba a anunciar el colapso del capitalismo mundial. Al mismo tiempo, la socialdemocracia, según la famosa teoría de Stalin (hoy muerta y enterrada), supuestamente se había transformado en socialfascismo . No había ninguna posibilidad de acuerdo entre los comunistas y los socialfascistas , que representaban el principal peligro al que se enfrentaba la clase obrera.

Precisamente en este periodo el mundo capitalista se vio afectado por la recesión sin precedentes de 1929-33. Alemania fue particularmente golpeada. El nivel de vida colapsó. Los obreros alemanes se enfrentaban a la degradación y la miseria, mientras que las capas medias también estaban arruinadas. Las cifras del paro en Alemania aumentaban constantemente, llegando a alcanzar un máximo de 6 millones. Las capas medias, que no habían recibido nada de la revolución de 1918, desmoralizadas por la incapacidad de los comunistas de tomar el poder en 1923, ahora, desesperadas y angustiadas, empezaban a buscar una solución a sus problemas en otra dirección. Financiados y apoyados por los capitalistas, los nazis empezaron a asegurarse una base de masas en Alemania. En las elecciones de septiembre de 1930 consiguieron casi seis millones y medio de votos. La política de Stalin había tenido un efecto desastroso en la Internacional Comunista. El bandazo a la izquierda en la URSS, expresado en la política de colectivización forzosa y la locura del “ Plan Quinquenal en cuatro años ” , encontró su reflejo en el terreno internacional en la teoría ultraizquierdista del tercer periodo y el socialfascismo . Esta política tuvo sus consecuencias más terribles en Alemania, donde fue directamente responsable de la división de la clase obrera y de permitir la llegada de Hitler al poder sin lucha.

La clase obrera alemana era una de las más poderosas del mundo, con fuertes organizaciones obreras y cientos de miles de obreros organizados en milicias comunistas y socialistas. El Partido Comunista Alemán, junto con la socialdemocracia, constituía la fuerza más poderosa de Alemania. En el momento del primer avance electoral importante de Hitler, en 1930, el Partido Comunista tenía cuatro millones y medio de votos y la socialdemocracia ocho millones y medio, que sumados eran más del doble que los nazis. A pesar de su expulsión de la Internacional Comunista, Trotski y sus seguidores todavía se consideraban parte de ésta y exigían insistentemente su readmisión. Al mismo tiempo sometían la política suicida adoptada por la Comintern a una crítica implacable. Exigían la vuelta a la política leninista de frente único de comunistas y socialdemócratas, como una manera de ganar para el comunismo a las masas socialistas en la acción y a través de su propia experiencia. Con la victoria de Hitler en las elecciones, Trotski hizo sonar las alarmas. En un documento titulado El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania lanzó la consigna para una campaña de tres años por parte de la Oposición de Izquierdas Internacional de la Comintern, como los trotskistas se consideraban a sí mismos. En Alemania, Francia, EEUU , Gran Bretaña, en la lejana Sudáfrica, en todos los países donde tenían grupos, los trotskistas hicieron campaña exigiendo que el Partido Comunista Alemán lanzase una campaña por el frente único con los socialdemócratas para impedir que Hitler llegase al poder.

Las fuerzas conjuntas de los comunistas y los socialdemócratas eran más que suficientes para derrotar a los fascistas, si se hubiesen unido con un programa serio de lucha. Sin embargo, en 1933, Hitler pudo vanagloriarse de haber llegado al poder “ sin romper ni un cristal ” . Esta situación monstruosa se derivaba de la parálisis del proletariado alemán como consecuencia de la política de los dirigentes socialdemócratas y estalinistas. En 1931, los estalinistas llegaron a formar un frente único no declarado con los nazis para derrocar el gobierno socialdemócrata en Prusia (en el llamado Referéndum Rojo). Llegaron a plantear la consigna de “ golpear a los pequeños Scheidemanns en el patio de la escuela ” , una invitación a los hijos de los comunistas a atacar a los de los socialdemócratas. Jan Valtin, un activista del Partido Comunista en aquel entonces, recuerda su experiencia:

Era una alianza muy grotesca, nunca proclamada o reconocida oficialmente por las burocracias roja o marrón, pero a pesar de eso un hecho terrible. Muchos de los miembros ordinarios del partido se resistieron tozudamente; demasiado disciplinados para denunciar al Comité Central abiertamente, se embarcaron en una campaña silenciosa de resistencia pasiva, por no decir sabotaje. Sin embargo, los elementos comunistas más activos y leales, entre ellos yo mismo, nos lanzamos enérgicamente a la acción para transformar esta última Parteibefehl [orden del partido] en realidad. Se acordó una tregua temporal y una combinación de las fuerzas entre los seguidores de Stalin y de Hitler en cuanto veían una oportunidad para atacar y reventar actos y manifestaciones del frente democrático. Sólo en 1931 participé en docenas de acciones terroristas de este tipo junto a los elementos más pendencieros de los nazis. Yo y mis camaradas simplemente seguíamos órdenes del partido. Voy a describir algunas de estas acciones, que son características de la alianza Dimitrov-Hitler, para ilustrar lo que estaba pasando en toda Alemania en ese periodo.

En la primavera de 1931, el Sindicato del Transporte y General socialista había convocado una conferencia de delegados de la marina y estibadores de todos los puertos más importantes de Alemania occidental. La conferencia se celebró en la Casa Obrera de Bremen. Era un acto público y los obreros estaban invitados a seguir los debates. El Partido Comunista envió un correo a los locales del Partido Nazi, con una petición de colaboración para reventar la conferencia sindical. Los nazis estuvieron de acuerdo, como siempre en esos casos. Yo era el responsable de operaciones por el Partido Comunista y un dirigente de las tropas de asalto llamado Walter Tidow lo era por los nazis. En menos de dos minutos, acordamos un plan de acción. Nada más empezar la conferencia de los socialdemócratas, me levanté y lancé una arenga desde la galería. En otra parte de la sala Tidow hizo lo mismo. Los delegados sindicales al principio se quedaron sin habla. Entonces el presidente ordenó la expulsión de los dos provocadores, Tidow y yo, de la sala. Nos sentamos tranquilamente, mirando desafiantemente a los dos grupos de sindicalistas fornidos que avanzaban hacia nosotros con la intención de echarnos de la sala. Nos negamos. En cuanto el primer delegado sindical nos tocó, nuestros seguidores se levantaron y se armó un cisco. Se rompieron los muebles, se golpeó a los participantes y en toda la sala reinó la confusión. Conseguimos llegar a la calle y nos dispersamos antes de que llegasen las ambulancias y los rollkomandos de la policía. Al día siguiente los periódicos nazis y la prensa de nuestro propio partido publicaban artículos en la portada sobre cómo los obreros “socialistas”, irritados por la “traición” de sus propios dirigentes corruptos, les habían dado una buena “lección proletaria”. (Jan Valtin, Outofthe Night, pp. 252-3).

Con estos métodos se entregó a la poderosa clase obrera alemana atada de pies y manos a los nazis. Las organizaciones obreras fueron destruidas. Comunistas y socialdemócratas sin distinción acabaron en los campos de concentración de Hitler. La URSS quedó en una situación terriblemente peligrosa. Este fue el resultado de la política del socialfascismo .

La victoria de Hitler

Siguiendo instrucciones directas de Stalin y la Comintern, el Partido Comunista Alemán denunció la política de frente único defendida por la Oposición de Izquierdas como socialfascista y contrarrevolucionaria, e insistió en considerar a la socialdemocracia como el principal enemigo de la clase obrera y argumentó que no había ninguna diferencia entre la democracia y el fascismo. En septiembre de 1930, el órgano del Partido Comunista Alemán, el Rote Fahne, proclamó: “ La pasado noche fue el día del señor Hitler, pero la llamada victoria electoral de los nazis es el principio del fin ” . Durante todos estos años, la Comintern siguió con esa política criminal. Incluso en mayo de 1932, el periódico comunista británico Daily Worker atacaba orgullosamente la política de los trotskistas en Alemania de esta manera: “ Es significativo que Trotski se haya pronunciado por un frente único entre los partidos comunista y socialdemócrata contra el fascismo. En un momento como el actual no se podía haber dado una dirección de clase más contrarrevolucionaria y obstruccionista ” . Mientras, Trotski había escrito cuatro documentos y decenas de artículos y manifiestos, y en todas partes los trotskistas aprovechaban el menor resquicio para presionar a la Comintern para que cambiase su política. En vano. En enero de 1933, Hitler pudo tomar el poder sin ningún tipo de oposición en el país con la clase obrera más organizada y el Partido Comunista más grande fuera de la Unión Soviética. Por primera vez en la Historia, se permitía a la reacción tomar el poder sin ninguna resistencia por parte de los trabajadores.

Con esta traición, el Partido Comunista Alemán quedaba condenado. Pero la Comintern, lejos de reconocer la catástrofe, ratificó solemnemente la política del Partido Comunista Alemán y de la Internacional como perfectamente correctas. En lugar de reconocer el episodio como una importante derrota para los obreros alemanes, la Comintern lo declaró una victoria con la consigna “ ¡después de Hitler nos toca a nosotros! ” . La degeneración de los partidos de la Internacional Comunista había llegado hasta tal punto que no hubo ni un murmullo de protesta u oposición en sus filas. La única conclusión que cabía sacar, al igual que con la Segunda Internacional en 1914, era que la Tercera Internacional (Comunista) estaba muerta políticamente y ya no se podía considerar como un instrumento para la revolución socialista. En marzo de 1933, Trotski cambió su perspectiva de reforma de los partidos comunistas y de la URSS: en vez de luchar por la reforma del Partido Comunista Alemán, ahora hizo una llamada a la construcción de un nuevo partido. En julio, Trotski escribía:

Con la impotenciacadavez mayor de la Comintern, con la parálisis de la vanguardiaproletariainternacional y, enestascondiciones, con el avance inevitable del fascismo mundial, el triunfo de la contrarrevoluciónsería inevitable en la URSS. Naturalmente, losbolchevique-leninistasseguirántrabajandoen la URSS pese a las condicionesimperantes. Pero lo únicoquepuedesalvar al Estado obreroserá la intervención del movimientorevolucionariomundial. Nunca en la Historia las condicionesobjetivas para estaregeneraciónhansido tan favorablescomoahora. Lo quefalta es el partidorevolucionario. La camarilla estalinistasólopuedegobernardestruyendo el partido, tanto en la URSS comoen el resto del mundo. Sólo se puedesalir de estecírculoviciosorompiendo con la burocraciaestalinista. Hay queconstruir un nuevo partido, bajo unabanderalimpia”. (Trotski, Escritos 1933-34, pp. 26-7)

Una organización que no puede aprender de las lecciones de la Historia está condenada. Como fuerza para el socialismo mundial, la Internacional Comunista estaba muerta. La Oposición Internacional de Izquierdas rompió con ella y proclamó la necesidad de una nueva Internacional. Pero lo que estaba claro para la vanguardia que había abandonado el intento de reformar la Comintern no estaba claro para las masas. Sólo grandes acontecimientos podían enseñarles. Sobre la base de estos acontecimientos Trotski llegó a la conclusión de que había que construir nuevos partidos y una Cuarta Internacional. Esta fue la tarea a la que se dedicó hasta su asesinato por un agente de Stalin en agosto de 1940.

En la Unión Soviética estaba claro que la burocracia se había independizado cada vez más de la clase obrera. Los últimos vestigios de control obrero habían sido eliminados. Stalin se había vanagloriado de que los “ cuadros sólo podrían ser apartados mediante una guerra civil ” . La cantidad se había transformado en calidad. Esto llevó a Trotski a la conclusión de que la contrarrevolución estalinista había alcanzado un nuevo punto de inflexión y que se necesitaba una revolución adicional (una revolución política) para desplazar a la burocracia y restablecer un régimen de auténtica democracia obrera.

“ Luego de las experiencias de los últimos años sería infantil suponer que se puede eliminar a la burocracia estalinista a través de un congreso del partido o de los sóviets ” , escribía Trotski . “ En realidad, el último congreso del Partido Bolchevique, el duodécimo, tuvo lugar a comienzos de 1923. Todos los posteriores fueron mascaradas burocráticas. Y hoy hasta éstos quedaron descartados. No quedan caminos ‘constitucionales’ normales para eliminar a la camarilla dominante. Sólo por la fuerza se podrá obligar a la burocracia a dejar el poder en manos de la vanguardia proletaria ” . Y concluía diciendo: “ De todos modos, no se tratará de una insurrección armada contra la dictadura del proletariado, sino de la extirpación de una maligna excrecencia de ésta ” . ( Trotski , Escritos 1933-34, pp. 179-80). La posición anterior de reforma del partido y del Estado soviético había quedado obsoleta. Este análisis iba a ser confirmado en breve por la experiencia sangrienta de las purgas.

La Internacional Comunista siguió aplicando esta falsa política hasta 1934. Cuando los fascistas en Francia, envalentonados por los éxitos del fascismo en Austria y en Alemania, organizaron manifestaciones armadas por derrocar al gobierno liberal y el parlamento, el Partido Comunista ordenó a sus militantes manifestarse con ellos. Pero ahora el peligro que Hitler representaba para la Unión Soviética era evidente para todo el mundo. Stalin y la burocracia estaban aterrorizados. Despreciando cínicamente la capacidad de la Comintern como instrumento de la revolución mundial, Stalin la convirtió más abiertamente en un instrumento de la política exterior rusa. En una sociedad clasista, una organización que deja de representar a la clase obrera cae inevitablemente bajo la presión e influencia de la burguesía. Stalin, en su búsqueda de aliados, se orientó a la burguesía de Gran Bretaña y Francia. La política de frente popular fue iniciada y aprobada en el que iba a ser el séptimo y último congreso de la Internacional, celebrado en 1935. Lenin había combatido toda su vida contra esta política de coalición con los capitalistas liberales. Representaba una nueva etapa en la degeneración de la Comintern y del primer Estado obrero del mundo.

Frentepopulismo

A pesar de que los años 30 vieron la consolidación del poder personal de Stalin, el régimen burocrático no era estable. El bonapartismo, por su propia naturaleza, es un régimen de crisis social. Stalin se obsesionó con la seguridad interna y por lo tanto intentó establecer relaciones diplomáticas normales con las potencias capitalistas. Después de 1933, Stalin esperaba establecer relaciones diplomáticas más cercanas con la Alemania de Hitler. “ Por supuesto que estamos muy lejos de ser entusiastas del régimen fascista en Alemania ” , declaró Stalin, “ Pero aquí no se trata del fascismo, aunque sea solamente por el hecho de que el fascismo en Italia, por ejemplo, no ha impedido a la URSS establecer las mejores relaciones con ese país ” . Pero después de ser desairado por Hitler, y alarmado por el rápido rearme de Alemania, Stalin empezó a buscar otros aliados. Enseguida se unió a la Liga de Naciones, previamente denunciada por Lenin como una “ cocina de ladrones ” . Para contrarrestar la amenaza militar, se urgió a la Comintern a promover la llamada política de “ seguridad colectiva ” . Esto formaba parte de un cambio brusco de política anunciado en el 7º Congreso de la Internacional: la política de frente popular. En 1943, en un nuevo gesto hacia sus aliados imperialistas, Stalin disolvió completamente la Comintern.

La política de frente popular se basaba en alianzas entre partidos obreros y partidos burgueses. Esto era totalmente ajeno al método de Lenin y Marx, que siempre habían insistido en una política de independencia de clase. La concepción de que es posible llegar a un acuerdo entre la clase obrera y la llamada ala democrática de la burguesía es falsa hasta la médula. ¡Este tipo de “ unidad ” es como la unidad entre caballero y caballo! Pasa por alto el conflicto entre el trabajo asalariado y el capital. La política de los capitalistas, ya sean de corte liberal o conservador, siempre está dictada por sus intereses económicos. En tiempos de crisis, la burguesía puede tratar de apoyarse en los dirigentes obreros para mantener a los trabajadores bajo control, pero sólo para darles en los dientes cuando ya han servido a sus propósitos.

El frente popular era simplemente una mera resurrección de la vieja política “ liberal-laborista ” de colaboración de clases, criticada implacablemente por Marx y todavía más por Lenin, que combatió toda su vida contra las ilusiones en la burguesía liberal. Mientras que en ciertas condiciones pudiera ser aceptable conformar alianzas temporales con los liberales con objetivos prácticos, toda la historia del movimiento obrero demuestra que las lianzas programáticas acaban en desastre. En los escritos de Marx y Engels, y especialmente en los de Lenin, siempre se caracteriza a la burguesía liberal como una clase cobarde y reaccionaria, incapaz de llevar adelante las tareas de la revolución democrático-burguesa.

Ya Marx y Engels habían entendido y explicado el carácter contrarrevolucionario de la burguesía en 1948-49, en escritos como Revolución y contrarrevolución en Alemania. En 1906, en su libro Resultados y perspectivas, Trotski señaló que la burguesía en países atrasados y semifeudales como la Rusia zarista había llegado a la escena de la Historia demasiado tarde para llevar adelante su misión histórica. Atada a los bancos por una parte y vinculada por miles de hilos a la clase terrateniente y al imperialismo por otra, era orgánicamente incapaz de luchar contra la monarquía y el feudalismo. Los capitalistas invertían en la tierra y los terratenientes en la industria. De esta manera formaban un bloque reaccionario contra el progreso. Independientemente de las diferencias que pudieran existir entre ellos (y los liberales rusos se enfrentaron con la autocracia frecuentemente, hasta 1905-06), siempre cerrarían filas cuando estuvieran amenazados por un movimiento revolucionario de obreros y campesinos. Lo esencial del argumento de Lenin era que la democracia en Rusia no la conseguirían los liberales, sino solamente la unidad revolucionaria del proletariado y los campesinos pobres contra los liberales, al igual que contra la autocracia. Esto quedó claro en 1905-06, cuando los liberales traicionaron la revolución y llegaron a un acuerdo con la autocracia a costa de los obreros y campesinos.

Incluso en el periodo en que Lenin no creía que pudiera haber una revolución socialista en Rusia antes que en Europa Occidental, siempre se opuso ferozmente a acuerdos o alianzas con la burguesía (excepto temporalmente sobre temas secundarios). La idea de cualquier tipo de bloque programático con los liberales era un anatema para él. Sabía que éstos iban a traicionar la lucha inevitablemente, un hecho que ha sido ampliamente corroborado no sólo por la experiencia de la Revolución Rusa, sino también por el papel de la burguesía nacional en la revolución colonial en todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. La idea de entrar en un gobierno de coalición con la burguesía liberal no era la política de Lenin, sino de los mencheviques. La oposición a esta política constituyó el punto central de diferencia entre bolchevismo y menchevismo desde 1904 en adelante, y alcanzó su expresión más clara con el Gobierno Provisional de 1917.

Este Gobierno Provisional era un ejemplo clásico de frente popular, en el que la clase dominante, a través de sus representantes de “ izquierdas ” (Kerensky), se apoya, a través de una coalición, en los dirigentes de las organizaciones obreras para poder descabezar la revolución. Detrás de la fachada del frente popular, la reacción reagrupa sus fuerzas y prepara un contragolpe, una vez que las masas hayan sido desmoralizadas por la experiencia del frente popular, que, dejando intacto el sistema básico de explotación, pasa de las reformas a las contrarreformas. Lenin sometió a los dirigentes mencheviques y eseristas a una crítica demoledora por haber entrado en el Gobierno Provisional, exigiendo la ruptura con los diez ministros capitalistas y la formación de un gobierno obrero independiente basado en los sóviets. Esta fue la base sobre la que se preparó la Revolución de Octubre.

En esencia, la política adoptada por la Comintern en 1935 fue, para citar a Trotski , “ una caricatura maliciosa del menchevismo ” . Los gobiernos de frente popular formados en Francia y España, supuestamente para impedir el peligro del fascismo, tuvieron el efecto contrario. En condiciones de crisis social y económica extrema, sólo el derrocamiento del capitalismo y los terratenientes y la transformación radical de la sociedad podía mostrar una salida. La alianza con la burguesía era una receta acabada para el desastre. En todos los casos, bajo la presión de los grandes monopolios y de sus aliados liberales, se atacaron los niveles de vida de los obreros, campesinos y capas medias. Las promesas de reforma se convirtieron rápidamente en su contrario, preparando el terreno para la reacción. El ejemplo más terrible fue lo que sucedió en España.

La Revolución española

En julio de 1936 el heroico proletariado español se levantó contra el golpe fascista del general Franco. En Cataluña y el resto del país, los obreros tomaron el poder en sus propias manos. El Estado colapsó, con la mayor parte de la casta de oficiales del ejército pasándose al bando de Franco. Los obreros españoles trataron una y otra vez de tomar el poder. En Barcelona, los obreros del sindicato anarquista CNT y del partido de izquierdas POUM asaltaron los cuarteles armados solamente con cuchillos de cocina, palos y viejos rifles de caza. Aplastaron a los fascistas y el poder quedó en manos de la clase obrera. Esto hubiera sido posible en toda España, de no ser por la política de los dirigentes de las organizaciones obreras, que se aferraron a su alianza con los republicanos burgueses.

Incluso los dirigentes del PC tuvieron que admitir que el movimiento revolucionario ya había ido mucho más allá de los límites de la república burguesa:

Tal y como observara José Díaz, ya se había logrado la destrucción del viejo orden gobernante. La revolución social no se había limitado a ‘defender la República instaurada el 14 de abril y revivida el pasado 16 de febrero’, como había afirmado el partido comunista al comenzar la guerra. Militantes comunistas en la primera línea de frente en torno a Madrid, como Miguel Nuñez, un miliciano de la enseñanza, eran muy conscientes de la profundidad de la expresión popular.

‘Era una revolución a fondo. El pueblo estaba luchando para conseguir todas aquellas cosas de las cuales las fuerzas reaccionarias de este país les había privado durante tanto tiempo. Tierra y libertad, el fin de la explotación, el derrocamiento del capitalismo. El pueblo no luchaba por una democracia burguesa, que eso quede bien claro…”. (Ronald Fraser, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Historia oral de la guerra civil española, vol. 2, p. 30).

En última instancia, el poder son destacamentos de hombres armados. Quien los controla tiene el poder. Pero en julio de 1936, los obreros de España se levantaron contra los fascistas en respuesta al alzamiento militar de Franco. El viejo ejército en la práctica quedó destruido y fue reemplazado por milicias obreras. Éstas eran las únicas fuerzas armadas que existían en el territorio de la República. Lo único que impidió la toma del poder por parte de la clase obrera fue la dirección de sus propias organizaciones. Habían aplastado la reacción fascista, pero los dirigentes de todos los partidos obreros -anarquistas, socialistas, comunistas e incluso el POUM- entraron en el gobierno burgués del frente popular y se convirtieron en el principal obstáculo para la revolución.

De una manera u otra traicionaron la heroica reacción espontánea contra el levantamiento fascista. Bloquearon el movimiento de los obreros colaborando con los podridos dirigentes burgueses republicanos, que en ese momento no representaban a nadie sino a sí mismos. De hecho, esta no era una alianza con la burguesía sino con la sombra de la burguesía. La gran mayoría de los terratenientes y los capitalistas apoyaban a Franco y habían huido a zona fascista. Pero los republicanos actuaron como un freno reaccionario para el movimiento de las masas. Tenían mucho más miedo de los obreros y los campesinos que de los fascistas, ante los que estaban bastante dispuestos a capitular.

En aquel entonces, la mayor parte de los dirigentes de los partidos de la Internacional Comunista se habían convertido en agentes de la política exterior de la burocracia rusa. Aplicaban las instrucciones de Stalin sin cuestionarlas. Éste estaba aterrorizado de que una revolución socialista triunfante en España, o en cualquier otro país de Europa Occidental, minara el poder de la burocracia y llevase a su derrocamiento. Los obreros de Rusia estaban entusiasmados con la revolución en España, que les sacudió mucho más que ningún otro acontecimiento desde la usurpación del poder por parte de Stalin. En un intento de mantenerse en el poder, la burocracia se vio obligada a lanzar el equivalente moderno de una caza de brujas medieval, para aniquilar a casi todos los dirigentes de la revolución y a los viejos bolcheviques, asesinando a centenares de miles de militantes del Partido Comunista. Esto se debió en parte a las repercusiones de la revolución en España. La victoria de la revolución en España hubiera sido el tañido de muerte para la burocracia de Moscú.

Además de esto, a los burócratas no les importaba la diplomacia revolucionaria, como en los tiempos de Lenin, sino que se guiaban por consideraciones puramente nacionalistas. En ese momento querían aplacar a los capitalistas de Gran Bretaña y Francia, para llegar a una alianza contra Alemania. No querían echar por tierra sus planes con un enfrentamiento revolucionario que se hubiera extendido a Francia y destruido totalmente el equilibrio político y social del mundo. Pero, destruyendo la revolución española, aseguraron la victoria de Franco, y con ello la Segunda Guerra Mundial se hizo inevitable. Por su parte, las llamadas democracias de Gran Bretaña y Francia hicieron todo lo que pudieron por ayudar a Franco, escondiéndose bajo la bandera hipócrita de la “ no intervención ” . La política contrarrevolucionaria de Stalin en España no convenció a los imperialistas británicos y franceses para convertirse en aliados de la Unión Soviética, todo lo contrario.

Un militante de base del partido comunista declaraba: “Luchando y muriendo, a veces pensábamos: ‘Todo esto… ¿y para qué?’ ¿Era para volver a lo de antes? Si así era, no valía la pena luchar por ello. Aquella forma vergonzante de hacer la revolución desmoralizó al pueblo, que no la entendía. Pienso que el partido comunista fue el que mejor entendió de qué iba la guerra…”. (Ibid. p. 36).

Los obreros de España hicieron todo lo posible una y otra vez, durante siete años, de 1931 a 1937, para tomar el poder en sus manos, pero en cada momento se encontraron bloqueados por sus propias organizaciones. La última oportunidad fue en mayo de 1937. Los estalinistas, actuando como fuerzas de choque de la contrarrevolución, intentaron tomar el edificio de la Telefónica en Barcelona, que estaba bajo control de la CNT. En respuesta a esta traición, los obreros anarquistas y del POUM organizaron una insurrección en los primeros días de mayo de 1937. Este movimiento contaba con el apoyo mayoritario de los obreros de Barcelona, incluso los comunistas y socialistas de base. Durante cuatro días el poder estuvo en las manos de los obreros. Pero una vez más, el POUM y la CNT se negaron a tomar el poder.

A pesar de la propaganda estalinista, el POUM no era una organización trotskista, aunque tenía militantes que habían sido trotskistas, como Nin y Andrade. En seis semanas, el POUM había crecido rápidamente, de 1.000 a 70.000 militantes, gracias a la imagen izquierdista y las declaraciones radicalizadas de sus dirigentes. Tenía su propia emisora de radio y un periódico diario. Pero Trotski advirtió que, sin una política correcta, una política de clase dirigida contra los republicanos burgueses, todos los logros del POUM se convertirían en polvo. Esta brillante predicción pronto demostró ser correcta. En el momento decisivo llevaron a los obreros a la derrota. Ante la falta de una política revolucionaria consistente, los dirigentes de la CNT y el POUM exigieron a los obreros que abandonasen la lucha y volviesen al trabajo. Lo consiguieron, pero no les salvó y fue desastroso para la revolución. Al cabo de seis semanas, los dirigentes del POUM fueron asesinados en las mazmorras de la GPU. Se ilegalizó al POUM y se desarmó a la CNT. El camino estaba libre para el aburguesamiento de las fuerzas armadas y la reconstrucción del Estado bajo dirección de la burguesía.

En marzo de 1937, José Díaz, secretario general del PCE, llamó a la exterminación de todos los ‘agentes del fascismo, trotskistas disfrazados de poumistas ’, repitiendo las acusaciones lanzadas en los juicios-farsa de Moscú. Pero la fuerza real de la purga en España fue la GPU de Stalin, que estaba presente en todos los organismos dirigentes del Partido Comunista de España. Por ejemplo, el tristemente famoso estalinista húngaro Ernö Gerö, uno de los agentes de Stalin, siempre asistía a las reuniones de la dirección del PSUC. Sin embargo, los dirigentes del Partido Comunista y del PSUC participaron activamente en estas actividades. Pere Ardiaca, editor del periódico del PSUC Treball , aunque niega la participación del partido en el asesinato de Andrés Nin, confiesa que el partido apoyó la persecución contra el POUM:

Aunque no tuvimos arte ni parte en la persecución contra el POUM, la vimos con buenos ojos. Más adelante, al celebrarse el juicio contra los poumistas, nos quedamos estupefactos ante las declaraciones que allí se hicieron, pero, al mismo tiempo, en ningún momento se nos ocurrió protestar ya que compartíamos la opinión de la parte acusadora…”. (Ibid. p. 125).

Ardiaca y sus compañeros estaban “ estupefactos ” porque sabían perfectamente que todas las acusaciones que se lanzaban contra los militantes del POUM eran falsas, como él mismo reconoce: “ Antes de ingresar en el partido comunista, yo había sido del BOC [uno de los dos partidos que se unieron para formar el POUM], por lo que sabía que sus militantes eran honrados y sinceros en sus creencias revolucionarias, aunque estas fueran distintas de las nuestras ” . ( Ibid p. 124). No es extraño que Ardiaca describa el asesinato de Nin como “ una herencia harto pesada ” . Pero nada puede cambiar el hecho de que los dirigentes catalanes y españoles eran, por lo menos, cómplices activos de la GPU de Stalin en España.

La liquidación de la revolución llevó inevitablemente al desastre que Trotski había predicho. Los estalinistas apoyaron el llamado gobierno de la victoria de Negrín, un socialista de derechas que en la práctica presidió la más terrible de las derrotas, inevitable tras el triunfo de la contrarrevolución burguesa detrás de las líneas republicanas. La clase obrera estaba desilusionada y desmoralizada. En la revolución, incluso más que en la guerra, la moral es el factor decisivo. En términos puramente militares, la revolución nunca puede triunfar contra un ejército profesional con oficiales formados y expertos militares. El único factor que da a las masas ventaja es su entusiasmo revolucionario. Sin éste, la victoria de la reacción es inevitable. La precondición para la victoria en España era política: la confianza de las masas en la causa por la que estaban luchando.

Esta afirmación se puede demostrar con muchos ejemplos históricos. La victoria de los bolcheviques en Rusia se debió sobre todo a factores políticos. El poder estaba en manos de los trabajadores, que lo defendieron ferozmente. De la misma manera, en el campo los campesinos luchaban por la tierra que habían ganado gracias a la Revolución de Octubre. Unos años más tarde en China, Mao Tse -Tung llevó adelante una guerra semirrevolucionaria contra el Kuomintang. En la guerra civil china, las fuerzas de Mao eran insignificantes comparadas con el ejército de Chiang Kai- shek , armado por los EEUU . Basándose en una consigna revolucionaria simple ( “ la tierra para los campesinos ” ), Mao consiguió ganarse a las masas rurales. Incluso ofreció parcelas de tierra a los soldados del ejército de Chiang. Divisiones enteras se pasaron a los rojos y las fuerzas de la reacción simplemente se diluyeron. En España hubiera sido posible un resultado similar, pero eso habría requerido una auténtica política revolucionaria.

La Revolución Española representaba una amenaza mortal para Stalin y la burocracia. La clase obrera soviética, cada vez mayor en número, entusiasmada por los éxitos del Plan Quinquenal, empezó de nuevo a sentir los efectos de la revolución mundial y a resistirse a los abusos de la burocracia. El movimiento espontáneo hacia la revolución socialista en España empezó a reavivar la llama de la revolución internacional en los corazones de la clase obrera soviética. Stalin estaba aterrorizado ante la perspectiva de que una oleada revolucionaria en Occidente pudiera agitar el espíritu revolucionario de las masas soviéticas. Temiendo el éxito y la extensión de la revolución en España, y buscando un acuerdo con las “ democracias ” occidentales, Stalin, por primera vez, deliberadamente la estranguló. Esto no fue así ni en Alemania en 1930-33 ni en China en 1925-27. Es cierto que la política de Stalin también llevó a la derrota en esos casos, pero esa no era su intención. Al contrario, Stalin en ese momento necesitaba éxitos en el ámbito internacional. Pero ahora era diferente. En 1936, la nueva casta dominante se había consolidado y estaba ansiosa por defender sus privilegios contra cualquier amenaza, real o imaginaria. La revolución española era vista como una amenaza muy real para la camarilla dominante. Stalin pensaba que una revolución triunfante daría lugar a una nueva oposición dentro del Partido Comunista alrededor de aquellas figuras que todavía tenían vínculos directos con Octubre , y eso hubiera significado el fin del régimen estalinista. Por lo tanto se marcó la tarea de eliminar esa amenaza, acusando falsamente de crímenes contrarrevolucionarios a los viejos bolcheviques.

Lanzando las purgas

“El primer Plan Quinquenal y las grandes conmociones que precedieron a la subida de Hitler (1931-33) amenazaban una vez más el dominio de la burocracia. Finalmente, ¿podemos dudar por un instante de que si la revolución española hubiese triunfado y los trabajadores franceses hubiesen sido capaces de desarrollar la ofensiva de mayo y junio de 1936 hasta su conclusión, el proletariado ruso habría recobrado su valor y combatividad y derrocado a los termidorianos con un mínimo de esfuerzo?”. (Trotski, escritos 1937-38, pp. 56-7).

Los juicios de Moscú fueron la falsificación más grande de la Historia. La excusa inicial fue el asesinato de Serguei Kirov, el jefe del partido en Leningrado, por parte de un joven comunista, el 1 de diciembre de 1934, que en realidad fue una provocación organizada por el propio Stalin. Había murmullos de descontento contra Stalin dentro de la camarilla dirigente, y Kirov, un estalinista destacado, era visto como posible sustituto. Después del montaje del asesinato de Kirov, se puso en escena una serie de juicios y confesiones repugnantes. En sus informes al 20º y 22º congresos , Kruschev reveló que el asesinato había sido obra de Stalin y preparado al más alto nivel:

Las represalias masivas empezaron después del asesinato de Kirov. Todavía son necesarios grandes esfuerzos para descubrir quién fue realmente culpable de su muerte. Cuanto más profundamente estudiamos los materiales relativos a la muerte de Kirov, surgen más preguntas. Vale la pena tener en cuenta el hecho de que el asesino de Kirov había sido detenido dos veces anteriormente por parte de chekistas (agentes de seguridad) cerca del Smolny y que se le habían incautado armas. Pero en ambas ocasiones fue liberado siguiendo instrucciones de alguien. Inmediatamente este hombre se encuentra en el Smolny, armado, en el pasillo por el que normalmente pasaba Kirov. Y por alguna razón en el momento del asesinato el guardaespaldas de Kirov se encontraba bastante detrás de él, aunque sus instrucciones no le autorizaban a situarse tan lejos de Kirov.

Hay otro hecho igualmente extraño: cuando el guardaespaldas de Kirov era llevado al interrogatorio bajo escolta -e iba a ser interrogado por Stalin, Molotov y Voroshilov- el vehículo, como el conductor declaró posteriormente, fue deliberadamente implicado en un accidente por parte de los que lo conducían. Dijeron que murió como resultado del accidente, aunque en realidad fue asesinado por los que lo escoltaban.

De esta manera, el hombre que protegía a Kirov fue asesinado. Más tarde, los que lo asesinaron fueron fusilados. Esto, aparentemente, no fue ningún accidente, sino un crimen cuidadosamente planificado. ¿Quién podía haberlo cometido? Se está haciendo una investigación detallada sobre las circunstancias de este complicado caso”.(The Road to Communism. Report to the 22nd Congress of the Communist Party of the Sóviet Union, p. 111).

Trotski describió los juicios de Moscú como una “ guerra civil unilateral ” contra la vanguardia de la clase obrera . En agosto de 1936 declaró que “ la actual purga traza no sólo una línea de sangre entre el bolchevismo y el estalinismo , sino todo un río de sangre . La aniquilación de toda la generación de los viejos bolcheviques , de una parte importante de la generación intermedia, que participó en la guerra civil, y de la parte de la juventud que asumió seriamente las tradiciones bolcheviques demuestra que existe una incompatibilidad total entre el bolchevismo y el estalinismo no sólo política , sino también físicamente ” . ( Trotski , Escritos 1936-37, p. 423).

Se aniquiló a una generación entera de viejos bolcheviques. El viejo aparato estatal zarista, contra el que Lenin había advertido repetidamente, manifestó su supremacía a través de las purgas, cuyo objetivo era exterminar a los revolucionarios y borrar por completo la herencia del bolchevismo. Tener vínculos con Octubre se convirtió en la práctica en una sentencia de muerte. Esto se aplicaba a todo el mundo, no sólo a los trotskistas, aunque éstos fueron las víctimas principales. Pero pronto los seguidores de Bujarin se les unieron en los campos de concentración, seguidos por cualquiera que tuviera un vínculo con el pasado, incluyendo a muchos estalinistas. Fue una guerra civil unilateral contra el bolchevismo, lanzada por la élite dominante, por dos razones principales:

En primer lugar, para consolidar el dominio del Jefe ( Vozhd , en ruso, que, por cierto, es una traducción exacta de “ Führer ” o “ Duce ” ). Stalin quería echar tierra sobre su bastante insignificante papel en la Revolución, un hecho bien conocido en los círculos del Partido. Incluso miembros de su propia fracción dirigente, como Sergo Ordzhonikidze, no podían tomarse en serio la idea de Stalin como Gran Dirigente y Maestro, y por este crimen fueron asesinados o empujados al suicidio. Stalin no quería testigos incómodos. Ya en esa época Stalin mostraba signos de megalomanía, pero sería erróneo verlo como un fenómeno personal o psicológico. Las desviaciones psicológicas no pueden explicar una masacre de tan enorme tamaño, que dislocó la economía, provocó tremendas convulsiones sociales e incluso puso en peligro la existencia de la URSS, especialmente cuando se extendió al ejército.

El carácter peculiar de la burocracia como casta dominante usurpadora dio lugar a todo tipo de contradicciones. La burocracia, que había expropiado políticamente a la clase obrera, sin embargo se basaba en las formas de propiedad nacionalizada establecidas por la Revolución. Se veía obligada a hablar en nombre del bolchevismo, aunque al mismo tiempo pisoteaba una y otra vez todas sus tradiciones. No es la primera vez que se da un fenómeno de este tipo. Después de 1794, los dirigentes de la reacción termidoriana en Francia seguían hablando en nombre de la Revolución, al mismo tiempo que perseguían a los jacobinos y restauraban las costumbres y privilegios del viejo régimen. Para silenciar toda crítica era esencial eliminar a todos aquellos que pudieran señalar con el dedo acusador y recordar a las masas, o a los propios burócratas, cómo eran las cosas antes.

El carácter usurpador de la casta dominante, la naturaleza ilegítima de sus privilegios y prebendas, la contradicción evidente entre las proclamas “ socialistas ” y la desigualdad creciente, todo esto hacía que los burócratas advenedizos se sintiesen inseguros. Su inseguridad y miedo a las masas les empujaban a buscar seguridad a la sombra de un hombre fuerte que silenciase a la oposición. No se podía poner en duda al hombre fuerte (el Vozhd ), ya que poner en duda al jefe era poner en duda a la propia burocracia. Así, la eliminación física de toda oposición, real o potencial, y la implantación de un régimen totalitario eran las precondiciones para la consolidación de la burocracia. Las peculiaridades psicológicas de Stalin, su megalomanía y crueldad psicópata pueden explicar el carácter monstruosamente grotesco que impuso a las purgas, pero no el fenómeno en sí.

El exterminio de los viejos bolcheviques

¡Te damos las gracias, Stalin!
¡Dieciséis bribones,
Dieciséis carniceros de la Patria
Se han reunido con sus antepasados!

Hoy el cielo es azul
¡Tú nos has compensado por las tristezas de muchos años!

¿Pero por qué sólo dieciséis?
Danos cuarenta,
Danos cientos,
Miles;
Haz un puente sobre el río Moscú.
Un puente sin torres ni arcos,
Un puente de carroña soviética-
¡Y añade tu carcasa a las demás! ”

Estas líneas fueron publicadas el 29 de agosto de 1938 en el Vozrozhdenye , el periódico parisino de los guardias blancos, siguiendo al anuncio de las ejecuciones después del primer juicio. Los enemigos de Octubre tenían buenas razones para regocijarse. Todos los principales acusados en los juicios eran compañeros cercanos de Lenin antes, durante y después de la Revolución de Octubre. Los acusados lo habían sido inicialmente de intento de restauración del capitalismo en Rusia, acusación que fue abandonada en el juicio de 1936 y sustituida por “ ansia de poder ” y organización de un plan terrorista para exterminar a Stalin y a otros dirigentes soviéticos.

Una de las calumnias más sucias que ahora se lanzan contra Lenin y Trotski es que las purgas de Stalin fueron sólo la continuación del Terror Rojo organizado por los bolcheviques después de la Revolución. Aparte del hecho de que es imposible comparar los métodos monstruosos que utilizó Stalin con los que utilizó el gobierno obrero asediado para defenderse contra enemigos potentes y despiadados, este argumento pasa por alto la cuestión más importante: ¿contra quién se utilizó el terror rojo y por qué motivo? De la misma manera hipócrita, los fariseos se echan las manos a la cabeza con horror ante el Terror en la Revolución Francesa. Pero, desgraciadamente, la Historia demuestra que una clase o casta dominante normalmente no abandona su poder y privilegios sin luchar.

Desde un punto de vista revolucionario es imposible considerar la violencia en abstracto. Por supuesto que cualquier persona en su sano juicio aborrece la violencia e intentará evitarla. Pero cuando uno es atacado y corre el peligro de ser asesinado, la mayoría de la gente luchará para defenderse. El Terror revolucionario, tanto en Francia como en Rusia, era la respuesta a la violencia de la reacción. Sin las medidas más decididas de autodefensa, en ambos casos la revolución hubiese sido ahogada en sangre. ¿Cómo se pueden condenar seriamente tales medidas de autodefensa de la revolución contra los que quieren destruirla? La situación es totalmente diferente en el caso de la violencia de la reacción. Después del termidor, se utilizó una violencia terrible contra los jacobinos, pero de ésta casi no se habla. Los fariseos enmudecen o nos dan lecciones hipócritas de moralidad sobre “ la revolución devorando a sus propios hijos ” y demás. Pero la violencia de la Revolución Francesa en su periodo ascendente estaba dirigida contra la contrarrevolución: aristócratas, curas, especuladores y gente de esa calaña. El terror termidoriano y bonapartista se dirigía contra los revolucionarios. Hay una diferencia cualitativa entre ambos. El que no la vea, no entiende nada.

En 1922, los dirigentes eseristas fueron juzgados acusados de actos de terrorismo contra los dirigentes del Estado soviético, pero nada en común hay entre aquellos procesos y las falsas acusaciones de Stalin. La primera diferencia es que los eseristas eran culpables de los crímenes de los que se les acusaba. No sólo los confesaron, sino que proclamaban orgullosamente sus acciones. Eso no es sorprendente. A diferencia de los marxistas rusos, que siempre se opusieron implacablemente al terrorismo individual, los eseristas (de derechas y de izquierdas) eran herederos de las tradiciones del partido Narodnaya Volya, que había adoptado abiertamente el método del terrorismo. No había la menor duda de que eran responsables de los asesinatos de dirigentes bolcheviques, como Uritsky y Volodarsky, y del intento de asesinato de Lenin. No tuvieron que ser obligados a confesar, ya que consideraban que sus acciones eran correctas y legítimas. En los tiempos del Zar, a menudo se entregaban ellos mismos a las autoridades después de cometer un asesinato. Había todavía otra diferencia fundamental. No sólo se permitió a los dirigentes eseristas tener una defensa legal, sino que pudieron utilizar a abogados extranjeros, entre ellos el dirigente socialdemócrata belga Emile Vandervelde, que era un abogado de renombre. Los crímenes eran castigados con la pensa de muerte, pero se suspendieron las sentencias. Ninguno de los acusados fue ejecutado (aunque algunos fueron fusilados más tarde por Stalin). No se les exigió renunciar a sus puntos de vista y mucho menos calumniarse a sí mismos ante el tribunal.

En los juicios de Stalin las cosas eran diferentes. Se obligaba a los acusados a confesar los crímenes más monstruosos, que nunca habían cometido, y antes de entregarlos al verdugo tenían que arrojarse basura sobre sí mismos. Sólo uno de los acusados, Krestinski, intentó repudiar su confesión en el tribunal. Fue enviado de nuevo a los torturadores de la GPU y cuando volvió, al cabo de 24 horas, lo confesó todo. Bujarin intentó escapar de las acusaciones más atroces, como la idea fantástica de que había intentado asesinar a Lenin. Fue ayudado por un eserista , Boris Kamkov, que cuando fue llamado como testigo de la acusación se negó a justificar la acusación. Indudablemente pagó un precio terrible por este desafío. Bujarin dejó su defensa para la posteridad, haciendo que su mujer, Anna Larina, se aprendiese de memoria su última carta para transmitirla a futuras generaciones. Ella la repitió cada día durante 20 años, “ como una plegaria ” , en los campos de concentración de Stalin, a los que sobrevivió por un milagro.

En esta carta, Bujarin señala la diferencia fundamental entre la vieja Cheka revolucionaria de Dzerzhinsky y la GPU de Stalin:

“A UNA FUTURA GENERACION DE DIRIGENTES DEL PARTIDO”

“Dejo la vida. Inclino la cabeza, pero no ante la guadaña proletaria, que es correctamente despiadada pero también casta. En lugar de eso, soy impotente ante una maquinaria infernal que parece utilizar métodos medievales, pero que posee un poder gigantesco, fabrica calumnias, actúa decididamente y con confianza.

“Dzerzhinsky [el dirigente de la policía secreta, o Cheka, bajo Lenin] ya no existe; las maravillosas tradiciones de la Cheka han ido quedando gradualmente en el pasado, esas tradiciones por las cuales la idea revolucionaria gobernaba todas sus acciones, justificaba la crueldad contra los enemigos, salvaguardaba al Estado contra cualquier contrarrevolución. Por esta razón los organismos de la Cheka se ganaron una confianza especial, un honor especial, una autoridad y un respeto. Ahora, los llamados organismos de la GPU son principalmente una organización degenerada de funcionarios sin principios, disolutos y bien cuidados que, gozando de la autoridad previa de la Cheka, buscando satisfacer la suspicacia patológica de Stalin (temo decir más), persiguiendo rango y gloria, llevan a cabo sus actos obscenos sin entender que simultáneamente se están destruyendo a ellos mismos: ¡la Historia no tolera testigo de actos sucios!

“Estos organismos que ‘funcionan de maravilla’ pueden hacer trizas a cualquier miembro del Comité Central, a cualquier miembro del partido, convertirlo en polvo, transformarlo en un terrorista traidor, saboteador, espía. Si Stalin dudara de sí mismo, instantáneamente tendría una confirmación.

“Nubes de tormenta se agitan por encima del Partido. Mi muerte, culpable de nada, por sí sola implicará a otros miles de inocentes. Porque, después de todo, hay que crear una organización, una organización bujarinista que en realidad no sólo no existe ahora, cuando llevo ya siete años sin una sombra de desacuerdo con el Partido, sino que no existió entonces, en los años de la Oposición de Derechas. Nunca supe nada de organizaciones secretas en Ryutin y Uglanov. Junto a Rykov y Tomski, expuse mis puntos de vista abiertamente.

“Desde los 18 años he estado en el Partido, y el objetivo de mi vida siempre ha sido la lucha por los intereses de la clase obrera, por la victoria del socialismo. Estos días el periódico con el nombre sagrado, Pravda, imprime la mentira más despreciable, que yo, Nicolás Bujarin, quería destruir la conquista de Octubre para restaurar el capitalismo. Esta es una obscenidad sin precedentes. Es una mentira cuya obscenidad sólo puede ser comparada con la historia de que [el zar] Nicolás Romanov dedicó su vida a la lucha contra el capitalismo y la monarquía, a la lucha por el triunfo de la revolución proletaria”. (Citado en Anna Larina, This I cannotforget, p. 343-4).

Recordemos al leer estas líneas que Lenin había descrito al hombre que las escribió como “ el favorito del Partido ” y uno de sus principales teóricos. Es cierto que Bujarin cometió muchos errores, algunos de ellos graves, pero era un revolucionario honesto, a diferencia de los que lo asesinaron. El principal objetivo de las purgas era trazar una línea de sangre entre la burocracia y las auténticas tradiciones del marxismo y el leninismo. Era necesario romper el nudo de la Historia, destruir totalmente las tradiciones de la democracia obrera y el internacionalismo, no dejar nada que pudiera recordar a las futuras generaciones el auténtico significado de Octubre . Así, no bastaba con torturar y asesinar a los viejos bolcheviques. Tenían que cubrirse de lodo ellos mismos, renunciar públicamente a sus crímenes y cantar loas a Stalin. Zinoviev , Kámenev, Bujarin, Rykov, Rakovski y muchos otros revolucionarios confesaron haber sido agentes imperialistas toda la vida. Su acusador, el fiscal general Vychinski, era un antiguo abogado menchevique que había colaborado con la contrarrevolución blanca.

Prácticamente toda la vieja guardia bolchevique fue exterminada. Entre las víctimas estaba A. V. Shotman , un viejo miembro del partido que se encargó de proteger la vida de Lenin cuando se vio obligado a pasar a la clandestinidad después de las Jornadas de Julio de 1917. En 1918, Lenin escribió: “ Shotman es un viejo camarada del Partido al que conozco muy bien. Merece confianza absoluta ” . Sin embargo fue detenido y murió en 1939. Muchos comunistas extranjeros también murieron. Fritz Platten, el revolucionario suizo que había colaborado con Lenin y organizado el famoso tren sellado que le llevó de Suiza a Rusia en 1917 y que había sobrevivido a las prisiones zaristas, alemanas y rumanas, murió en uno de los campos de Stalin. Toda la dirección del Partido Comunista Polaco fue liquidada, incluyendo a I. S. Ganetsky, al que Lenin había recomendado personalmente para la militancia en el partido ruso.

Las purgas en la práctica liquidaron lo que quedaba del Partido Comunista Soviético. Entre 1939 y 1952 no se celebró ni un solo congreso del Partido, aunque incluso durante el periodo más difícil de la guerra civil este organismo supremo se había reunido anualmente. A principios de 1939, de los 139 miembros del Comité Central elegido en el 17º Congreso, en el que Stalin celebró su victoria sobre la Oposición, 110 habían sido detenidos. Del Comité Central del Partido Bolchevique de Octubre de 1917, sólo dos sobrevivieron: Alejandra Kollontai, que fue enviada como embajadora a Suecia, y el propio Stalin. De toda la militancia del partido, sólo quedaron unos pocos protegidos de Stalin, cuidadosamente elegidos, y sus matones: los Molotovs , Kaganovitchs , Mikoyans y Voroshilovs .

Se reescribió la historia del partido. La tristemente famosa Historia del PCUS (Bolchevique) Curso Breve la redujo a una serie de mentiras y leyendas, diseñadas para glorificar a Stalin. Los Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, que había sido alabado por Lenin como una versión veraz de la Revolución, fue prohibido. No sólo se borró el nombre de Trotski y se eliminó su imagen de las fotos, sino que incluso figuras como Krasin, Noguin, Chicherin y Lunacharski fueron borradas. Finalmente, se completó la transformación del partido de la vanguardia de los obreros revolucionarios en una palanca del aparato burocrático. Ésta es la respuesta definitiva a todos los calumniadores de Lenin y Trotski . Aquellos que intentan demostrar que el bolchevismo y el estalinismo son el mismo fenómeno todavía tienen que explicar como puede ser que, para poder triunfar, el régimen totalitario burocrático se viera obligado a aniquilar al Partido Bolchevique, arrancar de raíz cualquier vestigio de leninismo, reescribir la Historia y enterrar las viejas tradiciones de democracia obrera e internacionalismo bajo una montaña de cadáveres.

Si Stalin y Lenin fueran iguales, ¿no hubiese sido posible llegar a un compromiso? Esto no sólo hubiera sido racional, sino mucho más económico. Los enemigos de Octubre no tienen respuesta a esta pregunta, excepto los rancios clichés de costumbre sobre “ revoluciones devorando a sus hijos ” que no explican nada en absoluto. Sin embargo la respuesta es clara e innegable para cualquier observador auténticamente objetivo: el bolchevismo y el estalinismo son tan incompatibles como revolución y contrarrevolución. Para los que son incapaces de distinguir entre ambas, realmente no tenemos nada más que decir.

Familias aniquiladas

El abismo que separaba al estalinismo del bolchevismo era tan profundo, tan grande la necesidad de Stalin de eliminar todos los vestigios del pasado y todos los testigos, que la matanza se extendió mucho más allá de las filas de los oposicionistas activos. La larga y sangrienta pesadilla no sólo afectó a gente políticamente activa. Stalin hizo extensiva su venganza rencorosa a las familias de sus víctimas, sus esposas, hijos y nietos, e incluso a sus vecinos. Los hijos de los oposicionistas detenidos eran enviados a orfanatos especiales, donde muchos desaparecieron. En los campos de concentración no se permitía a los prisioneros tener fotografías de sus hijos. El hijo de la mujer de Bujarin, Anna Larina, fue apartado de su madre cuando sólo tenía un año y no se le permitió verla de nuevo hasta 20 años después. Su supervivencia y el reencuentro con su hijo fue una excepción.

Sverdlov escapó al verdugo al morir de muerte natural en 1919, pero su hermano fue asesinado. Sergo Ordzhonikidze había sido durante años un cercano colaborador de Stalin, pero a pesar de ser un aliado del secretario general estaba horrorizado por las purgas y trató de proteger a alguna de las víctimas. Empujado por Stalin, se suicidó en 1937:

“Un hermano mayor de éste, Papulia, fue encarcelado y ejecutado después de indecibles torturas; luego se mandó a Sergo un acta falsificada. Varios de sus amigos y conocidos fueron fusilados, mientras que algunos de los principales funcionarios de la industria pesada nombrados por Ordzhonikidze fueron detenidos. Stalin le mandó una serie de falsas declaraciones de los arrestados, obtenidas mediante torturas, con el comentario: ‘Camarada Sergo, mira lo que se dice de ti”. (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 221).

Ordzhonikidze sabía demasiado sobre Stalin. Al igual que otras víctimas, su crimen era el recuerdo del pasado. Muchos otros estalinistas perecieron por la misma razón.

En toda la historia del movimiento obrero internacional, no hay nada parecido a la persecución que sufrieron Trotski y sus seguidores. Toda la familia de Trotski fue aniquilada en este terror asesino. Sus dos yernos, Platón Volkov y Nevilson , fueron detenidos por oposicionistas en los años 20. Después de la deportación de Trotski a Alma-Ata, se privó a sus dos hijas, Nina y Zinaida, de toda ayuda, aunque Nina estaba gravemente enferma de tuberculosis. La persecución de su padre y el encarcelamiento de su marido precipitaron su muerte, a la edad de 26 años, en junio de 1928. Los maridos de Nina y Zinaida fueron fusilados más tarde. La primera mujer de Trotski , Alejandra Sokolovskaya, se hizo cargo de la hija de Nina, Volina, nacida en 1925. Pero cuando Sokolovskaya fue detenida, la criatura fue tomada en custodia y desapareció sin dejar rastro. La hija mayor de Trotski , Zinaida, que también estaba enferma de tuberculosis y profundamente deprimida por la detención de su marido y la muerte de su hermana, pidió permiso para reunirse con su padre en Prinkipo , junto a su hijo pequeño, Esteban Volkov, que estaba enfermo. Se le concedió pero, estando fuera del país, el gobierno de Stalin le retiró traicioneramente la ciudadanía, privándola de cualquier perspectiva de volver a ver nunca más a su marido y a su hija, lo que acabó por desequilibrar la mente de esta infeliz mujer que ya estaba en tratamiento por depresión profunda. Zinaida se suicidó.

El destino de su madre, Sokolovskaya, fue especialmente trágico. A pesar de todo el sufrimiento y la adversidad, se mantuvo firme en su actividad revolucionaria y pagó el precio. Exiliada a Siberia en 1935, donde la esperanza media de vida era de 2 a 3 años, murió habiendo perdido no sólo a sus hijos, sino también sus nietos. La hija de Zinaida, Alejandra, a la que había dejado en la URSS, fue enviada a un campo de concentración tan pronto como tuvo la suficiente edad. Milagrosamente, Alejandra sobrevivió muchos años en los campos, aunque con su salud minada, y murió en 1989. Solo queda Esteban Volkov, que vive en México, después de haber sobrevivido a un intento de asesinato. El hijo mayor de Trotski , León Sedov, que jugó un papel crucial en la Oposición de Izquierdas Internacional, fue asesinado por agentes de Stalin en París, mientras se recuperaba de una operación, en febrero de 1938, en vísperas del juicio de Bujarin. Pero el golpe más duro para Trotski fue la detención de su hijo menor, Serguei, que no era un activista político y se quedó en la URSS cuando su padre fue al exilio. Se negó a condenar a su padre y fue fusilado en 1937, aunque nadie lo supo en aquel entonces.

Trotski tenía dos hermanas, una murió de muerte natural en 1924. La otra, Olga Kamenova, la esposa de Kámenev, primero fue exiliada después de la detención de su esposo, detenida de nuevo en 1935 y enviada a prisión y luego a un campo de concentración. Junto a miles de otros oposicionistas fue fusilada por órdenes de Stalin en 1941. La persecución de la familia Trotski no se detuvo aquí. Sus sobrinos, Boris Bronstein y Yuri y Alexander Kámenev, fueron fusilados. Su hermano mayor, Alexander, fue otra de las víctimas de Stalin. La reciente biografía de Trotski de Dimitri Volgokonov está escrita desde un punto de vista abiertamente antirrevolucionario y en general carece de mucho valor. Sin embargo, Volgokonov tuvo acceso a materiales de los archivos de la KGB y a otras fuentes no disponibles anteriormente que sirven para confirmar todo lo que Trotski y la Oposición de Izquierdas escribieron sobre las purgas. Vale la pena citar lo que dice:

El hermano mayor de Trotski, Alexander, trabajó durante los años 20 y 30 como agrónomo en el molino de azúcar de Novokislyaevsk en la provincia de Voronezh. Tal y como me dijo un habitante del distrito, A. K. Mironov, Alexander era un experto educado que se había ganado el respeto de los aldeanos. Aparentemente viajaba en un faetón tirado por dos hermosos caballos. Cuando empezaron los ataques contra Trotski, Alexander fue expulsado del partido, exiliado y se le obligó a repudiar públicamente a su hermano. Experimentó un cambio muy marcado, replegándose sobre sí mismo como si le pesase la conciencia. Sin embargo, el retractarse no le ayudó, y en el verano de 1936 fue súbitamente detenido por la noche y fusilado al año siguiente en la prisión de Kursk como ‘trotskista activo y no desarmado’. La larga mano de Stalin les había alcanzado a todos, excepto a los principales objetivos: su mujer y sus dos hijos.

Después de las muertes de Nina y Zina había un temor real por la seguridad de los hijos de Trotski, especialmente Serguei. Él no quería dejar el país con su padre, prefiriendo dedicarse a sus actividades científicas. Sin interés por la política, Serguei primero había querido ser artista de circo, pero después se interesó por la tecnología, acabando la Politécnica, donde se convirtió en profesor antes de los 30 años. Se caso dos veces y la hija de su segundo matrimonio, Julia, sigue viva en los EEUU. Su primera esposa, Olga Grebner, una mujer mayor inteligente y vivaracha cuando hablé con ella en 1989, soportó los campos estalinistas y el exilio. Recordaba a Serguei sólo de manera parcial: había sido un muchacho travieso y un hombre divertido y con talento. Claramente, en la familia era el chico mayor, Lev, el favorito. Olga y Serguei se habían casado cuando él tenía 20 años y ella 19.

Cuando la familia fue expulsada del Kremlin hacia la calle Granovsky”, recordaba ella, “no teníamos ningún sitio dónde vivir. Nos refugiábamos en cualquier esquina que podíamos encontrar. Lev Davidovich era siempre hospitalario. Yo estaba especialmente impresionada por sus ojos azules, vivaces e inteligentes. Exteriormente, Natalia Ivanovna no era una mujer interesante. Era baja, gorda y poco atractiva. Pero estaba claro lo mucho que representaban el uno para el otro. Como dije, Serguei tenía talento, lograba cualquier cosa que se propusiese. Cuando deportaron a Trotski, Natalia Ivanovna me dijo: ‘Cuida a Seryosha’. A él lo detuvieron el 4 de marzo de 1935. Parecía una tragedia. Llegaron cinco de ellos. El registro se prolongó durante horas. Se llevaron los libros de Serguei y un retrato de su padre. Se llevaron a mi marido a la Lubyanka. Estuvo allí unos dos o tres meses. Le dijeron las acusaciones: espionaje, ayudar e instigar a su padre y sabotaje. En cualquier caso, lo enviaron a Siberia. Estaba condenado.

En enero de 1937, Pravda publicó un artículo con el título ‘Serguei Sedov, el hijo de Trotski intenta envenenar a trabajadores con un escape de gas. En una reunión en la metalurgia de Krasnoyarsk, un encargado llamado Levedev declaró: ‘Tenemos trabajando aquí como ingeniero al hijo de Trotski, Serguei Sedov. Este digno descendiente de un padre que se ha vendido al fascismo intentó envenenar a gran cantidad de obreros de esta fábrica con gas’. La reunión también discutió sobre el sobrino de Zinoviev, Saks, y el gerente de la fábrica, Subbotin, que supuestamente protegía a ambos. Los tres fueron condenados. “Enseguida condenaron a Serguei”, recordaba Olga Grebner. “Durante aquel verano recibí una postal que de alguna manera había conseguido enviarme. Decía: ‘Me llevan al norte. Por mucho tiempo. Adiós. Un abrazo.’ Hubo rumores de que había sido fusilado en 1941 en alguna parte de Kolyma, pero Olga Grebner no estaba segura. De hecho, había sido ejecutado el 29 de octubre de 1937. (D. Volkogonov, Trotski, pp. 354-5).

La masacre del Estado mayor

Cada asesinato tenía que ser tapado con otros diez. Los propios carniceros estalinistas Yagoda y Yezhov fueron purgados. Había que encontrar cabezas de turco por cada chapuza económica, y éstas eran inevitables sin el control democrático de los obreros. Cada día se presentaba a un nuevo grupo de funcionarios como contrarrevolucionarios a sueldo. En el baño de sangre perecían por igual obreros bolcheviques y burócratas de dedos ligeros. Figuras queridas, como el escritor Máximo Gorki, cuyos constantes alegatos a favor de víctimas de las purgas eran inconvenientes para Stalin, murieron misteriosamente. Más tarde hubo gente acusada de haberlo envenenado, con lo cual podemos suponer sin miedo a equivocarnos que su muerte no fue natural. La literatura (especialmente el drama en condiciones de analfabetismo masivo), que había jugado un importante papel en la comunicación de masas desde la revolución, fue brutalmente suprimida. Cualquiera que tuviera la más tenue conexión con Octubre fue liquidado, incluso algunos de los lugartenientes y cómplices de Stalin, como fue el caso de Ordzhonikidze.

Se potenciaron las denuncias e informadores, y todos los amigos o parientes de sospechosos de oposicionistas fueron encarcelados. En medio de la paranoia masiva, cualquier policía celoso encontraba tantas víctimas como podía fabricar, para evitar que le denunciasen a él. Se animaba a los niños a que denunciaran a sus padres. El general Petro Grigorienko recuerda como casi fue denunciado por su propia esposa. El alcance de la represión fue enorme. Nadie puede decir cuánta gente murió. Según una estimación, uno de cada cinco habitantes de Leningrado fue asesinado, encarcelado o enviado al exilio. En los juicios no se presentó una sola carta o documento auténticos, ni una sola prueba impecable. Las únicas “ pruebas ” eran las confesiones de los acusados, extraídas bajo tortura. Kámenev y Zinoviev , ya moralmente rotos por la capitulación, llegaron a pedir su propia ejecución porque se les había prometido que serían perdonados. Pero Stalin les traicionó y fueron los primeros en ser fusilados.

Ese tipo de métodos para destruir personas y obligarles a admitir los crímenes más espantosos, de los cuales eran totalmente inocentes, no se habían utilizado desde las cazas de brujas medievales y la Inquisición española. En su autobiografía, el antiguo general y disidente Petro G. Grigorienko detalla el tipo de torturas que se utilizaban sobre los que caían en manos de la GPU, basándose en el testimonio de su propio hermano:

Habló de falsas acusaciones de sabotaje, terrorismo y espionaje, de las biografías que los ‘enemigos’ se veían obligados a escribir y las torturas que se utilizaban: apaleamientos, aplastamiento de dedos y órganos sexuales, quemaduras de cigarrillos en cara y cuerpo, obligar a permanecer de pie, luces cegadoras y sed.

Y de nuevo:

La tortura de permanecer de pie consistía en obligar a un hombre a mantenerse en pie durante largo tiempo en una celda especial en la que no podía girarse ni cambiar de postura. Gradualmente, debido a la falta de aire y el cansancio, el prisionero perdería la consciencia y se hundiría. Entonces se le sacaría de la celda, se le reanimaría y se le encerraría de nuevo. Al estar de pie durante tanto tiempo, la circulación en sus piernas se interrumpía y se hinchaban por la sangre estancada. Este hombre tenía las piernas horriblemente hinchadas. Hablaba en un susurro. ‘No estéis asustados de la gente que está aquí. Sé lo que estáis pensando: «Ellos son todos fascistas, enemigos del pueblo, y yo llegué aquí por accidente, por error» … Yo también lo pensé. Pero ahora lo sé: no hay enemigos aquí. Alguien nos está obligando a llamarnos a nosotros mismos «enemigos del pueblo»’. Le contó a Iván su interrogatorio. Era un ingeniero de la metalúrgica de Zaporozhe; subsiguientemente firmó una confesión diciendo que había estado planificando poner una bomba en la fábrica. Después de otro interrogatorio, el hombre le dijo a Iván: ‘Todavía no te están torturando. Eso quiere decir que te podrían liberar. Te necesitan por algún motivo también. Si te dejan salir, intenta no olvidar nada de lo que has visto aquí”. (P. G. Grigorenko, Memoirs, p. 96).

Los métodos que Stalin utilizó en los juicios, según el informe de Kruschev en el 20º Congreso, eran los siguientes: “ Stalin personalmente llamaba al juez investigador, le daba instrucciones, le aconsejaba sobre los métodos de investigación que había que utilizar; esos métodos eran muy simples: golpear, golpear y golpear de nuevo ” . Y continuaba: “ Las confesiones de culpabilidad de muchos de los detenidos y acusados fueron obtenidas con la ayuda de torturas crueles e inhumanas ” . En su informe al 22º Congreso, Kruschev se refiere a los métodos que se utilizaban para conseguir confesiones de los dirigentes del Ejército Rojo:

Muchos excelentes comandantes y comisarios políticos del Ejército Rojo fueron destruidos. Hay compañeros entre los delegados presentes -no quiero dar sus nombres para no causarles dolor- que pasaron muchos años en la cárcel. Fueron ‘convencidos’, convencidos con ciertos métodos, de que eran espías alemanes, británicos o de otros países. Y algunos de ellos ‘confesaron’. Incluso cuando se les decía que las acusaciones de espionaje contra ellos habían sido retiradas, insistieron en sus declaraciones previas ya que pensaban que sería mejor mantener sus declaraciones falsas para escapar a la tortura, para morir más rápidamente”.(The Road to Communism. Report of the 22nd Congress CPSU, p. 113).

Las purgas, que afectaron a todos los niveles de la vida , causaron estragos en la medida en que se eliminaba a cuadros dirigentes del partido , oficiales del ejército , técnicos , estadísticos , planificadores , gerentes y trabajadores . Se desencadenó una histeria contra lo que Stalin denominó “ enemigos del pueblo ” . Después de los éxitos iniciales de los planes quinquenales , se denominó al 17º Congreso del Partido, en enero de 1934, con el que Stalin pretendía consolidar su poder , Congreso de los Vencedores. Años más tarde , en su famoso “ discurso secreto ” , Kruschev señaló que de los 1.966 delegados a ese congreso , ¡ por lo menos 1.180 fueron más tarde acusados de crímenes contrarrevolucionarios ! En palabras de Kruschev, Stalin “ escogió el camino de la represión y de la aniquilación física ” .

Justo antes de la guerra , todo el Estado Mayor fue arrestado , y estrategas militares brillantes como Tujachevski, Yakir, Gamarnik , de los días de la guerra civil, fueron ejecutados por Stalin, que evidentemente temía la posibilidad de un golpe de Estado. Cientos de miles fueron fusilados y millones de personas enviadas a los campos de concentración , todos ellos condenados solemnemente por espías , saboteadores , asesinos y, lo peor de todo , “ trotsko-fascistas ” .

Las purgas diezmaron al Ejército Rojo. Entre 1937 y 1938 se liquidó entre 20 y 35.000 oficiales del Ejército Rojo. El 90% de los generales y el 80% de todos los coroneles fueron asesinados por la GPU. Tres mariscales, 13 comandantes, 57 comandantes de cuerpo, 111 comandantes de división, 220 comandantes de brigada y todos los comandantes de los distritos militares fueron fusilados por los pelotones de ejecución de la GPU. El número de detenciones en este periodo incluye tres de los cinco mariscales; tres de los cuatro altos jefes del ejército; 60 de los 67 comandantes de cuerpo; 136 de 199 jefes de división; y 221 de los 397 jefes de brigada; los dos almirantes de primer rango y los dos almirantes de segundo rango de la flota; los seis almirantes de primer rango y nueve de los 15 de segundo; los 2 comisarios de primer rango de la flota, los 15 de segundo rango, 25 de los 28 comisarios de cuerpo, todos los comisarios de división y 34 de los 36 comisarios de brigada. También hubo pérdidas importantes entre los suboficiales y oficiales de campo.

De todo esto Roy Medvedev comenta:

La verdad, aunque nos choque, fue muy sencilla. Nunca los mandos de ningún ejército sufrieron tanto en tiempo de guerra como en la paz sufrió el Ejército Rojo.

Años enteros dedicados a formar los cuadros militares se redujeron a nada. La base del partido en las Fuerzas Armadas se vio drásticamente reducida. En 1940 la relación otoñal del inspector general de Infantería mostraba que entre los 225 jefes de regimiento que permanecían en activo durante el verano de aquel año, ninguno había salido de una academia militar, 25 habían completado su formación en una escuela militar y los 200 restantes habían realizado cursos para jóvenes tenientes. A comienzos de 1940, más del 70% de los comandantes de división, cerca del 70% de los jefes de regimiento y el 60% de los comisarios militares y jefes de las divisiones políticas hacía sólo un año que ocupaban sus puestos. Y todo esto ocurría precisamente antes de la guerra más cruel de la Historia. (Roy A. Medvedev, Que juzgue la Historia, p. 242).

Un número incontable de gente desapareció sin dejar rastro en las prisiones de la GPU, muertos por tortura o fusilados. De hecho, hubo mucha más gente que murió sin confesar que los que lo hicieron. Millones de personas perecieron en los campos de Stalin por hambre, frío o fusilados. La ración de comida en los campos se limitaba siempre a niveles de hambre, en algunos casos sólo 400 gramos de pan al día, y no todos los días. Con esas raciones se ponía a los prisioneros a trabajar en la construcción y la minería en las condiciones extremas del Ártico. Esta es una descripción de uno de los campos:

No voy a repetir las cosas que he oído pero no he visto yo mismo. Sólo relataré cómo gente murió ante mis propios ojos, cada día, por docenas, se les ‘enviaba a la colina’, muriéndose en las tiendas, congelándose y apiñándose ante las estufas de acero, cayendo por hambre y frío, de disentería y malnutrición…

La alta tasa de enfermedades y muerte en Adal se debía al hecho de que cuando llegó la gente de Vorkuta no sólo las tiendas no estaban preparadas -de tal manera que la gente pilló resfriados por dormir en el suelo congelado a cielo descubierto- sino que tampoco había comida y no había cocina, panadería ni casa de baños. Desesperada, la gente se precipitaba sobre patatas congeladas que se pudrían al aire libre. Al estar podridas provocaban disentería y diarrea a todos los que las comían, después de lo cual los más débiles empezaron a caer como moscas. Se hervía una especie de bacalao apestoso, una parte del cual se había congelado y otra se había congelado y deshelado de nuevo, en calderas sobre fuegos abiertos y después se servía directamente sobre las manos sucias de la gente. No había pan. En lugar de eso hervían unos terrones de pasta en las mismas calderas sobre fuegos abiertos. A cada persona se le daba uno, medio húmedo e hirviendo, y le tenía que durar todo el día. La gente medio muerta de hambre se lanzaba sobre ellos avariciosamente e inmediatamente se retorcín por el dolor de estómago. (George Saunders (editor) Samizdat: Memoirs of a Bolshevik-Leninist, p. 170.)

Incluso en estos sitios infernales, los trotskistas mantuvieron su organización y su fe revolucionaria. Tenían discusiones políticas e intentaban seguir los acontecimientos de la URSS y el mundo. Finalmente, bajo presiones intolerables, en octubre de 1936, se declararon en huelga de hambre, algo sin precedentes en los campos de trabajo.. En las barracas ocupadas por los trotskistas la huelga fue sólida al 100%. Incluso los ordenanzas se declararon en huelga. Unos mil prisioneros participaron en la huelga en las minas de Vorkuta , que duró más de cuatro meses y sólo terminó en marzo de 1937, cuando los huelguistas recibieron un cable del cuartel general de la GPU concediendo todas sus reivindicaciones. Pero, más tarde, el régimen carcelario empeoró. Finalmente, en marzo de 1938, los trotskistas de Vorkuta fueron llevados a la tundra en grupos y fusilados:

Las ejecuciones en la tundra se prolongaron durante todo el mes de abril y parte de mayo. Normalmente, un día de cada dos o un día de cada tres, se llamaba de 30 a 40 prisioneros. Es necesario destacar que, cada vez, se incluía a algunos criminales comunes reincidentes.

La GPU, con objeto de aterrorizar a los prisioneros, hacía pública de vez en cuando la lista de los fusilados por medio de la radio local. Habitualmente las emisiones empezaban así: ‘Por agitación contrarrevolucionaria, sabotaje, bandidaje en los campos, negativa a trabajar, intentos de fuga, han sido fusilados los siguientes…’ seguido de una lista de nombres de presos políticos mezclados con un grupo de criminales comunes.

En cierta ocasión, un grupo de casi cien presos, compuesto mayoritariamente por trotskistas fue conducido fuera de los barracones para ser fusilados. Mientras marchaban, los condenados cantaban La Internacional, coreada por los cientos de prisioneros que se quedaban en el campo.

A principios de mayo, un grupo de mujeres fueron fusiladas. Entre ellas se encontraba la comunista ucraniana Chumskaya, esposa de I. N. Smirnov, bolchevique desde 1898 y ex comisario del pueblo (la hija de Smirnov, Olga, una joven apolítica, apasionada por la música, había sido fusilada un año antes en Moscú); las esposas de Kosior, Melnais, etc. (…) Una de estas mujeres tenía que caminar con muletas. Cuando se ejecutaba a un preso, su esposa -también presa- era automáticamente condenada a la pena capital; y cuando se trataba de miembros conocidos de la Oposición, esta regla se aplicaba igualmente a todos sus hijos de más de 12 años de edad”. (Ibid., pp. 215-6).

‘La marca de Caín’

El horror de las purgas fue tal, que la clase obrera soviética quedó aturdida. Todos los viejos bolcheviques dirigentes, los compañeros de armas de Lenin, fueron acusados de haber sido agentes de la Gestapo. De esta manera, todos los vínculos vivos con Octubre se habían roto, lo que más adelante preparó el terreno para la reacción. Los dirigentes de los partidos comunistas del mundo jugaron un papel especialmente pernicioso. A pesar del carácter monstruoso de las acusaciones y la historia de los acusados, los dirigentes “ comunistas ” no perdieron el tiempo a la hora de condenar a los acusados y apoyar al verdugo. Estaban tan estalinizados que ni un sólo dirigente de los partidos comunistas del mundo habló contra los horrores de las purgas. Se habían convertido en obedientes lacayos de Moscú. La complicidad de estos dirigentes “ comunistas ” en los crímenes de Stalin es uno de los episodios más vergonzosos de la historia del movimiento obrero mundial. Participaron en todos y cada uno de los zigzags de la política de Moscú, justificando el asesinato de los viejos bolcheviques y alabando a Stalin, preparando así, y teniendo por tanto gran parte de responsabilidad en la catástrofe actual, el camino para el colapso de la URSS décadas más tarde.

Como manifestó el estalinista inglés Andrew Rothstein en un libro escrito cuando Stalin todavía vivía, “ Los ciudadanos de la Unión Soviética sintieron la fuerza de su país, durante esos años, de una manera que no habían sentido nunca antes ” . Y seguía:

“A finales de la primavera de 1936, una serie de detenciones de agentes nazis y conspiradores trotskistas reveló la existencia de una organización mucho más amplia -un comité central terrorista que incluía no sólo Zinoviev y Kámenev, sino también a varios destacados trotskistas. Las investigaciones preliminares y las pruebas presentadas en el juicio revelaron que, a través de alemanes que habían sido enviados a la URSS por el propio Trotski, la organización estaba en contacto cercano con la Gestapo alemana. Zinoviev, Kámenev y sus asociados fueron sentenciados a muerte”. (A. Rothstein, A Historyofthe USSR, pp. 239-42).

En un libro publicado en 1939, otro miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña ridiculizó la idea de que se había utilizado tortura para extraer falsas confesiones. J. R. Campbell cita un pasaje de la transcripción oficial del juicio del trotskista y héroe de la guerra civil Muralov:

Vychinski: ‘¿Fue usted maltratado?’

Muralov: ‘Se me privó de mi libertad’.

Vychinski: ‘¿Pero quizás se utilizaron métodos bruscos contra usted?’

Muralov: ‘No. No se utilizaron este tipo de medidas. Y tengo que decir que en Novosibirsk y aquí fui tratado decente y educadamente”. (J. R. Campbell, El juicio del centro trotskista antisoviético, pp. 231-2).

Esto era en el periodo en que las medidas represivas de las cárceles de Stalin adquirieron su expresión más cruel. Con la sustitución de Yagoda por Yezhov a la cabeza de la GPU, por primera vez se permitió la tortura durante el interrogatorio. Sin embargo, Campbell escribía:

Trotski nos pide que creamos que uno de sus seguidores más destacados, un hombre que nunca hizo la paz con el Partido Comunista de la Unión Soviética, no sólo confesó crímenes de los que no era culpable, sino que también declaró falsamente que había sido tratado de la manera más educada”. (Campbell, Soviet Policy and itsCritics, p. 250).

En otra parte describe los comentarios de Trotski sobre el caso de Muralov como “ una hipótesis desde una celda acolchada ” . (Ibid., p. 252). Campbell dice: “ Algunas de estas actividades fueron realizadas siguiendo instrucciones directas de los servicios secretos alemanes ” . (Ibid., p. 220). Y de nuevo: “ Es desafortunado que esta gente estuviera en posiciones importantes, pero no que aquellos que eran traidores hayan sido ejecutados y los que eran degenerados e ineficaces, sustituidos. Los traidores trotskistas también creían en una purga, una purga posible sólo sobre la base de una victoria fascista (…) La purga es la respuesta final y aplastante a esta fantasía. Revela no el triunfo de la burocracia, sino el triunfo de la Democracia Socialista. Revela que el pueblo de la Unión Soviética está en contra de los cobardes, renegados y desertores ” . (Ibid., p. 236).

La pérfida acusación de que revolucionarios destacados colaboraron con Hitler para derrocar la Unión Soviética fue contestada decisivamente cuando se abrieron los archivos alemanes después de la guerra:

“La enorme cantidad de material nuevo que ha surgido desde la derrota de Alemania en 1945 ha sacado a la luz algunas pruebas de conspiración entre la NKVD y la Gestapo, pero ninguna de contactos entre los alemanes y los oposicionistas. Finalmente, en los casos en que las pruebas presentadas en el juicio se referían a acontecimientos pasados, cualquiera que tenga acceso a las fuentes a disposición de un historiador puede demostrar fácilmente que esos acontecimientos fueron falsificados y distorsionados por la acusación”.(L. Schapiro, The Communist Party of the Sóviet Union, p. 424, énfasis del autor).

El periódico del Partido Comunista británico, Daily Worker, publicó una serie de artículos exigiendo la ejecución de los acusados, con consignas como “ ¡Fusilad a los reptiles! ” . Durante la Segunda Guerra Mundial, el PC publicó un panfleto contra los trotskistas británicos con el título de “ Los agentes secretos de Hitler ” . Incluso exigieron su ilegalización. Esto es sólo una muestra de los métodos gangsteriles habituales de los estalinistas en el movimiento obrero internacional de aquella época. Sin embargo, las acusaciones no tenían ningún fundamento en absoluto. Todas y cada una de las víctimas eran inocentes de los cargos de los que se les acusaba. Esto fue uno de los crímenes más viles cometidos en toda la Historia. Y los que lo perpetraron y aquellos que les aplaudieron desde la barrera llevarán para siempre la marca de Caín.

No se puede alegar ignorancia. Durante todo este periodo, León Trotski y su hijo, León Sedov, publicaron una enorme cantidad de material demostrando de manera concluyente que las acusaciones eran falsas. Los dirigentes del PC tenían acceso a ese material. En uno de los juicios se puso gran énfasis en una supuesta reunión de Trotski con uno de los acusados, que se suponía que había volado a Noruega. Trotski demostró que ningún avión había aterrizado en el aeropuerto en cuestión en la fecha citada ni en ninguna fecha cercana. Había gran cantidad de contradicciones por el estilo. En 1937, una Comisión Internacional de Investigación imparcial, dirigida por el filósofo americano John Dewey, investigó las acusaciones que el Kremlin lanzaba contra León Trotski y su hijo. Después de un análisis exhaustivo de las pruebas presentadas, la Comisión llegó a la conclusión de que los juicios de Moscú eran un montaje y que Trotski y Sedov no eran culpables de 18 acusaciones concretas presentadas por el fiscal. En 1956, en la sesión secreta del 20º Congreso del PCUS, Kruschev reconoció que los juicios eran un montaje y que los fusilados eran inocentes de los crímenes que se les imputaban.

Kruschev intentó poner la responsabilidad de estos crímenes contra el socialismo en las espaldas de un hombre (Stalin), ¡como si un solo hombre pudiera ser responsable de un régimen tan monstruoso! Leopold Trepper, que llegó a ser el dirigente de la red de espionaje soviético en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra Mundial, refuta esta idea. “ ¿Cómo pudieron aceptar que se condenara sin pruebas a sus camaradas de combate? ” , se pregunta Trepper. “ Después del 20º Congreso del partido comunista celebrado en 1956, todos esos dirigentes fingieron quedar estupefactos. Según decían, el informe de Kruschev era para ellos una verdadera revelación. Pero, en realidad, habían sido cómplices conscientes de la liquidación de numerosos militantes e incluso miembros de sus propios partidos ” . Y continúa: “ De aquel sombrío período he conservado unos recuerdos que aún no se han borrado de mi mente (…) el temor al mañana y la angustia de vivir quizás nuestras últimas horas de libertad determinaban nuestros actos. Y además el miedo, que se había convertido en nuestra segunda piel, nos incitaba a la prudencia, a la sumisión. Yo sabía que mis amigos habían sido detenidos y, no obstante, me callaba. ¿Por qué a ellos los habían detenido? ¿Y por qué no a mí? Aguardaba mi turno y me preparaba para aquél epílogo ” . (Leopold Trepper, El gran juego, p. 66-7).

A pesar de las revelaciones de Kruschev, se rehabilitó a muy pocas de las víctimas de las purgas. Con la llegada al poder de Gorbachov, se realizó algún progreso, como parte de la glasnost (apertura). En julio de 1987 se tomó la decisión de rehabilitar a Bujarin y Rykov, fusilados en 1938. En febrero de 1988, el Tribunal Supremo Soviético cambió la decisión de su Colegio Militar en el caso del bloque trotskista de derechas de 1938. Sin embargo se dejaron en suspenso los juicios de 1935, 1936 y 1937, al igual que otros juicios-farsa anteriores, de 1928 a 1932. Gorbachov tenía un claro interés en rehabilitar a Bujarin, ya que se había acercado a toda una serie de sus ideas, especialmente la necesidad de restaurar el mercado. Así, en noviembre de 1987, Gorbachov denunciaba a Trotski como un “ político astuto ” y al trotskismo como “ una corriente, cuyas ideologías (…) en esencia ocupaban posiciones capitalistas ” , mientras que “ el centro político del Partido, encabezado por Stalin, defendió lealmente el leninismo en esta lucha ideológica ” contra la oposición trotskista.

Aunque los juicios-purga quedaron al descubierto como un montaje, Trotski no sólo no fue rehabilitado, sino que hubo nuevos intentos de demonizarlo. Esto demostró que la élite dominante todavía temía sus ideas, las ideas del auténtico bolchevismo-leninismo. Incluso en octubre de 1988, Pravda publicó un artículo sobre Trotski con el título de El demonio de la revolución, en el que se acusaba a Trotski de provocar la oleada de terror en la URSS con sus actividades propagandísticas fuera del país (!).

“ Específicamente con relación a León Trotski ” , dice Medvedev, “ sus actividades y trágico destino requieren una evaluación política y legal cuidadosamente sopesada ” . Sin embargo, Medvedev afirma: “ Trotski nunca fue un espía de la Gestapo. Y tenemos que recordar que las sentencias de muerte dictadas contra Trotski en los tres principales juicios de Moscú no se quedaron en papel mojado. El ‘veredicto’ fue llevado a la práctica en 1940 en México por un grupo de la NKVD ‘para misiones especiales en el extranjero ” . (Medvedev, Que juzgue la Historia, pp. 18-9).

Daremos la última palabra a un hombre que, aunque nunca fue trotskista, estaba bien situado para juzgar lo que sucedió, a la luz de su propia vida trágica. Examinando su conciencia décadas más tarde, Leopold Trepper recordó su angustiosa experiencia en la universidad de Moscú en la época de las purgas:

Yugoslavos, polacos, lituanos, checos, todos desaparecían. En 1937 ya no era posible encontrar ni siquiera a uno de los principales dirigentes del Partido Comunista Alemán, excepto Wilhelm Pieck y Walter Ulbricht. La locura represiva carecía de límites: la sección coreana estaba diezmada, los delegados indios habían desaparecido, los representantes del Partido Comunista Chino se hallaban encarcelados (…) Los fulgores de Octubre iban extinguiéndose en los corpúsculos carcelarios. La revolución degenerada había engendrado un sistema de terror y horror, en el que eran escarnecidos los ideales socialistas en nombre de un dogma fosilizado que los verdugos aun tenían la desfachatez de llamar marxismo.

Y sin embargo, desgarrados pero dóciles, nos había seguido triturando el engranaje que habíamos puesto en marcha con nuestras propias manos. Cual ruedas del mecanismo, aterrorizados hasta el extravío, nos habíamos convertido en instrumentos de nuestra propia sumisión. Todos los que no se alzaron contra la máquina estalinista son responsables, colectivamente responsables. Tampoco yo me libro de este veredicto.

Pero, ¿quién protestó en aquella época? ¿Quién se levantó para gritar su hastío?

Los trotskistas pueden reivindicar ese honor. A semejanza de su líder, que pagó su obstinación con un pioletazo, los trotskistas combatieron totalmente el estalinismo, y fueron los únicos que lo hicieron. En la época de las grandes purgas, ya sólo podían gritar su rebeldía en las inmensidades heladas a las que los habían conducido para mejor exterminarlos. En los campos de concentración su conducta fue siempre digna e incluso ejemplar. Pero sus voces se perdieron en la tundra siberiana.

Hoy día los trotskistas tienen el derecho de acusar a quienes antaño corearon los aullidos de muerte de los lobos. Que no olviden, sin embargo, que poseían sobre nosotros la inmensa ventaja de disponer de un sistema político coherente, susceptible de sustituir el estalinismo, y al que podían agarrarse en medio de la profunda miseria de la revolución traicionada. Los trotskistas no ‘confesaban’ porque sabían que sus confesiones no servirían ni al partido ni al socialismo. (Trepper, op. cit., pp. 67-8, énfasis del autor).

El fin de la Comintern

En sus mejores días, la Internacional Comunista movilizaba por millones. Si dejamos de lado a los primeros cristianos que dirigieron a las masas oprimidas contra el Imperio Romano y al Islam que levantó a la nación árabe, éste fue el mayor movimiento revolucionario en la Historia de la humanidad. Lenin y Trotski habían previsto que a la Revolución Rusa le seguiría una oleada de revoluciones que pondría fin al aislamiento del Estado obrero. Con este objetivo establecieron la Internacional Comunista. Sus cuatro primeros congresos fueron un compendio extraordinario de teoría revolucionaria, con el fin de educar a los partidos comunistas de Europa Occidental, EEUU y Asia, recién creados e inexpertos. Esos escritos siguen siendo hoy en día una mina rebosante de ideas y teoría marxista.

Si la Internacional Comunista se hubiera mantenido en esa línea, sin duda hubiera conseguido la victoria en uno o varios países, cambiando de esa manera la correlación de fuerzas. Pero la reacción estalinista representó un cambio decisivo no sólo en Rusia, sino en todos los partidos comunistas. Aquí vemos la superioridad del método marxista sobre el empirismo. Ya en 1928, en un momento en el que los dirigentes comunistas estaban realmente intentando actuar como una internacional marxista revolucionaria, Trotski predijo que, si la Internacional adoptaba la teoría del socialismo en un solo país, eso sería inevitablemente el inicio de un proceso que sólo podía acabar con la degeneración nacional-reformista de todos los partidos comunistas del mundo. La predicción de Trotski fue recibida con desprecio, pero ahora la Historia se ha tomado su cruel revancha. Setenta años más tarde, la poderosa Internacional Comunista ya no existe y los partidos comunistas de todo el mundo han degenerado hacia posiciones nacionalistas y reformistas, tal y como Trotski predijo.

Este proceso no empezó ayer . Incluso antes de la Segunda Guerra Mundial, bajo la influencia perniciosa de Stalin, los partidos de la Comitern se habían empapado de oportunismo de la peor especie . Los zigzags eran continuos : de la conciliación con los socialdemócratas a la locura ultraizquierdista del tercer periodo . Hoy, los dirigentes de los partidos comunistas no defienden ni una sola de las ideas básicas del marxismo-leninismo . Antes de la guerra , los partidos comunistas desarrollaron la alianza “ antifascista ” entre la Unión Soviética y las llamadas democracias occidentales . Bajo esta bandera , en 1936 traicionaron la revolución en España y en Francia, cuando la clase obrera hubiera podido tomar el poder . Siguiendo servilmente los dictados de la política exterior de Stalin, había que sacrificar la revolución en el altar de la “ alianza ” .

Con el auge de Hitler, de nuevo como consecuencia de las políticas de Stalin, se incrementó todavía más el dominio de la burocracia en la URSS. La casta burocrática se elevaba cada vez más por encima de las masas soviéticas, aumentando su poder. Pero esa progresiva degeneración implicó cambios cualitativos. De no ser capaz de asegurar otra cosa que derrotas para la clase obrera mundial, el estalinismo empezó a oponerse a la revolución obrera en otros países. Los juicios de Moscú, el asesinato de los viejos bolcheviques, las purgas, el asesinato y el exilio de la flor y nata de los obreros comunistas rusos completaron la contrarrevolución estalinista en la Unión Soviética.

Los acontecimientos en Francia y en España estaban frescos en la conciencia de todos los revolucionarios. La Comintern jugó un papel decisivo a la hora de evitar la revolución. De hecho se destapó como la punta de lanza de la contrarrevolución. Las derrotas de la clase obrera llevaron inevitablemente a una nueva guerra. Irónicamente, la Segunda Guerra Mundial se precipitó por un acuerdo entre Hitler y Stalin. De esta manera, Stalin asestaba nuevos golpes a la clase obrera mundial y a la Comintern. En una nueva pirueta, lanzó una campaña por la paz que beneficiaba a Hitler, hábilmente disfrazada de política “ revolucionaria ” . Como Trotski anticipó al predecir el pacto Hitler-Stalin en un artículo escrito en marzo de 1939:

El principal rasgo de la política internacional de Stalin en los recientes años ha sido éste: comercia con el movimiento obrero como si comerciase con petróleo, manganeso u otras mercancías”. En esta frase no hay ni pizca de exageración. Stalin consideraba las secciones de la Comitern en los diferentes países y la lucha de liberación nacional de las naciones oprimidas como calderilla para sus pactos con las potencias imperialistas.

