Luchas Anti-imperialistas

El resurgimiento del fundamentalismo. Causas y perspectivas

El colapso de la Unión Soviética ha provocado uno de los períodos más agitados y turbulentos de la historia de la humanidad. Lo que estamos presenciando no es "el fin de la historia", sino una crisis sin final del capitalismo. No hay una sola región del planeta que no esté sumida en una crisis social, económica o política. El capitalismo ha demostrado su incapacidad a escala mundial para resolver esta crisis y para seguir desarrollando la sociedad.

En los horizontes políticos de la mayoría de los países han surgido fenómenos nuevos como reacción a esta crisis, y algunos no tan nuevos. En la mayoría de los países islámicos del llamado Tercer Mundo se está dando un resurgimiento del fundamentalismo islámico. Desde la posibilidad de que los fundamentalistas del FIS (Frente Islámico de Salvación) tomen el poder en Argelia, pasando por el llamamiento de los fundamentalistas al asesinato de Taslima Nasreen en Bangladesh, apenas hay un país islámico en el que este resurgimiento no se haya convertido en una tendencia política importante. Sus efectos se están notando en China y se ha convertido en un peligro incluso en los Estados Unidos, donde los musulmanes son una pequeña minoría.

La reacción del capitalismo occidental es hipócrita y engañosa. En cierta medida, los medios de comunicación occidentales están exagerando la amenaza del fundamentalismo. En primer lugar porque el temor a que el fundamentalismo acceda al poder, especialmente en Argelia, produce un estremecimiento en los dirigentes imperialistas. La experiencia de Irán, Líbano y otros sitios en el pasado reciente fue un golpe bajo. En la mayoría de los países islámicos pobres, las democracias y cuasi-democracias burguesas (capitalistas) patrocinadas por el imperialismo han fracasado. Las economías están hundidas en el caos y siguen empeorando debido sobre todo a la superexplotación por parte del imperialismo. Los fundamentalistas tienen el terreno abonado debido al vacío creado por el colapso de la izquierda estalinista y al fracaso del reformismo. La llegada al poder de los Mullahs deja al imperialismo occidental con menos posibilidades de controlar estos países debido al fanatismo y al carácter impredecible de los fundamentalistas.

En segundo lugar, después del colapso de la Unión Soviética, se eliminó la carta de la "amenaza exterior" que había utilizado el imperialismo. De aquí que el bombardeo informativo sobre el espectro del fundamentalismo también es utilizado para fines internos por la clase dominante occidental. Por todas estas razones, la imagen del fundamentalismo no sólo está exagerada, sino también deformada y distorsionada por los EE.UU. y el imperialismo mundial.

Orígenes del fundamentalismo moderno y el papel del imperialismo occidental

El fundamentalismo islámico moderno fue obra del secretario de estado norteamericano John Foster Dulles. Inmediatamente después de la derrota de los británicos y franceses en el conflicto del Canal de Suez en 1956, el imperialismo estaba alarmado. La subida al poder de Nasser en Egipto y de otros líderes populistas de izquierda en el Oriente Medio y otros países islámicos representaba una amenaza directa a los intereses imperialistas en relación al petróleo. Durante casi tres o cuatro décadas, EEUU alimentó, patrocinó y fomentó el fundamentalismo islámico. En la mayoría de los países, aunque con excepciones como la de los chiítas en Irán, estas organizaciones fundamentalistas sirvieron como fuerzas de choque de dictaduras y otros regímenes represivos patrocinados por los americanos. En Indonesia, los militantes de Sarakat-a-Islam jugaron el papel de chivatos y agentes del estado en las brutales ejecuciones de cerca de un millón de comunistas a manos de la dictadura de Suharno en 1965.

En Egipto, Siria y otros países islámicos se utilizaron organizaciones fundamentalistas como Akhwan-ul-Muslimeen para desestabilizar regímenes izquierdistas. En Afganistán jugaron el papel más sucio. Durante catorce años declararon la jihad (guerra santa). En Pakistán, el principal partido fundamentalista, Jamaat-a-Islami, fue la principal herramienta del imperialismo y del estado para reprimir a las fuerzas de izquierda. Durante el régimen de ley marcial del general Zia-ul-Haq, hicieron el trabajo sucio del estado persiguiendo a los activistas que luchaban contra la dictadura. Organizaron bandas armadas neofascistas financiadas por el estado para desbaratar y romper manifestaciones, asambleas y concentraciones en contra de Zia. En todo el período posterior a la II Guerra Mundial, se podrían citar ejemplos parecidos en la mayoría de los países islámicos con regímenes respaldados por los EE.UU.