Cuando requiere la ayuda de Francia, subordina al proletariado francés a la burguesía radical. Cuando tiene que apoyar a China frente a Japón, subordina al proletariado chino al Kuomintang. ¿Qué haría en el caso de un acuerdo con Hitler? Hitler, claro está, no necesita particularmente la ayuda de Stalin para estrangular al Partido Comunista Alemán. El papel secundario de éste está motivado por toda su política anterior. Pero es muy probable que Stalin acordaría suprimir toda ayuda financiera para el trabajo ilegal en Alemania. Esta es una de las más pequeñas concesiones que tendría que hacer, y estaría bastante deseoso de hacerla.

Uno debería también asumir que la ruidosa, histérica y más aparente que real campaña contra el fascismo que la Comitern ha estado impulsando en los últimos años será diluida disimuladamente”. (L. Trosky, Writings 1938-39, p. 202-3).

Estas líneas proféticas fueron brillantemente confirmadas por el pacto Hitler-Stalin.

Después de cinco años de exigencias vociferantes de un pacto entre la Unión Soviética y las “ democracias ” occidentales, Stalin dio un giro de 180º y pactó con Hitler en el otoño 1939. Trotski advirtió que esto prepararía el camino para importantes victorias del fascismo, al desorientar a los obreros de Gran Bretaña, Francia y otros países. El acuerdo precipitó la Segunda Guerra Mundial, que Stalin creía que podía evitar con ese truco diplomático de cambio de alianzas. Los partidos comunistas, como consecuencia, cambiaron su política de “ seguridad colectiva ” y empezaron a atacar a los “ aliados traficantes de guerra ” . El periódico del PC británico, Daily Worker, por ejemplo, en la llamada guerra-farsa de 1939-40, estaba exigiendo una paz con las condiciones de Hitler. Incluso el ilegal Partido Comunista Alemán tenía esa misma postura. Después de la invasión alemana de Francia, el Partido Comunista Francés (PCF) envió una delegación a los alemanes pidiéndoles permiso para publicar su periódico, L´Humanité , legalmente bajo la ocupación nazi. Fueron fusilados. Sin embargo, en Noruega, también ocupada, se permitió al PC publicar legalmente su periódico durante algunos meses, pidiendo “ paz ” , etc., a la par que se suprimían los periódicos socialdemócratas. Naturalmente, una vez hecho el trabajo sucio, fueron prohibidos, cuando Hitler preparaba su invasión de Rusia.

Esta política de Stalin y el “ cadáver putrefacto ” de la Comintern colapsó irreparablemente cuando los nazis invadieron la Unión Soviética en 1941. Después de esto, la línea política de la Internacional Comunista tuvo que efectuar un nuevo giro para convertirse otra vez en el felpudo de Roosvelt y el imperialismo británico, movilizando a los partidos comunistas para apoyar a las “ democracias ” en su “ guerra contra el fascismo ” . El británico Daily Worker publicó un titular de dos pulgadas con las palabras: “ El único alemán bueno es el alemán muerto ” . Pero con la creciente dependencia de Stalin del imperialismo americano y británico, se dio también una presión creciente por parte de los aliados imperialistas. Especialmente EEUU exigía la disolución de la Comintern, como última garantía contra el peligro de revolución social en Europa después de la caída de Hitler.

La deseada pretensión se materializó en 1943. Stalin disolvió la degenerada Comintern en un intento de ganarse la “ buena voluntad ” de los imperialistas. Esta política criminal no tuvo el efecto que Stalin quería. Los comunistas de base desplegaron una heroica resistencia en toda la Europa ocupada. Pero cuando los partidos comunistas tuvieron la posibilidad de tomar el poder en Francia, Italia, Bélgica, etc., en lugar de eso entraron en gobiernos de coalición. Después, cuando el capitalismo se sintió a salvo, fueron expulsados sin contemplaciones. Esto dio paso a la guerra fría, un periodo de tensiones y rivalidad entre el estalinismo y Occidente.


IV. El carácter del estalinismo

La controversia sobre el carácter de clase de la URSS

Según Lenin, el Estado:

siempre ha sido un cierto aparato que se separaba de la sociedad y consistía en un grupo de gente dedicada única, o casi únicamente, o principalmente, a gobernar. La gente se divide en gobernados y los especialistas en gobernar. Los que se elevan por encima de la sociedad son conocidos como gobernantes, representantes del Estado.

Este aparato, este grupo de gente que gobierna a otros, siempre se pone al mando de un cierto aparato de coerción, de fuerza física, independientemente de sí esta coerción de la gente se expresa en el palo primitivo o ¾ en la época del esclavismo – en tipos de armas más perfeccionadas, o en las armas de fuego que aparecieron en la Edad Media, o, finalmente, en las armas modernas que, en el siglo veinte, son maravillas de la técnica y se basan totalmente en los últimos logros de la tecnología moderna.

Los métodos de coerción cambiaron, pero siempre que había un Estado existía en todas las sociedades un grupo de gente que gobernaba, que dirigía, que dominaba y que, para poder mantener su poder, poseían un aparato de coerción física, un aparato de violencia, con aquellas armas que mejor correspondían al nivel técnico de una época dada. Y examinando estos fenómenos generales, preguntándonos por qué no existía el Estado cuando no existían las clases, cuando no había explotadores ni explotados, y por qué surgió cuando surgieron las clases, sólo de esta manera podemos encontrar una respuesta definitiva a la cuestión de la esencia del Estado y su significado.

El Estado es una maquinaria para mantener el dominio de una clase sobre otra. (Lenin, Collected Works, ElEstado, vol. 29, p. 477).

¿Por qué razón afirmó Marx que la clase obrera no puede tomar control de la maquinaria estatal capitalista tal como es y utilizarla para sus propios fines? No por motivos místicos, sino debido a ciertos hechos muy concretos. En el Estado moderno todas las posiciones clave están en manos de gente que está bajo el control de la clase dominante: han sido seleccionados especialmente por educación, puntos de vista, y condiciones de vida, para servir a los intereses de la burguesía. Las ideas y puntos de vista de los oficiales del ejército, especialmente los de mayor graduación, los altos funcionarios del Estado, y los técnicos más importantes, son moldeadas para servir a los intereses de la clase capitalista. Todos los cargos de dirección en la sociedad son ocupados por gente en la que la clase capitalista pueda confiar. Por este motivo la maquinaria del Estado es una herramienta en manos de los capitalistas que no puede ser utilizada por la clase obrera y debe ser aplastada y apartada por ésta. Ahora, ¿qué quiere decir aplastar la maquinaria del Estado?

Es posible que cuando la clase obrera llegue al poder utilice a muchos , quizás incluso a la mayoría de los funcionarios del Estado capitalista . Pero estarán subordinados a comités y organizaciones obreras . Por ejemplo en la Unión Soviética , al principio, después de la disolución del ejército zarista , el Ejército Rojo se vio obligado a utilizar los servicios de ex- oficiales zaristas , bajo el control de comisarios políticos . Igualmente , en el aparato estatal soviético había una proporción considerable de ex- funcionarios zaristas . Debido a los factores históricos desfavorables esto posteriormente jugó un papel importante en la degeneración del régimen ruso . No es casualidad que Lenin dijera que el Estado soviético era “ una maquinaria burguesa zarista … levemente barnizada con socialismo ” .

El proletariado, según el concepto clásico, aplasta la vieja maquinaria del Estado y procede a crear un semi-estado . Sin embargo, se ve obligado a utilizar los viejos técnicos. Pero el Estado, incluso en las mejores condiciones, por ejemplo en un país avanzado con un proletariado educado, sigue siendo una reliquia de la sociedad clasista, y con él está implícita la posibilidad de degeneración. Por ese motivo, los marxistas insisten en el control de las masas, para asegurar que el Estado no se desarrolla como una fuerza independiente. Tan rápidamente como sea posible debería disolverse en la sociedad. Por las razones explicadas más arriba, el Estado puede ganar cierta independencia de la base que representaba en un principio. Engels explicaba que a pesar de que la superestructura – Estado e ideología – depende de la base económica, sin embargo tiene un movimiento propio independiente. Durante un período bastante prolongado, puede haber un conflicto entre el Estado y la clase que éste Estado representa. Por ese motivo, Engels habla de que el Estado normalmente o en períodos típicos representa directamente a la clase dominante. Sólo se puede entender la sociedad clasista si se tiene en cuenta la interdependencia y antagonismos multifacéticos y dialécticos entre todos los factores dentro de ella.

Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad, hay que considerar a la economía como el factor dominante. La superestructura que se desarrolla sobre esta base económica se separa de ésta y se convierte en su antagonista. Al fin y al cabo, la esencia de la teoría marxista de la revolución es que los cambios graduales en la producción, llegados a cierto punto, entran en conflicto con la vieja forma de la superestructura tanto de la propiedad como del Estado. Según Marx: “ De formas de desarrollo de las fuerzas productivas estas relaciones se convierten en sus frenos ” . Se desarrolla una contradicción profunda que sólo se puede resolver aboliendo la superestructura y reorganizando la sociedad sobre la base del nuevo modo de producción que se ha desarrollado dentro del viejo.

A largo plazo la economía y las relaciones de propiedad son decisivas, aunque no agotan la cuestión del carácter de clase del Estado, que en momentos diferentes se define de maneras diferentes. Debido a esto, tal y como todos los maestros marxistas se esforzaron en explicar, en última instancia la superestructura tiene que corresponderse con éstas. “ Con el cambio del cimiento económico, toda la enorme superestructura se transforma más o menos rápidamente ” en palabras de Marx. Si se abandona este criterio, se puede llegar a todo tipo de construcciones arbitrarias y superficiales. Uno se perdería inevitablemente en el laberinto de la historia, al igual que Perseo en la mitología de la antigua Grecia estaba perdido en el Palacio de Minos, pero sin un hilo para poder salir. El hilo de la historia es la estructura económica básica de la sociedad, o la forma de propiedad, que es su reflejo legal. En palabras de Engels: “ Consideramos las condiciones económicas como las que en última instancia condicionan el desarrollo histórico ” . (MESW, Engels a W. Borgius in Breslau, Vol. 3, p. 502).

En 1793 los jacobinos franceses tomaron el poder. Tal como Marx y Engels señalaron, fueron más allá del marco de las relaciones burguesas y completaron en unos pocos meses lo que la burguesía hubiera tardado décadas conseguir: la limpieza de Francia de toda traza de feudalismo. Sin embargo este régimen permaneció enraizado en las formas de propiedad burguesas. A éste le siguió el Termidor francés y el gobierno del Directorio, seguido por la dictadura clásica de Napoleón Bonaparte. Napoleón reintrodujo muchas formas feudales, se coronó Emperador y concentró el poder supremo en sus manos. Sin embargo, todavía podemos clasificar este régimen como burgués. Con la restauración de Luís XVIII el régimen siguió siendo capitalista. Y después tuvimos no una sino dos revoluciones, 1830 y 1848. Estas revoluciones tuvieron consecuencias sociales importantes. Provocaron cambios significativos incluso en el personal del propio Estado. Sin embargo las calificamos a ambas como revoluciones políticas burguesas en las que no se dio ningún cambio en la clase que detentaba el poder: la burguesía.

Vayamos más allá. Después de la Comuna de París de 1871 y la sacudida a las relaciones sociales que ésta representó, tuvimos la organización de la Tercera República con una democracia burguesa que se prolongó por décadas. A esta le siguieron los regímenes de Petain y posteriormente De Gaulle, y después toda una serie de gobiernos hasta nuestros días. Consideremos por un momento la sorprendente diversidad de estos regímenes. Para alguien que no fuera marxista parecería absurdo definir en la misma categoría, por ejemplo, a los regímenes de Robespierre y el de De Gaulle o Chirac. Sin embargo los marxistas los definimos fundamentalmente de la misma manera: regímenes capitalistas. ¿Cuál es el criterio? Uno sólo: las formas de propiedad, la propiedad privada de los medios de producción. Tomemos, de manera similar, la diversidad de regímenes en tiempos más modernos para ver las diferencias extremas de superestructuras que corresponden a la misma base económica. Por ejemplo, comparemos el régimen de la Alemania nazi con el de la democracia parlamentaria británica. Son superestructuras tan fundamentalmente diferentes que muchos teóricos de la escuela no marxista o ex-marxista han considerado al fascismo como una nueva estructura de clases y un sistema de sociedad totalmente nuevo. ¿Por qué decimos que representan la misma clase y el mismo régimen? La respuesta es: a pesar de la diferencia en la superestructura, la base económica de estas sociedades sigue siendo la misma.

El Estado transicional después de Octubre

Tal y como hemos visto, es imposible pasar directamente del capitalismo al socialismo, Incluso en una sociedad avanzada, sería necesario un período de transición en el que el Estado continuaría existiendo temporalmente junto al dinero y la ley del valor. Pero, como explica Marx, la clase obrera no necesitaría el tipo de Estado monstruoso que existe bajo el capitalismo, sino un Estado muy simple, un Estado obrero, que empezaría a desaparecer desde el primer día. Dos meses antes de la toma del poder, Lenin escribía en El Estado y la revolución:

El proletariado necesita el Estado, repiten todos los oportunistas, socialchovinistas y kautskianos asegurando que ésta es la única doctrina de Marx y ‘olvidándose’ de añadir que, según Marx, el proletariado sólo necesita un Estado que se extinga, es decir, organizado de tal modo, que comience a extinguirse inmediatamente y que no pueda por menos de extinguirse”. (Lenin, El Estado y la Revolución, p.23)

Un Estado transicional tiene inevitablemente un carácter contradictorio. El régimen soviético se basaba en las nuevas relaciones de propiedad que surgió de la Revolución de Octubre, pero todavía tenía muchos elementos tomados de la vieja sociedad burguesa. La nacionalización de los medios de producción es el requisito previo para el movimiento hacia el socialismo, pero la posibilidad real de llevar a la sociedad a un estado superior de desarrollo humano depende del nivel de las fuerzas productivas. El socialismo presupone un nivel mayor de tecnología, productividad del trabajo y cultura que incluso en la sociedad capitalista más desarrollada. Es imposible construir el socialismo sobre la base del atraso.

En La Revolución Traicionada, Trotski explica el carácter dual del Estado transicional:

Las normas burguesas de reparto, al precipitar el crecimiento del poder material, deben servir a fines socialistas. Pero el Estado adquiere inmediatamente un doble carácter: socialista en la medida en que defiende la propiedad colectiva de los medios de producción; burgués en la medida en que el reparto de los bienes se lleva a cabo por medio de medidas capitalistas de valor, con todas las consecuencias que se derivan de este hecho. Una definición tan contradictoria asustará, probablemente, a los escolásticos y a los dogmáticos; no podemos hacer otra cosa que lamentarlo. (Trotski, La Revolución Traicionada, p. 85).

Sólo la victoria de la revolución en Europa Occidental, especialmente en Alemania, podía haber cambiado esa situación. La unión de la industria y tecnología alemanas con los enormes recursos naturales y humanos de Rusia en una Federación Socialista hubiera creado las condiciones materiales para la reducción de la jornada laboral, el requisito previo para la participación de la clase obrera en la gestión de la industria y el Estado. Pero la traición de la socialdemocracia hizo naufragar a la revolución alemana y condenó a la revolución rusa al aislamiento en un país atrasado. La victoria de la burocracia fue el resultado directo de esta situación. Desde 1920 en adelante, la burocracia, legal o ilegalmente, absorbió parte de la plusvalía producida por la clase obrera.

Hasta cierto punto, este hubiera sido el caso incluso en un Estado obrero sano. Los funcionarios y directores recibirían una parte de la plusvalía, pero sólo les correspondería lo que Marx llamó “ el salario de superintendencia ” . Entonces tendríamos un “ Estado burgués sin burguesía ” , en palabras de Lenin, o en la expresión de Trotski , un Estado sin mandarines, un cuartel general sin samurais . En un Estado de ese tipo, los funcionarios no tendrían privilegios especiales. Pero dado el nivel extremadamente bajo de las fuerzas productivas y la cultura en Rusia, la clase obrera era incapaz de dirigir el Estado sin la ayuda de los viejos funcionarios y oficiales del ejército zaristas que desde el principio exigieron, y recibieron, salarios mucho más altos que la media. Esto era inevitable debido al aislamiento de la revolución en un país atrasado. Esta fue la razón fundamental por la que el proletariado no pudo mantener su control del poder. Después del fin de la guerra civil, gradualmente, los funcionarios arribistas, que se sentían indispensables para la gestión de la sociedad, fueron empujando a los obreros a un lado.

Lenin y Trotski no preveían una situación en la que la revolución pudiera sobrevivir durante mucho tiempo sin una victoria de los obreros de los países capitalistas avanzados. Ellos asumían que en esas condiciones, los elementos capitalistas liquidarían las conquistas de Octubre . Eso no sucedió aunque hubiera podido suceder en los años 20, especialmente en el período de la NEP, cuando los bolcheviques se vieron obligados a hacer concesiones importantes a los campesinos ricos y la naciente burguesía. Poco antes de su última enfermedad, Lenin hizo un bloque con Trotski para luchar contra la burocracia, de la que temía que estuviese creando las condiciones para la victoria de la contrarrevolución burguesa abierta.

En enero de 1921, Lenin escribió:

Declaré que ‘nuestro Estado no es en realidad un Estado obrero sino un Estado obrero y campesino’ (…) Leyendo el informe de la discusión, me doy cuenta de que me equivocaba (…) debería haber dicho: ‘El Estado obrero es una abstracción. En realidad tenemos un Estado obrero con las siguientes características peculiares: (1) los campesinos y no los obreros predominan en la población, y (2) es un Estado obrero con deformaciones burocráticas. (Lenin, Collected Works, vol. 32, p. 48).

La cuestión del carácter de clase de Rusia siguió ocupando la atención de Trotski hasta su muerte. ¿Cómo se podía desarrollar ese tipo de reacción sobre la base de una revolución proletaria? Poco antes de su expulsión de la Unión Soviética, Trotski analizó la cuestión:

Tenemos que decir clara y distintamente: los cinco años después de la muerte de Lenin fueron años de reacción social y política. La dirección del partido después de Lenin se convirtió en una expresión inconsciente, pero por ello más eficaz, de esta reacción, así como en su instrumento.

Los períodos de reacción, a diferencia de los de contrarrevolución, surgen sin cambiar la clase dominante. El absolutismo feudal conoció períodos de reforma ‘liberal’ y períodos de contrarrevolución fortaleciendo la servidumbre. El dominio de la burguesía, iniciando la época de las grandes revoluciones, conoció períodos alternos de avance turbulento y períodos de regresión. Esto entre otras cosas determinaba la sucesión de diferentes partidos en el poder durante varios períodos de dominación de la misma clase capitalista.

No sólo la teoría, sino también la experiencia viva de los últimos 11 años demuestra que el dominio del proletariado puede pasar por un período de reacción política y social, además de a través de un período de avance turbulento. Naturalmente, no se trata de reacción ‘en general’ sino de reacción sobre la base de una revolución proletaria triunfante, que se levanta en oposición al mundo capitalista. La alternancia de estos períodos está determinada por el desarrollo de la lucha de clases. Los períodos de reacción no cambian la base de la dominación de clase – es decir, no significan la transferencia del poder de una clase a otra (eso significaría una contrarrevolución) – sino que significan que hay un cambio en la correlación de las fuerzas de clase y un reagrupamiento de los elementos dentro de la clase. En nuestro país, el período de reacción que siguió al período de potente avance revolucionario, se produjo principalmente por el hecho de que las antiguas clases propietarias, derrotadas, rechazadas o aterrorizadas, pudieron, gracias a las condiciones objetivas y a los errores cometidos por la dirección revolucionaria, reagrupar sus fuerzas y pasar gradualmente a la ofensiva, utilizando principalmente el aparato burocrático.

Por otra parte, la clase victoriosa, el proletariado, sin apoyo externo, se encontró con nuevos obstáculos y dificultades; perdió la fuerza y el espíritu de los primeros días; se afianzó la diferenciación, con el surgimiento de una burocracia por arriba que actuaba cada vez más en su propio interés, y con la ruptura de los elementos agotados o completamente desesperados por abajo. El aumento de la actividad de las clases burguesas, sobre todo de aquel sector de la pequeña burguesía que luchaba por el avance de las viejas formas de explotación, fue correlativo a la disminución de la actividad del proletariado” (Trotski, The Challengeofthe Left Opposition 1928-29, pp. 304-5)

Termidor y bonapartismo

Existen amplios parecidos entre los procesos que ocurren en revoluciones, incluso cuando su carácter de clase es diferente. Las comparaciones entre la Revolución Rusa y la Gran revolución Francesa de 1789-94 pueden arrojar luz sobre algunos de los procesos fundamentales dentro de ciertos límites. Esto se aplica a la utilización de términos como “ termidor ” que se refiere al episodio del 27 de julio (9 termidor en el viejo calendario revolucionario) de 1794, cuando el ala de derechas de los jacobinos se alió con el centro (el ‘pantano’) para derrocar a Robespierre, iniciando así el camino de la reacción política que acabó con la dictadura bonapartista de Napoleón. Representó el fin del período de ascenso revolucionario y el inicio de la caída. Esto se reflejó en el hecho de que mientras en el período de ascenso (1789-94) el Terror se dirigía casi totalmente contra los enemigos de la revolución y los que querían un compromiso con la reacción, después de termidor, se dirigía contra el ala revolucionaria.

Por extensión, se puede considerar termidor como aquel punto en una revolución en que empieza a notarse cierto cansancio, reflejándose en una retirada que prepara el camino para la reacción abierta. En Francia esto sucedió cuando un sector de la “ montaña ” (el ala revolucionaria de la Convención Nacional) se cansó del terror y de las convulsiones de la revolución en general. La escisión en la “ montaña ” llevó a la reacción termidoriana . De la misma manera se pueden achacar los orígenes de la reacción estalinista en Rusia a un estado de ánimo difuso entre los funcionarios soviéticos y la pequeña burguesía al final de la guerra civil de que ya era hora de parar las innovaciones revolucionarias y ponerse a “ restablecer el orden ” . La teoría del socialismo en un sólo país resumía este estado de ánimo de reacción. Por supuesto que como cualquier analogía histórica, la utilización del término termidor era sólo una aproximación, y como tal tenía un carácter condicional. En sus artículos de 1929 Trotski explica la situación de la siguiente manera:

Me refiero principalmente al problema del termidor y, por esa misma razón, al carácter de clase del Estado soviético. La fórmula del termidor es, desde luego, como toda analogía histórica, condicional. (…) El termidor señala la primera etapa victoriosa de la contrarrevolución, es decir, la transferencia directa de poder de manos de una clase a otra: esta transferencia, aunque viene acompañada inexorablemente de guerra civil, queda, no obstante, oculta políticamente por el hecho de que la lucha se libra entre dos fracciones de un partido que hasta ayer estaba unido. (…) Indica el pasaje directo del poder a manos de otra clase, tras lo cual la clase revolucionaria sólo puede recuperar el poder mediante una insurrección armada. Esta, a su vez, exige una nueva situación revolucionaria, cuyo comienzo depende de un complejo de causas locales e internacionales. (Trotski, Escritos 1929-30, pp.386-7).

Unos años más tarde, en un artículo llamado El Estado obrero, termidor y bonapartismo, Trotski volvió a evaluar esta posición sobre el termidor. Explicó que la analogía del termidor había estado abierta a malas interpretaciones. El grupo ultraizquierdista del difunto Vladimir Smirnov, el grupo Centralismo Democrático, en oposición a la Oposición de Izquierdas, había declarado en 1926 que el proletariado ya había perdido el poder y se había restaurado el capitalismo en Rusia. Para Trotski esto era totalmente falso y era como enterrar la revolución mientras seguía viva. Sin analogías históricas no podemos aprender de la historia. Pero también tenemos que entender sus límites, sus similitudes y sus diferencias. Ese era el caso con el termidor.

“El Termidor de 1974 produjo el traspaso del poder de algunos grupos de la Convención a otros, de uno a otro sector del ‘pueblo’ victorioso. ¿Fue contrarrevolucionario? La respuesta depende de la extensión que le demos, en cada caso concreto, al concepto de ‘contrarrevolución’. El cambio social que se dio entre 1789 y 1793 fue de carácter burgués. En esencia se redujo a la sustitución de la propiedad feudal fija por la ‘libre’ propiedad burguesa. La contrarrevolución ‘correspondiente’ a esta revolución tendría que haber significado el restablecimiento de la propiedad feudal. Pero el Termidor ni siquiera intentó tomar esa dirección. Robespierre buscó apoyo entre los artesanos, el Directorio entre la burguesía mediana. Bonaparte se alió con los banqueros. Todos estos cambios, que por supuesto no sólo tenían un sentido político sino también un sentido social, se dieron sin embargo sobre la base de la nueva sociedad y el nuevo Estado de la burguesía. El Termidor fue la reacción actuando sobre los fundamentos sociales de la Revolución.

De las mismas características fue el Dieciocho Brumario de Bonaparte [esta es la nueva fecha para el 9 de noviembre de 1799, cuando Napoleón tomo el poder y creó una dictadura militar], la siguiente etapa importante en el avance de la reacción. En ninguno de los dos casos se trataba de restaurar las viejas formas de propiedad o el poder de los antiguos sectores dominantes, sino de dividir las ganancias del nuevo régimen social entre los distintos sectores del victorioso ‘Tercer Estado’. La burguesía se fue haciendo dueña de mayores posesiones y de más poder (ya sea directa e inmediatamente o a través de agentes especiales como Bonaparte), pero no atentó en lo más mínimo contra las conquistas sociales de la Revolución; por el contrario, solícitamente trató de fortalecerlas, organizarlas y estabilizarlas. Napoleón protegió la propiedad burguesa, incluida la de los campesinos, tanto contra la ‘chusma’ como contra los plañideros expropiados. La Europa feudal odiaba a Napoleón como la representación viva de la Revolución, y desde su punto de vista tenía razón” (Trotski, Escritos 1933-34, pp. 259-60).

Aquí de lo que se trata es de una serie de contrarrevoluciones políticas sobre las mismas relaciones de propiedad burguesas. Utilizando esta analogía por comparación, Trotski revela el carácter y la dinámica del estalinismo, no como un sistema de explotación de una nueva clase, sino como parasitismo social en el Estado obrero. La clase obrera había perdido el poder político, pero la contrarrevolución no había restaurado la burguesía. La propia burocracia estalinista había usurpado el poder político. Era un producto de las contradicciones sociales que surgían de un Estado obrero aislado en condiciones de atraso crónico.

La contrarrevolución política de la burocracia liquidó completamente el régimen de democracia obrera soviética, pero no destruyó las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre. La burocracia, elevándose por encima de los trabajadores, intentó regular estas contradicciones en su propio interés. Se basaba en la economía nacionalizada y planificada y jugaba un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque, en palabras de Trotski , a tres veces el coste del capitalismo, con un enorme desperdicio, corrupción y mala gestión. Lejos de erradicar estas contradicciones sociales, la burocracia acumulaba nuevas contradicciones. Al final se elevó por encima del proletariado y estableció un régimen de absolutismo burocrático, en el que se había expropiado a la clase obrera de sus derechos y su voz en la dirección de la sociedad.

¿Qué es el bonapartismo?

Trotski , basándose en los acontecimientos, fue capaz de extender y profundizar todavía más su análisis del carácter de clase de la URSS, precisando más sus definiciones. En 1935 ya había abandonado el término centrismo para describir a la burocracia, y adoptó la definición más apropiado de su carácter: una forma de bonapartismo proletario. Para poder entender el razonamiento de Trotski , primero es necesario enunciar de nuevo la teoría marxista del Estado. El Estado se puede definir de muchas maneras. Una de las más comunes para los marxistas es referirse al Estado como “ cuerpos de hombres armados en defensa de la propiedad privada ” . En última instancia, todas las formas de Estado se reducen a esto. Pero en la práctica, el Estado es mucho más que el ejército y la policía. El Estado moderno, incluso bajo el capitalismo, es un monstruo burocrático, un ejército de funcionarios que absorbe una enorme cantidad de la plusvalía producida por la clase obrera. Desde ese punto de vista, hay un germen de verdad en los argumentos de los monetaristas cuyas exigencias de recortar el Estado son un eco moderno de la exigencia de los liberales del siglo XIX de “ un gobierno barato ” . Por supuesto que, como Marx explica en La Guerra Civil en Francia, la única manera de conseguir un gobierno barato es mediante la abolición revolucionaria del Estado burgués, y el establecimiento de un Estado obrero, o un semi-estado , como la Comuna de París.

Marx, Engels y Lenin explicaron que el Estado es un poder especial, que se sitúa por encima de la sociedad y cada vez se aliena más de ésta. Como proposición general podemos aceptar que todos los Estados reflejan los intereses de una clase dominante en concreto. En realidad, la burocracia estatal tiene sus propios intereses, que no se corresponden necesariamente y en todo momento con los de la clase dominante, e incluso pueden entrar en conflicto abierto con ésta. El Estado, en último análisis, como explicaron Marx y Lenin, se compone de cuerpos de hombres armados y sus apéndices. Esta es la esencia de la definición marxista. Sin embargo, hay que ir con cuidado a la hora de utilizar generalizaciones marxistas, que indudablemente son correctas, en un sentido absoluto. La verdad es siempre concreta y si no se analizan las ramificaciones particulares y las circunstancias concretas, inevitablemente se cae en abstracciones y errores. Observemos la manera tan cautelosa con la que Engels trata la cuestión, incluso generalizando. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels escribe:

Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortizar el choque, a mantenerlo en los límites del ‘orden’. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado.

Y más adelante añade:

Y si no examínese nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y la rivalidad en las conquistas han hecho crecer tanto la fuerza pública, que ésta amenaza con devorar a la sociedad entera y aun al Estado mismo (…)” (Op. cit., p. 320)

Engels continua, explicando que una vez que ha surgido el estado, dentro de ciertos límites, éste desarrolla un movimiento propio independiente y que eso es necesario bajo ciertas condiciones: “ Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar impuestos – dice Engels – , los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de esta.

“(…) Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo para ello los medios para la represión y la explotación de la clase oprimida (…) Sin embargo, por excepción, hay períodos en los que las clases en lucha están tan equilibradas, que el Poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra (…)” (énfasis mío)

Y de nuevo Engels dice:

El vínculo central en la sociedad civilizada es el estado, que en todos los períodos normales es sin excepción el Estado de la clase dominante, y que en todos los casos sigue siendo esencialmente una maquinaria de dominación de la clase oprimida y explotada (…)” (énfasis mío) (C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en dos tomos, t. II, pp. 318-22)

Démonos cuenta de la manera extremadamente cuidadosa y científica en la que se expresa Engels. “En todos los períodos normales” , “es, por regla general, el Estado de la clase más poderosa” , etc. Engels entendía claramente que había situaciones anormales en las que este principio general de la teoría marxista no se podía aplicar. Marx desarrolló esta aproximación dialéctica a la cuestión del Estado en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde explica el fenómeno del bonapartismo, en el que la relación entre el Estado y la clase dominante no se corresponde a la norma. Marx señaló cómo los soldados borrachos de Luis Bonaparte, en nombre de “ la ley, el orden y la familia ” , fusilaron a la burguesía a la que presumiblemente representaban. ¿Era la burguesía la clase dominante bajo Luis Bonaparte? Para responder a esta pregunta no se requiere un conocimiento muy profundo del marxismo. La mera generalización “ cuerpos de hombres armados ” no tiene en cuenta ni el bonapartismo burgués ni el proletario. Si tomamos la historia moderna, podemos ver muchos ejemplos en los que se expropia a la burguesía de su poder político pero ésta sigue siendo la clase dominante. Esto es lo que llamamos bonapartismo, o, en palabras de Marx, “ el gobierno desnudo de la espada sobre la sociedad ” . Veamos algunos ejemplos.

En China, en 1927, después de que Chiang Kai- shek hubiera aplastado a la clase obrera de Shanghai con la ayuda de la chusma de las bandas de Shanghai , los banqueros organizaron banquetes en su honor, y le aplaudieron como benefactor y salvador de la humanidad. Pero Chiang quería algo más material que las alabanzas de sus dueños y sin contemplaciones, envió a todos los empresarios ricos y banqueros de Shanghai a la cárcel consiguiendo millones en rescates antes de liberarlos. Había hecho el trabajo para ellos y ahora exigía sus honorarios. Él no había aplastado a los obreros de Shanghai para beneficio de los capitalistas, sino por lo que significaba en poder e ingresos para él y su banda de ladrones. A pesar de eso ¿quién se atrevería a decir que los banqueros que estaban en la cárcel no seguían siendo la clase dominante aunque no tenían el poder político? La burguesía china tuvo tiempo de reflexionar amargamente sobre la complejidad de una sociedad en la que una gran parte del botín de la plusvalía extraída a los obreros tenía que ir a parar a sus perros guardianes y en la que muchos de los miembros de su clase languidecían en la cárcel.

La burguesía en esas condiciones es expropiada políticamente, la fuerza bruta domina la sociedad. Los militares y funcionarios consumen una parte considerable de la plusvalía. Pero estos burócratas están interesados en la continuación de la explotación capitalista de los obreros, y por lo tanto, aunque tratarán de exprimir a la burguesía todo lo que puedan, van a defender la propiedad privada. Por eso la burguesía sigue siendo la clase dominante, aunque ha perdido el poder político directo. En esto reside la respuesta a aquellos defensores del capitalismo de Estado que aseguran que es un sofisma afirmar que Rusia era un Estado obrero deformado, y que la clase obrera pudiera ser la clase dominante cuando estaba bajo la bota de Stalin y una parte de ésta estaba en campos de trabajo. Si no nos guiamos por las formas básicas de propiedad de una sociedad perdemos totalmente el Norte.

Se pueden dar muchos ejemplos de la historia de cómo un sector de la clase dominante ha atacado a otro y de cómo el Estado se ha elevado por encima de la sociedad. Por ejemplo, en la “ guerra de las Rosas ” en Gran Bretaña, las dos fracciones de los barones dominantes se exterminaron los unos a los otros. En varios momentos grandes sectores de la clase dominante estaban en la cárcel o habían sido ejecutados, y el trono estaba ocupado por aventureros de uno u otro bando. Finalmente surgió una nueva dinastía, la de los Tudores, que se equilibró entre las clases para establecer un régimen absolutista. En otros países ocurrieron procesos análogos. ¿Cuál es el carácter de clase del absolutismo? Estos monarcas absolutos, en un intento de consolidarse como un poder por encima de la sociedad, y alienándose cada vez más de ella, frecuentemente se apoyaron en la burguesía naciente para asestar golpes a la nobleza feudal. Pero el carácter de clase del régimen seguía siendo feudal. Estaba determinado por las relaciones de propiedad existentes, no por la configuración política del gobierno. En el período de declive de la sociedad esclavista existía una situación parecida. Los emperadores romanos se elevaron por encima de la sociedad y oprimieron cruelmente a la clase dominante, los dueños de esclavos, que fueron saqueados por impuestos, encarcelados, torturados y asesinados por los emperadores, que eran “ elegidos ” por la guardia pretoriana. De hecho, Marx originalmente utilizó el término “ cesarismo ” para describir este fenómeno. Pero este hecho no cambiaba un ápice el carácter de clase del Estado romano como un Estado esclavista. Y los dueños de esclavos seguían siendo la clase dominante incluso bajo el talón de hierro del cesarismo.

Tal y como Trotski explica, siguiendo el análisis clásico de Marx, Engels y Lenin: “ El cesarismo o su forma burguesa, el bonapartismo entra en escena en la historia cuando la áspera lucha de dos adversarios parece elevar el poder sobre la nación, y asegura a los gobernantes una independencia aparente con relación a las clases; cuando en realidad no les deja más que la libertad que necesitan para defender a los privilegiados ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 238).

En éste siglo, en el período de declive capitalista, hemos visto el fenómeno del fascismo, que se diferencia del bonapartismo en sus orígenes, pero que tiene muchas cosas en común con éste. Un régimen fascista, a diferencia del bonapartismo, llega al poder apoyándose en un movimiento de masas compuesto por la pequeña burguesía enfurecida y el lumpemproletariado. Sin embargo, en cuanto llega al poder, enseguida pierde su base de masas y se convierte en un régimen bonapartista, apoyándose en el ejército y la policía. Trotski comparó la burocracia nazi en Alemania con “ el viejo del mar ” que se sienta sobre las espaldas de la burguesía y, a cambio de guiarla por el camino seguro, al mismo tiempo abusa de ella, escupiendo en su calva y clavándole las espuelas en los costados.

En En defensa del marxismo, Trotski explica las diferencias entre bonapartismo y fascismo:

El elemento que el fascismo tiene en común con el viejo bonapartismo es que utilizaba los antagonismos de clases para dar al poder del Estado la mayor independencia. Pero nosotros siempre hemos subrayado que el viejo bonapartismo existió en la época de ascenso de la sociedad burguesa, mientras que el fascismo es un poder estatal de la sociedad burguesa en declive”. (Trotski, In Defence ofMarxism, p. 227).

No hay más que considerar el tratamiento de Hitler a sus oponentes capitalistas. Los nazis, que defendieron las relaciones de propiedad capitalistas, no sólo robaron a la burguesía y confiscaron sus propiedades, sino que ocasionalmente les ejecutaron. Por supuesto que no hay duda de que el carácter de clase del Estado nazi era burgués. Pero, por otra parte, la burguesía alemana perdió el control del Estado, que cayó en manos de los aventureros criminales e irresponsables de Hitler, que lo utilizaron en su propio beneficio. Aquí la relación entre el Estado y la clase dominante es dialéctica y contradictoria. De hecho, en 1943, los intereses de la clase dominante en Alemania estaban en conflicto abierto con los del Estado. En ese momento, Alemania ya había perdido la guerra. A la clase dominante le interesaba llegar a una paz con Gran Bretaña y EEUU para poder mantener la guerra con la Unión Soviética. Pero la rendición hubiera sido una sentencia de muerta para la camarilla nazi que controlaba el Estado. La burguesía alemana intentó, y fracasó, eliminar a Hitler mediante un golpe militar (el complot de los generales). Hitler combatió en la guerra hasta un final amargo y Alemania pagó el precio con la pérdida de su mitad oriental ante la Rusia estalinista.

Estalinismo: una forma de bonapartismo

Al analizar el papel del Estado, la pregunta más importante a la que hay que responder es ésta: ¿a qué clase representa? El Estado tiene que ser el instrumento de una clase, ¿a qué clase representaba en Rusia? No podía representar a la clase capitalista ya que ésta fue expropiada en 1917. No se puede defender que representaba los intereses del campesinado, o de los pequeños propietarios en las ciudades. Claramente representaba los intereses de la burocracia estalinista. Pero como forma especial de bonapartismo proletario, en última instancia, representaba a la clase obrera en la medida en que defendía la nacionalización de los medios de producción, la planificación y el monopolio del comercio exterior.

Bajo un régimen fascista o bonapartista, como hemos visto, incluso a pesar de que los gángsters puedan tener a la burguesía agarrada por el cuello, sigue existiendo una clase capitalista en cuyos intereses opera la economía en su conjunto y de la que cuelga esta excrecencia parásita. Algunos formalistas dicen que la burocracia soviética constituía una nueva clase dominante en Rusia. Pero si analizamos esta afirmación seriamente veremos que esto no era así. Lo que están diciendo es que el Estado es una clase. La burocracia “ poseía ” el Estado; el Estado “ poseía ” los medios de producción ” , por lo tanto la burocracia “ poseía ” los medios de producción y por lo tanto era una clase dominante. Pero esto es manipular la cuestión. La premisa es falsa. La burocracia no posee el Estado. En la práctica lo que están diciendo es que el Estado posee el Estado. Así, el intento de resolver el asunto mediante el método de la lógica formal acaba en una pura tautología, que no resuelve nada en absoluto.

Entonces ¿era la burocracia la clase dominante en la sociedad soviética? Este argumento, claramente, carece de fundamento. En una sociedad capitalista, o en cualquier sociedad clasista, no importa lo privilegiados que puedan ser los funcionarios de más alto rango, ellos esgrimen el instrumento para proteger la clase dominante que tiene una relación directa con los medios de producción, porque es su propietaria. Sabemos a quien representaba Napoleón. Sabemos a quienes representaban Luis Bonaparte, Chiang Kai- shek , Hitler, Churchill y De Gaulle. Pero ¿a quién representaban los burócratas estalinistas? ¿A ellos mismos? Esto es claramente falso. El Estado, por su propio carácter se compone de funcionarios, oficiales, generales, jefes de policía, etc. Pero estos individuos no constituyen una clase dominante, son un instrumento de una clase incluso aunque puedan estar enfrentados a ella. La burocracia consiste en millones de individuos a diferentes niveles en el aparato del Estado. Está el pequeño jefe local y están los dignatarios de alto rango. Así pues, ¿qué sector de la burocracia “ posee ” el Estado? No pueden ser todos los burócratas, ya que estos (la propia burocracia) están divididos jerárquicamente. El pequeño funcionario es tan parte de la burocracia como el gran burócrata.

En su libro Alemania, el único camino, Trotski analiza de esta manera la cuestión del bonapartismo:

En su momento, nosotros caracterizamos al gobierno de Brüning como bonapartista (‘una caricatura de bonapartismo’), es decir, un régimen de dictadura policíaco-militar. Tan pronto como la lucha entre los dos estratos sociales – los poseedores y los desposeídos, los explotadores y los explotados – llega a su máxima tensión, las condiciones están dadas para el gobierno de la burocracia, la policía y los soldados. El gobierno se hace ‘independiente’ de la sociedad. Recordemos una vez más: si se pinchan dos tenedores simétricamente en un tapón de corcho, éste se puede aguantar de pie incluso en sobre la punta de una aguja. Ese es precisamente el esquema del bonapartismo. Seguro, este gobierno no deja de ser el servidor de los propietarios. Pero el servidor se sienta sobre la espalda del jefe, le restriega el cuello hasta dejárselo pelado, e incluso a veces no duda en hundirle las botas en la cara.

Se podía haber asumido que Brüning se mantendría hasta la solución final. Sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos, apareció un nuevo eslabón: el gobierno Papen. Para ser precisos, nosotros deberíamos de haber introducido una rectificación en nuestra antigua denominación: el gobierno Brüning era un gobierno pre-bonapartista. Brüning sólo era un precursor. En una forma perfecta, el bonapartismo entró en escena con el gobierno Papen-Scheicher”. (Trotski, Germany, theOnly Road, p. 276).

El bonapartismo en la época de declive y crisis es diferente del bonapartismo en la juventud del capitalismo. Puede adoptar muchas formar, implicando diferentes combinaciones, dependiendo de las condiciones concretas. El gobierno de Napoleón o de Oliver Cromwell – bonapartismo clásico – se basaban en el surgimiento de la sociedad burguesa. El bonapartismo en la etapa de auge del capitalismo es fuerte y confiado. En condiciones de un desarrollo poderoso de las fuerzas productivas, adquiere una cierta estabilidad. Pero el bonapartismo del declive capitalista se ve afectado por su senilidad. Surge de la crisis de la sociedad capitalista y no puede resolver ninguno de los problemas a los que se enfrenta. La crisis del período de entre guerras dio lugar a toda una serie de regímenes bonapartistas, intentando equilibrarse entre las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución. En el mundo ex colonial, debido a la debilidad de la democracia burguesa, también muchos de los regímenes son de carácter bonapartista. Vemos como períodos de gobierno parlamentario débil dejan paso a dictaduras militares.

En contraste, el gobierno fascista significa la expropiación total de la burguesía. Se aplastan todos los derechos democráticos. La clase capitalista entrega el poder a los advenedizos fascistas que utilizan las fuerzas de masas de la pequeña burguesía enloquecida como fuerza de choque contra la clase obrera. Bajo el gobierno fascista el proletariado queda totalmente atomizado.

“En el fascismo hay un elemento de bonapartismo”, declara Trotski. “Sin este elemento, es decir, el levantamiento del poder estatal por encima de la sociedad debido a una agudización extrema de la lucha de clases, el fascismo hubiera sido imposible. Pero nosotros señalamos desde el principio que se trataba primariamente de una cuestión de bonapartismo en la época de declive imperialista, que es cualitativamente diferente del bonapartismo de la época de auge burgués (…) Los ministros de Brüning, Schleicher y la presidencia de Hindenburg en Alemania, el gobierno de Petain en Francia – todos ellos han sido, o tienen que ser, inestables. En la época de declive imperialista un bonapartismo puramente bonapartista es completamente inadecuado; el imperialismo encuentra indispensable movilizar a la pequeña burguesía y aplastar al proletariado bajo su peso”. (Trotski, Writings 1939-40, p. 410).

Se podrían dar innumerables referencias para demostrar que un Estado capitalista presupone la propiedad privada – la posesión individual de los medios de producción ¾ . El Estado es el aparato de dominación, no puede ser él mismo la clase dominante. La burocracia es simplemente parte del aparato del Estado. Puede “ poseer ” el Estado, en el sentido de que se eleva por encima de la sociedad y se independiza relativamente de la clase económicamente dominante, es decir, la clase dirigente. Este fue el caso en la Alemania nazi, donde la burocracia dictaba a los capitalistas qué debían producir, cómo, etc., para mantener la guerra. Lo mismo sucedía con la economía de guerra en Gran Bretaña, EEUU y en todas partes: el Estado dictaba a los capitalistas qué y cómo tenían que producir. Esto no le convertía en clase dominante. ¿Por qué? Porque estas medidas eran en defensa de la propiedad privada y de los intereses de la clase capitalista en su conjunto.

Claramente, la burocracia dirige y planifica la industria. Pero, ¿de quién es la industria que ellos dirigen y planifican? En la sociedad capitalista, los directores planifican y dirigen la industria en las empresas y trusts individuales. Pero esto no les convierte en propietarios de esas empresas. Por ejemplo, las empresas nacionalizadas en Gran Bretaña eran dirigidas por una burocracia de gerentes, pero éstos no eran los propietarios de estas industrias. Eran propiedad del Estado – el Estado capitalista – y dirigidas en interés de la economía capitalista en su conjunto. La burocracia en la URSS dirigía toda la industria. En ese sentido es verdad que tienen más independencia de su base económica que otra burocracia o maquinaria estatal haya tenido en toda la historia humana. Pero como Engels subrayó y debemos subrayar de nuevo, en última instancia las bases económicas son decisivas.

Los sociólogos burgueses recurren a definiciones arbitrarias para caracterizar todo tipo de grupos y subgrupos sociales, oscureciendo la auténtica base de clases de la sociedad. Por el contrario, el marxismo define una clase en términos de relaciones de propiedad. Defender que su función como directores de alguna manera convierte a los burócratas en una clase dominante no tiene ni pies ni cabeza. Y ciertamente no tiene nada en común con la definición marxista de una clase capitalista. La burocracia, en su papel como estrato gerente, jugaba un papel en la producción, de la misma manera que los directores de empresas capitalistas. Pero hay una diferencia fundamental. Los directores de empresas en occidente trabajan para los propietarios privados de la industria (o para el Estado burgués, que opera como asistente del sector privado). No son propietarios de la industria y no constituyen una clase social aparte.

Como directores , les corresponde lo que Marx llamó “ el salario de superintendencia ” , y nada más . Esto también se aplica a los directores en un Estado obrero , incluyendo por cierto un Estado obrero sano , donde en el período transicional seguiría habiendo un diferencial entre los salarios para el trabajo cualificado y no cualificado . Pero lo que caracterizaba a la burocracia estalinista era que devoraba una parte enorme de la riqueza producida por la clase obrera . Esto no tenía nada que ver con sus funciones de dirección , o el “ salario de superintendencia ” .

Si se toman más , lo hacen de la misma manera en que la burocracia fascista o bonapartista consume una parte de la plusvalía producida por los obreros . Pero no son una clase en el sentido marxista de la palabra, sino una casta parásita. “ Por la función de reguladora y de intermediaria , por el cuidado que tiene en mantener la jerarquía social, por la explotación , con estos mismos fines, del aparato del Estado, la burocracia soviética se parece a cualquier otra y, sobretodo , a la del fascismo. Pero también se distingue de ésta en caracteres de una extrema importancia . Bajo ningún otro régimen , la burocracia alcanza semejante independencia ” . ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 218).

Los privilegios de la burocracia estalinista empezaban precisamente donde acababan sus funciones productivas. De hecho no surgían en absoluto de la esfera de la producción, sino de la esfera de la distribución. En condiciones de pobreza generalizada, era necesario decidir quién recibía qué. Trotski lo compara a una cola en una panadería. Si hay escasez de pan, y la cola es muy larga, se puede hacer ingobernable. Es necesario poner a un policía para mantener el orden en la cola y asegurarse que todo el mundo recibe su parte. Sucede a menudo que en el proceso el policía se lleva más que nadie. Esto no creará una actitud muy favorable hacia el policía. ¡Pero en modo alguno le convierte en una clase dominante en el sentido marxista de la palabra!

La burocracia estalinista no era una nueva clase dominante tal y como afirmaron J. Burnham, M. Shachtman, M. Djilas, J. Kuron y T. Cliff (y con ellos la burguesía y la derecha del movimiento obrero), sino una casta parásita, que no juega ningún papel necesario en el proceso productivo. Precisamente por esta razón se pueden descartar reformas significativas por arriba. Los ignorantes intelectuales “ disidentes ” polacos pensaban, argumentaban que, si era posible tener sindicatos libres bajo el capitalismo, ¿por qué no deberían de ser permitidos bajo el “ capitalismo de Estado ” ? Es cierto que para los capitalistas, en circunstancias normales, la “ democracia ” burguesa (es decir democracia formal, en la que se conceden ciertos derechos a los trabajadores, pero los bancos y monopolios deciden en última instancia lo que sucede) es la forma más económica y segura de gobierno, preferible al monstruoso saqueo y despilfarro del Estado que se da bajo el fascismo o el bonapartismo. Pero bajo el estalinismo, los derechos democráticos amenazaban inmediatamente la posición de la burocracia. La democracia formal y el estalinismo son incompatibles.

Trotski se mantuvo firme en su consideración de que la burocracia no era una nueva clase dominante. En una polémica con un seguidor francés, Yvan Craipeau en 1937, explicaba:

“Esta vez deduce su extraordinaria prueba de una frase de La Revolución Traicionada en el sentido de que ‘todos los medios de producción pertenecen al Estado y el Estado pertenece, hasta cierto punto, a la burocracia’ (el énfasis es mío). Craipeau está jubiloso. Si los medios de producción pertenecen al Estado, y el Estado a la burocracia, ésta se torna en el propietario colectivo de los medios de producción, y por eso solamente, en la clase poseedora y explotadora. El resto del argumento de Craipeau es casi de carácter puramente literario. Nos dice una vez más, con aire de polemizar contra mí, que la burocracia termidoriana es mala, rapaz, reaccionaria, sedienta de sangre, etc. ¡Una verdadera revelación! ¡Sin embargo nunca dijimos que burocracia estalinista fuera virtuosa! Solamente le negamos la calidad de clase en el sentido marxista, es decir, con respecto a la propiedad de los medios de producción” (Trotski, Escritos 1937-38, pp. 49-51).

El Estado es un instrumento de la clase dominante, de coerción, un policía glorificado. Pero el policía no es la clase dominante. La policía puede convertirse en infrenable , puede convertirse en bandidos, pero no se convierte en una clase capitalista, feudal o esclavista. El carácter parasitario de la burocracia se demuestra por el hecho de que se ven obligados a pretender que no existen como capa privilegiada. En palabras de Trotski : “ Su apropiación de una parte enorme del ingreso nacional tiene carácter de parasitismo social ” Goza de sus privilegios bajo la forma de abuso del poder. Esconde sus ingresos. “ Los departamentos más grandes, el bistec más jugoso y los Rolls Royce no bastan para transformar a la burocracia en una clase dominante independiente ” ( Trotski , Escritos 1933-34, p. 172).

La democracia obrera bajo Lenin y Trotski fue sustituida por el régimen burocrático de Stalin. Aunque las formas políticas eran radicalmente diferentes de las de los primeros años de la revolución, lo que se mantuvo fueron las relaciones de propiedad nacionalizadas. Este hecho, la existencia de una economía nacionalizada y planificada, era el que definía el carácter de clase básico de la Unión Soviética. Era un Estado obrero que había quedado horriblemente deformado por una contrarrevolución burocrática. “ Un tumor puede adquirir un tamaño enorme e incluso estrangular al organismo vivo, pero un tumor nunca se puede convertir en un organismo independiente ” resaltó Trotski .

La burocracia soviética era similar a otras burocracias, especialmente la burocracia fascista, con una diferencia importante. La burocracia fascista se basaba en la propiedad privada de los medios de producción, y era la expresión más monstruosa de un régimen en declive. La burocracia estalinista se basaba en las nuevas formas de propiedad establecidas por la revolución, que durante todo un período demostraron una vitalidad colosal. Hasta recientemente, la burocracia rusa se veía obligada a defender la propiedad estatal como fuente de su poder e ingresos. Este hecho por sí solo le permitió jugar un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, incluso en el mejor período, seguía siendo una excrecencia parásita en el Estado obrero, la fuente de un despilfarro, corrupción e ineficacia sin fin. Tenía todos los vicios pero ninguna de las virtudes históricas de una clase dominante.

En palabras de Trotski “ Si la maraña bonapartista es una clase esto significa que no es un aborto sino un hijo viable de la historia. Si su parasitismo merodeante es ‘explotación’ en el sentido científico del término, esto significa que la burocracia tiene un futuro histórico como clase dominante indispensable en un sistema económico dado ” ( Trotski , In Defence of Marxism, p. 24). Este claramente no es el caso. La economía soviética, sin duda, ha dado enormes pasos adelantes, pero este impulso no fue debido a la burocracia en sí, sino debido a la economía nacionalizada y planificada. La burocracia se convirtió en un freno enorme para el desarrollo cultural y técnico de Rusia. Como mucho, la burocracia soviética jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de la industria pesada, pero con un despilfarro tremendo.

El Estado bajo Stalin no tenía nada en común con el de Octubre, aparte de la propiedad estatal y la planificación. Todos los logros de la revolución en la introducción del control y administración obreras de la industria y el Estado quedaron abolidos. La burocracia tenía un control absoluto. Las llamadas elecciones eran una farsa, en la que los candidatos de un partido único eran elegidos regularmente con el 99 por ciento de los votos, algo imposible incluso desde un punto de vista técnico (a veces la gente se muda de vivienda e incluso mueren). La clase obrera estaba a merced de la burocracia, sujeta a despidos arbitrarios, exilio, encarcelamientos, encierro en hospitales mentales, y todos los demás métodos con los cuales un Estado totalitario mantiene al pueblo en un Estado de miedo omnipresente. Además de los órganos de represión normales, la burocracia tenía a su servicio un ejército de espías, informadores y gente de confianza, en todas las fábricas, oficinas, clases o bloques de casas.

Es cierto que en los últimos años, especialmente después de la muerte de Stalin, se introdujeron grandes reformas que llevaron a un aumento de los niveles de vida, mejores servicios sociales, etc. Pero en todo momento el control siguió firme en manos de la burocracia. Las reformas que se introdujeron, siempre venían de arriba y no modificaban de manera fundamental la relación entre la clase obrera y la casta dominante. No existía ningún elemento de democracia obrera en absoluto.

‘Colectivismo burocrático’?

¿Acaso la Rusia estalinista representaba una nueva forma de sociedad no prevista por Marx o Lenin? Claramente si el estalinismo no es socialismo, una sociedad basada en la satisfacción armoniosa de las necesidades humanas, ¿qué representaba? Algunos han observado la Unión Soviética, y han sido repelidos por los juicios-purga, los campos de trabajo, y en general el carácter totalitario del régimen y han sacado la conclusión de que el estalinismo era una nueva sociedad explotadora con su propia clase dominante burocrática. A esta conclusión se la ha dado diferentes descripciones, desde “ colectivismo burocrático ” (Bruno Rizzi y Max Shachtman) hasta “ capitalismo de Estado ” (Tony Cliff). En realidad estas concepciones son falsas de principio a fin.

La teoría del capitalismo de Estado se basaba en la idea de que la contrarrevolución política estalinista en Rusia significaba una nueva etapa en el capitalismo. Este no se diferenciaba en ningún punto fundamental del capitalismo “ normal ” . La burocracia era supuestamente una nueva clase dominante. Supuestamente la economía soviética seguía las leyes normales del capitalismo, etc. Sin embargo, un argumento de este tipo queda inmediatamente enmarañado de contradicciones. Sin ir más lejos, tenemos que señalar que si la Unión Soviética era capitalista (o capitalista de Estado, no representa ninguna diferencia fundamental para la sustancia del argumento), entonces tendría que haber tenido la misma ley del movimiento que el capitalismo: es decir booms y recesiones. Por más que mires y remires no encontrarás un fenómeno de este tipo. Así la adopción de una teoría falsa lleva necesariamente al abandono del punto de vista básico del marxismo. He aquí un tipo de capitalismo que ha conseguido eliminar la contradicción fundamental de la economía de mercado: un capitalismo sin paro, capaz de desarrollar las fuerzas productivas a velocidades sin precedentes y no interrumpidas por crisis de sobreproducción.

Esta conclusión nos llevaría inevitablemente a revisar los postulados básicos del marxismo, de ser cierta. Pero no lo es. Toda la concepción se basa en una incomprensión total de la teoría marxista del Estado, el carácter de clase de la sociedad y el período de transición. El esquema general de Marx y Lenin de cómo se desarrollará la transición del capitalismo al socialismo es indudablemente correcto, en general. Pero la verdad es siempre concreta. No se pueden entender fenómenos sociales complejos y contradictorios sólo sobre la base de generalizaciones teóricas. Éstas pueden servirnos de marco de referencia y punto de partida útil, pero sólo se puede entender el carácter de la cosa en sí mediante un análisis cuidadoso de todos los hechos y procesos, de manera completa, sacando a la luz todas las tendencias contradictorias. Por el contrario, el intento de ordenar los hechos para justificar una definición preconcebida acaba inevitablemente en un aborto.

Lo que sorprende de la teoría del capitalismo de Estado en todas sus variantes es su carácter completamente arbitrario. Lejos de resolver nada, nos lleva a una nueva maraña de contradicciones. La explicación de Trotski del estalinismo como Estado obrero deformado, una forma de bonapartismo proletario, mucho más simple y completamente de acuerdo con la teoría marxista, se corresponde con todo lo que hemos visto en la URSS desde la muerte de Lenin hasta la caída del muro de Berlín. Aceptando este punto de vista no necesitamos revisar las ideas básicas del marxismo que son las únicas que nos dan una comprensión científica y una guía para la acción en la nueva situación.

Es imposible comprender un proceso vivo, en desarrollo, mediante definiciones abstractas y lógica formal. Como Trotski explicó:

“El principal vicio del pensamiento vulgar radica en el hecho de que quiere contentarse con fotografías inertes de una realidad que consiste en eterno movimiento. El pensamiento dialéctico da a los conceptos – por medio de aproximaciones sucesivas, correcciones, concreciones – riqueza de contenido y flexibilidad; diría incluso, hasta cierta suculencia que en cierta medida los aproxima al fenómeno viviente. No hay un capitalismo en general, sino un capitalismo dado, en una etapa de desarrollo. No hay un Estado obrero en general, sino un Estado obrero dado, en un país atrasado, dentro de un cerco imperialista, etc.” (Trotski, En Defensa del Marxismo, p. 57)

Las teorías del capitalismo de Estado en Rusia se remontan bastante en el tiempo. La teoría del colectivismo burocrático para describir la URSS la plantearon Bruno Rizzi y Max Shachtman hace más de 50 años. En su libro La Bureaucratisation du Monde, Bruno Rizzi explica: “ En nuestra opinión, la URSS representa un nuevo tipo de sociedad dirigida por una nueva clase social: esa es nuestra conclusión. La propiedad colectivizada de hecho pertenece a esta clase que ha introducido un sistema de explotación nuevo y superior. Se transfiere la explotación del individuo a la clase. ” (B. Rizzi, La Bureaucratisation du Monde, p. 31)

De nuevo: “ En nuestra opinión , en la URSS, los propietarios son los burócratas ya que ellos tienen la fuerza en sus manos. Son ellos los que dirigen la economía tal y como era normal entre la burguesía ; son ellos los que se apropian de los beneficios , tal y como era normal en todas las clases explotadoras , y son ellos los que fijan los salarios y los precios de las mercancías : una vez más son los burócratas . ” (Ibid., p. 56) Rizzi concluye : “ La explotación se da exactamente de la misma manera que en una sociedad basada en la esclavitud (…) La clase obrera rusa ya no son proletarios ; son simplemente esclavos . Es una clase de esclavos en su sustancia económica y en sus manifestaciones sociales . ” (Ibid., pp. 72-4.). Irónicamente más adelante llega a la conclusión de que sobre la base del aumento del desarrollo productivo este colectivismo burocrático acabará en una “ sociedad sin clases y el socialismo ” .

Para acabar de arreglarlo, también incluye la Alemania de Hitler como colectivismo burocrático. El argumento de Bruno Rizzi es completamente acientífico. Los burócratas soviéticos no eran propietarios en el sentido de poseer los medios de producción. No eran propietarios de acciones. Tampoco podían pasar ninguna propiedad mediante herencia. Ciertamente no poseían la clase obrera como los esclavistas romanos poseían sus esclavos. Cómo una sociedad clasista de ese tipo iba a desarrollarse en socialismo sigue siendo un misterio. Sin embargo estas ideas descabelladas fueron recogidas por James Burnham, que alcanzó notoriedad como autor de La Revolución Directorial, en que se equiparaba el estalinismo con el fascismo y el New Deal. Burnham también se hizo famoso por su defensa abierta de la guerra nuclear contra la Unión Soviética. En el fondo, todo esto reflejaba el profundo pesimismo y desesperación de una capa de intelectuales de capas medias como consecuencia de las derrotas de la clase obrera. La noción del colectivismo burocrático era más que una teoría, era la expresión del Estado de ánimo de este sector, impresionado por la visión de un futuro de pesadilla en las páginas del libro de George Orwell 1984.

Max Shachtman también adoptó la teoría del colectivismo burocrático después de romper con el movimiento Trotski sta en 1940. “ Es cruel darse cuenta del cumplimiento de la predicción de todos los grandes socialistas científicos, de Marx y Engels en adelante, de que el capitalismo tiene que colapsar por su incapacidad para resolver sus propias contradicciones y que las alternativas a las que se enfrenta la humanidad no son tanto capitalismo o socialismo, sino: socialismo o barbarie. El estalinismo es esa nueva barbarie, ” declara Shachtman (M. Shachtman, The Bureaucratic Revolution, p. 32). Shachtman también llegó a mantener que los obreros de la URSS no eran en absoluto obreros, sino esclavos del Estado burocrático. A pesar de eso, en ese momento, él consideraba este colectivismo burocrático más progresista que el capitalismo.

Según la resolución aprobada en la Convención de 1941 de su organización, el Partido Obrero: “ Desde el punto del socialismo, el Estado colectivista burocrático es un orden social reaccionario; en relación al mundo capitalista, está en un plano históricamente más progresista. ” Esto era realmente un intento por parte de Shachtman de justificar su adaptación a la opinión pública pequeñoburguesa americana que había girado hacia un antiestalinismo feroz después de 1939. Eventualmente, Shachtman giró más a la derecha acabando por defender la política exterior de los EEUU . Subsiguientemente la teoría del colectivismo burocrático cayó en desuso como descripción de la URSS.

Por otra parte, algunos sectores siguieron defendiendo la teoría del capitalismo de Estado. El exponente contemporáneo más reciente es Tony Cliff en su libro Rusia: un análisis marxista (1964), republicado como Capitalismo de Estado en Rusia (1974). Este trabajo se basa en una versión anterior llamada El Carácter de la Rusia Estalinista publicada en junio de 1948. Debido a su debilidad teórica, y la crítica que nosotros hicimos a este trabajo en ese tiempo, más adelante se modificaron los argumentos. Inicialmente, Cliff planteó que la URSS había sufrido una transformación en 1928, el primer año de los Planes Quinquenales, pasando de ser un Estado obrero deformado a capitalismo de Estado porque se podía afirmar de manera concluyente “ que con la introducción de los Planes Quinquenales, los ingresos de la burocracia consistían en gran medida en plusvalía ” . (T. Cliff, El Carácter de la Rusia Estalinista, p. 45).

Sin embargo, este argumento clave fue abandonado cuando se le clarificó a Cliff que desde 1920 en adelante, la burocracia había consumido una gran parte de la plusvalía producida por la clase obrera, legítima e ilegítimamente. Tal y como Marx había explicado correctamente, en un Estado obrero en el período transicional, la producción de plusvalía se utilizaría para acelerar la construcción de la industria, preparando de esta manera el camino para la transición más rápida posible hacia la igualdad y después hacia el comunismo completo. Ningún marxista podría mantener que por este motivo el carácter de clase del Estado soviético había cambiado. Tony Cliff abandonó sin contemplaciones este argumento sin explicación y posteriormente desarrolló nuevos argumentos en un intento de reforzar la teoría del capitalismo de Estado. Este hecho resume su tratamiento ecléctico de esta cuestión durante los últimos 40 años.

Trotski sobre el ‘capitalismo de Estado’

Trotski ya había demolido las teorías del colectivismo burocrático y el capitalismo de Estado en los años 30. La cuestión más importante para Trotski a la hora de comprender el estalinismo era el método marxista. Lejos de ser rígido y formalista, como Cliff afirmaba, Trotski era escrupulosamente dialéctico en su análisis del estalinismo, examinando meticulosamente las características contradictorias del proceso tal y como se iban desarrollando en cada etapa. Para él, el proceso no era simplemente blanco o negro, sino mucho más complicado y complejo. No estaba buscando categorías pulcras y bonitas para satisfacer las leyes de la lógica formal, sino que buscaba la realidad contradictoria de lo que estaba pasando en realidad en la Unión Soviética.

El método de Cliff era totalmente diferente. Examinaba de la manera más superficial las características aparentes del estalinismo en Rusia y entonces elaboraba una analogía superficial con ciertos aspectos del capitalismo, sin entender el auténtico carácter de la Unión Soviética y los procesos contradictorios que se estaban dando en ésta. Sin duda había similitudes con el capitalismo, pero también había diferencias fundamentales. “ En Rusia los horrores de la industrialización forzada, de la colectivización brutal del campesinado, la supresión de los derechos de los trabajadores a organizarse en sindicatos o ir a la huelga, el terror policíaco, todo esto eran productos secundarios de una tasa sin precedentes de acumulación de capital ” , declara Cliff (Binns, Cliff y Harman, Rusia: de Estado obrero a capitalismo de Estado, p. 11). Estas características del estalinismo existían, pero no eran consecuencia de la acumulación primitiva de una supuesta sociedad de capitalismo de Estado.

Trotski explicó este desarrollo, no como el resultado del funcionamiento de leyes económicas capitalistas, sino de las acciones de la burocracia estalinista en su intento de consolidar su posición privilegiada, alcanzando a Occidente. Otras burocracias habían actuado de manera igualmente despiadada, por ejemplo, la burocracia nazi que intentó dominar el mundo. Dado su punto de vista fundamentalmente diferente de Cliff, llega correctamente a la conclusión de que: “ Nuestro análisis sobre el carácter de clase de Rusia bajo Stalin, y hoy, difiere del que hizo León Trotski ” . (Ibid., p. 12). La cuestión es que el método y análisis de Trotski eran correctos, y los de Cliff incorrectos.

Tony Cliff afirma que la burocracia estalinista es una nueva clase dominante, pero no podemos encontrar en ningún lugar de sus escritos un auténtico análisis, o pruebas de por qué y cómo tal clase se constituye en clase capitalista. Esto no es accidental. Proviene de su método. Empezando con la idea preconcebida del capitalismo de Estado, todo se ajusta artificialmente a esa concepción. En vez de aplicar el método teórico del marxismo a la sociedad rusa en su proceso de desarrollo y movimiento, él ha recorrido rápidamente el trabajo de los grandes marxistas recogiendo citas e intentando comprimirlas en una nueva teoría.

El criterio principal para los marxistas al analizar un sistema social es: ¿la nueva formación conduce al desarrollo de las fuerzas productivas?. Cliff da un rodeo a la pregunta con comparaciones falsas de las tasas de crecimiento de capitalistas individuales y con el hecho de que la producción industrial del mundo, en realidad, ha caído desde 1891. Pero lo que hay que comparar es la tasa de crecimiento de la Unión Soviética con la del resto del mundo capitalista. La teoría del marxismo se basa en el desarrollo material de las fuerzas productivas como fuerza motriz del progreso histórico. La transición de un sistema a otro no se decide subjetivamente, está basada en las necesidades de la propia producción. Es sobre estas bases y sólo sobre éstas bases en las que la superestructura se erige: el Estado, la ideología, el arte, la ciencia y el gobierno. Es verdad que la superestructura tiene un importante efecto secundario sobre la producción, e incluso dentro de ciertos límites, como Engels explicó, adquiere su propio movimiento independiente. Pero en última instancia, el desarrollo de la producción es lo decisivo.

Marx explicó que la justificación histórica para el capitalismo (a pesar de los horrores de la revolución industrial, a pesar de la esclavitud de los negros en Africa , a pesar del trabajo infantil en las fábricas, las guerras de conquista a través del planeta, etc.), se basaba en que era una etapa necesaria en el desarrollo de las fuerzas productivas. Marx demostró que sin la esclavitud no sólo la antigua esclavitud, sino la esclavitud en la primera época del desarrollo capitalista, el desarrollo moderno de la producción habría sido imposible. Sin éstas bases, las del socialismo nunca podrían haber sido preparadas. En una carta a P. V. Annenkov Marx escribió:

La esclavitud directa es el pilar de la industria burguesa de la misma manera en que lo son la maquinaria, los créditos, etc. Sin esclavitud no habría algodón; sin algodón no habría industria moderna. La esclavitud ha dado su valor a las colonias, las colonias han creado el comercio universal, el comercio universal es la condición necesaria de la gran industria. Por tanto, la esclavitud es una categoría económica de la más alta importancia.

Sin esclavitud, América del Norte, el país de más rápido progreso, se transformaría en un país patriarcal. Borrad Norteamérica del mapa del mundo y tendríais la anarquía, la decadencia completa del comercio y de la civilización moderna. (MESW, Letter¾ Marx to P.V. Annenkov in París, Vol. 1, pp. 523-4.)

Desde luego, la actitud de Marx hacia los horrores de la esclavitud y la revolución industrial es bien conocida. Sería una brutal distorsión de la posición de Marx, argumentar que porque él escribió lo antes mencionado, entonces estaba a favor de la esclavitud y del trabajo infantil. De la misma manera, tampoco se puede argumentar hoy contra los marxistas que porque apoyan la propiedad estatal en la URSS, entonces justifican los campos de concentración y otros crímenes del régimen de Stalin. El apoyo de Marx a Bismarck en la guerra franco-prusiana estaba dictado por consideraciones similares. A pesar de la política de ‘hierro y sangre’ de Bismarck, y la naturaleza reaccionaria de su régimen, Marx dio un apoyo crítico a la guerra de Prusia contra Francia debido a que la unificación nacional de Alemania facilitaría el desarrollo de las fuerzas productivas. El criterio básico era el desarrollo de las fuerzas productivas. A largo plazo, todo lo demás se deriva de esto.

Cualquier análisis de la sociedad rusa debe partir de esas bases. Ya que Cliff admite que mientras el capitalismo está declinando y decayendo a escala mundial, todavía mantiene un papel progresista en Rusia en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, entonces, lógicamente, tendría que decir que el capitalismo de Estado es la próxima etapa de la sociedad, al menos para los países atrasados. Contradictoriamente, muestra que la burguesía rusa no es capaz de cumplir el papel que cumplió la burguesía en Occidente y consecuentemente la revolución proletaria es inevitable.

Si decimos capitalismo de Estado en Rusia (introducido mediante una revolución proletaria), entonces está claro que la crisis del capitalismo no es insoluble, sino sólo los dolores del parto de una nueva y más alta etapa del capitalismo (capitalismo de Estado). La cita que nos da el propio Cliff de Marx – que ninguna sociedad desaparece de la escena hasta que han sido agotadas todas las posibilidades inherentes en ella – indicaría que si su argumento es correcto, una nueva época, la época del capitalismo de Estado se abre ante nosotros. La idea de Lenin de que el imperialismo era la fase superior del capitalismo sería falsa. Habría que revisar por completo el marxismo.

‘Un sindicato en el poder’

Al tratar con el “ capitalismo de Estado ” , vemos el tipo de fetichismo del que Marx hablaba y que puede afectar incluso al movimiento revolucionario, ¡cámbiale el nombre a una cosa y le cambias la esencia! Trotski describió este fenómeno como radicalismo ideológico. Pero ponerle etiquetas al fenómeno del estalinismo no cambia el carácter del régimen. De hecho, si la idea del capitalismo de Estado o el colectivismo burocrático fuera correcta, toda la teoría de Marx se convertiría en una utopía. Vamos a partir de proposiciones fundamentales. Según la teoría de Marx, ninguna sociedad desaparece de la escena de la historia hasta que ha agotado todo el potencial inherente a ella. Durante todo un período histórico, el régimen soviético dio enormes pasos adelantes, mucho mayores que nada de lo que hemos visto en Occidente. Según los defensores del capitalismo de Estado, tenemos el absurdo de una nueva revolución, la revolución proletaria de 1917, transformando la economía en capitalismo de Estado. Tal y como Trotski explicó: “ se ha tratado de disfrazar el enigma soviético con el término capitalismo de Estado, que presenta la ventaja de no ofrecerle a nadie un significado preciso ” ( Trotski , La Revolución Traicionada, p. 216).

Mientras que Trotski encontró la prueba de un Estado obrero en la transformación de las formas de propiedad, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado encuentran prueba de lo contrario. Ellos pueden argumentar que a no ser que la clase obrera tenga el control directo del Estado, no puede haber un Estado obrero. En ese caso, tendrían que rechazar la idea de que nunca hubo un Estado obrero en Rusia, con la única posible excepción de los primeros meses después de Octubre . Incluso aquí es necesario reiterar que la dictadura del proletariado se realizó a través del instrumento de la vanguardia de la clase, es decir, el Partido, y en el Partido a través de la dirección del Partido. Bajo las mejores condiciones esto será efectuado con la mayor democracia dentro del Estado y dentro del Partido. Pero la existencia de la dictadura, su necesidad para lograr el cambio en el sistema social, es ya una prueba de las profundas contradicciones sociales que pueden encontrar, en circunstancias históricas desfavorables, un reflejo dentro del Estado y dentro del Partido. Ni el Partido, ni el Estado, pueden automática y directamente reflejar los intereses de la clase. No es por casualidad que Lenin pensaba que los sindicatos eran un factor necesario para la defensa de los trabajadores contra su Estado, así como un baluarte para la defensa del Estado.

Aquí vemos de nuevo los resultados de sustituir el pensamiento formal por un análisis dialéctico. Los defensores de esta teoría se basan en puras abstracciones: un Estado obrero en general, en oposición a un Estado obrero formado en condiciones de atraso espantoso, pobreza y analfabetismo. Un materialista estudia el tema de una manera totalmente diferente. Aunque el proletariado es la clase más homogénea en la sociedad, no es totalmente homogénea. Existen diferencias importantes entre diferentes sectores de la clase: cualificados y no cualificados, atrasados y avanzados, organizados y no organizados, etc. Los mismos procesos que se dan en otras clases pueden darse en la clase obrera, en condiciones concretas.

La historia de las organizaciones obreras bajo el capitalismo, que bajo ciertas condiciones pueden experimentar un proceso de burocratización, especialmente cuando los trabajadores no participan activamente, es una analogía útil. Trotski , en última instancia comparó el Estado obrero a un sindicato que hubiese tomado el poder. Después de una huelga prolongada, en la que no se ve posibilidad de victoria, los obreros tienden a caer en la inactividad y la apatía, empezando por los elementos más atrasados. De la misma manera, en Rusia, después de años de guerra, revolución y guerra civil, los obreros estaban agotados. Gradualmente cayeron en la inactividad. Como consecuencia y a lo largo de un período de tiempo, los soviets, los sindicatos y otros organismos de poder obrero se burocratizaron. Podemos ver un proceso parecido en la revolución Francesa , aunque con un contenido de clase diferente. Si fue posible que un partido de la clase obrera (la socialdemocracia), especialmente a través de su dirección, degenerase bajo las presiones ajenas del capitalismo, ¿por qué es imposible que el Estado formado por los trabajadores siga un camino similar? ¿Por qué es imposible que el Estado gane independencia de la clase, y al mismo tiempo (en su propio interés) defienda las nuevas formas económicas creadas por la revolución? En realidad, la transición de una sociedad a la otra resultó ser mucho más compleja que lo que podía haber sido previsto por los fundadores del socialismo científico.

Al proletariado le ha sido dado el privilegio, no más que a cualquier otra clase o formación social, de tener inevitablemente un viaje tranquilo en la transición a su dominación, y posteriormente su desaparición sosegada e indolora en la sociedad: el socialismo. Era una variante posible. Pero la degeneración tanto de la socialdemocracia como del Estado soviético en determinadas condiciones no era en absoluto accidental. Representaba en un sentido las relaciones complejas entre una clase, sus representantes y el Estado, que más de una vez en la historia dieron motivo de lamentaciones a la clase dominante, burguesa, feudal o esclavista. Refleja, en otras palabras, la multiplicidad de factores históricos que son la base para el factor decisivo: el económico.

Contrastemos el amplio punto de vista de Lenin, con el mecanicista de los defensores del capitalismo de Estado. Lenin insistía una y otra vez en la necesidad de estudiar los períodos de transición de las épocas pasadas, especialmente del feudalismo al capitalismo, para entender las leyes de la transición en Rusia. Él habría rechazado la concepción de que el Estado surgido en Octubre tendría que seguir una norma preconcebida, o si no dejaría de ser un Estado obrero. Lenin sabía bien que el proletariado, su partido y dirección, no tenían un poder divino que les llevara suavemente, sin contradicciones, hacia el socialismo una vez que el capitalismo había sido derrocado. Esta es necesariamente la única conclusión que se puede extraer de las normas kantianas categóricamente afirmadas por los que proponen la teoría del capitalismo de Estado. Por eso Lenin subrayó por adelantado que la dictadura del proletariado cambiaría tremendamente en diferentes países y bajo diferentes condiciones.

Sin embargo, Lenin insistía constantemente en el punto, de que en la transición del feudalismo al capitalismo, la dictadura de la burguesía ascendente estaba reflejada en la dictadura de un hombre. Una clase podría gobernar a través del dominio personal de un hombre. Cliff es bastante complaciente al aceptar esta concepción para aplicarla a la burguesía. Pero se podría sacar la conclusión de sus argumentos, que tal cosa sería imposible en el caso del proletariado. El dominio de un hombre implica absolutismo, dictadura arbitraria conferida en un único individuo, sin derechos políticos para la clase dominante a cuyos intereses, en última instancia, él representa. Pero Lenin sólo hizo este comentario para demostrar que bajo determinadas condiciones la dictadura del proletariado podría ser realizada también a través de la dictadura de un sólo hombre. Lenin no desarrolló esta concepción. Pero hoy a la luz de la experiencia de Rusia y Europa del Este, China, Cuba y los otros Estados obreros deformados, podemos profundizar y entender no sólo el desarrollo presente de la sociedad sino también los acontecimientos del pasado.

Bajo ciertas circunstancias la dictadura del proletariado puede ser realizada a través de la dictadura de un hombre. No estamos hablando de un Estado obrero sano, sino de una distorsión que pueden surgir de la separación del Estado de la clase a la que representa. Esto significa que el aparato casi inevitablemente tenderá a hacerse independiente de su base y así adquirirá intereses creados propios, hostiles y ajenos a la clase que representa como en el caso de la Rusia estalinista. Cuando estudiamos el desarrollo de la sociedad burguesa, vemos que la autocracia de un individuo, con las determinadas contradicciones sociales, servía a las necesidades del desarrollo de esa sociedad. Está claramente demostrado en el dominio de Cromwell y Napoleón. Pero aunque ambos mantenían una base burguesa, en un estadio determinado de la autocracia burguesa, se convierte, de un factor favorable para el desarrollo de la sociedad capitalista, en un obstáculo para el pleno y libre desarrollo de la producción burguesa.

Sin embargo, entonces, el régimen dictatorial no se diluye sin dolor. En Francia e Inglaterra fueron necesarias revoluciones políticas adicionales antes de poder cambiar la autocracia burguesa en democracia burguesa. Pero sin la democracia burguesa habría sido imposible el desarrollo libre y pleno de las fuerzas productivas hasta sus límites bajo el capitalismo. ¿Si esto se aplica a la evolución histórica de la burguesía, cómo no aplicarlo al proletariado en un país atrasado y aislado donde la dictadura del proletariado ha degenerado en la dictadura de Stalin, de un hombre?.

Para que el proletariado pudiera tomar el camino del socialismo, se necesitaba una nueva revolución, una revolución política, para transformar el Estado bonapartista proletario en una democracia obrera. Tal concepción coincide con la experiencia del pasado. De la misma manera en que el capitalismo ha pasado a través de muchas fases, contradictorias y turbulentas (y están lejos de haberse acabado como demuestra nuestra época), en condiciones determinadas históricas el dominio del proletariado también pasó por ellas en Rusia. Y también por una reacción mutua, Europa del Este y China pasaron por esta fase de bonapartismo proletario

La noción peculiar de que un Estado obrero siempre nace tan inmaculado como la Virgen María y en todas las circunstancias tiene que aparecer en la forma clásica de una democracia obrera perfecta, o de lo contrario hay que condenarlo como un “ nuevo Estado clasista ” , es una idea mística que no tiene nada en absoluto que ver con el método materialista del marxismo. Es el producto de pensar en categorías abstractas, formales. De hecho, encontramos la explicación de la degeneración estalinista en las interrelaciones entre la clase y su Estado en condiciones históricas concretas, no en abstracciones suprahistóricas .

De hecho, incluso hoy, el carácter de clase del Estado ruso no ha sido determinado de manera decisiva. Pero los protagonistas de la teoría vacía y superficial del capitalismo de Estado son los menos capaces de echar luz sobre los procesos que se están desarrollando en la antigua Unión Soviética. Si el actual movimiento hacia la restauración capitalista no tiene éxito, a largo plazo, el factor económico (las relaciones de propiedad), después de muchas convulsiones y catástrofes, será el decisivo. Se trata de qué relaciones de propiedad prevalecerán en última instancia: nacionalización o propiedad privada. Esta lucha todavía se está desarrollando, pero el resultado no está decidido. Por supuesto que si aceptamos que Rusia ha sido capitalista (incluso si es “ capitalista de Estado ” ) en los últimos 60 o 70 años, entonces esto es sólo un pequeño detalle del cual no tendríamos que preocuparnos mucho.

La clase obrera rusa, a través de una experiencia dolorosa, ha entendido que hay una diferencia fundamental entre la economía nacionalizada y planificada y el capitalismo. En el momento de escribir estas líneas los mineros rusos están en huelga contra el gobierno burgués de Moscú. Cada vez hay más obreros que entienden la necesidad de defender lo que queda de la industria nacionalizada contra los depredadores de la naciente clase capitalista. ¿Significa eso algún tipo de capitulación ante la burocracia? En absoluto. Los obreros rusos combatirán contra la burguesía naciente con sus propios métodos: huelgas, manifestaciones, huelgas generales. Al hacerlo, pronto redescubrirán las grandes tradiciones revolucionarias del pasado. Pero la condición previa es una lucha abierta contra la amenaza inmediata de la contrarrevolución capitalista.

Habiendo bloqueada el camino a la contrarrevolución capitalista mediante la lucha, se darán cuenta de su propia fuerza y adquirirán la conciencia necesaria que les permitirá derrocar a la burocracia y organizar una democracia obrera sana a un nivel superior. Este desarrollo no será una vuelta a la situación del Estado soviético, débil y empobrecido de 1917. Sobre la base del desarrollo tecnológico y científico que la economía nacionalizada y planificada hizo posible en el pasado, podrán decretar inmediatamente una reducción general de la jornada laboral. Con uno, o a lo sumo, dos planes quinquenales, con la participación y control democrático de las masas, toda la situación se transformará. Dado el nivel de desarrollo actual, sería posible introducir rápidamente la semana laboral de 32 horas, seguida por una reducción mayor de horas de trabajo y un aumento general de los niveles de vida y cultura. Entonces el Estado obrero se corresponderá, más o menos, con la norma ideal desarrollada por Marx y Lenin.

La teoría del ‘capitalismo de Estado’ hoy

El debate sobre el carácter de clase de la URSS no es un ejercicio académico, sino que tiene importantes consecuencias prácticas. Trotski ya había advertido de que la tendencia que adoptó la teoría falsa del capitalismo de Estado se arriesga a convertirse en “ el instrumento pasivo del imperialismo ” . Pero en el momento en que se da un movimiento hacia la restauración del capitalismo en Rusia y Europa del Este, las teorías del capitalismo de Estado juegan el papel más pernicioso imaginable. La ligereza y falta total de comprensión teórica de Cliff y sus seguidores se demuestra por su completa incapacidad a la hora de explicar los procesos que se están dando en Rusia ante nuestros ojos. Se le resta importancia al asunto con la frase alucinante de que la burocracia simplemente “ se quitó de en medio ” (¡!), que por supuesto no explica nada sobre el régimen social en Rusia ni antes ni después. No nos dice nada sobre las relaciones de producción, el carácter de clase del Estado, o el contenido social de la contrarrevolución que está teniendo lugar. Esto es lógico. Después de haber negado el significado revolucionario de la propiedad estatal, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, en la práctica, ¡se ven obligados a negar que se esté dando una contrarrevolución! Así, el concepto de capitalismo de Estado en el momento de la verdad resulta ser no sólo una bancarrota teórica, sino también un desastre en la práctica.

Al defender su postura, Cliff descalificó el análisis de Trotski del carácter de clase de la Unión Soviética como “ contradictorio ” con el marxismo. Según él, el análisis de Trotski “ sufría una seria limitación, un apego conservador al formalismo, que por su propio carácter es contradictorio con el marxismo que subordina la forma al contenido ” (Cliff, Russia : A Marxist Analysis, p. 145). Este punto de vista lo comparte otro destacado compañero de Cliff, Duncan Hallas, que afirma: “ El análisis de Trotski de la lucha de clases en la URSS después de 1927 ha demostrado claramente ser erróneo ” . (T. Cliff and others, The Fourth International, Stalinism and the Origins of the International Socialists, p. 8.) Y de nuevo, “ no hay duda de que en 1928 una nueva clase había tomado el poder en Rusia (…) ” , dice otro defensor de la teoría de Cliff, Chris Harman. “ La Oposición de Izquierdas estaba lejos de tener claro lo que estaba combatiendo. Trotski , hasta el día de su muerte, creyó que el aparato que iba a perseguirle y asesinarle, era un Estado obrero degenerado. ” (Binns, Cliff and Harman, op . cit., p. 35). Trotski y sus seguidores resistieron al estalinismo, pero, según Harman, sus “ propias teorías sobre Rusia hicieron esta tarea más difícil ” . (Ibid., p 36.)

Ya en 1936, Trotski , en una deducción brillante, predijo que la burocracia inevitablemente buscaría la propiedad individual de los medios de producción, si los obreros no tomaban el poder. ¿Y los defensores del capitalismo de Estado? El intento de restaurar la propiedad individual pilló a estas damas y caballeros totalmente por sorpresa. ¿Qué alternativa podían ofrecer a la desnacionalización de la industria y la abolición del plan? Esta no es una cuestión simplemente teórica, sino que es vital para los intereses de la clase obrera rusa. Es necesario dar una respuesta concreta. ¿Cómo cuadra esto con el capitalismo de Estado?

A pesar del hecho de que los comentaristas burgueses en Occidente y la prensa burguesa están apoyando abiertamente la restauración capitalista , Chris Harman afirma que : “ el movimiento de la economía dirigida al mercado no es ni un paso atrás ni un paso adelante , sino un paso hacia un lado , de una forma de organización de la explotación capitalista a otra ” (C. Harman and E. Mandel, The Fallacies of State Capitalism, p. 79)( ¡!). Para Tony Cliff, “ la privatización es una cuestión irrelevante ” .

La posición, por supuesto, es bastante lógica si aceptas que la contrarrevolución capitalista ya tuvo lugar hace décadas. Ahora tratan de decir que se oponen a las privatizaciones en los Estados ex-estalinistas de la misma manera que se oponen a las privatizaciones en Occidente, aunque los motivos para hacerlo siguen siendo un misterio. ¿Acaso el ‘‘capitalismo de Estado ” es progresista después de todo? ¡De esta manera, los defensores de esta postura van de mal en peor! Las contradicciones en las que incurren como consecuencia, no pasan inadvertidas por lo menos para algunos de ellos. Un orador destacado en su escuela de verano de 1990 declaró que Trotski “ hacia un fetiche de la economía nacionalizada ” . De hecho, su postura pone en cuestión la propia noción de una economía nacionalizada como condición previa para un movimiento hacia el socialismo. ¿Pero que conclusiones tenemos que sacar de esto?

Si la nacionalización es “ irrelevante ” y lo que ha sucedido en Rusia es sólo un “ paso hacia un lado ” , ¿entonces porque hay que oponerse? ¿Acaso no tendría que sernos indiferente si la burguesía naciente toma control del capitalismo de Estado? ¡Por supuesto que para los trabajadores amenazados con la privatización, las cosas no parecen tan simples! Pero desde el punto de vista de la teoría del capitalismo de Estado, no hay absolutamente nada que escoger entre ambos, y por lo tanto la única postura coherente sería la neutralidad completa. (Esto también se aplicaría a la cuestión de la privatización en Occidente). ¡Sin embargo, lo última de lo que se puede acusar a los defensores de esta teoría es de coherencia!

Ya sea en el Este o en Occidente, el deber elemental de cualquier obrero con conciencia de clase es el de defender las conquistas del pasado. Los únicos logros históricos que quedan de la Revolución Rusa es la economía nacionalizada y planificada. El gobierno pro-burgués de Yeltsin, apoyado y promovido por el imperialismo occidental, está intentando destruir la economía nacionalizada, despedazarla y venderla a través de la privatización. Si lo logran, esto representará la eliminación completa de las conquistas de la Revolución de Octubre. Significará la destrucción completa del Estado obrero deformado y el establecimiento de un nuevo Estado capitalista. Después de todo esa es la intención de la burguesía naciente en Rusia y de los imperialistas occidentales. La situación no podría ser más clara. Y sin embargo los defensores de la teoría del capitalismo de Estado se las arreglan para poner la situación boca abajo y sembrar la máxima confusión.

Desde el triunfo de la Revolución de Octubre, los marxistas han defendido consistentemente los derechos de propiedad nacionalizada surgidos de la Revolución. No apoyamos la reacción estalinista ni la política del régimen estalinista. Esta política, lejos de defender la revolución, ayudaba a debilitarla y minarla. En un momento u otro, tal y como había previsto Trotski , la burocracia trataría de consolidar su posición mediante la restauración capitalista. Eso es lo que ha estado sucediendo en los últimos seis años más o menos en Rusia y Europa del Este. Para Cliff y sus seguidores , el capitalismo de Estado no sólo existía en la URSS, Europa del Este, y otros Estados estalinistas dónde se había abolido la propiedad privada, sino que aparentemente también estaba muy extendido en Asia, África y América Latina en los años 30, 40 y 50. En palabras de Harman, “ la intervención estatal fue más lejos en muchos de los llamados países en desarrollado, dónde los grupos capitalistas individuales eran demasiado débiles como para impedir que el Estado dominase el sector industrial de la economía ” . Harman da como ejemplos a Egipto, Siria, Brasil, Argentina, España, Irlanda, y Corea del Sur como diferentes formas de capitalismo de Estado.

“ Éste [el Estado] se comportaba en gran medida como los Estados de Europa del Este (…) ” escribe Harman. “ Era una expresión de una tendencia internacional, desde los años 30 a mediados de los 70, de recurrir a intervenciones administrativas, capitalistas de Estado, en economías propensas a la crisis. Sin embargo, esa fase de la historia capitalista está llegando a su fin. El Estado todavía interviene, pero con una eficacia cada vez menor. En Occidente esto ha llevado a un retorno a la recesión clásica; y en el Este significa que para las burocracias cada vez es más difícil no ir por el mismo camino ” . (C. Harman, Class Struggles in Eastern Europe 1945-83, p. 327).

Harman retuerce tortuosamente los hechos para que encajen en la teoría del capitalismo de Estado. Países como Argentina bajo Perón y el Egipto de Nasser, no eran nuevas sociedades de capitalismo de Estado, sino que eran economías capitalistas que utilizaban la intervención estatal, lo cual es característico de todos los países capitalistas en la época del imperialismo, para proteger los intereses de la burguesía nacional contra la competencia de las grandes potencias imperialistas. Dado el alcance de la intervención estatal, siguiendo la lógica de Harman, ¡el sistema del capitalismo de Estado sería prácticamente universal! Parece ser que la guerra fría y las relaciones hostiles entre la URSS y Occidente fueron sólo un gran malentendido, en lugar de un antagonismo fundamental entre dos sistemas sociales, ya que los países capitalistas de Estado estaban en ambos lados del telón de acero. Si eran básicamente lo mismo, ¿por qué tanto ruido, tensiones militares y diplomáticas y la carrera de armamentos?

“ ¿Cómo tenemos que ver el fin de la guerra fría, el colapso de la URSS y la orientación inicial de Rusia hacia los EEUU ? ” se pregunta Dave Crouch, el seguidor de Cliff en Moscú. Según él, el colapso del estalinismo no fue una victoria para el imperialismo americano, a pesar de lo que dijeron los comentaristas burgueses internacionalmente. “ No hubo ninguna ‘capitulación’ a los americanos. Cuando la clase dominante rusa dejó de tambalearse por las derrotas que le infringió la población después de 1989 pasó a fortalecer su posición tanto interior como exterior. El gran show de la amistad entre Rusia y los EEUU convenía a ambas partes. El Kremlin necesitaba convencer a su pueblo de que los malos días del pasado se habían acabado y que la reforma les llevaría a un futuro de mercado opulento ” . (International Socialism, no. 66, Spring 1995, pp. 12-4)

¿Acaso se puede embrollar todavía más? ¡Según Dave Crouch el colapso del estalinismo ha resultado en el fortalecimiento del capitalismo de Estado, “ en el interior y en el exterior ” ! Crouch, a pesar de estar en Moscú evidentemente vive en otro planeta. No ve el colapso de las fuerzas productivas, el caos, la miseria de las masas, las convulsiones políticas, y la catástrofe militar que afecta al pueblo ruso. No. No sólo no ha habido ningún cambio real, sino que por algún medio misterioso que sólo Dave Crouch entiende, ¡el antiguo régimen se ha fortalecido! Aquí abandonamos totalmente el marxismo y entramos en el reino de la ciencia-ficción.

Aparentemente, los ‘capitalistas de Estado’ en Rusia y Europa del Este, en un intento de solucionar sus problemas, se vieron obligados a ir hacia una forma más convencional de capitalismo de mercado. En otras palabras, las convulsiones en Rusia y Europa del Este son simplemente problemas ‘tácticos’ que los diferentes sectores de la clase capitalista tratan de solucionar. La privatización, elemento clave de la contrarrevolución burguesa, es considerada como algún tipo de truco porque la propiedad realmente no está siendo transferida en absoluto; ¡la venta de acciones era simplemente un ‘mecanismo’ mediante el cual los capitalistas de Estado conseguirían beneficios! Según estos caballeros, los socialistas no deben defender una forma de capitalismo contra otra. A principios de los años 50 esta posición hizo que Tony Cliff se mantuviera neutral durante la guerra de Corea, cuando el Estado obrero deformado del Norte estaba siendo atacado por el imperialismo. Pero en la guerra de Vietnam, debido a la presión de los estudiantes y pequeñoburgueses en sus filas, estaba de moda apoyar al ‘capitalista de Estado’ Vietnam del Norte contra el imperialismo americano. Hoy no está de moda defender la economía planificada de la antigua URSS y Europa del Este contra la contrarrevolución pero sí estaba de moda apoyar las reivindicaciones de los estudiantes rumanos por la restauración del capitalismo.

La vida siempre se toma su venganza de una teoría falsa. Toda la construcción artificial del capitalismo de Estado estaba en ruinas. Sin embargo, en lugar de admitir honestamente su error, intentan agarrarse con la punta de los dedos al naufragio. Ahora intentan argumentar que no ha habido ningún cambio real. Esto les lleva inmediatamente a un pequeño error: ¡el de ser incapaces de distinguir entre revolución y contrarrevolución! Según la teoría de Tony Cliff y otros, la contrarrevolución capitalista hoy en día en Rusia es imposible. Ya que la burocracia ‘poseía el Estado’ y jugaba el mismo papel que la clase capitalista, ¿dónde está la diferencia? ¡Desde este punto de vista, da lo mismo si la propiedad estatal es privatizada o no porque todo es ‘capitalismo’! Así, la llamada teoría del capitalismo de Estado, si fuera aceptada por los obreros rusos de hoy en día, les desarmaría totalmente ante la naciente burguesía. Este hecho por sí solo es suficiente para subrayar la importancia de la teoría, que, más pronto o más tarde, tiene que aplicarse en la práctica.

Trotski dejó su postura clara en el Manifiesto de la Cuarta Internacional:

“Sin duda, la nacionalización de los medios de producción en un sólo país, y un país atrasado, no garantiza la construcción del socialismo. Pero es capaz de imponer los prerrequisitos para ella, a saber: el desarrollo planificado de las fuerzas productivas. Desentenderse de la nacionalización de los medios de producción alegando que ésta, en sí y por sí, no crea el bienestar de las masas, es tanto como criticar la construcción de cimientos de granito porque no se puede vivir sin paredes ni techo. El obrero consciente sabe que una lucha victoriosa por su liberación total es impensable sin defender las conquistas ya alcanzadas, por modestas que sean. Tanto más obligatoria es, por tanto, la defensa de una conquista tan colosal como la de la economía planificada frente a la restauración de las relaciones capitalistas. Quienes no saben defender las posiciones ganadas, no podrán conquistar otras nuevas.” (Trotski, Manifiesto de la IV Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial, en El Programa de Transición, p. 148)


V. De la guerra a la ‘desestalinización’

Una vez más: las ventajas de la economía planificada

La segunda guerra mundial fue una continuación de la primera guerra imperialista. El imperialismo alemán necesitaba llevar a cabo una redistribución del mundo. En palabras de Clausewitz: la guerra es la continuación de la política por otros medios (violentos). Ya en 1931, Trotski había predicho que si Hitler llegaba al poder Alemania declararía la guerra a la Unión Soviética. A pesar de haberse unido a la Liga de las Naciones (una ‘cocina de ladrones’ para utilizar las palabras de Lenin), los esfuerzos diplomáticos de Stalin para llegar a un acuerdo con las ‘democracias’ occidentales no tuvieron ningún resultado. Después del pacto de Munich de 1938 y con una fuerza mínima, Hitler llevó a cabo el Anschluss (fusión)con Austria, se anexionó los Sudetes y en marzo de 1939 ocupó Checoslovaquia. En un intento desesperado por evitar la guerra con Alemania, Stalin dio un giro de 180 grados y firmó un Pacto de No-Agresión con Hitler el 23 de agosto de 1939. El comisario de asuntos exteriores, Maxim Litvinov (que era judío) fue sustituido por Vyacheslav Molotov.

“ De hecho, ” declaró Trotski , “ la firma del tratado con Hitler nos proporciona sólo un indicador adicional con el que medir el grado de degeneración de la burocracia soviética, y su desprecio por la clase obrera mundial, incluyendo la Comintern ” ( Trotski , In Defence of Marxism, pp. 4-5). Además del Pacto existía un “ Protocolo Secreto Adicional ” por el cual Polonia quedaba dividida en esferas de influencia alemana y soviética y dejaba de existir como país unificado. Esta política hubiera resultado embarazosa para el Partido Comunista Polaco. Afortunadamente para Stalin, el PC polaco había sido disuelto en 1938, ¡con el pretexto de que había sido infiltrado por fascistas! Prácticamente todos sus dirigentes, exiliados en Moscú, fueron fusilados. El 9 de septiembre de 1939, el ministro de exteriores soviético envió el siguiente mensaje al embajador nazi en Moscú: “ He recibido su comunicación en relación a la entrada de tropas alemanas en Varsovia. Por favor envíe mis saludos y felicitaciones al gobierno alemán del Reich. Molotov ” . Gran Bretaña y Francia estaban dispuestas a aceptar la agresión alemana mientras los intereses del imperialismo alemán se dirigiesen hacia el Este. Sin embargo, el ataque a Polonia provocó la guerra con estas potencias imperialistas. Trotski había predicho que la segunda guerra mundial decidiría el destino de la Unión Soviética: llevaría o bien a una revolución política triunfante contra el régimen de Stalin o a la victoria de la contrarrevolución capitalista. La primera variante surgiría de los levantamientos revolucionarios como resultado de la guerra, al igual que sucedió en 1917. La segunda era probable si las potencias capitalistas conseguían conquistar Rusia. Esta predicción fue falsificada por los acontecimientos imprevistos de la guerra, que acabó con la victoria del Ejército Rojo. El proceso de la revolución había sido mucho más complicado de lo que incluso el genio de Trotski había previsto. La oleada revolucionaria que siguió a la guerra fue descarrilada por los dirigentes estalinistas y reformistas.

A pesar de las calumnias contra Trotski por parte de la prensa estalinista, que le acusaba a él y a sus seguidores de ser agentes fascistas, Trotski no tenía en absoluto una postura neutral ante la guerra imperialista. Al mismo tiempo que defendía una revolución política para derrocar a la burocracia estalinista, Trotski defendía la necesidad de una defensa incondicional de la URSS ante el ataque imperialista. Algunos dirigentes de los Trotski stas americanos, especialmente los defensores de la teoría del “ colectivismo burocrático ” , Max Shachtman y James Burnham, se pronunciaron contra la defensa de la Unión Soviética. Reflejaban las presiones de la opinión pública pequeñoburguesa que había girado contra el estalinismo después de la firma del pacto Hitler-Stalin. Burnham abandonó poco después el movimiento Trotski sta, proclamando en su libro The Managerial Revolution, que el mundo estaba evolucionando hacia una nueva forma de sociedad dirigida por una élite de managers, de la cual el estalinismo, el nazismo y el New Deal eran simplemente ‘diferentes estadios de crecimiento ” de “ ideologías de gestión ” ( “ managerial ideologies ” ).

El 25 de septiembre de 1939, un mes después de la firma del Pacto, y del inicio de la segunda guerra mundial, Trotski dejo su postura totalmente clara:

Supongamos que Hitler gira sus armas hacia el este e invade territorios ocupados por el Ejército Rojo. En estas condiciones, los partidarios de la Cuarta Internacional, sin cambiar en absoluto su actitud hacia la oligarquía del Kremlin, pondrán en primer lugar, como tarea más urgente del momento, la resistencia militar contra Hitler. Los obreros dirán: ‘No podemos ceder a Hitler el derrocamiento de Stalin; esa es nuestra propia tarea’. Durante la lucha militar contra Hitler, los obreros revolucionarios se esforzarán por entrar en relaciones lo más estrechas posibles y de camaradería con los combatientes de base del Ejército Rojo. Al mismo tiempo que le asestan golpes con armas en la mano a Hitler, los bolcheviques leninistas llevarán a cabo propaganda contra Stalin preparando su derrocamiento como el paso siguiente y quizás muy cercano (…) Tenemos que formular nuestras consignas de tal manera que los obreros vean claramente qué es lo que defendemos en la URSS (la propiedad estatal y la economía planificada), y contra quién estamos llevando una lucha despiadada (la burocracia parasitaria y su Comintern). No tenemos que perder de vista ni un sólo momento el hecho de que la cuestión del derrocamiento de la burocracia soviética, para nosotros está subordinada a la cuestión de preservar la propiedad estatal de los medios de producción en la URSS” (Trotski, In Defence ofMarxism, pp. 20-1).

El Pacto Hitler-Stalin, que Trotski ya había anticipado en 1934, fue indudablemente una traición a la clase obrera mundial. Pero la indignación de los gobiernos de Londres y París era completamente hipócrita. Cualquiera que estudie los documentos diplomáticos de este periodo verá enseguida que la política del imperialismo francés y británico consistía en aislar la Unión Soviética y hacer concesiones a Hitler en el este (Checoslovaquia) con la esperanza de que se olvidaría de ellos y atacaría a Rusia. Soñaban con una situación en la que Alemania y la URSS se agotaran mutuamente, tras lo cual podrían liquidarlos a ambos. Stalin simplemente les tomó la delantera firmando un acuerdo con Berlín, dejándole a Hitler las manos libres para girar hacia occidente.

Como regla general, incluso un estado obrero tendría que maniobrar con los regímenes capitalistas, utilizando hábilmente las contradicciones entre ellos. Para evitar una guerra, podría ser necesario firmar un acuerdo incluso con el régimen más reaccionario, apoyando y animando el movimiento para derrocarlo al mismo tiempo. Esto es lo que sucedió por ejemplo con el Pacto de Brest- Litovsk en 1918. Pero en primer lugar, fue la política de Stalin lo que permitió a Hitler llegar al poder, colocando a la URSS en grave peligro. En segundo lugar, la manera en que Stalin aplicó esta política no tenía absolutamente nada que ver con los métodos internacionalistas de Lenin. Una vez más, se sacrificó la clase obrera mundial en beneficio de los estrechos intereses nacionalistas de la burocracia rusa. Es más, como veremos, esta táctica no salvó a la Unión Soviética sino que agravó el peligro.

Ilya Ehrenburg en sus memorias recuerda su asombro e indignación cuando, al volver a Moscú desde Francia, descubrió que se censuraba cualquier referencia crítica a los nazis, y que se le pedía que diese conferencias en los locales de la embajada alemana. Ni una palabra de las atrocidades de los nazis. El comercio con Alemania iba viento en popa, y se daba a entender que las relaciones con Berlín eran buenas y amistosas. (Ver A. Nove, Stalinism and After, p. 81). Desde el otoño de 1939 se paró totalmente la propaganda antifascista en la URSS. Francia y Gran Bretaña se convirtieron en el enemigo.

Como dijo Molotov:

“Durante los últimos meses conceptos como ‘agresión’ y ‘agresor’ han adquirido un nuevo contenido concreto, tienen otra significación … Hoy… es Alemania quien lucha por un rápido fin de la guerra, por la paz, mientras que Inglaterra y Francia, que ayer mismo estaban haciendo campaña contra la agresión, están hoy por la continuación de la guerra y contra la conclusión de una paz. Los papeles, como podéis ver, se han cambiado… La ideología del hitlerismo, como cualquier otro sistema ideológico, puede aceptarse o rechazarse: todo depende del punto de vista político de cada cual. Pero cualquiera puede ver que una ideología no puede ser destruida por la fuerza… Así es que no tiene sentido alguno, es criminal, el querer explicar esta guerra como una guerra para la ‘destrucción del hitlerismo’ bajo la falsa bandera de una lucha en pro de la democracia” (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 474).

Stalin y su camarilla llegaron hasta extremos increíbles para congraciarse con Berlín. El siguiente extracto del diario de un diplomático alemán describiendo el banquete con el que se celebró la firma del Pacto demuestra hasta dónde Stalin estaba dispuesto a ir para conciliarse con Hitler:

Brindis: en el transcurso de la conversación Herr Stalin espontáneamente propuso uno por Hitler, de esta manera: ‘Sé hasta qué punto la nación alemana ama a su Führer; y por lo tanto me gustaría beber a su salud’. Herr Molotov bebió a la salud del Ministro de Exteriores del Reich y del Embajador, el conde Vonder Schulenburg. Herr Molotov levantó su vaso por Stalin, resaltando que había sido Stalin – a través de su discurso de marzo de este año, que había sido bien entendido en Alemania – el que había traído el cambio en las relaciones políticas. Herren Molotov y Stalin bebieron repetidamente por el Pacto de No Agresión, la nueva era de relaciones alemano-soviéticas y la nación alemana. El Ministro de Asuntos Exteriores del Reich (Ribentropp) en su turno propuso un brindis por Herr Stalin, un brindis por el gobierno soviético, y por un desarrollo favorable de las relaciones entre Alemania y la Unión Soviética… Moscú, 24 de agosto de 1939. Hencke. (Un diplomático nazi).” (Nazi-Soviet relations, pp 75-6, reproducido en Robert Balck, Stalinism in Britain, p. 130).

Esto va mucho más allá de lo que sería permisible para un auténtico gobierno leninista en sus relaciones con un régimen extranjero reaccionario con el objetivo de la defensa propia. Pero lo peor todavía estaba por venir. Para demostrar su “ buena voluntad ” Stalin entregó a Alemania a luchadores antifascistas, judíos y comunistas dejándolos a merced de la Gestapo. Por lo menos uno de ellos, Margaret Buber-Neumann, sobrevivió por algún milagro, para escribir libros comparando los campos de concentración de Stalin con los de Hitler. ¡Lavrenty Beria, el jefe de Interior, incluso ordenó a la administración del gulag que prohibiese a los guardianes de los campos llamar fascistas a los prisioneros políticos! Esta orden sólo se suprimió después de la invasión de la URSS por parte de Hitler en 1941. Todo esto no era la manera de preparar al pueblo soviético y a los obreros del mundo para el terrible conflicto que se avecinaba.

En lo que claramente era un movimiento defensivo para proteger sus fronteras occidentales, la Unión Soviética se incorporó rápidamente Estonia, Letonia, Lituania, Besarabia y Bukovina del Norte. Pero fracasó en su intento de ocupar Finlandia en una campaña desastrosa que demostró a todo el mundo el debilitamiento del Ejército Rojo debido a las purgas. Hitler tomó buena nota de este hecho que comentó a sus generales. Ya se estaba preparando para atacar a Rusia. Pero Stalin se negaba a reconocerlo ni siquiera como posibilidad y seguía confabulándose con Alemania. Cuando Hitler invadió Yugoslavia, Stalin cerró las embajadas de Yugoslavia, Grecia y Bélgica, como señal de aprobación hacia las autoridades alemanas.

Cuando Alemania invadió Francia en 1940, Stalin estaba convencido de que sus maniobras habían inducido a Hitler a avanzar hacia el Oeste en lugar de atacar a la Unión Soviética . ¡Molotov incluso le envió un mensaje de felicitación al Führer! Se ordenó a todas las secciones de la Comintern que siguieran la misma línea . Esta política llevó a los dirigentes del Partido Comunista Francés a poner sus esperanzas en una existencia legal y la publicación de L’Humanité en la Francia ocupada . Estas sólo se disiparon cuando los militantes de base del PC fueron detenidos y fusilados en masa. Mientras , Pravda citaba declaraciones de la prensa nazi diciendo que el acuerdo con Rusia había permitido “ el desarrollo con éxito de la ofensiva [ alemana ] en occidente ” . (Pravda, 26/8/1940).

Los dueños del Kremlin pensaban realmente que iban a poder quedarse sentados disfrutando del espectáculo de Alemania y Gran Bretaña aporreándose mutuamente. Habiendo abandonado cualquier semblanza de una perspectiva revolucionaria internacionalista, estaban borrachos de ilusiones, mientras Hitler estaba preparando un golpe devastador contra ellos. Esto fue lo que desarmó a la Unión Soviética ante uno de sus enemigos más temibles. Desde el inicio de la segunda guerra mundial hasta junio de 1941, cuando Hitler atacó a Rusia, la Alemania nazi recibió un importante aumento de las exportaciones de la URSS. Entre 1938 y 1940, las exportaciones a Alemania aumentaron de 85,9 millones de rublos a 735,5 millones de rublos, lo que ayudó enormemente los esfuerzos de guerra de Hitler.

Consecuencias de las purgas

En contraste, en 1941, la URSS estaba en un estado lamentable para la guerra. Las purgas habían exterminado la mayor parte del Estado Mayor, incluyendo los oficiales de mayor talento. El perjuicio provocado por las purgas de Stalin no se limitaba solamente al potencial militar de la URSS. También representaron un golpe terrible a la economía. Esto lo reconocen hoy incluso aquellos que ayer justificaban las purgas y todo lo que hizo Stalin. En un estudio publicado por la Universidad de Yale, en aquel tiempo se llamaba la atención sobre los efectos dañinos de las purgas en la economía soviética. En el periódico del PC británico se informó de esto sin comentario a mediados de los años 80:

‘Es más, en las purgas de 1937-38 fueron encarcelados o ejecutados muchos de los administradores y científicos de la industria química más capaces’, escribe Robert Amann, ‘Para aquellos que no las sufrieron directamente, las purgas tuvieron un efecto entumecedor. Las penas por un fracaso eran tan extremas que se evitaban a toda costa las decisiones que implicaban riesgo, novedad e iniciativa personal’

‘Sería difícil exagerar hasta que punto las secuelas de estas actitudes han tenido un efecto nocivo sobre el desarrollo a largo plazo de la industria química, y sobre otras industrias soviéticas’. La industria de defensa tampoco quedó inmune: ‘A pesar de todo lo que la política de Stalin había desarrollado el potencial militar e industrial soviético, las purgas y la represión de los años 30 debilitaron enormemente la capacidad defensiva de la Unión Soviética’, escribe David Holloway. (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).

El principal factor que minó la capacidad de combate del Ejército Rojo al principio de la guerra fue la destrucción de sus mejores generales y cuadros en las purgas. La Revolución de Octubre había sacado a la luz a toda una capa de jóvenes oficiales de talento, algunos de ellos, como Tujachevski, Yakir y Gamir, eran estrategas militares brillantes. No es del conocimiento general que la teoría del Blitzkrieg ( “ guerra relámpago ” ) no fue una invención alemana. La Wehrmacht la copió de los rusos. Mucho antes de la guerra, cuando los jefes de los ejércitos británicos y franceses todavía estaban convencidos que la siguiente guerra sería una guerra de posiciones, como la primera guerra mundial, el genio de Tujachevski le llevó a la conclusión de que en la segunda guerra mundial se combatiría con tanques y aviones. Cuando Tujachevski y sus camaradas fueron asesinados en las purgas, ocuparon sus puestos los compinches de Stalin como Voroshilov , Timoshenko y Budyonny, ¡que pensaban que en la próxima guerra se iba a combatir con la caballería! Se puso al mando del Comisariado de Defensa al inepto y segundón Voroshilov , rodeado de otros del mismo jaez. Se promovió a estos compinches de Stalin a puestos clave no por sus habilidades personales sino por su lealtad servil a la camarilla dominante.

El antiguo general Grigorienko que sirvió en ese tiempo como profesor en la academia militar central soviética, recuerda el efecto desastroso de las purgas en la calidad de la formación militar: “ La academia acababa de dar los primeros pasos renqueantes cuando los juicios farsa de Tujachevski, Uborevich , Yakir y otros sembró la sospecha sobre todas las cosas planificadas por Tujachevski. Stalin veía la academia como un ‘centro militar anti-estalinista ’ y empezaron los pogroms. Las detenciones empezaron en el invierno de 1936 y se intensificaron en 1937. El personal instructor altamente cualificado reunido por Tujachevski fue casi completamente aniquilado.

“ Gente sin experiencia ni talento ocupaban las posiciones. A su vez, algunos de los nuevos profesores fueron arrestados, lo que asustó a los demás dejándolos con poco entusiasmo por sus nuevos empleos. Ya no se podían utilizar textos que habían sido escritos por ‘enemigos del pueblo’, los primeros profesores. Los nuevos profesores escribían apresuradamente resúmenes de sus clases, pero temerosos de ser acusados de tener puntos de vista contrarios a Stalin, llenaban sus lecciones de dogmas caprichosos ” . Y añade: “ Se dejó de lado la teoría de batalla en profundidad desarrollada ampliamente por Tujachevski, Yegorov, Uborevich y Yakir ” . (Grigorienko, op . cit., pp. 91-2).

Todo esto lo admitió Kruschev en 1956:

La aniquilación por parte de Stalin de muchos mandos militares y trabajadores políticos durante 1937-41 debido a su suspicacia y a través de acusaciones calumniantes, tuvo consecuencias muy graves, especialmente en relación al inicio de la guerra. Durante esos años, se instituyó represión contra ciertos sectores de los cuadros militares, empezando literalmente al nivel de jefe de batallón y compañía y extendiéndose hasta los centros militares más altos; durante este tiempo, cuadros dirigentes que habían conseguido experiencia militar en España y en el Lejano Oriente, fueron casi completamente eliminados.

La política de represión a gran escala contra los cuadros militares también minó la disciplina militar, ya que durante varios años se enseñó a oficiales de todos los rangos e incluso soldados en las células del partido y del Kómsomol a ‘desenmascarar’ a sus superiores como enemigos ocultos. (Movimiento en la sala). Es normal que esto provocase una influencia negativa en el estado de la disciplina militar en el primer período de la guerra.

Y, como vosotros sabéis, antes de la guerra teníamos cuadros militares excelentes que sin duda eran leales al Partido y a la Patria. Baste con decir que aquellos que consiguieron sobrevivir, a pesar de las fuertes torturas a las que fueron sometidos en las cárceles, demostraron ser auténticos patriotas desde los primeros días de la guerra y combatieron heroicamente por la gloria de la Patria; tengo en mente a camaradas como Rokossovsky (que como sabéis fue encarcelado), Gorbatov, Maretskov (que es delegado a este congreso), Podlas (fue un excelente comandante que murió en el frente), y muchos, muchos otros. Sin embargo, muchos de esos comandantes perecieron en los campos y prisiones y el ejército nunca volvió a verles. Todo esto provocó la situación que existía al inicio de la guerra y que era una gran amenaza a nuestra Patria. (Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).

Todavía existen muchas concepciones equivocadas en relación a la segunda guerra mundial, especialmente en lo que se refiere al papel de Stalin. Según Alec Nove (normalmente un comentarista bastante agudo sobre Rusia):

“el poder colosal de Alemania era superior al de Rusia y tenía a su disposición las industrias de la Europa ocupada. Sus ejércitos estaban bien equipados, y su equipo había sido probado en el campo de batalla. A pesar de sus enormes esfuerzos y sacrificios en la década anterior, la Unión Soviética se encontraba en desventaja económica y militar” (Alec Nove, AnEconomicHistoryofthe USSR, p. 273).

La verdad es que, en el momento del ataque nazi a la Unión Soviética, la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de la Wehrmacht. Sin embargo, las fuerzas soviéticas fueron rápidamente cercadas y diezmadas. Esta catástrofe sin precedentes no fue el resultado de la debilidad objetiva sino de la mala dirección. Habiendo destruido los mejores cuadros del Ejército Rojo, Stalin puso una confianza ciega tal en su “ astuta ” maniobra con Hitler, que ignoró los numerosos informes de que los alemanes estaban preparando un ataque. La zona fortificada de Minsk, una potente línea defensiva que se había construido en la frontera occidental de la URSS en previsión de un ataque alemán, fue demolida por orden de Stalin, presumiblemente como gesto de buena voluntad hacia Berlín. Grigorenko, que había trabajado antes de la guerra en la construcción de estas fortificaciones, describe sus sentimientos de indignación cuando fueron demolidas:

[Estas] fortificaciones tenían que haber protegido el despliegue de grupos de asalto e impedir cualquier intento del enemigo por romper su despliegue. Cuando el ejército atacase, las áreas fortificadas tenían que apoyar las tropas con fuego. En lugar de eso, nuestras zonas fortificadas occidentales no cumplieron ninguna de esas tareas. Fueron voladas sin haber disparado ni una sola vez contra el enemigo.

No sé cómo los historiadores del futuro explicarán este crimen contra nuestro pueblo. Los historiadores contemporáneos lo ignoran. Yo mismo no puedo dar ninguna explicación. El gobierno soviético exprimió miles de millones de rublos (según mis cálculos no menos de 120 mil millones) del pueblo para construir fortificaciones inexpugnables a lo largo de toda la frontera occidental, del mar Báltico al mar Negro. Entonces, justo antes de la guerra en la primavera de 1941, tronaron enormes explosiones a lo largo de los 1.200 kilómetros de estas fortificaciones. Siguiendo órdenes personales de Stalin se volaron por los aires búnquers y semibunquers de cemento, fortificaciones con una, dos o tres aspilleras, puestos de mando y de observación – decenas de miles de fortificaciones permanentes. No se podía haber hecho un regalo mayor al plan Barbarossa de Hitler.” (Grigorenko, op. cit., énfasis en el original).

Si no hubiese sido por las acciones criminales de Stalin, el ataque alemán no hubiese pillado a la URSS por sorpresa, tal y como explicó Kruschev:

¿Teníamos tiempo y capacidad para tales preparativos? Sí, teníamos el tiempo y la capacidad. Nuestra industria ya estaba tan desarrollada que era capaz de suministrar completamente al ejército soviético todo lo que necesitaba. Esto queda demostrado por el hecho de que, aunque durante la guerra perdimos casi la mitad de nuestra industria y zonas importantes para la producción industrial y alimentaria como resultado de la ocupación enemiga de Ucrania, el norte del Cáucaso y otras partes occidentales del país, la nación soviética todavía era capaz de organizar la producción del equipo militar necesario en las partes orientales del país, instalar allí el equipo sacado de las zonas industriales occidentales y suministrar a nuestras fuerzas armadas todo lo que era necesario para destruir al enemigo.

Si se hubiese movilizado correctamente y a tiempo a nuestra industria para suministrar al ejército el material necesario, nuestras pérdidas en la guerra hubieran sido decididamente mucho menores. Pero esa movilización no había empezado a tiempo. Y ya en los primeros días de la guerra quedó claro que nuestro ejército estaba mal armado, no tenía artillería, tanques y aviones suficientes como para repeler al enemigo.

La ciencia y la tecnología soviéticas produjeron modelos de tanques y piezas de artillería excelentes antes de la guerra. Pero no se organizó su producción en masa, y, de hecho, empezamos a modernizar nuestro equipo de guerra sólo en su víspera. Como resultado, cuando el enemigo invadió la tierra soviética no teníamos cantidades suficientes ni de la vieja maquinaria que ya no se utilizaba para la producción de armamento, ni de la nueva maquinaria que habíamos planificado introducir en la producción de armamento.

La situación en relación a la artillería antiaérea era especialmente mala; no organizamos la producción de munición antitanque. Muchas regiones fortificadas demostraron ser indefendibles tan pronto como fueron atacadas, porque se habían retirado las viejas armas y las nuevas todavía no estaban disponibles. Esto se aplicaba, por desgracia, no sólo a los tanques, artillería y aviones. En el momento de estallar la guerra no teníamos suficientes rifles para armar al potencial humano movilizado. Recuerdo que en aquellos días llamé al camarada Malenkov desde Kiev y le dije: ‘La gente se presenta voluntaria para el nuevo ejército y exigen armas. Tenéis que mandarnos armas’.

Malenkov me respondió: ‘No podemos enviaros armas. Estamos enviando todos nuestros rifles a Leningrado y tenéis que armaros vosotros mismos’. (Movimientos en la sala).

Esa era la situación del armamento. (Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 February 1956).

A pesar del hecho de que la potencia de fuego combinada del Ejército Rojo era mayor que la de los alemanes, las purgas la habían desarbolado. Este fue el elemento decisivo que convenció a Hitler para atacar en 1941. En el juicio de Nuremberg, el mariscal Keitel testificó que muchos generales alemanes habían advertido a Hitler que no atacase a Rusia, argumentando que era un adversario formidable. Rechazando estas advertencias, Hitler dio a Keitel su principal razón – “ Los oficiales de alto rango y de primera clase fueron barridos por Stalin en 1937, y la nueva generación aún no puede proporcionarle los cerebros indispensables ” . El 9 de enero de 1941, Hitler dijo en una reunión de generales nazis planeando el ataque a la URSS: “ No tienen buenos generales ” . (Medvedev,op . cit., p. 242).

“ Nuestra derrota inicial ” , escribe Grigorenko, “ fue provocada por aquellos [que estaban] en las posiciones más altas. Miles de mandos capaces del ejército habían sido purgados, nuestros aeródromos fronterizos estaban pobremente desarrollados, teníamos defensas antiaéreas totalmente inadecuadas, nuestros tanques y defensas antitanques habían sido reducidas drásticamente (por capricho de Stalin) inmediatamente antes de la guerra, nuestras zonas fortificadas habían sido voladas, y nuestras tropas habían sido entrenadas sobre la base de una época de paz. No estábamos preparados. Pagamos por esta criminal falta de preparación durante y después de la guerra. Yo señalé a Stalin como principal culpable, pero también mencioné a Voroshilov, Timoshenko, Golokov y Zhukov. No se podía culpar de nuestros fracasos a los fascistas, sino a nosotros mismos ” (Grigorenko, op . cit., p. 332).

‘Para los archivos’

A mediados de junio de 1941 Hitler había concentrado enormes cantidades de recursos militares en la frontera soviética. Se desplazaron cuatro millones de tropas alemanas en la frontera preparadas para invadir. También había 3.500 tanques, unos 4.000 aviones y 50.000 cañones y morteros. Se intentó mantener todos estos preparativos en secreto, pero dado su tamaño, se enviaron al gobierno soviético numerosos informes de unidades fronterizas por los servicios de inteligencia soviéticos e incluso de oficiales de los gobiernos de los EEUU y británico. Stalin se negó a actuar sobre la base de estos informes; en lugar de eso escribió sobre ellos “ para los archivos ” , y “ para archivar ” . Todo esto lo confirmó el general Zhukov en sus Reminiscencias y reflexiones. Cuando el mando militar soviético pidió permiso para poner las tropas soviéticas en alerta, Stalin se negó. Se negaba a creer que Hitler invadiría. “ Cada vez más aeroplanos entraban en el espacio aéreo soviético ” , informa el mariscal del aire A. Novikov, “ pero no se nos permitía detenerlos ” . (Citado en Medvedev, Que juzgue la historia, p. 332).

En su discurso al 20 Congreso del PCUS, Kruschev señaló que el 3 de abril de 1941, Churchill, a través de su embajador en la URSS, el ministro británico Stafford Cripps, advirtió personalmente a Stalin que los alemanes habían empezado a reagrupar sus unidades armadas con la intención de atacar a la Unión Soviética. Churchill afirmó en sus escritos que trató de “ advertir a Stalin y llamarle la atención sobre el peligro que le amenazaba. ” Churchill insistió repetidamente en sus comunicaciones del 18 de abril y de los días siguientes.

“Sin embargo”, dijo Kruschev, “Stalin no tomó en cuenta estas advertencias. Es más, Stalin ordenó que no había que dar credibilidad a información de este tipo, para no provocar el inicio de las operaciones militares.

“Tenemos que afirmar que información de este tipo en relación a la amenaza de una invasión armada alemana del territorio soviético estaba llegando también desde nuestras propias fuentes diplomáticas y militares; sin embargo, debido a que la dirección estaba condicionada contra este tipo de información, estos datos eran enviados con miedo y valorados con reserva.

“Así, por ejemplo, información enviada desde Berlín el 6 de mayo de 1941, por parte del agregado militar soviético, capitán Vorontsov, decía: ‘el ciudadano soviético Bozer… comunicó al viceagregado naval que, según una declaración de cierto oficial alemán del cuartel general de Hitler, Alemania se está preparando para invadir la URSS el 14 de mayo a través de Finlandia, los países bálticos y Letonia. Al mismo tiempo, Moscú y Leningrado serán bombardeadas severamente y se enviarán paracaidistas a las ciudades fronterizas…’

“En su informe del 22 de mayo, 1941, el viceagregado militar en Berlín, Khlopov comunicó que: ‘… se informa que el ataque del ejército está planificado para el 15 de junio, pero es posible que empiece en los primeros días de junio…’

“Un telegrama de la Embajada de Londres fechado el 18 de junio, 1941, declaraba: ‘Ahora Cripps estaba profundamente convencido de la inevitabilidad de un conflicto armado entre Alemania y la URSS, que empezará antes de mediados de junio. Según Cripps, los alemanes actualmente han concentrado 147 divisiones (incluyendo fuerza aérea y unidades de servicio) a lo largo de las fronteras soviéticas…’

“A pesar de estas advertencias especialmente graves, no se tomaron los pasos necesarios para preparar adecuadamente al país para la defensa e impedir que se le tomase por sorpresa”

Y de nuevo:

“En relación a esto, no podemos olvidar, por ejemplo, el siguiente hecho: Poco antes de la invasión de la Unión Soviética por el ejército de Hitler, Kirponos, que era el jefe del Distrito Militar Especial de Kiev (más tarde murió en el frente), escribió a Stalin que los ejércitos alemanes estaban en el río Bug, donde estaban preparando un ataque frontal y que en un futuro próximo probablemente empezarían su ofensiva. En relación a esto, Kirponos propuso que se organizase una fuerte defensa, que se evacuase a 300.000 personas de las zonas fronterizas y que se organizaran varios puntos fuertes: búnquers antitanque, trincheras para los soldados, etc.

“Moscú respondió a esta propuesta con la afirmación que esto sería una provocación, que no se debía de realizar ningún trabajo defensivo preparatorio en las fronteras, que no se tenía que dar ningún pretexto a los alemanes para iniciar una acción militar contra nosotros. Así, nuestras fronteras estaban insuficientemente preparadas para repeler al enemigo. Cuando los ejércitos fascistas invadieron el territorio soviético y empezaron las operaciones militares, Moscú ordenó no responder al fuego alemán. ¿Por qué? Porque Stalin, a pesar de los hechos evidentes, pensaba que la guerra no había empezado todavía, que eso era sólo una acción provocadora por parte de sectores indisciplinados del ejército alemán, y que una reacción podría servir a los alemanes para empezar la guerra.

“También conocemos el siguiente hecho: En la víspera de la invasión del territorio de la Unión Soviética por parte del ejército de Hitler, un cierto ciudadano alemán cruzó la frontera y declaró que los ejércitos alemanes habían recibido la orden de empezar la ofensiva contra la Unión Soviética en la noche del 22 de junio a las 3 en punto. Stalin fue informado de esto, pero incluso esta advertencia fue ignorada.

“Como veis, todo fue ignorado: avisos de ciertos mandos del ejército, declaraciones de desertores del ejército enemigo, e incluso la hostilidad abierta del enemigo. ¿Es esto un ejemplo del estado de alerta del jefe del Partido y del Estado en este momento histórico particularmente significativo? Y, ¿cuáles fueron los resultados de esta actitud descuidada, de este desprecio hacia hechos claros? El resultado fue que, ya en las primeras horas y días, el enemigo había destruido en nuestras regiones fronterizas gran parte de nuestras Fuerzas Aéreas, artillería y otro equipo militar; aniquiló gran cantidad de nuestros cuadros militares y desorganizó nuestra dirección militar; como consecuencia no pudimos impedir que el enemigo se adentrase profundamente en el país.”(Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).

Increíblemente no había planes de defensa preparados para el caso de un ataque alemán. Muchos tanques soviéticos estaban sin personal. Incluso cuando Hitler ya había lanzado la ofensiva, Stalin ordenó al Ejército Rojo que no se resistiera. Así, las poderosas fuerzas armadas soviéticas quedaron paralizadas las primeras 48 críticas horas. La Fuerza Aérea Roja fue destruida en tierra. Debido a esta confusión y parálisis por arriba, se perdieron enormes superficies de territorio en las primeras semanas. Millones de soldados soviéticos fueron capturados sin apenas resistencia. No hay duda de que, con una dirección adecuada, se hubiera podido rechazar a los invasores alemanes hacia Polonia al inicio de la guerra. Se habría infligido una derrota decisiva a Hitler ya en 1941. La guerra se hubiera podido acabar mucho antes, evitando las horribles pérdidas sufridas por Bielorrusia, Rusia occidental y Ucrania. La pesadilla que sufrieron los pueblos de la URSS fue el resultado directo de la política irresponsable de Stalin y su camarilla.

Stalin temía la guerra con Alemania porque tenía miedo que podía llevar a su derrocamiento. Estaba especialmente temeroso del ejército. Después de la desastrosa campaña de Finlandia en 1939-40, ordenó la liberación de miles de oficiales que habían sido encarcelados durante las purgas, pero Medvedev resalta que incluso en “ 1942, ordenó que en los campos de reclusión fuesen fusilados nutridos grupos de oficiales de alta graduación; los consideraba una amenaza para sí mismo, en el caso de que se produjesen acontecimientos desfavorables en el frente germano-soviético ” (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 342).

Después de la guerra se hicieron arduos esfuerzos en el Kremlin para extender el mito de Stalin como el “ gran líder en la guerra ” . Esto no resiste el más mínimo examen. Ya hemos visto cómo la política de Stalin dejó a la URSS a merced de Hitler. Cuando Hitler invadió, los dirigentes soviéticos estaban totalmente desorganizados. Stalin inicialmente entró en pánico y se escondió. Sus acciones equivalen a una capitulación total. A pesar de esto se concedió el título de ‘generalísimo’ y embelleció su papel en la Gran Guerra Patria. Pero Kruschev reveló la auténtica situación en los siguientes términos:

“Sería incorrecto olvidar que, después del primer desastre importante y derrota en el frente, Stalin pensó que eso era el fin. En uno de sus discursos en esos días dijo: ‘Todo lo que Lenin creó lo hemos perdido para siempre’. Después de esto Stalin no dirigió las operaciones militares durante un largo período de tiempo y dejó de hacer nada en absoluto. Volvió a la dirección activa sólo cuando algunos miembros del Bureau Político le visitaron y le dijeron que era necesario tomar algunos pasos inmediatamente para mejorar la situación en el frente.

“Por lo tanto, el peligro amenazante que se cernía sobre nuestra Patria en el primer período de la guerra se debió en gran medida a los métodos erróneos de dirección de la nación y el partido por parte del propio Stalin. Sin embargo, no hablamos sólo del momento en que empezó la guerra, que llevó a una importante desorganización de nuestro ejército y nos infligió pérdidas graves. Incluso después del inicio de la guerra, el nerviosismo y la histeria demostrados por Stalin, interfirieron con las operaciones militares, causando un daño importante a nuestro ejército.

“Stalin estaba muy lejos de entender la situación real que se estaba desarrollando en el frente. Esto era natural ya que, durante toda la Guerra Patria, nunca visitó ningún sector del frente ni ninguna ciudad liberada excepto un breve viaje por la autopista de Mozhaisk durante un período de estabilización del frente. A este incidente se dedicaron muchas obras literarias llenas de fantasías de todo tipo y muchos cuadros. Simultáneamente, Stalin interfería en las operaciones, sacando órdenes que no tenían en consideración la situación real en el frente y que no ayudaban sino que provocaban enormes pérdidas de personal.

“En relación a esto me permitiré mencionar un hecho característico que ilustra cómo Stalin dirigía las operaciones en los frentes. En este congreso está presente el mariscal Bagramian, que fue el jefe de operaciones en los cuarteles generales del frente sur-occidental y que puede corroborar lo que voy a deciros.

“En 1942, cuando se desarrolló una situación excepcionalmente grave para nuestro ejército en la región de Kharkov, nosotros habíamos decidido correctamente abandonar una operación cuyo objetivo era el de cercar Kharkov, porque la situación real en aquel momento hubiera puesto en peligro nuestro ejército con consecuencias fatales si continuábamos con la operación. Le comunicamos esto a Stalin, declarando que la situación exigía cambios en los planes de operaciones de tal manera que se pudiera impedir al enemigo liquidar una concentración importante de nuestro ejército. Pero contra todo sentido común, Stalin rechazó nuestra sugerencia y publicó la orden de continuar con la operación de cercar Kharkov, a pesar de que en ese momento muchas concentraciones del ejército estaban bajo peligro de ser rodeadas y liquidadas ellas mismas.

“Llamé a Vasilevsky y le supliqué: ‘Alexander Mijailovich, toma un mapa’ – Vasilevsky está presente aquí – ‘y muéstrale al camarada Stalin la situación que se ha desarrollado’. Tenemos que hacer notar que Stalin planificaba las operaciones en un globo terrestre. (Animación en la sala). Sí, camaradas, solía tomar el globo y trazar en él la línea del frente.”(Special Report on the 20th Congress of the CPSUpor N. S. Kruschev, 24-25 Febrero 1956).

Cientos de miles de soldados soviéticos fueron capturados en los primeros días de la guerra. Las pérdidas que sufrió más tarde el ejército soviético fueron mucho peores debido a la insistencia de Stalin en ataques frontales, independientemente del coste en vidas. Cuando el Ejército Rojo contraatacó a finales de 1941, en lugar de tratar de sobrepasar al enemigo por los flancos con maniobras tácticas, Stalin exigió la toma de una ciudad tras otra. “ Debido a esto, ” explicó Kruschev, “ pagamos con grandes pérdidas, hasta que nuestros generales, sobre cuyas espaldas descansaba todo el peso de la dirección de la guerra, consiguieron dar la vuelta a la situación cambiando a operaciones flexibles de maniobra, lo que inmediatamente produjo cambios importantes en el frente a nuestro favor ” . (Ibid.)

A finales de noviembre de 1941 la retirada soviética había provocado la pérdida de un territorio que contenía el 63 por ciento de toda la producción de carbón, el 68 por ciento del hierro, el 58 por ciento de acero, el 60 por ciento de aluminio, el 41 por ciento de las líneas férreas, el 84 por ciento del azúcar, el 38 por ciento del grano, y el 60 por ciento de los cerdos. Algunos centros importantes, especialmente Leningrado estaban aislados en la práctica. Enormes suministros de materiales básicos y equipamiento fueron cortados, y muchos otros fueron puestos en peligro por el raudo avance alemán. Enfrentado a la perspectiva de una derrota y derrocamiento inminente, Stalin, muy a su pesar, sustituyó a sus marionetas sin talento e incompetentes por otros mandos más capaces, algunos de ellos sacados de la cárcel con ese objetivo:

Después de temer por su vida y estar amenazado con una pérdida total de poder, comprendió que necesitaba especialistas para dirigir una guerra con éxito, y en su búsqueda incluso recurrió a aquellos que habían sido detenidos. Se liberó a hombres de la cárcel para enviarlos a altos puestos de mando, Rokosovsky y Gorbatov entre otros; pero esto, por supuesto, no solucionó todo el problema. Era imposible rellenar con ladrillos individuales el enorme agujero que la loca actividad terrorista de Stalin había dejado en la dirección de las fuerzas armadas. (Grigorenko, op. cit., p. 221)

Cambia la marea

En condiciones de guerra, se desarrolló rápidamente un nuevo alto mando. La nueva generación de oficiales soviéticos se formó bajo el fuego. Estos salieron de entre los oficiales más jóvenes que habían sido formados en las tradiciones de la Revolución de Octubre y la guerra civil. Los Voroshilovs y Budyonnys fueron apartados discretamente. Se liberó a hombres que habían sido encarcelados durante las purgas para tomar el mando del Ejército Rojo. Estos oficiales de talento eran el resultado de la escuela revolucionaria del genio militar de Tujachevski. Ellos dirigieron el Ejército Rojo en el avance más espectacular en la historia de la guerra. Así, no sólo en la esfera económica, sino también en el terreno del talento militar, la Revolución demostró lo que era capaz de hacer. Basta con comparar el comportamiento del Ejército Rojo con el de las fuerzas zaristas en 1914-17 para ver la diferencia. La brillante victoria de Rusia en la guerra fue, en sí misma, la confirmación más destacada de la superioridad de la economía planificada sobre la anarquía capitalista.

Después de arrastrar los pies en un primer momento, el gobierno soviético evacuó recursos humanos y materiales a escala gigantesca. De julio a noviembre de 1941, se sacaron y desplazaron físicamente de las zonas amenazadas más de 1.523 fábricas industriales, de las cuales 1.360 fueron descritas como a gran escala. Esto fue una gesta increíble, sin igual en la historia de la guerra. Con el avance alemán, decenas de millones de personas se desplazaron hacia el Este. La economía soviética sin embargo sufrió duros golpes. Para noviembre de 1941 más de trescientas fábricas de armamento habían sido tomadas por los alemanes. En el mismo año 1941, la producción industrial fue sólo un 51,7 por ciento de la de noviembre de 1940. Entre 1940 y 1942 se produjo una caída masiva en la producción. La producción de hierro cayó (en millones de toneladas) de 14,9 a 4,8; la de acero de 18,3 a 8,1; los productos de tren de laminado de 13,1 a 5,4; el carbón de 165,9 a 75,5; la de petróleo de 31,1 a 22; y la electricidad (en miles de millones de kw /h) de 48,3 a 29,1. En 1942 los alemanes habían ocupado el norte del Cáucaso y la cuenca del Don lo que le costó a la URSS las mejores zonas de grano que le quedaban y los yacimientos petrolíferos de Maikop, y durante un período se detuvo el suministro vital de petróleo de Baku . Las cosechas quedaron devastadas. Sólo en marzo de 1942 ¾ a pesar de la continuación de las derrotas y retiradas – empezó a recuperarse la producción de manera sostenida.

Engels en una ocasión explicó que en una economía sitiada, las leyes del capitalismo ya no se aplican. Enfrentada a un dilema de vida o muerte, la burguesía recurrirá a medidas de planificación, centralización y nacionalización. Este hecho por sí sólo es una respuesta aplastante a todos aquellos que proclaman a los cuatro vientos la supuesta superioridad del mercado. Por cierto, durante la segunda guerra mundial los niveles de vida aumentaron en Gran Bretaña y los EEUU , a pesar de la enorme cantidad de la producción que se dedicó a la economía de guerra. Así, incluso en occidente, no se dudaba de las ventajas de la planificación centralizada durante la guerra (parcial, por supuesto, ya que la auténtica planificación no es posible en una economía capitalista). Pero en el caso de la Unión Soviética, la superioridad abrumadora de la economía planificada quedó demostrada contundentemente, especialmente cuando se la sometió a la prueba más dura de todas, la sangrienta ecuación de la guerra.

Se dio la vuelta a la situación de manera espectacular, lo que fue la clave para la victoria. Se reorganizó la industria de guerra y se puso sobre unos cimientos más sólidos. Se liberó a especialistas de los campos de trabajo de Stalin para trabajar en las industrias de guerra. En 1940 se dedicaba el 15 por ciento de la renta nacional a gastos militares. En 1942 la cifra había aumentado hasta el 55 por ciento. Según Nove, “ quizás la más alta que nunca se haya alcanzado en ninguna parte ” . La economía nacionalizada fue la que lo hizo posible. Tal y como Nove explica: “ Sin duda la experiencia de la planificación centralizada en los diez años anteriores fue de gran ayuda. En el proceso de controlar más de cerca los recursos, el gobierno recurrió a planes trimestrales e incluso mensuales, mucho más detallados que en tiempo de paz.

“La práctica de balances materiales se utilizó con éxito para distribuir los materiales y combustible disponibles para usos alternativos de acuerdo con las decisiones del todo poderoso Comité Estatal de Defensa. En agosto de 1941 se adoptó un plan de guerra de emergencia que cubría el resto de ese año y 1942. A partir de entonces hubo planes económicos militares anuales, junto a algunos planes a más largo plazo, incluyendo uno para la región de los Urales que cubría los años 1943-47”. (Nove. op. cit., pp 278-9). Estos pocos hechos son suficientes para demostrar la enorme superioridad de la economía soviética.

No sólo la industria soviética fue capaz de producir una enorme cantidad de equipos militares, sino que los tanques, aviones y cañones eran de gran calidad, y se podían comparar favorablemente con sus equivalentes alemanes. Esto, junto a la determinación de la clase obrera soviética de defender los logros de la Revolución, fue lo que determinó el resultado del conflicto, y en última instancia de la segunda guerra mundial en Europa, que fue en la práctica un duelo titánico entre la URSS y la Alemania nazi. Aunque Hitler tenía una gran ventaja al inicio de la guerra y tenía todos los recursos de la Europa ocupada a su disposición, fue derrotado. Ante los atónitos ojos del mundo, el Ejército Rojo se recuperó de lo que para cualquier otro país hubiera sido un golpe mortal, se reagrupó, y contraatacó, empujando al ejército alemán hasta Berlín.

Aunque la marea militar empezó a cambiar muy a finales de 1942, el territorio recuperado muchas veces añadía poco a la potencia económica soviética. Los nazis aplicaban una política de tierra quemada. Así, en 1943, el producto industrial bruto de la Ucrania soviética era sólo el 1,2 por ciento del de 1940. A pesar de eso, las masas soviéticas estaban combatiendo en una guerra de liberación contra los invasores nazis. Si los ejércitos nazis ganaban, hubiera sido un resultado horroroso para el pueblo ruso. Esto fue lo que le dio al Ejército Rojo la moral de combate para derrotar a Hitler. El ejército alemán fue finalmente detenido en Stalingrado. La batalla de Kurks marcó el punto de inflexión en el frente oriental. Esta fue sin duda la batalla más decisiva de la guerra. En una lucha titánica con más de 10.000 tanques por bando, el Ejército Rojo salió victorioso.

A propósito, durante todo este tiempo el ejército británico estaba estacionado en Persia, justo en la frontera de la URSS. Stalin le pidió a Churchill enviar las tropas británicas que no estaban haciendo nada a ayudar al Ejército Rojo en el Frente Oriental. Su ‘aliado’ británico amablemente contrapropuso al generalísimo que las tropas rusas que estaban frente a las suyas al otro lado de la frontera se retirasen del frente, mientras el ejército británico muy amablemente les guardaría la frontera en su lugar. En realidad, Churchill estaba esperando la derrota del Ejército Rojo, para poder ordenar al ejército británico la toma de Baku con su riqueza en petróleo, siguiendo la misma política que cuando el ejército británico invadió el Cáucaso durante la guerra civil. ¡Incluso Stalin podía entenderlo!

El resultado final fue que ambos bandos se mantuvieron en sus posiciones, mientras que las batallas más decisivas de la guerra se libraban en suelo soviético. Desgraciadamente para Churchill, la batalla acabó con la victoria del Ejército Rojo que avanzó rápidamente hacia el corazón de Europa. Los alemanes fueron repelidos, aunque, como consecuencia de la política loca de Stalin, las pérdidas rusas fueron aterradoras. La explicación para esto es más política que militar. Si la Unión Soviética hubiera tenido una política internacionalista, haciendo un llamamiento a los obreros alemanes a derrocar a Hitler, esto hubiera tenido repercusiones importantes, especialmente después de las primeras derrotas alemanas. La perspectiva de una Alemania socialista unida en una federación con la Rusia soviética indudablemente hubiera encontrado un eco en las mentes y corazones de los obreros y soldados alemanes.

De esta manera hubiera sido posible evitar los costes terribles que sufrió el Ejército Rojo en su avance hacia Berlín. La victoria se podía haber conseguido antes y con un coste mucho menor. Pero Stalin siguió una política de carácter totalmente chovinista. Reflejando esta política, Ilya Ehrenburg declaró que “ si los obreros alemanes nos reciben con banderas rojas, ellos serán los primeros en ser fusilados ” . Una política de este tipo garantizaba que el ejército alemán lucharía desesperadamente por cada palmo de terreno. Esto explica las horribles pérdidas humanas en ambos bandos.

Como consecuencia de un error de cálculo enorme de las potencias occidentales, fueron los rusos y no los aliados los primeros en llegar a Berlín. Trotski explicó que el principal peligro para la economía planificada y nacionalizada no era tanto una derrota militar como los bienes de consumo baratos que llegarían en el tren del equipaje de un ejército imperialista. Lo que pasó fue que los ejércitos de Hitler no trajeron bienes de consumo baratos sino cámaras de gas. Como resultado, no sólo la clase obrera, sino también los campesinos lucharon como tigres para defender la Unión Soviética. La victoria de la URSS en la guerra fue uno de los principales factores que permitió la supervivencia del régimen estalinista durante décadas después de 1945. Para los obreros de Rusia y del mundo, parecía que la burocracia estaba jugando un papel progresista, no sólo defendiendo la economía planificada contra Hitler, sino extendiendo las formas de propiedad nacionalizadas a Europa del Este, y, más tarde, a China. En realidad, estas revoluciones empezaron donde la Revolución Rusa había acabado: como regímenes de bonapartismo proletario monstruosamente deformados. La creación de estos regímenes, lejos de debilitar a la burocracia de Moscú, la fortaleció enormemente durante todo un período histórico.

Las maniobras de Stalin

Los planes de los poderes imperialistas les habían salido al revés. Churchill había cometido un grave error de cálculo, pero también Stalin, Hitler y Roosevelt. Hitler pensó que podría romper fácilmente la resistencia soviética. El general Halder, jefe del Estado Mayor alemán, esperaba que la URSS sería derrotada en cuatro semanas. Von Ribbentrop, el ministro de exteriores alemán, pensaba que lo sería en ocho semanas, y el Departamento de Estado de EEUU le daba entre 4 y 12 semanas. Los militares británicos le concedían seis semanas como máximo. Sin embargo la guerra – a pesar del régimen de Stalin y de los terribles sacrificios – demostró, más allá de toda duda, la viabilidad de las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la Revolución de Octubre.

La victoria de la URSS hizo añicos las perspectivas de los Aliados que en un primer momento habían pensado que la Alemania nazi y la Rusia de Stalin se aporrearían mutuamente hasta quedar agotadas. Entonces ellos entrarían en escena para llevarse el botín. En palabras de Harry Truman: “ Si vemos a Alemania ganar la guerra, deberíamos ayudar a Rusia, y si vemos que Rusia va ganando, deberíamos ayudar a Alemania, y de esa manera dejarles que maten a cuantos más mejor ” (Citado en, The Free World Colossus, por D. Horowitz, p. 61).

El primero de mayo de 1945 la bandera roja ondeaba sobre el Reichstag en Berlín. Pocos días más tarde, el Alto Mando alemán se rendía. Pero los imperialistas ya estaban maniobrando contra la URSS. El lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki por parte de los americanos, en un momento en que Japón ya estaba claramente derrotado y buscando la paz, no jugaba ningún papel militar, era una clara advertencia para la URSS de parte de sus ‘aliados’.

Stalin intentó llegar a un acuerdo con los poderes imperialistas entre 1944 y 1945 en las “ Conferencias de los Tres Grandes ” en Teherán, Moscú, Yalta y Postdam . Churchill anotó su conversación con Stalin en octubre de 1944:

El momento era bueno para hacer tratos así que dije: ‘vamos a solucionar las cosas en los Balcanes. Sus ejércitos están en Rumanía y Bulgaria. Nosotros tenemos intereses, misiones y agentes ahí. No nos peleemos por pequeñeces. Así que por lo que se refiere a Gran Bretaña y Rusia, ¿que le parecería si ustedes se quedan con el control del 90 por ciento de Rumanía, para nosotros un 90 por ciento de control digamos en Grecia y vamos al 50-50 en Yugoslavia?’ Mientras esto se traducía escribí en un trozo de papel:

Rumanía: Rusia 90 por ciento
Los otros 10 por ciento
Grecia: Gran Bretaña (de acuerdo con EEUU) 90 por ciento
Rusia 10 por ciento
Yugoslavia: 50-50 por ciento
Hungría: 50-50 por ciento
Bulgaria: Rusia 75 por ciento
Los otros 25 por ciento

Lo empujé hacia Stalin, que para entonces ya había oído la traducción. Hubo una pequeña pausa. Entonces cogió su lápiz azul y hizo una marca sobre él, y nos lo pasó de vuelta. Todo había quedado arreglado en menos tiempo que el que se tarda para escribirlo… Después de eso hubo un largo silencio. El papel con la marca estaba en el centro de la mesa. Al final dije: ‘¿acaso no se pensaría que es un poco cínico si parece que hemos determinado estos temas, el destino de millones de personas, de una manera tan ligera? Quememos el papel’. “No quédatelo tú’, dijo Stalin. (W. Churchill, Triumph and Tragedy, pp. 227-8).

De esta manera ciertos países caían bajo la esfera de influencia del estalinismo o de los imperialistas. Stalin se lavó las manos de la revolución en Grecia. Al líder partisano yugoslavo Milovan Djilas le dijo: “ El levantamiento revolucionario de Grecia tendrá que replegarse… hay que detenerlo, y lo antes posible ” . (M Djilas , Conversaciones con Stalin, p. 140-1). Y según Churchill, “ Stalin se adhirió estricta y fielmente a nuestro acuerdo de octubre y en todas las largas semanas de combatir a los comunistas en las calles de Atenas no hubo ni una sola palabra de reproche en Pravda o Izvestia” . Stalin quería que Mao llegase a un modus vivendi con Chiang Kai- shek . En Yugoslavia Stalin estaba a favor de la restauración de la monarquía del rey Pedro.

Tal y como Trotski había anticipado, la guerra acabó en una oleada revolucionaria, con los obreros de los países avanzados orientándose hacia el socialismo y el impresionante despertar de las masas coloniales. Pero este poderoso movimiento de millones fue descabezado, en el continente europeo por los estalinistas y en Gran Bretaña por el gobierno laborista. En muchas partes de la Europa ocupada, los partidos comunistas habían ganado un apoyo de masas como resultado del papel heroico de los obreros de los partidos comunistas en la resistencia contra los nazis después de 1941.

Las masas miraban hacia los partidos comunistas buscando una salida revolucionaria después de las lecciones sangrientas de la guerra. Pero Stalin tenía otras ideas. Siguiendo instrucciones de Moscú, los dirigentes de los partidos comunistas entraron en gobiernos de coalición burgueses en Francia, Italia, Bélgica y Finlandia para bloquear el movimiento revolucionario de los obreros. El hecho de que la clase obrera en los países capitalistas avanzados no tomase el poder, fue la premisa política para la recuperación subsiguiente y el auge de la posguerra. También moldeó y predeterminó el destino de las revoluciones que se dieron en los países coloniales.

Europa del Este después de la guerra

Como Trotski había sugerido de manera tentativa en su último trabajo, el régimen de bonapartismo proletario en Rusia se prolongó durante décadas. Este fue el resultado, en primer lugar, de la victoria de la URSS en la segunda guerra mundial, un acontecimiento que cambió radicalmente la correlación de fuerzas a escala mundial. En segundo lugar, la extensión de la revolución a Europa del Este con métodos bonapartistas significó el establecimiento, no de Estados obreros sanos como el de octubre de 1917, sino Estados obreros monstruosamente deformados a imagen y semejanza del Moscú de Stalin.

En Europa, la victoria de Rusia en la guerra y el levantamiento de las masas después de la derrota del fascismo italo -alemán también provocó una enorme oleada revolucionaria que amenazaba con barrer el capitalismo en todo el continente. Sin embargo, la victoria de Rusia en la guerra tuvo consecuencias complejas y contradictorias. Temporalmente, pero durante todo un período histórico, el estalinismo había salido enormemente fortalecido. La destrucción terrible y el derramamiento de sangre al que había sido sometida la URSS la dejaron agotada y debilitada, mientras que la economía de los EEUU estaba intacta y de hecho, América había alcanzado el punto álgido de su poderío militar y económico. Pero debido al estado de ánimo de los pueblos y la correlación de fuerzas de clase a escala mundial, los imperialistas eran incapaces de empezar una nueva guerra contra Rusia.

La intervención a una escala similar a la que siguió a la primer guerra mundial era imposible. Al contrario, los Aliados se vieron obligados a tragarse la hegemonía rusa en Europa del Este y en partes de Asia, cosa que no hubieran estado dispuestos a conceder ni siquiera al zarismo reaccionario. La burocracia rusa había conseguido la dominación sobre un territorio mucho mayor que los sueños más descabellados de la Rusia de los zares.

El proceso por el cual se derrocó al capitalismo en Europa del Este, y por el que se extendió el estalinismo, se desarrolló de una manera peculiar, tal y como explicó el autor de la presente obra en documentos publicados en aquel entonces. Las fuerzas conquistadoras del Ejército Rojo llenaron el vacío del poder estatal en Europa del Este después de la derrota de los nazis y sus colaboradores. La débil burguesía de estas áreas había sido exterminada en gran parte, absorbida como colaboradores por el imperialismo alemán o reducida a socios de segunda categoría de los nazis durante los años de la guerra. La burguesía había sido relativamente débil en Europa del Este incluso antes de la guerra, ya que los estados de esta región eran en gran medida semi-colonias de las grandes potencias de manera similar a los estados Suramericanos . Los regímenes de preguerra sufrían una crisis crónica debido a la balcanización de la zona y la incapacidad de la clase dominante para resolver los problemas de la revolución democrático burguesa . Casi todos ellos eran dictaduras policíaco-militares débiles sin raíces reales entre las masas.

La victoria de Rusia durante la guerra provocó indudablemente un levantamiento entre las masas, rápidamente en unos países, más tarde en otros. La revolución socialista estaba a la orden del día. Esto era peligroso no sólo para la burguesía sino también para el Kremlin, que veía cualquier movimiento independiente de los obreros como una amenaza. Para impedir que los obreros llevasen a cabo la revolución socialista en las líneas de Octubre , sus agentes proclamaban que la situación no estaba madura para la revolución socialista. En lugar de eso proclamaron el establecimiento de Democracias Populares. La burocracia consiguió sus objetivos maniobrando entre las clases y manipulándolas de manera típicamente bonapartista. El truco era formar un frente popular entre las clases y organizar un gobierno de ‘concentración nacional’. Sin embargo este frente popular tenía una base diferente y objetivos diferentes que los frentes populares del pasado.

En España el objetivo del frente popular era destruir el poder de los obreros y el estado obrero embrionario, mediante la liquidación de la revolución obrera. Esto se conseguía haciendo una alianza con la burguesía, o más correctamente con la sombra de la burguesía, estrangulando el control que los obreros habían establecido en las fábricas y las milicias obreras armadas, y restableciendo el Estado capitalista bajo el control de la burguesía. Como consecuencia de esta política, hacia finales de la guerra había una dictadura policíaco-militar a ambos lados de las líneas.

El objetivo de la coalición con la burguesía aplastada, o con su sombra, en Europa del Este no era el de devolver el control a la clase capitalista. En los frentes populares anteriores el poder real del Estado – cuerpos de hombres armados, policía y aparato del Estado – estaba firmemente en manos de la burguesía con los partidos obreros actuando como apéndices. En Europa del Este, con una variación importante u otra, el poder real, es decir, el control de los cuerpos de hombres armados y el aparato del Estado, estaba en manos de los estalinistas. La burguesía ocupaba la posición de apéndice sin poder real. ¿Por qué entonces la coalición? Servía como cobertura bajo la cual se podía construir y consolidar una fuerte maquinaria estatal siguiendo el modelo de Moscú.

Introduciendo la reforma agraria y expropiando a la clase de los terratenientes, se habían asegurado por un tiempo el apoyo o condescendencia de los campesinos. Una vez construido y consolidado un Estado fuerte bajo su control, entonces pasaron a la siguiente etapa. Movilizando a los obreros se volvieron hacia la burguesía, a la que ya no necesitaban para hacer de contrapeso a los obreros y campesinos, y paso a paso la expropiaron. La burguesía, sin el apoyo externo del imperialismo era incapaz de ofrecer ninguna resistencia seria. Se introdujo un régimen totalitario que cada vez se acercaba más al modelo de Moscú. Después de la eliminación de la burguesía, y el inicio de la industrialización a gran escala, la burocracia se volvió contra los campesinos y empezó la colectivización de la agricultura.

El establecimiento de estados obreros burocráticamente deformados en Europa del Este y poco después en China, tuvo el efecto de fortalecer el estalinismo a escala mundial por todo un período histórico. El fortalecimiento de la URSS y el debilitamiento del capitalismo europeo creaban una situación peligrosa para el imperialismo americano, que se vio obligado a reflotar y sacar del apuro a las potencias europeas, Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña y también Japón. En 1947 se proclamó el Plan Marshall para reconstruir el capitalismo europeo. El precio a pagar por esta ayuda era la dominación del imperialismo americano dentro de la Alianza Occidental. El desarrollo de las relaciones internacionales quedó dominado por las dos superpotencias, el imperialismo americano por una parte y la burocracia rusa por la otra. En marzo de 1946 en Fulton, EEUU , Churchill habló de un Telón de Acero que se extendía del Báltico al Adriático. Era el inicio de una intensa rivalidad diplomática, política y estratégica entre los dos sistemas sociales: la guerra fría. Los estalinistas fueron expulsados sin contemplaciones de los gobiernos de Francia e Italia en 1947, y en dos años se formaba la OTAN y Alemania había quedado divida entre el Este y el Oeste.

Victoria en China

Cuando Mao tomó el poder en China a la cabeza de un ejército campesino en 1949 se desarrolló un proceso análogo. Hasta la revolución rusa incluso Lenin había negado la posibilidad de la victoria de una revolución proletaria en un país atrasado. La Revolución China de 1944-49 no siguió el modelo de la de 1917 o de la revolución china de 1925-27. Fue una guerra campesina, que tuvo lugar precisamente por la incapacidad total de la burguesía de llevar a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa – acabar con el feudalismo, conseguir la unificación nacional y la expulsión del imperialismo –, y acabó en la victoria de los estalinistas chinos. Ese fue un enorme paso adelante para el pueblo chino y para los obreros y campesinos oprimidos de todo el mundo. De hecho, después de la revolución rusa, la revolución en China representa el segundo acontecimiento más importante en la historia de la humanidad. Una nación imponente de 800 millones de personas, que habían sido tratadas por sus amos extranjeros como animales de carga, de repente se puso en primera fila de la historia, un lugar que todavía ocupa.

Pero aunque sacudió al mundo, la revolución de 1949 no fue en absoluto como la Revolución de Octubre. El programa de los estalinistas chinos en 1949 no era fundamentalmente diferente del de Castro una década más tarde en Cuba: 50 ó 100 años de capitalismo nacional y una alianza con la burguesía nacional. De ahí la creencia de muchos burgueses americanos de que eran “ reformadores agrarios ” . Sólo la tendencia marxista en Gran Bretaña se posicionó contra los estalinistas y otros cuando explicamos no sólo la inevitabilidad de la victoria de Mao y el establecimiento de un Estado obrero deformado, sino también la inevitabilidad de una escisión entre la burocracia china y la de Moscú en un momento determinado. Esta era en una etapa en que Mao y el Partido Comunista Chino tenían un programa de capitalismo y ‘democracia nacional’.

Se conquistó el poder mediante una guerra campesina entregando la tierra a los soldados del ejército de Chiang Kai- shek . Entonces, cuando se consiguió la victoria militar, se abolió el capitalismo y el feudalismo, pero de una manera peculiar, bonapartista, sin la participación consciente de la clase obrera. Esto fue posteriormente aceptado como algo normal e incluso se tomó como modelo para la revolución en los países coloniales. Pero estaba completamente alejado de las concepciones de Marx y Lenin. Nunca antes en la historia se había planteado ni siquiera teóricamente que una guerra campesina clásica pudiera llevar a un Estado obrero, por muy deformado que fuera.

Los obreros de China se mantuvieron pasivos a lo largo de toda la guerra civil por razones en las que no vamos a entrar aquí. De hecho, lo que tenemos aquí es un ejemplo perfecto de una clase: los campesinos en forma de Ejército Rojo, que lleva a cabo las tareas de otra: la clase obrera. No es la primera vez que sucede en la historia. Los Junkers alemanes llevaron a cabo las tareas de la revolución democrático-burguesa en Alemania, y las mismas tareas fueron llevadas a cabo por el régimen feudal en Japón. Pero cuando una clase lleva a cabo las tareas históricas de otra, surgen distorsiones inevitables. De este hecho fluyen ciertas consecuencias.

En el pasado, el ejército campesino era el instrumento clásico, no de la revolución socialista, sino del bonapartismo (burgués). De manera típicamente bonapartista, basándose en el Ejército Rojo, Mao se equilibró entre las clases para consolidarse en el poder. Se apoyó en los obreros y campesinos para perfeccionar un estado a imagen y semejanza de Moscú, después de lo cual pudo librarse de la burguesía sin ningún problema. En palabras de Trotski , para matar un león necesitas un rifle, ¡para matar una pulga, te basta con el dedo meñique! Habiéndose equilibrado entre la burguesía, los obreros y el campesinado para impedir la toma del poder por parte de los obreros, Mao y la dirección estalinista pudieron expropiar a la burguesía antes de volverse contra los obreros y campesinos para aplastar cualquier elemento de democracia obrera que pudiera haberse desarrollado.

A continuación, la burocracia desarrolló una dictadura totalitaria de partido único, alrededor de la dictadura bonapartista de un sólo individuo: Mao. Por supuesto, semejante régimen no tenía nada en común con un Estado obrero sano, por no hablar del socialismo. No tenía nada en común con los métodos de la revolución proletaria en Rusia en 1917, donde el poder estaba en manos del proletariado a través de soviets electos de obreros y soldados. El régimen maoísta estaba deformado desde el principio, en la forma de un horrible Estado totalitario de partido único. La Revolución China de 1949 empezó donde la Revolución Rusa había acabado.

La revuelta campesina china que acabó en la guerra campesina de 1944-49 dirigida por Mao Tse -Tung, en cierto sentido se derivaba de la revolución fracasada de 1925-27, pero era totalmente diferente a ella en relación al papel de la clase obrera. Era una guerra campesina llevada a cabo primero en la forma de guerra de guerrillas y culminando en la conquista de las ciudades por parte de los ejércitos campesinos. La revolución socialista en contraste con todas las revoluciones anteriores requiere la participación consciente y el control de la clase obrera. Sin esta, no puede haber revolución que lleve a la dictadura del proletariado en el sentido que le dieron Marx y Lenin, ni tampoco puede haber una transición hacia el socialismo.

Una revolución en la que la fuerza principal es el campesinado no puede elevarse a la altura de las tareas planteadas por la historia. El campesinado no puede jugar un papel independiente: o apoya a la burguesía, o apoya al proletariado. Cuando el proletariado no juega un papel dirigente en la revolución, el ejército campesino, con el impás de la sociedad burguesa, se puede utilizar, especialmente con la existencia de modelos anteriores, para la expropiación de la sociedad burguesa, en las maniobras bonapartistas entre las clases y la construcción de un Estado siguiendo el modelo de la Rusia estalinista. Este fue el caso en China, Yugoslavia, y más tarde Cuba, Vietnam , Birmania y en los otros países de bonapartismo proletario.

No es por casualidad que la teoría marxista ha adjudicado la tarea de la revolución socialista y la transición al socialismo a la clase obrera. ¡La emancipación de la clase obrera es la tarea de los propios obreros! Esta no es una afirmación arbitraria. Es producto del papel único que el proletariado juega en la producción, que le da una conciencia específica colectiva que no tiene ninguna otra clase. Y menos que ninguna otra, la clase del pequeño propietario campesino. Una revolución basada en esa clase por su propio carácter estaría condenada a la degeneración y al bonapartismo. La dictadura bonapartista proletaria tuvo éxito en tantos países subdesarrollados en el período de la posguerra precisamente porque protege los intereses de la élite del Estado, el ejército, la industria y los intelectuales del arte y la ciencia.

Desde un punto de vista marxista, pensar que un proceso de ese tipo es normal es una aberración. Sólo se puede explicar por el impás del capitalismo en China, la parálisis del imperialismo, la existencia de un poderoso Estado bonapartista deformado en la Rusia estalinista y, lo más importante, el retraso de la victoria de los obreros en los países industrialmente avanzados. Los países coloniales no podían esperar. Los problemas eran demasiado acuciantes. No había ninguna salida sobre la base del capitalismo. De ahí las aberraciones peculiares en los países coloniales. Pero el precio de esto era, como en la Unión Soviética, la necesidad de una segunda revolución, una revolución política, para poner el control de la sociedad, la industria y el Estado en manos del proletariado. Sólo de esta manera se podría empezar una auténtica transición, o más bien dar los primeros pasos hacia el socialismo.

En Cuba, más tarde, se dio un proceso similar cuando Castro llegó al poder sobre la base de una guerra de guerrillas. El amplio apoyo al “ socialismo ” no sólo entre la clase obrera, sino también entre los campesinos y amplios sectores de la pequeña burguesía en las ciudades de los países coloniales era la expresión del callejón sin salida del feudalismo y del capitalismo en los países ex-coloniales de la época moderna. También fue el resultado de las revoluciones rusa y china y sus logros a la hora de desarrollar la industria y la economía. Estos factores sentaron las bases para el desarrollo del bonapartismo proletario. En última instancia, el Estado se puede reducir a cuerpos de hombres armados. Con la derrota y la destrucción de la policía y del ejército de Chiang Kai- shek , con la destrucción del ejército de Batista en Cuba, el poder estaba en manos de Mao y Castro respectivamente. El hecho de que nominalmente Mao fuese un “ comunista ” y Castro, en un primer momento, un demócrata burgués no cambiaba nada.

El dominio de la burocracia rusa hubiese quedado rápidamente minado con la llegada al poder de los obreros en líneas clásicas en estos países. Pero en Europa del Este y en China, el viejo Estado burgués fue destruido, y sustituido por un régimen de bonapartismo proletario. El establecimiento de regímenes de este tipo no representaba ninguna amenaza para Moscú. Al contrario, fortalecieron el dominio de la burocracia por todo un período.

El ejército de campesinos descalzos de Vietnam infringió la primera derrota militar real en la historia de los EEUU . Los obreros y campesinos argelinos consiguieron, después de una lucha larga y sangrienta, forzar al imperialismo francés a abandonar la dominación directa. La incapacidad del imperialismo para aplastar estas revoluciones de las antiguas colonias fue el resultado en gran medida de la oposición de las masas en Europa y EEUU . Cuando un ejército ya está cansado de luchar y los obreros unánimemente dicen “ no ” , no hay poder en la tierra que pueda moverlos. Este hecho explica la concesión de la independencia a la India y la incapacidad de los EEUU de enviar tropas para luchar del lado de Chiang Kai- shek , aunque enviaron gran cantidad de armamento, la mayor parte del cual acabó en manos del Ejército Rojo.

La victoria de la Revolución China, a la que Stalin se opuso inicialmente, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este, cambiaron radicalmente la correlación de fuerzas a nivel mundial, desventajosamente para el imperialismo. Al mismo tiempo, estas revoluciones no tuvieron el mismo efecto que la Revolución de Octubre de 1917 que provocó una oleada de radicalización revolucionaria en los países avanzados. En cada caso, el capitalismo fue derrocado, pero de manera bonapartista distorsionada, con los obreros jugando un papel subordinado. En cada caso los regímenes que se formaron lo hicieron siguiendo de cerca el modelo de la Rusia estalinista: con todas las deformaciones burocráticas monstruosas, el terror policíaco, las desigualdades y la falta de libertad. Semejantes regímenes no tenían ningún atractivo fundamental para los obreros de los países capitalistas avanzados, aunque sí lo tuvieron para las masas oprimidas de Africa , Asia y América Latina.

De Stalin a Kruschev

La victoria de la Rusia estalinista en la guerra, seguida por la Revolución China de 1949, y el establecimiento de nuevos regímenes estalinistas en Europa del Este, significó un fortalecimiento del régimen por todo un período histórico. Embriagados de éxito, los estalinistas pudieron presentar su sistema como “ la única forma de socialismo posible ” . Sin embargo, la principal razón del aguante de la burocracia estalinista fue que, durante todo este período, consiguió desarrollar las fuerzas productivas. Rusia pasó de ser un país atrasado y campesino a convertirse en la segunda potencia industrial de la tierra y en la primera potencia militar.

Durante un largo período estuvo de moda hablar del “ milagro alemán ” y del “ milagro japonés ” después de 1945. Pero esos logros, indudablemente reales, palidecen por su insignificancia comparados con los avances colosales de la Unión Soviética en el período de reconstrucción de la posguerra. Ningún otro país había sufrido una devastación igual. Veintiséis millones de muertos, y la destrucción a gran escala de su industria e infraestructura; éste fue el balance de cuatro años y medio de guerra sangrienta en suelo soviético. Además, a diferencia de Alemania y Japón, la URSS no se benefició del Plan Marshall. Sin embargo superó la devastación de la guerra en cinco años, no con ayuda exterior, sino mediante la utilización planificada de los recursos, y los esfuerzos colosales de la población.

Como ex-oficial de la Inteligencia Británica en Moscú, el escritor Edward Crankshaw no puede ser considerado en modo alguno como un simpatizante de la Unión Soviética. Por lo tanto su evaluación de los logros de la economía soviética se puede considerar como bastante objetiva. Es más, los observadores occidentales en ese tiempo comparten ampliamente su punto de vista. Sólo ahora, en su indecente precipitación para enterrar la memoria de Octubre , recurren a la falsificación escandalosa de la historia para demostrar que realmente no se consiguió nada con la economía planificada. Las siguientes cifras citadas por Crankshaw en su libro La Rusia de Kruschev, ilustran gráficamente la situación:

En vísperas del primer Plan Quinquenal, en 1928, la producción de acero era de 4,3 millones de toneladas; de carbón de 35,5 millones; de petróleo 11,5 millones; de electricidad de 1,9 millones de kilovatios. Al final del primer Plan, en 1934, la producción había aumentado de la siguiente manera: acero 9,7 millones de toneladas; carbón 93,9 millones de toneladas; petróleo 24,2 millones de toneladas; electricidad 6,3 millones de kilovatios.

En 1940, justo antes de la invasión alemana de la Unión Soviética, la producción era la siguiente: acero 18,3 millones de toneladas; carbón 166 millones de toneladas; petróleo 31 millones de toneladas; electricidad 11,3 millones de kilovatios. Al final de la guerra, en 1945 la producción había caído de la siguiente manera: acero 11,2 millones de toneladas; carbón 149,3 millones de toneladas; petróleo 19,4 millones de toneladas; electricidad 10,7 millones de kilovatios. Esto a pesar del hecho de que gran parte de la industria pesada había sido trasladada al Este, y que tenía una prioridad absoluta.

En 1946 Stalin estableció nuevos objetivos. En primer lugar había que restaurar el país, extender rápidamente la economía, para que la Unión Soviética, en sus palabras, estuviera “a prueba de todo accidente”. Él diseñó una serie de por lo menos tres Planes Quinquenales. Y sus nuevos objetivos para 1960 como muy temprano, eran: acero 60 millones de toneladas; carbón 500 millones de toneladas; petróleo 60 millones de toneladas. Esto era lo más lejos que podía llegar la imaginación de Stalin. No sólo a los observadores extranjeros sino también a los rusos y al propio Stalin, les parecía que conseguir esos objetivos en 15 años, iba a significar por lo menos otros 15 años de privaciones y trabajo sin recompensa para el pueblo soviético.

Y cuando se alcanzase el objetivo en 1960, la Unión Soviética todavía estaría muy por detrás de la producción americana de 1950: acero 90 millones de toneladas; carbón 700 millones de toneladas; petróleo 250 millones de toneladas.

¿Qué es lo que sucedió? En todos los casos, los objetivos de Stalin para 1960 fueron superados: en 1958 la producción de acero sólo estaba 2 toneladas por debajo del total para 1960; la cifra para carbón de 1960 se alcanzó; la cifra de 1960 de petróleo casi se duplicó, 113 millones de toneladas.

Así que podemos ver que aunque la fanfarronada de Dimitri Yermeshov fue un poco exagerada (la Unión Soviética estaba produciendo bastante menos que 60 millones de toneladas de acero en 1956, y de hecho está previsto que produzca bastante menos que las 100 toneladas de Yermeshov ¾ 86-91 millones de toneladas¾ en 1965), las cosas se mueven muy rápidamente. Y, todavía más importante, se están moviendo en un contexto de aumento del bienestar en todo el país, de aumento de la libertad de pensamiento sobre todo en la esfera económica.

La presentación del nuevo Plan de Seis años en enero de 1959 fue un canto triunfal de confianza que, tal y como lo expresó Kruschev se puede resumir en boom o fracaso. Los nuevos objetivos hacen que los sueños de posguerra de Stalin parezcan raídos y pasados de moda: acero 91 millones de toneladas; carbón 609 millones de toneladas; petróleo 240 millones de toneladas”. Y añade: “Esto se llama pisar los talones a América ¡y tanto!”. (Crankshaw, Khruschev’sRussia, pp. 25-7)

Otro comentarista, Leonard Schapiro, del que tampoco se puede sospechar remotamente que sea un amigo de la Unión Soviética, llega a la siguiente conclusión:

“En 1948 el país había llegado de nuevo al punto en que estaba empezando a superar la destrucción de la guerra. La recuperación después de 1947 fue de hecho destacable. En 1947 la producción industrial global todavía no había alcanzado el nivel de 1940. En 1948 ya la había superado y el último año de vida de Stalin, 1952, la superaba en dos veces y cuarto. Según la política bien establecida, el principal avance se dio en la producción de medios de producción; así, en 1952, la producción en esta categoría era dos veces y media la de 1940, mientras que la producción de bienes de consumo sólo había aumentado un poco más que una vez y media.” (L Schapiro, op. cit., p. 510). ¿Pueden estas cifras ser el resultado de estadísticas manipuladas? El mismo escritor añade en una nota a pie de página: “Las cifras oficiales pueden ser exageradas [y refiere al lector a otro estudio que hace ‘pequeñas críticas’] pero todos los expertos occidentales están de acuerdo en que la tasa de recuperación industrial después de 1947 fue destacable.” (Ibid, p. 511, énfasis mío).

Es cierto que los niveles de vida siguieron siendo bajos. La política de la dirección era la de concentrarse en la industria pesada a costa de los bienes de consumo, aunque eso era inevitable hasta cierto punto debido a la destrucción masiva provocada por la guerra. Pero mientras las fuerzas productivas se desarrollaban, los obreros sentían que la sociedad iba hacia adelante. El país desbordaba alegría y triunfalismo militar por el enorme golpe asestado al fascismo, y el derrocamiento del capitalismo en Europa del Este y China. Hubo nuevos avances en la sanidad y la educación. Dentro de la URSS surgió toda una nueva correlación de fuerzas, con el avance de la economía y la eliminación en la práctica del analfabetismo. Sin embargo, la parte del león de la riqueza creada por los obreros se la llevó la burocracia, mientras que la clase obrera no tenía ni voz ni voto sobre cómo distribuir los recursos de la URSS.

A pesar de los bajos niveles de vida y de las dificultades materiales (el problema de la vivienda era especialmente grave), había un ambiente general de optimismo. Esto contrasta bruscamente con la situación actual, cuando el colapso del nivel de vida asociado al movimiento en dirección al capitalismo no provoca ningún optimismo, sino sólo miedo y falta de confianza en el futuro. Esto se puede demostrar fácilmente en relación a la tasa de crecimiento de la población. Después de la guerra, la tasa de nacimientos creció rápidamente. En los últimos cinco años, la tasa de nacimientos se ha desplomado, no sólo en Rusia, sino en toda Europa del Este. Esta respuesta humana elemental nos dice mucho más sobre la auténtica actitud de la gente hacia la sociedad que ninguna estadística electoral.

Con estos éxitos interiores y exteriores, la burocracia miraba hacia el futuro con gran optimismo. Su poder y prestigio aumentaba paralelamente a los de la Unión Soviética. La casta dominante tenía la perspectiva de continuar su ‘misión histórica’ durante siglos. Al mismo tiempo, la distancia entre los funcionarios privilegiados y las masas siguió creciendo mucho más rápidamente que el crecimiento de la producción.

Después de la guerra los diferenciales siguieron aumentando . Se introdujeron sobornos directos , bajo el nombre de pakety ( paquetes ), en las instituciones superiores del Partido y el Estado. Cada mes , los funcionarios superiores recibían un paquete con una gran cantidad de dinero además de su salario . Estos eran pagos especiales que se hacían por un canal especial, no pagaban impuestos , y se mantenían totalmente en secreto . “ Por lo que se refiere a los miembros del Politburó y el propio Stalin ” , escribe Medvedev, “ el coste de su mantenimiento no se somete a cálculo . Las numerosas dachas y apartamentos , el enorme personal doméstico , los gastos de su personal y guardias sumaban millones de rublos cada año . Por lo que se refiere al coste de mantener a Stalin, eso casi desafía el cálculo ” . (Medvedev, Que juzgue la historia, p. 843). El ingreso de la burocracia se consigue por medios “ legales ” e “ ilegales ” .

“ Los privilegios de la burocracia son abusos de poder ” , dijo Trotski . “ Oculta sus privilegios y finge no existir como grupo social. Su apropiación de una inmensa parte de la renta nacional es un hecho de parasitismo social ” . ( Trotski , La revolución traicionada, pág . 219.) Este hecho no contradice las numerosas campañas demagógicas por parte de Stalin y otros dirigentes soviéticos contra la “ burocracia ” , que se llevaban a cabo para cortar periódicamente los excesos de la casta. No tenían la intención de debilitar a la élite burocrática , sino de fortalecerla .

En los años de la posguerra, la ratio entre los salarios reales de un obrero industrial y el salario del funcionario más alto llegaron a una diferencia increíble. El diferencial salarial entre obreros y gerentes era en general incluso mayor que en el occidente capitalista.

“En un pequeño instituto de investigación que se dedicaba a los problemas de la formación de obreros manuales y profesionales en el que trabajé durante 10 años,” recuerda Roy Medvedev, “la diferencia entre el salario más bajo para un auxiliar de investigación, 60 o 70 rublos al mes, y el del jefe de sección mejor pagado era de 1 a 13. En los institutos más grandes de la academia de las ciencias la ratio entre el salario de un auxiliar de laboratorio o un investigador nuevo sin grado y el de un académico importante responsable de un departamento es de 1 a 15 o de 1 a 20.

“En los ministerios soviéticos y las instituciones militares importantes la ratio entre los salarios más altos y los más bajos también es de 1 a 20 o incluso de 1 a 30, pero si tenemos en cuenta la gran cantidad de servicios a disposición de los oficiales a cargo del público (cupones de comida, tratamiento médico, vacaciones, transporte personal, etc.) el valor total trasladado a términos monetarios haría que la ratio fuese de 1 a 50 o a veces incluso de 1 a 100”. (Medvedev, OnSocialistDemocracy, p. 224-5).

Esta situación no podía continuar indefinidamente. La clase obrera está dispuesta a hacer sacrificios bajo ciertas circunstancias, especialmente cuando está convencida de que está luchando para transformar la sociedad en líneas socialistas. Pero la condición previa para esa convicción es que tiene que haber igualdad de sacrificios. Pero cuando se abusa de los sacrificios y esfuerzos de los obreros para crear privilegios monstruosos para unos pocos, más pronto o más tarde el fraude provocará una explosión. Esto es más cierto todavía en una sociedad que pretende hablar en nombre del socialismo y el comunismo.

La última purga de Stalin

“ El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente ” , escribió Lord Acton en una frase célebre. Ciertamente los regímenes totalitarios de todo tipo parecen tener ese efecto. Difuminando la diferencia entre la realidad y la voluntad de un individuo, un régimen de poder absoluto, en el que se prohibe toda crítica, sirve con el tiempo para desequilibrar la mente. Es casi seguro que esto es lo que sucedió con Hitler. Y hacia el final, la mente de Stalin estaba claramente trastornada. Ante la ausencia de cualquier control se creía omnipotente. El miedo a las masas llevó a la burocracia a cerrar filas incluso más fervientemente alrededor del Líder que garantizaba sus privilegios. El crecimiento de la economía iba en paralelo con un aumento brusco en la represión y el culto a Stalin. En el 19 Congreso del Partido, el culto al Líder alcanzó su expresión más grotesca. He aquí unos pocos ejemplos del discurso de clausura de Malenkov :

El trabajo del camarada Stalin recién publicado Problemas económicos del socialismo en la URSS, es de importancia cardinal para la teoría marxista-leninista y para toda nuestra actividad práctica (fuertes y prolongados aplausos)…

Así, los planes del Partido para el futuro, definiendo las perspectivas y los caminos de nuestro avance, están basados en un conocimiento de las leyes económicas, de la ciencia de la construcción de la sociedad comunista elaborada por el camarada Stalin. (fuertes y prolongados aplausos continuados)…

Una contribución importantísima a la economía política marxista es el descubrimiento por parte del camarada Stalin de la ley básica del capitalismo moderno y la ley económica básica del socialismo (¡!) …

El descubrimiento del camarada Stalin (…) el camarada Stalin demuestra (…) el camarada Stalin nos ha demostrado (…) el camarada Stalin descubrió (…) el camarada Stalin ha revelado (…)

Los trabajos del camarada Stalin son un testimonio gráfico de la importancia capital que nuestro Partido da a la teoría (…) el camarada Stalin avanza constantemente la teoría marxista (…) el camarada Stalin ha descubierto la función del lenguaje como instrumento de desarrollo social, y ha indicado las perspectivas para el desarrollo futuro de las culturas y lenguas nacionales (…)

Y finalmente después de numerosas interrupciones por “ aplausos ” , “ aplausos prolongados ” , y “ fuertes , largos y continuos aplausos ” :

¡Bajo la bandera inmortal de Lenin, bajo la sabia dirección del gran Stalin, adelante hacia la victoria del Comunismo! …(Al concluir el informe todos los delegados se levantaron y saludaron al camarada Stalin con gritos fuertes y prolongados. Hubo gritos desde todas partes de la sala: ‘¡Larga vida al gran Stalin!’, ‘¡Hurra por nuestro querido Stalin!’, ‘¡Larga vida a nuestro amado líder y maestro, el camarada Stalin’). (Reportof 19 Congress ofthe CPSU, pp. 134-44)

No satisfecho con esto, Stalin se estaba preparando para lanzar toda una serie de nuevas y sangrientas purgas en las líneas de 1936-38. Ya no confiaba en nadie. Estalinistas de toda la vida fueron encarcelados. En 1952, Stalin acusó a sus fieles marionetas Voroshilov y Molotov de ser espías británicos, y les prohibió asistir a reuniones de la dirección. ¡ Mikoyan fue denunciado como espía turco e incluso se le prohibió a Beria estar en presencia de Stalin! En el 22 Congreso Kruschev describió la atmósfera paranoica que reinaba en el círculo dirigente de Stalin: “ Stalin podía mirar a un camarada que se sentaba en la misma mesa con él y decir: ‘Tienes una mirada furtiva hoy’. Se podía dar por sentado que ese camarada, cuya mirada era supuestamente furtiva, estaría bajo sospecha ” (The Road to Communism – Report on the 22nd Congress CPSU, p. 111)

En enero de 1953, Pravda anunció el llamado complot de los doctores, un “ grupo de doctores-saboteadores ” que habían sido arrestados por asesinato e intento de “ liquidar los cuadros dirigentes de la URSS ” . La mayoría eran judíos y estaban acusados de vínculos con la organización judía Joint, que estaba bajo la dirección del imperialismo de EEUU . Tres de los detenidos fueron acusados de trabajar para los servicios secretos británicos. Se lanzó una campaña contra los judíos bajo el disfraz de ‘cosmopolitismo y sionismo’. Pravda empezó a lanzar una campaña contra la amenaza de la “ contrarrevolución ” . Parecía el preludio de otra purga masiva que provocó un escalofrío a través del círculo dominante. No hay duda que Stalin intentaba liquidarlos a todos. “ Todo anunciaba otro 1937 ” declara Medvedev (ibid., Que juzgue la historia, p. 588).