Al mismo tiempo, sería una gran equivocación definir el fundamentalismo islámico como una fuerza homogénea. Tanto desde el punto de vista de sus fundamentos teológicos, como desde el de su práctica política y social, se pueden distinguir varias corrientes. Las distintas sectas tienen diferencias básicas de naturaleza histórica, regional y nacionalista. El conflicto entre ellas y las divergencias en la teología islámica empezaron ya en los primeros días del Islam. Las principales sectas han sido los chiítas y los sunnitas. Pero esto no es más que la punta del iceberg.

El Islam fue uno de los principales movimientos revolucionarios contra la esclavitud en el siglo pasado. Pero con la aparición del poder estatal, la mayoría de las tribus nómadas se convirtieron en las nuevas élites dominantes. Fue esta lucha por el poder la que originó las diferentes tendencias teológicas, que más tarde adoptaron la forma de las sectas de hoy en día. En los primeros días del Islám se hicieron grandes progresos en el campo de las ciencias, el arte, la arquitectura y otros terrenos. La profunda penetración del dominio islámico en Europa y el consiguiente intercambio social jugaron un papel importante en el renacimiento de Europa en los siglos posteriores. Al mismo tiempo, las clases dominantes recurrieron a la represión y al conservadurismo para retener el poder y los privilegios. De este modo, se retrasó el desarrollo de la ciencia y la técnica que había sido originado por la revolución islámica. El proceso se convirtió en su opuesto.

Bases socio-económicas

En los últimos cincuenta años, el desarrollo peculiar del capitalismo ha abonado el terreno para la cultura y la sicología fundamentalistas. El dominio del capital financiero en la mayoría de estas sociedades no consiguió desarrollar la infraestructura necesaria para una sociedad y una industria modernas. Este desarrollo desigual y combinado del capitalismo bajo el yugo del imperialismo mundial creó una sociedad muy distinta a la occidental. En estos países pobres, aunque se produjo una importante industrialización en los años 50 y 60, no se dio un desarrollo simultáneo de los servicios públicos como agua potable, alcantarillado, electrificación, viviendas en condiciones, educación, sanidad y otros servicios. Por ejemplo, entre 1982 y 1992 la población de Pakistán creció un 33% mientras que los servicios básicos aumentaron un 6,9%. Por otra parte, la afluencia de capital tuvo un efecto devastador en el sector agrario. Como resultado empezó un éxodo masivo de población del campo a las ciudades. Pero en vez de ser absorvidos por la industria y la sociedad urbanas, la falta de desarrollo social provocó una expansión generalizada de los barrios de chabolas con condiciones de vida espantosas. En su período inicial, esta rápida afluencia creó un proletariado virgen.

Las condiciones brutales e injustas producidas por este desarrollo desigual, produjeron enormes contradicciones que resultaron en grandes estallidos sociales. En los años 50, 60 y 70, en unas condiciones internacionales relativamente favorables, hubo enormes movimientos del naciente proletariado. No obstante, su incapacidad para transformar la sociedad en líneas socialistas, debido principalmente a la traición de la dirección política y de los sindicatos de "izquierda", tuvo consecuencias desastrosas. Los prejuicios religiosos, nacionales, étnicos, comunales, lingüísticos, de casta, se pusieron en el orden del día. La mayoría de estos poblados de chabolas se convirtieron en sumideros de suciedad, enfermedades, pobreza, droga y prostitución. La lumpenización, el crimen y el gangsterismo se convirtieron en epidemias sociales. Las condiciones de vida en estos barrios de chabolas urbanos eran peores que las de los pueblos.