Las acciones de Stalin estaban poniendo en peligro la situación de la burocracia en su conjunto. No era solamente el hecho de que amenazaba con asesinar al estrato dirigente. La Unión Soviética sólo se estaba recuperando de la devastación de la guerra. Hundirla de nuevo en el caos y la locura de otra purga hubiera tenido los efectos más catastróficos. Sin embargo, el 5 de marzo de 1953, Stalin murió súbitamente. Incluso si no fue asesinado – y todas las pruebas sugieren que lo fue – su muerte no podía llegar en un momento más oportuno. Poco después se declaró que el complot de los doctores era un montaje. Lejos de una purga sangrienta que hubiera amenazado toda la base del régimen, se necesitaban reformas por arriba para mantener intacto el control de la burocracia.

La muerte de Stalin provocó una lucha de poder dentro de la burocracia. Esta se vio obligada a aflojar su control. Ya había habido protestas masivas en Alemania del Este. Se habían dado levantamientos en los campos de trabajo, suprimidas sangrientamente. El fermento entre los obreros e intelectuales alcanzaba un nuevo punto álgido. Los partidarios de la “ reforma ” encabezados por Kruschev, consiguieron tomar las riendas del poder. Como explica el propio Kruschev en sus memorias, la burocracia estaba aterrorizada del movimiento que el “ deshielo ” podría provocar. Pero no tenían otra alternativa.

“Nosotros en la dirección”, declara Kruschev, “estábamos conscientemente a favor del deshielo, yo incluido (…) Estábamos asustados, realmente asustados. Teníamos miedo de que el deshielo podía desencadenar una inundación, que no seríamos capaces de controlar y que podría ahogarnos a nosotros. ¿Cómo podía ahogarnos? Podía haber desbordado las orillas del río soviético, formando un maremoto que se hubiera llevado por delante todas las barreras y muros de contención de nuestra sociedad. Desde el punto de vista de la dirección, esto hubiera sido un acontecimiento desfavorable. Queríamos guiar el proceso de deshielo de tal manera que estimulase solamente aquellas fuerzas creativas que contribuirían a fortalecer el socialismo” (Kruschev, Khruschev Remembers: The Last Testament, pp. 78-9).

En lugar de “ socialismo ” hay que leer “ dominio de la burocracia ” . Como consecuencia se llevó adelante una purga de estalinistas de la línea dura en la dirección. Se sometió a control a la policía secreta del estado y se fusiló a Beria. Se abolieron las leyes más draconianas y después de las huelgas y revueltas de los prisioneros en Vorkuta y otros campos se redujo el número de campos de trabajos forzados. Se decretó una amnistía general, menos para los presos políticos.

Los desequilibrios de la economía soviética, en la que se sacrificaba todo a la construcción de la industria pesada, se corrigieron parcialmente en favor de la producción de bienes de consumo. Kruschev introdujo toda una serie de reformas de los precios y medidas para aumentar la producción. Se hicieron concesiones generales a los obreros. Se suavizó el régimen en las fábricas. Los salarios medios aumentaron de 715 rublos al mes en 1955 a 778 en 1958. El índice de precios oficial prácticamente no cambió entre 1954 y 1980. Muchos precios disminuyeron. En 1957 empezó una campaña para alcanzar a los EEUU en la producción de carne, leche y mantequilla. Los ingresos combinados en dinero y en especies del trabajo colectivo aumentaron de 47.500 millones en 1952 a 83.800 millones en 1957. El consumo real per capita aumentó un 66 por ciento entre 1950 y 1958, alcanzando un nivel tres veces el de 1944.

La URSS ya no era la economía primitiva del pasado, sino que estaba surgiendo como la segunda superpotencia mundial. Alrededor de la mitad de la población vivía en las ciudades. El número de obreros aumentó drásticamente de 3,8 millones en 1928 a 17,4 millones en 1955. En comparación el número de obreros en EEUU sólo aumentó un tercio en el mismo período. La clase obrera industrial soviética en 1928 era más o menos un tercio de la de los EEUU ; en 1955 era un poco mayor. El proletariado soviético había crecido cada año desde la segunda guerra mundial en unos dos o tres millones al año. Había una concentración masiva del proletariado en fábricas que dejaban pequeñas a las de occidente. Por ejemplo, había 200.000 trabajadores en la fábrica de coches de Gorki. En la fábrica Togliatti había unos 170.000 obreros. Era la clase obrera mayor y más poderosa del mundo.

Se introdujeron jornadas más cortas sin pérdida de salario para los obreros jóvenes, más vacaciones, una reducción de la semana laboral en dos horas, con más reducciones posteriormente, y la introducción por etapas de la jornada de siete horas; la extensión de la baja pagada por maternidad a 112 días, aumento en las pensiones y subsidios por incapacidad – que aumentaron la pensión media en un 81 por ciento ¾ . Se empezó un enorme programa de construcción de viviendas. En los veinte años que van de 1950 a 1970 el consumo soviético de comida per capita se duplicó, el ingreso disponible se cuadriplicó, y las compras de artículos de consumo duraderos aumentó 12 veces. ( Citado por F. Halliday, en The Making of the Second Cold War, pp. 148-9)

En 1956, en el 20 Congreso del Partido, Kruschev pronunció su famoso discurso de “ desestalinización ” . Todos los crímenes se cargaron a Stalin. El problema, supuestamente, era “ el culto a la personalidad ” . Se hizo a Stalin responsable de los juicios farsa, los asesinatos, las persecuciones, los campos de concentración, y los otros crímenes horribles contra la clase obrera soviética y las minorías nacionales. Pero ¿cómo podía haber llevado a cabo todos estos crímenes un sólo individuo? Este tipo de postura no tiene nada que ver con el marxismo, que no explica la historia en base a “ grandes individuos ” . La concepción materialista de la historia explica que, si se lanza una idea (incluso una idea incorrecta) que consigue un apoyo de masas, entonces esa idea tiene que representar los intereses de alguna clase o grupo dentro de la sociedad. Así que si Stalin no representaba al proletariado, ¿a quién representaba? ¿A él mismo? No. Stalin representaba a la casta burocrática, los millones de funcionarios privilegiados que dominaban el Partido y el gobierno, y que gestionaban la industria, la sociedad y el Estado en su propio interés.

Después de castigar a Stalin, Kruschev se dirigió al “ camarada ” Beria, a quien describió como un “ abyecto provocador y un vil enemigo (…) que asesinó a miles de comunistas y gente soviética leal (…) Ahora se ha demostrado que este villano había subido en el escalafón del gobierno sobre un número no declarado de cadáveres ” . Esto era cierto, pero se aplicaba no sólo a Beria, sino también a todos los demás burócratas que participaron ávidamente en los crímenes de Stalin como manera de avanzar sus carreras y llenar sus bolsillos.

¿Imperialismo soviético?

No es correcto afirmar, como hace la burguesía y los defensores de la teoría del capitalismo de Estado, que la relación entre la Unión Soviética y Europa del Este era de tipo imperialista. En general no se conoce que, aparte el período inicial después de la guerra en que Moscú desangró a Europa del Este, los términos del comercio eran en realidad extremadamente favorables a los países de Europa del Este. Como regla, Rusia compraba sus productos a precios más altos que los niveles del mercado mundial, y a cambio les vendía petróleo y gas natural a precios por debajo del mercado mundial. En realidad, Europa del Este estaba recibiendo subsidios por parte de la URSS; justo lo contrario de una relación imperialista.

Es cierto que en el período inmediatamente después de la guerra, la burocracia rusa saqueó Europa del Este. Desmantelaron industrias enteras y las enviaron a Rusia, no sólo de Alemania y Hungría, sino incluso de Yugoslavia. Después de la guerra, Milovan Djilas, en ese momento dirigente destacado de la Liga de los Comunistas Yugoslavos, fue enviado a Moscú para negociar, entre otras cosas, la vuelta a Yugoslavia de vagones de trenes que se había enviado a Rusia. En sus memoria , Djilas reproduce su conversación con A. I. Mikoyan , el ministro soviético de comercio exterior:

Mikoyan nos recibió fríamente, dejando entrever su impaciencia. Entre nuestras peticiones estaba la de que los soviets entregasen los vagones de ferrocarril de su zona de ocupación, como ya nos habían prometido, ya que muchos de esos vagones habían sido sacados de Yugoslavia, y los rusos no podían utilizarlos porque su ancho de vía era mayor que el nuestro.

‘¿Y que queréis decir conque os los demos, bajo qué condiciones, a qué precio?’ Nos preguntó Mikoyan fríamente.

Yo respondí: ‘Que nos los deis como regalos’

El respondió secamente: ‘Mi negocio no es el de dar regalos sino el comercio’” (M. Djilas, op. cit., p. 130).

Mucho más que cualquier estadística este pequeño incidente nos muestra la actitud altanera y despótica de la burocracia de Moscú hacia sus ‘hermanos’ de Europa del Este. Sin embargo las relaciones no eran en absoluto imperialistas, en el sentido marxista de la palabra. Esto quedó claro más tarde cuando se dio la vuelta a la relación.

La introducción del régimen de nacionalización y planificación permitió a las economías de estos países registrar altas tasas de crecimiento, transformándose de economías agrícolas atrasadas en países modernos desarrollados. En la Unión Soviética encontraron un mercado amplio para sus productos, garantizado contra los giros bruscos de la economía capitalista mundial y una fuente de materias primas baratas.

Lejos de explotar Europa del Este como una potencia imperialista explota sus colonias, si excluimos este período inmediatamente posterior a la guerra, la URSS en realidad les dio subsidios durante décadas. El nivel de vida en la Unión Soviética era en general más bajo que en los países de Europa del Este. En el período que estamos considerando, hubo un desplazamiento del comercio de la URSS de Europa del Este hacia el resto del mundo. En 1960 el 52 por ciento de su comercio era con Europa del Este. En 1979, la cifra era del 44 por ciento, todavía muy alta.

El petróleo soviético se vendía a Europa del Este en ese período a un precio un 17 por ciento inferior al del mercado mundial. En el período anterior el descuento había sido todavía mayor, pero esto representaba aún una enorme ventaja, especialmente si tenemos en cuenta que todo el mundo occidental se estaba tambaleando por el aumento súbito de los precios del petróleo después de la guerra de los seis días entre Israel y Egipto. Este descuento en el precio del petróleo por sí sólo representaba un subsidio de 2.900 millones de dólares al año. Además de esto, la URSS pagaba sus importaciones a precios por encima de los del mercado mundial a sus socios del COMECON (el equivalente de la Unión Europea en Europa del Este).

Tan sólo Cuba recibió un subsidio de 1 millón de dólares al día desde los años 60 hasta el colapso de la URSS. En 1978, por ejemplo , la URSS compraba azúcar cubano a 40 centavos la libra, cuando los precios mundiales eran sólo de 18 centavos la libra. En 1977, Cuba compraba petróleo ruso a 7,4 dólares el barril , cuando los precios mundiales estaban a 20,5 dólares por barril – ¡un descuento de más del 60 por ciento!¾ . En el período de 1966-78, la ayuda soviética fue de un total de 13.000 millones de dólares , una cantidad considerable para una pequeña isla . Esto incluía préstamos libres de interés , en contraste con la sangría a la que occidente somete al tercer mundo a través de la “ ayuda ” – préstamos con tasas de interés exorbitantes – y que ha llevado a una transferencia masiva de riqueza de las antiguas colonias a los países capitalistas ricos en las últimas décadas . Sólo hay que comparar los dos casos para ver la falsedad total de la descripción de la URSS como potencia “ imperialista ” .

Por supuesto, eso no significa que no hubiese opresión nacional. Robespierre en una ocasión hizo la profunda observación de que nadie da la bienvenida a misioneros con bayonetas. La larga historia de supresión de, por ejemplo, la libertad polaca y húngara a manos de la Rusia zarista, significaba que había que tratar las relaciones entre la Unión Soviética y estos países con mucho tacto, tal y como Lenin siempre había abogado en relación a Georgia y otros pueblos no rusos de la URSS. En lugar de eso, la burocracia rusa trató sin miramientos las aspiraciones nacionales de los pueblos de Europa del Este. En todas partes, Moscú implantó un régimen a su propia imagen y semejanza. Se impusieron gobiernos títeres, que llevaban a cabo servilmente las exigencias del Kremlin. No se toleraba ninguna disidencia. Se purgó sin piedad las direcciones de los partidos comunistas, con juicios farsa que seguían el modelo de los infames juicios del Moscú de preguerra.

Junto al poder absoluto llegó la paranoia. Viendo enemigos en todas partes, Stalin lanzó una purga sangrienta en los partidos comunistas de Europa del Este, que provocó directamente la escisión con Yugoslavia. En su lucha contra Tito, Stalin organizó una serie de juicios farsa contra titoístas imaginarios en toda Europa del Este. Fue el período del juicio de Slansky en Checoslovaquia, el juicio Rajk en Hungría, y el juicio Kostov en Bulgaria. Slansky y otros diez fueron declarados culpables de “ espionaje y sabotaje ” y fusilados. En 1963, el Tribunal Supremo de Praga anuló los veredictos. Rajk y sus camaradas fueron colgados por el régimen como agentes de la Gestapo. Fueron rehabilitados en 1956, siendo los cargos rechazados como falsos. Traicho Kostov fue acusado de sabotear el comercio búlgaro-soviético y ejecutado. Georgi Dimitrov, que había considerado formar un bloque con Tito para crear una Federación Balcánica, también fue probablemente asesinado por la GPU. Todo esto fue acumulando frustración y resentimiento que finalmente explotaron en los levantamientos de 1953 y 1956.

En el verano de 1953, poco después de la muerte de Stalin, hubo un movimiento revolucionario de los obreros de Alemania del Este. Empezó con una huelga espontánea de los obreros de la construcción en Berlín que protestaban contra las condiciones intolerables y las normas de producción imposiblemente altas. Abandonaron las herramientas y marcharon a lo largo de la Stalinhallee , gritando consignas que pronto se convirtieron en políticas. La manifestación provocó un movimiento de masas que podía haber llevado al derrocamiento del régimen estalinista en Alemania del Este. El régimen era impotente. Pero Moscú no podía tolerar un desarrollo de ese tipo, y envió los tanques para aplastar la revuelta.

En 1956 el movimiento estalló de nuevo, esta vez en Polonia, empezando una lucha prolongada de la clase obrera polaca para liberarse del dominio burocrático. Una y otra vez en las siguientes tres décadas, las masas polacas entraron en acción para sacarse de encima el yugo estalinista, que era mucho más duro de soportar porque se identificaba con la opresión histórica del pueblo polaco por parte de Rusia. Aunque de manera confusa, el proletariado polaco estaba luchando por un régimen de democracia obrera, que les permitiese vivir con honor y dignidad, como dueños de su propia casa, no esclavos de una dominación extranjera odiada.

Tal y como la burocracia había temido, la denuncia de los crímenes de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso fue la chispa inmediata que hizo estallar la situación. El “ deshielo ” había abierto las compuertas. En junio de 1956, aprovechándose de la confusión en Moscú, las masas polacas se levantaron. Una huelga general en Poznan se extendió a todo el país. Se formaron comités obreros en las fábricas, embriones de soviets que podían haber representado la transferencia del poder a los obreros. Pero el movimiento fue secuestrado por el Partido Comunista, que bajo la dirección de Wladyslaw Gomulka (que había estado encarcelado por Stalin) proclamó la reforma y la independencia.

La llamada “ vía polaca al socialismo ” sirvió como hoja de parra para la continuación del dominio de la burocracia. Pero temporalmente consiguió descarrilar el movimiento en líneas nacionalistas. Se manifestaron 800.000 personas declarando su apoyo a Gomulka, el representante de la burocracia polaca, que en la práctica se estaba apoyando en las masas polacas para conseguir concesiones de Moscú. Dándose cuenta de que una invasión significaría un baño de sangre, Kruschev se resignó a lo inevitable y llegó a un compromiso con Gomulka, seguro de que la “ fraternal ” burocracia polaca mantendría la línea, e impediría que la clase obrera llegase al poder.

La Revolución húngara

Inmediatamente después de la denuncia de Stalin por Kruschev, estalló la Revolución Húngara de octubre de 1956. Esto fue un intento de la clase obrera de convertir Hungría en un Estado obrero sano. Los obreros organizaron comités revolucionarios a los que no llamaron soviets porque el dominio estalinista había hecho que la palabra apestara. Sin embargo, de manera instintiva trataron de volver a las ideas de Lenin y Trotski . El triunfo de la Revolución Húngara hubiese significado el colapso del régimen burocrático en Rusia. Por este motivo, Kruschev lo ahogó en sangre. La prensa estalinista denunció el movimiento de la clase obrera húngara como “ fascista ” y “ contrarrevolucionario ” . Sin embargo, los soldados rusos estacionados en Hungría vieron la revolución con simpatía y confraternizaron con la población. Un sector se pasó de bando y se unió a la lucha contra la odiada AVO (policía secreta). Si hubiese habido una dirección revolucionaria consciente con un programa internacionalista, hubiera podido ser el punto de partida de una transformación completa de toda Europa del Este y Rusia. El mismo año hubo la huelga general en Polonia y la propia Rusia estaba en un estado de fermento después de la denuncia de Stalin por parte de Kruschev en el 20 Congreso del PCUS.

Debido a que no podían confiar en las tropas soviéticas en Hungría, Moscú tuvo que retirarlas y sustituirlas por tropas atrasadas del Extremo Oriente soviético a las que se les dijo que estaban siendo enviados a aplastar una revuelta fascista en Berlín. Se les hizo entrar directamente en acción en tanques, sin posibilidad de hablar y confraternizar con la población.

A pesar de todo, los obreros húngaros combatieron como tigres, organizando dos huelgas generales y dos insurrecciones armadas, antes y después de la invasión rusa. ¡Estas no son las armas propias del fascismo! Años más tarde, un oficial ruso que había servido en la segunda guerra mundial dijo a Alan Woods que nunca había visto una resistencia tan feroz, ni siquiera en la toma de Berlín en 1945. Pero, inevitablemente, sin una dirección internacionalista capaz de ganarse a las tropas rusas, los obreros húngaros fueron derrotados.

Se pueden sacar muchas lecciones del levantamiento húngaro de 1956. En primer lugar, como Trotski había previsto, enfrentada a un levantamiento general del proletariado, la burocracia se escindió. Sólo un puñado minúsculo de los elementos más corruptos y degenerados, principalmente los que estaban conectados a la AVO, estaban dispuestos a resistir. Miles de miembros de base del Partido Comunista rompieron sus carnés y se unieron a la revolución. El gobierno de Imre Nagy quedó suspendido en el aire. Todo el poder estaba en manos de los consejos obreros, especialmente el consejo obrero de Budapest, formado exclusivamente por delegados elegidos en las fábricas. El programa de los consejos obreros era similar en líneas generales a los cuatro puntos que Lenin elaboró en 1917 como condición previa para el poder obrero. A todos estos puntos, significativamente, los húngaros añadieron uno nuevo: ¡el fin del estado de partido único! Después de la experiencia del totalitarismo estalinista, la clase obrera nunca más va a confiar el poder a un sólo partido.

“ Hoy, 14 de noviembre de 1956, los delegados de los Consejos Obreros de Distrito formaron el Consejo Obrero Central del Gran Budapest ” , dice la declaración del Consejo. “ Se le ha dado poder al Consejo Central Obrero para negociar en nombre de los obreros de todas las fábricas de Budapest, y decidir sobre la continuación de la huelga o la vuelta al trabajo. Declaramos nuestra lealtad inquebrantable a los principios del socialismo. Consideramos los medios de producción como propiedad colectiva que estamos dispuestos a defender en todo momento ” . (Citado en Eyewitness in Hungary, Bill Lomax (editor), p. 177).

En poco tiempo los obreros aprendieron muy rápidamente. Esto se demuestra por el hecho de que el primer comunicado de radio Budapest fue un llamamiento pidiendo ayuda a las Naciones Unidas, pero el último fue un llamamiento a los obreros del mundo. Éste fue un episodio heroico similar a la Comuna de París. Demostró lo que podía haber pasado en Rusia, si hubiese existido una dirección consciente, como la del partido bolchevique en 1917. Desde el primer momento habrían lanzado un llamamiento revolucionario a los obreros de Polonia, de toda Europa del Este y sobre todo a los obreros de la URSS. O la victoria más grande o la derrota más grande. No había otra alternativa para los obreros húngaros en 1956.

El retraso de la revolución política en Rusia, y el hecho de que el régimen durase otros 35 años, tuvieron un efecto muy negativo en la conciencia de las masas. Ha significado que el impás del estalinismo haya llevado, por lo menos por el momento, a un movimiento en dirección al capitalismo. La lección es clara. Nada puede sustituir al partido y a la dirección revolucionaria. No existe un mecanismo automático que permita pasar las lecciones de una generación a la siguiente. Sin el partido, cada generación tiene que aprender dolorosamente las lecciones del pasado a través de su propia experiencia. Por eso Lenin siempre insistió en la necesidad de un partido de vanguardia formado por cuadros, como memoria de la clase. Toda la historia posterior, la de 1956 incluida, ha demostrado que esto es absolutamente necesario. Desgraciadamente la clase obrera de Europa del Este y Rusia tendrá que aprender todas las lecciones de nuevo. Pero las aprenderán, de eso no cabe duda.

El 4 de octubre de 1957 Rusia lanzó el primer Sputnik, al que seguiría el primer hombre en el espacio en 1967. El programa espacial soviético empleaba al doble de personal que el americano. La confianza de la burocracia era tal , que en el 21 Congreso del PCUS se proclamó el objetivo de “ construir el comunismo ” (¡!) en 20 años . En octubre de 1961, en el 22 Congreso Kruschev anunció la intención de Rusia de sobrepasar a EEUU en 1980. De acuerdo con ese objetivo , “ la productividad del trabajo de la industria soviética sobrepasará el nivel actual de productividad en los EEUU más o menos en un 100 por ciento ” (The Road to Communism – Report of the 22nd Congress of the CPSU, p. 515). Kruschev anunció : “ Vamos a enterraros ” .

Hoy en día se descalifica irónicamente esta afirmación como una fanfarronada vacía. Al contrario. Sobre la base de unas tasas de crecimiento soviético del 10 por ciento, el objetivo de superar a EEUU en 20 años hubiera sido totalmente posible. Eso, por supuesto, no hubiera significado la construcción del socialismo en la URSS, y menos el comunismo, una sociedad sin clases, en la que la desigualdad, el Estado y el dinero se convierten en reliquias de un pasado distante, y las leyes y la coerción son substituidas por una asociación libre de productores. Sin embargo, bajo la economía planificada, la Rusia atrasada había desarrollado la industria, la ciencia y la tecnología hasta el punto en que existían ya las bases materiales para el inicio del movimiento hacia el socialismo, que, como explicó Marx, requiere un nivel de desarrollo por lo menos igual al del país capitalista más avanzado. Ahora, la Unión Soviética se situaba a una distancia de América que le daría una posibilidad real de alcanzarla. Sólo la burocracia se interponía en el camino. Y la burocracia había demostrado en Hungría que no tenía intención de desaparecer de la escena.

A pesar de lo que hoy dicen, el avance meteórico de la economía soviética preocupó seriamente a la clase dominante de occidente. La producción industrial soviética había alcanzado un 75 por ciento de la de los EEUU durante los años 60. La burocracia creía que podría gobernar para siempre. Parecía que el régimen estalinista pensaba que las cosas sólo podían ir hacia adelante. Nada podía interponerse en su camino. La alta tasa de crecimiento continuo sirve para explicar la estabilidad de la que disfrutó el régimen burocrático en el último período. Bajo Stalin, la burocracia gobernaba mediante el terror abierto. Pero en las últimas tres décadas o más, pudo mantener su dominación principalmente debido a la inercia de la clase obrera. Esto a su vez, se puede explicar por dos factores: por un lado, el miedo a una intervención imperialista, y por otro porque las masas sentían que la burocracia, a pesar de todo, todavía era capaz de hacer avanzar la sociedad. Pero entonces, todos los factores que habían posibilitado a la burocracia sobrevivir por tanto tiempo, dialécticamente se convirtieron en su contrario.

La agricultura seguía siendo el punto más débil del régimen. La escasez de comida y el aumento de los precios eran motivo importante de descontento. La cosecha de grano de 1963 fue mala, y Rusia se vio obligada a importar grandes cantidades de trigo de occidente. Había dificultades en el suministro de pan, y especialmente de harina. El descontento crecía. La política de Kruschev había sido la de llevar a cabo una reforma controlada desde arriba, para evitar una explosión social desde abajo. Los acontecimientos en Hungría sirvieron de advertencia para el régimen de lo que le podía pasar. No obstante, esta política también tenía sus riesgos. El historiador-sociólogo francés Alexis de Tocqueville en su clásico estudio El Antiguo Régimen y la Revolución Francesa, señala que el momento más peligroso para una autocracia es precisamente cuando intenta aflojar las tuercas después de un largo período de represión. Esto quedó demostrado en un episodio sobre el que generalmente se ha pasado en silencio: los acontecimientos de Novocherkassk .

El levantamiento de Novocherkassk

El 2 de junio de 1962 el ejército abrió fuego sobre los huelguistas y habitantes de la ciudad de Novocherkassk en el sur de Rusia durante una concentración masiva en la plaza de la ciudad. Un número desconocido pero considerable de hombres, mujeres y niños murieron. Incluso en ese momento, las noticias de la rebelión, fueron suprimidas tan a fondo que ni siquiera la radio local informó de ella. Sólo años más tarde, durante el período de la glasnost los supervivientes de los campos empezaron a circular informaciones. Incluso entonces no siempre se les creía. Tal es el poder de un estado totalitario a la hora de suprimir la información para impedir la extensión de un movimiento.

La brutalidad de la represión y la supresión total de la información demuestra que las autoridades estaban muy preocupadas por estos acontecimientos. Esta huelga formaba parte de un movimiento de protesta más amplio contra las subidas de precios anunciadas por el gobierno ese mismo mes. Había habido otros movimientos, en Karganda , Temirtau , Alexandrov, Murom y otras ciudades. Pero ninguno de ellos alcanzó las proporciones del de Novocherkassk . Aquí estaban presentes todos los elementos de una revolución política en forma embrionaria.

El informe presencial más detallado lo escribió uno de los participantes , Piotr Siuda, obrero e hijo de un viejo bolchevique que había perecido como tantos otros en las purgas de Stalin. Después de varios años en prisiones de la KGB y campos de trabajo , Siuda recolectó en un proceso lleno de dificultades toda la información disponible que fue publicada en la prensa clandestina (samizdat) en los años 80. Aunque al final de su vida Siuda se inclinó hacia el anarquismo , en el momento de los acontecimientos y durante la mayor parte de su vida se consideró un leninista y un “ bolchevique sin partido ” .

En su informe queda claro que la huelga tuvo un carácter completamente espontáneo. ¿Cómo podía ser de otra forma cuando se negaba a los obreros todo derecho de organizarse fuera del Partido Comunista y los sindicatos oficiales del Estado, que defendían a la dirección y no a los trabajadores? El 1 de enero hubo un recorte de salarios de entre el 30 y el 35 por ciento en la gigantesca planta electrolocomotriz de Novocherkassk (NEVZ). El mismo día, el gobierno anunció que el precio de la carne y los productos lácteos subiría un 35 por ciento. Esto fue la gota que colmó el vaso para los obreros, que tenían muchas otras quejas, especialmente escasez de vivienda. La estupidez y falta de tacto de la dirección al enfrentarse a las quejas de los obreros añadió combustible a las llamas. Siuda recuerda como:

No hubo necesidad de hacer campaña a favor de la huelga entre los obreros de la planta. La aparición del grupo que llamaba a la huelga era suficiente para que el trabajo se detuviese inmediatamente. La masa de huelguistas iba creciendo como una avalancha. En ese momento había unos 14 mil obreros en la planta. Los obreros salieron al recinto exterior de la fábrica y llenaron la plaza cercana a la oficina de la dirección de la planta. Todos los huelguistas no cabían en la plaza.” (Russian LabourReview, no. 2, 1993, p. 45).

Las reivindicaciones inmediatas eran de carácter económico. Aparecieron consignas como: “ ¡Dadnos carne y mantequilla! ” y “ ¡Necesitamos pisos! ” El movimiento se extendió pero mantuvo un carácter disciplinado. Instintivamente los obreros confraternizaron con los soldados. La guarnición local simpatizaba con el movimiento y no se podía utilizar en su contra:

Al final de la jornada laboral llegaron a la plaza los primeros destacamentos de la guarnición de Novocherkassk pero no iban armados. Al acercarse a la gente, los soldados fueron inmediatamente absorbidos por la multitud. Los soldados y los obreros empezaron a confraternizar inmediatamente, a abrazarse y besarse los unos a los otros. Si, se besaban los unos a los otros. Fue difícil para el oficial separar a los soldados de la gente, reagruparlos y llevárselos lejos de los huelguistas. (Ibid. p. 46).

Al igual que en Hungría, Moscú tuvo que enviar tropas campesinas atrasadas (en este caso del Cáucaso) para utilizarlas contra los obreros. La rabia de los huelguistas se dirigía cada vez más contra el gobierno. Se lanzó la consigna de la toma de las oficinas gubernamentales. Después de la liberación de los huelguistas detenidos. El movimiento seguía creciendo:

Las columnas de manifestantes convergían sobre la ciudad desde todas partes y aparecieron banderas rojas y retratos de Lenin. Los manifestantes cantaban canciones revolucionarias. Todos estábamos excitados, llenos de confianza en nuestro poder y en la justicia de nuestras reivindicaciones. La columna de manifestantes era cada vez mayor.

Mientras nos acercábamos al puente sobre la línea de ferrocarril y el río Toozlov, los manifestantes se dieron cuenta de que había un cordón con dos tanques y soldados armados en el puente. La columna aflojó el paso hasta detenerse y las canciones revolucionarias se fueron apagando. Entonces la densa masa de gente se movió lentamente hacia adelante. Se oyeron gritos: ‘¡Paso a la clase obrera!’ Entonces los gritos se unieron en un canto unificado y potente. Los soldados y los tanquistas no sólo no intentaron detener la columna de manifestantes sino que ayudaron a la gente a pasar por encima de los tanques. La marea de gente fluía a ambos lados del cordón del puente. Cada vez estábamos más excitados. Las canciones revolucionarias se hicieron más fuertes, más armoniosas y más potentes”. (Ibid. p. 48).

Finalmente, los huelguistas apartaron a los soldados de enmedio y ocuparon el edificio del comité del PCUS. En ese momento, se dio la orden de abrir fuego sobre los manifestantes. Incluso en este momento había vacilaciones entre las tropas. Un oficial se suicidó antes que dar la orden:

Varios testigos informaron que el oficial a quién se había ordenado abrir fuego, se negó a dar la orden a los soldados y se disparó a sí mismo delante de la formación. Sin embargo los soldados abrieron fuego. Primero hacia arriba, a los árboles, a los niños que cayeron, asesinados, heridos, asustados. De esta manera, el Partido, el Estado, el Ejército estaban erradicando diferentes tendencias de pensamiento, reafirmando la unidad del partido y el pueblo, demostrando el carácter democrático del Estado socialista. Entonces las ametralladoras apuntaron a la multitud. (Ibid. p.49).

En los juicios secretos que se celebraron a continuación, siete personas fueron acusadas de ‘bandidaje’ y ‘amotinamiento masivo’ y condenadas a muerte. No se conoce el número de gente que fue enviada a campos de trabajo por 10 ó 15 años, al igual que se desconoce el número de muertos y mutilados. A los detenidos se les prohibió todo contacto con el mundo exterior. En Novocherkassk se instauró el toque de queda. Se suprimieron estrictamente todas las informaciones sobre la rebelión. El Kremlin se tomó los acontecimientos muy en serio, lo que demuestra el hecho del envío del número dos de Kruschev, A. I. Mikoyan , a la ciudad. Ante la ausencia de una dirección y de un plan de acción claro, el levantamiento no podía triunfar. Pero sin duda jugó un papel importante en acelerar el derrocamiento de Kruschev.


VI. El período de estancamiento

La caída de Kruschev

Una buena cosecha el año siguiente llegó demasiado tarde para salvar a Kruschev . La burocracia decidió que las cosas habían llegado demasiado lejos , y que las políticas del líder actual estaban poniendo a todo el sistema en peligro . Estaban aterrorizados ante la idea de que las reformas por arriba abrieran en la práctica las compuertas , tal y como Tocqueville había afirmado . Y actuaron precisamente como se supone que una burocracia amenazada actúa . Organizaron una conspiración para poner fin a la “ irresponsable aventura reformista ” .

En octubre de 1964 Kruschev fue destituido. De la manera típica, no hubo ni congreso ni explicaciones ni votaciones. El “ amado dirigente Nikita Sergeyevich ” fue apartado con un golpe organizado por sus compañeros más cercanos. En la política no hay gratitud, ¡por lo menos en el mundo de la burocracia! De la noche a la mañana, el hombre que había sido agasajado por la prensa comunista mundial se transformó súbitamente en una persona no existente. Sin un murmullo, sin preguntas, los dirigentes de los partidos comunistas aceptaron inmediatamente la nueva línea. Esto nos recuerda algo que escribió Gorki:

Pregunta: ¿Qué es lo que haces cuando ves a un hombre cayendo?

Respuesta: Darle un empujón.

La burocracia esperaba que el cambio por arriba llevara a tiempos mejores. Leonidas Breznev subió al poder. Inmediatamente culpó a Kruschev por los fracasos del pasado, dio la vuelta a una serie de reformas, e incluso fue tan lejos como para esconder las estadísticas de 1964 porque eran demasiado favorables. Pero bajo Breznev la crisis del estalinismo se intensificó, con un declive sostenido de la tasa de crecimiento hasta alcanzar el 3 por ciento o menos. Se necesitaban nuevas medidas para darle la vuelta a esta ralentización.

Para empezar, Breznev se vio obligado a abandonar en la práctica la utopía reaccionaria de la autarquía económica ( “ socialismo en un sólo país ” ). En un intento desesperado de estimular la economía, la burocracia decidió participar en el mercado mundial. De hecho, sorprendentemente, esto quedó registrado en el texto de la constitución de Breznev . ¡La primera vez en la historia que se ha elevado la participación en el comercio mundial a la categoría de principio constitucional! Probablemente este hecho reflejaba las contradicciones internas en el seno de la élite dominante.

Lenin y Trotski defendieron la participación de la Unión Soviética en el comercio mundial, pero no lo consideraban como una panacea, sino sólo como un medio para obtener un respiro temporal hasta que la victoria de los obreros en los países capitalistas avanzados acudiesen a la ayuda de la URSS. En aquel entonces la Unión Soviética era un país muy atrasado. Trotski predijo que, en la medida en que la economía soviética se desarrollase se vería obligada a abandonar la autarquía y participar cada vez más en la economía mundial. Pero precisamente por eso, la crisis en occidente tendría un efecto mayor que en el pasado, aunque pequeño en términos de caída de la producción. Sin embargo, las consecuencias políticas eran mucho más graves. Lenin insistió, correctamente, en la necesidad de integrar la economía soviética tanto como fuera posible en la economía mundial, para sacar el máximo beneficio de la división internacional del trabajo. La burocracia estalinista, miope, al final se vio obligada, bajo Breznev, a abandonar la autarquía y embarcarse por lo menos en una participación limitada en el mercado mundial.

La participación en los mercados mundiales podía haber proporcionado parcialmente un control sobre la burocracia irresponsable y descontrolada. Bajo el sistema capitalista, el funcionamiento de la ley del valor a través del mercado proporciona hasta cierto punto un control. Es cierto que los grandes monopolios distorsionan y manipulan el funcionamiento del mercado en su propio interés. Las 500 empresas más grandes, que actualmente representan más o menos el 90 por ciento del comercio mundial, utilizan sus enormes stocks estratégicos, movimientos especulativos de capitales, presión política y corrupción abierta para conseguir una parte mayor del trabajo de la clase obrera de lo que sería “ normal ” debido al funcionamiento de la ley del valor. Sin embargo, en última instancia, incluso estas compañías se ven obligadas a operar sobre la base de la ley del valor.

Desde un punto de vista marxista, la participación de la Unión Soviética en la economía mundial no sólo era inevitable sino progresista. Ya en las páginas del Manifiesto Comunista, Marx y Engels explicaron que el capitalismo desarrolla la economía mundial como una única entidad interdependiente. Es imposible aislar una de sus partes componentes sin introducir distorsiones importantes. La experiencia de la URSS durante medio siglo es suficiente para demostrar esta afirmación. Participando en el mercado mundial, la economía soviética se podría haber beneficiado de la división mundial del trabajo. Sus científicos y técnicos hubieran podido tener acceso a las tecnologías e ideas más modernas. Pero por la misma regla de tres, se vio obligada a compararse con las economías más avanzadas del mundo, y en este espejo se vio obligada a ver como todos sus defectos aparecían de la manera más cruel.

El movimiento total de mercancías de la URSS a finales de los 70 era de 123.000 millones de dólares, un aumento importante, pero todavía insuficiente en comparación con el tamaño de la economía soviética. Si tenemos en cuenta que la cifra equivalente para Holanda (aunque es verdad que esta dedica una proporción excepcionalmente alta de su PIB a la exportación) era de 132.000 millones de dólares, enseguida se ve la diferencia. En los años 60 y 70, el comercio exterior de la URSS aumentó del 4 al 9 por ciento del PIB. Sin embargo, ya que el comercio mundial crecía todavía más rápidamente en ese período, su participación sobre el total del comercio mundial disminuyó del 4,3 al 3,8 por ciento. Este era el porcentaje de la URSS en el comercio mundial y el de otros países:

1979 porcentaje del total del comercio mundial:

URSS 3,8>

Gran Bretaña 6,0

Alemania Occidental 10,1

Holanda 4,1

Francia 6,4

EEUU 12,3

Italia 4,6

Japón 6,5

Otros 46,2

Habría que añadir que aunque los EEUU tenían un 12,3 por ciento del mercado mundial esto representaba sólo el 6 por ciento de su PIB. Sin embargo, esta situación cambió más adelante. Con el ataque a los niveles de vida y la reducción consiguiente del mercado interno, los EEUU adoptaron una política agresiva para aumentar sus exportaciones a costa de sus rivales, en primer lugar Japón. En los años 80 aumentó la parte del PIB dedicada al comercio mundial del 6 al 13 por ciento, y tiene planes para aumentarlo hasta un asombroso 20 por ciento para el año 2000. Esto equivale a una declaración de guerra (por lo menos de guerra comercial) contra sus principales rivales, que también están igualmente decididos a aumentar su participación en el mercado mundial. No hace falta decir que en este contexto, las perspectivas para el régimen capitalista ruso no parecen muy brillantes. Pero volveremos al tema más adelante.

En el propio bloque soviético había un potencial enorme, si se hubiese organizado como un conjunto armónicamente integrado. El COMECON era una unidad de 450 millones de personas, con una industria desarrollada, una gran cantidad de científicos y técnicos, una superficie agrícola muy extensa, y acceso a recursos naturales casi ilimitados. La población del COMECON superaba en 180 millones la de la Comunidad Económica Europea de aquel entonces. Si a esto añadimos mil millones de chinos, inmediatamente queda claro el enorme potencial para el desarrollo económico. Pero la condición previa era la formación de una federación socialista de la URSS, Europa del Este y China.

El único obstáculo para hacerlo eran los estrechos intereses nacionales de cada burocracia empeñada en la defensa de sus fronteras contra sus “ vecinos ” socialistas. De hecho, el grado de integración económica entre los países del COMECON era incluso menor que la que existía entre los Estados miembros de la CEE. Así, la búsqueda del socialismo en un sólo país retrasaba materialmente el progreso de todos estos países. En lugar de poner en común todos sus recursos de manera racional, cada burocracia nacional insistía en construir su propia industria pesada (incluyendo a la minúscula Albania), con los resultados desastrosos que eran de esperar. La bancarrota final fue el espectáculo de las tropas chinas y soviéticas matándose las unas a las otras por una frontera artificial e irracional trazada en el siglo XIX por el zar ruso y el emperador chino.

La Unión Soviética se queda atrás

Los avances importantes en términos absolutos no agotan la cuestión. En términos relativos, aunque hubo un progreso, la diferencia entre los países capitalistas más avanzados seguía existiendo como demuestran los siguientes datos:

PIB percapita 1979 ( en dólares )

Alemania Occidental 11.730

Gran Bretaña 6.320

URSS 4.110

EEUU 10.630

Italia 5.250

Hungría 3.850

Francia 9.950

Alemania del Este 6.430

Polonia 3.830

Japón 8.810

Checoslovaquia 5.290

Bulgaria 3.690

(Fuente: World Bank, World Developmente Report 1981, p. 135)

Sin embargo, si la URSS hubiese mantenido la tasa media de crecimiento del 10 por ciento, esta diferencia se podía haber eliminado fácilmente. Incluso si hubiera mantenido una tasa de crecimiento del 3 por ciento anual en 1990 hubiera llegado al nivel en que se encontraba la CEE y Japón en 1980. Esto, en sí mismo hubiera sido un éxito destacable. Indudablemente hubiera sido suficiente para impedir la ruptura de la URSS y el desastre consiguiente que ha caído sobre los pueblos de la ex Unión Soviética. Sólo hubiera sido necesario alcanzar por lo menos las tasas de crecimiento medias de occidente en aquel tiempo. Dado el potencial de la economía planificada, esto tenía que haber sido fácilmente posible. De hecho, ese objetivo esta muy por debajo de las posibilidades reales, tal y como demostraron gráficamente las décadas de los años 50 y 60. Sin embargo, la burocracia de manera vergonzosa y criminal fue incapaz de alcanzar ni siquiera este miserable objetivo.

En los años 60 las tasas de crecimiento habían empezado a caer, y con ellas el crecimiento del nivel de vida. En el período de 1951-60, el crecimiento de la producción industrial fue de más del 10 por ciento, y la media de la década fue alrededor del 12 por ciento al año. Pero en 1963 y 1964 las tasas oficiales de crecimiento de la producción industrial cayeron por debajo del 8 por ciento, las cifras más bajas en tiempo de paz excepto 1933. No es por casualidad que en 1961 se reintrodujo la pena de muerte para toda una serie de crímenes económicos. Sólo en 1967 la producción industrial creció por encima del 10 por ciento, mientras que la media de crecimiento anual durante la década cayó al 8,5 por ciento.

La caída del crecimiento de la economía soviética no era el resultado de la falta de nuevas inversiones. En un artículo escrito en octubre de 1966 por el economista soviético V. Kudrov, éste revela las colosales inversiones que se hicieron: “ Por lo que se refiere a las inversiones globales, la URSS se acerca al nivel de los EEUU (aproximadamente un 90 por ciento) y en inversión productiva y acumulación total ya ha conseguido una superioridad destacable. Pero debido a que esta superioridad se da en condiciones en que el ingreso nacional es sólo el 62 por ciento del de los EEUU , esto pone ciertas tensiones sobre la economía soviética ” . A pesar de los esfuerzos, esta enorme inversión no dio aumentos comparables en la productividad del trabajo.

Y continúa diciendo: “ Durante el Plan de Siete Años se pusieron en funcionamiento más de un millón de máquinas-herramienta de cortar metal, más de 200 forjas y prensas, y muchas líneas automáticas y de flujo continuo, pero su productividad fue, por regla general, bastante baja. La edad de los bienes de equipo en la URSS es por regla general menor que en los EEUU , pero son de un diseño más viejo (…). Como consecuencia, la URSS está alcanzando el nivel de los EEUU en volumen de capital invertido por trabajador mucho más rápidamente que en su productividad real. ” En el terreno de la agricultura las cosas eran mucho peores: “ La producción industrial depende considerablemente del equipo técnico y de la productividad del trabajo ” , afirma Kudrov. “ En este aspecto la Unión Soviética todavía está bastante por detrás de los Estados Unidos. En la URSS tenemos 13,7 tractores por cada 1.000 hectáreas de tierra cultivada comparado con 40,9 en los EEUU ; las cifras para cosechadoras son de 3,9 y 15,7 respectivamente ” . (World Marxist Review, October 1966. Citado por R. Black, Stalinism in Britain, pp. 383-5).

El impás de la burocracia se reflejaba gráficamente en las cifras de crecimiento económico de la Unión Soviética. Antes de la guerra, en los primeros Planes Quinquenales, Rusia tenía una tasa de crecimiento anual que alcanzaba un asombroso 20 por ciento. Incluso en los años 50 y principios de los 60, la tasa de crecimiento estaba alrededor del 10-11 por ciento. Esta cifra seguía siendo muy superior a la de las principales potencias capitalistas. Aunque es cierto que Japón, en algunos casos, alcanzó cifras del 13 por ciento, esto era una excepción. El crecimiento de la Unión Soviética en el período en consideración fue una tasa de crecimiento constante, todos los años, ininterrumpida por recesiones. Las principales economías capitalistas alcanzaban a lo sumo un 5-6 por ciento (la tasa de Gran Bretaña, ya en declive era mucho menor), pero no todos los años. Japón fue capaz de conseguir una tasa mayor principalmente porque, bajo el escudo nuclear americano, gastaba muy poco en armamento (el uno por ciento de su PIB), y podía dedicar la mayor parte de su superávit en la inversión.

A todos los demás problemas hay que añadir la carga monstruosa del gasto en armamento. Se dedicaba un 11-13 por ciento del PIB soviético a armamento, comparado con un 8 por ciento en los EEUU . Así, una enorme proporción de la riqueza producida por la clase obrera en ambos países se desperdiciaba en lo que en realidad era lo mismo que la producción de chatarra. Esto también estaba determinado por el hecho de que la URSS era incapaz de aislarse del resto del mundo y crear una entidad autónoma y autosuficiente. En estos datos se revela cruelmente la bancarrota del socialismo en un sólo país.

Avance tecnológico

En los años 30, cuando la economía todavía era relativamente primitiva y las tareas en relación a la construcción de la industria pesada relativamente simples, el método de dirigismo autocrático desde arriba todavía podía conseguir resultados, aunque a un coste terrible. Sin embargo, más adelante, cuando en la URSS se producían un millón de productos diferentes, y con todas las interrelaciones sensibles de una economía moderna compleja, el método insensible del control burocrático, sin la participación de las masas, llevó a un caos absoluto. Las leyes del funcionamiento del capitalismo son fundamentalmente diferentes de las de una economía planificada nacionalizada. Bajo el capitalismo, por lo menos en el pasado, el mecanismo del mercado servía como control aproximado de la ineficacia (aunque hoy en día los grandes monopolios pueden manipular el mercado en su propio interés, distorsionando todo el proceso). Pero en una sociedad en la que toda la economía está en manos del Estado, el mecanismo automático del mercado ya no es aplicable. El único control posible es el control consciente de las masas en cada fase de la elaboración y aplicación del plan.

Trotski explicó que una economía planificada necesita la democracia tanto como el cuerpo humano necesita oxígeno. Sin control y gestión de los trabajadores, sin sindicatos libres y el derecho de discutir y criticar sin miedo, habría inevitablemente corrupción, despilfarro y nepotismo desenfrenados. El robo y la estafa florecieron a un nivel inimaginable. La Unión Soviética era un subcontinente, con una cantidad enorme de empresas. Bajo Stalin, todas las decisiones económicas, desde la más importante a la más insignificante, las tomaban 15 ministerios en Moscú. Incluso en estos ministerios hubieran sido todos genios, se producirían inevitablemente todo tipo de chapucerías y mala gestión, sin el control necesario de la democracia obrera. Mientras la economía fue más o menos primitiva los problemas provocados por la burocracia se podían tolerar porque la economía avanzaba a un ritmo muy rápido.

Una economía moderna y sofisticada como lo era la URSS ya en este período, es un mecanismo muy delicado. No se pueden establecer las relaciones precisas entre la industria pesada, la agricultura, la ciencia y la técnica mediante el dictado administrativo. Ante la ausencia de competencia, la única manera de evitar chapuzas y corrupción es a través del control consciente de la sociedad, mediante la administración democrática de la clase obrera. La crisis de la URSS y Europa del Este no era del mismo tipo que la del capitalismo en occidente, que es básicamente una crisis de sobreproducción que se manifiesta en una crisis de sobre capacidad, inherente al sistema capitalista de producción. La crisis del estalinismo era una crisis del sistema burocrático de control y planificación, que estaba minando las ventajas de la economía planificada. En occidente, las fuerzas productivas se estrellan contra la barrera de la propiedad privada y el Estado nacional, mientras que en Rusia y Europa del Este, las fuerzas productivas estaban aprisionadas por la camisa de fuerza del Estado nacional junto con el control burocrático. Esto quedaba de manifiesto de forma clara en el terreno clave de la tecnología. Así, para el socialismo, la democracia no es un “ extra ” opcional, sino una precondición fundamental. Ya se habían alcanzado los límites de la planificación burocrática. Este hecho se manifestaba en una caída sostenida de la tasa de crecimiento, no sólo en la URSS sino en toda Europa del Este:

(6.3) Tasa de Crecimiento

1950-55

1956-60

1961-65

1966-70

USSR

11.3%

9.2%

6.3%

4.0%

Czechoslovakia

8.0%

7.1%

1.8%

3.4%

Poland

8.6%

6.6%

5.9%

6.7%

Bulgaria

12.2%

9.7%

6.5%

4.5%

En los años 70 el crecimiento cayó todavía más, y ya en 1979 la economía de la URSS sólo creció un 3,6 por ciento. Esto significaba que el papel relativamente progresista que la burocracia había jugado en desarrollar las fuerzas productivas en la Unión Soviética se había agotado. La burocracia se había convertido en un freno absoluto para el desarrollo de la economía. La media de crecimiento anual de la productividad del trabajo todavía seguía aumentando en los años 60 y principios de los 70. Pero de 1975 a 1980 esta cayó al 3,4 por ciento y en 1982 era del 2,5 por ciento al año. En 1979, el PIB creció sólo un 0,9 por ciento, y en 1980 un 1,5 por ciento. Los avances que se habían conseguido como consecuencia de la economía nacionalizada y el plan, se veían anulados por el estrangulamiento burocrático. La tasa de crecimiento – que había llegado a ser la mayor del mundo – ya no era muy diferente de las tasas raquíticas del occidente capitalista.

En la época de los primeros Planes Quinquenales el capitalismo demostró ser un freno absoluto sobre las fuerzas productivas, con paro masivo y la gran depresión. La URSS era un faro de esperanza para millones. No sólo los obreros sino también los mejores intelectuales se sentían atraídos por la Unión Soviética. Pero en los años 70 la situación era diferente, por lo menos en relación a los países capitalistas avanzados. El sistema burocrático totalitario con su economía esclerótica no era atractivo para las masas en Europa occidental, EEUU y Japón. ¿Cómo podía serlo, si estaba desarrollando las fuerzas productivas a un ritmo menor que el capitalismo en períodos de boom como en los años 80?

Hoy en día está de moda negar que la URSS hubiese conseguido nada que valiese la pena en el terreno de la tecnología. Eso es una mentira. Los científicos e ingenieros de la URSS eran tan buenos como los de occidente, si no mejores. Esto se demostró no sólo en el programa espacial y armamentístico, sino en la ingeniería, especialmente en proyectos a gran escala, difíciles. El Financial Times (18/2/86) escribió que: “ el desarrollo de la tierra yerma y con un clima espantoso de Siberia en los últimos 15 años es un logro de ingeniería que iguala en escala y dificultad la construcción del Canal de Panamá. ” (énfasis mío). Había numerosos proyectos por el estilo. Los científicos y técnicos soviéticos hicieron una cantidad asombrosa de inventos y descubrimientos, un terreno en el que alcanzaron a los EEUU , y superaron a Japón, Gran Bretaña y Francia.

“La Unión Soviética y los EEUU están a la par a la hora de patentarinvenciones, registrandounas 80.000 cada uno al año, muypordelante de las 50.000 registradasenJapón, y muypordelante de las 10.000 de Gran Bretaña y Francia. Actualmenteexistenmás de 20.000 patentessoviéticasregistradasen el extranjero, y el paísganaunos 100 millones de dólares al año de licenciasextranjeras. Esta cantidadvaaaumentarbruscamentecuando la nuevageneración de inventossoviéticosesté disponible. Este mes, parecenhaberperfeccionadosulínea de transmisióneléctrica de 1.500 kilovatios, la máspotente del mundo”. (The Guardian, 19/11/86.)

Pero la enorme promesa de la ciencia y la tecnología soviética nunca pudo realizarse. Al igual que en la agricultura, donde no podían conseguir los mismos resultados que en occidente aunque la inversión era mayor, así tampoco podían utilizar plenamente todas las innovaciones y la tecnología a su disposición. El sistema burocrático actuaba como un enorme freno a todos los niveles. A principios de los años 80, la economía soviética era un organismo altamente complejo, con 50.000 fábricas que producían 20 millones de productos diferentes. Los viejos métodos de control burocrático estaban estrangulando la producción. En un estudio de 526 páginas producido en 1982, destacados académicos soviéticos trataban de analizar los problemas de la economía, basándose en estudios modelo de ocho industrias soviéticas, incluyendo la química, bienes de equipo, control de procesos industriales y ramas de la industria de defensa:

Concentran la atención en las estructuras y procedimientos de planificación y gestión demasiado rígidas, y en los problemas provocados por la separación de la ciencia de la industria, su burocratización y su fragmentación organizativa. Hablan de conservadurismo e inercia ampliamente extendidos que ven la innovación como un problema mayor que lo que vale, la ausencia de elementos competitivos, la existencia de un ‘mercado de vendedores’ y la falta de relaciones a largo plazo entre productores y consumidores. (Morning Star, 5/8/82, énfasis mío).

El académico Vadim Trapeznikov, vicepresidente de la Comisión Estatal para la Ciencia y la Tecnología, escribiendo en Pravda, hacia la observación que:

Las plantas soviéticas a veces pueden salir mejor paradas continuando la producción de productos viejos con máquinas viejas, que no instalando nueva maquinaria y lanzando nuevos productos. La innovación – la aplicación rápida en los talleres de los últimos logros de la investigación – hoy en día es el asunto clave al que se enfrentan los planificadores y gestores soviéticos y se discute ampliamente en la prensa soviética. La Unión Soviética tiene más científicos e ingenieros que cualquier otro país del mundo, y está al frente en muchos terrenos de investigación teórica, con logros importantes en relación a su aplicación práctica en toda una serie de campos. Pero el nivel general de la tecnología soviética y la tasa de absorción de los nuevos avances, va por detrás de la mayoría de los países capitalistas, y la mayor parte de productos soviéticos todavía no pueden competir en los mercados de exportación con los mejores que puede ofrecer el capitalismo. (Citado en Morning Star, 5/8/82.)

Lo mismo era cierto en relación a otros campos de tecnología avanzada, como por ejemplo robots industriales. En 1980, en el COMECON sólo operaban un 3,6 por ciento de los 14.000 robots industriales del mundo, comparado con un 9,3 en Alemania Occidental y un 43 por ciento en Japón. Sin embargo, el COMECON había previsto la instalación de más de 200.000 robots industriales en el período de cinco años hasta 1990, de los cuales más de la mitad en la Unión Soviética. Había otros planes para la producción masiva de microprocesadores, micro y macro ordenadores y también el desarrollo de nuevos campos de la electrónica, la robótica, la ingeniería atómica y otras áreas de nueva tecnología.

No había ninguna razón objetiva por la que no se pudiesen alcanzar esos objetivos. Pero no se alcanzaron. A pesar del número impresionante de científicos y técnicos en la Unión Soviética y Europa del Este, no podían conseguir los mismos resultados que en occidente. En todo este período, la diferencia entre occidente y el este siguió creciendo en toda una serie de campos como ordenadores. A estas observaciones hay que añadir otra. El movimiento hacia el capitalismo, lejos de ayudar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en Rusia, ha tenido el efecto más desastroso. Baste con dar un ejemplo de la joya de la corona de las conquistas tecnológicas soviéticas: el programa espacial. En este terreno, la superioridad de la URSS no estaba en duda. Dirigía al resto del mundo. Pero ya no es así. Aunque el destacable programa Mir con sus estaciones espaciales sigue siendo una prueba elocuente de los logros del pasado, el movimiento hacia el capitalismo ha significado la introducción de enormes recortes que han minado de forma vergonzosa una gran historia de éxito soviético. En 1996, por falta de fondos, sólo despegaron 11 de los 26 lanzamientos espaciales previstos. Ahora, Rusia ocupa el puesto 19 en la tabla mundial de presupuesto para programas espaciales.

Lenin explicó muchas veces que el futuro de la Unión Soviética no se podía separar de la situación del capitalismo mundial, y especialmente de sus países más avanzados empezando por los EEUU . A pesar de los extraordinarios avances, la URSS siguió siendo relativamente atrasada en relación a los EEUU , en toda una serie de terrenos. Por ejemplo, la red de ferrocarril de los EEUU , a pesar de estar en una superficie mucho más pequeña era dos veces y media más grande que la de Rusia. La URSS iba mucho más atrasada en relación a ordenadores y equipos automatizados. Un libro publicado por Medvedev en 1972 señalaba que:

“La energía eléctrica y la producción de electricidad en los EEUU es todavía el doble que la de la URSS. Los Estados Unidos producen dentro de sus fronteras casi una vez y media más petróleo y tres veces más gas natural que la Unión Soviética. A finales de los años 60 la Unión Soviética manufacturaba una cuarta parte de la cantidad de camiones producidos en Estados Unidos y Japón. Producimos muchos menos vagones de pasajeros que países como Italia, Francia, Japón y Alemania del Este. Los Estados Unidos producen casi 20 veces más que nosotros.

“Nosotros fabricamos la mitad de radios que los Estados Unidos y una cuarta parte de los de Japón. Por lo que se refiere a neveras, estamos más o menos al nivel de los EEUU en 1950. En la producción de resinas sintéticas y plásticos seguimos por detrás de casi todos los países europeos, incluyendo Italia; los EEUU producen seis veces más que nosotros. En 1970, Japón produjo cinco veces más fibra sintética que nosotros y los EEUU diez veces más”. (R. Medvedev, OnSocialistDemocracy, págs. 5-6).

La principal debilidad era la incapacidad para elevar suficientemente la productividad del trabajo. Marx explicó que en último análisis, el éxito de un sistema económico dado se puede reducir a la productividad del trabajo, o la economización del tiempo de trabajo. La productividad se incrementó, pero la diferencia con la economía capitalista más avanzada – EEUU – seguía siendo muy grande. La diferencia entre los dos países se acortó considerablemente como resultado de los éxitos de los Planes Quinquenales. Hay que recordar que antes de la Revolución, la Rusia zarista estaba al nivel de una economía tercermundista de hoy en día, y no de las más desarrolladas. En 1913, la productividad de la industria rusa se calculaba en un 25 por ciento de la americana. En 1937-39 había aumentado a un 40 por ciento de la de los Estados Unidos.

Aunque la productividad del trabajo aumentó, en el período de posguerra la tasa de crecimiento cada vez era más lenta; entre 1956 y 1960, la media anual de crecimiento de la productividad industrial era del 6,5 por ciento; entre 1961 y 1965 había bajado a 4,6 por ciento. En 1980 un obrero industrial americano producía lo mismo que 2,8 obreros rusos, es decir, la productividad global del trabajo en la URSS era más o menos un tercio de la de los EEUU . Estas cifras, mucho más que las del volumen total de la producción, nos muestran la diferencia real entre el nivel de desarrollo económico alcanzado, y por lo tanto tienen una importancia crucial. Para la burocracia, el hecho de ir por detrás de occidente, especialmente en el terreno vital de la productividad del trabajo, seguía siendo la cuestión clave. Con una clase obrera mayor, con más del doble de técnicos e ingenieros, la URSS producía sólo el 65 por ciento de la producción americana a mediados de los años 60. Dos terceras partes de los obreros no eran capaces de trabajar eficazmente, y como mínimo un tercio de la producción se perdía por mala gestión, estafa, sabotaje y robo.

La agricultura, el talón de Aquiles

La situación en la agricultura era mucho peor. Bajo Breznev, se necesitaban cuatro obreros agrícolas para conseguir los mismos resultados que un granjero americano. La agricultura soviética todavía no se había recuperado de la colectivización forzosa de los años 30, cuando los campesinos destruyeron las cosechas y mataron a los animales. El número de caballos y cerdos cayó un 55 por ciento, el de ovejas un 66 por ciento, etc. Entre 1930 y 1955, la producción agrícola per cápita (excluyendo las cosechas técnicas) y el número de animales de granja per cápita (para cerdos sólo se aplica a 1953) era menor que en 1916, y para animales astados y vacas, la cifra no había alcanzado el nivel de 1913 ni el de 1928. La productividad de la tierra siguió siendo muy baja. Según un informe de 1982, un obrero agrícola alimentaba a seis personas en la URSS, comparado con 40 en los EEUU . A pesar de todas las inversiones y recursos, la economía soviética era incapaz de aprovecharse de esos factores. Tampoco Breznev fue capaz de solucionar los problemas de la agricultura soviética. Al contrario, estos empeoraron continuamente. La agricultura seguía siendo el talón de Aquiles.

Esto tenía consecuencias directas sobre los niveles de vida. Las siguientes cifras sobre la dieta ilustran la diferencia entre los niveles de vida en EEUU y la Unión Soviética. En la URSS el 48 por ciento de las calorías se derivaban de granos (principalmente pan), comparado con un 22 por ciento en los EEUU . Por otra parte sólo el 8 por ciento se obtenían de la carne y el pescado, contra un 20 por ciento en los EEUU . Los ciudadanos soviéticos consumían la mitad de la carne que en los EEUU , y menos que en Polonia. Incluso a este nivel elemental, Rusia iba por detrás. La URSS tenía que importar grano. Esto costó 6.500 millones de dólares sólo en 1984. Sin embargo, potencialmente, la agricultura soviética podría alimentar al mundo.

La agricultura es más complicada que la industria porque aquí se trata de los elementos, naturales y humanos. Sólo hay dos manera de conseguir una mejora duradera de la productividad en la agricultura: o la aplicación general de mejoras técnicas y maquinaria, o asegurando una mayor motivación de la fuerza de trabajo. De hecho, las dos cosas van juntas. Incluso si hay maquinaria moderna disponible, si los obreros rurales no están motivados para trabajar adecuadamente y conseguir los mejores resultados de los instrumentos a su disposición, no es posible conseguir los resultados deseados. Esta motivación humana sólo se puede garantizar de dos maneras: o el campesino o proletario rural está moralmente inspirado y convencido de la necesidad del socialismo, o por incentivos materiales. La burocracia rusa era incapaz de conseguir ninguna de las dos. Sobre bases socialistas, el problema se podría resolver fácilmente. Pero la tarea de introducir una conciencia diferente en el campesinado significa cambiar su relación con la sociedad, contactar con otros productores, participación en la sociedad, democracia, cooperativas, etc. Esto es imposible sobre la base de un régimen burocrático.

En las condiciones extremas del “ comunismo de guerra ” , los bolcheviques se vieron obligados a recurrir a las requisas de grano para poder alimentar a los obreros hambrientos de las ciudades, en un momento en el que el colapso de la industria significaba que era imposible darles a los campesinos mercancías a cambio de sus productos. Pero esto siempre se consideró como una medida temporal a la que el Estado obrero se había visto obligado a recurrir en una situación excepcional cuando la existencia de la revolución estaba en peligro. Pronto se abandonó esta política en favor del libre mercado de grano y la Nueva Política Económica. Lenin y Trotski estaban a favor de la colectivización gradual a través del ejemplo, y mientras tanto, favorecieron las cooperativas. Pero nunca contemplaron la posibilidad de obligar a los campesinos a entrar en los colectivos a punta de pistola, tal y como hizo Stalin en los años 30. Esta política monstruosa provocó el colapso de la agricultura soviética, una hambruna terrible y la muerte de millones de personas. La agricultura soviética nunca se recuperó de esta política loca y criminal de Stalin.

En ninguna parte se notaba más el peso muerto que representaba la burocracia. Intentaron culpar al clima. Es cierto que el invierno ruso presenta problemas desconocidos en climas más benignos, pero con tecnología moderna se podía haber superado en gran medida este factor. El problema no era el tiempo sino la actitud hostil de la población rural. Incluso en los sitios donde se construyeron silos, a menudo se dejaba el grano bajo la lluvia para que se pudriese. A un tractorista se le pagaba por superficie arada, de tal manera que le era mucho más rentable arar superficialmente. Todos los defectos de un régimen burocrático se multiplicaban por ciento – mala gestión, estafas, condiciones de transporte caóticas – combinadas con las condiciones todavía atrasadas del campo ruso – todo se combinaba para provocar el sabotaje a gran escala.

En el pasado se había dejado de lado la agricultura, pero ese ya no era el caso. El problema no era la falta de inversión. La burocracia estaba invirtiendo grandes cantidades en la agricultura, que en este momento llegaba a un tercio de toda la inversión civil. Sin embargo, no podía conseguir los resultados deseados. Los EEUU , por ejemplo, sólo dedicaban el 5 por ciento de su PIB a la agricultura pero obtenían resultados mucho mejores. A pesar de la inversión a gran escala y la producción de tractores en las granjas colectivas, la productividad oficial del trabajo agrícola era una cuarta parte de la de los EEUU . Con casi una tercera parte de la población (27 millones) trabajando todavía en la agricultura, seis veces más que en los EEUU , la Unión Soviética tenía 20 veces más obreros agrícolas por tractor que ellos. Los ingresos medios de un granjero colectivo ruso eran la mitad de los de un obrero industrial. Los jóvenes abandonaban las aldeas a un ritmo de dos millones al año. La agricultura estaba enormemente subvencionada, recibiendo un 27 por ciento de la inversión total.

La URSS era el mayor productor de tractores del mundo. Su superficie de cosecha era dos tercios mayor que la de los EEUU . Sin embargo, debido a la baja calidad y reparaciones poco eficaces, la vida media de un tractor soviético era sólo de cinco o seis años. Esto significaba que cada año había que sustituir 300.000 tractores. A pesar del aumento del número de tractores, el rendimiento anual por tractor en las granjas colectivas en los años 60 disminuyó – en el período de 1960-67 bajó un 17 por ciento ¾ . La Unión Soviética era un vasto subcontinente. Sin embargo sólo se utilizaba un tercio de los camiones que se utilizaban en los EEUU en la agricultura.

“Actualmente” escribió Medvedev en 1972, “un obrero agrícola en los EEUU en la práctica está tan bien equipado con los medios de producción como un obrero industrial, y en algunos terrenos incluso le supera. En 1960, cada obrero agrícola americano tenía 39 caballos de potencia a su disposición, comparado con 5,4 para su equivalente soviético. En 1967, el suministro de potencia a un obrero agrícola en los EEUU había aumentado a 78 caballos, se había duplicado exactamente. La cifra equivalente para la URSS en el mismo período era de sólo 8,8, un aumento del 65 por ciento”. (Roy Medvedev, op. cit., p. 12).

Entre 1966 y 1970, se entregaron 1,5 millones de tractores a las granjas colectivas, pero se eliminaron 1.150.000 del stock existente. También se entregaron medio millón de cosechadoras, pero se deshicieron de más de 350.000. Esto explica el tono preocupado del discurso de Breznev en el 23 Congreso del Partido en 1966:

El Comité Central considera necesario llamar la atención también sobre otro problema, el de la utilización de la maquinaria en las granjas colectivas y estatales. El campo está recibiendo constantemente un número cada vez mayor de tractores, camiones, cosechadoras y otra maquinaria. El trabajo está adquiriendo las características del trabajo industrial. Sin embargo, en los últimos años, ha habido una caída en muchos de los indicios clave de utilización de la flota de máquinas y tractores. Los operadores de las máquinas tienden a abandonar sus puestos de trabajo, provocando fluidez en la fuerza laboral. Todo esto crea dificultades. Hay que ampliar hasta el máximo los centros de reparación de maquinaria agrícola, hay que suministrar a las granjas colectivas y estatales y a las fábricas Selkhoztehnika con equipos modernos y hay que dar mejor formación y mayores incentivos materiales a los operadores de la maquinaria”, etc. (Reportofthe 23rd Congress CPSU, pp. 89-90).

Leyendo este informe entre líneas, vemos un panorama de granjas colectivas equipadas con maquinaria vieja, o máquinas de poca calidad que se estropean continuamente, y una fuerza de trabajo poco cualificada, sin motivación que no cuida ni repara esta maquinaria, y a la que hay que sobornar con más incentivos materiales para que lleve a cabo las tareas más básicas. La situación había cambiado poco desde que Trotski escribió:

“El tractor es el orgullo de la industria soviética. Pero el coeficiente de utilización efectiva de éstos es muy bajo. Durante el último ejercicio económico, el 81 % de los tractores tuvo que someterse a reparaciones importantes y muchas de estas máquinas se inutilizaron durante las labores del campo.” (Trotski, La revolución traicionada, pág. 56)

En los años 50, como consecuencia de las reformas de Kruschev, la producción agrícola aumentó. Pero bajo Breznev, la posición volvió a empeorar. En los años 50 la tasa de crecimiento anual de la producción agrícola fue del 4,9 por ciento. En los años 60, cayó de nuevo al 3 por ciento, y más adelante a un miserable 2 por ciento. Y en los años 70 hubo un declive real en la productividad agrícola. Sin embargo, la inversión en la agricultura había aumentado enormemente. La agricultura absorbía el 20 por ciento del total de la inversión nacional, el doble del nivel de preguerra. La producción de fertilizantes también aumentó. Sin embargo el producto agrícola neto se mantuvo obstinadamente bajo. Esto era parcialmente el resultado de la emigración de la juventud de las aldeas, y la consiguiente falta de mano de obra. En 1980 sólo el 20 por ciento de la población trabajaba en el campo, y eran principalmente gente mayor. Pero eso no puede explicar todos los problemas. En Europa occidental se dio una emigración todavía mayor del campo a la ciudad, y sin embargo, la productividad del trabajo en la agricultura aumentó enormemente.

La causa real era la resistencia pasiva y el sabotaje de una mano de obra agrícola alienada, sumada al enorme despilfarro, mala gestión, ineficacia y corrupción del sistema burocrático. Breznev intentó aumentar la motivación de la mano de obra rural autorizando pequeñas parcelas de tierra en los koljoses. De hecho lo incluyó en el artículo 13 de la nueva constitución. Una medida de ese tipo no era incorrecta, dada la situación. Hasta que el desarrollo de los medios de producción es suficiente como para garantizar a la población rural un nivel de vida decente, hasta que las granjas colectivas, equipadas adecuadamente con maquinaria moderna, hayan demostrado en la práctica su superioridad sobre la producción individual a pequeña escala, es necesario hacer concesiones a los pequeños negocios, tanto en las ciudades, como especialmente en el campo. Bajo Breznev las pequeñas parcelas sólo representaban el 3 por ciento del total, pero producían un tercio de la carne, leche y verduras, más de un tercio de los huevos y sorprendentemente, casi una quinta parte de la lana.

Las autoridades estaban preocupadas por la gravedad de los problemas en el campo porque existe un vínculo directo entre la agricultura y la producción de bienes de consumo, y por lo tanto el nivel de vida. En su informe económico al Congreso del Partido en 1966, Alexei Kosygin señaló la ralentización en la tasa de crecimiento de los ingresos reales, que él vinculó en parte a la baja productividad del trabajo, pero también a la agricultura:

Como resultado del retraso en la agricultura, la comida y las industrias ligeras quedaron por debajo de sus objetivos y esto ralentizó el crecimiento del ingreso nacional y de la prosperidad de la nación”. (Reportofthe 23rd Congress CPSU, pp. 175).

Una serie de malas cosechas acabaron en el desastre de 1972. En marzo de 1974 el régimen aclamó un gran vuelco en la situación con la producción de 225 millones de toneladas. Sin embargo, debido a la escasez de sitios de almacenamiento, sólo se pudieron salvar 180 millones de toneladas. Esta catástrofe estaba vinculada directamente a la mala gestión burocrática, el flagelo de la agricultura soviética. Por falta de silos, dislocación del transporte o simplemente por chapucería se dejaba que se pudriese el grano al aire libre. Más tarde, diferentes dirigentes soviéticos intentaron superar los problemas de la agricultura pero sin éxito. El problema era inherente al propio régimen burocrático.

Niveles de vida en los años 70

Antes de la guerra, cuando Stalin anunció el amanecer “ de una vida feliz ” Trotski señaló que en la Unión Soviética sólo había medio par de zapatos por cada obrero. Bajo Breznev la situación era diferente. En 1979, la URSS producía más zapatos que ningún otro país y había cinco pares de zapatos por persona. Durante un período de 30 años después de la muerte de Stalin la tasa de consumo creció una media de 3,6 por ciento por año. El nivel de vida se multiplicó por más de dos. Es cierto que el nivel de vida en la URSS en los años 70 seguía estando bastante por detrás de los de occidente. Sin embargo el consumo siguió aumentando bajo Breznev como demuestra la siguiente tabla:

Nivel de vida soviético

Año 1965

Año 1978

Salario mensual

l 96,5 Rbs

159,9 Rbs

Número de médicos

554.000

929.000

Familias con TV

24 %

82%

Familias con nevera

11%

78%

Espacio habitable por persona (áreas urbanas)

10 m2

12,7 m2

Consumo de carne/productos cárnicos por persona

41 kg

57 kg.

Consumo de verduras por persona

72 kg

90 kg

Consumo de patatas por persona

142 kg

120 kg

Consumo de pan/grano por persona

156 kg

140 kg.

(Fuente: TheGuardian, 17/8/81. Citado en F. Halliday, The Making of the Second Cold War, p. 139).

Sin embargo el crecimiento del nivel de vida se ralentizó gradualmente en los años 70, como demuestran las cifras siguientes:

Aumento del consumo 1966-78

1966-70

1971-75

1976-78

5%

2,9%

2,1%

Aumento del consumo de comida 1966-78

1966-70

1971-75

1976-78

4,2%

1,7%

0,6%

Marx dio por supuesto que el punto de partida de un movimiento en dirección al socialismo sería un alto nivel de vida. Sólo satisfaciendo completamente las aspiraciones materiales de hombres y mujeres será posible llegar a un nivel en que esas aspiraciones dejen de dominar las vidas y pensamientos de las personas, preparando el camino para un nivel cualitativamente superior de civilización humana. Mientras exista la escasez, y con ella la lucha humillante por las cosas materiales, nunca se podrá superar la barbarie clasista, y todos los males que la acompañan. La visión de una sociedad sin clases seguirá siendo un fantasma que no se puede alcanzar, como el horizonte que se aleja cada vez más a medida que te vas acercando. Esto explica el estado de ánimo de escepticismo e incluso cinismo entre capas de la sociedad soviética en relación a los discursos hipócritas de los burócratas que vivían rodeados de lujo mientras los ciudadanos soviéticos normales y corrientes tenían que esperar en colas interminables para conseguir productos que escaseaban.

Sin embargo no cabe duda que los niveles de vida de la población soviética experimentaron una mejora en comparación al pasado. Según un informe en el The Guardian a mediados de los 80:

Ahoracasitodas las casas tienen TV y nevera. El setentaporciento de loshogaresdisponen de lavadora, y un 40 porcientotienenaspiradora y alrededor del 15 porcientotienencoche. Casi la mitadtienen moto o motocicleta”. (The Guardian, 7/2/86).

Es más, estas cifras no nos cuentan toda la historia. El crecimiento de los niveles de vida se consiguió prácticamente sin inflación. Y por encima de todo, los precios de los productos básicos se mantuvieron bajos. El pan era tan barato que los campesinos se lo daban a los animales en lugar de grano. Un logro especialmente importante fueron los alquileres bajos. Mientras que un obrero en occidente se gasta entre un tercio y la mitad de su salario en alquiler, la situación en la URSS era totalmente diferente. De cada 200 rublos mensuales de salario, sólo 10 rublos al mes iban para el alquiler que incluía agua caliente, calefacción central, y, por lo menos en Moscú, llamadas telefónicas locales gratis. La educación y la sanidad eran completamente gratuitas, no había paro y todo el mundo disfrutaba de un mes de vacaciones gratis en centros gestionados por los sindicatos. La Unión Soviética tenía probablemente el mejor sistema de transporte público del mundo, con precios increíblemente baratos: cinco kopeks para cualquier distancia en el metro de Moscú por ejemplo.

Sin embargo, a pesar de todas estas mejoras, los niveles de vida todavía iban por detrás de por lo menos los de los países capitalistas más avanzados. La falta de viviendas seguía siendo un problema grave. Las condiciones de alojamiento para la mayoría todavía eran muy apretadas y en muchos casos intolerablemente malas. Una cuarta parte de las familias compartían baño y/o cocina. Los obreros ya no sufrían las privaciones del período anterior. No había escasez real, por lo menos de los productos básicos. Por supuesto que había colas, pero al final la gente conseguía lo que quería. Pero la calidad de los productos producidos bajo el sistema burocrático era harina de otro costal. Trotski ya había señalado antes de la guerra que la calidad eludía a la burocracia como un fantasma fugaz. Como regla general, cuanto más cerca estaba un producto del consumidor, peor era su calidad. La falta de control democrático se revelaba de la manera más obvia en el terreno de los bienes de consumo. Sobre todo en una sociedad que decía haber construido el “ socialismo ” , el bienestar material de la población no se podía medir solamente en términos de cuánto pan y cuántas patatas se consumían, ni siquiera cuánta carne y mantequilla.

Existe un vínculo estrecho entre el crecimiento económico y el nivel de vida. Por encima de todo, la correlación correcta entre la industria pesada y la industria ligera, y entre la industria y la agricultura, son cuestiones clave. En 1971 el Ministerio de la Industria Ligera recibió quejas sobre 7,6 millones de pares de zapatos, 1,5 millones de pares de calcetines, 1,7 millones de piezas de géneros de punto, y 170.000 de trajes. En la primera mitad de 1971, la red de tiendas al por menor de Moscú rechazó bienes industriales por valor de 33 millones de rublos. En el mismo año, las pérdidas por productos industriales rechazados se estimaron en 600 millones de rublos, pero la revista Finansy USSR comentaba que “ las pérdidas en realidad eran mucho mayores ” . En 1970 y 1971, el 50 por ciento de los productos inspeccionados por la Inspección del Ministerio de Comercio de la República Soviética Rusa no cumplían los criterios oficiales mínimos. Esto provocó un aumento de los stocks de productos no vendidos en los almacenes de año en año. De 1968 a 1971, el excedente de productos no vendidos representaba el 32-52 por ciento de las ventas. A principios de 1972, este excedente alcanzaba el valor de 3.400 millones de rublos.

Aquí vemos el principal defecto de la planificación burocrática. Sin el control democrático y la participación de la clase obrera, esta lleva inevitablemente a un florecimiento descontrolado de despilfarro, corrupción y mala gestión. Esto siempre era cierto – incluso en el mejor período de la URSS – , pero en una economía moderna y sofisticada que producía un millón de productos diferentes cada año, se convirtió en una pesadilla. La prensa soviética del periodo al que nos referimos estaba llena de los ejemplos más escandalosos de chapucería burocrática. El siguiente es un ejemplo típico:

¡Cuanto más caro es el material, menos tela se necesita para cumplir el plan! (…) Cuanto más barato es el modelo, hay que producir más coches para cumplir el plan, y eso requeriría capacidad y mano de obra adicional (…) Un ingeniero de energía una vez me alabó por dejar la luz encendida: ‘¡Muy bien! ¡Cuanta más energía consumáis, mayor será nuestra paga!’ El director de la planta electromecánica de Riga comentaba: ‘Cualquier índice cuantitativo que se utilice para planificar y evaluar, inevitablemente será unilateral y en última instancia dañino. Si se mide por toneladas, la producción se hará más pesada. Si se mide por rublos, entonces se hará más cara. Si se utilizase como base la satisfacción del consumidor, entonces ciertamente el volumen de producción nunca sería la medida. (Directores de empresa citados en LiteraturnayaGazeta, Noviembre 1976).

El punto de vista puramente cuantitativo de la planificación inevitablemente provocaba las distorsiones más grotescas ante la ausencia de la participación y el control democráticos de la clase obrera:

Si el director puede salir adelante produciendo sólo unos pocos modelos de zapatos, entonces tendrá producción a gran escala y podrá recortar los costos. Si puede desviar su producción hacia zapatos de tallas pequeñas y dejar de lado las grandes, puede ahorrarse piel. Finalmente, aunque el Estado marca el precio de sus zapatos, diferentes modelos le darán diferentes márgenes de beneficio. El director puede intentar especializarse en aquellos modelos que le reporten un mayor beneficio.

Hasta dónde puede llegar el director depende de lo fuerte que sea su posición a la hora de regatear. En el pasado, esta posición ha sido de hecho buena. Siempre se ha producido menos que lo que los consumidores iban a comprar. Así, has sido muy fácil tratar con los mayoristas; ya que podían vender cualquier cosa, ¿para que pelearse con el productor en un mercado de vendedores? Sólo el consumidor final se quejaba amargamente sobre los resultados de este sistema. (David Granick, The Red Executivo, p. 34)

Trotski señaló que presentar el crecimiento económico puramente en términos de volumen es como tratar de demostrar la fuerza de un hombre sólo sobre la base de su anchura de pecho. El punto de vista puramente cuantitativo de los objetivos lleva a la producción de los vehículos más pesados e incómodos, para que se llegue al objetivo en toneladas; o a que se produzcan miles de zapatos pero todos del pie izquierdo. Por supuesto, los obreros detectaron estos “ errores ” , pero ante la ausencia de la libertad de expresión y de sindicatos libres, no había manera de denunciarlos. Las críticas demasiado abiertas sólo conducían a problemas, despidos, encarcelamientos y encierro en hospitales siquiátricos. Era mejor mantener la cabeza gacha y la boca cerrada, recibir la paga a final de mes y esperar que las cosas mejorasen, lo que parecía estar sucediendo en muchos casos.

En un discurso al Congreso del Partido en 1986, Gorbachov describió la situación de la industria ligera:

El año pasado se devolvieron a las fábricas o fueron marcados como bienes de grado inferior millones de metros de tela y millones de pares de calzado de piel y otros bienes de consumo. Las pérdidas fueron importantes: materias primas derrochados y el trabajo de cientos de miles de obreros desperdiciado”. Y añadió: “La burocracia hoy en día es un obstáculo importante (…) Las distorsiones burocráticas se manifiestas más fuertemente en aquellos sitios en los que la gente tiene que rendir menos cuentas de lo que hace. (The Times, 27/2/86).

Libre de todo control por parte de la población, la burocracia se comportaba de una manera totalmente irresponsable. Mostraban la misma miopía, el mismo desinterés criminal por los intereses generales de la sociedad que los grandes monopolios. En general fueron igual de malos que la burguesía en relación al medio ambiente. Esto quedó demostrado con el desastre nuclear de Chernobyl , la destrucción del mar de Aral, el envenenamiento del mar Caspio y el lago Baikal y el hundimiento de buques nucleares en el Océano Ártico.

Un indicio del caos y la desorganización absoluta era la loca proliferación de ministerios de todo tipo. Sólo en el sector de la máquina-herramienta había no menos de 11 ministerios diferentes – el Ministerio de Construcción de Maquinaria General, el Ministerio de Construcción de Maquinaria Pesada, etc. ¾ . En el transporte había cinco ministerios, etc. Había muchos ejemplos de los problemas creados por esta situación. Por ejemplo, se descubrió gas natural en Asia Central. Pero para empezar la explotación se tenían que conseguir las firmas de 27 ministerios y departamentos diferentes. Se tardó siete años en conseguirlas, pero para entonces el gas ya se había perdido.

El problema de la calidad

La calidad de los bienes de consumo soviéticos no era tan mala como alega ahora la prensa pro-burguesa . En cualquier caso, no había ninguna razón en principio para que la calidad de esos bienes tuviera que ser peor que la de los bienes de consumo producidos en occidente. En aquellos sectores en que se prestaba la atención necesaria a la calidad, se producían productos muy buenos. Esta era la situación en la industria de defensa, donde los generales insistían en alta calidad y la conseguían. Lo mismo se aplicaba al programa espacial. Pero no sólo eso. Un artículo en The Guardian (19/11/86) revelaba datos sorprendentes sobre el éxito de ciertas exportaciones soviéticas a occidente:

Cuando pensamos en tecnología soviética, estamos acostumbrados a sus logros en el espacio, y a la alta calidad de muchos de sus productos militares. La coraza de titanio del helicóptero de combate Hind, o el casco de titanio de sus nuevos submarinos, por ejemplo, de los que se dice que están muy por delante de la técnica metalúrgica occidental.

Pero de alguna manera el material militar puede distorsionar nuestra apreciación de la capacidad tecnológica soviética. Podemos clasificarlo todo bajo el título general de superpotencia militar, y continuar con nuestra creencia cómoda y complaciente en la superioridad general de occidente en las cosas que realmente importan, como ordenadores, coches y bienes de consumo.

Quizás tendríamos que pensarlo dos veces. En los primeros seis meses del año pasado, Gran Bretaña importó 30.000 neveras Snowcap y 32.000 tubos de imagen de TV de la Unión Soviética. Bélgica compró maquinillas de afeitar eléctricas y televisores, y Francia compró molinillos de café, planchas eléctricas y aparatos de aire acondicionado. Los holandeses compraron 60.000 cámaras y maquinillas de cortar el pelo eléctricas, e incluso los japoneses compraron televisores soviéticos. En el tercer mundo, las máquinas de coser Chaika y los ventiladores eléctricos Orbita están ocupando cada vez más mercados tradicionalmente occidentales y japoneses.

De hecho, la situación era contradictoria. Por ejemplo el sonido grabado de los LPs soviéticos era muy bueno – tan bueno como en occidente o mejor – pero tenían un prensado deficiente. En un artículo en Pravda (28/11/95), un comentarista ruso señalaba la mayor durabilidad de ciertos productos soviéticos comparados con sus equivalentes occidentales. El autor correctamente explicaba la diferencia por el contraste entre la economía planificada, basada esencialmente en la producción para las necesidades, y la economía de mercado basada en el beneficio, que incluye fenómenos como el “ consumo conspicuo ” , publicidad, y todo tipo e despilfarro:

Lo que nuestra economía producía como producto final estaba adaptado a la sociedad soviética y era absolutamente inadecuado en principio para los mercados occidentales, para la “sociedad de consumo”. Por ejemplo, se dirigían los esfuerzos para conseguir una vida más larga del producto más que un buen diseño. El mercado, por el contrario trata de reducir la vida del producto, forzando de esta manera a la gente a ‘consumir’ bienes y servicios.

Y continúa:

Observemos la diferencia entre dos coches de la misma clase: uno producido para una economía frugal y el otro para una economía crematística. En un Zhiguli, todos los componentes principales del motor donde normalmente surgen problemas están situados de tal manera que son accesibles sin necesidad de la ayuda de un taller. se puede utilizar el coche durante una década sin ir al mecánico, te arreglas los problemas tú mismo. En un Citroen – un coche de la misma clase – los mismos componentes son completamente inaccesibles. Tienes que pagar para un servicio por cualquier minucia. Si necesitas cambiar los contactos del freno te cuesta 80 dólares; si se gasta un cepillo del generador, tienes que gastarte 300 dólares en un nuevo generador; si tienes que cambiar una correa de la bomba, tienes que sacar todo el motor.

Es de conocimiento general que la mitad del esfuerzo y del coste en la producción de bienes de consumo en occidente se dedica al empaquetamiento (también parte del diseño). ¿Qué es lo que significa crear industrias en Rusia capaces de competir en el ‘mercado’? Significa crear una producción orientada a criterios de extranjeros, gente con un estilo de vida diferente, lo que de por sí es ridículo (o significa convertir a Rusia conscientemente en una colonia). Sin duda, el 90 por ciento de la población preferiría traer sus propias bolsas para comprar azúcar y sus propias botellas para comprar aceite no embotellado antes que comprar un producto ‘competitivo’ al doble de su precio debido al empaquetamiento.

Sin embargo, no cabe duda de que el nivel general de calidad estaba muy por detrás de los estándares occidentales. Había que reparar los televisores en color una media de dos veces en su primer año de vida. También tenían tendencia a explotar. Por alguna razón, los zapatos eran de una calidad especialmente mala, etc. Para los funcionarios privilegiados, que tenían acceso a tiendas especiales, esto no era un problema. La calidad de los bienes destinados a los obreros les era indiferente, mientras que a los directores de las fábricas sólo les interesaba cumplir los objetivos del plan en términos de volumen. Si eso significaba recortar en calidad, pues así sea.

En otros sentidos, las condiciones de vida dejaban mucho que desear. Incluso en Moscú había escasez de sitios de ocio, como bares, cafés y restaurantes decentes. En todos ellos había colas, lo que en realidad agravaba el problema del alcoholismo. Era normal ver a gente bebiendo en las calles. La situación en las provincias era todavía peor. En Nizhnevartovsk , en Siberia, una ciudad de 200.000 habitantes, a principios de los años 80 no había ni un solo cine. Los planificadores de ciudades no prestaban mucha atención a las necesidades de ocio de la gente normal y corriente. Por supuesto los funcionarios no tenían ese problema.

No se podía separar la situación en la URSS de la que existía a escala mundial. La noción reaccionaria del socialismo en un sólo país estaba condenada al fracaso. A pesar de los esfuerzos por aislar a la población soviética del resto del mundo, inevitablemente iban a descubrir los niveles de vida de occidente, y los iban a comparar con su propia situación. Esto fue lo que Lenin advirtió cuando dijo que el futuro de la URSS se decidiría en última instancia a escala mundial ( “ ¿Quién prevalecerá? ” ). En la medida en que la gente se diese cuenta de que los consumidores occidentales tenían acceso a productos de mejor calidad a precios más bajos, el descontento aumentaría inevitablemente. La diferencia quedaba subrayada por el hecho de que la gente con acceso a divisas occidentales podía comprar bienes occidentales superiores, sin tener que hacer colas, en las llamadas tiendas diplomáticas (diplo , aticheskye magaziny)

Las cifras oficiales de los niveles de vida, en realidad, esconden casi tanto como cuentan. No nos dicen nada de los diferentes niveles salariales de los diferentes sectores de la población. En general las estadísticas soviéticas siempre eran muy reservadas sobre esta cuestión. Las medias en general pueden ser muy engañosas. Nos recuerdan la historia de dos campesinos, uno con nueva vacas y el otro con una. ¡Tienen cinco vacas cada uno “ de media ” ! En la práctica el crecimiento de la economía soviética, que en un estado obrero sano hubiera significado una reducción sostenida de las diferencias salariales y los privilegios, en este caso significaba justo lo contrario.

En lugar de disminuir, bajo Kruschev y Breznev, el diferencial siguió aumentando. Mientras es indudable que los niveles de vida de las masas aumentaron, el aumento de las prebendas e ingresos de la burocracia (legales e ilegales) aumentó todavía más rápidamente. Esto era cierto sobre todo en relación a la élite superior. Breznev era bien conocido por su tren de vida lujoso y su inclinación por los coches caros. Cuando Nixon, que se supone que tenía una existencia razonablemente próspera, fue a visitar Moscú, declaró estar atónito ante la ostentación de lujo del estilo de vida de Breznev, con una piscina en el sótano de su casa, etc.

En un estudio de la caída de Nixon del poder, The Final Days de Woodward y Bernstein, se da una pequeña idea del estilo de vida de Breznev y los burócratas superiores:

“El Presidente [Nixon] tenía su regalo habitual para Breznev: un auto americano para la extensa colección del secretario. Las dos primeras cumbres, en 1972 y 1973, le habían reportado dos modelos de 10.000 dólares, una limosina Cadillac y un Lincoln Continental. Esta vez fue un Chevrolet Monte Carlo de 5.578 dólares, poco impresionante en un garaje que ya tenía un coche de carreras Citroen-Maserita, Sedans, Rolls Royce y Mercedes, y el favorito de Breznev, un nuevo Mercedes 300SL. Pero Breznev había oído que el Monte Carlo había sido declarado ‘Coche del Año’ por la revista Motor Trend, y había dejado caer que le apetecía uno”.

Según Jan Sejna, un alto burócrata checo, que se pasó a occidente y publicó sus memorias Os enterraremos, escribe:

“A Breznev le gustamucho el vodka, y la cerveza pilsner, que le solíamosenviar a éldirectamente a Moscú. También le gustan la ropa occidental… Cada vezquevenía a Praga, el director de la tienda de nuestroPolitburó – donde la élite podíacomprarbienes de lujo fuera del alcance de los hombres menores – teníaqueira Italia y Alemania Occidental antes de sullegada, para comprarun stock especial para él”.

Lo mismo era cierto en relación a los dirigentes burocráticos de Europa del Este. Escribiendo sobre su propio predecesor, Alexei Cepija, Sejna escribe:

“Tenía una fortuna enorme, por valor de millones de dólares, de la que nunca dio explicaciones, y que gastaba en magníficos lujos – villas, coches, joyería – para él mismo y sus amigos. Su mujer, por ejemplo, tenía 17 abrigos de piel de visón”.

La prensa soviética estaba llena de ejemplos y crímenes económicos. Pero eso era sólo la punta del iceberg. Aparte de los salarios exageradamente inflados, los funcionarios del Partido y del Estado a todos los niveles saqueaban los recursos del Estado. En 1974, Furtseva , la ministra de Cultura, fue cesada por apropiación indebida de bienes del Estado. En julio de 1976, según el Finansy USSR, se hicieron investigaciones en 300 empresas estatales. Estas revelaron que en Belan “ un grupo de ladrones que controlaban los grandes almacenes de la ciudad, dirigidos por antiguos gerentes ” habían robado 116.500 rublos. En Tomsk habían desaparecido 463.000 rublos. En Georgia se descubrieron “ ladrones en cargos de dirección ” . Cuando la policía entró en la casa de un funcionario ” (..) encontraron entre sus propiedades 12 coches, 47 grabadoras y televisores en color y 3.000 botellas de vino y coñac. Tenía tres coches Volga, 23 servicios de comida para 380 comensales, 74 trajes y 149 pares de zapatos. ‘Había escondido algunas cosas para las emergencias’, informó Radio Moscú, ‘incluyendo 735.000 rublos en metálico (100.000 millones de pesetas), 18.300 rublos en bonos al 3 por ciento, 450 monedas de oro y 39 relojes con correa de oro ” .

Y el mismo artículo continúa:

“El viceministro de pesca fue ejecutado en 1982 por su implicación en una estafa por la cual se exportaba caviar de la Unión Soviética en latas de arenque salado (…) Él había tratado con más de 30 casos en los que se habían robado bienes por valor de tres millones de rublos por parte de 100 directores de personal de las tiendas más conocidas de la capital. Declaró que había funcionarios que habían recibido un millón de rublos en sobornos ‘y pagado tres cuartas partes de esta cantidad en sobornos ellos mismos’ (…) Se descubrió que en 156 de 193 compras había habido estafas. Los beneficios se pasaban hacia arriba en la cadena de manera sistemática”. (Financial Times, 2/7/86).

El mismo estilo de vida era compartido por los hijos de Breznev, y por la élite dirigente en general. En 1980, después de la detención de 300 burócratas en el escándalo del “ caviar Sochi ” , la familia de Breznev fue investigada por corrupción. Una enorme cantidad de la riqueza creada por los obreros soviéticos se malgastaba de esta manera. Un burócrata del sector del textil había llegado a acumular la asombrosa cantidad de siete millones de libras esterlinas (1. 050 millones de pesetas), aunque ahora estas cantidades se quedan insignificantes en comparación con los miles de billones robados del Estado por parte de la burguesía naciente. El parasitismo de la burocracia estaba minando las propias bases de la economía planificada. Simultáneamente la abismo entre la burocracia y las masas era cada vez mayor. Se estaba transformando toda la sicología de la clase dominante. Las consecuencias iban a hacerse notar en la fase siguiente.

El Estado bajo Breznev

Cuando Breznev introdujo la nueva constitución de la URSS en 1978, rechazó (al igual que había hecho Stalin) las insinuaciones de que el Estado no se estaba disolviendo. Al contrario, insistió en que “ nuestro Estado se está transformando gradualmente en autogobierno comunista. Esto, por supuesto, es un largo proceso, pero se está desarrollando de manera sostenida. Estamos convencidos que la nueva constitución soviética contribuirá efectivamente a la consecución de este importante logro de la construcción comunista ” . Pero detrás de toda esta retórica no había un Estado en transición hacia el comunismo, sino un enorme aparato burocrático que dominaba todos los aspectos de la vida. Lejos de “ disolverse ” , cada vez era más poderoso y grotesco, no la “ dictadura del proletariado ” , sino la dictadura sobre el proletariado por parte de un enorme aparato burocrático represivo.

Lenin había previsto que, en la medida en que la capacidad productiva de la sociedad aumentaba, y con ella los niveles de vida y culturales de la población, las funciones de la dirección del Estado y la sociedad gradualmente las realizaría la clase obrera de manera rotativa. Así, el Estado quedaría cada vez más absorbido en la sociedad. En lugar de eso, la monstruosidad totalitaria que era el Estado bajo Breznev se fue haciendo cada vez más opresiva, corrupta y divorciada de la masa de la población.

Este hecho no se puede explicar por el “ cerco imperialista ” o por la existencia de “ restos del viejo régimen ” (las excusas habituales de los defensores del estalinismo). El Estado obrero débil y sitiado bajo Lenin y Trotski , invadido por 21 ejércitos de intervención, mantuvo un régimen escrupulosamente democrático que protegía todos los derechos de los trabajadores. A finales de los años 60, la URSS era el segundo país más poderoso del mundo, con una economía moderna y un potente ejército. Sin embargo el régimen no podía permitirse ni siquiera la más mínima concesión a los derechos democráticos. Esto no era consecuencia de la amenaza exterior, sino porque la burocracia estaba en guerra contra su propio pueblo.

En relación a la otra excusa, ¿de qué restos estamos hablando aquí? Medio siglo después de la revolución de octubre hablar de la amenaza de “ restos capitalistas ” era totalmente absurdo. Estas habían desaparecido, en gran medida absorbidas en la propia maquinaria burocrática. ¡En la práctica, los herederos del viejo Estado zarista controlaban Rusia! La experiencia posterior ha demostrado que el auténtico peligro para las conquistas de Octubre no venía de este lado sino precisamente de la casta voraz que había minado la economía planificada a través de su mala administración, robos y estafas, un sector de la cual se esfuerza en convertirse en una nueva clase de opresores capitalistas mafiosos.

Bajo Lenin y Trotski , el atraso extremo y el carácter primitivo del estado y la economía, la intervención imperialista y la amenaza de la contrarrevolución capitalista hacían necesaria una cierta represión contra los enemigos de clase. La propia debilidad del Estado obrero significaba que a veces la lucha tenía que adquirir formas muy duras. Hoy, como parte de la campaña para desprestigiar al bolchevismo, escritores sin escrúpulos exageran esta represión e intentan vincularla a los horrores de las purgas de Stalin. Pero incluso en esas condiciones, se dio un florecimiento sin precedentes de democracia obrera, que sólo fue destruida durante la lucha de Stalin contra la Oposición de Izquierdas, que defendía las ideas de Lenin de democracia e internacionalismo.

En lugar de la democracia y la libertad de la que disfrutó la clase obrera en el período inmediatamente posterior a la Revolución de Octubre, había un sistema de elecciones fraudulentas, en la que todo estaba decidido por arriba de antemano, es decir, por la élite privilegiada dominante. Lenin previó la disolución gradual del Estado desde el inicio del poder obrero. En lugar de eso, se dio un enorme crecimiento de la maquinaria estatal. Esto tenía una base material. Los nuevos “ zares ” protegían celosamente sus privilegios y su botín. Al mismo tiempo que hablaban de “ construir el comunismo ” y del “ nuevo hombre soviético ” , aplastaban todas las formas de disidencia y la libertad de expresión.

La represión estatal adquirió formas nuevas y más refinadas (aunque no por eso menos crueles). Bajo Breznev, el código criminal, ya de por si bastante draconiano, fue endurecido todavía más para combatir la disidencia. La adición de las secciones 193-1 y 193-3 multiplicaban las posibilidades de represión. Las detenciones ya no tenían que estar vinculadas a un intento de subvertir el gobierno soviético. Las manifestaciones (aunque el artículo no utilizaba esta palabra) y la distribución de cualquier forma de material con el objetivo de sabotear el Estado podían ser castigadas con tres años de cárcel y tres años de campo de trabajo, respectivamente.

Esta medida se enfrentó a las protestas, entre otros, del famoso compositor Dimitri Shostakovich, y un grupo de viejos bolcheviques. En vano. Las protestas no obtuvieron respuesta alguna y el decreto quedó confirmado por el Soviet Supremo en diciembre de 1966. En enero de 1967 se llevó a cabo una oleada de arrestos contra escritores disidentes que fueron juzgados en tribunales-farsa y enviados a campos de trabajo. Aquellos que protestaron contra estos juicios perdieron su empleo y fueron perseguidos. A los académicos se les privó de sus graduaciones y títulos.

Se consideraba cada manifestación de pensamiento libre e independiente como sospechosa. No se permitía a los autores publicar nada sin la permiso de las autoridades. Cualquier intento de hacerlo podía ser castigado con largos períodos de encarcelamiento con trabajos forzados (entre cinco y siete años en un campo de régimen severo). La imagen horrorosa que de estos campos nos pinta Anatoly Marchenko en su Testigo, demuestra que aunque en ciertos aspectos, la situación en los campos era mejor que en la época de Stalin, en otros era incluso peor.

Al llegar a un campo, los prisioneros a menudo se encontraban conque se habían alargado sus condenas por algunos años, y al final del período se les informaba de que se habían presentado nuevos cargos y que si se negaban a confesar serían condenados a otros siete o diez años. De esta manera, los prisioneros eran enterrados vivos en los campos, sin ninguna perspectiva de salir con vida.

Mucho peor que eso era la práctica de encarcelar a prisioneros políticos en manicomios. En un intento de evitar críticas en occidente empezaron a enviar a los disidentes a hospitales mentales. Entre otras ventajas, eso significaba que no tenían que ser juzgados. De esta manera se encerraba a gente totalmente sana, simplemente sobre la base de las firmas de dos médicos. ¡Por supuesto cualquiera que se quejase del ‘paraíso socialista’ tenía que estar loco! Entre otros, el ex general Petro Grigorenko y Zhores Medvedev fueron sometidos a este tratamiento inhumano que ensució el nombre del socialismo en todo el mundo. Este fenómeno ya había existido bajo Stalin, pero fue desarrollado y perfeccionado en la era de Breznev, cuando se hizo general. Grigorenko que se pasó años en estos lugares espantosos, recuerda:

Se abrió un nuevo hospital siquiátrico en Sychyovka, en la provincia de Smolensk. Y después otro en Chernyakhovsk. Las cosas se movían muy rápido. A finales de los años 60 y 70 los hospitales siquiátricos especiales brotaron como setas después de la lluvia. Yo sé de más de diez: Kazán, Leningrado, Sychyovka, Chernyakkosvsk, Dnepropetrovsk, Oryol, Sverdlovsk, Blagoveshchensk, Alma-Ata, y un ‘sanatorio siquiátrico especial’ en la zona de Poltava-Kiev. Además, se crearon departamentos para tratamiento forzoso en todos los hospitales siquiátricos provinciales. Así se crearon amplias oportunidades para dispersar a presos políticos mentalmente estables entre una masa de pacientes gravemente enfermos. (Grigorenko, op. cit., pp. 408-9).

Y da un destello de las condiciones de pesadilla en estos agujeros infernales:

Este es el horror de nuestro sistema inhumano de tratamiento forzoso. Una persona cuerda encerrada entre los locos sabe que con el tiempo se puede convertir en uno de los que ve sufriendo a su alrededor. Esto es especialmente espantoso para la gente con mentes sensibles, que sufren de insomnio, que son incapaces de aislarse de los sonidos de un hospital.

El Hospital Siquiátrico Especial está situado en el edificio de una antigua prisión de mujeres, junto a la famosa ‘Kresty’ – la principal prisión para presos políticos de Leningrado¾ . Aquí, al igual que en las prisiones regulares, sólo hay una división normal en los techos de las celdas. El centro del edificio es hueco. Desde el corredor de la primera planta puedes ver el techo de cristal sobre la quinta planta. Los sonidos se intensifican y reverberan a medida que viajan arriba y abajo. Durante los tiempos de Stalin se utilizaba este hecho para llevar a cabo tortura sicológica.

Por suerte yo era capaz de ignorar la mayor parte de lo que pasaba en el hospital. Podía acostumbrarme y no darme cuenta del zapateo incesante sobre mi cabeza durante días enteros, con interrupciones sólo cuando el bailarín de claqué cayó en un estado de insensibilidad total. Lo que no puedo olvidar y que a veces me desvelaba por la noche era un aullido nocturno salvaje, mezclado con el sonido de cristal roto. Durante el sueño evidentemente los nervios no están protegidos de esos estímulos. Sólo me puedo imaginar los sufrimientos de una persona cuyo sistema nervioso capta todo lo que sucede a su alrededor. Un paciente en un Hospital Siquiátrico Especial no tiene ni siquiera los miserables derechos de un preso. No tiene derecho alguno. El doctor puede hacer lo que le parezca y nadie se interpondrá en su camino, nadie le defenderá. Ninguna de sus quejas saldrán nunca del hospital. Sólo le queda una esperanza, la honestidad de los médicos. (Ibid, p. 295).

Algunos médicos eran de hecho honestos, e intentaban proteger a los pacientes de los peores abusos. Pero ya que todo el sistema estaba bajo el control de la KGB, y los principales médicos como el tristemente famoso profesor Lunts , eran de hecho oficiales de la KGB en activo, tales intentos estaban condenados a la impotencia. Toda la concepción del sistema privaba al preso de sus derechos. “ Estaban totalmente a merced del personal de estos ‘hospitales’ ” . (Ibid., p. 407).

Todos estos horrores se dieron en un momento en que el gobierno de la URSS todavía proclamaba que estaba “ construyendo el comunismo ” , es decir, la forma superior de la civilización humana, una sociedad sin clases en la que el Estado se ha disuelto y la necesidad de la coerción ha sido sustituida por una cooperación libre y voluntaria entre los miembros de la sociedad. Los dirigentes de los Partidos Comunistas ahora se rasgan las vestiduras y expresan su crítica tardía ante todos estos horrores de los que parece que ellos eran los únicos que no sabían nada. Pero en ninguna parte se nos da una explicación de cómo podían ocurrir tales monstruosidades bajo el “ socialismo real ” . Así, toda la cuestión queda mistificada y se nos presenta simplemente como acciones arbitrarias por parte de algunos individuos. Pero eso los relega a la categoría de accidentes (es decir, algo que no se puede explicar). Y eso significa que ese tipo de cosas pueden suceder en cualquier sociedad, incluyendo una sociedad socialista. ¡Un buen anuncio para el socialismo! De hecho, un marxista lo puede explicar fácilmente como medidas mediante las cuales la casta dominante trataba de defender su poder y riqueza contra la mayoría de la sociedad. Una vez que se entiende este hecho, no tiene nada de misterioso ni accidental. Simplemente reproduce un esquema de comportamiento que es muy familiar a cualquier estudiante de historia serio que sabe que, utilizando las palabras de Engels, en cualquier sociedad en la que el arte, la ciencia y el gobierno son el monopolio de una minoría, esa minoría utilizará y abusará de su posición en su propio interés.

Los capitalistas son necesarios para el capitalismo. Son “ depositarios de los medios de producción ” . El sistema capitalista no puede funcionar sin beneficio privado – la única fuente del fondo de inversión ¾ . El afán por la plusvalía es por lo tanto la fuerza motriz del sistema. Los obreros lo consideran normal. Un obrero puede exigir una parte mayor de la plusvalía que se deriva de su trabajo, pero nunca se le ocurriría exigir que los empresarios no reciban nada de beneficio. ¿Pero de dónde viene la riqueza material de la burocracia? Todo lo que les corresponde desde un punto de vista económico es lo que Marx llamó el salario de superintendencia. Cualquier cosa que reciban por encima de eso, no lo reciben como agentes productivos, sino como ladrones, gángsters y parásitos.

Por lo tanto, era demasiado peligroso conceder incluso el más básico de los derechos democráticos, ya que el primer punto que se habría planteado hubiera sido el de recortar los privilegios. No obstante desde un punto de vista económico esto hubiera sido absolutamente correcto. Pero desde el punto de vista de casta de la burocracia, era el beso de la muerte. Esta es la auténtica base material del régimen totalitario.

Lejos de simplificarse la administración con la participación cada vez mayor de las masas, se había consolidado una monstruosa maquinaria burocrática, con un ratio de funcionarios en relación a los trabajadores mucho mayor que en cualquier país capitalista. Comparado con ésta, incluso el Estado americano con su enorme complejo militar-industrial se quedaba pequeño. Lejos de ayudar al movimiento hacia el socialismo, esta masa de ministerios, departamentos y subdepartamentos y su enorme montaña de papeleo, directivas y burocracia constituía uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las fuerzas productivas. La política no se determinaba en base a los intereses de la sociedad y la clase obrera sino de los intereses creados de un abultado ejército de funcionarios.

Lo más criminal de todo es que, bajo Breznev, en la Unión Soviética existían las condiciones materiales para por lo menos iniciar el movimiento hacia el socialismo. La división de la sociedad en clases está determinada históricamente por la división del trabajo, por encima de todo, por la división entre el trabajo manual e intelectual. Pero ahora existían las bases para abolir esta división. En 1917, sólo había cuatro millones de obreros en Rusia. En la Unión Soviética en 1980 había 120 millones de obreros. Esta era la mayor clase obrera y probablemente la más educada del mundo.

Sobre la base del desarrollo masivo de la industria, la ciencia y la tecnología, no había ninguna razón por la que no debería de haber el florecimiento más pleno de la democracia obrera. La precondición necesaria para esto era que la dirección de la industria y el Estado estuviera en manos de la clase obrera. Tendría que haber habido plenos derechos para que todos los partidos y tendencias defendieran sus opiniones, incluso para los pocos nostálgicos que quisieran volver al capitalismo. Un régimen de democracia obrera de este tipo hubiera sido la preparación para el inicio del movimiento hacia el socialismo. Pero la precondición necesaria era el derrocamiento de la burocracia, que estaba decidida a mantenerse en el poder por todos los medios a su alcance.

Esta contradicción se hizo cada vez más clara, más obvia y más insoportable , a medida que la Unión Soviética superaba su atraso y desarrollaba una economía moderna. El dominio de la burocracia seguía siendo un obstáculo insuperable que bloqueaba el camino hacia el socialismo. Por eso aumentó el nivel de represión en lugar de disminuir como Lenin había previsto, y como tendría que haber sucedido con la desaparición de las bases materiales para el conflicto social. De hecho, la Unión Soviética se estaba alejando cada vez más del socialismo, las diferencias crecían cada vez más, los antagonismos sociales se agudizaban, el dominio de la burocracia era cada vez más intolerable. El Estado totalitario era sólo la manifestación más palpable de este hecho, no su causa.

Arte y ciencia

Estoy sorprendido de que estéis sorprendidos de que un poeta hable contra la burocracia porque las palabras poeta y burócrata son mutuamente excluyentes. (Yevgeny Yevtushenko).

La Revolución de Octubre tuvo una influencia tremendamente liberadora sobre el arte y la cultura. Una nueva generación de artistas, poetas y músicos fueron inspirados por la revolución. Pero esta inspiración no sobrevivió al reflujo de la revolución y la atmósfera sofocante de represión artística y espiritual que acompañó al régimen estalinista. El arte y la ciencia, más que ninguna otra esfera de la vida social, necesitan libertad para estirar sus alas. Florecen en un atmósfera de pensamiento, discusión y controversia libres. Pero se marchitarán bajo la mano muerta del conformismo, la rutina y la rigidez burocrática.

La actitud estalinista hacia el arte no se puede separar del modelo de funcionamiento del Estado totalitario en general. Esto se aplica tanto al fascismo como al estalinismo, aunque la base socioeconómica de ambos es totalmente diferente. Sin duda alguna, una caricatura burocrática del marxismo es preferible al veneno del racismo, de la raza superior y la esencia destilada del imperialismo que forma la base de la ideología fascista, de la misma manera que el régimen de nacionalización y planificación es preferible al dominio de los bancos y los monopolios. Sin embargo, en su trato del arte y la ciencia, hay similitudes claras que no son accidentales. Un Estado totalitario no puede aceptar ningún área de la vida social que no controle totalmente. Hitler no sólo prohibió los partidos comunista y socialista y los sindicatos, sino que incluso cerró los clubes de ajedrez de los obreros.

La burocracia estalinista mantuvo a los artistas y escritores bajo el control más estricto ya que, ante la ausencia de partidos y sindicatos, la oposición de los obreros e intelectuales se podía expresar de otra manera. La literatura era especialmente peligrosa. Pero las artes pictóricas e incluso la música, también se podían utilizar para fines subversivos. De ahí el celo con el que los mercenarios a sueldo del Estado en la dirección de los “ Sindicatos ” de escritores y músicos perseguían todas y cada una de las desviaciones de las normas oficialmente aprobadas del “ realismo socialista ” . Sólo hay que comparar el caldero hirviendo de vida artística en los años 20, con sus múltiples y variopintas escuelas de pensamiento y estilo: futurismo, acmeísmo , simbolismo, imaginismo, constructivismo, y muchos otros “ ismos ” , con el conformismo desalmado de décadas posteriores, con esta atmósfera sofocante, para ver qué gran oportunidad se había perdido.

El gran poeta ruso Vladimir Mayakovsky fue uno de los pocos escritores conocidos que simpatizaba activamente con los bolcheviques desde antes de la Revolución (Gorki era otro). Mientras que otros poetas famosos, como Serguei Yesenin y Alexander Blok simpatizaban con la revolución como compañeros de viaje (el término fue inventado por Trotski en los años 20), Mayakovsky se identificaba con ella de alma y corazón, y esto se reflejaba en su poesía, que le valió el apodo de “ tamborilero de la revolución ” . Años más tarde, sus poesías y obras de teatro contenían punzantes ataques satíricos contra la burocracia soviética. En 1930 se suicidó, casi seguramente como forma de protesta contra el deslizamiento hacia la reacción burocrática.

Muchos otros no se quitaron la vida pero fueron barridos por las purgas y perecieron en los campos de Stalin. Este fue el destino de otro gran poeta ruso, Osip Mandelshtam . Desde 1932 en adelante, el régimen exigió una sumisión completa de escritores y artistas. Boris Pasternak dejó de escribir por un período de diez años. Durante la guerra publicó algo de poesía, pero volvió a caer en el silencio en protesta contra las purgas de Zhdanov y no escribió nada más hasta la publicación de Doctor Zivago que recibió el premio Nobel en Suecia, y fue inmediatamente prohibido en Rusia.

En el campo de la música, grandes compositores soviéticos, como Shostakovich y Prokofiev fueron humillados en público y sus obras denunciadas por funcionarios ignorantes como Zhdanov, el equivalente de Vyshinsky en el mundo de la cultura. Al igual que en los juicios de las purgas, se vieron obligados a confesar ritualmente. Incluso entonces, algunas de sus mejores obras fueron prohibidas. Este fue el destino de la ópera de Shostakovich, Lady Macbeth de Mtsensk, y de la sexta sinfonía de Prokofiev , ambas prohibidas por Stalin y no interpretadas en la Unión Soviética hasta al cabo de muchos años.

Bajo Stalin, la ciencia estaba en manos de la burocracia que decidía qué teorías eran aceptables para la élite dominante y cuáles eran anatemas. Así, en el terreno de la genética, la investigación soviética quedó atrasada durante años debido a la aceptación de las falsas teorías de Lysenko que estaba protegido por Stalin. En el terreno de la lingüística existía una situación similar, donde se impusieron durante años las falsas teorías de Marr a todos los estudiosos, hasta que el Jefe , poco antes de morir, intervino por sorpresa en el terreno de la lingüística, imponiendo un giro de 180 grados de la noche a la mañana.

La situación fue todavía peor en una ciencia clave como la cibernética que fue denunciada como un absurdo reaccionario burgués y prácticamente prohibida. Este paso, por sí sólo retrasó las investigaciones en un campo tan vital como los ordenadores durante muchos años. Lo mismo, por razones poco claras, pasó en la física con la teoría de la resonancia. También se admiraba a Einstein con suspicacia, aunque en general los físicos salieron bien parados, ya que Stalin estaba ansioso por conseguir la bomba atómica lo antes posible. Sólo las matemáticas puras parecían tener carta blanca, ¡posiblemente porque los burócratas eran incapaces de entenderlas en absoluto! Los que se atrevían a protestar eran marginados, ignorados a la hora de los ascensos o incluso detenidos. En un clima de este tipo, nadie se atrevía a dar un paso sin antes mirar por encima del hombro. Este tipo de atmósfera no es exactamente la más apropiada para animar un modo de pensamiento audaz e innovador que produce grandes avances científicos. Si a esto añadimos el hecho de que los científicos soviéticos estaban en gran medida aislados de la mayoría de corrientes avanzadas del pensamiento científico a nivel mundial, excepto por la lectura de los resúmenes que se les proporcionaba, tenemos una imagen poco halagüeña. Esto explica porqué , a pesar de la gran cantidad de buenos científicos que había, eran incapaces de conseguir los mismos resultados que en occidente. La libertad de crítica, de experimentación, de cometer errores, es esencial para el progreso de la ciencia.

La misma situación existía en la filosofía. Dice mucho de la incapacidad del régimen estalinista el que en setenta años no se produjo en la Unión Soviética ni un sólo trabajo original en el terreno de la filosofía o la economía marxista. Con todos los recursos de un subcontinente a su disposición no fueron capaces de igualar los logros de un sólo hombre sentado en la sala de lectura del Museo Británico. Esto por sí sólo es suficiente comentario del llamado Marxismo-Leninismo del régimen estalinista. No es extraño que los dogmas rígidos y sin vida que se hizo tragar a generaciones de estudiantes bajo este título provocaran rechazo y sólo sirvieran para desacreditar las ideas del marxismo ante los ojos de una gran cantidad de intelectuales y jóvenes serios.

No es por casualidad que los primeros movimientos de la revuelta contra la burocracia en Europa del Este se dieran entre los intelectuales. La intelectualidad no es capaz de jugar un papel independiente en la sociedad, pero es un barómetro extremadamente sensible que puede reflejar muy rápidamente las tensiones que se están acumulando en las profundidades de la sociedad. Esto a veces da lugar a la ilusión de que los estudiantes pueden provocar el movimiento revolucionario, cuando en realidad simplemente actúan como la chispa que enciende el material combustible acumulado en el período anterior. Esto fue lo que sucedió en Francia en 1968, y también con el Círculo Torcido en Polonia y el Círculo Pëtofi en Hungría en 1956.

Este fermento entre los intelectuales también existía en la Unión Soviética. Desde la muerte de Stalin, un sector de los escritores soviéticos, de manera cautelosa al principio, empezaron a afirmar sus derechos contra la mano paralizante de la censura oficial. La literatura oficial soviética se estaba muriendo. La poetisa Vera Inber declaró con gran valentía que nadie leía la poesía soviética y que nadie la leería mientras fuese sobre la “ misma vieja presa, y la misma pala excavadora de vapor ” . En una obra de teatro publicada durante el llamado deshielo, el dramaturgo Zorin describe el conflicto entre un viejo revolucionario veterano, Kirpichev, y su hijo, el carrerista y burócrata del partido, Pyotr:

‘El país se ha fortalecido’, dice el viejo Kirpichev, ‘y la gente es más rica. Pero junto a los trabajadores voluntariosos y los burros de carga han aparecido, imperceptiblemente, pero ahora en gran número, gente como tú: aristócratas de cuello blanco, avariciosos y engreídos, alejados del pueblo’.

(…) ‘yo simplemente trabajé al lado de los grandes trabajadores de nuestras tierras’, exclama el viejo Kirpichev. ‘Trabajé. Y no conocí el sabor del poder. Pero tú has conocido su sabor desde la infancia; y te ha envenenado’. (Citado en Edward Crankshaw, op. cit., p. 108).

La obra de Zorin fue demasiado para las autoridades. El Sovietskaya Kultura protestó:

Sólo alguien completamente ignorante de los hechos de la vida, y cerrando intencionadamente los ojos ante lo que pasa cada día ante nosotros, podría decir tales absurdos perniciosos. ¿Quién no conoce que el objetivo y el contenido de toda la actividad de los organismos soviéticos – ministerios, departamentos y todo lo demás¾ es la preocupación diaria por los intereses vitales de la clase trabajadora, y que la misma palabra ‘poder’ se ha convertido aquí, debido a esto, en algo lustroso, de lo que nos enorgullecemos, la personificación de las más altas esperanzas y aspiraciones de cualquier hombre y mujer soviéticos, y que nuestro pueblo considera su poder popular con confianza y cariño y amor filial inquebrantable?

No era suficiente que el artista o el escritor aceptase el Estado totalitario. Había que mirarlo con “ confianza inquebrantable ” y “ cariño y amor filial ” . En otras palabras, se exigía al artista que se prostituyese, que cantase alabanzas al Estado y a la burocracia, y además, que lo hiciese sinceramente, de todo corazón, o si no sería condenado como traidor que se dedicaba a “ absurdos perniciosos ” . ¿Acaso puede sorprendernos que un régimen de este tipo alienase a los mejores intelectuales y artistas? Los llamados “ Sindicatos ” de escritores, compositores y artistas no eran más que brazos auxiliares de la policía, dirigidos por gente de confianza y agentes de la burocracia, como el viejo estalinista Fadeyev, presidente del Sindicato de Escritores.

Zorin cayó en desgracia, y en el verano de 1954, todas las principales revistas literarias fueron severamente censuradas y los editores de tres de ellas cesados. La reacción del régimen no estaba dictada por consideraciones literarias. Tenían miedo que la oposición de los intelectuales pudiera convertirse en un punto de referencia para el descontento acumulado de las masas. Y tenían razón. La aparición de la novela de Dudintev No sólo de pan, provocó una nueva oleada de críticas y oposición entre la juventud que se extendió a las fábricas:

Las autoridades estaban alarmadas. En toda Rusia estudiantes de universidad y escuelas técnicas lanzaban periódicos murales y manifiestos fotocopiados expresando y exigiendo rebelión, no contra el propio régimen soviético, sino contra la corrupción el filisteísmo, y las convenciones monótonas y opresivas del establishment. Cuando este estado de ánimo empezó a extenderse a las fábricas, cuando en los cuarteles de marina de Krondstadt y Vladivostok empezaron a aparecer periódicos murales y los agitadores oficiales empezaron a ser abucheados en asambleas de fábrica, la situación era claramente grave. (Crankshaw, op. cit., pp. 115-6).

El joven poeta Yevgenii Yevtushenko era hostil a la burocracia, pero siempre defendió la revolución. En octubre de 1956, se atrevió a publicar unos versos en los que cuestionaba la campaña de desestalinización:

Ciertamente ha habido cambios; pero detrás de los discursos
Se está jugando algún juego lóbrego.
Todos hablamos y hablamos sobre cosas que no mencionábamos ayer;
No decimos nada de las cosas que nosotros mismos hicimos.

Yevtushenko fue expulsado del Kómsomol (la Unión de Juventudes Comunistas) en 1957, cuando el gobierno reprimió a los estudiantes que simpatizaban con la Revolución Húngara. Con gran valentía devolvió el golpe con un poema que de alguna manera vio la luz en Novy Mir:

Qué terrible nunca aprender
Arrogarse el derecho de juzgar a otros
Acusar a jóvenes puros de corazón, rebeldes
De objetivos impuros.
No hay virtud en el fanatismo de la sospecha.
Jueces ciegos no sirven al pueblo.

Juicios a escritores

Años más tarde, en 1988, Yevtushenko hizo un valiente discurso contra la burocracia en el Sindicato de Escritores, citado al principio del capítulo anterior, en el que denunció los privilegios de la élite del Partido. Bajo Breznev, la situación de artistas y escritores empeoró de manera continua. Por lo menos bajo Kruschev, la campaña de “ desestalinización ” dejaba la ventana de la expresión artística medio abierta. Pero por motivos que ya hemos explicado, un régimen totalitario no puede tolerar la más mínima concesión a la libertad de expresión. Los experimentos de Kruschev demostraron a la casta dominante que éste era un terreno peligroso. Se cerró de golpe la ventana. Una serie de tristemente famosos juicios contra escritores como Sinyavsky y Daniel fueron una sombría advertencia al conjunto de la comunidad artística para que no se saliera de la línea. Una vez más se vieron obligados a apretar los dientes o mantener la cabeza gacha – o cargar con las consecuencias ¾ . El resultado de esta persecución fue empujar a un sector de los artistas e intelectuales a actitudes antisoviéticas, minando todavía más el sistema.

De manera escandalosa, los lacayos del partido intentaron atribuir a Lenin la doctrina de que los escritores sólo podían plantear ideas que reflejasen la “ Línea General ” . Esto era falso de principio a fin. Incluso una mirada superficial a los artículos de Lenin demuestra que han sido sacados completamente fuera de contexto. Lenin se refería a la prensa del partido, que es totalmente diferente a la literatura en general. Un partido es una unión voluntaria. A nadie se le obliga a afiliarse. Pero es razonable esperar que los artículos publicados en la prensa pública del partido reflejen en general las ideas de este. Pero Lenin nunca soñó en aplicar este principio al Estado.

De hecho Lenin, absorbido por otras tareas, escribió muy poco sobre arte y literatura. Sus gustos literarios eran en general un tanto conservadores, inclinándose principalmente hacia los clásicos. Por ejemplo, no le gustaba la poesía de Mayakovsky, que era demasiado moderna para su gusto. En una ocasión, después de la revolución cuando había una gran escasez de papel, estaba escandalizado al descubrir que los versos de Mayakovsky iban a publicarse con una gran tirada, pero nunca se le ocurrió utilizar su influencia personal para impedirlo. Bajo Lenin y Trotski , los escritores gozaban de la más amplia libertad de trabajo y experimentación. Esto explica el extraordinario florecimiento del arte y la literatura en el primer período del poder soviético.

El totalitarismo de Stalin tuvo un efecto funesto sobre el arte y la literatura. Consiguió empujar a un sector de la intelectualidad en manos de la reacción pro-capitalista . La reivindicación de “ libertad ” tocó una cuerda sensible. Pero el movimiento hacia la economía de mercado ha significado que el mundo de la cultura rusa ha pasado de la sartén al fuego. En el mundo de la jungla, la cultura no tiene lugar. Los estafadores, los mafiosos y los mercaderes del enriquecimiento rápido no son menos filisteos que los viejos burócratas. El recorte salvaje del gasto público en educación y cultura ha adquirido el carácter de vandalismo abierto. Los efectos han sido inmediatos y predecibles.

El paro y la pobreza afecta a la intelectualidad al igual que a los obreros. Instituciones nacionales como el teatro Bolshoi han visto como sus estándares artísticos se desplomaban. Jóvenes músicos prometedores se han visto obligados a emigrar al extranjero para encontrar un sustento en orquestas provinciales de segundo rango en España e Irlanda. Incluso es posible ver profesores de conservatorios ucranianos tocando por unos pocos francos en las calles de París. En lugar de las viejas cadenas, el mundo de la cultura se encuentra atado rápidamente con otras nuevas. Pues resulta igual de fácil esclavizar, oprimir y silenciar a los individuos utilizando el monopolio de la riqueza como lo es hacerlo a través del control del Estado. No es más que el cambio de una esclavitud por otra. Eso es todo.

Mientras tanto, una nueva generación de trepadores y mafiosos culturales satisfacen los gustos de los capitalistas y los nuevos ricos. Algunos se han convertido en millonarios, como el escultor georgiano Zural Tseretelli que por razones oscuras parece tener el monopolio de los contratos de esculturas monumentales en plazas públicas de Moscú. Su trabajo es de tan dudoso valor que los responsables de un parque decidieron esconderlo calladamente en un rincón donde nadie lo pudiera ver. Tseretelli ahora vive en lo que era la embajada alemana. Por este camino no hay ningún futuro real para el arte, la ciencia y la literatura. Sólo un auténtico régimen de democracia socialista ofrece un terreno fértil para el libre florecimiento de la cultura. Trotski definió una vez el socialismo como “ las relaciones humanas sin avaricia, la amistad sin envidia ni intrigas, el amor sin cálculo ” . La lucha por semejante sociedad es un objetivo digno para hombres y mujeres que han dedicado sus vidas a la búsqueda de la armonía, la verdad y la belleza.

Trotski , a diferencia de Lenin, escribió bastante sobre arte y literatura. De alguna manera encontró tiempo para participar en los vivos debates entre las diferentes escuelas de literatura en los años 20. Sus escritos, que defienden una actitud marxista, de clase, hacia el arte, aparecieron bajo el título Literatura y Revolución. Pero al mismo tiempo que expresaba sus opiniones sobre cada escuela desde un punto de vista marxista, nunca intentó imponer sus puntos de vista, o los del Partido Bolchevique sobre los artistas, ni mucho menos exigir de ellos “ amor filial ” y “ confianza inquebrantable ” . El amor y la confianza se tienen que ganar, no se pueden exigir o imponer.

Años más tarde, cuando Trotski estaba en el exilio en México tratando de reagrupar las fuerzas del bolchevismo-leninismo, no olvidó a la intelectualidad creativa. En una carta fechada el 1 de junio de 1938, escribió lo siguiente:

La dictadura de la burocracia reaccionaria ha asfixiado y prostituido la actividad intelectual de toda una generación. Es imposible observar sin repugnancia física las reproducciones de pinturas y esculturas soviéticas, en las que funcionarios armados de pinceles, bajo la vigilancia de funcionarios armados con rifles, glorifican a sus jefes como a “grandes” hombres y “genios”, cuando en realidad no poseen el menor brillo de genialidad o grandeza. El arte de la época estalinista pasará a la historia como la expresión más espectacular del más profundo retroceso que la revolución proletaria haya sufrido jamás.

Tan sólo un nuevo auge del movimiento revolucionario puede enriquecer el arte con nuevas perspectivas y posibilidades. La Cuarta Internacional, obviamente, no puede tomar la tarea de dirigir el arte, es decir, dar órdenes o prescribir métodos. Tal actitud hacia el arte sólo puede caber en las mentes de los burócratas de Moscú, embriagados de omnipotencia. El arte y la ciencia no encuentran su esencia fundamental a través de patrones; el arte, por su propia naturaleza, los rechaza. La actividad creativa revolucionaria tiene sus propias leyes internas aun cuando conscientemente sirve al desarrollo social. El arte revolucionario es incompatible con la falsedad, la hipocresía y el espíritu de servilismo. Poetas, artistas, escultores y músicos encontrarán por sí mismos su camino y sus métodos, si el movimiento revolucionario de masas disipa las nubes de escepticismo y pesimismo que oscurecen hoy el horizonte de la humanidad. La nueva generación de creadores debe estar convencida de que el rostro de las anteriores internacionales representa el pasado de la humanidad y no su futuro”.(Trotski, Escritos 1937-38, pág. 512.)

 


VII. El significado de la perestroika

Freno absoluto

La burocracia se imaginaba que iba a durar, como el zarismo, mil años. Sin embargo, en un periodo muy corto de tiempo, todos sus sueños se redujeron a cenizas. En sólo dos generaciones y media, agotó completamente cualquier papel progresista que pudiera haber jugado en el pasado. De ser un freno relativo al desarrollo de la sociedad, se convirtió en un freno absoluto. Así, lo que empezaba a parecer un orden de cosas fijo y permanente quedó al descubierto como lo que siempre había sido: una aberración histórica temporal condenada a desaparecer del mapa. A finales de los años 70 su suerte ya estaba echada.

Tomemos simplemente el siguiente ejemplo de un sector clave de la economía soviética. Los viejos yacimientos petrolíferos y de gas se estaban agotando, pero la URSS tenía recursos casi ilimitados sólo en Siberia occidental, que no era capaz de desarrollar. ¿Por qué? En un solo año (1983), el 20% de los pozos de petróleo soviéticos (2.000 más de los que se esperaba) estaban fuera de funcionamiento por falta de reparaciones, ineptitud en la gestión o escasez de mano de obra. ¿Por qué había escasez de mano de obra para trabajar en la industria petrolífera? La planificación burocrática lo concentraba todo en la producción, pero a menudo prestaba poca atención a la vivienda y el ocio de los obreros. En general se le daba poca importancia a esas cosas. Dado que el petróleo y el carbón rusos a menudo se encuentran en las regiones más remotas e inhóspitas, no es sorprendente que muchos obreros no quisieran ir. A pesar de los altos salarios había una elevada tasa de rotación de la mano de obra.

En las últimas décadas, la camarilla dominante intentó todo tipo de combinaciones (descentralización, recentralización, Re descentralización, …), pero sin resultados. Algunos, como Isaac Deutscher, se imaginaban que la burocracia iba a reformarse hasta su desaparición. ¡Vana esperanza! La casta dominante privilegiada estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por la clase obrera, ¡excepto bajarse de sus espaldas! Una economía moderna que producía un millón de productos diferentes al año no podía organizarse adecuadamente sin el control y la participación consciente de la mayoría de la sociedad. Pero la introducción de un régimen de democracia obrera hubiera significado el fin inmediato del poder y los privilegios de la burocracia, cosa que no podían aceptar.

Hace más de treinta años, explicamos que cada año se despilfarraba entre el 30 y el 50% de la riqueza producida por los obreros soviéticos debido a la mala gestión, el robo y la corrupción. A mediados de los años 70, como hemos visto, la tasa de crecimiento económico había sido menor a la de la mayoría de las principales potencias capitalistas en el periodo de auge económico mundial, o incluso en algunos años de declive. En 1979, el PIB creció un 0,9%; en 1980, un 1,5%; y en 1981 y 1982, un 2,5%. La burocracia actuaba como un freno gigantesco sobre la economía, que se había estado ralentizando durante décadas aplastada por el peso muerto del parasitismo, el caos y el sabotaje abierto.

La corrupción y el crimen desenfrenados representaban un cáncer que recorría el cuerpo de la economía soviética de pies a cabeza. El saqueo desvergonzado del Estado por parte de la burocracia estaba bien documentado, y en la prensa soviética aparecían numerosos ejemplos. En 1984, el director del Gastronom nº1, una tienda de comida de alta calidad en el centro de Moscú, fue fusilado por corrupción. Cuando la policía cavó en su jardín, se encontró con fajos de rublos podridos que no había tenido tiempo de gastar. A finales de los años 70 las cosas habían llegado tan lejos que había un mercado negro no sólo de pantalones vaqueros y bolígrafos de punta fina, sino de acero, petróleo y carbón. En Occidente esto se conocía como el “mercado paralelo”. ¡Y pobre del director que tratase de ignorarlo! En la prensa soviética se informó del caso de un director de unos grandes almacenes, un miembro modélico del Kómsomol, que anunció a su personal el primer día que no toleraría ningún robo, corrupción o blat* y que sólo se iban a pagar los precios oficiales estatales por los suministros. En una semana los almacenes estaban en la bancarrota, no se entregaban productos y las estanterías estaban vacías. El director sacó la conclusión necesaria y pasó por el aro. Había millones de ejemplos de este tipo.

A principios de los años 80 la sociedad soviética había entrado en un callejón sin salida. El sistema burocrático en su conjunto estaba en el filo de la navaja. Las contradicciones entre la base económica de la Unión Soviética y el papel de su dirección burocrática habían llegado a un punto extremo no sólo en las relaciones sociales, sino también en el desarrollo de la industria. La burocracia dominante estaba dividida en varios sectores con relación al camino a seguir. El movimiento de masas de los obreros polacos alrededor de Solidaridad en 1980-81, con su claro potencial revolucionario, fue una advertencia de los procesos que se podían dar en Rusia si no se tomaban medidas. Incluso el envejecido Breznev, con la esperanza de disipar el descontento que se estaba empezando a acumular, se vio obligado a criticar a los llamados dirigentes sindicales soviéticos por no “representar” los intereses de sus obreros. La élite dominante estaba claramente preocupada.

El carácter esclerótico del sistema quedaba gráficamente reflejado en una dirección geriátrica que se había convertido en motivo de chistes. Los médicos y especialistas del Kremlin mantuvieron vivo a Breznev cuando ya era claramente un cadáver andante. Esto no era por casualidad. La élite dominante estaba profundamente dividida y preocupada por el futuro y temía que la muerte de Breznev abriese las compuertas. Cuando finalmente pasó a mejor vida, en primer lugar apostaron por otro anciano, Konstantin Chernenko, como candidato de compromiso. Pero les falló muriéndose enseguida. Yuri Andropov parecía ser una figura de más peso, por su pasado en la KGB. Paradójicamente esto significaba que estaba más en contacto con la realidad, ya que en un Estado totalitario la policía secreta es casi la única que está bien informada. Es probable que se diese cuenta de lo peligrosa que era la situación y estuviese planeando algún tipo de reforma por arriba, pero también murió súbitamente, dejando la sucesión abierta a su protegido más joven, Mijail Gorbachov.

Este representante consumado de la élite dirigente estaba bastante dispuesto a asestar golpes a la sección de la burocracia en la que se apoyaba para preservar el poder, las prebendas y el prestigio de la casta dirigente en su conjunto. De la misma manera, durante más de un siglo, el zarismo ruso frecuentemente trató de mantenerse mediante reformas administrativas, como la emancipación de los siervos en 1861. El régimen zarista hacía equilibrios entre las diferentes clases, en algunos momentos atacando los intereses de sectores de la aristocracia, e incluso trató en ocasiones de apoyarse en el “pueblo” para hacerlo.

La elección de Gorbachov como secretario del Partido en 1985 resultó ser un punto de inflexión. Los discursos de Gorbachov en el 27º Congreso del Partido Comunista y el de enero de 1987 ante el pleno del Comité Central marcaron una nueva etapa del proceso. Los discursos de dirigentes del Kremlin atacando la corrupción, el despilfarro y la ineficacia no eran nada nuevos, pero las reformas de Gorbachov fueron mucho más lejos que ninguna otra en las tres décadas anteriores. Hizo un llamamiento a aflojar el control burocrático sobre la economía y la sociedad rusa en general y defendió la necesidad de una mayor “democracia”, la elección con ciertas condiciones de los directores de las fábricas, elecciones en el Partido Comunista y otras reformas por el estilo. Estos intentos de reformar el sistema estalinista eran vistos como necesarios para flexibilizar la economía. Este proceso tuvo lugar bajo la bandera de la glasnost y la perestroika.

Estas propuestas no tenían nada que ver con una auténtica democracia obrera, que es incompatible con el sistema burocrático, sino que tenían sólo el objetivo de eliminar los peores cuellos de botella de la estancada economía soviética. La crisis de la economía soviética y las divisiones en la burocracia que estas medidas de “reforma” representaban eran síntomas del proceso turbulento que se estaba dando en la Unión Soviética. En su campaña para reformar el sistema, Gorbachov levantó parcialmente la tapa de una olla hirviendo de corrupción, crimen y descontento en todas las repúblicas de la URSS. Gorbachov se dio cuenta de que la situación no podía continuar sin el peligro de provocar una explosión social. En la prensa soviética se daban miles de ejemplos de corrupción.

En su informe al 27º Congreso del Partido, Gorbachov se vanagloriaba, con razón, de que en los últimos 25 años

“los activos fijos de producción de nuestra economía han aumentado en siete veces. Se han construido miles de fábricas y se han creado nuevas industrias. El ingreso nacional ha aumentado casi en un 300%, la producción industrial en un 400% y la agricultura en un 70%. Antes de la guerra y en los primeros años de la posguerra, el nivel de la economía de los EEUU nos parecía difícil de alcanzar, pero en realidad ha sido en los años 70 cuando nos hemos acercado sustancialmente a éste en términos de nuestro potencial científico, técnico y económico e incluso lo ha sobrepasado en el volumen de producción de ciertos productos clave. Estos logros son el resultado de un esfuerzo tremendo de nuestro pueblo. Y nos han permitido mejorar considerablemente el bienestar de los ciudadanos soviéticos…”.

Sin embargo, Gorbachov se vio obligado a reconocer:

“Al mismo tiempo, las dificultades empezaron a acumularse en la economía en los años 70, con un declive visible de las tasas de crecimiento. Como resultado, los objetivos de crecimiento económico fijados en el programa del PCUS e incluso los objetivos rebajados de los 9º y 10º planes quinquenales no se alcanzaron. Tampoco fuimos capaces de poner en práctica plenamente el programa social previsto para este periodo, lo que provocó el retraso de la ciencia, la educación, la protección sanitaria, la cultura y los servicios cotidianos (…) la economía, con enormes recursos a su disposición, sufría de escasez. Apareció un diferencial entre las necesidades de la sociedad y los niveles de producción alcanzados, entre la demanda efectiva y el suministro de bienes”.

Gorbachov también puso al descubierto el despilfarro burocrático crónico en el sector agrícola:

“La fuente más inmediata para aumentar las reservas de comida es la reducción de las pérdidas de cosecha y ganado durante la recolección, el transporte, el almacenamiento y el procesamiento. El potencial en este sentido no es pequeño; añadiría a los recursos para el consumo cantidades que podrían llegar a alcanzar un 20% o más, y en el caso de algunos productos, el 30%. Además, eliminando las pérdidas, el coste sólo sería de entre un tercio y la mitad del de aumentar el mismo nivel de producción”.

Y concluía:

“Hoy, la tarea principal del partido y de todo el pueblo es darle la vuelta de manera decidida a las tendencias desfavorables en el desarrollo de la economía, impartirle el dinamismo necesario y dar margen a la iniciativa y la creatividad de las masas, al cambio verdaderamente revolucionario”.

En un intento de apoyarse en los trabajadores, lanzó ataques demagógicos contra la burocracia:

Debido a la negligencia en el control y a toda una serie de razones adicionales(?), han aparecido grupos de gente con una mentalidad propietaria diferenciada(?) y una actitud desdeñosa hacia la sociedad. Los trabajadores han planteado legítimamente la cuestión de acabar con ese tipo de cosas. Se considera necesario en el futuro inmediato llevar a cabo medidas adicionales contra estos parásitos, saqueadores de la propiedad socialista, los que aceptan sobornos y todos aquellos que se embarcan en un camino ajeno a nuestro sistema, orientado hacia el trabajo.

Y de nuevo:

Estamos exasperados con razón por todo tipo de deficiencias y por los responsables de ellas (…) escritores mercenarios y ociosos, ladrones y escritores de cartas anónimas, burócratas mezquinos y los que se dejan sobornar” (1). Se reconoció que los dirigentes del partido habían “perdido contacto con la vida” y que potenciaban la “adulación servil (…) y las loas desenfrenadas hacia la gente con rango” (2).

De manera cautelosa, moviéndose desde arriba, Gorbachov potenció cierta cuota de crítica, pero siempre dentro de los límites establecidos. La prensa soviética estaba llena de los ejemplos más escandalosos de rapacidad de estos gángsters, con sus salarios inflados, limosinas oficiales y cuentas de gastos sin control. La prensa de los partidos comunistas extranjeros reproducía estas historias servilmente sin ningún comentario. La misma gente que durante décadas había justificado todos los crímenes de Stalin, hablando de las “maravillas del socialismo” en la URSS, ahora afirmaba precisamente lo contrario sin ni siquiera pestañear.

Gorbachov y Stalin

En general no se recuerda que el propio Stalin trató de apoyarse en las masas para asestar golpes a la burocracia. Durante el periodo de los dos primeros planes quinquenales, Stalin se vio obligado a recortar la codicia de la burocracia, que tendía a devorar una parte excesiva de la plusvalía producida por la clase obrera. Introduciendo el voto secreto, Stalin intentaba apoyarse en las masas para intimidar al funcionariado al que él representaba. Hubo un simulacro de parlamento burgués, pero con un solo partido era en realidad una farsa. Incluso si hubiera habido más de un candidato, sólo se hubiera permitido ganar a los candidatos supervisados y aceptados por el partido. Sin embargo, Stalin no se atrevió a introducir sus reformas en la práctica. La Revolución Española le hizo retroceder reformistas y lanzar las purgas, como hemos visto. La única vía que quedaba para mantener algún tipo de control sobre la avaricia de los funcionarios era la represión policial y el terror. Pero esto engendra una corrupción nueva e incluso más monstruosa, disloca y desorganiza la sociedad y representa un movimiento de alejamiento del socialismo, no de acercamiento a él.

Trotski explicó cómo la constitución de Stalin, que en el papel parecía muy democrática, tenía como fin ser un látigo para la burocracia. El dominio bonapartista implica, entre otras cosas, balancearse entre diferentes grupos y clases – entre los obreros, los campesinos y los propios burócratas – enfrentando a unos sectores con otros. De la misma manera, Gorbachov se vio obligado a apoyarse en la clase obrera para asestar golpes contra el sector de la casta burocrática que se había enriquecido enormemente gracias a su control parasitario sobre la economía y el Estado. Gorbachov quería introducir reformas controladas desde arriba, pero eso, como predijimos en aquel momento, era imposible. Tan pronto como se aflojó el control de la burocracia, se desataron todo tipo de fuerzas encerradas.

Mientras que en los años 30 la clase obrera representaba un 20% de la sociedad rusa, a mediados de los 70 se acercaba al 70%. Rusia ya no era un país atrasado, sino una economía sofisticada con la mayor clase obrera del mundo. Estas reformas, a pesar del carácter limitado de los objetivos de Gorbachov, podían desencadenar una acción independiente por parte de las masas de la clase obrera rusa. En cuanto los trabajadores consiguieran un cierto control, inevitablemente se orientarían hacia la democracia obrera: ¿por qué los directores reciben más del salario que les corresponde? ¿Por qué la burocracia tiene que tener sus prebendas, casas de campo, coches especiales, tiendas de comida especiales, etc., que sólo pueden utilizar los burócratas del partido y el Estado?

Un hombre que monte a lomos de un tigre se dará cuenta que es difícil bajarse. Una vez embarcado en el camino de las llamadas reformas, Gorbachov se dio cuenta que era imposible darle la vuelta al proceso que él mismo había iniciado. Al igual que Stalin, Gorbachov tomó medidas contra los burócratas inferiores y medios, e incluso algunos de los burócratas superiores, como cabezas de turco de los pecados de todo el sistema. Así, en sus primeros once meses, Gorbachov purgó a 46 de los 156 miembros de la jerarquía regional del partido.

En el fondo, las reformas tenían como objetivo aumentar la productividad del trabajo a través de la eficacia de los costes. Con una mezcla de palo y zanahoria (disciplina e incentivos), el régimen esperaba conseguir que los obreros soviéticos produjeran más. Al mismo tiempo que trataba de apoyarse en la clase obrera, Gorbachov también trató de revivir el viejo método estalinista del estajanovismo, que recibió el nombre de un minero que supuestamente producía cien toneladas de carbón por turno (¡seis veces más de lo normal!). Esto era una versión extrema de lo que se había llamado taylorismo en los EE. UU. – salarios según resultados, lo que implicaba una explotación extrema. En la época de Stalin esto llevó a la formación de una élite especial de obreros de choque (udarniki), responsables de fijar las pautas de producción a niveles anormalmente altos.

Trotski señaló en aquel entonces que era más fácil motivar a una minoría de obreros de choque que a las masas, pero también explicó la contradicción que suponía que una sociedad que supuestamente estaba “construyendo el socialismo” imitase los peores y más explotadores rasgos del capitalismo. En lugar de ir hacia una mayor igualdad, esto significaba una desigualdad mucho mayor y la formación de una capa privilegiada dentro de la clase obrera. Aunque algunos estajanovistas eran obreros honestos, la mayoría eran arribistas serviles, odiados por sus compañeros de trabajo, que les atacaban, golpeaban e incluso llegaban a matarles. Este era un paso atrás incluso en los años 30, pero en el contexto de una economía moderna y avanzada, que supuestamente estaba yendo hacia el “comunismo”, la contradicción era todavía más flagrante. Trotski explicó que “el trabajo asalariado no pierde en el régimen soviético su envilecedor carácter de esclavitud. El salario ‘según el trabajo’ está calculado, en realidad, en interés del trabajo ‘intelectual’, en detrimento del manual y, sobre todo, del trabajo no cualificado. Es una fuente de injusticia, opresión y coerción para la mayoría; y de privilegios y ‘buena vida’ para la minoría.

“En vez de reconocer francamente que estas normas burguesas del trabajo y del reparto predominan en la URSS”, continúa Trotski, “los autores de la Constitución, dividiendo en dos el principio comunista, dejan para un porvenir indeterminado la aplicación de la segunda proposición y declaran que la primera está realizada, añadiéndole mecánicamente la norma capitalista del trabajo a destajo y haciendo de todo el ‘principio del socialismo’. ¡Y sobre esta falsificación erigen el edificio de la Constitución!”. Trotski siguió explicando: “Al mismo tiempo, – y esto no es un pequeño detalle – no podemos olvidar la ley que protege la cabaña, la vaca y el reducido mobiliario del campesino, del obrero, del empleado, y que legaliza la casa particular del burócrata, su villa, su coche y otros ‘artículos de consumo personal o comodidades’ que se ha apropiado gracias al principio socialista ‘de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo’. Y no hay que dudar que el coche del burócrata será mejor defendido por la ley fundamental que la carreta del campesino”(3).

En su desesperación por encontrar una salida al impás, Gorbachov intentó inyectar una chispa de vida en la economía haciendo un llamamiento a los obreros y escarmentando ejemplarmente los casos más escandalosos de control burocrático. Sin embargo, Gorbachov no representaba los intereses de los obreros. Sus reformas iban dirigidas contra los privilegios y prebendas “ilegales” de los funcionarios, incrementando sostenidamente los “legales”. De hecho, bajo Gorbachov, los diferenciales de ingresos aumentaron de manera constante, justo lo contrario de la concepción de Lenin.

Las propuestas de Gorbachov no tenían nada en común con la democracia de Lenin ni el auténtico socialismo. La burocracia temía a la clase obrera. Había que recortar las prebendas legales e ilegales, los sobornos y el robo. Sin embargo, al hacerlo, Gorbachov no quería interferir de manera fundamental con los privilegios de la casta burocrática. Había que mantener, sino incrementar, los privilegios “legítimos”. De hecho, Gorbachov fue muy cuidadoso a la hora de restaurar la definición errónea de Stalin: “Estamos restaurando completamente el principio del socialismo: ‘De cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo”(4). Esto era una distorsión deliberada de la formulación original de Marx, que explicó que bajo el comunismo no habría una obligación de trabajar, cada miembro de la sociedad contribuiría ‘según su capacidad’. La superabundancia de esta sociedad sin clases permitiría que cada uno de sus miembros tomase ‘según sus necesidades’. Este concepto no tenía nada que ver en absoluto con la situación bajo Gorbachov, y no era más que un disfraz para su política.

La mala administración burocrática

La chapucería burocrática había dado lugar a todo tipo de distorsiones en la economía soviética. Mientras algunas secciones eran muy modernas, otras languidecían por falta de inversiones, como la fábrica de autobuses de Likino, en los Urales, que estaba produciendo el mismo modelo que en 1970 con maquinaria de hacía 40 años. Y, sin embargo, Gorbachov insistía en que los obreros tenían que producir bienes de calidad y serían penalizados en caso contrario. Pero con una maquinaria obsoleta e incapacitados por el papeleo y la mala gestión, era prácticamente imposible cumplir los objetivos de producción fijados. Así, la perestroika, para muchos obreros, significó un empeoramiento de sus salarios y condiciones de trabajo. En la práctica, la burocracia, al igual que los empresarios occidentales, estaba tratando de salir de la crisis a costa de los trabajadores, intentando aumentar la productividad a costa de su sudor, sus músculos y sus nervios.

Es significativo que en la única ocasión en que Gorbachov intentó tratar de cuestiones “teóricas” en su libro Perestroika… fue cuando intentó justificar ¡qué las diferencias salariales eran coherentes con el socialismo! En condiciones de pobreza, privaciones y atraso, con una clase obrera semi-analfabeta y un campesinado analfabeto, los bolcheviques se vieron obligados a conceder a los especialistas burgueses salarios muy por encima del máximo del partido. Pero Lenin y Trotski hubieran considerado totalmente imperdonable que un país avanzado tolerara tales desigualdades. Lenin preveía que, en la medida en que la economía soviética avanzase, las desigualdades se irían reduciendo progresivamente. Cuando la Unión Soviética se desarrolló hasta convertirse en una nación industrial con una clase obrera altamente educada, la existencia de diferenciales de ese tipo era completamente anti-socialista y anti-marxista. Sin embargo, siete décadas después de Octubre, la desigualdad seguía creciendo constantemente. Lejos de defender la postura de Lenin de más y más igualdad y la abolición progresiva de los diferenciales, Gorbachov los estaba aumentando.

Al igual que Stalin, Gorbachov intentó ampliar la base de la burocracia mediante la creación de una capa privilegiada de aristocracia obrera que recibiera altas bonificaciones ligadas a la productividad. El problema era que el crecimiento de los diferenciales y las desigualdades entre los trabajadores, enfrentando a los obreros y a las diferentes fábricas entre sí, sólo alimentaba los fuegos del resentimiento. No fue una casualidad que Gorbachov, en su discurso de aniversario de la Revolución de Octubre, hablase de oposición a sus reformas no sólo entre los burócratas, sino también en los “colectivos de trabajo”. Esto indicaba la alarma creciente entre los burócratas ante el estallido de huelgas, de las que por primera vez se informaba ampliamente en la prensa soviética. Por ejemplo, los obreros de la fábrica de autobuses de Likino pararon durante tres días en protesta por un recorte salarial de entre 60 y 70 rublos al mes debido al impago de pluses. El movimiento hacia el socialismo significaría una reducción de las desigualdades, no su aumento, como estaba provocando Gorbachov. De esta manera, el argumento de que ya se había llegado al “socialismo” en la Unión Soviética, cuando el Estado había alcanzado proporciones monstruosas, era una burla. A pesar de esto, Gorbachov recibió los aplausos de los dirigentes estalinistas internacionalmente, junto a los de los reformistas de izquierdas, por su “socialismo de rostro humano”.

Sin embargo, la URSS ya no era el Estado débil, empobrecido y sitiado de los tiempos de Lenin. Como el propio Gorbachov comentó, la Unión Soviética era un país rico y enorme. Si los obreros hubieran tomado realmente en sus manos la dirección del Estado, la industria y la sociedad, se podrían haber eliminado rápidamente todos los cuellos de botella provocados por la burocracia. Liberada del peso muerto de ésta, la economía planificada avanzaría a pasos de gigante. En un solo plan quinquenal se podría aumentar enormemente la riqueza de la sociedad gracias a la iniciativa y el entusiasmo de las masas.

En 1919, cuando los obreros tomaron el poder en Sajonia y Baviera, Lenin hizo un llamamiento a que introdujeran inmediatamente la jornada laboral de siete horas para que los obreros tuvieran tiempo para gestionar la industria y el Estado. Gorbachov decía defender un retorno a las ideas de Lenin, pero en realidad estaba tan lejos como Stalin del auténtico leninismo. Si se hubiese hecho un llamamiento a los obreros y campesinos rusos a tomar el control de la sociedad y la industria en sus propias manos, hubiera sido posible introducir inmediatamente una reducción de la jornada laboral, la precondición necesaria para establecer un auténtico régimen de democracia obrera.

Esto es cierto incluso actualmente, aunque como consecuencia del caos espantoso provocado por el capitalismo mafioso es probable que el avance inicial fuese más lento que el que hubieran podido garantizar las auténticas posibilidades creadas por la economía planificada. Pero en cuestión de uno, o a lo sumo dos, planes quinquenales, con la participación y control democrático de las masas, toda la situación quedaría transformada. Dado el actual nivel de desarrollo, sería posible introducir en un plazo breve una semana laboral de 32 horas, seguida de reducciones aún mayores. Una medida de este tipo transformaría la situación no sólo en Rusia, sino en todo el mundo.

Las condiciones materiales para iniciar el movimiento hacia el socialismo habían ido madurando en Rusia en las seis o siete décadas anteriores. De hecho, los recursos técnicos y científicos necesarios para empezar el movimiento hacia el socialismo, inexistentes en 1917, estaban presentes en ese momento. Incluso según las estimaciones más conservadoras, la economía soviética en los años 80, en estas condiciones, hubiera conseguido una tasa de crecimiento dos o tres veces mayor que la que tenía, superando de lejos incluso los mejores resultados bajo el capitalismo. Manteniéndose a ese nivel, en diez años la Unión Soviética hubiera podido superar a los EEUU no sólo en términos absolutos, sino en el terreno de la productividad del trabajo, el principal índice de progreso económico. De esta manera hubiera sido realmente posible empezar a ir hacia el socialismo, con un florecimiento sin paralelos del arte, la ciencia y la técnica.

La solución de Gorbachov era llevar a cabo “una democratización completa de la gestión de las empresas, poniendo énfasis en la parte que juegan los colectivos de trabajo, fortaleciendo el control por abajo y asegurando el rendimiento de cuentas y la publicidad en el trabajo de los organismos económicos”. Pero sus declaraciones de intenciones resultaron ser pura demagogia, ya que un movimiento serio en esa dirección hubiera asestado un golpe al mismo corazón del control burocrático. Ciertamente no tenía ninguna intención de llegar tan lejos. Los cambios en realidad eran sólo cosméticos, aunque se permitió cierta consulta con los trabajadores en un esfuerzo por implicarles en algunas decisiones, sin introducir un auténtico control y dirección democráticos. Sin embargo, Gorbachov continuaba martilleando con la misma demagogia:

Los órganos elegidos deberían ser más estrictos hacia su propio aparato. No se puede pasar por alto el hecho de que los ejecutivos que se pasan largos periodos de tiempo en oficinas tienden a perder el gusto por lo nuevo, a aislarse del pueblo por instituciones que se han forjado ellos mismos e incluso a veces retrasan el trabajo de los organismos elegidos. Obviamente ya es hora de elaborar un procedimiento que permita a los sóviets, y a todos los órganos sociales en general, evaluar y certificar el trabajo de los ejecutivos responsables de su aparato después de cada elección, haciendo los cambios de personal deseables.

En nuestro tiempo es necesario una implicación más activa de las organizaciones sociales en el gobierno del país. Sin embargo, cuando el trabajo de nuestras organizaciones sociales se considera desde este ángulo, es obvio que a muchas de ellas les falta la iniciativa necesaria. Algunas intentan operar sobre todo a través de su personal regular, de manera burocrática, apenas apoyándose en las masas. En otras palabras, el carácter colectivo, popular e independiente de estas organizaciones sociales no se cumple ni de lejos.

Gorbachov, en su discurso al 27º Congreso, incluso se pronunció a favor del “principio de elección para todos los jefes de equipo y después gradualmente algunas otras categorías de personal de dirección: encargados, superintendentes de turno, sector o planta, y directores de departamento de granjas colectivas”. Estaba tratando de llevar las cosas hasta el límite para impulsar la economía, pero jugaba con fuego. Una vez introducido el principio de “elección”, por lo que se refiere a los obreros, ¿dónde terminaría? El hecho de que se viera obligado a plantear la cuestión de la elección a todos los puestos en el Partido “Comunista”, en su discurso de enero de 1987, era un indicio de que no había tenido mucho éxito en las elecciones de encargados y demás. La burocracia impedía la puesta en práctica de este supuesto principio. Gorbachov estaba intentando utilizar las “reformas” como látigo contra la burocracia dentro del propio Partido. La situación real dentro de la sociedad soviética quedaba indicada por el intento desesperado de Gorbachov de utilizar el voto secreto, al igual que había hecho Stalin, en las elecciones a todos los niveles del Partido Comunista, como medio para romper la voluntad de los sectores más reaccionarios de la burocracia, que querían continuar su saqueo sin límite del Estado soviético.

“En la sociedad capitalista”, explica Trotski, “el voto secreto tiene por objeto sustraer a los explotados de la intimidación de los explotadores. Si la burguesía terminó por concederlo, ante la presión de las masas, fue porque estaba interesada en proteger un poco su Estado de la desmoralización que ella misma inculcaba. Pero parece que en la sociedad socialista no puede haber intimidación de los explotadores.

“Entonces, ¿de quién hay que defender a los ciudadanos soviéticos? Naturalmente de la burocracia; Stalin lo confiesa con bastante franqueza. Al ser interrogado: ‘¿Por qué se necesita el voto secreto?’, responde literalmente: ‘Porque nosotros queremos dar a los ciudadanos soviéticos la libertad de votar por aquellos a quienes deseen elegir’. Así sabe el mundo, por fuente autorizada, que los ciudadanos soviéticos aún no pueden votar según sus deseos. Sería un error deducir que la Constitución de mañana les asegurará esta posibilidad”(5).

El sistema burocrático bajo Gorbachov seguía siendo esencialmente el mismo de siempre. El intento de usar el látigo contra la burocracia estaba condenado al fracaso. Como dijo Trotski, “no se trata de intereses sociológicos, sino materiales”. La economía no se podía desarrollar sin la participación y el control de la clase obrera. Gorbachov estaba apostando por el mantenimiento del control burocrático con algunos elementos de participación y control por parte de los obreros. Sin embargo, el control parcial por parte de las masas no existe. O los obreros toman el control, o lo pierden. El control parcial no podía funcionar.

Una casta parásita

Este era el talón de Aquiles de Gorbachov. Potenciar una mayor iniciativa (y por lo tanto una mayor productividad) por parte de los obreros, defendiendo simultáneamente los privilegios y prebendas de la burocracia era como tratar de cuadrar el círculo. Para conseguir que la economía soviética se pusiera en marcha de nuevo, para eliminar la corrupción y motivar a la clase obrera, habría que haber dado a los obreros libertad de organización, discusión y crítica. Pero esto era imposible. El primer punto que hubieran planteado los obreros hubiera sido el carácter parasitario de los privilegios de millones de funcionarios, sus esposas y todos los que dependían de ellos. Desde un punto de vista económico, este cuestionamiento es correcto. Pero Gorbachov no podía dejar que se hiciese esta pregunta, por la sencilla razón de que él representaba los intereses materiales de esa casta dirigente.

La gran mayoría de los 19 millones, más o menos, de funcionarios que constituían la burocracia eran ya hijos y nietos de burócratas. Tenían todos los atributos de una casta especial, como la casta dominante en la antigua India, cada vez más divorciada de la vida y los pensamientos reales de los obreros normales. La propia burocracia, a pesar de la nueva imagen de Gorbachov, estaba profundamente desmoralizada, dividida y pesimista. Después de más de 70 años, se habían roto todos los vínculos con las ideas y tradiciones de Octubre. En su famosa sátira Rebelión en la granja, George Orwell describe una reunión de los cerdos y los granjeros en la que es imposible distinguir a los unos de los otros. Dos generaciones de dominio burocrático habían producido una capa de funcionarios privilegiados totalmente divorciados de la clase obrera y de las ideas de la Revolución de Octubre. Aparte de sus salarios inflados y privilegios, vivían completamente ajena a la de las masas, con tiendas, restaurantes, casas de reposo e incluso playas especiales. Sus esposas no tenían que hacer cola soportando el frío. A diferencia de sus conciudadanos, podían viajar al extranjero y tenían acceso a divisas y a todos los artículos de lujo que se negaban a la mayoría. Aunque no se reconocía oficialmente, existía el equivalente a escuelas privadas, bajo el disfraz transparente de escuelas especiales de idiomas extranjeros, donde los hijos de la burocracia tenían prácticamente un monopolio. La psicología de este grupo no tenía nada que ver con la clase obrera o el socialismo, como señalan las siguientes citas:

La jet-set es lo que uno podría esperar: los hijos e hijas de los muy ricos y los muy privilegiados, que no tienen ninguna intención de trabajar, no creen absolutamente en nada (ni siquiera en la rebelión) y hacen todo lo posible por convertir las villas de sus padres en Sochi en imitaciones de Palm Beach. Se visten con ropas europeas importadas; beben hasta quedar atontados; galantean y fornican; se dedican a las apuestas y los bailes. Consideran a las masas como ganado y a la intelectualidad como pedantes y aburridos. Viven casi exclusivamente para sí mismos, dentro y fuera de sus propias casas, y por lo tanto son raramente vistos(6).

Y de nuevo en The Guardian (19/2/82):

Pero ha habido tantos de estos hijos de la élite del partido, que incluso fuera de la política general constituyen una nueva clase propia. Y ahora sus hijos también van a escuelas privilegiadas. Hoy en día existe una clase media soviética, urbana y sofisticada, con su propia red de amigos y que está totalmente separada de la nomenclatura. (énfasis del autor).

Las condiciones de vida de lujo de la élite no eran ningún secreto. El supermercado especial del Kremlin en la calle Granovsky estaba convenientemente situado al lado de la clínica. El artículo continúa:

“Los hospitales especiales para los funcionarios del partido son únicos por su acceso a medicamentos occidentales y pueden utilizar las casas de campo y los pródigos apartamentos que van con su empleo”. Cuando un aparatchik intentó defender a Breznev contra la acusación de una vida privilegiada, incluso los periodistas más cínicos lo ridiculizaron:

“[Breznev] vivía bien, declaró, pero no ganaba más que un alto director de empresa, que podía tener, con pluses, un salario de unas 200 libras a la semana. Incluso a la prensa soviética le costó ocultar la sonrisa ante esta declaración”.

Para la burocracia, la revolución había servido para darle poder y privilegios sin precedentes. En palabras del Kirpichev de la obra de Zorin, eran “aristócratas de cuello blanco, avariciosos y engreídos, alejados del pueblo”. Los viejos funcionarios estalinistas eran gángsters corruptos, pero por lo menos tenían algunos vínculos con las viejas tradiciones. Ahora teníamos una nueva generación de aristócratas “de nacimiento”, acostumbrados a los perfumes franceses, a los elegantes y caros trajes extranjeros y a los Cadillacs, de los que Raisa Gorbachova era un típico espécimen. Pierre Cardin la describió como “una de las esposas de dignatario extranjero más encantadoras que nunca haya visitado mi salón”. Por alguna extraña ironía, la señora Gorbachov había sido profesora de marxismo-leninismo en la Universidad de Moscú, aunque qué tipo de marxismo enseñaría desafía la imaginación. En los años 20, el opositor de izquierdas Sosnovsky acuñó la expresión el factor automóvil-harén con relación al auge de la burocracia. Los aspirantes a burócratas se casaban con las hijas de burgueses y aristócratas e imitaban sus costumbres y puntos de vista. Los grandes coches de los altos funcionarios y sus “pintadas señoras” recordaban la protesta de Gracchus Babaeuf ante un fenómeno similar en el periodo de la reacción termidoriana de la Revolución Francesa, cuando los antiguos jacobinos se acostumbraron a comer con los aristócratas y a casarse con sus hijas: “¿Qué estás haciendo, plebeyo pobre de espíritu? Hoy te abrazan y mañana te estrangularán”. Nada expresaba más gráficamente que sus esposas el carácter reaccionario pequeñoburgués de la nueva camarilla de burócratas zalameros representada por Gorbachov.

Los gobernantes de la Unión Soviética estaban, en realidad, incluso más apartados de la población que la clase dominante en Occidente. Este hecho se reflejó en el estallido de uno de los delegados a la conferencia especial del PCUS en 1988 (por cierto, la primera conferencia de este tipo desde 1941):

“Sabemos más acerca de la posición del presidente Reagan y la Reina de Inglaterra que de nuestros propios dirigentes”(7).

La élite dirigente cayó cada vez más bajo la influencia del capitalismo, a medida que se separaban cada vez más de la sociedad soviética. Aquí tenemos un ejemplo gráfico de lo que Engels quería decir cuando se refirió al Estado como “un poder que se eleva por encima de la sociedad y que cada vez se separa más de ella”. En especial, la élite del cuerpo diplomático se había acostumbrado a codearse con círculos burgueses en Occidente, y claramente disfrutaba de la experiencia. Edvard Shevardnadze era un ejemplo típico de esta capa. A diferencia de los viejos burócratas toscos e ignorantes que ni siquiera podían hablar un idioma extranjero, la nueva capa era educada, zalamera, cosmopolita y con la mentalidad del advenedizo pequeño burgués, que es la marca de serie de los dirigentes reformistas en su trato con la gran burguesía, en los que el miedo y la envidia pugnan con una admiración secreta y servil.

En ningún momento fue la podredumbre de la burocracia más evidente que durante el periodo de la llamada perestroika (o “katastroika”, como enseguida la llamaron los obreros soviéticos). Gorbachov era lo suficientemente listo como para darse cuenta de que, a no ser que se tomaran medidas drásticas por parte de la dirección, todo iba a estallar. No hay razón para suponer que en ese momento tuviera la intención de retornar al capitalismo; es casi seguro que los elementos pro-capitalistas estaban en minoría. Pero Gorbachov había puesto en marcha procesos que tenían su propia lógica.

Fermento de descontento

Las reformas de Gorbachov, al igual que las de Kruschev, dieron un estímulo inicial a la economía. Incluso así, el objetivo del 4% era miserable en comparación a lo que se podría haber conseguido bajo un régimen de democracia obrera. La producción industrial soviética creció un 5,6% en septiembre de 1986 respecto a un año antes, en gran medida como resultado de la “campaña por la eficacia” de Gorbachov. Esto era una mejora con relación a las cifras conseguidas bajo Breznev, pero todavía no alcanzaba el crecimiento de los países capitalistas en época de boom económico. ¡Esto en un país con el 25% de los ingenieros, técnicos y científicos y los recursos de una sexta parte del mundo a su disposición! La mejora relativa se consiguió en parte mediante la eliminación parcial de los funcionarios más escandalosamente ineficaces y corruptos. Se cesó a un 50% de los ministros y presidentes de gobierno de las repúblicas y al 30% de los secretarios del partido. Se despidió a unos 200.000 funcionarios. Sobre un total de 19 millones de burócratas, era una menudencia, pero provocó una feroz resistencia por parte de ese sector de la burocracia, encabezada por Ligachev, que se oponía a las reformas. Sin el control de la democracia obrera, los burócratas tenían mil y una maneras de escapar a la perestroika.

De hecho, las reformas, lejos de resolver los problemas de la burocracia, los exacerbaron. Gorbachov se vio obligado a hacer equilibrios entre las diferentes alas de la élite burocrática para avanzar en el camino de la “reforma”. En varias ocasiones amenazó con dimitir si se bloqueaban sus iniciativas, en clara advertencia a los sectores más conservadores de la burocracia. Pero la burocracia nunca se iba a desburocratizar. Por el contrario, estaba tratando de reforzar su posición privilegiada.

Por lo que se refiere a la “democracia”, aparte de algunas concesiones secundarias, en esencia nada había cambiado. Las masas sabían muy bien que todo estaba manipulado. La introducción de más de un candidato en las elecciones era un intento de camuflar la existencia de un sistema totalitario de partido único. Pero todos los candidatos pertenecían al Partido Comunista o tenían que estar de acuerdo con el programa del partido, que es lo mismo. En lugar de funcionar de abajo arriba, el sistema iba de arriba abajo, al igual que una pirámide invertida. Gorbachov se apoyaba en el descontento creciente de las masas con el sistema, que se podía tolerar mientras no hubiera un polo de atracción revolucionario en Occidente. Pero el trato de Gorbachov con el imperialismo de EEUU tenía otras consecuencias en política interior. La “amenaza exterior”, que la burocracia había utilizado durante décadas para paralizar cualquier oposición por parte de los trabajadores, quedaba minada.

El impasse del régimen burocrático, que se manifestaba en una ralentización de la economía, tuvo efectos en todos los estratos de la sociedad soviética, empezando por la propia burocracia, que fue consciente de que ya no era capaz de hacer avanzar la sociedad. Cada vez más se sentía como un freno al progreso, y este malestar calaba en toda la población. Había un fermento constante de descontento entre los intelectuales. La juventud, que había llevado la bandera de la Revolución de Octubre, proporcionado los combatientes más heroicos durante la guerra civil y puesta todas sus energías en los primeros planes quinquenales, ahora era totalmente desafecta. El descontento se manifestaba en una epidemia de gamberrismo y alcoholismo, reflejando la desesperación de los sectores más inactivos. La situación de la juventud en la Unión Soviética hasta el periodo reciente es un argumento demoledor contra el estalinismo. Después de más de tres generaciones, vimos todos los signos de la desmoralización: alcoholismo, lumpenización, robos, gamberrismo y todo tipo de comportamientos antisociales. El peso del régimen represivo se hacía sentir más duramente sobre la juventud, que mostraba un cinismo y una frustración abiertos ante el dominio totalitario del llamado Partido Comunista. El Soviet Weekly (8/11/90) publicó una encuesta según la cual sólo el 14% de los jóvenes en la URSS confiaban en el PCUS. Después de que se les hiciera tragar en las escuelas una parodia formalista de marxismo-leninismo, reaccionaban contra lo establecido. Escandalosamente, la misma encuesta llegaba a la conclusión que sólo el 15-20% de los jóvenes creía en el socialismo. El escepticismo generalizado entre la juventud se reflejaba en chistes políticos: “¿hemos llegado ya al comunismo, o lo peor está todavía por venir?”. Por supuesto que esos jóvenes nunca habían tenido acceso a las auténticas ideas del socialismo y el marxismo, sólo a una caricatura inerte y entumecedora. El único “socialismo” que habían conocido era una monstruosidad totalitaria. Dada la falta de alternativas, trataban de buscar una salida en el escapismo.

De todas las características bárbaras del zarismo, una de las más retrógradas era que la mitad del presupuesto estatal provenía del monopolio del vodka. Por supuesto que existe una larga historia de consumo abusivo de alcohol en Rusia que se remonta a un periodo sorprendentemente remoto. En la Crónica de los días pasados, escrita en el siglo XII, se dice que Vladimir, príncipe de Kiev, al rechazar el Islam en favor del cristianismo, dijo que “la bebida es el placer del pueblo ruso”. Pero el papel del vodka en la vida rusa va asociado demasiado a menudo a fenómenos alejados del placer. El consumo excesivo de alcohol de alta graduación es más bien un reflejo de la desmoralización y la falta de esperanza. Al principio, los bolcheviques trataron de combatir el consumo de vodka, pero el monopolio estatal se reintrodujo bajo Stalin como provechosa fuente de ingresos, una medida que estaba en contradicción abierta con la afirmación de que se había construido el “socialismo” en Rusia.

El consumo de alcohol se cuadruplicó en las cuatro décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial: uno de cada siete rusos estaba clasificado como alcohólico; se empezaba a beber desmesuradamente en las escuelas; la cantidad de niños nacidos con defectos físicos y mentales relacionados con la bebida aumentó. En 1985, Izvestia informaba que había 27 millones de obreros con serios problemas con el alcohol. Estaban tan borrachos o enfermos por haber bebido, que por lo menos dos días a la semana no iban a trabajar. Una investigación en 800 fábricas de Moscú descubrió que en la última hora de cada turno sólo un 10% de los obreros seguían en su puesto de trabajo.

Gorbachov ordenó la introducción de severas medidas. En 1986 se clausuró el 90% de las tiendas de vodka de la capital, y el consumo de alcohol inicialmente cayó un 40%. Sin embargo, ante la ausencia de un régimen de auténtica democracia obrera, incluso medidas que por sí mismas podrían haber sido correctas, tuvieron un efecto contrario al deseado. El intento de recortar el consumo de alcohol significó una mejora de la salud general, pero fue una espada de doble filo, llevando a un colapso de los ingresos del Estado: en 1985 hubo una caída en la recaudación de impuestos del 30%. Y esta medida tampoco eliminó totalmente el flagelo del alcoholismo, un mal arraigado en las condiciones del régimen burocrático totalitario, que provocaba una alienación y frustración crecientes entre amplias capas de la sociedad. En esos años, la prensa soviética estaba repleta de casos de gente que había enfermado por haber ingerido colonia. El número de detenciones por destilación ilegal se duplicó en 1987 en comparación con el año anterior, llegando a 440.000. En 1988, las destilerías ilegales producían entre un 40 y un 50% más que las plantas estatales. Había informes de pilotos que robaban el combustible de origen alcohólico y el anticongelante, para utilizarlos como bebida. Esto era un indicio claro de la desmoralización y desesperación generalizadas.

Un artículo en el Trud, el periódico de los sindicatos, se presentaba este fenómeno en un tono exasperado y semichistoso. Pero el tema es demasiado macabro como para proporcionar demasiado humor.

“La loción capilar es especialmente popular entre los alcohólicos de Moscú, pero si no la encuentras siempre está Kara Nova, agua de colonia a 65 kopeks la botella. Evita a toda costa un perfume conocido como Carmen que te hace sentir como si te hubieran cortado la garganta”.

Al final, las medidas de Gorbachov no engañaron a nadie. El escepticismo universal se reflejaba en esta anécdota:

Un hombre entra en una tienda y pide una botella de cerveza que el día anterior costaba 50 kopeks. El dependiente le cobra un rublo.

– Pero si ayer costaba la mitad
– Sí, pero tienes que pagar un 100% más por la glasnost.
El hombre, a regañadientes, paga el rublo, y queda sorprendido cuando le devuelven 50 kopeks de cambio.
– ¿Pero no dijiste que costaba un rublo?
– Eso es. Los 50 kopeks son por la glasnost. No nos queda cerveza.

Un enorme cero a la izquierda

La situación económica era un desastre. Ni siquiera se había conseguido el ridículo objetivo del 4%. Desde el lanzamiento del nuevo Plan Quinquenal en 1986, el crecimiento había sido de un 2% anual. El economista Abel Aganbegyan reveló que el crecimiento económico en 1989-90 era prácticamente cero. Pero los ingresos per cápita disminuyeron. Esto era la sentencia de muerte para la perestroika. Es más, la participación en el mercado mundial, en lugar de ayudar, había empeorado las cosas. La burocracia se imaginaba que la participación en el mercado mundial resolvería sus problemas. El comercio exterior pasó en una década del 4 al 9% del PIB soviético. Durante un periodo les ayudó, especialmente en el terreno de la tecnología. Pero también dio lugar a nuevas contradicciones que los empíricos de mente estrecha de Moscú no habían previsto. La deuda de la URSS con Occidente, que era de 14.000 millones de dólares en 1983, se había duplicado. Aunque era todavía una cifra pequeña para el tamaño de la economía soviética, daba una respuesta alarmante a la pregunta “¿quién prevalecerá?”.

La crisis económica se hizo notar en la caída del nivel de vida, las colas y la escasez. De 1.000 bienes de consumo básicos, sólo cuatro estaban siempre disponibles en las tiendas. Esto era consecuencia del caos burocrático. Había habido una cosecha récord y abundaba el grano y las patatas, pero no llegaban a las tiendas. Se retrasaba la entrega de grandes cantidades de bienes en espera de aumentos de precios. Un millón de toneladas de comida se pudría en los puertos. Trud daba el ejemplo de las estanterías de una tienda que deberían de haber estado llenas de frutas y verduras, pero en las que sólo había albaricoques en lata búlgaros. Esto a pesar del aumento de la producción agrícola en 1984. Posteriormente la situación empeoró. Según el Soviet Weekly (8/11/90), “la asombrosa cantidad de 70 millones de personas, una cuarta parte de la población, vive actualmente en el umbral de la pobreza”.

Un artículo del Pravda, del 18 de octubre de 1990, describe una alarmante situación de desintegración social y económica:

“La situación sigue empeorando. La producción cae y se rompen los vínculos de suministro económico. Las tendencias separatistas son más fuertes cada día. El mercado de consumo es un desastre. El déficit presupuestario y la confianza del crédito estatal han alcanzado niveles críticos. El comportamiento antisocial y el crimen han aumentado. La vida cada vez es más difícil, los incentivos para el trabajo se han debilitado, la fe en el futuro está colapsando. La economía está en una situación altamente peligrosa”.

La escasez de comida y otros bienes era endémica. El descontento de la población aumentaba al darse cuenta de que esta escasez era artificial, resultado de la chapucería y el sabotaje. En el mercado negro se vendía a precios desorbitantes vodka robado de las tiendas. Se dejaba que se pudriese la carne en los almacenes. Sólo un 66% de la demanda se satisfacía. Nada más aparecer un producto en las tiendas, la gente lo compraba para almacenarlo, agravando la escasez. La prensa oficial admitía que “en los últimos cuatro años 13.000 productos diferentes han desaparecido de las estanterías”(8).

La política antialcohol colapsó y de nuevo se formaban largas colas para comprar vodka. El 22 de agosto de 1990, la rabia y la frustración acumuladas estallaron. En Chelyabinsk hubo disturbios provocados por la falta de suministros de alcohol. Cuando llegó la policía, la multitud la atacó y le obligó a retirarse:

Entonces la policía cerró sus escudos al antiguo estilo romano de la tortuga, pero ni siquiera esa fortaleza hecha a mano pudo resistir el ataque de la muchedumbre enfurecida. Rodeando a la policía por todos los flancos, los gamberros hicieron llover adoquines sobre las tropas, a corta distancia(9).

La situación en Chelyabinsk empeoró con la subsiguiente revelación de un escándalo que implicaba al Partido Comunista local – “Inspectores públicos de restauración descubren un almacén secreto lleno de manjares en los locales del Partido Comunista”. El mismo artículo reconocía que “la situación social y política en el momento de los disturbios [del vodka] era típica de la existente en muchas ciudades soviéticas actualmente”. En otras palabras, la paciencia de las masas estaba llegando al punto de ruptura, y cualquier incidente podía provocar una explosión. También demostraba que las masas estaban empezando a perder el miedo a las fuerzas represivas del Estado. Pero ante la ausencia de una alternativa seria, un partido y un programa revolucionarios, el descontento de las masas no encontró una expresión efectiva.

Enfrentados al callejón sin salida del régimen, un sector de la burocracia buscó una salida hacia Occidente, que todavía estaba pasando por un artificial éxito temporal en el terreno económico. Los representantes de la élite burocrática habían tenido la oportunidad de codearse con millonarios, diplomáticos y presidentes en sus visitas cada vez más frecuentes a Occidente, y contrastaban el espectáculo deslumbrante que hallaban con la imagen de impasse y estancamiento que habían dejado atrás, y en la comparación no salían muy bien parados. De esta manera, la idea de Occidente como modelo gradualmente empezó a arraigarse firmemente en un sector de la burocracia.

Esto demostró la completa bancarrota ideológica de los dirigentes de la Unión Soviética y el PCUS. Impresionistas superficiales como Gorbachov y Shevardnadze quedaron obnubilados. Al igual que todos los burócratas, lo que entendían por marxismo eran los trozos de los absurdos fuera de contexto que pasaban por marxismo-leninismo de sus días estudiantiles en la URSS. No obstante, el auténtico marxismo era para ellos un libro cerrado. Su falta total de un punto de vista de clase se demostraba por el comentario típicamente filisteo de Gorbachov de que los capitalistas “también eran seres humanos”. En otras palabras, se podía conversar con los dirigentes occidentales “de hombre a hombre” y solucionar las diferencias alrededor de la chimenea, ¡como si todo se tratara de una cuestión de “química personal” y no de las diferencias irreconciliables entre dos sistemas sociales incompatibles!