El crimen y la lumpenización masivos crearon un sentimiento de inseguridad y alienación. En ausencia de una alternativa revolucionaria definida, esto condujo a la desmoralización a determinados sectores de esta población recientemente urbanizada y de la pequeña burguesía. Un amplio sector de la juventud de las zonas rurales que iba a estudiar a las ciudades se contagió también de esta crisis. En una sociedad que dejaba poco margen para el desarrollo y el avance, la asfixia les empujó hacia atrás, hacia la nostalgia de un supuesto período glorioso de la historia del Islam, que se enseñaba en las escuelas de los estados teocráticos. La sed de poder, la presunción y el privilegio son parte integrante de la mentalidad pequeño burguesa. En Pakistán, los fundamentalistas liderados por Jamaat-a-Islami les proporcionaron todos estos prerrequisitos. Empezaron con estudiantes de sicología semicampesina y feudal. A mediados de los 70, cuando el PPP (Partido del Pueblo de Pakistán) de este período fue incapaz de ofrecer ningún tipo de reformas, el Jamaat-a-Islami extendió sus tentáculos en los sindicatos y entre el campesinado. Desde entonces, el fundamentalismo islámico ha tenido un impacto sobre un sector minoritario pero vital de la población urbana. Por consiguiente, se convirtieron en una fuerza motriz sostenida por el imperialismo para reprimir la revolución.

Ideología y economía

La ideología de los fundamentalistas pretende crear un estado islámico basado en los principios teológicos. La principal corriente de esta ideología descansa sobre todo en ejemplos nostálgicos de la sociedad nómada, en la que la forma más elevada de economía era el capitalismo mercantil. Algunos eruditos islámicos (ulemas) han intentado interpretar los fundamentos de la teología coránica en las sociedades y economías dominantes en los últimos 1400 años. Aunque hay marcadas diferencias de aproximación e interpretación entre ulemas de diferentes sectas, ninguno tiene una alternativa bien definida al sistema capitalista. Una teología de más de un milenio de antigüedad puede interpretarse de muchas maneras. Los capitalistas y terratenientes han utilizado a los mullahs reaccionarios y su teología islámica en benefico de sus intereses de clase.

Algunos clérigos, radicalizados durante la lucha antiimperialista en el subcontinente indio, hicieron una interpretación izquierdista del Islam. El impacto de la revolución bolchevique fue enorme, incluso en el subcontinente indio. Durante los primeros años de la revolución, Maulana Obaid-u-llah Sindhi viajó a la Unión Soviética para ver a Lenin. En 1924, Maulana Hasrat Mohane, otro clérigo, llegó a ser secretario general del Partido Comunista de la India. Igualmente, el poeta islámico-nacionalista de derechas Iqbal, escribió largos poemas alabando a Lenin y los bolcheviques. En uno de sus versos persas dijo que Marx era un profeta que tenía un libro, pero no carácter profético. Cualquier interpretación islámica de la economía y la política modernas queda incompleta a causa de la naturaleza materialista de las relaciones sociales, económicas y políticas de la sociedad. El derecho a la propiedad privada, la empresa individual y el derecho al beneficio son aceptados en los dogmas básicos del Corán. Paradójicamente, también llama a la igualdad y la fraternidad. En las actuales relaciones económicas esta contradicción es insoluble.

En Irán, donde el estado islámico se formó después de una sangrienta revolución "islámica" forzada, la situación no es muy diferente. Después de 15 años de revolución islámica (chiíta) la economía está en una situación desastrosa. Las exportaciones de petróleo en 1992 fueron de 18.000 millones de dólares y constituían el 90% de las divisas por exportaciones. Ahora, han caído al 12%. A pesar de los continuos subsidios para alimentos básicos como trigo o arroz, la inflación es de un 60% anual. El peso de la deuda externa es opresivo. Se estima entre 15.000 y 30.000 millones de dólares. No está claro que el gobierno iraní tenga recursos suficientes para pagar los intereses de la deuda de 8.000 millones de dólares renegociada a finales de este año con los bancos europeos y japoneses.

Rafsanjani y su camarilla están intentando cumplir las condiciones de desregulación, privatizaciones, apertura a la inversión extranjera y liberalización del comercio. Sin embargo, el recorte de los subsidios ha chocado con una fuerte resistencia de los mullahs de la línea dura liderados por Jamenei. Esto podría acarrear medidas rígidas para recortar las importaciones, que ya se han reducido a la mitad en el último año, provocando escasez de materias primas para las fábricas iraníes. Artículos como la pasta de dientes y los antibióticos se han convertido en un lujo. Como consecuencia, existe un fermento en la sociedad iraní. Después de una prolongada guerra "externa" con Irak y otros intentos de desviar la atención de la población ahora tienen que enfrentarse de nuevo con la realidad doméstica. En la reciente insurrección de Qazvin, una ciudad del Norte de Irán, las fuerzas armadas recibieron órdenes de bombardear despiadadamente la ciudad por aire y tierra. Esta acción ha provocado disensiones internas en las Fuerzas Armadas que podrían explotar en un momento dado. Podría darse una repetición a mayor escala de la rebelión contra las brutalidades del Sha en un futuro no muy lejano. Por encima de todo, esto refleja el creciente resentimiento y desilusión de la sociedad debido al impasse socio-económico.

La experiencia del fundamentalismo en Irán muestra la evidente contradicción entre una economía moderna y los mitos teológicos metafísicos. Por encima de todo, la contradicción fundamental está en la aplastante dominación del imperialismo a través de las fuerzas del mercado. Jomeini dijo una vez que "viviríamos de la leche de las cabras para mantener nuestra independencia". Esto es más fácil de decir que de hacer. Esta retórica se estrella contra las realidades de la vida cotidiana.

En Arabia Saudí, Irán, Pakistán y otros países islámicos, la electricidad, la pasta de dientes, los antibióticos, el agua corriente, etc. se han convertido en parte integrante de la vida de la amplia mayoría de la población. Muchos de estos productos se fabrican en las industrias modernas dominadas por el imperialismo. Cerca de 500 multinacionales dominan el 85% de la producción mundial directa o indirectamente. La gran mayoría de estas son propiedad de las principales potencias capitalistas. Las condiciones impuestas por el FMI, el Banco Mundial y demás instituciones están orientadas a exprimir todavía más las economías de estos países pobres en beneficio del imperialismo mundial. El sufrimiento que ocasiona esta superexplotación es soportado por los sectores más pobres de estas sociedades.

Sin una ideología totalmente científica de transformación social de las relaciones de propiedad, cualquier otra doctrina económica en última instancia beneficiará al capitalismo y al imperialismo. Bajo la ley islámica que defienden los fundamentalistas, la única "salvaguardia" contra el atesoramiento, el mercado negro, la explotación del trabajo humano y la esclavitud son los valores morales y el miedo al "juicio final". Sin embargo, las necesidades básicas de un sistema económico que se basa en los beneficios, hace que todas estas "salvaguardias" no sirvan para nada. En Pakistán y en muchos otros países islámicos, esta loca búsqueda de beneficios ha desgastado el tejido social, moral y humano de la sociedad. De aquí, que en la práctica, la mayoría de los comerciantes y pequeños hombres de negocios utilizan una doble moral engañosa e hipócrita.

La experiencia ha demostrado que la "economía islámica" no es un sistema económico alternativo al capitalismo ni puede frenar la corrupción y explotación del capital financiero. La mayoría de los eruditos islámicos plantean que la organización de la economía debe dejarse a las fuerzas del mercado. Los problemas de la economía de mercado están agravados por la evasión de impuestos y la economía submergida paralela en sus distintas variantes. El tráfico de drogas patrocinado por los mullahs y la mayoría de las organizaciones fundamentalistas, es un ejemplo evidente de la doble moral y el carácter hipócrita del Islam como teología y en su práctica en los asuntos económicos.

 

Estrategia y táctica

Las organizaciones fundamentalistas de hoy están lejos de tener aparatos y estructuras organizativas anticuados y ortodoxos. Utilizan ordenadores y otros mecanismos tecnológicamente avanzados para organizar y controlar sus actividades políticas, de agitación e, incluso, terroristas. Tanto los equipos de impresión modernos como el uso de técnicas audiovisuales, son ahora parte integrante del funcionamiento de la maquinaria de partido de los fundamentalistas. Operan por medio de conferencias, congresos, comités centrales, ejecutivas, etc. aunque con nombres islámicos. Su base ideológica y su red operacional están basados principalmente en lineas fascistas y neofascistas. Esto tiene un profundo impacto en sus tácticas referentes a organizaciones juveniles, estudiantiles, de trabajadores, de mujeres y campesinas. En las últimas décadas han puesto en práctica la intimidación, el gangsterismo y el asesinato, especialmente entre los estudiantes y la juventud. Para justificar esta violencia y crueldades han intentado utilizar los prejuicios religiosos combinados con el miedo.