Pero no eran los únicos en saltar del barco. El dirigente “comunista” búlgaro Todor Zhivkov confesó en 1990 que él había pensado durante mucho tiempo que el socialismo estaba muerto y era poco práctico. Jaruzelski, el autor del golpe estalinista en Polonia, ¡ahora decía que todo había sido un terrible error y pedía disculpas al pueblo polaco! También él se había dado cuenta de que el “capitalismo era la única solución”. Tal apostasía era sólo un paso lógico para esta gente. Al fin y al cabo, hacía mucho tiempo que habían roto en la práctica con el socialismo. Trotski lo había previsto medio siglo antes, cuando escribió que la burocracia no estaría satisfecha con su poder y privilegios usurpados, sino que buscaría asegurarse su posición y la de sus descendientes, transformándose en capitalistas privados.

En un primer momento, Gorbachov intentó resistir las exigencias de los radicales defensores de una evolución rápida hacia el capitalismo. Ryzhkov tenía una postura similar, a favor de mantener el núcleo básico de la economía en manos del Estado, pero con elementos de mercado. Gorbachov vacilaba continuamente entre las alas opuestas de la burocracia. Mientras, los generales se ponían cada vez más nerviosos con el tratado de la Unión y la amenaza a la URSS. Finalmente, a finales de 1990, Gorbachov publicó las líneas generales de su plan, una mezcolanza impotente de buenas intenciones e ideas contradictorias.

La estabilización de la moneda también se iba a conseguir mediante un fondo en divisas fuertes para financiar el comercio exterior. Habría desnacionalización, pero sólo de pequeños negocios y sólo gradualmente, flexibilización de los precios, descentralización (pero manteniendo la URSS), y por supuesto desregulación de salarios. Por último, pero no por ello menos importante, un déficit presupuestario menor al 3% del PIB (el porcentaje que los criterios de Maastricht estipulan para los estados de la Unión Europea, que se están dando cuenta que es prácticamente imposible de cumplir) a través de severos controles del crédito. Su conclusión era típicamente optimista: “Debería surgir una economía equilibrada, con un mercado saturado de bienes de consumo y servicios”. Pero se trataba del optimismo de un hombre que estaba a punto de caer de cabeza al abismo.

Gorbachov continuó utilizando su verborrea sobre “socialismo” y “comunismo”, pero toda su actuación indicaba que no se creía ni una sola palabra de lo que decía, lo que quedó demostrado en una entrevista que concedió a la televisión británica, en la que repitió el mito absurdo de que ¡todo hubiera ido bien en Rusia si la Revolución de Febrero hubiese triunfado! Esto demuestra una falta de comprensión total de las revoluciones de Febrero y Octubre. Ya hemos tratado esta cuestión, así que no es necesario extendernos en ella, pero vaya un escándalo cuando, 70 años después de Octubre, el secretario general del PCUS repite este absurdo tan infame.

Reagan y los demás dirigentes occidentales, mientras agasajaban a Gorbachov en público, debían de estar riéndose a carcajada limpia a sus espaldas. ¡Los políticos y diplomáticos americanos, fríos y calculadores, tenían que estar frotándose los ojos de incredulidad! Este elemento pequeñoburgués accidental estaba siendo rápidamente absorbido por la lógica de la capitulación por parte de estos amables “seres humanos”, cuya intención era estrangular a la Unión Soviética y ponerla de rodillas. Hasta la fecha, Gorbachov continúa teniendo ilusiones en la “democracia occidental”, o más concretamente, en la “democracia como tal”, típico de un reformista de clase media que se imagina que puede reconciliar intereses de clase antagónicos. Y al igual que éstos, la apariencia de “realismo práctico” es sólo una hoja de parra para cubrir la impotencia más patética.

Probablemente Gorbachov no quería la restauración del capitalismo en Rusia, pero preparó su camino y después fue debidamente apartado por la fracción de la burguesía naciente, dirigida por su protegido Yeltsin. Sin embargo, está dispuesto a aceptar los hechos consumados de la llamada reforma, al tiempo que lloriquea impotente sobre sus terribles consecuencias. En este sentido también es una copia fiel de los dirigentes socialdemócratas de Occidente, que están dispuestos a abrazar el capitalismo, pero no les gustan las cosas que inevitablemente se derivan de él.

La demagogia de Yeltsin

Explicamos desde el principio que las reformas de Gorbachov podrían tener un efecto temporal antes de quedarse sin gas. Estaba claro que o bien Gorbachov daría un giro hacia la recentralización y la represión, o sería eliminado, como había sucedido con Kruschev. El principal punto débil de las reformas de Gorbachov era que había que conseguir un avance económico, al igual que en Occidente principalmente a expensas de la clase obrera: aumentos de los ritmos de producción, acuerdos de productividad, recortes en las subvenciones e incluso cierres de fábricas. El lío abismal en que se encontraba la política económica quedó demostrado por la ironía de que los asesores económicos de Gorbachov trataron de imitar a los “expertos” occidentales defendiendo la introducción de elementos de economía de mercado justo en un momento en que el sistema capitalista a escala mundial estaba empezando a resquebrajarse. Carentes de un análisis marxista, estaban impresionados por el boom temporal de 1982-90, que, por un accidente de la Historia, coincidió con la crisis de la URSS.

En ese momento había un sector de la burocracia que anhelaba un retorno a los “viejos buenos tiempos” del capitalismo. En ese momento, el caos burocrático y el sabotaje habían provocado una situación en la que, según economistas oficiales, el 13% de las fábricas soviéticas tenían pérdidas. ¡¡La respuesta de elementos como el economista Abel Aganbegyan, haciéndose eco de los monetaristas thatcheristas en Occidente, fue que había que permitir a miles de fábricas ir a la bancarrota!! La misma gente argumentaba que las subvenciones a la comida y los alquileres eran demasiado caras y habría que eliminarlas, permitiendo que los precios alcanzasen su propio nivel. Pocos años después estos consejos se pusieron en práctica, con resultados desastrosos para el pueblo ruso. Pero durante un tiempo Gorbachov no estuvo dispuesto a ir por ese camino, temiendo la reacción de las masas.

Boris Yeltsin, un ambicioso aparatchik de Sverdlovsk, intentó hacerse un nombre como el defensor más radical de la perestroika. Demagogo por naturaleza, con una atracción por los gestos teatrales, Yeltsin se vanagloriaba de viajar en transporte público y visitar los mercados. Incluso iba en Metro al Kremlin, sin utilizar los servicios de su chófer oficial y su limosina, y protestó vehementemente contra los privilegios de la burocracia, lo que en ese momento le dio cierta popularidad en Moscú, donde sus ataques demagógicos contra la corrupción consiguieron un gran eco. El daño causado por el control burocrático sofocante era tal que, sin la corrupción a gran escala y el mercado negro, la economía se hubiera detenido antes. Los obreros lo sabían y Gorbachov lo admitía abiertamente. Poco después de convertirse en líder declaró: “Intenta conseguir una reparación en tu piso; definitivamente vas a tener que encontrar a alguien que lo haga a escondidas, y éste va a tener que robar el material de una obra de la construcción”(17).

Incluso en Moscú era imposible conseguir servicios tan elementales como la fontanería sin recurrir al blat, tal y como indicaba el discurso de Yeltsin al congreso del Partido en 1986:

“[Yeltsin] preguntó por qué el secretariado del CC en el centro del poder de la Unión Soviética no había hecho nada relativo a la corrupción generalizada en Uzbekistán y Kirghizia [dos repúblicas centroasiáticas donde toda la dirección del Partido había sido cesada]. ‘¿Por qué’, preguntó Yeltsin, ‘se plantearon los mismos problemas durante cinco años en congresos del partido? ¿Por qué después de tantos años no hemos conseguido eliminar de nuestras vidas las raíces de la burocracia, la injusticia social y los abusos?’ (…) Yeltsin dijo que Moscú, una ciudad de ocho millones de habitantes, tenía una economía estancada y un sistema de transporte público, centros comerciales y atención sanitaria inadecuados. Culpó abiertamente a los antiguos dirigentes de la ciudad”(18).

En otra intervención en el congreso dijo:

“Durante unos cuantos años el sector minorista en su conjunto ha vivido un periodo de corrupción, y hoy estamos comiendo sus frutos. Si no podemos solucionar el problema de la dirección, si no podemos quitar de en medio a la gente deshonesta y limpiar todo el sector, tendremos escasez y habrá déficits artificiales regulares”(19).

Yeltsin cesó a más del 40% de los trabajadores locales del Partido en Moscú, pero eso no fue suficiente para resolver la situación caótica que él mismo describiera ni tampoco impidió que gran cantidad de los despedidos por aceptar sobornos fuesen rápidamente readmitidos en otros empleos por la puerta trasera. Al mismo tiempo, la campaña de Yeltsin en la práctica empeoró la situación económica en Moscú debido a que la corrupción y el mercado negro eran el aceite que mantenía en funcionamiento la economía dirigida por la burocracia. Incluso el suministro de materias primas para las fábricas dependía a menudo del mercado negro para saltarse los obstáculos creados por el sistema burocrático.

Esta experiencia demostró una vez más que sólo se podía echar abajo el muro contra el que se estrellaba la campaña contra la burocracia desmantelando completamente el Estado burocrático y creando una democracia obrera. Eso significaba una revolución política. Y antes que contemplar esa posibilidad, Yeltsin y sus compinches prefirieron ir hacia el capitalismo. Sin embargo, las medidas “populistas” de Yeltsin ofendieron al sector conservador de la burocracia, que temía que la glasnost se estuviese escapando de sus manos. El despido de Yeltsin fue un indicio claro de que las reformas de Gorbachov estaban entrando en dificultades.

Yeltsin demagógicamente hacía gala de defender la igualdad, para aumentar su popularidad. ¿Pero qué sucedió después? Actualmente, este caballero y sus amigos han saqueado el Estado ruso. Bajo el reino de este “igualitario”, siete gángsters fabulosamente ricos controlan y poseen la mitad del país, mientras decenas de millones de rusos viven en la pobreza y no reciben sus salarios durante meses. ¡Vaya una igualdad! De hecho, la desigualdad que existe hoy en día en Rusia no sólo es mayor que antes, sino que es mucho mayor que en los países capitalistas desarrollados. Se parece más al “capitalismo de compinches” de Marcos, en Filipinas, que a los regímenes capitalistas de Europa Occidental, EEUU y Japón. Esto no pasa desapercibido para la clase obrera, que está sacando sus propias conclusiones. Y no olvidemos como acabó el régimen de Marcos.

Ilusiones en Gorbachov

Era increíble ver cuánta gente de izquierda fue engañada por Gorbachov. No sólo reformistas de todos los pelajes, sino algunos supuestos “Trotskistas” se apresuraron a rendir tributo a este “gran reformador y estadista”. Esta gente es incapaz de diferenciar entre lo aparente y lo real. En realidad, Gorbachov defendía los intereses de la casta dominante. Es cierto que su imagen era diferente de la de los viejos dirigentes estalinistas, pero la diferencia era más de estilo que de contenido.

Gorbachov era un burócrata educado, que había viajado y tenía un discurso completo, a diferencia de los advenedizos estrechos y groseros de los días de Stalin. Se dio cuenta del callejón sin salida en el que se encontraba el régimen burocrático. Sin la participación y el entusiasmo de las masas, no se podía hacer nada. Esto es cierto incluso bajo el capitalismo. La mayor parte de las grandes fábricas acabarían por detenerse si los obreros no aplicasen su inteligencia y su iniciativa, a veces saltándose las normas para mantener la maquinaria en funcionamiento. En Gran Bretaña se consiguen cientos de millones de libras al año a través de los “buzones de sugerencias” en las fábricas. Eso demuestra el enorme potencial de un sistema basado en el control y la dirección de los obreros que diese rienda suelta a su creatividad, inteligencia e iniciativa.

Muchos albergaban ilusiones en que la burocracia rusa podría reformarse. Uno de ellos era Roy Medvedev, un historiador capaz que, a pesar de haber mostrado gran coraje personal al oponerse al régimen, no pudo desarrollar un análisis marxista consistente, y cayó en la trampa. Roy Medvedev representaba el ala “izquierda” de la burocracia. Quería que el régimen se reformase de manera estrictamente legal y constitucional.

“En cuanto a las maneras y los métodos de la lucha política, tienen que ser absolutamente legales y constitucionales”, dice Medvedev, “hay ciertos grupos extremistas que creen en la utilización de métodos ilegales, incluyendo por ejemplo la organización de imprentas clandestinas” (10).

A continuación, cita a uno de sus oponentes, que obviamente hace una caracterización correcta de la burocracia:

“Crees que la dirección apoyaría un cierto grado de democratización, pero esto equivaldría a que la dirección se liquidase a sí misma, y el conjunto de la historia política confirma la irrealidad de esta expectativa. Ningún gobierno se retira por propia voluntad. Tus ideas son dañinas, ya que crean ilusiones sobre la facilidad con la que se puede aplicar tu programa de reformas. Sugieres que, como resultado de un cambio en las condiciones sociales y políticas, fuerzas frescas pasarán a formar parte del ‘aparato’ y transformarán su estilo burocrático. Pero esto sólo potencia la idea falsa de un proceso automático y espontáneo; en realidad estas fuerzas frescas se encontrarán sin duda con una resistencia feroz” (11).

De nuevo Medvedev insiste:

“Las reformas demasiado apresuradas pueden provocar problemas en el bloque socialista (como ha demostrado la experiencia de Checoslovaquia)” (12).

Claramente cualquier movimiento de la clase obrera para sacudirse el yugo de la burocracia “provocaría problemas”. Pero imaginarse que la casta dominante se rendiría sin lucha es confundir los deseos con la realidad. Otro ejemplo era Isaac Deutscher. Su nombre se vincula frecuentemente al de Trotski, ya que escribió una biografía en tres tomos del gran revolucionario. Pero políticamente, ambos no podrían estar más alejados. De hecho, en su biografía política de Stalin, Deutscher trata de glorificar a éste y, más que presentarlo como el dirigente de la burocracia contrarrevolucionaria, lo eleva a la categoría de gran revolucionario incomprendido:

Stalin ha sido el dirigente y el explotador de una revolución trágica, autocontradictoria pero creativa. Al igual que Cromwell, personifica la continuidad de la revolución a través de todas sus fases y metamorfosis, aunque su papel fue menos prominente en la primera fase. Al igual que Robespierre, ha desangrado a su propio partido; y, al igual que Napoleón, ha construido su imperio medio conservador, medio revolucionario y llevado la revolución fuera de las fronteras de su país (…) Pero para salvarla [lo mejor de la obra de Stalin] para el futuro y darle su pleno valor, puede ser que la Historia todavía tenga que limpiar y remodelar la obra de Stalin tan severamente como una vez limpió y remodeló la obra de la revolución inglesa después de Cromwell y de la francesa después de Napoleón(13).

Deutscher nunca entendió a Trotski ni su gran aportación al marxismo: el análisis del estalinismo. Lo que tiene de correcto su trilogía sobre Trotski es lo que tomó prestado del mismo Trotski, pero sus intentos de teorizar no tienen ningún valor. Deutscher descarta “el fiasco de Trotski con la Cuarta Internacional” y “sus titubeos sobre reforma y revolución en la URSS” como simples fantasías (14). En realidad, sin entender las ideas de Trotski sobre el estalinismo, es imposible comprender qué está pasando en la Unión Soviética hoy en día. Lejos de ser “titubeos”, sus ideas han sido totalmente confirmadas por los acontecimientos. No se puede decir lo mismo de las perspectivas del propio Deutscher.

Después de la muerte de Stalin, Deutscher saludó la llamada desestalinización de Kruschev como un gran paso adelante. He aquí la conclusión de Deutscher en el tercer volumen de su biografía de Trotski:

“Está claro que, incluso bajo el estalinismo, la sociedad soviética ha conseguido un progreso inmenso en muchos campos, y que el progreso, inseparable de su economía planificada y nacionalizada, estaba desorganizando y erosionando al estalinismo desde dentro. En la época de Trotski era demasiado pronto para hacer un balance de este desarrollo – sus intentos de hacerlo tenían fallos – ; y el balance todavía no está claro, ni siquiera un cuarto de siglo después. Pero es evidente que la sociedad soviética ha estado tratando, y no sin éxito, de librarse de la pesada deuda y desarrollar los enormes activos que ha heredado de la época de Stalin. Hay mucha menos pobreza en la Unión Soviética, mucha menos desigualdad y mucha menos opresión a principios de los años 60 que en los años 30 o a principios de los 50. El contraste es tan sorprendente que es un anacronismo hablar de una ‘nueva esclavitud totalitaria establecida por el colectivismo burocrático’ (…) Todavía es un tema de discusión si la burocracia soviética es una ‘nueva clase’ o si se necesita una reforma o una revolución para acabar con este dominio arbitrario. Lo que está fuera de toda duda es que las reformas de la primera era post-Stalin, aún siendo inadecuadas y contradictorias, han mitigado y limitado en gran medida el despotismo burocrático, y que las nuevas corrientes de aspiraciones populares están trabajando para transformar la sociedad soviética más y más radicalmente” (15).

Deutscher siempre había tenido la ilusión de que la burocracia podía ‘desburocratizarse a sí misma’ e introducir el socialismo, Lo que era esencialmente falso. Ninguna clase o casta dominante en la Historia ha entregado su poder y privilegios sin luchar. Trotski tenía mil veces más razón cuando predijo que la burocracia se orientaría hacia el capitalismo para reforzar sus privilegios, antes que entregar el poder a la clase obrera. Esto era incluso más cierto en el contexto de boom económico temporal en Occidente coincidente con las reformas de Gorbachov. La tesis central de Deutscher tenía un carácter totalmente anti-marxista y formalista. Si la burocracia surgió del atraso ruso, razonaba, entonces en la medida en que la sociedad avance hacia un nivel cultural y económico superior tendría que desaparecer sin dolor por su propia inercia. Pero este análisis pasa por alto las contradicciones básicas en la sociedad. En cualquier sociedad de clases, una vez que surge el Estado, éste adquiere vida y movimiento propios. Toda la Historia demuestra precisamente lo contrario de la tesis de Deutscher. En el momento crítico, cuando las fuerzas productivas han ido más allá de las relaciones de propiedad existentes, la clase dominante y su Estado no se reconcilian en absoluto con la lógica del progreso histórico. Luchan por mantener sus privilegios y su poder, incluso cuando éstos están en contradicción flagrante con las exigencias del progreso. El sistema capitalista ha sido un freno al desarrollo de las fuerzas productivas desde hace tiempo, ¡lo que no significa en absoluto que la clase capitalista se vaya a rendir voluntariamente al proletariado!

El desarrollo de las fuerzas productivas no determina automáticamente el carácter del Estado. Si eso fuera así, la revolución sería innecesaria, y no sólo en Rusia. Toda la Historia de la humanidad sería una evolución suave y gradual en dirección al progreso, algo que cualquier estudiante de escuela primaria sabe que no es el caso. La inevitabilidad de la revolución surge precisamente del hecho de que ninguna clase o casta dominante se rinde nunca. La burocracia rusa no es una excepción, especialmente después de que Stalin exterminase a los representantes de Octubre. La manera en que la burocracia estableció su poder – vadeando el mar de sangre de las purgas – era un indicio de que esta casta dominante no se iba a detener ante nada para mantenerse en el poder. Como dijo Trotski: “Nunca se ha visto que el diablo se corte de buen grado sus propias garras. La burocracia soviética no abandonará sus posiciones sin combate; el país se encamina evidentemente hacia una revolución” (16).

Toda la línea de argumentación de Deutscher estaba en la tradición del menchevismo. Refleja la misma lógica que el reformismo, que trata de demostrar que la revolución en general es una inconveniencia innecesaria. Su tipo de “realismo” es un crudo empirismo que carece de la menor comprensión de la Historia. Es el mismo tipo de mentalidad que lleva a los dirigentes socialdemócratas en Occidente a abandonar el socialismo y finalmente pasarse a la economía de mercado, es decir, de las reformas a las contrarreformas. Así, su supuesto realismo se convierte en el peor tipo de utopía.

La visión de Deutscher de una burocracia que se reforma a sí misma proporcionaba una esperanza confortante para los radicales “amigos” de la Unión Soviética, el sueño de una transición pacífica al socialismo. En realidad, esto era imposible sin un movimiento de masas de la clase obrera. El éxito o el fracaso dependía no de los deseos o de la buena voluntad de la burocracia, sino exclusivamente de la disposición de la clase obrera a luchar por su emancipación. La experiencia de Hungría demuestra cómo un movimiento revolucionario de la clase obrera podría escindir la burocracia y ganar a partes importantes para la revolución política. En contraste, las llamadas reformas de Gorbachov, que trataban de impedir una revolución desde abajo y mantener el dominio de la burocracia, prepararon el camino para que un sector importante de la burocracia se pasara al capitalismo, en lugar de aceptar la abolición de los privilegios. Hoy en día, las teorías de Deutscher no tienen siquiera un interés histórico. Para ser justos, es necesario añadir que la viuda de Deutscher, Támara Deutscher, en un programa de la BBC poco antes de su muerte, tuvo el coraje de admitir públicamente que Trotski siempre había tenido razón en esta cuestión. Mirando hacia atrás, era increíble que cualquiera con el conocimiento más elemental de la historia rusa, por no hablar del marxismo, pudiera haber tenido la menor ilusión en Gorbachov y sus ideas. Y, sin embargo, tuvimos a supuestos marxistas alabando a Gorbachov, ¡e incluso viajando a Moscú para presenciar el extraño espectáculo de la burocracia “aboliéndose a sí misma”! Por supuesto, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado no estaban impresionados, ya que, por lo que a ellos se refería, el capitalismo ya existía en Rusia. Así que, ¿a qué tanto ruido?

Cuando todas las demás tendencias estaban alabando a Gorbachov como el gran salvador, sólo nosotros señalamos que sus reformas estaban condenadas al fracaso y lo caracterizamos como una figura pequeñoburguesa accidental, condenada a ser barrida, aunque pensábamos que eso se daría como resultado de una revolución política, y no de un movimiento en dirección al capitalismo que, en aquel momento, erróneamente creímos que estaba descartado. La única manera de resolver el problema era reintroducir un régimen leninista de control y gestión obrera, lo cual hubiera sido posible fácilmente con una economía desarrollada como la que ya existía en Rusia. ¡Pero ésa era la última cosa que Gorbachov tenía en mente! En lugar de mejorar las cosas, las reformas de Gorbachov introdujeron un nuevo elemento de desestabilización, acelerando la disolución del régimen. Sólo había dos alternativas posibles. Ante la ausencia de un movimiento de la clase obrera hacia la revolución política, la balanza se inclinó rápidamente hacia el capitalismo.


VIII. De la política exterior a la cuestión nacional

Gasto armamentista

La Historia mundial desde 1914 ha sido la historia de los intentos de llegar a acuerdos y compromisos, intentos que acaban en explosiones más fuertes. El acuerdo temporal entre las llamadas potencias democráticas y la Unión Soviética en el transcurso de la guerra contra Hitler no duró mucho después del colapso del régimen nazi y Japón. Hacia el final de la guerra se había llegado a un pacto entre las potencias aliadas y la Unión Soviética para entrar en guerra contra Japón. Pero las potencias imperialistas cambiaron de política. Los japoneses estaban dispuestos a rendirse, pero el presidente Truman siguió adelante con su orden de soltar las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Las bombas eran una advertencia a la Unión Soviética de lo que le podría pasar si no hacía lo que imperialismo de los EEUU quería. Sin embargo, Stalin se dio cuenta de que las tropas del imperialismo estaban cansadas del conflicto, y exigieron ser enviadas de vuelta a casa tan pronto como la guerra acabó. Las tropas soviéticas invadieron Manchuria y derrotaron al ejército japonés en diez días. Así que las bombas no consiguieron su objetivo.

Rápidamente las relaciones internacionales entraron en el periodo de la guerra fría, que a su vez llevó a la carrera de armamentos, dejando pequeño incluso el programa de rearme masivo de Hitler en 1933-39. Pero la carrera de armamentos se anulaba a sí misma. El intento de una superpotencia de conseguir ventaja en un terreno u otro era inmediatamente igualado por la otra. A la guerra fría le siguió un periodo de cierta détente, pero de carácter muy inestable. La carrera de armamentos también servía, a Occidente y a la Unión Soviética, para distraer la atención de la gente hacia un enemigo exterior fuera de las fronteras de su país. De esta manera, el imperialismo americano trataba culpar a la URSS de las explosiones sociales en el Tercer Mundo y, por otra parte, la burocracia soviética se presentaba a sí misma (con más justificación) como la fortaleza sitiada por el imperialismo.

Había una simetría destacable entre las crisis del capitalismo mundial y del estalinismo. Tanto el dominio de la burocracia como el de los monopolios sucumbieron a la arteriosclerosis. En ambos sistemas vimos una proliferación de despilfarro, caos y anarquía, que frenaban el libre desarrollo de las fuerzas productivas. Cada bando señalaba los fallos del otro, pero ninguno era capaz de jugar un papel progresista en el desarrollo de la sociedad. En Occidente, las fuerzas productivas habían ido más allá de los límites de la propiedad privada y de los estados nacionales. En el Este, en los países de bonapartismo proletario, se trataba de una crisis de control y planificación burocráticos. Además, estaba la crisis, agravada por la explotación imperialista, de los países empobrecidos del Tercer Mundo. La guerra y la pobreza son los compañeros inseparables de las contradicciones del sistema capitalista.

En sus primeros días, el Estado soviético gastaba poco en armas. La principal fuerza de la República Soviética residía en su política internacionalista y en el apoyo de los obreros del mundo, que destruyó los intentos de intervenir militarmente contra los bolcheviques en 1918-21. Aunque prestaban atención a las necesidades materiales de la defensa del Estado obrero, sin embargo, Lenin y Trotski insistían en que la principal prioridad era la mejora de los niveles de vida y el bienestar de las masas de la población. En última instancia, ésa era la auténtica garantía de la seguridad del Estado obrero, además del apoyo de la clase obrera internacional.

Todo esto cambió con la victoria de la reacción estalinista. La burocracia, limitada y obtusa, se entregó a un programa masivo de gasto armamentista como medio de competir con el imperialismo en la arena mundial. Se basaba exclusivamente en maniobras diplomáticas y poderío militar. Durante todo el periodo de la guerra fría, el gasto militar fue un lastre enorme para la Unión Soviética. Dada la intensificación de la carrera de armamentos y el conflicto criminal entre las dos burocracias rivales en Moscú y Pekín, el gasto militar aumentó rápidamente, devorando una parte cada vez mayor de la riqueza producida por la clase obrera soviética.

Esto tuvo como consecuencia la creación de un poderoso complejo militar-industrial en la URSS, con sus propios intereses. Un asombroso 60% de la producción industrial se dedicaba, directa o indirectamente, al sector militar, un incubo monstruoso en la economía soviética. Al igual que en EEUU , el complejo militar-industrial gastaba cantidades colosales de dinero en mantener los intereses creados y el prestigio del ala militar de la burocracia.

Si este gasto se hubiese utilizado para fines productivos, tanto en el Este como en el Oeste, sin lugar a dudas podría haber resuelto todos los problemas económicos y sociales de los países subdesarrollados, tremendamente empobrecidos, de los países capitalistas y de la propia Unión Soviética. Pero imaginarse que el antagonismo se podía solucionar con “ buena voluntad por ambas partes ” era anhelar un regreso a las ideas de los socialistas utópicos, que pensaban que se podía convencer a los capitalistas para que adoptasen el socialismo apelando a su “ buena voluntad ” . La política exterior, al igual que la política interior, reflejaba los intereses de los imperialistas, por un lado, y de la burocracia estalinista, por el otro.

Tan sólo en 1961, la URSS aumentó bruscamente sus gastos militares un 30%. Temerosos de la proliferación de misiles estratégicos bajo la administración Kennedy, a mediados de los años 60 los soviéticos cuadriplicaron su producción de misiles interbalísticos . Se encargaron más submarinos portamisiles. La flota de superficie se empezó a preparar para competir con las fuerzas de los EEUU . Con la intensificación de la guerra fría, la carrera de armamentos absorbía una cantidad cada vez mayor de recurso, causándole una importante sangría a la economía.

En Europa, la URSS siempre había tenido una superioridad militar en armas convencionales, número de hombres y tanques. Occidente consideraba la producción y el desarrollo de armamento nuclear como un medio para superar ese desequilibrio. Aunque las estimaciones sobre el gasto militar varían enormemente tanto para la URSS como para los EEUU , en 1980 el gasto militar soviético era de unos 26.000 millones de dólares, según ellos mismos, y de unos 185.000, según EEUU . La cifra de la URSS es demasiado baja, pero las estimaciones estadounidenses están infladas. Según el Instituto Internacional de Investigaciones por la Paz de Estocolmo, una fuente de información independiente más fiable, la URSS gastó ese año 107.000 millones de dólares y EEUU 111.000 millones en armamento.

Para la defensa de la URSS, Lenin y Trotski confiaban principalmente en la propaganda revolucionaria y en un llamamiento internacionalista a la clase obrera mundial. Pero la burocracia no podía utilizar estos métodos, ya que un movimiento revolucionario de los obreros en Occidente amenazaría su propio dominio. En cualquier caso, un régimen totalitario grotesco de partido único, con una economía renqueante ahogada por la burocracia, no tenía ningún atractivo especial para los obreros de los países capitalistas avanzados – aunque la situación era diferente para las masas en el Tercer Mundo.

A medida que pasaba el tiempo, el gasto de defensa se convirtió en una carga aplastante para las economías de Occidente y de la Unión Soviética y sus satélites. Sin embargo, las potencias imperialistas no estaban dispuestas a recortar demasiado la producción de armamentos a través de un acuerdo con la Unión Soviética. Un recorte masivo hubiera afectado al complejo militar-industrial en los países de la OTAN. Hubiera reducido un mercado vital para aquellas empresas capitalistas a las que se pagaba para producir chatarra mediante el desarrollo de nuevo armamento según el existente se quedaba obsoleto. Bajo el capitalismo, cualquier recorte sustancial hubiera agravado seriamente la crisis económica; bajo el estalinismo, hubiera entrado en contradicción con los intereses y el prestigio de la burocracia militar.

Sin embargo, sus contradicciones crecientes forzaron a las potencias imperialistas a buscar un “ compromiso ” . Todos los poderes imperialistas sentían la carga del gasto militar y les agradaba la idea de recortar hasta cierto punto la factura. En la Unión Soviética, especialmente en la era Breznev, la inversión en defensa alcanzaba el 15% del PIB, lo que reducía el gasto en otros sectores y ralentizaba el crecimiento. El intento de alcanzar una détente con el imperialismo estadounidense a través del SALT y otros acuerdos tenía también la intención de recortar el gasto militar inútil, y parcialmente era un intento vano de llegar a una estabilidad global. A pesar de las contradicciones entre dos sistemas económicos incompatibles, ambos bandos dialécticamente reconocían que se necesitaban mutuamente. En realidad se apoyaban el uno en el otro. Los capitalistas intentaban justificar su sistema señalando con un dedo acusador a los regímenes dictatoriales en el Este, mientras que la burocracia trataba de justificar su dominio de casta privilegiada señalando a Vietnam, el paro y el racismo en Occidente.

Ninguno de los dos estaba interesado en actuar de manera seria contra el otro. Reconocían tácitamente las esferas de influencia de cada uno. Cada vez más, comerciaban entre sí. Pero eso no cambiaba las auténticas relaciones entre ellos: todavía se odiaban y temían. El antagonismo fundamental entre el mundo capitalista y las formas de propiedad nacionalizadas de los estados obreros deformados no había desaparecido. Y a pesar de todos los esfuerzos por llegar a un modus vivendi y estabilizar las relaciones mundiales, la situación seguía siendo tensa e inestable. En cualquier momento, toda la situación podía cambiar por una explosión en una parte u otra del planeta, haciendo emerger de nuevo todos los antagonismos latentes.

El consejero de Seguridad del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, declaró en una asombrosa entrevista al The New Yorker, evocando la película sobre un físico nuclear loco Doctor Strangelove:

“Es incorrecto decir que la utilización de armas nucleares podría ser el fin de la raza humana. Es un pensamiento egocéntrico. Por supuesto que es horrendo contemplarlo, pero en términos puramente estadísticos, si EEUU utilizase todo su arsenal contra la Unión Soviética, y la Unión Soviética utilizara todo su arsenal contra Estados Unidos, no sería el fin de la humanidad. Eso es egocéntrico. Hay otros pueblos en el planeta”(1).

Incluso en la administración Reagan hubo discusiones entre el ejército y el gobierno acerca de la capacidad de EEUU para destruir la URSS en caso de guerra nuclear. Según Colin Gray y Keith Payne, que más tarde se convirtieron en empleados del gobierno estadounidense:

“Washington debería identificar objetivos de guerra que en última instancia contemplarían la destrucción de la autoridad política soviética y el surgimiento de un orden mundial de posguerra compatible con los valores occidentales (…) La URSS, con su superconcentración exagerada de autoridad, caracterizada por su enorme burocracia en Moscú, sería altamente vulnerable a un ataque de este tipo”(2).

Por supuesto, estas opiniones no eran representativas de los sectores decisivos de la clase dominante, que entendían que la guerra nuclear no era una opción realista. A pesar del miedo generalizado a un holocausto, no había peligro de una guerra mundial porque en condiciones modernas una guerra nuclear entre las superpotencias acabaría inevitablemente en una Destrucción Mutua Asegurada (en inglés MAD). La clase burguesa no va a la guerra para entretenerse, sino para conquistar mercados extranjeros, materias primas y esferas de influencia. Una guerra nuclear hubiera significado el fin del planeta, precisamente por eso nunca se dio.

Reconociendo que el desarrollo de las fuerzas productivas es la clave para la estabilidad de cualquier sociedad, Gorbachov quería reducir el gasto armamentista, para poder producir más bienes de consumo y mejorar los niveles de vida de la población soviética, cada vez más descontenta. Por este motivo estaba dispuesto a hacer más concesiones en las negociaciones con el imperialismo que lo que se le ofrecía a cambio. Otra razón para la détente temporal entre el imperialismo y las burocracias estalinistas en los años 80 eran las peligrosas consecuencias sociales de la superexplotación de los países ex-coloniales .

Su deuda con el imperialismo había alcanzado 1,3 billones de dólares. Los crecientes tipos de interés y la diferencia cada vez mayor entre los precios relativamente bajos de las materias primas y alimentos, la principal producción de las economías subdesarrolladas, y los precios relativamente altos de los bienes de capital e industriales, producidos por los países metropolitanos, intensificaron la explotación del trabajo de las masas del Tercer Mundo. Esta explotación despiadada les empujaba a niveles de pobreza mayores que en ningún otro momento en los últimos 50 años. Esta era una fórmula para explosiones y revoluciones

‘Coexistencia pacífica’

La “ coexistencia pacífica ” de diferentes sistemas económicos y sociales fue la idea de Stalin, no la de Lenin. “ Estamos viviendo no sólo en un Estado , sino en un sistema de Estados ” , dijo Lenin en el 8º Congreso del Partido, en julio de 1919, “ y es inconcebible que la República soviética continúe existiendo por un largo periodo de tiempo al lado de los estados imperialistas . En última instancia unos u otros tienen que conquistar . Hasta que llegue este final, son inevitables una serie de enfrentamientos terribles entre la república soviética y los estados burgueses ” (3). De nuevo, un año más tarde , después de la derrota de los ejércitos extranjeros de intervención en la Unión Soviética , Lenin dijo : “ Hemos pasado de la guerra a la paz , pero no hemos olvidado que la guerra volverá . Porque mientras subsistan el capitalismo y el socialismo no podremos vivir en paz . A largo plazo , uno u otro tiene que vencer . Habrá cantos fúnebres por la república soviética o por el capitalismo mundial . Esta es una tregua en una guerra ” .

Dos años después, Lenin resumía las relaciones entre el nuevo Estado soviético y los imperialistas:

“Tenemos un ciertoequilibrio, aunqueextremadamentefrágil, extremadamenteinestable. Sin embargo, esteequilibrio no puedeexistir – porsupuestopor un tiempoprolongado – en un entornocapitalista”.

Antes del 8º Congreso de los Sóviets, Lenin repitió esta idea:

“No podemos creer ni por un momento en relaciones comerciales duraderas con los poderes imperialistas: el respiro será temporal. La experiencia de la historia de revoluciones y grandes conflictos nos enseña que las guerras, una serie de guerras, son inevitables. La existencia de una República Soviética al lado de los países capitalistas – una República soviética rodeada de países capitalistas – es tan intolerable para los capitalistas, que van a aprovechar cualquier oportunidad para reanudar la guerra”(4).

Y la predicción de Lenin demostró ser correcta cuando la “ coexistencia pacífica ” acabó en la pesadilla de la Segunda Guerra Mundial.

Es cierto que durante periodos de tiempo relativamente cortos se mantuvo la “ coexistencia pacífica ” . Pero inevitablemente las contradicciones entre los dos sistemas sociales en conflicto generaban antagonismos irreconciliables . Eso explica la euforia de los imperialistas ante el colapso del estalinismo y su apoyo a la contrarrevolución capitalista en Rusia y Europa del Este. Durante todo el periodo de posguerra hubo acuerdos y crisis diplomáticas periódicas entre el imperialismo y el estalinismo . En 1955, los burócratas soviéticos y los imperialistas occidentales se reunieron en Ginebra por primera vez desde 1945, en Postdam . Las negociaciones se reanudaron de nuevo en 1959, cuando Kruschev visitó EEUU. La crisis de los misiles de Cuba, en 1961, llevó a la ronda de negociaciones que acabó con la firma del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares al año siguiente . En 1969, con la llegada de la administración Nixon, las relaciones llevaron a una détente y a una serie de conversaciones y acuerdos sobre reducción de armamento . Con la invasión rusa de Afganistán para apoyar el régimen pro- Moscú de Kabul y la elección de Ronald Reagan como presidente de los EEUU, las relaciones diplomáticas entre las superpotencias empezaron a deteriorase , llevando a lo que algunos llamaron la “ segunda guerra fría ” .

Se suponía que las negociaciones entre Rusia y EEUU y sus aliados, incluyendo la cumbre Reagan-Gorbachov, iban a garantizar la “paz mundial”. Estas cumbres intentaban alimentar las ilusiones de que se podía conseguir la “coexistencia pacífica” gracias a la “buena voluntad” de los imperialistas y las burocracias estalinistas, lo que era falso de raíz. Fue el boom en los países capitalistas en los años 80, junto a las contradicciones internas del imperialismo y la crisis de los países estalinistas, lo que llevó a un deseo temporal de las superpotencias de llegar a un acuerdo. Pero la realidad subyacente era la de dos sistemas sociales fundamentalmente opuestos que no podían tolerar indefinidamente la existencia del otro. Su antagonismo básico sólo se había suavizado temporalmente.

En los años 80, Gorbachov estaba desesperado por llegar a algún tipo de acuerdo con el imperialismo mundial. En su intento de pactar con las potencias capitalistas, la dirección soviética renunció abiertamente a la estrategia de la revolución y negó la importancia de la lucha de clases. Esto realmente sólo ponía un sello a lo que había sido la postura de la burocracia durante mucho tiempo. Erich Honnecker, el antiguo dirigente estalinista de la Alemania del Este, sin pestañear, escribió en el Morning Star británico: “Los seres humanos incluyen a gente de clases diferentes, incluso antagónicas en la sociedad. Van desde la clase obrera a círculos del propio capital monopolista. Estamos lejos de reducir las relaciones internacionales al estereotipo de la lucha de clases”.

De manera parecida, en el momento de la visita de Gorbachov a Gran Bretaña, el Morning Star (5/4/88) declaraba felizmente: “El nuevo pensamiento sugiere que hay valores humanos universales – paz, seguridad y justicia – , valores que son comunes a todos nosotros independientemente de nuestra nacionalidad, religión, ideología o clase; valores que trascienden todas las diferencias de este tipo”.

Estos sentimientos eran una utopía de la peor calaña. Gorbachov decía que había roto con Stalin, al que culpaba de todos los crímenes de la burocracia en el pasado. Sin embargo, adoptó todas las ideas fundamentales del estalinismo, de una sociedad en la Unión Soviética que está dividida entre la burocracia, por un lado, y la clase obrera, por el otro. Aceptaba todos los absurdos estalinistas de que la “coexistencia pacífica” entre los países capitalistas y la Unión Soviética, un Estado obrero deformado, podía continuar indefinidamente. Pero el intento de hacer eternas unas relaciones mundiales basadas en bloques fijos, inevitablemente se rompió, creando un nuevo y convulsivo periodo en la historia mundial. De manera imprevista, tanto para los estalinistas como para los imperialistas, los regímenes burocráticos en Europa del Este empezaron a desenmarañarse y entraron en crisis.

Crisis en Europa del Este

La crisis del estalinismo afectó a Europa del Este de manera especialmente aguda, porque allí el impasse del régimen burocrático se veía agravado por el sentimiento de opresión nacional. Las maravillosas tradiciones revolucionarias de la clase obrera polaca se demostraron una y otra vez – en 1956, en 1970, 1976 y 1980. Sobre todo en 1980-81 el valeroso proletariado polaco estuvo muy cerca de derrocar el régimen burocrático. El poderoso movimiento de Solidaridad, que llegó a agrupar a 10 millones de trabajadores, podía haber tomado el poder. Trágicamente, este movimiento revolucionario en Polonia fue traicionado por la dirección de Solidaridad, dominada por Lech Walesa, los asesores reformistas y los intelectuales católicos. Esta capa buscó un compromiso con la burocracia dirigente, aterrorizada por el movimiento de la clase obrera, que se dirigía a tientas hacia la revolución política. Este intento de llegar a un compromiso con el régimen estalinista llevó a la derrota del movimiento y la llegada al poder del general Jaruzelski. Solidaridad fue prohibido en 1982. Sin embargo, el impasse del régimen y la recuperación del movimiento huelguístico llevó a Jaruzelski a tratar de implicar a los dirigentes reformistas de Solidaridad. Finalmente, los dirigentes del PC entregaron Polonia a los capitalistas nacientes, con la peculiaridad de que la vieja nomenclatura se quedó con la parte del león de las empresas privatizadas.

Cada vez más, el régimen se apoyaba en Walesa, atrayendo a sus seguidores a su órbita y utilizándolos para frenar a los obreros. En agosto de 1988 se habló por primera vez de negociaciones, que finalmente se abrieron en febrero de 1989, con la intención de llegar a un acuerdo sobre estabilización económica y la reforma política. Si se llegaba a un acuerdo, declaró el ministro del Interior, teniente general Kiszczak, – que esperaba “ compromiso y cooperación leal ” – , entonces Solidaridad sería legalizado. Durante las negociaciones, Walesa hizo un llamamiento a una tregua en las huelgas, deseoso de colaborar con el ala reformista de la burocracia. En abril se llegó a un acuerdo sobre un plan de austeridad y el movimiento hacia una economía de mercado.

El colapso del viejo régimen estalinista fue el resultado de intensas contradicciones internas. La victoria electoral del Solidaridad en julio de 1989 representó la victoria de un gobierno burgués que iba hacia la restauración capitalista en Polonia. La elección de Walesa como presidente fue un paso más en esa dirección. Solidaridad obtuvo una victoria aplastante, con el 35% de los escaños en el Sejm (Cámara Baja). En el Senado obtuvo 99 de los 100 escaños. Treinta y tres miembros del gobierno que participaban en las elecciones en una lista de 35 candidatos sin oposición no consiguieron el 50% necesario en la primera vuelta, y fueron eliminados. Solidaridad fue invitado por Jaruzelski a participar en un gobierno de coalición. Walesa le dijo a Jaruzelski que Solidaridad le aceptaría como presidente. Hizo un llamamiento al Partido Obrero Unificado Polaco (POUP) a llevar las “ reformas ” más allá.

Nada más llegar al gobierno, la dirección de Solidaridad le dio la espalda a la clase obrera. Como siempre pasa con los políticos reformistas, el ex-disidente y ex-defensor de la teoría del capitalismo de Estado Jaceck Kuron fue nombrado ministro de Trabajo. Era un caso clásico de “ cazador furtivo convertido en guarda forestal ” . En palabras de Kuron, reproducidas en The Wall Street Journal (10/11/89):

“Durante mucho tiempo, la gente no podía ir a la huelga, así que alguien tenía que luchar por ellos. Eso es lo que hice. Solía cooperar con las huelgas. Ahora tengo que extinguirlas”. Ese mismo mes se restablecieron relaciones diplomáticas plenas entre Polonia y el Vaticano, por primera vez después de casi cuarenta y cuatro años.

Como cabía esperar, a los imperialistas les faltó tiempo para empezar a pescar en río revuelto. Enseguida Jaruzelski recibió una visita de George Bush, que dio la bienvenida a las reformas que Polonia estaba introduciendo calificándolas de “ indispensables ” . Se prometieron fondos, pero en realidad llegó muy poco dinero. Bush visitó los astilleros de Gdansk, donde fue recibido por una multitud de 20.000 personas. Después voló a Hungría, donde le esperaban otras 10.000 personas y habló ante el parlamento alabando las reformas de libre mercado, condenando el control estatal y haciendo un llamamiento a un mayor pluralismo político. En un discurso en la Universidad Karl Marx de Budapest, anunció que presionaría para que se enviase ayuda internacional para colaborar con Hungría en su camino hacia el mercado.

En agosto, la Asamblea Nacional polaca eligió como primer ministro a Tadeusz Mazowiecki, para dirigir un gobierno de coalición entre Solidaridad, el Partido Campesino y el Partido Democrático. Por aquel entonces Solidaridad se había convertido en una organización totalmente diferente a la de 1980-81. Su militancia había caído de 10 millones a 2,2 millones de afiliados. Se había escindido y degenerado políticamente a lo largo de la década. A medida que disminuía la participación de los obreros, la dirección se volvía más pro-burguesa . En 1990 su militancia había quedado reducida a un millón.

Por otra parte, los viejos sindicatos oficiales (OPZZ) tenían cinco millones de afiliados y amenazaban con huelgas contra las privatizaciones. Sobre la base de su experiencia, los obreros se empezaban a oponer a Walesa. El OPZZ en realidad no había sido en absoluto un auténtico sindicato, sino un brazo de la burocracia. Pero con la crisis del régimen se independizó cada vez más del Estado y empezó a defender los intereses del movimiento obrero organizado. Fueron empujados a oponerse a las medidas de austeridad del gobierno de Mazowiecki apoyado por Solidaridad. La reacción fue todavía más aguda entre los campesinos, amenazados de ruina por el mercado.

Walesa se convirtió en un defensor entusiasta de la contrarrevolución capitalista, viajando al extranjero para potenciar inversiones en Polonia. “ Buscamos compradores para el 80% de la economía polaca. No podemos encontrarlos en Polonia porque los polacos son demasiado pobres ” , le dijo a un empresario estadounidense. Así, los abanderados del nacionalismo polaco empezaron a vender Polonia a precio de saldo al mejor postor extranjero. Los que habían dirigido el movimiento en 1980-81 ahora formaban parte del ala pro-capitalista de la burocracia. Pero ésa no fue la única transformación milagrosa.

Los antiguos dirigentes estalinistas abandonaron su “ comunismo ” por la economía de mercado. Tal y como informaba The Times (12/9/89):

“Ha habido una ráfaga de dimisiones de apparatchiks que se apresuran a ir a compañías privadas o, en algunos casos, a comprar acciones de las empresas estatales privatizadas que dirigían en el pasado”. Al igual que en otros países estalinistas, había ilusiones en el capitalismo en esta etapa incluso entre sectores de la clase obrera. En la fábrica de tractores Ursus, cerca de Varsovia, con 10.000 trabajadores, los obreros amenazaron con ir a la huelga exigiendo la privatización de su planta “y han declarado un voto de no confianza a la dirección por no introducir cambios radicales”(5). Esto es un comentario devastador sobre la bancarrota del estalinismo y el impasse en el que la burocracia había metido a Polonia. Sin embargo, en cinco años, estas ilusiones se evaporaron completamente. En Hungría se dio un proceso similar con el Partido Socialista Húngaro.

Gorbachov había animado al POUP a unirse a la coalición, lo que hizo, ocupando los ministerios de Interior y Defensa. La nueva coalición pro-burguesa introdujo rápidamente medidas de austeridad. Balcerowitz , el ministro de Economía, planificó la abolición de los principales subsidios, cambios en el índice de salarios, revisión de la seguridad social, abolición de los controles de precios, política monetaria rígida, reducción del gasto e impulso de la empresa privada. Se reabrió la Bolsa y se devaluó el zloty , la moneda nacional. Sin embargo, las primeras cinco empresas privatizadas atrajeron una cola de sólo 60 personas. Había mucha ansiedad y miedo sobre la llamada reestructuración, que amenazaba con bancarrotas y paro masivo. Según un informe, el 40% de los que votaron por el candidato independiente Tyminski en la primera vuelta dijeron que lo habían hecho por miedo a las privatizaciones.

Los ataques salvajes del gobierno de Mazowiecki, que provocaron paro masivo, caída de la producción y grandes aumentos de precios, inicialmente aturdieron al proletariado. Pero el descontento subyacente quedó revelado claramente en el frente electoral. La oposición al programa de austeridad relegó a Mazowiecki a la tercera posición en las elecciones presidenciales. Walesa se vio obligado a marcar distancias con la manera en que se estaban aplicando esas políticas, declarando que eran “ insensibles para el hombre común ” . Uno de los factores que provocaron mayor indignación fue el espectáculo de antiguos burócratas “ comunistas ” transformándose en propietarios privados.

“Algunos de losmásrápidosenlosintentos de volver al capitalismoen Polonia son lospropioscomunistas”,escribióThe Independent (14/7/90). “Uno de las primerasempresascomunistasen ser privatizadasfue la compañíagigante de comida congelada ‘Igloopol’. Entre losaccionistasestán el ex viceprimerministro, un dirigente del títere Partido Campesino y un par de institucionescomunistas. El primer director también resultó ser el viceministro de Agricultura queconcedióimportantessubvenciones a la compañía (…) El espectáculo de la nomenklatura comunistaconvirtiéndoseenlosmejores a la hora de repartirse las empresasestatalesenfureció a lospolacos”.

Así , el movimiento hacia el capitalismo en Polonia, lejos de introducir una nueva era de prosperidad y alegría , ha provocado contradicciones incluso mayores . En palabras de The Guardian: “ Los que quieran tener éxito en transformar sus economías hacia el mercado tienen que infligir gran dolor sobre sus ciudadanos . Cuanto más quieran tener éxito , más dolor tienen que inflingirles ” .

Enfrentado a su propia crisis cada vez más profunda, Gorbachov dejó claro que el Kremlin no interferiría en los asuntos de Polonia o de ningún otro país de Europa del Este. No podía permitirse salvarles. La propia URSS también se enfrentaba a problemas nacionales crecientes en los países bálticos, Georgia, Azerbayán y otras repúblicas. De hecho, Gorbachov se apoyó en los dirigentes “ reformistas ” de Europa del Este contra la vieja guardia que se oponía a sus políticas. Él se había opuesto a Honnecker , y cuando visitó Alemania Occidental en 1989 y le preguntaron sobre el Muro de Berlín dijo que “ nada es eterno ” y que podría desaparecer “ cuando desaparecieran las condiciones que generaron su necesidad ” . De esta manera, independientemente de sus intenciones, Gorbachov en la práctica segó la hierba bajo los pies de los dirigentes estalinistas de Europa del Este y dio luz verde a Occidente para intervenir.

Los imperialistas estaban prometiendo créditos y préstamos e incluso hablaban de un Plan Marshall para ayudar a la restauración del capitalismo. Sin embargo, esto en gran medida se quedó en palabras y poco más. La diferencia entre el Plan Marshall que se aplicó después de la Segunda Guerra Mundial y la situación actual se puede ver enseguida. Entre 1948 y 1952, EEUU proporcionó 13.000 millones de dólares (69.000 millones al valor actual), y otros 2.600 (13.900) entre 1951 y 1953. Estos prestamos y subvenciones tenían como intención reforzar la economía europea de posguerra como una barrera defensiva contra el peligro de revolución. En comparación, las cantidades concedidas a los países ex-estalinistas eran minúsculas. Occidente es muy receloso sobre la estabilidad de estos regímenes y tiene miedo de que entregas de dinero importantes desaparezcan fácilmente. Tal y como comentaba The Wall Street Journal (26/9/89): “ Es complicado: es complicado políticamente, complicado económicamente y complicado en términos humanos ” .

El colapso del estalinismo en Alemania del Este, Checoslovaquia y Rumanía fue totalmente diferente. En estos casos, en cuestión de pocos meses (noviembre/diciembre de 1989), una serie de manifestaciones de masas derrocaron los regímenes burocráticos de la RDA, Checoslovaquia y Rumanía. La caída del Muro de Berlín simbolizó la caída del estalinismo. Temiendo la extensión del movimiento, el PC búlgaro decidió “ reformarse ” para mantener el control del poder. Después de una huelga de dos horas a finales de diciembre, decidió abrir conversaciones con la oposición, la Unión de Fuerzas Democráticas (UDF).

La mayoría de la gente no se da cuenta del hecho que, en un primer momento, el movimiento del proletariado en Alemania del Este no era en absoluto procapitalismo , sino que iba en dirección a la revolución política. Las primeras manifestaciones de masas de la clase obrera alemana eran a favor del derrocamiento de la burocracia y la introducción del socialismo democrático. El régimen de Honnecker se había adjudicado el 98,85% de los votos en las elecciones municipales de mayo de 1989. Sin embargo, durante los meses de agosto, septiembre y octubre, más de 30.000 alemanes del Este “ votaron con sus pies ” , emigrando a Occidente. En octubre, las manifestaciones en Leipzig crecieron día a día hasta reunir a 300.000 personas. Esto exigía un gran valor. Los estalinistas podían haber recurrido a la violencia, a un escenario tipo Tiananmen, para mantenerse en el poder. De hecho lo valoraron seriamente, pero Gorbachov se dio cuenta de que eso provocaría una explosión que no se habría limitado a las fronteras de Alemania. ¡La RDA, con su poderoso proletariado, no era como China! De hecho, el régimen estaba paralizado en una agonía de indecisión.

El poder se encontraba realmente en las calles. Sintiendo la debilidad del régimen, el ambiente entre las masas se volvía más decidido cada hora que pasaba. La cantidad de gente en las manifestaciones se multiplicaba. En noviembre hubo una manifestación de medio millón de personas en Berlín Este. Siguiendo el consejo de Moscú, el partido comunista (SED) intentó introducir reformas desde arriba para evitar su derrocamiento. Honnecker fue sustituido por Egon Krenz y se formó un nuevo gobierno. Desgraciadamente, los dirigentes pequeñoburgueses confusos del Nuevo Foro, el mayor grupo de oposición, no sabían hacia dónde iban, y menos cómo llegar. Es imposible mantener a las masas en un estado de fermento durante largo tiempo sin plantear la cuestión del poder de manera clara y decidida.

El movimiento fue desencadenado por la apertura de la frontera austro-húngara , la primera brecha en el Muro de Berlín. Ante la ausencia de una alternativa clara, la tendencia a marcharse se intensificó. Durante el fin de semana del 10-11 de noviembre, unos 2 millones de alemanes del Este inundaron Occidente. Millones de ellos pudieron ver los bienes de consumo de Alemania Occidental – la economía capitalista más rica de Europa – , en contraste con la vida gris en la RDA. Esto indudablemente tuvo un efecto importante. Sin embargo, si se hubiera ofrecido a los obreros y la juventud una auténtica alternativa revolucionaria para derrocar a la odiada burocracia, instalando un régimen de democracia obrera para después lanzar un llamamiento internacionalista a los obreros de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rusia y por supuesto de Occidente, la situación se hubiera transformado.

En pocos meses, el régimen estalinista de Alemania del Este colapsó como un castillo de naipes. La verdad es que el capitalismo venció por no presentación del adversario. No se ofrecían otras alternativas para contrarrestar los cantos de sirena de Occidente. El régimen estalinista estaba desprestigiado. La gente anhelaba la libertad. Además, el gobierno de Bonn jugó hipócritamente con las sensibilidades nacionales de un pueblo dividido. Se sacó propaganda masiva a favor de la unidad de Alemania. Dado el colapso de la economía de la RDA, muchos vieron la unificación como la manera de conseguir mejores niveles de vida. El poderoso capitalismo de Alemania Occidental estaba dispuesto a gastar cantidades enormes de dinero para asegurar la unificación alemana, una política muy cara que en la práctica ha minado sus arcas estatales. La oferta de cambiar un marco del Este por uno del Oeste era un intento de soborno masivo de la población de la RDA, haciéndoles creer que iban a gozar de los niveles de vida de la Alemania Occidental en una Alemania unificada. La promesa era falsa, pero ante la ausencia de una alternativa socialista democrática, la unificación se impuso. El régimen de Alemania del Este estaba desintegrándose rápidamente. Las fronteras se abrieron de par en par.

Con un cinismo increíble, Moscú declaró: “ Estos cambios son para mejor ” . ¡Después de haber mantenido al pueblo de Alemania del Este bajo un régimen tiránico durante décadas, estos caballeros estaban contentos de presidir la restauración del capitalismo! Pero lo que sucedió no reflejaba las auténticas aspiraciones de los obreros de Alemania del Este. Hace un par de años, bastante tiempo después de la unificación, una encuesta de opinión reveló que en la ex-RDA una mayoría clara, cuando les preguntaban su opinión sobre el antiguo régimen, respondieron que no todo estaba mal y que estarían a favor del socialismo siempre que fuese democrático. Esto significa que los obreros y jóvenes de la Alemania del Este estaban luchando por un auténtico socialismo, no por el capitalismo. Si no lo consiguieron no fue por no intentarlo, sino por la ausencia de una dirección digna de tal nombre.

Los imperialistas no podían creer su suerte. Bush dijo que estaba “ regocijado ” . Kohl, que se presentó como el campeón de la unificación alemana, en realidad se vio obligado a actuar debido al éxodo de masas que amenazaba a ambos regímenes. En ese momento había grandes ilusiones en el mercado y la posibilidad de combinar la fuerza de trabajo barata y cualificada del Este con la industria moderna y el capital de Occidente. Sin una alternativa marxista seria, y con el acuerdo de Gorbachov, se llevó a cabo una unificación en las condiciones de Occidente. Esto descarriló el movimiento hacia la revolución política y marcó una derrota de la clase obrera alemana del Este.

El SED obligó a Krenz a dimitir y cambió su nombre por el de Partido del Socialismo Democrático (PDS). En su lugar, el nuevo gobierno de Modrow prometió elecciones libres para mayo de 1990, pero después las adelantó a marzo. Modrow también se vio obligado a permitir la participación de una mayoría de no comunistas en su gobierno, por primera vez en la historia de la RDA. En marzo de 1990, las elecciones generales dieron la victoria a los cristiano-demócratas conservadores, bajo el disfraz de la Alianza por Alemania. Apoyados por el prestigio de Kohl (y por los marcos occidentales), obtuvieron casi un 50% de los votos, con una campaña por “ una rápida unión política y monetaria ” con Occidente. La Alianza 90, formada por el Nuevo Foro y otros grupos de oposición, sólo recibió un 2,9% de los votos, a pesar de haber dirigido el movimiento de masas. El resultado no fue sorprendente. En una situación en la que se plantean crudamente las cuestiones fundamentales, no hay espacio para una vía intermedia bienintencionada pero amorfa y confusa. O hacia delante, hacia la revolución política, o hacia atrás, al capitalismo. En estas circunstancias no había otra opción posible.

Checoslovaquia, Rumanía y Hungría

Los obreros checos habían dado la bienvenida con entusiasmo a la toma del poder por parte del PC en 1948. Los estalinistas checos estaban tan confiados que incluso armaron a los obreros, aunque pronto recogieron las armas de nuevo. Pero la experiencia del dominio estalinista pronto provocó desilusión. Checoslovaquia era el único país de Europa del Este con una economía desarrollada en aquel entonces. Con una clase obrera educada y una fuerte base industrial, consiguió resultados mejores que los demás regímenes y los niveles de vida también eran más altos. Pero el descontento contra el régimen burocrático se vio enormemente exacerbado por la invasión rusa de 1968, que aplastó el tímido intento de Alexander Dubcek y el ala liberal de la burocracia checa de llevar a cabo algunas reformas limitadas. El comportamiento brutal de la burocracia rusa empujó a un sector importante de la juventud a la oposición. Los tanques rusos fueron recibidos con gritos de “ ¡Despierta, Lenin!; Breznev se ha vuelto loco! ” . El sentimiento de amargura y frustración acumulado surgió a la superficie en cuanto se aflojó la presión.

Las manifestaciones de masas en la vecina Alemania del Este y la caída del Muro de Berlín dieron un ímpetu enorme al movimiento en Checoslovaquia, donde fue incluso más lejos: estalló una huelga general. En todo el país se produjeron manifestaciones de masas. El intento del gobierno estalinista de aplastar el movimiento fracasó. El 24 de noviembre de 1989, 250.000 personas se concentraron en la plaza de Wenceslao. Dos días más tarde la multitud alcanzó las 500.000 personas. Esto obligó a Milos Jakes a dimitir como secretario general del PC.

Presionado por Moscú, el gobierno de Praga entró en negociaciones con el Foro Cívico. El 27 de noviembre hubo una huelga general de dos horas que consiguió el apoyo de millones de personas, la primera en Checoslovaquia desde hacía 40 años. Los estalinistas se vieron obligados a capitular enfrentados a este maremoto de oposición y abolieron el “ papel dirigente ” del Partido, garantizado en la Constitución incluso antes que en Alemania del Este y Bulgaria. Los dirigentes del PC, que habían sido “ elegidos ” por los tanques rusos en 1968, se vieron obligados a condenar retrospectivamente la invasión de Checoslovaquia por parte del Pacto de Varsovia. Intentaron salvarse mediante un nuevo gobierno con una mayoría de no comunistas. Era una retirada humillante en un intento de salvar el pellejo. En diciembre, el presidente Husak dimitió, y el antiguo disidente pro-burgués Vlaclav Havel fue su sustituto. Al igual que en Alemania del Este, la revolución política estaba implícita en la situación, pero fue descarrilada por ausencia del factor subjetivo.

El gobierno pro-burgués del Foro Cívico anunció que iba a introducir la primera fase de la economía de mercado el 1 de enero de 1991, incluyendo un aumento de los precios de la energía del 390%. El ministro de Economía, el thatcherista Vaclav Klaus, planificó la venta de más de 100.000 tiendas estatales en los siguientes dos o tres años. Se subastaron 80.000 pequeñas propiedades estatales, a las que iban a seguir las grandes empresas. Pero según el Financial Times (12/11/90), la “ privatización a gran escala bajo la Ley de Transformación va a ser bastante más complicada ” . ¡Para crear este “ capitalismo popular ” , se entregaron vales a todos los ciudadanos! Triska, el ministro responsable de las privatizaciones, reconoció, sin embargo, que no esperaba ninguna demanda extraordinaria para comprar empresas. ¡Aunque sólo fuera porque se esperaba que muchas de ellas no iban a sobrevivir!

En Checoslovaquia, el miedo a un levantamiento masivo contra las nuevas medidas de austeridad de año nuevo puso nervioso al gobierno. Klaus advirtió: “ Estoy realmente asustado de que Checoslovaquia no vaya a superar el periodo de transición a partir del 1 de enero (…) en Checoslovaquia todavía vivimos en el filo de la navaja ” . El creciente caos económico había provocado una ansiedad generalizada y unos buenos resultados para los estalinistas en las elecciones locales de noviembre. El destino de la República Checa está íntimamente conectado a su vínculo con Alemania. El imperialismo alemán fue el responsable de la división criminal de Checoslovaquia – que iba contra los intereses tanto de los checos como de los eslovacos y hubiera sido derrotada si se hubiera sometido a referéndum. Pero Klaus, el agente del imperialismo alemán en Praga, se aseguró que no se consultara a la gente.

En Rumanía, el movimiento fue mucho más allá, con el derrocamiento violento del régimen de Ceaucescu por un movimiento clásico de la clase obrera similar al de Hungría en 1956. Entre el 21 y el 25 de diciembre de 1989, el intento de Ceaucescu de aplacar a las masas con promesas de aumentos salariales fue recibido con desprecio. La concentración masiva a la que se estaba dirigiendo se convirtió en una protesta antigubernamental, rematando en violentos enfrentamientos con la Securitate (la policía secreta del régimen), que se extendieron a todo el país. Todo el sistema estaba al borde de la revolución. El estado de emergencia simplemente agravó la situación. Las masas asaltaron las emisoras de radio y TV, y Ceaucescu y su esposa se vieron obligados a escapar.

El ejército se pasó al lado de los obreros y ayudó a derrotar a la Securitate . Diez mil personas murieron durante el levantamiento. La oposición formó el Frente de Salvación Nacional (FSN). Los Ceaucescu fueron apresados y ejecutados. El poder estaba en manos de los obreros y, a través de ellos, del FSN, dirigido por Ion Illiescu. Era similar a la revolución de febrero de 1917 en Rusia. EL FSN formó un nuevo gobierno y aprobó una serie de decretos a finales de diciembre, con la promesa de elecciones libres en abril. Ante el horror de la burguesía occidental, el FSN ganó claramente las elecciones con un 66% de los votos y dos tercios de los escaños. Illiescu ganó la presidencia con un 86% de los votos. Los partidos abiertamente pro-burgueses fueron aplastados. El motivo es que los obreros rumanos habían hecho una revolución y su conciencia estaba determinada por este hecho.

Lo cierto es que, a pesar de que todos los partidos (incluyendo el FSN) aceptaban la idea de una economía de mercado, los dirigentes de la oposición Ratiu y Campeanu habían centrado su campaña electoral en una introducción rápida del capitalismo. Habían acusado a los dirigentes del Frente de “ comunistas ” y de ser poco sinceros y estar poco convencidos de las privatizaciones. No hay duda que el voto contra Ratiu y Campeanu era un voto contra el capitalismo. Los ex-estalinistas del Frente de Salvación Nacional consiguieron una victoria aplastante. Esto sin duda reflejaba un ambiente masivo contra el capitalismo entre los obreros y campesinos. Lo que querían era socialismo, pero no totalitarismo. En las fábricas había elementos de control obrero y muchas estaban dirigidas por comités obreros. Todos los viejos directores fueron purgados y se eligieron otros nuevos que gozaban de la confianza de los trabajadores. En muchas fábricas los obreros estaban armados y llegaban a las asambleas con los rifles al hombro. Los miembros de la Securitate y otros colaboradores del régimen de Ceaucescu fueron perseguidos y arrestados o asesinados. Todos los elementos de una revolución política estaban presentes, pero una vez más faltaba el factor subjetivo. No existía un partido revolucionario que diese una expresión consciente y organizada al movimiento de la clase obrera.

Bajo estas condiciones, los ex-estalinistas del FSN pudieron llenar el vacío existente y descarrilar el movimiento. Los obreros habían derrocado el viejo régimen, pero no podían recoger los frutos. Aunque demagógicamente defendían el “ socialismo ” , los dirigentes del FSN en la práctica querían ir hacia el capitalismo, pero a un ritmo más lento que la oposición abiertamente burguesa. En palabras del primer ministro Petre Roman :

“No hace mucho tiempo nuestra oposición nos dijo que nosotros nunca reformaríamos la economía rumana, que el gobierno quería hablar de reformas, pero que nunca cambiaría el viejo sistema (…) ya conocéis los argumentos (…) realmente todavía son comunistas. Bien, ¿quién puede decir eso ahora, cuando estamos dando pasos concretos para introducir la economía de mercado?” (6).

En Hungría, la escisión de la burocracia dio lugar a que el ala reformista abriese conversaciones con la oposición temiendo un desafío serio en las elecciones previstas para mayo de 1990. La dirección del Partido Obrero Socialista Húngaro (POSH) acordó un sistema electoral basado en elecciones libres y la legalización de los partidos de oposición. Al igual que en Alemania del Este, era un intento tardío de introducir reformas desde arriba para impedir la revolución desde abajo. También abrieron la puerta a la restauración capitalista mediante la introducción de una ley sobre asociaciones que, según el Financial Times (5/10/89), “ crea un marco para un mercado de capital de estilo occidental y reaviva un tipo de compañías que no se habían visto desde antes de la toma de control por parte de los comunistas ” . Se legalizó la propiedad privada de acciones de empresas de hasta 500 trabajadores. La bolsa de Budapest había sido reactivada en julio de 1988, 40 años después de haber sido suspendida después de la nacionalización. Esto empezó el proceso de privatizaciones de bienes estatales, y en agosto ya se habían establecido 600 empresas conjuntas entre capital húngaro y capital extranjero. Gorbachov dio el visto bueno a estos movimientos en su reunión con el secretario del POSH Karoly Grosz.

En respuesta al establecimiento de los llamados sindicatos independientes, los sindicatos oficiales (SZOT) decidieron modificar sus estatutos para constituirse como una federación soberana. En octubre de 1989, el viejo POSH cambió su nombre por Partido Socialista Húngaro (PSH) para poder reformar su imagen y entró a dialogar con la oposición sobre las reformas constitucionales. Era una victoria para el ala pro-capitalista de Imre Pozsgay, que quería un partido socialdemócrata, más privatizaciones y una economía mixta. En noviembre, después de una purga, el PSH pidió la entrada en la Segunda Internacional. El resto formó una serie de grupos estalinistas.

Se introdujo una nueva constitución para permitir el libre funcionamiento de partidos de oposición. Se cambió el sistema electoral, prohibiendo en la práctica el funcionamiento de partidos políticos en las fábricas, y se disolvió la Guardia Obrera. Como consecuencia, hubo propuestas de ayuda de la UE y EEUU . Después de las elecciones generales, Josef Antall, del Foro Democrático, se convirtió en primer ministro. La privatización era la prioridad absoluta para el nuevo gobierno burgués. Antall tomó medidas para acelerar la privatización de la industria, empezando con 30 grandes entidades y unas 40.000 pequeñas compañías de servicios. También llegaron a un acuerdo con el FMI para recortar el déficit presupuestario y promover la economía de mercado.

El giro hacia la economía de mercado estaba “ yendo rápidamente en las tiendas ” , informaba The Independent (28/11/90). “ Los húngaros ya pagan precios casi occidentales por la comida y otros productos de primera necesidad, los salarios están congelados por el gobierno en niveles del Este europeo y un laberinto de regulaciones impide a las empresas occidentales invertir en Hungría ” . ¡Tolnay, presidente de la Cámara de Comercio, se vanagloriaba de que Hungría había ido más lejos en el camino hacia el capitalismo que ningún otro país de Europa del Este! Antall describió 1991 como el año clave para Hungría.

Sin embargo, las convulsiones del periodo de transición abrieron crisis y escisiones en el gobierno. Hubo enormes discusiones sobre la política económica. Al igual que en el resto de Europa del Este, la experiencia de la economía de mercado provocó rápidamente una reacción por parte de las masas húngaras. Ya en 1990, The Independent on Sunday se quejaba:

El optimismo que siguió al derrocamiento del comunismo el año pasado ha sido sustituido por una comprensión sobria de los dolores de cabeza que les esperan en la construcción de democracias estables y economías de mercado.

La cuestión nacional y Octubre

“ La opresión nacional en Rusia era infinitamente más brutal que en los Estados vecinos , no sólo en la frontera occidental, sino incluso en la frontera oriental ” , explica Trotski . “ El gran número de naciones lesionadas en sus derechos y la gravedad de su situación jurídica daban una fuerza explosiva enorme al problema nacional en la Rusia zarista ” ( 7).

La Rusia zarista era una prisión para las nacionalidades. Una de las claves del éxito de la revolución bolchevique fue su política sobre la cuestión nacional. Lenin se dio cuenta de que la única manera de construir una nueva federación socialista era sobre la base de la igualdad completa de las minorías nacionales que formaban Rusia. No podía haber ningún tipo de coacción de una nación sobre otra. Sólo se podía establecer una república socialista como una unión voluntaria de nacionalidades. En consecuencia, el derecho de las nacionalidades a la autodeterminación estaba grabado en la bandera del partido y de la joven república soviética, incluyendo el derecho a la secesión en un caso extremo.

Lenin defendía la unidad de los pueblos del antiguo imperio zarista, pero tenía que ser una unidad voluntaria. Por eso insistió desde el principio en el derecho a la autodeterminación. Esta idea frecuentemente se malinterpreta como una exigencia de separación, pero eso es totalmente incorrecto. Los bolcheviques no estaban a favor de la separación, pero defendían la extensión más amplia posible del derecho a la autodeterminación, hasta e incluyendo la separación. Nadie tiene el derecho a obligar a un pueblo a vivir dentro de los confines de un Estado cuando la mayoría no lo desea. Pero el derecho de autodeterminación no implica la reivindicación de la separación, de la misma manera que el derecho al divorcio no significa que todas las parejas tengan que separarse, o que el derecho al aborto no significa que haya que poner fin a todos los embarazos. Como Trotski explica en su Historia de la Revolución rusa:

Con ello, el partido bolchevique no se comprometía de ningún modo a hacer propaganda separatista. A lo único que se comprometía era a luchar con intransigencia contra todo tipo de opresión nacional, incluyendo la retención por la fuerza de cualquier nacionalidad en los límites de un Estado común. Sólo por este camino el proletariado ruso pudo conquistar gradualmente la confianza de las nacionalidades oprimidas (8).

Por otra parte, los bolcheviques se oponían implacablemente al nacionalismo burgués, que trataba de dividir a la clase obrera. Los bolcheviques defendían la unidad de todos los obreros en una sola organización, independientemente de su nacionalidad, raza o religión.

“Una organización revolucionaria no es el prototipo del Estado futuro, es únicamente el instrumento para crearlo. La herramienta debe ser adecuada para la fabricación de producto, pero de ningún modo debe asimilarse a él” (9).

En su libro Stalin, Trotski explicó que :

“la segregación de diferentes porciones nacionalistas de la humanidad nunca fue nuestra intención. Es cierto que el bolchevismo insistía en que todas las naciones tenían el derecho de secesión – el derecho, pero no el deber – como garantía última más efectiva contra la opresión. Pero la idea de preservar artificialmente idiosincrasias nacionales era profundamente ajena al bolchevismo. La eliminación de toda opresión o indignidad nacional, incluso disfrazada, incluso la más refinada e ‘imponderable’, tiene que ser utilizada para la unificación revolucionaria, y no para la segregación de los obreros de diferentes nacionalidades. Donde existen privilegios e injurias nacionales, las naciones tienen que tener la posibilidad de separarse las unas de las otras, de tal manera que se pueda facilitar la unificación de los obreros, en el nombre de un mayor acercamiento de las naciones, con la perspectiva distante de la eventual fusión completa de todos. Esa era la tendencia básica del bolchevismo, que reveló su fuerza plenamente en la Revolución de Octubre” (10).

Este era el concepto dialéctico que podía sentar las bases para resolver la cuestión nacional.

Los problemas nacionales eran un residuo de la revolución democrático-burguesa. El capitalismo en su declive exacerbó estos problemas. Sólo la revolución socialista podía resolverlos y proporcionar una auténtica igualdad entre las naciones. Cuando los bolcheviques llegaron al poder, el viejo imperio zarista estaba en proceso de desintegración rápida. La república soviética sólo podía reconstruir la unidad de los pueblos, en palabras de Lenin, “ no por la fuerza, sino por un acuerdo voluntario ” . Esto constituía una ruptura completa con el nacionalismo gran ruso del pasado. La doctrina bolchevique de la autodeterminación nacional se aplicó en primer lugar a las condiciones concretas de la guerra, cuando los sóviets hicieron un llamamiento a una paz “ sin anexiones ” . La liberación social y la autodeterminación se convirtieron en puntos cardinales.

El derecho de autodeterminación era una parte importante del programa de Lenin, en la medida en que demostraba claramente a los obreros y campesinos (especialmente a éstos) oprimidos de Polonia, Georgia, Letonia y Ucrania que los obreros rusos no tenían ningún interés en oprimirles y que defenderían firmemente su derecho a decidir su propio destino. Pero esto sólo era la mitad del programa de Lenin sobre la cuestión nacional. La otra mitad era igualmente importante: la necesidad de mantener la unión del proletariado por encima de todas las diferencias nacionales, lingüísticas o religiosas. Por lo que se refiere al partido bolchevique, Lenin siempre se opuso a cualquier tendencia a dividir el partido (y el movimiento obrero en general) por nacionalidades.

Después de la revolución , Lenin pensaba que podría haber una unión fraternal y voluntaria de los pueblos del antiguo imperio zarista en forma de una Federación Soviética . Con este fin, exigió que se tratase a todas las nacionalidades con una extrema sensibilidad . Había que eliminar toda manifestación de chovinismo gran ruso . De hecho , durante algún tiempo después de Octubre , la palabra Rusia desapareció completamente de los documentos oficiales . El nombre oficial de la tierra de Octubre era simplemente “ el Estado obrero ” .

A pesar de las necesidades militares y estratégicas de la guerra civil, los bolcheviques aplicaron sin reservas el derecho de autodeterminación. En 1918 aceptaron la separación de Finlandia y Polonia. En Estonia, Letonia y Lituania se reconocieron repúblicas soviéticas independientes en 1918, pero fueron derrocadas con el apoyo de los británicos, tras lo que en 1920 fueron reconocidas como repúblicas burguesas independientes. En Georgia, se reconoció una república burguesa en 1920 y una república soviética en 1921. Sólo cuando se puso en peligro la propia supervivencia del régimen soviético se transgredió este principio. Como explicó Trotski :

“En Brest-Litovsk, el gobierno soviético sacrificó la independencia nacional de Ucrania a fin de salvar al Estado obrero. Nadie podía hablar de traición hacia Ucrania, pues todo obrero con conciencia de clase entendió el carácter obligado de este sacrificio”(11). La intervención soviética en Ucrania en 1919 y de nuevo en 1920 fue una medida de autodefensa contra un gobierno que había invocado la intervención extranjera. Lo mismo era cierto en el Bajo Volga, Asia Central y Georgia.

La derrota de los ejércitos blancos y la subsiguiente retirada de las fuerzas británicas, japonesas y francesas llevó a la recuperación de territorio y el establecimiento dentro de la República Socialista Federal Soviética Rusa (RSFSR) de numerosas regiones y repúblicas autónomas. El principio de independencia o autonomía se había extendido al conjunto del antiguo imperio ruso. La RSFSR era una unión laxa basada en tratados bilaterales entre la Federación y las repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Azerbayán y Armenia. En 1922, Stalin, comisario de Nacionalidades, fue el responsable de normalizar las relaciones entre las repúblicas. Finalmente, el 30 de diciembre de 1922, la federación evolucionó hacia una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, una unión de socios iguales. Los asuntos exteriores, defensa, comercio exterior, comunicaciones y correos y telégrafos caían dentro de la responsabilidad exclusiva del gobierno central de la URSS. Según la declaración:

“Finalmente, la estructura del poder soviético, que es internacional por su carácter de clase, conduce a las masas trabajadoras de las repúblicas soviéticas por el camino de la unión en una sola familia socialista.

“Todas estas circunstancias exigen imperativamente la unificación de las repúblicas soviéticas en una sola unión capaz de garantizar la seguridad externa, el progreso económico interno y la libertad de desarrollo nacional para los pueblos”(12).

Sin embargo, el estalinismo, un régimen de centralismo burocrático, entró en conflicto con las aspiraciones de las minorías nacionales. Ya en 1922 Lenin se enfrentó con Stalin como resultado de su actitud altanera al tratar con las minorías nacionales. Stalin estaba intentando aplastar la oposición de los bolcheviques georgianos a sus planes para la Federación. Lenin escribió al Politburó en septiembre de 1922 sobre el tratamiento dado por Stalin a las relaciones de la república con la RSFSR: “ En mi opinión, la cuestión es de importancia cardinal, Stalin tiene demasiada prisa ” ( 13). Una semana más tarde, Lenin escribió a Kámenev: “ declaro la guerra a muerte al chovinismo gran ruso ” ( 14). Al mes siguiente escribe: “ Me parece que en esto han tenido un efecto fatal la precipitación y las aficiones administrativas de Stalin, así como su enconamiento contra el decantado “ socialnacionalismo ” . Por lo común, el enconamiento desempeña siempre en política el peor papel ” . En una andanada contra Stalin, Lenin advirtió contra “ el ruso genuino, el patriotero, miserable en el fondo y dado a la violencia, como es el típico burócrata ruso ” . Y continuaba: “ No cabe duda de que el insignificante porcentaje de obreros soviéticos y sovietizados se hundiría en este mar de inmundicia chovinista rusa como las moscas en la leche ” . Y concluía: “ La responsabilidad política por toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso debe hacerse recaer, como es natural, en Stalin y Dzerzhinski ” (15). Lenin había sufrido ya dos ataques graves y se daba cuenta que podía morir en cualquier momento. Mientras estaba enfermo, insistió en dictar una carta a Krúpskaya para Trotski felicitándole por haber triunfado “ sin que se haya asestado un solo golpe ” en la discusión en el Comité Central sobre el monopolio del comercio exterior. Stalin se enteró y llamó a Krúpskaya , insultándola, una conducta sin precedentes en un dirigente bolchevique.

Al día siguiente, el 23 de diciembre de 1922, profundamente afectada, Krúpskaya escribió a Kámenev:

“Stalin me sometióayer a unatormenta de losinsultosmásgroserossobreuna breve nota que Lenin me habíadictado, con permiso de losmédicos. No entréen el partidoayer. En estos 30 años no he oídouna sola grosería de ningúncompañero. Los intereses del partido y de Illyich no son menosimportantes para míquepara Stalin. En ese momentonecesitotodo el autocontrolquepuedareunir…”.Krúpskayapide (son loseditoreslosqueresumen sin citar) protección de “estainterferenciagroseraensuvidaprivada, insultos y amenazasindignos” (16).

El 30 de diciembre de 1922, Lenin escribió: “ Si las cosas tomaron tal cariz (…) podemos imaginarnos en que ciénaga hemos caído ” . Lenin intercambió cartas con Trotski y le confió la defensa de su causa común. El 5 de marzo escribió a Trotski pidiéndole que se encargara de la defensa del caso georgiano contra Stalin. En su Testamento, que dictó con gran esfuerzo, llama al cese de Stalin como secretario general. Este fue el último acto político de Lenin.

La cuestión nacional requiere una gran sensibilidad, incompatible con la altanería burocrática.

“Las necesidades culturales de las naciones, despertadas por la revolución, exigen la más amplia autonomía”, explicó Trotski. “Pero la economía sólo puede desarrollarse satisfactoriamente si todas las partes de la Unión se someten a un plan centralizado de conjunto. La economía y la cultura no están separadas por murallas; sucede, pues, que las tendencias a la autonomía cultural y a la centralización económica se ponen en conflicto. Sin embargo, no hay entre ellas antagonismo irreductible.

“Si para resolver este conflicto no tenemos ni podemos tener una fórmula ya hecha, la voluntad de las masas interesadas existe, y sólo su participación efectiva en la decisión cotidiana de su propio destino puede, en cada etapa dada, trazar el límite entre las reivindicaciones legítimas de la centralización económica y las exigencias vitales de las culturas nacionales. Toda la desgracia viene de que la voluntad de la población de la URSS, encarnada por sus diversos elementos nacionales, está falsificada completamente por la burocracia, que sólo considera la economía y la cultura desde el ángulo de los intereses específicos de la capa dirigente y de sus facilidades de gobierno” (17).

La cuestión nacional y el estalinismo

La revolución jugó un papel enormemente progresista en el despertar del orgullo nacional. El zarismo, que había esclavizado a los pueblos del imperio, dejó paso a la promoción de la libertad nacional y el fortalecimiento de la cultura. Se formaron naciones a partir de razas y tribus. Se inventaron (cuando no existían) o sustituyeron (si utilizaban la escritura aristocrática asiática) alfabetos para la mayoría de las lenguas habladas en la URSS. Cuarenta y ocho lenguas aparecieron en forma escrita por vez primera, incluidas las de los uzbekos, turkmenos, kirguizes y karakalpakes de Asia Central. Lo mismo con los moldavos, chechenos e ingushes . En Bashkiria se creó una lengua bashkir a partir del tártaro y fue declarada lengua oficial del Estado. Después de la revolución generalmente se mencionaba Asia Central como Turquestán, aunque en esa zona se crearon naciones diferentes con sus propias lenguas separadas. Esto llevó a un auge rápido en la conciencia nacional y la comunicación escrita entre pueblos por primera vez.

En 1933, el 37,5% de todos los periódicos soviéticos se escribían en lenguas diferentes del ruso. Antes de 1917 no había escuelas que enseñasen en ucraniano o bielorruso, pero en 1927 más del 90% de la enseñanza en estas nacionalidades se daba en su lengua materna. Lo mismo se aplicaba a otras repúblicas. En 1935, la educación primaria se daba en ochenta lenguas diferentes en la RSFSR, un enorme paso hacia delante. Pero la cuestión nacional todavía no se había resuelto. El régimen burocrático totalitario de Moscú no podía tolerar la menor manifestación de independencia. En una violación abierta de todos los principios del leninismo, se volvió a los viejos métodos zaristas.

Stalin suprimió la menor desviación “ nacionalista ” . Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial Stalin desterró naciones enteras con el pretexto de supuesta colaboración con los nazis. La culpa colectiva era la norma. Esto les sucedió a los chechenos, los ingushes y los tártaros de Crimea. Tal y como Kruschev reveló en 1956:

Los actos más monstruosos son aquellos iniciados por Stalin que son violaciones groseras de los principios leninistas básicos de la política nacional del Estado soviético. Nos referimos a las deportaciones masivas de sus lugares de nacimiento de naciones enteras con sus partidos y juventudes comunistas sin excepción (…) Así, ya a finales de 1943 (…) se tomó y ejecutó la decisión en relación a la deportación de todos los karachai de las tierras en las que vivían.

En el mismo periodo, a finales de diciembre de 1943, la misma suerte le correspondió a toda la población de la República Autónoma Kalmyk. En marzo de 1944, todos los pueblos chechenos-ingushes fueron deportados y la República Autónoma de Chechenia-Ingushetia fue liquidada. En abril de 1944 todos los balkares fueron deportados a sitios muy alejados de la República Autónoma de Kabardino-Balkaria y la propia república cambió su nombre por el de República Autónoma de Kabardina. Los ucranianos se libraron de este destino porque eran demasiados y no había ningún sitio adonde deportarlos. De no haber sido así, él [Stalin] también los hubiera deportado(18).

Estos crímenes y otras medidas similares contra las repúblicas fueron acumulando un resentimiento y una hostilidad enormes contra el régimen de Moscú. El elemento de chovinismo gran ruso contra el que Lenin había luchado toda su vida estaba desenfrenado en el régimen de Stalin, potenciado por el “ jefe ” en persona. Aunque el propio Stalin era un georgiano que hablaba ruso con un fuerte acento, era un ferviente defensor del chovinismo gran ruso. Esta es la regla general con los miembros de naciones oprimidas que llegan al poder en el gobierno de la nación opresora. El propio Napoleón Bonaparte era corso, pero igualmente se convirtió en un defensor entusiasta del imperialismo francés y la centralización. Inmediatamente después de la guerra, Stalin hizo el siguiente discurso:

Dejadme proponer otro brindis más. Me gustaría proponer un brindis a la salud de nuestro pueblo soviético, y especialmente al pueblo ruso. Bebo a la salud del pueblo ruso porque es el sector más destacado entre todas las naciones de la Unión Soviética. Hago este brindis porque no sólo la nación rusa es la nación dirigente, sino que su pueblo tiene una inteligencia aguda, carácter y perseverancia(19).

Este tipo de discurso hubiera sido impensable en vida de Lenin. El chovinismo gran ruso en todas sus manifestaciones causó un daño colosal, minando el espíritu de solidaridad fraternal establecido por Octubre y provocando un hondo resentimiento entre las otras nacionalidades, que se sentían como ciudadanos de segunda categoría. Estos sentimientos permanecieron en gran medida debajo de la superficie mientras la economía soviética estaba en auge. La crisis del estalinismo actuó como un detonante de estos sentimientos explosivos que, a su vez, condujeron a la ruptura de la URSS. La política del estalinismo en la cuestión nacional se derivaba inevitablemente del carácter totalitario del régimen y de la concentración burocrática del poder en Moscú.

Después de la muerte de Stalin, Kruschev intentó poner todos los crímenes del pasado sobre los hombros de Stalin. Aunque se iniciaron reformas para eliminar los peores rasgos del estalinismo, la opresión nacional, aunque de una manera más suave, seguía presente. Su manifestación más escandalosa era el antisemitismo propugnado por el régimen bajo el disfraz de antisionismo.

El flagelo del antisemitismo

La Rusia zarista era la tierra del prógromo y el knut. Aplicaba un sistema brutal de opresión nacional, que se ensañaba especialmente con los judíos. Esta persecución siempre había empujado a un sector de la juventud judía, que rechazaba el sionismo, hacia el marxismo revolucionario: Trotski , Zinóviev , Kámenev, Rosa Luxemburgo, Radek y muchos otros. Veían la revolución socialista como la única manera de abolir el antisemitismo y asegurar un futuro para el pueblo judío. La revolución dio a los judíos todo los que se les había negado: plenitud de derechos, un status igual al del resto de la población y la perspectiva de poner sus considerables talentos al servicio de la creación de una vida nueva y mejor para todos. El zarismo había excluido a los judíos. El bolchevismo les ofrecía la oportunidad de integrarse sobre la base de una completa igualdad. La aplastante mayoría lo aceptaron. Sin embargo, incluso en este caso Lenin mostró gran flexibilidad. Aunque los judíos no eran estrictamente una nación (Lenin los había caracterizado como una casta especial oprimida), sin embargo, se les ofreció el derecho de formar su propia patria en un territorio aparte ( Birobidzhán ), aunque muy pocos mostraron interés.

La Revolución de Octubre había atraído a los elementos más avanzados y de más talento de entre la población judía de Rusia y sus alrededores. Muchos se unieron al Partido Comunista y jugaron un papel destacado. Un caso ejemplar fue el polaco Leopold Trepper, que más tarde dirigió la famosa Orquesta Roja, la organización de agentes soviéticos que jugó un papel heroico en el corazón del Tercer Reich. En su destacable autobiografía, Trepper escribe:

Llegué a ser comunista porque era judío. Ya cuando entré en contacto con los obreros de Dombrova pude medir la amplitud de la explotación capitalista. Más tarde, descubrí en el marxismo la respuesta definitiva a la cuestión judía, que venía obsesionándome desde la infancia. Creía, pues, que sólo una sociedad socialista podía terminar con el racismo y el antisemitismo y permitir el pleno desarrollo cultural de la comunidad judía”(20).

Estos sentimientos eran típicos de toda una generación de combatientes de clase judíos.

La reacción siempre trató de azuzar el antisemitismo y utilizar a los judíos como cabezas de turco. La misma idea de tolerar manifestaciones antisemitas en el partido de Lenin hubiera sido un anatema. Esta basura era el arma habitual de la reacción blanca. En la guerra civil era común acusar los dirigentes bolcheviques de ser judíos (incluido Lenin). Pero el antisemitismo no levantó cabeza dentro del Partido Comunista hasta la reacción estalinista contra Octubre . Stalin utilizó el antisemitismo en su lucha contra sus opositores políticos. El 4 de marzo de 1926, Trotski escribió una carta a Bujarin protestando porque en una célula del partido se habían puesto en circulación rumores de que “ los judíos están armando follón en el Politburó ” (21). Atacando a la Oposición en 1927, Stalin dijo que se oponía a Trotski y a Zinóviev no porque fueran judíos, sino porque eran oposicionistas. Era una señal disimulada a sus seguidores, que no tardaron en aplicarla.

El sionismo había tenido muy poco apoyo entre los judíos rusos, que veían en la Revolución de Octubre la solución a sus problemas. Pero mientras que Octubre les dio igualdad y libertad plenas, el estalinismo intensificó su discriminación basándose en los prejuicios seculares de los sectores más atrasados de la población. El hecho de que se disfrazase superficialmente el antisemitismo con palabras clave como “ cosmopolitas sin raíces ” y más tarde “ sionistas ” no cambiaba la esencia del asunto. Regularmente se lanzaban campañas antisemitas públicamente, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, culminando con la infame conspiración de los médicos, que llevó a la reivindicación del derecho a abandonar la URSS, especialmente después de la creación del Estado de Israel en 1948.