En los últimos años, los fundamentalistas han intentado utilizar el método del palo y la zanahoria para ganar una base de masas más amplia. Han tratado de combinar los métodos neofascistas con la demagogia populista. Por ejemplo, en el pasado condenaban las actuaciones musicales y otras actividades de entretenimiento. Recientemente han utilizado música y entretenimientos de cariz islámico en sus propias reuniones y mítines de masas para dar una especie de imagen liberal y populista. En Pakistán han creado organizaciones juveniles para realzar esta imagen populista. Aunque estos giros tácticos varían según las diferentes corrientes del fundamentalismo islámico, se puede observar una orientación general. Sus juventudes y otras organizaciones bajo su control han adoptado la estrategia de organizarse en base a la agitación diaria sobre los problemas a los que se enfrentan las masas. Por ejemplo, explotan el aumento de la criminalidad (asesinatos, bandolerismo, violaciones, raptos, etc.), dando publicidad al acto de condolencia con la familia y amigos de la víctima y ponen en marcha una campaña de agitación en torno al funeral u otros actos religiosos. Incitan contra la policía y los demás cuerpos represivos del estado consiguiendo una respuesta inmediata. También, a una escala más amplia, utilizan una retórica anticapitalista y consignas contra los señores feudales. Ahora a todo esto han añadido la verborrea antiimperialista. Al mismo tiempo explotan los problemas de carencias sociales como la falta de agua potable, electricidad, sanidad, educación, transporte, vivienda, alcantarillado, etc.

En las elecciones de Pakistán de 1993, el frente electoral de Jamaat-a-Islami, el PIF (Frente Islámico de Pakistán, formado a imagen del FIS en Argelia), utilizó esta retórica semi-socialista para impulsar su campaña. Pero con el PPP en la oposición y el contraste ideológico entre sus tácticas populistas, su retórica socio-económica y los fundamentos teológicos, la mayoría de los partidos fundamentalistas, incluido el Jamaat-a-Islami, fueron derrotados. Sin embargo, muchos votos fundamentalistas fueron para la Liga Musulmana de Sharif. Estos cambios tácticos han causado divisiones y desavenencias en el propio Jamaat-a-Islami y un agravamiento de las divisiones sectarias entre las diferentes tendencias fundamentalistas.

Los fundamentalistas no se han quedado al margen de la profunda penetración del dinero de las drogas y de la corrupción en toda la sociedad. La mayoría de estas agrupaciones se han convertido en mafias sectarias. Los líderes y el ala dura utilizan las mezquitas como centros de adoctrinamiento religioso y para meter prejuicios sectarios en las cabezas de los niños. Durante la dictadura de Zia en los años 80, la afluencia de dinero de la heroina proporcionó un apoyo económico sustancial a estas prácticas de los mullahs. La participación de estas organizaciones sectarias en la jihad afgana les dio un acceso sin precedentes a armas y arsenales. Uno de los grupos más en auge es el Sipah-a-Sahabah Pakistán, que representa al fundamentalismo sunnita. Sus "cuadros" son producto principalmente de los madraisah (escuelas de las mezquitas) y de la experiencia de la guerra afgana. Con la intensificación de la crisis socio-económica en un momento de cierta calma del movimiento de la clase obrera, los terroristas de estas organizaciones se han vuelto más y más fanáticos. Esto ha originado cerca de 20 grupos escindidos de sus organizaciones originales en el Punjab. Sus tácticas son cada vez más violentas y más permisivas con el crimen.