Después del 20º Congreso, se envió a la URSS una delegación del PC británico para investigar las acusaciones de antisemitismo. Sus conclusiones fueron publicadas en un informe que revela la atmósfera de antisemitismo abierto y encubierto en la Rusia estalinista:

La Enciclopedia Soviética, que en su edición de 1932 dedicaba unas 160 columnas a los judíos, reduce este espacio a cuatro columnas en la edición de 1952. Las biografías de muchos judíos eminentes han sido eliminadas. Ya no se menciona que Marx era judío. Entonces descubrimos, por conversaciones privadas del camarada Levy con judíos, que los años 1948-52 eran conocidos entre ellos como ‘los años negros’, el periodo en el que muchos judíos fueron cesados de sus cargos, escritores y poetas judíos fueron detenidos y acusados de traición y ejecutados (…)

Los que fueron detenidos y acusados en secreto eran trabajadores de la cultura o políticos destacados. Poco después de su detención los familiares inmediatos del hombre detenido eran deportados a algún sitio lejano, y normalmente con salarios bajos. Finalmente, el marido era fusilado, quizás después de ser torturado, para intentar obligarle a confesar o incriminar a otros. De esta manera, prácticamente todo el Comité Judío Antifascista fue liquidado (22).

Al igual que bajo el zarismo, el régimen recurrió al antisemitismo para desviar la atención sobre los problemas internos. Después de las victorias israelíes de 1967 hubo una explosión de antisemitismo, que adoptó la forma de campaña contra el sionismo. Incluso si hubiera habido un aumento del sionismo, nunca se podría combatir con métodos administrativos. Los ideales sionistas sólo dejarían de tener atracción en la medida en que los judíos se sintieran seguros en la URSS.

La urgencia por emigrar era claramente un reflejo de la incapacidad del estalinismo de satisfacer las aspiraciones de los judíos. La emigración se convirtió en una inundación en 1971, después del inicio de una détente debido a los grupos de presión judíos en EEUU . En los años 70, más de 200.000 judíos abandonaron la URSS. La población judía en la URSS cayó de 2.151.000 en 1970 a 1.449.000 en 1989. El que un sector prefiriera probar suerte en Israel antes que quedarse en su país es una condena monumental del régimen estalinista. Esto contrasta con el hecho de que sólo un número insignificante de judíos decidieran emigrar después de 1917, a pesar de las espantosas condiciones existentes y de la ausencia de obstáculos legales para irse.

Octubre ofreció esperanza a los judíos y a todos los pueblos anteriormente oprimidos. Esa esperanza fue vergonzosamente traicionada por el estalinismo. La cuestión judía sólo se puede solucionar a través de la revolución socialista. El Estado de Israel no puede resolver este asunto. Tal y como Trotski predijo un mes antes de su asesinato en agosto de 1940:

“El desarrollo futuro de los acontecimientos militares podría transformar a Palestina en una trampa sangrienta para varios cientos de miles de judíos. Nunca ha estado tan claro como hoy que la salvación del pueblo judío está vinculada inseparablemente al derrocamiento del sistema capitalista” (23).

* Por supuesto que la situación ha cambiado, hasta cierto punto, desde que Trotski escribió estas líneas. Medio siglo más tarde, seis millones de judíos viven en Israel, que ahora es la potencia militar más fuerte de Oriente Medio. Pero esto no invalida en absoluto el análisis de Trotski . Para empezar, Israel, la supuesta tierra prometida de paz y abundancia, se ha convertido en la práctica en una trampa sangrienta para el pueblo judío. Testimonio de ellos son cuatro terribles guerras y guerras incluso más terribles en preparación. Es más, Israel existe porque EEUU necesita un bastión de confianza en Oriente Medio. Sobrevive solamente gracias al enorme gasto armamentista, subvencionado y avalado por Washington. Sin embargo, puede ser que la situación no sea así siempre. El futuro del pueblo de Israel, sin una revolución socialista en Oriente Medio, será siempre una pesadilla terrible. Esto demuestra que los problemas del pueblo judío tampoco han encontrado una solución bajo el capitalismo.

La ‘independencia’ no es ninguna solución

La integración de las economías de las repúblicas bajo un plan común beneficiaba a todos los pueblos de la URSS. Las ventajas eran especialmente evidentes en las repúblicas previamente atrasadas de Asia Central. Un periodista occidental comentaba su destacable transformación:

“Ciertamente, Asia Central ha visto una transformación económica y social estupenda en los últimos 70 años. En 1917, estas estepas y montañas estaban habitadas por una población prácticamente analfabeta, que vivía en una pobreza romántica pero abyecta. Hoy en Tashkent (dos millones de habitantes), la vieja ruta de la seda está cruzada por un metro al estilo del de Moscú, y un jardín botánico de 200 acres evoca milagrosamente, en lo que antes era un semi-desierto, la ilusión de un bosque del condado de Buckingham”(24).

Pero esto era sólo una cara de la moneda. El régimen estalinista había creado toda una serie de burocracias en miniatura en las repúblicas, que reproducían detalladamente todos los caracteres negativos del original y fueron acumulando cada vez más poder en sus manos gracias a sucesivas medidas de descentralización aplicadas bajo Kruschev y Breznev. La descentralización sin el control de la democracia obrera provocó un florecimiento sin precedentes de la corrupción. Por ejemplo, un capitoste local en Turkmekistán , llamado Gapurov, fue jubilado en el congreso del Partido de Turkmenistán en diciembre de 1982: “ Con él frecuentemente se ascendía a cuadros a puestos dirigentes por lealtades personales, vínculos familiares o lugar de nacimiento ” , dice un informe del congreso.

“Ha creado un ‘criadero de nepotismo, lisonjas y corrupción, creando una atmósfera de laxitud y dejadez, y provocó un aumento del servilismo y la irresponsabilidad”(25). Esto era bastante típico, sólo que Gapurov tuvo la mala suerte de quedar al descubierto.

Estas burocracias locales, venales, ineficaces y opresoras, también mostraban las mismas tendencias chovinistas que son característica inevitable de todos los tipos de estalinismo. Para aumentar su propio poder y privilegios se apoyaban en los chovinistas locales. Arrogantes, estrechos de miras y sin el menor residuo de internacionalismo, potenciaban deliberadamente los sentimientos nacionalistas. Los burócratas locales se aprovechaban de los agravios nacionales para fortalecer su poder. Las consecuencias de esto fueron desastrosas, como vimos después con las terribles guerras fratricidas entre azeríes y armenios, georgianos y abjazos , rusos del Trandsniester y moldavos, el odio nacional contra las minorías rusas en los países bálticos, etc.

En un primer momento , Gorbachov intentó mantener la URSS intacta, culpando a las políticas de la era de Stalin por deformar la creación ‘ única ’ de Lenin de un Estado federal en el que se habían garantizado derechos culturales y nacionales a los pueblos a los que el zarismo se los había negado . Gorbachov aseguró que iba a reinstaurar la política de las nacionalidades de Lenin, incluyendo el derecho básico a la “ autodeterminación ” . Sin embargo, Gorbachov declaró que sería simplista describir la autodeterminación simplemente como el derecho a secesión (un derecho que ya estaba “ garantizado ” teóricamente a las repúblicas por la constitución soviética de 1977). Lo describió más en términos de un “ proceso de afirmación de la dignidad nacional , desarrollando el lenguaje y la cultura , consolidando la independencia política y progresando social y económicamente ” .

Gorbachov advirtió:

“Hay que tener en cuenta que más de 60 millones de personas (el 21% de la población total) vive fuera de sus repúblicas nacionales como consecuencia de procesos económicos, sociales y demográficos y la migración interétnica. Naturalmente es imposible resolver ningún problema sin tener en cuenta los intereses legítimos y los derechos de los conciudadanos”. En la práctica, la línea de Gorbachov no tenía nada que ver con la de Lenin. Simplemente se hacía eco de la posición oportunista de Otto Bauer y de los “austro-marxistas” que, antes de la Primera Guerra Mundial, defendían la consigna de la “autonomía nacional-cultural” como una alternativa a la política de Lenin del derecho a la autodeterminación. En realidad lo que hacía falta era una unión auténticamente voluntaria. Pero eso sólo es posible en un régimen de democracia obrera.

Con la ralentización de la economía y la profundización de la crisis del estalinismo, junto a las “ reformas ” de Gorbachov, que levantaron parcialmente el control burocrático central, se liberaron inevitablemente tendencias centrífugas de enorme fuerza, haciendo pedazos la vieja Unión Soviética y abriendo un periodo de turbulencia étnica y nacional. Para defender sus propios intereses, las burocracias locales provocaron algunos de estos conflictos, basándose en el nacionalismo para asegurar su independencia de Moscú. La ruptura de las repúblicas bálticas dio luz verde a otras. Una a una, las repúblicas se fueron declarando a favor de la independencia.

Disminuido el miedo a la represión, la crisis del estalinismo llevó rápidamente a la ruptura de la URSS en diciembre de 1990. La velocidad con la que esto ocurrió es prueba suficiente de la falta de base de la vieja relación. Este era el castigo final por décadas de opresión nacional por parte de la burocracia moscovita. Mientras que la cuidadosa política de Lenin sobre la cuestión nacional resultó en la adhesión de casi todas las nacionalidades oprimidas a la revolución, Stalin y sus sucesores consiguieron todo lo contrario. En cuanto tuvieron la oportunidad, abandonaron la Unión.

El movimiento hacia el capitalismo y el desencadenamiento de todas las tensiones acumuladas preparó el camino para sangrientos. Sólo recientemente, después de cinco años de convulsiones y ocupación rusa, se ha declarado una tregua en el conflicto entre Azerbayán y Armenia sobre el enclave de Nagorno-Karabaj. Las burocracias armenia y azerí están preocupadas por su propio poder, prestigio y privilegios, y no por los pueblos de ambas zonas. La burocracia azerí negó los derechos lingüísticos a la mayoría armenia cuando controlaba el enclave e instigó prógromos contra los armenios en Sumgait y Bakú.

Pero el conflicto entre azeríes y armenios no tiene nada de inevitable. Después de la Revolución se establecieron buenas relaciones entre los dos pueblos. Tanto era así que cuando en 1923 el dirigente del PC azerí ofreció el retorno de Nagorno-Karabaj a Armenia, la oferta fue declinada. El tema parecía irrelevante. Sólo después de décadas de desgobierno, cuando cada burocracia local intentó fortalecer sus posiciones apelando a los sentimientos nacionalistas de las capas más atrasadas de la población, se sentaron las bases para una vuelta de los viejos demonios.

Ha habido acontecimientos explosivos en Moldavia, Georgia y Chechenia que el gobierno ruso ha sido incapaz de resolver ni siquiera por la fuerza. Es más, la ruptura de la URSS dio lugar a problemas económicos agudos, dada la interdependencia extrema de todas las repúblicas después de décadas de economía planificada centralizada. Como consecuencia, existen tendencias centrífugas, pero también centrípetas. Sólo Ucrania tiene una cierta base económica para la independencia, pero incluso en este caso su economía sigue estando vinculada por miles de lazos a la de su poderoso vecino.

Décadas de represión estalinista han provocado una urgencia por parte de los diferentes pueblos por librarse del yugo de Moscú, pero tal y como remarcó Gorbachov, la población de todas las repúblicas está mezclada. Los chovinistas de cada república muestran la intolerancia más brutal hacia las minorías nacionales en sus propios países, que, a su vez, están aterrorizadas de convertirse en minorías oprimidas en las nuevas pequeñas repúblicas “ independientes ” . Los nacionalistas bálticos combinan una actitud chovinista ruin hacia los rusos, polacos y otras nacionalidades con el servilismo más obsequioso hacia el imperialismo occidental. Incluso les han negado el derecho a voto a los no bálticos. Estos países bálticos “ independientes ” eran semicolonias de Gran Bretaña en el periodo de entreguerras, antes de caer bajo el control de la Alemania nazi. Sus economías estaban vinculadas a las de Rusia y el Comecon . Debido a la Política Agrícola Común (PAC) sería muy difícil para ellas exportar a la UE. En el terreno industrial, no serán capaces de competir con Occidente. Su independencia nominal, como demostraremos, es una ilusión y un engaño.

La experiencia ha demostrado que la ruptura de la URSS, en la que las economías de todas las repúblicas estaban vinculadas, significa un desastre para todos los pueblos. La situación no es viable. Más pronto o más tarde, de una u otra manera, se reunificarán con Rusia. Si esto se hace sobre bases capitalistas, la opresión nacional se verá enormemente intensificada en lo que será una relación imperialista. Pero la experiencia de su “ independencia ” ha sido tan desastrosa que incluso una parte importante de la población de Ucrania, a regañadientes, probablemente preferirían volver atrás. Sólo un régimen de democracia obrera garantizaría una auténtica libertad para todas las repúblicas en una federación libre con un plan de producción común, en el que el control estaría en manos de los trabajadores, con la mayor autonomía y una garantía del derecho de autodeterminación.


Epílogo: El colapso del estalinismo

Alan Woods

Apatía, indiferencia, latrocinio… se han convertido en un fenómeno de masas, combinados con una envidia agresiva hacia los que ganan mucho dinero. Han aparecido muchos síntomas de un tipo de degeneración física de una parte importante de nuestra población, a través del alcoholismo y la ociosidad. Finalmente, hay una falta de confianza en los objetivos y propósitos oficiales, en la propia posibilidad de una organización de la vida social y económica más racional. Claramente todo esto no se puede superar rápidamente, se necesitarán años, quizás generaciones.

Cuando las reformas de Gorbachov empezaron a tener efecto, se cayó en una crisis incluso más profunda. El zarismo durante generaciones giró de la represión a las concesiones y de nuevo a la represión. Pero una vuelta a la represión desenfrenada de la era estalinista estaba descartada; el enorme poder de la clase obrera lo hacía imposible. La burocracia se veía obligada a pisar con cautela por miedo a provocar una explosion, pero sus opciones eran extremadamente limitadas. El impasse propagó el desencanto entre la clase obrera. A finales de los 80 surgieron importantes ilusiones en el mercado entre ciertos sectores, especialmente de la burocracia y la intelectualidad, pero también incluso entre sectores obreros, pero la burocracia todavía estaba dividida.

Las reformas de Gorbachov solo abrieron el camino para una crisis incluso más profunda. De igual manera, el zarismo durante generaciones giró de la represión a las concesiones y de nuevo a la represión. Pero las opciones ante la burocracia se veían extremadamente limitadas. El viejo sistema estaba colapsando, pero sin planes de reemplazarlo. Esta situación no podía durar. La economía se hundía a una crisis más profunda. Gosplan, la agencia central de planeación del estado, advierte que, debido al colapso de planeación central, la producción podría decaer entre treinta y setenta por ciento. El impasse de la burocracia propagó el desencanto entre la clase obrera.



Durante el final de los años 80, surgieron importantes ilusiones en el mercado entre ciertos sectores, especialmente la burocracia y la intelectualidad (especialmente los economistas). Gorbachov aún no se había decidido sobre dirigirse hacia el capitalismo. Era el gobierno de la Federación Rusa bajo Yeltsin que actuaba como el filo de la pro-burguesía hacia la derecha de la burocracia. La derecha salió adelante con un programa de restauración capitalista completa. Stanislav Shatalin y Grigory Yavlinsky redactaron el llamado programa de 500 días para la transición a la economía del mercado, la cual propuso privatización masiva en un plazo de 100 días, además de la liberalización de precios y los cortes a los subsidios.



El consejo de ministros ordenó tener preparado un borrador para el 1 de mayo para lograr moverse rápidamente a la economía de mercado. Sin embargo, para finales de abril los consejos presidencial y de la Federación habían devuelto el borrador para “mayor elaboración”. Era aparente que Gorbachov y sus ministros se habían apartado de la “terapia de choque” para la economía por miedo a provocar huelgas y descontento. Estos miedos justificados, se probarán más adelante.

Cuando el texto de la nueva ley dice que “ciudadanos” tendrán el derecho a “adquirir y heredar propiedad”, no se refiere a los mineros de Kuzbass si no a la casta privilegiada de oficiales quienes estaban esperando poder tomar las propiedades del estado sovietico. Este era el motivo para seguir en la dirección del capitalismo. La burocracia estaba, sin embargo, obligada a continuar con cautela por miedo a provocar una explosion.

La iniciativa hacia el capitalismo ganó impulso durante 1989 y la primera mitad de 1990. Pero no llegó por parte de la población. De hecho, la mayoría de obreros rusos sospechaban de la idea de la economía de mercado y se opusieron a ella. Esto lo admitió tácitamente la agencia oficial de noticias TASS, cuando noto que el término “propiedad privada” había sido evitado ya que la frase tenía “gran fuerza emotiva” en la URSS, en donde la gente la asociaba con explotación. Más de cuarenta por ciento de las respuestas a una encuesta durante este tiempo dijeron que preferían regresar a una administración de la economía más centralizada y solo veinticinco por ciento querían un sistema orientado en el mercado.



En el mismo Soviet Supremo hubo una sesión tormentosa sobre la segunda lectura del documento. Pero el 1 de julio, la ley se hizo efectiva con 350 votos a favor, 3 en contra y 11 abstenciones. Pero esto fue aun en el círculo de ambigüedad calculada. Al día siguiente, el gobierno central publicó una declaración que la tierra era propiedad de las personas que vivían en ella y tenían derecho a un lote. Sin embargo, para la sorpresa de los ‘reformistas’ pro-capitalistas, la población rural no demostró interés en transformarse en dueños de pequeños lotes de tierra. La reforma de los precios era otro bloque central de la transición, pero por temor a una explosion popular el gobierno quería una “introducción a métodos del mercado paso a paso…” En anticipación de estas reformas, se propuso elevar el precio del pan el 1 de julio de 1990, con un aumento a salarios y pensiones para compensar. Este compromiso no satisfizo a nadie. El 14 de junio, el Soviet Supremo rechazó la propuesta de incrementar el precio del pan. Gorbachov tuvo que hacer un llamamiento televisado a la calma debido a las oleadas de acopio.



La paciencia de los obreros se desgastó. En julio de 1989 una ola de acción industrial tomó a la URSS, centrada en las minas de carbón en Donbass y Kuzbass. El 11 de julio, decenas de millones de mineros se declararon en huelga. 12,000 dejaron de trabajar en Mezhdurechensk y tomaron control de la ciudad. Demandaban mejores condiciones de vida, salarios más altos, aumento de vacaciones y una mejora en las condiciones de trabajo.El comité de huelgas demandaba la abolición inmediata de los privilegios para los oficiales, negociaciones directas con el gobierno central y una nueva constitución. Mientras Kuzbass volvió a trabajar, Donbass se declaró en huelga con demandas similares. El movimiento afectó las minas en Vorkuta en el norte, Rostov-on-Don en el sudoeste y Dnepropetrovsk y Chervonograd en Ucrania.

El número estimado de participantes de la huelga subió a 300,000. Gorbachev dijo que las

Las huelgas eran “la peor calamidad que haya caído sobre nuestro país en los cuatro años de perestroika”, pero añadió que demostraban la necesidad de eliminar “toda clase de obstáculos burocráticos en el camino a la reforma”. El gobierno se vio forzado a intervenir para prevenir que la huelga se expandiera. Los huelguistas accedieron a volver al trabajo luego de ciertas concesiones.

El acenso de Yeltsin

la perestroika y glasnost sirvieron solamente para abrir la caja de Pandora. La explosion de huellas amenazaba con acabar con la burocracia. Gorbachov se estaba enfrentando con ser removido, así como le sucedió a Khrushchev anteriormente. Completamente desorientado, aparentaba dirigirse en todas direcciones al mismo tiempo. Boris Yeltsin, quien había sido removido de Politburo del partido comunista en 1988, ahora emergió como una figura clave en el camino al capitalismo.

Como presidente del Soviet supremo de Rusia, Yeltsin era presidente de la federación rusa de facto. Bajo su comando, el congreso ruso adoptó una declaración sobre la soberanía de Rusia, reforzando aún más su autoridad y poder. Enfrentó repetidamente con Gorbachov hasta finalmente peticionar su renuncia públicamente mediante televisión. En el

28 Congreso del PCUS en julio Gorbachov habló del fin del “modelo estalinista de socialismo”. Admitió que “décadas de la dominación del sistema de comando administrativo había enajenado a la clase trabajadora de la propiedad y la autoridad…” Esta era una confesión de bancarrota remarcable. Pero, en lugar de proponer una alternativa leninista clara, Gorbachov, como siempre, se confinó a generalidades y ambigüedades vacías.

La ‘verdadera democracia’ estaba siendo establecida. la sobre-centralización del estado sovietico estaba en el proceso de convertirse en una unión genuina de “auto-determinación y asociación voluntaria de las personas”. Pero él aún insistió que sus planes de la economía de mercado no significaba retroceder al capitalismo: “esto significa que al movernos hacia la economía de mercado no nos estamos desviando del camino hacia el socialismo, pero estamos avanzando a una realización más plena del potencial de la sociedad.”

Yeltsin renunció al Partido Comunista, bajo la dirección del ex-ministro del extrangero Eduard Shevardnadze. Al día siguiente también lo hicieron los alcaldes “reformistas” de Moscú y Leningrado, Gavriil Popov y Anatoly Sobchak. En los seis meses anteriores 130,000 habían abandonado el PCUS, 10,000 en Moscú en julio. El ala pro-burguesa empezó a organizarse. Trescientos diputados habían establecido un grupo independiente dentro del congreso dedicado a acelerar la perestroika y “enfrentarse a la presión puesta ante el parlamento por las fuerzas conservadoras”. Su liderazgo se componía de Yeltsin, Sakharov, Afanasiev y Palm. Ellos representaban abiertamente el ala contrarrevolucionaria de la burocracia. Popov y Sobchak también representaban este grupo.

A principios de 1990, se decidió acabar con el monopolio constitucional de poder del PCUS. El partido desmoralizado fue debilitado por Las maniobras de Gorbachov. En julio el PCUS adoptó un nuevo programa, reemplazando el Marxismo-Leninismo con ‘principios Social demócratas’. Entonces, con el trazo de un bolígrafo, el Partido ‘Comunistarompió todos los vínculos con las ideas y principios de la revolución de Octubre, aunque en la práctica se habían desentendido de ellos hace mucho tiempo.

Finalmente, el 19 de octubre de 1990, el Soviet Supremo de la URSS aprobó un plan para la economía de mercado. Según The Guardian (20/10/90) el ambiente era "sombrío y desesperado". Era un programa de compromiso "con pocos detalles". Durante el mes de octubre, Gorbachov sacó una serie de decretos sobre la liberalización y los precios al por mayor y la tasa de cambio del rublo comercial (un paso hacia la convertibilidad del rublo). En noviembre, el gobierno fijó la tasa oficial de cambio en dólar = 1,80 rublos (seis años después era 1 dólar = 5.000 rublos), y permitió la propiedad extranjera de empresas (el derecho de los capitalistas extranjeros a establecerse en la URSS, y comprar acciones y propiedad). Al final del año, se organizó una conferencia entre el presidente de la URSS y EEUU. En la conferencia de prensa, el presidente estadounidense, Bush declaró que “estaba preparado para alentar a la Unión Soviética en cualquier manera” en la búsqueda de “mayor participación con la economía de mercado internacional”. Los representantes del imperialismo global usaban todo su peso para apoyar la naciente burguesía en Rusia.

Gorbachov dio el discurso de estado nación en un ambiente de crisis. La crisis alimenticia empeoró conforme la economía se deterioraba.

El nuevo Tratado de la Unión

A pesar de las conversaciones de ‘reformas’, en la primera mitad de 1991 el PNB cayó un 10%. Hubo más huelgas en los yacimientos de carbón. Los ‘reformistas’ cada vez eran más decididos y más anti-socialistas. Gorbachov intentó mantener las cosas en orden al balancear las alas rivales de la burocracia. Lo cual aumentó la tensión entre ellas. Las burocracias sólo estaban interesadas en mantener sus privilegios, posiciones y beneficios, pero la crisis había minado todo esto en la práctica. Los representantes del ala estalinista estaban alarmados y cada vez más desesperados.

La crisis del régimen sucedió ante descontentos que se incrementaron en las repúblicas. En Georgia, estalló una guerra abierta sobre la cuestión de Abkhazia. La división entre la élite dominante disparó tendencias centrífugas que se habían acumulado en la Unión Soviética por décadas. En 1991 la autoridad del centro estaba colapsando. Las repúblicas e incluso las ciudades declararon sus propios precios. El trueque entre repúblicas, regiones y empresas tomó el lugar de la planeación. Un documento de la Federación Rusa pinta una imagen tenebre sobre la situación:

"La economía se acerca a la línea de demarcación más allá de la cual ya no se puede hablar de crisis económica sino de catástrofe. La caída aguda de la producción que se está dando en la mayor parte de las empresas estatales, va acompañada de un creciente proceso inflacionario. A los directores no les interesa la producción, sino cómo encontrar los medios para pagar los salarios que les exigen sus empleados y cómo proporcionarles la comida y los bienes de consumo en los que gastarse estos salarios. Estos problemas, al igual que los de los suministros técnicos materiales, se resuelven, cada vez más, por el método arcaico del trueque (...) pero esto no puede asegurar los suministros necesarios, así que se desorganizan los vínculos económicos y la producción se detiene. El grado de descontrol de la economía ha alcanzado dimensiones catastróficas. Las instituciones de planificación están desmoralizadas por la incertidumbre de su situación hoy y en especial mañana. Falta información de la base. Órdenes de la Unión, republicanas y regionales se contradicen las unas a las otras, lo que se añade a las tensiones socio-políticas".

Gorbachov, al mismo tiempo que seguía hablando de la "planificación socialista", había abrazado el concepto del mercado como solución, aunque vacilaba continuamente, reaccionando ahora a una presión y después a otra, como una hoja muerta que se la lleva el viento. Sin planes o claridad para su dirección, había perdido el control. El nuevo Tratado de la Unión estaba creando un nuevo foco de tensión entre las diferentes alas de la burocracia. Shevardnadze, el ex-ministro de asuntos exteriores, ahora estaba firmemente con la contrarrevolución capitalista, dimitió advirtiendo del "advenimiento de una dictadura".

La tensión sobre la cuestión nacional incrementó. La crisis económica exacerba todas las contradicciones entre la burocracia de Moscú y las burocracias rivales de las repúblicas soviéticas. Cada burocracia quería obtener el control sobre ‘su propia casa’. La debilidad del centro le presentó a estos elementos una oportunidad de oro, la cual aprovecharon. Las elecciones en los países bálticos y Georgia les empujaron hacia la independencia.

Lituania hervía con protestas en contra del régimen de Moscú. La juventud en Lituania boicotearon los reclutamientos y los veteranos del ejército sovietico devolvieron sus medallas y condecoraciones.Algunas organizaciones públicas, sindicatos y asociaciones, incluyendo el Partido Comunista de Lituania, rompieron sus vínculos con Moscú. Esto fue seguido por una declaración de independencia unilateral.

La política sobre la cuestión nacional de Lenin se basaba en el principio del derecho a la autodeterminación. Cabe mencionar que la unión de los pueblos de la Unión Soviética era un desarrollo positivo que servía a los intereses de los obreros y campesinos de todas las repúblicas. Pero Lenin siempre insistió en que debería ser una unión voluntaria, libre de cualquier opresión nacional o coerción. Al rechazar el derecho del pueblo de Lituania de determinar su propio destino, la burocracia de Moscú había violado uno de los principios más básicos del leninismo, lo que impulsó a Lituania y las otras repúblicas hacia los brazos de los nacionalistas.

El intento de detener la insurrección de Lituania por la fuerza fue totalmente contraproducente. Las tropas soviéticas atacaron manifestantes desarmados en Vilnius, asesinando a 13 e hiriendo a cientos más. Esto solo tuvo el mismo efecto que echarle leña al fuego. Gorbachov se vio forzado a concluir y aceptar que la disolución de la Unión Soviética era inevitable. Este fue el contenido básico del llamado Tratado de la Unión. El Tratado, que iba a ser ratificado el 20 de agosto.

El Tratado fue el resultado de largas negociaciones, iniciadas en un primer momento como respuesta a las exigencias de los estados bálticos, Georgia y Moldavia de dejar la Unión. La decisión de Gorbachov de aceptar el Tratado añadió a la división de la Unión Soviética. Esto creó resentimiento en la burocracia y la casta militar. En esencia, el Tratado dejaría el centro solo con los poderes residuales sobre política exterior y defensa. La crisis de la URSS disparó tendencias separatistas y nacionalistas extremas. Ya habían perdido Europa Oriental. ¿Hasta dónde llegarán?

Lo que condiciona toda la situación fue la ausencia de un movimiento independiente del proletariado ruso. Es cierto que hubo muchas huelgas. Pero dada la enorme confusión y falta de alternativas, los obreros no lucharon como una fuerza independiente. Este era el elemento determinante en toda la ecuación. Ante la ausencia de un movimiento independiente de los obreros, toda la lucha se dio entre las alas rivales de la burocracia. El conflicto sólo se podía resolver mediante la lucha abierta. Ya que las alas opuestas de la burocracia estaban bastante equilibradas, una solución bonapartista era la única posible. Así, el callejón sin salida de la burocracia llevó directamente al intento de golpe de agosto de 1991.

El Intento de golpe de 1991

El momento más peligroso para un mal regimen es cuando empieza a reformarse. (Alexis de Tocqueville)

En la mañana del 19 de agosto de 1991 aparecieron tanques en las calles de Moscú y otras ciudades importantes. El golpe de Estado estaba dirigido por el vicepresidente Gennady Yanayev (seguidor de la fracción estalinista de Ligachev), el primer ministro Valentín Pavlov y el ministro de defensa Yazov. Los dirigentes del golpe anunciaron en la radio que le habían organizado "por la incapacidad de Mijail Gorbachov para llevar a cabo sus deberes por razones de salud", y se introdujo un estado de emergencia para superar "la profunda crisis, la rivalidad política, étnica y civil, el caos y la anarquía que amenazan las vidas y la seguridad de los ciudadanos de la Unión Soviética". La verdad era que Gorbachov había sido puesto bajo arresto domiciliario en Crimea después de negarse a abandonar la presidencia.

El intento de golpe representaba una acción desesperada de un sector de la burocracia para impedir la firma del Tratado de la Unión por parte de Gorbachov. Los golpistas estaban aterrorizados ante la perspectiva de la transferencia de más poder a las repúblicas, especialmente la república rusa bajo Yeltsin. El golpe no era una sorpresa. La Unión Soviética había estado llena de rumores durante meses. George Bush incluso llamó a Gorbachov para decirle que había oído rumores de un golpe militar inminente. Ya en diciembre de 1990 el grupo Soyuz de diputados parlamentarios había presionado a favor de una acción militar contra las repúblicas secesionistas, que debería de ir seguida de la declaración del estado de emergencia en todo el país.

La vieja guardia estaba intentando impedir la ruptura de la Unión Soviética y restablecer el poder de la casta militar. Sin embargo, el golpe fue un ensayo frustrado de principio a fin. Boris Yeltsin que estaba en el edificio presidencial de la república rusa (la llamada Casa Blanca) se aprovechó de la situación para agrupar a todas las fuerzas "democráticas" contra los de la línea dura. En pocos días el golpe de estado había colapsado.

Este golpe, sin embargo, no fue derrotado en las calles como algunos dijeron más tarde. La masa de los trabajadores era indiferente. Según el corresponsal moscovita del The Guardian (22/8/91): "La mayor parte de la gente estaba apática, cínica o simplemente demasiado asustada de las consecuencias como para obedecer el llamamiento a la huelga de Yeltsin". Los cinco años de perestroika habían acabado en un desastre de tiendas vacías, colas, escasez, una espiral de inflación, caos y la amenaza del hambre. Esto provocó un colapso del apoyo a Gorbachov (hasta un 14 por ciento en las encuestas) y un rechazo cada vez mayor hacia todos los políticos "reformistas".

La burocracia estaba profundamente dividida. Un sector quería mantener el status quo, o incluso volver hacia la represión, como bajo Breznev. Otro ala, representando a la burguesía naciente, quería ir hacia el capitalismo. Sin embargo, la masa de los trabajadores no veía ninguna diferencia fundamental entre los duros y los contrarrevolucionarios pro-capitalistas alrededor de Yeltsin. Su llamamiento a la huelga general contra el golpe de agosto recibió el apoyo público de Margaret Thatcher que llamó a los obreros rusos a apoyarla. Pero resultó ser un desastre total.

El corresponsal de Reuters hizo la siguiente valoración: "El llamamiento de Yeltsin a la huelga tuvo una respuesta muy desigual. En la mayor cuenca minera de la Unión Soviética, Kuzbass, cuyos mineros se habían mostrado previamente dispuestos a utilizar su fuerza industrial como arma política contra el Kremlin, sólo la mitad de los obreros pararon el trabajo. En la cuenca de Vorkuta en Siberia, sólo cinco de las minas respondieron positivamente a Yeltsin". (5)

Los obreros petroleros, un sector clave al que Yeltsin había hecho un llamamiento específico, decidieron no ir a la huelga. Lo mismo los obreros del gas. En Moscú la respuesta fue poca o nula. En Leningrado hubo unas pocas huelgas limitadas. En la ciudad natal de Yeltsin, Sverdlovsk, cinco empresas fueron a la huelga. Pero nada en los países bálticos, el Cáucaso y Asia Central. El entonces presidente del parlamento ucraniano, Leonid Kravchuk, tomó una posición ambigua con relación al golpe. El corresponsal de Reuters señaló que "Kravchuk estaba reflejando la opinión en las calles de Kiev, dónde los periodistas ucranianos informaron que mucha gente expresaba apoyo al golpe". (6)

El Banco Morgan Stanley da una versión similar en un informe que cita algunos testigos presenciales en su Review (17/9/91): "En Moscú hay un vacío de poder. No es que el centro no se mantenga. Simplemente no existe. Está de una parte. Por otra parte, no hay ninguna revolución popular. La podrida camarilla del poder se encontró con muy poca resistencia democrática, y, sin embargo, el golpe, su edificio y el aparato de poder colapsaron". Más adelante

De hecho la resistencia popular al golpe fue mínima durante la mayor parte de los primeros días (...) Estaba sorprendido en Moscú por la falta de revuelta popular". En otras palabras, la mayoría de los obreros no levantaron un dedo para resistirse al golpe. Y esto es por una razón muy buena: no confiaban en Yeltsin más que en Yanayev o Gorbachov.

Un observador ruso escribiendo en la misma publicación hablaba de una conversación en un autobús de Moscú el 19 de agosto: "Un hombre de edad madura dijo en voz alta que él estaba contento de la restauración del orden. Nadie le apoyó u objetó. Abatimiento y miedo, y quizás ecuanimidad y resignación colgaban sobre la gente". Este tipo de ejemplos se pueden repetir a voluntad y muestran gráficamente el ambiente en el momento del golpe.

Este punto de vista queda reforzado por el informe de la misma fuente que escribió que: "parece que la mayor parte del público habría aceptado silenciosamente la junta si hubiese triunfado el golpe (...) Por demagógica que fuera, su promesa de una mejora económica rápida le podría haber dado a la junta una oportunidad. Los sentimientos de frustración, desesperación y cinismo sobre el estado de la economía estaban tan generalizados que ninguno de los dirigentes que parecían capaces de conseguir algún progreso [es decir, hacia el capitalismo] podía esperar encontrar apoyo popular. No estoy seguro en absoluto que las amplias masas de la población entiendan y acepten la idea de que no existe ninguna alternativa a la terapia de choque".

El ambiente de la población quedó resumido por el corresponsal de la BBC Martin Sixsmith:

"El papel del pueblo soviético también estaba bajo escrutinio esa tarde: aquellos que fueron al parlamento o se manifestaron en las calles habían hecho su propia elección decidida en favor de la democracia. Pero, para decir la verdad, no había muchos: cincuenta mil en una ciudad de diez millones no es un porcentaje aplastante. Muchos más quizás se han opuesto al golpe en sus corazones, pero hicieron muy poco o nada para plasmar esa emoción concretamente. Hubo huelgas esporádicas, pero la mayoría de las empresas siguieron funcionando y había suficientes trabajadores del transporte dispuestos a trabajar como para mantener el funcionamiento de los autobuses y del metro. En este momento del golpe, Yeltsin no sólo se enfrentaba a los tanques del Kremlin sino también a la apatía de grandes sectores de la población.

"Incluso más desafiante fue el sentimiento, expresado por una cantidad considerable de soviéticos de a pie, de que se debería dar una oportunidad a los dirigentes del golpe, que difícilmente podían hacerlo peor que los que ya había en el poder y que por lo menos podía ser que restaurasen la ley y el orden. Especialmente atractivas para mucha gente eran las promesas de los golpistas de acabar con el auge del crimen, la espiral de conflictos étnicos que estaban azotando al país y los intentos de las repúblicas independentistas de romper la Unión". (7)

Según la información del The Sunday Times (25/8/91), los que se agruparon alrededor de Yeltsin eran "los que habían experimentado de primera mano los beneficios de la perestroika, que miraban más allá de la promesa de pan barato y mayores salarios y que no iban a volver a ser tratados fácilmente como ovejas". Este estrato se componía de millones de gente cualificada, estudiantes, ingenieros, especuladores y estraperlistas que veían en el movimiento hacia el capitalismo la posibilidad de ganar poder, riqueza y cargos. Estos componían la intelectualidad "reformista", en la que la mayoría de los obreros soviéticos no confiaba. Décadas de estalinismo monstruoso totalitario habían tenido el efecto de atrasar la conciencia de una manera que no se podía haber anticipado.

¿Podría haber triunfado el golpe?

El partido del Orden demostró,... que no sabía cómo gobernar ni cómo servir; cómo vivir ni cómo morir; cómo sufrir la república ni cómo derrocarla; cómo mantener la Constitución ni cómo tirarla por la borda; cómo cooperar con el presidente ni cómo tratar con él". (4)

El resultado de la revolución y la contrarrevolución nunca está predeterminado. En ambos casos se decide por la lucha de fuerzas vivas en las que el factor subjetivo - la calidad de la dirección- juega un papel importante y frecuentemente decisivo. La pasividad de la clase obrera pudo ser suficiente para asegurar el éxito del golpe, si se hubiera llevado a cabo con suficiente convicción. Esto lo admitió Francis Fukuyama, un destacado estratega del capital y asesor de la Rand Corporation en Washington, en un artículo en The Independent on Sunday (25/8/91):

“A pesar de la división de lealtades en el ejército y la policía, los golpistas podían haber triunfado a corto plazo si hubieran sido más competentes y decididos, como lo fue el régimen de Deng en la plaza de Tiananmen. Tenían una cantidad suficiente de miembros de la KGB y del Ministerio del Interior para detener o matar a Yeltsin, cerrar la prensa e imponer el toque de queda. Pero los golpistas adolecían de falta de confianza en ellos mismos y su causa”

El golpe de Moscú fracasó debido a la patética incapacidad de sus organizadores para tratar a la oposición de manera implacable y despiadada. El no arrestar a Yeltsin le permitió a la oposición tener un punto de referencia y dejó al descubierto ante los ojos de sectores decisivos de los mandos del ejército, la policía y la KGB, que el golpe era una operación chapucera. Tras una postura inicial de esperar y ver, estos sectores finalmente decidieron distanciarse. Los organizadores se encontraron suspendidos en el aire.

El golpe colapsó debido a sus propias contradicciones y debilidades internas. esto lo entendieron los observadores occidentales: “Así que ¿Por qué no triunfó?” se preguntaba Martin McCauley. “Sorprendentemente, porque estaba mal preparado y ejecutado”. (M. McCauley, The Soviet Union 1917-1991, p. 368.)

Esta opinión la compartían los estrategas del capital.

Evaluaciones preliminares de analistas de inteligencia en Gran Bretaña y Estados Unidos sugirieron que el golpe fue organizado apresuradamente por un pequeño grupo de personas que juzgaron fatalmente mal el estado de ánimo de las organizaciones que controlaban. No hay evidencia de ningún ensayo previo al golpe por parte de ninguna fuerza de seguridad. (The Sunday Times, 25/8/91.)

El Sunday Times declaró:

En la primera parte de la semana pasada no hubo signos de ninguna movilización significativa. "Esta no fue una revolución que fracasó debido al poder popular", dijo una fuente de inteligencia occidental. "Había menos gente en las calles de lo que los conspiradores podrían haber esperado. Fracasó porque no pusieron suficientes tropas sobre el terreno ni las utilizaron de manera eficaz”.

La reacción de pánico de los altos burócratas al Tratado de la Unión demostró su total falta de capacidad de acción decisiva. El líder del grupo de Gorbachov en el Kremlin, Valentin Karayev, más tarde describió cómo comenzaron a reaccionar, una vez que se dieron cuenta de que los líderes golpistas no estaban actuando: "Para el 20 estaba claro que no había pasado nada. Ni arrestos, nada.”

( Wall Street Journal, 29/8/91.)

En el documento se hacía la siguiente observación:

Pero los detalles que están surgiendo ahora indican que el colapso del golpe de estado en realidad debe mucho a los propios golpistas, algunos de los cuales se resfriaron desde el principio.

Uno, el primer ministro Valentin Pavlov, comenzó a dar marcha atrás a las pocas horas del anuncio del lunes por la mañana de la toma del poder. Un segundo, el ministro de defensa Yazov, tenía dudas tempranas sobre las que más tarde actuó. El propio Sr. Yanayev admitió que la toma del poder era ilegal a las pocas horas de haber depuesto al Sr. Gorbachev... El golpe se destruyó a sí mismo. (The Wall Street Journal, 29/8/91.)

Sin embargo, la extraña falta de decisión por parte de los líderes golpistas no explica nada, ya que tiene que ser explicada. Los burócratas que lo dirigían no tenían otra perspectiva o programa que el mantenimiento del statu quo, es decir, el mantenimiento de un sistema desacreditado que había perdido el apoyo de las masas y en el que ellas mismas habían dejado de creer. En el momento de la verdad, como el Zar en febrero de 1917, se encontraron moviendo ejércitos fantasmas. Su poder, que parecía invencible, se derrumbó como un castillo de naipes.

La caída de Gorbachov

El balance de fuerzas fue alterado radicalmente por estos eventos. La rivalidad de poder entre Yeltsin, el presidente de Rusia, y Gorbachov, el presidente de la Unión Soviética, se había acabado. Hasta ahora Gorbachov había logrado mantenerse al balancearse entre las facciones opuestas de la burocracia. Cuando Gorbachov regresó a Moscú el 22 de agosto luego del colapso del golpe, su poder se había ido.

Gorbachov fue ignominiosamente forzado a renunciar como Secretario General del PCUS. El comité central se disolvió de manera voluntaria. En cuestión de días, fue forzado a prohibir (suspender) el partido ‘Comunista’. Sus propiedades, publicaciones y activos fueron confiscados por la república de Yeltsin, la cual creó un decreto para prohibir al PCUS. El Komsomol se separó de manera ‘voluntaria’. El partido comunista no mostró ninguna resistencia.

Una ofensiva ideológica feroz fue dirigida en contra de la Revolución de octubre y la economía planeada. En un mes, Yeltsin había prohibido toda actividad política en los lugares de trabajo, una medida dirigida directamente al partido comunista. Los Yeltsinistas saquearon la oficina central del PC, confiscaron sus documentos e inculparon al partido por el golpe. Pravda fue suspendido y sus empleados reemplazados. Una vez el golpe falló, la KGB publicó una declaración: “Miembros de la KGB no tuvieron nada que ver con los actos ilegales de ese grupo de aventureros”. Este acto subordinado no bastó para salvarse. El temido organismo de opresión fue tomado por Yeltsin . El Soviet Supremo selló el despido de todo el gobierno.

Todas las noches la televisión rusa mostraba un número telefónico para quienes quisieran reportar a vecinos o compañeros de trabajo que apoyaran el golpe. La televisión y la radio oficial fueron removidas de las manos del PC. Pravda eventualmente reapareció, pero ya no era parte del (disuelto) comité central. Esto desató un diluvio de propaganda en contra de los estalinistas.

Los imperialistas acumularon la presión de la disolución de la URSS y la transición al capitalismo. Tomando la oportunidad, una tras otra república declaró su independencia. Los países Bálticos, Armenia Y Georgia ya lo habían hecho, en agosto se les unió Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Azerbaiyán, luego Uzbekistán y Kirguizia. La disolución de la Unión dejó a Gorbachov con poca voz y poder. Le había abierto la puerta a la restauración capitalista y ahora estaba siendo empujado a un lado por los poderes que él había conjurado. Dado el colapso del golpe, la iniciativa cayó sobre Yeltsin y aquellos a favor de moverse rápidamente a la restauración capitalista.

El Soviet Supremo le otorgó a Yeltsin poder extraordinario por decretos. Parecía que el camino al capitalismo estaba abierto. El mes siguiente, el Soviet Supremo ratificó la decisión de cambiar el nombre de Leningrado a su nombre pre-revolucionario de San Petersburgo. Sverdlovsk se volvió Yekaterinburg, su nombre original. En diciembre, en el Kremlin, la bandera soviética fue simbólicamente reemplazada por la bandera rusa antigua. El alcalde de Moscú, Popov, concentró todas las estatuas comunistas en el Parque Gorky y las declaró reliquias históricas.

Estas fueron las movidas para erradicar la herencia de octubre. El péndulo de la historia se había columpiado tan lejos que el viejo régimen zarista estaba siendo presentado en la luz más favorable. La contrarrevolución se manifestó en la aparición de las insignias zaristas, la protección de grupos fascistas, la idea de la ‘Madre Rusia’ y la restauración de la Iglesia Ortodoxa, la religión oficial del estado zarista.

La desintegración de la URSS creó nuevos problemas para los estados ‘independientes’. ¿Qué relación podrían tener ahora? Antes de que pudieran responder, Yeltsin anunció que aquellas repúblicas fronterizas con Rusia serán sometidas a nuevas fronteras, ya que tenían una población rusa muy grande que serían protegidas por el estado ruso. Ahora se había tornado en contra de la idea de independencia por las implicaciones económicas y las minorías intranquilas en las fronteras de Rusia. En diciembre de 1991, bajo la iniciativa de Yeltsin, Rusia, Ucrania y Bielorrusia formaron la Comunidad de Estados Independientes, al final del mes ocho repúblicas más se habían unido.

Gorbachov se quedó sin nada. Renunció a la presidencia. Silenciosamente, avergonzado, este elemento accidental dejó el escenario de la historia por la puerta trasera, habiendo jugado el papel del pretexto de restauración capitalista. En las elecciones presidenciales que se llevaron a cabo cuatro años más tarde, la gente de Rusia pasó un devastador y bien merecido veredicto sobre este individuo. Aún más importante es el hecho que luego de siete décadas de los esfuerzos más grandes y la transformación más remarcable de la historia, la URSS había desaparecido.

Hacia la privatización

El ala de Yeltsin defendía un movimiento rápido hacia el capitalismo. Este ala representaba los intereses de la naciente burguesía rusa—estraperlistas, mafiosos, especuladores y escoria variada—que había salido a la superficie sobre la base del movimiento hacia el capitalismo. También estaban los agentes del imperialismo a los que no importaba sacrificar los intereses de Rusia en su propio interés. El otro ala representaba en general los intereses de la vieja nomenclatura, los burócratas cuyo poder, privilegios e ingresos dependían de su control de las grandes empresas nacionalizadas y las granjas colectivas. Esta última estaba subdividida a su vez en varias fracciones, que reflejaban las diferentes capas de la burocracia y constituían una agrupación social extremadamente amplia y heterogénea.

El gobierno se embarcó en un programa de privatizaciones masivas con la emisión de vales de privatización. Se esperaba que el 25 por ciento de las industrias estatales estarían vendidas para finales de 1992. También se iba a privatizar la tierra. Sin embargo, la presión del complejo militar-industrial forzó concesiones por parte del gobierno en forma de subsidios cada vez mayores. Se pusieron más recursos para la producción agrícola, subvenciones a la comida, y para la vivienda de las fuerzas armadas. Contra la oposición de Yeltsin y Gaidar, el parlamento ruso votó créditos a la industria por valor de 200 billones de rublos. El suministro de dinero estaba efectivamente fuera de control y la inflación se iba convirtiendo en hiperinflación.

El 2 de enero de 1992 el gobierno abolió el control estatal de los precios, lo que provocó que algunos precios se multiplicaran por tres o hasta por treinta. En la práctica, los precios aumentaron entre un 300-350 por ciento. La tarifa para el metro de Moscú aumentó de 15 a 50 kopeks. Los otros diez miembros de la CEI se vieron obligados (alarmados), a seguir el ejemplo y aumentar sus precios, ya que de otra manera los rusos simplemente iban a comprar productos a precios subvencionados en las repúblicas vecinas. En marzo se aumentó el precio del pan, la leche y otros productos básicos.

La reacción fue intensa. Hubo manifestaciones masivas ante la Casa Blanca, el edificio del Soviet Supremo ruso, contra estos aumentos de precios. Para contener el ambiente de protesta, el gobierno se vio obligado a aumentar el salario mínimo en un 100 por ciento y también a aumentar las pensiones. Esta política de "libre mercado" no resolvió nada y simplemente agravó la crisis. Las reservas de comida alcanzaron un nivel crítico, con reservas sólo para 20-40 días.

La vieja guardia entabló una lucha feroz contra Yeltsin y su gobierno. Como comentaba The Economist (20/6/92): "Después de seis meses de ‘terapia de choque’, los directores industriales de Rusia han encontrado su voz política. Alarmados por la rapidez y la dirección de las reformas económicas del gobierno ruso bajo el presidente Boris Yeltsin, los directores industriales de Rusia están exigiendo un papel mayor en la dirección del país". En el parlamento se formó una nueva alianza anti-Yeltsin entre ex-estalinistas y nacionalistas llamada Unidad Rusa.

En abril de 1992, la lucha era tan intensa que Yeltsin se vio obligado a retroceder parcialmente. El intento de aplicar una transición rápida al "mercado" y una "economía sólida" iba a la deriva. El Congreso de Diputados del Pueblo exigía la cabeza de Gaidar. Como consecuencia, Yeltsin se vio obligado a cesarlo como ministro de finanzas pero le mantuvo como uno de sus lugartenientes. Yeltsin también anunció que habría una suavización de las "reformas" y más créditos para la industria hambrienta de dinero. El Congreso seguía presionando y exigió una mayor protección social. Las huelgas de maestros y trabajadores de hospitales consiguieron más concesiones por parte del gobierno.

La petición de Yeltsin a Occidente de ayuda e inversión no había tenido los resultados esperados. La ayuda que le habían dado era patéticamente baja: 6.000 millones de dólares para ayudar a estabilizar el rublo y un préstamo de 24.000 millones de dólares del FMI. Sin embargo, según los expertos económicos occidentales, la cantidad de financiación que necesitaba el plan de reformas de Yeltsin para tener alguna posibilidad de aplicarse era entre 76.000 y 176.000 millones de dólares cada año durante 15 años. Y esta cifra no incluía ni el dinero necesario para apoyar la convertibilidad del rublo (estimado de 7.000 a 10.000 millones de dólares) o el coste cada vez mayor de limpiar el medio ambiente, de por sí una tarea urgente.

Rusia acabó en el peor de los mundos: todas las desventajas de la chapucería burocrática y la mala gestión, y todas las desventajas de un capitalismo corrupto y mafioso. Miles de empresas seguían produciendo enormes cantidades de bienes inútiles y de mala calidad que nadie quería. Estos se acumulaban o se entregaban a los trabajadores en lugar de salarios. Otras empresas estaban ociosas, faltas de materias primas y recursos, los trabajadores se presentaban, no trabajaban y sólo recibían promesas de salarios. El resultado fue un aumento colosal en los atrasos de salarios y la deuda interempresarial.

Durante todo 1992 la lucha abierta entre Yeltsin y el parlamento asumió un carácter cada vez más agudo. Ambas alas de la burocracia apelaban demagógicamente a las masas a que les apoyasen. "Los directores de empresas de Rusia también han unido sus fuerzas a las de los obreros para ralentizar el ritmo de la reforma", informaba The Economist (20/6/92). "Con la economía en convulsión, tanto directores como obreros de las empresas estatales se sienten amenazados ante la perspectiva de más cambio". Bajo esta presión, el gobierno se vio obligado a prometer otros 200.000 millones de rublos (2.400 millones de dólares) de créditos baratos para la industria, y más 120.000 millones para la industria petrolera. También tuvo que posponer el aumento de los precios de la energía. Según el mismo artículo, "el gobierno del Sr. Yeltsin no ha abandonado la reforma, sólo ha retrocedido algunos pasos".

En 1992 hubo un intenso ir y venir de numerosos borradores y más borradores de constituciones revisadas, reflejando el intento de cada bando por conseguir la supremacía. Después de una sesión extraordinaria de cuatro días del parlamento ruso, Yeltsin se enfrentó a una derrota humillante. Los defensores de la línea dura y sus aliados centristas en el Congreso votaron una reducción mayor de los poderes del presidente, derrotando su intento de introducir el gobierno por decreto, destituyendo a sus representantes en las provincias, y exigiendo la formación de un nuevo gobierno de "acuerdo nacional". Yeltsin finalmente esperaba romper este punto muerto con la convocatoria de un referéndum sobre sus propuestas para abril de 1993. Su idea era utilizar el referéndum como un voto de confianza, a favor o contra Yeltsin. Este era el método del plebiscito, el método clásico de los políticos bonapartistas tratando de conseguir el poder absoluto.

las Maniobras de Yeltsin

En Occidente se presentó a Yeltsin como el gran salvador de la "democracia", el hombre que se puso encima de un tanque para defender los derechos del parlamento. Ahora este mismo parlamento se convertía en su peor enemigo. Aquellos que se levantaban contra él no eran partidos políticos sino una coalición de grupos e intereses rivales. Yeltsin sólo tenía dos alternativas: o ganarse una mayoría decisiva del Congreso o eliminarlo totalmente. Y el Congreso no podía tolerar esto. Era una lucha a muerte. Todas las diferentes fracciones del parlamento estaban de acuerdo en una cosa: había que detener a Yeltsin. Los directores de fábricas querían detener el programa de reformas. Los burócratas regionales, que dirigían sus repúblicas como barones feudales, quería más autonomía y un centro débil, no un dictador. La casta militar quería recuperar su prestigio perdido y posiciones privilegiadas, y se quejaba amargamente de la ruptura de la Unión Soviética, la pérdida de Europa del Este y la humillante dependencia del imperialismo de EE.UU. en la arena mundial en general. La lucha entre Yeltsin y el Congreso era una ilustración gráfica de las contradicciones insoportables de la sociedad.

La lucha llegó a su punto álgido en diciembre de 1992, cuando el Congreso forzó la dimisión del archireformista Gaidar como primer ministro. Yeltsin maniobró para ganar tiempo, sustituyendo a Gaidar por Chernomyrdin mientras preparaba un contragolpe. Se llegó a un compromiso inestable, por el cual Yeltsin aceptaba la pérdida de su lugarteniente, mientras que el Congreso aceptaba la celebración de un referéndum en la primavera. Un acuerdo es sólo un pedazo de papel que refleja el balance de fuerzas en un momento dado. El objetivo del referéndum era, en teoría, elaborar una nueva constitución. La que estaba en vigor, heredada del período de Gorbachov, ya había sido enmendada 300 veces y estaba llena de contradicciones. En la práctica nadie le prestaba la menor atención. Lo que importaba era la fuerza relativa de los grupos contendientes. Y eso sólo se podía medir en la lucha real, no en los comités constitucionales, aunque estos últimos pueden ser—y fueron—utilizados como armas arrojadizas en la lucha.

Inmediatamente después de llegar al acuerdo de diciembre, ambos bandos empezaron a maniobrar. En marzo elaboró un decreto sobre el gobierno de emergencia, pero el tribunal constitucional lo declaró inconstitucional. Jasbulatov, el presidente del parlamento ruso, se había propuesto minar a Yeltsin eliminando sus poderes uno por uno, y dejándole como un presidente de papel, para quitarle de en medio a la menor oportunidad.

A finales del Congreso de marzo, Yeltsin sólo evitó la moción de censura por 72 votos de un total de 1.003. Yeltsin abandonó el parlamento pero sólo le siguieron unos pocos diputados. A partir de entonces concentró todos sus esfuerzos en conseguir una mayoría en el referéndum de abril y la celebración de nuevas elecciones en octubre. El Congreso votó ir adelante con el referéndum pero añadió dos preguntas propias, "a favor o en contra de las reformas económicas de Yeltsin", y también "a favor o en contra de elecciones al parlamento y a la presidencia". Además, fijó la norma de que el referéndum tenía que conseguir una participación de más del 50 por ciento del total de los votantes para ser válido. Yeltsin consiguió que el tribunal constitucional anulara esta última condición para sus preguntas.

En un intento descarado de potenciar a Yeltsin, Clinton acordó una cumbre EEUU-Rusia en la que anunció un paquete de ayudas de 1.600 millones de dólares por parte de EEUU, y presionó al grupo de los 7 para que anunciase otro paquete de ayuda diez días más tarde. En abril de 1993, el G7 acordó ayudas por valor de 42.000 millones de dólares. Sobre estas bases, Yeltsin prometió aumentos para los obreros y jubilados y un aumento del salario mínimo como soborno para el referéndum. Al final, hubo una participación del 64 por ciento. Se anunció que un 53 por ciento habían apoyado al presidente y casi un 53 por ciento habían apoyado su programa económico. Hubo muchos informes que apuntaban a una manipulación del voto del referéndum por parte de Yeltsin, dándole una mayoría estrecha. Sin duda esto era cierto.

Hoy esto suena irónico comparado con las protestas de los medios americanos sobre las supuestas interferencias de Vladimir Putin para ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones presidenciales de 2016. Pero el imperialismo americano nunca ha dudado en interferir en asuntos políticos en otros países incluyendo derrocar y asesinar a sus líderes, así como la gente de Chile, Guatemala y otros países pueden testificar.

Al final, hubo una participación del 64 por ciento. Se anunció que un 53 por ciento habían apoyado al presidente y casi un 53 por ciento habían apoyado su programa económico. Hubo muchos informes que apuntaban a una manipulación del voto del referéndum por parte de Yeltsin, dándole una mayoría estrecha. Sin duda esto era cierto. Rustkoi inmediatamente rechazó el resultado: "Hay 105 millones de votantes en el censo", dijo, "unos 32 millones apoyaron al presidente y su política. Así que entre 71 y 72 millones votaron en contra o no participaron en el referéndum (...) No se puede hablar de apoyo popular".

Pero Yeltsin entonces intentó utilizar su victoria para cambiar la constitución, neutralizar el Congreso e incrementar sus poderes presidenciales. Después de una dura lucha el borrador de constitución fue aprobado por la Conferencia Constitucional. Yeltsin no perdió tiempo en tomar medidas contra sus oponentes. Pero esto no era una tarea fácil. En mayo fue humillado cuando el juicio contra los golpistas de 1991 colapsó. Las cosas se estaban acercando rápidamente a un punto crítico.

En septiembre de 1993, después de algunas vacilaciones, Yeltsin se decidió y suspendió el parlamento por decreto, convocando elecciones para una nueva Duma estatal en diciembre.

Yeltsin había concentrado todo el poder en sus manos. Al igual que todos los dictadores, prometió elecciones en el futuro bajo una nueva constitución elaborada por él mismo. Actuó como juez, jurado y verdugo. Inmediatamente Rustkoi denunció el decreto como un "golpe abierto", y el Congreso votó una moción de censura contra Yeltsin, su cese y confirmó a Rutskoi como presidente. Esto equivalía a una declaración de guerra civil. Jasbulatov, el presidente del parlamento, hizo un llamamiento a todos los jefes militares y de las fuerzas de seguridad a desobedecer todos los decretos y órdenes "criminales" de Yeltsin.

Los imperialistas occidentales se apresuraron a salir en defensa de Yeltsin. Clinton declaró que sus acciones eran "en última instancia consecuentes con el curso de reforma y democracia que se había fijado". Los imperialistas por supuesto no estaban preocupados por la "democracia" sino sólo por sus intereses materiales y estratégicos. No estaban preocupados por la suspensión ilegal del parlamento. Esto contrastaba agudamente con sus aullidos de protesta cuando la "democracia" fue atacada en el intento de golpe dos años antes, en agosto de 1991. Pero entonces se trataba de los intereses de la naciente burguesía que estaban en peligro de ser aplastados o amenazados. Sólo sus intereses de clase dictan su política interior y exterior. ¡Imaginémonos la indignación internacional si hubieran sido los de la línea dura los que se hubieran comportado de esta manera!

Había llegado el momento de tratar con el Congreso por la fuerza. En un acto de desafío abierto, Gaidar fue nombrado de nuevo viceprimer ministro y ministro de economía. La escena estaba preparada para un nuevo enfrentamiento. No había vuelta atrás.

Sin embargo, el control de Yeltsin sobre las fuerzas armadas era muy tenue. Gran parte de la casta de oficiales era abiertamente hostil al régimen de Yeltsin, humillada por el colapso de la Unión Soviética y el servilismo hacia Occidente. Muchos soldados no habían recibido sus salarios durante meses, y había informes de la región del Pacífico de soldados que pasaban hambre. Habían sido cesados 80.000 oficiales del ejército quedándose sin casas ni empleos a dónde ir. Sólo el 14 por ciento de los reclutas respondían al llamamiento a filas. El general Pavel Grachev, ministro de defensa, que en un principio era ambivalente hacia Yeltsin, al ser amenazado de cese por el parlamento, se colocó del lado del presidente.

La oposición a Yeltsin también venía de las regiones. Cuando el 18 de setiembre se reunió con los miembros del Consejo Federal y les pidió suplantar al Congreso hasta las nuevas elecciones, 148 de los 176 dirigentes regionales se negaron a apoyar la propuesta. Incluso el ayuntamiento de San Petersburgo condenó el decreto de Yeltsin después de rechazar un llamamiento del alcalde de la ciudad, Sobchak, un seguidor de Yeltsin. Este ni siquiera consiguió el apoyo de las regiones para una nueva constitución con un sistema bicameral, donde las regiones formarían la Cámara Alta. En lugar de esta propuesta, las regiones insistieron en la constitución vigente. Las propuestas de Yeltsin eran vistas como una trampa que en la práctica recortaría el poder de las regiones, concentrando el poder en manos de la presidencia. Las regiones defendían sus propios intereses, que en este momento entraban en conflicto con Yeltsin.

Asalto a la Casa Blanca

Estaba claro que el punto muerto entre el presidente y el parlamento no podía durar. La escisión abierta en el estado planteaba la posibilidad de una desintegración de la propia Rusia. Durante muchos meses, tanto Yeltsin como sus contrincantes habían estado luchando por el poder. Tal y como Yeltsin comenta en sus memorias: "El objetivo que había fijado ante el gobierno era hacer la reforma irreversible" (15) Pero eso seguía siendo un objetivo. Para convertirlo en realidad primero tenía que eliminar el obstáculo del Congreso y aplastar a los de la línea dura. Se empezaron a hacer planes. La intención era ocupar la Casa Blanca en un domingo cuando el edificio estuviera vacío y simplemente anunciar su disolución. Este elemento de sorpresa quedó frustrado cuando las noticias del ataque se filtraron al Congreso. Inmediatamente se tomaron medidas para defender el edificio, empezando de esta manera el sitio de la Casa Blanca.

Incluso después del decreto de Yeltsin del 21 de setiembre, el resultado de la lucha por el destino del parlamento no estaba decidido. Ambos bandos hicieron un llamamiento a las masas. Jasbulatov y Rustkoi incluso hicieron llamamientos a la huelga. Pero, como todo obrero sabe, para organizar una huelga no basta con hacer manifiestos. Durante dos semanas, los diputados simplemente se sentaron en la Casa Blanca esperando que las masas fuesen en su ayuda. Si, en lugar de eso, hubieran mandado representantes a las fábricas para levantar a los obreros, explicando el significado concreto del programa de Yeltsin y planteando una alternativa—incluso de una manera estalinista caricaturesca—hubiesen conseguido una respuesta. Pero eran incapaces de explicar el ataque a los derechos de los obreros que representaba Yeltsin, y se limitaron a hacer llamamientos a "defender la constitución".

Sin la costumbre de basarse en las masas, fueron incapaces de apelar de manera concreta a la clase obrera, por ende fueron incapaces de llamar a las masas a la acción, a pesar del descontento hacia Yeltsin. Esta incompetencia no fue un accidente. Ambos lados estaban aterrorizados de que la confrontación armada iniciará una intervención de las masas con consecuencias impredecibles. En una situación tan crítica, la acción energética y determinada es esencial. Sin embargo, los líderes del congreso demostraron no estar preparados. Dudaron, mostraron pasividad, esperaron en la Casa Blanca sin plan para la acción, hasta que Yeltsin cortó la electricidad, el agua, y la calefacción.

El ambiente general entre las masas era "que la peste caiga sobre vuestras respectivas casas", aunque esto estaba cambiando hacia el final, con la participación de un sector de los obreros más activos en las manifestaciones ante la Casa Blanca. Esta fue una de las razones que forzaron a Yeltsin a organizar el asalto armado al parlamento. Un indicio del carácter totalmente degenerado y corrupto de la burocracia fue el hecho de que muchos de los diputados aceptaron la oferta de Yeltsin de abandonar la Casa Blanca ¡a cambio de un finiquito y el permiso para quedarse con sus apartamentos del gobierno! Al final sólo unos 100 diputados de la "línea dura" se quedaron.

A pesar de la inactividad del parlamento, estaba claro que su apoyo estaba empezando a crecer. El 3 y 4 de octubre decenas de miles de manifestantes rompieron las líneas de la policía para llegar a la Casa Blanca. Es probable que Rustkoi y Jasbulatov se imaginaran equivocadamente que esto era un movimiento de las masas y decidieron "ir a por ellos". Como insurrectos aficionados que eran, cometieron todos los errores posibles. Sin haber previsto ni preparado nada, reaccionaron pasivamente a la agresión inicial de Yeltsin, pero finalmente les entró pánico e intentaron tomar el poder sin ningún plan ni perspectiva. Entonces tuvimos el espectáculo patético de las llamadas de teléfono frenéticas de Rustkoi, después del inicio del asalto, pidiendo apoyo e intervención a los embajadores occidentales. ¡Cómo pedir ayuda a Satanás contra Belcebú! Los embajadores de las potencias occidentales, reflejando la política de sus gobiernos apoyaron a Yeltsin totalmente.

En lugar de organizar un movimiento de masas para derrocar a Yeltsin, Rustkoi y Jasbulatov, en la práctica, intentaron organizar un putsch con el apoyo de una minoría. Pero debido a la debilidad de la posición de Yeltsin, los rebeldes estuvieron a punto de ganar. Ante la ausencia de un movimiento de las masas, en momentos como éste el ejército se convierte en el elemento clave de la ecuación. La posición de Yeltsin fue extremadamente débil hasta el último momento. Después de la caída del Congreso se descubrió que los mandos del ejército sólo decidieron intervenir para salvar a Yeltsin al final. Yeltsin estaba en un estado de pánico. Cuando el presidente hizo un llamamiento a las tropas para asaltar el edificio del parlamento estas permanecieron pasivas.

Esto demuestra claramente el escaso apoyo que tenía Yeltsin. Los dirigentes del Congreso tenían puntos de apoyo importantes en las fuerzas armadas, a través de la Unión de Oficiales. Sin embargo, fueron incapaces de hacer agitación entre los oficiales de más bajo rango, por no hablar de los soldados. Dirigieron sus llamamientos a la alta jerarquía del ejército. La mayoría de los generales se quedaron en la barrera hasta el último momento, esperando a ver quien ganaba. Yeltsin sólo podía contar con el apoyo de una pequeña minoría de unidades escogidas. E incluso éstas, como se ha demostrado, no eran firmes en su apoyo. Sin embargo, ante la ausencia de participación de masas, la acción de una minoría del ejército y de la KGB fue suficiente para llevar la balanza en favor de Yeltsin.

La gravedad de la posición la confirmó el propio Yeltsin: "Para decirlo de manera suave", recuerda en sus memorias, "la imagen era lúgubre. El ejército, con un total de dos millones y medio de hombres, no podía proporcionar ni mil soldados; no se podía encontrar un sólo regimiento que fuera a Moscú para defender la ciudad". (16) Cuando entró en la reunión en el ministerio de defensa, recuerda: "En general, tengo que decir que la expresión de los generales era ceñuda, y muchos tenían la cabeza gacha. Obviamente entendían lo delicada que era la situación: el gobierno legal colgaba de un hilo pero el ejército no podía defenderlo: algunos soldados estaban recogiendo patatas y a otros no les apetecía luchar". (17)

Yeltsin también confirmó en sus memorias las dificultades que se encontró para que sus tropas de élite controlaran la Casa Blanca. Se vio obligado a suplicar personalmente a sus oficiales: "Decidiéndome a tomar el toro por los cuernos grité: ‘¿Estáis dispuestos a cumplir una orden del presidente?’ La única respuesta fue el silencio, un terrible e inexplicable silencio proviniendo de esta unidad militar presidencial de élite. Esperé un minuto pero nadie dijo una palabra. Finalmente gruñí: ‘Entonces lo diré de otra manera: ¿os estáis negando a obedecer una orden del presidente?’ De nuevo la respuesta fue el silencio. Pasé mi vista por encima de ellos, todos tipos fuertes, fornidos y apuestos. Sin decir adiós di la vuelta sobre mis talones y me dirigí hacia la puerta diciéndoles a Barsukov y Zaitsev, los comandantes de Alpha, que había que obedecer las órdenes. Subsiguientemente tanto Alpha como Vympel (las unidades de élite) se negaron a participar en la operación". (18)

Incluso en el momento decisivo, sólo un pequeño número de tropas "leales" participaron en el aplastamiento del parlamento. El Daily Express (7/10/93) informó que: "Los jefes militares estaban poco dispuestos a cumplir las órdenes de disparar contra el parlamento. Finalmente se tuvo que improvisar una fuerza de asalto con personal del ejército, el ministerio del interior y sectores de la KGB y de la policía". Según un informe del historiador burgués Alec Nove, sólo se pudieron encontrar ocho oficiales para dirigir el asalto, a cambio de una cantidad importante de dinero, a pagar en dólares. De estos, al cabo de dos meses, dos ya habían sido asesinados y los otros seis estaban escondidos.

Es natural que Yeltsin en sus memorias intente presentarse como un dirigente enérgico controlando la situación por completo. Pero la verdad es muy diferente. Cuando las fuerzas rebeldes tomaron el centro de la televisión, Yeltsin quedó paralizado. En los momentos decisivos del intento de golpe, cuando el destino de su régimen, y de toda Rusia estaba en la balanza, Yeltsin desapareció. Algunos informes de prensa occidentales le describen en un estado de pánico, probablemente borracho, gritando incoherentemente a su personal. ¡Esto dista mucho de la imagen de un conspirador brillante que consiguió arrinconar a sus enemigos con una astuta estratagema! A pesar de su autobombo y sus bravatas, Yeltsin nunca fue más que un advenedizo y un aventurero político. Aunque tenía cierta astucia animal y a veces era capaz de un cierto grado de audacia (a menudo íntimamente vinculada con la necesidad de salvar su pellejo), no tiene la menor comprensión ni perspectiva.

Finalmente se tomó la Casa Blanca y los dirigentes del golpe de Octubre, Jasbulatov, Rustkoi, Mkashov y Achalov, fueron detenidos. Parecía que el punto muerto entre las dos fuerzas mutuamente antagónicas—la naciente burguesía mafiosa representada por Yeltsin y la vieja nomenclatura representada por el parlamento—había sido resuelto en favor de la primera. Se había dado un potente estímulo al proceso de restauración capitalista. Pero ni siquiera la victoria de los seguidores de Yeltsin había conseguido dar una solución definitiva.

En cuestión de meses, la lucha se abrió de nuevo con las elecciones a la Duma. Un nuevo golpe vino cuando los golpistas de agosto de 1991 y los dirigentes de la rebelión del parlamento de octubre de 1993 fueron amnistiados sin juicio por parte del parlamento en febrero de 1994. En un comentario irónico, Yeltsin dice: "Ahora todos ellos han sido liberados, escriben poesía, participan en manifestaciones, y son elegidos para la Duma estatal, el nuevo parlamento. Sus celdas en la prisión de Lefortovo han sido ocupadas por otra gente, demostrando de esta manera que el poder de la democracia es, desgraciadamente, inestable". (19)

Esto no impidió a este gran "demócrata" prohibir inmediatamente todos los periódicos de oposición, suspender ayuntamientos locales, y poner fuera de la ley a partidos de oposición. Esto a pesar de que ya tenía un control total sobre la radio y la TV. También cesó a gobernadores regionales y concejales municipales y suspendió el Tribunal Constitucional. No hubo la más mínima pretensión de democracia. Yeltsin avanzó todavía más por el camino de una dictadura bonapartista con una fachada pseudoparlamentaria. Las elecciones a la Duma simplemente le iban a dar una hoja de parra parlamentaria.

La posición precaria de Yeltsin quedó de manifiesto en las elecciones de diciembre de 1993, justo después del aplastamiento del parlamento. Se suponía que su victoria sobre el parlamento había saldado las cuentas. Por ese motivo las potencias imperialistas se apresuraron a apoyarle. La Segunda Internacional también añadió su voz al coro de apoyo a Yeltsin, al mismo tiempo que hacían la referencia obligatoria a la "democracia".

Yeltsin consideraba las nuevas elecciones como una formalidad. Su compinche Gaidar ya estaba organizando las celebraciones de la victoria. Su intención era la de conseguir una victoria decisiva para los partidos reformistas y poder impulsar un movimiento rápido hacia el capitalismo. Sin embargo, el campo reformista apareció dividido e impotente: Gaidar, Yavlinski, Sobchak, Popov, Shakra, todos se presentaron en nombre de diferentes partidos y bloques, cada uno de ellos con denuncias vociferantes de los demás.

Los imperialistas estaban convencidos de que después del aplastamiento de la Casa Blanca, el movimiento hacia el capitalismo sería coser y cantar. Sin embargo, el ala dominante de los imperialistas había decidido seguir recetando la misma medicina. El órgano del capital financiero británico, el Financial Times, exigía "Más choque, más terapia". Después de las elecciones de diciembre de 1993, publicó una editorial con el título: "No hay vuelta atrás para Rusia", exigiendo el mantenimiento del programa de reformas, independientemente de los costes sociales.

Ilusiones Occidentales

Los políticos de Occidente se engañaron a sí mismos pensando que una Rusia capitalista sería débil y dividida, y fácilmente dominable por Occidente. Ahora todos sus planes quedaban hechos añicos. En cualquier caso, la idea de que Rusia sería una semi-colonia siempre fue una crasa estupidez. Ted Grant explicó que si se completara el movimiento hacia el capitalismo en Rusia, no acabaría en un régimen semicolonial débil, sino en un imperialismo poderoso y agresivo, con una base industrial considerable y un ejército potente. Eventos han confirmado esta predicción completamente.

A corto plazo, sin embargo, bajo el comando de Yeltsin, Kiriyenko, Chubais y Nemstov, Rusia se redujo al papel auxiliar de Occidente. El grupo dominante de ‘reformistas’ había intentado desesperadamente empujar hacia adelante, siguiendo las instrucciones del FMI y el Banco Mundial. Pero mientras la crisis se desarrollaba, se abrió una división entre diferentes alas de la oligarquía rusa. Los capitalistas rusos, quienes eran dueños de los bancos y grandes monopolios, tenían sus propios intereses, los cuales no necesariamente coinciden con los intereses de Occidente.

Estos antiguos burócratas, quienes se convirtieron en magnates y millonarios al saquear los activos del estado, eran igualmente reaccionarios y corruptos como los del otro bando. Pero no querían que Rusia se transformara en una semicolonia del imperialismo americano y no querían aceptar mandatos del FMI, lo cual, en conjunto a otras cosas, demandaba la clausura de los bancos antieconómicos, restricciones del capitalismo clientelista y el régimen de impuestos en el cual los grandes monopolios serían forzados a pagarle al estado.

La introducción del capitalismo causó el colapso de la base productiva de Rusia. Con la excepción del boom especulativo en finanzas y servicios en Moscú, y hasta cierto punto, San Petersburgo, el resto de Rusia estaba colapsando. Las inversiones habían colapsado y la hemorragia del capital continuaba con un flujo anual de al menos 20 billones hacia el Occidente. El rublo, el cual ya había sido devaluado 50% , estaba por caer aún más bajo.

Esto era de total indiferencia para los feroces empresarios rusos, quienes sólo estaban interesados en enriquecerse a costillas de la población rusa, no les interesaba la producción. La única inversión productiva que continuó hasta cierto nivel estaba en las inversiones extractivas como las de petróleo y níquel, en las cuales Occidente estaba interesado.

Russia ahora estaba firmemente atada al mercado mundial. La falta de inversión en agricultura y la consecuente caída de la producción significó que al menos 25% de la comida en Rusia era importada de Occidente. El colapso de la producción se manifestó en una severa dependencia en importación, no solo en bienes manufacturados, sino en comida y otros productos de consumo básicos. Los mercados estaban llenos de bienes occidentales: cerveza alemana, jabón holandes, perfumes franceses, relojes suizos y salchichas polacas.

Para los rusos ordinarios, las salchichas son una de las medidas más reveladoras del declive post-sovietico. Pregúntale a un minero cuánto ha decaído su estándar de vida desde que Boris Yeltsin se mudo al Kremlin hace siete años, y te dirá cuántas salchichas comía su familia cada semana y que tan pocas comen ahora.

La salchicha soviética, dice, estaba llena de carne local, pero su sucesora rusa contiene cartílago y grasa Occidental. La salchicha también es una lección básica en economía impartida ayer por Mikhail Abramian, un carnicero de Moscú, quien le dio a sus clientes las malas noticias, “He tenido que incrementar los precios de mis salchichas porque están hechas de carne importada. No es mi culpa” comentó. “Rusia ya no produce carne. Compramos ingredientes en el extranjero y los compramos en dólares”.

“La gente no puede y no va a poder pagar treinta por ciento más por su comida,” dijo Henryk Kasparian, un importador de comida. “Va haber sublevación, tiene que haber”.

La caída del rublo también significaba un gran incremento en el costo de saldar las deudas. Esto no solo incrementó lo endeudado que estaba el estado ruso, lo cual representaba gran parte del presupuesto, pagar los intereses de los préstamos extranjeros, pero también representaba una amenaza de bancarrota para gran parte de los bancos de Rusia.

El lunes 24 de agosto, el cambio del dólar con el rublo era de siete a uno. Dos días más tarde su valor se había partido a la mitad. Se estaban formando largas filas afuera de los bancos, mientras los rusos empezaban a vaciar sus cuentas de ahorro y cambiarlos a monedas extranjeras lo antes posible. Este colapso en la confianza amenazaba con colapsar el sistema financiero en general.

Los estrategas del capital estaban aterrizando a conclusiones muy pesimistas. “El mercado está muerto”, dice Al Breach, un joven economista liberal en Moscú quien había visto el caos causado por la división de Asia y Rusia el año anterior. Estas eran palabras problemáticas, que venían de un admirador de Margaret Thatcher. Breach no se refería a la bolsa, sino a las nociones de mecanismos del mercado triunfando ante la adversidad, central a los enclaves de consejeros occidentales y reformistas rusos a lo largo de siete años ya no eran aplicables. “Una vez se llega a esta etapa es imposible traerlo de vuelta al mercado,” dijo Breach.

La misma burguesía rusa tenía poca confianza en el futuro en esos momentos. Andrew Ipkendanz de el Crédito Suizo, de acuerdo al Financial Times, admitió: “Las élites rusas han desplomado el capital del país y han dirigido las ganancias hacia afuera”.

Un regimen de declive



El socialista francés del siglo XVIII Proudhon inventó la célebre frase: “Toda propiedad es robo”. Desde un punto de vista estrictamente científico eso es incorrecto, pero en la Rusia de hoy en día se acerca a la verdad. Un estratega financiero del Occidente, volviendo de Moscú, confesó que estaba “entristecido por la sordidez y la decadencia, la corrupción desenfrenada que se disfraza de capitalismo… me fui con un presentimiento fatídico” añadiendo que “eventos siniestros estaban por suceder”. Esto fue cuestión de meses antes del sangriento asalto de Yeltsin a la Casa Blanca y la destrucción del parlamento en noviembre de 1993.

Moscú hoy es una metrópolis en manos de gangsters, drogas y proxenetas. Una sociedad donde el estado mandaba a través del miedo y el comercio era un crimen, ha sido reemplazada por una jungla donde el comercio se manda con miedo y sicarios armados se encargan de quienes acusen a criminales. Mientras tanto, los salarios del pecado son suficientemente buenos para los nuevos ricos de Rusia; en una noche larga de entresemana en el Teatro Grill… los hombres jóvenes en chaquetas deportivas de diseñador blandean sus teléfonos móviles como los matamoscas de los déspotas orientales piden langosta canadiense y champán francés… Comparten la mesa con guardaespaldas corpulentos en chaquetas de cuero. La acompañante también está allí… la vista cínica es que el retroceso moral y social de Rusia hizo a la mafia no sólo inevitable, sino también necesaria. Es la mentalidad dedicada a las ganancias individuales que la hacen una fuerza armada y letal contra quienes deseen restaurar el colectivismo.



La restauración del capitalismo trajo consigo a las peores características de la sociedad burguesa: destitución, desempleo, falta de vivienda, crímenes violentos y un incremento en el alcoholismo, mientras se destruyen los servicios de bienestar. Los recortes salvajes a los fondos dejaron al servicio de salud moviéndose de una crisis a otra. El alcoholismo, que fue un flagelo bajo el antiguo régimen, se convirtió en una epidemia. El consumo de vodka aumentó drásticamente desde que se borraron los límites a las bebidas en 1991, seguido por la liberalización del comercio.

Durante el periodo de ‘reforma’, los salarios reales cayeron por la mitad. Millones de rusos se enfrentaron a la malnutrición, incluso a la hambruna. Según el reporte anual del Comité de Estadística del Estado, casi 32 millones de personas estaban recibiendo menos que lo que el gobierno delimitó como el ingreso mínimo para sustenencia, de aproximadamente US$75 al mes a finales de 1996. La gran mayoría estaba dedicando cada hora a buscar como sobrevivir.

Una trágica imagen de Rusia la ilustra el periodista Neil MacKay:

En el invierno de 1993, más de 1,000 personas tuvieron suerte. El gobierno finalmente notó su existencia - cuando limpiaron sus cuerpos congelados de las aceras… la ruptura del imperio sovietico movio a Rusia hasta la base, la red de bienestar social colapso y creó ‘los nuevos pobres’... Miles de ex-prisioneros pasaron a la vagabundancia al ser liberados de ‘las zonas’ - colonias penales rusas - y se encuentran en el crepúsculo de un mundo de degradación. Los ex-convictos están temblando en las esquinas, tomando vodka con refugiados de la guerra de Afganistan, niños fugados y descabellados y enfermizos. (The big Issue in Scotland, 8-21/12/95)

Pero este era solo un lado del panorama. La posición desesperada de las masas presentaba un contraste drástico a la riqueza ostentosa de la burguesía naciente y sus seguidores. La transición a la economía de mercado había creado una élite de capitalistas super ricos, reclutados de la vieja nomenclatura Comunista, la cual se enriqueció a través de la corrupción, extorsión, y saqueo de las industrias estatales. Las flotillas de Mercedes color crema, las brillantes casas de moda se postraban en contraste a la mayoría que intentaba sobrevivir.

De acuerdo a un reporte del banco mundial, un tercio de la población estaba viviendo en pobreza mientras la distribución de ingresos era tan desigual como en Argentina o Filipinas. La caída de 43 por ciento en salarios reales entre 1991 y 1993, combinada con la liberalización de precios significó un aumento en las personas que no podían pagar la canasta básica, estimada en Noviembre 1994 en alrededor de $30 al mes.

La nueva clase de capitalistas rusos estaba emocionada por consolidar su poder, los privilegios e ingresos a través de amenazas de muerte y asesinatos para eliminar a sus rivales.

A la cima del mercado, supermercados brillantes venden langostas vivas y champán caro para los nuevos ricos del país. Ya hay compradores para vestidos de $2,000 en Rusia y sus nuevas boutiques de moda, los autos Mercedes de último modelo y limosinas ahora navegan las calles de Moscú.

Los observadores occidentales más inteligentes notaron las consecuencias:

La distancia entre los ricos y pobres es más sorprendente para los ojos rusos que los occidentales porque han reemplazando un orden comunista en el cual la posición social era más poder político que el dinero y las elites enmascaraba sus privilegios con cuidado y adulando las virtudes de la clase obrera.

Por estas razones, la división creciente entre los ganadores y los perdedores creada en los últimos 3 años por la traumática transformación económica y política de Rusia, emerge como el factor más importante detrás del sufrimiento del país para determinar cómo seguir adelante.

El gobierno ruso estimaba que aparte de cuentas bancarias extranjeras y propiedad, pueden haber hasta $20 mil millones en dólares estadounidenses apartados. Reflejando esta nueva cultura burguesa, Moscú ahora tiene la mayor concentración de casinos en Europa.

En 1996, el PIB tuvo una caída adicional de 1996. La producción industrial cayó un 5 por ciento y la producción agrícola un siete por ciento. La producción en manufacturas decayó veintiocho por ciento y la industria de materiales de construcción veinticinco por ciento. La producción química y petroquímica declinó por 11 por ciento y la construcción de nuevas viviendas por diez por ciento. La cosecha de granos en Rusia en 1996 fue la tercera más pequeña en treinta años. Rusia no era el peor de los casos. En cinco años hasta 1994, la economía de las ex-repúblicas de la Unión Soviética se desplomó hasta, en el caso de Georgia, un sorprendente ochenta y tres por ciento.

Anthony Robinson escribió en el Financial Times (11/11/94): “El dolor es más grande de lo originalmente imaginado.” Sin embargo, esto no previno que este órgano de capital financiero causara más dolor en su editorial el mes anterior (7/10/94): “No hay intermedio - la única opción entre el Big Bang de estabilización y el colapso económico… tarde o temprano, ellos tendrían que demandar el tipo de sacrificios de su gente los cuales no han tenido que hacer aún.”

La dureza de la transición produjo furia. En las regiones mineras del norte de Rusia, hombres en las minas pasaron meses sin que les pagarán al inicio del año. Muchos pagos para pensiones también estaban atrasados. Si el capitalismo no representaba pago decente por un día de trabajo decente - o el compromiso con los retirados - “entonces que representaba?” pregunta una ardida Lyudmila Sakharova. La crisis económica estaba acompañada con un tenebroso colapso en los estándares de vida. Una gran porción de la población tuvo sus condiciones de vida reducidas a condiciones de pobreza no vistas desde la guerra. Los salarios no fueron pagados por meses, como resultado de grandes deudas acumuladas por las empresas del estado y el colapso del planeamiento central.

Desde la Edad Media, luego del colapso del Imperio romano, Europa no había visto tal nivel de catástrofe económica en tiempos de paz. El colapso de la producción en Rusia se parecía a los efectos de una masiva derrota en guerra, o mejor dicho, en dos guerras. No tiene paralelo en la historia moderna. Desde 1990 a 1995 la producción se desplomó alrededor de 60 por ciento. Solo podría describirse como una limpia histórica de técnicas productivas e industria. La caída en picada de la producción americana del 30 por ciento durante la Gran Depresión de 1929-33 es relativamente menor por comparación. Cada año de vida en Rusia es equivalente a la depresión más profunda que occidente había experimentado.

La contrarrevolución capitalista y la mujer

El colapso de los servicios sociales y el incremento del desempleo significó que los beneficios de la economía planeada para la mujer fueron eliminados de manera sistemática. El crecimiento del desempleo sentenció a muchos a la pobreza en Rusia más que en occidente porque muchos de los beneficios los proveía directamente los lugares de trabajo.

Como The Economist (11/12/93) noto en ese momento:

El desempleo aún trae un profundo estigma en Rusia. Solo en 1991 dejó de ser un crimen. Para aquellos sin empleo, la pobreza absoluta les amenaza. Los beneficios de desempleo se comparan al salario mínimo de 14,620 rublos al mes, un tercio del nivel oficial de sustento y un séptimo del salario promedio. Los desempleados están usualmente peor de lo que indican estas figuras porque los servicios sociales más básicos - salud, escuelas y transporte son proveídos por compañías y no el gobierno local, por ende solo son accesibles para quienes trabajan.

Las víctimas principales fueron las mujeres. Ellas fueron las primeras en ser despedidas para evitar pagar beneficios, como beneficios de niños y maternidad. Dado que las mujeres formaban 51 por ciento de la fuerza laboral rusa unos años atrás, y que 90 por ciento de las mujeres trabajaban, el crecimiento del desempleo significaba que el número de mujeres excluidas de la fuerza laboral se incrementó.

Bajo el antiguo régimen,las mujeres recibían el 70 por ciento de los salarios de los hombres. La cifra en 1997 era del 40 por ciento. Mantener a la familia con un salario era difícil en la vieja URSS. Ahora, con el incremento dramático de la pobreza, se volvió virtualmente imposible. El 10 de febrero 1993, el entonces ministro de trabajo, J. Melikyan anunció la solución del gobierno para el desempleo. En un idioma que le daría crédito a cualquier político burgués de derecha en occidente, dijo que no veía la necesidad de ayudar a las mujeres a regresar al trabajo. “Por qué deberíamos intentar encontrar trabajo a las mujeres cuando los hombres están ociosos y en beneficios de desempleo?” pregunto. “Dejen al hombre trabajar y a la mujer cuidar del hogar y sus hijos.”

Tal lenguaje, el cual era impensable en el pasado, ahora evidentemente es tomado como normal y aceptable. El intento del gobierno de implementar una política del “regreso al hogar” se reflejó en varios borradores de las nuevas leyes que estaban en consideración. El primer borrador tenia el potencial de anular el derecho al aborto y le prohibia a las mujeres con hijos menores de 14 a no trabajar mas de 35 horas a la semana. Tras protestas, las cláusulas más controversiales fueron removidas. La ley ahora se encargaba de retirar la obligación del gobierno de proveer guarderías para los hijos de mujeres trabajadoras. Como compensación, las mujeres con tres o más hijos fueron ofrecidas beneficios para quedarse en casa y cuidar de ellos.

La prostitucion incrementó enormemente, ya que las mujeres intentan sobrevivir con vender sus cuerpos a quienes tenían el dinero para comprarlos - mayormente los despreciables ‘nuevos ricos’ y extranjeros ricos. Mujeres de países de la antigua Unión Soviética fueron exportadas a países occidentales como prostitutas. En esta humillante esclavitud de la mujer en la que las reducen a comodidades, estaba encapsulada como la humillacion de la tierra que estaba sometida a la explotacion en su forma mas desnuda y descarada.

Aqui, mas claro que en cualquier otro lugar, se ve la verdadera cara de la contrarrevolución capitalista - cruel, brutal e ignorante - una reversión a los días de la exclavitud zarista en donde los esclavos tenían poder sobre sus esposas e hijos como compensación por su propia condición degradante. La posición de la mujer en Rusia retrocede más de setenta años.

El Capitalismo causa serios daños a la salud

Como corolario directo del colapso de los estándares de vida, hubo un agudo declive en la salud de la población. Newsweek describió la expectativa de vida como el “último indicador de la salud económica de la nación”. Aun en la altura de la crisis del antiguo régimen en 1987, la expectativa de vida para la URSS aún era un promedio de 65.1 para los hombres y 73.8 para las mujeres. En Gran Bretaña, por comparación, en 1996 la expectativa para los hombres era de 74 años.

El Financial Times (14/2/94) llevó un artículo de primera plana titulado ‘Rusia se enfrenta a una crisis poblacional mientras la tasa de mortalidad se eleva’. El artículo explicó que:

En el año pasado, la tasa de mortalidad se ha elevado un 20 por ciento, o 360,000 muertes más que en 1992. Los investigadores ahora creen que la edad promedio para la mortalidad en hombres se ha hundido a 59 - mucho más bajo que el promedio en el mundo industrializado y el más bajo de Rusia desde principios de los años 60s.

Para muchos europeos del oriente, el tiempo de libertad se torna en el peor de los tiempos desde la segunda guerra mundial. Europa oriental se enfrenta a una crisis de salud de proporciones terribles: demógrafos y oficiales de salud reportan que las figuras de mortalidad y falta de hijos se encuentran en una escala vista en tiempos de guerra. Enfermedades del cuerpo y mente se acercaban a magnitudes epidémicas. En varios países, incluyendo Rusia, la población está, de hecho, reduciéndose. “La caída es catastrófica”, dice Regine Hildebrandt, ministro en el gobierno estatal de Brandenburg, “es como la guerra”.