Según un informe del Departamento del Interior del Punjab, los arsenales en manos de estos grupos, son mayores que los de la Policía del Punjab. El Sipah-a-Sihabah gasta cerca de 2,5 millones de rupias cada mes en propaganda para incitar al odio religioso. Su gasto en armas es mucho mayor. La transformación de estas organizaciones en mafias criminales ha sido inevitable. El aumento de la miseria social y el desempleo ha dado a estas mafias sectarias la posibilidad de reclutar a amplias capas de jóvenes. La aparición de Sipah-a-Muhammad representa el mismo proceso en el fundamentalismo chiíta. El aumento de los choques sectarios también refleja conflictos en el terreno criminal en la medida en que estas mafias están implicadas en secuestros para pedir rescate y en asesinatos. En realidad la religión se usa como tapadera para justificar las actividades criminales de estos grupos.

Secularismo-liberalismo contra fundamentalismo

En la actualidad los medios de comunicación burgueses están prestando cada vez más atención a la "amenaza" del fundamentalismo. Amplios sectores de las clases dominantes en muchos países del Tercer Mundo también están poniendo el grito en el cielo sobre la creciente amenaza del fundamentalismo. Pero en realidad el crecimiento del fundamentalismo es un subproducto del fracaso de la clase capitalista para llevar a cabo sus tareas históricas. Si tomamos la India, por ejemplo, después de 50 años, teniendo el mayor mercado capitalista del mundo, la burguesía ha sido incapaz de llevar a cabo ni una sola de las tareas de la revolución democrático-nacional. Esta clase fue considerada progresista, nacionalista, etc. durante décadas por parte de la izquierda estalinista. Pero después de todo este período, la burguesía india, secular, liberal, nacionalista, democrática y progresista, ha arrojado a la India a un sumidero de violencia religiosa y resurgimiento del fundamentalismo. No solo eso, esta clase históricamente atea ha recurrido al fundamentalismo para servir a sus propios intereses. Sectores importantes de la burguesía en la India se han adherido al fundamentalismo y están apoyando y financiando al BJP (Bhartia Janata Party - el principal partido fundamentalista hindú) para obtener beneficios políticos, económicos y financieros. Pero esto no es nada nuevo.

La burguesía de muchos países ex-coloniales tienen una larga tradición de utilización de los fundamentalistas y otras fuerzas reaccionarias para disolver la lucha de clases y preservar su sistema de explotación. En muchos países ex-coloniales, después de una pseudo-independencia, la clase dominante intentó imitar a la clase dominante de Occidente para llevar a término la revolución nacional democrática. Dado el retraso de su aparición en la arena histórica, el desarrollo distorsionado de estas economías y la aplastante dominación de la explotación imperialista impidieron esta revolución. En el período posterior a la II Guerra Mundial, a pesar de una relativa calma en los países capitalistas avanzados, una ola revolucionaria asoló todo el mundo colonial. En algunos países como China, Vietnam, Cuba, Mozambique, Angola, Etiopía, etc., estos movimientos consiguieron derrocar el feudalismo y el capitalismo.

De hecho, estos acontecimientos hacen pedazos la teoría estalinista de las dos etapas. Esta teoría llamaba a apoyar la denominada burguesía nacional, liberal y secular para llevar a cabo la revolución democrático nacional y poder afrontar más tarde la fase de la revolución proletaria. Pero debido a la ausencia de una dirección genuinamente marxista, estas revoluciones adquirieron una forma distorsionada. Se basaron en el modelo de Moscú, pero no en el de Lenin sino en el de Stalin. A pesar del desarrollo sin precedentes de estas sociedades, no es posible una transformación socio-económica total dentro de los límites de las fronteras nacionales. Sin embargo, los regímenes de bonapartismo proletario dieron enormes pasos adelante, con una rápida reforma agraria y otras medidas para romper con las cadenas del pasado y acabar con la aplastante dominación del imperialismo. Esto provocó una dura reacción del imperialismo, los terratenientes y los mullahs (en los países islámicos).