En Rusia, Estonia y Alemania Oriental, las muertes están sobrepasando los nacimientos, en algunas áreas de 2 a 1. La expectativa de vida en casi todas partes del este está cayendo, en especial en los hombres, al mismo tiempo aun los países más pobres del tercer mundo están reportando un incremento estable. En Hungría, el promedio es de 65 para los hombres y 74 para las mujeres, en contraste a 67.3 y 75 en 1975 y 73.4 y 81.8 para los hombres y mujeres en Francia hoy en día.

La tasa de mortalidad en Rusia incrementó 30 por ciento después de 1989, con los hombres llevando la carga, dice el demógrafo Murray Feshbach de la Universidad de Georgetown. Según sus cálculos, la expectativa de vida para los hombres rusos cayó a 59, aproximadamente la misma que en Pakistán.

Nicholas Eberstadt, un investigador del Instituto Americano de Empresas en Washington, comentó: “En el pasado, choques tan abruptos solo se veían en países industriales en tiempos de guerra.” Estas figuras son aún más aterradoras cuando se toma en cuenta que la Unión Soviética había obtenido niveles de salud y expectativa de vida, al mismo nivel que muchos países capitalistas avanzados.

La enfermedad, el suicido, la violencia, comida inadecuada y la desesperación en combinación con la destrucción de los servicios de salud redujeron los niveles de salud en Rusia a un nivel ‘tercermundista’. De acuerdo a Rabochaya Tribuna:

La mayoría de rusos sufren de desnutrición crónica. El déficit de proteínas de alta calidad es de 25 por ciento y vitaminas hasta 50 por ciento. El déficit de energía es de alrededor del 20 por ciento.

La tasa de mortalidad para los hombres rusos estaba relacionada al suicidio, asesinato, mala comida y malas condiciones y también la falta general de perspectivas y la perdida de la esperanza por el futuro.

Bajo el antiguo sistema, los trabajadores tenían al menos servicios de salud gratuitos y condiciones relativamente estables. La actitud de los trabajadores se reportó en varios medios. Julika Lukacs, un jubilado hungaro, dijo: “La sociedad no estaba dividida bajo los comunistas. No había crimen ni pobreza y vivíamos felices.” Podría ser un recuerdo indulgente, pero lo compartían muchos. Un minero de Vorkuta dijo que estaba votando por Zyuganov, porque se sentía más a salvo bajo los comunistas”. Otra persona rusa, quien fue entrevistada sobre democracia, revelando la psicologia de millones, dio la siguiente respuesta.

Libertad? Si, la tenemos. Pero libertad de que? De morir de apendicitis? Comprar un anorak occidental por 200 marcos alemanes, cuando el salario promedio es de 5 marcos alemanes a la semana. La libertad de sobornar maestros con $1000 al año para enseñarle a nuestros hijos o pagar $50 para ver un doctor decente

Desde entonces, la situación ha mejorado (era casi imposible que empeorara). Pero las consecuencias negativas de la restauración capitalista las confirmó recientemente el Reporte de Transición 2016-17, el cual nos informa que las personas que nacieron en la ‘zona de transición’ (países post-comunistas en Europa) son un centímetro más bajos que sus padres como resultado del estrés y malnutrición. El índice de felicidad también es más bajo. Es comparable al de personas que nacieron en zonas de guerra. (Ver Reuters world news, 3 de Noviembre del 2016)

El nuevo reporte de Transición cita una encuesta de 51,000 hogares en 34 países que se condujo en 2006, 2010 y 2016, preguntando a los participantes que marcaran de 1 a 5 que tan de acuerdo estaban con la frase ‘Con todas las cosas en consideración, estoy satisfecho con mi vida’. “La concentración de riqueza excesiva (entre los ricos) … puede tener un impacto negativo en la igualdad de oportunidad y causar repercusiones contra instituciones políticas y económicas clave en la economía de mercado”, el reporte advirtió que llevaría a un crecimiento más débil a largo plazo.

Naturalmente, la experiencia de crecimiento difería entre los individuos,la diferencia marcaba su posición en la escalera de ingresos. Solo aquellos en el 27% en la cima de la distribución de ingreso habían experimentado el promedio o mayor al promedio de crecimiento de ingresos. Un 23 por ciento estaban en peores condiciones que en 1989, mientras 33 por ciento había experimentado crecimiento de ingresos bajo el promedio de la G7.

Los trabajadores reaccionan

Luego de seis o siete años de caos, la clase obrera se había cansado. Estaban buscando soluciones inmediatas a los problemas más grandes, empezando con los atrasos de los salarios que se habían acumulado. Las drásticas caídas en los estándares de vida y la constante provocación en contra de las masas habían alcanzado un punto crítico. La indignación de las masas se había derramado. El enojo de los trabajadores estaba expresado en movimientos militantes de mineros y otros sectores.

El 11 de junio de 1998 mineros de toda Rusia se plantaron en piquetes fuera de la Casa Blanca. No eran solo los mineros, sino muchas otras secciones se incorporaron al movimiento. Esto representaba un gran peligro para el régimen.

The Economist describió la escena el 22 de agosto 1998:

Afuera del parlamento los sindicatos están demandando que se paguen los salarios pendientes de alrededor 78 mil millones de rubios ($10 mil millones a la nueva tasa de cambio) deben ajustar para compensar por el 20% de devaluación vista esta semana. Han convocado una huelga para el 7 de Octubre. Protestas laboristas, aunque disruptivas, aún no se cristalizan como huelgas nacionales, pero se volveran mas virulentas si la economía se deteriora.

Los siguientes extractos del material publicado por el sindicato de mineros nos da una clara indicación que el periodo de ‘pasividad’ para la clase obrera se había acabado.

Los carros de tren del norte de Rusia descienden a Moscú el 11 de junio cargando 150 mineros de carbón descontentos, quienes hacen este viaje de 40 horas hacia la capital para protestar en contra del retraso en los salarios. Llegaron a Moscú con el apoyo de todo Vorkuta, maestros, doctores, jubilados, todos contribuyeron lo que pudieran a los fondos para pagar el viaje de los mineros.

Se mantienen allí ahora. Vinieron preparados para una vigilancia larga. En una conferencia de prensa, los líderes de los sindicatos dijeron que la acción duraría lo que los mineros durarán y que los mineros llegaron a Moscú sin boleto de regreso y por el momento no tenían fondos para los boletos de vuelta!

Esta vez los mineros vinieron con demandas politicas asi como demandas por los salarios no pagados. Sus demandas estaban claras en las pancartas de piquetes que leian “Abajo al presidente!”; “Yeltsin, devuélvenos nuestro dinero!” y “Yelstin, te pusimos arriba, te traeremos hacia abajo!”

Pero aparte de pagar los salarios, “virtualmente todos los mineros rusos” ahora demandan “la renuncia del presidente y adelantar las elecciones presidenciales” en las palabras de Aleksandr Sergeev, el presidente del sindicato.

Rápidamente a los mineros de Vorkuta se les unieron hasta 400 otros del yacimiento de carbón de Kuznetsk, y la región de Rostov. Otros se unieron a la protesta en varias ocasiones, incluyendo mineros de la isla de Sakhalin, Chelyabinsk, los Urales, Norilsk, Kemerovo, Tura y Rostov. Una pequeña delegación de nueve trabajadores representando al gigante manufacturante de autos AvtoVAZ en Togliatti se unió a la protesta. Científicos, estudiantes y trabajadores del metro de Moscú se unieron a la protesta varias veces.

Aunque fueron mayormente ignorados por el gobierno, los manifestantes no pasaron desapercibidos para el resto de la ciudad, los manifestantes aceptaron ofertas de las fábricas en la ciudad y residentes simpáticos, la mayoría repartía comida y apoyaba en los piquetes.

Los mineros en el piquete frente a la Casa Blanca no era un incidente aislado, reportes de otras áreas demostraron:

En la mañana del 31 de julio, prácticamente toda la población adulta de Partizansk [conocida como la capital minera del Territorio Marítimo en el Este de Rusia] y las ciudades satélite de los mineros asistieron a las reuniones cerca de las minas de Avangard y Uglekamenskaya y tomaron la decisión unánime de adoptar demandas políticas, incluyendo el llamado a la renuncia del Presidente Boris Yelstin y el gabinete de Ministros.

En la ciudad en sí, hay frecuentes mítines que incluyen a toda la población. Las esposas de los mineros recientemente dijeron que si los salarios siguen sin pagar, organizarían una ‘rebelión de mujeres’. Las situaciones se tornan más explosivas día con día. Los mineros de carbón dicen que ya no creen en promesas. Reportes dicen que la mayoría de las familias no tienen ni las comidas más básicas. En conjunción con sus esposas, los mineros amenazaron con ‘horcas y barras de cuervo’ para forzar el pago de los salarios atrasados.

La participación de la mujer no puede resaltar lo suficiente. Cuando las mujeres se involucran a este nivel, siempre es un síntoma de un profundo despertar de toda la clase obrera. Debemos recordar que la revolución rusa inició precisamente con el movimiento de mujeres obreras en febrero de 1917. El piquete de los mineros se estableció en los cuarteles del puente Gorbaty en Moscú y publicaron material en el boletín del Sindicato de Mineros Independientes. El traductor del material del 16 de julio hizo el siguiente comentario:

Creo que estos materiales dan una imagen verdadera del presente fervor en el naciente movimiento laborista en Rusia. Personalmente, estoy especialmente fascinado por el resurgimiento de la tradición de la democracia plebeya en Rusia y el activismo de base recordativo de 1905 y 1917, la cual parecía haberse perdido.

El reporto el discurso de Vyacheslav Revuzov, “la cabeza de la delegación de la ciudad de Tula, hogar de la ametralladora Kalashnikov y el centro de producción de armas tradicional.”

Cuando le preguntaron a Vyacheslav Revuzov: “Tienen mujeres entre ellos ¿Lo hace más difícil?” Su respuesta fue:

Al contrario, no tienes idea de la clase de mujeres que son. Algunas no las cambiaria por ningún hombre. Una de estas mujeres es Yevmenenko. Ella es la presidenta del comité de huelga de la planta militar ‘Shtamp’. Iría en cualquier misión peligrosa con ella. No pudieron encontrar a ningún hombre para dirigir el movimiento laborista aquí. Entonces, ella tomó las riendas y ha logrado mucho: despedir a un director, fijar a otro. De hecho, han tomado control completo sobre la planta, la cual actualmente tiene alrededor de tres mil trabajadores. Han convocado a su comité a los jefes de ingeniería, mecánica, energia y les preguntaron ¿por qué se había estancado la producción? Pueden despedirlos en cualquier momento y convocar a otros especialistas. Esto es lo que hace el poder obrero en una empresa.

Embriones de soviets

Lo que fue significativo fue el desarrollo de embriones de soviets. De hecho, en su discurso, Vyacheslav Revuzov explica que él es el “Presidente de la ciudad soviética de trabajadores, especialistas y sirvientes estatales. El Soviet incluye representantes de las nueve empresas más grandes de Tula. Ahora incorporamos representantes regionales a nuestro soviet regional. Principalmente comités de huelga.”

Como dice la cita anterior de Vyacheslav Revuzov, el fenómeno de ocupaciones de fábricas se estaba expandiendo. Los trabajadores estaban tomando las fábricas y operandolas a través de sus comités electos. Por ejemplo en Vyborg, históricamente un fuerte de los Bolcheviques durante la revolución de 1917, los trabajadores en una fábrica de papel tomaron el mando. Sacaron a los dueños tras una lucha con el OMON, la policía especial, los trabajadores estaban de hecho operando la fábrica.

Rápidamente el movimiento huelguista puso eslogans políticos. Al centro de las demandas de los mineros, estaba la renuncia del gobierno. En una reunión de protesta de mineros en conjunción con ingenieros de electricidad en Vladivostok, demandaron despedir al gabinete.A la reunión asistieron delegados de todas las empresas afiliadas a las sociedades anónimas regionales Primorskugol y Dalenergo que dirigían las operaciones de minería y energía en el territorio del Lejano Oriente ruso.

Consejos de obreros organizados espontáneamente están tomando sobre las funciones del gobierno local y posan un verdadero reto a las autoridades regionales y de igual manera a los líderes de sindicatos. Los ‘comités de salvación’ son esencialmente la misma idea que los soviets de trabajadores y soldados que se extendieron a través de Rusia durante las revoluciones de 1905 y 1917. [Ellos] se han propagado a todas las comunidades principales de la región de Kuzbass…y su confianza aumenta. (Hindustan Times 4/12/96)

Los mineros de la explotación al aire libre de Neryungri en Yakutia del Sur, que se considera la mayor empresa minera del Extremo Oriente ruso, dejaron de suministrar carbón a sus consumidores, pero se aseguraban las necesidades de sus propios pueblos. En esta decisión tenemos elementos potenciales de control obrero. Los obreros llegaron a la conclusión de que tenían que empezar a tomar el control de la distribución. Este es un desarrollo muy importante que en algunas zonas, lógicamente, llevó al establecimiento de comités de huelga electos (en la práctica embriones de soviets)

Un informe en The Guardian (18/12/96) declaró que: "En un movimiento reminiscente de la creación de soviets de obreros y soldados que precedió a la revolución de 1917, han formado un ‘comité de salvación’ para coordinar las protestas y tomar la iniciativa sustituyendo a las ineficaces autoridades locales.

"‘Es tal y como dijo Lenin: si las autoridades no pueden gobernar de una manera nueva , y las masas no quieren vivir de la vieja manera, aparece una tercera fuerza’, dijo Valery Zuyev, de 42 años, un minero electricista que dirige el comité de salvación.

"El movimiento de los comités, que empezó en setiembre, se ha extendido a otras ciudades en la región del Kuzbass. Se han hecho llamamientos a la compra de armas y Moscú está preocupado. A diferencia de las huelgas de mineros y maestros impagados, los comités unen a trabajadores de todos los sectores. ‘Si te empujan a una esquina, si tus hijos tienen hambre, si no se respeta la constitución, lo único que nos queda es exigir que cambie el gobierno’ dijo Mr. Zuyev. ‘Y si no lo puedes conseguir pacíficamente, lo haces por la fuerza’".

Los obreros no los llamaron soviets, pero esto es lo que realmente eran. Este es un hecho de primer orden de importancia. Demuestra que las tradiciones del pasado revolucionario, a pesar de todo, están vivas en las mentes y corazones del proletariado ruso, que está buscando activamente una salida, confiando en su propia fuerza y sus propios métodos. Sin embargo, la victoria de la clase obrera requiere más que las condiciones objetivas favorables, fuerza en números o incluso la voluntad de las masas para luchar por un cambio en la sociedad. El factor subjetivo es indispensable. Sin la dirección de Lenin y Trotsky, la revolución de Octubre jamás hubiera ocurrido.

El problema con el que se enfrenta la clase obrera rusa, entonces, se puede resumir en una palabra - dirección. Hubo grandes huelgas y protestas de los trabajadores. Pero les faltó organización y dirección y sus metas eran confusas y contradictorias. Sin dirección del Partido Comunista, los sindicatos, o ningún lado, establecieron comités electos en Kuzbass y otras áreas. Pero la ausencia de dirección y la falta de programas o perspectivas, se volvió un fenómeno efímero.

El colapso

En 1997, el crecimiento económico de Rusia fue positivo por primera vez desde la formación de la Federación Rusa en 1991. Sin embargo, la situación aún era muy frágil. No se podía argumentar que en Rusia existía una economía de mercado funcional en ese momento. Seguramente, observadores occidentales se mantienen escépticos y sus miedos se incrementaron con los eventos de 1998. La crisis que inició en Asia y sacudió al mercado financiero mundial afectó a Rusia de inmediato. El 13 de agosto de 1998, la bolsa, el mercado de bonos y la moneda rusa colapsaron como resultado del miedo a la devaluación del rublo y la deuda doméstica. Los rendimientos anuales de los bonos en rublos incrementaron hasta 200%. Hubo caídas en picada en la bolsa.

A esto le siguió lo que se puede describir como una desintegración financiera y económica. En septiembre del mismo año el banco central de Rusia decidió permitirle al rublo flotar libremente. Se hundió como una piedra. El resultado inmediato de la depreciación drástica fue el aumento de los precios. La inflación llegó a 27.6% en 1998 y 85.7% en 1999. Como resultado del aumento en el precio de la comida, el disgusto social creció y la gente comenzó a demostrarlo en las calles de varias ciudades. En Noviembre, el Ministro de finanzas Mikhail Kasyanov declaró que el país seria capaz de pagar menos de 10 mil millones de dólares de su deuda externa de 17 mil millones. En las semanas siguientes, hubo una corrida en los bancos cuando los depositantes alarmados hicieron cola para retirar sus ahorros.

La economía rusa se contrajo 5.3% en 1998. El PIB per cápita alcanzó el nivel más bajo desde la formación de la Federación Rusa en 1991. El FMI estaba cargado de presión, presionando por movimiento más rápido en dirección al capitalismo, mientras intentaban exprimir a la gente de Rusia por pagos en efectivo. El 23 de junio, el gobierno le presentó a la cámara baja del Duma un plan anticrisis de emergencia para incrementar los impuestos, pero el El FMI se mantuvo implacable. Retuvo el pago del siguiente tramo de su préstamo para Rusia, diciendo que el gobierno no estaba haciendo lo suficiente para cobrar impuestos.

El gobierno ruso le pidió al FMI de 10 a 15 mil millones de dólares adicionales para evitar el colapso financiero, por lo tanto exponiendo al mundo entero su humillante dependencia al imperialismo y los banqueros occidentales. Por sus acciones, los banqueros estaban empujando a Rusia hacia el abismo. El resultado fue una conclusión olvidada. El 25 y 26 de agosto, el rublo cayó en picada, perdiendo 40% de su valor en comparación al marco alemán. El cambio de moneda tuvo que suspenderse.

En una declaración, EEUU dijo que Washington apreciaba la ‘dificultad’ de la situación que enfrentaba Rusia. Pero casi en la misma oración, el gobierno de los Estados Unidos llamó a Rusia a la acción para restaurar la confianza e implementar todas las reformas económicas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por tanto complicando la situación. En 1998, a lo largo de seis meses, la moneda perdió más de 70 por ciento de su valor. La inflación despegó, los ingresos se desplomaron, bancos y empresas alrededor del país colapsaron y los rusos se quedaron sin empleo.

La reestructuración de la deuda soberana tuvo lugar en 1999 y 2000. Un acuerdo del FMI de 4.5 mil millones de dólares estadounidenses concluyó en julio de 1999 para ayudar a Rusia a recuperar acceso al mercado financiero internacional. Sin embargo, las acusaciones de irregularidades en el sector bancario volvieron a tener un impacto negativo en el acceso al mercado financiero del país y los rendimientos de los bonos del gobierno se mantuvieron altos. Fue una catástrofe social y política sin precedentes y condujo a una reacción masiva contra el capitalismo.

El Factor subjetivo

No había nada inevitable sobre la victoria de la restauración capitalista, pero aquí el factor subjetivo jugó un papel dominante. Es un aplastante comentario sobre la degeneración de la casta dominante estalinista que, ochenta años después de octubre, prefirieron empujar la Unión Soviética de vuelta al capitalismo que devolverle el poder a la clase obrera. Yeltsin sintió confianza en el apoyo decisivo de la mayoría de la burocracia la cual estaba impaciente por tomar la propiedad de la gente. Detrás de esta facción estaba la fuerza del imperialismo global.

Es verdad que había profundas contradicciones dentro de la burocracia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky habló de las facciones de Butenko y Reiss dentro de la burocracia. A lo que se refería Trotsky era que dentro de los rangos de la burocracia, había todo un rango de tendencias, desde declarados contrarrevolucionarios como Butenko hasta Leninistas genuinos como Ignace Reiss. Trotsky también añadió que los primeros eran mucho más numerosos que los segundas, en especial en los rangos superiores.

Pero ni siquiera Trotsky pudo haber previsto los espantosos niveles de degeneración de la burocracia estalinista luego de décadas de asumir el poder. La prolongación del régimen burocrático de casi tres generaciones tuvo efectos profundos en todas las clases y niveles de la sociedad soviética. La degeneración de las capas superiores - ahora los nietos de los burócratas ‘nacidos en el morado’, como solían decir de los emperadores Bizantinos - iban más allá de lo que Trotsky, o nosotros, pudimos haber pensado.

Décadas de totalitarismo estalinista monstruoso había tenido el efecto de atrasar la consciencia. La exterminación física de los viejos Bolcheviques logró cortar el cordón umbilical que conecta a las nuevas generaciones con las tradiciones de la Revolución. Los mismos logros de la economía planeada trajeron consigo cambios en la composición del proletariado. Una gran parte de antiguos campesinos emigraron a las ciudades para ser absorbidos por el crecimiento de la industria. En general, esto significó un enorme refuerzo para la clase obrera. Sin embargo, la conciencia de la nueva generación de trabajadores soviéticos no era la misma de la generación de 1917. Su percepción de revolución y del socialismo y comunismo estaba teñida por la experiencia de la vida bajo el régimen estalinista.

La ausencia de un movimiento obrero independiente fue el factor decisivo que condiciona la situación desde entonces. Para Ted Grant esta situación era de esperarse. A él le costaba creer que no había quedado nada de las tradiciones del Bolchevismo-Leninismo en Rusia. Es imposible negar el hecho que la conciencia de las masas en Rusia fue empujada mucho más atrás por la pesadilla del régimen totalitario. Aun entre los mineros en ese entonces, entre sus líderes en particular, habían ilusiones en el capitalismo. Algunos de los dirigentes de los mineros imaginaban que les ayudaría a vender su carbón al mercado mundial. Aún no habían gozado las alegrías de la economía de mercado.

Sin embargo, es completamente falso decir que la demanda por el regreso del capitalismo vino de la clase obrera. Al contrario, a lo largo de este periodo hubo un creciente descontento en la población ante la economía de mercado. El movimiento en contra del capitalismo se estaba volviendo más fuerte, incluso antes del colapso de 1998. El descontento se reflejaba en encuestas de opinión y en las protestas de la clase obrera. Las encuestas demostraban una gran mayoría en contra de la economía de mercado. Como hemos visto, una encuesta de opinión en 1994 vio que el apoyo a las reformas cayó de 40 a 35 por ciento cinco años más tarde. La misma encuesta encontró que la mayoría cree que la privatización era “robo legalizado para el beneficio de la nomenclatura y criminales”. Otra encuesta de opinión conducida por la Fundación Internacional de Sistemas Electorales de EE.UU. en 1995 encontró que tres cuartos estaban profundamente insatisfechos con la situación. Solo el veinte por ciento pensaba que la economía mejoraría en los próximos dos o tres años. Y significativamente, más de la mitad querían restablecer el control del estado sobre la economía. (Fuente: Financial Times, 29/11/95.)

Tres meses antes, una encuesta por el Centro de Opinión Pública en Rusia y la Universidad de Strathclyde reproducido en el Financial Times (17/8/95), reveló que dos tercios pensaban positivamente del periodo pre-perestroika, comparado con solo 50 por ciento en 1992. Un tercio quería volver al régimen estalinista, mientras que el diez por ciento dijo que regresar al zarismo sería mejor. En una encuesta Rusa publicada en Segodnya (24/1/97), cuarenta y ocho por ciento de los encuestados estaban de acuerdo o estaban inclinados a estar de acuerdo con la proposición que el “socialismo es preferible que el capitalismo para el sistema ruso.”

Aquellos en desacuerdo, un veintisiete por ciento, mientras el resto tomó una posición intermedia. Cuarenta y tres por ciento estaban de acuerdo o inclinados a estar de acuerdo con que la economía de Rusia debería desarrollarse principalmente basada en el estado, no en la propiedad privada, mientras diecinueve por ciento tomaron la posición opuesta.

Tras experiencias similares en Lituania, Ucrania, Polonia, Hungría, Rumania y Alemania Oriental, en diciembre de 1995 las elecciones de Duma en Rusia, los partidos que apoyaban reformas fueron humillados. Fue un enorme triunfo para el Partido Comunista y sus aliados, posicionando a los nacionalistas en segundo lugar.

Pero el colapso económico de 1998 había creado un cambio cualitativo en la mentalidad de millones de personas. Muchas capas anteriormente privilegiadas que se habían beneficiado inicialmente del crecimiento de la economía de mercado ahora se encuentran sin empleo y sin perspectivas. Hubo una reacción furiosa en contra del capitalismo de parte de la clase media. El campo no pudo haber sido más favorable para advocar por políticas anticapitalistas.

El papel del ‘Partido Comunista’

Si hubo un momento para que el Partido Comunista detuviera el movimiento hacia el capitalismo fue este. La clase obrera se estaba recuperando rápidamente de la desorientación y el trauma que causó el colapso del estalinismo y el movimiento en dirección al capitalismo. Estaba sacando sus propias conclusiones del tenebroso colapso de la economía, estándares de vida y la cultura que había como resultado. En este caso, los estalinistas jugaron un papel criminal. En comparación con el comportamiento de los estalinistas rusos, la traición de los líderes Social-Democratas de 1914 era juego de niños.

Si hubiera existido un partido bolchevique genuino, hubieran estado en la víspera de tomar el poder. Pero no había tal partido. Luego de incesantes purgas, el contenido del partido comunista antiguo se había transformado al punto en que no tenía nada en común con el partido Bolchevique más que el nombre. No era un partido en absoluto, sino un organismo del estado compuesto de 19 millones de miembros, quienes entre ellos había una honesta capa de obreros sin duda, pero la mayoría consistía de un ejército de oportunistas, ladrones y chiflados de todo tipo. Esto no tenía nada en común con el partido de Lenin y Trotsky, el cual fue destruido en las purgas.

El proceso de convertir el partido en una herramienta burocrática empezó tras la muerte de Lenin, como resalta Edward Crankshaw:

Inmediatamente tras la muerte de Lenin se aceleró este proceso. En este proceso la construcción de su propia posición y llenar el partido con quienes contar, Stalin, como Primer Secretario y en el puño de Trotsky, proclamó la llamada inscripción Lenin. Esto fue una inscripción en masa de nuevos miembros para inundar los oponentes de Stalin. Entonces, en el doceavo congreso del partido en 1923 la membresía era de 386,000; un año más tarde, en el treceavo congreso, había subido a 735,881. Para 1929, con Stalin supremo y preparándose para liquidar a sus colegas mayores, esta figura se había duplicado: había 1,551,288 miembros del Partido.

El siguiente acontecimiento fue un cambio muy sorprendente en la composición de los miembros. Entre 1930 y 1934 el Partido dejó de ser una organización obrera.En 1930 los trabajadores reales constituían casi el 49 por ciento de la membresía; en 1934 esta proporción, como se refirió en el Congreso del Partido, había disminuido al 9,3 por ciento. De la mano de esto fue el monopolio virtual del Partido por la clase patronal en ascenso. Entonces, en 1923 sólo el 23 por ciento de todos los directores de fábricas de la Unión Soviética eran miembros del Partido. En 1936, la cifra estaba cerca del 100 por ciento. Y así continuó hasta que, en el año de la invasión alemana de Rusia, había casi tres millones de miembros del Partido, la mayoría de ellos dedicados a la administración de uno u otro tipo. (Edward Crankshaw, op. cit., pp. 63-4.)

Y el autor concluye correctamente:

Cuando recordamos que el viejo Partido casi había sido aniquilado por Stalin durante los años de la purga a mediados de los años treinta, los funcionarios del Partido fueron utilizados regular y deliberadamente como chivos expiatorios de los errores y excesos de la dirección superior, está claro que el Partido de la posguerra era muy diferente del cuerpo a través del cual Stalin subió a la supremacía y no tenía el más leve parecido con el Partido original de Lenin. (Ibid., p. 64, mi énfasis.)

El PCUS era una red gigantesca de clientelismo y un brazo del estado. El Partido era responsable de la designación de 600,000 puestos clave y un millón de puestos de reserva adicionales en el estado y la industria. La membresía del Partido era un camino necesario para una carrera exitosa. En los primeros días de la Unión Soviética, el acceso a posiciones prominentes en el estado todavía estaba abierto a los hijos talentosos de las familias de la clase trabajadora. Esta fue una gran diferencia con Occidente. Pero a medida que pasaba el tiempo, este fue cada vez menos el caso. Los mejores trabajos estaban reservados a los hijos de los burócratas. Un síntoma de la decadencia senil del estalinismo, una especie de arteriosclerosis progresiva. En la cima estaba la élite soviética, cada vez más divorciada de la realidad de la vida de la clase obrera en la sociedad.

Estos elementos se mantuvieron unidos, no por convicción o ideología, sino por el vínculo del Partido con la bolsa de alimentación del Estado. Una vez que este eslabón fue destruido, se desintegró de la noche a la mañana. Como brazo político de la burocracia, fue destrozado por estos acontecimientos. Bandas enteras de "comunistas" desertaron del Partido para formar grupos abiertamente burgueses o nacionalistas, mientras las ratas pululaban en un barco que se hundía.

El PCRF, que había surgido de los escombros del PCUS, estaba en una posición fuerte para dar una ventaja, pero esa ventaja nunca llegó y nunca podría venir de la boca de personas que hace mucho tiempo habían abandonado cualquier concepción de la lucha por el socialismo. A pesar de sus enormes recursos, el PCFR, en el momento de la verdad, fue incapaz de conectarse con una amplia capa de la población, que estaba buscando una alternativa socialista democrática genuina. Su política consistía en maniobras e intrigas en los "corredores del poder" para formar un gobierno de coalición con los representantes de la oligarquía. A pesar de todo, el PCFR aún conservaba una base poderosa, como señalaron Kolganov y Buzgalin:

Con sus 500.000 miembros, el PCRF era el partido político más grande de Rusia. Pero como demostró la campaña electoral, el burocratismo del partido, junto con su orientación hacia la "gente del pasado" y los burócratas de mente pragmática insatisfechos con Yeltsin, lo convirtieron en una organización débil, incapaz de idear ninguna respuesta efectiva a la propaganda y los "trucos sucios" de las autoridades. En circunstancias en que los medios de comunicación estaban monopolizados por Yeltsin, la idea de llevar a cabo la agitación "de puerta en puerta" no era en sí mala, pero los miembros del PCRF no pudieron implementarla en la práctica. No tenían idea de cómo realizar tal trabajo, y no podían encontrar un camino hacia los corazones de la gente, excepto los corazones de las personas que ya estaban inclinadas a apoyar a Zyuganov. La experiencia de las elecciones demostró que Zyuganov no tiene nada que se parezca ni remotamente a una ‘Guardia de Lenin’.

Las fortalezas, incluyendo su tamaño masivo y la presencia dentro de su membresía de cuadros experimentados y probados del Partido Comunista Soviético, se convirtieron en debilidades. El rango disciplinado y los "guerreros de partido" resultaron ser de poca utilidad en las condiciones de un sistema multipartidista marcado por la lucha entre varias ideologías e intereses. Mientras tanto, los cuadros experimentados sólo tenían experiencia de doblegamiento burocrático, no de trabajo de propaganda política.

Eso fue un eufemismo. Aunque había elementos en la dirección del Partido Comunista Soviético que estaban a favor de un "regreso a Lenin", el "ala Reiss" era tan pequeña que era prácticamente insignificante. No jugó ningún papel en los acontecimientos decisivos que condujeron al colapso de la Unión Soviética. El ala estalinista que quería mantener el viejo sistema – un sistema que estaba colapsando manifiestamente – se mostró débil, indeciso y completamente en bancarrota frente a la embestida del ala pro-capitalista.

La verdad es que el PCFR era un partido comunista sólo de nombre. Zyuganov no tuvo ninguna disputa con la economía de mercado. No quería volver al viejo sistema de burocracia planificada, porque sabía que no podía mantener la línea. Los trabajadores inevitablemente, cuestionarían los privilegios de la burocracia y se movilizan para tomar el control.

Si el PCFR hubiera seguido algo parecido a una verdadera política leninista, toda la perspectiva habría sido diferente. Pero la dirección del CPRF fracasó en organizar una oposición seria porque no querían hacer nada que despertara a los trabajadores fuera del parlamento. Después de décadas de métodos totalitarios y burocráticos, los dirigentes del Partido no tenían idea de cómo atraer a las masas, incluso si lo hubieran deseado. Y no quisieron hacerlo.

Como los líderes de los PC alrededor del mundo ‘explicaron’ el colapso de la URSS

La Tercera Internacional (Comunista) que llegó a ser una fuerza poderosa, fue disuelta por Stalin en 1943 en un gesto de buena voluntad hacia los imperialistas !Gorbachov incluso sugirió que debería de haber celebraciones conjuntas entre el Partido "Comunista" Soviético y los socialdemócratas de Alemania Occidental para celebrar el aniversario de la Segunda Internacional! Esto significaba que la burocracia rusa consideraba que ya no había diferencias entre ella y los partidos reformistas de occidente. Evidentemente, para ellos, todo lo que Lenin había dicho y escrito era absurdo, ¡y toda la historia del movimiento comunista desde 1914 era el resultado de un pequeño malentendido! En eso acabaron décadas de abandono de las ideas del marxismo por parte de los estalinistas.

Después de décadas de políticas oportunistas, y con las enormes presiones del capitalismo en el auge de la posguerra, el proceso de degeneración nacionalista y reformista de los Partidos Comunistas se había completado. Se convirtieron simplemente en otra organización reformista. Al romper con Moscú se vieron cada vez más bajo la presión de su propia clase capitalista y la opinión pública burguesa. Este es el auténtico significado del llamado eurocomunismo. Con la caída del estalinismo después de 1989 este proceso se ha intensificado cada vez más. Como consecuencia, el Partido Comunista en Bélgica, Gran Bretaña y Noruega ha colapsado prácticamente. En Gran Bretaña, el antiguo "teórico" del Partido Comunista ha capitulado completamente al capitalismo y está más a la derecha que la izquierda laborista. La bancarrota ideológica del PC quedó resumida por Chris Myant, secretario internacional del PC británico (CPGB), cuando declaró que la Revolución de Octubre fue un "error de proporciones históricas". El Partido Comunista británico ha acabado en un fiasco completo, escindido en cuatro pequeños grupos. El Partido Comunista español, que podía haber tomado el poder en 1976-77, ha quedado reducido a una sombra de sí mismo.

Desde el colapso del estalinismo, que provocó una crisis internacional en los partidos comunistas, la mayor parte de ellos se han pasado abierta y formalmente al reformismo eliminando el comunismo de sus nombres y objetivos. Pero esto fue sólo un reconocimiento de lo que ya había sucedido mucho tiempo atrás. En ese sentido se han convertido en partidos reformistas poco diferentes de los partidos reformistas de la Segunda Internacional. Son lo que Lenin llamó partidos socialpatriotas. Muchos de sus dirigentes han degenerado completamente y no tienen ninguna intención de ir hacia la revolución socialista—aunque la mayor parte de su militancia de base tiene un actitud totalmente diferente

Con la caída del estalinismo luego de 1898, este proceso se intensificó. El colapso del estalinismo le envió olas de choque a los rangos de los Partidos Comunistas, causando descontento, cuestionamiento y discusiones. Naturalmente, el ala estalinista del movimiento obrero escondió deliberadamente durante décadas la auténtica situación en Rusia, escondiéndose detrás de frases mendaces sobre la supuesta "construcción del socialismo".

Esta misma gente imprimían sin comentario muchos de los crímenes de la burocracia revelados en la prensa soviética. Durante décadas mintieron y engañaron a la base de sus partidos, en las cuales se contaban una gran cantidad de los luchadores de clase más combativos y valientes. Sus dirigentes abusaron vergonzosamente de su comprensible lealtad a la Revolución de Octubre y a la URSS. Ahora, estos dirigentes, los que quedan de ellos, se mantienen un silencio cadavérico sobre su propio papel.

Las preguntas y protestas de la base se quedan sin respuesta. En realidad, los dirigentes de los PCs. no tienen respuesta. Habiendo abandonado el marxismo y el leninismo hace décadas, ahora también han abandonado el estalinismo, cuyos crímenes defendieron entusiásticamente, pero sólo para pasarse al reformismo y a la socialdemocracia. En muchos casos incluso han abandonado el nombre de comunismo totalmente, argumentando que está desacreditado. En realidad no es el comunismo el que ha quedado desacreditado, sino una caricatura monstruosa llamada estalinismo. Y estos mismos dirigentes son los responsables de haber ensuciado la bandera de Octubre. Este es un crimen que no se puede olvidar ni perdonar.

Es realmente sorprendente que las publicaciones de los partidos comunistas, incluso hoy en día, sigan describiendo los regímenes estalinistas en Rusia y Europa del Este como "socialismo" o "socialismo real". En otras palabras, no han aprendido nada sobre el auténtico carácter de estos regímenes. Mostrando la confusión más increíble, hablan de la necesidad de "más democracia"—¡como su fuera posible mezclar democracia y totalitarismo! Este tipo de declaración demuestra que no tienen la más mínima idea del carácter del problema. No han entendido el hecho elemental de que los regímenes totalitarios en estos países iban de la mano necesariamente con el dominio de una casta burocrática privilegiada, y eran absolutamente necesarios para mantener su dominación.

Vamos a reproducir algunas declaraciones escogidas al azar de declaraciones recientes de Congresos y Comités Centrales de diferentes Partidos Comunistas (el énfasis es mío):

Partido Comunista de la India:

"Los reveses sufridos por el socialismo en la Unión Soviética y anteriormente en Europa del Este han alterado el equilibrio mundial de fuerzas en favor del imperialismo por ahora. El proceso de restauración del capitalismo en los países de Europa del Este, el curso de desmantelamiento del socialismo en la Unión Soviética y la ruptura de la URSS en su antigua forma van acompañadas de una nueva ofensiva imperialista. Esto tiene repercusiones graves para los países socialistas y el movimiento comunista (...)". (Declaración del Partido Comunista de la India (Marxista). de Documents of the 14th Congress of the CPI(M), Madras, 3-9 de enero 1992)

Partido Comunista Francés:

"Aunque las fuerzas imperialistas están utilizando las convulsiones en la URSS y otros países socialistas de Europa para su beneficio, intentando reforzar la dominación política y militar sobre el resto del mundo (...) El Partido Comunista de Francia ha expresado su divergencia fundamental con el concepto de socialismo que predominaba en la URSS, y ha sacado las lecciones para sí mismo de esta experiencia poco feliz, la crisis y los retrocesos que se han dado". (Declaración del CC del PCF, enero 1992)

Partido Comunista de Sri Lanka:

"Ese es especialmente el caso a la vista del retroceso importante que el socialismo ha sufrido en la Unión Soviética y Europa del Este. El equilibrio de fuerzas a nivel mundial ha cambiado a favor del imperialismo. Estos acontecimientos tienen consecuencias adversas sobre los demás países socialistas y para las fuerzas de la paz y la democracia, especialmente en los países del tercer mundo". (Declaración del CC, enero 1992)

Partido Comunista Portugués:

"En la nueva situación internacional marcada por el desmantelamiento de la URSS, después del colapso de los estados socialistas de Europa central y del Este, nuevas dificultades se presentarán para los comunistas y otros revolucionarios en su lucha por el progreso social y el socialismo". (CC del PCP, enero de 1992)

Esta es la condena por décadas de oportunismo. Los dirigentes son incapaces de explicar el colapso del estalinismo a sus miembros. Hasta el día de hoy esperamos una explicación de esta gente de lo que pasó en Rusia y por qué. Durante décadas pusieron a la Unión Soviética por las nubes y negaron indignamente los crímenes del estalinismo. Ahora pasan en silencio sobre este tema.

¿Simplemente un malentendido?

Algunos de ellos por lo menos hacen un intento de explicar las cosas. Así, el fallecido Joe Slovo, que fue secretario general del Partido Comunista Sudafricano (SACP) hasta su muerte, escribió en un folleto:

"El dirigismo y los métodos burocrática que se enraizaron en la época de Stalin afectaron a los Partidos Comunistas en todo el mundo, incluyendo el nuestro. No podemos librarnos de nuestra parte de la responsabilidad por extender el culto a la personalidad y la adopción mecánica de la política interior y exterior soviética, parte de la cual desacreditó la causa del socialismo". (Joe Slovo, Has Socialism Failed?, p. 24 (1990) énfasis en el original)

El folleto de Joe Slovo está escrito en respuesta al "dramático colapso de la mayor parte de los gobiernos de los Partidos Comunistas de Europa del Este" en 1989. Su caída, admite, "fue provocada por levantamientos masivos que tenían no sólo el apoyo de la mayoría de la clase obrera sino también de gran parte de la militancia de los propios partidos gobernantes. Estas fueron revueltas populares contra regímenes impopulares; si los socialistas no son capaces de enfrentarse a esta realidad, el futuro del socialismo es de hecho sombrío". (Ibid., p. 1) En este punto por lo menos podemos estar de acuerdo con el camarada Slovo. Pero la cuestión es: ¿cómo fue posible que después de décadas de este "socialismo" la mayoría de la clase obrera se viese implicada en revueltas populares (en las palabras del propio Joe Slovo) contra el régimen? Algo iba mal claramente. Pero, ¿qué?

Joe Slovo nos dice que "el dirigismo y los métodos burocrática que se enraizaron en la época de Stalin", pero ¿de dónde venían estos "métodos"? ¿Qué reflejaban? ¿Qué intereses de clase representaban? Para estas cuestiones no hay respuesta. Tampoco se nos da ninguna razón por la cual este terrible fenómeno que apareció misteriosamente "en la época de Stalin" tendría que haber continuado existiendo durante décadas después de la muerte de Stalin, y llegó hasta el punto en que llevó a "revueltas populares" apoyadas por la mayoría de la clase obrera. Estos acontecimientos no se pueden considerar pequeñas desviaciones insignificantes ("manchas en el sol" como alguien dijo) sino que tienen que ser el producto de diferencias de intereses profundas e irreconciliables entre diferentes grupos sociales. ¿Qué grupos? De nuevo nos quedamos sin respuesta.

Slovo declara que: "las distorsiones fundamentales que existen en la práctica del socialismo real no se pueden trazar hasta los principios esenciales de la ciencia del marxismo revolucionario. Si buscamos culpables, tenemos que mirarnos a nosotros mismos y no a los fundadores del marxismo". Sin embargo, en todo el panfleto persiste en describir estos regímenes como "socialistas".

Estas líneas son una mejora sobre la posición anterior que la dirección del SACP había mantenido durante décadas que, al igual que la de otros Partidos Comunistas internacionalmente, era de apoyo acrítico hacia la burocracia rusa. Por ejemplo, recordemos el informe de Yusuf Dadoo (presidente nacional) y Moses Mabhida (secretario general) del SACP de su visita al 26 Congreso del PCUS en 1981:

"La sala del congreso estaba repleta de delegados que, con su trabajo honesto por el bien común, se habían ganado merecidamente los más altos honores y distinciones con las que el PCUS y el gobierno soviético podía honrarles. Estos delegados no eran teóricos de sofá. Eran la vida y la sangre del heroico pueblo soviético (...)

"Aquí estaban los herederos de los grandes bolcheviques, igual de fervientes en su compromiso para crear una vida mejor, no sólo para su propio pueblo, sino para toda la humanidad. Ningún otro partido ha producido comunistas tan entregados, devotos y disciplinados, luchadores tan tenaces por la paz, la libertad y el socialismo". (African Communist, 3rd Quarter, 1981, p. 48, énfasis mío)

Como hemos visto, ya en este momento la burocracia había dejado de jugar un papel progresista. Había problemas económicos. La corrupción de la burocracia era de conocimiento general. Sin embargo estos delegados fraternales no vieron nada, no oyeron nada y no sabían nada. Como nos dice Joe Slovo, ya se estaban poniendo las condiciones para crisis sociales masivas—¡incluyendo revueltas populares!

De vez en cuando los dirigentes del Partido Comunista criticaban a la "burocracia" de los antiguos regímenes de Europa del Este y Rusia, pero su propia crítica nos demuestra que no saben lo que es la burocracia. La confunden con el simple papeleo—es decir, la manifestación más trivial y superficial de la burocracia—cuando en realidad era una monstruosa casta dirigente de funcionarios privilegiados, implicados en el saqueo del estado, que se imponía despóticamente sobre la clase obrera. Una casta dominante de este tipo necesita un régimen totalitario opresivo, con una policía secreta y la negación completa de los derechos de los obreros, y no puede existir bajo ninguna otra base.

"En algunos casos", escribe Slovo, "las deformaciones experimentadas por los estados de socialismo real eran el resultado de distorsiones burocráticas que se racionalizaban en el nivel ideológico mediante una invocación mecánica y fuera de contexto del dogma marxista (...) en otros casos eran el resultado de una trágica mala aplicación, pero con buena intención, de la teoría socialista en las nuevas realidades que no habían sido previstas por los fundadores del marxismo". (Slovo, op. cit., mi énfasis)

¡Así que eso es todo! Todo fue un error trágico, fruto de un pequeño malentendido por gente sincera pero equivocada. No es por casualidad que ninguno de estos partidos haya propuesto una vuelta a Lenin. El mismo Lenin que elaboró las famosas cuatro condiciones que son la precondición necesaria, no para el comunismo o el socialismo, sino para el estadio inicial del poder obrero—es decir, un estado obrero sano desde su inicio. Tampoco han entendido la relación causal entre la degeneración burocrática de la revolución rusa y la teoría del socialismo en un sólo país, que siguen aceptando. Todavía no han entendido que esta idea era una expresión de los intereses de la burocracia, no de la clase obrera.

La postura falsa de los dirigentes oficiales de los Partidos Comunistas en relación al estalinismo es sólo la otra cara de la moneda de su abandono del marxismo y su actitud hacia el capitalismo y el estado burgués, y todo lo que fluye de ello. Una cosa se deriva de la otra. Habiendo aceptado acríticamente en el pasado todos los crímenes del régimen estalinista, con el colapso del estalinismo, han abandonado el camino revolucionario completamente. Este es por lo menos el caso de la mayoría de los viejos dirigentes.

La humillación de Rusia

Después de la caída de la URSS, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia del mundo. Con inmenso poder vino la inmensa arrogancia. Se suponía que la "doctrina Bush" iba arrogarse a los Estados Unidos del derecho a intervenir en cualquier parte del mundo, a interferir en los asuntos internos de Estados supuestamente soberanos, a espiar, a derribar gobiernos, a bombardear, a asesinar y, si fuera necesario, a invadir impunemente. El colapso de la Unión Soviética permitió que el imperialismo estadounidense interviniera en lo que antes eran esferas de influencia soviéticas. Trajeron a Polonia y otros estados de Europa del Este y del Báltico a la OTAN y luego fijaron sus miras en las antiguas Repúblicas de la Unión Soviética.

El imperialismo norteamericano lo aprovechó para comenzar a apoderarse de los Balcanes, Yugoslavia e Irak -ex esferas de interés soviéticas- que no se habrían atrevido a tocar en el pasado. La desintegración de Yugoslavia y el bombardeo de Serbia contribuyeron a la sensación de que Rusia estaba rodeada y sitiada. Junto con el colapso económico y el empobrecimiento general, esto produjo una profunda sensación de humillación nacional.

Moscú fue invadida por un ejército de empresarios extranjeros, especuladores y escoria humana similar. Estas personas actuaban como si fueran dueños del lugar, lo que en parte hicieron. El gobierno de Yeltsin consistía en los agentes locales del imperialismo, ansiosos de lamer las botas de sus pagadores extranjeros. Al colapso económico y a la pobreza insoportable se añadió una sensación aún más insoportable de humillación nacional. Un pueblo orgulloso que había trabajado y sacrificado para construir la Unión Soviética la encontró gobernada por un payaso borracho y una pandilla de ladrones en los bolsillos de los banqueros extranjeros.

Tanto el estalinismo como el capitalismo fracasaron por completo en resolver la cuestión nacional en Rusia y la antigua Unión Soviética. Sólo garantizando la igualdad de derechos a todos los pueblos podrá establecerse una unión fraterna duradera. Pero esto es imposible bajo el estalinismo o el capitalismo. Sólo un retorno a la democracia obrera ofrece una salida para la clase obrera y las nacionalidades oprimidas. Ese régimen volvería a la política de Lenin de emancipación nacional y relaciones fraternales entre los pueblos, con todos los derechos para las minorías nacionales.

La Revolución de Octubre dio grandes pasos adelante en el tratamiento de la cuestión nacional, que como señaló Lenin, en última instancia, es una cuestión de pan. Sobre la base del desarrollo de las fuerzas productivas y de la sociedad que avanzaba, la cuestión nacional retrocedió. Fue esta política la que impidió la desintegración de Rusia después de la Revolución de Octubre, pero Stalin la traicionó cínicamente. Dentro de las fronteras de la URSS había 15 repúblicas, con 100 nacionalidades y 400 grupos étnicos. Sesenta millones de personas viven en repúblicas distintas de las de su origen étnico.

El régimen estalinista se inclinó fuertemente hacia el chovinismo del Gran Ruso, pero se vio obligado a hablar de boca en boca del internacionalismo proletario. La oligarquía capitalista que la reemplazó no está limitada por ninguna de estas consideraciones. No disfraza sus objetivos reaccionarios, sino que abraza abiertamente el nacionalismo ruso en sus formas más repulsivas. El chauvinismo, la Iglesia Ortodoxa, el antisemitismo, el racismo y la brutal opresión de pequeñas naciones como Chechenia son sus acciones en el comercio. Su política es una mezcla sucia de los peores rasgos del estalinismo y el zarismo, mezclados con el veneno de la demagogia de los Cien Negros.

La desintegración de la URSS no benefició a ninguno de los pueblos. La vinculación de las economías de las Repúblicas tiene sentido y redunda en interés de todos los pueblos. Por el contrario, la ruptura de la Unión, y el loco intento de cortar los lazos económicos naturales entre las Repúblicas, tuvo resultados catastróficos. Por consiguiente, los nuevos Estados independientes dependían en gran medida del comercio con Rusia. Rusia puede dominar fácilmente a los otros estados utilizando su fuerza económica, particularmente el suministro de petróleo y gas. Si eso falla, puede utilizar su poderoso ejército, como pronto descubrieron Georgia y Ucrania.

Hace dos décadas Ted Grant escribió:

En el caso del restablecimiento del capitalismo en Rusia, veríamos el surgimiento de una feroz potencia imperialista. Rusia no puede ser democrática y capitalista al mismo tiempo. Una dictadura militar en Rusia inevitablemente se embarcaría en una política agresiva de expansión, en las líneas del zarismo en el pasado. Aparte de Ucrania, que también podría terminar bajo el dominio de una dictadura militar, la "independencia" de los antiguos estados de la CEI sería en gran medida ficticia. Inevitablemente caerían bajo el control del imperialismo ruso, por un medio u otro. (Ted Grant, Rusia de la revolución a la contrarrevolución, págs. 408-9)

Sin embargo, esto es precisamente lo que ha ocurrido. Contrariamente al estúpido argumento de que la Rusia capitalista sería un país semicolonial débil dominado por Occidente -una opinión que Ted rechazó enérgicamente desde el principio- Rusia se ha convertido en un poderoso competidor imperialista de los Estados Unidos. La política de Yeltsin de subordinar servilmente a Rusia a Estados Unidos ha sido reemplazada por una política exterior agresiva bajo Putin, que se ha movido para reafirmar el control de Rusia sobre todas las antiguas Repúblicas de la Unión Soviética. Ya nadie habla de la hermandad de las naciones y del derecho a la libre determinación.

El movimiento hacia el capitalismo en la ex Unión Soviética invirtió la cuestión nacional con dimensiones explosivas, lo que sumió a una región tras otra en un caos sangriento. Todo el horror de la situación se puso de manifiesto en el siguiente informe:

Casi 9 millones de personas se han movido dentro o entre los 12 países de la Comunidad de Estados Independientes de la ex Unión Soviética desde 1989 en lo que un informe publicado hoy describe como "los movimientos de población más grandes, más complejos y potencialmente más desestabilizadores" en cualquier región desde la Segunda Guerra Mundial. 1 de cada 30 de la población total de la CEI se ha visto afectada por esta migración mayormente involuntaria y continua, dice el informe. En las 1ª repúblicas de Asia central, 1 de cada 12 habitantes se ha trasladado desde 1989.

…Cerca de 3 millones de personas tienen siete distritos rojos en los países de la CEI desde 1988, cuando Armenia y Azerbaiyán entraron en guerra por el enclave de Nagorno-Karabaj. El último conflicto, en la región separatista de Chechenia, ha desplazado a unas 500.000 personas. La desintegración de la Unión Soviética en 15 estados separados dejó entre 54 millones y 64 millones de personas -un tercio de la población total de la CEI- fuera de sus territorios "de origen". Más de 3 millones de estas personas han "regresado", en su mayoría a Rusia. Entre 1936 y 1952, Stalin deportó a más de 3 millones de personas, incluyendo a

creadas. Entre ellos había alemanes del Volga, tártaros de Crimea y mesjetianos de Georgia. (Financial Times, 23/5/96.)

El Cáucaso es un área vital para Rusia por razones tanto económicas como estratégicas. La camarilla gobernante chechena bajo el difunto general Dudayev se aprovechó de la confusión general tras la disolución de la URSS en 1991 para tomar el control y declarar la independencia. Estaba claro desde el principio que Moscú nunca permitiría esto.

Con el pretexto de una amenaza a la unidad de Rusia, Yeltsin ordenó la invasión de la república chechena para derrocar al "régimen gángster" de Dudayev. Sin duda, el régimen de Dudayev estaba muy involucrado en el tráfico de drogas y en el comercio ilegal de armas, además de tener vínculos con la Mafia en Rusia. Pero eso nunca afectó la perspectiva de Yeltsin en el pasado. Sin embargo, los rusos obtuvieron más de lo que esperaban en Chechenia. Los chechenos resistieron y Yeltsin se vio empantanado en una sangrienta guerra de guerrillas.

La humillación del ejército ruso en Chechenia es un indicio sorprendente del grado de caos y desmoralización que afecta a las fuerzas armadas. Un artículo en The Sunday Times (14/4/96) pintó una imagen asombrosa de un ejército en un estado de virtual desintegración, con las tropas al borde del motín:

La desesperación de los padres rusos y de sus hijos por eludir el reclutamiento sólo se compensa con la determinación de los centros de reclutamiento de cumplir sus cuotas. Necesitan entregar 200.000 hombres para finales de junio... Kovtun estimó que alrededor del 60 por ciento de los reclutas potenciales que ve, padecen enfermedades crónicas, muchas de ellas trastornos psicológicos y nerviosos, que los hacen unidos para el servicio militar. "Lo peor es que muchos de los padres de niños enfermos se niegan a que sus hijos reciban tratamiento", dijo Kovtun.



En ese momento, Ted Grant escribió:

Yeltsin se vio obligado a retirar el ejército ruso de Chechenia e intentó llegar a algún tipo de compromiso. Esta retirada fue el resultado de la debilidad del esfuerzo militar ruso en Chechenia, y la resistencia obstinada de los chechenos. Pero no se trata de que Moscú permita la verdadera independencia de Chechenia […]

En vista de la enorme importancia económica y estratégica de la región para Rusia, los generales nunca podrían permitir que esto suceda. Esto significa que el conflicto es inevitable en el futuro y la opinión pública rusa puede ser manipulada fácilmente provocando un incidente en el que los ciudadanos rusos son atacados. Este método se utilizará no sólo en Chechenia, sino también en otras Repúblicas si Moscú lo considera necesario. (Ted Grant, op. cit. p. 410-11)

¡Y eso es exactamente lo que pasó!

El ascenso de Putin al Poder

Después del colapso económico de agosto de 1998, la situación en Rusia fue realmente sombría. Las grandes esperanzas de los reformadores del mercado han sido frustradas. La extrema impopularidad del capitalismo se vio parcialmente reflejada en un gran aumento del apoyo al PCRF, pero las políticas pro-capitalistas de Zyuganov y los líderes del PCRF rápidamente condujeron al desencanto. Las huelgas y manifestaciones que sacudieron al gobierno en la primera mitad de 1998 dieron paso a una asidua aquiescencia. El régimen estaba en un estado de completa postración, pero los trabajadores no podían ver otra alternativa.

En septiembre de 1999, una serie de devastadores bombardeos en distritos de la clase obrera de Moscú y otras ciudades rusas mataron a trescientas personas e hirieron a cientos de otras. Los bombardeos fueron atribuidos a los rebeldes chechenos y utilizados como pretexto para una sangrienta segunda guerra contra Chechenia, una república de la Federación Rusa. También fueron cruciales para promover la toma de la presidencia rusa por Vladimir Putin como sucesor ungido de Yeltsin.

No cabe duda de que estas atrocidades sangrientas fueron obra de elementos del régimen o de las propias fuerzas de seguridad del Estado, o de cualquier otra combinación de los mismos elementos. La matanza de personas inocentes causó una ola de furia que fue hábilmente manipulada por los medios de comunicación y el gobierno para azuzar la fiebre de la guerra. Esta no es la primera vez en la historia de Rusia que un régimen en crisis ha intentado salvarse a sí mismo a través de una "pequeña guerra victoriosa".

Pero nada podía salvar al régimen. En la primavera de 1999, la salud de Boris de Yeltsin – un alcohólico crónico – estaba disminuyendo rápidamente. Su popularidad había disminuido aún más rápidamente y había una fuerte posibilidad de que su frente político Yedinstvo (‘Unidad’) perdiera las elecciones parlamentarias y presidenciales. Su séquito (incluyendo su hija Tatyana Dyachenko, el consejero de Yeltsin Valentín Yumashev – que más tarde se casó con Tatyana – el oligarca Boris Berezovsky, y Aleksandr Voloshin, jefe de la administración presidencial) estaba en crisis. Yeltsin y sus dos hijas fueron acusadas de acumular grandes cantidades de dinero en cuentas bancarias secretas en el extranjero a través de transacciones ilegales con una empresa de construcción suiza llamada Mabetex. Berezovsky estaba bajo investigación por malversación de fondos cuando dirigía Aeroflot.

Finalmente, el régimen de Yeltsin cayó como una manzana sobremadurada llena de gusanos. Yeltsin fue persuadido a renunciar a favor de Vladimir Putin, un ex jefe de la KGB (ahora renombrado FSB) a cambio de inmunidad de cargos de corrupción y una jubilación más que cómoda. El domingo 7 de mayo, Putin fue investido Presidente de Rusia con toda la pompa y ceremonia de un zar. No faltaba nada: un saludo de veintiún pistolas, soldados pisando gansos con uniformes que parecían haber sido prestados de un musical de Hollywood, e incluso el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

El contraste entre el recién llegado afilado, enérgico y (relativamente) coherente y el viejo alcohólico torpe que reemplazó difícilmente podría ser mayor. Por el momento, además, Putin disfrutó del lujo de ser una cantidad desconocida. Los medios de comunicación – ahora en manos de la oligarquía – lanzaron una campaña ensordecedora para impulsar la imagen personal del nuevo presidente. Se le mostró practicando artes marciales en el gimnasio, y siempre endurecía a un oponente más grande, o revisaba a las tropas en traje de batalla en el frente.

Sin embargo, la razón principal del éxito de Vladimir Putin fue la mejora de la economía después de la crisis. Ninguna economía puede seguir cayendo para siempre. Tarde o temprano, la producción comienza a recuperarse y eso es lo que ocurrió en Rusia, particularmente después de la crisis y la devaluación del rublo en 1998. Lenin explicó hace mucho tiempo que el capitalismo puede recuperarse incluso de la crisis más profunda. A menos y hasta que sea derrocado por el movimiento consciente de la clase obrera, esa predicción conserva toda su validez. Los líderes del llamado Partido Comunista de la Federación Rusa traicionaron el movimiento de la clase obrera y, por lo tanto, sentaron las bases para la recuperación del capitalismo ruso.

Esta recuperación, paradójicamente, fue asistida por la propia crisis. La fuerte depreciación del rublo, que siguió disminuyendo en 1999, haciendo que los bienes extranjeros fueran inaccesibles para la mayoría de los rusos, creó una enorme demanda de productos de producción nacional, estimulando así el crecimiento de la industria rusa. Las industrias nacionales, como el procesamiento de alimentos, se beneficiaron de la devaluación. Esto, junto con un aumento de los precios internacionales del petróleo, creó las condiciones para una recuperación de la economía rusa, que creció un 6.4% en 1999, un 10% en 2000 y un 5.3% en 2001.

Después de eso, la economía de Rusia siguió mejorando hasta la crisis financiera mundial de 2008, en gran medida debido al auge del capitalismo mundial en ese momento y la consiguiente demanda de petróleo y gas rusos. Rusia registró un gran superávit comercial en 1999 y 2000. El INR se redujo del 85,7% en 1999 al 20,8% en 2000 y al 21,5% en 2001. La tasa de desempleo, que era del 13% en 1998 y en 1999, disminuyó al 9% en 2001.

Además, puesto que la economía rusa operaba en gran medida mediante trueque y otros medios de intercambio no monetarios, el colapso financiero no tuvo un impacto tan grande en muchos productores como podría haber tenido en una economía dependiente del sistema bancario. Finalmente, la economía fue ayudada por una infusión de efectivo. A medida que las empresas pudieron pagar sus deudas en salarios atrasados e impuestos, la demanda de bienes y servicios producidos por la industria rusa comenzó a entrar en una espiral ascendente.

En el período 1993-1999, el ingreso disponible del ruso medio había disminuido en un 20% a un 15% en términos reales. Ahora el gobierno pregonaba el éxito. El PIB crecía de nuevo después de diez años de declive, y la industria crecía hasta un ocho por ciento en un año. Incluso teniendo en cuenta la exageración oficial, sin duda se había producido alguna mejora y se habían reducido los atrasos salariales. Un informe publicado en junio de 2009, Economic Performance and Policies and Their Implications for the United States (Resultados y políticas económicas de Rusia y sus implicaciones para los Estados Unidos), resume muy bien la posición. Su autor, William H. Cooper, es especialista en comercio internacional y finanzas:

Rusia ha experimentado un fuerte crecimiento económico en los últimos 10 años (1999-2008), durante los cuales su PIB real ha aumentado un 6.9% por término medio al año, en contraste con un descenso medio anual del PIB del 6.8% durante los siete años anteriores (1992-1998). Las tendencias positivas del PIB se reflejan en otras mediciones que apuntan a una mejora del nivel de vida de Rusia a lo largo del período. Los salarios reales medios en Rusia aumentaron un 10,5% anual entre 1999 y 2008. Además, el ingreso real disponible (el ingreso que el residente ruso promedio tiene disponible de todas las fuentes después de impuestos) creció un 7.9% de 1999 a 2008.

Esta recuperación económica dio a la gente por primera vez un cierto grado de esperanza para el futuro. Era un elemento muy importante en la ecuación. Sin duda, fue un factor de no poca importancia en la configuración de la actitud de muchos trabajadores que adoptaron una mentalidad de "esperar y ver". El trabajador es siempre un realista. Si nadie ofrece ninguna alternativa, y las cosas no están tan mal, ¿por qué no esperar a ver si algo sale de todas las promesas? La gente diría: tal vez las cosas no son demasiado buenas, pero sin duda son mejores que antes. Al menos los salarios y las pensiones se están pagando ahora. Tal vez algún bien vendrá del nuevo hombre en el Kremlin...

Por supuesto, Putin no representaba ni representa los intereses del pueblo ruso y menos aún de la clase obrera. Representa un ala de la oligarquía rusa que desplazó a otra ala. Sin embargo, el cambio de poder de un ala de la oligarquía a la otra tuvo un gran significado, a nivel nacional e internacional.

Chechenia

El ala de Putin representa los intereses de los oligarcas rusos, quienes no están listos para compartir su motín con inversionistas extranjeros. Tampoco están listos para aceptar la subordinación ante el imperialismo norteamericano. La meta de Putin es muy simple: reconstruir las fuerzas militares de Rusia, retomar el control - lo más posible - de las antiguas repúblicas de la URSS y sus antiguos satélites, y forzar al Oeste a reconocer a Rusia como un jugador importante en la política mundial.

La guerra de Kosovo fue un punto crucial para Rusia porque reveló cruelmente que tan bajo había caído Rusia a comparación de Estados Unidos, solo en el tema militar. ¿Cómo podría ser diferente? Diez años de colapso económico significaron la destrucción de gran parte de la base industrial y tecnológica de Rusia. Sin la inversión productiva necesaria, Rusia fue incapaz de mantener su poderosa maquinaria militar. Y ahora se encontraba bajo amenaza Estados Unidos y el aumento de poder global nunca antes visto. La codicia y la ignorancia del imperialismo norteamericano se reflejaba no solo por avanzar la OTAN a la frontera de Rusia, o el cruel bombardeo de Irak y Yugoslavia, sino también por la constante manipulación en el Cáucaso - un área vital desde el punto de vista de Rusia.

La guerra en Chechenia tuvo un número de causas diferentes, no todas relacionadas a las consideraciones globales ni estratégicas. Sin embargo, el deseo de la elite militar rusa de mandarle una señal a Washington - ¡hasta ahora, y no más! - fue ciertamente uno de los elementos en la situación. La lucha por control sobre el Cáucaso y Asia Central jugo un papel importante en determinar la relación entre América y Rusia.

Con el apoyo de los medios, Putin usó la cuestión Chechena para agitar los sentimientos nacionalistas. El ejército ruso ocupó Grozni y otras ciudades. Pero el uso brutal de artillería y bombardeo aéreo, y la torpe manera de tratar con la población cayó en manos de los rebeldes, quienes lanzaron una guerrilla que se prolongó por mucho tiempo, tomando las vidas de muchas víctimas rusas y chechenas.

Este tratamiento brutal de la población le proporcionó a los rebeldes chechenos un suministro constante de reclutas, se les suministró armamento y dinero por parte de Arabia Saudita y apoyados por mercenarios de Afganistán. Al final, Rusia fue exitosa en imponer su voluntad en un país roto y dividido, pero ambos Rusia y Chechenia tuvieron que pagar un alto precio.

Georgia y Ucrania

En el momento en que Gorbachov intentaba llegar a un acuerdo amistoso con Washington, el presidente Reagan le prometió que si Rusia terminaba con el Pacto de Varsovia, Estados Unidos respondería disolviendo la OTAN. Gorbachov se deshizo obedientemente del Pacto de Varsovia, pero la OTAN, lejos de disolverse, comenzó su implacable marcha hacia el este.

Siguiendo los planes del imperialismo norteamericano, la OTAN avanzó hasta las fronteras de Rusia. Primero se incorporaron los Estados balcánicos a la OTAN, y luego Polonia se unió. Estas fueron provocaciones flagrantes que enfurecieron a la élite militar en Moscú. Bajo Putin las cosas inmediatamente comenzaron a cambiar. La primera preocupación del Kremlin (es decir, de la oligarquía gobernante) era y es reafirmar el dominio de Rusia sobre sus viejas esferas de influencia, comenzando con las antiguas repúblicas soviéticas que se encuentran en sus fronteras.

El avance del ejército ruso a través de Chechenia lo llevó hasta la frontera de Georgia. Los expertos de Washington habían decidido que el Cáucaso sería la Arabia Saudita del próximo siglo. Querían mucho tener en sus manos el petróleo y otros recursos naturales que el área tiene en abundancia, pero había un problema: Rusia tenía el norte del Cáucaso y tenía importantes puntos de apoyo en todos los demás estados.

Los norteamericanos tuvieron la idea de construir un oleoducto a través de Azerbaiyán, Georgia y Turquía sin pasar por Rusia. Esto eliminaría efectivamente a Rusia del panorama, al tiempo que compensaría a Turquía, un aliado de Estados Unidos, por la pérdida de petróleo iraquí. Tal plan significaba inevitablemente la guerra. Una parte importante de la estrategia estadounidense era instalar un gobierno prooccidental en Tbilisi y conseguir que Georgia se uniera a la OTAN. Desde el punto de vista de Moscú, se trataba de un paso demasiado lejano.

En la guerra de 2008 en Georgia, Moscú no dudó en utilizar su poder militar para trazar una línea roja en la arena. Los americanos recibieron una patada en los dientes. El ejército ruso fue enviado y Georgia fue rápidamente aplastada. Ahora era el turno de los estadounidenses de ser humillados, ya que los rusos se apoderaron de grandes cantidades de armas y equipo proporcionado a la camarilla gobernante georgiana por Washington, incluso los asientos del inodoro.

Eso mostró las limitaciones del poder del imperialismo estadounidense y el creciente poder y dominio de la camarilla gobernante rusa. Era una clara advertencia para los americanos. Pero los círculos gobernantes estadounidenses eran – y son – ciegos, sordos y mudos. Continuaron con la intriga en Ucrania, con la esperanza de alejarla de Rusia y acercarla más a la UE y la OTAN.

En el momento de la caída de la Unión Soviética, Ucrania era un país de 52 millones de personas, con un PIB del tamaño de Bélgica y el tercer ejército más grande de Europa. Alcanzó la independencia formal, pero todavía estaba vinculada a Rusia por factores económicos y tenía una minoría de habla rusa significativa (21 por ciento ) dentro de sus fronteras. Pero el regreso al capitalismo fue una catástrofe aún mayor para el pueblo de Ucrania que para Rusia.

Después del colapso de la Unión Soviética, la economía ucraniana pronto se encontró en un lío peor que la de Rusia. El nivel de vida se derrumbó y el pueblo de Ucrania se encontró bajo el dominio de oligarcas corruptos que imitaban a sus contrapartes en Rusia de una manera aún más rapaz y repugnante, si eso era posible. La desesperación de un sector de las masas, particularmente en el oeste de Ucrania, se expresó en el deseo de unirse a la Unión Europea, una aspiración que no tenía ninguna base en la realidad, pero que fue deliberadamente alentada por los imperialistas y las fuerzas nacionalistas reaccionarias en Ucrania.

El resultado de estas intrigas imperialistas fue un golpe de derecha en Kiev, respaldado por fuerzas nacionalistas y fascistas extremistas, que logró derrocar al gobierno de Yanukóvich, pero al hacerlo sumió a Ucrania en un abismo de colapso económico y guerra civil. Después del golpe de Estado que supuestamente liberaría a Ucrania del dominio oligárquico, el país sigue dominado por oligarcas, sólo una camarilla diferente. Además, esto provocó inmediatamente un conflicto con Moscú. La idea de que Putin aceptaría silenciosamente la pérdida de Ucrania fue una estupidez extrema. Fue aún más tonto esperar que aceptara la pérdida de Crimea, donde la armada rusa tiene una gran base en Sebastopol.

La naturaleza reaccionaria de Putin es clara, y también lo son los verdaderos objetivos de su política exterior. Putin defiende los intereses de la oligarquía rusa. No está más interesado en la causa de los trabajadores de Donbass que en la de la clase obrera de la propia Federación Rusa. Pero también es necesario entender que, para muchos trabajadores rusos, esto no está de ninguna manera claro. En comparación con la humillante subordinación de Yeltsin a Occidente, Putin parece estar enfrentándose al imperialismo estadounidense.

El hecho de que el gobierno de Kiev se basara en el apoyo de elementos abiertamente fascistas, como los banderistas, que respaldaron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, provocó la comprensible indignación de los trabajadores. Su chovinismo rabioso y los intentos de discriminar a la población de habla rusa de Ucrania avivaron la insurrección que condujo a una insurrección en la región del Donbass y la ruptura de Crimea, que tiene una mayoría de la población rusa. Allí Putin fue visto como un libertador.

Por lo tanto, los intentos de los imperialistas de atacar a Putin en este frente han tenido precisamente el efecto opuesto al que se pretendía. Fue capaz de montar en una ola de sentimiento patriótico y antiamericano. Gorbachov señaló que su calificación de aprobación ahora era del 82% y advirtió que si Occidente continuaba su táctica de atacar a Rusia, aumentaría al 120%. Por supuesto, esto es una exageración. Tarde o temprano la niebla del nacionalismo se dispersará, preparando el camino para un nuevo y aún más poderoso movimiento de la clase obrera rusa.

Los nacionalistas de derecha ahora en el poder en Kiev prometieron todo y no han entregado nada más que desastres para el pueblo de Ucrania. El país está ahora económicamente destrozado y su población dividida como nunca antes. Ha perdido Crimea, posiblemente para siempre, y ha perdido el control de la importante región del Donbass. Occidente, previsiblemente, no ha cumplido ninguna de sus promesas al Pueblo ucraniano.

Tampoco han hecho nada para enfrentar a Rusia, a pesar de todos sus primeros temblores y amenazas. Sobre una base capitalista, la independencia de Ucrania ha resultado ser un desastre.

Antes de la guerra, Trotsky entendía el problema de la unidad ucraniana y las aspiraciones del pueblo ucraniano a un estado propio. Stalin unió a Ucrania burocráticamente, bajo la bota de la burocracia moscovita. Lo que falta es democracia y autonomía genuina para el pueblo ucraniano. Es por eso que Trotsky propuso la consigna de una Ucrania socialista soviética independiente como un paso hacia la auténtica unificación de todos los pueblos de la URSS sobre la base de la democracia obrera. Es la única manera de avanzar.

La naturaleza del régimen de Putin

Rusia es un estado capitalista gobernado por una oligarquía parásita y rapaz. La política exterior de la oligarquía rusa, como la de cualquier otro estado capitalista, está determinada por los intereses y los objetivos cínicos de la burguesía rusa. Y dado que la política exterior es la extensión de la política interna, Putin no se detiene en ningún medio violento para imponer su voluntad fuera de las fronteras de Rusia siempre que lo considere necesario para proteger los intereses de los oligarcas rusos, y los suyos, por supuesto.

La oligarquía posee grandes empresas y bancos que fueron saqueados de la economía nacionalizada. Estos monopolios gigantes están estrechamente vinculados al estado -un estado burgués- que se dirige en interés de los oligarcas. Estos últimos necesitan un hombre fuerte en el Kremlin, en parte porque temen a las masas, en parte para resolver las muchas disputas entre diferentes oligarcas por la división del botín.



Todas estas características se ajustan muy estrechamente a lo que Lenin describió como capitalismo monopolista de estado. La única diferencia con las democracias burguesas más antiguas de Occidente es que los Mafiosos occidentales (que también controlan el estado en interés de los grandes bancos y monopolios) han tenido tiempo suficiente para disfrazar su dictadura bajo una hoja de higo de democracia formal; los parvularios rusos no se sienten suficientemente confiados para permitir tales lujos. En Estados Unidos y Gran Bretaña, un velo discreto se arroja sobre la dictadura del capital; en Rusia, se presenta en su forma desnuda y más obvia. Por supuesto que en la actualidad la voluntad de los hijos es más importante que la de los padres, a diferencia de los días pasados.

Vladimir Putin sirve a los intereses de la oligarquía manteniendo el orden, aplastando toda disidencia y crítica de la configuración actual, y creando condiciones favorables para que sus amigos de negocios prosperen y se hagan ricos. Naturalmente, estos servicios no son gratuitos. Putin y sus compinches han acumulado enormes riquezas a expensas del pueblo ruso.

Como ex burócrata de la KGB, la idea de Putin de un estado fuerte es bastante clara. Ha aumentado la presión de la policía secreta sobre las organizaciones de izquierda y disidentes, arrestado y encarcelado a opositores y rivales, castrado a los partidos de oposición y amordazado lo poco que había de una "prensa libre". Esto sólo puede caracterizarse como un régimen de bonapartismo burgués. Un régimen bonapartista es un régimen de crisis en el que las contradicciones de la sociedad no pueden resolverse dentro del funcionamiento "normal" de la democracia burguesa.

El estado tiende a elevarse por encima de la sociedad en la persona de un "hombre fuerte", que afirma estar por encima de las clases y los partidos, representando a "la Nación". Putin se basa principalmente en las fuerzas armadas, la policía y el brazo ejecutivo del estado, pero también se equilibra entre las clases, utilizando la retórica demagógica y nacionalista. Y como todo bonapartista de la historia, intenta proyectar una imagen de fuerza participando en aventuras militares extranjeras (Chechenia, Georgia, Ucrania y Siria).

La participación de Rusia en la economía mundial capitalista es limitada, principalmente relacionada con el comercio de petróleo y gas. Pero está interviniendo activamente fuera de sus fronteras, tanto militar como diplomáticamente, y esta

constantemente entrando en conflicto con Estados Unidos, que a veces amenaza con convertirse en una confrontación militar directa. Sin embargo, los objetivos del imperialismo ruso son limitados y dictados principalmente por consideraciones estratégicas y militares. Hay pocas perspectivas de ganancia económica de, digamos, hacerse cargo del arruinado Donbass. Incluso la perspectiva futura del petróleo sirio parece más que dudosa y, en cualquier caso, los rusos tienen mucho petróleo propio.

Del mismo modo, la lucha en Ucrania no era sobre los mercados. Los rusos tomaron Crimea, no por los mercados (Crimea no es un gran mercado), sino por consideraciones militares estratégicas. No podían permitir que su gran base naval en Sebastopol cayera en manos de los nacionalistas ucranianos (es decir, de la OTAN). Putin no quiere realmente el Donbass, lo que representaría un drenaje colosal de los recursos de Rusia. Eso, también, es por consideraciones geopolíticas. Sin embargo, sigue siendo una lucha entre el imperialismo estadounidense y el imperialismo ruso por el control de estas áreas.

Aunque ni de lejos tan poderoso como el imperialismo estadounidense, Rusia logró sacar provecho tanto de los errores de los imperialistas estadounidenses al estirar demasiado sus fuerzas como de las fuerzas superiores de Rusia sobre el terreno a nivel regional. En efecto, los rusos ganaron en el conflicto ucraniano. Los americanos soplaban fríos y calientes pero no hacían nada. Se impusieron sanciones, pero el único resultado fue impulsar el apoyo de Putin hasta alrededor del 82 por ciento. Respondió interviniendo en Siria. Los imperialistas estadounidenses no estaban muy contentos con ello, pero se vieron obligados a aceptarlo.

La intervención en Siria fue prueba tanto del poderío militar de Rusia como del debilitamiento del imperialismo estadounidense. Comentando esto, The Economist (14/5/2016) afirma:

Hoy en día, Rusia difícilmente se parece a la mera "potencia regional" que Barack Obama una vez la llamó. Cualquier camino hacia la paz en Siria pasa ahora por Moscú. "Solo Rusia y los Estados Unidos de América están en condiciones de detener la guerra en Siria, a pesar de que tienen diferentes intereses y objetivos políticos", escribió Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor de Rusia, en un artículo reciente.

La intervención de Rusia en Siria cambió decisivamente la situación militar. En Siria, es Moscú quien decide y los estadounidenses se han visto obligados a aceptarlo. Sin embargo, la intervención de Rusia a escala mundial es limitada en sus objetivos, que son principalmente de carácter militar-diplomático. Su objetivo principal es impedir que Estados Unidos intervenga en lo que considera sus esferas de influencia y obligar a los estadounidenses a reconocerlo como una potencia mundial que no debe darse por sentada.

Las contradicciones de un régimen oligarca

Cuando la gente pregunta cómo es posible que un hombre como Vladimir Putin llegue al poder y lo mantenga durante tanto tiempo, es necesario considerar la situación objetiva a la que se enfrenta el pueblo ruso antes y después de 1998. Bajo Yeltsin Rusia experimentó el colapso económico más catastrófico en tiempos de paz. Para conseguir un paralelo adecuado habría que mirar, no al Wall Street Crash [la caída de la bolsa] de 1929, sino a una derrota devastadora en la guerra. Rusia no fue derrotada en la guerra, sino la orgullosa nación que derrotó a los ejércitos de Adolf Hitler fue subyugada al imperialismo de la manera más humillante imaginable.

Ahora, en el frente político y militar, Rusia se ha convertido en un poderoso rival del imperialismo estadounidense. La ofensiva militar de Moscú en Siria ha tenido éxito en apuntalar a su aliado sirio Assad y Occidente no pudo hacer nada al respecto. Como resultado, Rusia es ahora el árbitro del destino de Siria. La imposición de sanciones a Rusia no ha debilitado al régimen.

Putin se ha beneficiado de sus éxitos extranjeros y, incluso si permitimos cierta cantidad de manipulación de las encuestas de opinión, todos los comentaristas burgueses tienen que admitir que sigue siendo popular, especialmente entre los trabajadores. Por supuesto, entendemos que esto se convertirá en su contrario en una cierta etapa, pero por el momento, la política de Putin de patear a los estadounidenses es popular en Rusia. Le está yendo bastante bien al confrontar al imperialismo estadounidense.

Aunque realmente no tiene la fuerza económica o militar para desafiar a Estados Unidos en la arena mundial, Rusia busca tener su propia política exterior independiente y quiere negociar con Estados Unidos desde una posición de fuerza. Huelga decir que esta confrontación no contiene un átomo de contenido progresivo. Es tarea de los trabajadores de Rusia restablecer las ideas genuinas del internacionalismo socialista como la única solución a sus problemas. Sólo un retorno a los principios genuinos del leninismo puede señalar el camino hacia una solución justa y duradera sobre la base de una unión libre de los pueblos dentro de una federación socialista.

Putin ha logrado temporalmente ganar apoyo jugando la carta nacionalista, pero esto no puede durar para siempre. Rusia está gobernada por una irresponsable y degenerada camarilla de oligarcas dueños de los bancos y grandes monopolios. Pero el dominio oligárquico está corrompido por su propia naturaleza, mientras que el capitalismo monopolista conduce al derroche y la ineficiencia, tanto como el estalinismo burocrático o incluso más. Las contradicciones se acumularán, lo que eventualmente conducirá a una crisis.

Como siempre, la clave de la situación está en la economía y aquí hay contradicciones que lloran. Aunque los precios más altos del petróleo condujeron a un aumento en los niveles de vida después de 1998, la desigualdad ha aumentado enormemente desde que Vladimir Putin tomó el poder. Rusia está ahora estrechamente vinculada a la economía mundial y es vulnerable a los giros de los precios en los mercados mundiales. La economía rusa se benefició de la exportación de materias primas como el petróleo y el gas. Durante los años de auge del petróleo se derramó suficiente riqueza para aumentar el tamaño de la clase media, que es particularmente numerosa en Petersburgo y Moscú. Aun así, la mayoría de las provincias siguen sumidas en la pobreza extrema. Y los precios del petróleo han caído fuertemente en el período reciente.

La caída de los precios del crudo tuvo un grave efecto en Rusia, agravado por la imposición de sanciones. Es cierto que la economía -después de dos años de desaceleración- está saliendo de la recesión, pero las masas no sienten los beneficios de esta recuperación. Los salarios del sector público se han congelado desde 2015. En el otro extremo, un pequeño grupo de oligarcas increíblemente ricos se están enriqueciendo mientras millones de rusos languidecen en la pobreza.

Una de las críticas principales en contra del antiguo régimen era su carácter corrupto, pero la corrupción de la burocracia estalinista parece insignificante a comparación del régimen actual. Rusia está controlada y apropiada por un grupo de oligarcas orgánicamente atados al estado. De la misma manera que la burocracia necesitaba un hombre fuerte - Stalin- para defender sus intereses, lo mismo necesita la oligarquía actual, los servicios de un hombre en el Kremlin.

Rusia es la economía principal más desigual en el mundo, con casi dos tercios de su riqueza controlada por millonarios. Sesenta y dos por ciento de la riqueza de Rusia la tienen millonarios de dólar estadounidense y veintiséis por ciento de su riqueza la tienen billonarios, según un reporte de New World Wealth [Nueva Riqueza Mundial] de 2016.

Proporción de riqueza apropiada por millonarios

 

Rusia

62%

India

54%

Reino Unido

35%

EE.UU.

32%

Australia

28%

Japón

22%

El 10 por ciento de los rusos más ricos controlan ochenta y siete por ciento de toda la riqueza del hogar del país, una parte “significativamente más alta” que en cualquier otra potencia mundial, según el Reporte de Riqueza mundial (2015) por el Crédito Suizo (Credit Suisse Group AG). Mientras que el Banco Mundial predice que el índice de pobreza va a incrementar a 14.2 por ciento en 2016 del 13.4 por ciento en 2015, regresando a niveles no vistos desde 2007. El número de rusos considerados pobres ha crecido por 3.1 millones a 19.2 millones el año pasado, la cifra más alta desde 2006.

Por ahora, Putin ha distraído a las masas exitosamente al jugar la carta nacionalista, pero esta tactica tiene valor limitado. El nacionalismo y ondear las banderas no pone pan en la mesa. Los trabajadores van a cansarse del espectáculo de chovinismo sin fin y van a resentir tener que pagar por las aventuras extranjeras de Putin.

Recordemos que en 1914 el régimen zarista fue temporalmente exitoso en evitar una revolución al crear una atmósfera de fervor por la guerra y de chovinismo. También debemos recordar que tres años más tarde los mismos trabajadores y campesinos que marcharon a la batalla cantando canciones de patriotismo se volvieron contra el régimen y llevaron a cabo una revolución. La historia tiende a repetirse.

¡Hacia un nuevo octubre!

El colapso de la Unión Soviética es ahora un triunfante ejemplo para los enemigos del socialismo como la prueba que nacionalizar y planear no funciona y que, consecuentemente, la raza humana debe hacer las paces con la dominación eterna de las leyes del ‘mercado’, por los siglos de los siglos, amén. Esto es, en esencia, el mensaje del célebre ‘Fin de la Historia’ de Francis Fukuyama. Pero la historia, en el sentido marxista, no ha finalizado para nada, y el futuro del capitalismo no es más seguro de lo que era antes de la caída del muro de Berlín. De hecho, es infinitamente más inestable.

Los capitalistas argumentaron que la caída de la URSS demostró la superioridad de la democracia y la "economía de libre mercado" sobre el "comunismo". En realidad, lo que colapsó en Rusia no fue el socialismo o el comunismo, sino una caricatura burocrática y totalitaria del socialismo llamada estalinismo. ¿Qué pasó después? La prisa por una economía de mercado ha hecho que un puñado de personas sean muy ricas, pero causó el mayor desastre económico de la historia. Ahora hay una pobreza generalizada y espantosa en Rusia, que no era el caso antes.

Se suponía que el colapso del estalinismo marcaría el comienzo de una época de paz, prosperidad y democracia en todo el mundo. No hay tal. En cambio, existe un cuadro de inestabilidad general y turbulencias a todos los niveles: económico, social, político y militar. Hay guerra tras guerra y el terrorismo se está extendiendo como una epidemia incontrolable. Se suponía que habría un "dividendo de paz", pero ahora los Estados Unidos gastan más de 500 000 millones de dólares al año en armas. La bárbara guerra en Irak le costó al Tesoro de Estados Unidos cerca de mil millones de dólares a la semana y terminó en un desastre. Irak, Afganistán, Ucrania y Siria muestran las limitaciones del poder del imperialismo estadounidense.

La crisis orgánica del capitalismo mundial está expuesta por una profunda crisis económica, inestabilidad social y política, guerras, terrorismo y un estado de ánimo omnipresente de pesimismo en todos los niveles de la sociedad. La vieja sociedad se está desmoronando. Está en un estado de desintegración terminal. Este es el contexto histórico en el que la restauración capitalista ha tenido lugar en Rusia. Y Rusia no escapará del colapso general. A pesar de su éxito temporal, el capitalismo oligárquico está podrido hasta la médula. No ofrece ningún futuro para el pueblo de Rusia ni para ningún otro país.

En 1940 tuvo lugar una conversación entre un oficial del ejército francés y un oficial del ejército alemán que acababa de entrar en París en triunfo. El alemán estaba naturalmente exultante, pero el francés respondió con calma: "La rueda de la historia ha girado. Volverá a girar ". Y así fue.

No se necesita una tremenda perspicacia para ver que el sistema actual está en un callejón sin salida. Los estrategas del capital que, hace 20 años, estaban cantando sobre el colapso de la Unión Soviética, ahora están llenos de temor por el futuro. Desde su punto de vista de clase entienden lo que entendemos. Pueden ver la creciente inestabilidad que se está extendiendo por todo el mundo, el descontento y la frustración masivos que socavan la vieja estabilidad y perturban las viejas certezas.

A escala mundial, el capitalismo se encuentra ahora en una profunda crisis. Los ataques demagógicos contra el socialismo, el marxismo y el comunismo tienen un anillo cada vez más hueco, porque se hacen en un contexto de la crisis cada vez más profunda del capitalismo mundial. La caída de las tasas de crecimiento, el desempleo masivo permanente, los ataques a los niveles de vida, los recortes despiadados, los ataques al estado del bienestar – esta es la realidad del capitalismo en los países avanzados en el centenario de la Revolución Bolchevique.

Contrariamente a lo que Trotsky había anticipado, el ala burguesa de la burocracia logró llevar a cabo la contrarrevolución de una manera relativamente "fría". En Europa del Este, el régimen estalinista colapsó sin lloriquear. Los regímenes estalinistas parecían ser monolíticos, poderosos e invencibles. Pocas personas se habrían atrevido a adivinar que estos mismos regímenes caerían como dominos en

la cara de un poderoso movimiento de masas. Pero eso es lo que ocurrió. Y puede volver a pasar.

La razón de esta aparente paradoja no es difícil de ver. Una vez que un sistema socioeconómico dado se ha agotado, ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas, y por lo tanto avanzar en la causa de la civilización humana, comienza a desmoronarse y colapsar desde el interior. En tales circunstancias, solo se requiere un solo empujón para derrumbar toda la edición. La historia ofrece muchos ejemplos de cómo un régimen aparentemente sólido puede colapsar de la noche a la mañana bajo ciertas condiciones, como vimos en Europa del Este a finales de la década de 1980. Este ejemplo histórico no puede proporcionar a los capitalistas y a sus apologistas una sola miga de consuelo, todo lo contrario.

Hace un cuarto de siglo Ted Grant predijo que cuando se ve en retrospectiva la caída del estalinismo sería visto como simplemente el preludio de un drama histórico aún mayor: la crisis terminal del capitalismo. Veintiún años después, esas palabras proféticas se han hecho realidad. Entonces fueron los regímenes estalinistas de Rusia y Europa del Este los que habían agotado su potencial y estaban listos para el derrocamiento. Ahora el sistema capitalista se encuentra en una situación análoga.

A escala mundial, ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas como lo hizo en el pasado. Desde un punto de vista histórico, se trata de un sistema que desde hace mucho tiempo ha agotado su potencial y se ha convertido en un obstáculo monstruoso en el camino del progreso humano. Lo que se requiere es el desarrollo de un movimiento de masas lo suficientemente fuerte como para proporcionar un impulso decisivo. Ese movimiento tarde o temprano va a llegar a existir.

De la misma manera que los regímenes estalinistas fueron fácilmente derrocados una vez que las masas se movieron, es posible que un régimen burgués en Rusia y Occidente pueda colapsar cuando se enfrente a un movimiento masivo de la clase obrera, atrayendo detrás de él a un gran sector de la clase media. Ese es un pensamiento que debe mantener a los estrategas del capital despiertos por la noche, incluso ahora.

Nadie puede romper la voluntad instintiva de la clase obrera de cambiar la sociedad. Toda la historia de Rusia en el siglo XX es prueba viviente de esta afirmación. El proletariado ruso tiene una larga y gloriosa tradición revolucionaria. Lo redescubrirán en el curso de la lucha. Por supuesto, este proceso sería mucho más rápido y efectivo si estuviera presente una auténtica corriente leninista de masas. Pero de todos modos aprenderán. El proletariado ruso fue el primero en establecer soviets sobre la base de la Revolución de 1905. Nunca debemos olvidar que los soviets no fueron la invención de los bolcheviques o de cualquier otro partido, sino la invención espontánea de la clase obrera.

Es cierto que en la actualidad las fuerzas del marxismo en Rusia son débiles y aisladas. Pero el estudiante de historia sabe que esta no es la primera vez que tal situación ha existido. Desde el establecimiento de los primeros pequeños círculos de propaganda de los marxistas hasta la Revolución de 1905, pasaron veinte años. Desde el periodo de reacción que siguió a la derrota de la primera revolución hubo un lapso de diez años hasta el nuevo despertar. En este tiempo, el movimiento obrero conoció momentos de amarga desesperación, pero inevitablemente la situación cambió. El periodo actual no es diferente. A pesar de todas las dificultades, a pesar de la terrible confusión y desorientación, que son el resultado inevitable de seis décadas de reacción totalitaria, el proletariado ruso se levantará de nuevo.

En la mitología griega, hay un gigante llamado Anteus quien luchó contra Heracles. Muchas veces cayó al suelo, pero cada vez se levantaba y con más fuerza, extraída de su madre, la tierra. La clase obrera es como ese gigante. No importa cuantas veces es derrotada, siempre vuelve a luchar porque no hay otra alternativa.

Londres, 7 de enero 2017


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