El ejemplo más significativo es el de Afganistán. En la primavera de 1978 los oficiales de izquierdas, organizados en el Partido Khalk, tomaron el poder por medio de un golpe de estado contra el régimen reaccionario de Daud. Llevaron a cabo este golpe sin el consentimiento ni el visto bueno de la burocracia rusa. Esta se vio forzada a aceptar el nuevo régimen bonapartista proletario de izquierdas como un hecho consumado. El nuevo régimen izquierdista, bajo la dirección de Tarakai, abolió el tráfico de mujeres, las propiedades de los terratenientes y otros rasgos reacionarios corrientes en la sociedad. El imperialismo americano pseudo-"democrático" formó una alianza impía con los mullahs, los terratenientes y otros elementos reaccionarios empezando una insurrección contra el régimen de izquierdas de Afganistán. Se inyectó en Afganistán ayuda militar y económica valorada en miles de millones de dólares para organizar la contrarrevolución fundamentalista. Después de 14 años, el régimen cayó, más por sus contradiciones internas que por la jihad de los mullahs. Como resultado de la caída del estalinismo en la Unión Soviética, muchos otros regímenes bonapartistas proletarios se hundieron de un modo más o menos parecido. En este proceso, Afganistán se convirtió en un baluarte del fundamentalismo islámico. La acumulación de armas, dinero y tráfico de drogas proporcionó una fuerte base económica a los fundamentalistas.

Sin embargo, la situación actual en Afganistán demuestra el potencial reaccionario del fundamentalismo. Ha muerto más gente en los últimos 4 años en choques sectarios entre diferentes grupos fundamentalistas, que durante la guerra entre los mullahs y el régimen estalinista de Kabul. Los fundamentalistas han obligado a Afganistán a retroceder a la Edad Media en los albores del siglo XXI. Más del 80% de los edificios de Kabul, que en otro tiempo fue una ciudad bonita, han sido destruidos. La inmensa mayoría del pueblo afgano vive en cuevas. Este "bastión" de los mullahs está exportando ahora mercenarios fundamentalistas a otros países de la región: desde el Sur de China y Cachemira hasta los países del Magreb. Un gran número de fanáticos religiosos fueron a Afganistán desde varios países árabes y musulmanes para participar en la jihad contra los infieles (comunistas). Ahora los están enviando de vuelta a casa sobre todo desde Pakistán. La situación en el noroeste de Pakistán y en Afganistan está lejos de ser controlada realmente por el estado pakistaní.

En el período posterior a la II Guerra Mundial también hubo movimientos que adoptaron la forma de movimientos populistas liderados por demagogos que llegaron al poder utilizando una verborrea socialista para conectar con los sentimientos del movimiento de las masas. En Indonesia y en Pakistán, los regímenes de Sukarno y Z.A. Buttho, en la medida en que no fueron capaces de satisfacer las aspiraciones de las masas, dieron un impulso al resurgimiento del fundamentalismo.

La única fuerza que puede detener la amenaza fundamentalista es el movimiento revolucionario de la clase obrera. En Pakistán, en cada punto de inflexión de la historia en que resurgió la lucha de clases, los fundamentalistas fueron acorralados tanto en la arena política como en la social. Durante las elecciones de 1970, que fueron convocadas justo después de un movimiento revolucionario de masas, el fundamentalismo fue derrotado. Esto sucedió a pesar del hecho de que todos los partidos de derechas formaban una estrecha alianza y de que las elecciones fueron presentadas como una lucha entre los infieles y el Islam. Todos los ulema, desde el imam (líder religioso) de la Kaaba (La Meca), hasta el líder religioso de la más vieja universidad islámica de Al Azar en el Cairo, dieron su bendición oficial a la alianza islámica "antisocialista". Pero a pesar de todo, las masas votaron al PPP, que se presentó a estas elecciones con un programa revolucionario.

En la situación actual los fundamentalistas insisten en su verborrea antiamericana y antiimperialista de reciente adquisición. Las masas se dan cuenta de la enorme explotación por parte de los estados imperialistas bajo los auspicios del FMI y del Banco Mundial. Al mismo tiempo, muchas de las fuerzas "seculares", "liberales" y nacionalistas defienden el sistema democrático (burgués) que el imperialismo americano está patrocinando a nivel mundial. Si el fundamentalismo es una amenaza para las masas, el imperialismo no es el mal menor. De aquí que plantear las políticas "democráticas", "liberales" y seculares con las bases socioeconómicas existentes como antídoto contra el fundamentalismo tiene poco sentido. Son las masas oprimidas las que tienen que soportar el peso de la explotación imperialista y no los defensores de la "democracia", el "secularismo" y el "liberalismo" que pertenecen a las clases explotadoras y que, en última instancia, se convierten en títeres del imperialismo.

La llegada de los fundamentalistas al poder, por ejemplo en Argelia, haría que fuesen considerados como una opción seria para ciertos sectores del aparato del estado y de la clase dominante. En Pakistán, la creciente presión por parte del imperialismo para reducir el tamaño del aparato militar está creando cierta tensión entre ciertos sectores de la cúpula del ejército y el imperialismo. El gobierno de Benazir puede perder su popularidad y su apoyo entre las masas de una manera bastante rápida. La derecha y los fundamentalistas pueden construir un movimiento de masas en un momento determinado, que podría tener un carácter bastante reaccionario. La posibilidad de que los fundamentalistas lleguen al poder como una fuerza cohesionada a través de una victoria electoral está lejana, pero continuarán avivando la violencia y procurando desestabilizar el gobierno de Benazir.

Por el camino del capitalismo, el gobierno de coalición del PPP dirigido por Benazir puede hacer bien poco contra los fundamentalistas. Su peso social se debe principalmente al subdesarrollo y al deterioro de las condiciones socioeconómicas, que Benazir no puede solucionar con su política actual. Es esta debilidad del liberalismo democrático de Benazir lo que le obliga a intentar apaciguar a los mullahs. Sus desesperados intentos de hacer guiños a los islámicos demuestran la fragilidad de su política contra las fuerzas de la reacción negra. El aumento de los disturbios y el crecimiento del tamaño del ejército llevado a cabo por el gobierno del PPP para controlar la situación ha empeorado las cosas.

En una situación de conflagración, la utilización del ejército para aumentar la represión podría provocar escisiones mayores en el aparato militar. Esta situación podría llegar a un punto crítico en que los sectores de la casta de oficiales que están a favor de una dictadura militar conquistasen un apoyo mayor. Igualmente, con una intensificación del conflicto entre el imperialismo y el ejército, sectores importantes de la casta reaccionaria de oficiales se podrían inclinar en la dirección del fundamentalismo. Esto podría precipitar un sangriento golpe fundamentalista y antiimperialista. Un acontecimiento semejante también podría conducir a una guerra civil, en la que unos sectores del ejército se enfrentarían a otros. Por otra parte, algunos generales del ejército podrían imitar a Sadam y Zia, basando sus regímenes dictatoriales en los sectores más primitivos de la sociedad utilizando la retórica del Islam. Pero el ejemplo de Afganistan demuestra que un acontecimiento semejante sería catastrófico para toda la región.

Esta perspectiva depende de varios factores y de la dirección de los acontecimientos en un futuro próximo. Por ello, para combatir el fundamentalismo es necesario atacar y destruir las condiciones socioeconómicas que lo alimentan. Dentro de los límites del capitalismo y del feudalismo, es imposible proporcionar las bases sociales y económicas que eliminen la pobreza, la miseria, el crimen y las enfermedades y que transformen la vida de las masas.

De un modo similar, para combatir seriamente el fundamentalismo es necesario un programa político que ataque la explotación imperialista y el feudalismo y el capitalismo. Este movimiento solo se puede construir bajo la dirección del proletariado que es la única clase capaz de unir a los diferentes grupos religiosos, nacionales y los diferentes estratos de la sociedad en un movimiento unificado. Pero el objetivo final de este movimiento debe ser la transformación socialista de la sociedad. De otra manera no tendría significado. En última instancia sólo la revolución socialista puede salvar a la humanidad de la amenaza del fundamentalismo. Estos movimientos han surgido en el pasado y volverán a surgir en un futuro no muy lejano. Lo que hemos aprendido de la historia reciente es que intentar combatirlos en el marco de un sistema corrupto con las ideas del liberalismo, la "democracia" y el secularismo burgueses en los tiempos explosivos que se avecinan sólo puede llevar al desastre. La tarea histórica es transformar la sociedad en la línea del socialismo democrático, que es la única salida para la humanidad hoy en día.

Octubre de 1994